La cosa había acabado ahí. Gog había expuesto su propuesta, en la que se hablaba mucho sobre cosas en las que dos enanos comunes y corrientes no se debían inmiscuir, cosas de las que no sabían nada realmente.
Tras la pregunta final de Mim, sobre el verdadero fondo de la grieta que los había llevado a esta funesta situación, la cosa se había ensombrecido.
“Mira, mejor os describo lo que se y acabamos con esto, y ano me siento con fuerzas ni para enga?aros” aclaró el demonio Gog.
“Hace mucho, muchísimo tiempo, eh… de hecho no me acuerdo de qué a?o era para los que vivís más arriba, pero bueno, da igual… El caso es que hace mucho excavé con mis propias garras el agujero que conecta con la grieta por la que descendisteis, ese por el que ayudé a Mim a entrar en mi casa”
El enano prefirió no intervenir con su propia versión del asunto, dando sólo una mirada a Beleg como diciendo -luego te lo cuento-.
“El caso es que buscaba una salida para poder subir a vuestra ciudadela y cumplir con mi prometido, y sabía que la grieta estaba en esa dirección porque una peque?a esmeralda me lo contó”
“?Espera, hablas con las piedras!” preguntó Beleg, pensando en las consecuencias de esa posibilidad.
“No les queda otra opción. Las cosas que se mueven hacen de buenos oyentes, y observadores, pero de eso podemos hablar mejor en el camino.” Para los enanos era increíble escuchar a aquel ónice tallado hablando, las expresiones en la cara eran prácticamente enanas, quizás como las de los primos, si le sumamos la altura.
“Como decía, hallé la grieta y procedí subiendo. Claro está que alcancé la boca de la misma y la historia por ese lado ya os la sabéis. Lo enigmático sucedió al bajar. Cuando bajé esperaba encontrar el Muro de Cuarzo pronto, pues iba a paso ligero, clavando mis patas en la roca.”
-Eso explica algunos agujeros en la pared, cuando descendían por la cuerda- pensaba Mim mientras el demonio continuaba su larga exposición.
“Tras un caminar interminable, me pasó algo extra?o, que siempre recordaré. Encontré por el camino a una veta de oro, que me habló de algo sombrío, algo que me hizo pensarme dos veces si continuar bajando”
“Me dijo lo que yo ya iba pensando: que a esa altura debíamos estar, ella y yo, en el Averno, mi hogar. Me dijo que ya había pasado el Muro de Cuarzo, que lo había dejado atrás. Me dijo que aquello debía llevar a otro sitio. Me dijo que saliera corriendo y que no volviera, por mi propia seguridad”
“Nunca en mi vida, desde que me sacaron del magma hasta hoy, he escuchado a un mineral tan perturbado, tan asustado por el lugar del mundo en el que le había tocado formarse.”
A pesar de la charla ridícula sobre hablar con piedras y vetas de mineral, los dos enanos coincidieron en algo: Finna no se había estampado contra un fondo cruel y siniestro, aunque tampoco podían garantizar que su destino hubiera sido mejor.
Sin embargo, nada elimina la realidad material: estaban solos, desarmados, empezando a sentir el hambre aumentar tras pasar la noche entera en tan bizarra situación, y, realmente, no tenían un objetivo claro. No sabían dónde estaba ella.
Además, claro, seguían en la casa de un demonio de las profundidades que claramente tenía planes para ellos.
Mientras ellos pensaban en sus escasas alternativas, Gog proseguía su narración, enamorado de su propia voz.
“… y, por ende, nunca descendía mucho de nuevo, tal sólo utilizaba la grieta para ascender. Los minerales nunca me han fallado y su consejo me ha librado de una buena en más de una ocasión. Aquí, mi querido y brillante Sebastián me alertó cuando vuestros antepasados asaltaron mis puertas. Pero fue demasiado tarde, claramente.”
“Bueno, así acaba la historia de la grieta, espero que te satisfagan mis palabras. No tengo ni idea de donde estará ahora vuestra amiga en caída libre, pero os aseguro que esa cuerda vuestra no va a ser suficiente.”
Hubo un momento de silencio, en el que los dos enanos se miraron de nuevo mutuamente y parecieron coincidir en algo a ojos del demonio.
“Gog, amable anfitrión, querrías dejarnos unos minutos a solas, os juramos que no intentaremos salir, aunque no es como si pudiéramos”, aseguró Beleg, con un tono diplomático.
“Sin problema queridos, estoy contento de que hayáis entrado en razón, con la palabra y no con la espada se puede llegar a cualquier parte, mas puede que hablemos de espadas pronto. En fin, os saldré y entraré en unos minutos, de todas formas, deseaba ya el aire estancado de la caverna.”
Cuando el demonio los hubo dejado allí, solos, rodeados por la luminosa geoda y los pétreos muebles, cayó otra vez el silencio en la habitación.
Mim fue el primero en romper dicho silencio: “Bueno, espero que tengas un buen plan para salir de aquí. A mí no se me ocurre nada más que intentar tumbarlo entre los dos y huir por patas a donde nos depare el destino. Porque no piensas hacer un trato con él, ?verdad?”
La respuesta de Beleg no se hizo esperar: “Uno, no tengo ningún plan de escapatoria decente ni creo que lo haya. Dos, nos destriparía en aproximadamente dos segundos. Tres, quizás tiremos por la borda la única oportunidad de salvarla.”
Cuando Mim cerró los ojos y puso una expresión de indignación, Beleg continuó, sabiendo que su amigo estaba luchando por aceptar la realidad de la situación.
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“Mira, si quisiera que hiciéramos algo en lo que no requiera de nuestra voluntad ya lo estaríamos haciendo, y no nos habría aclarado tantas cosas sobre Finna. Nos necesita, como él mismo dijo. Habrá que aclararlo, pero yo no pienso volver ahora con el rabo entre las piernas”
“?Ni yo!” espetó Mim, harto de lecciones.
“Vale, yo acepto, de todas formas a esta hora ya habré perdido mi trabajo y con él parte de mi honra, aunque ya estuviera harto de levantar muros” continuaba el pelirrojo, cada vez con más seguridad.
Pasaron un minuto en silencio, pensando si valía la pena decir algo más. Después de todo ahora estaban estrechando su relación de nuevo, la situación lo había forzado y mira que esto había empezado de una manera muy diferente.
Miraron después a sus alrededores para echarle un vistazo más detallado al interior de la geoda.
En efecto estaba repleta de color, allí residía la riqueza de un rey de la monta?a, riqueza de la que su pueblo no disfrutaba desde hacía siglos. Estaba lleno de brillantes amatistas, de rubíes, de zafiros, ópalos sin parangón recorrían la semiesfera que les envolvía.
“?Quién nos viera ahora aquí? Jamás nadie se creería esto en la taberna, ni en mil a?os” afirmó Beleg, sin exagerar, y su amigo Mim no lo desacreditó.
De nuevo dejaron el tiempo pasar disfrutando los reflejos en las gemas, que comenzaban a obsesionarles. Ver las luces moradas, verdes y rojas, ahora les hacía perderse dentro de sus mentes.
Permitieron a sus ojos divagar en la densidad de las joyas incrustadas en la pared. No les extra?aría si cientos, o incluso miles, hubiesen caído en la tentación de este demonio y sus brillantes oropeles, pues ahora ellos también perdían la razón observando sus alrededores.
“?Alto, maldita sea, dejemos de mirar las tentaciones de este ser corruptor!” gritó Mim, forzándose a agachar la cabeza el suelo, que era negro y sin luz.
“?Sí, tienes razón!” dijo Beleg dando un suspiro “Ya se me nubla la vista y se olvida la cara de… de ella, mirando estas joyas incrustadas”.
Mim, dándole la razón a Beleg con la cabeza procedió a decir: “Voy a llamar al demonio, pues tenemos mucho de que hablar. Si vamos a bajar necesitaremos comida lo primero, no creo que en su patria cosechen setas ni fermenten cerveza.”
“Yo dudo de que coman, como mucho se contentarán con guijarros del suelo, ?te imaginas?” proponía Beleg a modo de burla.
Mim rio un poco, la primera vez desde la tragedia, y a?adió: “Seguro que a?aden carbón para ali?ar los guijarros, ?quizás aquí nos servirá como plato a su querido diamante, con salsa mercurio!”
“?Qué bueno! Si así es, yo lo ali?aré con un poco de oro, que veo que se pone muy sentimental cuando habla de esa veta que tanto miedo le dio” sumó Beleg a la guasa.
“?Ha!, y que me dices de cómo habla, y de sus manierismos al -andar-, yo diría que es una hembra de su especie, una hembra de piedra” continuó la burla Mim.
“Puede, aunque nunca lo diría con esa voz indescriptible, no creo que sea muy popular entre los minerales y las rocas”, siguió el otro.
Los dos se aguantaban la risa, no queriendo llamar la atención del demonio, que no debía andar muy lejos tras la puerta de la geoda. Enseguida, Beleg decidió ponerle fin:
“Voy a la puerta, a llamar al demonio, seguro que nos espera muerto de aburrimiento desde hace rato, espero que tuviera algún trozo de hierro para darle conversación…”
“?No hace FALTA, ya estoy aquí!” entró rápido Gog, cargando en sus garras con multitud de cosas. Ellos se quedaron mudos del susto
“Veo os tomáis a guasa mi persona y es os hace mucha gracia como hablo” dijo el demonio de seguido, con un claro tono acusatorio.
“Pues, primero de todo, no soy -hembra- ni nada parecido, está claro que no sabéis nada de vuestros vecinos de abajo. Yo soy como me sacaron del magma, punto.”
“Segundo, los minerales son mucho más educados que vosotros y dan mucha mejor conversación. Además, nunca me comería a ninguno, ?mucho menos a Sebastián!”
“Y, por último, ya os he traído todo lo que necesitáis, ahora recoged la comida y escoged un arma que s guste, la bajada al Averno no es tan sencilla como un paseo a la taberna y vamos a necesitar brazos hábiles.”
Los enanos miraron atónitos como Gog soltaba una bolsa llena de armas como para armar a una guarnición. Había hachas, lanzas, martillos, espadas, arcos, ballestas y alguna que otra daga.
“Pero… ?cómo lo sabías todo? ESPERA, se me olvido lo de los minerales, son tus ojos y oídos, no es así” preguntaba Beleg, arrepentido ahora de la insensatez de hablar a espaldas de un demonio.
“La próxima vez piénsalo más rápido. Obviamente no es sensato hablar de alguien como yo en el interior de una geoda. Pero bueno, espero que al menos se os hayan levantado los ánimos, eso también lo vamos a necesitar” respondía Gog, el demonio de ónice.
“Yo he aprovechado el tiempo de mientras, a sabiendas de que no huiríais. Me temo que he tenido que tomar prestado todo esto de vuestro hogar arriba, pero no es robado, es prestado indefinidamente.”
“Ahora, coged un arma que os agrade”
Mim fue el primero en acercarse a la pila de herramientas de guerra, casi deseoso de ponerlas a prueba ya, mientras pensaba si no era estúpido por parte del demonio traerles aquí susodichas armas. O, a lo mejor estaba tan seguro de su superioridad que de nada de ellos temía.
“Yo me quedo el martillo, sin duda de mi oficio tengo experiencia y soltura suficiente, aunque el mío clave clavos y este abra cabezas” dijo Mim sin reparos, definitivamente era un arma que le quedaba bien y estaba a gusto en sus manos.
“Yo por el contrario me quedo la ballesta y guardararé sus virotes, aunque también me guardaré una daga, en caso de extrema necesidad. No tengo interés en darle uso a ninguna de estas herramientas del soldado, pero entiendo la necesidad” explicó Beleg, mientras se pertrechaba.
“Será mejor que la comida la guardéis entre los dos, no vaya a ser que alguno se pierda en el camino y se quede toda consigo. He traído pan, agua, vino, setas, morcillas, pancetas y demás cosas que aguanten bien la travesía.”
“Sin embargo, eh pensado que, después de un día harto estresante para vosotros, seguro que os viene bien dormir por el día hoy, aprovechando que aquí el Sol no puede despertaros”
Mim fue el primero en responder a la propuesta esta vez: “Con esto llevas razón demonio, pero no creo que pueda pegar ojo en esta sala, y con los nervios que llevamos”.
“De eso, amigo, me encargo yo luego. Por favor, sentaos en una silla donde podáis reposar la espalda. Todavía os tengo que contar una cosa” explicaba mientras ellos procedían a sentarse.
“Todavía no os he presentado a Sebastián como es debido. Veréis, es un diamante de gran tama?o, como queda claro. Tallado no por grandes artesanos, como vuestros conciudadanos, sino por la propia madre tierra, que lo engendró de esta forma, casi redonda.”
Ambos enanos dejaron la mirada en la enorme joya, pero sin dejar de reposar la cabeza en la silla cada vez más.
“Pero no es sólo por su belleza y sabiduría por lo que le precio tanto. Si os fijáis en sus cortes os veréis reflejados, cada vez encontrando un reflejo más profundo en el diamante.”
“Más y más profundo en el diamante. Dentro es como si no existiera más mundo que el del brillo azulado de su perfección. Más profundo bajo las capas cristalizadas. Más profundo…”
Pero Sebastián ya había complido su prometido, ambos enanos estaban dormidos plácidamente, apoyando la cabeza en la silla todavía.
“Buenas noches, aunque sea de día”