《Sobre Enanos y Profundidades (Español/Spanish)》 De Enanos 1. Tiempo de vida y hambre. Una fortaleza ha sobrevivido. Su techo basalto tallado, su suelo roca madre. Sus puertas selladas, su gente encerrada. En lo alto se ven aberturas, bocas de luz tenue por unas pocas horas al d¨ªa, indistinguibles de la piedra por la noche. Un camino la conecta con el mundo exterior, en la superficie estatuas de obsidiana perduran sin ser ni mantenidas ni adoradas. Dentro, los salones a¨²n son iluminados por antorchas, las casas a¨²n alumbradas por hogares. Los talleres a¨²n trabajan, las forjas a¨²n queman. Hay quien talla la piedra y quien teje la tela, hay quien la compra y quien la roba. Todav¨ªa quedan salones, tabernas y concejos, todav¨ªa en ellos se re¨²nen. Todav¨ªa hay gente, que vive. Ellos se casan, pero s¨®lo cuando llega el momento. Para tener a sus hijos esperan a¨²n mucho m¨¢s. Y todav¨ªa m¨¢s esperan, cuando hay que tomar una decisi¨®n importante; m¨¢s de uno muri¨® esperando. Si quisieras hacerles darse prisa entonces s¨®lo se dar¨¢n prisa en callarte. Sus piernas gruesas se apresuran por las calles, no hay muchedumbres ya que les frenen. Sus salas son muy anchas, no porque antes se llenasen, sino por la satisfacci¨®n del ¨¢gora sin horizonte, la impresi¨®n del trabajo generacional; el sacrificio definitivo no era la muerte pronta, era trabajar una vida entera. Pero cuando un sacrificio incluye las palabras vida y muerte, se hace por los que perduran, por los que engendramos para sustituirnos. Antes s¨ª, pero ahora¡­ ahora no se viv¨ªa en el mismo mundo, ahora era el sacrificio, el gasto, el derroche, que se hace por el moribundo, cuando se sabe, a ciencia cierta, que no habr¨¢ un ma?ana digno, y luego, no lo habr¨¢. Porque el Sol siempre estaba oculto por las nubes, porque nuestros aliados se hab¨ªan suicidado, empezando guerras cuando no hab¨ªa ni siquiera tiempo para arreglar la siguiente cosecha. Porque nuestros enemigos se hab¨ªan ocultado bajo las sierras y las cordilleras. Porque nosotros tambi¨¦n lo hicimos, cuando aceptamos que era la ¨²nica alternativa que nos preservar¨ªa. Cada colonia fue abandonada, cada camino tambi¨¦n. Cada hermano de la superficie fue seleccionado para quedarse donde estaba, fuera de la monta?a. Los concejos iniciaron debate y gan¨® el consenso. Todos los hermanos dentro de las puertas se quedar¨ªan, todos los primos se ir¨ªan. Los concejos esgrimieron sus argumentos, los primos eran altos y r¨¢pidos, la superficie su lugar de origen y la comida bajo la monta?a era limitada y no era apta para ellos. Ayud¨® que los primos no tuvieran representaci¨®n. Todas las patrullas volver¨ªan, las guarniciones regresar¨ªan, las delegaciones retornar¨ªan. Todos los pactos se romper¨ªan, las promesas se abandonar¨ªan, las empresas se vendar¨ªan. Todos los amigos se olvidar¨ªan, los odios se perdonar¨ªan, los valores se dejar¨ªan. Todo se ceder¨ªa, salvo la vida. A case of theft: this story is not rightfully on Amazon; if you spot it, report the violation. Tal traici¨®n y tal abandono no se pod¨ªa perdonar, y por ende se esper¨®, tiempo el sanador lo cur¨®. Ya no hab¨ªa quien nos reprochara, nadie quedaba para clamar venganza, los criminales y sus responsabilidades hab¨ªan muerto en la cama, sus hijos luego de ellos y luego los hijos de estos. Pi¨¦rdete sumando generaciones y entonces con la nuestra te encontrar¨¢s, todav¨ªa nadie ha llamado a la puerta para pedir explicaciones desde entonces ni se le espera. En efecto no hubo tiempo para la siguiente cosecha, al principio vinieron primos pidiendo, luego exigiendo, los primeros no recibieron respuesta, los segundos s¨ª, procedente de ca?ones y ballestas. Luego ej¨¦rcitos enteros viniendo, los primeros armados y acorazados, los segundos fam¨¦licos y en harapos. Ninguno pudo entrar, ni uno solo penetr¨®, los cimientos demasiado s¨®lidos, las puertas demasiado gruesas, los brazos demasiado d¨¦biles, se fueron a buscar otro lugar que arrasar, en el acto multiplic¨¢ndose, al aumentar las huestes de los muertos de hambre. Nuestro enemigo tambi¨¦n vino, aquejado ahora por el mismo problema que los primos. Entre ellos s¨®lo reinaba la violencia, con una pizca del peor tipo de inteligencia. Pero ahora as¨ª no era, no hab¨ªa a qui¨¦n saquear, a qui¨¦n robar, no hab¨ªa pillaje ni abordaje, no era tiempo de guerreros, sino de suplicantes, de mendigos, de pordioseros. Ellos tampoco tuvieron respuesta, pero ellos encontraron otra entrada, y sus ojos ven en la oscuridad, se pueden comer a cualquier otro y entre ellos. Sobrevivieron. Por ende, la puerta a lo profundo tambi¨¦n fue cerrada, los hoyos sellados y los pozos derrumbados. Aun as¨ª se luch¨® la guerra m¨¢s pat¨¦tica, la m¨¢s desesperada, una tan miserable que ni a ning¨²n ancestro satisfar¨ªa. El enemigo era d¨¦bil, d¨¦bil como nunca antes, descerebrado, descarado, desesperado. Cavaron agujeros con sus manos, pero fueron colapsados. Cargaron juntos y cogidos de las manos, mas murieron y fracasaron. La moral no pudo sostenerse, armada con piedras y palos. Al final huyeron, a lo profundo, aun sabiendo que otros les esperaban all¨ª. Nunca, desde los ¨²ltimos a?os de los abuelos de nuestros abuelos de nuestros abuelos se ha presentado alguien ante las puertas, nunca nadie ha enviado m¨¢s mensaje alguno, nunca han atacado, por arriba o por debajo. Dicha circunstancia en mucho a derivado, ya nadie va a las almenas, ya nadie estudia para diplom¨¢tico. Los conocimientos sobre primos y enemigos, sobre hermanos distantes, sobre plantas y animales en la superficie perdidos, son cosa de leyenda y asombro, como cualquier fascinaci¨®n imposible de comprobar, ante el silencio de las eras. Tal es nuestro tiempo, silencioso, ausente y mon¨®tono. Sin cambios en las circunstancias no hubo cambios en las leyes, tampoco futuro, s¨®lo presente. Ahora no se atisba cosa diferente, claramente no es ¨¦poca de h¨¦roes. Quiz¨¢s s¨®lo s¨ª curiosidad, pues un mundo perdido es un gran catalizador de este lado de la naturaleza. Sumemos a esta, la juventud, luego a?adamos la lealtad de los grupos reducidos de amigos o quiz¨¢s basta con conocidos. Por ¨²ltimo, mezclemos con la segunda parte del apocalipsis que nos precedi¨®, listo tambi¨¦n para sucedernos. Dicen que por la gran grieta oeste se ve la luna por unos minutos, vayamos esta noche, ahora que los guardias abandonan la brecha donde le r¨ªo, digamos que s¨®lo a beber vino fuimos. Por un momento la luz del astro ilumina una fisura que a la negra profundidad conduce. ?Oiremos por arriba los lamentos de los primos abandonados o por debajo los de los enemigos expulsados? No s¨¦ si nos atreveremos a escucharlo. De Enanos 2. Ella y ellos. Tres sombras se re¨²nen, conspiran inocentes. Quiz¨¢s la sociedad naci¨® para satisfacer sus necesidades, pero ellos la abandonan gustosos, hoy la sienten como una atadura, demasiadas responsabilidades, un ocio escaso es malo para el alma, y yo ni tengo. Ella no es perfecta no lo es, pero para ellos, no decirlo tan s¨®lo pensarlo, es imposible, porque lo es, es perfecta. Sus muslos son gruesos, su cadera est¨¢ escondida para bien de sus miradas y las conversaciones vacuas de amistades largas. Su barriga es escasa, su espalda curva como una funci¨®n matem¨¢tica. Su nariz es recta, sus labios gruesos. Su piel cuarzo, sus ojos zafiros, su pelo ¨¢mbar. Ni una peca falla, cada una estrat¨¦gicamente posicionada. Sus senos¡­ La consecuencia es obvia, era codiciada. Ellos siempre la flanquean, una a cada lado, pues cu¨¢l de ellos querr¨ªa tener al otro entre ella y ¨¦l. En todas las cosas ser justo, en todo moderado, por lo que lanzar¨¦ una moneda, si sale el Pilar de obsidiana empezar¨¦ con el alba?il, si sale la cara del Padre de todos, hablar¨¦ del camarero. Os adelanto, ninguno es mejor, pero s¨ª igual de ella prisioneros. Cara. Una cara t¨ªpica, una cara com¨²n, una cara en la que todos ven un posible amigo, perfecto para el negocio de los tragos de cerveza y vino. Hablamos del fino en rasgos, de la nariz m¨¢s puntiaguda, de los p¨®mulos m¨¢s marcados. Quiz¨¢s menos alto, pero depende de la bota. Al menos ¨¦l puede decir que es menos gordo, aunque las hormonas de la cerveza ya empiezan a marcar la diferencia. El pelo negro, la voz clara. Porque se regocija al cantar y s¨®lo canta mejor porque es el que m¨¢s lo disfruta. De hecho, ahora es lo ¨²nico que disfruta, consciente de que la relaci¨®n del tr¨ªo se ha amargado, pero no va a ceder, m¨¢s consciente a¨²n de ella. Pilar. Porque muchos pilares ha erigido, no de nueva planta sino en casas viejas, m¨¢s viejas que el catastro que las recuenta. Cada d¨ªa se desloma, cada d¨ªa le duele la espalda un poco m¨¢s. Ya est¨¢ cansado y acaba de terminar su primera edad. ?Tres horas de turno m¨¢s? Por favor, que se acabe ya. Al menos ha ganado m¨²sculo, mas s¨®lo en brazos y piernas, y por el poco uso fuera, ni le rentan. El pelo es rub¨ª, pero pronto poco importar¨¢, pues lucha una batalla dif¨ªcil de ganar, cada d¨ªa sus soldados rojos ceden terreno y pronto s¨®lo restar¨¢ un campo de soledad, mustio collado. Pero antes, y s¨®lo antes, debe ganar una guerra, aunque no sabe ya si de corazones o de desgaste. Finna era ella, la rubia, la tersa, la guerrera. Beleg era ¨¦l, el amigo, el conocido, el camarero sempiterno. Mim era ¨¦l, el fuerte, el pelirrojo, el que nos arregl¨® el techo. Si se pusieran a hablar del d¨ªa que se conocieron mentir¨ªan, ninguno se acuerda, se trata de uno de esos casos donde la relaci¨®n precede al hablar y al andar. Ahora que lo pienso, ser¨ªa una buena excusa para decir: yo fui amigo de ella primero. Ahora se re¨²nen, cual congregaci¨®n de herejes encapuchados, para saltarse las leyes del orden establecido, en nombre una causa tan digna como pasar una noche en vela haciendo algo nuevo. Ma?ana no hay trabajo, aunque pasado s¨ª. ¡°Seguidme en cuanto me levante y no mir¨¦is atr¨¢s, no puedo decir con seguridad que nadie nos observe. Loki el cojo a veces se queda a dormir en la caseta de alguna torre, intent¨¦ detectar su patr¨®n, pero creo que m¨¢s bien lo rige la cerveza y d¨®nde le pilla cuando cae el Sol.¡± Cuando ella habla con ingenio, como en esta ocasi¨®n, ellos r¨ªen con empe?o. Cada interacci¨®n cuenta, cada escaramuza vale la pena. The author''s narrative has been misappropriated; report any instances of this story on Amazon. ¡°Vamos¡± y salen disparados tras ella. ¡°Un momento¡± y todos se aposentan. ¡°Vale, est¨¢ bien, no hay nadie¡± y al fin salen por la brecha. Est¨¢ muy oscuro tras la muralla, pero encender una antorcha en aquella desolaci¨®n ser¨ªa el colmo de la estupidez. Hoy era el d¨ªa, hoy entra un poco de esa Luna olvidada, ¨²ltima ancla con aquellas noches de acampada de los viajeros, pues ya no hay viajes. En menos que canta el gallo en el punto escogido han llegado. Un ¨²ltimo risco, un solo paso alto. A la derecha la fortaleza. Piedra negra se funde con muro negro, hay torres con almenas, pero pocos les dan uso. Es m¨¢s bella aqu¨ª que dentro, aunque ellos piensan en algo bello que est¨¢ m¨¢s cerca; ella no, ella lo ve bien claro, los siglos que han pasado, los edificios que se han abandonado. La literatura le hizo so?ar con sitios donde plantar la bandera, donde extender el reino, donde darle uso al hierro. Mas, en lo profundo sabe que su padre, veterano de ninguna batalla, cuenta con la raz¨®n en este asunto. No hay m¨¢s reino que este, ella le legar¨¢ estos muros de piedra a sus hijos, y estos a los suyos. Mientras ella miraba la ciudad guarnecida, ellos aprovecharon la entrada directa de la luz lunar para ver no arriba sino abajo. La grieta hacia lo profundo de la roca madre era, bajo circunstancias normales, una mirada al abismo m¨¢s negro e insondable que uno pueda imaginarse cerrando los ojos y colocando las manos sobre estos. Hoy era un misterio por resolver al que era dif¨ªcil acercarse, pues la presencia de los momentos m¨¢gicos nunca puede sustituir a la realidad material: cualquier paso en falso significar¨ªa seguro una muerte cierta. Una muerte cierta. Una muerte. Qu¨¦ f¨¢cil ser¨ªa, ?no? Ella mira hacia otro lado, la piedra es resbaladiza como si la hubieran hecho para provocar terribles accidentes, uno en el que podr¨ªa morir un amigo o un rival. Despu¨¦s de todo ya no se hablan, ya no se quieren, s¨®lo son un estorbo, un problema el uno para el otro. Ojal¨¢ pasara solo, sin necesidad de dar el empuj¨®n, entonces todo ser¨ªa tan sencillo. Estaban los dos muy cerca, mirando hacia el fondo, fingiendo fascinaci¨®n, haci¨¦ndose los interesados. Cada vez acercaban m¨¢s el cuello, como si trataran de desvelar m¨¢s de las profundidades. Cada vez la mano del alba?il se acercaba m¨¢s a la espalda del otro. Cada vez el pie del camarero m¨¢s se deslizaba hacia el de su compa?ero. S¨®lo un golpe seco y cruel les fren¨® del pecado. No a ellos les fue propinado, pues estaban petrificados ahora, con una tensi¨®n incre¨ªble en sus cuellos y cabezas. El golpe era de hueso sobre roca, anunciado ¨²nicamente por una exhalaci¨®n. En un brev¨ªsimo momento alzaron la cabeza, cediendo el uno al otro la oportunidad de consumar el crimen al pr¨®jimo. S¨®lo vieron la melena rubia, atada a un cuerpo ya inconsciente, deslizarse por la roca cruel hacia el negror de la grieta. Ah¨ª iban sus sue?os, ah¨ª el premio de su justa, ah¨ª la vida de una chica, de una soldado. Ah¨ª se iba la raz¨®n de su odio, aqu¨ª ven¨ªa un motivo para estrecharse la mano, porque nada ten¨ªa sentido si no hallaban el ¨¦xito en esta misi¨®n. Sin decir nada, con el rostro de p¨¢nico serio, se decidieron a bajar. De Enanos 3. Sobre la profunda sima Corrieron, vaya que si corrieron. Uno podr¨ªa haber pensado que hab¨ªan desarrollado patas de cabra cuales s¨¢tiros, porque si no, no me explico como no se mataron trotando por las rocas. No ten¨ªan nada, NADA, para bajar abajo, ni cuerda ni clavo, ni siquiera luz, ni tampoco demasiada experiencia. Regresaron por la brecha del muro esta vez con el sigilo de una estampida y la mayor¨ªa del tiempo sosteni¨¦ndose a cuatro patas para no resbalarse en las subidas. Nadie les vi¨® entrar, pero ya no les habr¨ªa importado. Beleg par¨® un momento, haciendo acopio de sensatez. Se miraron y, de nuevo sin palabras, sab¨ªan cual era la problem¨¢tica. ¡°?Qu¨¦ hacemos?¡± dijo el que se par¨®, ¡°no lo digamos, vamos r¨¢pido a por herramientas de mi trabajo, ?ten¨¦is vosotros cuerdas en la taberna?¡± dec¨ªa el otro. ¡°?S¨ª! Nos esperamos en la brecha, no vayas sin m¨ª.¡± As¨ª quedaron, ni siquiera se les pas¨® por la mente el ir cada uno solo a por ella, se les quit¨® la tonter¨ªa. Mim fue el primero en llegar al taller de los alba?iles, en el camino cruz¨¢ndose con pocos. Por suerte su raza era dada a las costumbres y el orden, aunque eso no evitar¨ªa las miradas y los comentarios ma?ana por la ma?ana. Corriendo le vieron melena al poco viento de la caverna, con rostro indescriptible. No ten¨ªa la llave as¨ª que de fuerza tir¨® para abrir el almac¨¦n, cuatro golpes bien dados con el hombro y una patada cuando nadie asomaba. Carg¨® con clavos, carg¨® con velas y con cascos, uno para ¨¦l y otro para la v¨ªctima de asesinato abortado. Regres¨® m¨¢s acelerado a¨²n. Para el otro enano el acceso fue m¨¢s f¨¢cil, pero la marat¨®n menos discreta. Lo llevaba pensando mientras corr¨ªa a su meta, la taberna estar¨ªa llena a esta hora y meterse sin ser descubierto era una tarea digna de un maestro ladr¨®n. Al final opt¨® por lo m¨¢s r¨¢pido, entrar¨ªa como si nada, pasar¨ªa por la barra directo a la despensa y si el jefe le paraba s¨®lo podr¨ªa decir que se le hab¨ªa olvidado algo, la bota de vino ?quiz¨¢s? Todo sali¨® a pedir de boca, salvo el momento en el que oy¨® la voz grave que ahora m¨¢s tem¨ªa ¡°?Qu¨¦ haces? Jam¨¢s te he visto a esta hora por estos lares si con ello con tienes paga¡± Hora de improvisar. Mientras tanto, muchas casas m¨¢s abajo, el pelirrojo corriendo llegaba, pero deceler¨® la marcha al percatarse de que hab¨ªa llegado primero. ¡°?D¨®nde est¨¢? No me lo creo¡­¡± Mas por all¨ª llegaba el otro. ¡°Los siento, me he demorado con el tabernero¡±. Probablemente hab¨ªa perdido su labor, se ve que el propietario estaba esperando la primera excusa para despedirlo seg¨²n dicta el reglamento. Ahora m¨¢s bien poco le importaba. Al hombro llevaba la larga y gruesa cuerda, para la que no tuvo excusa al sustraerla de la despensa. ¡°Vamos, r¨¢pido, no tenemos tiempo que perder¡± marcharon los dos de nuevo, y de nuevo haciendo acopio de todo su equilibro, ahora con la carga del espele¨®logo. Quiz¨¢s os pregunt¨¦is porqu¨¦ no claman auxilio desde el principio, para qu¨¦ el secretismo. Por ella. No deb¨ªan estar all¨ª, y cualquier infracci¨®n en la profesi¨®n de la dama escudera significaba una expulsi¨®n severa. ?Qui¨¦n de los dos la cortejar¨ªa si sue?o y sustento le arrebataban pidiendo ayuda a la misma guardia? If you stumble upon this narrative on Amazon, be aware that it has been stolen from Royal Road. Please report it. Para cuando llegaron el astro de los locos ya estaba rehuyendo de la abertura superior, el hoyo siniestro cada vez m¨¢s negro. Beleg prepar¨® el nudo, luego Mim claveteo el pincho con la cuerda. La bajada depend¨ªa de la fuerza de sus brazos mas no tem¨ªan por sus vidas, ahora mismo. ¡°Primero yo amigo, no por nada, pero tengo m¨¢s experiencia con alturas y peligros¡± dijo el alba?il aparentando modesto. El otro se aguant¨® la r¨¦plica poque no hab¨ªa fallo en el argumento del primero, cualquier respuesta nacer¨ªa de la cabezoner¨ªa. Ya bajaba Mim hinchando los m¨²sculos de los antebrazos. Se fijaba con intensidad en la roca a dos o tres palmos de cara, para qu¨¦ mirar abajo si casi nada se ve¨ªa. En nada Beleg, de m¨¢s modestos miembros, le segu¨ªa de cerca y con las nalgas a pie y medio. Bajaban con lentitud exasperante pero necesaria, frenando s¨®lo cuando a sus pies les costaba encontrar a ciegas el muro. ¨²nicamente por un momento, cuando alcanzaron la zona ciega donde s¨®lo las velas sobre sus cascos les permit¨ªan deslumbrar algo, pararon. ¡°?Espera!¡± Dijo el que estaba m¨¢s adentro. ¡°Est¨¢ muerta, lo sabes, ?no?¡± pregunt¨® sombr¨ªo. ¡°S¨ª, y t¨² lo sabes, ?verdad?¡± respondi¨® el camarero, con certidumbre, pero claramente tratando de marcar la irrelevancia de la afirmaci¨®n. ¡°Ya¡­ sigamos¡± Dejando claro, con su tono, que entend¨ªa que abandonar ahora era irracional y cruel. Ahora, m¨¢s que nunca ignorando el miedo y el agarrotamiento de los brazos, abajaron con tes¨®n y una mirada determinada. Que negro era el hoyo cruel que se hab¨ªa llevado a ella y ahora a ellos. La Luna no iba a permitirse parar ni por un momento, por nadie nunca hab¨ªa tenido prisa, ni por nadie hab¨ªa puesto el freno. M¨ªnimos reflejos de la roca opaca y la luz de las estrellas deban ya visi¨®n. S¨®lo ahora las velas les manten¨ªan cuerdos, atados a este mundo y no al que existe donde no se ve, el mundo sin forma ni color. Que incre¨ªble era la existencia sin luz, que contraria a la preservaci¨®n de nuestras vidas, pero que llena de libertad en su amorfia. Aqu¨ª nadie ser¨ªa herrero, aqu¨ª nadie consejero ni caballero. Aqu¨ª no hab¨ªa padres ni hijos, no hab¨ªa casa ni cobijo. Sin forma nadie es m¨¢s alto, nadie m¨¢s feo, nadie m¨¢s rico o pobre, nadie m¨¢s ego. Pero, nuestro d¨²o no pensaba en eso, ?verdad? Ver¨¦is, nadie ha bajado por aqu¨ª en mucho, mucho tiempo, pero tampoco fue sellado anta?o. Obviamente es uno de esos lugares peligroso sobre los que se prev¨¦ a los ni?os y a los adultos menos responsables de esta nuestra sociedad, pero ese barco de la precauci¨®n zarp¨® hace mucho tiempo. Como ha quedado claro las ca¨ªdas en roca viva son m¨¢s que peligrosas, pueden ser mort¨ªferas, pero hay otro lado de la moneda para el horror de esta grieta que quita el sue?o, y que yo os quiero contar. El mundo es una cebolla, tiene muchas capas, y no s¨®lo como met¨¢fora de la vida, sino literalmente. Como es l¨®gico la primera capa era donde viv¨ªan los primos, la planta baja del mundo, la superficie. Aqu¨ª, la caverna, donde se alza la fortaleza de los menudos que no ven el cielo, es el subsuelo, la capa inmediatamente inferior. Hab¨ªa, o quiz¨¢s todav¨ªa hay, estratos superiores, un mundo sobre el cielo y m¨¢s all¨¢. Pero tambi¨¦n los hab¨ªa hacia abajo, como seguro ya te estabas planteando. Y como seguro tambi¨¦n imaginas, no es lugar para inocentes. O al menos eso aprenden todos en alg¨²n momento de sus vidas, sea por anciano consejo o por institucionalizada ense?anza, NO BAJES DEMASIADO. Pero en el amor todo vale, incluso, incluso el suicidio me ha dicho alg¨²n poeta. Y as¨ª, Beleg el ex-camarero y Mim el ex-alba?il, prosiguieron. De Enanos 4. Hoyos en hoyos en hoyos Diez veces creyeron haber llegado al suelo, diez veces erraron, los reflejos les traicionaron. Definitivamente, si no hab¨ªa agua profunda al final de vertical camino no habr¨ªa ninguna posibilidad para ella. Y quiz¨¢s ni en ese caso la habr¨ªa, quiz¨¢s a esta altura el agua poco se diferenciaba del cemento armado. Habr¨ªa tirado algo antes de emprender la marcha abajo, intentar escuchar un ruido al final de la ca¨ªda, pero temieron que si estaba al fondo sobre encima de ella lo que tiraran caer¨ªa, adem¨¢s pretend¨ªan bajar pasara lo que pasara. Mim segu¨ªa primero en el descenso, ahora con m¨¢s distancia entre uno y otro, ya que los brazos de Beleg requer¨ªan de m¨¢s descanso. Con la mirada fija a¨²n en la roca del frente sinti¨® que los pies fallaban en encontrar roca, algo que ya hab¨ªa pasado antes en la irregular fisura. Sigui¨® bajando, sostenido ahora s¨®lo por la fuerza herc¨²lea de sus manos, hasta que la vela sobre sus ojos le revel¨® al hueco que le imped¨ªa apoyar los pies. Era una grieta ancha, la grieta en la grieta, capaz de albergar a un enano, si este estaba dispuesto a arrastrarse. ¡°?Espera!¡± Orden¨®, aunque no demasiado alto, no iba a tentar la posibilidad de un derrumbe con la vibraci¨®n de su voz. ¡°?Qu¨¦ pasa?¡± respondi¨® Beleg, al fin acortando distancias. ¡°Es que hay un hueco aqu¨ª¡­ ap¨®yate ahora en la roca con los pies y descansa un minuto los brazos, si bajas un poco m¨¢s tendr¨¢s que sostenerte s¨®lo con las manos¡± afirm¨® el pelirrojo. ¡°¡­ De acuerdo, me paro un minuto¡± respondi¨® el otro, intentando no hacer demasiado obvio su alivio por el descanso. ¡°No tiene sentido que ella¡­ vamos, no deber¨ªa estar aqu¨ª, pero voy a intentar tumbarme dentro, aunque s¨®lo sea para descansar¡±, mientras lo dec¨ªa y se balanceaba un poco para pisar la abertura en la roca. ¡°Vale¡± dijo el otro, ¡°lo que t¨² veas¡± respondi¨® Beleg sin ganas de discutirlo. Ya con las piernas firmes dio un ¨²ltimo balanceo con los brazos, para traspasar el peso de su torso adentro. Con gran pericia solt¨® la cuerda, y sostuvo con fuerza el techo de la grieta. Ahora, con agacharse un poco, pudo apoyar la cadera y descansar al fin. Una peque?a onda formada en la cuerda por su oscilaci¨®n sigui¨® bajando hasta perderse en la profundidad, cu¨¢nto faltaba para llegar al fondo, lo desconoc¨ªan. Ahora Mim aprovech¨® el escaso espacio para tumbar la espalda, s¨®lo entonces se percat¨® de que esta abertura horizontal llegaba mucho m¨¢s al fondo. De hecho, no ten¨ªa ni idea de d¨®nde acababa. Mientras, Beleg se preguntaba si la cuerda ser¨ªa suficiente o si este riesgo era m¨¢s bien en balde. ¡°Dime algo, no te veo desde aqu¨ª, amigo¡± coment¨® tosiendo un poco ¡°?me oyes, amigo?¡±. ¡°S¨ª, perdona¡­ es que¡­ t¨² no has o¨ªdo nada desde que llegamos, ?verdad?¡± respondi¨® al fin el artesano de la construcci¨®n. ¡°No, nada salvo a ti y las corrientes de aire, que poco ruido ya hacen¡± devolvi¨® Beleg. ¡°Ya¡­ creo que la corriente de aire de este agujero lleva sonidos, quiz¨¢s una voz¡± reiter¨® el pelirrojo. Tras unos segundos de silencio tenso volvi¨® a hablar Beleg ¡°creo que voy a seguir bajando, d¨¦jame descansar en ese hueco tuyo un rato¡±, esper¨® un instante a la respuesta del otro, pero no la hubo. ¡°?Est¨¢s ah¨ª?¡± comenz¨® de nuevo, ¡°Shhhhhhhh¡± oy¨® al momento. Haciendo el esfuerzo psicol¨®gico de mirar abajo, Beleg pod¨ªa ver los pies de Mim descansando en el vac¨ªo, el resto de su ser dentro de la abertura. ¡°Hay dos gemas azules aqu¨ª dentro, las veo brillar al fondo de este hueco¡± explic¨® al fin el alba?il, ¡°?Y?¡± se preguntaba el otro, ¡°No lo s¨¦, podr¨ªamos cogerlas... no me parecen piedras comunes, ¨®palos muy puros quiz¨¢s, ESPERA, ?Los he visto agrandarse! Oh no, no, acercarse m¨¢s bien. Diantres, ayuda, ?tira de mis piernas, por lo que m¨¢s quieras!¡± Unauthorized usage: this tale is on Amazon without the author''s consent. Report any sightings. Decir ¡°?voy, voy, voy!¡± es lo ¨²nico a lo que le dio tiempo a Beleg antes de observar c¨®mo los pies de su compa?ero desaparec¨ªan dentro de la estrecha caverna. Cuando lo vio y oy¨® el grito, r¨¢pidamente ahogado, del atrapado Mim, no pudo salvo comenzar a dudar si bajar por la cuerda y ponerse cara a cara con el hoyo horrible ser¨ªa un movimiento inteligente. El miedo le hab¨ªa dejado paralizado, tanto que ahora se alegraba de que nadie pudiera verlo, nadie pudiera juzgarle por acobardarse. Pero que explicaciones dar¨ªa si volv¨ªa ahora, s¨®lo. Ser¨ªa aceptable decir -salimos de paseo los tres, pero los otros han muerto, buenas noches-, yo creo que no. Aun¨® fuerzas y comenz¨® a atajar los dos metros de descenso hasta la boca del lobo, ahora con las patas bien alejadas de la roca, rodeando la cuerda y estrechando los tobillos. ¡°Los dioses santos no quieran que mi padre o mi abuelo me vean as¨ª¡±, pens¨®, pero no dijo, no queriendo tentar ahora a lo que sea que hab¨ªa raptado a su compinche. Cuando al fin logr¨® ver bien adentro, sinti¨® un alivio culpable. No hab¨ªa nada ni nadie. Nada m¨¢s quedaban unas marcas de arrastre en la gravilla sobre la que hubiere estado tumbado Mim hac¨ªa un momento. No se ve¨ªa nada, no se o¨ªa nada. Ahora se planteaba un importante dilema. Hab¨ªa bajado para salvar a alguien acompa?ado y ahora le tocaba arriesgar su vida en una direcci¨®n u otra, solo. Abajo s¨®lo se ve¨ªa el abismo continuar, con una cuerda que, bajando, se fund¨ªa con lo negro del hoyo, invitando poco a la esperanza. Arriba apenas quedaba un resquicio de luz, porque, en varios puntos, la grieta donde se hab¨ªan sumergido se estrechaba, dejando ver a¨²n menos donde estaba ahora. Luego estaba el abisal horizonte frente a su rostro, donde hab¨ªa desaparecido el hombre que se hab¨ªa planteado asesinar no hace demasiado. La decisi¨®n estaba clara, al contrario que el hoyo negro donde Beleg se hallaba. Cogi¨® un m¨ªnimo impulso y se apoy¨® con las piernas tal y como hab¨ªa hecho Mim previamente. En nada ten¨ªa tambi¨¦n los brazos firmes dentro de la grieta estrecha, poco despu¨¦s apoy¨® el cuerpo, cabeza adentro, sobre el suelo de la grieta, pero en su caso cabeza abajo, para arrastrarse bien hacia adentro. ¡°Est¨¢ muerta¡± afirm¨® para sus adentros ¡°se habr¨¢ abierto la cabeza al fondo del abismo, lo s¨¦. Nunca hubo esperanza, s¨®lo el p¨¢nico del momento, lo he aceptado, ahora lo ¨²nico digno es intentar redimir mi pecado¡±. ¡°Maldita sea, por qu¨¦ no sellaron este monstruoso agujero y por qu¨¦ fuimos tan est¨²pidos¡± prosigui¨® con su monologo interno, ganando tiempo mientras decid¨ªa si ten¨ªa el valor de verdad o no. Finalmente, Beleg fue capaz de acallar su cabeza pensante y la racional, que le dec¨ªa que saliera por patas antes de que fuera demasiado tarde, tambi¨¦n. All¨ª no hab¨ªa espacio para extender los brazos, como tras un buen bostezo, s¨®lo para arrastrarse hacia dentro con ligeros movimientos de hombros. Algo hab¨ªa tirado de Mim por la cabeza, seguro, llev¨¢ndolo a alguna profunda madriguera en este infierno subterr¨¢neo. Antes, cuando el mundo no hab¨ªa perdido la cabeza y la esperanza, la corteza de la tierra, el nivel justo por debajo de la superficie, hab¨ªa sido el reino de su raza, compartida claro est¨¢ con una considerable cantidad de primos, invitados por los enanos de buena fe, y enemigos, que plagaban las cavernas y constru¨ªan sus propias ciudadelas bajo la monta?a. M¨¢s abajo era el reino de otras criaturas, en su inmensa mayor¨ªa desconocidas incluso para el m¨¢s erudito de los menudos, o cualquier otro pueblo conocido. Se hablaba de diablos, se hablaba de otros enanos, hermanos que viv¨ªan muchos m¨¢s profundo, se hablaba de los enemigos, expulsado anta?o por ancestros iracundos. ¡°Quiz¨¢s incluso volver¨¦ habiendo resuelto parte del misterio¡± pens¨® Beleg, ahora con los nervios m¨¢s tranquilos a pesar de la situaci¨®n, ¡°seguro que me hacen una estatua¡±. De Enanos 5. Horror antediluviano Muchos pies arriba su fortaleza natal ya estar¨ªa despert¨¢ndose. La actividad empezaba algo antes de que el tenue Sol se hiciera ver, con la impotencia de los ¨²ltimos siglos. Ahora los panaderos trabajar¨ªan con su escasa materia prima y las patrullas estar¨ªan deseosas del relevo. Si encontrara, aunque sea un ¨ªnfimo agujero que conectara con el suelo que antes llamaba su mundo, tratar¨ªa de en avisar a los dem¨¢s, ya no importaban el trabajo y la verg¨¹enza, pero no era tal su suerte. El camino segu¨ªa y segu¨ªa, s¨®lo la vela en su frente le daba esperanzas, s¨®lo ella le permit¨ªa seguir el rastro de Mim. Claramente le hab¨ªan seguido arrastrando, hasta un fondo desconocido y sin nombre. Como se dilu¨ªa el valor, como fallaba la esperanza, pero la inercia de sus decisiones, impel¨ªa Beleg a no parar, al menos hasta saber el paradero de Mim el alba?il. No sab¨ªa exactamente en qu¨¦ direcci¨®n se mover¨ªa aquel funesto pasadizo, pero quiz¨¢s, pens¨®, ya estar¨ªa bajo la ciudad, no demasiado por debajo de sus p¨¦treas fundaciones. En todo aquel viaje solitario s¨®lo le llamaba la atenci¨®n un elemento, algo que no encajaba demasiado. A veces, sobre las marcas que hab¨ªa dejado el cuerpo arrastrado de Mim, hab¨ªa un brillante polvo, como esparcido o rascado de alguna superficie, quiz¨¢s derramado por una bolsa, pero muy irregular, hallado s¨®lo espor¨¢dicamente. Pens¨® entonces el probable ex-camarero: ¡°Un rastro dejado por mi amigo quiz¨¢s, aunque no recuerdo que llevase una bolsa con ¨¦l, mucho menos una cargando tan precioso y diminuto tesoro. Parece diamante en polvo, quiz¨¢s los restos de otra piedra singular¡±. M¨¢s all¨¢ de que Mim hubiese decidido hacerse rico, comprar el polvo brillante m¨¢s caro que encontrase y llev¨¢rselo a esas profundidades en el lapso de tiempo en que cogi¨® los materiales para el descenso nefasto, no se le ocurr¨ªan muchas posibilidades. ¡°Dijo algo sobre unos ¨®palos, gemas preciosas en la oscuridad¡±. Para bien de la espalda de Beleg el camino comenz¨® a alzarse y ensancharse, y al fin pudo caminar erguido, como si hubiera realizado una evoluci¨®n expr¨¦s, de serpiente a enano. Sin embargo, el rastro de Mim segu¨ªa como antes, por lo que era deducible que el pobre no se habr¨ªa levantado ni en este tramo, arrastrado seguro por la bestia secuestradora. All¨ª qued¨® Beleg, siguiendo el polvo brillante y la grava removida, sintiendo ahora nostalgia por la seguridad que le daba el estrecho camino superado, pues ya no pod¨ªa ver bien las paredes a sus lados y segu¨ªa algo agachado para que su vela iluminara la ¨²nica pista del paradero de su compa?ero. Mientras tanto creo que ser¨¢ mejor un cambio de escena, pasemos a ver que hac¨ªa su hermano de aventuras, despu¨¦s de que dos garras, duras como la roca y negras como el abismo que hab¨ªan pretendido descender, le cogiera por los sobacos y le tirara sin piedad. Aquel monstruo abisal tiraba de ¨¦l, pero los ¨®palos azules que hab¨ªa visto, gemelos sim¨¦tricos segu¨ªan siempre a la misma distancia de ¨¦l. Si eran sus ojos no los despegaba de su persona y por ende estaba galopando a toda velocidad sin mirar por donde, quiz¨¢s se sab¨ªa de memoria el camino o ten¨ªa m¨¢s ojos. Enjoying this book? Seek out the original to ensure the author gets credit. Para cuando hab¨ªan alcanzado el ensanchamiento Mim ten¨ªa los ojos cerrados con fuerza, casi tanta como los dientes, resignado al destino que le aguardase. Despu¨¦s de todo le hab¨ªa perdido a ella, justo cuando iba a perder su alma en un crimen indecente, seguro que lo que pasara era un justo final, quiz¨¢s incluso ordenado por el Padre de Todos por sus transgresiones morales. Definitivamente aquel demonio de las profundidades, cuyo cuerpo no pudo descifrar en la penumbra, no le tendr¨ªa nada bueno reservado. Por un rato, que Mim no pod¨ªa determinar, hab¨ªa quedado incapacitado, perdiendo toda perspectiva del tiempo y el espacio, quiz¨¢s tras quedarse inconsciente mientras debat¨ªa sus escasas alternativas. El negror del averno no tuvo dificultades en fundirse con el negror de las pesadillas y pronto despert¨® el trabajador dentro de una escena inesperada. Lo primero que vio fueron todos los colores del arco¨ªris, difuminados en infinidad de puntos y desaminados al azar en todo su campo de visi¨®n. Despu¨¦s agach¨® la cabeza, que se aquejaba de su propio peso y, entonces, vio su cuerpo, del que empezaba a retomar el control, sentado en una silla, con los brazos sobre las piernas, las cuales no llegaban al resplandeciente suelo. Cuando la vista se ajust¨® a los colores que recib¨ªa, pudo entender mejor donde se hallaba: nada m¨¢s ni nada menos que una geoda enorme, del tama?o de un hogar o una guarida, seg¨²n su inquilino. Su asiento no era menos particular, pues era como una piedra negra, obsidiana seguro, pero tallada muy finamente y sin dejarla demasiado afilada. Mir¨® a diestra y siniestra y no hab¨ªa m¨¢s que gemas en las paredes emitiendo luces hipnotizantes. Pudo ver algunos muebles, tambi¨¦n oscuros y de refinado acabado. Incluso un reloj de torre, con su p¨¦ndulo bamboleando y emitiendo su particular y mon¨®tono sonido, salvo que en la parte redonda reluc¨ªan un tit¨¢nico rub¨ª. Tales observaciones confirmaron las peores suposiciones, estaba sentado en el hogar de un demonio. Los primos, en la superficie, hablaban en muchas ocasiones de los demonios, pero ellos se refer¨ªan a los de su estrato, seres de cola, ojos y garras puntiagudas. Los demonios del estrato inferior no ten¨ªan alas, ni la piel roja. Eran de roca negra pura, como todo enano que hubiese recibido una educaci¨®n decente sabr¨ªa. S¨ª que coincid¨ªan en algunos aspectos, viv¨ªan de la corrupci¨®n, la obsesi¨®n y el vicio. Pero quiz¨¢s lo m¨¢s importante es que eran seres antiguos, puede que inmortales. Aunque Mim jam¨¢s fue muy devoto de la lectura, en la biblioteca principal de la fortaleza hab¨ªa algunos documentos donde se hablaba de estos seres. Os interesar¨¢ conocer las hip¨®tesis de Nimoth el Joven: ¡°¡­el horror antediluviano de la monta?a, criatura hura?a y cruel, bien podr¨ªa ser la progenie de la monta?a misma, creada en un intento sangriento, pero por suerte hasta ahora in¨²til, de acabar con nuestra raza¡±. Si as¨ª fuere ya cada uno decidir¨¢ si son aberraciones negras o los ¨¢ngeles guardianes de la propia piedra. Un ¨²ltimo dato del mismo autor, que de valor os ser¨¢ sin duda: ¡°¡­pasan sus vidas sin tiempo, en las cavernas bajo las cavernas, donde m¨¢s abunda la riqueza de la tierra, planeando la corrupci¨®n individual de cada enano sobre la faz de la existencia¡±. El ¨²nico alivio del alba?il era este, no ve¨ªa ni o¨ªa a nadie m¨¢s haci¨¦ndole compa?¨ªa. Pero no pod¨ªa evitar pensar que su secuestrador estaba atr¨¢s, en el punto ciego de su visi¨®n, y que no hac¨ªa ni el m¨¢s m¨ªnimo ruido porque no respiraba, pues no ten¨ªa pulmones sino piedra en interior. ¡°Buenos d¨ªas que ya amanece¡± oy¨® detr¨¢s, confirmando de nuevo la peor posibilidad. La voz era melodiosa y de buena entonaci¨®n, podr¨ªa pertenecer a cualquier enano de buen ver, de todo m¨¢s bien grave y apacible. ¡°Amigo, no sabes lo mucho que llevo esperando una visita en este yermo vecindario, he estado a punto de ponerme a hablar con las rocas, ?yo!¡±, Mim prestaba mucha atenci¨®n a las palabras de la bestia de buenos modales, aunque no pod¨ªa verla todav¨ªa y estaba empezando a pensar que valdr¨ªa la pena comenzar a rezar por su alma inmortal. ¡°Ahora, porqu¨¦ no nos presentamos mientras llega tu amigo¡± De Lore I. Las capas del Mundo Amigos, he estado pensando que, para seguro atender a vuestro inter¨¦s y desde luego para entender mejor en qu¨¦ situaci¨®n se han metido Finna, Mim y Beleg, ser¨ªa conveniente que, cada cierto tiempo, visitemos la biblioteca. Y aunque yo, al contrario que Mim, no tengo conocimientos sobre como construir un hogar firme y recio, s¨ª que se que las capas no se empiezan por el tejado, sino por las fundaciones. Por ende, comenzaremos visitando las obras de un autor de relevancia, que nos ilumine sobre un mundo que, como muchos otros, resulta ser contraintuitivo en su naturaleza real. Aqu¨ª os dejo el extracto que nos atiende, escrito por Shalmanasar II, rey de reyes entre los primos de una ¨¦poca olvidada, que gustaba de abandonar los asuntos de corte y pa¨ªs en favor de la erudici¨®n sobre la verdad de la existencia: ¡°Rec¨®jase aqu¨ª el fundamento f¨ªsico de nuestro mundo, gracias en parte a las donaciones y ense?anzas de mi amigo, el elfo de los picos S¨ªlbirin, que sabe m¨¢s que nadie sobre los estratos sobre nuestras cabezas. En verdad nuestro mundo no empieza ni termina donde la raz¨®n y los sentidos parecen indicarnos, y llevamos nuestras vidas, desde la cuna hasta la tumba, experimentando tan s¨®lo uno o dos de los muchos filamentos de la existencia. Pues en realidad nuestra existencia va mucho m¨¢s abajo que las fortalezas de los enanos y mucho m¨¢s arriba que los picos de los elfos, estando nosotros, los hombres, justo en el medio. Qued¨® inscrito en alguna ley celestial que sobre todos nosotros reina, que cada pueblo llevar¨ªa su vida en una de las capas del mundo, pero que tendr¨ªa otra, secundaria, a la que tambi¨¦n podr¨ªa llamar hogar en parte, por un tiempo, siempre anhelando volver a la suya. As¨ª, los hombres viven en la primera, la superficie, 0, que nos contiene a todos en su suelo, que nos sustenta y es donde m¨¢s a gusto vivimos. Pero tambi¨¦n con los enanos convivieron y conviven muchos, pues, aunque su oscuridad no nos es apta y su comida menos, entre ellos podemos llevar una vida tolerable. Con ellos, los enanos, que hermanos se llaman entre si, la cuesti¨®n se invierte, pues su hogar es bajo tierra, el subsuelo, el -1, donde sus masas se acumulan bajo la monta?a. Y, al mismo tiempo, su presencia es com¨²n y tolerada en nuestras ciudades, donde le Sol les deslumbra, pero el dinero les llama igualmente. Finalmente, los elfos, que como es conocido hacen su vida en los picos, sobre las nubes, la capa 1, donde grandes cr¨¢teres les acogen; son por esto muchos menos que enanos y que hombres, pues tienen poco suelo que pisar y cultivar. Muchos doman aves y otros seres para surcar los cielos y para ellos la distancia entre sus ciudades, escondidas en los picos, no es tanta, pues los jinetes las alcanzan en poco tiempo. Tienen ellos su segundo hogar en la superficie tambi¨¦n, donde hacen una gran labor de ense?anza para con los pueblos menos agraciados por los astros. The author''s content has been appropriated; report any instances of this story on Amazon. As¨ª, estos tres estratos contienen la parte del mundo que nos es familiar a estas tres grandes y laboriosas razas, tan cercanas como primos, usando la jerga enana. Pero la existencia, como avanz¨¢bamos, no acaba aqu¨ª. Los hombres son los m¨¢s ignorantes de esta realidad, al estar centrados en el estrato medio, pero los elfos son muy estudiosos de las capas que les superan en altura y los enanos de las capas que est¨¢n bajo su suelo. Aun as¨ª, he sido informado por ambos pueblos que ninguno de ellos conoce en demas¨ªa la verdadera naturaleza los estratos que preceden y suceden al -1, 0 y 1. Tambi¨¦n me han afirmado que para nosotros, los pueblos en el centro de este escenario, la vida no ser¨ªa tolerable al alejarnos de nuestras capas sea arriba o abajo, igual que ocurre cuando los humanos intentan convivir en el estrato de los elfos, o peor a¨²n, cuando los enanos lo intentan, pues se dice que a penas llegan vivos de la falta de aire. Aun con este hecho sobre nuestras cabezas no cesa nuestra curiosidad por las vidas de los otros ni nos frenan los males del cuerpo. Antes de adentrarnos con m¨¢s detalle sobre las capas conocidas, cabe mencionar la presencia de inmensas barreras que hacen el paso entre algunas muy dif¨ªcil, quiz¨¢s imposible. Aunque, tanto enanos como elfos han escrito sobre aberturas naturales o artificiales de las que m¨¢s bien poco se sabe, pues jam¨¢s he hallado ni autores ni testigos que hayan escrito o hablado de haber traspasado estas barreras. Seguro estas fueron dispuestas por Dios para dividir la naturaleza en los renglones correspondientes y no permitir cruces poco naturales que fueran en detrimento del orden establecido. El ¨²nico testimonio que a mis manos ha llegado es aquella leyenda que representa una historia alternativa del Padre de Todos, deidad de los hermanos enanos, en la que el dios ancestro descend¨ªa al averno en una misi¨®n crucial para su raza y el mundo. Los detalles de la misma se recogen en varios tomos, el m¨¢s completo siendo el publicado por Nimoth el Viejo, en otra era pret¨¦rita. Ahora s¨®lo dir¨¦ que el legendario enano debi¨® de usar toda su fuerza, voluntad y suspicacia para atravesar la barrera que se le presentaba, nada m¨¢s ni nada menos que el Muro de Cuarzo, que seg¨²n la misma historia abraza todo el mundo por debajo. Al fin, dejo aqu¨ª recopilado todo lo que s¨¦ sobre esas capas que nos superan por ambas direcciones, empezando por las que descienden, siendo la primera por debajo del subsuelo y conocida como Averno, o el estrato -2, lugar de civilizaciones perdidas, demonios y esperanzas de riqueza¡­¡± Por ahora, amigos, creo que ser¨¢ mejor descansa de tanto saber perdido, que a veces mejor perdido est¨¢. Es mejor retornar a la trama de dos ingenuos tan enamorados como perdidos bajo la roca y, as¨ª, descubrirlo de primera mano. De Enanos 6. Sobre Gog de Magog o “Gimnoâ€� Harto del camino Beleg hab¨ªa cogido ritmo. Iba al trote recto y sin parar, m¨¢s acostumbrado ahora a la oscuridad de la v¨ªa terrible que segu¨ªa. De vez en cuando agachaba la cabeza, iluminando el rastro que persegu¨ªa. Y durante mucho ya lo persegu¨ªa. El t¨²nel hab¨ªa ido virando hacia abajo lenta pero constantemente y si despu¨¦s de esto ten¨ªa llevarse a rastras a Mim, pues no se sent¨ªa con fuerzas. Hace tiempo que el valor le flaqueaba, cada paso tendr¨ªa que volver a darlo a la vuelta, y ya le hab¨ªa entrado un flato de los que te podr¨ªan derrotar aun siendo el mayor h¨¦roe de leyenda. ¡°Ni siquiera voy armado¡± inici¨®. ¡°Ni siquiera valdr¨ªa de nada ir armado, pues no se usar ninguna herramienta mas que la jarra de cerveza¡± desarroll¨®. ¡°C¨®mo me gustar¨ªa ahora una jarra, bien llena del fr¨ªo amarillo¡± concluy¨®. Mientras terminaba de culparse a si mismo por este ¨²ltimo pensamiento se agach¨® para sentarse, derrotado por el dolor de falto en su costado, la marca de quien no ejercita nunca y ahora quiere forzar su cuerpo. Qu¨¦ bien la conozco. ¡°Maldita sea Mim, como no est¨¦s cerca ya me temo que lo ¨²nico que acabar¨¦ haciendo es un ejercicio de cobard¨ªa, ya el esp¨ªritu me falla m¨¢s que el cuerpo¡±, esto lo dijo en voz baja, haci¨¦ndose compa?¨ªa en la oscuridad. Finalmente se apoy¨® sobre un codo y luego se tumb¨® completamente, boca arriba, debatiendo a¨²n que hacer. Se preguntaba si abandonar a su compa?ero no ser¨ªa un crimen a¨²n mayor que el que se plante¨® perpetrar hac¨ªa unas horas, cuando a¨²n miraban hacia abajo en la grieta, la grieta en la que nunca pens¨® que descender¨ªa. Se gir¨® hacia los lados, retozando en el polvoriento t¨²nel, donde las diminutas rocas se le clavaban por todo el cuerpo y el polvo arruinaba el color de su casta?o ropaje. Se mov¨ªa como quien se gira de un lado a otro en el camastro, tratando de hallar el nirvana de la comodidad, a sabiendas de que era una sensaci¨®n fugaz. Pero, en un vuelco de su cuerpo, su ojo izquierdo capt¨® un reflejo, un punto brillante en la oscuridad que a¨²n le aguardaba en el camino inexplorado. Nada m¨¢s avanzar un metro, a¨²n agachas y con el flato incidiendo, le permiti¨® iluminar con su vela las puertas dobles de lo que seguro era una mansi¨®n cavernaria, su objetivo y el hogar de la bestia que a Mim le hab¨ªa arrebatado. Ahora era cuesti¨®n de abrirlas, o dar unos toques educados. Mientras tanto, como ya os ser¨¢ habitual, retornemos a la conversaci¨®n entre enano y horror. All¨ª en la silla qued¨® Mim sentado, aguardando su destino sin muchas esperanzas, las cuales ahora tampoco albergaba por Beleg su hermano, amigo y rival, pues la bestia, seguro mediante su mordaz percepci¨®n, ya le aguardaba. Ahora era cuesti¨®n de a cu¨¢l le aguardaba un destino peor. ¡°Espero que te guste el sal¨®n y disfrutes de su opulencia, no parece, amigo, que tu labor te reporte ping¨¹es beneficios, seguro que jam¨¢s hab¨ªas visto tal colecci¨®n de gemas¡± dijo la cosa tras su espalda. ¡°Ahora, zagal, me voy revelar a tus ojos para aumentar tu asombro; sea aqu¨ª la gloria del Averno¡±. A penas haciendo ruido, algo se desliz¨® tras de si. La tensi¨®n y dureza en el cuello de Mim habr¨ªan servido ahora para tallar diamantes, y n pudo girar la cabeza mientras aquello proced¨ªa se desfile de gala al centro de su visi¨®n. Era negro, todo ello de ¨®nice tallado y anguloso, no pulido y bello como las gemas negras de su hogar. En efecto, como a Mim le relataban los agujeros y desgarres que sufr¨ªa su ropa en la zona de los hombros, sus garras acababan en pinchos tan puntiagudos que podr¨ªan atravesar su garganta sin esfuerzo. Find this and other great novels on the author''s preferred platform. Support original creators! Sus patas eran horribles, pues, aunque parec¨ªa caminar erguido como los enanos, sus rodillas quedaban invertidas y las piernas no acababan en un pie, como el de todas las razas buenas, sino que finalizaban en un ¨²nico y grueso pincho cada una, sobre los que se posaba con gran equilibrio. En efecto, sus ojos eran dos grandes ¨®palos azules y la ¨²nica cosa que emit¨ªa luz en su fino y opaco cuerpo, sobre el que se consum¨ªa la luz reflejada por la geoda que llamaba su hogar. Cuando Mim se atrevi¨® a estudiar bien la cabeza de la bestia se sorprendi¨® por no ver en ella replicados los ¨¢ngulos del resto de su cuerpo, sino que era un rostro redondo. En esa testa parec¨ªan faltar elementos, pues, aunque distingu¨ªa labios y cejas de ¨®nice, de la nariz s¨®lo quedaba el fundamento, como si el resto hubiese sido tallado. Lo mismo ocurr¨ªa con las orejas, ambas, aunque presentes, parec¨ªan acabar en una punta larga que hab¨ªa sido cercenada, en ambos casos por un golpe brutal seguro. En la cima de lo que podr¨ªa llamarse su frente portaba un s¨ªmbolo, tallado a modo de hendidura, por lo que era dif¨ªcil distinguirlo del resto del cuerpo, s¨®lo algunos reflejos dentro de la geoda delataban su presencia e induc¨ªan a pensar que continuaba subiendo por su frente hasta la cima de la cabeza. Cuando el demonio pareci¨® percatarse de que Mim en su marca se fijaba, decidi¨® ponerse a parlar. ¡°Amigo, espero que te agrade lo que ves, aunque no lo espero. He decirte que estoy deseando que nos conozcamos mejor. Usted, yo y el menudo de pelo negro que se nos aproxima a cada momento, tenemos mucho de que hablar. Quiz¨¢s ahora te preguntes por tu futuro, como deber¨ªa hacer cualquiera que se diga sensato, pero os aseguro que no ten¨¦is de qu¨¦ preocuparos.¡± ¡°Amigo, tomadme por un embajador, pues lo ¨²nico que deseo es parlamentar con usted y con los suyos. Por favor, hemos de conocernos bien y establecer relaciones en beneficio mutuo, es todo por el bien del progreso econ¨®mico y la estabilidad, sin duda." ¡°Ahora, amigo, dejadme el privilegio de establecer di¨¢logo empezando por compartir mi nombre. Me llamo Gimno, ni m¨¢s ni menos, y estoy seguro¡­¡± ¡°Eso es un nombre enano, DEMONIO¡± grit¨® Mim, desde luego sorprendiendo a la criatura, cuyo rostro de pocas facetas se qued¨® trastornado. ¡°Desde luego, y estoy seguro de¡­¡± dijo el demonio tratando de salvar el ritmo del mon¨®logo. ¡°No tenemos nada de lo que hablar y bien lo sab¨¦is, no me enga?areis con vuestros ¨®palos de nuevo, gracias al Padre jam¨¢s me hab¨ªa topado con una bestia semejante, pero se lo suficiente como para no fiarme de cualquier trato ni artima?a.¡± Respondi¨® Mim, m¨¢s seguro que nunca y recobrando la moral al ver que las cosas no sal¨ªan como la bestia pensaba. Mientras hablaba en tan desafiantes t¨¦rminos, comenz¨® a elevarse de la silla, haciendo acopio de las escasas fuerzas de las que dispone el reci¨¦n despierto. ¡°Dad gracias de que no me encuentro armado, pues entonces librar¨ªa al subsuelo se vuestra horrible presencia aqu¨ª y ahora¡±. Entonces la luz dentro de la geoda comenz¨® a apagarse: los azules, amarillos y rojos empezaron a desvanecerse, haci¨¦ndose cada vez m¨¢s dif¨ªcil distinguir el cuerpo negro de la criatura con el fondo oscuro que la envolv¨ªa. ¡°?ESCUCHAME MENUDO, tu cala?a es una raza de avariciosos de corta vida, viviendo un pat¨¦tico ciclo de acumulaci¨®n. Derroch¨¢is la riqueza del suelo, que acaba siempre en las manos de quien no sabe de su verdadero valor. Tu vida no ser¨¢ m¨¢s que un suspiro en la m¨ªa, suspiro que malgastar¨¢s trabajando para quien tiene m¨¢s dinero que t¨², porque tiene m¨¢s dinero que t¨²¡±. Mim se encog¨ªa de nuevo en la silla de obsidiana, con la boca peque?a y pensando cada vez con m¨¢s seguridad que el demonio le iba a arrancar la cabeza de cuajo con un ¨²nico paso de su mano. ¡°Perdonadme, perdonadme¡­¡± dijo mientras la luz volv¨ªa a recuperar su poder. ¡°Amigo, s¨¦ que os encontr¨¢is en un lugar extra?o y que la situaci¨®n que os atiende no os permite ver el beneficio que mi persona os reportar¨¢. Adem¨¢s, and¨¢is en busca de la joven que cay¨® hace un rato¡­ la doncella rubia que parece haber decidido descender a toda prisa por el foso sin alas ni herramientas de escalada.¡± Al mencionar esta informaci¨®n, la cara de Mim obviamente se ilumin¨®, y, al ver plasmada en la faz del enano la traici¨®n de sus emociones, el rostro del demonio se alegr¨® gratamente. ¡°Amigo, parece que he dado con la tecla que buscaba, quiz¨¢s deber¨ªamos entonces dialogar, justos, con todos los involucrados presentes como es de justicia¡± en seguida se oy¨® una puerta de piedra fina, seguro la entrada a la geoda, empezar a abrirse hacia adentro. ¡°Veo que ya llega el ¨²ltimo invitado, le hab¨ªa dejado la puerta abierta y veo que ha sido acertado, ?disc¨²lpame!¡± De Enanos 7. Cruzada corruptora De Enanos 7. Cruzada corruptora ¡°Pase caballero¡± fueron las primeras palabras que escuch¨® Beleg, nada m¨¢s terminar de abrir las puertas dobles lo suficiente como para dejar el hueco perfecto para un enano de su grosor. Ven¨ªan de un demonio, cuyo aspecto superaba con creces el horror que ya ven¨ªa imaginando en su cabeza en el camino al rescate de Mim, el alba?il. Sin embargo, los modales, chocantes y rimbombantes donde los haya, fueron tal sorpresa que no permitieron al ex-camarero reaccionar de la manera natural por la que clamaba su cuerpo, correr por patas sin mirar atr¨¢s. ¡°Disculpe, su amigo de brazos recios le espera en el sal¨®n, justo detr¨¢s de esta bella pared de pirita y gemas. Ustedes dos y yo debemos tener una discusi¨®n, como ya le ven¨ªa contando a ¨¦l. Si me hace el favor de entrar¡­¡± dijo, mientras hincaba los pinchos negros que ten¨ªa por patas un poco a su izquierda, dejando espacio para Beleg. Un Beleg atontado por los azules ¨®palos del rostro imposible de un ser de piedra negra entr¨® sin rechistar y sin dejar de mirar al demonio. Cuando Mim oy¨® unos pasos, claramente no dados por los pinchos terribles del demonio ¡°Gimno¡±, imagin¨® que Beleg ya era presente en la geoda deslumbrante y decidi¨® actuar en acci¨®n, aunque resign¨¢ndose a la silla de obsidiana a¨²n. ¡°?Por lo que m¨¢s quieras corre Beleg, corre por tu vida!¡± grit¨® sentado, esperando que el demonio se contentara con un prisionero. Beleg gir¨® la cabeza en la direcci¨®n del sonido, imaginando que, tras la pared, se encontraba su compa?ero. ¡°No te preocupes pues tu amigo est¨¢ alterado por el viaje y la tragedia que le sucedi¨® a vuestra amiga. ?Por favor, acomp¨¢?ame, t¨² delante!¡± expuso la criatura. En un momento fugaz, en un instante cerebral, Beleg acept¨® que el demonio negro sab¨ªa algo importante sobre Finna, quiz¨¢s incluso estaba involucrado en el fatal accidente. Impasible todav¨ªa, anduvo lentamente hasta la abertura de la pared, que divid¨ªa las estancias de la geoda. ¡°Hermano, ?por qu¨¦ no corres? ?Te ha atrapado la bestia demon¨ªaca? No le oigas o acabar¨¢s cayendo en su embrujo¡± dijo agitado Mim cuando vio aparecer a Beleg por la estancia. ¡°No hay porque insistir m¨¢s amigo, es hora del parlamento, ahora que ya estamos todos presentes. Por favor, caballero, si¨¦ntese¡± dec¨ªa la bestia de ¨®nice sacando un taburete de obsidiana de debajo de la mesa principal del sal¨®n. Y, como antes, as¨ª lo hac¨ªa Beleg, sin pausa pero sin movimientos bruscos. ¡°No le obedezcas, maldita sea, ?qu¨¦ te pasa?¡± exig¨ªa saber el enano pelirrojo. ¡°?Has visto sus garras o las estacas que porta por piernas? ?A d¨®nde corro, Mim, en este agujero, del que no tengo ni fuerzas para salir?¡± razon¨® el moreno. Ambos quedaron en silencio ante la mirada paciente del demonio, que esperaba educadamente a que se quedaran callados. ¡°?Mim! Ten¨¦is un nombre al fin, y que gusto saberlo, ?puedo preguntar el vuestro, buen se?or?¡± coment¨® mirando a Beleg, con las zarpas juntas. ¡°Beleg es mi nombre, ?nos dejar¨¢s marchar?¡± respondi¨®, ahora tranquilo, el ex-camarero. ¡°Antes de disponer ese asunto querr¨ªa tratar otros temas, permit¨ªdmelo al ser el anfitri¨®n de este encuentro" dijo el demonio mientras empezaba a rondar la habitaci¨®n, seguro de que sus invitados no huir¨ªan. ¡°En efecto maese enano, mi nombre no es Gimno, aunque lo haya utilizado por muchos a?os. Me llamo Gog, que en mi lengua natal ser¨ªa algo as¨ª como -de la tierra- y esto no por nada como claramente veis. Para empezar, y conocernos mejor, dejadme relataros mi situaci¨®n y qu¨¦ requiero de ustedes, buenos invitados¡±. Al tiempo que hablaba empezaba a hacer c¨ªrculos clavando las patas en el suelo, que estaba lleno de grava negra. ¡°Y luego podemos hablar tambi¨¦n de vuestra rubia amiga¡±, dijo el ¨®nice andante antes de comenzar su relato, para captar la atenci¨®n decisivamente. ¡°Mim, Beleg, esta es mi casa ya por largo tiempo. Y en esta geoda preciosa resido por una raz¨®n muy sencilla, temo regresar con las manos vac¨ªas. Vine con una misi¨®n, de notable importancia, y, ver¨¦is, esto es un poco dif¨ªcil de contar, pero¡­ vine a corromper vuestra ciudad.¡± If you come across this story on Amazon, it''s taken without permission from the author. Report it. Ambos enanos se quedaron boquiabiertos, pensando si ahora, de paso, se hab¨ªan topado con una amenaza existencial para la fortaleza. ¡°Pero no os preocup¨¦is!¡± continu¨® el demonio, intentado apaciguar los ¨¢nimos. ¡°Ya no voy a hacerlo, es m¨¢s, os juro que no voy a hacerlo, por una sencilla y muy humilde raz¨®n: ?no puedo!¡± Entonces Mim interrumpi¨®: ¡°?La f¨¦rrea voluntad de nuestro pueblo os hizo imposible la tarea, seguro!¡± Pero incluso Beleg a?adi¨®: ¡°Yo pienso m¨¢s bien que entrasteis en raz¨®n, seguro os apiadasteis cuando visteis que no merec¨ªamos tal destino¡±. ¡°Qu¨¦ originales hip¨®tesis amigos, seguro sois respetados por vuestra sabidur¨ªa all¨¢ de donde ven¨ªs. Sin embargo, os alej¨¢is de la verdad aqu¨ª, pero yo os iluminar¨¦, gustoso.¡± ¡°Cuando a¨²n pod¨ªa, hace much¨ªsimos a?os, sol¨ªa salir a realizar mi labor. Os ahorrar¨¦ los detalles, pero que conste que jam¨¢s arrebat¨¦ una vida, ni rob¨¦, aunque pude.¡± ¡°Pero, un d¨ªa, al amanecer el Sol en vuestra ciudadela y entrar resquicios de luz por las aberturas, que era el momento en el que yo me ocultaba aqu¨ª mismo en mi geoda, pues¡­ dej¨¦moslo en que las cosas no volvieron a ser las mismas¡±. ¡°Estaba regocij¨¢ndome en mi mayor tesoro, Sebasti¨¢n, el enorme diamante que me otorgaron como pago adelantado por esta misma labor de corrupci¨®n de la que os hablo, cuando por todos los t¨²neles entraron cientos de los de vuestra raza. No puede defenderme, pues todos era soldados y con ellos iba su rey, Golmen¡±. Ambos enanos se miraron, conoc¨ªan el nombre, como todos, pero les sorprendi¨® o¨ªrlo de la boca de ¨®nice que les aleccionaba hoy. ¡°El rey sab¨ªa de mi prop¨®sito en este estrato y, para que no pudiera seguir con mi arduo trabajo, me dej¨® arruinado como me veis.¡± Entonces intercedi¨® Beleg, pregunt¨¢ndose ahora: ¡°?es que este no es tu aspecto habitual?¡± El demonio p¨¦treo baj¨® la cabeza, derrotado. ¡°Amigo, os avergonzar¨ªais ahora de esa pregunta si me hubierais visto en mi verdadera gloria y esplendor. Mi cuerpo era de ¨®nice suave, m¨¢s bien tallado como veis ahora mi cabeza redondeada. Mis manos y mis pies, aunque siempre ¨¢giles y mort¨ªferos eran finos y de aspecto delicado." "Mi nariz y mis orejas eran comentadas en la corte de donde procedo, mas me las arrebataron tres golpes crueles sobre la faz. Y con la forma verdadera de mi cuerpo y mi rosto, se fue mi poder verdadero. Ya a nadie pude convencer de mis verdades, y, as¨ª, el nefasto monarca enano cumpli¨® su prop¨®sito.¡± ¡°Pero, ?por qu¨¦ no me mat¨®, ah¨ª cuando estaba a su merced? Os preguntareis¡± asintieron ambos invitados, ahora m¨¢s interesados por la continuaci¨®n de lo que realmente era una pieza de su historia desconocida, que por sus vidas. ¡°Porque le era ¨²til a¨²n, por lo que se firm¨® un pacto, a la vieja usanza¡± asegur¨® Gog. ¡°No mucho m¨¢s abajo, por t¨²neles que a¨²n nunca hab¨¦is visitado, empiezan a verse salir de la roca hermosos cristales de cuarzo, muchos. Poco despu¨¦s, en el descenso, os topareis con que la totalidad del suelo es de este mismo cuarzo blanco". "Y luego, no podr¨¦is descender, pues la inmensidad de esta capa de brillante cristal rodea el mundo por completo, y es muy gruesa y es muy dura. Incluso los vuestros tardar¨ªan d¨¦cadas, quiz¨¢s siglos en taladrar un ¨ªnfimo hueco para descender.¡± ¡°Y t¨² sabes una manera pasar mas f¨¢cilmente, ?verdad?¡± pregunt¨® Beleg, sin miedo, pero pensando que trato nefasto habr¨ªa hecho el rey de sus ancestros con un demonio de esta cala?a. ¡°En efecto, o, m¨¢s bien, tengo la ¨²nica llave para la ¨²nica puerta en¡­ probablemente incontables millas¡± respondi¨® la criatura Gog. ¡°Y la tengo aqu¨ª mismo, por cierto¡± continu¨® se?alando la marca de su cabeza, que agach¨® para que todos la vieran bien. La hendidura de su frente continuaba hacia arriba, revel¨¢ndose ahora que era la representaci¨®n de una espada. Dicha arma estaba superpuesta a otra hendidura que hac¨ªa un c¨ªrculo perfecto en la cabeza redonda del ser de ¨®nice. ¡°Por si os lo pregunt¨¢is os lo dir¨¦: representa mi conquista del mundo, o la de mi pr¨ªncipe, mejor dicho. Aunque tranquilos, ahora de ese sue?o no queda nada, lo cual nos lleva al quid de la cuesti¨®n¡± ¡°?Cu¨¢nto dir¨ªais que ha pasado, desde que entre los vuestros reinaba este Golmen, que tan maltrecho me dej¨®?¡±. Cuando pregunt¨® el demonio Mim mir¨® a Beleg, pues ¨¦l no ten¨ªa ni idea y sab¨ªa que su compa?ero era algo m¨¢s conocedor de la historia de la fortaleza. ¡°Fue algo antes de que el Sol redujera su calor sobre el mundo, por ende, habr¨¢n pasado algo m¨¢s de tres siglos, quiz¨¢ cuatro¡±, respondi¨® Beleg, un poco orgulloso acertar esta pregunta de trivia. ¡°Pues ya est¨¢, ah¨ª lo tenemos, en todo ese tiempo no he hecho absolutamente nada, y est¨¢ claro que se me ha pasado volando¡± continu¨® Gog. ¡°He estado esperando a gente como vosotros. Vosotros quer¨¦is bajar, est¨¢ claro, y yo tambi¨¦n, pues ya no deseo continuar con esta misi¨®n. Mas tango un problema que vosotros pod¨¦is solucionarme: he de volver con la certeza de que he dejado vuestra elegante y robusta fortaleza, total y absolutamente corrupta, presa de la codicia, de la avaricia, de la obsesi¨®n por la acumulaci¨®n, o si no me pr¨ªncipe no estar¨¢ contento, es muy importante para ¨¦l. As¨ª que¡­ por qu¨¦ no os ven¨ªs conmigo y¡­ os hac¨¦is los corruptos, como prueba.¡± Gog comprob¨® la mirada impasible de los enanos, que estaban empezando a desconectar de la realidad hac¨ªa ya un rato: ¡°Pero luego os ayudar¨¦, podr¨¦is ir donde quer¨¢is en el Averno o incluso ir m¨¢s abajo, que imagino es lo que querr¨¦is¡± ¡°ESPERA, espera¡­ dices demasiadas cosas demonio¡± interrumpi¨® Mim, harto ya de la que aquella bestia p¨¦trea le contara sus problemas. ¡°Has dicho que para seguir descendiendo hay que atravesar una gran capa de cuarzo, entonces, ?qu¨¦ hay al fondo del foso por el que hemos descendido, por el que cay¨® Finna? ?Y, por qu¨¦ ¨ªbamos a querer seguir bajando m¨¢s all¨¢ del reino negro del que salgas?¡± duras pero acertadas preguntas por parte del alba?il. ¡°Claro, querido Mim, qu¨¦ preguntas m¨¢s buenas que estar¨¦ encantado de aclararte¡­¡± De Enanos 8. ?Dame una espada y un bocadillo! La cosa hab¨ªa acabado ah¨ª. Gog hab¨ªa expuesto su propuesta, en la que se hablaba mucho sobre cosas en las que dos enanos comunes y corrientes no se deb¨ªan inmiscuir, cosas de las que no sab¨ªan nada realmente. Tras la pregunta final de Mim, sobre el verdadero fondo de la grieta que los hab¨ªa llevado a esta funesta situaci¨®n, la cosa se hab¨ªa ensombrecido. ¡°Mira, mejor os describo lo que se y acabamos con esto, y ano me siento con fuerzas ni para enga?aros¡± aclar¨® el demonio Gog. ¡°Hace mucho, much¨ªsimo tiempo, eh¡­ de hecho no me acuerdo de qu¨¦ a?o era para los que viv¨ªs m¨¢s arriba, pero bueno, da igual¡­ El caso es que hace mucho excav¨¦ con mis propias garras el agujero que conecta con la grieta por la que descendisteis, ese por el que ayud¨¦ a Mim a entrar en mi casa¡± El enano prefiri¨® no intervenir con su propia versi¨®n del asunto, dando s¨®lo una mirada a Beleg como diciendo -luego te lo cuento-. ¡°El caso es que buscaba una salida para poder subir a vuestra ciudadela y cumplir con mi prometido, y sab¨ªa que la grieta estaba en esa direcci¨®n porque una peque?a esmeralda me lo cont¨®¡± ¡°?Espera, hablas con las piedras!¡± pregunt¨® Beleg, pensando en las consecuencias de esa posibilidad. ¡°No les queda otra opci¨®n. Las cosas que se mueven hacen de buenos oyentes, y observadores, pero de eso podemos hablar mejor en el camino.¡± Para los enanos era incre¨ªble escuchar a aquel ¨®nice tallado hablando, las expresiones en la cara eran pr¨¢cticamente enanas, quiz¨¢s como las de los primos, si le sumamos la altura. ¡°Como dec¨ªa, hall¨¦ la grieta y proced¨ª subiendo. Claro est¨¢ que alcanc¨¦ la boca de la misma y la historia por ese lado ya os la sab¨¦is. Lo enigm¨¢tico sucedi¨® al bajar. Cuando baj¨¦ esperaba encontrar el Muro de Cuarzo pronto, pues iba a paso ligero, clavando mis patas en la roca.¡± -Eso explica algunos agujeros en la pared, cuando descend¨ªan por la cuerda- pensaba Mim mientras el demonio continuaba su larga exposici¨®n. ¡°Tras un caminar interminable, me pas¨® algo extra?o, que siempre recordar¨¦. Encontr¨¦ por el camino a una veta de oro, que me habl¨® de algo sombr¨ªo, algo que me hizo pensarme dos veces si continuar bajando¡± ¡°Me dijo lo que yo ya iba pensando: que a esa altura deb¨ªamos estar, ella y yo, en el Averno, mi hogar. Me dijo que ya hab¨ªa pasado el Muro de Cuarzo, que lo hab¨ªa dejado atr¨¢s. Me dijo que aquello deb¨ªa llevar a otro sitio. Me dijo que saliera corriendo y que no volviera, por mi propia seguridad¡± ¡°Nunca en mi vida, desde que me sacaron del magma hasta hoy, he escuchado a un mineral tan perturbado, tan asustado por el lugar del mundo en el que le hab¨ªa tocado formarse.¡± A pesar de la charla rid¨ªcula sobre hablar con piedras y vetas de mineral, los dos enanos coincidieron en algo: Finna no se hab¨ªa estampado contra un fondo cruel y siniestro, aunque tampoco pod¨ªan garantizar que su destino hubiera sido mejor. Sin embargo, nada elimina la realidad material: estaban solos, desarmados, empezando a sentir el hambre aumentar tras pasar la noche entera en tan bizarra situaci¨®n, y, realmente, no ten¨ªan un objetivo claro. No sab¨ªan d¨®nde estaba ella. Adem¨¢s, claro, segu¨ªan en la casa de un demonio de las profundidades que claramente ten¨ªa planes para ellos. Mientras ellos pensaban en sus escasas alternativas, Gog prosegu¨ªa su narraci¨®n, enamorado de su propia voz. ¡°¡­ y, por ende, nunca descend¨ªa mucho de nuevo, tal s¨®lo utilizaba la grieta para ascender. Los minerales nunca me han fallado y su consejo me ha librado de una buena en m¨¢s de una ocasi¨®n. Aqu¨ª, mi querido y brillante Sebasti¨¢n me alert¨® cuando vuestros antepasados asaltaron mis puertas. Pero fue demasiado tarde, claramente.¡± ¡°Bueno, as¨ª acaba la historia de la grieta, espero que te satisfagan mis palabras. No tengo ni idea de donde estar¨¢ ahora vuestra amiga en ca¨ªda libre, pero os aseguro que esa cuerda vuestra no va a ser suficiente.¡± Hubo un momento de silencio, en el que los dos enanos se miraron de nuevo mutuamente y parecieron coincidir en algo a ojos del demonio. ¡°Gog, amable anfitri¨®n, querr¨ªas dejarnos unos minutos a solas, os juramos que no intentaremos salir, aunque no es como si pudi¨¦ramos¡±, asegur¨® Beleg, con un tono diplom¨¢tico. ¡°Sin problema queridos, estoy contento de que hay¨¢is entrado en raz¨®n, con la palabra y no con la espada se puede llegar a cualquier parte, mas puede que hablemos de espadas pronto. En fin, os saldr¨¦ y entrar¨¦ en unos minutos, de todas formas, deseaba ya el aire estancado de la caverna.¡± Cuando el demonio los hubo dejado all¨ª, solos, rodeados por la luminosa geoda y los p¨¦treos muebles, cay¨® otra vez el silencio en la habitaci¨®n. Mim fue el primero en romper dicho silencio: ¡°Bueno, espero que tengas un buen plan para salir de aqu¨ª. A m¨ª no se me ocurre nada m¨¢s que intentar tumbarlo entre los dos y huir por patas a donde nos depare el destino. Porque no piensas hacer un trato con ¨¦l, ?verdad?¡± La respuesta de Beleg no se hizo esperar: ¡°Uno, no tengo ning¨²n plan de escapatoria decente ni creo que lo haya. Dos, nos destripar¨ªa en aproximadamente dos segundos. Tres, quiz¨¢s tiremos por la borda la ¨²nica oportunidad de salvarla.¡± Cuando Mim cerr¨® los ojos y puso una expresi¨®n de indignaci¨®n, Beleg continu¨®, sabiendo que su amigo estaba luchando por aceptar la realidad de la situaci¨®n. Royal Road is the home of this novel. Visit there to read the original and support the author. ¡°Mira, si quisiera que hici¨¦ramos algo en lo que no requiera de nuestra voluntad ya lo estar¨ªamos haciendo, y no nos habr¨ªa aclarado tantas cosas sobre Finna. Nos necesita, como ¨¦l mismo dijo. Habr¨¢ que aclararlo, pero yo no pienso volver ahora con el rabo entre las piernas¡± ¡°?Ni yo!¡± espet¨® Mim, harto de lecciones. ¡°Vale, yo acepto, de todas formas a esta hora ya habr¨¦ perdido mi trabajo y con ¨¦l parte de mi honra, aunque ya estuviera harto de levantar muros¡± continuaba el pelirrojo, cada vez con m¨¢s seguridad. Pasaron un minuto en silencio, pensando si val¨ªa la pena decir algo m¨¢s. Despu¨¦s de todo ahora estaban estrechando su relaci¨®n de nuevo, la situaci¨®n lo hab¨ªa forzado y mira que esto hab¨ªa empezado de una manera muy diferente. Miraron despu¨¦s a sus alrededores para echarle un vistazo m¨¢s detallado al interior de la geoda. En efecto estaba repleta de color, all¨ª resid¨ªa la riqueza de un rey de la monta?a, riqueza de la que su pueblo no disfrutaba desde hac¨ªa siglos. Estaba lleno de brillantes amatistas, de rub¨ªes, de zafiros, ¨®palos sin parang¨®n recorr¨ªan la semiesfera que les envolv¨ªa. ¡°?Qui¨¦n nos viera ahora aqu¨ª? Jam¨¢s nadie se creer¨ªa esto en la taberna, ni en mil a?os¡± afirm¨® Beleg, sin exagerar, y su amigo Mim no lo desacredit¨®. De nuevo dejaron el tiempo pasar disfrutando los reflejos en las gemas, que comenzaban a obsesionarles. Ver las luces moradas, verdes y rojas, ahora les hac¨ªa perderse dentro de sus mentes. Permitieron a sus ojos divagar en la densidad de las joyas incrustadas en la pared. No les extra?ar¨ªa si cientos, o incluso miles, hubiesen ca¨ªdo en la tentaci¨®n de este demonio y sus brillantes oropeles, pues ahora ellos tambi¨¦n perd¨ªan la raz¨®n observando sus alrededores. ¡°?Alto, maldita sea, dejemos de mirar las tentaciones de este ser corruptor!¡± grit¨® Mim, forz¨¢ndose a agachar la cabeza el suelo, que era negro y sin luz. ¡°?S¨ª, tienes raz¨®n!¡± dijo Beleg dando un suspiro ¡°Ya se me nubla la vista y se olvida la cara de¡­ de ella, mirando estas joyas incrustadas¡±. Mim, d¨¢ndole la raz¨®n a Beleg con la cabeza procedi¨® a decir: ¡°Voy a llamar al demonio, pues tenemos mucho de que hablar. Si vamos a bajar necesitaremos comida lo primero, no creo que en su patria cosechen setas ni fermenten cerveza.¡± ¡°Yo dudo de que coman, como mucho se contentar¨¢n con guijarros del suelo, ?te imaginas?¡± propon¨ªa Beleg a modo de burla. Mim rio un poco, la primera vez desde la tragedia, y a?adi¨®: ¡°Seguro que a?aden carb¨®n para ali?ar los guijarros, ?quiz¨¢s aqu¨ª nos servir¨¢ como plato a su querido diamante, con salsa mercurio!¡± ¡°?Qu¨¦ bueno! Si as¨ª es, yo lo ali?ar¨¦ con un poco de oro, que veo que se pone muy sentimental cuando habla de esa veta que tanto miedo le dio¡± sum¨® Beleg a la guasa. ¡°?Ha!, y que me dices de c¨®mo habla, y de sus manierismos al -andar-, yo dir¨ªa que es una hembra de su especie, una hembra de piedra¡± continu¨® la burla Mim. ¡°Puede, aunque nunca lo dir¨ªa con esa voz indescriptible, no creo que sea muy popular entre los minerales y las rocas¡±, sigui¨® el otro. Los dos se aguantaban la risa, no queriendo llamar la atenci¨®n del demonio, que no deb¨ªa andar muy lejos tras la puerta de la geoda. Enseguida, Beleg decidi¨® ponerle fin: ¡°Voy a la puerta, a llamar al demonio, seguro que nos espera muerto de aburrimiento desde hace rato, espero que tuviera alg¨²n trozo de hierro para darle conversaci¨®n¡­¡± ¡°?No hace FALTA, ya estoy aqu¨ª!¡± entr¨® r¨¢pido Gog, cargando en sus garras con multitud de cosas. Ellos se quedaron mudos del susto ¡°Veo os tom¨¢is a guasa mi persona y es os hace mucha gracia como hablo¡± dijo el demonio de seguido, con un claro tono acusatorio. ¡°Pues, primero de todo, no soy -hembra- ni nada parecido, est¨¢ claro que no sab¨¦is nada de vuestros vecinos de abajo. Yo soy como me sacaron del magma, punto.¡± ¡°Segundo, los minerales son mucho m¨¢s educados que vosotros y dan mucha mejor conversaci¨®n. Adem¨¢s, nunca me comer¨ªa a ninguno, ?mucho menos a Sebasti¨¢n!¡± ¡°Y, por ¨²ltimo, ya os he tra¨ªdo todo lo que necesit¨¢is, ahora recoged la comida y escoged un arma que s guste, la bajada al Averno no es tan sencilla como un paseo a la taberna y vamos a necesitar brazos h¨¢biles.¡± Los enanos miraron at¨®nitos como Gog soltaba una bolsa llena de armas como para armar a una guarnici¨®n. Hab¨ªa hachas, lanzas, martillos, espadas, arcos, ballestas y alguna que otra daga. ¡°Pero¡­ ?c¨®mo lo sab¨ªas todo? ESPERA, se me olvido lo de los minerales, son tus ojos y o¨ªdos, no es as¨ª¡± preguntaba Beleg, arrepentido ahora de la insensatez de hablar a espaldas de un demonio. ¡°La pr¨®xima vez pi¨¦nsalo m¨¢s r¨¢pido. Obviamente no es sensato hablar de alguien como yo en el interior de una geoda. Pero bueno, espero que al menos se os hayan levantado los ¨¢nimos, eso tambi¨¦n lo vamos a necesitar¡± respond¨ªa Gog, el demonio de ¨®nice. ¡°Yo he aprovechado el tiempo de mientras, a sabiendas de que no huir¨ªais. Me temo que he tenido que tomar prestado todo esto de vuestro hogar arriba, pero no es robado, es prestado indefinidamente.¡± ¡°Ahora, coged un arma que os agrade¡± Mim fue el primero en acercarse a la pila de herramientas de guerra, casi deseoso de ponerlas a prueba ya, mientras pensaba si no era est¨²pido por parte del demonio traerles aqu¨ª susodichas armas. O, a lo mejor estaba tan seguro de su superioridad que de nada de ellos tem¨ªa. ¡°Yo me quedo el martillo, sin duda de mi oficio tengo experiencia y soltura suficiente, aunque el m¨ªo clave clavos y este abra cabezas¡± dijo Mim sin reparos, definitivamente era un arma que le quedaba bien y estaba a gusto en sus manos. ¡°Yo por el contrario me quedo la ballesta y guardarar¨¦ sus virotes, aunque tambi¨¦n me guardar¨¦ una daga, en caso de extrema necesidad. No tengo inter¨¦s en darle uso a ninguna de estas herramientas del soldado, pero entiendo la necesidad¡± explic¨® Beleg, mientras se pertrechaba. ¡°Ser¨¢ mejor que la comida la guard¨¦is entre los dos, no vaya a ser que alguno se pierda en el camino y se quede toda consigo. He tra¨ªdo pan, agua, vino, setas, morcillas, pancetas y dem¨¢s cosas que aguanten bien la traves¨ªa.¡± ¡°Sin embargo, eh pensado que, despu¨¦s de un d¨ªa harto estresante para vosotros, seguro que os viene bien dormir por el d¨ªa hoy, aprovechando que aqu¨ª el Sol no puede despertaros¡± Mim fue el primero en responder a la propuesta esta vez: ¡°Con esto llevas raz¨®n demonio, pero no creo que pueda pegar ojo en esta sala, y con los nervios que llevamos¡±. ¡°De eso, amigo, me encargo yo luego. Por favor, sentaos en una silla donde pod¨¢is reposar la espalda. Todav¨ªa os tengo que contar una cosa¡± explicaba mientras ellos proced¨ªan a sentarse. ¡°Todav¨ªa no os he presentado a Sebasti¨¢n como es debido. Ver¨¦is, es un diamante de gran tama?o, como queda claro. Tallado no por grandes artesanos, como vuestros conciudadanos, sino por la propia madre tierra, que lo engendr¨® de esta forma, casi redonda.¡± Ambos enanos dejaron la mirada en la enorme joya, pero sin dejar de reposar la cabeza en la silla cada vez m¨¢s. ¡°Pero no es s¨®lo por su belleza y sabidur¨ªa por lo que le precio tanto. Si os fij¨¢is en sus cortes os ver¨¦is reflejados, cada vez encontrando un reflejo m¨¢s profundo en el diamante.¡± ¡°M¨¢s y m¨¢s profundo en el diamante. Dentro es como si no existiera m¨¢s mundo que el del brillo azulado de su perfecci¨®n. M¨¢s profundo bajo las capas cristalizadas. M¨¢s profundo¡­¡± Pero Sebasti¨¢n ya hab¨ªa complido su prometido, ambos enanos estaban dormidos pl¨¢cidamente, apoyando la cabeza en la silla todav¨ªa. ¡°Buenas noches, aunque sea de d¨ªa¡± De Lore II. El Pico más Alto Ser¨¢ mejor inspirar y suspirar por un momento y regresar a la biblioteca por segunda vez, no sea que el aire del subsuelo sature nuestros pulmones. Esta vez, creo, ser¨ªa conveniente salir de la tierra y viajar muchas leguas. Pasaremos por los prados, los desiertos y los mares de los humanos, e incluso de las ciudades menores donde se arrejuntan las tres razas sabias. Iremos directos a la capital, el pico m¨¢s alto. Para resumir su grandeza lo mejor ser¨¢ leer a un testigo de la misma. El trovador y ge¨®grafo elfo Vilvias, que recorri¨® cada esquina del Pico y plasm¨® sus memorias en una obra sin igual. Aqu¨ª os dejo el resumen que escribi¨® como avance de la descripci¨®n m¨¢s amplia de la urbe: ¡°He escalado el Pico m¨¢s alto y compartido nuevas con los m¨ªos. He bajado y vivido con los hombres, de gran n¨²mero, vigor y valor. He descendido a¨²n m¨¢s, a donde mis ojos no perciben la luz del astro padre, donde los enanos forjaron para m¨ª una flauta con tanta habilidad que desech¨¦ la m¨ªa al momento.¡± ¡°Porque los tres grandes pueblos conviven en la misma monta?a, conocen el sitio como Tr¨ªpoli, pues cada uno fund¨® una ciudad all¨ª, sumando tres, aunque a menudo se entremezclan. Se la conoce como la capital del mundo, mas no lo es de ning¨²n reino.¡± ¡°Hay historias sobre c¨®mo la fundaron tras una larga guerra entre todos los pueblos venerables. Otras cuentan que los tres pueblos sab¨ªan que aquel lugar era el centro del mundo, y donde deb¨ªan convivir juntos m¨¢s que en ning¨²n otro lado. Bautizaron al Pico m¨¢s Alto -¨®mphalos- y erigieron sus casas.¡± ¡°En la cima de este ¨®mphalos se halla el hogar de los elfos ¨®nfalos, cuyo particular nombre no requiere m¨¢s explicaci¨®n. Se trata de algunos de los elfos m¨¢s urbanos, mas jam¨¢s desde?ar¨ªan sus tradiciones m¨¢s fundamentales.¡± ¡°Todav¨ªa surcan sus jinetes los cielos, subidos tanto a grullas como a serpientes aladas, seres que descendieron de estratos superiores hace much¨ªsimo tiempo.¡± ¡°Todav¨ªa pasean por el ¨¢gora y los fil¨®sofos establecen sus escuelas. De hecho, la escuela de F¨ªngoras, aqu¨ª hallada, ha resultado de lo m¨¢s popular. Incluso ya ha crecido considerablemente entre burguese humanos, muy interesados por la matem¨¢tica en lo pr¨¢ctico y por la numerolog¨ªa en lo religioso.¡± ¡°Incluso aqu¨ª, a pesar de la cercan¨ªa con las monarqu¨ªas humana y enana, se mantiene el tradicional sistema republicano de mi pueblo. Y, cabe mencionar, las instituciones de los elfos ¨®nfalos cuentan el mayor respeto y confianza de su pueblo. ¡°Con respecto a esto, de nuevo ocurre que gran parte de los humanos de abajo, aquellos que han tenido el privilegio de ascender, regresan a su ciudad con la esperanza de cambiar su situaci¨®n pol¨ªtica y establecer un sistema m¨¢s parecido al nuestro.¡± ¡°Por ahora sin demasiado ¨¦xito.¡± ¡°En lo que respecta a estos humanos ¨®nfalos hay mucho que comentar. Ocupan gran parte del piedemonte de ¨®mphalos, representando el medio o centro de Tr¨ªpoli. Es notable tambi¨¦n que su asentamiento fue, en origen establecido en dos sitios, quiz¨¢s por tribus antiguas hoy de nombre perdido.¡± ¡°Es decir, en origen se trataron de dos ciudades, las cuales acabaron por fusionarse, aunque hoy en d¨ªa todav¨ªa mantienen diferencias particulares que despertar¨¢n vuestro inter¨¦s.¡± ¡°En el lado Este los edificios son m¨¢s altos y blancos, m¨¢s inspirados por la arquitectura de mis parientes y desde luego, mas luminosa. Pues la ciudad Este queda iluminada por el Sol varias horas m¨¢s que la de sus vecinos de la ciudad Oeste, la cual est¨¢ m¨¢s sumida en la monta?a.¡± ¡°El lado Oeste por su parte qued¨® mucho m¨¢s influenciado por el trato con los enanos, habiendo muchas conexiones entre las casas de los hombres y las profundidades del interior de la monta?a, habitadas por los parientes menudos.¡± ¡°Como es predecible debido a las influencias que estiran de cada lado de la parte humana de Tr¨ªpoli, cada mitad est¨¢ dedicada a industrias diferentes. El lado Oeste es el m¨¢s industrioso y est¨¢ repleto de artesanos, manufactureros, edificios industriales y maeses enanos instruyendo a sus amigos o empleados.¡± ¡°El otro lado acumula sobre todo a los gremios de otras artesan¨ªas como es el comercio o la escritura, adem¨¢s de la agricultura de la vid. Tambi¨¦n es hogar de la mayor¨ªa de academias de estudios superiores y de escuelas de pensamiento humanas.¡± ¡°El rey de los hombres es actualmente una doncella, la reina Simeria, que gobierna desde el pronto fallecimiento de su padre hace tres a?os. La dama reinante todav¨ªa espera la llegada de un rey consorte que asegure la continuidad, pero el asunto se ha atrasado por la fragilidad de las alianzas ¨²ltimamente.¡± ¡°S¨®lo pude compartir un rato de su tiempo. La reina tuvo la gracia de concederme un asiento como invitado en el sal¨®n del Consejo, donde fui testigo de su habilidad para manejar a aquellos que dirigen los distintos aspectos de su reino.¡± ¡°S¨®lo dir¨¦ en este consejo hay ya casi tantos enanos como humanos, aunque mis parientes cercanos siguen siendo mayor¨ªa y sus palabras tenidas con m¨¢s peso, por su larga experiencia.¡± ¡°Actualmente la convivencia en la ciudad de los hombres es m¨¢s que tolerable para mi pueblo e invito a otros a que visiten sus calles y antros, especialmente aquellos del Este, que os recordar¨¢n al hogar f¨¢cilmente.¡± ¡°Sin embargo he de decir que se respira cierta tensi¨®n pol¨ªtica, incluso con el h¨¢bil manejo de la monarca, derivada de la influencia de las razas que viven arriba y debajo de la ciudad, ambas aparentemente luchando por el dominio cultural sobre los humanos.¡± Did you know this text is from a different site? Read the official version to support the creator. ¡°Se dice que los enanos tienen de su parte la econom¨ªa y los elfos el arte y la filosof¨ªa, pero no sabr¨ªa decir quien mantiene dominio sobre la parte humana de Tr¨ªpoli, si es que alguno lo hace.¡± ¡°Lo m¨¢s destacable actualmente, sobre esto, es el ya muy esparcido rumor de que la reina preferir¨ªa desposarse con un hombre elfo antes que con un pr¨ªncipe de otra ciudad humana, aunque s¨®lo el tiempo revelar¨¢ la verdad de esto.¡± ¡°No quisiera ahora divagar sobre rumores que van en detrimento de la convivencia que se ha mantenido hasta ahora. Por ende, pasar¨¦ a discutir sobre aquello de lo que fui testigo al bajar al subsuelo, donde los enanos llevan a cabo grandes inventos.¡± ¡°Estos enanos ¨®nfalos son maestros canteros y ebanistas, pero destacan todav¨ªa m¨¢s en el campo de la invenci¨®n.¡± ¡°Y sus inventos han llegado muy lejos, por lo que quiz¨¢s son ellos entre todos los pueblos ¨®nfalos los que m¨¢s se conocen fuera de la monta?a. Sus descubrimientos tecnol¨®gicos han llegado a hogares y cortes de todo el mundo.¡± ¡°All¨ª se cre¨® la primera nave a¨¦rea de metal. Todav¨ªa no han salido demasiado de sus fronteras, habi¨¦ndose confiado s¨®lo a algunos de sus reinos hermanos, como ellos los llaman. Mas aqu¨ª, en Tr¨ªpoli, se ven d¨ªa y noche ascendiendo al terreno de los elfos y compitiendo en altura con los jinetes de mi pueblo.¡± ¡°Admito que fui invitado, mas no tuve valor para ascender en uno de esos nav¨ªos celestiales, s¨®lo lo vi por dentro una vez posado en tierra. Decid¨ª dejar la descripci¨®n de los aparatos para los ingenieros de otras generaciones, pues no entend¨ªa nada de lo que ve¨ªa.¡± ¡°Cuando ya estaba claramente en las profundidades mis ojos no consegu¨ªan adaptarse y tuve que ser llevado por un gu¨ªa, pues all¨ª saben bien que los elfos apenas pueden moverse por el submundo.¡± ¡°Dicho gu¨ªa, un humano que viv¨ªa con los enanos en las c¨¢maras m¨¢s superficiales, me llev¨® de maestro enano en maestro enano de manera que estos me fueran contando los detalles de su arte particular.¡± ¡°Como ya iba diciendo, tuve la dicha de conocer a un hacedor de instrumentos musicales, que forj¨® con ma?a una flauta que desde siempre me acompa?a. No pudo revelarme el c¨®mo se hizo su producci¨®n, pues es un secreto bien guardado, como ocurre con todas las otras artesan¨ªas aqu¨ª abajo.¡± ¡°Decid¨ª proseguir y le coment¨¦ a mi gu¨ªa que deseaba bajar a los niveles inferiores, aquellos m¨¢s alejados de la superficie.¡± ¡°Por desgracia a malas penas pude continuar, pues el aire estancado repleto de humos que respir¨¦ demostr¨® ser m¨¢s poderoso que mi curiosidad: cuando estaba viendo los salones intermedios tuve un mareo que me llev¨® al suelo.¡± ¡°Pronto despert¨¦ en la superficie, donde me hab¨ªan llevado a un centro de sanaci¨®n.¡± ¡°A pesar de la angustia y los dolores en la testa, estaba muy apenado por haber vuelto a la superficie son poder ver las c¨¢maras inferiores, donde se me ha revelado que los enanos mantienen sus centros religiosos, repletos de las joyas m¨¢s ¨²nicas e inspiradoras.¡± ¡°Sin embargo no le espet¨¦ esto a mi gu¨ªa, pues hizo lo m¨¢s razonable al llevarme de vuelta arriba.¡± ¡°Poco despu¨¦s, cuando ya estaba preparando mi viaje de vuelta, visitando los ¨²ltimos puntos de inter¨¦s y haciendo las ¨²ltimas entrevistas, recib¨ª una visita inesperada y que se podr¨ªa describir como perturbadora.¡± ¡°Yo resid¨ªa entonces en el barrio ¨¦lfico de la ciudad Este, en un apartamento prestado graciosamente por Altis, uno de los arcontes de los elfos ¨®nfalos.¡± ¡°Esa visita, como explicaba, la recib¨ª por la noche, poco antes de acostarme y dar el d¨ªa por acabado. Era un humano, no demasiado joven y de aspecto cuidado. Dec¨ªa que era un habitual tanto del barrio ¨¦lfico como de la Rep¨²blica de los elfos ¨®nfalos.¡± ¡°Tambi¨¦n me explic¨® que ten¨ªa un gran inter¨¦s por la astronom¨ªa, la astrolog¨ªa y los estratos superiores, especialmente con todo lo relacionado con Firmamento, una de las legendarias capas que dividen la existencia, mucho m¨¢s arriba que el Cielo de mi pueblo.¡± ¡°Dijo que hab¨ªa estudiado en profundidad lo conocido de esta barrera, que hasta donde yo s¨¦ es m¨¢s bien poco, y que la observaba casi todas las noches con un telescopio que le prestaba un amigo elfo, muy rico.¡± ¡°Dijo que se adscrib¨ªa a las teor¨ªas que explican el Sol como la abertura m¨¢s grande de este muro celestial, el cual gira alrededor de todo el mundo, provocando el d¨ªa y la noche. Por ende, en ese caso, las estrellas ser¨ªan aberturas menores.¡± ¡°Pero esto no es lo interesante, pues es una hip¨®tesis planteada ya en muchos sitios, aunque, claro est¨¢, no tiene demasiado fundamento cient¨ªfico.¡± ¡°Me dijo que se hab¨ªa visto a la abertura conocida como Sol reducir su luminosidad son nubes en el Cielo. Comentaba que esto hab¨ªa aumentado levemente en su frecuencia, a lo largo de los a?os y que uno de sus profesores, un elfo, era el que hab¨ªa empezado a darse cuenta en Tr¨ªpoli y a investigarlo.¡± ¡°Sin embargo hab¨ªa acabado abandonando su investigaci¨®n, dando el asunto por una rareza de la naturaleza de la que no podr¨ªa extraer mucho m¨¢s. Pero este hombre humano hab¨ªa continuado su labor, quiz¨¢s llev¨¢ndolo al grado de la obsesi¨®n.¡± ¡°Estaba claramente atemorizado por el fen¨®meno, pero s¨®lo me hizo una petici¨®n, la raz¨®n real de su visita. Me pidi¨® que, siendo yo un viajero constante y dotado en las letras, hiciera uso de mi influencia y diera a conocer por el mundo, a profesionales interesados, la importancia de este suceso celestial.¡± ¡°Yo, interesado y no estando la petici¨®n fuera de lugar, acced¨ª con gusto. Le dije que incluso quiz¨¢s volviera alg¨²n d¨ªa y le dir¨ªa lo que otros pensaban.¡± ¡°Parec¨ªa contento por mi respuesta. Un rato despu¨¦s se march¨® por donde vino, quiz¨¢s fue a observar Firmamento aquella noche.¡± ¡°Yo sal¨ª de la ciudad solo unas horas despu¨¦s y todav¨ªa no he vuelto a verlo, aunque s¨ª que cumplo mi promesa hablando de lo que me explic¨® en este libro y con otros eruditos de los estratos superiores. ¡°Como conclusi¨®n avanzar¨¦ que en pr¨®ximos cap¨ªtulos desarrollo una descripci¨®n extensa de los hinterlands de Tr¨ªpoli y de su desarrollo cultural, econ¨®mico y demogr¨¢fico a lo largo de los siglos.¡± Hasta aqu¨ª llega el extracto que os promet¨ª, no falto de misterios. Seguro los estratos superiores y las barreras que los dividen ser¨¢n de gran inter¨¦s en un futuro pr¨®ximo. Ahora, volvamos con nuestros peque?os aventureros y su p¨¦treo anfitri¨®n.