El camino de regreso a casa fue silencioso. La noche cubría la ciudad con su manto oscuro, y Asver caminaba con calma, sin apurarse. Su mente aún repasaba lo que había visto en la transmisión: Valen Graves manipulando a la opinión pública, la inesperada intervención de Seraphine y, sobre todo, la llegada de Reiner Valken.
Pero nada de eso importaba ahora. Solo quería llegar a casa.
Al cruzar la puerta, la calidez del hogar lo envolvió de inmediato. No había pasado ni un segundo cuando escuchó la voz de su madre.
—?Asver Noctis! —El tono de su madre hizo que su cuerpo se tensara instintivamente.
Su hermana menor, Lia, lo miraba con los ojos bien abiertos. Su madre, con los brazos cruzados y el ce?o fruncido, lo escaneó de arriba abajo. No le tomó mucho tiempo notar lo evidente.
—??Qué demonios te hiciste en el cuerpo!?
Asver bajó la mirada hacia sus brazos. Las marcas oscuras de la Sangre del Heraldo aún estaban allí, cubriendo su piel como tatuajes sin brillo.
—H-Hermano… esas marcas… —Lia se acercó con curiosidad, estirando la mano para tocarlas.
—No es nada —dijo Asver con calma, dando un paso hacia atrás. Estaba demasiado agotado para dar explicaciones—. Solo… estoy cansado. Hablamos ma?ana.
Sin esperar respuesta, caminó hacia su habitación y cerró la puerta.
Un largo suspiro escapó de sus labios. Se dejó caer sobre la cama y miró el techo.
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"Si Valen quiere que sea un monstruo…"
Sus labios se curvaron en una sonrisa sin humor.
"Se lo daré."
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Al día siguiente
La ma?ana comenzó con un tono inquietante.
Dos hombres con insignias del Gremio de Cazadores estaban de pie frente a su casa. Vestían trajes oscuros y tenían expresiones serias.
—Se?ora Noctis, queremos hacerle unas preguntas.
Su madre los miró con recelo, pero mantuvo la compostura.
—?De qué se trata?
Uno de los hombres hojeó un archivo en una tableta.
—Según los registros del gremio, su hijo, Asver Noctis, falleció en una mazmorra hace meses. Sin embargo, hemos notado que su familia sigue recibiendo ingresos. Considerando que solo son usted y su hija… queremos saber de dónde provienen esos fondos.
La madre de Asver frunció el ce?o.
—Mi hijo no está muerto.
Los dos hombres se miraron, confusos.
Fue entonces cuando la puerta de la casa se abrió.
Asver salió de su habitación y bajó las escaleras. Su mirada tranquila y fría se posó en los hombres del gremio.
El silencio que siguió fue pesado.
Los cazadores se quedaron helados al verlo.
—T-Tú…
Asver inclinó la cabeza con fingida confusión.
—?Sucede algo?
Los hombres no supieron qué responder de inmediato. Uno de ellos, aún procesando lo que veía, balbuceó:
—Pero… tú estás muerto…
Asver soltó una risa ligera.
—Me perdí en la mazmorra y todos me dieron por muerto. Pero escapé. Solo que no tuve tiempo de reportarme.
Los cazadores aún parecían incrédulos, pero uno recuperó la compostura.
—Si es cierto, deberías presentarte de inmediato en el gremio.
—Lo haré en unos días. No quiero que nadie sepa que sigo vivo —su tono se volvió más frío—. Espero que entiendan.
Los dos hombres intercambiaron miradas.
—No podemos garantizar…
El aire en la habitación cambió.
Asver dio un paso adelante, y en un instante, su aura estalló.
Una presión densa los envolvió. No era solo intimidación, era algo más profundo, algo que les hizo sentir que un depredador estaba frente a ellos.
Los hombres del gremio tragaron saliva.
—…De acuerdo. No diremos nada.
Asver sonrió levemente.
—Bien.
Los cazadores se marcharon en silencio, con el sudor frío corriendo por sus frentes.
Justo cuando la puerta se cerró, un sonido familiar resonó en su mente.
Ding.
Una notificación apareció ante sus ojos.
[Misión especial: Es el momento.]
Objetivo: Acaba con los que te traicionaron.
Ubicación marcada en el mapa.
Asver miró la información proyectada ante él.
Los nombres de los cazadores que lo habían abandonado en la mazmorra.
Su ubicación exacta.
Se encontraban reunidos en un mismo lugar.
Su sonrisa volvió a aparecer.
—Parece que será un día largo.