Asver se puso de pie. El ardor en su piel comenzaba a desvanecerse, pero las marcas seguían allí, frías y silenciosas, como un recordatorio del poder que acababa de obtener.
El sistema no tardó en manifestarse.
[Prueba de la Voluntad – Iniciada.]
[Resiste y vence a los Guardianes de las Sombras.]
Un nuevo portal se abrió frente a él. Desde su interior, el sonido de pasos resonó como un eco distante. Luego, una sombra tras otra emergió.
Uno, dos, tres… diez… veinte…
Asver dejó escapar un suspiro.
—Más de estas cosas… Desde el tutorial me han traído problemas.
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Uno de los Guardianes se lanzó hacia él con una velocidad abrumadora. Hace unos minutos, ese movimiento le habría parecido imposible de esquivar. Pero ahora…
Asver inclinó levemente la cabeza, y el ataque pasó de largo, como si el tiempo se moviera más lento.
Un destello de comprensión cruzó su mente.
—Pero ahora… es diferente.
Los Guardianes atacaron en masa. Decenas de brazos oscuros se alzaron para aplastarlo.
Asver desapareció.
En un instante, se movió entre ellos con una velocidad que ni él mismo esperaba. Su cuerpo reaccionaba antes de que su mente pudiera procesarlo, como si estuviera hecho para esto.
Un corte, dos, cinco, diez… Las sombras cayeron en segundos.
Los Guardianes, que antes parecían invulnerables, ahora eran juguetes en sus manos. Cada golpe que lanzaban le parecía lento, como si pudiera ver sus trayectorias con anticipación.
—Esto es… increíble.
Asver rió por lo bajo. No era una risa de burla, sino de sorpresa.
Pero entonces, el sistema activó una nueva notificación.
[última Prueba Iniciada.]
[Enfrenta tu mayor debilidad.]
El aire se volvió denso.
La temperatura bajó.
Frente a Asver, una figura emergió de la oscuridad.
No era como los otros Guardianes.
Esta sombra tenía una forma más definida, más humana.
El corazón de Asver se detuvo por un momento cuando reconoció la silueta.
—No puede ser…
La figura avanzó un paso. Sus rasgos se hicieron claros.
Era su padre.
El mismo rostro que recordaba de su infancia. La misma mirada que lo protegió hasta el final.
Pero ahora… esos ojos lo observaban con un frío absoluto.
Asver sintió un nudo en la garganta.
Por primera vez desde que despertó su nuevo poder… dudó.