El aire era espeso y denso.
Raíces gruesas y nudosas se retorcían en el suelo, como si estuvieran vivas. Los árboles eran gigantescos, pero sus hojas eran negras y marchitas, exudando un brillo tenue y violáceo.
Una niebla oscura cubría el bosque, limitando la visión a solo unos metros.
No era el mismo lugar al que los cazadores habían entrado.
La mazmorra de rango C había cambiado… y ahora era un infierno viviente.
Los cazadores atrapados jadeaban entre los troncos deformes, heridos y agotados.
Pero había uno que no mostraba miedo.
El enmascarado se adelantó.
Sus pasos crujieron sobre la hierba húmeda.
Seraphine, una de las cazadoras más destacadas de la ciudad, no pudo apartar la vista de él.
—?Quién demonios es este tipo…?
No lo sabía, pero lo que estaba a punto de ver quedaría grabado en su mente para siempre.
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Cacería en la Niebla
Los monstruos emergieron de las sombras.
Eran bestias deformes, con piel oscura y ojos brillantes como brasas.
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Sus cuerpos eran alargados, con garras que se hundían en la tierra como cuchillas.
Diez de ellos.
Más de lo que cualquier cazador atrapado podría manejar.
Pero Asver no era un cazador atrapado.
Era el depredador.
[Ding.]
── Umbralis - Arsenal Abierto ──
De su inventario, las armas aparecieron en su mano como si respondieran a su voluntad.
Una daga curva con un filo negro.
Una lanza de mango plateado.
Y una espada larga de doble filo, reflejando la luz tenue de la mazmorra.
Los cazadores no podían creer lo que veían.
—?De dónde… sacó esas armas?
Pero antes de que alguien pudiera reaccionar, el enmascarado desapareció.
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Sombra en Movimiento
El primer monstruo rugió y se lanzó con las fauces abiertas.
Pero Asver ya no estaba allí.
?SLASH!
La daga curva apareció en su mano derecha y atravesó la garganta de la criatura en un solo movimiento.
El monstruo soltó un chillido inhumano antes de caer muerto.
Los demás atacaron en conjunto, pero Asver giró su cuerpo con precisión letal, sacando su lanza y atravesando a dos más de un solo golpe.
?CRACK!
Uno intentó morderle la pierna, pero en un movimiento rápido, cambió de arma y con la espada larga decapitó al enemigo.
Los cazadores solo podían observar boquiabiertos.
—E-Está… masacrándolos.
Seraphine frunció el ce?o.
Había visto cazadores hábiles antes, pero esto…
Era un espectáculo de pura brutalidad.
Un monstruo saltó desde un árbol, pero Asver lo atrapó en el aire, lo derribó al suelo y lo remató con una daga en el corazón.
Los cuerpos comenzaron a desvanecerse en humo oscuro, dejando solo peque?os cristales de esencia.
Solo quedaba uno.
Y no era un simple monstruo.
Era el jefe de la mazmorra.
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El Tirano de la Sombra
El bosque tembló.
Las raíces se partieron cuando algo gigante emergió del suelo.
El Tirano de la Sombra.
Su cuerpo era una abominación de extremidades esqueléticas y placas de hueso negro. Su rostro estaba oculto tras un casco demoníaco, y sus ojos ardían con un resplandor púrpura.
Los cazadores retrocedieron.
Seraphine sintió cómo un escalofrío le recorría la espalda.
Era un enemigo invencible.
Pero el enmascarado no se movió.
En cambio, dio un paso adelante.
El aire pareció volverse más pesado.
Seraphine sintió algo extra?o.
Era una sensación que no había sentido en nadie más.
?Podía ser… emoción?
El enmascarado levantó su espada y se preparó para el verdadero combate.
La batalla que decidiría si la mazmorra se cerraría…
O si todos morirían aquí dentro.