El Habitat Umbrío, una mazmorra de rango C, era conocida por ser un buen campo de entrenamiento.
Un desafío moderado, pero predecible.
Muchos cazadores novatos y experimentados entraban y salían sin grandes problemas.
Hasta que cambió.
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Fenómeno: Distorsión de Mazmorra
Un rugido profundo sacudió la ciudad.
El cielo sobre la mazmorra se oscureció repentinamente, como si una presencia abrumadora hubiera despertado en su interior.
El terreno a su alrededor se agrietó, y una onda de energía distorsionó el espacio, alterando la estructura de la mazmorra.
Las alarmas del Gremio de Cazadores estallaron al instante.
—?La mazmorra ha cambiado! ?El rango C ha sido invalidado!
—?Las lecturas ahora indican una Mazmorra Restringida!
El pánico se apoderó de los presentes.
El acceso quedó sellado.
Los cazadores que ya habían ingresado quedaron atrapados en un entorno que ya no reconocían.
Y lo peor…
El ecosistema había cambiado.
Las paredes, antes de roca gris, se volvieron una mezcla de carne oscura y raíces deformes que latían como si estuvieran vivas.
El suelo se agrietó, y de las fisuras brotaba un líquido negro y espeso, esparciendo un hedor a muerte.
Los monstruos no solo habían aumentado en número, sino que sus cuerpos se habían alterado, adoptando formas más retorcidas y letales.
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Los cazadores atrapados no tenían salida.
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La Sombra de Umbralis
Desde una azotea, Asver observó la situación en silencio.
Podría ignorarlo.
Podría dar media vuelta y seguir con su vida.
Pero…
No lo haría.
Apretó la mandíbula.
Era más fuerte que antes.
No se trataba solo de salvar a otros…
Se trataba de demostrarlo.
Se ajustó la máscara negra y saltó al suelo sin vacilar.
Nadie debía saber quién era.
No era Asver Noctis.
Era la sombra de Umbralis.
Cruzó la entrada distorsionada y se adentró en la oscuridad.
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Dentro de la Mazmorra Restringida
El cambio se sintió de inmediato.
El aire estaba cargado de una presencia maligna, como si algo invisible lo observara desde todas partes.
Las paredes se contrajeron y expandieron, como si la mazmorra respirara.
El suelo emitía un leve crujido, y cada paso se sentía como si caminara sobre algo vivo.
No había sonido.
Ni siquiera su propio eco.
Entonces, un grito rompió el silencio.
Asver giró la cabeza.
A lo lejos, una figura se movía con velocidad, esquivando los ataques de un grupo de monstruos retorcidos.
Una cazadora.
Su cabello plateado brillaba incluso en la oscuridad, y su espada danza entre los enemigos con precisión mortal.
Asver la reconoció de inmediato.
Era Seraphine Veilstra, una de las cazadoras más talentosas de la generación actual.
Famosa por su habilidad sobrehumana con la espada, se había ganado el respeto del gremio entero.
Y ahora… estaba atrapada en esta mazmorra infernal.
Pero incluso alguien como ella no podía contra todo.
Los monstruos eran demasiados, y su comportamiento no era normal.
Asver no lo pensó.
Se movió.
Rápido.
Silencioso.
Un destello de acero cortó el aire.
—?Golpe Preciso!
Su daga perforó el cráneo de una criatura antes de que pudiera reaccionar.
El resto se giró hacia él, sus ojos carmesí ardiendo con furia.
—Tch…
Asver cambió de postura.
Ya no era el mismo cazador inexperto de antes.
Era más fuerte.
Era más letal.
Se impulsó hacia adelante y atacó sin piedad.
En cuestión de segundos, solo quedaban sombras disipándose en el aire.
Seraphine lo observó con una mezcla de sorpresa y curiosidad.
—Vaya… no esperaba que alguien más estuviera aquí.
Su mirada se clavó en la máscara negra de Asver.
—?Quién eres?
él giró su daga y la guardó.
No respondió de inmediato.
Pero su voz, firme y fría, rompió el silencio.
—Nadie importante.
Ella arqueó una ceja, pero en lugar de insistir, sonrió con diversión.
—Un misterio, ?eh? Me agrada.
Pero su rostro se volvió serio al instante.
—Escucha… la mazmorra ha cambiado. Esto ya no es un simple rango C.
Asver asintió.
—Lo sé.
Ella lo miró con intensidad.
—En el fondo de esta mazmorra… hay algo esperándonos.
Su tono no era de miedo.
Era de certeza absoluta.
Asver lo sintió también.
El sistema marcaba la ubicación del jefe.
Si querían salvar a los atrapados, debían enfrentarlo.
Seraphine sonrió de lado y giró su espada.
—Parece que nuestros caminos van en la misma dirección.
Asver exhaló.
No tenía tiempo para discutir.
Con un último vistazo al pasillo oscuro que los esperaba…
Avanzaron juntos hacia el corazón de la mazmorra.