Un mes había pasado desde la apertura de Umbralis.
Lo que comenzó como una peque?a tienda sin prestigio ahora era un punto de referencia en el mercado de armas.
Los mercenarios y cazadores acudían en busca de espadas que cortaban como si tuvieran vida propia, dagas que parecían deslizarse solas entre las sombras y armaduras ligeras con resistencia de acero.
Incluso los comerciantes más poderosos empezaron a hacer preguntas.
Y los enemigos que intentaron detenerlos miraban desde lejos, temerosos de la figura enmascarada que protegía el negocio.
Pero eso solo era el comienzo.
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Las Recompensas del Esfuerzo
Esa noche, en la trastienda de Umbralis, Varkus se cruzó de brazos con una sonrisa satisfecha.
—Chico… tenemos mucho que contar.
De su abrigo sacó un sobre grueso y lo dejó caer sobre la mesa con un golpe seco.
Asver lo miró con calma.
—?Eso es…?
—Tu parte de las ganancias —dijo Varkus con orgullo—. 200.000 dras.
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Asver abrió el sobre.
Billetes gruesos, bien organizados.
El peso del dinero en sus manos era el peso de su trabajo, de sus noches sin dormir cazando materiales, de cada golpe recibido en combate.
Hace un mes, apenas podía permitirse comer bien.
Ahora… podía cambiar su vida.
Varkus lo observó con curiosidad.
—No reaccionaste como esperaba. ?No estás sorprendido?
Asver dejó el sobre en la mesa y le devolvió la mirada.
—Sabía que lo lograríamos.
El mercader rió.
—Eres un chico extra?o, Noctis.
él también lo sentía.
Había cambiado.
La desesperación por dinero que lo perseguía hace un mes ahora parecía lejana.
No era porque ya lo tuviera…
Sino porque sabía que jamás volvería a estar en la miseria.
él mismo se encargaría de eso.
Y lo primero que haría… sería cambiar la vida de su familia.
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Un Nuevo Hogar
Cuando su madre y su hermana vieron el departamento que había conseguido, se quedaron sin palabras.
Era espacioso, con habitaciones individuales, una cocina bien equipada y una vista increíble de la ciudad.
Comparado con la vieja vivienda donde apenas cabían… era otro mundo.
—A-Asver… ?cómo conseguiste esto? —preguntó su madre con incredulidad.
—Encontré un buen trabajo —respondió él con una leve sonrisa.
No podía decir la verdad. No aún.
Su hermana, sentada en el sofá, inspeccionaba cada rincón.
—Este lugar es… increíble —murmuró.
Pero lo que más la sorprendía no era el departamento.
Era él.
Había cambiado.
Su estatura era mayor.
Su cuerpo más fuerte.
Sus facciones más marcadas.
No parecía el mismo chico frágil de hace un mes.
Su hermana lo miró con los ojos entrecerrados.
—Oye… ?no estás demasiado diferente?
Asver rió, desviando la pregunta.
—Tal vez sea el ejercicio.
Pero en el fondo, sabía la verdad.
Su poder estaba cambiando su cuerpo.
Y ese poder… aún no había alcanzado su límite.
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Una Misión Especial
Esa misma noche, mientras Asver revisaba su sistema, una nueva notificación apareció.
[Ding.]
Misión de Alto Rango disponible.
Riesgo: Alto
Objetivo: Eliminar a un enemigo especial en una mazmorra restringida.
Recompensa: Arma única.
Los ojos de Asver se entrecerraron.
Un arma única.
Algo creado solo para él… algo que podría llevar
su poder a otro nivel.
Apretó los pu?os.
La aceptaría.
Porque ahora, no solo tenía algo que demostrar.
Tenía algo que proteger.