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Cuando la Vela se Apaga (3)

    Su mano dudó un instante sobre el mouse, pero al final hizo clic en el video.


    La pantalla se oscureció un instante, y el reproductor cargó el contenido. El sonido de una suave melodía de piano llenó la habitación. Era dulce, casi melancólica. Y, de algún modo, lo hizo sentirse aún peor. La cámara enfocaba a la adolescente de rostro fino y ojos grandes, cuya expresión irradiaba una mezcla de dulzura y seguridad.  A su alrededor, una docena de sirvientes permanecían en completo silencio, observando con una serenidad inquietante. Entonces, uno de ellos, un hombre alto y de manos enguantadas, se adelantó. En sus manos sostenía una bandeja de plata, cubierta por un terciopelo de seda rojo. Se movió con pasos precisos, casi ceremoniales, y sin decir una sola palabra, colocó la bandeja frente al espejo.


    Gómez frunció el ce?o. No se mostraba qué había debajo del terciopelo, pero no era difícil de deducir. Por el tama?o, debía ser el sacrificio de alguna criatura peque?a. Tal vez una rata. O un pichón. Lo que fuera, el sacrificio se había llevado a cabo fuera de cámara, lejos de los ojos del espectador.


    La adolescente apenas reaccionó al acto. Con la misma expresión serena, tomó una vela blanca con ambas manos y la sostuvo cerca de su rostro. Murmuró algo inaudible, una frase demasiado baja como para ser entendida. Su voz sonó como una súplica, o quizás una oración.


    El silencio en la habitación se hizo absoluto.


    Entonces, la llama de la vela cambió.


    Pasó de un amarillo pálido a un intenso tono violeta, proyectando una luz fría y artificial sobre su rostro. En la penumbra, su reflejo en el espejo adquirió un matiz espectral, distorsionado por el extra?o resplandor.


    El ritual había comenzado.


    Fue en ese preciso instante cuando Gómez sintió un escalofrío recorrerle la espalda. No era solo la imagen en la pantalla, sino algo más profundo, un malestar visceral que parecía surgir de la propia esencia del video. Los ojos de la joven, antes vivaces y llenos de confianza, comenzaron a perder su brillo. Algo en su expresión se vació, como si una parte de ella hubiera quedado atrapada en el reflejo. La imagen en el espejo empezó a temblar, apenas un parpadeo al principio, pero suficiente para hacer evidente que algo no estaba bien.


    El temblor se intensificó. Primero, fue un desfase imperceptible, un leve retraso entre el movimiento de la joven y el de su reflejo. Pero en cuestión de segundos, la desincronización se hizo grotesca. La adolescente movió la cabeza hacia un lado, y su reflejo la imitó… pero con un retardo extra?o, casi artificial. Luego, el reflejo torció la cabeza en una dirección que ella no había hecho. Un gesto sutil, pero antinatural.


    Gómez se inclinó hacia la pantalla, conteniendo la respiración. La vela seguía ardiendo con esa llama violeta, proyectando sombras en el rostro de la joven. La luz resaltaba la suavidad de su piel, pero su reflejo… su reflejo no se veía igual. El rostro en el espejo comenzó a mutar de forma sutil. La barbilla se acortó. Los ojos se agrandaron, volviéndose más redondos, más inocentes… pero no en el sentido convencional. Era una inocencia muerta, vacía, como una mu?eca sin alma.


    Gómez contuvo el aliento. La adolescente parpadeó lentamente, y el reflejo hizo lo mismo… pero cuando sus ojos volvieron a abrirse, ya no era su rostro el que estaba en el espejo.


    Era una ni?a.


    Peque?a, con cabello oscuro cayendo sobre los hombros y vistiendo la misma ropa de la adolescente, pero algo en su expresión lo volvía todo erróneo. Sus ojos eran enormes, demasiado abiertos, y su boca tenía un rastro de sonrisa que no transmitía alegría, sino algo más siniestro, más frío.


    Gómez sintió un nudo en la garganta. La joven del video se quedó inmóvil, su respiración apenas era perceptible. El silencio en la grabación era asfixiante.  Entonces, la ni?a en el espejo movió los labios. No se escuchó nada, pero Gómez vio claramente cómo su boca se abría y cerraba, formando palabras sin sonido. En la pantalla, la adolescente entrecerró los ojos, como si intentara entender lo que decía su reflejo. Gómez sintió la piel erizarse. El reflejo no solo se había transformado. Ahora estaba intentando comunicarse.


    —?Qué... qué quieres decirme? —La joven murmuró, su voz entrecortada. Nadie respondió. Su respiración se volvió más errática, y por un momento pareció que iba a soltar la vela, pero sus dedos la aferraron con más fuerza.


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    Gómez apenas se atrevía a parpadear.


    El reflejo de la ni?a seguía moviendo los labios, susurrando algo que la cámara no lograba captar. Pero a medida que la imagen avanzaba, el sonido empezó a colarse en la grabación. Al principio era solo un murmullo, un eco sordo que resonaba en la habitación de la joven. Luego, se convirtió en un siseo bajo, como si el viento estuviera filtrándose por un espacio diminuto. Y finalmente, emergió la voz. No era una voz común. No era la voz de la joven. Ni la voz de una ni?a. Era algo más. Una mezcla de tonos, superpuestos, desacompasados, con una cadencia rota. Era como si la voz de la adolescente estuviera mezclándose con otro sonido, un susurro húmedo que arrastraba las sílabas de una manera que no parecía humana.


    Las palabras eran ininteligibles al principio, una serie de sonidos fragmentados que parecían demasiado antiguos, demasiado ajenos a cualquier idioma conocido. Pero la adolescente pareció entender. Abrió los ojos con terror. La vela en su mano parpadeó, la llama violeta retorciéndose como si el aire en la habitación estuviera siendo drenado.


    Gómez sintió un impulso visceral de detener el ritual, como si algo dentro de él se rebelara contra lo que estaba viendo. Esto no podía ser el mundo por el que había luchado tantos a?os. No podía ser el mismo mundo por el que sus compa?eros habían dado la vida, por el que tantos habían sacrificado todo. No… esto tenía que ser una farsa, una ilusión, un enga?o cuidadosamente construido.


    Y sin embargo, estaba ocurriendo.


    La impotencia le caló hondo, quemándole por dentro como una herida abierta. Una sensación sofocante, como si el suelo bajo sus pies se estuviera resquebrajando, como si la realidad misma estuviera burlándose de él. La lógica le decía que todo era una exageración, que tal vez el video era una farsa creada para ilusionar a los espectadores. Pero algo en lo profundo de su instinto le gritaba que no era así.


    Y lo peor de todo… era que no podía hacer nada para detener lo que estaba a punto de ocurrir.


    Fue entonces cuando la ni?a en el reflejo dejó de susurrar. Y sonrió. No fue una sonrisa inocente. No fue la sonrisa de un ni?o. Fue algo torcido, forzado, como si la piel de su rostro estuviera aprendiendo a imitar una expresión humana sin comprenderla del todo.


    La joven del video jadeó, pero no se movió. La ni?a en el espejo inclinó la cabeza, sus ojos enormes fijos en la joven. Y luego, lentamente, muy lentamente… comenzó a caminar. Se dirigía hacia la salida de la habitación reflejada en el espejo. Sus peque?os pies descalzos apenas hacían ruido sobre el suelo brillante. La sonrisa en su rostro se ensanchó, su boca estirándose de una forma que ya no era humana. La joven del video permaneció paralizada, incapaz de reaccionar.


    Gómez apretó los dientes, mirando la pantalla mientras la adolescente levantaba la cabeza, sorprendida, mirando fijamente el espejo.


    —?No sigas!— Pensó, pero fue demasiado tarde. La adolescente no escapaba, solo miraba el espejo con una expresión de ligera confusión, como si esperara que algo más sucediera.


    Finalmente, la ni?a cruzó el umbral de la puerta reflejada en el espejo. La adolescente parpadeó, con el ce?o fruncido, como si por un momento hubiera sentido algo extra?o. Pero entonces, su expresión cambió. Se relajó, y una sonrisa de satisfacción cruzó su rostro.


    —Se fue… —Susurró, más para sí misma que para los sirvientes que la rodeaban.


    En ese instante, la llama de la vela titiló y comenzó a cambiar. Lo que había sido un inquietante resplandor violeta ahora se tornaba de un color más cálido, un amarillo anaranjado. Como si todo lo extra?o estuviera desvaneciéndose, como si la magia, por fin, hubiera llegado a su fin.


    La adolescente, con su rostro iluminado por el resplandor de la vela, no mostraba miedo ni incomodidad. De hecho, parecía emocionada. Sus ojos se iluminaron recordando a la ni?a en el reflejo devolviéndole la mirada.


    —?Lo logré! ?Lo logré! —Exclamó con entusiasmo histérico, casi como si hubiera recibido un nuevo juguete durante su cumplea?os.


    Gómez parpadeó, confuso.


    Los sirvientes a su alrededor rompieron su silencio con un aplauso torpe, como si estuvieran presenciando algún truco de magia en un espectáculo barato. Algunos incluso comenzaron a elogiar a la joven con una teatralidad exagerada:


    —?Asombroso, se?orita! ?Es usted increíble! —Exclamó uno con un tono empalagoso.


    —?Qué maravilla! ?Realmente ha invocado a su yo de la infancia! —A?adió otro con una sonrisa ensayada.


    Uno de los sirvientes se acercó con cautela y apagó la vela con un suave soplido. En el mismo instante, la luz de la habitación se encendió, revelando en todo su esplendor la elegancia del lugar. La joven permaneció en silencio por unos segundos, como si saboreara el momento. Luego, con un gesto despreocupado, se encogió de hombros y, sin perder su aire de misterio, giró hacia la cámara con una sonrisa juguetona.


    —Fue hermoso… —Suspiró la adolescente entre lágrimas de alegría, girándose hacia sus sirvientes—Lo sentí tan… real.


    Uno de ellos se apresuró a ofrecerle un pa?uelo de seda, como si esa fuera la función de su existencia. La joven se limpió las lágrimas y salió de la habitación con la confianza de alguien que acababa de completar un reto divertido. Los sirvientes la siguieron como un reba?o, murmurando elogios y exageraciones absurdas. La transmisión terminó con una elegante cortinilla negra y un mensaje en la parte inferior de la pantalla:


    <blockquote>


    “Si deseas ver más experiencias como esta, suscríbete al canal y no olvides probarlo tú mismo. La infancia nunca se pierde del todo”


    </blockquote>
『Add To Library for easy reading』
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