《El Observador [SCP | Backrooms] - [Español | Spanish ]》 01-Un mundo complejo En un lugar desconocido para la mayor¨ªa de personas de este mundo se encontraba una habitaci¨®n cuadrada con una ¨²nica puerta de metal oxidado en una de sus paredes. La sala era muy chica y sus paredes y pisos estaban hechos de cemento sin pintar. Una l¨¢mpara oxidada colgaba en el techo de la habitaci¨®n. La l¨¢mpara emit¨ªa una tenue luz blanca y parec¨ªa tener alg¨²n defecto, por lo que su foco no paraba de parpadear; provocando una iluminaci¨®n bastante pobre y molesta. En el medio de la habitaci¨®n pod¨ªamos encontrar una mesa de madera podrida con dos sillas de metal oxidado en los extremos. En cada una de las sillas se hallaba sentada una persona. Pero una de las personas estaba encadenada a su silla, mientras que la otra persona ten¨ªa los pies sobre la mesa y sus manos estaban sosteniendo una vara de metal oxidado. La persona encadenada vest¨ªa un uniforme blanco con rayas negras. El uniforme ten¨ªa un parche cuadrado colocado en su pecho sobre el cual estaba escrito el n¨²mero 420300. El pelo negro del hombre encadenado parec¨ªa haber sido rapado, su cuerpo estaba lleno de moretones y algunos dientes faltaban en su boca. Mientras que la persona sosteniendo la vara de metal era un hombre gordo, con pelo rubio y los ojos claros. El hombre vest¨ªa una camisa blanca formal con corbata negra y pantalones negros, sobre la camisa hab¨ªa un parche cuadrado colocado en su pecho sobre el cual estaba escrito: "Agente G¨®mez- Instituto de investigaci¨®n paranormal de la fundaci¨®n A.P.D." El hombre con la vara de metal parec¨ªa algo impaciente por el silencio del hombre encadenado, por lo que golpe¨® la mesa con su vara creando un fuerte sonido y dijo con tono dominante: ¡ª??Vas a hablar o no?! ?Le dijiste a los cient¨ªficos que ten¨ªas informaci¨®n que pod¨ªa intercambiarse por una reducci¨®n de tu condena, pero llevas 10 minutos estando callado! ¡ªQuiero firmar un contrato antes de hablar...¡ªContest¨® en voz baja el hombre encadenado¡ªNo confi¨® en ustedes. ¡ªJa, ja, ja¡ªR¨ªo agente G¨®mez como un desgraciado mientras golpeaba la mesa de madera con su vara¡ª?No me hagas re¨ªr! Eres un condenado a muerte: no existen contratos para reducir tu condena. Pero si la informaci¨®n que nos brindas es ¨²til, te liberaremos extraoficialmente. No quedar¨¢ nada por escrito y si te atrapan de nuevo: te mataran por haberte escapado del centro de investigaciones. El hombre encadenado se puso nervioso, parec¨ªa no estar satisfecho por la respuesta del agente G¨®mez. Con tono preocupado y algo de desesperaci¨®n, el hombre encadenado coment¨®: ¡ª?No hay forma de hacer oficial la reducci¨®n de mi condena? Necesito volver a casa: mi esposa debe estar sufriendo para poder alimentar a nuestros tres hijos. ?No puedo huir y abandonarlos! ?Esta informaci¨®n podr¨ªa darle millones de d¨®lares a la fundaci¨®n! ?Piensa en el bono que te dar¨¢n por obtener esta informaci¨®n! El agente G¨®mez no respondi¨® y en su lugar mir¨® el informe que ten¨ªa sobre la mesa. El informe era sola una hoja, por lo cual era muy corto, pero dec¨ªa toda la informaci¨®n fundamental para la fundaci¨®n: Nombre: Thomas Smith Identificaci¨®n: 420300 Ocupaci¨®n: Profesor de historia latinoamericana, escuela secundaria St. Patrick ,Florida, Estados Unidos. Condena / Causa: Pena de muerte/ Asesinato m¨²ltiple: (6 estudiantes) Conducta: Muy buena. Seg¨²n lo escrito en el informe, la persona encadenada era un profesor de historia de una escuela secundaria. El agente G¨®mez no entend¨ªa c¨®mo una persona que era solo un profesor de secundaria podr¨ªa tener informaci¨®n que valga fortunas. Pero si los investigadores hab¨ªan pedido que se realice este interrogatorio, el profesor realmente deber¨ªa conocer informaci¨®n sensible. ¡ªSi no fueras un asesino de ni?os, tendr¨ªas otras alternativas...¡ªContest¨® el agente G¨®mez buscando la cooperaci¨®n del preso¡ªEres peligroso para la sociedad: no es tan f¨¢cil dejarte salir. Deber¨ªas aceptar el trato, buscar a tu esposa e irte del pa¨ªs. ¡ª?Mis estudiantes enloquecieron y trataron de matarme!¡ªGrit¨®, el hombre encadenado con odio, parec¨ªa algo alterado por el tema. ¡ªEso no cambia el hecho de que mataste a 6 estudiantes, podr¨ªas haber escapado¡­¡ªDijo en voz baja el agente tratando de mantener la negociaci¨®n. Thomas miro al agente G¨®mez con algo de odio, pero en su mente sab¨ªa que necesitaba la ayuda de esta persona si quer¨ªa salir con vida de este sitio y negociar un mejor futuro, por lo tanto, Thomas suplico: ¡ª?Mi informaci¨®n vale m¨¢s que ser liberado para que vuelvan a atraparme cualquier d¨ªa desafortunado! ?Por favor, tengo hijos que quiero ver crecer! ?Ay¨²dame y te ayudar¨¦ a ser rico! ¡ªPodr¨ªamos darte una nueva identidad como un investigador...¡ªComent¨® el agente G¨®mez mientras se masajeaba la frente. El agente parec¨ªa algo tocado por el padre de familia que quer¨ªa ver a sus hijos otra vez. G¨®mez sab¨ªa informaci¨®n delicada, por lo que no dudaba de que lo m¨¢s probable era que de verdad los estudiantes de este sujeto se volvieran locos y lo atacaran¡ª Pero la informaci¨®n debe ser muy buena y yo tampoco puedo juzgar que tan cara es tu informaci¨®n. ¡ª?Hasta un vagabundo podr¨ªa reconocer lo cara que es mi informaci¨®n!¡ªGrit¨® el hombre con desesperaci¨®n al ver que hab¨ªa una forma de salir de esto y rearmar su vida con su familia¡ªEst¨¢ relacionada con la ¨²ltima investigaci¨®n privada del historiador Oliver Murphy: nunca revel¨® esta informaci¨®n y la llev¨® consigo a la tumba. Pero yo particip¨¦ en la investigaci¨®n y conozco sus detalles. ¡ªNo s¨¦ qui¨¦n es Oliver Murphy¡ªComent¨® el agente G¨®mez mientras prend¨ªa una grabadora con un bot¨®n oculto debajo de la mesa. ¡ª?B¨²scalo en internet!¡ªGrit¨® Thomas con enojo¡ªLo m¨¢s probable es que luego de conocer qui¨¦n es, ir¨¢s a conseguir que un investigador venga a garantizarme mi nueva identidad. El agente G¨®mez tom¨® un dado met¨¢lico negro de su bolsillo. Puso el dado sobre la palma de su mano y lo toc¨® con la yema de su dedo en una de las caras del dado. Inmediatamente, el dado negro comenz¨® a deformarse hasta que un celular bastante moderno apareci¨® en su mano. If you discover this narrative on Amazon, be aware that it has been stolen. Please report the violation. El agente G¨®mez mencion¨® el nombre comentado por Tom¨¢s y autom¨¢ticamente una buena cantidad de resultados aparecieron proyectado en aire arriba del celular. El Agente ley¨® un poco y con sospechas pregunto: ¡ª?C¨®mo conociste al exministro de cultura? ¡ª¨¦ramos amigos y nos conocimos en la facultad de historia¡ªRespondi¨® Thomas r¨¢pidamente¡ªFui ayudante de su c¨¢tedra por varios a?os en la universidad, lo cual cre¨® una gran relaci¨®n entre los dos y provoc¨® que yo terminara ayud¨¢ndolo en varias de sus investigaciones privadas. Esa informaci¨®n es p¨²blica y mi nombre figura en varios documentos cient¨ªficos, mi familia incluso recibe regal¨ªas porque yo participara en las investigaciones. ¡ªAs¨ª que tu familia recibe regal¨ªas¡­¡ªComent¨® el agente G¨®mez con una sonrisa, mientras verificaba en su celular que efectivamente exist¨ªa un Thomas Smith que particip¨® en las investigaciones de Oliver Murphy¡ª?No era que tu esposa estaba sufriendo para alimentar a tus hijos? Thomas se qued¨® callado, al parecer el hombre gordo era bastante listo y descubri¨® algo que buscaba ocultar para lograr darle m¨¢s pena. Luego de unos minutos pensando c¨®mo proceder a continuaci¨®n, Thomas coment¨® con el tono deprimido: ¡ªSolo quiero salir vivo de este lugar y vivir una vida normal con mis hijos, por favor ay¨²dame... nunca quise matar esos chicos, no tuve otra opci¨®n... ¡ªCuanto m¨¢s cooperes entregando la informaci¨®n que sabes, m¨¢s podr¨¦ ayudarte¡ªDijo con calma el agente G¨®mez, mientras sacaba las patas de arriba la mesa para darle m¨¢s seriedad a sus palabras¡ªYo no puedo garantizar lo que pides. Pero si la informaci¨®n que entregas ayuda a la gente de este pa¨ªs a tener una vida m¨¢s tranquila, estoy seguro de que hay personas dentro de la fundaci¨®n que podr¨¢n ayudarte a reunirte con tu familia. Thomas continu¨® callado unos minutos pensando si dar o no dar un poco de informaci¨®n, hasta que comento: ¡ªLa ¨²ltima investigaci¨®n privada de Oliver Murphy fue el trabajo de toda su vida y se centra en descubrir la identidad de uno de los observadores del otro mundo... ¡ªContin¨²a...¡ªComent¨® el agente G¨®mez con algo de emoci¨®n al notar que el hombre encadenado paraba de hablar. Thomas se mantuvo callado unos minutos para darle m¨¢s tensi¨®n a la atm¨®sfera y m¨¢s peso a sus palabras y finalmente dijo: ¡ªCuando trabaj¨¦ como ayudante de c¨¢tedra en la universidad de historia, el pa¨ªs se encontraba en plena dictadura militar. En esas ¨¦pocas los militares prohibieron a los profesores investigar y hablar acerca del otro mundo: esto llev¨® a que Oliver tenga la hip¨®tesis de que la dictadura estaba siendo orquestada por este mismo observador, por lo que... ¡ªDetente...¡ªComent¨® G¨®mez con preocupaci¨®n, mientras tocaba un bot¨®n debajo de la mesa para detener la grabaci¨®n. Acto seguido, el agente G¨®mez meti¨® la vara abajo de la mesa. Haciendo palanca con la vara y la mesa, el agente logr¨® romper algo que se encontraba abajo de la mesa. G¨®mez saco de abajo de la mesa un estuche negro y se lo guardo en los pantalones, luego con tono preocupado comento: ¡ªEst¨¢ prohibido hablar de lo que ocurri¨® en la dictadura y m¨¢s si est¨¢ relacionado con el otro mundo, ser¨¢ mejor que olvides deliberadamente esa parte de la historia cuando alguien m¨¢s te la pregunte. Por lo dem¨¢s, ¨²nicamente c¨¦ntrate en la informaci¨®n acerca del observador, la anotar¨¦ manualmente, parece ser que la grabadora se rompi¨®. Thomas miro la extra?a escena con preocupaci¨®n y coment¨® con enojo: ¡ªPero justamente todo lo importante de mi informaci¨®n: es que este observador en particular est¨¢ relacionado con nuestro actual gobierno y con el pasado de nuestro pa¨ªs. ?La dictadura solo desapareci¨® en nombre, pero este observador sigue manipulando a todo nuestro pueblo desde las sombras! El agente G¨®mez se enoj¨® y mientras golpeaba la mesa con fuerza, grit¨® de forma violenta: ¡ª?Esa idea es imposible y no solo es imposible, sino que tambi¨¦n es una idea est¨²pida y peligrosa! ¡ª?Oliver logr¨® predecir el regreso a esta democracia fraudulenta!¡ªGrit¨® Thomas con enojo; si no pod¨ªa indicar la importancia de este observador: entonces el valor de su informaci¨®n se reducir¨ªa dr¨¢sticamente¡ªSi la gente no logra enterarse de la verdadera identidad de este observador, entonces seg¨²n las predicciones de Oliver el siguiente paso del observador ser¨¢ controlar el mundo como lo est¨¢ haciendo con nuestro pa¨ªs. ?Imag¨ªnate la cantidad de dinero que puede hacer la fundaci¨®n con esta informaci¨®n! ¡ª?Ninguna criatura del otro mundo est¨¢ controlando nuestro pa¨ªs, lun¨¢tico!¡ªGrit¨® el agente G¨®mez con enojo. Acto seguido, el agente mir¨® con miedo la puerta oxidada de la habitaci¨®n, como temiendo que alguien m¨¢s estuviera escuchando esta charla. ¡ª?Est¨¢ bien, no te dir¨¦ nada m¨¢s!¡ªGrit¨® Thomas con una sonrisa, sabiendo que el agente tambi¨¦n sab¨ªa lo valiosa que era esta informaci¨®n¡ªLos ciudadanos de este pa¨ªs est¨¢n viviendo una mentira que va a terminar condenado a toda nuestra raza. Si quieres m¨¢s informaci¨®n al respecto tendr¨¢s que conseguirme la nueva identidad como investigador o no hablar¨¦ nada m¨¢s del asunto. El agente G¨®mez dej¨® de ver la puerta oxidada de la habitaci¨®n y mir¨® al hombre encadenado sonri¨¦ndole como si hubiera ganado una partida de ajedrez. El agente mir¨® la sonrisa del hombre encadenado por unos minutos, hasta que en voz baja dijo con algo de pena: ¡ªYo tambi¨¦n tengo una familia ,muchacho¡­ El agente G¨®mez se levant¨® de su silla y tom¨® firmemente la vara oxidada en su mano, se acerc¨® lentamente a Thomas, que segu¨ªa sonri¨¦ndole mientras ¨¦l se acercaba hasta su silla. *Crush* El agente G¨®mez emboc¨® un garrotazo en la cabeza del muchacho sonriente, dejando aturdido al hombre encadenado, Thomas trat¨® de pedir ayuda con desesperaci¨®n, mientras luchaba por liberarse de las cadenas de las sillas. Pero antes de que Thomas pudiera decir una sola palabra, otro garrotazo lleg¨® a su cabeza *Crush* Los pocos dientes de Thomas volaron y sangre manch¨® la camisa blanca del agente G¨®mez. Thomas miro los ojos del agente suplicando que se detuviera, pero eso no detuvo al agente que atin¨® otro garrotazo. *Crush, crush ,crush* El agente G¨®mez continu¨® golpeando y golpeando, mientras la sangre manchaba su cuerpo, finalmente los golpes pararon cuando el agente noto que el cr¨¢neo de Thomas estaba completamente hundido. El agente G¨®mez se dirigi¨® hacia la puerta oxidada con la camisa completamente manchada de sangre y la mano sangrando por los fuertes golpes atinados al cr¨¢neo de Thomas. Cuando el agente lleg¨® a la puerta oxidada, la abri¨® y sali¨® de la habitaci¨®n. La fr¨ªa habitaci¨®n de hormig¨®n permaneci¨® en silencio, pero las gotas de sangre cayendo del cad¨¢ver interrumpieron el silencio. A medida que la sangre ca¨ªa del cad¨¢ver,la l¨¢mpara en el techo parpadeo cada vez m¨¢s r¨¢pidamente, hasta que dej¨® de parpadear e ilumin¨® la sala con una luz suave amarillenta. La luz amarillenta provoc¨® que las fr¨ªas paredes de hormig¨®n se tornaran amarillentas, d¨¢ndole a la habitaci¨®n un poco m¨¢s de calidez; no obstante, el cad¨¢ver de la sala y color suave de la luz acentuaron la soledad que hab¨ªa en la habitaci¨®n cuadrada. Cuando la luz suave amarillenta envolvi¨® la sala, Cuatro personas completamente envueltas en trajes para tratar materiales peligrosos aparecieron por la puerta oxidada. Los trajes para tratar materialices peligrosos eran completamente amarillos y no dejaban una sola porci¨®n de piel expuesta. Todos los trajes ten¨ªan un parche cuadrado colocado en el pecho y en el mismo estaba escrito la frase: ''Cient¨ªfico del laboratorio 032 del Instituto de investigaci¨®n paranormal de la fundaci¨®n A.P.D.'' Las cuatro personas tomaron a Thomas con mucho cuidado y lo pusieron con delicadeza en una bolsa negra para cad¨¢veres. Acto seguido, los cient¨ªficos comenzaron a limpiar la sangre de la habitaci¨®n hasta dejarla completamente limpia. Cuando la habitaci¨®n no ten¨ªa m¨¢s rastro de haber ocurrido un asesinato. Los cient¨ªficos con trajes amarillos se fueron por la puerta oxidada cargando la bolsa negra donde se encontraba el cad¨¢ver de Thomas. Finalmente, el ¨²ltimo de los cient¨ªficos sali¨® de la habitaci¨®n y cerr¨® la puerta de metal oxidado. Pero cuando la puerta s¨¦ cerr¨®, la habitaci¨®n limpia y vac¨ªa comenz¨® a temblar como si estuviera ocurriendo un terremoto. Luego de unos segundos la habitaci¨®n dej¨® de temblar y la luz en el techo volvi¨® su tono blanco. La luz blanca comenz¨® a parpadear nuevamente con intensidad hasta que volvi¨® a su ritmo de parpadeo anterior. 02-El Comienzo. Estamos en el a?o 1900, siendo m¨¢s espec¨ªficos: estamos en Santa Fe, Argentina, hilando fino: estamos en una estancia cercana al puerto de Rosario y siendo exactos: estamos frente a un hombre joven bastante apuesto. El hombre ten¨ªa entre 20 a 25 a?os, su pelo era rubio y sus ojos eran verdes. El joven ten¨ªa una musculatura bastante tonificada y la piel del chico estaba bronceada debido al trabajo que realizaba en el campo. El cuello del joven estaba rodiado con marcas de chupones negros, por lo que parec¨ªa que hab¨ªa tenido una noche interesante hace no tanto tiempo. El muchacho se encontraba en cuero debido a que estaba haciendo bastante calor en Santa Fe debido a que se encontraban en plena primavera, por lo que el joven ¨²nicamente estaba vistiendo unos pantalones manchados con sangre. Actualmente, el joven se encontraba con las manos llenas de sangre mientras amasaba una masa de carne picada sobre una tabla larga de madera. La tabla se encontraba en el interior de una habitaci¨®n con techo de paja y con varias ventanas colocadas en las paredes de barro y madera. Tanto las ventanas como las puertas de la habitaci¨®n estaban abiertas, por lo que parec¨ªa que hac¨ªa bastante calor en el cuarto. Mientras el joven se concentraba amasando la carne picada con destreza, alguien entr¨® a la habitaci¨®n: era un ni?o de entre 8 a 10 a?os, el ni?o tambi¨¦n ten¨ªa el pelo rubio y los ojos verdes, tampoco ten¨ªa remera, pero ten¨ªa un sombrero de cuero bastante elegante en su cabeza, aunque el sombrero parec¨ªa ser para adultos por lo que le quedaba algo grande al ni?o. El ni?o sosten¨ªa un balde de madera con bastante esfuerzo y se acercaba al tabl¨®n de madera con lentitud, dando pasos cortos por el elevado peso del balde. Notando que al ni?o le costaba mover el balde, el joven dej¨® de amasar la carne picada y agarr¨® el balde para subirlo a la mesa. ¡ªAc¨¢ est¨¢ la grasa, pap¨¢ me dijo que te ayudar¨¢ a mezclarla con carne picada¡ªDijo el ni?o con voz infantil, mientras descansaba las manos algo doloridas por transportar el balde¡ªEn un rato vendr¨¢ papa con las tripas para armar los chorizos. You could be reading stolen content. Head to Royal Road for the genuine story. ¡ªEntonces deber¨ªas ir a buscar los condimentos¡ªDijo el joven mientras tiraba el balde con grasa picada arriba de la carne picada y se pon¨ªa a mezclarla. ¡ªEl abuelo traer¨¢ los condimentos y los pondr¨¢ ¨¦l ¡ªContest¨® el ni?o mientras separaba un poco de carne picada de la mesa grande y se pon¨ªa a amasarla. ¡ªEntonces mejor no comer los chorizos condimentados por el abuelo¡ªComent¨® el joven con iron¨ªa¡ªCon la locura del abuelo, tal vez se confunda condimentos con veneno para ratas. ¡ª?Pero eso no ser¨ªa peligroso?¡ªpregunt¨® el ni?o infantilmente¡ªMama dice que no hay que tocar los frascos con veneno. ¡ªSolo era una broma: a lo mucho saldr¨¢n algo salados o demasiados picantes¡ªRespondi¨® el joven con una sonrisa, pero tambi¨¦n algo nervioso porque no ve¨ªa a su abuelo hace mucho. ¡ª?No estamos haciendo demasiados chorizos?¡ªpregunt¨® el ni?o contemplando el tabl¨®n lleno de carne picada. ¡ªEs bastante poco, el resto ya lo ten¨ªamos preparado¡ªRespondi¨® el joven mientras amasaba¡ªEn el casamiento vendr¨¢n como 500 personas. Hace poco nos enteramos de que vendr¨¢n parientes de Italia tambi¨¦n, as¨ª que hay que hacer un poco m¨¢s. Los dos j¨®venes continuaron amasando un buen rato hasta que otro hombre entro en la habitaci¨®n: El hombre parec¨ªa tener unos 50-40 a?os, ten¨ªa el pelo rubio y los ojos negros. El hombre vest¨ªa una bombacha de campo con una camisa blanca y ten¨ªa un sombrero blanco explorador en la cabeza. El rostro del hombro ten¨ªa bastante sudor, por lo que parec¨ªa que no tardar¨ªa mucho en sacarse la camisa, al igual que los dos j¨®venes. El hombre cargaba dos baldes llenos de agua turbia. Con algo de fuerza, el hombre coloc¨® los baldes sobre la mesa, meti¨® la mano en el agua sacando algunas tripas y las puso sobre la mesa. ¡ªNo condimentamos la carne picada todav¨ªa¡ªComent¨® el joven viendo que su padre hab¨ªa tra¨ªdo las tripas un poco m¨¢s r¨¢pido que su abuelo. ¡ª?No vino el abuelo?¡ªpregunt¨® el hombre adulto con tono preocupado, mientras miraba a los dos j¨®venes en la sala. El hombre mir¨® las marcas en el cuello de su hijo y se molest¨® bastante, pero el hombre estaba m¨¢s preocupado por su padre que por la falta de responsabilidad de su hijo al tratar con las mujeres, por lo que prefiri¨® no mencionar el tema. ¡ª?No crees que el abuelo est¨¢ algo viejo para ponerse a hacer chorizos?¡ªpregunt¨® el joven notando que su padre lo miraba inquisidoramente. ¡ªEl abuelo necesita distraerse con algo y le divert¨ªa hacer comida de joven¡ªRespondi¨® el hombre con algo de cansancio¡ªIr¨¦ a buscar al abuelo. Juan qu¨¦date vigilando que no se metan los perros y Mario ve a la cocina: dile a tu madre que te d¨¦ los condimentos y ve tray¨¦ndolos. El hombre y el joven salieron de la habitaci¨®n, dejando al ni?o jugando con la carne picada encima de la mesa. 03-El Abuelo El hombre sali¨® del cuarto dejando al ni?o jugando con la carne picada, el hombre mir¨® como su hijo mayor se dirigi¨® por el camino de piedras hacia la donde estaba ubicada la cocina donde se guardaban los condimentos. Con pasos apurados, el hombre camin¨® por el camino de piedras, pero en la direcci¨®n contraria a su hijo mayor. El hombre camin¨® hasta llegar a una casa bastante r¨²stica y vieja. La casa ten¨ªa paredes de barro y techo de paja. No parec¨ªa ser muy grande: solo ten¨ªa dos habitaciones peque?as. Hab¨ªa unas pocas ventanas en las dos habitaciones para iluminar el interior, pero a simplemente se ve¨ªa que las ventanas de una de las habitaciones hab¨ªa sido cubierta con barro, como si la persona que habita dicho lugar buscar¨¢ que no entre la luz de afuera. Cuando el hombre entr¨® por la puerta de madera, una chica de entre 18-22 a?os, vestida con ropa de criada, se acerc¨® y le pregunt¨®: ¡ª?Pasa algo don Ernesto? ¡ª?D¨®nde est¨¢ mi padre?¡ªComent¨® Ernesto con tono preocupado¡ª Mi padre ten¨ªa que venir a ayudar a los chicos a hacer los chorizos ¡ªSu padre est¨¢ en su cuarto, al parecer no me reconoce la voz y no quiere salir¡ªComent¨® la criada con bastante preocupaci¨®n¡ªTrate de entrar para ayudarlo, pero me tiraba algo cada vez que entraba. ¡ª?Pap¨¢ te tiro algo?, ?Est¨¢s bien?¡ªPregunt¨® Ernesto con aturdimiento y dolor en el coraz¨®n ¡ªSi, no logro alcanzarme con ning¨²n objeto, pero ya no me reconoce¡ªComent¨® la criada con pena. ¡ªEst¨¢ bien, no te preocupes por el asunto¡ªDijo Ernesto con el tono de voz cansado¡ª yo me encargar¨¦ de sacar a mi padre de su cuarto. La criada sali¨® del cuarto, dejando solo a Ernesto en la habitaci¨®n. La sala ten¨ªa muy pocos muebles y todos los muebles estaban bastante desgastados por el uso y la corrosi¨®n del tiempo. Ernesto mir¨® la habitaci¨®n vac¨ªa con algo de pena y con pasos lentos se dirigi¨® a la ¨²nica puerta que hab¨ªa en la habitaci¨®n, adem¨¢s de la salida. Aunque la habitaci¨®n sea fea y r¨²stica, ac¨¢ era donde el padre de Ernesto hab¨ªa pasado su juventud. Por lo que cada mueble desgastado contaba una historia con un valor sentimental muy importante para su padre. If you encounter this narrative on Amazon, note that it''s taken without the author''s consent. Report it. Al llegar a la puerta, Ernesto puso su mano sobre la perilla de la puerta y lo abri¨® con lentitud mientras dec¨ªa en voz baja: ¡ªPap¨¢, soy yo¡­ Los chicos necesitan tu ayuda, as¨ª que tienes que salir de este cuarto oscuro. ¡ª?Regresaste, Carlos?¡ªpregunt¨® alguien con miedo en la voz, desde el interior de la habitaci¨®n oscura. Ernesto termin¨® de abrir la puerta y mir¨® la habitaci¨®n oscura con el coraz¨®n dolido, su padre hab¨ªa cubierto todas las ventanas con barro para que no entrara luz; por lo que la iluminaci¨®n en la sala era realmente mala. En la sala con paredes de barro y techo de paja solo se encontraba una cama chica con el colch¨®n gastado y lleno de mugre: las sabanas de la cama hab¨ªan sido usadas para armar una carpa arriba de la cama y en el interior de la carpa se encontraba un hombre viejo que asomaba su cabeza de la carpa con miedo: temeroso de la persona desconocida que hab¨ªa entrado por la puerta. El viejo ten¨ªa el pelo blanco y una barba blanca desprolija que ocultaba la mayor parte de su rostro, vest¨ªa unos calzoncillos sucios y una remera blanca bastante gastada: llena de parches y agujeros de polillas. ¡ªPap¨¢, soy yo, Ernesto¡ªComent¨® el hijo con bastante dolor al ver el estado lamentable de la salud mental de su padre¡ªCarlos me prometi¨® venir de regreso para el casamiento, pero todav¨ªa no regresa de Estados Unidos. ¡ª?Ernesto?¡ªpregunt¨® el viejo con sospecha, mientras miraba con desconfianza el cuerpo y la ropa de su supuesto hijo¡ª?Ese sombrero es de Carlos! ?T¨² no eres mi hijo, sal de mi cuarto, bestia inmunda! ¡ª?Papa! ?Soy yo!¡ªGrito Ernesto con algunas l¨¢grimas en su rostro, por las dudas se sac¨® el sombrero de explorador y lo tir¨® en el cuarto de atr¨¢s¡ª?Soy el ¨²nico de tus dos hijos que se malgasta en cuidarte y no puedes reconocerme! Pero el viejo ignor¨® los llantos de su hijo y lo mir¨® con sospecha mientras se escond¨ªa m¨¢s profundamente en su carpa, parec¨ªa estar prepar¨¢ndose para atacar a Ernesto si se acercaba a la cama. ¡ª?Al menos vendr¨¢s a ayudar a los chicos a armar los chorizos?!¡ªpregunt¨® Ernesto entre l¨¢grimas y con bronca por la impotencia de no poder hacer nada para ayudar a su padre: ¨¦l ya lo hab¨ªa intentado todo, pero la situaci¨®n se estaba volviendo cada vez peor. Ahora parec¨ªa que ni siquiera pod¨ªa reconocer a sus hijos. ¡ª?Sal de mi cuarto, bestia!¡ªGrit¨® el padre con fuerza y desesperaci¨®n: parec¨ªa estar m¨¢s asustado que enojado. ¡ª?Ellos son tus nietos! ?Al menos hazlo por ellos y ven a ayudarnos!¡ªGrito Ernesto entre l¨¢grimas. ¡ª?No me enga?ar¨¢s, criatura demon¨ªaca!¡ªGrit¨® el padre, mientras sacaba su mano de la carpa y apuntaba un cuchillo muy finamente decorado a su hijo¡ªSi te acercas: ?Te mato, diablo! Ante la impotencia de la situaci¨®n, Ernesto cerr¨® la puerta con fuerza y enojo. El hombre levant¨® el sombrero de explorador del suelo, se lo puso en la cabeza y se dirigi¨® a la puerta del cuarto llorando. Ernesto tom¨® la perilla de la puerta de la salida, pero antes de abrirla se detuvo y se limpi¨® las l¨¢grimas de su rostro. Ernesto no quer¨ªa que sus hijos lo vieran llorando por el estado de salud mental de su padre. 04-La Madre El joven Mario se dirigi¨® hacia la cocina para buscar los condimentos para poder condimentar los chorizos, tras caminar un poco por el camino de piedra una gran casa rodeada de ¨¢rboles pod¨ªa hallarse en la distancia al final del camino de piedras. Esta parte de la estancia era bastante moderna y estaba muy cuidada: muchas personas trabajaban en los jardines floridos y varias fuentes y estatuas pod¨ªan verse dispersas alrededor del camino de piedras. La hermosura de este lugar diverg¨ªa bastante con la otra parte de la estancia donde viv¨ªa el abuelo de Mario: que parec¨ªa ser r¨²stica y desgastada con los a?os. De vez en cuando un perro, un gato o alguna gallina seguida por varios polluelos pod¨ªa verse caminando por los jardines, pero nadie parec¨ªa preocuparse por los animales pas¨¢ndose a su antojo. Cuando Mario lleg¨® a la casa, una criada abri¨® la puerta para que Mario pudiera entrar. El joven entr¨® y una habitaci¨®n con pisos y paredes de madera pod¨ªa hallarse. La habitaci¨®n parec¨ªa ser un living de recepci¨®n y contaba con una chimenea muy linda y varios sillones y muebles alrededor de una mesa de madera muy elegante, la cual estaba apoyada sobre la piel de un tigre que serv¨ªa de alfombra. Todas las paredes de la sala de recepci¨®n, estaban llenas de cabezas de animales ex¨®ticos y cuadros de animales, por lo que parec¨ªa que alguien de la familia le gustaba mucho salir a cazar. Con algo de apuro, Mario se dirigi¨® hasta una de las puertas de la sala de recepci¨®n y camin¨® hasta la cocina. Al llegar a la cocina, Mario not¨® que varias personas estaban trabajando preparando la comida. En una de las esquinas de la habitaci¨®n se encontraba una se?ora con pelo negro y ojos verdes. La se?ora se encontraba sentada en una silla, discutiendo y hablando con las criadas que trabajaban en la cocina. La se?ora estaba vestida con ropas muy elegantes y varios anillos de oro y diamantes estaban colocados en sus dedos. Llevaba puestos dos aretes de diamantes y miraba con atenci¨®n a todos los criados trabajando en la cocina, mientras se abanicaba la cara con un abanico muy ex¨®tico. Mario se acerc¨® a la se?ora abanic¨¢ndose en la silla y le dijo: ¡ªMam¨¢, necesito los condimentos para terminar de hacer los chorizos. ¡ªElena, ?busca los condimentos para mi hijo!¡ªLa se?ora dio una orden con voz dominante. R¨¢pidamente, una de las criadas que estaba trabajando en la cocina comenz¨® a abrir cajones en busca de especias para condimentar la carne picada. Al ver a la muchacha cumpliendo su orden, la se?ora mir¨® a su hijo y le dijo con preocupaci¨®n: ¡ªQue haces sin un gorro puesto con este calor: ?Te vas a insolar! ?Ve a buscar uno! ¡ªSi, si, luego voy...¡ªcontest¨® Mario con desgana, ignorando la preocupaci¨®n de su madre. The tale has been taken without authorization; if you see it on Amazon, report the incident. ¡ªPensaba que tu abuelo vendr¨ªa a buscar los condimentos¡ªDijo la se?ora con a¨²n m¨¢s preocupaci¨®n¡ªCuando me case con tu padre, me acuerdo que tu abuelo me oblig¨® a ayudar a Ernesto a hacer los chorizos. ¡ª?Cocinaste alguna vez en tu vida?¡ªpregunt¨® Mario con asombro; ¨¦l sab¨ªa que a su madre le encantaba usar a los criados para todo, si no fuera por ella, posiblemente nadie se preocupar¨ªa por las decoraciones y el orden de esta casa. ¡ªClaro que cocine, cuando eras un bebe te hac¨ªa la comida todos los d¨ªas¡ªContest¨® su madre con una sonrisa orgullosa mientras se abanicaba. ¡ªNunca te vi cocinando la comida de Juan¡ªComento Mario con sospecha. La mujer mir¨® a su hijo con una sonrisa oculta con su abanico y comento: ¡ªUna madre inteligente aprende con su primer hijo y educa de forma correcta a su segundo hijo. Si no me crees, mira a tu t¨ªo Carlos: fue m¨¢s inteligente que tu padre y s¨¦ est¨¢ montando un hermoso negocio en Estados Unidos vendiendo lo que tu padre cosecha. Mario mir¨® de mala gana la sonrisa oculta de su madre y coment¨® con iron¨ªa: ¡ªAs¨ª que prefer¨ªs m¨¢s a un hijo que se vaya a hacer fortunas afuera. Entonces te vas a poner bastante contenta cuando tus dos hijos se vayan a hacer fortunas y no quede nadie para cuidarte m¨¢s que los criados. ¡ªPrefiero a los hijos que dejan de jugar con las mujeres y se casan¡ªContest¨® la se?ora con rapidez mientras miraba las marcas negras alrededor del cuello de su hijo¡ªDeber¨ªas buscar algo serio... Con algo de verg¨¹enza por la mirada fija de su madre en los chupones en su cuello, Mario r¨¢pidamente cambi¨® el tema y pregunt¨®: ¡ª?Cu¨¢ndo vienen los parientes de Italia? A este ritmo se perder¨¢n el casamiento. ¡ª ?Pero por supuesto que nuestros parientes no se perder¨¢n el casamiento!¡ªGrit¨® la se?ora con enojo, parec¨ªa bastante nerviosa con el tema¡ªLos novios tendr¨¢n que esperar a que llegue toda la familia del exterior: les guste o no... ¡ª??Tenemos que esperar a los parientes de Italia?!¡ªSe quej¨® Mario con enojo¡ªEncima que el abuelo les regala una estancia, tambi¨¦n tenemos que esperarlos para el casamiento... Al escuchar a su hijo decir eso, la mujer cerr¨® el abanico y le peg¨® a su hijo, mientras gritaba con enojo: ¡ª?M¨¢s te vale no andar diciendo esas cosas afuera de esta cocina! ?Acaso no sabes que tu abuelo tambi¨¦n es italiano, idiota! Es l¨®gico que tu abuelo vaya a ayudar a los hijos de su hermano. Si alg¨²n d¨ªa viajas al exterior y tu hermanito te pidiera que cuidara a sus hijos: ?acaso no ayudar¨ªas a los hijos de tu hermano? ¡ª?Pero les dio una de las mejores estancias!¡ªGrit¨® Mario parec¨ªa que el tema le molestaba bastante m¨¢s de lo que aparentaba¡ª ?El abuelo podr¨ªa haberme dado esa estancia a m¨ª y ya no tendr¨ªa que vivir con ustedes! ¡ª?As¨ª que quieres tener tu propio campo, jovencito?¡ªpregunt¨® la se?ora, mientras volv¨ªa a abrir su abanico y se abanicaba de forma elegante. ¡ª?Por supuesto que quiero tener mi propia tierra y mi propia casa e irme a esta casa!¡ªGrit¨® Mario con enojo. ¡ªEso es bastante f¨¢cil de arreglar...¡ªMurmur¨® la se?ora detr¨¢s de su abanico. ¡ª?En serio?¡ªpregunt¨® Mario con emoci¨®n, parec¨ªa que finalmente le dejar¨ªan armar su propia vida. ¡ªPor supuesto, lo ¨²nico que necesitas es tener tu propia esposa¡­¡ªRespondi¨® la se?ora mientras una sonrisa aparec¨ªa detr¨¢s del abanico¡ªCuando tengas tu propia esposa, te conseguir¨¦ tu propia tierra, tu propia casa y podr¨¢s irte a donde tu coraz¨®n te lleve. ¡ª...¡ªMario mir¨® a su madre en silencio. Esta vieja bruja era manipuladora a m¨¢s no poder, pero Mario ya se hab¨ªa acostumbrado a la forma de ser de su madre. Por suerte, la criada lleg¨® con los tarros de condimentos, rescatando a Mario de las insistencias de su madre para que consiguiera una esposa. Con los tarros en la mano, Mario se despidi¨® de su madre y camino rumbo al quincho donde su hermano estaba cuidando la carne picada. 05-El padre Con los tarros de condimentos en su mano, Mario regres¨® al quincho donde estaban preparando los chorizos. En el interior del quincho se encontraba su hermano y su padre amasando la carne picada mezclada con grasa. ¡ª?El abuelo no viene?¡ªpregunt¨® Mario con preocupaci¨®n al notar que su padre no hab¨ªa tra¨ªdo al abuelo para ayudarlos a preparar los chorizos. ¡ªEstaba durmiendo: no quer¨ªa despertarlo¡ªComent¨® Ernesto con algo de pena por tener que estar minti¨¦ndole a sus hijos¡ª¨²ltimamente le est¨¢ costando dormir m¨¢s de la cuenta, es mejor dejarlo descansar. ¡ªBueno¡ªComent¨® Mario,notando por el tono de voz de su padre que era mejor no hablar m¨¢s del tema. Mario se acerc¨® a la mesa donde estaban trabajando y dej¨® los tarros con condimentos sobre la mesa, r¨¢pidamente el ni?o se acerc¨® a la mesa para tomar uno de los frascos y mirarlo con curiosidad, pero Ernesto lo detuvo diciendo: ¡ªLos condimentos son la parte m¨¢s delicada, as¨ª que solo vean como lo hago yo y recuerden lo que hago: cuando su abuela estaba viva hac¨ªamos estos chorizos todos los a?os, pero nunca me ayudaron a hacerlos, as¨ª que ahora tienen que aprender la receta de abuela. ¡ª?La receta es importante?¡ªpregunt¨® el ni?o con algo de emoci¨®n. ¡ªLa receta es un recuerdo que la abuela se trajo de Espa?a¡ªRespondi¨® Ernesto con calma mientras abr¨ªa uno de los frascos¡ªEn aquellas ¨¦pocas emigrar era abandonar a su familia para siempre en busca de un mejor futuro para sus hijos: as¨ª que estos recuerdos y tradiciones son lo m¨¢s valioso que trajeron. Ahora, emigrar ¨²nicamente es unas vacaciones largas, al menos para nuestra familia. Reading on this site? This novel is published elsewhere. Support the author by seeking out the original. Luego de comentar eso, Ernesto procedi¨® a usar sus manos como cucharas y con los condimentos sobre sus manos media la cantidad de condimento a agregar sobre la carne picada. Ya agregados los condimentos, Ernesto le indico a sus hijos que comenzar¨¢ a amasar la carne picada nuevamente para mezclarlos, mientras dec¨ªa: ¡ªEn unos pocos meses tendremos el casamiento de su t¨ªo, por lo que ver¨¢n que la casa se vuelve m¨¢s animada que de costumbre: ser¨¢ mejor que ayuden a su madre a que no se ponga m¨¢s nerviosa de lo que ya est¨¢. ¡ª?Nos traer¨¢ regalos el t¨ªo Carlos?¡ªpregunt¨® Juan con emoci¨®n¡ªSiempre tra¨ªa un animal nuevo cuando regresaba de sus viajes. ¡ªSe supone que sean ustedes los que les den un regalo por casarse¡ªComent¨® Ernesto con una sonrisa¡ªPero s¨ª, supongo que traer¨¢ algo para ustedes dos. ¡ª?El abuelo va a estar en el casamiento?¡ªpregunt¨® Juan con algo de pena¡ªHace tiempo no lo veo afuera de esa casa en ruinas. ¡ªNo lo s¨¦...¡ªMurmur¨® Ernesto consternado por la pregunta. Ernesto hab¨ªa ignorado el problema hasta ese momento, pero sacar a su padre de su cuarto y llevarlo a un lugar lleno de gente era una p¨¦sima idea y probablemente no podr¨ªa, ni querr¨ªa, ir al casamiento de su hijo. Pero eso era algo que Ernesto hab¨ªa asumido hace mucho, ahora lo que m¨¢s preocupaba a Ernesto era la reacci¨®n de su hermano al ver que el estado de la salud mental de su padre hab¨ªa empeorado tanto. ¡ªSeg¨²n el doctor: el abuelo se pondr¨ªa mejor si viv¨ªa en esa casa¡ªComent¨® Mario con sospechas sobre el estado de su abuelo¡ªPero desde que muri¨® la abuela, el abuelo no sale de esa casa, ya van 3 a?os¡­ ¡ªSu abuelo est¨¢ viejo, chicos...¡ªComent¨® Ernesto con algo de pena mientras amasaba la carne picada arriba de la mesa¡ªLa vejez no tiene cura, solo podemos acompa?arlo hasta que se re¨²na con la abuela en el cielo. ¡ª?El abuelo se va a morir?¡ªpregunt¨® Juan con preocupaci¨®n. ¡ªTodos nos vamos a morir, Juan...¡ªComent¨® Ernesto con calma y algo de pena por hablar sobre este tema con su hijo menor¡ªHay que vivir siendo conscientes de este hecho. El abuelo tuvo una excelente vida hasta la muerte de la abuela, pero ahora el abuelo extra?a demasiado a la abuela, as¨ª que su cerebro est¨¢ comenzando a enga?arlo. Hay que estar contentos de que haya tenido una hermosa y larga vida. 06-El t铆o Unas semanas pasaron y el casamiento se acercaba. El d¨ªa de hoy toda la familia se encontraba parada en la puerta de la estancia, salvo por el abuelo que se encontraba en su habitaci¨®n. Hoy era importante para la familia porque el t¨ªo Carlos y su prometida estaban por llegar a la estancia luego de un largo viaje. Luego de esperar unos minutos, los familiares en la tranquera de la estancia notaron que dos caballos se aproximaban por el camino de tierra que conduc¨ªa a la estancia. En uno de los caballos se encontraba Ernesto, el cual estaba liderando el camino. En el otro caballo se encontraba un hombre y una mujer; el hombre ten¨ªa entre 30-40 a?os, era rubio y ten¨ªa los ojos negros, pero sus ojos se encontraban escondidos por unos lentes con bordes redondos hechos de oro. El hombre ten¨ªa un cuerpo bastante tonificado y estaba vistiendo ropa de explorador de color blanco y en entre sus manos y la rienda del caballo se encontraba una mujer de entre 40-45 a?os. La mujer ten¨ªa el pelo negro y los ojos negros, no parec¨ªa ser muy bonita y lo llamativo que ten¨ªa era que tambi¨¦n estaba vistiendo ropa de explorador: lo cual no era tan com¨²n para estos lugares. ¡ª?Y los regalos?¡ªpregunt¨® Juan decepcionado, mirando que solo dos personas se acercaban a caballos desde el horizonte sin traer ning¨²n equipaje con ellos. Al escuchar la queja del ni?o, la madre r¨¢pidamente dej¨® de abanicarse y le pego con abanico en la espalda para que no sea notado por las personas que se estaban acercando y murmur¨® desde atr¨¢s del abanico con tono enojado: ¡ªNo seas desubicado. Cuando tu t¨ªo y su prometida lleguen, sal¨²dalos cort¨¦smente, felicitarlos por su compromiso y luego te comprar¨¦ un regalo si lo haces bien. El ni?o asinti¨® con algo de enojo por el reto y miro como los dos caballos estaban a punto de llegar a la tranquera de la estancia. Cuando Ernesto pas¨® la tranquera, se aproxim¨® a su familia y baj¨® del caballo con habilidad. Inmediatamente, un pe¨®n de campo se acerc¨® al caballo sin jinete y lo tom¨® de las riendas para poder llevar el caballo a los establos a descansar. The narrative has been stolen; if detected on Amazon, report the infringement. Lo mismo ocurri¨® cuando, Carlos y su prometida bajaron, pero antes de que pudieran saludarse, Carlos pregunt¨® con impaciencia: ¡ª?D¨®nde est¨¢ pap¨¢? ?Sigue durmiendo la siesta a la 6 de la tarde? Al escuchar a su hermano hablar de su padre, la cara de Ernesto se entristeci¨® y respondi¨® con un tono cansado: ¡ªDespu¨¦s hablamos del tema. Por el momento, ponte c¨®modo y no te angusties m¨¢s. Te dije por correo que nosotros nos encargaremos de los problemas de armar tu casamiento y as¨ª ser¨¢. ¡ª?Qu¨¦ tan mal est¨¢ la salud mental de mi padre?¡ªpregunt¨® Carlos mirando a la esposa de Ernesto; Carlos conoc¨ªa lo suficiente a su hermano como para saber que no hablar¨ªa del tema hasta el ¨²ltimo minuto posible, por lo que busco respuestas en la esposa de su hermano: que siempre se caracteriz¨® por ser directa y dominante. ¡ª?Ve a verlo t¨² mismo,Carlos! ?Tambi¨¦n eres su hijo!¡ªRespondi¨® la se?ora con enojo, parec¨ªa que el tema era algo sensible para ella y se molest¨® porque el hermano de su esposo buscar¨¢ meterla en el medio del problema¡ªNo somos los ni?eros de tu padre. Ahora que vas a ser un hombre casado, tendr¨ªas que empezar a lidiar por tu cuenta con los problemas de la familia. Juan se qued¨® mirando de forma aturdida a su madre: su madre acaba de rega?arlo por ser un maleducado; no obstante, ella atend¨ªa a la visita con gritos. Notando que su esposa le estaba mostrando los colmillos a su hermano, Ernesto r¨¢pidamente trato de mantener la situaci¨®n calmada y antes de que su hermano pudiera decir una sola palabra que empeorara la situaci¨®n, Ernesto dijo con apuro: ¡ªVen Carlos, iremos a ver a pap¨¢. El viejo est¨¢ viviendo en la casa antigua: seg¨²n el doctor, vivir en esa casa podr¨ªa ayudar a pap¨¢, pero ¨²ltimamente su estado de salud mental est¨¢ algo delicado. ¡ª?A qu¨¦ te refieres con un estado de salud mental delicado?¡ªpregunt¨® Carlos con preocupaci¨®n. Carlos hace tres a?os no hab¨ªa venido a la Argentina. La ¨²ltima vez que Carlos regres¨® fue para el entierro de su madre, no estaba al tanto de que la salud de su padre hab¨ªa empeorado tanto y su hermano nunca hablaba de este asunto en las cartas. Pero Carlos noto que su hermano no respond¨ªa, sino que miraba a sus hijos con bastante dolor. Notando que el tema era algo delicado para hablarlo frente a un ni?o, Carlos coment¨®: ¡ªEst¨¢ bien, vamos a ver a pap¨¢. ¡ªBueno¡­¡ªComent¨® Ernesto con la voz cansada, mientras le dec¨ªa a su esposa¡ªAtiende a la prometida de Carlos: la chica es de Estados Unidos y solo habla ingl¨¦s. Por lo dem¨¢s, los criados todav¨ªa deben estar buscando las pertenencias de mi hermano en el puerto, as¨ª que encargarte del asunto si nos demoramos. Luego de decir eso, los dos hermanos caminaron juntos hacia la parte m¨¢s antigua de la estancia. 07-Los hermanos Mientras los dos hermanos caminaban por el camino de piedras rumbo a la parte vieja de la estancia, el silencio inc¨®modo termin¨® provocando que Ernesto quisiera hablar el tema y comento: ¡ªNuestro padre siempre estuvo algo mal de la cabeza: confund¨ªa nuestros nombres, se olvidaba de cosas que acababan de pasar, dec¨ªa cosas sin sentido y en algunos casos serios se quedaba meditando todo el d¨ªa sobre sus locuras: ignorando a toda la familia. Desde que muri¨® mam¨¢, la situaci¨®n empeor¨® y cada vez es peor... ¡ªAlgunas de sus locuras, no eran tan locas...¡ªMurmur¨® Carlos con enojo, tratando de defender a su padre¡ªRecuerdas que cuando ¨¦ramos j¨®venes, pap¨¢ nos contaba historias de todo el mundo. Muchas de esas historias terminaron siendo reales; incluso he visitado los lugares donde se desarrollaron varias de las historias contadas por pap¨¢¡­. Ernesto se detuvo, mir¨® a Carlos con seriedad y coment¨® con preocupaci¨®n: ¡ªCuando te digo que pap¨¢ est¨¢ peor: no me estoy refiriendo a sus divagaciones. No importa que pap¨¢ pierda completamente la cabeza: era algo que inevitablemente pasar¨ªa con la edad. Lo que no puedo tolerar, es que ahora: ?Pap¨¢ est¨¢ agresivo! ?Tiene conductas peligrosas hacia los dem¨¢s! ¡ª?Hubo alg¨²n accidente?¡ªpregunt¨® Carlos entendiendo la seriedad del problema. Ahora que iba a formar una familia, entend¨ªa bien las preocupaciones de su hermano: su hermano no pod¨ªa dejar que sus hijos vivan con un loco que en cualquier momento los ataca. ¡ªPap¨¢ le estuvo tirando cosas a la criada¡ªMencion¨® Ernesto con preocupaci¨®n¡ªLa chica creci¨® con nosotros, es pr¨¢cticamente una hija adoptiva, no hay motivo de semejante actitud por parte de pap¨¢ hacia ella. Stolen from its rightful author, this tale is not meant to be on Amazon; report any sightings. ¡ªTal vez la chica le est¨¦ haciendo algo a pap¨¢ aprovech¨¢ndose de su vejez¡ªComent¨® Carlos con preocupaci¨®n sobre el asunto. ¡ªLa chica es un ¨¢ngel; incluso mi esposa quiere casarla con mi hijo¡ªComent¨® Ernesto r¨¢pidamente¡ªAdem¨¢s, pap¨¢ me amenaz¨® con un cuchillo en una ocasi¨®n y no estaba bromeando: realmente pap¨¢ no pudo reconocerme en aquella ocasi¨®n... ¡ª?Pap¨¢ te amenaz¨®!¡ªGrit¨® Carlos con nervios en la voz. ¡ªSi, no me reconoci¨® y me ten¨ªa miedo...¡ªDijo Ernesto con pena¡ªLa situaci¨®n es delicada, me temo que ocurra algo grave si no logramos que el estado mental de pap¨¢ se recupere un poco. ¡ªSi la situaci¨®n es tan delicada, s¨¦ de una forma de ayudarlo¡ªComent¨® Carlos meditando con profundidad sobre el tema¡ªHace mucho entend¨ª que esto pod¨ªa terminar ocurriendo, as¨ª que durante mis viajes busqu¨¦ alguna forma de ayudar a nuestro padre si perd¨ªa completamente la cordura. ¡ª?Cu¨¢l ser¨ªa tu soluci¨®n?¡ªpregunt¨® Ernesto de inmediato. De forma pensativa, Carlos dijo con calma: ¡ªConozco de unos lugares que se dedican a tratar a este tipo de pacientes con trastornos mentales y de esa forma darle la vida m¨¢s c¨®moda posible a pesar de sus problemas. ¡ªNo ser¨¢s tan idiota de pensar mandar a papa a un manicomio, ?no?¡ªpregunt¨® Ernesto con enojo. Por supuesto que Ernesto sab¨ªa de los manicomios, pero para ¨¦l los manicomios era un sitio donde solo los dementes peligrosos viv¨ªan. Ernesto se negaba a abandonar a su padre en un sitio tan deprimente y lo m¨¢s importante era que Ernesto prefer¨ªa acompa?ar a su padre en su locura antes de abandonarlo al cuidado de otros desconocidos. ¡ªEsa era mi idea...¡ªComent¨® Carlos con calma ¡ªpero no a cualquier manicomio, Ernesto. Conozco uno en Inglaterra que ser¨ªa perfecto para pap¨¢. Si realmente pap¨¢ est¨¢ tan mal, ser¨ªa mejor mandarlo a un sitio donde haya gente que se especializa en poder mejorar la calidad de vida de nuestro padre. ¡ªEn Inglaterra...¡ªMurmuro Ernesto con dudas; porque un pa¨ªs extranjero podr¨ªa tener la soluci¨®n para tratar mejor a su padre¡ªSi pap¨¢ va a Inglaterra, ser¨¢ un largo viaje para visitarlo y mis hijos est¨¢n en la edad de tener nietos. Me podr¨ªa ser complicado viajar en el futuro... ¡ªMejor vayamos a verlo y luego debatamos el asunto m¨¢s en profundidad¡ªComent¨® Carlos, ya algo impaciente por ver el verdadero estado mental de su padre. 08-Los hijos Los dos hombres caminaron con apuro hasta llegar a la casa de barro y paja. Los nervios por ver el estado real de su padre invad¨ªa a Carlos, provocando que sus pasos fueran pesados y ninguna otra palabra pudiera mencionarse en todo el camino hasta la parte vieja de la estancia. Mientras que para Ernesto ver la reacci¨®n de su padre al ver a Carlos era lo que m¨¢s le preocupaba e impacientaba. Tal vez que su padre vea de nuevo a este hijo que siempre andaba lejos de casa, pudiera ayudar a su padre a recuperar algo de salud mental. Pero tambi¨¦n podr¨ªa ocurrir todo lo contrario y que ver a su hijo sea lo ¨²ltimo que faltaba para que el viejo pierda completamente la cabeza. Al ver el estado destrozado de la vieja vivienda, Carlos con enojo pregunto: ¡ª?C¨®mo vas a hacer vivir a nuestro padre en semejante chiquero? ¡ªTe dije que vivir en este lugar hab¨ªa sido lo recomendado por el doctor¡ªSe quej¨® Ernesto; a ¨¦l tambi¨¦n le disgustaba que su padre viviera en esta casa, pero si el doctor lo dec¨ªa: hab¨ªa que hacerle caso. ¡ª?Me da igual que diga el doctor!¡ªGrit¨® con enojo Carlos, para ¨¦l era inadmisible que alguien con semejante fortuna viviera peor que sus empleados¡ªPrefiero que sea un loco atendido como un rey y no un una persona al borde de la demencia viviendo en un chiquero. Ya est¨¢ demasiado viejo, para vivir en semejante pocilga. ¡ªDespu¨¦s lo discutimos...¡ªDijo Ernesto en voz baja; no quer¨ªa que su padre se alterara por los gritos¡ªAhora entremos para ver c¨®mo est¨¢ pap¨¢. Te recuerdo que pap¨¢ podr¨ªa no reconocerte y si se pone agresivo, ret¨ªrate para no poner a pap¨¢ m¨¢s nervioso. Luego de decir eso, Ernesto se acerc¨® hasta la puerta y la abri¨® con cuidado. Ernesto sab¨ªa que por lo fuerte que hab¨ªa gritado su hermano era imposible que su padre no lo hubiera escuchado, pero rezaba a dios para que su padre no se hubiera asustado y estuviera alterado durante la visita. Al ver el interior de la sala con los muebles rotos y desgastado, el rostro de disgusto en la cara de Carlos no hizo m¨¢s que empeorar; Carlos sab¨ªa m¨¢s que bien que la esposa de Ernesto ser¨ªa capaz de traer a su padre a esta pocilga solo para sac¨¢rselo de encima. Carlos quiso criticar nuevamente la decisi¨®n de su hermano de haber mandado a esta casa a su padre, pero no quer¨ªa que su padre los notara discutiendo. Ernesto se acerc¨® a la puerta y antes de abrirla pregunt¨® con cuidado: ¡ªPap¨¢, lleg¨® Carlos con su prometida, ¨¦l est¨¢ ac¨¢ conmigo ?Podemos pasar a verte? ¡ª?Acaso crees que voy a creerte que mi hijo se va a casar? ?Bestia est¨²pida!¡ªGrit¨® el padre del otro lado de la puerta. ¡ª?Pap¨¢, soy yo, Carlos! ?De verdad me voy a casar!¡ªGrit¨® Carlos con preocupaci¨®n, quiso abrir la puerta para decirlo viendo el rostro de su padre, pero Ernesto lo detuvo. Stolen content alert: this content belongs on Royal Road. Report any occurrences. ¡ª?Tu mismo me dijiste que nunca te casar¨ªas!¡ªGrit¨® el padre con miedo ¡ª?Te lo dije cuando ten¨ªa 20 a?os!¡ªGrit¨® Carlos con tristeza porque not¨® que su padre dudaba de su identidad¡ªPero el tiempo pasa y conoc¨ª una chica interesante que tambi¨¦n le gusta viajar por el mundo. ¡ªPodr¨ªa ser Carlos...¡ªDijo el padre, como discutiendo consigo mismo¡ª?Pero si de verdad eres mi hijo, me har¨¢s caso y no entrar¨¢s a verme! ¡ª?No nos vemos desde hace 3 a?os, pap¨¢!¡ªGrito Carlos del otro lado de la puerta¡ªVivo en los Estados Unidos: acaso sabes lo molesto que es recorrer semejante distancia, solo para que tu padre no te permita dar unos pasos m¨¢s y abrir una puerta para poder verlo a los ojos. Al decir eso, Carlos corri¨® a su hermano de la puerta para que dejara de bloquearlo y con molestia abri¨® la puerta para ver el estado de su padre. En el interior de la habitaci¨®n vagamente iluminada pod¨ªa encontrarse arriba de la cama a un viejo que miraba escondido debajo de una carpa formada por telas sucias. En las manos del viejo se hallaba un cuchillo de plata muy fino y un rosario, ambos temblaban de forma violenta mientras miraba con cautela a las dos personas en la puerta. ¡ª?Pap¨¢?¡ªpregunt¨® Carlos entre l¨¢grimas, aturdido por ver una escena que era mucho peor de lo que pod¨ªa imaginar. ¡ª?Si te acercas, te voy a matar!¡ªGrit¨® el viejo con enojo y miedo. ¡ª??C¨®mo puede ser que no puedas recordarme?!¡ªGrit¨® Carlos de rodillas en el suelo, mientras lloraba desconsoladamente. Ernesto tambi¨¦n comenz¨® a llorar por ver la escena y sobre todo por la impotencia de no saber qu¨¦ hacer para ayudar a su padre o a su hermano. El viejo se qued¨® mirando de modo contemplativo como sus dos hijos lloraban con desolaci¨®n. Acto seguido, las manos del viejo dejaron de temblar y una mirada fr¨ªa surgi¨® en su rostro mientras miraba a sus dos hijos; parec¨ªa que el viejo hab¨ªa tomado una decisi¨®n en su mente mientras dec¨ªa con odio: ¡ªCarlos, no estar¨ªa llorando... ?Vete de mi casa, demonio! ¡ªSer¨¢ mejor que volvamos cuando est¨¦ m¨¢s tranquilo, Carlos...¡ªDijo Ernesto en voz baja, su padre parec¨ªa estar demasiado alterado para hablar con ¨¦l ahora. ¡ª?Al menos promete que ir¨¢s a mi casamiento!¡ªGrit¨® Carlos ignorando a su hermano. ¡ªNo ir¨¦ a ning¨²n sitio con ninguna bestia desconocida y menos con una bestia que trata de enga?arme...¡ªContest¨® el padre con un tono de voz fr¨ªo. Parec¨ªa que antes el padre dudaba si de verdad eran o no sus hijos, pero ahora su mente no dudaba que eran impostores¡ªPuedes quedarte y morir luchando o ir a buscar a otros idiotas que sean m¨¢s f¨¢ciles de enga?ar... Al ver que el estado de locura de su padre hab¨ªa llegado hasta el punto de amenazar con matarlo, Carlos se levant¨® del suelo y dej¨® de llorar. Con la voz algo rota por haber llorado tanto, Carlos dijo: ¡ª?No te preocupes, pap¨¢! Te prometo que encontrar¨¦ un lugar donde al menos puedas vivir bien. El padre mir¨® a sus hijos con una sonrisa bastante cruel y dijo con tono ir¨®nico: ¡ªPuedo vivir bien en cualquier lado, idiota. Lo ¨²nico que desear¨ªa es que no hubiera bestias que traten de matarme todos los d¨ªas. Nunca lo lograr¨¢n: las bestias como ustedes son realmente est¨²pidas, incluso un viejito como yo puede matarlas... Lejos de enojarse por los insultos, Carlos, con mirada firme, dijo: ¡ªEst¨¢ bien, pap¨¢. Te prometo que buscaremos un sitio donde no haya bestias que traten de matarte todos los d¨ªas. Si no quieres venir al casamiento, te traeremos las fotos: sacaremos tantas fotos como sean necesarias, pero podr¨¢s ver el casamiento como si de verdad hubieras estado ah¨ª. Al decir esas palabras, Carlos cerr¨® la puerta con cuidado. Acto seguido, los hermanos se retiraron de la casa de barro y paja; dejando a su padre nuevamente en la oscuridad. 09-La esposa Tanto Ernesto como su esposa se encontraban en la cama en pijamas; hab¨ªa sido un d¨ªa largo y lo ¨²nico que Ernesto quer¨ªa hacer era descansar. Su esposa se encontraba tejiendo y ¨¦l estaba leyendo un libro a luz de las velas. ¡ª?Qu¨¦ decisi¨®n tomaron respecto a tu padre?¡ªpregunt¨® la esposa de Ernesto mientras tej¨ªa. ¡ªSe va a ir a un manicomio en Inglaterra...¡ªComent¨® Ernesto con un tono de voz cansado; lidiar con los problemas mentales de su padre cada vez lo estaban desgastando m¨¢s. Ya hace varios a?os que Ernesto ven¨ªa atendiendo a sus dos padres y desde que muri¨® su madre hab¨ªa puesto mucha energ¨ªa en tratar de ayudar a su padre. Pero por m¨¢s soluciones que proponga Ernesto, todas las soluciones parec¨ªan fallarle y el dolor de la impotencia por no poder ayudar a sus padres ya estaba agotando a Ernesto mentalmente, por lo que termin¨® aceptando la propuesta de su hermano. ¡ªMandarlo a un manicomio es lo mejor para los chicos y tambi¨¦n para tu padre¡­¡ªComent¨® la esposa con preocupaci¨®n por el estado de ¨¢nimo de su marido¡ªLa gente que trabaja en ese manicomio debe atender a personas de todo el mundo con los mismos problemas que tu padre. ¡ªSi, pero no podremos ir a verlo nunca m¨¢s...¡ªComent¨® Ernesto con preocupaci¨®n¡ªTengo demasiado trabajo para irme unos meses al exterior. ¡ªPero tu hermano ir¨¢ a verlo de vez en cuando...¡ªComent¨® la esposa tratando de convencer a su marido de no arrepentirse de su decisi¨®n¡ªAdem¨¢s, tu padre probablemente encuentre compa?¨ªa oportuna entre las personas con sus mismos problemas mentales. The genuine version of this novel can be found on another site. Support the author by reading it there. ¡ªMi padre siempre fue bastante solitario, dudo que haga muchas amistades...¡ªComent¨® Ernesto con cansancio¡ªPero tienes raz¨®n: mi hermano tendr¨¢ que empezar a cuidar a pap¨¢. Somos dos hermanos, pero solo yo me tengo que encargar de todos los problemas de esta familia. Incluso a punto de casarse, mi hermano sigue creyendo que es un joven de 20 a?os aventurero de la vida. ¡ªLo mismo ocurr¨ªa con el campo: t¨² lo trabajabas y tu hermano obten¨ªa ganancias por eso¡­ ¡ªSe quej¨® la esposa bastante molesta con el tema¡ªAhora tu hermano tiene su compa?¨ªa comercial, ni siquiera deber¨ªamos seguir d¨¢ndole dinero. Ernesto cerr¨® el libro, lo coloc¨® en un mueble al lado de la cama y se acomod¨® en la almohada. Mientras miraba el techo de tablones de madera del dormitorio, Ernesto coment¨® con tono hastiado: ¡ªEl dinero es lo de menos: nunca me preocup¨® ese problema. Pero este tema es m¨¢s serio: puedo conseguir alguien que trabaje en el campo ocupando su lugar, pero no puedo conseguir otro hijo para mi padre. ¨²nicamente le imploro a dios, que mi hermano haya crecido lo suficiente para no abandonar a nuestro padre en Inglaterra y lo visite de vez en cuando. ¡ªTranquilo, cuando tu hermano tenga hijos, ver¨¢ a su padre de otra manera¡ªComent¨® la esposa de Ernesto mientras dejaba de tejer y se acomodaba en la cama para dormir¡ªApaga las velas cuando puedas. Ernesto mir¨® a su esposa tratando de dormir en la cama; deseando poder estar tan tranquilo como ella para poder dormir pac¨ªficamente. Con el rostro demacrado por el d¨ªa psicol¨®gicamente agotador, Ernesto se levant¨® de la cama y apag¨® las velas en la habitaci¨®n. Ernesto volvi¨® a acomodarse en su cama y rez¨® en su mente para que todo el casamiento saliera bien y su padre pueda ir a un sitio donde sea m¨¢s feliz pronto. 10-La criada Unos meses pasaron, los familiares de Italia finalmente arribaron al pa¨ªs y el casamiento se hab¨ªa concretado con ¨¦xito. Luego de unas semanas realizando los preparativos, hoy era el ¨²ltimo d¨ªa en el cual toda la familia estar¨ªa unida. Carlos se iba de luna de miel con su esposa a recorrer Europa y de paso aprovechar¨ªa el viaje para dejar al viejo en el manicomio en Inglaterra. Ese era el plan acordado entre los dos hermanos en un intento de darle una mejor vida a su padre. Pero hab¨ªa un peque?o problema en el plan y era que el padre de los dos hermanos no sab¨ªa que sus hijos planeaban mandarlo a Inglaterra y mucho menos el padre sab¨ªa que sus hijos planeaban mandarlo a un manicomio. Ninguno de los dos hermanos quisieron insistir con el tema durante el armado del casamiento y luego de casarse nadie quer¨ªa arruinar la atm¨®sfera alegre de la familia. Por lo que hasta el ¨²ltimo d¨ªa ninguno de los dos hermanos les dijo a su padre acerca del viaje que tendr¨ªa que realizar. Actualmente, los dos hermanos se encontraban caminando en silencio por el camino de piedra rumbo a la parte vieja de la estancia. Ninguno de los dos hermanos quer¨ªa mencionar el tema hasta que estuvieron al frente de la puerta de la casa de barro y la situaci¨®n los oblig¨® a volver a hablar del asunto. ¡ª?Qu¨¦ haremos si pap¨¢ no quiere irse de la casa?¡ªPregunt¨® Carlos con preocupaci¨®n ¡ªNos iremos del cuarto y mandar¨¦ unos cuantos trabajadores a llevar a papa hasta el barco¡ªRespondi¨® Ernesto con calma¡ªSupongo que pap¨¢ tratara de apu?alar a alguno de los trabajadores, pero dudo que pap¨¢ logre hacerle m¨¢s que un rasgu?o a los trabajadores con la edad que tiene. This content has been unlawfully taken from Royal Road; report any instances of this story if found elsewhere. ¡ª?No conoces algo similar a un esclavo que se venda en este pa¨ªs?¡ªpregunt¨® Carlos con a¨²n m¨¢s nervios¡ªSi pap¨¢ termina matando un trabajador: ?c¨®mo sacaremos por el puerto a un asesino? ¡ªDiremos que el trabajador muri¨® en un duelo con cuchillos¡ªRespondi¨® Ernesto con calma¡ªLe dir¨¦ a los muchachos que est¨¦n preparados, si pueden adiestrar a los caballos del establo, tambi¨¦n pueden lidiar con un viejo con problemas mentales. Antes de que Carlos pudiera hablar m¨¢s del tema, Ernesto se adelant¨® y abri¨® la puerta de la casa de barro. Ernesto no ten¨ªa ganas de seguir discutiendo el hecho de que lo m¨¢s probable era que tuvieran que mandar personas para obligar a su padre a salir de la habitaci¨®n. Adem¨¢s, lo m¨¢s importante es que los trabajadores tampoco ver¨ªan con buenos ojos que Ernesto le haga eso a su antiguo patr¨®n, por lo que Ernesto tendr¨ªa que buscar gente de otros campos para poder hacerlo. Al entrar a la sala, la criada que cuidaba a al padre salud¨® a los dos hermanos, mientras dec¨ªa con tono alegre: ¡ªEl se?or est¨¢ m¨¢s tranquilo que de costumbre, parece que las fotos del casamiento lo ayudaron a poder dormir mejor. ¡ª?Qu¨¦ alegr¨ªa!¡ªGrit¨® Ernesto con felicidad, pero luego se apen¨® porque tendr¨ªa que arruinar el buen estado de ¨¢nimo de su padre con el asunto del viaje. ¡ªS¨ª, es una gran alegr¨ªa¡­¡ªComent¨® la criada con una sonrisa angelical¡ª Pero parece ser que el se?or se cay¨® de la cama mientras dorm¨ªa, por lo que est¨¢ algo lastimado. ¡ªEste tipo de cosas no le ocurrir¨¢n nunca m¨¢s a pap¨¢ cuando est¨¦ en Inglaterra...¡ªComent¨® Carlos con disgusto al enterarse de que su padre se hab¨ªa ca¨ªdo de la cama¡ªEn Inglaterra estar¨¢ en un lugar donde haya instalaciones especializadas para cuidar a gente con este tipo de trastornos. ¡ªEso espero...¡ªComent¨® Ernesto tambi¨¦n preocupado, mientras que se dirig¨ªa a la puerta de la habitaci¨®n oscura donde viv¨ªa su padre. 11-El Viejo Al abrir la puerta, Ernesto pudo encontrarse con la cara de su padre asom¨¢ndose desde la carpa arriba de la cama. Ernesto no pudo ver si su padre estaba herido o no, ya que el cuerpo de su padre estaba oculto por las s¨¢banas y por la poca iluminaci¨®n que hab¨ªa de la sala parec¨ªa que el rostro de su padre estaba en perfectas condiciones. ¡ª?Pap¨¢? ?Est¨¢s bien?¡ªpregunt¨® Ernesto con preocupaci¨®n¡ªMe contaron que te ca¨ªste de tu cama ¡ªS¨ª, estoy bien...¡ªRespondi¨® el padre mirando a su hijo con cautela¡ª?A qu¨¦ vinieron? ¡ªA buscarte un mejor lugar donde vivir...¡ªComent¨® Ernesto con bastante dificultad para hablar. ¡ªAc¨¢ vivo bien¡ªRespondi¨® el padre r¨¢pidamente con miedo de Ernesto. ¡ªVivir abajo de una carpa en una habitaci¨®n oscura: ?te parece que es vivir bien?¡ªpregunt¨® Carlos tratando de que su padre entrara en raz¨®n¡ªTe llevar¨¦ a un sitio donde te atender¨¢n como a un rey y habr¨¢ muchas personas como vos con las cuales puedas hablar. ¡ª?Existen m¨¢s personas como yo?...¡ªpregunt¨® el padre con sospecha, pero parec¨ªa que la pregunta cargaba un rastro de esperanza¡ª?Encontraste tal sitio en tus aventuras por el mundo? ?D¨®nde queda ese sitio, hijo? Carlos se emocion¨® y se llen¨® de felicidad: al parecer su padre lo hab¨ªa reconocido. Carlos iba a contestar con felicidad, pero luego se detuvo porque hab¨ªa descubierto un problema por haber recordado algo que se hab¨ªa olvidado hace mucho tiempo. No obstante, su hermano no record¨® lo mismo que ¨¦l, por lo cual Ernesto con una sonrisa muy amplia contest¨® con felicidad: The story has been stolen; if detected on Amazon, report the violation. ¡ª?En Inglaterra existe un lugar donde podr¨¢s vivir mejor! ¡ªOh... As¨ª que el sitio con personas como yo queda en Inglaterra...¡ªMurmur¨® el padre con sospecha. El viejo se qued¨® callado unos minutos mientras parec¨ªa estar reflexionando profundamente sobre un asunto serio. Por otra parte, Carlos estaba nervioso, porque ya recordaba una historia que su padre le hab¨ªa contado en la infancia. Mientras que Ernesto pensaba que su padre estaba reflexionando sobre si ir o no, por lo que dej¨® que su padre meditara con calma su decisi¨®n final. El silencio inc¨®modo inund¨® la sala, hasta que el padre volvi¨® a hablar preguntando: ¡ª?En qu¨¦ a?o estamos? ¡ªEstamos en el a?o 1901¡ªRespondi¨® Ernesto sin entender a qu¨¦ iba la pregunta de su padre. ¡ª?Vives en Inglaterra, Carlos?¡ªPregunt¨® el padre con algo de preocupaci¨®n, sin recordar que su hijo le hab¨ªa mencionado que viv¨ªa en Estados Unidos el d¨ªa que lleg¨® a la estancia. ¡ªNo...¡ªRespondi¨® Carlos con aturdimiento porque de verdad su padre siguiera recordando esa historia sin sentido¡ªVivo en Estados Unidos, en Florida, donde est¨¢ la familia de mi esposa. ¡ªSupongo que podr¨ªa ir a vivir a Inglaterra, yo solo...¡ªMurmur¨® el viejo mientras meditaba m¨¢s en profundidad el asunto¡ª?C¨®mo se llama el sitio donde se encuentran las personas como yo, querido hijo? ¡ªNo recuerdo como se llama el lugar...¡ªComent¨® Carlos con preocupaci¨®n¡ªPero los rumores no son pocos y cuando lleguemos a Inglaterra averiguaremos m¨¢s al respecto con las personas locales. ¡ªBueno, entonces ir¨¦...¡ªComent¨® el viejo, pero no sali¨® de su tienda, sino que se qued¨® mirando a sus dos hijos con sospecha. ¡ªPerfecto, t¨² qu¨¦date c¨®modo en tu habitaci¨®n y nosotros dos prepararemos todo¡ªComent¨® Ernesto con una sonrisa muy amplia en el rostro. Sin darle tiempo a que su padre pudiera cambiar de opini¨®n, Ernesto comenz¨® a cerrar la puerta de la habitaci¨®n, dejando al viejo que los miraba con sospecha nuevamente en la oscuridad. 12-La familia Luego de hacer los preparativos finales para el largo viaje, toda la familia se reuni¨® en la tranquera de la estancia para poder despedirse del abuelo, Carlos y su esposa. En la puerta de la estancia tambi¨¦n hab¨ªa varios trabajadores rurales y criados, arribas de unos carros llenos de maletas. Los cuales estaban esperando a que los familiares se despidieran para llevar las pertenencias al puerto. Carlos y su esposa estaban tratando de montarse a un caballo para poder dirigirse al puerto de Rosario, donde el barco vendr¨ªa a buscar. Luego el barco los llevar¨ªa al puerto de Buenos Aires y en Buenos Aires tendr¨ªan que embarcar en un barco para viajes de largas distancias rumbo a Inglaterra. Mientras tanto, el abuelo estaba arriba de un caballo mirando a todos sus familiares con desconfianza. El abuelo ten¨ªa varios moretones y marcas de garras en los brazos, por lo que parec¨ªa que se hubiera peleado con alg¨²n animal, m¨¢s que caerse de la cama. Seg¨²n las instrucciones que el abuelo hab¨ªa dado a la familia, ninguno de los familiares se despedir¨ªa con un abrazo o un beso y solo se dir¨ªan unas pocas palabras en las distancias. ¡ªProbablemente, no volveremos a vernos, padre...¡ªComent¨® Ernesto con una sonrisa triste en el rostro al ver como su padre lo miraba como si fuera un extra?o. ¡ªEspero que as¨ª sea...¡ªRespondi¨® el abuelo mirando a su hijo con desconfianza¡ªNi siquiera sabes como me llamo, pero me llamas padre todo el tiempo. Eres realmente un idiota al tratar de enga?arme. ¡ªSab¨ªa que iba a ser complicado...¡ªMurmuro Ernesto con algunas l¨¢grimas en el rostro; Ernesto ya de por s¨ª odiaba las despedidas y m¨¢s un las odiaba si su padre no lo recordaba cuando lo ve¨ªa por ¨²ltima vez. Notando que su padre estaba por largarse a llorar, Mario decidido proceder a saludar a su abuelo para no hacer la despedida m¨¢s larga y dolorosa para su padre: ¡ª Chau, Abuelo, espero que te vaya bien en Inglaterra ¡ªT¨² no eres mi nieto muchacho: tampoco sabes como me llamo y me llamas abuelo¡ªCr¨ªtico el abuelo mientras miraba con cierto odio a Mario¡ªSi fueras mi nieto, me hubieras despedido a la ma?ana y ahora estar¨ªas trabajando en el campo: ?C¨®mo te piensas que te hiciste ese bronceado, bestia idiota?. Mario no se molest¨®, sino que mir¨® fijamente el rostro de su abuelo como si quisiera grabarlo en la memoria. Luego de unos segundos mir¨¢ndolo, Mario contest¨® con una sonrisa: ¡ªS¨¦ que est¨¢s mal ahora, Abuelo. Pero voy a recordarte con la misma sonrisa que llevabas cuando la abuela a¨²n estaba con vida. El abuelo no contest¨® y en su lugar miro con desconfianza a su otro nieto que estaba agitando la mano desde la distancia: ¡ªChau, abuelo¡ªDijo Juan agitando la mano con algunas l¨¢grimas; incluso siendo un ni?o sent¨ªa algo anormal en la situaci¨®n por tener que saludar de esta manera. The tale has been stolen; if detected on Amazon, report the violation. ¡ªChau... nieto...¡ªMurmur¨® el viejo con lentitud, mirando las reacciones en el rostro de las otras personas, parec¨ªa que el abuelo lo dec¨ªa para comprobar algo y no para saludar a su nieto; no obstante todos los dem¨¢s familiares estaban bastante felices de ver al abuelo reconociendo a alguien de la familia. ¡ªEspero que tengas un buen viaje¡ªDijo la esposa de Ernesto mientras se abanicaba. El abuelo no se molest¨® en contestar a la esposa de Ernesto. En su lugar, el viejo mir¨® con sospecha como su hijo menor y su nueva esposa segu¨ªan luchando para lograr subirse al caballo, mirando la escena por un rato el viejo murmur¨®: ¡ªRealmente son unos idiotas¡­ Cuando Carlos y su esposa subieron al caballo, Ernesto se acerc¨® a su hermano. Acto seguido, Ernesto meti¨® la mano en el bolsillo como si buscara algo y una sonrisa se form¨® en su rostro al sentir que tocaba algo. Como si fuera un regalo de despedida, Ernesto sac¨® una caja de madera de su bolsillo y se la entreg¨® a su hermano arriba del caballo, diciendo con tono alegre: ¡ªTe entrego los documentos de nuestro padre para que puedas subir al barco, suerte en el viaje hermano. Cu¨ªdalos bien los documentos y no los pierdas. Al decir eso, todos los familiares miraron la caja en las manos de Carlos como si se tratara de un tesoro. El viejo mir¨® la extra?a escena desde la distancia y sonri¨® en silencio mientras miraba con atenci¨®n la caja en las manos de Carlos. Inmediatamente, Carlos trato de abrir la caja de madera, pero noto que estaba cerrada con llave, por lo que pregunto: ¡ª?Sabes como abrir la caja de madera? Parece que necesita una llave. Ernesto meti¨® las manos en bolsillo en busca de algo, pero al sentir que no hab¨ªa nada en sus bolsillos, retir¨® las manos con cautela y comento: ¡ªNo tengo la llave, ?Alguien recuerda donde la pusimos? ¡ªYo recuerdo como abrir esa caja¡­¡ªContest¨® el viejo inmediatamente sin dejar hablar a ninguno de sus familiares, mientras una sonrisa cada vez m¨¢s amplia se formaba en su rostro. ¡ª?D¨®nde est¨¢ la llave, abuelo?¡ªpregunt¨® Juan con curiosidad, mientras el resto de familiares miraba al anciano con expectativa. El abuelo mir¨® con cari?o a su nieto y dijo con una sonrisa muy alegre: ¡ªNo se abre con llave esa caja, tienes que decir el comando de voz para abrirla. La contrase?a es: ?Qu¨¦ rat¨®n se rob¨® mi queso?. Todos los familiares y criados miraron al abuelo diciendo esa tonter¨ªa; no obstante, Carlos mir¨® la caja en sus manos unos minutos y murmur¨® en voz baja: ¡ª?Qu¨¦ rat¨®n se rob¨® mi queso? *Puff* Tras decir la contrase?a, la cabeza de Carlos comenz¨® a inflarse como un globo hasta que explot¨® como una sand¨ªa rompi¨¦ndose en mil pedazos. Los trozos de cerebro de Carlos se desparramaron por todos los familiares que miraban con odio y desesperaci¨®n al cuerpo sin cabeza de Carlos, que no paraba de escupir sangre por su cuello como si de una fuente se tratase. *Puff,Puff,Puff,Puff,Puff* La cabeza de Ernesto y de todos los familiares fueron estallando en el acto, dejando solo al abuelo sonriendo a la distancia. El abuelo sac¨® un cuchillo de plata muy finamente decorado que siempre guardaba en su cintura y mientras admiraba los cuerpos sin cabeza de sus supuestos familiares, el viejo procedi¨® a levantar el cuchillo hasta su garganta. Acto seguido, el viejo, sin dudar, cort¨® su propia garganta de lado a lado; creando un manantial de sangre que envolvi¨® su desgastado cuerpo. Sin fuerzas para sostenerse, el viejo cay¨® del caballo. Desde el suelo, el viejo mir¨® al cielo contemplativamente a medida que dejaba que la sangre fluyera por su garganta. Lo ¨²ltimo que vio el viejo, antes de perder la conciencia, fue a los criados y trabajadores corriendo con desesperaci¨®n para tratar de salvarlo. 013-Interacciè´¸n con el Artefacto APD0032 Diez personas se encontraban trabajando en una sala con paredes completamente blancas y llena de maquinaria compleja. El suelo de la habitaci¨®n parec¨ªa estar compuesto de azulejos tambi¨¦n de color blanco y en el techo de la sala se encontraba una sola l¨¢mpara de metal oxidado que iluminaba toda la habitaci¨®n con una luz blanca. La l¨¢mpara parec¨ªa no funcionar de forma correcta porque parpadeaba constantemente, pero el personal que trabajaba en la sala no parec¨ªa preocuparse por la l¨¢mpara rota en absoluto y continuaban concentrados en sus tareas. Todos los trabajadores vest¨ªan batas blancas de laboratorio y una red para cabello, junto a un barbijo azulado y unos guantes de l¨¢tex tambi¨¦n azulado. Todas las batas de laboratorio ten¨ªan un parche cuadrado colocado en su pecho que dec¨ªa lo siguiente: ''Cient¨ªfico del laboratorio 019 del Instituto de investigaci¨®n paranormal de la fundaci¨®n A.P.D.'' Una de las paredes de la sala blanca estaba hecha completamente de cristal y permit¨ªa ver el interior de otra sala con paredes y pisos de hormig¨®n sin pintar y la misma l¨¢mpara en el techo. La mayor¨ªa de trabajadores en esta sala blanca miraban hacia la habitaci¨®n de hormig¨®n con diferentes instrumentos y los restantes anotaban las indicaciones de los trabajadores que observaban la sala de hormig¨®n. En la habitaci¨®n de hormig¨®n s¨¦ encontraban 6 sillas de metal oxidado. Todas las sillas estaban colocadas en forma de c¨ªrculo, por lo que las sillas apuntaban al medio del c¨ªrculo. En el medio del c¨ªrculo formado por sillas se encontraba un pedestal de madera podrida y llena de hongos. El pedestal de madera ten¨ªa un agujero en el medio, por lo que parec¨ªa que algo pod¨ªa meterse dentro de ¨¦l. Arriba del pedestal se hallaba un libro con cubiertas completamente negras y sin t¨ªtulo. El libro estaba en muy mal estado y parec¨ªa haberse ca¨ªdo al agua; sus p¨¢ginas parec¨ªan amarillentas y estaban muy arrugadas. ¡ª?Est¨¢ todo preparado para iniciar la interacci¨®n con el artefacto APD-0032?¡ªpregunt¨® uno de los cient¨ªficos de la habitaci¨®n blanca, mirando un bot¨®n blanco cubierto por un cristal colocado en una de las paredes. ¡ªSi¡ªContestaron unos cuantos cient¨ªficos al un¨ªsono, mientras giraban una llave que eran colocadas sobre las m¨¢quinas en las que trabajaban. Cuando todos los cient¨ªficos terminaron de girar sus llaves, el bot¨®n cubierto por el cristal pas¨® de tener un color blanco a verde. El cient¨ªfico que miraba el bot¨®n levant¨® el cristal que lo cubr¨ªa y presion¨® el bot¨®n verde, inmediatamente una puerta de metal oxidado se abri¨® en la habitaci¨®n de hormig¨®n. Por la puerta de metal oxidado entraron en la sala de hormig¨®n cuatro cient¨ªficos que vest¨ªan trajes para trabajar materiales peligrosos de color amarillo. Los cient¨ªficos se encontraban cargando una bolsa negra para cad¨¢veres y con sumo cuidado la colocaron en el piso al frente del pedestal. Acto seguido, uno de los cient¨ªficos comenz¨® a abrir la bolsa para cad¨¢veres mostrando un cuerpo con la cabeza abollada. El muerto era nada m¨¢s y nada menos que Thomas Smith. Cuando la bolsa se abri¨®, los cient¨ªficos vistiendo trajes amarillos miraron a la pared de cristal en busca de instrucciones. El hombre que hab¨ªa tocado el bot¨®n verde se acerc¨® a un escritorio con lentitud y se sent¨® c¨®modamente en la silla del escritorio. Acto seguido, el cient¨ªfico toco un bot¨®n negro en su escritorio. Con la mano presionando el bot¨®n, el cient¨ªfico dio una serie de instrucciones: ¡ªColoquen el cad¨¢ver en el agujero del pedestal. El cad¨¢ver debe ser colocado de cabeza y mientras realiza la tarea: no meta su mano en el agujero. Cuando terminen esperen instrucciones. En caso de que accidentalmente meta la mano en el agujero, le ser¨¢ apuntada con un l¨¢ser antes de que su vida corra riesgo. Al escuchar esas palabras, los cient¨ªficos de amarillo comenzaron a colocar el cad¨¢ver en el agujero con nerviosismo. Cuando la cabeza abollada de Thomas Smith entr¨® en el agujero de pedestal de madera, un olor putrefacto llen¨® la sala. You could be reading stolen content. Head to the original site for the genuine story. Inmediatamente, muchos brazos delgados comenzaron a surgir del interior del agujero del pedestal y ayudaron con el arrastre del cad¨¢ver hacia el interior. Los brazos parec¨ªan estar hechos de carne podrida y ten¨ªan la piel gris. Hab¨ªa muchos hongos coloridos creciendo por los brazos, por lo que no pod¨ªa distinguir claramente si eran brazos humanos o de alguna criatura desconocida. Los cient¨ªficos no se vieron afectados por el olor rancio debido a los trajes que vest¨ªan; no obstante, de vez en cuando un brazo dejaba de agarrar al cad¨¢ver y en su lugar intentaba agarrar a uno de los cient¨ªficos, pero el brazo parec¨ªa no poder salir del interior del pedestal. Por lo que los investigadores con traje amarillos estaban seguros mientras no metieran la mano en el interior del hueco por error. Cuando los cient¨ªficos lograron colocar todo el cad¨¢ver en el pedestal. El orificio del pedestal de madera comenz¨® a llenarse de hongos agujereados de color rojo como la sangre. Al ver la escena, los investigadores con trajes amarillos retrocedieron unos pasos y miraron el pedestal con cautela en la distancia. Cuando el agujero se bloque¨® completamente por los hongos, el libro en el pedestal comenz¨® a chorrear sangre y un t¨ªtulo apareci¨® en su cubierta negra el cual dec¨ªa: ''Thomas Smith'' Al ver que el libro cambiaba su cubierta, el cient¨ªfico sentado en el escritorio sonri¨® debajo de su barbijo y volvi¨® a presionar el bot¨®n, mientras dec¨ªa: ¡ªExcelente, la parte m¨¢s peligrosa de la interacci¨®n fue completada con ¨¦xito. Ahora les pido que se queden en la sala en un costado: pegado a una de las paredes, mientras aguardan m¨¢s instrucciones. El cient¨ªfico dej¨® de presionar el bot¨®n en su escritorio y pregunt¨® en voz alta: ¡ª¡ª?Est¨¢ todo preparado para iniciar la segunda fase de interacci¨®n con el artefacto APD 0032? ¡ªSi¡ªContestaron unos cuantos cient¨ªficos al un¨ªsono, mientras giraban una segunda vez la llave que estaban colocadas sobre las m¨¢quinas en las que trabajaban. El cient¨ªfico en el escritorio noto que el bot¨®n verde en la pared se tornaba de color rojo, por lo cual se acerc¨® a la pared y presion¨® el bot¨®n rojo. Inmediatamente, unas personas vestidas con atuendo militar entraron en la sala. La persona llevaba una m¨¢scara de gas, por lo cual su rostro no era visible y en el pecho del traje militar pod¨ªa encontrarse un parche cuadrado que dec¨ªa: ''Guardia X3-321- Instituto de investigaci¨®n paranormal de la fundaci¨®n A.P.D.'' El guardia se encontraba custodiando a una persona encadenada. La persona encadenada estaba vistiendo un uniforme blanco con rayas negras, por lo que se trataba de un prisionero condenado a muerte como Thomas Smith. Cuando el cient¨ªfico que hab¨ªa tocado el bot¨®n rojo en la pared, noto que el guardia hab¨ªa entrado, se aproxim¨® con lentitud y sin apuro a su escritorio como si esto fuera una operaci¨®n rutinaria para ¨¦l. Con toda la calma del mundo, el cient¨ªfico toco el bot¨®n de su escritorio y comento: ¡ªGuardia 321 coloqu¨¦ al recluso en una de las sillas de la habitaci¨®n y encadenado de pies y manos. Repita la tarea hasta que las 6 sillas est¨¦n llenas. Los cient¨ªficos en la sala revisar¨¢n que los reclusos est¨¦n correctamente encadenados mientras usted trabaja. No hay riesgos en esta operaci¨®n, ejecute la orden sin apuro y de forma correcta. El guardia sigui¨® la orden y encaden¨® al recluso en la silla. Mientras que el recluso estaba molesto por tener que ser encadenado y de vez en cuando insultaba a los cient¨ªficos y al guardia. El guardia fue trayendo una persona a la vez, por lo que se tard¨® bastante en encadenar a los 6 reclusos a sus sillas. Cuando todo se encontraba preparado, el cient¨ªfico en la sala blanca volvi¨® a tocar el bot¨®n y comento: ¡ªGuardia 321 puedes retirarte El cient¨ªfico esper¨® a que el guardia se retirara y continu¨® dando ¨®rdenes: ¡ªUstedes reclusos ya saben el contenido de la misi¨®n y los riesgos por fallar en esta etapa de la interacci¨®n con el artefacto. No obstante, la fundaci¨®n estuvo preparando a todos ustedes por unos meses para que puedan lograr completar la misi¨®n de manera exitosa. Les recuerdo que si consiguen completar la misi¨®n con ¨¦xito se les permitir¨¢ ser libres y salir de las instalaciones. Al escuchar esas palabras, todos los reclusos se miraron los unos a los otros con confianza. Los reclusos sab¨ªan que no ser¨ªa sencillo lograr completar el experimento, pero este experimento ven¨ªa con un boleto para escapar de su condena de muerte, por lo que todos los reclusos pusieron sus esperanzas en lograrlo. Al terminar de decir esas palabras, el cient¨ªfico en la sala blanca volvi¨® a tocar el bot¨®n y comento: ¡ªUno de los cient¨ªficos en la sala de hormig¨®n deber¨¢ abrir el libro en el pedestal y preguntar en voz alta: "?Cu¨¢l es la historia del observador investigado por Oliver Murphy?". Los otros tres cient¨ªficos se ir¨¢n de la sala antes de que se realice la pregunta. El cient¨ªfico notar¨¢ que los hongos que bloquean el agujero en el pedestal comienzan a desintegrarse. Sin apuro alguno, el investigador caminar¨¢ hacia la salida y cerrar¨¢ la puerta. No hay riesgos en esta operaci¨®n, ejecute la orden sin apuro y de forma correcta. 14-La historia que te cuentan. Tras escuchar las ¨®rdenes, los cuatro investigadores en la sala de hormig¨®n se miraron los unos a los otros hasta que uno de ellos habl¨® y dijo: ¡ªLo hago yo. Pero me invitan los tragos y las entradas para el partido de este s¨¢bado. ¡ªBueno, suerte en la misi¨®n¡ªRespondi¨® uno de los cient¨ªficos caminando hacia la puerta. Los otros dos cient¨ªficos tambi¨¦n comenzaron a caminar a la puerta para irse, dejando al cient¨ªfico que propuso completar la misi¨®n solo en la habitaci¨®n. El ¨²nico cient¨ªfico en la habitaci¨®n de hormig¨®n se acerc¨® hasta el libro con cubierta negra arriba del pedestal y observ¨® como todos los reclusos lo miraban con expectaci¨®n. Por razones de seguridad y para proteger sus estados mentales, a los cient¨ªficos de campo como ¨¦l nunca le contaban como terminaban los reclusos que participaban en los experimentos. Pero el cient¨ªfico en su mente siempre rezaba para que los reclusos salieran vivos y pudieran rearmar sus vidas. El cient¨ªfico mir¨® con atenci¨®n la cara de todos los reclusos para guardar sus rostros en su mente y rezar por la seguridad de todos ellos. Acto seguido el cient¨ªfico abri¨® el libro arriba del pedestal y pregunt¨® en voz alta: ¡ª?Cu¨¢l es la historia del observador investigado por Oliver Murphy? Las p¨¢ginas amarillentas y arrugadas del libro comenzaron a tornarse completamente negras y los hongos que cubr¨ªan el agujero del pedestal comenzaron a desintegrarse. No obstante, el cient¨ªfico no observ¨® esta escena, ya que ¨¦l se encontraba caminando con lentitud hacia la puerta. Una vez el cient¨ªfico lleg¨® hasta la puerta, procedi¨® a salir de la habitaci¨®n sin darse vuelta para observar qu¨¦ es lo que estaba ocurriendo detr¨¢s de ¨¦l. A case of content theft: this narrative is not rightfully on Amazon; if you spot it, report the violation. Los reclusos observaron con cierto temor y expectaci¨®n lo que estaba ocurriendo en el pedestal en medio del c¨ªrculo formado por las sillas en donde estaban sentados. Con lentitud los hongos fueron desintegr¨¢ndose, revelando nuevamente el agujero del pedestal. Cuando el orificio se revel¨®, un olor putrefacto invadi¨® la habitaci¨®n, d¨¢ndole ganas de vomitar a todos los reclusos. Inmediatamente, una niebla roja comenz¨® a salir del agujero del pedestal, dejando todo el piso de la habitaci¨®n de hormig¨®n llen¨® de niebla roja. Cuando la niebla llegaba hasta la altura de la cintura de los reclusos sentados, unas ara?as comenzaron a salir del agujero de hormig¨®n. Las ara?as eran peludas y completamente negras. El tama?o de las ara?as era anormalmente grande; siendo tan grandes como una gallina. En las espaldas de las ara?as crec¨ªa como unos tumores las cabezas de unas personas sin rostro. Con velocidad las ara?as salieron de agujero y corrieron hasta las personas sentadas en c¨ªrculo alrededor del pedestal. Sin darles tiempo a decir una sola palabra a los reclusos, las ara?as saltaron sobre los rostros de las personas y se pegaron a sus cabezas como par¨¢sitos usando sus patas. Cuando las 6 ara?as lograron pegarse a los rostros de los reclusos, entonces la cabeza sin rostro que estaba en la espalda de las ara?as comenzaron a adquirir rasgos faciales. Con lentitud, el rostro de Ernesto, Carlos, Juan , Mario, la esposa y la prometida se formaron en las espaldas de las ara?as. Cuando se completaron las transformaciones, el libro con hojas completamente negras comenz¨® a escribir en blanco la complicada historia de una familia que viv¨ªa en una estancia rural. 15-El curioso libro de cubierta negra. La mayor¨ªa de cient¨ªficos en la habitaci¨®n blanca utilizaban las m¨¢quinas e instrumentos de la habitaci¨®n para registrar la historia que se estaba narrando en las hojas negras del libro arriba del pedestal en la sala de hormig¨®n. Mientras que uno de los cient¨ªficos del grupo estaba usando una m¨¢quina bastante compleja para obtener las fotos de los rostros que se encontraban en la espalda de las ara?as. Al ver que las seis im¨¢genes hab¨ªan sido capturadas, la persona sentada en el escritorio se levant¨® con lentitud y se acerc¨® a la persona que hab¨ªa tomado las fotos, pregunt¨¢ndole: ¡ª?C¨®mo se llaman estas personas y donde viven? ¡ªNo est¨¢n en la base de datos, jefe¡ªRespondi¨® el cient¨ªfico de inmediato. ¡ª?C¨®mo que no est¨¢n en la base de datos?¡ªpregunt¨® el jefe con dudas¡ªEstos rostros deber¨ªan pertenecer a las personas que viven alrededor del observador. Son seres humanos corrientes, tienen que ser ciudadanos de alg¨²n pa¨ªs. ¡ªSeg¨²n el libro, la historia arranca en 1900, jefe¡ªComent¨® uno de los cient¨ªficos proyectando el primer p¨¢rrafo de la historia en el escritorio del jefe. ¡ªQue raro...¡ªComent¨® el jefe con sospechas¡ªDebe ser un error arrastrado por la memoria de Thomas Smith o el artefacto est¨¢ protegiendo parte de la identidad de este observador. El observador m¨¢s antiguo conocido vivi¨® tras la tercera guerra mundial, as¨ª que esa fecha est¨¢ mal. ¡ªPero el artefacto no depende de la memoria de Thomas Smith¡ªComent¨® el cient¨ªfico que hab¨ªa hablado. ¡ªTienes raz¨®n. No obstante, la memoria de Thomas Smith se usa de arranque...¡ªComent¨® el jefe con m¨¢s conocimientos en ese campo¡ªEsto puede provocar la aparici¨®n de algunos errores sobre datos muy espec¨ªficos en la historia narrada. ¡ªSi estas personas no est¨¢n en la base de datos, es porque vivieron antes del gran apag¨®n¡ªComento la persona que hab¨ªa tomado las fotos¡ªMurieron hace tiempo y encontrar informaci¨®n utilizando la base de datos actual es in¨²til. Tenemos que encontrar el pa¨ªs de estas personas y ver los cartuchos de informaci¨®n sobre ellos, solicitando al pa¨ªs en cuesti¨®n. ¡ªQue no est¨¦n vivas le resta mucho valor a esas personas...¡ªComent¨® el jefe algo molesto por la anormalidad de la situaci¨®n¡ªSi el observador sigue activo desde el gran apag¨®n, entonces lo m¨¢s probable es que se mantenga cerca de sus descendientes. ¡ªSer¨ªa el observador m¨¢s viejo que tratamos de localizar en este laboratorio...¡ªComent¨® uno de los cient¨ªficos con un tono bastante feliz¡ªPodr¨ªamos hacer un descubrimiento muy importante y ganar alg¨²n premio. ¡ªEso espero...¡ªComent¨® el jefe con una sonrisa debajo de su barbijo¡ªEsta misi¨®n de reconocimiento fue pedida por el consejo de actividad paranormal de la ONU, as¨ª que podr¨ªa tratarse de un observador interesante. ¡ªSeg¨²n los datos, el cad¨¢ver de Thomas Smith viene de Estados Unidos¡­¡ªComent¨® uno de los cient¨ªficos mirando unos papeles en su escritorio. ¡ªQue raro...¡ªComent¨® el jefe con una sonrisa oculta en su rostro, parec¨ªa que hace tiempo hab¨ªa tenido sospechas por esa misma informaci¨®n¡ªSi lo trajeron hasta Europa solo para hacer este procedimiento de rutina, entonces el observador podr¨ªa vivir o frecuentar los Estados Unidos. ¡ªPor el momento todo apunta a Argentina en el a?o 1900...¡ªComent¨® un cient¨ªfico proyectando varios p¨¢rrafos en el escritorio del jefe. ¡ªPodr¨ªas revisar si encuentras alg¨²n error en la ambientaci¨®n¡ªDijo el jefe con tono preocupado leyendo los p¨¢rrafos¡ªBusca peque?os detalles: como la tecnolog¨ªa de la ¨¦poca o sucesos hist¨®ricos del momento. ¡ªParece ser un error bastante grosero¡­¡ªRespondi¨® el cient¨ªfico¡ªLa ambientaci¨®n es de 1900 y por el momento los actores no notaron irregularidades en la ambientaci¨®n. Enjoying the story? Show your support by reading it on the official site. ¡ª?Nivel de sospecha en 20%!¡ªGrit¨® uno de los cient¨ªficos mirando varias gr¨¢ficas proyectadas en su escritorio. ¡ªAcabamos de arrancar: ??Qu¨¦ idiotez hicieron los reclusos?!¡ªGrit¨® el jefe mientras corr¨ªa a su escritorio y observaba unas cinco luces algo antiguas colocadas sobre su escritorio. Ahora hab¨ªa dos luces prendidas en color amarillo, mientras que antes solo hab¨ªa una luz verde. ¡ªLa causa del actual nivel de sospecha fue confundirse un sombrero¡ªComent¨® el cient¨ªfico que hab¨ªa hablado, mientras le¨ªa una tira de papeles que se estaban imprimiendo en la m¨¢quina que estaba usando¡ªParece que tenemos un paranoico, jefe. ¡ªQue mala suerte...¡ªComent¨® el jefe en voz baja, tom¨¢ndose la frente y masaje¨¢ndola con lentitud. Si el observador dudaba, los actores estaban haciendo una mala actuaci¨®n , por tanto, el artefacto se enoja y matar¨ªa a los reclusos. Un paranoico dudaba m¨¢s de la cuenta de todo el mundo, as¨ª que la situaci¨®n no era favorable para utilizar el artefacto. ¡ªJefe, este observador no sabe que es un observador¡ªComent¨® uno de los cient¨ªficos leyendo un p¨¢rrafo proyectado en su escritorio. Inmediatamente, todos en la sala dejaron de trabajar y miraron al cient¨ªfico que hab¨ªa dicho eso como si hubiera invocado al diablo. ¡ª?No se distraigan por las ideas de los dem¨¢s!¡ªGrit¨® el jefe con enojo al ver que todos paraban de trabajar¡ªSi es un observador de antes del gran apag¨®n, eso podr¨ªa ocurrir... por desgracia. ¡ªPero si no sabe que es un observador: se podr¨ªa estar confundiendo la realidad con el otro mundo¡ªComent¨® uno de los cient¨ªficos con aturdimiento¡ªEl observador va a pensar que todas las personas que lo rodean son bestias disfrazadas todo el tiempo. ¡ªS¨ª...¡ªComent¨® el jefe reflexivamente¡ªPero eso tambi¨¦n es una ventaja: si el observador duda de todos siempre, entonces siempre dudara de las personas que lo rodean y le ser¨¢ dif¨ªcil notar la verdad. ¡ªYa tenemos los perfiles y la historia de todos los personajes¡ªComent¨® uno de los cient¨ªficos¡ªPero jefe, realmente parecen estar en 1900, seguimos sin notar anomal¨ªas. No obstante, las descripciones brindadas por el artefacto son algo vagas como poder definir qu¨¦ ocurre. ¡ª?Cu¨¢l es el porcentaje de realismo?¡ªpregunt¨® el jefe con dudas al escuchar. ¡ªSe est¨¢ estabilizando en: 2.5%¡ªComent¨® uno de los cient¨ªficos mirando la reacci¨®n de su jefe al escuchar la cifra anormalmente baja. El jefe vio que todos lo miraban, como esperando ver su reacci¨®n, y era correcto que as¨ª fuera, porque con este porcentaje de realismo ni siquiera los reclusos conocer¨¢n los nombres de los personajes a los cuales representaban. Agotado por la investigaci¨®n anormalmente compleja, el jefe se sent¨® en su escritorio y pregunt¨® en voz baja tratando de mantenerse controlado: ¡ª?Cu¨¢l es el porcentaje de distorsi¨®n? ¡ªEs muy bueno, en nivel de distorsi¨®n se encuentra en 0.75% y sigue bajando¡ªComent¨® uno de los cient¨ªficos¡ªCon estos niveles podemos asegurarnos que lo poco que obtendremos en esta experiencia acerca de este observador es verdadero. ¡ª?Oyeron a su compa?ero! ?No se pierdan una sola coma!¡ªGrit¨®, el jefe m¨¢s emocionado, pero entonces una duda surgi¨® en su mente y uno de los cient¨ªficos se la remarco por ¨¦l. ¡ªEntonces realmente la historia transcurre en 1900...¡ªComent¨® con lentitud el cient¨ªfico que hab¨ªa tomado las fotos. Acto seguido, con cierto apuro, el cient¨ªfico busc¨® algo en sus bolsillos y sac¨® una moneda. El cient¨ªfico puso la moneda en la mesa y la hizo girar e ignor¨® a todos sus compa?eros que lo miraran como si fuera un lun¨¢tico. El jefe mir¨® la acci¨®n del cient¨ªfico con enojo, pero discretamente una de sus manos se hund¨ªa en el bolsillo de su bata de laboratorio y tocaba una pir¨¢mide con sus guantes de l¨¢tex. El jefe se qued¨® toc¨¢ndola unos cuantos segundos hasta que lentamente retir¨® la mano y coment¨® con algo de enojo: ¡ªLa historia de este observador podr¨ªa ser el mayor descubrimiento de nuestras vidas.No obstante, me parece bastante exagerado dudar as¨ª de nosotros, Marcos. Pero el cient¨ªfico ignor¨® la voz de su jefe y sigui¨® mirando la moneda hasta que finalmente cay¨® sobre la mesa. Al ver que todo andaba bien, Marco guard¨® con cuidado la moneda e ignor¨® la queja de su jefe mientras segu¨ªa trabajando. Muchos cient¨ªficos en la sala se fueron dando cuenta del problema, sacaron objetos similares y de forma algo m¨¢s disimulada comprobaron su situaci¨®n. ¡ªRealmente son unos idiotas...¡ªComent¨® el jefe aparentando no haberse preocupado por lo mismo. Pero la realidad que el jefe sab¨ªa m¨¢s que nadie en esta habitaci¨®n es que: si este fuera un descubrimiento revolucionario acerca del m¨¢s antiguo observador conocido hasta la fecha, entonces el jefe estaba 100% seguros de que cuando muriera, alguien usar¨ªa el artefacto para revivir este momento y guardar los registros. 16-Fin del la interacciè´¸n. Pasaron las horas y los cient¨ªficos siguieron reuniendo informaci¨®n con sus m¨¢quinas. A estas alturas, ya no hab¨ªa dudas en el equipo de trabajo con respecto a la antig¨¹edad del observador a analizar, por lo que todos estaban bastante emocionados por el descubrimiento que realizaron. Sin embargo, el jefe del equipo de cient¨ªficos estaba preocupado y a medida que pasaba el tiempo sus preocupaciones no hac¨ªan m¨¢s que incrementarse. Actualmente, hab¨ªa tres luces de color naranja prendidas en el escritorio del jefe, lo cual indicaba que el nivel de sospecha estaba en un 40%. Si se prend¨ªa la cuarta luz, la muerte de los reclusos ser¨ªa inminente, por lo que el jefe del grupo de cient¨ªficos estaba poni¨¦ndose cada vez m¨¢s nervioso a medida que pasaba el tiempo y el nivel de sospecha no bajaba. ¡ª?Lograste completar tu nueva tarea, Marco?¡ªpregunt¨® el jefe mirando al cient¨ªfico que hab¨ªa tomado las fotos. Dado que el observador estuvo activo en el a?o 1900, era imposible obtener informaci¨®n para rastrearlo por medios digitales o usando los cartuchos que registraban la informaci¨®n previa al gran apag¨®n, por lo que le hab¨ªa asignado otra tarea a este cient¨ªfico. ¡ªLa estoy completando, pero el resultado es inservible¡­¡ªComent¨® Marco con preocupaci¨®n, su tarea era bastante importante para todo el equipo¡ªPor el momento el abuelo de la historia ¨²nicamente es sospechoso de ser un observador. Pero sin pruebas contundentes no podremos validar nuestra idea de que los observadores existieron antes de la tercera guerra mundial. ¡ªLa gente dir¨¢ que el viejo solo es un lun¨¢tico corriente...¡ªComent¨® uno de los cient¨ªficos con bastante frustraci¨®n¡ªA todos los gobiernos les resulta conveniente pensar que los eventos paranormales comenzaron justo al inicio de la guerra nuclear. El jefe de los cient¨ªficos estaba preocupado por lo mismo y el tiempo parec¨ªa estar agot¨¢ndose a los reclusos, por lo que cada vez estaba m¨¢s preocupado. El grupo de cient¨ªficos est¨¢ al borde del descubrimiento de sus vidas; no obstante, no ten¨ªan manera de comprobarlo por el momento. Tratando de transmitir tranquilidad, el jefe coment¨® con calma: ¡ªLos supervivientes de la guerra nuclear necesitaban encontrar excusas para justificar las idioteces que se cometieron en esos tiempos de guerra. Y las criaturas paranormales fueron una gran excusa para todos nuestros antepasados. Pero la realidad es que hay muchas pruebas en la cultura de 1900 al 2100 que indican la presencia de eventos paranormales muy similares a los actuales. Con este observador podr¨ªamos validarlas, lamentablemente por el momento nuestro querido abuelo ¨²nicamente es un viejo muy peculiar. ¡ª?60%!¡ªGrit¨® uno de los cient¨ªficos, arruinando la tranquilidad que el jefe buscaba transmitir. ¡ª?Mierda!¡ªMaldijo el jefe, mientras golpeaba la mesa con su mano y miraba como cuatro luces se iluminaban en su escritorio con color rojo¡ª?Qu¨¦ pas¨® ahora? ¡ªNo lo s¨¦, me parece que la historia tiene sentido¡ªComent¨® el cient¨ªfico¡ªEl padre est¨¢ mal y sus hijos se preocupan por ¨¦l. Sus hijos le acaban de decir al viejo su plan de mandarlo a un manicomio y los niveles de desconfianza est¨¢n volando por las nubes. ¡ªDebe haber un problema con la actuaci¨®n de los reclusos...¡ªComento el jefe en voz baja, con decepci¨®n; lamentablemente la ley de la uni¨®n europea los obligaba a usar presos con pena de muerte y no actores profesionales, por lo que los defectos ocurrir¨ªan y retrasar¨ªan la investigaci¨®n. ¡ª?Jefe, encontr¨¦ algo!¡ªGrit¨® Mario con tono alegre. Todos dejaron de trabajar y miraron el p¨¢rrafo que se proyectaba en el escritorio del jefe. ¡ª?Qu¨¦ tiene de especial este p¨¢rrafo?¡ªpregunt¨® el jefe sin comprender la emoci¨®n de su subordinado. ¡ªEl padre teme que sus hijos vivan en Inglaterra por los eventos futuros que ¨¦l conoce¡ªComent¨® Mario¡ªLa historia se narra en 1900, se acerca la primera y la segunda guerra mundial: as¨ª que el abuelo no quiere tener familiares en Europa, por eso debe haber tra¨ªdo a los hijos de su hermano de Italia. ¡ªTienes raz¨®n: ?Pero el idiota del recluso no lo est¨¢ mencionado!¡ªMaldijo, el jefe; la oposici¨®n a la hip¨®tesis planteada por ellos ser¨ªa atroz, por lo que el jefe necesitaba fuertes fundamentos para que la comunidad cient¨ªfica acepte su idea. ¡ªLos reclusos ¨²nicamente tienen la misi¨®n de actuar de la mejor manera posible¡ªComent¨® uno de los cient¨ªficos; era bastante viejo y todos se callaron para escucharlo, por lo que parec¨ªa ser bastante importante para este grupo de cient¨ªfico¡ªCuanto mejor act¨²en: m¨¢s alargan su vida y m¨¢s informaci¨®n se re¨²ne. La misi¨®n secundaria es reunir informaci¨®n del observador de manera directa... If you spot this tale on Amazon, know that it has been stolen. Report the violation. El viejo se tom¨® una pausa, pero todos permanecieron en silencio para escuchar sus palabras: ¡ªPor lo que los reclusos no saben que tienen que verificar que es un observador. Si esta misi¨®n falla es porque la fundaci¨®n no prepar¨® bien esta investigaci¨®n y descubrimos de casualidad esta informaci¨®n. No se culpen tanto por la idiotez de los dem¨¢s; incluso si no podemos comprobar nuestra idea, seremos reconocidos como los primeros en plantear esta hip¨®tesis y en el futuro alguien la comprobar¨¢ por nosotros. ¡ª?Brillantes palabras, doctor M¨¹ller!¡ªFelicit¨® el jefe, en parte por la obligaci¨®n debido a la identidad de la otra persona y en parte porque las palabras lo ayudaron a mantener la calma. El doctor M¨¹ller era un cient¨ªfico bastante importante de la ¨¦poca que hab¨ªa investigado los eventos paranormales cuando a¨²n era ilegal hacerlo; en dichas ¨¦pocas la comunidad cient¨ªfica ten¨ªa que hacer toda sus investigaciones en secreto para as¨ª lograr ayudar a la humanidad a descubrir la verdad sobre estos eventos paranormales; no obstante, actualmente doctor M¨¹ller estaba retirado y trabajaba en la fundaci¨®n como miembro ad hon¨®rem, es decir, sin cobrar y donando su sueldo a la fundaci¨®n para que pueda continuar con sus investigaciones independientes. El Doctor M¨¹ller agradeci¨® el cumplido y continu¨® con sus ideas: ¡ªIncluso si fracasamos podr¨ªamos obtener m¨¢s informaci¨®n del observador si consultamos los registros matrimoniales de la iglesia en 1900. A diferencia de los gobiernos, la iglesia frecuenta guardar copias originales en libros manuscritos. Adem¨¢s, usando el registro de bautismo y algo de informaci¨®n local podr¨ªamos hallar el apellido del observador y simplificar la b¨²squeda. Conocemos la localizaci¨®n de la ciudad donde vivi¨® el observador y en esas ¨¦pocas a lo mucho hab¨ªa una iglesia por ciudad. ¡ª?Y si no bautizaron a sus hijos? Son los ¨²nicos nombres que tenemos¡ªComent¨® uno de los cient¨ªficos con preocupaci¨®n. ¡ªEra 1900: la familia si o si bautiz¨® a sus hijos¡ªComent¨® Marco: que era el que m¨¢s se ha especializado en conocimientos hist¨®ricos ¡ªEn esa ¨¦poca la iglesia segu¨ªa siendo importante. Luego, al acercarse a los a?os 2000, la influencia de la iglesia fue decayendo con el auge de la cultura liberal y tras la tercera guerra mundial el auge de la iglesia super¨® al de la edad media nuevamente, ¨²ltimamente est¨¢ decayendo con la cultura liberal hacia el mundo paranormal. ¡ªEl problema es que los registros sigan estando¡­¡ªComent¨® el Doctor M¨¹ller buscando no aumentar tanto las expectativas¡ªPas¨® m¨¢s de 500 a?os, podr¨ªan no aguantar tanto los archivos. Lo m¨¢s fundamental es que cuando planteemos la idea habr¨¢ m¨¢s cient¨ªficos en todo el mundo aportando sus experiencias y... ¡ª?Nivel de sospecha en 80%!¡ªInterrumpi¨® un cient¨ªfico gritando con todo su pulm¨®n. El jefe de los cient¨ªficos baj¨® la cabeza para mirar las luces en su escritorio, pero antes de poder preguntar qu¨¦ hab¨ªa ocurrido, una serie de explosiones comenzaron a escucharse en la sala de hormig¨®n. Las ara?as en la cabeza de los reclusos comenzaron a cerrar sus patas, haciendo estallar las cabezas de los prisioneros como si fueran sand¨ªas, manchando toda la sala de hormig¨®n con pedazos de cerebro y sangre. Luego de asesinar a los reclusos, las ara?as corrieron hacia el agujero del pedestal. Cuando la ¨²ltima de las ara?as entr¨®, el libro en el pedestal s¨¦ cerr¨® con violencia, mostrando que el t¨ªtulo en la cubierta negra hab¨ªa desaparecido. ¡ª?Qu¨¦ ocurri¨®?¡ªpregunt¨® el jefe con algo de pena por la muerte de todos los reclusos; pero el jefe tampoco se sent¨ªa tan mal: ya que los prisioneros estaban condenados a muerte y al menos murieron para ayudar a la humanidad a seguir progresando. ¡ªMe temo que la respuesta es in¨²til: saltamos a una distorsi¨®n de 100%¡ªComento un cient¨ªfico con preocupaci¨®n, mientras proyectaba la ¨²ltima hoja del libro. ¡ªY vivieron felices para siempre...¡ªMurmur¨® el jefe mientras le¨ªa esa frase repetida un sin fin de veces¡ª?Esto es la ¨²ltima p¨¢gina? ?100% de distorsi¨®n? ?Cu¨¢l es la base de ese porcentaje? ¡ªLa base es esa misma frase¡ªComent¨® el cient¨ªfico especializado en medir el nivel de distorsi¨®n en este tipo de artefactos¡ªSi el artefacto estaba interesado en la historia y nota que uno de los actores es burlado por uno de los personajes narrados en el cuento: entonces simplemente no cuenta el final de la historia y salta la distorsi¨®n a 100%. ¡ª?Un nivel tan alto de distorsi¨®n sirve de prueba para justificar que es un observador?¡ªPregunt¨® el jefe, disgustado por no saber el motivo exacto por el que murieron los reclusos ¡ªMe temo que no¡­¡ªComent¨® el cient¨ªfico en voz baja; no quer¨ªa informar lo siguiente, pero su obligaci¨®n como cient¨ªfico era contar la verdad¡ªDe hecho, podr¨ªa servir como excusa para invalidar toda nuestra investigaci¨®n ¡ªDir¨¢n que el artefacto estaba fallando¡­¡ªMurmur¨®, el jefe del equipo de cient¨ªficos con tristeza, entendiendo el problema. Realmente los intereses eran demasiado grandes: mucho odio se hab¨ªa creado en la tercera guerra mundial y empujar ese odio hacia lo paranormal fue la clave de la supervivencia humana; siendo el odio a lo paranormal lo ¨²nico que une a los vencedores y perdedores de la gran guerra. Esta investigaci¨®n podr¨ªa avivar el fuego de ese odio que fue ocultado de la historia por los ganadores de la guerra. Al fin al cabo, aun pasando casi 300 a?os, siguen habiendo personas que nacen con deformidades y enfermedades producidas tras la guerra m¨¢s atroz que vio la humanidad hasta estas fechas. ¡ªBueno, de toda forma publicaremos nuestro descubrimiento¡ªComent¨® el jefe tratando de animarse y animar a sus subordinados¡ªPor m¨¢s que la sociedad actual no quiera creernos, no por ello privaremos a las sociedades futuras de nuestro descubrimiento. Hicieron un gran trabajo, chicos. 17-El comienzo de la historia. Estamos en 1901, en Londres,Inglaterra. En el interior de una habitaci¨®n cuadrada con paredes y pisos de hormig¨®n. La habitaci¨®n contaba con una l¨¢mpara de aceite que se encontraba bastante oxidada por el tiempo y el uso. La l¨¢mpara estaba ubicada en el techo de la habitaci¨®n e iluminaba toda la habitaci¨®n con una tenue luz amarillenta que parpadeaba de vez en cuando. Adem¨¢s de la l¨¢mpara, la habitaci¨®n ten¨ªa una cama de metal oxidado con colchas en mal estado y s¨¢banas desgastadas con el tiempo. Tambi¨¦n hab¨ªa un cubo de metal oxidado que se usaba fundamentalmente para hacer las necesidades. La habitaci¨®n solo ten¨ªa una puerta hecha de metal oxidado. La puerta parec¨ªa estar especialmente dise?ada para que la persona de afuera de la habitaci¨®n pudiera ver el interior a trav¨¦s de unas rejas y tambi¨¦n contaba con orificio para poder ingresar una bandeja. Todo parecer¨ªa indicar que nos encontramos en una c¨¢rcel, pero la cruel realidad es que esto era un manicomio en la d¨¦cada de 1900 . Aunque para ser m¨¢s justos con la historia habr¨ªa que detallar que esta era la habitaci¨®n solitaria para pacientes hist¨¦ricos o nerviosos que pod¨ªan poner en riesgo al personal. En la habitaci¨®n exclusivamente hab¨ªa una persona muy vieja. El anciano ten¨ªa un pelo blanco muy desprolijo y escaso en su cabeza. En su rostro ten¨ªa una barba blanca bastante exuberante y desprolija que ocultaba su boca y su ment¨®n. Los ojos del hombre eran celestes y el viejo estaba vistiendo una camisa blanca acolchada y unos pantalones blancos acolchados. Por el lugar deprimente y solitario donde se encuentra el anciano, todos pensar¨ªan que el viejo deber¨ªa estar triste. Pero una sonrisa muy amplia se encontraba formada en el rostro del anciano y eso era porque finalmente viv¨ªa feliz y sin preocupaciones. A esta altura de la vida este anciano solo ten¨ªa una preocupaci¨®n en su vida y era lastimar a sus familiares por error, pero en este sitio el viejo nunca m¨¢s ver¨ªa a sus familiares, por lo que finalmente hab¨ªa logrado sacarse un gran peso de encima. El viejo siempre quiso abandonar a su familia para evitar esa posible tragedia, pero el dolor que le producir¨ªa abandonar a su esposa no le permit¨ªa escapar de su familia. Cuando su esposa muri¨®, ya nada reten¨ªa al anciano de escapar de sus temores, salvo una cuesti¨®n fundamental y es que cuando la esposa del anciano falleci¨®, ¨¦l ya era muy viejo y no ten¨ªa la misma fuerza que en su juventud para abandonar a su familia. Por lo que el anciano hab¨ªa decidido confiar en que no ocurrir¨ªa nada malo y plane¨® vivir con su hijo mayor los pocos a?os que le quedaban de vida. No obstante, sus hijos ten¨ªan otros planes y al notar lo mal que estaba viviendo su padre, sus hijos decidieron mandarlo a vivir a un manicomio a Inglaterra. Love this story? Find the genuine version on the author''s preferred platform and support their work! Al saber esta historia, las dudas surgen de inmediato y de forma natural: ?Por qu¨¦ los hijos mandaron a su padre a un manicomio que aparentaba ser una c¨¢rcel? La respuesta es sorprendente, porque la realidad es que el viejo viviendo en esta celda era nada m¨¢s y nada menos que el actual due?o del manicomio: sus hijos directamente le hab¨ªan comprado todas las instalaciones a su padre y de esa forma se garantizar¨ªan que su padre se sienta como en casa en el manicomio. Porque la realidad es que esta era su nueva casa. La raz¨®n por la que el viejo viv¨ªa en esta celda, era porque le agradaba esta habitaci¨®n peque?a, cerrada, segura e inalterable. En esta habitaci¨®n el anciano se sent¨ªa c¨®modo; en una habitaci¨®n con los colchones rotos y las s¨¢banas desgastadas,con las paredes de hormig¨®n sin pintar y con la luz amarillenta de l¨¢mpara de aceite inundando toda la habitaci¨®n. Solo faltaba un ¨²nico detalle para que la habitaci¨®n fuera perfecta en la mente del anciano, pero ese detalle todav¨ªa estaba en construcci¨®n, por lo que el viejo tendr¨ªa que esperar unos d¨ªas m¨¢s para poder ver la habitaci¨®n que su mente consideraba perfecta. En unos pocos d¨ªas el manicomio ser¨ªa unos de los pocos edificios de toda Inglaterra en contar con luz el¨¦ctrica, la cual era muy poco frecuente, ya que la iluminaci¨®n a base de gas era la reina de estas eras. Cuando el manicomio del viejo cuente con electricidad, el viejo finalmente podr¨ªa instalar una l¨¢mpara oxidada en el techo que ilumine con luz amarillenta las paredes de hormig¨®n de este cuarto. De esa forma, el viejo finalmente lograr¨ªa ser realmente feliz, extremadamente feliz, ya que el viejo vivir¨ªa donde siempre dese¨® vivir: ??El viejo vivir¨ªa en la habitaci¨®n de sus sue?os!! El abuelo actualmente se encontraba tarareando una canci¨®n con felicidad. En las manos del viejo se encontraba un trozo de carb¨®n y sin mucha habilidad el anciano se encontraba realizando un dibujo en la pared de m¨¢rmol. El anciano tir¨® el trozo de carb¨®n al piso y admiro el dibujo creado en la pared: era una puerta peque?a y algo torcida. La puerta estaba muy vagamente dibujada y no ten¨ªa ning¨²n detalle m¨¢s que un pomo dibujado en forma de c¨ªrculo; que era lo ¨²nico que serv¨ªa para diferenciar la puerta de un cuadrado. Tras admirar su creaci¨®n, el viejo acerc¨® su mano al c¨ªrculo dibujado como si pudiera tomarlo, pero obviamente su mano se choc¨® con la pared. No obstante, el viejo no se rindi¨® y volvi¨® a acercar su mano para tomar el pomo dibujado, pero la mano del viejo solo choc¨® con la fr¨ªa pared de hormig¨®n. El viejo sigui¨® intentando por un rato, parec¨ªa que hab¨ªa perdido la cabeza, pero en su intento n¨²mero 12 la situaci¨®n cambi¨®: ??La mano del viejo se hundi¨® en la pared de hormig¨®n!! El viejo retir¨® su mano hundida en el hormig¨®n con algo de esfuerzo y cuando logr¨® sacar la mano completamente, el pomo de la puerta dibujado cutremente se ve¨ªa atrapado en su mano. Con lentitud, el viejo tir¨® del pomo y la puerta dibujada en la pared comenz¨® a abrirse mostrando un pasillo de tierra infinitamente largo. ¡ªAc¨¢ viene el sol, muchachos...¡ªMurmur¨®, el viejo, parafraseando la canci¨®n que estaba tarareando mientras dibujaba¡ªVeamos a qu¨¦ pobres diablos me encuentro en esta ocasi¨®n... Acto seguido,el viejo se agach¨® y se meti¨® por la peque?a abertura creada en la pared de hormig¨®n. Dentro del pasillo de tierra, el anciano cerr¨® la puerta en sus espaldas y comenz¨® a gatear por el oscuro pasillo rumbo a lo desconocido. 18-Transiciè´¸n El viejo gate¨® por el pasillo de tierra por unos cuantos minutos. La oscuridad era absoluta; al punto que el viejo no pod¨ªa ver sus propias manos tocando la fr¨ªa y h¨²meda tierra. Hac¨ªa bastante fr¨ªo en el pasillo y un viento helado surg¨ªa de la espalda del viejo constantemente; lo cual provocaba que el cuerpo del anciano no paraba de temblar, por suerte la c¨®moda camisa de algod¨®n que vest¨ªa el viejo lo ayudaba a combatir un poco con el fr¨ªo que hac¨ªa en el t¨²nel de tierra. El lugar de donde proven¨ªa ese viento siempre fue desconocido para el anciano; dado que el viejo recordaba haber cerrado la puerta en su espalda. Pero el anciano nunca se anim¨® a darse la vuelta en este t¨²nel, por lo que en toda su vida nunca descubri¨® que pasaba si iba en la direcci¨®n donde proven¨ªa el viento helado. Luego de gatear por un rato m¨¢s por el t¨²nel, el viejo vislumbr¨® que hab¨ªa una fuente de luz en el horizonte: extra?amente uno solo pod¨ªa ver esa luz si se acercaba lo suficiente. El viejo gateo hacia esa luz con lentitud; el anciano no estaba apurado: ¨¦l sab¨ªa que el tiempo nunca fue un problema del cual preocuparse. Al llegar hasta la fuente de la luz, el anciano lleg¨® a una bifurcaci¨®n, por tanto, hab¨ªa dos caminos posibles. Un camino iba hacia la derecha y estaba completamente oscuro. El otro camino iba hacia la izquierda y estaba iluminado por unas flores blancas que crec¨ªan en el pasillo. Las flores eran muy similares a una flor de jazm¨ªn y ten¨ªan un rico aroma a vainilla. Pero lo m¨¢s importante de las flores eran que daban luz y eran la fuente de luz que el anciano pudo ver en la distancia. The tale has been illicitly lifted; should you spot it on Amazon, report the violation. Sin mucha duda, el viejo gateo por el t¨²nel con flores. El viejo hace mucho hab¨ªa ido por el camino oscuro, pero el resultado era t¨¦cnicamente el mismo: ya que el t¨²nel oscuro solo te dirig¨ªa a otra bifurcaci¨®n en donde uno pod¨ªa ir a la izquierda o a la derecha y uno de los dos caminos estar¨ªa iluminado con las mismas flores. Si eleg¨ªas el camino oscuro, entonces buscar¨ªan otra bifurcaci¨®n y si eligieras el iluminado, entonces saldr¨ªas del t¨²nel. La raz¨®n por la que el resultado era t¨¦cnicamente el mismo y no exactamente el mismo era porque el viejo nunca sal¨ªa por el mismo sitio. Por tanto, el resultado final no cambiaba nunca: siempre el anciano tomar¨ªa la decisi¨®n de elegir entre una salida aleatoria y otra salida aleatoria. El viejo gateo por el t¨²nel iluminado hasta que pudo observar una puerta manchada con barro y llena de musgo en la distancia. El viejo gate¨® hasta la puerta y al llegar observ¨® la puerta con cuidado; ya que la puerta nunca era la misma. Como la puerta estaba muy manchada, el viejo us¨® las mangas de su camisa para remover el barro y sus dedos para ir sacando el musgo que crec¨ªa sobre la puerta. A medida que el viejo trabajaba en remover la suciedad, una puerta de metal comenz¨® a revelarse en la pared del t¨²nel. La puerta de metal no estaba oxidada, sino que estaba en perfecto estado a pesar de su suciedad, parec¨ªa ser la puerta de una caja fuerte y ten¨ªa una rueda de metal similar al tim¨®n de un barco en medio de la puerta. El viejo arranc¨® algunas flores de la pared del t¨²nel y las us¨® para iluminar mejor la puerta; no obstante, no hab¨ªa nada m¨¢s en ella que pudiera llamar la atenci¨®n del anciano. Acto seguido, el viejo puso sus dos manos sobre la rueda de metal y comenz¨® a girar la rueda provocando que la puerta se abriera. Viendo la salida del t¨²nel, el viejo con algo de expectativa sali¨® para encontrarse con lo que hab¨ªa en el otro lado. 19-Un lugar misterioso. Al salir de la puerta el viejo mir¨® a su habitaci¨®n con cautela, aunque ya no era tan viejo, de hecho ni siquiera era viejo: ??Era joven otra vez!! Lo que antiguamente era un anciano decr¨¦pito en sus ¨²ltimos d¨ªas, ahora era un joven lleno de vida de entre 18-25 a?os. El cabello del joven era amarillo como el sol y sus ojos celestes ten¨ªan algo m¨¢s de brillo. El joven ya no vest¨ªa la camisa de algod¨®n blanca similar a un pijama que usaba de viejo, sino que en su lugar el joven llevaba puesta una camisa azulada, una boina, un pa?uelo rojo y unos pantalones atados con un cintur¨®n de cuero bastante gastado. Entre el cintur¨®n y el pantal¨®n se encontraba la faja de un cuchillo y los pies del joven ya no estaban descalzos, sino que en su lugar se encontraban unas botas de cuero largas. Esta era la ropa que el viejo hab¨ªa utilizado de joven para trabajar el campo por muchos a?os, por lo que su estado estaba bastante desgastado y sus colores ya no eran tan brillantes. El joven no parec¨ªa estar sorprendido por el rejuvenecimiento, ni por la nueva ropa. Siempre que el muchacho visitaba este sitio pasaba lo mismo. Lo que s¨ª preocupaba al joven era el sitio donde hab¨ªa aparecido, el cual cambiaba en cada ocasi¨®n que sal¨ªa del t¨²nel. En esta oportunidad el joven hab¨ªa salido en una habitaci¨®n cuadrada del tama?o de un living y de hecho se trataba de un living... Las cuatro paredes de la habitaci¨®n estaba tapizadas con un patr¨®n de flores blancas con fondo amarillo, por lo cual la mayor parte de la pared era amarilla, el piso de la habitaci¨®n era de madera pulida. Hab¨ªa una ¨²nica l¨¢mpara en el techo que iluminaba toda la habitaci¨®n con una c¨¢lida luz amarillenta. Enjoying the story? Show your support by reading it on the official site. En la habitaci¨®n hab¨ªa dos sillones rojos para una persona, un sill¨®n largo de color rojo para varias personas y una mesa para living de madera, los sillones estaban posicionados para formar un cuadrado alrededor de la mesa y en extremo libre se encontraba un televisor de los a?os 70. En la habitaci¨®n tambi¨¦n pod¨ªa hallarse un mueble con varios cajones. Sobre de dicho mueble solo se encontraba un tel¨¦fono arriba de una alfombra roja. El tel¨¦fono parec¨ªa ser de los a?os 70, por lo cual el dispositivo contaba con disco marcador y un extremo para hablar tan grande como un zapato. En la pared arriba del mueble estaba colocado un espejo para poder verse el rostro. Si bien hab¨ªa varios dispositivos electr¨®nicos de la ¨¦poca de los 70, lo cuales eran futuristas para el joven, estos dispositivos electr¨®nicos no parec¨ªan estar llamando la atenci¨®n del muchacho en estos momentos. En su lugar, lo que m¨¢s llamaba la atenci¨®n del joven era la puerta de este living. La puerta del living era exactamente la misma puerta de la caja fuerte que hab¨ªa usado para salir del t¨²nel; no obstante, esta puerta ten¨ªa un tama?o normal, por lo que no tendr¨ªas que entrar agachado. Al investigar con atenci¨®n la sala, el joven noto que la puerta del t¨²nel por la que hab¨ªa salido comenzaba a desaparecer en la pared y en su lugar comenzaba aparecer el mismo tapizado amarillo con flores blancas que se encontraba en toda la habitaci¨®n. El joven no se asust¨® porque su ¨²nica salida se desvanec¨ªa, pero si se puso algo m¨¢s nervioso porque sab¨ªa que era lo que estaba a punto de pasar. Con apuro, el joven se acerc¨® a uno de los sillones rojos y se sent¨® con comodidad. Sentado en el sill¨®n, el joven toc¨® el cuchillo de plata guardado en su fajo como para recordarse donde lo hab¨ªa puesto y se qued¨® esperando a que la puerta del t¨²nel desaparezca por completo. 20-Las persona encerradas. Pas¨® el tiempo y la puerta del t¨²nel termin¨® de desaparecer. Provocando que el joven sentado en el sill¨®n mirara a las paredes de la habitaci¨®n con cierta expectativa. Fue entonces cuando en las paredes de la habitaci¨®n comenzaron a formarse cuatro puertas de madera de tama?o regular. Todas las puertas permanecieron cerradas y el joven no se levant¨® para abrirlas, sino que las miro con calma. ¡ªSolo 4 puertas...¡ªMurmur¨®, el joven con cierta pena; al parecer esperaba un mayor n¨²mero de puertas. Antes de que el joven pudiera seguir hablando solo, una de las puertas de la habitaci¨®n se abri¨® de golpe con violencia y una mujer entr¨® asustada a la habitaci¨®n. La mujer no malgasto tiempo en ver que hab¨ªa en la habitaci¨®n y en su lugar cerr¨® la puerta con violencia como buscando evitar que algo de afuera pudiera entrar a la habitaci¨®n. Cuando la puerta s¨¦ cerr¨®, la puerta se hundi¨® y el tapizado apareci¨® en su sitio, dejando a la joven atrapada en la habitaci¨®n. El joven mir¨® a la mujer atrapada en la habitaci¨®n desde el sill¨®n. La mujer tendr¨ªa entre unos 30-40 a?os, ten¨ªa el pelo negro y los ojos negros, ten¨ªa el traje de color azul similar al que usan los doctores y en el traje hab¨ªa un carnet que dec¨ªa: ''Cirujana Sof¨ªa Fischer - Piso 4'' Ahora que la puerta hab¨ªa desaparecido, la mujer, algo m¨¢s tranquila, miro la habitaci¨®n donde se hab¨ªa metido y de inmediato divis¨® al joven que la miraba desde un sill¨®n: ¡ª?Es segura esta habitaci¨®n?¡ªpregunt¨® Sof¨ªa de inmediato sin perder tiempo en presentaciones. ¡ªEspero que no, si no ser¨ªa muy aburrido...¡ªComent¨® el joven con una sonrisa¡ªAntes de presentarnos deber¨ªamos esperar a los dem¨¢s, luego veremos c¨®mo funciona esta habitaci¨®n. El joven sab¨ªa que la mujer no pod¨ªa ver las otras 3 puertas en las paredes y ¨²nicamente ver¨ªa la puerta de metal que se parece a la puerta de una b¨®veda. El muchacho tambi¨¦n sab¨ªa que Sof¨ªa no le har¨ªa caso, pero ten¨ªa pensado ignorarla hasta que lleguen todas las personas que estaban siendo atra¨ªdas por esta habitaci¨®n. This narrative has been unlawfully taken from Royal Road. If you see it on Amazon, please report it. ¡ª?Sabes como salir de este sitio?¡ªpregunt¨® la mujer con desesperaci¨®n; Sof¨ªa hab¨ªa estado siendo perseguida por una bestia por mucho tiempo hasta que termin¨® en esta habitaci¨®n con este joven extra?o. ¡ªNo...¡ªComent¨® el joven con calma¡ªSupongo que hay que investigar la sala. La mujer trat¨® de abrir la puerta de metal, pero por m¨¢s que tratara Sof¨ªa no pod¨ªa lograr que la rueda gigante en el medio de la puerta girara, por lo tanto, la puerta parec¨ªa estar bloqueada y no pod¨ªa abrirse. Sof¨ªa mir¨® al joven sentado en busca de respuestas, pero la calma del joven parec¨ªa indicarle que no se tomara el hecho de que estaba atrapada tan en serio. ¡ª?No descubriste ninguna pista de c¨®mo escapar?¡ªpregunt¨® Sof¨ªa con sospechas al ver la calma del joven. ¡ªNo...¡ªRespondi¨® el joven con calma¡ªPero supongo que ser¨¢ usando los artefactos misteriosos Al decir eso, el joven apunt¨® al televisor en la habitaci¨®n. Pero mientras apuntaba con su dedo, una de las puertas se abri¨® con violencia y tres personas entraron corriendo con miedo a la habitaci¨®n. ¡ª?No cierres la puerta!¡ªGrit¨® Sof¨ªa con desesperaci¨®n Pero las personas que acababan de entrar, ignoraron el grito y cerraron la puerta con fuerza, tratando de evitar que la cosa que los persegu¨ªa entrar¨¢. Acto seguido, la puerta desapareci¨® de la pared, dejando a las tres personas encerradas en la habitaci¨®n junto a Sof¨ªa y el joven. ¡ªSupongo que estamos todos...¡ªComent¨® el joven con calma mirando como las otras dos puertas de madera en la pared desaparecen¡ªMi nombre es Dante. ?C¨®mo se llaman? Las tres personas que entraron en la habitaci¨®n parec¨ªan ser tres j¨®venes adultos de alrededor de 18 a 20 a?os, Los tres chicos vest¨ªan una campera para lluvias con capucha que estaba bastante mojada y ten¨ªan una m¨¢scara de gas en la boca, por lo que no se pod¨ªa ver su rostro. Uno de los j¨®venes vio que las dos personas desconocidas en esta habitaci¨®n no usaban m¨¢scara de gas y se retir¨® la m¨¢scara de su cara, mostrando un rostro joven asustado y empapado en l¨¢grimas. El joven ignor¨® la pregunta de Dante y dijo con desesperaci¨®n: ¡ªEst¨¢bamos yendo a buscar suministros y de la nada aparecimos en un laberinto. En el laberinto una bestia comenz¨® a perseguirnos y cuando vimos una puerta pensamos que era la salida, pero esto no parece ser el mundo normal. ?Saben c¨®mo salir de este lugar? ¡ªDeber¨ªan estar m¨¢s¡­¡ªComent¨® Dante, pero antes de que pudiera terminar de hablar fue interrumpido porque la luces en la habitaci¨®n se apagaron. Acto seguido, el televisor se prendi¨® iluminando parcialmente la habitaci¨®n. 21-El que mira en las sombras. El televisor parec¨ªa no estar mostrando ning¨²n contenido o canal en espec¨ªfico, por lo que solo pod¨ªa verse en la pantalla la est¨¢tica con forma de infinitos puntos negros y blancos dispuestos de forma aleatoria. El televisor prendido iluminaba la sala, pero la luz blanca emitida por la pantalla era muy poca, por lo que la habitaci¨®n se sent¨ªa oscura. Pas¨® un tiempo y nadie en la habitaci¨®n sab¨ªa c¨®mo actuar. Pero el ruido blanco generado por el del televisor estaba haci¨¦ndose cada vez m¨¢s fuerte y molesto, por lo que parec¨ªa que algo malo pasar¨ªa si las personas en la habitaci¨®n ¨²nicamente siguieran esperando en silencio. ¡ª?Trate de abrir la puerta, pero no se abre!¡ªGrit¨® uno de los j¨®venes con desesperaci¨®n a sus compa?eros atr¨¢s de ¨¦l. ¡ªLa puerta se abrir¨¢ cuando ustedes hagan algo...¡ªComent¨® Dante mirando al instrumento extra?o al frente suyo con sospecha¡ªLo importante ahora es descubrir qu¨¦ cosa tienen que hacer para salir de este sitio y est¨¢ relacionado con esta l¨¢mpara. ¡ªNo encuentro el control remoto por ning¨²n lado y el televisor no tiene botones¡ªComent¨® Sof¨ªa. ¡ªTal vez podr¨ªa interactuar con esta cosa usando el comando de voz...¡ªComent¨® Dante contando sus experiencias pasadas. ¡ª?Televisor, da la informaci¨®n ¨²til!¡ªGrit¨® uno de los j¨®venes, pero no ocurri¨® nada. Dante mir¨® la habitaci¨®n en busca de la soluci¨®n a este acertijo y se dio cuenta de que era el ¨²nico en la habitaci¨®n que estaba sentado en los sillones, entonces descubri¨® que posiblemente el resto de personas deber¨ªan sentarse en los sillones al frente del televisor, pero no lo mencion¨®... Dante no cruz¨® el t¨²nel para ayudar a estas personas, solo ven¨ªa a este sitio a jugar un rato. El joven rubio sab¨ªa que la verdadera forma de volver al otro mundo era muriendo, por lo que no estaba para nada preocupado por estas personas. Seg¨²n Dante: una vez que uno muriera en este lugar, aparecer¨ªa en el mismo momento en que ingres¨® al t¨²nel. Pero para Dante ser¨ªa muy aburrido decirle la verdad a estas personas. Por lo que en vez de ayudar a estos pobres diablos, Dante sol¨ªa ser un espectador de todas las cosas raras que les ocurr¨ªan a estas almas desafortunadas en este sitio. ¡ªLes recomendar¨ªa descifrar el secreto de la l¨¢mpara lo m¨¢s r¨¢pido posible...¡ªComent¨® Dante dando una pista. Para el joven ser¨ªa una completa decepci¨®n haber gateado tanto en ese t¨²nel para ver que todos murieran en tan poco tiempo. Sof¨ªa se asust¨® y sigui¨® buscando alg¨²n bot¨®n secreto. Hace mucho la cirujana hab¨ªa levantado el tel¨¦fono, pero no se escuchaba nada del otro lado, as¨ª que el tel¨¦fono no deber¨ªa ser la pista ¨²til en este momento. Uno de los j¨®venes vio la tranquilidad con la que Dante estaba sentado, mientras ellos buscaban como locos y se enoj¨®. El joven quiso pedirle Dante que ayudara, pero luego al mirar a Dante sentado se le ocurri¨® una idea y en su lugar le comento a los otros muchachos: ¡ª?Probamos sent¨¢ndonos en los sillones? ¡ª?Dale, sent¨¦monos juntos en el grande!¡ªGrit¨® uno de los chicos con emoci¨®n, notando que la idea podr¨ªa ser buena; no hab¨ªa muchas cosas en la habitaci¨®n, as¨ª que sentarse en los sillones podr¨ªa ser la forma en la que andar¨¢ este televisor viejo. No obstante, cuando los tres chicos corrieron hacia los sillones rojos, los j¨®venes se dieron cuenta de que en el sill¨®n grande solo hab¨ªa dos lugares para apoyar el trasero muy marcados. Podr¨ªan entrar los tres si se apretaran, pero el asiento del sill¨®n ped¨ªa a gritos que ¨²nicamente se sentaran dos personas. De todas maneras, los chicos probaron sentarse juntos, pero notaron que nada ocurr¨ªa. ¡ªMejor voy al sill¨®n chico, supongo que este es para dos personas¡ªComent¨® el joven que le toc¨® sentarse en el medio y estaba siendo apretado por los otros dos de manera inc¨®moda. Al decir eso, el chico se levant¨® del sill¨®n y corri¨® a sentarse en el otro sill¨®n con velocidad como si temiera que Sof¨ªa se lo robara: porque una idea surgi¨® en la mente del muchacho luego de notar que ¨²nicamente hab¨ªa dos asientos en el sill¨®n grande y era que ¨²nicamente hab¨ªa 4 asientos para 5 personas en esta habitaci¨®n. This narrative has been unlawfully taken from Royal Road. If you see it on Amazon, please report it. No obstante, Sof¨ªa segu¨ªa tratando de encontrar botones mientras todo esto ocurr¨ªa, por lo que ignor¨® al muchacho corriendo atr¨¢s de ella para sentarse en el sill¨®n. Cuando todos los sillones estuvieron ocupados, la luz del televisor se apag¨® y la habitaci¨®n volvi¨® a estar rodeada por la oscuridad absoluta. Acto seguido el televisor se prendi¨® otra vez, pero ya no hab¨ªa est¨¢tica y en su lugar en la pantalla del televisor pod¨ªa verse un n¨²mero 5 envuelto por un c¨ªrculo tachado con una cruz. Abajo del n¨²mero pod¨ªa verse cuatro caricaturas de los a?os 70 con forma de gato sentados arriba de un sill¨®n y un gato algo triste durmiendo en el suelo lejos de los otros gatos. Las caricaturas en el sill¨®n se encontraban cantando felizmente y haciendo alguna broma de vez en cuando. La canci¨®n cantada pod¨ªa escucharse, pero solo eran unos silbidos alegres, por lo que no parec¨ªan indicar nada ¨²til. De manera inmediata, la l¨ªnea superior de la cruz que tachaba el n¨²mero comenz¨® a girar como si fuera un reloj y cuando lleg¨® a dar la vuelta completa: un 4 apareci¨® en el interior del c¨ªrculo, los gatos en el sill¨®n aplaudieron con felicidad y el gato en el piso empez¨® a llorar. ¡ªParece ser una cuenta regresiva...¡ªComent¨® uno de los chicos sentados en el sill¨®n para dos. ¡ªS¨ª, ?parece que solucionamos el desaf¨ªo!¡ªComento r¨¢pidamente el chico sentado en el sill¨®n para una persona; ¨¦l se hab¨ªa dado cuenta del significado de los gatos, por lo que estaba bastante nervioso y coment¨®: ¡ªAhora creo que tenemos que esperar a ver qu¨¦ otra pista se nos revela. Sof¨ªa se qued¨® mirando la cuenta regresiva, pero como no hab¨ªa visto que el sill¨®n grande solo ten¨ªa dos asientos marcados, no entend¨ªa las pistas de las caricaturas por el momento. Mientras todo esto ocurr¨ªa, la cuenta regresiva sigui¨® avanzando y un n¨²mero 3 apareci¨® en la pantalla del televisor, cuando esto ocurri¨®: los gatos en los sillones aplaudieron con felicidad y comenzaron a re¨ªrse del gato en el suelo, mientras que el gato en el suelo comenz¨® a llorar y rodar por el piso. ¡ªFalta poco para descubrir la siguiente pista...¡ªComent¨® el chico sentado en el sill¨®n de dos, codeando a su compa?ero y mirando a su amigo sentado en el sill¨®n individual con complicidad. ¡ªMuchacha, creo que se me cay¨® el control remoto atr¨¢s del televisor¡ªComento el chico sentado en el sill¨®n para una persona buscando ganar m¨¢s tiempo, si la chica entend¨ªa la pista entonces las cosas se podr¨ªan complicar. Dante vio desde su sill¨®n la escena en silencio, el joven nunca vio la pista de la cantidad de asientos m¨¢ximos, por lo que segu¨ªa sin comprender a las caricaturas en el televisor. Aunque tambi¨¦n Dante no lograba comprender la pista porque siempre se quedaba algo idiotizado cuando ve¨ªa tecnolog¨ªa que no entend¨ªa; no era la primera vez que Dante ve¨ªa un televisor, pero estas "cajas m¨¢gicas" siempre cambiaban de forma y manera de andar, por lo que a Dante le eran complicados de distinguir y m¨¢s a¨²n complicados de comprender. Sof¨ªa por las dudas revis¨® una vez m¨¢s, pero entendi¨® por los gatos en la pantalla que deb¨ªa sentarse en alg¨²n sill¨®n; no obstante, Sof¨ªa no estaba preocupada, ya que seg¨²n sus pensamientos todav¨ªa pod¨ªa sentarse en el sill¨®n grande si se apretaban con los chicos. Mientras eso ocurr¨ªa, la cuenta regresiva nunca se detuvo y el n¨²mero 2 apareci¨® en el televisor provocando: que los cuatro gatos arriba de los sillones aplaudan, mientras eso ocurr¨ªa el gato en el suelo dejo de llorar y comenz¨® a suplicar en el piso para que lo dejaran sentarse, pero los gatos arriba del sill¨®n solo le tiraban escupitajos y se re¨ªan del desafortunado. ¡ªNo encuentro nada, cuando termine la cuenta regresiva buscamos mejor¡ªComent¨® Sof¨ªa mirando a la cuenta regresiva con preocupaci¨®n. ¡ªBueno, ven a sentarte en el sill¨®n grande¡ªComent¨® uno de los chicos en el sill¨®n para dos, creando un espacio en el medio. Sof¨ªa acept¨® la invitaci¨®n y camin¨® con velocidad hasta el sill¨®n para dos. Los dos chicos parec¨ªan haber tapado los bordes de los asientos con sus camperas para lluvias, por lo que Sof¨ªa no pudo notar la pista m¨¢s importante de este puzle. Algo apretada, la chica se sent¨® en el medio de los dos chicos y mir¨® al televisor mientras la cuenta regresiva avanzaba. A estas alturas Dante comprend¨ªa el significado del gato llorando en el suelo, por lo que se qued¨® mirando c¨®mo actuaban los verdaderos jugadores de esta habitaci¨®n. Dante mir¨® c¨®mo los chicos tapaban algo en el sill¨®n antes de proponerle a Sof¨ªa sentarse, por lo que entendi¨® que la estaban enga?ando. Aunque el hecho de que Dante logre llegar a esa idea se debi¨® a la apariencia de los muchachos y no a sus actos; todas las personas que usaban m¨¢scara de gas son crueles con todo el mundo y suelen ser los ¨²nicos que sobreviven en este lugar. Mientras que las personas con ropa m¨¢s llamativa suelen ser los primeros en morir. Tambi¨¦n estaban las personas con ropa de la ¨¦poca de Dante que suelen aceptar todo de forma m¨¢s f¨¢cil y son candidatos interesantes; esos eran a los que Dante comprend¨ªa mejor y al parecer las personas de esa ¨¦poca eran las ¨²nicas que no ten¨ªan dudas de que esto era real. Mientras que todos los otros grupos de personas pensaban que era una broma hasta que otro participante mor¨ªa o ve¨ªan algo anormal. Entretanto Dante reflexionaba en su mente alej¨¢ndose de la escena que estaba ocurriendo frente a sus ojos, como si de un simple observador se tratase, el tiempo segu¨ªa avanzando y la cuenta regresiva en el televisor marc¨® el n¨²mero uno. 22-?5,4,3,2,1: 0! Cuando el n¨²mero 1 apareci¨® en la pantalla del televisor, los cuatro gatos de caricatura arriba del sill¨®n aplaudieron con felicidad, mientras que el gato en el suelo dej¨® de suplicar y se abalanz¨® contra los gatos sentados en el sill¨®n. Con violencia el gato en el suelo trat¨® de tirar a alguno de los cuatro gatos en el sill¨®n para tomar su lugar, pero por mucho que intentara el gato siempre recib¨ªa una patada en el trasero que lo mandaba rodando al suelo. La l¨ªnea en la cruz sigui¨® girando mientras las 5 personas en la habitaci¨®n miraban asustadas al televisor, todos supusieron algo, pero si eso que supusieron terminaba no siendo cierto: morir¨ªan al finalizar la cuenta regresiva u otra cosa extra?a ocurrir¨ªa. El miedo a la incertidumbre y la falta de informaci¨®n que compruebe sus ideas comenz¨® a afectar la mente de las personas atrapadas en esta oscura habitaci¨®n; iluminada pobremente con esta cruel caricatura. Dicho miedo provoc¨® que nadie en la habitaci¨®n pudiera mover un solo m¨²sculo, mientras miraban de forma estupefacta, como los gatos maltratan al pobre gato que buscaba desesperadamente subirse al sill¨®n. Cuando la l¨ªnea de la cruz lleg¨® hasta la mitad del c¨ªrculo, el n¨²mero de la pantalla del televisor se convirti¨® en un cero de manera inmediata y sin completar la vuelta completa. ¡ªAs¨ª que la cuenta regresiva era falsa...¡ªMurmuro Dante con una sonrisa por la sorpresa inesperada¡ªPero da igual, hace tiempo los gatos en los sillones se ven¨ªan burlando del pobre gato en el suelo... Las otras cuatro personas no pudieron escuchar a Dante, en su lugar estaban m¨¢s preocupados por el n¨²mero cero que hab¨ªa aparecido en la pantalla del televisor. La aparici¨®n del n¨²mero cero hab¨ªa provocado que los cuatro gatos de caricatura en el sill¨®n levantaran los pu?os de manera triunfante, mientras que el pobre gato en el suelo lloraba desconsoladamente. Luego de las celebraciones, el televisor se apag¨®; dejando la habitaci¨®n en completa oscuridad. Acto seguido la est¨¢tica volvi¨® a iluminar la habitaci¨®n, provocando que todos se miraran de manera aturdida. ¡ª?Notan alg¨²n cambio en la habitaci¨®n?¡ªpregunt¨® Sof¨ªa de inmediato. ¡ª?Mira el televisor!¡ªGrito el chico que estaba sentado en el sill¨®n con miedo Todos en la habitaci¨®n volvieron a mirar el televisor y notaron que un bulto se estaba formando en la pantalla del televisor, parec¨ªa que algo estaba buscando salir de la pantalla. El bulto poco a poco fue creciendo hasta que una mano se form¨® sobre la pantalla del televisor. La mano ten¨ªa el mismo color que la est¨¢tica del televisor, por lo que parec¨ªa estar formada por infinitos puntos negros y blancos que parpadeaba creando un ruido blanco molesto. ¡ª?Qu¨¦ mierda es eso!¡ªGrit¨® Sof¨ªa asustada al ver la mano form¨¢ndose. The author''s content has been appropriated; report any instances of this story on Amazon. ¡ª??No parece una proyecci¨®n!!¡ªGrit¨® uno de los chicos en el sill¨®n queriendo salir corriendo, pero el otro chico sentado en el mismo sill¨®n lo agarr¨® por atr¨¢s de la espalda de Sof¨ªa y lo mir¨® con complicidad como indicando que no se mueva de su asiento. La mano comenz¨® a salir de la pantalla y se acerc¨® al sill¨®n para dos personas con lentitud, como si disfrutar¨¢ del miedo que estaba provocando en las personas de esta habitaci¨®n. ¡ª?Solo qu¨¦dense en el sill¨®n!¡ªGrit¨® uno de los chicos en el sill¨®n para dos personas buscando ganar m¨¢s valent¨ªa al notar que la mano estaba cada vez m¨¢s cerca. Entonces la mano formada por motas negras y blancas se detuvo y con violencia la mano doblo 90 grados de forma anormal y se acerc¨® con velocidad hacia la direcci¨®n de Dante. La mano se sigui¨® estirando con rapidez hasta que estuvo al frente de la cara de Dante. Sin darle tiempo a reaccionar, la mano tom¨® el cuello de Dante y comenz¨® a ahorcarlo. *mmm* Dante quiso gritar no porque la mano lo estuviera ahorcando, sino porque le estaba quemando el cuello. La mano formada por la pantalla del televisor estaba tan caliente como el agua hirviendo. Pero antes de que Dante pudiera perder la conciencia, la mano se detuvo y empuj¨® con odio al muchacho contra el sill¨®n, dejando al joven con una mano roja marcada en su cuello. La marca apenas pod¨ªa verse debido al pa?uelo en el cuello de Dante, no obstante los gritos de dolor de Dante por la quemadura asust¨® con temor a las personas en la habitaci¨®n que observaron como el joven sufr¨ªa. Acto seguido, la mano volvi¨® a girar con fuerza y se dirigi¨® como un rayo hasta el sill¨®n para dos personas. La mano tom¨® el cuello de uno de los chicos y comenz¨® a ahorcarlo como lo hizo con Dante, provocando que l¨¢grimas de dolor y un mugido suplicante se escaparan de la boca del chico. Pero la mano no tard¨® mucho en empujarlo contra el sill¨®n con violencia. Antes de que el muchacho pudiera gritar del dolor por la quemadura, Sof¨ªa ya estaba siendo horcada. La mano ahorc¨® a Sof¨ªa con violencia, pero cuando lleg¨® el momento de empujarla contra el sill¨®n, la mano comenz¨® a retroceder con lentitud, volviendo a meterse en la pantalla del televisor. No obstante, el agarre del cuello de Sof¨ªa nunca se detuvo y la chica fue arrastrada por la mano con lentitud hacia la pantalla del televisor. Pero por mucho que Sof¨ªa intentara gritar por ayuda, no pod¨ªa lograrlo debido a que estaba siendo ahorcada con violencia por la mano y solo mugidos de dolor sal¨ªan de la boca de Sof¨ªa a medida que su garganta se quemaba. Al notar que el resto de personas de la habitaci¨®n solo ignoraban su mirada suplicante, Sof¨ªa comenz¨® a luchar contra la mano buscando liberarse sin importar que se quemara en el proceso, pero por mucho que luchara la mujer no logr¨® salirse del agarre y fue arrastrada hasta la pantalla del televisor. Cuando la mano estaba a punto de desaparecer, solt¨® el agarre de Sof¨ªa. Pero antes de que la mujer pudiera festejar haberse liberado, la mano con violencia empuj¨® a Sof¨ªa contra la pantalla y la chica se hundi¨® en el bulto de est¨¢tica. *??Aaaahh!!* Grit¨® Sof¨ªa con dolor mientras se quemaba viva, a medida que su cuerpo se hund¨ªa en la est¨¢tica de la pantalla que parec¨ªa ser pegamento caliente en estos momentos. Sof¨ªa grit¨® y grit¨® de dolor hasta que perdi¨® la conciencia y desapareci¨® en la pantalla del televisor. Inmediatamente, la luz del televisor se apag¨®, dejando rodeados en la oscuridad absoluta a las 4 personas sentadas sobre sus sillones que miraron con horror la desgracia sufrida por Sof¨ªa. 23-Tv La oscuridad y el silencio absoluto llenaron toda la habitaci¨®n, nadie quer¨ªa decir una palabra que lo condenara a convertirse en la siguiente v¨ªctima de la mano que sali¨® de la pantalla. Pero antes de que el silencio inc¨®modo se volviera insoportable, el televisor volvi¨® a prenderse iluminando la habitaci¨®n. Sin embargo, ya no hab¨ªa est¨¢tica en el televisor, sino que en la pantalla del televisor aparec¨ªan cuatro gatos caricaturescos sentados en un sill¨®n. Los gatos en el sill¨®n se encontraban silbando con felicidad como al comienzo de la cuenta regresiva; no obstante, el gato en el suelo no se ve¨ªa en ning¨²n lado y el n¨²mero de la cuenta regresiva tampoco aparec¨ªa en la pantalla. ¡ª?No hay cuenta regresiva y tampoco hay pistas?¡ªcoment¨® uno de los chicos asustado¡ª??C¨®mo se supone que saldremos sin pistas?! Pero antes de que alguien pudiera responder al muchacho asustado, uno de los gatos baj¨® del sill¨®n de un salto y corri¨® atr¨¢s del sill¨®n con mucha emoci¨®n. El resto de gatos dejaron de silbar y se dieron la vuelta para ver qu¨¦ hab¨ªa detr¨¢s de su sill¨®n, mientras mov¨ªan la cola de un lado a otro de forma sincronizada, como si estuvieran felices con lo que ve¨ªan. ¡ª?Atr¨¢s nuestro hay algo?...¡ªpregunt¨® uno de los chicos en el sill¨®n para dos; el joven estaba demasiado asustado para tener la valent¨ªa de darse la vuelta y ver lo que hab¨ªa detr¨¢s de su espalda. ¡ªNo veo nada, pero creo que tenemos que hacer lo mismo que hacen los gatos¡ªcoment¨® el chico en el sill¨®n para una persona. Luego de decir esas palabras, el chico salt¨® con emoci¨®n de su sill¨®n, cay¨® al suelo y sin perder tiempo, corri¨® atr¨¢s de su sill¨®n. Pero el muchacho no encontr¨® nada atr¨¢s de su sill¨®n, por lo que se fue corriendo a buscar detr¨¢s del sill¨®n de dos personas. ¡ª?Hay una caja!¡ªgrit¨® con emoci¨®n el chico atr¨¢s del sill¨®n¡ªEn la caja debe estar la pista que buscamos. Al escuchar a su amigo, los dos chicos se dieron la vuelta y miraron para atr¨¢s del sill¨®n como hac¨ªan los gatos, mientras que Dante miraba con curiosidad todo lo que estaba ocurriendo. ¡ª?Trae la caja delante del sill¨®n!¡ªComent¨® Dante con emoci¨®n; algo emocionado porque el juego de supervivencia propuesto por la habitaci¨®n se pon¨ªa interesante¡ª?Dentro de la caja debe estar nuestra pista! El chico con algo de esfuerzo arrastr¨® la caja delante del televisor, con mejor iluminaci¨®n todos pudieron ver que era una caja de madera bastante grande con una cerradura en la mitad de la caja. Cuando termin¨® de arrastrar la caja, el chico alz¨® la mirada y vio lo que estaba pasando en la pantalla del televisor para ver una forma de abrir la cerradura. Los gatos de caricatura vieron la caja llegar y se juntaron con emoci¨®n alrededor de la caja de madera. If you encounter this tale on Amazon, note that it''s taken without the author''s consent. Report it. Uno de los gatos trat¨® de abrir la caja, pero no lo logr¨®. No obstante, otro gato pareci¨® recordar algo y busco debajo de la almohada del sill¨®n rojo una llave. El gato coloc¨® la llave en la cerradura de la caja y abri¨® la caja. En el interior de la caja se encontraba un gato encadenado de pies y manos; era el mismo gato que hab¨ªa estado en el suelo y no hab¨ªa logrado subirse al sill¨®n antes de que la cuenta regresiva acabase. El gato ten¨ªa l¨¢grimas en la cara y un trapo en la boca, por lo que no pod¨ªa hablar. ¡ªAl parecer esta noche ser¨¢ algo emocionante...¡ªmurmur¨® Dante para s¨ª mismo, mirando la caja de madera en el medio de la habitaci¨®n. Uno de los chicos sentado en el sill¨®n para dos personas, puso sus manos debajo del almohad¨®n donde estaba sentado y encontr¨® una llave. El muchacho con las manos temblorosas le entreg¨® la llave a su compa?ero en el suelo. El chico en el suelo tom¨® la llave con desgana y con una corazonada amarga abri¨® la caja de madera. En el interior de la caja de madera se encontraba Sof¨ªa encadenada de pies y manos. La mujer ten¨ªa un trapo puesto en su boca y miraba a los chicos con desesperaci¨®n en busca de ayuda. Al ver que el chico estaba por probar si las llaves funcionan tambi¨¦n para liberar a Sof¨ªa, Dante coment¨® con calma: ¡ªNo es la misma mujer, solo finge serlo para matarnos. La verdadera chica fue arrastrada por la mano... Sof¨ªa mir¨® con aturdimiento a Dante, pero el joven ignor¨® la mirada y se concentr¨® en la decisi¨®n tomada por los otros tres chicos. ¡ª?Est¨¢s seguro?¡ªpregunt¨® el chico con la llave con algo de miedo; si la chica de verdad fuera una bestia, entonces estaba a punto de morir por tratar de ayudarla. ¡ªNo tengo dudas¡ªComent¨® Dante con calma y una tranquilidad absoluta¡ªHay que seguir a los gatos y los gatos no est¨¢n liberando a su compa?ero. Estamos juntos en este infierno, si la hubieras liberado sin preguntar a los dem¨¢s, los cuatro hubi¨¦ramos muerto... El joven con la llave en la mano noto que sus compa?eros lo miraban con enojo, provocando que el muchacho soltara la llave para liberarse de la presi¨®n de la culpa por casi condenarlos a todos. Acto seguido, los muchachos miraron que hac¨ªan los gatos en la caricatura para saber c¨®mo continuar y si liberar o no a Sof¨ªa. Los gatos en la caricatura se acercaron a la caja y la rodearon por todos los costados. Uno de los gatos s¨¦ acerc¨® a la tapa de la caja de madera y mostr¨® c¨®mo hab¨ªa un compartimiento oculto en la tapa. Mostrando unos cuantos serruchos y cuchillos de diferentes tipos. Los gatos se emocionaron y cada uno tom¨® una de las herramientas cortantes y miraron con burla al gato encadenado en la caja. Acto seguido cada uno eligi¨® una de las patas del gato y comenzaron a cortarlas con el serrucho mientras el gato lloraba y sangraba sangre negra como la tinta. Cuando lograron desmembrar las cuatro patas del gato. Los gatos metieron la mano dentro de las patas desmembradas y cada uno sac¨® un frasquito manchado con tinta. En el interior de ese frasco parec¨ªa estar la pista para salir con vida de este lugar. Cuando las caricaturas mostraron el frasco, el televisor se apag¨® y la l¨¢mpara de la habitaci¨®n volvi¨® a aprenderse. 24-Decisiones Amargas Pasaron unos minutos y todos en la habitaci¨®n hab¨ªan sacado los frascos del cad¨¢ver de Sof¨ªa. Al sacar los frascos, los muchachos se dieron cuenta de que todos los frascos guardaba en su interior un papel con un dibujo muy similar al que hab¨ªa obtenido Dante: por lo que todos los papeles ten¨ªan un gato caricaturesco atr¨¢s de las rejas en una de sus carillas y en la otra carilla ten¨ªan un n¨²mero del 1-4 alrededor de un c¨ªrculo. Actualmente, los cuatro supervivientes se encontraban acomodando los papeles arriba de la mesa enfrente del sill¨®n. Los dibujos fueron ordenados por los muchachos en funci¨®n del n¨²mero que estaba indicado con un c¨ªrculo en el dorso de los papeles. Acto seguido, uno de los chicos comenz¨® a dar vuelta los dibujos mostrando cuatro gatos tras las rejas. Abajo de cada gato hab¨ªa un nombre y dos n¨²meros sin un significado aparente: "William-01,Dante-10,Benjam¨ªn-23,Henry-32" ¡ªSeg¨²n recuerdo mencionaste que te llamas Dante, por lo que el nombre no deber¨ªa importar...¡ªComent¨® Henry; que era ¨¦l m¨¢s fr¨ªo del grupo y el que hab¨ªa ido al sill¨®n de una persona¡ªLo que debe importar de verdad son los n¨²meros. ¡ªLos n¨²meros deben hacer referencia a un canal de televisi¨®n o a un n¨²mero de tel¨¦fono¡ªComent¨® Benjam¨ªn; que era el chico que hab¨ªa sido ahorcado con la mano que sali¨® de la televisi¨®n¡ªNo hay nada m¨¢s que utilice n¨²meros en esta sala. ¡ªComprobemos con el tel¨¦fono¡ªComent¨® William, todav¨ªa inc¨®modo porque le hab¨ªan obligado a cortarle la pierna a una persona¡ª?Alguno de ustedes tres sabe c¨®mo emplear el tel¨¦fono con disco de marcar? ¡ªS¨ª...¡ªRespondi¨® Benjam¨ªn con bastantes dudas¡ª?Marc¨® los n¨²meros en el orden arriba de la mesa? ?Es decir, el 0110-2332? Le falta alg¨²n c¨®digo que indique el lugar. ¡ª?Probemos ese n¨²mero, no hay nada que perder!¡ªComent¨® Dante animando a los chicos a continuar con el desaf¨ªo propuesto por la habitaci¨®n. Con algo de dudas sobre c¨®mo funcionaba el tel¨¦fono, Benjam¨ªn se las ingeni¨® para marcar el n¨²mero. Luego de un rato alguien pudo o¨ªrse del otro lado del tel¨¦fono respondiendo a los chicos atrapados en esta habitaci¨®n: ¡ªMucho gusto, habla con el oficial de la comisar¨ªa del nivel 40, ?C¨®mo podemos ayudarlo, se?or? ¡ª?Polic¨ªa? ?Eres del ej¨¦rcito?¡ªpregunt¨® Benjam¨ªn con miedo, pero antes de que la otra persona pudiera responder, Henry corri¨® hasta el tel¨¦fono y apret¨® el bot¨®n para apagar la llamada cortando la charla. The narrative has been illicitly obtained; should you discover it on Amazon, report the violation. ¡ª?Est¨¢s loco! ?Apenas te dijo que era un polic¨ªa, ten¨ªas que cortar!¡ªGrit¨® Henry con enojo y bastante miedo¡ª?Esos mercenarios van a rastrear la llamada y nos van a matar! ?Que no recuerdas que somos desertores, idiota! ¡ª?No creo que sigamos en el pa¨ªs!¡ªSe quej¨® Benjam¨ªn con enojo por los gritos¡ªTampoco creo que sigamos en nuestro mundo: ?Acaso no viste la cosa que sali¨® del televisor o eres ciego? ¡ªM¨¢s que desertores, somos rehenes, no nos permiten huir por ser hombres...¡ªMurmur¨® William con enojo. ¡ªDudo que estemos en nuestro mundo...¡ªComent¨® Dante tratando de ayudar a asentar esa idea. Pero mientras Dante dijo eso, el muchacho mir¨® los dibujos de gatos encerrados arriba de la mesa: esos dibujos eran muy similares a un cartel de b¨²squeda y ellos acababan de matar a una persona. Llamar a la polic¨ªa probablemente era una trampa; no obstante, Dante no mencion¨® el problema y observ¨® c¨®mo la situaci¨®n se desarrollaba. ¡ª?Si no llamo a la comisar¨ªa, como salimos?¡ªpregunt¨® Benjam¨ªn con mal tono; aun con enojo por los gritos¡ª?Tienes alguna pista de como escapar, tarado? ¡ªPodr¨ªamos probar alg¨²n otro n¨²mero...¡ªComent¨® William en voz baja, tratando de bajarle el tono a la conversaci¨®n y tranquilizar a sus dos compa?eros. ¡ªPoner n¨²meros aleatorios no funciona, ya lo probamos antes¡ªRespondi¨® Benjam¨ªn aun enojado¡ª?Llamemos a la comisar¨ªa y pidamos ayuda! Al decir eso, Benjam¨ªn volvi¨® a marcar el n¨²mero de tel¨¦fono y la comisar¨ªa no tard¨® en responderles: ¡ªMucho gusto, habla con el oficial de la comisar¨ªa del nivel 40, ?C¨®mo podemos ayudarlo, se?or? ¡ªNos encontramos atrapados en una habitaci¨®n¡ªComent¨® Benjam¨ªn mirando con sospechas a Henry; Benjam¨ªn no quer¨ªa que su compa?ero vuelva corriendo a cortarle la llamada. ¡ªQu¨¦ desgracia, ?en qu¨¦ piso est¨¢s, muchacho?¡ªpregunt¨® el oficial del otro lado con un tono de voz preocupado. ¡ªNo s¨¦ en qu¨¦ piso estamos...¡ªComent¨® Benjam¨ªn sin entender a qu¨¦ se refer¨ªa con pisos¡ªPero estamos en una habitaci¨®n amarilla que parece un living y la puerta es una b¨®veda de banco. ¡ªEst¨¢ bien, creo que s¨¦ donde queda eso¡ªComent¨® el oficial con preocupaci¨®n¡ªEsa habitaci¨®n es algo peligrosa, ten cuidado, hay unos gatos de caricatura muy malvados viviendo en ese cuarto. ¡ª??Conoces cu¨¢les son los peligros de esta habitaci¨®n?!¡ªpregunt¨® Benjam¨ªn con preocupaci¨®n. ¡ªNo te alteres, muchacho...¡ªComent¨® el oficial con calma tratando de que el joven no colgara por los nervios¡ªEstate tranquilo, mandar¨¦ a alguien a visitar la habitaci¨®n en unos minutos, por cierto, ?c¨®mo te llamas? ¡ªMe llamo Benjam¨ªn, ?Conoces cu¨¢les son los peligros de esta habitaci¨®n?¡ªVolvi¨® a preguntar Benjam¨ªn notando que el oficial lo hab¨ªa ignorado. ¡ªAs¨ª que eres, Benjam¨ªn...¡ªRepiti¨® el oficial con tono incr¨¦dulo¡ª??T¨² eres el peligro de esa habitaci¨®n, asesino!! Cuando el oficial grit¨®, las luces de la habitaci¨®n se apagaron y el televisor se prendi¨® de golpe en el mismo canal lleno de est¨¢tica que se hab¨ªa visto antes. La luz del televisor ilumin¨® vagamente la sala, provocando que el miedo a la oscuridad vuelva a surgir en los muchachos. El ruido blanco de la est¨¢tica se estaba volviendo cada vez m¨¢s fuerte y antes de que los muchachos pudieran correr a los sillones rojos para sentarse, un bulto comenz¨® a formarse en la pantalla del televisor. 25-El tel茅fono Pasaron unos minutos y todos en la habitaci¨®n hab¨ªan sacado los frascos del cad¨¢ver de Sof¨ªa. Al sacar los frascos, los muchachos se dieron cuenta de que todos los frascos guardaba en su interior un papel con un dibujo muy similar al que hab¨ªa obtenido Dante: por lo que todos los papeles ten¨ªan un gato caricaturesco atr¨¢s de las rejas en una de sus carillas y en la otra carilla ten¨ªan un n¨²mero del 1-4 alrededor de un c¨ªrculo. Actualmente, los cuatro supervivientes se encontraban acomodando los papeles arriba de la mesa enfrente del sill¨®n. Los dibujos fueron ordenados por los muchachos en funci¨®n del n¨²mero que estaba indicado con un c¨ªrculo en el dorso de los papeles. Acto seguido, uno de los chicos comenz¨® a dar vuelta los dibujos mostrando cuatro gatos tras las rejas. Abajo de cada gato hab¨ªa un nombre y dos n¨²meros sin un significado aparente: "William-01,Dante-10,Benjam¨ªn-23,Henry-32" ¡ªSeg¨²n recuerdo mencionaste que te llamas Dante, por lo que el nombre no deber¨ªa importar...¡ªComent¨® Henry; que era ¨¦l m¨¢s fr¨ªo del grupo y el que hab¨ªa ido al sill¨®n de una persona¡ªLo que debe importar de verdad son los n¨²meros. ¡ªLos n¨²meros deben hacer referencia a un canal de televisi¨®n o a un n¨²mero de tel¨¦fono¡ªComent¨® Benjam¨ªn; que era el chico que hab¨ªa sido ahorcado con la mano que sali¨® de la televisi¨®n¡ªNo hay nada m¨¢s que utilice n¨²meros en esta sala. ¡ªComprobemos con el tel¨¦fono¡ªComent¨® William, todav¨ªa inc¨®modo porque le hab¨ªan obligado a cortarle la pierna a una persona¡ª?Alguno de ustedes tres sabe c¨®mo emplear el tel¨¦fono con disco de marcar? ¡ªS¨ª...¡ªRespondi¨® Benjam¨ªn con bastantes dudas¡ª?Marc¨® los n¨²meros en el orden arriba de la mesa? ?Es decir, el 0110-2332? Le falta alg¨²n c¨®digo que indique el lugar. ¡ª?Probemos ese n¨²mero, no hay nada que perder!¡ªComent¨® Dante animando a los chicos a continuar con el desaf¨ªo propuesto por la habitaci¨®n. Con algo de dudas sobre c¨®mo funcionaba el tel¨¦fono, Benjam¨ªn se las ingeni¨® para marcar el n¨²mero. Luego de un rato alguien pudo o¨ªrse del otro lado del tel¨¦fono respondiendo a los chicos atrapados en esta habitaci¨®n: ¡ªMucho gusto, habla con el oficial de la comisar¨ªa del nivel 40, ?C¨®mo podemos ayudarlo, se?or? ¡ª?Polic¨ªa? ?Eres del ej¨¦rcito?¡ªpregunt¨® Benjam¨ªn con miedo, pero antes de que la otra persona pudiera responder, Henry corri¨® hasta el tel¨¦fono y apret¨® el bot¨®n para apagar la llamada cortando la charla. If you discover this tale on Amazon, be aware that it has been stolen. Please report the violation. ¡ª?Est¨¢s loco! ?Apenas te dijo que era un polic¨ªa, ten¨ªas que cortar!¡ªGrit¨® Henry con enojo y bastante miedo¡ª?Esos mercenarios van a rastrear la llamada y nos van a matar! ?Que no recuerdas que somos desertores, idiota! ¡ª?No creo que sigamos en el pa¨ªs!¡ªSe quej¨® Benjam¨ªn con enojo por los gritos¡ªTampoco creo que sigamos en nuestro mundo: ?Acaso no viste la cosa que sali¨® del televisor o eres ciego? ¡ªM¨¢s que desertores, somos rehenes, no nos permiten huir por ser hombres...¡ªMurmur¨® William con enojo. ¡ªDudo que estemos en nuestro mundo...¡ªComent¨® Dante tratando de ayudar a asentar esa idea. Pero mientras Dante dijo eso, el muchacho mir¨® los dibujos de gatos encerrados arriba de la mesa: esos dibujos eran muy similares a un cartel de b¨²squeda y ellos acababan de matar a una persona. Llamar a la polic¨ªa probablemente era una trampa; no obstante, Dante no mencion¨® el problema y observ¨® c¨®mo la situaci¨®n se desarrollaba. ¡ª?Si no llamo a la comisar¨ªa, como salimos?¡ªpregunt¨® Benjam¨ªn con mal tono; aun con enojo por los gritos¡ª?Tienes alguna pista de como escapar, tarado? ¡ªPodr¨ªamos probar alg¨²n otro n¨²mero...¡ªComent¨® William en voz baja, tratando de bajarle el tono a la conversaci¨®n y tranquilizar a sus dos compa?eros. ¡ªPoner n¨²meros aleatorios no funciona, ya lo probamos antes¡ªRespondi¨® Benjam¨ªn aun enojado¡ª?Llamemos a la comisar¨ªa y pidamos ayuda! Al decir eso, Benjam¨ªn volvi¨® a marcar el n¨²mero de tel¨¦fono y la comisar¨ªa no tard¨® en responderles: ¡ªMucho gusto, habla con el oficial de la comisar¨ªa del nivel 40, ?C¨®mo podemos ayudarlo, se?or? ¡ªNos encontramos atrapados en una habitaci¨®n¡ªComent¨® Benjam¨ªn mirando con sospechas a Henry; Benjam¨ªn no quer¨ªa que su compa?ero vuelva corriendo a cortarle la llamada. ¡ªQu¨¦ desgracia, ?en qu¨¦ piso est¨¢s, muchacho?¡ªpregunt¨® el oficial del otro lado con un tono de voz preocupado. ¡ªNo s¨¦ en qu¨¦ piso estamos...¡ªComent¨® Benjam¨ªn sin entender a qu¨¦ se refer¨ªa con pisos¡ªPero estamos en una habitaci¨®n amarilla que parece un living y la puerta es una b¨®veda de banco. ¡ªEst¨¢ bien, creo que s¨¦ donde queda eso¡ªComent¨® el oficial con preocupaci¨®n¡ªEsa habitaci¨®n es algo peligrosa, ten cuidado, hay unos gatos de caricatura muy malvados viviendo en ese cuarto. ¡ª??Conoces cu¨¢les son los peligros de esta habitaci¨®n?!¡ªpregunt¨® Benjam¨ªn con preocupaci¨®n. ¡ªNo te alteres, muchacho...¡ªComent¨® el oficial con calma tratando de que el joven no colgara por los nervios¡ªEstate tranquilo, mandar¨¦ a alguien a visitar la habitaci¨®n en unos minutos, por cierto, ?c¨®mo te llamas? ¡ªMe llamo Benjam¨ªn, ?Conoces cu¨¢les son los peligros de esta habitaci¨®n?¡ªVolvi¨® a preguntar Benjam¨ªn notando que el oficial lo hab¨ªa ignorado. ¡ªAs¨ª que eres, Benjam¨ªn...¡ªRepiti¨® el oficial con tono incr¨¦dulo¡ª??T¨² eres el peligro de esa habitaci¨®n, asesino!! Cuando el oficial grit¨®, las luces de la habitaci¨®n se apagaron y el televisor se prendi¨® de golpe en el mismo canal lleno de est¨¢tica que se hab¨ªa visto antes. La luz del televisor ilumin¨® vagamente la sala, provocando que el miedo a la oscuridad vuelva a surgir en los muchachos. El ruido blanco de la est¨¢tica se estaba volviendo cada vez m¨¢s fuerte y antes de que los muchachos pudieran correr a los sillones rojos para sentarse, un bulto comenz¨® a formarse en la pantalla del televisor. 26-Los muchachos ¡ª??Corran!!¡ªGrit¨® Henry con todo su pulm¨®n, mientras corr¨ªa con desesperaci¨®n al sill¨®n para dos personas. Al notar que la mano estaba por volver a formarse, Dante corri¨® hacia los sillones rojos siguiendo la idea de los muchachos de la habitaci¨®n. Cuando todos llegaron a los sillones, la mano formada por motas negras y blancas, ya hab¨ªa logrado salir del televisor y se estiraba hacia el sill¨®n para dos personas. Todos permanecieron en silencio mientras miraban c¨®mo la mano se aproximaba; nadie quer¨ªa ser el desafortunado que lograr¨¢ llamar la atenci¨®n de la mano y se ganara una marca en su cuello con varias ampollas por quemadura. Pero esta vez la mano no dobl¨® exageradamente para comprobar los sillones de los costados y en su lugar, la mano formada por est¨¢tica se dirigi¨® con lentitud hacia los sillones para dos personas donde estaba sentado Benjam¨ªn. Al notar que la mano se le acercaba, el cuerpo de Benjam¨ªn comenz¨® a temblar con violencia y sudor fr¨ªo se resbal¨® por su pecho. El joven maldec¨ªa haberle dicho al oficial su nombre y reci¨¦n ahora Benjam¨ªn pudo comprender el significado de los gatos encerrados en los dibujos. No obstante, el muchacho no sali¨® corriendo del sill¨®n; ya que este asiento rojo era su ¨²ltima esperanza. Si la mano no atacaba a las personas sentadas, entonces saldr¨ªa con vida, pero por desgracia la mano avanzaba con lentitud como si buscara torturarlo psicol¨®gicamente antes de matarlo y la incertidumbre acerca de su plan estaba carcomiendo la mente de Benjam¨ªn. La mano con lentitud se acerc¨® a los chicos en los sillones, pero esta vez ignor¨® a Henry y se dirigi¨® directamente a donde estaba Benjam¨ªn. Cuando estaba a unos pocos cent¨ªmetros, la mano se estir¨® como una serpiente y tom¨® el cuello de Benjam¨ªn. Una vez la mano lo tom¨® del cuello, el muchacho comenz¨® a pelear por liberarse del agarre, pero por mucho que intentara no lo logr¨®. La mano no volvi¨® a empujar al muchacho al sill¨®n y en su lugar lo fue llevando hasta el televisor con lentitud. Ver a su compa?ero siendo arrastrado por la mano est¨¢tica, provoc¨® la desesperaci¨®n de sus dos compa?eros, que no sab¨ªan qu¨¦ hacer. Si los muchachos sal¨ªan de sus sillones para ayudar, pod¨ªan morir por no estar en sus sillones y los j¨®venes tampoco sab¨ªan c¨®mo derrotar a esta mano con certeza. Estando a unos pocos pasos del televisor, Benjam¨ªn entre l¨¢grimas mir¨® de forma suplicante a sus amigos, provocando que la desesperaci¨®n de sus amigos alcanzar¨¢ otro nivel. El joven quer¨ªa gritarles que lo ayudaran, pero por m¨¢s que intentara solo mugidos sal¨ªan de su garganta ahorcada. Al ver a su amigo a punto de morir, William tom¨® coraje y con un cuchillo en la mano corri¨® hacia la mano para apu?alarla. Al ver la valent¨ªa de su amigo, Henry pudo vencer el temor a lo desconocido que lo estaba paralizando y con un cuchillo en la mano corri¨® hacia el televisor para romperlo. William apu?al¨® y apu?al¨® la mano, no obstante la mano parec¨ªa estar hecha de pl¨¢stico caliente, por lo que por m¨¢s que su cuchillo se clavara en la mano que sosten¨ªa a su amigo, el agarre de la mano no estaba afloj¨¢ndose. William noto que la mano estaba ignorando su ataque, por lo que parec¨ªa que la mano no pod¨ªa hacer otra cosa mientras sosten¨ªa el cuello de Benjam¨ªn. Mientras William apu?alaba con violencia, Henry logr¨® llegar al televisor, prob¨® apu?alar su pantalla, pero parec¨ªa estar hecha de pl¨¢stico caliente. Al notar que no serv¨ªa de nada atacar la pantalla, Henry golpe¨® con su cuchillo la parte de atr¨¢s del televisor, al parecer eso si funciono, ya que creo un rasgu?o en el televisor. Notando que hab¨ªa esperanza, Henry solt¨® el cuchillo y en su lugar tom¨® el televisor del mueble y con violencia lo arroj¨® a una pared, provocando que el televisor se partiera en mil pedazos. Acto seguido, la mano desapareci¨® y Benjam¨ªn cay¨® al piso. En silencio, Dante mir¨® con una sonrisa la escena que ocurr¨ªa delante de sus ojos desde su sill¨®n; el joven se encontraba sorprendido por la valent¨ªa de los dos muchachos al arriesgar sus vidas para salvar a su amigo. Para Dante este tipo de actos heroicos eran los m¨¢s raros y los m¨¢s lindos de observar en este terrible sitio. Cada vez que el muchacho ve¨ªa estos actos de valent¨ªa le recordaban lo hermosa que pod¨ªa ser la humanidad en momentos desesperados. Sin la luz emitida por el televisor, la habitaci¨®n se encontraba en completa oscuridad y al parecer nadie quer¨ªa hablar por el temor que la oscuridad generaba. This tale has been pilfered from Royal Road. If found on Amazon, kindly file a report. En silencio y con incomodidad, Dante esper¨® a que las l¨¢mparas se encendieran. El silencio en la habitaci¨®n estaba siendo anormalmente silencioso, al punto que dante no pod¨ªa escuchar su propia respiraci¨®n. Esto estaba provocando que Dante se impacientara por no poder observar, ni escuchar como los h¨¦roes festejaban su victoria. Los minutos pasaron y la oscuridad no hab¨ªa cambiado, justo cuando Dante estaba por probar gritarle algo a los otros muchachos, la l¨¢mpara en el techo se prendi¨® y permiti¨® a Dante observar el festejo de los valientes que luchaban en este infierno. Los tres chicos se encontraban crucificados en una de las paredes amarillas de la habitaci¨®n. Todos los chicos ten¨ªan un clavo en cada una de sus extremidades que los clavaban en la pared y se encontraban desnudos; mostrando los tumores y deformidades que los muchachos escond¨ªan debajo de sus ropas. En la garganta de cada joven se encontraba clavado un clavo que fue el que provoc¨® la muerte de los muchachos. Mientras que en la cabeza de cada chico hab¨ªa un cono de papel con una frace escrita: "Soy un idiota que no sigue las reglas" ¡ªAl menos volvieron a casa...¡ªMurmur¨® Dante mirando la horripilante escena. Sin nadie m¨¢s en la habitaci¨®n, Dante no sab¨ªa muy bien que hacer, no le gustaba jugar estos juegos solo, pero salir de este sitio para ir al manicomio tampoco le era tan atractivo, no porque le desagradara su celda. Sino m¨¢s bien porque a Dante le desagradaba su marchito cuerpo: en este lugar ¨¦l era un joven que pod¨ªa correr y saltar con alegr¨ªa, mientras que en el manicomio ¨¦l ser¨ªa un viejo que a veces no puede controlar su vejiga. Pero para Dante hab¨ªa una raz¨®n fundamental para no quedarse en este sitio y era que todav¨ªa buscaba morir con dignidad e ir al cielo con su esposa; no obstante, Dante tendr¨ªa que esperar su muerte en el otro mundo para que eso pasara. Tomando la decisi¨®n de probar algunas cosas m¨¢s por su cuenta antes de irse, Dante decidi¨® caminar hasta el tel¨¦fono y marcar el 2332-0110 en lugar del n¨²mero para llamar a la comisar¨ªa que era el 0110-2332. La raz¨®n de la decisi¨®n de Dante era porque hab¨ªa un espejo arriba del televisor y no hab¨ªa muchos muebles en la sala, por lo que seg¨²n la experiencia de Dante: todos los muebles y objetos deb¨ªan significar algo. En este caso el espejo podr¨ªa significar que hay que mirar el n¨²mero al rev¨¦s. Otro motivo era porque el n¨²mero de tel¨¦fono escrito de forma al rev¨¦s era muy similar al original y solo se deb¨ªa cambiar la posiciones de los 4 n¨²meros iniciales y finales. Si bien Dante sab¨ªa que era un tel¨¦fono, no ten¨ªa ninguno en su estancia porque estaba en el medio del campo, por lo cual el joven agradeci¨® haber prestado atenci¨®n a c¨®mo se marcaba con este tel¨¦fono con disco marcador. Luego de que Dante marcar¨¢ el n¨²mero y esperara un rato, alguien con una voz infantil lo atendi¨® desde el otro lado: ¡ªHola, ?Alguien llam¨® por este tel¨¦fono? ¡ªHola, pueden ayudarme, estoy atrapado¡ªComent¨® Dante, algo aturdido por la voz infantil de la otra persona ¡ª?Est¨¢s atrapado? ?En qu¨¦ piso est¨¢s? ?Iremos a ayudarte!¡ªGrit¨® el ni?o con una valent¨ªa in¨¦dita. ¡ªNo lo s¨¦...¡ªComent¨® Dante¡ªPero es una habitaci¨®n que se parece a un living y tiene una puerta similar a la de una caja fuerte. ¡ª?Est¨¢s en una de las habitaciones de la casa de la se?ora Piernavieja!¡ªGrit¨® el ni?o con emoci¨®n al descubrir que reconoc¨ªa el lugar¡ªIremos en unos minutos a rescatarte: no toques nada, esa casa es peligrosa. ?C¨®mo te llamas, humano? ¡ªDante...¡ªRespondi¨® el joven recordando lo que hab¨ªa ocurrido cuando Benjam¨ªn dijo su nombre la ¨²ltima vez. ¡ª?Solo ayudamos a los humanos extraviados!¡ªGrit¨® el ni?o con impaciencia¡ª?T¨² eres un observador, Dante! ¨²nicamente tienes que matarte y volver¨¢s al inicio de tu inspecci¨®n. ¡ª...¡ªDante no contest¨® y s¨¦ qued¨® meditando unos segundos las palabras del ni?o¡ªSoy un humano, ni?o. Un humano que le gusta observar las extra?ezas de este sitio, pero un humano al fin al cabo. ¡ªA m¨ª me parece que eres un lun¨¢tico que perdi¨® sus recuerdos y vive como un humano¡ªComent¨® el ni?o con tono infantil¡ªComo todos los observadores, pero por alg¨²n motivo t¨² escapas de los pisos humanos... ¡ªNi?o, tengo padre, hermanos, hijos, nietos y dentro de poco tendr¨¦ bisnietos...¡ªComent¨® Dante con tono algo cansado por la insistencia del ni?o¡ª?Acaso crees que eres el primero en tratar de enga?arme? No y lamentablemente tampoco ser¨¢s la ¨²ltima bestia idiota con la que me cruzo. ¡ªT¨² no tienes familia: ?el humano que devoraste ten¨ªa esa vida!¡ªGrit¨® el ni?o haciendo un berrinche¡ª?Por qu¨¦ piensas que te decimos observador? Porque como un enfermo mental observaste a una persona hasta que te obsesionaste con su vida y se la arrebataste. ¡ª?Me cans¨¦ de esta charla in¨²til, muchacho!¡ªGrit¨® Dante con enojo sin darle valor a las palabras que la bestia dec¨ªa¡ª?Entonces me vas a ayudar a escapar o no? ¡ª?No! ?Te matar¨ªa si pudiera!¡ªGrit¨® el ni?o con odio¡ª?Los seres que atacan a los indefensos humanos en sus pisos son los seres m¨¢s asquerosos de este infierno! ?Cuando pierdas t¨² m¨¢scara te dar¨¢s cuenta quien eres y qu¨¦ tan enfermo estas! Luego de gritarle, el ni?o cort¨® la llamada, dejando a Dante inc¨®modo y con molestia. Sin tener los ¨¢nimos para mantenerse en este lugar, Dante tom¨® su cuchillo y procedi¨® para volver al manicomio. 27-La habitaciè´¸n Pasaron unos meses y finalmente los trabajadores lograron instalar la electricidad en el manicomio. El d¨ªa de hoy, los trabajadores terminaron de colocar la l¨¢mpara oxidada pedida por Dante en su habitaci¨®n, por lo que el viejo podr¨ªa disfrutar de la habitaci¨®n que ¨¦l deseaba. En estos momentos, Dante se encontraba comiendo en un tabl¨®n de madera junto con otros lun¨¢ticos que eran atendidos en su manicomio. Era algo inc¨®modo tener a m¨¢s personas viviendo en su hogar. Pero cuando Dante compr¨® la propiedad, las autoridades inglesas le obligaron a Dante a que siga manteniendo el manicomio funcionando. Por lo que el viejo no pod¨ªa dejar de hacerlo funcionar como un manicomio. Por suerte, Dante se hab¨ªa acostumbrado a esta nueva situaci¨®n debido a que llevaba muchos meses viviendo en Inglaterra. Como su habitaci¨®n estaba en obras, en este momento ten¨ªa que salir y vivir en otra habitaci¨®n mientras que colocaran la red el¨¦ctrica hasta su habitaci¨®n. No obstante, hoy deber¨ªa terminar su habitaci¨®n perfecta, por lo que en lo posible est¨¢ ser¨ªa su ¨²ltima comida con estos lun¨¢ticos. Con algo de apuro e impaciencia, Dante termin¨® de comer y camin¨® acompa?ado de una enfermera hacia su habitaci¨®n. Al llegar, Dante r¨¢pidamente pidi¨® a la enfermera que se marchara para poder disfrutar la habitaci¨®n en soledad. Con la nueva l¨¢mpara prendida, el hormig¨®n de las paredes de la habitaci¨®n ahora ten¨ªa un c¨¢lido color amarillo que era bastante reconfortante para la mente de Dante. *Tock,Tock* Pero antes de que Dante pudiera seguir disfrutando de la habitaci¨®n, alguien toc¨® la puerta de metal oxidado de su habitaci¨®n y abri¨® la rejilla en la puerta para verlo. ¡ª?Qu¨¦ pas¨® ahora? ?Ya com¨ª!¡ªGrit¨® Dante de mala gana, mirando que la enfermera que lo hab¨ªa acompa?ado hab¨ªa regresado. ¡ªSe?or Giordano, tienes visitas¡ªComent¨® la enfermera con tono alegre. ¡ª?Nadie en este pa¨ªs me conoce!¡ªGrito Dante de mala gana, entendiendo que estaba ocurriendo. This content has been unlawfully taken from Royal Road; report any instances of this story if found elsewhere. ¡ª?Soy yo, padre, Carlos!¡ªGrit¨® Carlos mirando por la rejilla de la habitaci¨®n. ¡ªNo...¡ªComent¨® Dante mirando a su hijo detr¨¢s de la reja¡ª?T¨² no eres mi hijo, d¨¦jame disfrutar unos m¨ªseros segundos! ?Vete de este lugar, bestia! ¡ª?Soy yo, pap¨¢! Mi esposa y yo terminamos nuestra luna de miel...¡ªComent¨® Carlos con l¨¢grimas en los ojos al ver el estado de la salud mental de su padre¡ªSolo quiero despedirme antes de irme a los Estados Unidos. ¡ª...¡ªDante lo pens¨® por unos minutos, pero luego con desconfianza busco algo abajo de su cama. En realidad no hab¨ªa nada debajo de la cama de Dante. Pero cuando el viejo busc¨®, un cuchillo de plata muy fino apareci¨® para que Dante pudiera tomarlo. Con el cuchillo en su mano, Dante mir¨® a su hijo y grit¨® con odio: ¡ª?Si entras, te mato! ?Vete!... y si de verdad eres mi hijo, entonces no regreses nunca m¨¢s a mi manicomio. ?D¨¦jame morir solo! ?D¨¦jame morir feliz! ¡ª?Por favor, pap¨¢, te lo suplico, d¨¦jame despedirme de vos antes de irme!¡ªGrit¨® Carlos entre l¨¢grimas detr¨¢s de la reja de la puerta ¡ªNo lograste eng¨¢?ame antes, no lograste eng¨¢?ame ahora y no lograr¨¢s enga?arme nunca!¡ªGrit¨® Dante con enojo, odiaba a estas bestias m¨¢s que nada en este mundo. ¡ªEst¨¢ bien, pap¨¢...¡ªComent¨® Carlos llorando con desilusi¨®n; resignado a que no hab¨ªa forma de curar la mente de su padre¡ªEspero que vivas feliz en este lugar, al menos s¨¦ que vivir¨¢s mejor que en la pocilga donde viv¨ªas antes. Dante no contest¨®, ¨²nicamente se qued¨® mirando con odio y temor a la bestia atr¨¢s de su puerta. El anciano no tem¨ªa morir en el otro mundo porque era la manera de escapar de ese sitio, pero morir ac¨¢ era el final de su vida y eso todav¨ªa le provocaba temor. Aunque la gran realidad, es que para Dante la lucha por su vida con esta edad se trataba sobre todo de una cuesti¨®n de orgullo: Dante nunca dejar¨ªa que estas bestias idiotas que lo persiguieron toda la vida finalmente lograran salirse con la suya y lo mataran cuando ¨¦l bajar¨¢ la guardia. El anciano hace mucho hab¨ªa aceptado que con su edad, ¨¦l ten¨ªa un pie en la tumba, pero se negaba rotundamente a morir en las manos de estas bestias. La bestia y la enfermera finalmente se marcharon dejando al anciano solo en su habitaci¨®n, el viejo maldijo que una bestia viniera arruinar este d¨ªa. Dante trat¨® de relajarse, pero por mucho que tratara no pod¨ªa dejar de pensar: ¡®?Y si en realidad fuera mi hijo y no una bestia?¡¯ Dante pens¨® y pens¨® en esa pregunta, en los detalles de la conversaci¨®n, pero por mucho que le diera vueltas al asunto, el hecho ya hab¨ªa ocurrido y no hab¨ªa forma de volver atr¨¢s para cambiarlo. Ya cansado de tanto reflexionar sobre ¨¦l tema, Dante apag¨® la luz de su habitaci¨®n y se fue a dormir deseando que el mundo de los sue?os lo conforme con su abrazo ef¨ªmero. 28-La calma del vagabundo. Dante durmi¨® con tranquilidad, dejando que los sue?os tranquilizaran su conciencia. En sus sue?os, Dante se encontraba caminando un camino de piedra como el que hab¨ªa en su estancia. Pero alrededor del camino no hab¨ªa pasto y animales rurales, sino que en los alrededores del camino pod¨ªa encontrarse ¨¢rboles y arbustos, por lo cual Dante sent¨ªa como si estuviera caminando por el medio del bosque. Por el cielo estrellado y la hermosa luna en el firmamento parec¨ªa ser de noche. Pero la oscuridad de la noche no molestaba a Dante, sino que lo llenaba de paz. El anciano portaba una vieja l¨¢mpara de aceite que serv¨ªa para iluminar el camino de piedras mientras avanzaba por el camino sin rumbo aparente. De vez en cuando unos b¨²hos miraban desde los ¨¢rboles y unas luci¨¦rnagas se cruzaban en el camino de Dante, d¨¢ndole un toque m¨¢s natural al camino de piedras. Luego de caminar un rato por el sendero, Dante pudo ver que en la distancia se encontraba un puente de madera que cruzaba un lago hasta llegar a una isla en el medio del lago. Sin apuro y con toda la calma que uno solo pod¨ªa tener en los sue?os, Dante camin¨® hasta el puente de madera y observ¨® como las estrellas eran reflejadas en la tranquila agua del lago. Dante vio que parte del puente estaba hundida en el agua, por lo que el anciano tendr¨ªa que mojarse sus pies descalzos si quisiera avanzar por el puente. Pero eso poco le importaba a Dante que en estos momentos ten¨ªa una gran curiosidad de ver que hab¨ªa en la isla en el medio del lago. Dante dio unos pasos en el puente y dej¨® que el agua lo mojara hasta los tobillos. El agua se sent¨ªa fr¨ªa y refrescante luego de esta larga caminata por el bosque. Con pasos lentos, el viejo camin¨® por el puente admirando la belleza del agua que lo rodeaba. El lago era realmente hermoso y de vez en cuando el anciano pudo apreciar algunos peces coloridos comiendo las algas que crec¨ªan por los costados del puente. Al cruzar el puente, Dante not¨® que la isla en el medio del lago parec¨ªa un pantano y el piso estaba lleno de barro y charcos de agua. Una gran cantidad de arbustos y ¨¢rboles ocultaban la mayor parte de la isla, no obstante, el camino de piedras pod¨ªa distinguirse en el suelo del pantano. Dante camin¨® con calma por el camino de piedras, mientras escuchaba como el croar de las ranas y los grillos cantando en el pantano envolv¨ªan sus o¨ªdos. Luego de un rato caminando, el anciano pudo distinguir que al final del camino de piedras se encontraba una caba?a de madera iluminada por antorchas. La caba?a no era muy grande y a lo mucho tendr¨ªa s¨®lo tres habitaciones; no obstante estaba rodeada de arbustos con flores coloridas y ex¨®ticas, lo cual le daba a la caba?a cierto aspecto m¨¢gico. El anciano camin¨® con lentitud hacia la caba?a para satisfacer su curiosidad y descubrir qu¨¦ misterio ocultaba el interior de la caba?a en el medio del pantano. Cuando sus pies descalzos tocaron los tablones de madera de la escalera de la caba?a, Dante pudo escuchar ruidos proviniendo de la caba?a, por lo que parecer¨ªa haber alguien trabajando en el interior. Unauthorized duplication: this tale has been taken without consent. Report sightings. Lamentablemente, no hab¨ªa ninguna ventana que diera al interior de la casa a simple vista y Dante se negaba a rodear toda la caba?a para ver si pod¨ªa vislumbrar a la fuente del ruido. Por lo que el anciano decidi¨® abrir la puerta de la caba?a y ver con quien se encontraba en sus sue?os. El interior de la caba?a estaba lleno de juguetes, todos los rincones ten¨ªan juguetes y cada pared de la habitaci¨®n estaba llena de estantes de madera para poder colocar m¨¢s juguetes. Hab¨ªa juguetes de diferentes tipos: mu?ecas, soldaditos, pelotas, juegos de mesa, bloques de construcci¨®n y hasta las l¨¢mparas de aceite que iluminaban la habitaci¨®n parec¨ªan ser juguetes. Dante mir¨® con asombro la pintoresca escena colorida brindada por los juguetes en la habitaci¨®n. El viejo quiso tocar un juguete, pero el ruido de alguien trabajando tras una puerta de madera en la habitaci¨®n lo interrumpi¨®. Con cuidado de no pisar los juguetes desparramados por el suelo, Dante camin¨® hacia la puerta y la abri¨® para encontrarse al hombre que trabajaba de noche. El interior de esta habitaci¨®n se encontraba repleto de cajones de madera: todas sus paredes eran cajones; los techos parec¨ªan tener unas manijas y los pisos tambi¨¦n ten¨ªan manijas por todos lados, por lo que tambi¨¦n parec¨ªan estar hechos de cajones. Colocada sobre una de las paredes de cajones de la habitaci¨®n, hab¨ªa una mesa muy amplia llena de partes de juguetes, diversos instrumentos y m¨¢quinas para armar juguetes. Trabajando en dicha mesa se encontraba un hombre bastante alto vestido con una t¨²nica blanca hecha harapos, el hombre parec¨ªa estar trabajando con mucha dedicaci¨®n mientras armaba los juguetes. No obstante, el hombre no parec¨ªa un ser humano: ya que la criatura ten¨ªa 6 brazos muy largos que contaban con varias articulaciones. El hombre usaba sus 6 brazos con destreza para buscar diferentes herramientas y partes de juguetes en los cajones que se encontraban colocados por la habitaci¨®n y parec¨ªa estar tan dedicado a terminar su trabajo que ignoraba la presencia de Dante. No obstante, cuando Dante quiso cerrar la puerta buscando que la extra?a criatura no notara su presencia, la criatura, sin dejar de trabajar, pregunt¨® con felicidad: ¡ªQue raro es ver a un ser humano venir hasta mi casa por su cuenta. ?Acaso tienes el deseo de convertirte en un juguete? Al decir esas palabras, el cuello del juguetero comenz¨® a girar, mostrando que el rostro de la criatura se encontraba oculto tras una m¨¢scara blanca sin rasgos faciales, adem¨¢s de una sonrisa negra y sin dientes. El juguetero mir¨® con cuidado a Dante y la sonrisa de su m¨¢scara se convirti¨® en una cara triste. Mientras continuaba trabajando sin mirar la mesa, el juguetero pregunto con sospecha: ¡ª?Te perdiste, observador? ?O acaso te obsesionaste con una de mis creaciones? Es raro ver a los observadores caminando por un piso sin humanos en busca de obsesiones; espero que no acabes de perder tus recuerdos. Ser¨ªa inc¨®modo hablar con alguien que no sabe su nombre. Dante por las dudas mir¨® de forma aturdida a la criatura, luego mir¨® su anciano cuerpo y las ropas del manicomio que llevaba puesta. Entendiendo que esto era un sue?o algo extra?o, el viejo coment¨® con calma: ¡ªNo me transforme en m¨ª yo joven y no cruce la puerta, por tanto, no deber¨ªa estar en el otro mundo. No obstante, este sue?o ciertamente es bastante real: ?Est¨¢s atac¨¢ndome mientras duermo? El juguetero lo mir¨® de arriba abajo y dos manchas rojas aparecieron donde deber¨ªa estar sus mejillas. Acto seguido, con algo de verg¨¹enza, el juguetero coment¨®: ¡ªVaya, qu¨¦ incomodidad... Al notar que la criatura cort¨® su frase por la mitad, Dante quiso animarla a que continuara hablando, pero no fue necesario, ya que la criatura volvi¨® a hablar luego de mantener un silencio inc¨®modo por unos minutos. ¡ªSupongo que tengo que ser yo el que te informe la mala noticia...¡ªComent¨® el juguetero con bastante verg¨¹enza¡ªSiento notificarte la desgracia, pero est¨¢s muerto... 29-Cambio de planes ¡ªDudo que este muerto...¡ªContest¨® Dante con desconfianza El viejo recordaba tener un d¨ªa estresante por la supuesta visita de su hijo y luego se fue a dormir con normalidad. Mientras Dante dorm¨ªa no sinti¨® nada raro, por lo cual desconfiaba de que esta extra?a criatura le dijera la verdad. ¡ªQue momento inc¨®modo...¡ªComent¨® el juguetero con verg¨¹enza. Acto seguido, el cuello del juguetero comenz¨® a girar d¨¢ndole la espalda a Dante. Parec¨ªa que al juguetero le importaba m¨¢s el juguete en la mesa que el intruso que se hab¨ªa colado en su caba?a. ¡ªS¨¦ que los observadores se vuelven err¨¢ticos al enterarse de que su obsesi¨®n muri¨®¡ªComent¨® el juguetero trabajando en la mesa; tratando de ignorar a Dante¡ªTe recomendar¨ªa que busques otra persona en los pisos cercanos y ver si su vida te interesa. Por cierto, est¨¢s en el piso 950, as¨ª que no hay mucha gente por este bosque: trata de ir al piso 0 ah¨ª est¨¢ lleno de gente. Dante trat¨® de despertarse, pero not¨® que no lograba despertarse, por lo que comenz¨® a asustarse y pregunt¨® con miedo: ¡ª?Qu¨¦ ocurre si muero en este lugar? ¡ªEres un observador: t¨² no puedes morir, solo observar¨¢s hasta la eternidad...¡ªComent¨® el juguetero algo feliz por no tener que sufrir el mismo destino¡ªPor eso es que tu raza est¨¢ llena de dementes que buscan algo para obsesionarse y as¨ª pasar su tiempo. ¡ªT¨² pareces obsesionado con estos juguetes...¡ªComent¨® Dante notando que la otra persona no par¨® de trabajar desde que comenz¨® la charla. ¡ªSi, pero yo me divierto haci¨¦ndolos...¡ªDijo el juguetero con tono feliz¡ªEn cambio, t¨² sufres tu existencia y por eso disfrutas m¨¢s de la vida de los dem¨¢s que de tu propia vida. ¡ªLo dudo, soy feliz siendo un viejo en un manicomio...¡ªComent¨® Dante con algo de nervios, pensando en la cantidad de veces que se escap¨® de la cama donde dorm¨ªa con su esposa para ir al infierno tras la puerta¡ª... No tengo dudas de que soy feliz... ¡ªEso es lo que dir¨ªa alguien infeliz con su vida¡ªComent¨® el juguetero con iron¨ªa¡ªSi pierdes la cordura, al menos ten la amabilidad de irte a otro piso y no molestarme. Para la mayor¨ªa de criaturas tu raza es una plaga y yo no soy la excepci¨®n que cree lo contrario. ¡ª?C¨®mo regreso al manicomio?¡ªpregunt¨® Dante con dudas, llevaba unos minutos pellizcando, tocando y oliendo cosas en la habitaci¨®n, pero todo parec¨ªa ser demasiado real para ser un sue?o y cada vez estaba m¨¢s seguro que de alguna forma extra?a se meti¨® con su verdadero cuerpo a este mundo. Stolen content alert: this content belongs on Royal Road. Report any occurrences. ¡ªSi quieres ir a un piso con humanos, solo tienes que ir hasta el piso 0¡ªRespondi¨® el juguetero, mientras una de sus manos empujaba a Dante para abrir un caj¨®n debajo de ¨¦l¡ªSuerte con eso y recuerda no regresar a este piso si lo logras. ¡ª?D¨®nde est¨¢n las escaleras para subir pisos?¡ªpregunt¨® Dante con preocupaci¨®n; esta criatura no buscaba atacar: de verdad parec¨ªa que buscaba que se fuera de su casa y esto lo estaba incomodando. ¡ªNi idea: nac¨ª en este piso y supongo que morir¨¦ en este piso¡ªComent¨® el juguetero con pereza sin prestarle mucha atenci¨®n a la conversaci¨®n con Dante¡ªPero debe andar por el bosque, lejos de mi casa: ?muy lejos de mi casa! ¡ª?Nunca saliste de este piso? ?Ni siquiera para ver los juguetes que usan los ni?os del otro mundo?¡ªPregunt¨® Dante con sospechas¡ªMuchos de tus juguetes se parecen a los del otro mundo... ¡ªPor eso caz¨® a los humanos y en general ellos vienen a este piso: ?Para qu¨¦ ir a buscarlos...?¡ªComent¨® el juguetero con pereza¡ªSolo alguien inmortal como vos perder¨ªa el tiempo de semejante manera. ¡ª?Pero vives en este piso!¡ªGrit¨® Dante con preocupaci¨®n¡ª?C¨®mo es que ni siquiera conoces rumores acerca de las escaleras para subir a los pisos superiores? El viejo podr¨ªa probar mat¨¢ndose, pero Dante no se animaba con su cuerpo real a apostar con su vida de esa manera. ¡ªTe est¨¢s confundiendo...¡ªComent¨® el juguetero con calma sin importarle el grito¡ªPiso 950 no es un orden: es un nombre. Hay escaleras que te mandan del piso 0 al 10000 y al subir la misma escalera viajas del 10000 al 30. Otras escaleras suben del piso 30 al piso 500. ¡ª?Entonces c¨®mo voy a saber como encontrar el piso 0!¡ªGrit¨® Dante con desesperaci¨®n al entender la locura de este sitio. Antes Dante nunca se puso a explorar estos lugares, el viejo solo cruzaba su puerta y miraba que hac¨ªan los seres humanos. Cuando todos mor¨ªan o lograban salir con vida para irse a otro sitio poco interesante, Dante volv¨ªa a casa con su familia y disfrutaba de la comodidad de su hogar. El juguetero respondi¨® enojado porque la plaga lo estaba interrumpiendo con su trabajo: ¡ªTe dar¨¦ la primera pista: sube las escaleras de este piso y si la criatura de los pisos superiores te dice que bajes para llegar al piso 0 te est¨¢ mintiendo. Suerte en el infierno. ?Ahora vete! Acto seguido, el juguetero tom¨® una aguja de la mesa y la levant¨® apunt¨¢ndole al cr¨¢neo de Dante. *Wush* La aguja sali¨® disparada a la velocidad de una bala y atraves¨® el cr¨¢neo de Dante, haciendo que el anciano cayera al suelo con los ojos incr¨¦dulos por el ataque repentino. No pas¨® un minuto y Dante volvi¨® a aparecer corriendo por la puerta de la habitaci¨®n. Con aturdimiento al ver su propio cad¨¢ver en el suelo, el viejo grito con desesperaci¨®n: ¡ª??C¨®mo? ??C¨®mo entr¨¦ a este sitio sin darme cuenta?! ??C¨®mo?! ¡ªMoriste...¡ªComent¨® el juguetero empujando con una de sus manos a Dante tratando de sacarlo de su habitaci¨®n, como si se tratara de una rata que se col¨® en su cuarto¡ªAhora vete a busca personas a la cual observar: ?Fuera de mi casa, plaga! 30-Las puertas del cielo Dante fue empujado por el juguetero hasta la salida de la puerta y fue empujado por las escaleras de la caba?a con violencia. *Puff* Dante vio desde el fr¨ªo suelo como la mano incre¨ªblemente larga del juguetero cerraba la puerta violentamente, como tratando de hacerle entender que no era recibido en esta casa. Con aturdimiento, Dante se qued¨® mirando la puerta de madera unos cuantos minutos, mientras que su cerebro procesaba todo lo que estaba ocurriendo en estos momentos. Primero Dante se enter¨® de que muri¨®, luego viaj¨® a este lugar extra?o por su muerte, luego esta extra?a criatura le dijo que no era un ser humano, por ¨²ltimo la criatura lo asesin¨® y ¨¦l volvi¨® a revivir en unos minutos. Por lo tanto, Dante no pod¨ªa morir para volver a casa y ahora estaba atrapado en este sitio. Pero a Dante en estos momentos no le importaba el hecho de que muri¨®, el hecho de que viaj¨® a este sitio, el hecho de no ser humano o el hecho de estar atrapado en este sitio. Solo hab¨ªa un gran problema en lo que descubri¨® esta noche, pero este problema que para muchos ser¨ªa una bendici¨®n para Dante estaba siendo una tortura. ¡ª?Como se supone que me re¨²na con mi esposa si no puedo morir!¡ªGrit¨® Dante desde el suelo con desesperaci¨®n, mirando a la puerta, casi esperando que de milagro el juguetero salga para responderle¡ª?Dime c¨®mo se supone que yo voy a ir al cielo con mi esposa! Y la cuesti¨®n no era menor, Dante hab¨ªa vivido desde la muerte de su esposa, ¨²nicamente pensando en que faltaba poco para encontrarse otra vez en el cielo, pero ahora le estaban negando las puertas del cielo. ¡ª?Que mierda voy a hacer ahora!¡ªGrit¨® Dante entre l¨¢grimas con desesperaci¨®n a la puerta de madera de la caba?a¡ª?Abandone a mis hijos para no lastimarlos y ahora me dices que no puedo volver a ver a mi esposa incluso si muero! Dante estaba desesperado; ¨¦l conoci¨® el infierno en este lugar y estaba cien porciento seguro de que de verdad existir¨ªa el cielo, ahora se estaba enterando de que nunca m¨¢s volver¨ªa a verse con su esposa. The story has been taken without consent; if you see it on Amazon, report the incident. El viejo no pod¨ªa aceptar ese hecho: la vida ya no le sab¨ªa a nada, las noches eran amargas sin su esposa y los d¨ªas eran una lucha constante contra las bestias intentando no lastimar a sus verdaderos familiares. No obstante, en el fondo Dante sab¨ªa que lastimaba a sus familiares al no poder reconocerlos y dudar de ellos, pero trataba de enga?arse a s¨ª mismo para ignorar este hecho. La vida de Dante era una desgracia y solo el calor de lo que vendr¨ªa despu¨¦s de la muerte lo reconfortaba, ahora se enteraba de que todo en lo que hab¨ªa cre¨ªdo eran ilusiones y estaba condenado a este mundo por la eternidad. ¡ª?Dime una forma de escapar de esta condena!¡ªGrito Dante con todo su pulm¨®n a la puerta. La insistencia del anciano fue ¨²til y la puerta comenz¨® a abrirse. Extra?amente, no era el juguetero el que aparec¨ªa detr¨¢s de la puerta, sino que era un peque?o soldadito de plomo con ¨²nicamente una pierna que de alguna manera misteriosa se las ingeni¨® para lograr abrir la puerta. El juguete mir¨® a dante con enojo y en tono militar dijo: ¡ª?Tu esposa est¨¢ muerta y abandonaste a tus hijos! ?Ve a buscar a tus hijos! Tras decir eso, el soldado levant¨® su rifle y apunt¨® contra la cabeza de Dante. *Piuu* Un balazo sali¨® de su rifle en miniatura, si bien la bala era min¨²scula, la cabeza de Dante estall¨® como una sand¨ªa al recibirla. *Puff* El cuerpo sin cabeza de Dante se desparram¨® por el suelo y el soldado entr¨® a la caba?a dando saltos cortos. La puerta de la caba?a s¨¦ cerr¨® por s¨ª misma cuando el juguete logr¨® entrar. Los arbustos en el pantano se movieron y poco a poco un viejo vestido con ropas acolchadas blancas sali¨® dentro de los arbustos y mir¨® de forma aturdida el cad¨¢ver en el suelo. ¡ªQue clase de bestia soy...¡ªMurmur¨® Dante con aturdimiento al ver su propio cad¨¢ver sin cabeza en el suelo. Dante recordaba el dolor de sentir a su cabeza estallando, luego con aturdimiento apareci¨® en un t¨²nel de tierra con una sola puerta en un extremo y sin otra salida. El viejo gateo por el t¨²nel hasta llegar a una puerta. Al salir del t¨²nel, Dante apareci¨® detr¨¢s de los arbustos. Dante inspeccion¨® su cad¨¢ver por un rato y volvi¨® a recuperar la l¨¢mpara de aceite que se hab¨ªa ca¨ªdo al suelo. Por suerte la l¨¢mpara no se rompi¨®, pero si se hab¨ªa apagado. Usando una de las antorchas que iluminaban la caba?a, Dante volvi¨® a aprender la l¨¢mpara. Luego el viejo mir¨® al camino de piedra que llevaba al puente del lago, con algo de angustia Dante comenz¨® a dirigirse al puente. El soldadito de plomo le hab¨ªa recordado a Dante que ahora sab¨ªa que no pod¨ªa morir, por tanto, pod¨ªa reunirse con sus hijos sin temor de da?arlos. Pero para poder lograr reencontrarse con su familia, Dante tendr¨ªa que encontrar una manera de escapar de este infierno y regresar a casa. 31-Caminata en el bosque Con lentitud, Dante camin¨® por el fr¨ªo camino de piedras a trav¨¦s del pantano en busca del puente para poder llegar al bosque. El viejo no sab¨ªa donde estaba la salida del piso, pero no le parec¨ªa mala idea verificar a donde terminaba el extremo contrario del camino que lo llevaba a la caba?a,ya que podr¨ªa ser la salida del piso 950. Mientras caminaba por el camino, Dante trat¨® de no pensar m¨¢s en sus problemas actuales y considerar esto como una aventura como las que sol¨ªa tener su hijo Carlos cada vez que decid¨ªa iniciar un viaje por el mundo. No obstante, a Dante le era bastante complicado ignorar el hecho de que estaba atrapado en este infierno. Tras caminar por unos cuantos minutos, Dante finalmente pudo llegar al sitio donde hab¨ªa recuperado la conciencia o donde hab¨ªa aparecido en sus sue?os. No le era muy claro c¨®mo lleg¨® a este lugar, pero supuso que hab¨ªa cruzado alg¨²n t¨²nel sin darse cuenta y ahora no pod¨ªa volver por ese t¨²nel por alguna raz¨®n desconocida: que probablemente estuviera vinculada con morir en el manicomio. ¡ªPodr¨ªa ser que de verdad pertenezco a este sitio...¡ªComent¨® Dante hablando solo, mientras continuaba caminando por el camino¡ªTal vez cree un t¨²nel desde el piso 950 al exterior, luego le robe la identidad a otra persona y perd¨ª mis recuerdos convirti¨¦ndome en esa persona. Unauthorized duplication: this narrative has been taken without consent. Report sightings. Al pensar esa idea, Dante sigui¨® reflexionando, mientras caminaba: ¡ªSiguiendo las reglas de la puerta, una vez que mor¨ª en el otro lado, aparec¨ª en el origen del t¨²nel. Es decir, que cuando muriera en el exterior aparecer¨ªa en el infierno. Entonces tengo que tener la habilidad para crear un t¨²nel que me permita salir directamente al exterior y tal vez tengan la habilidad de crear un t¨²nel que me dirija al cielo. El problema es que no recuerdo c¨®mo hacerlo... Dante hab¨ªa tratado de crear la puerta en el piso del pantano donde estaba la caba?a y parec¨ªa ser que no funcionaba; prob¨® 100 veces sacar el pomo, pero lo ¨²nico que logr¨® el viejo fue ensuciarse la mano con barro. ¡ªSi quiero recuperar mis recuerdos, tengo que caminar por estos pisos¡ªComent¨® Dante un poco menos deprimido por plantearse un nuevo objetivo. El viejo esperaba encontrar alg¨²n piso que pueda reconocer o que inconscientemente sienta que le es familiar por estar conectado con su pasado; no obstante, por mucho que mirara el bosque no hab¨ªa nada que le provocara esa sensaci¨®n. Tras caminar por el sendero en el bosque unos cuantos minutos, Dante pudo apreciar que en el final del camino se encontraba otra caba?a id¨¦ntica a la que hab¨ªa visto en el pantano. Las similitudes entre las dos caba?as eran tales que si no fuera porque la caba?a se encontraba en el medio de un bosque, Dante pensar¨ªa que estaba caminando en un c¨ªrculo todo el tiempo y hab¨ªa regresado a la misma caba?a del juguetero. Con algunas expectativas por descubrir la salida de este piso, Dante entr¨® en la caba?a buscando alguien que pudiera darle m¨¢s respuestas acerca de su situaci¨®n actual. 32-Kacper Con pasos seguros, Dante subi¨® por las escaleras de la caba?a y se dirigi¨® hasta la puerta de madera. Al abrir la puerta, Dante pudo apreciar el interior de la caba?a. La habitaci¨®n era bastante similar a la sala de recepci¨®n de la casa donde viv¨ªa la familia de Dante: las paredes eran de madera y varias cabezas de animales pod¨ªan verse colocadas por todas las paredes. El piso de la habitaci¨®n estaba cubierto por pieles de animales y varias estatuas de animales ex¨®ticos pod¨ªan verse rodeando un sill¨®n hecho con piel de oso al lado de una mesa de madera. En la mesa de madera hab¨ªa un libro con cubierta peluda cerrado con un cintur¨®n de cuero gastado. Varias l¨¢mparas de aceite estaban colocadas sobre las estatuas de los animales, siendo las l¨¢mparas parte de la decoraci¨®n ex¨®tica de la habitaci¨®n. ¡ª?Hay alguien?¡ªGrit¨® Dante tratando de llamar la atenci¨®n del habitante de esta caba?a. ¡ªS¨ª...¡ªComent¨® una persona con voz ronca en la espalda de Dante. Dante se dio la vuelta con rapidez y observo a la persona que ten¨ªa en su espalda: parec¨ªa ser un ser humano, pero sus dedos eran un poco m¨¢s largos y su piel era blanca como la nieve. Las principales diferencias con un ser humano normal estaban en su rostro: Su rostro no ten¨ªa nariz, ni orejas, sus ojos eran dos orificios negros y en su boca se encontraba una sonrisa con dientes afilados y muy disparejos. La criatura era completamente calva y su piel parec¨ªa haber sido pegada con una grapadora, por lo que estaba muy arrugada y llena de estr¨ªas. La criatura estaba vistiendo ropa exageradamente elegante, vistiendo: un traje verde con textura similar a la piel de cocodrilo, unos pantalones verdes de piel de cocodrilo y unos zapatos puntiagudos tambi¨¦n de piel de cocodrilo. Un reloj de marfil muy bonito se encontraba en su mano y los botones de la ropa parec¨ªan estar hechos de piedras preciosas. If you discover this tale on Amazon, be aware that it has been stolen. Please report the violation. ¡ªHace tiempo no veo una presa siendo atra¨ªda por el camino de piedra¡ªComent¨® la criatura con una sonrisa anormalmente amplia en su rostro. ¡ª?Sabes donde est¨¢n las escaleras de este sitio?¡ªpregunt¨® Dante con incomodidad por el aliento p¨²trido que sal¨ªa de la sonrisa de la otra persona. ¡ª?Es un observador, Kacper! ?Aleja a esa plaga de nosotros!¡ªGrit¨® una cabeza con forma de oso que se encontraba colocada en una de las paredes de la habitaci¨®n. La sonrisa en la criatura desapareci¨® y una cara muy preocupada apareci¨® en su rostro, mientras comento: ¡ªEspero que te marches pronto... ?Por qu¨¦ usar las escaleras? ?Siendo un observador no deber¨ªas cavar t¨²neles como los topos? ¡ªNo aparecen las puertas cuando trato de sacarlas... ?Sabes el motivo?¡ªpregunt¨® Dante algo emocionado. ¡ªL¨®gicamente: No¡ªComent¨® Kacper mirando con cuidado al observador¡ªIgual que t¨² no sabes como yo hago mi trabajo de taxidermia. ¡ª?C¨®mo saben que soy un observador s¨®lo con verme?¡ªpregunt¨® Dante a la cabeza de oso en la pared¡ªPodr¨ªa ser una persona Al parecer siempre pasaba lo mismo y las criaturas de este infierno reconoc¨ªan a Dante como otra criatura; antes no les cre¨ªa, pero ahora que vino con su cuerpo original, sus dudas sobre el tema se disiparon y decidi¨® creer que en verdad no era un humano con poderes especiales. Pero la cabeza no respondi¨®, parec¨ªa no querer llamar la atenci¨®n m¨¢s de la cuenta por temor a que Dante se obsesionara con ella. Al notar la mirada de Dante sobre sus pertenencias, Kacper respondi¨® con rapidez: ¡ªPorque tienes dos alas hechas de piel en tu espalda; es el rasgo m¨¢s distintivo de los observadores. Por las dudas, Dante se toc¨® la espalda, pero efectivamente no ten¨ªa alas. ¡ªNo tengo nada en la espalda...¡ªComent¨® Dante con aturdimiento ¡ªAhora est¨¢s transformado, payaso...¡ªComent¨® Kacper con enojo¡ªDes-transf¨®rmate y tendr¨¢s tus alas. Casi todos pueden ver tu verdadera forma si te miran con atenci¨®n... ¡ª?C¨®mo me des-transform¨®?¡ªpregunt¨® Dante con dudas. ¡ª??La plaga acaba de perder a su obsesi¨®n: ¨¦chalo de nuestra casa, ¨¦chalo ya!!¡ªComenzaron a gritar las cabezas en la pared con preocupaci¨®n; llenando de gritos la habitaci¨®n. ¡ªEntiendo que est¨¢s perdido, pero ?podr¨ªamos hablar afuera de la caba?a?¡ªComent¨® Kacper con preocupaci¨®n mientras tomaba al anciano de la espalda y lo empujaba por la puerta., 33-Porque son una plaga... Dante con enojo sali¨® de la caba?a para evitar que lo siguieran empujando. Cuando el viejo sali¨®, Kacper cerr¨® la puerta con violencia y mir¨® al visitante no deseado con cierto enojo. ¡ª?Por qu¨¦ tanto odio hacia los observadores?¡ªpregunt¨® Dante tratando de disimular su enojo hacia la criatura; todav¨ªa necesitaba su ayuda para encontrar la salida. ¡ªPorque son una plaga...¡ªComentos Kacper con molestia¡ªAunque no abundan, todos los observadores creen que pueden hacer lo que se les cante, total no hay consecuencias para un inmortal. ¡ªPero yo solo soy un sujeto agradable que est¨¢ algo perdido¡ªComent¨® Dante tratando de que la otra parte dejara de mirarlo con desprecio¡ª?Sabes como puedo transformarme en mi verdadera apariencia? ¡ªNo, yo no soy un observador: soy un guardabosques¡ªComent¨® Kacper¡ªNadie va a poder responder tus preguntas acerca de tu raza, en general esas cosas las descubres mientras exploras por los pisos. ¡ª?Podr¨ªas darme un ejemplo?¡ªpregunt¨® Dante sin entender a qu¨¦ se refer¨ªa con descubrir. El viejo no sent¨ªa nada extra?o en su cuerpo que debiera descubrir c¨®mo funciona y su idea actual era recordar su pasado; pero recordar y descubrir son palabras distintas. Kacper respondi¨® con rapidez, tratando de no alargar demasiado la charla: ¡ªTe encontrar¨¢s algo que exclusivamente t¨² puedas encontrar o alguna entidad que solamente t¨² puedas ver. Tambi¨¦n podr¨ªas encontrar alg¨²n objeto inusual o un libro raro. Incluso si buscas evitar descubrir estas cosas las terminar¨¢s encontrando; porque el infierno te va a dar lo que te pertenece. ¡ª?Sabes c¨®mo llegar al piso 0 o al piso donde habitan los observadores?¡ªpregunt¨® Dantes. ¡ªNo, nunca fui al piso 0, solo escuch¨¦ rumores de ese piso¡ªComento Kacper¡ªLos observadores son vagabundos por naturaleza: no hay pisos donde puedas hallarlos; no obstante, te garantiz¨® que hay observadores en el piso 0. El piso 0 est¨¢ repleto de humanos, por lo que los observadores suelen peregrinar hacia ese piso. ¡ªAs¨ª que el piso 0 era la superficie...¡ªMurmuro Dante ¡ª?Superficie? No el piso 0 no es la superficie: no hay humanos en la superficie¡ªComent¨® Kacper This narrative has been purloined without the author''s approval. Report any appearances on Amazon. ¡ª?Qu¨¦?¡ªpregunt¨® Dante de forma aturdida. Pero luego, el viejo mir¨® al bosque rodeando la caba?a y la hermosa luna en el cielo; tranquilamente Dante podr¨ªa pensar que esto era la superficie si no fuera porque estaba hablando con Kacper en estos momentos ¡ª?Cada piso es tan grande como el piso 0?¡ªPregunt¨® Dante Kacper observ¨® el gran bosque que rodeaba la caba?a con orgullo y coment¨®: ¡ªLa verdad es que no soy un gran explorador de pisos como para contarte muchos acerca de los misterios de los pisos, pero cuando era joven viaj¨¦ bastante hasta encontrar un hermoso bosque que cuidar. Seg¨²n mi experiencia viajando puedo decirte que algunos pisos deber¨ªan ser m¨¢s grandes que el piso 0 y algunos pisos son m¨¢s chicos que mi caba?a. ¡ª?Sabes como puedo llegar a la escalera de este piso para ir al piso 0?¡ªpregunt¨® Dante, con dudas. ¡ªSi, l¨®gicamente, conozco la salida de este bosque; ya que soy el guardabosques¡ªComent¨® Kacper con una sonrisa mostrando sus dientes afilados¡ªPero si quieres la respuesta, necesito que me ayudes con una tarea; no todos los d¨ªas se ve un inmortal buscando informaci¨®n, as¨ª que ay¨²dame resolviendo un par de cuestiones y luego te dir¨¦ c¨®mo salir del bosque. ¡ªMe parece justo¡ªDijo Dante¡ªPero solo soy un viejo, por m¨¢s que sea inmortal podr¨ªa no poder completar tu tarea. ¡ªSon dos tareas, la primera puedes completarla tranquilamente¡ªComent¨® Kacper con una sonrisa a¨²n m¨¢s amplia¡ªEn la segunda tarea voy a necesitar que te metas por unos arbustos a recolectar sus frutos, l¨®gicamente los arbustos son mortales por eso te necesito. ¡ªS¨ª, supongo que ser¨ªa f¨¢cil hacer eso¡ªComent¨® Dante un poco m¨¢s aliviado¡ª?De qu¨¦ trata la primera tarea?. ¡ªNecesito que te cortes los brazos y piernas unas 10 veces¡ªRespondi¨® Kacper con una sonrisa bastante amplia¡ªLa carne humana es bastante valiosa en este piso con pocos humanos: as¨ª que me vendr¨ªa bien almacenar un poco; supongo que no te costar¨¢ nada entregar un poco y esperar a que se regenere. ¡ªCuesta bastante¡­¡ªComent¨® Dante al pensar que tendr¨ªa que ponerse a gatear por el t¨²nel 10 veces para completar la tarea¡ªAdem¨¢s no funciona de esa manera, simplemente c¨®rtame la cabeza y te quedas con todo mi cuerpo, pero solo 5 veces; t¨² obtendr¨¢s bastante m¨¢s carne y yo menos trabajo. El guardabosques nunca hab¨ªa atacado a un observador por temor a ganarse un par¨¢sito que lo siguiera toda su vida, por lo que Kacper no estaba seguro de c¨®mo funcionaba la inmortalidad de estas extra?as criaturas. ¡ªBueno...¡ªdijo Kacper con dudas. *Slap* Kacper junt¨® los dedos de su palma y atino una cachetada a Dante con violencia, provocando que la cabeza del viejo saliera rodando por el suelo. Inmediatamente, los arbustos cercanos a la caba?a se movieron y Dante sali¨® para ver que su cabeza todav¨ªa no hab¨ªa dejado de rodar por el suelo. ¡ª?No deber¨ªa des-transformarse la cabeza cuando muero?¡ªpregunt¨® Dante. ¡ªEs impresionante, no paso un m¨ªsero segundo y reviviste¡ªComent¨® Kacper bastante emocionado por ver una criatura extra?a en su bosque ¡ªEn cuanto a tu pregunta: tu transformaci¨®n no es una cuesti¨®n muscular: es una transformaci¨®n m¨¢gica, por lo que realmente tu carne y cuerpo es el de un humano. Al terminar de decir eso, Kacper se adelant¨® con lentitud hasta Dante y de otra bofetada mand¨® a rodar su cabeza por el suelo. 34-Esta... muy... bueno Dante con lentitud gateo por el pasillo de tierra iluminado con flores blancas; el viejo estaba bastante cansado mentalmente de tener que pasar por este pasillo 6 veces. Aunque para Kacper recolectar 5 cuerpos fue una cuesti¨®n de minutos, para Dante fueron varias horas seguidas gateando por este pasillo infernalmente largo. Algo que aprendi¨® Dante es que si bien su cuerpo reviv¨ªa , por tanto, su cuerpo no se cansar¨ªa, su mente segu¨ªa acumulando cansancio. A estas alturas, Dante pudo sentir que empezaba a producirse un efecto que nunca antes sinti¨® en su cuerpo y era que su cuerpo estaba en perfectas condiciones, pero Dante se sent¨ªa demasiado cansado para seguir avanzado: como si no tuviera ganas de salir del t¨²nel. Otra cosa que aprendi¨® Dante, adem¨¢s de la relatividad de los tiempos dentro del t¨²nel, es que podr¨ªa escapar de Kacper si as¨ª lo deseara: fue algo instintivo, pero al revivir m¨¢s de tres veces seguidas Dante noto que las luces blancas del t¨²nel se volvieron rojas al abrir la puerta. Al ver las luces rojas, Dante sinti¨® el instinto de que podr¨ªa cerrar la puerta e ir en direcci¨®n contraria y de esa forma ¨¦l aparecer¨ªa en otro punto aleatorio de este piso. Dante no prob¨® hacerlo, pero su instinto le dec¨ªa que eso ocurrir¨ªa. El viejo se emocion¨® bastante al sentir este instinto; ya que la ¨²ltima vez que sinti¨® el instinto para poder hacer algo fue hace mucho tiempo cuando descubri¨® c¨®mo abrir el t¨²nel. Por lo que Dante sinti¨® que hab¨ªa esperanzas de encontrar una manera m¨¢s sencilla de salir a la superficie, si lograra despertar el instinto de usar los t¨²neles para ir al piso 0 entonces sus problemas se acabar¨ªan. El ¨²nico problema es que el viejo no ten¨ªa idea c¨®mo se provocaba ese instinto y supuso que la manera de lograrlo era perdiendo completamente la cabeza con la idea de viajar a la superficie, lo cual parec¨ªa ser una mala idea. Luego de gatear por un rato, Dante diviso la puerta en la distancia; curiosamente esta puerta era siempre la misma y era una simple puerta de tablones de madera de color negro, muy similar a los troncos de los ¨¢rboles que hab¨ªa en este lugar. Para abrir la puerta se utilizaba un champi?¨®n rojo que crec¨ªa en la puerta como un pomo y era lo ¨²nico llamativo de la puerta. The author''s tale has been misappropriated; report any instances of this story on Amazon. Dante gate¨® hasta la puerta, tom¨® el champi?¨®n rojo y abri¨® la puerta. Luego el viejo maldijo haber aceptado este trato, ahora tambi¨¦n tendr¨ªa que morir para obtener los frutos de los arbustos mortales. Kacper not¨® que Dante volv¨ªa a salir de entre los arbustos cercanos y coment¨® con emoci¨®n: ¡ªBueno, vayamos por los arbustos, te indicar¨¦ el camino. ¡ª?Espera!¡ªGrit¨® Dante con cansancio¡ªPrimero deber¨ªas guardar los cuerpos, dame un tiempo para descansar y de paso tr¨¢eme alg¨²n t¨¦ o algo para relajarme: estoy demasiado cansado como para continuar con la siguiente tarea ahora mismo. ¡ªAlgo para relajarte...¡ªMurmuro Kacper tratando de pensar alguna cosa ¨²til¡ªPodr¨ªa probar con los champi?ones¡­ te traer¨¦ alg¨²n t¨¦ con champi?ones; probablemente los champi?ones te ayuden a ponerte en mejor estado para tu siguiente tarea. Dante con canci¨®n se fue a sentar en las escaleras de la caba?a. Era realmente extra?o para Dante sentir que pod¨ªas continuar, pero que tu cabeza est¨¦ quemada y te diga que pares. El viejo sent¨ªa como si no estuvieran en sincron¨ªa su mente con su cuerpo. Desde las escaleras, Dante vio como el guardabosques cargaba los cad¨¢veres en su espalda y se los llevaba a la caba?a. Incluso cargando un cad¨¢ver, Kacper tuvo la delicadeza de cerrar la puerta luego de ingresar como buscando evitar que Dante fisgonee las cosas dentro de su caba?a. Luego de un rato, Kacper volvi¨® con un cr¨¢neo humano; el cr¨¢neo hab¨ªa sido modificado para que funcionase como una taza, por lo que sus orificios hab¨ªan sido tapados con madera. ¡ªEspero que te ayude a relajarte¡­¡ªComent¨® Kacper con una sonrisa, entregando el cr¨¢neo a Dante ¡ªNo ten¨ªas tazas normales...¡ªSe quej¨® Dante mientras tomaba de mala gana el cr¨¢neo y miraba su contenido. Dentro del cr¨¢neo parec¨ªa haber agua de color azul, con champi?ones violetas flotando por todos lados. El aspecto del trago parec¨ªa ser bastante ex¨®tico y el olor era similar al de los frutos rojos, por lo que el viejo prob¨® el trago esperando que su sabor fuera tan bueno como su aspecto. El sabor era bastante similar al tequila, pero hab¨ªa un leve sabor extra?o con gusto a ar¨¢ndanos bastante rico, lo m¨¢s interesante es que el agua azulada te dorm¨ªa la boca con solo tomar un trago y luego de beber un poco Dante se sinti¨® un poco m¨¢s feliz. ¡ª?Est¨¢ bueno el trago?¡ªPregunt¨® Kacper mientras tra¨ªa otro cad¨¢ver de regreso a la caba?a ¡ªEsta... muy... bueno¡ªComento Dante con esfuerzo porque la lengua estaba dormida y no se mov¨ªa de forma correcta. ¡ª?Qu¨¦ bueno! Si quieres te doy un poco de esos champi?ones cuando te marches¡ªComent¨® Kacper con una sonrisa mostrando sus dientes afilados¡ªEn el invierno todo el bosque se llena de ellos, as¨ª que tengo de sobra. Dante sigui¨® tomando el trago con felicidad y vio como Kacper cerraba la puerta nuevamente para guardar el cad¨¢ver en la caba?a. 35-Arbustos Dante sigui¨® tomando su bebida con tranquilidad y felicidad, olvid¨¢ndose de sus problemas actuales y el lugar donde se encontraba. Cuando quiso recordar, el anciano se hab¨ªa quedado dormido en las escaleras de madera de la caba?a. Pas¨® un tiempo durmiendo y con algo de aturdimiento, Dante abri¨® los ojos y despert¨® en un peque?o t¨²nel de tierra iluminado por flores blancas. ¡ª?Qu¨¦ mierda ocurri¨® ahora!¡ªMaldijo Dante mientras se pon¨ªa a gatear nuevamente por el t¨²nel. En el camino Dante trat¨® de recordar como muri¨®, pero solo recordaba haber bebido ese extra?o trago azulado, probablemente el trago estaba envenenado por lo que termin¨® muriendo. Aunque al menos ahora, Dante se sent¨ªa con un humor un poco m¨¢s agradable y con m¨¢s energ¨ªas; por lo que el trago hab¨ªa sido de utilidad. Al salir del t¨²nel, Dante se encontr¨® con que estaba en el medio del bosque. Algo aturdido por la salida extra?a, el viejo grito: ¡ª?Kacper! ??D¨®nde est¨¢s, Kacper?! ¡ª?Por ac¨¢!¡ªContest¨® el guardabosques desde atr¨¢s de unos arbustos. Dante atraves¨® los arbustos con cuidado y se encontr¨® con que la elegante criatura estaba sosteniendo una l¨¢mpara de aceite mientras miraba desde la distancia un cad¨¢ver lleno de tumores morados. ¡ª?Qu¨¦ pas¨®? ?Por qu¨¦ mor¨ª?¡ªpregunt¨® Dante mirando su cad¨¢ver en la distancia. ¡ª?Ves la bolsa que carga tu cad¨¢ver en su cintura?¡ªPregunto Kacper¡ªAh¨ª guardaste los frutos que buscamos, estabas completamente drogado, as¨ª que puede ser que no lo recuerdes. Love this story? Find the genuine version on the author''s preferred platform and support their work! Dante mir¨® con atenci¨®n su cad¨¢ver y encontr¨® que hab¨ªa una bolsa negra en su cintura. Luego el viejo alz¨® la mirada y descubri¨® que su cad¨¢ver estaba atorado en un arbusto con hojas rojas y con espinas de color amarillo. El arbusto era bastante bonito y por sus ramas crec¨ªan unos frutos de color amarillento similares a unas canicas. Dichas canicas deb¨ªan ser los frutos que el cad¨¢ver estuvo recolectando. Al ver la situaci¨®n, Dante pregunt¨®: ¡ª?Tengo que evitar que me pinchen las espinas y sacar la bolsa de la cintura del cad¨¢ver? Kacper busco en el bolsillo de su traje y le entreg¨® una hoja de ¨¢rbol anaranjada a Dante, acto seguido el guardabosques respondi¨®: ¡ªNo, con s¨®lo aproximarse a las ramas del arbusto est¨¢s muerto, para evitar el dolor tienes que drogarte chupando esa hoja y luego aprovechar los dos minutos que tienes de vida para llenar la bolsa y alejarla del arbusto. ¡ªSupongo que tendr¨¦ que morir otra vez¡­¡ªComent¨® Dante con hast¨ªo, mientras chupaba la hoja anaranjada. La hoja ten¨ªa un sabor horrible, similar al metal. No obstante, no pas¨® mucho tiempo para que Dante notara que no pod¨ªa sentir el tacto. Para el viejo era bastante extra?o caminar sin poder sentir que tus pies tocaran la tierra. Dante se acerc¨® a su cad¨¢ver y tom¨® la bolsa con velocidad, luego el viejo continu¨® llenando la bolsa mientras trataba de ignorar como aparec¨ªan tumores violetas por su cuerpo. Cuando Dante termin¨® de llenar la bolsa, la tir¨® hacia los pies de Kacper. Acto seguido, el viejo cay¨® sin vida al suelo. Kacper tom¨® la bolsa con una sonrisa y la guard¨® con cuidado en su traje, luego mir¨® con atenci¨®n como Dante lo miraba con aturdimiento. ¡ª?Supongo que ya podr¨ªas decirme como irme?¡ªComent¨® Dante. ¡ªS¨ª, s¨ªgueme y te llevar¨¦ al ¨¢rbol en donde se encuentran las escaleras¡ªComent¨® Kacper ansioso por deshacerse del observador. Dante vio como el guardabosques se daba la vuelta y comenzaba a caminar por el bosque. El viejo vio la l¨¢mpara de aceite al lado del primer cad¨¢ver atorado en el arbusto. La l¨¢mpara se hab¨ªa apagado al caer, pero Dante deber¨ªa ir a recogerla para volver a prenderla y ver en el bosque oscuro. No obstante, el viejo se negaba a morir otra vez para recuperar su l¨¢mpara, por lo que termino siguiendo a Kacper para no quedar en completa oscuridad. El interrogatorio En un rinc¨®n olvidado del mundo, alejado de la vida cotidiana y del bullicio de la modernidad, se ergu¨ªa una habitaci¨®n perfectamente cuadrada, un espacio que parec¨ªa ser un reflejo del minimalismo. La sala no era muy grande y estaba construida con paredes de cemento sin pintar, que se alzaban fr¨ªas y severas, desprovistas de cualquier atisbo de decoraci¨®n. El cemento ten¨ªa un aspecto ¨¢spero y gris¨¢ceo, y en muchos lugares presentaba grietas y manchas que hablaban de a?os de abandono y desuso. La superficie de las paredes eran irregulares, con burbujas y desconchaduras que se formaban aqu¨ª y all¨¢, como cicatrices de un pasado perdido. El suelo tambi¨¦n era de cemento y se extend¨ªa sin una sola baldosa que lo cubriera. Su textura rugosa y fr¨ªa daba la sensaci¨®n de estar caminando sobre un manto de hielo. En algunos puntos, el suelo mostraba signos de humedad y manchas oscuras que parec¨ªan haber absorbido el sudor y la angustia de quienes hab¨ªan estado all¨ª antes. Solo hab¨ªa una entrada custodiada por una puerta de metal oxidado y no hab¨ªa ventanas que permitieran que la luz natural se filtrara en la habitaci¨®n, siendo la ¨²nica fuente de iluminaci¨®n una l¨¢mpara que colgaba del techo. Esta l¨¢mpara, un artefacto de metal corro¨ªdo y desgastado, estaba anclada al techo mediante un grueso cable negro. Ubicada exactamente en el medio de la sala, daba simetr¨ªa al entorno. El metal presentaba manchas de ¨®xido que contrastaban con el blanco sucio del foco que luchaba por mantenerse encendido. El foco no andaba de forma correcta y parpadeaba de manera err¨¢tica, creando un juego de luces inc¨®modo de observar. Este parpadeo constante produc¨ªa un zumbido bajo y penetrante, una vibraci¨®n que se sent¨ªa m¨¢s en el pecho que en los o¨ªdos, a?adiendo una capa de incomodidad al ambiente ya claustrof¨®bico. La ausencia de ventanas hac¨ªa que el aire en la habitaci¨®n se sintiera estancado y pesado. Cada respiraci¨®n se volv¨ªa un esfuerzo consciente, ya que el aire estaba cargado de una humedad intolerable, creando una sensaci¨®n densa y opresiva. El techo estaban tan cerca del suelo que un adulto lo alcanzar¨ªa con sus manos saltando, aumentando la sensaci¨®n de encierro que se sent¨ªa aqu¨ª dentro. El eco era constante y amplificado: cada sonido, desde el susurro m¨¢s leve hasta el golpe m¨¢s fuerte, reverberaba y parec¨ªa multiplicarse, creando una atm¨®sfera en la que el tiempo y el espacio parec¨ªan haberse detenido. En el centro de la habitaci¨®n se encontraba una mesa de madera que hab¨ªa visto mejores d¨ªas, la misma se ergu¨ªa como el ¨²nico mobiliario en medio de la austeridad del lugar. La mesa, de madera oscura y agrietada, mostraba signos de desgaste severo. Los bordes estaban astillados y desgastados por el uso, y en algunas partes, la madera parec¨ªa estar abollada producto de golpes pasados. Las patas de la mesa estaban torcidas y desiguales, dando la impresi¨®n de que en cualquier momento podr¨ªa desplomarse. A pesar de su deterioro, la mesa era un punto de concentraci¨®n, un lugar de confrontaci¨®n y de espera. A ambos lados de la mesa, dos sillas de metal estaban colocadas en posici¨®n opuesta. Las sillas, al igual que el resto del entorno, estaban marcadas por el paso del tiempo. El metal, corro¨ªdo por la humedad y el desgaste, mostraba manchas de ¨®xido en los bordes. El asiento y el respaldo estaban cubiertos de un polvo gris¨¢ceo, y las superficies met¨¢licas ten¨ªan un tacto ¨¢spero y fr¨ªo. Las sillas estaban enmarcadas en un dise?o simple, sin adornos, y parec¨ªan haber sido elegidas por su funcionalidad m¨¢s que por su comodidad o est¨¦tica. En la l¨²gubre habitaci¨®n, dos figuras dominaban el espacio, cada una representando extremos opuestos en un dram¨¢tico juego de roles. Por un lado, se encontraba el miserable Thomas Smith. El hombre tendr¨ªa unos 36 a?os, estaba encadenado a una de las sillas y era una mera sombra de su antiguo yo. Su figura delgada y encorvada parec¨ªa a¨²n m¨¢s fr¨¢gil debido a la postura forzada por las cadenas que lo manten¨ªan inmovilizado. Los grilletes de metal, fr¨ªos y crueles, se ajustaban a sus mu?ecas y tobillos con un roce ¨¢spero que revelaba los moretones y las heridas sangrantes producto de la fricci¨®n constante. Hab¨ªa claros indicios de que el hombre hab¨ªa intentado escapar, pero su actual estado demostraba que solo hab¨ªa sido una prueba in¨²til. Los grilletes estaban manchados de ¨®xido y sangre; su sonido met¨¢lico resonaba cada vez que Thomas intentaba cambiar de posici¨®n, creando un eco inquietante. This narrative has been purloined without the author''s approval. Report any appearances on Amazon. Thomas llevaba puesto un uniforme de prisionero, uno que hab¨ªa visto mejores d¨ªas. El blanco mugriento de la tela reflejaba su deplorable estado, mientras que las rayas negras que anta?o decoraban el conjunto casi hab¨ªan desaparecido, borradas por el tiempo y reemplazadas por manchas oscuras que lo cubr¨ªan de pies a cabeza. En el pecho, un parche cuadrado, s¨ªmbolo de su condena, mostraba una identificaci¨®n sin nombre. Solo quedaba el n¨²mero 420300, que brillaba d¨¦bilmente bajo la luz titilante de la l¨¢mpara, una marca imborrable que sellaba el destino de Thomas en el sombr¨ªo universo que lo manten¨ªa cautivo. La cabeza de Thomas estaba completamente rapada. Su piel estaba p¨¢lida y llena de moretones, como si hubiera sido torturado recientemente. Los moretones variaban en tonos de azul, morado y negro, y se extend¨ªan por su rostro y brazos, testimonios de la brutalidad que hab¨ªa soportado. Su boca, con varios dientes faltantes, era una imagen perturbadora; cuando hablaba, su voz quebrada y rasposa se entrecortaba, como si cada palabra tuviera que luchar por ser pronunciada. La otra cara de la moneda estaba representada por El Agente G¨®mez. Este hombre era una figura imponente, una presencia que dominaba la habitaci¨®n con una autoridad inquebrantable. Su cuerpo era robusto y s¨®lido, con una masa que denotaba a?os de entrenamiento f¨ªsico y una vida dedicada a su misi¨®n. Cada movimiento que hac¨ªa era deliberado y preciso, un contraste agudo con la figura temblorosa de Thomas. G¨®mez vest¨ªa un traje formal que parec¨ªa excesivamente prolijo para el entorno en el que se encontraba. La camisa blanca, inmaculada y pulcramente planchada, estaba perfectamente ajustada a su tonificado torso, y la corbata negra, impecable, estaba atada con una precisi¨®n que reflejaba su actitud meticulosa y controlada. Los pantalones negros, tambi¨¦n de un corte impecable, estaban cuidadosamente ajustados, sin una arruga a la vista. En su pecho, el parche cuadrado con el texto ¡°Agente G¨®mez - Departamento de Investigaci¨®n Paranormal de la Fundaci¨®n A.P.D¡± no solo identificaba su rol, sino que tambi¨¦n era una marca de su autoridad y poder. El parche serv¨ªa como un recordatorio de la jerarqu¨ªa que exist¨ªa en la habitaci¨®n. G¨®mez sosten¨ªa en su mano una vara de metal oxidada, un instrumento que se hab¨ªa convertido en una extensi¨®n de su dominio. La vara se usaba para golpear la mesa con un ritmo met¨®dico que aumentaba la tensi¨®n del momento. Cada golpe resonaba en la habitaci¨®n, como un tambor que marcaba el paso de una conversaci¨®n que estaba cargada de incertidumbre y amenaza. Los ojos de G¨®mez eran de un azul helado, fr¨ªos y penetrantes, con una intensidad que pod¨ªa desarmar incluso al m¨¢s valiente. Su mirada no solo observaba, sino que analizaba cada movimiento, cada expresi¨®n del prisionero. Hab¨ªa en sus ojos una falta de empat¨ªa casi palpable, un vac¨ªo que reflejaba la severidad de su misi¨®n. El brillo en sus ojos parec¨ªa m¨¢s bien un destello de acero, una promesa de juicio final. G¨®mez no se mov¨ªa sin un prop¨®sito claro, y su presencia en la habitaci¨®n era casi f¨ªsica en su intensidad. Cada gesto que hac¨ªa, desde el ajuste de su corbata hasta el golpe de la vara sobre la mesa, estaba cargado de una intenci¨®n que estaba dise?ada para mantener el control y someter a Thomas a la presi¨®n psicol¨®gica. Su postura r¨ªgida y su actitud implacable creaban una barrera inquebrantable entre ¨¦l y el prisionero, subrayando la desigualdad de su posici¨®n en esta confrontaci¨®n. ¡ª??Vas a hablar o no?! ¡ªRugi¨® G¨®mez, su paciencia agot¨¢ndose¡ªLe dijiste a los cient¨ªficos que ten¨ªas informaci¨®n que podr¨ªa intercambiarse por una reducci¨®n de tu condena. Pero llevas 10 malditos minutos callado. El interrogatorio (2) La voz de G¨®mez reson¨® en la habitaci¨®n, amplificada por las paredes de cemento que no dejaban escapar ning¨²n sonido. El prisionero, Thomas Smith, profesor de historia en otra vida, baj¨® la mirada, nervioso. Se humedeci¨® los labios antes de hablar en un susurro quebradizo. ¡ªQuiero firmar un contrato antes de hablar¡­ No conf¨ªo en ustedes ¡ªSus palabras apenas rompieron el silencio que hab¨ªa ca¨ªdo tras el grito del agente. El agente G¨®mez ri¨®, pero no era una risa genuina. Era una risa cruel, vac¨ªa, que resonaba como una sentencia: ¡ª?Contrato? ?Un contrato dices?¡­ Est¨¢s condenado a muerte, Thomas. No hay contratos que te salven de eso. Pero si la informaci¨®n que nos das es ¨²til, bueno¡­ podr¨ªamos liberarte de manera extraoficial. No habr¨¢ nada por escrito. Y si te atrapan de nuevo, te ¡°suicidar¨¢n¡± por haberte escapado del centro de investigaciones. Ese es el trato. Lo tomas o lo dejas. El prisionero temblaba. Sus dedos tamborileaban sobre la mesa con nerviosismo. Sus ojos se mov¨ªan fren¨¦ticamente, buscando una salida, una rendija en la armadura del agente G¨®mez. Finalmente, solt¨® un suspiro desesperado: ¡ª?No es posible realizar este intercambio como un asunto oficial? Mi esposa¡­ mis hijos¡­ no puedo desaparecer y abandonarlos de esa forma. No puedo escapar solo para que me vuelvan a atrapar ?Necesito rearmar mi vida! ?Necesito que me liberen de mi condena! Esta informaci¨®n podr¨ªa valer millones de d¨®lares para la fundaci¨®n. ?Piensa en el bono que te dar¨¢n! G¨®mez lo observaba en silencio. Sus ojos volvieron a los informes arriba de la mesa. Hab¨ªa varios, pero el m¨¢s importante era una peque?a tarjeta de pl¨¢stico con suficiente peso como para sentenciar a alguien. El documento detallaba la vida pasada del prisionero resumida en unas cuantas l¨ªneas:
Tarjeta del prisionero
Nombre Thomas Smith
C¨®digo de Identificaci¨®n 420300
Ocupaci¨®n Profesor de historia latinoamericana, Escuela Secundaria St. Patrick, Florida, EE. UU.
Condena | Causa Pena de muerte | Asesinato m¨²ltiple: (6 estudiantes)
Conducta Muy buena
Era incre¨ªble pensar que un simple profesor de secundaria pudiera tener informaci¨®n tan valiosa. El agente G¨®mez lo sab¨ªa, pero tambi¨¦n sab¨ªa que la realidad sol¨ªa ser mucho m¨¢s retorcida de lo que aparentaba. Especialmente en su l¨ªnea de trabajo. ¡ªSi no fueras un desgraciado mutilador de ni?os, quiz¨¢s habr¨ªa otra salida ¡ªDijo G¨®mez con frialdad¡ª Pero eres peligroso para la sociedad, Thomas. No es tan f¨¢cil dejarte salir. Deber¨ªas aceptar el trato: me das la informaci¨®n, buscas a tu esposa, a tus hijos, y te escapas del pa¨ªs. You might be reading a stolen copy. Visit Royal Road for the authentic version. Las palabras del agente cayeron como un martillo sobre la cabeza de Thomas. Por un momento, su mente viaj¨® de regreso a aquel d¨ªa maldito en la escuela, cuando todo se desmoron¨®. Recordaba los gritos, las miradas vac¨ªas de sus estudiantes, el olor a sangre en los pasillos. Ese d¨ªa fue un viaje de no retorno al infierno. ¡ª?Mis estudiantes enloquecieron! ?Intentaron matarme! ¡ªGrit¨® Thomas, con un destello de furia en su mirada. G¨®mez no pesta?e¨®. No hab¨ªa empat¨ªa en ¨¦l: ¡ªEso no cambia el hecho de que mataste a seis estudiantes. Podr¨ªas haber escapado. Sin embargo, decidiste quedarte y luchar. ?Por qu¨¦? ?No te pareci¨® una idiotez hacerte el h¨¦roe en un momento as¨ª?¡ªPregunt¨®, acerc¨¢ndose lentamente, con una sonrisa burlona en los labios. Thomas apret¨® los pu?os. Las cadenas que lo sujetaban a la silla resonaron en el silencio de la habitaci¨®n. Sab¨ªa que no pod¨ªa perder la calma, pero era m¨¢s f¨¢cil pensarlo que hacerlo. Respir¨® hondo, intentando calmarse, y luego suplic¨®: ¡ª?Mi informaci¨®n vale m¨¢s que una libertad temporal! ?No quiero pasar mi vida huyendo! Quiero ver crecer a mis hijos¡­ por favor, agente¡­ si me ayudas, te ayudar¨¦ a ser rico. G¨®mez entrecerr¨® los ojos, pensativo. Sab¨ªa que Thomas estaba desesperado. Pero tambi¨¦n sab¨ªa que algo m¨¢s estaba ocurriendo, algo que a¨²n no comprend¨ªa por completo. Se pas¨® una mano por el rostro, masaje¨¢ndose la frente. Record¨® que este hombre era profesor de secundaria, con ese pasado podr¨ªa negociar con sus superiores un mejor acuerdo. ¡ªPodr¨ªamos darte una nueva identidad como investigador¡­ ¡ªMurmur¨® el agente, dejando caer la oferta como un cebo. Los ojos de Thomas se iluminaron, pero detr¨¢s de esa chispa de esperanza, G¨®mez vio algo m¨¢s: miedo. El tipo de miedo que solo siente alguien que ha visto algo m¨¢s all¨¢ de lo comprensible. ¡ªNecesito saber qu¨¦ clase de informaci¨®n tienes ¡ªContinu¨® G¨®mez, su tono m¨¢s suave¡ª Yo no soy qui¨¦n para decidir si tu informaci¨®n vale millones. Pero puedo garantizar que si es valiosa, te sacar¨¦ de aqu¨ª. Y si me est¨¢s mintiendo¡­ bueno, ya sabes lo que te espera. El silencio volvi¨® a caer sobre la habitaci¨®n, interrumpido solo por el zumbido de la l¨¢mpara. Thomas trag¨® saliva, su mirada oscura. Finalmente, sus labios se entreabrieron, y comenz¨® a hablar en un susurro apenas audible, como si temiera que alguien m¨¢s estuviera escuchando: ¡ªSoy un buen hombre, agente. Debes creerme. ¡°Ellos¡±¡­ no eran mis estudiantes. Eran algo m¨¢s. Estaban¡­ pose¨ªdo. No s¨¦ qu¨¦ les pas¨®, pero s¨¦ que la Fundaci¨®n A.P.D. tiene las respuestas. Yo los investigaba¡­ y ¡°ellos¡±¡­ vinieron por m¨ª. S¨ª, ¡°ellos¡± vinieron por m¨ª. La investigaci¨®n era demasiado peligrosa para ¡°ellos¡±. G¨®mez sinti¨® un escalofr¨ªo recorrer su espalda. No hab¨ªa rastro de mentira en los ojos de Thomas. Pero lo que estaba diciendo era aterrador. Hab¨ªa trabajado muchos a?os en la Fundaci¨®n A.P.D. y sab¨ªa que la curiosidad de un hombre inteligente investigando algo que era mejor dejar oculto en el olvido podr¨ªa provocar tragedias inimaginables. La atm¨®sfera se hab¨ªa vuelto m¨¢s densa, como si el aire mismo de la habitaci¨®n intentara aplastarlos. La l¨¢mpara oxidada segu¨ªa parpadeando, emitiendo esa luz blanca enferma que apenas lograba iluminar los contornos de los objetos. G¨®mez apoy¨® las manos en la mesa, inclin¨¢ndose hacia Thomas. En su mente, comenzaba a conectar piezas, pero no lograba ver el cuadro completo. ¡ª?Tus estudiantes fueron ¡°pose¨ªdos¡±? ¡ªPregunt¨® G¨®mez, dejando que la palabra colgara en el aire como una amenaza latente. Su tono era incr¨¦dulo, pero dentro de ¨¦l, algo se removi¨®. La Fundaci¨®n A.P.D. no era ajena a cosas extra?as, y ¨¦l hab¨ªa visto m¨¢s de lo que cualquier persona normal podr¨ªa soportar. Sin embargo, siempre se manten¨ªa un l¨ªmite, una l¨ªnea entre la realidad y lo sobrenatural. Este profesor de historia hab¨ªa visto algo paranormal, G¨®mez no ten¨ªa dudas de eso, pero Thomas estaba insinuando que eso que hab¨ªa visto se deb¨ªa a un impactante secreto. Tal conexi¨®n no ocurr¨ªa con frecuencia. Thomas trag¨® saliva, nervioso. Sus ojos parpadearon con rapidez, como si temiera que algo pudiera salir de las sombras en cualquier momento. ¡ªNo me crees ¡ªDijo en voz baja¡ª Pero en el fondo t¨² tambi¨¦n sabes que algo en este mundo no est¨¢ bien. ¡°Ellos¡±¡­ ¡ªSu voz se quebr¨® un poco, como si hubiera cambiado de palabras de golpe¡ª Ellos no eran mis estudiantes. Las cosas que hicieron, las cosas que vi, no son humanas. G¨®mez chasque¨® la lengua y golpe¨® la mesa suavemente con la vara de metal oxidada, un gesto que delataba impaciencia, pero tambi¨¦n una peque?a dosis de nerviosismo. Pod¨ªa sentir que algo en la historia de Thomas lo afectaba m¨¢s de lo que quer¨ªa admitir. ¡ªLo que quiero saber ¡ªRespondi¨® G¨®mez, sus palabras afiladas como cuchillos¡ª Es por qu¨¦ deber¨ªamos creerte. Mira, Thomas, est¨¢s aqu¨ª porque masacraste a seis jovencitos. Seis ni?itos que de suerte hab¨ªan empezado a experimentar lo que es el amor. Eso no es algo que pueda ignorarse solo porque empiezas a soltar informaci¨®n falsa. El interrogatorio (3) Thomas se retorci¨® en su silla, las cadenas tintineando en el proceso. Un escalofr¨ªo recorri¨® su columna vertebral mientras la luz parpadeante de la l¨¢mpara proyectaba sombras grotescas en la pared. Estaba agotado, mental y f¨ªsicamente. Sab¨ªa que sus palabras lo hac¨ªan parecer un loco, pero tambi¨¦n sab¨ªa que la verdad que estaba por revelar era m¨¢s aterradora que cualquier condena. ¡ªYo no los mat¨¦ porque quise¡­ ¡ªEmpez¨® a decir con la voz temblorosa¡ª Te lo juro por mis hijos. Ellos ya no eran ellos. Algo los hab¨ªa transformado. Los estudiantes que conoc¨ªa, los chicos que asist¨ªan a mis clases, simplemente desaparecieron. Quedaron estos monstruos. Al principio pens¨¦ que estaban drogados, pero¡­ luego lo vi. G¨®mez se qued¨® en silencio. No interrumpi¨® a Thomas. Estaba acostumbrado a las divagaciones de criminales desesperados por reducir sus condenas, pero hab¨ªa algo en la manera en la que Thomas hablaba, en su mirada, que lo hizo dudar. Era un reflejo de terror genuino. Un terror que ¨¦l mismo reconoc¨ªa. ¡°Lo vi¡±. Esas dos palabras reverberaban en su mente. Podr¨ªan ser la clave para descifrar el tipo de evento paranormal que Thomas hab¨ªa presenciado. Aunque la fundaci¨®n ya ten¨ªa un informe sobre el evento, desconoc¨ªan el detonante que lo hab¨ªa provocado. La fundaci¨®n ni siquiera estaba al tanto de que el evento hab¨ªa sido ¡°provocado¡± intencionalmente para asesinar a Thomas, por lo que este profesor deb¨ªa estar ocultando informaci¨®n peligrosa. ¡ª?Qu¨¦ viste? ¡ªPregunt¨®, esta vez con menos sarcasmo y m¨¢s inter¨¦s. Sus ojos claros brillaban ahora con curiosidad. Thomas se qued¨® callado por un segundo, como si estuviera debatiendo si deb¨ªa decirlo o no. Finalmente, con la voz m¨¢s baja que antes, susurr¨®: ¡ªHab¨ªa algo detr¨¢s de ellos. Una sombra. Una presencia que los dominaba. Y no fui el ¨²nico que lo not¨®. Otros maestros empezaron a ver lo mismo. Las luces de la escuela parpadeaban, los relojes se deten¨ªan. Hab¨ªa grietas en las paredes que no estaban antes. Grietas que se mov¨ªan, cambiaban de lugar. Las grietas formaron el dibujo de una puerta en la pared, y cuando esta se abri¨®, todos los ni?os perdieron la cabeza. Repentinamente, ellos saltaron a atacarme, quer¨ªan matarme. No tuve otra opci¨®n. Tuve que luchar. El agente G¨®mez, aunque no lo mostrara, sinti¨® un escalofr¨ªo recorri¨¦ndole la espalda. Lo que Thomas describ¨ªa coincid¨ªa con los informes que hab¨ªa le¨ªdo sobre este caso, sobre sombras que habitaban los espacios ¡°corrompidos¡±, aliment¨¢ndose del miedo de los estudiantes y posey¨¦ndolos. ¡°Pero esos informes fueron redactados por investigadores¡±, pens¨® G¨®mez, ¡°?Por qu¨¦ este profesor de secundaria conoce tan bien todos los detalles mencionados en esos informes?¡± No se trataba solo de haber vivido la experiencia; para describir tales detalles, uno no solo deb¨ªa haber visto el evento. Se requer¨ªa una atenci¨®n meticulosa a aspectos como las sombras, las luces y los relojes. ?Qui¨¦n en su sano juicio se detendr¨ªa a observar grietas en las paredes cuando estaba en riesgo su vida? A menos¡­ a menos que alguien estuviera esperando ser ¡°atacado¡±, o tuviera la sospecha de que algo estaba por ocurrir y entendiera profundamente los s¨ªntomas de eventos paranormales. ?Por qu¨¦ un profesor de secundaria sabr¨ªa todo eso? Thomas estaba escondiendo algo. ¡ªSigo sin entender c¨®mo llegaste al punto de matarlos ¡ªDijo G¨®mez, aunque su tono ya no era tan acusador. Su vara dej¨® de golpear la mesa, y sus dedos comenzaron a jugar con el borde del informe que ten¨ªa frente a ¨¦l. Thomas cerr¨® los ojos, como si quisiera bloquear los recuerdos que lo atormentaban. Su voz, cuando habl¨® de nuevo, estaba cargada de angustia. ¡ªEsa ¡°cosa¡± empez¨® a tomar el control. Primero fue una de las ni?as, Emily. Empez¨® a hablar en un espa?ol perfecto para su edad, pero no la entend¨ªa, para m¨ª dec¨ªa cosas que no ten¨ªan sentido, pero¡­ pero luego empez¨® a flotar. ?Lo juro! ?Estaba flotando sobre su pupitre! Y sus ojos¡­ sus ojos eran completamente negros. El agente frunci¨® el ce?o y pens¨® ¡°?Un profesor de historia latinoamericana que no sabe espa?ol?¡±. El prisionero estaba mintiendo, no hab¨ªa dudas. Pero, ?por qu¨¦? ¡ª?Lo que te estoy diciendo es real! ¡ªExclam¨® Thomas, golpeando la mesa con sus pu?os encadenados, haciendo que las cadenas resonaran como campanas l¨²gubres en la peque?a habitaci¨®n¡ª ?No s¨¦ qu¨¦ estaba pasando, pero ellos ya no eran humanos! ?Nunca lastimar¨ªa a mis estudiantes! G¨®mez lo observaba en silencio, analizando cada palabra, cada gesto. El tipo estaba al borde del colapso. O bien era un loco peligroso alterando la verdad, o estaba tan asustado que la verdad le era imposible de admitir. Y, en su l¨ªnea de trabajo, ambas cosas pod¨ªan ser ciertas al mismo tiempo. G¨®mez se recost¨® en su silla, observando al hombre frente a ¨¦l, antes de hablar nuevamente. ¡ª?Y los otros maestros? ¡ªPregunt¨® G¨®mez, con un tono que no delataba emoci¨®n alguna¡ª Dijiste que no eras el ¨²nico que vio esa sombra. ?D¨®nde est¨¢n ellos ahora? ?Qu¨¦ es de sus vidas? Thomas tembl¨® visiblemente. Sus ojos comenzaron a llenarse de l¨¢grimas, pero no era un llanto de tristeza, sino de puro terror. G¨®mez lo hab¨ªa visto antes en otras personas que hab¨ªan sobrevivido a encuentros paranormales. La mirada de alguien que ha visto lo incomprensible y ha sido marcado para siempre por ello. ¡ª¡°Ellos¡±¡­ ¡ªThomas hizo una pausa, tragando saliva mientras trataba de controlar su respiraci¨®n¡ª Ellos est¨¢n muertos. Algunos se suicidaron, otros desaparecieron antes de que me condenaran. Lo supe por las noticias. Uno de ¡°ellos¡±¡­ quiero decir, el director¡­ lo encontr¨¦ colgado en su oficina el mismo d¨ªa de la tragedia, pero no dej¨® nota ni explicaci¨®n. Solo su cuerpo, colgado all¨ª, como si hubiera estado pensando en matarse durante d¨ªas. Pero lo vi esa misma ma?ana, G¨®mez. Tomamos un caf¨¦ juntos en la sala de profesores. Nos llev¨¢bamos muy bien. Hasta me cont¨® que su hija se iba a casar y me invit¨® a la boda esa misma ma?ana. Un hombre tan alegre no terminar¨ªa su vida as¨ª. ¨¦l no se suicid¨®, lo mataron. Al igual que a otros profesores¡­ Nos quer¨ªan muertos. ¡°Ellos¡± buscaban a uno de los profesores, y ese profesor era yo. Estoy seguro de que alguno de tus superiores sab¨ªa todo esto y no te lo cont¨®. Te est¨¢n usando, G¨®mez. Al igual que me usan a m¨ª. No seas tan tonto de creer en ellos, abre los ojos y date cuenta de d¨®nde te han metido. La gente de poder siempre nos usa y nos oculta la verdad. Pero todo eso no importa, porque la informaci¨®n que tengo no solo puede sacarme de aqu¨ª, sino que tambi¨¦n puede catapultar tu carrera en la fundaci¨®n. Cr¨¦eme, vale una fortuna. Did you know this text is from a different site? Read the official version to support the creator. El silencio en la habitaci¨®n se hizo insoportable. El zumbido de la l¨¢mpara oxidada era lo ¨²nico que interrump¨ªa el pesado ambiente que se hab¨ªa formado. G¨®mez se levant¨® lentamente de su silla, caminando alrededor de la mesa. Con cada paso que daba, el eco resonaba en la sala, haci¨¦ndolo parecer a¨²n m¨¢s imponente. Estaba pensativo, intentando procesar lo que hab¨ªa escuchado. ¡ªEsto es lo que vamos a hacer, Thomas ¡ªDijo finalmente, deteni¨¦ndose detr¨¢s del prisionero¡ª Me vas a contar todo, hasta el ¨²ltimo detalle. Si me est¨¢s mintiendo, te juro que te podr¨ªas haber librado m¨¢s f¨¢cil aceptando morir en una guillotina. Pero si lo que dices es cierto¡­ Se inclin¨® sobre el hombro de Thomas, susurr¨¢ndole al o¨ªdo: ¡ªQuiz¨¢s podamos encontrar la manera de solucionar tu peque?o problema. Thomas trag¨® saliva, sintiendo el aliento fr¨ªo de G¨®mez en su nuca. Estaba a punto de contar su ¡°informaci¨®n¡±, pero entonces la l¨¢mpara comenz¨® a parpadear con m¨¢s intensidad de lo habitual, y por un momento, la habitaci¨®n qued¨® en una total penumbra. En ese breve instante, Thomas jur¨® ver una sombra, alta y delgada, observ¨¢ndolos desde una de las esquinas. Cuando la luz volvi¨® a parpadear con normalidad, la sombra ya no estaba. ¡°Esas cosas¡­ a¨²n me est¨¢n buscando, G¨®mez¡± Pens¨® Thomas mientras su cuerpo temblaba violentamente. El agente G¨®mez se mantuvo en silencio, asimilando la falta de respuesta del prisionero. Su mente estaba en ebullici¨®n, procesando cada fragmento de informaci¨®n que le hab¨ªan dado, tratando de encontrar una grieta en la historia de Thomas, algo que pudiera confirmar si el prisionero estaba diciendo la verdad o simplemente estaba falsificando una historia para que su informaci¨®n se haga m¨¢s valiosa. Pero por el momento sus conclusiones eran que el prisionero ocultaba ¡°algo¡±, pero no ment¨ªa. Finalmente, G¨®mez se sent¨® frente a Thomas, su rostro endurecido por una mezcla de cansancio y furia. La atm¨®sfera en la habitaci¨®n se sent¨ªa cargada, casi como si la misma estructura de cemento estuviera presionando contra ellos. La l¨¢mpara, con su luz parpadeante, acentuaba las sombras en el rostro de G¨®mez, creando un efecto dram¨¢tico que solo aumentaba la tensi¨®n del momento. ¡ª?Sabes qu¨¦? ¡ªDijo G¨®mez, con una voz que era casi un gru?ido¡ª Tu historia es¡­ interesante, para decir lo menos. Pero no has demostrado a¨²n que lo que dices es suficiente para justificar tu liberaci¨®n. No has dicho nada importante para justificar que no mueras trabajando como rata de laboratorio. G¨®mez se inclin¨® sobre la mesa, sus ojos fr¨ªos como hielo, penetrando en los de Thomas con una intensidad que podr¨ªa cortar a trav¨¦s de acero. Su mano se movi¨® con firmeza, golpeando la mesa con la vara de metal, el sonido reson¨® en el peque?o cuarto como un trueno. ¡ªMe has contado cuentos sobre posesiones, sombras y gente flotando. Todo esto parece sacado de una novela de terror barata. No tengo pruebas que respalden nada de lo que dices. Solo tu palabra. ¡ªPero tienes que creerme ¡ªDijo Thomas, su voz temblando¡ª No estoy loco. Lo que vi, lo que hice, no puedo volver a mi antigua vida sin tu ayuda. ?Si no crees esto, c¨®mo se supone que te cuente toda la historia? Estoy diciendo la verdad. Hay cosas que¡­ cosas que la fundaci¨®n necesita saber. G¨®mez buf¨®, claramente irritado por la insistencia de Thomas, pero tambi¨¦n por la falta de informaci¨®n importante. Su paciencia se estaba agotando, y el espacio reducido de la sala parec¨ªa amplificar su creciente frustraci¨®n. ¡ªTe dar¨¦ una oportunidad ¡ªDijo G¨®mez, alzando la voz¡ª Pero solo porque me est¨¢s mostrando una desesperaci¨®n que no puedo ignorar. Sin embargo, quiero detalles. Detalles que puedan ser verificados. No me importa si tienes que contarme cada maldito segundo que pasaste en esa escuela. Si no lo haces, tu historia quedar¨¢ aqu¨ª, en esta habitaci¨®n, y t¨² con ella. Thomas trag¨® saliva, sintiendo que el peso de la situaci¨®n se estaba volviendo insoportable. Cada palabra de G¨®mez lo empujaba m¨¢s. Sab¨ªa que necesitaba encontrar una forma de pactar oficialmente su liberaci¨®n antes de soltar la informaci¨®n ¡°importante¡±, pero no ten¨ªa idea de c¨®mo hacerlo. En su mente, las im¨¢genes de su vida anterior se mezclaban con los recuerdos de los eventos paranormales que hab¨ªa presenciado. ¡ªRecuerdo algo¡­ algo que tal vez te haga creer mi historia ¡ªDijo Thomas, su voz entrecortada, m¨¢s parecida a una s¨²plica que a una declaraci¨®n¡ª Hab¨ªa un libro. Un libro extra?o que los profesores sol¨ªan leer en la sala de maestros. No s¨¦ c¨®mo lleg¨® a la escuela, pero estoy seguro de que ser¨ªa ¨²til para la fundaci¨®n. El libro hablaba de rituales antiguos, de invocaciones extra?as, de pasajes a lo desconocido. Lo vi una ma?ana mientras desayunaba. Siempre estaba all¨ª, en el estante polvoriento de la sala de profesores, como si nadie le prestara atenci¨®n, pero el d¨ªa de la tragedia, desapareci¨®. ?Entiendes lo que te digo? ?Alguien lo tom¨®! No s¨¦ qui¨¦n, pero estoy seguro de que si encuentras ese libro considerar¨¢s m¨¢s en serio el darme una reducci¨®n de mi condena. ¡ªEse libro no era como los dem¨¢s, les ser¨¢ f¨¢cil encontrarlo si mandan a alguien a buscarlo a la escuela ¡ªContinu¨® Thomas, inclin¨¢ndose hacia adelante, su voz volvi¨¦ndose un susurro¡ª Era antiguo, casi arcaico. La cubierta era de cuero marr¨®n, gastada, con bordes agrietados y s¨ªmbolos extra?os, grabados que no entend¨ªa, pero que siempre me causaban una sensaci¨®n de incomodidad, como si no perteneciera a este mundo. Sus p¨¢ginas eran gruesas, amarillentas, llenas de dibujos. Pese a que los s¨ªmbolos y dibujos no tienen ning¨²n sentido, el libro est¨¢ escrito en espa?ol, les ser¨¢ f¨¢cil sacar informaci¨®n ¨²til. Realmente su aspecto no importa, el libro es f¨¢cil de encontrar por su aura, era como si quisiera ser encontrado. Estando en la escuela, solo piensa en su existencia y lo encontrar¨¢s. Recuerdo que cada vez que lo miraba, el aire se volv¨ªa m¨¢s denso, m¨¢s pesado. Ese libro es valioso. El interrogatorio (4) G¨®mez frunci¨® el ce?o mientras diger¨ªa la informaci¨®n. Un libro. Si exist¨ªa, podr¨ªa ser de gran valor, pero hab¨ªa un problema evidente: Thomas no estaba en condiciones de ofrecer pruebas f¨ªsicas, y los investigadores no hab¨ªan encontrado ning¨²n rastro de ese supuesto libro maldito en la escuela. Eran profesionales entrenados para detectar cualquier cosa peligrosa o fuera de lo com¨²n, pero, de acuerdo con el relato de Thomas, en esta ocasi¨®n hab¨ªan fallado estrepitosamente. Esa posibilidad era dif¨ªcil de aceptar; no sol¨ªa ocurrir que un equipo especializado en localizar artefactos an¨®malos se equivocara de esa manera. Menos a¨²n cuando, seg¨²n la historia de Thomas, ¡°el libro quiere ser encontrado¡±. Aquella frase inquietante retumbaba en la mente de G¨®mez, aunque, sin pruebas, segu¨ªa siendo solo otro fragmento de informaci¨®n sin corroborar. En el mundo en el que G¨®mez operaba, las historias eran irrelevantes si no ven¨ªan acompa?adas de evidencias s¨®lidas. La realidad, al final, solo se constru¨ªa con lo tangible, y hasta entonces, esto no era m¨¢s que una farsa sin fundamento. ¡ª?Un libro? ¡ªRepiti¨® G¨®mez, su voz cargada de desprecio¡ª ?Eso es todo lo que tienes que ofrecernos? No puedo enviar a un equipo de investigadores a buscar un libro entre las ruinas de una escuela demolida bas¨¢ndome solo en esas palabras. Necesito m¨¢s detalles. Thomas se inclin¨® hacia adelante, la desesperaci¨®n escondida en sus ojos. Su rostro p¨¢lido estaba marcado por el sudor y el miedo, y su respiraci¨®n se volv¨ªa cada vez m¨¢s err¨¢tica. ¡ªNo hay nada m¨¢s que pueda ofrecerte¡­ ¡ªDijo Thomas, su voz quebr¨¢ndose mientras su mirada se mov¨ªa fren¨¦ticamente entre G¨®mez y la tenue luz que parpadeaba en el techo¡ª Pero esa informaci¨®n es crucial. El libro contiene detalles sobre lo que pas¨®. Detalles que nadie m¨¢s tiene. Si encuentras el libro, podr¨¢s usarlo para librarme. Y cuando sea libre, te dir¨¦ todo, absolutamente todo lo que s¨¦. G¨®mez no dijo nada. En lugar de eso, se recarg¨® en su silla con un gesto que denotaba cansancio y exasperaci¨®n. Sus ojos, fr¨ªos y calculadores, observaban cada peque?o movimiento de Thomas con una intensidad inquietante. El agente sab¨ªa que hab¨ªa algo m¨¢s, algo que Thomas estaba ocultando. La frustraci¨®n crec¨ªa en su interior, y la necesidad de obtener una verdad contundente se volv¨ªa cada vez m¨¢s apremiante. Sin previo aviso, G¨®mez se levant¨® de su silla con un movimiento brusco. Camin¨® hacia Thomas con pasos firmes, y el sonido met¨¢lico de sus botas reson¨® en la habitaci¨®n vac¨ªa. La expresi¨®n en su rostro se endureci¨®, y su mirada se volvi¨® a¨²n m¨¢s fr¨ªa. ¡ª?De verdad piensas que voy a perder el tiempo buscando un libro en una escuela derrumbada? ¡ªSu voz era un susurro peligroso, cargado de amenaza¡ª ?Dame algo concreto o empezar¨¦ a hacer que te arrepientas de haber abierto la boca! G¨®mez levant¨® su mano y la vara descendi¨® con un golpe seco y contundente, impactando contra la madera con un sonido retumbante que reson¨® en las paredes desnudas. Thomas salt¨® en su silla, su cuerpo temblando visiblemente. ¡ª?No, no, por favor! ¡ªExclam¨® Thomas, su voz quebr¨¢ndose mientras la desesperaci¨®n se apoderaba de ¨¦l¡ª ?Te dije todo lo que s¨¦! ?No s¨¦ m¨¢s, te lo juro! ?Mi esposa est¨¢ sufriendo para alimentar a nuestros hijos, por favor ay¨²dame a ser libre! G¨®mez no respondi¨®. En lugar de eso, se inclin¨® hacia adelante, su rostro a cent¨ªmetros del de Thomas. La intensidad de su mirada era casi tangible, una mezcla de furia y determinaci¨®n que parec¨ªa arder en sus ojos. ¡ªEsa informaci¨®n no es suficiente, t¨² sabes algo y no lo est¨¢s contando ¡ªDijo G¨®mez con un tono amenazante¡ª No voy a perder mi tiempo con cuentos de fantasmas y libros antiguos. ?Necesito m¨¢s informaci¨®n, algo que realmente valga la pena! Si no ni sue?es con la libertad. ¡ª?Est¨¢ bien, est¨¢ bien! ¡ªGrit¨® Thomas, su voz temblorosa, mientras l¨¢grimas comenzaban a formarse en sus ojos¡ª Hay algo m¨¢s. Algo que no te he contado. El libro no es solo un libro. Contiene un ritual. Un ritual que podr¨ªa haber provocado todo lo que pas¨®. ?Los profesores hab¨ªan encontrado este libro antiguo en la biblioteca del colegio y siguieron sus instrucciones como unos idiotas! ?Lograron invocar las entidades descritas, pero terminaron todos muertos! G¨®mez frunci¨® el ce?o, sus ojos llenos de escepticismo pero tambi¨¦n de curiosidad. El rostro de Thomas estaba descompuesto, y el sudor le corr¨ªa por la cara, mezclado con las l¨¢grimas de desesperaci¨®n. ¡ª?Un ritual? ¡ªPregunt¨® G¨®mez, su voz dura pero con un tono de inter¨¦s creciente¡ª ?Qu¨¦ tipo de ritual? Thomas trag¨® saliva, sus palabras saliendo en un murmullo apresurado. ¡ªNo lo s¨¦ todo. Nadie sabe exactamente qu¨¦ hace el libro, pero es algo que puede abrir puertas¡­ Digo, el libro invoca cosas que no deber¨ªan estar aqu¨ª. Lo que yo vi, lo que los otros profesores vieron no era normal. No era natural. Algo sali¨® mal durante la invocaci¨®n. La escuela fue demolida para ocultarlo. No fue por los asesinatos. G¨®mez observ¨® a Thomas con detenimiento, sus ojos afilados como cuchillas, penetrando cada palabra que el prisionero dejaba escapar. La mand¨ªbula del agente se tensaba con cada mentira velada que sospechaba, mientras su intuici¨®n lo guiaba a una ¨²nica conclusi¨®n: Thomas estaba manipulando la verdad, dando migajas de informaci¨®n correcta para salvarse la piel sin realmente soltar lo m¨¢s valioso. Era un cobarde. Tem¨ªa a la verdad, m¨¢s que a su condena. Pero tampoco dejaba de desear la libertad. Un hip¨®crita. Un mentiroso. If you find this story on Amazon, be aware that it has been stolen. Please report the infringement. El agente respir¨® profundamente, luchando por mantener la compostura. Sab¨ªa que se estaba acercando al n¨²cleo de algo importante, pero tambi¨¦n era consciente de que Thomas, en su desesperaci¨®n, estaba jugando un juego peligroso. ¡ª?Y qu¨¦ sabes del ritual? ¡ªPregunt¨® G¨®mez, su tono cargado de una amenaza que flotaba entre cada s¨ªlaba¡ª ?Qui¨¦n m¨¢s estuvo involucrado? ?Qu¨¦ hicieron los profesores despu¨¦s de encontrar el libro? ¡ªSe detuvo un segundo, inclin¨¢ndose hacia adelante con los ojos clavados en los de Thomas¡ª ?No fueron los estudiantes quienes encontraron el libro? ?Por qu¨¦ diablos terminaron pose¨ªdos si el libro estaba en manos de los profesores? ?No hab¨ªan sido las sombras las responsables? ?Qui¨¦n fue el verdadero culpable? ?Los alumnos o los profesores? ?O acaso t¨² fuiste el ¨²nico responsable de la masacre, Thomas? Thomas trag¨® saliva con dificultad. Su garganta parec¨ªa cerrarse bajo la presi¨®n creciente. Balbuce¨® algo ininteligible, sus ojos parpadeando r¨¢pidamente, buscando una salida, pero no hab¨ªa ninguna. Solo hab¨ªa paredes de concreto y un agente que no iba a ceder terreno. ¡ªNo¡­ no puedo decirte mucho m¨¢s¡­ ¡ªLogr¨® murmurar Thomas, su voz entrecortada, quebrada por el miedo. Ese intento de evadir la verdad fue la chispa que encendi¨® la rabia en G¨®mez. Su mirada, antes g¨¦lida, se volvi¨® una llamarada de furia contenida. Sab¨ªa que Thomas estaba mintiendo. Lo hab¨ªa visto mil veces antes en otros interrogatorios: peque?os hilos de verdad entretejidos con falsas esperanzas, todo por su falta de confianza. Si Thomas hablaba, ?por qu¨¦ lo liberar¨ªan? La fundaci¨®n ya tendr¨ªa todo lo que necesitaba saber y este idiota no tendr¨ªa nada m¨¢s que ofrecerles. ¡ªHijo de puta¡­ ¡ªMurmur¨® G¨®mez, m¨¢s para s¨ª mismo que para Thomas, mientras sent¨ªa c¨®mo la frustraci¨®n herv¨ªa en su interior. El agente se enderez¨® lentamente, como un depredador que se prepara para el ataque. Tom¨® la vara de metal que descansaba sobre la mesa, su mano envolviendo el fr¨ªo acero con una sensaci¨®n de familiaridad. Con un gesto brusco y violento, la levant¨® y la dej¨® caer con fuerza sobre la mesa, produciendo un estruendo que reson¨® en las paredes, amplificando la ya opresiva tensi¨®n en la habitaci¨®n. Thomas salt¨® en su silla, sus ojos desorbitados de terror, como un animal acorralado que finalmente comprende que no hay escape. G¨®mez lo miraba fijamente, sus ojos inyectados de ira y desprecio. ¡ª?No me hagas perder m¨¢s tiempo! ¡ªEspet¨® G¨®mez, su voz cargada de una rabia apenas controlada¡ª ?Dime todo lo que sabes o te har¨¦ desear nunca haber nacido, maldito mentiroso! Thomas, incapaz de sostener la mirada de G¨®mez, baj¨® la cabeza, sus labios temblando incontrolablemente. Sus manos, encadenadas a la silla, temblaban junto con su cuerpo, que estaba comenzando a desmoronarse bajo la presi¨®n. Se o¨ªan susurros de terror escapando de su boca, apenas comprensibles. G¨®mez no esper¨® m¨¢s. Con la vara de metal en mano, descarg¨® un golpe directo sobre el hombro de Thomas. El crujido del hueso reson¨® en la habitaci¨®n, y el prisionero solt¨® un grito desgarrador que reverber¨® en las paredes de concreto. ¡ª?Habla, mierda! ¡ªRugi¨® G¨®mez mientras volv¨ªa a levantar la vara y la dejaba caer de nuevo, esta vez sobre el pecho de Thomas, quien se retorci¨® en su silla, incapaz de escapar del dolor insoportable. El prisionero gritaba y lloraba, sus l¨¢grimas mezcl¨¢ndose con el sudor fr¨ªo que cubr¨ªa su rostro. El miedo se apoderaba de ¨¦l, y su mente comenzaba a ceder ante la brutalidad del castigo. Cada golpe lo acercaba m¨¢s a la verdad que hab¨ªa estado escondiendo, pero tambi¨¦n lo hund¨ªa en un abismo de desesperaci¨®n. ¡ª?Est¨¢ bien, est¨¢ bien! ¡ªGimi¨® Thomas, su voz ahogada por el dolor¡ª ?Te dir¨¦ lo que quieras, solo¡­ por favor¡­ detente! G¨®mez lo mir¨®, jadeando ligeramente por el esfuerzo, pero sin rastro de compasi¨®n en su rostro. Sab¨ªa que Thomas estaba cerca de romperse, pero necesitaba m¨¢s. Se inclin¨® hacia adelante, bajando la vara de metal y acerc¨¢ndola lentamente a la cara del prisionero. ¡ªNo quiero tus migajas de desinformaci¨®n ¡ªDijo G¨®mez con un tono bajo y amenazante¡ª Quiero toda la maldita verdad. ?El ritual? ?El libro? A la mierda con eso, t¨² sabes algo m¨¢s, y me lo vas a decir ahora. Thomas jadeaba, su cuerpo temblando incontrolablemente mientras intentaba hablar. Sus labios estaban partidos por los golpes, y un hilo de sangre se deslizaba por su barbilla. ¡ªEl ritual¡­ ¡ªComenz¨® a decir entre sollozos, su voz apenas audible¡ª El ritual tiene tres partes. Primero, tienes que recitar las palabras del libro. Luego, hacer s¨ªmbolos en el suelo con la sangre de una v¨ªctima. Y, por ¨²ltimo, debes hacer una invocaci¨®n usando un artefacto¡­ un artefacto especial. G¨®mez lo miraba fijamente, sus ojos oscuros y penetrantes. Sab¨ªa que todav¨ªa hab¨ªa algo m¨¢s, algo que Thomas no estaba diciendo. ¡ª?D¨®nde est¨¢ ese artefacto? ¡ªExigi¨® G¨®mez, su voz como una cuchilla que cortaba el aire. Thomas temblaba a¨²n m¨¢s, como si cada palabra que estaba a punto de pronunciar fuera arrancada de lo m¨¢s profundo de su ser. ¡ªNo¡­ no s¨¦ d¨®nde est¨¢ ¡ªBalbuce¨® Thomas, su voz cargada de miedo¡ª Nadie lo sabe. Pero el libro¡­ el libro podr¨ªa tener pistas. G¨®mez frunci¨® el ce?o, su desconfianza iba creciendo con cada palabra que Thomas dec¨ªa. Todo sonaba demasiado conveniente, demasiado calculado. Era obvio que Thomas intentaba ganar tiempo nuevamente, tal vez esperando que alg¨²n milagro lo salvara de este infierno. ¡ª?De verdad crees que voy a caer en tus mentiras otra vez? ¡ªG¨®mez susurr¨®, su rostro apenas a cent¨ªmetros del de Thomas¡ª Sabes m¨¢s de lo que est¨¢s diciendo. ?Este artefacto es otra cortina de humo, verdad? Thomas neg¨® con la cabeza desesperadamente, l¨¢grimas brotando de sus ojos. Pero G¨®mez no estaba dispuesto a aceptar m¨¢s evasivas. Con una furia renovada, levant¨® la vara de metal y la descarg¨® una vez m¨¢s, esta vez directo en el est¨®mago de Thomas, provocando que el aire escapara violentamente de sus pulmones en un grito ahogado de dolor. ¡ª?Dime la verdad o te har¨¦ trizas, pedazo de mierda! ¡ªBram¨® G¨®mez, levantando la vara de nuevo, listo para golpear una vez m¨¢s. El interrogatorio (5) ¡ª?Est¨¢ bien! ?Te dir¨¦ todo lo que s¨¦! ¡ªGrit¨® desesperadamente, su voz desgarrada por el miedo¡ª ?El libro no importa! ?El ritual no existe! ?Lo invent¨¦ para distraerte, para obtener un contrato de verdad! ?El artefacto es la clave! ?Es lo ¨²nico que puede detener lo que est¨¢ por ocurrir! ¡ª?Acaso crees que soy un idiota? ¡ªPregunt¨® G¨®mez, su voz impregnada de desprecio¡ª Esa informaci¨®n que me das es in¨²til. ?Qu¨¦ me garantiza que el libro siquiera existe? ?El ritual no existe? Si no existe, ?por qu¨¦ existir¨ªa el artefacto? ?Que no era necesario en el tercer paso del ritual? Sin previo aviso, G¨®mez levant¨® su mano y golpe¨® la mesa con una fuerza violenta. El sonido del impacto reson¨® en las paredes de cemento, y Thomas salt¨® en su silla, su cuerpo temblando con el golpe de miedo. La habitaci¨®n se llen¨® de un eco ominoso mientras G¨®mez se acercaba a¨²n m¨¢s, su rostro a solo unos cent¨ªmetros del de Thomas. ¡ª?No me hagas perder el tiempo! ¡ªGrit¨® G¨®mez, su voz cargada de ira. Con un movimiento r¨¢pido y brutal, G¨®mez levant¨® su mano y descarg¨® un golpe directo en la nariz de Thomas. El impacto fue tan fuerte que la cabeza de Thomas se inclin¨® hacia un lado, y la sangre brot¨® de su nariz, mezcl¨¢ndose con las l¨¢grimas de desesperaci¨®n que rodaban por sus mejillas. ¡ª?Vamos, habla! ¡ªOrden¨® G¨®mez, su voz resonando en la habitaci¨®n mientras sus golpes continuaban. Cada impacto era m¨¢s fuerte y m¨¢s violento que el anterior, con una intensidad que hac¨ªa temblar la silla de Thomas. Los grilletes met¨¢licos de la silla se sacud¨ªan con cada golpe, y el sudor y la sangre se mezclaban en el rostro de Thomas. ¡ª?Para, por favor, para! ¡ªGimi¨® Thomas, sus palabras entrecortadas por el dolor. Gritaba y sollozaba, su cuerpo convulsionando con cada golpe. La desesperaci¨®n se apoderaba de ¨¦l, y sus s¨²plicas se volv¨ªan cada vez m¨¢s incoherentes. G¨®mez, sin mostrar ninguna se?al de compasi¨®n, continu¨® golpeando a Thomas con una furia implacable. Los gritos de Thomas se volv¨ªan cada vez m¨¢s desesperados y ahogados, mientras su rostro se deformaba por el dolor y la sangre. ¡ª?Habla! ¡ªRugi¨® G¨®mez, su voz llena de rabia¡ª ?Dime todo lo que sabes! Thomas, al borde del colapso, comenz¨® a suplicar de manera incoherente. Su cuerpo estaba cubierto de moretones, y la sangre continuaba fluyendo de su rostro. La desesperaci¨®n y el miedo lo hab¨ªan llevado al l¨ªmite. ¡ª?Est¨¢ bien, est¨¢ bien! ¡ªGrit¨® Thomas, su voz rota por el dolor¡ª ?Te lo dir¨¦ todo! ?Lo que sea que quieras saber! ?No aguanto m¨¢s, por favor, deja de golpearme! G¨®mez se qued¨® inm¨®vil, la vara de metal a¨²n en su mano, respirando con fuerza mientras observaba a Thomas con una mirada penetrante. Hab¨ªa roto la voluntad del prisionero, y sab¨ªa que ahora, por fin, estaba al borde de obtener la verdad. Thomas jadeaba, su cuerpo temblaba convulsivamente, sus ojos enrojecidos de terror y agotamiento. La sangre manchaba su rostro y el sudor fr¨ªo que cubr¨ªa su piel lo hac¨ªa parecer a¨²n m¨¢s pat¨¦tico. Sab¨ªa que no ten¨ªa m¨¢s opciones, que su destino estaba completamente en manos de G¨®mez. ¡ªBien¡­ ¡ªMurmur¨® G¨®mez, su voz profunda y cargada de un peligro subyacente¡ª Has tomado la decisi¨®n correcta, Thomas. Ahora, empieza a hablar ¡ªDio un paso hacia adelante, bajando la vara, su mirada fija en los ojos desorbitados del prisionero¡ª Y hazlo r¨¢pido. Thomas sollozaba entre respiraciones cortas, tratando de encontrar las palabras, luchando por controlar su miedo. G¨®mez lo miraba con una paciencia perversa, como un depredador que espera que su presa se desangre antes de devorarla. ¡ªEscucha bien ¡ªContinu¨® G¨®mez, su voz baja y acaramelada, cargada de una promesa de esperanza¡ªSi lo que me dices vale la pena, tal vez, solo tal vez, puedas ser ¨²til para nosotros. Tal vez puedas empezar de nuevo, con una nueva identidad. Todo esto ser¨¢ solo una triste an¨¦cdota, algo que olvidar¨¢s con el tiempo. Volver¨¢s a sentir el calor de tu esposa y el amor de tus hijos. La cabeza de Thomas se inclin¨® hacia abajo, su rostro a¨²n m¨¢s devastado por el golpe psicol¨®gico. Sent¨ªa c¨®mo las palabras de G¨®mez penetraban su mente como un veneno lento, haci¨¦ndole creer en una posibilidad que parec¨ªa imposible. G¨®mez, percibiendo su fragilidad, inclin¨® la cabeza ligeramente, observando de cerca el efecto que sus palabras ten¨ªan en el prisionero. If you come across this story on Amazon, it''s taken without permission from the author. Report it. ¡ªPero si me das mierda otra vez, te juro que esta pesadilla tambi¨¦n la sufrir¨¢n tus hijos. Los ojos de Thomas se abrieron desmesuradamente. Una sombra de terror absoluto cruz¨® su rostro en ese instante, mientras sus labios temblaban sin emitir sonido alguno. El miedo a lo que le podr¨ªa suceder a sus hijos se apoder¨® de su mente, desgarrando cualquier resistencia que a¨²n quedaba en su interior. ¡ª?Te lo dir¨¦ todo! ¡ªGrit¨® Thomas, su voz desgarrada y desesperada ¡ª La clave de todo est¨¢ en la ¨²ltima investigaci¨®n privada del historiador Oliver Murphy. ¨¦l nunca revel¨® esta informaci¨®n a nadie. Se la llev¨® consigo a la tumba. Pero yo estuve involucrado en la investigaci¨®n, conozco los detalles que ¡°ellos¡± no quieren que se sepan. ?Es por eso que ¡°ellos¡± me quer¨ªan muerto! ?Es por eso que ¡°ellos¡± enviaron a las sombras! ¡ª?Oliver Murphy? ¡ªRepiti¨® G¨®mez, su tono cargado de escepticismo. Sin moverse, presion¨® un bot¨®n oculto debajo de la mesa y una grabadora comenz¨® a funcionar, su suave zumbido llenando el aire ¡ª No s¨¦ qui¨¦n es Oliver Murphy. Lo que me importa es la verdad, no nombres que suenan interesantes. ?Tienes algo m¨¢s que ofrecerme? ¡ª?B¨²scalo en internet! ¡ªGrit¨® Thomas, su voz llena de frustraci¨®n¡ª Lo m¨¢s probable es que luego de conocer qui¨¦n es, ir¨¢s a conseguir que un investigador venga a garantizarme mi nueva identidad. Sin mostrar ninguna reacci¨®n, G¨®mez tom¨® un dado negro de su bolsillo. Lo coloc¨® sobre la palma de su mano y lo toc¨® con la yema de su dedo. En un instante, el dado comenz¨® a deformarse, transform¨¢ndose en un moderno celular de ¨²ltima generaci¨®n. El agente mencion¨® el nombre de Oliver Murphy en voz baja y, casi de inmediato, una serie de resultados aparecieron proyectados en el aire. G¨®mez revis¨® la informaci¨®n con detenimiento, su mirada se torn¨® m¨¢s intensa a medida que le¨ªa los detalles sobre el historiador. La preocupaci¨®n creci¨® en sus ojos, y un aire de misterio comenz¨® a envolver la sala. G¨®mez se volvi¨® hacia Thomas con una expresi¨®n que indicaba que hab¨ªa llegado el momento de profundizar en el asunto. ¡ª?C¨®mo conociste al exministro de cultura? ¡ªPregunt¨® G¨®mez, su voz grave y cargada de sospecha¡ªDime, ?cu¨¢l era tu relaci¨®n con el exministro? ¡ª¨¦ramos amigos y nos conocimos en la facultad ¡ªRespondi¨® Thomas r¨¢pidamente¡ª Fui ayudante de su c¨¢tedra por varios a?os. Esto cre¨® una gran relaci¨®n entre nosotros y provoc¨® que yo terminara ayud¨¢ndolo en varias de sus investigaciones privadas. Esa informaci¨®n es p¨²blica y mi nombre figura en varios documentos cient¨ªficos. Mi familia incluso recibe regal¨ªas de esas investigaciones. G¨®mez, que segu¨ªa examinando los datos en su celular, levant¨® una ceja con escepticismo. Su sonrisa se volvi¨® una mueca fr¨ªa y calculadora. ¡ªAs¨ª que tu familia recibe regal¨ªas¡­ ¡ªComent¨® G¨®mez con una sonrisa helada, mientras verificaba la existencia de Thomas Smith en la investigaci¨®n de Oliver Murphy¡ª ?No era que tu esposa estaba sufriendo para alimentar a tus hijos? La pregunta de G¨®mez golpe¨® a Thomas como una bofetada. ¡ª?Por qu¨¦ ocultaste esa informaci¨®n? ?Qu¨¦ m¨¢s est¨¢s escondiendo? ?Cu¨¢nto m¨¢s planeas mentirme, Thomas? ¡ªSolo quiero salir vivo de este lugar, vivir una vida normal con mis hijos. Por favor, ay¨²dame¡­ nunca quise matar a esos chicos, no tuve otra opci¨®n¡­ ¡ªNo te voy a ayudar hasta que me digas todo lo que sabes. Y no estoy hablando de mentiras a medias. Estoy hablando de la verdad completa. Si est¨¢s escondiendo algo, lo descubrir¨¦, y no me importar¨¢ el costo. Sin dar tiempo a Thomas para responder, G¨®mez levant¨® su mano y le propin¨® un golpe violento en la cara. El impacto fue tan fuerte que Thomas qued¨® tambale¨¢ndose en la silla, su rostro se inclin¨® hacia un lado, y una mezcla de sangre y l¨¢grimas se derram¨® de su nariz y su boca. G¨®mez no se detuvo. Cada golpe era un recordatorio brutal de que no hab¨ªa escape. La silla de Thomas cruj¨ªa con cada impacto, y el suelo se llenaba de manchas rojas mientras la sangre ca¨ªa de su cuerpo. ¡ª?No m¨¢s mentiras! ¡ªGrit¨® G¨®mez, su voz cargada de rabia¡ª ?No puedo permitir que te escapes con mentiras! ?Te voy a romper hasta que me des la verdad! ¡ª?Est¨¢ bien, est¨¢ bien! ¡ªGimi¨® Thomas, su voz rota por el dolor¡ª ?No aguanto m¨¢s, por favor, detente! G¨®mez hizo una pausa, observando al prisionero mientras recuperaba la compostura. Cuando finalmente habl¨®, su voz era suave pero impregnada de una autoridad inquebrantable. El cambio repentino en el comportamiento del agente, suger¨ªa un posible trastorno de personalidad m¨²ltiple, pero G¨®mez sab¨ªa que su trabajo consist¨ªa en un delicado juego de equilibrio, de tira y afloja. A veces, era necesario ser el polic¨ªa bueno, otras, el malo. En esta ocasi¨®n, deb¨ªa encontrar el punto exacto entre ambos extremos. Sab¨ªa que enfrentarse a una mente rota o fragmentada requer¨ªa tacto; una dosis controlada de empat¨ªa y firmeza. No pod¨ªa permitirse ser demasiado blando o solo obtendr¨ªa mentiras, pero tampoco pod¨ªa aplicar demasiada presi¨®n o el prisionero se romper¨ªa. En situaciones como esta, la clave era calibrar su enfoque, ser tan flexible como lo exigiera el momento. ¡ªCuanto m¨¢s cooperes entregando la informaci¨®n que sabes, m¨¢s podr¨¦ ayudarte, Thomas. No puedo garantizar lo que pides. Pero si la informaci¨®n que entregas ayuda a que la gente viva m¨¢s tranquila, estoy seguro de que hay personas dentro de la fundaci¨®n que podr¨¢n ayudarte a reunirte con tu familia. El interrogatorio (6) Thomas, encadenado y agotado, miraba al agente con una mezcla de desesperanza y desconfianza. Durante unos momentos, el silencio en la sala fue casi ensordecedor. La ¨²nica fuente de ruido era el sonido ocasional de las gotas de sangre que ca¨ªan desde las heridas de Thomas. ¡ªLa ¨²ltima investigaci¨®n privada de Oliver Murphy fue el trabajo de toda su vida y se centra en descubrir la identidad de uno de los observadores del otro mundo¡­ ¡ªDijo Thomas finalmente, su voz temblorosa pero firme. Hab¨ªa tomado la decisi¨®n de hablar, esperando que sus palabras pudieran significar la diferencia entre su libertad y su condena. ¡ªContin¨²a¡­ ¡ªIncit¨® G¨®mez, sus ojos destilando una mezcla de expectativa y emoci¨®n contenida. Not¨® que el hombre encadenado se detuvo moment¨¢neamente, como si estuviera saboreando el impacto de sus palabras. ¡ªCuando trabaj¨¦ como ayudante de c¨¢tedra en la universidad, el pa¨ªs estaba bajo la infame dictadura militar. Durante ese per¨ªodo, los militares prohibieron cualquier investigaci¨®n o discusi¨®n sobre el ¡°otro mundo¡±. Pero su existencia ya formaba parte de un secreto a voces entre los intelectuales de la ¨¦poca. Oliver ten¨ªa la hip¨®tesis de que la dictadura estaba siendo manipulada por un evento paranormal, para ser m¨¢s exactos que estaba siendo controlada por uno de estos ¡°observadores¡±. Seg¨²n ¨¦l,... ¡ªDetente, Thomas¡­ ¡ªInterrumpi¨® G¨®mez secamente, su tono cargado de una preocupaci¨®n repentina. Su mano se movi¨® r¨¢pidamente hacia un bot¨®n oculto bajo la mesa, y un clic seco llen¨® el aire mientras la grabadora se deten¨ªa abruptamente. G¨®mez se inclin¨® y meti¨® su vara bajo la mesa, haciendo palanca con ella hasta romper una peque?a caja oculta: era el contenedor de la grabadora. Con movimientos r¨¢pidos y precisos, extrajo un estuche negro de su interior y lo guard¨® en el bolsillo de sus pantalones. Todo bajo la vista incr¨¦dula del prisionero. A G¨®mez, no le importo. Su rostro se torn¨® serio y su mirada penetrante se dirigi¨® a Thomas con una intensidad que congelaba la sangre. ¡ªPor la seguridad de los dos, te est¨¢ prohibido hablar sobre lo que ocurri¨® durante la dictadura, especialmente si est¨¢ relacionado con el otro mundo. Ser¨¢ mejor que te olvides deliberadamente de esa parte de la historia cuando alguien m¨¢s te lo pregunte ¡ªG¨®mez dej¨® escapar un suspiro, su tono ahora bajo y urgente¡ª Por lo dem¨¢s, conc¨¦dele toda tu atenci¨®n a la informaci¨®n sobre el observador. Como notar¨¢s, la grabadora se ha da?ado durante tu intento de escape, as¨ª que tomar¨¦ nota de tus declaraciones manualmente. ¡ª?C¨®mo se supone que haga eso? Lo m¨¢s importante de toda mi informaci¨®n es que el observador est¨¢ directamente vinculado a nuestro actual gobierno y al pasado de nuestro pa¨ªs. La dictadura puede haber terminado en nombre, pero este observador sigue manipulando a nuestro pueblo desde las sombras. G¨®mez, visiblemente alterado, golpe¨® la mesa con tal fuerza que los papeles y objetos en la superficie se sacudieron. Su voz se alz¨®, cargada de una mezcla de enojo y desd¨¦n: ¡ª?Eso es una locura! No solo es absurdo, sino que es extremadamente peligroso decir esas palabras. No tengo tiempo para teor¨ªas descabelladas y conspiraciones sin fundamento. ¡ªOliver Murphy predijo el fin de la dictadura y el establecimiento de la democracia actual, la cual es una farsa, una tapadera para ocultar el control que ejerce este observador sobre nuestras intuiciones. ?Si no se revela su identidad, el siguiente paso de esta criatura ser¨¢ un dominio global! ?La fundaci¨®n podr¨ªa hacer una fortuna con esta informaci¨®n! ?C¨®mo se supone que la esconda? G¨®mez apret¨® los dientes, su paciencia claramente al l¨ªmite. La furia en su rostro era palpable mientras se inclinaba hacia adelante, sus ojos fijos en Thomas con una intensidad casi amenazante. ¡ª?No voy a perder mi tiempo con ideas locas sobre criaturas del otro mundo controlando nuestro pa¨ªs! ¡ªExplot¨® G¨®mez, su voz retumbando en la habitaci¨®n¡ª Esta es la ¨²ltima vez que voy a escuchar una estupidez de ese calibre. ?Esta fundaci¨®n trata con hechos, no con fantas¨ªas! ¡ªEst¨¢ bien, no te dir¨¦ nada m¨¢s. Si crees que mi informaci¨®n no tiene valor, entonces no tienes idea de lo que est¨¢ en juego. Los ciudadanos de este pa¨ªs est¨¢n viviendo una mentira que, si no se corrige, condenar¨¢ a nuestra raza entera. Si quieres m¨¢s detalles, tendr¨¢s que ofrecerme algo a cambio: una nueva identidad y la protecci¨®n de la fundaci¨®n, o no dir¨¦ una palabra m¨¢s sobre el asunto. G¨®mez, al escuchar esta ¨²ltima demanda, detuvo su mirada en la puerta de la habitaci¨®n, como si esperara que alguien irrumpiera en ese mismo instante. La preocupaci¨®n en sus ojos era evidente, pero se oblig¨® a volver la vista hacia Thomas con una mirada calculadora. ¡ª?Crees que puedes chantajearme, Thomas? Tienes que entender que no es as¨ª como funcionan las cosas aqu¨ª. No estoy aqu¨ª para negociar bajo presi¨®n. No est¨¢s en posici¨®n de hacer demandas. ¡ª?Entonces qu¨¦? ?Qu¨¦ har¨¢s con la informaci¨®n que te he dado? El agente G¨®mez se qued¨® inm¨®vil por un momento, paralizado por las preguntas. La sonrisa desafiante de Thomas le record¨® a un jugador de p¨®ker que hab¨ªa jugado su ¨²ltima carta, esperando ver si su oponente se rend¨ªa o arriesgar¨ªa todo. La inquietante calma en el rostro del prisionero provoc¨® una oleada de nerviosismo en G¨®mez, que sinti¨® el peso de la situaci¨®n sobre sus hombros. Su expresi¨®n comenz¨® a mostrar una grieta de preocupaci¨®n. ¡ªYo tambi¨¦n tengo una familia, muchacho¡­ ¡ªDijo G¨®mez con un tono bajo, casi ¨ªntimo, pero cargado de una amenaza velada. El agente se acerc¨® lentamente, su rostro cada vez m¨¢s tenso, sus ojos reflejando una mezcla de determinaci¨®n y miedo. La cercan¨ªa hac¨ªa que su presencia fuera a¨²n m¨¢s imponente, un recordatorio de la gravedad de la situaci¨®n. ¡ª?Qu¨¦ significa eso? ?Vas a liberarme? El rostro de G¨®mez se tens¨® de forma alarmantemente sobrenatural. Camin¨® lentamente hasta quedar justo detr¨¢s del prisionero, donde su presencia era apenas perceptible. La piel de G¨®mez se palideci¨®, y un brillo oscuro comenz¨® a invadir sus ojos, transformando el azul cristalino en un negro profundo. Algo raro estaba sucediendo y Thomas lo sent¨ªa. Fue entonces cuando la l¨¢mpara en el techo comenz¨® a parpadear de manera fren¨¦tica, sumiendo la sala en un destello ¨®ptico hipn¨®ticamente molesto. En ese breve instante de penumbra, Thomas not¨® algo extraordinario en la esquina de la habitaci¨®n. All¨ª nuevamente se alzaba la misma sombra alta y delgada que hab¨ªa visto antes, pero esta vez con un detalle m¨¢s perturbador: la sombra ten¨ªa un rostro humano distorsionado, con una sonrisa amplia y siniestra que parec¨ªa conocer todos los secretos oscuros de este mundo. Los ojos de aquel rostro brillaban con una luz verde enfermiza, como si emitieran una radiaci¨®n propia. No ten¨ªa un contorno s¨®lido; en lugar de eso, parec¨ªa oscilar y cambiar de forma, como si estuviera viva y respirando. No hab¨ªa dudas, no era una ilusi¨®n de Thomas. La forma de la sombra era tan n¨ªtida y clara que no pod¨ªa ser confundida. Thomas trat¨® de advertirle a G¨®mez, abriendo la boca en un grito desesperado, pero justo cuando las palabras iban a salir, la l¨¢mpara dejo de parpadear bruscamente, y la sombra se desvaneci¨® en el aire, dejando tras de s¨ª una sensaci¨®n escalofriante de vigilancia. ¡ªEscucha, Thomas¡­ ¡ªDijo G¨®mez, su voz ahora distorsionada y temblorosa, como si hubiera sido succionada por una fuerza externa¡ª La informaci¨®n que tienes es peligrosa, y el tiempo est¨¢ en nuestra contra. No se trata solo de lo que sabes, sino de c¨®mo lo manejas, muchacho. No te lo tomes personalmente, pero me temo que ninguno de nosotros dos podemos manejar informaci¨®n tan delicada. The tale has been stolen; if detected on Amazon, report the violation. Con un movimiento brusco, G¨®mez levant¨® la vara oxidada. *Crush*¡­ El sonido sordo del impacto reson¨® en la habitaci¨®n, G¨®mez lanz¨® el primer golpe con la vara oxidada, impactando de lleno en la nuca del prisionero con una brutalidad inesperada. Thomas se desplom¨® contra la mesa. Su cuerpo temblando violentamente mientras el dolor se expand¨ªa por su cr¨¢neo. La sonrisa desafiante que hab¨ªa mostrado se desvaneci¨®, reemplazada por una expresi¨®n de shock y agon¨ªa que reflejaba el dolor indescriptible que estaba sufriendo. Sus ojos, llenos de l¨¢grimas, buscaban desesperadamente una salida: ¡ª?No, por favor! ?No! ?Todav¨ªa tengo m¨¢s informaci¨®n qu¨¦ decir! ?¡±Ellos¡±¡­! *Crush*¡­ El segundo golpe impact¨® con una fuerza brutal sobre la cabeza del prisionero, llev¨¢ndolo a golpearse la boca contra la mesa, interrumpiendo sus s¨²plicas. El golpe fue terrible. Los dientes de Thomas volaron en diferentes direcciones. La sangre comenz¨® a manchar la camisa blanca del agente, ti?¨¦ndola de un rojo oscuro y siniestro. Thomas mir¨® al agente con ojos suplicantes, su boca sin dientes no lograba modular el pedido de piedad, pero eso solo aviv¨® la furia de G¨®mez. *Crush, Crush, Crush*¡­ G¨®mez no se detuvo. Los golpes se sucedieron con una violencia implacable, cada impacto hundiendo m¨¢s el cr¨¢neo de Thomas. La sangre salpicaba y manchaba las paredes, creando un grotesco mural sangriento. G¨®mez, con la respiraci¨®n entrecortada y el sudor mezclado con la sangre en su rostro, continu¨® golpeando hasta que el cr¨¢neo de Thomas qued¨® completamente hundido. Finalmente, exhausto y con las manos ensangrentadas, G¨®mez dej¨® caer la vara. El cuerpo del prisionero segu¨ªa teniendo convulsiones mientras se atragantaba con su propia sangre y dientes. La respiraci¨®n del agente era pesada y entrecortada, pero el peso de lo que hab¨ªa hecho no ve¨ªa en su rostro. Ni un rastro de arrepentimiento o culpa. Con la camisa empapada en sangre y la mano dolorida por la intensidad de los golpes, se dirigi¨® hacia la puerta oxidada con un paso firme y decidido. Abri¨® la puerta con un giro brusco de la manija y sali¨® de la habitaci¨®n, dejando atr¨¢s la carnicer¨ªa que hab¨ªa ejecutado. La fr¨ªa habitaci¨®n de hormig¨®n qued¨® en un silencio opresivo, roto solo por el sonido intermitente de las gotas de sangre que ca¨ªan del cad¨¢ver de Thomas, cada gota resonando en la sala vac¨ªa como el pedido de s¨²plica que nunca fue escuchado. El cuerpo ya no convulsionaba, no quedaba un solo rastro de vida en lo que alguna vez fue profesor de secundaria y un devoto padre. La habitaci¨®n de hormig¨®n exudaba una atm¨®sfera deprimente, como si los mismos muros de cemento hubieran absorbido los gritos y s¨²plicas que nunca fueron escuchados. Cada gota que ca¨ªa del cuerpo inerte de Thomas parec¨ªa marcar el tiempo, como un reloj macabro que contaba los segundos despu¨¦s de la muerte. *Plop, plop, plop*¡­ Las gotas resonaban en el suelo de cemento, dibujando un peque?o charco oscuro que crec¨ªa lentamente, como una mancha imborrable de la tragedia que acababa de suceder. Aquel hombre que alguna vez fue un amable esposo, un devoto padre y un respetado profesor de secundaria, ahora no era m¨¢s que un amasijo de carne rota y huesos aplastados. Sus sue?os se hicieron a?icos. Su cabeza abollada parec¨ªa casi antinatural, como si la brutalidad de su muerte hubiese distorsionado no solo su forma f¨ªsica, sino la esencia misma de lo que alguna vez fue. Su rostro, o lo que quedaba de ¨¦l, era una masa desfigurada de carne y sangre, con los ojos sali¨¦ndose de sus cuencas oculares, pero a¨²n mirando a la esquina donde hab¨ªa visto aquella sombra con una expresi¨®n de terror que jam¨¢s se borrar¨ªa. Fue entonces cuando la luz se torn¨® amarillenta y comenz¨® a parpadear de manera irregular. Las sombras creadas por el parpadeo jugaban en las paredes, tomando formas indistinguibles que parec¨ªan moverse por voluntad propia. Si alguien hubiera estado all¨ª, podr¨ªa haber jurado que esas sombras no eran meras proyecciones de la luz, sino algo m¨¢s, algo inquietantemente vivo, acechando desde los rincones m¨¢s oscuros de la sala. Eran entidades que parec¨ªan deslizarse por las paredes, movi¨¦ndose como si respondieran a un llamado ancestral, su presencia no era una reacci¨®n a lo que hab¨ªa ocurrido, sino una premonici¨®n de lo que estaba por desatarse. De repente, la habitaci¨®n entera comenz¨® a temblar violentamente, como si una fuerza invisible la sacudiera desde sus cimientos. Trozos de cemento empezaron a desprenderse del techo, cayendo con estruendo sobre el cuerpo del difunto, a?adiendo un macabro ruido a la ya sombr¨ªa escena. La l¨¢mpara colgante en el techo oscilaba salvajemente de un lado a otro. El suelo vibraba bajo la intensidad del aparente terremoto, pero entonces, tan abruptamente como hab¨ªa comenzado, el temblor ces¨®, dejando la habitaci¨®n en un silencio a¨²n m¨¢s profundo y aterrador. Seguido de ese evento, las sombras en las paredes desaparecieron tan r¨¢pidamente como hab¨ªan aparecido. Algo estaba por ocurrir y ocurri¨®. La ¨²nica puerta que hab¨ªa en la habitaci¨®n se abri¨® lentamente con un chirrido desgarrador, como si el metal mismo lamentara lo que estaba a punto de suceder. En la penumbra que reinaba m¨¢s all¨¢ de la entrada, surgieron cuatro figuras, completamente envueltas en trajes amarillos para tratar materiales peligrosos. Los trajes, herm¨¦ticamente sellados, no dejaban expuesta ni una porci¨®n de piel, y el ¨²nico signo de identificaci¨®n era un parche en el pecho de cada uno de ellos que dec¨ªa lo siguiente:
¡°Escuadr¨®n de limpieza n¨²mero 5, del laboratorio 032, del Instituto de Investigaci¨®n Paranormal de la Fundaci¨®n A.P.D.¡±
Los cuatro hombres se mov¨ªan en un silencio absoluto, con la precisi¨®n mec¨¢nica de quien ha realizado esta tarea innumerables veces. No hubo ninguna se?al de sorpresa o repulsi¨®n en sus movimientos; parec¨ªan inmunes a la brutal escena que los rodeaba. Uno de ellos se inclin¨® sobre el cad¨¢ver de Thomas y, con delicadeza inquietante, comenz¨® a manipular el cuerpo. No hab¨ªa prisa en sus acciones, pero tampoco compasi¨®n. Era como si estuvieran manejando un objeto cualquiera, como si Thomas no hubiera sido m¨¢s que una variable en un experimento fallido. Con una coreograf¨ªa perfecta, los cuatro cient¨ªficos levantaron el cuerpo de Thomas y lo depositaron en una bolsa negra para cad¨¢veres. El sonido de la cremallera al cerrarse pareci¨® romper la quietud de la habitaci¨®n por un breve instante, un susurro agudo e inc¨®modo. Inmediatamente, los cuatro hombres comenzaron a limpiar cada pedazo de cerebro, los trozos de carne y dientes, cada charco de orina y cada gota de sangre con una eficiencia escalofriante. Esta tarea parec¨ªa haber sido realizada innumerables veces. Las herramientas que usaban no eran las t¨ªpicas de un equipo de limpieza; en su lugar, se ve¨ªan dispositivos brillantes y extra?os que zumbaban y emit¨ªan destellos de luz cuando pasaban por las superficies, borrando completamente cualquier se?al de violencia. El silencio se volvi¨® m¨¢s pesado a medida que cada rinc¨®n de la habitaci¨®n era purgado de cualquier indicio del asesinato brutal que all¨ª hab¨ªa tenido lugar. Algo no estaba bien. El aire mismo parec¨ªa cargado con una tensi¨®n indescriptible, como si algo invisible estuviera observando, esperando en las sombras que proyectaban los movimientos de los hombres trabajando. La luz continuaba su danza intermitente, y las sombras, esas formas amorfas que parec¨ªan moverse con voluntad propia, no dejaban de acechar en los m¨¢rgenes de la visi¨®n. Pero estaban escondidas y los hombres no parecieron notarlas. Cuando los cuatro hombres terminaron su tarea, la habitaci¨®n estaba impecable, como si la muerte de Thomas hubiera sido una pesadilla. Sin una palabra, comenzaron a salir del cuarto, llevando consigo la bolsa negra que conten¨ªa lo que quedaba de Thomas. El ¨²ltimo de los hombres, el que hab¨ªa dirigido la operaci¨®n, se detuvo un momento en la entrada. Gir¨® la cabeza, observando la habitaci¨®n con atenci¨®n. Sus ojos, ocultos tras la visera oscura del traje, parec¨ªan fijarse en un punto espec¨ªfico, como si estuviera percibiendo algo que los dem¨¢s no pod¨ªan. Hab¨ªa sentido la anormalidad de las sombras, pero las mismas fueron m¨¢s r¨¢pidas y escaparon a tiempo. Sin m¨¢s demora, el ¨²ltimo hombre cerr¨® la puerta oxidada detr¨¢s de ¨¦l. El sonido de la puerta al cerrarse reson¨® como un eco profundo, y de repente, la habitaci¨®n comenz¨® a temblar nuevamente. Las paredes de hormig¨®n vibraron con una fuerza siniestra, como si la misma estructura del lugar estuviera protestando. El temblor no fue violento, pero su persistencia fue suficiente para hacer que el suelo crujiera levemente bajo el peso de una fuerza invisible. Las sombras en las paredes comenzaron a moverse m¨¢s r¨¢pido, girando y retorci¨¦ndose, tomando formas a¨²n m¨¢s inquietantes. Por un momento, las luces amarillentas se apagaron por completo, sumiendo la habitaci¨®n en una oscuridad absoluta. Solo el temblor sordo y la sensaci¨®n de que algo m¨¢s estaba presente manten¨ªan la atm¨®sfera cargada. Entonces, la luz volvi¨®, esta vez con su antiguo tono blanco y fr¨ªo. El temblor ces¨® de repente, y la sala qued¨® en silencio una vez m¨¢s. En ese momento, la quietud se rompi¨® una vez m¨¢s, no por el goteo de sangre o por el temblor de las paredes, sino por un sonido bajo y gutural, casi inaudible. Proven¨ªa de la ¨²ltima sombra que a¨²n se aferraba a una de las esquinas de la habitaci¨®n. Era como si algo, o alguien, estuviera susurrando desde el m¨¢s all¨¢. El sonido desapareci¨® tan r¨¢pido como hab¨ªa llegado, pero dej¨® una sensaci¨®n helada en el aire, una advertencia de que lo que hab¨ªa sucedido en esa habitaci¨®n no estaba del todo terminado. El agente G¨®mez hab¨ªa escuchado demasiado. Informe de investigaciè´¸n (1)
Informe de investigaci¨®n B8-856 - Incidente en la escuela secundaria St.Patrick.
C¨®digo internacional del Evento IP-B-FAPD-UUSS-032-8-856
Car¨¢tula Internacional Investigaci¨®n Paranormal de clase B ejecutada por la Fundaci¨®n A.P.D. realizada en la regi¨®n de los Estados Unidos, redirigido al laboratorio 032: Octava d¨¦cada de actividad del laboratorio, evento ochocientos cincuenta y seis de clase B estudiado durante la ¨²ltima d¨¦cada por el laboratorio 032.
C¨®digo Interno B8-856
Car¨¢tula Interna Incidente en la escuela secundaria St.Patrick
Estado del Informe CONFIDENCIAL
Investigador Principal Dr. ¨€¨€¨€¨€¨€¨€ ¨€¨€¨€¨€¨€¨€
Nivel de peligro de la misi¨®n ¨€¨€¨€¨€
Fecha del Evento ¨€¨€ / ¨€¨€¨€ / ¨€ ¨€¨€
Ubicaci¨®n Escuela Secundaria St. Patrick, Florida, EE. UU.
Estado de la operaci¨®n Archivada
Descripci¨®n del Investigador Principal
No era la primera vez que nos enfrentamos a algo as¨ª, pero la verdad es que nunca te preparas lo suficiente para un escenario de este tipo. El d¨ªa comenz¨® como cualquier otro. Una llamada m¨¢s, otro incidente en una escuela, otro caso de estudiantes que se dejaron llevar demasiado por la curiosidad, otra cat¨¢strofe que limpiar. Pero en cuanto llegamos a la Escuela Secundaria St. Patrick en Florida, supe de inmediato que algo estaba terriblemente mal, algo que iba m¨¢s all¨¢ de lo que nuestras experiencias pod¨ªan abarcar. El ambiente era espantoso. Hab¨ªa cuerpos mutilados por todas partes, y los noticieros se abalanzaban sobre la polic¨ªa, exigiendo respuestas. Sus c¨¢maras enfocaban a los ni?os muertos como si fueran animales de circo. Los padres estaban desesperados, casi al borde de la locura. Llenos de furia, lanzaban insultos y piedras a los polic¨ªas. Un grupo de ellos, completamente deshechos por la situaci¨®n, intentaba entrar a la escuela por su cuenta para buscar a sus hijos. No puedo negar que, debido a la ineptitud de la polic¨ªa, algunos de esos padres lograron entrar y hasta nos ofrecieron su ayuda en la investigaci¨®n. Era un caos total: la polic¨ªa no pudo controlar la situaci¨®n. Nosotros siempre llegamos tarde; es la triste realidad de nuestro trabajo. No se puede investigar algo que no existe y tampoco se puede contener un evento que no ocurri¨®. A lo mucho podemos tratar de predecirlos, informar a las personas de evitar ciertos lugares, brindar informaci¨®n para disminuir las v¨ªctimas fatales y desalentar ciertas conductas peligrosas de la sociedad. Pero esta vez todos los mecanismos de prevenci¨®n fallaron y llegamos demasiado tarde. Ya desde el comienzo de la misi¨®n comprend¨ª que uno de los padres afectados por la tragedia trabajaba en el ¨¢rea de contenci¨®n y envi¨® la informaci¨®n a la prensa para apresurarnos. Lo logr¨®. El muy malnacido lo logr¨®. Ante los ojos de todos, nos vimos forzados a entrar en la escuela. No hab¨ªa vuelta atr¨¢s para ninguno de nosotros. Sab¨ªamos que est¨¢bamos a punto de enfrentarnos a algo mucho m¨¢s grande y aterrador de lo que nos hab¨ªan contado nuestros superiores inicialmente. Pero ah¨ª estaban las c¨¢maras enfoc¨¢ndonos y la polic¨ªa no dud¨® en encerrarnos en la escuela hasta recuperar a todos los ni?os que segu¨ªan escondi¨¦ndose dentro de la misma. No los culpo. Estaban obligados a actuar de esa forma, as¨ª como nosotros est¨¢bamos obligados a resolver este caso o morir en el intento. La masacre ya era una noticia nacional. As¨ª que los informes preliminares eran un secreto, no muy secreto que digamos: los estudiantes de entre 12 y 18 a?os de la escuela secundaria St. Patrick hab¨ªan experimentado una especie de ¡°posesi¨®n¡± masiva. Dicen que todo comenz¨® con peque?os comportamientos extra?os: miradas vac¨ªas, murmullos ininteligibles, temblores en las manos. Pero cuando los profesores intentaron controlar la situaci¨®n, ya era demasiado tarde. Lo que parec¨ªa una serie de comportamientos err¨¢ticos pronto se convirti¨® en una violenta cacer¨ªa humana. Las c¨¢maras de seguridad captaron casi todo. Bueno, todo lo que se puede captar en im¨¢genes. Porque lo que vi en esas grabaciones no era solo gente perdiendo el control. No. En los videos, se ve¨ªan sombras que no correspond¨ªan a ninguna fuente de luz, que se mov¨ªan como si tuvieran vida propia. No era la primera misi¨®n en que las ve¨ªa, pero s¨ª era la primera vez que escuchaba que estas sombras fueran agresivas. Reading on this site? This novel is published elsewhere. Support the author by seeking out the original. Tras recuperar el archivo de videos de la sala de vigilancia, se confirm¨® r¨¢pidamente que todos los rumores eran ciertos. Los estudiantes no parec¨ªan ser ellos mismos. Los ojos, vac¨ªos y oscuros, se enfocaban en cualquier cosa que fuera humana. Atacaban sin raz¨®n ni piedad. Las grabaciones mostraban ni?os golpe¨¢ndose los unos a los otros, mutilando a sus compa?eros con tijeras sin filo y usando sus dientes para arrancarse los dedos entre ellos. Y, por supuesto, estaban las criaturas paranormales. En su gran mayor¨ªa eran sombras alargadas y difusas, que aparec¨ªan en los momentos clave. Las mismas sombras que nos observaron desde el primer momento en que pusimos un pie en esa escuela. En cuanto a la misi¨®n de investigaci¨®n, la operaci¨®n fue sorprendentemente fluida. F¨¢cil, dir¨ªa. No hubo grandes dificultades t¨¦cnicas. Las c¨¢maras funcionaron relativamente bien, y las pruebas recogidas fueron suficientes para confirmar lo que ya sab¨ªamos: esto no era obra de alg¨²n artefacto, ritual u objeto peligroso. Las sombras, las posesiones, las muertes, todo apuntaba a unas entidades hab¨ªan salido del ¡°otro mundo¡± e intentaban tomar control del lugar y los estudiantes. Al menos, eso fue lo que concluimos oficialmente. Sab¨ªamos qu¨¦ hab¨ªa m¨¢s de lo que hab¨ªamos visto. Siempre hay algo m¨¢s, algo que no puedes explicar con informes ni con pruebas cient¨ªficas. Pero, ?qu¨¦ ¨ªbamos a hacer? Necesit¨¢bamos un informe para la prensa. El trabajo ten¨ªa que hacerse r¨¢pidamente. Y a pesar de ¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€, la operaci¨®n fue un ¨¦xito en t¨¦rminos de lo que se esperaba de nosotros. La polic¨ªa cerr¨® el caso, se comenz¨® a demoler la escuela y las familias recibieron el consuelo que se les pod¨ªa ofrecer. Aunque, claro, consuelo es una palabra fuerte cuando has perdido a un hijo o hija en algo que ni siquiera puedes comprender. En cuanto al ¨€¨€¨€¨€¨€, est¨¢bamos revisando las ¨²ltimas ¨¢reas de la escuela, ven¨ªamos varias horas trabajando sin mayores problemas y la situaci¨®n aparentaba ser segura: decidimos separarnos para encontrar a los ¨²ltimos supervivientes, y recopilar pruebas de forma m¨¢s r¨¢pida. Fue una mala decisi¨®n. Aunque atribuy¨® el ¨€¨€¨€¨€¨€ a la falta de experiencia de los involucrados. Esos agentes eran muy j¨®venes para enfrentarse un evento de tipo B. Yo lo sab¨ªa. Pero no hab¨ªa nadie m¨¢s disponible y los superiores ¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€. Por lo que tampoco me quejo. ¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€ ¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€. Y no fue una ¨€¨€¨€¨€¨€ normal. No fue como si se hubiera perdido en el edificio o se hubiera desorientado. No, lo que pas¨® fue que ¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€. Un momento estaba all¨ª, ¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€ ¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€ y ¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€, y al siguiente, hab¨ªa ¨€¨€¨€¨€¨€ del radar. Lo buscamos por toda la escuela, rastreamos sus huellas, revisamos las c¨¢maras de seguridad, pero no hab¨ªa rastro alguno. Solo las sombras. Siempre esas malditas sombras. No eran agresivas, no parec¨ªan serlo. Caminaban junto a nosotros, casi siempre ignor¨¢ndonos. Aunque en la mayor¨ªa de casos escapaban al vernos. Atrapamos algunas de estas sombras y las mandamos a ¨€¨€¨€¨€¨€¨€ para ser investigadas. Se confirm¨® que eran las mismas sombras que se pueden ver por todos lados cuando uno se estresa m¨¢s de la cuenta; inofensivas, un poco curiosas y en general muy miedosas. Pero no hab¨ªa dudas de que estas sombras eran las responsables de lo que ocurri¨® con ¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€. El otro, el que ¨€¨€¨€¨€¨€, no es una historia que se cuente f¨¢cilmente. Tenemos una imagen de la sombra que lo ¨€¨€¨€¨€¨€ recuperada de su c¨¢mara corporal, la ¨€¨€¨€¨€¨€¨€ no registr¨® nada. Seg¨²n la ¨€¨€¨€¨€¨€¨€, al ver la sombra a unos pocos metros de ¨¦l, el investigador ¨€¨€¨€¨€¨€¨€ empez¨® a convulsionar. Sus ojos empezaron a sangrar. Intentamos ayudarlo cuando escuchamos los gritos, pero no hab¨ªa nada que pudi¨¦ramos hacer. Est¨¢bamos muy lejos, ¨¦l estaba en la sala de vigilancia y nosotros en el gimnasio. Seguimos sin comprender por qu¨¦ ¨¦l ¨€¨€¨€¨€¨€ y nosotros no. Era como si una de las tantas sombras que hab¨ªa por la escuela hubiera decidido ¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€ por mero capricho. Lo m¨¢s inquietante fue lo que encontramos en el laboratorio de ciencias, donde hab¨ªa ocurrido uno de los incidentes m¨¢s violentos. Las paredes estaban cubiertas de s¨ªmbolos extra?os, como si los estudiantes hubieran estado dibujando con su sangre antes de desangrarse por completo. Las grietas en las paredes formaban patrones que cambiaban cada vez que mir¨¢bamos hacia otro lado. No pod¨ªas concentrarte en ellas mucho tiempo, o comenzabas a sentir que algo te miraba de vuelta. Y las luces no dejaban de parpadear de forma molesta, como si el edificio mismo estuviera muriendo con cada segundo que pas¨¢bamos all¨ª. Los cuerpos que encontramos en esa aula estaban destrozados de maneras que no tienen sentido biol¨®gico. Hab¨ªa marcas de dientes, pero no eran de humanos ni de ning¨²n animal que conoci¨¦ramos. Las extremidades de los ni?os estaban torcidas en formas sin sentido, como si los hubieran torturado por diversi¨®n. Algunos cad¨¢veres parec¨ªan haber sido arrastrados por la fuerza hasta ser triturados contra las paredes. Otros estaban colgados del techo, como si algo los hubiera levantado por el cuello y dejado ah¨ª para que los encontr¨¢ramos. No fue una simple masacre. Fue una ejecuci¨®n sistem¨¢tica de todo lo que respiraba en esa aula. ?Podr¨ªan ser las sombras las responsables? Lo dudo y la verdad no la supimos nunca. De todas formas cre¨® que por esa aula pas¨® alguna criatura simbi¨®tica a las sombras que se aprovech¨® de que los ni?os estaban siendo pose¨ªdos para invocarse y alimentarse. Sea lo que sea que haya hecho esa masacre, desapareci¨® tan pronto como los polic¨ªas llegaron. Aun as¨ª, a pesar de todas las desgracias que enfrentamos, no puedo sacarme la sensaci¨®n de que todo fue demasiado f¨¢cil. Como si las entidades y lo que fuera que acechaba en esa escuela, nos hubiera permitido investigar a gusto. Nos dej¨® entrar, recoger pruebas, documentarlo todo, y luego se retir¨® en silencio. Como si nuestra llegada hubiera sido programada y ahora estuviera esperando el momento adecuado para volver. O a¨²n peor, como si hubiera usado este ataque para ocultar algo, posiblemente un evento a¨²n m¨¢s peligroso. Las sombras todav¨ªa me atormentan. Puedo sentirlas incluso ahora, mientras escribo este informe. No puedo dejar de pensar que lo que vimos no fue el final, sino el comienzo de algo m¨¢s grande. Algo que a¨²n no comprendemos por completo. Tal vez fue un aviso, una advertencia de lo que est¨¢ por venir. Pero, al final del d¨ªa, eso es algo con lo que lidiaran los superiores, ?no? Nosotros somos solo peones en este juego, siguiendo ¨®rdenes y resolviendo casos que tal vez nunca debieron abrirse en primer lugar. Me consuela pensar que lo que mi instinto me dec¨ªa podr¨ªa haber sido solo el fruto del estr¨¦s. Dado el esc¨¢ndalo p¨²blico que rode¨® el caso, no me sorprender¨ªa haberme equivocado en algunos aspectos. Quiz¨¢s me apresur¨¦ demasiado en la investigaci¨®n; los superiores quer¨ªan resultados inmediatos, y no pod¨ªa rechazar su demanda, especialmente con la avalancha de evidencia que ten¨ªamos. Nunca hab¨ªa visto un evento tan bien documentado, y eso que llevo d¨¦cadas trabajando como investigador. Ahora, mientras archivo este evento, la escuela permanece en calma. La demolici¨®n avanza sin contratiempos, y la sensaci¨®n de que la normalidad est¨¢ regresando es reconfortante. A pesar de todo fue un buen trabajo. Los d¨ªas han pasado, y aunque no puedo evitar reflexionar sobre el caos que una vez fue, el silencio que queda es un recordatorio de que la vida sigue su curso gracias a personas como nosotros.
Informe de investigaciè´¸n (2)
Grabaciones Registradas
Grabaci¨®n N.o 015: C¨¢mara de Seguridad - Pasillo Ala Norte, 10:42 a.m.
La grabaci¨®n comienza mostrando el pasillo vac¨ªo y bien iluminado. Las puertas de las aulas est¨¢n cerradas, y no hay actividad visible en el corredor. Aproximadamente a los 30 segundos de la grabaci¨®n, la luz comienza a parpadear con intermitencia irregular. Se puede escuchar un zumbido el¨¦ctrico que aumenta gradualmente de volumen, seguido de un crujido profundo que parece provenir de las paredes. Las grietas empiezan a aparecer en la superficie de la pared, movi¨¦ndose como si algo estuviera intentando salir desde dentro. A las 10:44 a.m., la c¨¢mara capta lo que parece ser una sombra, sin una fuente de luz aparente, que se desplaza por el pasillo. La sombra es completamente negra, carece de detalles faciales o f¨ªsicos y parece flotar a pocos cent¨ªmetros del suelo. Las luces parpadean con mayor intensidad mientras la sombra se mueve lentamente hacia la c¨¢mara. En ese momento, las grietas en la pared se extienden m¨¢s r¨¢pidamente, hasta formar lo que parece ser una especie de puerta o arco, de aproximadamente dos metros de altura. La sombra desaparece justo antes de cruzar el umbral de esta ¡°puerta¡±. La grabaci¨®n termina abruptamente cuando la c¨¢mara sufre una falla t¨¦cnica a las 10:46 a.m. Al reiniciarse la grabaci¨®n minutos despu¨¦s, el pasillo est¨¢ completamente vac¨ªo y las grietas en la pared han desaparecido.
Grabaci¨®n N.o 062: C¨¢mara Corporal de Oficial ¨€¨€¨€¨€¨€¨€ - Escena del Incidente, 11:35 a.m.
La grabaci¨®n proviene de la c¨¢mara corporal de uno de los primeros oficiales de polic¨ªa que respondieron a la llamada de emergencia. El oficial ¨€¨€¨€¨€¨€¨€ entra a la escuela con su arma desenfundada, junto con otros tres oficiales que lo acompa?an. Gran parte del audio del video est¨¢ corrompido debido a la escucha de la respiraci¨®n acelerada del oficial mientras se mueve r¨¢pidamente por los pasillos de la escuela. Oficial ¨€¨€¨€¨€¨€¨€: ¡°Dios¡­ ?Qu¨¦ demonios ha pasado aqu¨ª? Hay sangre por todas partes.¡± A medida que el equipo se acerca al laboratorio de ciencias, las manchas de sangre en el suelo se hacen m¨¢s prominentes, y las marcas de violencia se vuelven evidentes en las paredes. Los oficiales pasan junto a varios cuerpos de estudiantes mientras avanzan por el pasillo. Aunque la c¨¢mara no capta con claridad todos los detalles, se pueden observar signos de desgarros y mutilaciones en los cad¨¢veres. El silencio es interrumpido solo por los sonidos de pasos apresurados y la respiraci¨®n nerviosa de los oficiales. Cuando el equipo llega al laboratorio de ciencias, la c¨¢mara registra algo inesperado: los cuatro estudiantes que aparentemente iniciaron la masacre en este laboratorio a¨²n est¨¢n de pie en el centro del sal¨®n, rodeados por los cuerpos de sus compa?eros. Todos est¨¢n inm¨®viles, con las manos y las ropas cubiertas de sangre. Uno de los estudiantes, ¨€¨€¨€¨€¨€¨€ ¨€¨€¨€¨€¨€, levanta la cabeza y mira directamente a la c¨¢mara del oficial ¨€¨€¨€¨€¨€¨€. Oficial ¨€¨€¨€¨€¨€¨€: ¡°?Dios m¨ªo! ?Qu¨¦ le pasa a sus ojos?!¡± El estudiante tiene los ojos completamente negros, sin iris ni pupilas. El oficial ¨€¨€¨€¨€¨€¨€ retrocede r¨¢pidamente mientras el grupo de estudiantes comienza a moverse en sincron¨ªa hac¨ªa ¨¦l, de una forma antinatural y rob¨®tica. En ese momento, la c¨¢mara se distorsiona, y la se?al se corta brevemente. Cuando vuelve la imagen, los estudiantes ya no est¨¢n en el aula, y los oficiales restantes se retiran del ¨¢rea de manera apresurada, pidiendo refuerzos. No se registra ning¨²n rastro de los estudiantes despu¨¦s de ese momento. Est¨¢n desaparecidos junto al oficial ¨€¨€¨€¨€¨€¨€. Solo se rescataron las prendas del oficial, pero su cuerpo se esfum¨® en el aire. Seg¨²n los oficiales supervivientes, el oficial ¨€¨€¨€¨€¨€¨€ trat¨® de hacer entrar en raz¨®n a los estudiantes mientras el resto del equipo escapaba. Lo cual produjo su desaparici¨®n. Los eventos que ocurrieron en la escuela requer¨ªan especialistas en lo paranormal, por lo que los otros oficiales no se quedaron ayudar al oficial ¨€¨€¨€¨€¨€¨€. Todas sus c¨¢maras corporales se averiaron en lo que aparenta m¨¢s un intento de encubrimiento que un evento paranormal. El caso est¨¢ siendo investigado por la polic¨ªa y los oficiales que huyeron est¨¢n siendo investigados. If you encounter this tale on Amazon, note that it''s taken without the author''s consent. Report it.
Grabaci¨®n N.o 080: C¨¢mara de Seguridad - Entrada Principal, 12:05 p.m.
La grabaci¨®n muestra la entrada principal de la escuela. Un grupo de padres y periodistas se ha congregado fuera del edificio, retenidos por las cintas de seguridad. Se observa la llegada de varias ambulancias y unidades policiales adicionales. A las 12:10 p.m., un sonido agudo se escucha en el ambiente, como una interferencia de frecuencia. Varios testigos cercanos comienzan a taparse los o¨ªdos, claramente afectados por el ruido, y algunos caen al suelo inconscientes. A los pocos segundos, la puerta principal de la escuela se abre de golpe, y una figura vestida con uniforme escolar sale corriendo. Es el estudiante ¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€ ¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€, quien hab¨ªa sido reportado como una de las v¨ªctimas dentro de la masacre. Est¨¢ cubierto de sangre y parece desorientado. Las c¨¢maras registran su mirada vac¨ªa y su respiraci¨®n entrecortada. El estudiante colapsa justo frente a las ambulancias. Los param¨¦dicos se acercan de inmediato para brindarle auxilio, pero antes de que puedan tocarlo, ¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€ comienza a convulsionar violentamente. La c¨¢mara registra c¨®mo su cuerpo se retuerce de manera imposible, dobl¨¢ndose en ¨¢ngulos no naturales. En cuesti¨®n de segundos, el cuerpo comienza a descomponerse desde dentro, y lo que queda de ¨¦l es un charco de l¨ªquido negro y viscoso. Las autoridades de seguridad rodean el ¨¢rea, y la grabaci¨®n termina cuando uno de los agentes ordena el cierre completo del per¨ªmetro: No lo logra. Los padres se desesperan y comienzan a tirarle piedras a la polic¨ªa. Algunos logran ingresar a la escuela y se aventuran para tratar de salvar a sus hijos. Por desgracia, una de las piedras destruye la c¨¢mara de seguridad.
Grabaci¨®n N.o 129: Entrevista con el Testigo ¡°¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€¡± - 2:30 p.m.
El siguiente extracto proviene de una entrevista realizada con ¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€ ¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€, una estudiante de la Escuela Secundaria St. Patrick que presenci¨® el incidente desde su sal¨®n de clases, ubicado en el ala sur del edificio. La entrevista fue publicada por la ¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€ y dio lugar a que el caso se volviera medi¨¢tico. Entrevistador: ¡°Gracias por hablar con nosotros, ¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€. S¨¦ que esto es dif¨ªcil, pero necesitamos saber exactamente lo que viste. Cu¨¦ntame, ?cu¨¢ndo empezaste a notar que algo no estaba bien?¡± Testigo (¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€): ¡°Fue justo despu¨¦s de que empezara la clase. Las luces comenzaron a parpadear, pero no le prestamos mucha atenci¨®n al principio. Pensamos que era solo un problema el¨¦ctrico. Luego, vi algo en el pasillo. Parec¨ªa una sombra, pero no era una sombra normal. No estaba proyectada desde ning¨²n lugar. Solo estaba ah¨ª, movi¨¦ndose.¡± Entrevistador: ¡°?Qu¨¦ sucedi¨® despu¨¦s? ?Por qu¨¦ tu profesor no llam¨® a las autoridades luego de ver ese evento sobrenatural?¡± Testigo (¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€): ¡°Todo pas¨® muy r¨¢pido. Las ventanas en las paredes comenzaron a moverse como si la escuela estuviera viva. Fue entonces cuando escuchamos los gritos del otro lado del pasillo, en el laboratorio de ciencias. Fue horrible. Los ni?os estaban (pitido). Cosas que no quiero recordar. Sus ojos no eran normales. Estaban vac¨ªos, como si algo m¨¢s los estuviera controlando.¡± Entrevistador: ¡°?Recuerdas haber visto algo que pueda haber desencadenado este comportamiento?¡± Testigo (¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€): ¡°Hab¨ªa una puerta. Lo s¨¦ porque la vi mientras escapaba del aula. Mi abuelo trabaja en la fundaci¨®n A.P.D. y me hab¨ªa advertido de antemano que en caso de posesiones era mejor estar lejos de los pose¨ªdos. Va, en realidad lo dijo casualmente en una cena familiar hace unos a?os, pero ese recuerdo me salv¨® la vida: nadie era confiable en ese momento. Corr¨ª directo a la pileta del colegio, sab¨ªa que nadie la usaba en ese momento, en el camino me cruc¨¦ con esa puerta. No era una puerta normal. Parec¨ªa hecha de sombras, pero tambi¨¦n estaba ah¨ª, como si pudiera tocarla. Cuando se abri¨®, todo cambi¨®. Fue como si la escuela misma estuviera atrapada en alg¨²n tipo de pesadilla. Despu¨¦s de eso, no recuerdo mucho m¨¢s. Para aquel entonces estaba escondido dentro de la pileta, lo ¨²nico que recuerdo son los gritos y el sonido de algo muy pesado movi¨¦ndose dentro de las paredes. ¡± La grabaci¨®n se interrumpe abruptamente cuando la estudiante se descompone emocionalmente, incapaz de continuar con la entrevista. El abuelo de la estudiante result¨® ser el Dr. ¨€¨€¨€¨€¨€¨€ ¨€¨€¨€¨€¨€¨€ trabajador del laboratorio 32 durante m¨¢s de 6 d¨¦cadas. La fundaci¨®n investig¨® si ¨¦l hab¨ªa filtrado a los medios informaci¨®n sobre el evento, pero no se encontraron pruebas para justificar esa hip¨®tesis.
Informe de investigaciè´¸n (3)
Informe de Autopsia N.o 001
Fecha ¨€¨€/¨€¨€/¨€¨€¨€¨€
Ubicaci¨®n del rescate del cuerpo Laboratorio de Ciencias
Sujeto Estudiante masculino, ¨€¨€ a?os
Causa propuesta de muerte Hemorragia interna masiva y trauma craneoencef¨¢lico severo
El cuerpo del sujeto fue hallado en posici¨®n fetal, parcialmente cubierto de restos de mobiliario escolar. Presentaba m¨²ltiples heridas abiertas en el cr¨¢neo, indicando un posible trauma contundente. Sin embargo, las marcas en la superficie craneal no coinciden con ning¨²n objeto encontrado en el lugar. Las mesas y sillas estaban esparcidas de manera ca¨®tica, pero ninguno de estos objetos podr¨ªa haber causado el tipo de da?o observado. El an¨¢lisis revel¨® que las heridas internas eran incompatibles con las externas. Si bien el cr¨¢neo y las extremidades mostraban evidentes signos de violencia f¨ªsica, los ¨®rganos internos parec¨ªan haber sido sometidos a una presi¨®n extremadamente alta desde el interior del cuerpo, como si hubieran sido aplastados desde adentro. Durante el an¨¢lisis, se detect¨® una sustancia viscosa de color negro que parec¨ªa emanar de las grietas en las paredes del laboratorio donde se recuper¨® el cuerpo. El laboratorio 32 determin¨® que esta sustancia tiene propiedades altamente corrosivas, capaces de descomponer el tejido humano en cuesti¨®n de minutos. Parte del tejido alrededor de las heridas del sujeto fue encontrado cubierto en dicha sustancia, lo que indica que pudo haber jugado un papel crucial en su muerte. Se sospecha que la sustancia ¨€¨€¨€¨€ est¨¢ vinculada con las anomal¨ªas en el edificio. El cuerpo tambi¨¦n mostraba marcas en la piel que, bajo an¨¢lisis microsc¨®pico, revelaron patrones geom¨¦tricos repetidos que no corresponden a cicatrices o heridas comunes. Estas marcas se asemejan a las que fueron reportadas en incidentes similares en ¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€ en el a?o ¨€¨€¨€¨€.
Informe de Autopsia N.o 012
Fecha ¨€¨€/¨€¨€/¨€¨€¨€¨€
Ubicaci¨®n del rescate del cuerpo Oficina del director
Sujeto Director masculino, 64 a?os
Causa propuesta de muerte Asfixia por estrangulamiento
El cuerpo del director fue encontrado colgando de una cuerda improvisada hecha de su propia ropa, suspendido en el marco de la puerta de su oficina. A primera vista, se trataba de un suicidio evidente, sin embargo, la investigaci¨®n forense revel¨® signos contradictorios. La rigidez del cuerpo y la falta de lesiones autoinfligidas en las manos y antebrazos suger¨ªan que el sujeto no intent¨® liberarse, lo que es inusual en un caso de estrangulaci¨®n por suspensi¨®n. La cuerda que utiliz¨® el sujeto presentaba anomal¨ªas t¨¦rmicas: fluctuaciones de temperatura fueron detectadas incluso despu¨¦s de horas de haber sido cortada. Estas fluctuaciones parec¨ªan responder a la presencia de los investigadores, elev¨¢ndose cuando alguien se acercaba. Los an¨¢lisis no lograron identificar la composici¨®n exacta del material de la cuerda, aunque visualmente parec¨ªa estar hecha de fibras comunes de algod¨®n. Un hallazgo m¨¢s inquietante fue la evidencia de un segundo par de huellas dactilares en el cuello del sujeto. Las impresiones eran apenas visibles, pero bajo una inspecci¨®n m¨¢s detallada, se revelaron marcas de dedos que parec¨ªan haber dejado una presi¨®n que no correspond¨ªa al tama?o de manos humanas. Las huellas fueron reportadas, pero el informe de su an¨¢lisis fue ¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€. Se hall¨® una nota en uno de los bolsillos del director, aparentemente escrita por ¨¦l mismo horas antes del incidente. El contenido de la nota fue altamente perturbador: describ¨ªa la presencia de ¡°sombras¡± que lo persegu¨ªan y que hab¨ªa sentido la necesidad de colgarse para detenerlas. Al final de la nota, el sujeto escribe: ¡°No puedo dejarlos salir, ya est¨¢n dentro de m¨ª, morir¨¢n conmigo¡± La investigaci¨®n determin¨® que el estado mental del director se deterior¨® r¨¢pidamente en las ¨²ltimas horas de su vida. Nota encontrada en el bolsillo del Director ¨€¨€¨€ ¨€¨€¨€¨€¨€ :
¡°Queridos¨€¨€¨€, ¨€¨€¨€ y todos aquellos que se crucen con estas palabras, Si encuentran esta nota, significa que algo terrible ha sucedido. Quiero que sepan que no fue mi intenci¨®n abandonarlos de esta manera, pero ya no puedo luchar contra lo que viene. He intentado mantenerme fuerte, pero las sombras, esas malditas sombras, no me dejan en paz. Al principio, pens¨¦ que era solo cansancio, estr¨¦s por el trabajo. Pero pronto me di cuenta de que lo que me persegu¨ªa no era algo normal. No era algo que pudiera explicar o simplemente ignorar. No s¨¦ c¨®mo comenzar a explicar lo que ha sucedido en los ¨²ltimos d¨ªas, pero algo en este lugar ha cambiado. Algo que no puedo ignorar m¨¢s. No es simplemente la escuela, ni los estudiantes, ni siquiera yo. Hay algo detr¨¢s de todo esto, algo que no pertenece a este mundo. He intentado no prestarle atenci¨®n, pero ya no puedo seguir cerrando los ojos. Desde hace semanas, he visto sombras. No como las sombras que todos conocemos, sino figuras, seres que se mueven donde no deber¨ªan estar, siempre acechando en los rincones oscuros de las aulas, los pasillos, mi oficina. Al principio, pens¨¦ que eran solo producto del cansancio, de las largas horas que hemos pasado preparando todo para la boda de ¨€¨€¨€. Pero estas sombras son diferentes. Se sienten pesadas, como si tuvieran una presencia propia, como si estuvieran esperando algo. Al principio, solo las ve¨ªa de reojo, movi¨¦ndose en las esquinas de mi visi¨®n, pero ahora est¨¢n m¨¢s cerca. Cada vez m¨¢s cerca. Habl¨¦ con algunos colegas, tratando de medir sus reacciones antes de sugerir llamar a los especialistas. Me alegr¨¦ al enterarme de que no estaba solo en este asunto. Ellos tambi¨¦n hab¨ªan notado algo raro en la escuela, pero nadie lo mencionaba abiertamente. Todos parec¨ªan atribuirlo a la tensi¨®n habitual: los ex¨¢menes pr¨®ximos, las discusiones entre los chicos, el caos que a veces acompa?a la vida escolar. Pero yo sab¨ªa que no pod¨ªa ser solo eso. No era una simple acumulaci¨®n de estr¨¦s; algo m¨¢s oscuro estaba ocurriendo, algo que no pod¨ªamos ver, pero que se hac¨ªa sentir. Al final, tras un par de miradas inc¨®modas y murmullos, tomamos la decisi¨®n de contactar a la polic¨ªa y reportar lo que estaba pasando. Y, como era de esperarse, la respuesta fue¡­ decepcionante. Nos agendaron una inspecci¨®n para el mes siguiente. ?Un mes entero! No pod¨ªa creer lo in¨²tiles que pod¨ªan ser. Les expliqu¨¦ que algo grave estaba ocurriendo, que no era algo que pudiera esperar, pero solo nos tranquilizaron con palabras vac¨ªas. Me soltaron lo de siempre, el mismo discurso que le cuentan a todo el mundo para no trabajar: Las escuelas reportan actividades paranormales de bajo grado todo el tiempo. ?Claro que lo s¨¦! Soy el director de una escuela, ?c¨®mo no iba a saberlo? Pero si yo los llamo es porque en mi opini¨®n profesional algo mucho m¨¢s serio est¨¢ ocurriendo. Algo peligroso. Y aun as¨ª, insist¨ªan en que no hab¨ªa motivos para alarmarse. Seg¨²n ellos, todo pod¨ªa explicarse con la t¨ªpica curiosidad de los estudiantes practicando rituales que encontraron en internet. ¡°La mayor¨ªa de esos rituales son inofensivos¡±, dec¨ªan. ¡°Los peligrosos est¨¢n censurados o son inaccesibles¡±. Otra vez con eso. Hasta sugirieron que tal vez se trataba de bullying, que alguien podr¨ªa estar siendo acosado. Cualquier excusa para no tomarme en serio. Sin embargo, les dej¨¦ en claro que no hab¨ªamos tenido ninguna muerte, ning¨²n suicidio reciente, ninguna violaci¨®n, ni nada que pudiera justificar lo que est¨¢bamos experimentando. Ni una sola tragedia que pudiera dar pie a fen¨®menos paranormales de alto grado. No hab¨ªa l¨®gica en su razonamiento, pero no importaba cu¨¢nto insistiera, sus respuestas segu¨ªan siendo las mismas: ¡°No se preocupe. Si no ha habido un incidente tr¨¢gico, no hay por qu¨¦ perder la calma¡±. Dec¨ªan que sin un evento desencadenante, lo m¨¢s probable era que se tratara de un fen¨®meno de poca importancia. Pese a mi frustraci¨®n, nos asignaron una fecha. Tuvimos que convivir con esas sombras durante todo el mes, intentando mantener la normalidad mientras lo inexplicable contin¨²a acech¨¢ndonos. Un mes entero, sabiendo que algo terrible estaba gest¨¢ndose entre las paredes de esta escuela. Pero para ellos, no hab¨ªa nada de qu¨¦ preocuparse. Stolen content warning: this tale belongs on Royal Road. Report any occurrences elsewhere. ¡°Ojal¨¢ tengan raz¨®n, ellos son los profesionales, no pueden estar equivoc¨¢ndose¡±, pens¨¦ en aquel momento¡­ Qu¨¦ idiota fui. La ¨²ltima semana, en mi casa, las vi m¨¢s claras que nunca. Las sombras ya no se esconden en los rincones. Se deslizan sobre las paredes, y por un momento, pude ver rostros en ellas. Rostros de los ni?os. ¡°Son mis estudiantes¡± pens¨¦, pero no son ellos. Est¨¢n distorsionados, sus ojos son vac¨ªos, bocas abiertas en un grito que no puedo o¨ªr, pero que s¨¦ que est¨¢ ah¨ª, en mi mente. Esos rostros me siguen incluso cuando cierro los ojos. Y s¨¦ que no van a parar. Toda esa semana, pens¨¦ en dejar todo, irme lejos. Pero, ?a d¨®nde? ?C¨®mo escapas de algo que ya est¨¢ dentro de ti? Las sombras no se quedan fuera. No puedo dejarlas entrar, ya lo est¨¢n. Siento su presencia todo el tiempo. La cabeza me duele, el aire es pesado, como si algo estuviera intentando aplastarme desde adentro. No soy yo mismo. No he sido yo en d¨ªas. No s¨¦ qu¨¦ es lo que quieren, pero est¨¢n jugando conmigo. Hace unas noches escuch¨¦ susurros, no palabras claras, pero eran voces que me llamaban por mi nombre. ¡°Ven con nosotros¡±, dec¨ªan, o al menos eso entend¨ª. Me dicen que todo terminar¨¢ si los dejo entrar por completo. Pero no puedo, no debo. No s¨¦ qu¨¦ me har¨¢n. O tal vez ya lo s¨¦ y solo estoy retrasando lo inevitable. El lunes vi a algunos de los estudiantes observ¨¢ndome. Pero no eran ellos. Eran las sombras usando sus cuerpos. S¨¦ que suena como una locura, pero vi c¨®mo sus ojos se volv¨ªan negros por un segundo, y luego volv¨ªan a ser normales. Lo s¨¦, ya no tengo mucho tiempo. Esto no se detendr¨¢. No puedo aguantarlo m¨¢s. Pero me consol¨¦ pensando que la inspecci¨®n ser¨ªa en unos pocos d¨ªas. Trat¨¦ de hablarlo con la polic¨ªa, pero ignoraron mis corazonadas, me dijeron que esperara un poco m¨¢s. El mi¨¦rcoles fue la peor de todas las noches. Me qued¨¦ solo en la escuela, repasando algunos papeles y pensando en c¨®mo ser¨ªa ver a mi hija casarse, caminar por el altar y empezar su nueva vida. No s¨¦ c¨®mo explicarlo, pero hubo un momento en el que la atm¨®sfera cambi¨®. El aire se volvi¨® espeso, sofocante, y las luces comenzaron a parpadear. Pude sentir que no estaba solo. El fr¨ªo invadi¨® mi oficina, y esas sombras, esas cosas, estaban all¨ª, mir¨¢ndome. S¨¦ que suena como un delirio, pero juro que lo que vi fue real. No eran solo sombras. Estaban vivas, de alguna manera que no puedo comprender. Intent¨¦ ignorarlas, intent¨¦ centrarme en lo que es importante: ¨€¨€¨€, su boda, nuestra familia. Pero cuanto m¨¢s intentaba alejar esos pensamientos, m¨¢s intensas se volv¨ªan las visiones. Me di cuenta de que ya no estaba solo en la escuela. Las criaturas ya ni siquiera se ocultaban. Anoche, cuando llegu¨¦ a casa, pude verlas reflejadas en las ventanas, movi¨¦ndose en los rincones de la cocina. Me ignoraban tanto como lo hab¨ªa hecho la polic¨ªa cada vez que le hablaba de ellas, pero no a mis cosas, parcial estar buscando algo en mi casa. Puedo sentirlo, estas sombras est¨¢n investig¨¢ndome, como si fuera sospechoso de algo. No puedo escapar de ellas. Est¨¢n en todas partes, siempre presentes, siempre observando. Al principio, pens¨¦ que solo eran alucinaciones, que como dec¨ªa en internet: estas sombras eran un peque?o s¨ªntoma de estar perdiendo la cordura. Incluso fui a ver al m¨¦dico, pero los an¨¢lisis no revelaron nada. Me dijeron que era probable que los estudiantes hubieran hecho un ritual para asustarme, que no era tan raro en estos d¨ªas. Todo el mundo me ignora, me siento solo, me siento un loco. Y, sin embargo, s¨¦ que esto es real. S¨¦ que estas cosas est¨¢n aqu¨ª por m¨ª. No s¨¦ por qu¨¦, pero lo s¨¦. He intentado mantenerlo oculto, no preocupar a nadie, especialmente a ti, ¨€¨€¨€. Y mucho menos a ¨€¨€¨€, que tiene todo el derecho de estar feliz por su boda, su futuro. Anoche, mientras intentaba dormir, volv¨ª a escucharlas. No solo vi las sombras, sino que las escuch¨¦. Susurraban mi nombre, susurraban cosas que no entend¨ªa, pero al mismo tiempo, sent¨ªa que ya las conoc¨ªa. Como si estuvieran tratando de decirme algo, algo importante, algo sobre m¨ª. Me levant¨¦ y me dirig¨ª al ba?o, necesitando algo de calma. Mientras me miraba en el espejo, lo supe. No solo estaban fuera de m¨ª. Estaban dentro de m¨ª. Siento que algo se ha apoderado de mi cuerpo, de mi mente. Como si ya no fuera completamente yo. He tratado de luchar contra esto, pero no puedo. Se ha vuelto demasiado fuerte, y cada vez que intento resistirme, siento que pierdo una parte de m¨ª. S¨¦ que no puedo seguir mucho m¨¢s as¨ª. Es solo cuesti¨®n de tiempo antes de que ellas, esas sombras, tomen el control por completo. Ya no soy yo quien escribe esto, al menos, no el mismo yo de hace unos d¨ªas. No s¨¦ c¨®mo explicarlo, pero siento que se est¨¢n alimentando de m¨ª, que est¨¢n esperando algo m¨¢s grande, algo que a¨²n no comprendo del todo. Pero no puedo permitir que eso suceda. Por eso, he tomado una decisi¨®n. No puedo dejarlas salir. Ya est¨¢n dentro de m¨ª, y si logr¨® detenerlas aqu¨ª, morir¨¢n conmigo. Lo s¨¦. Es la ¨²nica manera de evitar que hagan m¨¢s da?o. S¨¦ que esto es dif¨ªcil de entender, pero debes creerme. No soy yo el que est¨¢ loco. Es este lugar, este mundo. Algo oscuro lo ha tomado, algo antiguo, y ya no hay vuelta atr¨¢s. ¨€¨€¨€, lamento tanto todo esto. Lamento que no pueda verte una vez m¨¢s, lamento que no pueda estar all¨ª para caminar junto a ¨€¨€¨€ en su gran d¨ªa. Pero lo hago por ella, por ti, por todos. Espero que alg¨²n d¨ªa puedas perdonarme y entender que no tuve otra opci¨®n. ¨€¨€¨€, hija, quiero que sepas que te amo m¨¢s de lo que las palabras pueden expresar. Me siento tan orgulloso de la mujer que te has convertido, y siempre lamentar¨¦ no poder estar en tu boda. Pero debes ser fuerte. Lo que estoy haciendo es por ti, para que puedas tener la vida que mereces, sin que esta oscuridad te siga como me ha seguido a m¨ª. Para quien encuentre esta nota, sepan que no me he suicidado por debilidad. Lo hago para contener algo que no deber¨ªa haber sido liberado nunca. No puedo explicar qu¨¦ es, pero si lees esto, ten cuidado. No permitas que se extienda m¨¢s all¨¢ de estas paredes. No permitas que escape. Si lo que est¨¢ dentro de m¨ª toma el control, temo lo que pueda hacer. No quiero lastimar a nadie. Las sombras me dicen que esto es lo ¨²nico que puedo hacer para detenerlo. As¨ª que si me encuentran muerto ya saben lo que pas¨®. No puedo dejarlas salir. Ya est¨¢n dentro de m¨ª. Morir¨¢n conmigo. Adi¨®s, con todo mi amor, ¨€¨€¨€¨€¨€¨€¡¯"
Informe de Autopsia N.o 043
Fecha ¨€¨€/¨€¨€/¨€¨€¨€¨€
Ubicaci¨®n del rescate del cuerpo Gimnasio
Sujeto Estudiante femenina, ¨€¨€ a?os
Causa propuesta de muerte Desmembramiento violento
El cuerpo fue encontrado en varias partes esparcidas por el gimnasio. Las extremidades estaban ubicadas a metros de distancia del torso. Los ¨®rganos internos hab¨ªan sido removidos y colocados de manera deliberada en el centro del gimnasio, formando un patr¨®n en espiral. El grado de desmembramiento y la precisi¨®n quir¨²rgica de las incisiones indicaban una fuerza an¨®mala y probablemente no humana. Se detect¨® una fluctuaci¨®n electromagn¨¦tica en el ¨¢rea donde se encontr¨® el cuerpo, y las c¨¢maras de seguridad muestran una interferencia significativa en la grabaci¨®n durante el momento del incidente. Ning¨²n rastro de herramientas fue hallado en la escena, lo que refuerza la teor¨ªa de que la desmembraci¨®n fue causada por una entidad paranormal. Durante la autopsia, los investigadores notaron que las extremidades amputadas no mostraban signos de haber sido arrancadas por fuerza bruta; en cambio, los cortes parec¨ªan haber sido hechos por algo afilado pero de origen desconocido. Las pruebas sobre los restos sugieren la presencia de energ¨ªa residual que no pudo ser identificada por los medios habituales de detecci¨®n de la fundaci¨®n. Un l¨ªquido iridiscente fue encontrado dentro del cuerpo, en lugar de sangre. Este l¨ªquido parec¨ªa cambiar de color dependiendo de la luz y mostraba propiedades no identificadas que est¨¢n siendo estudiadas en el laboratorio ¨€¨€¨€¨€¨€¨€. Se cree que este l¨ªquido es la causa del comportamiento an¨®malo previo a la muerte de esta estudiante, pues los testigos afirmaron que la estudiante estaba ¡°flotando¡± antes de desaparecer y aparecer desmembrada en el gimnasio.
Informe de Autopsia N.o 064
Fecha ¨€¨€/¨€¨€/¨€¨€¨€¨€
Ubicaci¨®n del rescate del cuerpo Biblioteca
Sujeto Estudiante masculino, ¨€¨€ a?os
Causa propuesta de muerte Falla card¨ªaca aguda
El sujeto fue encontrado desplomado en una mesa de la biblioteca, sin se?ales visibles de violencia. La causa inmediata de muerte fue determinada como un paro card¨ªaco repentino. Sin embargo, el an¨¢lisis m¨¢s detallado revel¨® que el coraz¨®n del sujeto no mostraba signos de da?o natural; en cambio, parec¨ªa haber sido ¡°detenido¡± por un agente externo, como si algo hubiera inhibido su funcionamiento de manera abrupta. El entorno del sujeto presentaba anomal¨ªas adicionales. Los libros en la estanter¨ªa m¨¢s cercana al cuerpo estaban desordenados, y las p¨¢ginas de los textos abiertos mostraban s¨ªmbolos que no coincid¨ªan con la tipograf¨ªa original. Los an¨¢lisis concluyeron que esas marcas hab¨ªan sido impresas posteriormente, aunque no se pudo determinar la fuente. El cuerpo presentaba marcas en la espalda que no se identificaron como humanas. Parec¨ªan quemaduras en forma de manos, pero con tres dedos alargados. Ninguna quemadura mostr¨® signos de combusti¨®n natural. Al igual que en otros cuerpos, el examen del tejido alrededor de las marcas mostr¨® indicios de interacci¨®n con un agente no identificado. Al revisar las grabaciones de video, se observ¨® un fen¨®meno de distorsi¨®n visual alrededor del sujeto minutos antes de su muerte. Las im¨¢genes mostraban la aparici¨®n de sombras movi¨¦ndose entre los estantes de libros, aunque ning¨²n objeto f¨ªsico las proyectaba. Las sombras se acercaron al sujeto justo antes de que colapsara. No creemos que lo hayan matado, la anormalidad radica en que las sombras se mostraron sin motivo aparente antes del asesinato. Acto seguido se corta la grabaci¨®n y cuando se reanuda el joven ya se encuentra sin vida.
Informe de investigaciè´¸n (4)
Informe preliminar de testimonios del personal de la escuela secundaria St. Patrick
En el transcurso de la investigaci¨®n sobre los eventos ocurridos en la escuela secundaria St. Patrick, se han recopilado una serie de testimonios que describen comportamientos y fen¨®menos an¨®malos en las semanas previas y posteriores a la tragedia. Los siguientes reportes detallan eventos que sugieren una posible influencia externa, desconocida y hostil, que afect¨® tanto a los estudiantes como al personal de la escuela.
Testimonio N.o 021 - Profesor ¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€
¡°La primera vez que not¨¦ algo raro fue durante una de las reuniones del personal. El director, el se?or ¨€¨€¨€¨€¨€, era conocido por su buen humor y car¨¢cter alegre. Pero en esa ocasi¨®n, parec¨ªa ausente, como si no estuviera realmente all¨ª. No fue solo su comportamiento lo que me inquiet¨®, sino la manera en que los dem¨¢s tambi¨¦n parec¨ªan diferentes, como si estuvieran bajo alg¨²n tipo de influencia. El director nos coment¨® que comenz¨® a escuchar rumores entre los estudiantes sobre ¡°sombras que se mov¨ªan¡± y ¡°cosas que aparec¨ªan en los espejos¡±. Todos contaron alguna que otra an¨¦cdota paranormal durante esa reuni¨®n y definimos llamar a la polic¨ªa. Por lo que me enter¨¦, el director sigui¨® el protocolo e inform¨® todo lo que le contamos, pero el turno asignado fue dentro de un mes. Tampoco estaba asustado por el asunto, mis estudiantes no sufr¨ªan anomal¨ªas radicales y las sombras aparentaban ser inofensivas Sinceramente, yo nunca vi a las sombras, pens¨¦ que solo eran chismes, hasta que un d¨ªa, despu¨¦s de clase, vi algo por m¨ª mismo. Estaba solo en mi sal¨®n cuando las luces comenzaron a parpadear. Pens¨¦ que era un problema el¨¦ctrico, pero entonces vi una sombra an¨®mala. No era la m¨ªa, ni la de nadie m¨¢s. Era muy alta y delgada, se mov¨ªa de manera antinatural, como si se arrastrara por las paredes. Desde entonces, todo cambi¨®. Los estudiantes comenzaron a comportarse de manera err¨¢tica, algunos se volvieron violentos, otros simplemente actuaban ajenos a la realidad. Nada muy serio, por supuesto, hasta que repentinamente todo explot¨®.¡±
Testimonio N.o 042 - Profesora de Matem¨¢ticas, Sra. ¨€¨€¨€¨€¨€¨€
¡°No creo en fantasmas ni en esas tonter¨ªas. Siempre he mantenido una postura racionalista hacia los mal llamados ¡°eventos paranormales¡± que nuestro mundo ha estado sufriendo desde hace siglos. Pero lo que pas¨® este d¨ªa, me cambi¨® la perspectiva de todo. Hace unos d¨ªas, antes de que las cosas se descontrolaran, vi a la estudiante ¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€ caminando sola por el pasillo, murmurando para s¨ª misma. Al acercarme, me di cuenta de que estaba hablando en un idioma que no reconoc¨ª. Sonaba antiguo, extra?o, como si no fuera de este mundo. Intent¨¦ detenerla, pero cuando me mir¨®, sus ojos estaban vac¨ªos. No hab¨ªa rastro de vida en ellos. La segu¨ª de cerca, pensando que era una broma cruel orquestada por sus compa?eros. La chica deambul¨® por la escuela durante unos minutos, ajena a todo lo que ocurr¨ªa a su alrededor, hasta que de repente volvi¨® a la normalidad y comenz¨® a llorar, convencida de que la actual novia de su exnovio la hab¨ªa embrujado. La llev¨¦ a la enfermer¨ªa, y en unas horas todo pareci¨® regresar a la normalidad. Nada serio, solo bromas de estudiantes. Eso pens¨¦ en ese momento. Despu¨¦s de ese incidente, empec¨¦ a escuchar rumores de que otros estudiantes tambi¨¦n estaban actuando de manera extra?a. Se les ve¨ªa hablando con ¡°alguien¡±, aunque no hab¨ªa nadie m¨¢s all¨ª. Algunos comenzaron a autolesionarse de formas aparentemente accidentales: tropezando sin raz¨®n, mordi¨¦ndose las u?as hasta sangrar. Peque?as cosas que en su momento parec¨ªan insignificantes, pero que ahora, tras todo lo que ha pasado, cobran un significado may¨²sculo. Una noche recib¨ª una llamada urgente del director. Me dijo que ten¨ªa que ir a la escuela de inmediato, que hab¨ªa algo que no pod¨ªa esperar hasta el d¨ªa siguiente. Cuando llegu¨¦, lo encontr¨¦ en su oficina, llorando, completamente descompuesto. No pod¨ªa creer lo que estaba viendo; esa misma ma?ana hab¨ªa estado radiante, hablando emocionado sobre la boda de su hija. ?Qu¨¦ pudo haberlo llevado a ese estado en tan poco tiempo? Me explic¨®, entre sollozos, que hab¨ªa encontrado a uno mis estudiantes realizando un ritual en uno de los ba?os de la escuela. Al principio, no le dio demasiada importancia, creyendo que se trataba de una tonter¨ªa digna de adolescentes. Pero conforme fui escuchando las palabras que ¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€ pronunciaba y viendo los s¨ªmbolos que se hab¨ªan dibujado en el suelo, empec¨¦ a sentir una profunda inquietud. Dec¨ªa que hab¨ªa algo oscuro en el ambiente, algo que no lograba entender, y que mi estudiante parec¨ªa completamente absorto, ajeno a todo lo que ocurr¨ªa a su alrededor. ¡°No era solo un juego¡±, me dijo, ¡°lo que estaba haciendo ¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€ parec¨ªa peligroso¡±. El director, asustado, hab¨ªa interrumpido el ritual y llevado a mi estudiante a su oficina, donde intent¨® averiguar m¨¢s detalles sobre lo que estaba haciendo. El chico, nervioso y evasivo, no soltaba palabra. Solo cuando el director amenaz¨® con llamar a sus padres, confes¨® que hab¨ªa encontrado el ritual en un foro de internet, como parte de un reto viral que consist¨ªa en invocar a una peque?a criatura parecida a un h¨¢mster travieso, dise?ada simplemente para asustar a sus compa?eros. Algo inofensivo en apariencia, una broma entre adolescentes. El director, sin embargo, no se tranquiliz¨®. Algo no cuadraba, algo en la manera en que el estudiante actuaba, el ambiente en el que todo hab¨ªa ocurrido, lo hac¨ªa dudar de que fuera solo un reto de internet. Hay que comprenderlo, la plaga de sombras que invad¨ªan la escuela ya estaba resultando molesta para todo el mundo y la polic¨ªa no acud¨ªa a investigar. Decidimos enviar fotos del ritual y los s¨ªmbolos a la polic¨ªa para obtener su opini¨®n. Horas despu¨¦s, nos confirmaron que, efectivamente, el chico solo estaba siguiendo ese reto, y que no hab¨ªa ninguna amenaza real. La criatura que intentaba invocar no era m¨¢s que una bola de pelo inofensiva. Pero aun as¨ª, el director no pod¨ªa quitarse de la cabeza lo que hab¨ªa visto y sentido. Me confes¨® que sent¨ªa que algo mucho m¨¢s grande estaba pasando en la escuela, algo que no pod¨ªa explicarse con l¨®gica. Y no era el ¨²nico. Otros profesores hab¨ªan empezado a mostrar signos de depresi¨®n y paranoia, al punto de que algunos se apartaron de sus labores, incapaces de continuar trabajando en un ambiente que describ¨ªan como opresivo, oscuro y de alto peligro. Aunque el director hab¨ªa tratado de mantener la calma frente al personal y a los estudiantes, esa noche no pudo soportarlo m¨¢s. Estaba convencido de que algo se hab¨ªa desatado en esa escuela, algo que no entend¨ªamos y que no era un simple evento paranormal de bajo grado. If you encounter this tale on Amazon, note that it''s taken without the author''s consent. Report it. Al final de la conversaci¨®n, aunque hab¨ªamos acordado seguir los pasos l¨®gicos y tratar de calmar los ¨¢nimos, en el fondo ambos sab¨ªamos que no era suficiente. Lo que estaba ocurriendo en la escuela iba mucho m¨¢s all¨¢ de un simple caso de paranoia colectiva. La atm¨®sfera se hab¨ªa vuelto inc¨®moda para todos los profesores. Eran esas presencias, esas sombras que parec¨ªa moverse entre nosotros, acech¨¢ndonos en los pasillos y en las aulas, infiltr¨¢ndose en las mentes de quienes pasaban demasiado tiempo all¨ª. Estas sombras parec¨ªan estar buscando a alguien o algo y no lo estaban encontrando. Aunque el caso de este estudiante parec¨ªa haberse resuelto con la explicaci¨®n de la polic¨ªa, yo segu¨ªa teniendo dudas. La polic¨ªa hab¨ªa descartado el incidente como algo inofensivo, pero las extra?as coincidencias y el deterioro mental que el director describi¨® segu¨ªan sin tener una respuesta clara. Y yo tampoco pod¨ªa sacudirme la sensaci¨®n de que algo, en alg¨²n lugar de nuestra escuela, estaba observ¨¢ndonos, esperando el momento oportuno para mostrar su verdadera cara. A pesar de todo, intentamos seguir con nuestras vidas como si nada hubiera pasado, pero eso demostr¨® ser un error.¡±
Testimonio N.o053 - Enfermera Escolar, Sra. ¨€¨€¨€¨€¨€¨€
¡°Desde hace meses, he estado atendiendo a estudiantes que presentan s¨ªntomas ¡°extra?os¡±. La mayor¨ªa de ellos mencionaban sentirse observados constantemente, incluso cuando estaban solos. Otros se quejaban de dolores de cabeza intensos y escuchaban voces que nadie m¨¢s pod¨ªa o¨ªr. Algunos comenzaron a tener episodios de agresividad repentina, atacando a compa?eros y profesores sin raz¨®n aparente. Nada fuera de lo com¨²n, m¨¢s all¨¢ de la anormal recurrencia de estos eventos Durante los ¨²ltimos d¨ªas el caso m¨¢s inquietante fue el de ¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€, un estudiante que lleg¨® a la enfermer¨ªa asegurando que ¡°su amigo imaginario¡± estaba dentro de su cabeza, d¨¢ndole ¨®rdenes para que se hiciera da?o, y no algo menor: le instaba a saltar por la ventana del segundo piso. Intent¨¦ calmarlo, pero fue en vano. En cuesti¨®n de minutos, tom¨® unas tijeras y comenz¨® a cortarse de manera brutal. Luch¨¦ por detenerlo y, afortunadamente, lo consegu¨ª. Sin embargo, lo que vi en sus ojos antes de que se cortara es una imagen que jam¨¢s podr¨¦ borrar de mi mente. No era el mismo ni?o que conoc¨ª al principio del semestre; era como si algo m¨¢s, algo ajeno, estuviera al mando de su cuerpo. Le prest¨¦ atenci¨®n m¨¦dica de inmediato y logr¨¦ estabilizarlo, por fortuna ¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€ solo logr¨® cortarse las palmas de las manos. Las heridas eran profundas, pero no mortales, aunque eran muy impresionantes a la vista. Hab¨ªa una cantidad alarmante de sangre, demasiada para mi gusto. Una ambulancia lo llev¨® al hospital, donde permaneci¨® en observaci¨®n durante una semana. Desde su partida del colegio, ¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€ no registr¨® ning¨²n otro ataque. Curiosamente, ese incidente termin¨® salv¨¢ndole la vida a ¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€, quien, sin saberlo, escap¨® de la tragedia inminente que ocurrir¨ªa en unos d¨ªas. Tal vez ¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€ tuvo una suerte inesperada, o quiz¨¢s su ¡°amigo imaginario¡± no era tan imaginario despu¨¦s de todo. Podr¨ªa ser que una entidad del ¡°otro mundo¡± hubiera desarrollado una conexi¨®n profunda con ¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€ y decidiera protegerlo del desastre que se avecinaba. Si es as¨ª, el ataque a la escuela era un secreto a voces para muchos habitantes del ¡°otro mundo¡±. Sea lo que sea, ¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€ sigue vivo hoy gracias a ese terrible accidente. Tengo entendido que, tras la tragedia, varios estudiantes fueron ingresados en el hospital con s¨ªntomas alarmantemente similares al de ¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€. Muchos de ellos no sobrevivieron, y aquellos que lograron hacerlo quedaron semanas enteras en el hospital. Lamentablemente, no tuvimos m¨¢s casos como el de ¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€; de haber tenido m¨¢s situaciones similares, tal vez hubi¨¦ramos podido presionar a la polic¨ªa para adelantar la inspecci¨®n que ten¨ªamos prevista. Pero el caso de ¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€ result¨® ser un incidente aislado hasta que se desat¨® la tragedia. Durante todos los eventos, no tengo ninguna duda de que ¡°algo¡± estaba influyendo en sus mentes, algo que no pudimos comprender ni identificar a tiempo.¡±
Testimonio N.o074 - Oficial de Seguridad ¨€¨€¨€¨€
¡°La tarde del d¨ªa antes de la tragedia comenc¨¦ con mi rutina habitual, caminando por los pasillos. Todo estaba en silencio, demasiado silencio. Por lo general, era com¨²n ver a algunos estudiantes que se quedaban trabajando hasta tarde, prepar¨¢ndose para sus ex¨¢menes o simplemente pasando tiempo extra en las aulas. Sin embargo, esa tarde fue diferente. No hab¨ªa nadie, ni un alma. La sensaci¨®n de vac¨ªo en la escuela me puso los pelos de punta, pero intent¨¦ no prestarle demasiada atenci¨®n. Regres¨¦ a la sala de vigilancia, me sent¨¦ y comenc¨¦ a revisar las c¨¢maras de seguridad como lo hac¨ªa siempre. Todo parec¨ªa normal al principio, hasta que lleg¨® la noche y las c¨¢maras comenzaron a fallar mostrando solo est¨¢tica. Vi algo por el rabillo del ojo. Me gir¨¦ r¨¢pidamente, pero no hab¨ªa nada, o eso cre¨ªa. Fue cuando volv¨ª a mirar las c¨¢maras que vi algo. Una sombra movi¨¦ndose lentamente por el pasillo principal. No era una figura humana, ni nada que reconociera. Se mov¨ªa de forma err¨¢tica, casi flotando en el aire, como si no perteneciera a este mundo. Intent¨¦ llamar al director, ya que en las ¨²ltimas semanas el personal docente hab¨ªa estado reportando extra?as apariciones de sombras movi¨¦ndose en los corredores, algo que hasta entonces se hab¨ªa considerado un fen¨®meno ¡°sin importancia¡± dado que no se hab¨ªan dado consecuencias severas. Pero al tratar de contactarme con el director, mi tel¨¦fono emiti¨® un ruido agudo y se apag¨®. Pens¨¦ que era un problema de mi tel¨¦fono, pero repentinamente las luces de la habitaci¨®n comenzaron a parpadear violentamente y las c¨¢maras dejaron de funcionar. Sent¨ª que algo muy malo estaba a punto de suceder. Tom¨¦ una linterna y sal¨ª corriendo, con el coraz¨®n a mil. Sab¨ªa que no era sensato quedarme en esa sala de vigilancia por m¨¢s tiempo. Mientras me dirig¨ªa hacia la salida, algo me detuvo en seco: un grito desgarrador que reson¨® por todo el edificio. Se sent¨ªa cercano, como si viniera de alguna parte del segundo piso. Me qued¨¦ paralizado por un instante, escuchando el eco que se desvanec¨ªa lentamente. Fue entonces cuando las luces dejaron de parpadear, todo volvi¨® a estar en calma, pero no pod¨ªa ignorar lo que acababa de escuchar. Regres¨¦ a la sala de vigilancia, notando que las c¨¢maras de seguridad hab¨ªan vuelto a funcionar y mientras revisaba las mismas nuevamente, algo llam¨® mi atenci¨®n. En el segundo piso, acurrucada entre dos tachos de basura, vi a una ni?a. Estaba temblando y parec¨ªa aterrada. Supe que era ella quien hab¨ªa gritado. No pod¨ªa dejarla ah¨ª, as¨ª que baj¨¦ inmediatamente para ayudarla. Cuando llegu¨¦ al pasillo, la vi. Segu¨ªa ah¨ª, acurrucada y sollozando en silencio. Me acerqu¨¦ con cautela, intentando no asustarla m¨¢s de lo que ya estaba. La ni?a me cont¨® que las sombras hab¨ªan estado molest¨¢ndola todo el d¨ªa y por eso no hab¨ªa logrado encontrar una oportunidad para salir de la escuela, pero hace unos minutos, una de las sombras hab¨ªa cobrado una forma tangible, m¨¢s grande y oscura que las dem¨¢s, y la hab¨ªa empujado contra los tachos de basura de forma violenta. Fue el primer ataque que yo ten¨ªa registro hecho por las sombras, antes nunca hab¨ªan tocado a otro estudiante. La tranquilic¨¦ y cuando salimos, la ni?a respir¨® profundamente. Estaba tan asustada que al d¨ªa siguiente no se present¨® en la escuela. Parad¨®gicamente, eso la salv¨®, porque al d¨ªa siguiente ocurri¨® la tragedia. Si no hubiera faltado a clases, estoy seguro de que habr¨ªa sido otra de las v¨ªctimas.¡±
Informe de investigaciè´¸n (5)
Testimonios de los ni?os supervivientes de la masacre en la escuela secundaria St. Patrick
Testimonio N.o087 - Kevin ¨€¨€¨€¨€¨€¨€, ¨€ a?os
¡°Yo¡­ Yo estaba en la biblioteca cuando todo comenz¨®. Hace unos d¨ªas, unos idiotas me hab¨ªan golpeado por ser gordo, acus¨¢ndome de haberles robado unas galletitas en el recreo. Ni siquiera me gustan esas galletitas de vainilla barata que siempre llevan, pero claro, para ellos, si algo desaparece, es culpa del gordo. Me acuerdo bien de cada una de sus maldades, con sus risitas de imb¨¦ciles, mientras me empujaban contra las paredes: ¡°Seguro que te las devoraste de un bocado, ?verdad, gordo?¡± No ten¨ªa sentido discutir, no me escuchan. Solo quer¨ªan tener a alguien a quien culpar, y como siempre, me tocaba a m¨ª. Los murmullos, las risitas ahogadas cuando pasaba por el pasillo. Siempre era lo mismo: ¡°Ah¨ª va el gordo¡±, ¡°Cuidado que te come el almuerzo¡±, ¡°Asesino de choripanes¡±, ¡°Bola de fraile¡±, ¡°Ballena varada¡±. Las risitas nunca paraban. Me hac¨ªan sentir como una cosa, un bulto al que pod¨ªas pegarle cuando te aburr¨ªas o cuando te conven¨ªa. Todo fue por esas galletitas, antes al menos no me pegaban. El d¨ªa que comenzaron a hacerlo yo estaba sentado en el patio, solo, como siempre, cuando de repente se me acercaron, los mismos de siempre. ¡°Eh, gordo, ?te gustaron las galletitas?¡± Yo no ten¨ªa ni idea de lo que estaban hablando. Luego me enter¨¦ de que a uno de los chicos, a Sebasti¨¢n, le hab¨ªan desaparecido unas galletitas de su mochila. Autom¨¢ticamente, la culpa recay¨® sobre m¨ª. Porque claro, si algo de comida desaparece, el gordo tuvo que haber sido. Ni siquiera pude defenderme. Antes de que pudiera abrir la boca para decir algo, ya me hab¨ªan dado un empuj¨®n y me tiraron al suelo. Sent¨ª las carcajadas de todos a mi alrededor. No importaba que no las hubiera tocado, no importaba que no tuvieran ninguna prueba. Yo era el gordo, y por eso siempre ser¨ªa culpable. Cuando intent¨¦ levantarme, me dieron otra patada, esta vez en las costillas. El dolor era insoportable, pero m¨¢s me dol¨ªa la humillaci¨®n. Ver c¨®mo todos disfrutaban de lo que me hac¨ªan. Era como si yo fuera el chiste, como si mi vida entera no importara, solo exist¨ªa para que ellos se rieran. Lo m¨¢s loco es que, semanas despu¨¦s, cuando ya hab¨ªa aceptado que iba a ser el blanco de todas las burlas por lo de las galletitas, me enter¨¦ de algo extra?o. Unos chicos dec¨ªan haber visto una sombra merodeando por el aula justo antes de que las galletas desaparecieran. Lo contaban como una broma, algo para asustar a los m¨¢s peque?os. ¡°Eh, ten cuidado con las malvadas sombras o te van a secuestrar¡±, dec¨ªan. Pero lo que a ellos les parec¨ªa gracioso, a m¨ª me dej¨® pensando. Las sombras no eran una novedad en el colegio. De vez en cuando, alguien dec¨ªa haber visto una sombra extra?a en alg¨²n lugar. A veces en los pasillos, otras en los ba?os. Nadie sab¨ªa bien qu¨¦ eran, pero todos hablaban de ellas como si fueran un cuento de terror que se contaba en los recreos para pasar el rato. Yo no le daba mucha importancia, hasta que empec¨¦ a fijarme m¨¢s. Un d¨ªa, despu¨¦s de la escuela, volv¨ª al aula. No s¨¦ por qu¨¦ lo hice, tal vez quer¨ªa entender qu¨¦ hab¨ªa pasado realmente con esas galletas. Me sent¨¦ en el mismo lugar donde hab¨ªa estado sentado todo el d¨ªa. Estaba todo vac¨ªo, y el aula parec¨ªa m¨¢s oscura de lo normal. La luz del sol apenas entraba por las ventanas, y el silencio era total. Entonces, algo me llam¨® la atenci¨®n. En una de las esquinas del aula vi algo moverse. Al principio pens¨¦ que era mi imaginaci¨®n, que tal vez me estaba sugestionando por todas las cosas que hab¨ªa escuchado, pero no. Ah¨ª estaba. Una sombra. Pero no era una sombra cualquiera, era como si tuviera vida propia, como si estuviera aliment¨¢ndose de algo en ese rinc¨®n. Me qued¨¦ helado. Quer¨ªa moverme, quer¨ªa salir corriendo, pero mi cuerpo no respond¨ªa. La sombra, aunque no ten¨ªa una forma definida, parec¨ªa estar haciendo algo, como si... estuviera comiendo. No pod¨ªa creerlo, pero s¨ª, la sombra estaba devorando algo. Me acerqu¨¦ un poco m¨¢s, con cuidado, tratando de no hacer ruido. Y entonces lo vi. Galletas. Eran las mismas galletitas que yo hab¨ªa dejado para atrapar a la sombra. Estaban esparcidas por el suelo, y la sombra las estaba devorando una por una. Mi coraz¨®n lat¨ªa tan fuerte que pens¨¦ que iba a explotar. Me di cuenta de que todo el tiempo hab¨ªan sido las sombras. Ellas se hab¨ªan llevado las galletas, y yo hab¨ªa pagado el precio. Sent¨ª una mezcla de miedo y rabia. Miedo porque no entend¨ªa qu¨¦ estaba viendo, y rabia porque hab¨ªa confirmado que hab¨ªa sido castigado por algo que no hab¨ªa hecho. Durante d¨ªas, semanas incluso, hab¨ªa soportado el acoso, las burlas, los golpes, todo por algo que en realidad ni siquiera ten¨ªa que ver con este mundo. Sal¨ª del aula tan r¨¢pido como pude, sin mirar atr¨¢s. No sab¨ªa si lo que hab¨ªa visto era real o si mi mente me estaba jugando una mala pasada, pero no pod¨ªa quedarme m¨¢s tiempo all¨ª. Necesitaba salir, respirar. Lo peor de todo era que no pod¨ªa decirle a nadie lo que hab¨ªa visto. Si ya se burlaban de m¨ª por ser gordo, imag¨ªnate si les contaba que hab¨ªa visto a una sombra comi¨¦ndose unas galletas. Ser¨ªa el hazmerre¨ªr de todo el colegio. Desde entonces, empec¨¦ a evitar a todos. Cada vez que pod¨ªa, me escabull¨ªa antes de que empezaran las clases de educaci¨®n f¨ªsica. No quer¨ªa estar cerca de esos idiotas ni un segundo m¨¢s de lo necesario. Me refugiaba en lugares donde sab¨ªa que no me iban a encontrar, esperando que todo pasara, que se olvidaran de m¨ª. Pero las sombras segu¨ªan ah¨ª. Las ve¨ªa de vez en cuando, movi¨¦ndose por los rincones del colegio, como si estuvieran buscando algo o a alguien. Tal vez estaban buscando a su pr¨®xima v¨ªctima, alguien a quien culpar por sus actos. No lo s¨¦, pero de algo estoy seguro: esas sombras no eran normales, y lo de las galletitas fue solo el comienzo de algo mucho m¨¢s grande. El d¨ªa del accidente comenz¨® como cualquier otro, o al menos eso pensaba en ese momento. Me acuerdo de que no ten¨ªa ganas de estar en clase, y mucho menos de soportar a los idiotas que me hac¨ªan la vida imposible. Ya te cont¨¦ que siempre me escond¨ªa entre las estanter¨ªas de la biblioteca, ?no? Me gustaba ese rinc¨®n. Era mi refugio, un lugar tranquilo donde pod¨ªa leer en paz y, por un rato, olvidarme de lo que pasaba afuera. Estar solo me daba una sensaci¨®n de seguridad que no encontraba en ning¨²n otro lugar del colegio. La biblioteca era enorme, fr¨ªa, pero me hac¨ªa sentir invisible, y eso me ven¨ªa bien. Los dem¨¢s nunca ven¨ªan por ah¨ª, ni los profesores, ni los idiotas de mi clase, as¨ª que pod¨ªa estar tranquilo. Como de costumbre, agarr¨¦ un par de libros al azar. Ni siquiera me importaba de qu¨¦ se trataban. Solo necesitaba algo que me mantuviera distra¨ªdo. Me sent¨¦ en mi rinc¨®n favorito, el que estaba m¨¢s alejado de la puerta, y me puse a leer. No s¨¦ cu¨¢nto tiempo pas¨®, pero recuerdo que las luces empezaron a parpadear. No le di mucha importancia al principio, ya que las luces del colegio siempre fallaban. El edificio era viejo, y el sistema el¨¦ctrico estaba hecho polvo, as¨ª que era normal que a veces las luces parpadearan o que se cortara la electricidad por unos minutos. Solo que esta vez, no fue solo un parpadeo. De repente, las luces se apagaron por completo, dej¨¢ndome en la m¨¢s absoluta oscuridad. Sent¨ª un escalofr¨ªo recorri¨¦ndome la espalda. Al principio pens¨¦ que la luz volver¨ªa en unos segundos, as¨ª que me qued¨¦ quieto, esperando, tratando de calmarme. Pero los segundos se hicieron minutos, y el silencio en la biblioteca empez¨® a hacerse m¨¢s denso. Pod¨ªa escuchar mi propia respiraci¨®n, m¨¢s pesada de lo que me hubiera gustado. El coraz¨®n me lat¨ªa tan fuerte que tem¨ªa que alguien lo oyera desde afuera. Sab¨ªa que no pod¨ªa salir. Si alguien me ve¨ªa as¨ª de asustado, si esos idiotas de mi clase me encontraban, habr¨ªa problemas. Siempre hab¨ªa problemas para los gordos como yo. ¨¦ramos el blanco f¨¢cil, siempre. Pero entonces escuch¨¦ unos gritos. Al principio, pens¨¦ que eran los de siempre, pele¨¢ndose en la clase de educaci¨®n f¨ªsica por alguna tonter¨ªa. Ya sabes, cuando juegan al f¨²tbol o algo y alguien se enoja porque le hicieron falta. Pero estos gritos eran diferentes. Eran m¨¢s fuertes, desesperados. Como si alguien realmente estuviera asustado, como si algo terrible estuviera ocurriendo. Parec¨ªa que mis compa?eros estaban siendo lastimados por algo o alguien. Sin pensarlo, me tir¨¦ al suelo y me escond¨ª debajo de la mesa. Era mi instinto. Cuando tienes miedo, haces cualquier cosa por desaparecer. Mi cuerpo estaba completamente tenso, tratando de ser lo m¨¢s peque?o posible. Me qued¨¦ ah¨ª, paralizado, en la oscuridad, esperando que todo pasara. Pero no fue as¨ª. En lugar de que el silencio regresara, lo que escuch¨¦ a continuaci¨®n me hizo desear no haber escuchado nada en absoluto. Eran pasos. Pero no eran pasos normales. No sonaban como cuando alguien corre por los pasillos o cuando un profesor se mueve entre los bancos del aula. Estos pasos eran pesados, lentos, como si alguien arrastrara los pies por el suelo, pero con una fuerza que no era normal. Cada paso resonaba en mis o¨ªdos como si se acercara una tormenta. Sab¨ªa que algo se estaba moviendo, algo mucho m¨¢s grande de lo que pod¨ªa imaginar. Mir¨¦ hacia la puerta de la biblioteca, y entonces lo vi. O al menos, vi lo que parec¨ªa una bestia. Pero no era una bestia normal. Era un monstruo. Era enorme, una figura de alquitr¨¢n oscuro con una forma inentendible y sin rostro. Su cara, o lo que deber¨ªa ser su cara, era solo oscuridad, salvo por un par de agujeros brillantes que parec¨ªan ojos, aunque no eran ojos de verdad. Era como si estuviera viendo algo que no deb¨ªa existir. Como si esa cosa no perteneciera a este mundo. Y lo peor de todo era que estaba movi¨¦ndose lentamente hacia la puerta de la biblioteca, como si estuviera busc¨¢ndome. Cada paso que daba sonaba como si estuviera respirando a trav¨¦s de una m¨¢scara, pesada, con un sonido que me pon¨ªa los pelos de punta. Me tap¨¦ la boca con ambas manos, tratando de no hacer el m¨¢s m¨ªnimo ruido. Sab¨ªa que si me descubr¨ªa, si esa cosa me escuchaba, no habr¨ªa forma de escapar. Estaba aterrorizado, congelado en mi lugar. Sent¨ª c¨®mo el sudor me corr¨ªa por la frente, el calor subi¨¦ndome desde el pecho. Mis ojos estaban fijos en esa cosa, incapaz de apartarlos, como si mirarla fuera lo ¨²nico que me mantuviera a salvo. No s¨¦ cu¨¢nto tiempo estuve ah¨ª, bajo la mesa, esperando que se alejara, pero se sinti¨® como una eternidad. Cada segundo que pasaba era una tortura. Finalmente, despu¨¦s de lo que parecieron horas, escuch¨¦ c¨®mo se alejaba por el pasillo, sus pasos cada vez m¨¢s distantes. Solo cuando estuve seguro de que ya no estaba, me atrev¨ª a moverme. Sal¨ª de debajo de la mesa, pero mis piernas temblaban tanto que apenas pod¨ªa sostenerme en pie. Me sent¨ªa mareado, como si todo el aire de la biblioteca hubiera desaparecido. Respiraba r¨¢pido, tratando de calmarme, pero no pod¨ªa. Me daba la impresi¨®n de que algo segu¨ªa acechando en las sombras. Justo cuando estaba tratando de decidir si deb¨ªa quedarme escondido o correr, escuch¨¦ a alguien entrando por la puerta de la biblioteca. Era el pap¨¢ de ¨€¨€¨€¨€¨€¨€. Lo reconoc¨ª enseguida. Parec¨ªa desesperado, buscando a su hijo. Cuando me vio, me pregunt¨® si lo hab¨ªa visto. Le dije que deb¨ªa estar en el gimnasio, donde hac¨ªamos educaci¨®n f¨ªsica. Cuando el pap¨¢ de ¨€¨€¨€¨€¨€¨€ escuch¨® esto, sali¨® corriendo, pero antes me grit¨® que yo deb¨ªa salir corriendo de la escuela por donde ¨¦l hab¨ªa venido, que era seguro y que la polic¨ªa ya estaba afuera. Al escuchar eso, sal¨ª corriendo y sal¨ª de la escuela sin problemas. Al salir me encontr¨¦ con mi familia, pero en ese momento, mi pap¨¢ estaba siendo detenido por un polic¨ªa grande y malo. Mientras que mi mam¨¢ estaba lanz¨¢ndole bolsas de basura al oficial que estaba arrestando a mi pap¨¢. Todo parec¨ªa una locura. No entend¨ªa nada. Lo ¨²nico que sab¨ªa era que algo muy malo hab¨ªa pasado dentro del colegio, algo que ni siquiera pod¨ªa empezar a explicar. Las sombras, los gritos, esa cosa que vi, todo me parec¨ªa un mal sue?o, pero sab¨ªa que no lo era.¡±
Testimonio N.o099 - Samantha ¨€¨€¨€¨€¨€, ¨€ a?os
¡°El d¨ªa de la masacre empez¨® como cualquier otro. No hab¨ªa nada especial, nada fuera de lo com¨²n. Mi grupo estaba en el laboratorio de ciencias, como lo hac¨ªamos todos los ¨€¨€¨€¨€¨€ por la tarde. La clase iba normal, est¨¢bamos haciendo uno de esos experimentos aburridos con tubos de ensayo y sustancias coloridas, cuando el profesor ¨€¨€¨€¨€¨€ se fue porque ten¨ªa que atender una llamada urgente. Nos dijo que no tardar¨ªa y que sigui¨¦ramos trabajando en silencio, pero tan pronto como sali¨® del aula, todo cambi¨®. Al principio, no le prestamos mucha atenci¨®n. Nos quedamos hablando entre nosotros, ri¨¦ndonos de alguna estupidez, como siempre que el profesor no estaba. Pero los minutos pasaron y el profesor no regresaba. Empezamos a sentirnos inc¨®modos, aunque nadie lo dec¨ªa en voz alta. Fue entonces cuando escuchamos los primeros golpes. Era un sonido sordo, fuerte, como si alguien estuviera golpeando la puerta del laboratorio desde el otro lado. Al principio pensamos que era el profesor que hab¨ªa vuelto y que por alg¨²n motivo no pod¨ªa abrir la puerta. Pero cuando David fue a intentar abrirle al profesor, la puerta no se movi¨®. Era como si estuviera cerrada desde afuera, pero nadie pod¨ªa creer que el profesor ¨€¨€¨€¨€¨€ nos hubiera encerrado con llave. Los chicos intentaron empujar la puerta varias veces, pero no hubo manera. Est¨¢bamos encerrados. If you discover this tale on Amazon, be aware that it has been unlawfully taken from Royal Road. Please report it. No hab¨ªa pasado mucho tiempo cuando las ventanas empezaron a vibrar. Se escuchaba un zumbido agudo, constante, como si algo estuviera presionando el vidrio desde afuera. Eso ya nos puso nerviosos. Todos nos quedamos callados, escuchando, tratando de entender qu¨¦ demonios estaba pasando. Mark se acerc¨® a la ventana que daba al pasillo, y lo que vio lo dej¨® completamente p¨¢lido. Se qued¨® all¨ª parado por unos segundos, como si no supiera si hablar o no. Al final, lo hizo. Nos dijo que hab¨ªa algo afuera, algo que se mov¨ªa en el patio. No supo explicarlo bien, pero mencion¨® que no parec¨ªa humano. Naturalmente, ninguno le crey¨®. Nos re¨ªmos de ¨¦l, lo tomamos a broma, y seguimos con lo nuestro, porque, bueno, ?qui¨¦n iba a tomarse en serio una historia como esa? Pero los golpes en la puerta segu¨ªan, las ventanas segu¨ªan vibrando y el ambiente se pon¨ªa cada vez m¨¢s pesado. Entonces, escuchamos otra cosa. Era un susurro. Un susurro que no ven¨ªa de ning¨²n lugar en espec¨ªfico, pero al mismo tiempo, parec¨ªa estar en todas partes. Al principio pens¨¦ que era el viento o alg¨²n ruido que ven¨ªa del exterior, pero no. Era algo m¨¢s. No entend¨ªamos qu¨¦ dec¨ªa, las palabras eran incomprensibles, pero el tono, el ritmo, todo sonaba como si fuera una advertencia. Algo que no quer¨ªamos entender. David comenz¨® a perder los estribos. Empez¨® a golpear la puerta con ambas manos, como si su vida dependiera de ello. Nos gritaba que ten¨ªamos que salir, que si no lo hac¨ªamos, nos iban a matar. Y aunque al principio todos nos re¨ªmos de ¨¦l, su tono comenz¨® a afectarnos. Ya nadie se re¨ªa. El aire estaba tenso, como si estuvi¨¦ramos esperando que algo terrible ocurriera. Y ocurri¨®. De repente, las luces se apagaron. No hubo advertencia, ni parpadeos previos, simplemente se apagaron de golpe, dej¨¢ndonos a todos en medio de la oscuridad. No pod¨ªamos ver nada, ni siquiera nuestras propias manos. Por un momento, nadie dijo una palabra. Pod¨ªamos escuchar nuestra propia respiraci¨®n, nuestros corazones latiendo con fuerza en el pecho, el sonido de nuestros nervios tens¨¢ndose al m¨¢ximo. Lo siguiente que escuch¨¦ fue una respiraci¨®n pesada, pero no era la de ninguno de nosotros. Era algo m¨¢s, algo que no pertenec¨ªa a este mundo. Sonaba profundo, irregular, como si algo o alguien estuviera all¨ª con nosotros, respirando justo al lado. Pens¨¦ que era alguno de mis compa?eros, pero r¨¢pidamente me di cuenta de que no lo era. No sonaba humano. De repente, sent¨ª algo tocarme el culo. No s¨¦ qu¨¦ fue lo que me toc¨®, pero sab¨ªa que no era uno de mis compa?eros. Me qued¨¦ inm¨®vil, esperando que lo que fuera que estuviera all¨ª no se diera cuenta de m¨ª. El contacto fue helado, un fr¨ªo que se colaba por mi piel como si me hubiera tocado la mism¨ªsima muerte. Sent¨ª ese toque en mi culo, r¨¢pido, pero lo suficientemente perturbador como para que cada fibra de mi ser se congelara. No pod¨ªa gritar, no pod¨ªa moverme. El miedo me aprision¨®, me at¨® a ese lugar oscuro. Mi mente se negaba a procesar lo que acababa de pasar. Algo me hab¨ªa tocado. No era humano. Lo sab¨ªa, lo sent¨ªa en lo m¨¢s profundo de mis huesos. Ese toque no pertenec¨ªa a este mundo. Me qued¨¦ completamente inm¨®vil, mis manos temblando, mi respiraci¨®n entrecortada. No quer¨ªa hacer el m¨¢s m¨ªnimo sonido, no quer¨ªa llamar la atenci¨®n de eso que merodeaba a nuestro alrededor. Si me mov¨ªa, si respiraba demasiado fuerte, podr¨ªa notarme. Podr¨ªa volver a tocarme. Y entonces, de la nada, comenzaron los gritos. Al principio, fue uno solo. Desesperado, cortado en seco, como si la persona que lo emit¨ªa hubiera sido ahogada en plena exclamaci¨®n de terror. Luego fue otro. Y otro. Antes de darme cuenta, la habitaci¨®n se llen¨® de gritos. Era un caos de voces, todas al mismo tiempo, todos mis compa?eros gritando con el mismo tono de horror. No sab¨ªa qui¨¦nes eran exactamente, pero sus gritos quedaban grabados en mi mente, cada uno con su propia melod¨ªa de dolor. Escuchaba golpes, cuerpos cayendo al suelo, el sonido de carne siendo arrastrada, desgarrada, triturada. Algo se mov¨ªa r¨¢pido entre nosotros, sin que pudi¨¦ramos verlo. Los gritos no cesaban, cada uno m¨¢s desgarrador que el anterior. Intentaba escuchar con atenci¨®n, pero todo se mezclaba y era insoportable. Pod¨ªa escuchar el sonido seco de huesos rompi¨¦ndose, el estallido h¨²medo de algo que no quer¨ªa imaginar. El p¨¢nico de mis compa?eros llenaba el aire. ¡°?Ay¨²denme!¡±, grit¨® alguien a mi izquierda, pero fue cortado por un sonido asfixiante, como si algo le hubiera cerrado la garganta en un solo movimiento. No sab¨ªa qu¨¦ estaba pasando. Nadie sab¨ªa. Solo pod¨ªamos o¨ªr la muerte rode¨¢ndonos. Intent¨¦ esconderme, pero era imposible. Los sonidos ven¨ªan de todos lados, como si un monstruo invisible estuviera devorando a mis compa?eros, uno por uno. Haci¨¦ndolos trizas. A medida que nos mataban, los gritos empezaron a disminuir. Una tras otra desaparecieron las s¨²plicas, como velas que se apagan con el viento. El ruido de carne siendo masticada era mi tortura y luego, de repente, la nada. El silencio volvi¨® a la habitaci¨®n, como si nunca hubiera pasado nada. Lo ¨²nico que quedaba era el eco de los gritos en mi cabeza y la sensaci¨®n de vac¨ªo, de algo irreparable. La oscuridad permanec¨ªa, y yo no me atrev¨ªa a abrir los ojos, no quer¨ªa ver lo que quedaba de mis compa?eros. No pod¨ªa enfrentar esa realidad. Permanec¨ª escondida bajo la mesa, con las manos cubri¨¦ndome la boca para ahogar cualquier sonido que pudiera salir de m¨ª. Pod¨ªa sentir el sudor fr¨ªo recorri¨¦ndome la frente. Mi cuerpo entero temblaba. ?Cu¨¢nto tiempo hab¨ªa pasado? No lo sab¨ªa. El tiempo hab¨ªa dejado de tener significado. Podr¨ªan haber sido minutos, horas, d¨ªas. No importaba. Lo ¨²nico que importaba era que segu¨ªa all¨ª, en ese rinc¨®n, esperando que lo que fuera que hab¨ªa matado a mis compa?eros no me encontrara. La oscuridad era total, aplastante. No hab¨ªa luces parpadeantes, no hab¨ªa destellos que me permitieran ver lo que ocurr¨ªa a mi alrededor. S¨®lo el vac¨ªo, la oscuridad absoluta, el silencio aterrador. Pero dentro de esa nada, pod¨ªa o¨ªrlo. Esa respiraci¨®n. No era la m¨ªa. Era la respiraci¨®n pesada, entrecortada, como si algo monstruoso estuviera all¨ª, esperando. Cada exhalaci¨®n era profunda, irregular, como si viniera de una bestia hambrienta, buscando su pr¨®xima v¨ªctima. Entonces, todo se calm¨®. Los sonidos cesaron. No hab¨ªa m¨¢s respiraciones, no hab¨ªa m¨¢s gritos, no hab¨ªa nada. Me qued¨¦ inm¨®vil, a¨²n temblando, con los ojos cerrados, sin atreverme a moverme. ?Hab¨ªa terminado? ?Me hab¨ªa dejado en paz? ?Hab¨ªa muerto? Finalmente, abr¨ª los ojos, pero no estaba en el laboratorio. Estaba en mi cama. El d¨ªa estaba nublado, pero a¨²n entraba algo de luz. Sent¨ª un desconcierto tan profundo que me costaba respirar. Mi mente no pod¨ªa procesarlo. ?Hab¨ªa sido un sue?o? Todo hab¨ªa sido tan real. El fr¨ªo, los gritos, el toque en mi culo, la respiraci¨®n¡­ cada detalle estaba grabado en mi memoria. Pero aqu¨ª estaba, en mi habitaci¨®n, a salvo. ?C¨®mo? No lo entend¨ªa. Mir¨¦ el reloj. Eran las 11:45 de la ma?ana. Las clases deber¨ªan haber empezado hace horas, y sin embargo, aqu¨ª estaba, en pijama, como si nunca hubiera ido al colegio. Mi piel a¨²n estaba fr¨ªa, y mis manos temblaban. ?C¨®mo hab¨ªa llegado aqu¨ª? No ten¨ªa sentido. Mi ropa estaba igual que cuando me acost¨¦ la noche anterior, y no hab¨ªa se?ales de que hubiera salido de la casa. Me levant¨¦ lentamente, mis piernas a¨²n temblorosas por lo que hab¨ªa experimentado. Fui hasta el sal¨®n, buscando a mis padres, pero no hab¨ªa nadie. La casa estaba vac¨ªa, completamente silenciosa. La sensaci¨®n de desconcierto no me dejaba en paz. Tal vez todo hab¨ªa sido una pesadilla, pero se sent¨ªa tan real. Prend¨ª la televisi¨®n, buscando algo que me distrajera, algo que me hiciera sentir que todo estaba bien. Pero lo que vi en la pantalla me dej¨® helada. Las noticias cubr¨ªan en vivo un incidente en mi colegio. La escuela estaba completamente rodeada de polic¨ªas y ambulancias. El titular dec¨ªa: ¡°Masacre en la escuela secundaria St.Patrick: m¨²ltiples muertos tras un misterioso ataque¡±. Sent¨ª c¨®mo la sangre se me helaba en las venas. No pod¨ªa ser cierto. Lo que hab¨ªa vivido no hab¨ªa sido una pesadilla. Hab¨ªa sido real. Me desplom¨¦ en el sill¨®n, incapaz de procesar lo que hab¨ªa sucedido. Hab¨ªa sobrevivido, pero no sab¨ªa c¨®mo. Mis compa?eros estaban muertos, eso lo sab¨ªa con certeza. Pero yo estaba aqu¨ª, como si nada hubiera pasado. Y entonces, una pregunta empez¨® a consumir mi mente: ?Por qu¨¦ fui yo la que sali¨® con vida? Aquel d¨ªa de la masacre sigue siendo una sombra que persiste en mi mente. Fui la ¨²nica sobreviviente de mi clase, y a¨²n no s¨¦ c¨®mo ni por qu¨¦. Cada vez que cierro los ojos, los gritos de mis compa?eros retumban en mis o¨ªdos, y aunque el mundo exterior sigue su curso, dentro de m¨ª, todo est¨¢ atrapado en ese laboratorio. Mis padres no parec¨ªan tan sorprendidos como esperaba. Les cont¨¦ sobre todo lo que sucedi¨® en la escuela, pero cuando mencion¨¦ que no entend¨ªa c¨®mo me hab¨ªa salvado. Mi mam¨¢ desvi¨® la mirada y mi pap¨¢ solo murmur¨® por lo bajo que mi hermano trabajaba como ¡°explorador¡± para una organizaci¨®n ben¨¦fica internacional, por lo que es posible que ¨¦l fuera el responsable de que haya salido con vida. No me dijeron mucho m¨¢s, lo cual me frustr¨® enormemente. A¨²n no entiendo c¨®mo mi hermano pudo haber estado involucrado, o c¨®mo alguien fuera de ese laboratorio podr¨ªa haber sabido lo que estaba pasando ah¨ª dentro, pero la tranquilidad en la voz de mis padres, el modo en que parec¨ªan aceptar la idea de que ¨¦l hab¨ªa intervenido, fue perturbador. No hicieron preguntas, como si supieran algo que yo no sab¨ªa. Como si su papel en todo esto no fuera tan extra?o despu¨¦s de todo. Sin embargo, algo no me cuadra. Desde aquel d¨ªa, he empezado a recordar cosas que no tienen sentido. Fragmentos de memoria, visiones borrosas de momentos que no recuerdo haber vivido realmente. Veo a alguien en las sombras, observ¨¢ndome desde la oscuridad del laboratorio. Estoy segura de que vi a mi hermano. Aunque era imposible. ¨¦l no estaba all¨ª, ?o s¨ª? Pero cada vez que intento aferrarme a esas im¨¢genes, se desvanecen como si fueran humo¡±
Comentario del Dr. ¨€¨€¨€¨€¨€ ¨€¨€¨€¨€¨€, investigador principal del caso:
Tras una revisi¨®n del testimonio de Samantha ¨€¨€¨€¨€¨€, hemos encontrado varias inconsistencias y anomal¨ªas peligrosas. Desde el principio, nos llam¨® la atenci¨®n el hecho de que ella fue la ¨²nica sobreviviente de la masacre en el laboratorio de ciencias. Sin embargo, fue su relato de los eventos lo que plante¨® m¨¢s preguntas de las que respondi¨®. En primer lugar, Samantha menciona ¡°deliberadamente¡± que, a las 11:45 de la ma?ana, los medios ya hab¨ªan informado sobre el incidente en la escuela. Sin embargo, tras revisar los registros, podemos confirmar que las primeras noticias p¨²blicas sobre la tragedia no se difundieron hasta bien entrada la tarde. Esto sugiere que hay una alteraci¨®n deliberada en su percepci¨®n del tiempo o, peor a¨²n, una manipulaci¨®n de los hechos. En segundo lugar, se comprob¨® que gran parte del testimonio de Samantha fue construido previamente usando inteligencia artificial. El lenguaje utilizado y la pomposidad de sus palabras indicaron tal planificaci¨®n. Al revisar sus dispositivos electr¨®nicos, se comprob¨® el uso de inteligencia artificial para generar fragmentos de su relato. Lo m¨¢s alarmante es la aparente ¡°inocencia¡± con la que se emple¨® esta tecnolog¨ªa de acceso p¨²blico. En mi opini¨®n profesional, considero que ella sab¨ªa que por mero protocolo revisar¨ªamos sus dispositivos. Pero a¨²n hay algo peor, el siguiente fragmento de su testimonio establece una coartada peligrosa: ¡°Fragmentos de memoria, visiones borrosas de momentos que no recuerdo haber vivido realmente¡±. Dicho argumento fue utilizado en m¨²ltiples ocasiones por los ¨€¨€¨€¨€¨€ y por los ¨€¨€¨€¨€¨€ en el pasado para infiltrarse en nuestro mundo. No obstante, hace siglos que estas criaturas han dejado de usar esta frase gen¨¦rica, dado que su mero uso implicaba que por protocolo nosotros tuvi¨¦ramos que realizar un an¨¢lisis de tipo ¨€¨€¨€¨€¨€ y por tanto, quedar¨¢n delatadas. Evidentemente, seguimos el protocolo internacional y realizamos un an¨¢lisis de tipo ¨€¨€¨€¨€¨€ en Samantha ¨€¨€¨€¨€¨€. El resultado dio negativo. Ella es 100% humana. La historia no termina ah¨ª. Lo m¨¢s intrigante es la menci¨®n de un supuesto ¡°hermano¡±, que seg¨²n Samantha, trabajaba como explorador para una organizaci¨®n ben¨¦fica internacional. Esto complic¨® la verificaci¨®n del testimonio en otro nivel, exigiendo que el laboratorio 32 contactara al laboratorio principal en Estados Unidos, que a su vez deb¨ªa comunicarse con el laboratorio internacional de la fundaci¨®n y, finalmente, con varios organismos internacionales, en un intento de identificar al ¡°explorador¡± involucrado en nuestro caso. Un tr¨¢mite que, claramente, no fue peque?o ni inmediato. Como resultado, nunca se pudo comprobar la existencia del ¡°hermano¡± de Samantha ¨€¨€¨€¨€¨€, y no existen registros p¨²blicos de su nacimiento. La familia proporcion¨® ¡°pruebas¡± sobre la existencia de este individuo, pero posteriormente se descubri¨® que dichas pruebas fueron fabricadas mediante inteligencia artificial. A pesar de la colaboraci¨®n de la familia, persisten serias dudas sobre lo que realmente ocurri¨® en el laboratorio de ciencias durante la tragedia. Aunque el testimonio de Samantha es ¡°virtualmente correcto¡± y ¡°virtualmente detallado¡±, el hecho de que ella sea la ¨²nica sobreviviente plantea interrogantes adicionales sobre la veracidad de su relato. Se pudo comprobar que ella efectivamente estuvo en la escuela durante la masacre gracias a las numerosas c¨¢maras de seguridad de la instituci¨®n, pero no se sabe c¨®mo sobrevivi¨®. El caso ha sido archivado por falta de pruebas, pero Samantha ha sido puesta bajo un programa de vigilancia debido a las anomal¨ªas en su declaraci¨®n. A d¨ªa de hoy, seguimos sin entender completamente las circunstancias que rodearon el evento. Pero no tengo dudas de que Samantha ¨€¨€¨€¨€¨€ ¡°deliberadamente¡± ha hecho todo lo posible para que nosotros dudemos de que ella sea la ¡°verdadera¡± Samantha ¨€¨€¨€¨€¨€. Esto plantea una pregunta crucial: ?Por qu¨¦ Samantha ¨€¨€¨€¨€¨€ quer¨ªa hacernos perder el tiempo? O m¨¢s inquietante a¨²n: ?C¨®mo una adolescente sab¨ªa ¡°exactamente¡± qu¨¦ decir para hacernos perder tanto tiempo?
Informe de investigaciè´¸n (6)
Testimonios de los ni?os supervivientes de la masacre en la escuela secundaria St. Patrick
Testimonio N.o054 - Jake ¨€¨€¨€¨€¨€, ¨€ a?os
¡°Lo peor fue cuando vi a mis amigos volverse locos. No est¨¢bamos solos en el gimnasio; est¨¢bamos con los chicos de la clase ¨€. Nosotros est¨¢bamos practicando para el partido de baloncesto, mientras que ellos estaban en su clase de educaci¨®n f¨ªsica con el profesor ¨€¨€¨€¨€¨€. ¨¦ramos casi 50 personas en total en ese lugar. Todo parec¨ªa normal al principio, salvo por la queja constante del profesor ¨€¨€¨€¨€¨€ sobre uno de los chicos de la clase ¨€ que se hab¨ªa saltado la clase de educaci¨®n f¨ªsica una vez m¨¢s. El profesor decidi¨® ir a buscarlo personalmente, pero justo cuando sali¨® del gimnasio, todas las luces comenzaron a parpadear fren¨¦ticamente. Al principio pensamos que era una broma o un fallo el¨¦ctrico, pero entonces las canastas de baloncesto empezaron a moverse solas. Nadie las estaba tocando, pero se sacud¨ªan con una fuerza invisible, como si algo no visto las estuviera empujando. Fue entonces cuando uno de mis amigos, Tommy, se empez¨® a comportar raro. ¨¦l era uno de los chicos m¨¢s tranquilos del equipo, siempre relajado, muy ensimismado en su propio mundo. Pero ese d¨ªa, se puso a gritar. Gritaba cosas sin sentido, como si alguien estuviera habl¨¢ndole en su cabeza. Trat¨® de atacarnos, de golpearnos con las pelotas de baloncesto. Al principio pensamos que estaba bromeando, pero cuando vi sus ojos supe que no era broma. Estaban vac¨ªos. Como si alguien m¨¢s estuviera controlando su cuerpo. Intent¨¦ calmarlo, pero entonces otros empezaron a actuar igual. Algunos se golpeaban entre ellos, otros se ara?aban la cara como si intentaran arrancarse algo. Fue entonces cuando entend¨ª que no pod¨ªa quedarme ah¨ª. Corr¨ª hacia la salida, pero no pude evitar mirar hacia atr¨¢s. Vi a Tommy colgado del aro de baloncesto, con los ojos en blanco, balance¨¢ndose lentamente. Se hab¨ªa matado. Me escond¨ª en los vestuarios. El suelo temblaba, y escuchaba gritos por todo el edificio, pero no sal¨ª. Sab¨ªa que si sal¨ªa, probablemente morir¨ªa. No era el ¨²nico escondido; muchos otros ni?os peque?os lograron escapar de la masacre y se escond¨ªan en las duchas. Algunos corrieron a la piscina, y otros, m¨¢s listos, se escaparon por las ventanas. Yo me met¨ª dentro de mi closet de ropa y no sal¨ª hasta que alguien vino a rescatarnos. Result¨® ser el padre de uno de los chicos de la clase ¨€ que hab¨ªa entrado al colegio en busca de su hijo. Nos dijo que pod¨ªamos escapar si corr¨ªamos directamente a la salida, que nada nos atacar¨ªa. Le hicimos caso, pero antes de que sali¨¦ramos corriendo, nos pregunt¨® si hab¨ªamos visto a su hijo. Le dije que si no lo hab¨ªa visto muerto en el gimnasio, probablemente se hab¨ªa escapado por una ventana o se encontraba en la piscina. Cuando escuch¨® eso, sali¨® corriendo a buscar a su hijo en la piscina. Los pocos que est¨¢bamos escondidos en los vestuarios salimos a toda prisa de la escuela En el camino hacia la salida, me cruc¨¦ con el profesor ¨€¨€¨€¨€¨€, o al menos con lo que quedaba de ¨¦l. La mitad de su cuerpo estaba estrellada contra la pared, y sus piernas a¨²n temblaban de manera espasm¨®dica. Es una imagen que no puedo sacarme de la cabeza. Al correr por los pasillos, vimos el desastre en el que se hab¨ªa convertido la escuela; hab¨ªa cuerpos por todos lados y ni?os asustados llorando dentro de las aulas. Durante el escape nos cruzamos con algunas criaturas similares a personas hechas de sombras, pero la mismas prefer¨ªan mantenerse alejadas de nosotros y te ignoraban si no te acercabas demasiado a ellas. A case of literary theft: this tale is not rightfully on Amazon; if you see it, report the violation. Cuando finalmente salimos, nos encontramos con la polic¨ªa rociando gas pimienta a nuestros padres. Vi c¨®mo mi madre estaba siendo arrestada, y eso me molest¨® bastante. Me acerqu¨¦ al polic¨ªa que estaba maltratando a mi madre y le romp¨ª la nariz. Los otros polic¨ªas r¨¢pidamente me detuvieron y uno de ellos me apunt¨® con un arma, pero la baj¨® al ver que los otros padres estaban casi a punto de matarlo de tantos insultos. Lograron retenerme, y los medios dijeron que estaba pose¨ªdo, pero eso es mentira. Nunca estuve pose¨ªdo. Solo quer¨ªa pegarle a ese malnacido por estar tratando mal a mi madre, y no me arrepiento en absoluto haberlo hecho.¡±
Testimonio N.o069 - Emily ¨€¨€¨€¨€¨€¨€, ¨€ a?os
¡°La ¨²ltima clase que tuve fue arte. Me gustaba dibujar, siempre fue mi asignatura favorita, pero ese d¨ªa, la clase se sent¨ªa extra?a. La profesora ¨€¨€¨€¨€¨€¨€ no parec¨ªa ser la misma. Se ve¨ªa cansada, pero sus ojos estaban como muertos. No nos hablaba mucho, solo nos dio nuestras tareas y se qued¨® parada, mirando a la nada misma. Cuando est¨¢bamos dibujando, comenc¨¦ a ver algo raro en mi hoja. Al principio pens¨¦ que era mi imaginaci¨®n, pero lo que estaba dibujando se mov¨ªa. Era como si tuviera vida. No s¨¦ c¨®mo lo hice, pero mis dibujos empezaron a salir del papel. Se estiraron, se distorsionaron y formaron la siguiente frase: ¡°Vas a morir si no te escondes, Emily¡± Las otras chicas notaron la frase y sus dibujos empezaron a moverse por s¨ª mismos de igual forma, formando el mismo mensaje. Empezamos a escuchar gritos que ven¨ªan del aula cercana, m¨¢s tarde disparos seguidos de llantos, la escuela parec¨ªa haber entrado en un caos absoluto. Fue entonces cuando una de mis amigas empez¨® a llorar, diciendo que ve¨ªa cosas en el aula que no estaban all¨ª antes. Mir¨¦ hacia donde se?alaba y vi grietas en las paredes. Pero no eran grietas normales; parec¨ªan formar una especie de boca. No quise quedarme a averiguar qu¨¦ era esa boca. Sal¨ª corriendo sin pensarlo. Intent¨¦ ir al ba?o, pero un idiota ego¨ªsta hab¨ªa bloqueado la puerta. M¨¢s tarde me enter¨¦ de que fue el infame profesor Thomas ¨€¨€¨€¨€¨€¨€ (Smith). As¨ª que corr¨ª de nuevo y me met¨ª en el vestuario. Desde all¨ª, fui a la piscina y me escond¨ª debajo de los trampolines. Resulta que varios otros chicos tuvieron la misma idea, y fue un buen escondite. Ninguna criatura se meti¨® en la piscina, y todos los que nos refugiamos all¨ª logramos sobrevivir. Recuerdo escuchar los gritos de mis compa?eros mientras corr¨ªa por el pasillo. No me atrev¨ª a ayudarlos. Al llegar a la piscina, me qued¨¦ en la piscina, esperando que todo terminara. Pasaron horas, horas que parecieron eternas. Todos est¨¢bamos en silencio, esperando salir con vida. Est¨¢bamos alejados unos de otros, sin confiar en nadie. No me di cuenta en ese momento, pero muchas muertes ocurrieron por posesiones y ataques entre nosotros mismos. As¨ª que todos estaban aterrorizados, temiendo que el compa?ero m¨¢s cercano pudiera ser el siguiente en perder la cabeza. Fueron las horas m¨¢s desesperantes y traum¨¢ticas de mi vida. Finalmente, alguien lleg¨® a rescatarnos. Result¨® ser el padre de uno de los chicos que estaba escondido dentro de la piscina. Al ver a su hijo, lo tom¨® del brazo con fuerza y lo sac¨® de la piscina, lo carg¨® en sus brazos y sali¨® corriendo. Se olvid¨® de decirnos que tambi¨¦n deb¨ªamos escapar, pero intuitivamente entendimos que si ese hombre hab¨ªa logrado entrar por la puerta de la escuela, entonces tambi¨¦n podr¨ªamos salir por la misma. En el camino nos cruzamos con muchas criaturas extra?as. La mayor¨ªa parec¨ªa ignorarnos, m¨¢s ocupadas en buscar a alguien o algo m¨¢s. O al menos, esa fue la impresi¨®n que me dio. La verdad es que cada pocos pasos encontr¨¢bamos un cad¨¢ver mutilado; fue horrible. Pero finalmente salimos con vida y nos reencontramos con nuestros padres. Aunque fue dif¨ªcil que nos reconocieran, ya que la mayor¨ªa de los padres estaban parcialmente cegados por el gas lacrim¨®geno que la polic¨ªa hab¨ªa lanzado.¡±
Informe de investigaciè´¸n (7)
Informes Fotogr¨¢ficos del Incidente en la Escuela Secundaria St. Patrick
Imagen del Cuarto de Lavander¨ªa (Archivo 032-IM-06-B8-856)
La imagen fue capturada desde una c¨¢mara corporal perteneciente al investigador ¨€¨€¨€¨€ ¨€¨€¨€¨€¨€, quien desapareci¨® durante el curso de la investigaci¨®n, muestra un cuarto de lavander¨ªa ubicado en el ala sur de la escuela. En la imagen se puede observar una entidad oscura con contornos amorfos y ojos brillantes, de pie junto a la puerta, aparentemente observando al investigador desaparecido. La figura, de cuerpo completamente negro y carente de caracter¨ªsticas humanas definidas, se encuentra en una posici¨®n erguida frente a la puerta del cuarto de lavander¨ªa. Tiene unos ojos brillantes que emiten una luz blanca que se refleja en las paredes del cuarto. La sombra proyectada por la entidad se alarga de manera antinatural hacia el lado izquierdo, como si no respondiera a las leyes convencionales de la luz. La sombra parece estar desplaz¨¢ndose ligeramente en el momento de la captura. Las luces de la habitaci¨®n parpadean, o al menos eso explicar¨ªa lo que provoca un efecto estrobosc¨®pico en la imagen. Las sombras en el techo se desplazan en varias direcciones, creando un ambiente confuso. La imagen fue tomada por la c¨¢mara corporal del investigador desaparecido, modelo ¨€¨€¨€¨€¨€¨€¨€, la cual graba ¨€¨€ en alta definici¨®n. Sin embargo, no se observaron interferencias visuales en las ¨²ltimas grabaciones de la c¨¢mara antes de su p¨¦rdida de se?al. La grabaci¨®n no logra mostrar nada, solo la c¨¢mara muestra al posible atacante. La c¨¢mara dej¨® de funcionar poco despu¨¦s de capturar esta imagen. El paradero del investigador ¨€¨€¨€¨€ ¨€¨€¨€¨€¨€ sigue siendo desconocido, y no se ha encontrado ninguna pista que explique su desaparici¨®n. El laboratorio 032 continu¨® con las investigaciones durante el tiempo establecido en el protocolo de desapariciones, pero lamentablemente el caso ya fue archivado. El investigador ¨€¨€¨€¨€ ¨€¨€¨€¨€¨€ ha sido declarado oficialmente desaparecido.
Transcripci¨®n de audio recuperado (Momento del incidente) - Grabadora del Investigador ¨€¨€¨€¨€ ¨€¨€¨€¨€¨€
00:00:01 - Se escuchan pasos suaves, eco en una habitaci¨®n cerrada. Investigador ¨€¨€¨€¨€: (Susurrando) ¡°Base, estoy en problemas¡­ base, ?me escuchan? Estoy en la lavander¨ªa del ala sur¡­ Creo que vi algo. Algo peligroso. Hay una sombra, pero esta no me est¨¢ ignorando¡­ Me ha estado siguiendo desde hace un rato. Est¨¢ cerca, puedo sentirlo. Es como si me estuviera observando desde todas partes, desde cada rinc¨®n de este lugar¡­ Base, ?me reciben?¡­ ?Maldita sea, algo est¨¢ mal! ?Por qu¨¦ esta sombra me sigue? ?Por qu¨¦ no se comporta como las otras? ¡­ ?Por qu¨¦ ustedes no responden? ?Base, cont¨¦stenme!¡± 00:00:20 - Suenan crujidos met¨¢licos, el investigador parece acercarse a una puerta. Sus respiraciones son audibles, aceleradas. Investigador ¨€¨€¨€¨€: (Acelerado) ¡°Tengo que¡­ Tengo que esconderme. Algo no est¨¢ bien¡­ Est¨¢ m¨¢s cerca de lo que parece.¡± 00:00:35 - Un chirrido suave rompe el silencio, como si una puerta se abriera lentamente. Luego, el silencio absoluto. Solo una respiraci¨®n contenida, apenas perceptible. Investigador ¨€¨€¨€¨€: (Apenas audible) ¡°Ah¨ª est¨¢¡­¡± 00:00:45 - Una respiraci¨®n profunda retumba en el micr¨®fono, seguida por un golpe sordo, como si un objeto pesado hubiera ca¨ªdo al suelo. Despu¨¦s, el eco de pasos, m¨¢s fuertes, resonando a trav¨¦s de los pasillos. Investigador ¨€¨€¨€¨€: (Con voz temblorosa) ¡°Dios¡­ ?Base, me encontr¨®! No puede ser¡­ ?Qu¨¦ hace? Me ignora, me¡­ me est¨¢ mirando. ?Me est¨¢ mirando!¡± 00:01:10 - El sonido de un choque. Algo met¨¢lico cae al suelo y rebota varias veces. La respiraci¨®n del investigador se vuelve err¨¢tica. Investigador ¨€¨€¨€¨€: (Gritando) ¡°?No, no, no! ?Qu¨¦date¡­ qu¨¦date lejos! ?Por favor!¡± 00:01:30 - Se oyen ruidos de una lucha desesperada, algo como muebles movi¨¦ndose o golpes contra la pared. El investigador jadea con dificultad. Investigador ¨€¨€¨€¨€: (En un grito sofocado) ¡°?No puedes¡­! ?No!¡± 00:01:50 - Un golpe fuerte, seguido de un silencio breve. Luego, susurros incomprensibles. La respiraci¨®n del investigador suena m¨¢s d¨¦bil, jadeante. Investigador ¨€¨€¨€¨€: (Casi inaudible) ¡°Me est¨¢¡­ rodeando. No puedo¡­ ver nada. Esto no es real, esto no puede ser¡­ tan fr¨ªo¡­¡± 00:02:10 - Ruido de est¨¢tica creciente. La calidad del sonido se deteriora r¨¢pidamente. Las palabras del investigador se entrecortan. Investigador ¨€¨€¨€¨€: (Desesperado, apenas audibles entre la est¨¢tica) ¡°Por¡­ favor¡­ ayuda¡­¡± 00:02:20 - Est¨¢tica completa. El archivo termina abruptamente.
Imagen del Pasillo Principal (Archivo 032-IM-07-B8-856)
Esta imagen fue capturada por una c¨¢mara de seguridad instalada en el pasillo principal de la escuela. La fecha de la imagen fue alterada por la criatura, la investigaci¨®n posterior establece que la fecha real de la captura fue entre las 00:00:40 y las 00:01:10 horas. La imagen muestra a una entidad nombrada como ¡°sombra¡±, similar a las tantas vistas durante el evento. La sombra est¨¢ de pie en el centro del pasillo, con una postura defensiva que indica que se siente amenazada. La figura mantiene la misma forma amorfa de un humano, con los ojos brillantes destacados en la oscuridad del pasillo. La entidad parece estar flotando o desplaz¨¢ndose lentamente hacia la c¨¢mara, pero seg¨²n la investigaci¨®n posterior, el desplazamiento fue repentino. Sus brazos son exageradamente largos y cuelgan hacia abajo, creando una impresi¨®n de ¡°ataque¡± inminente. Las luces fluorescentes del pasillo parpadean continuamente, y las sombras se distorsionan de manera antinatural. La figura proyecta una sombra que parece moverse en direcci¨®n opuesta a la fuente de luz. La c¨¢mara de vigilancia, modelo B84 de la escuela, estaba ubicada en la esquina superior derecha del pasillo y capturaba im¨¢genes de baja resoluci¨®n. Se detectaron varias anomal¨ªas en las secuencias de v¨ªdeo inmediatamente antes y despu¨¦s de la aparici¨®n de la entidad, incluidas interferencias est¨¢ticas y cortes de imagen. Seguido de alteraciones en la imagen y en la grabaci¨®n. La c¨¢mara dej¨® de funcionar a los pocos segundos de esta captura, para posteriormente volver a andar con normalidad. Support the creativity of authors by visiting Royal Road for this novel and more. La importancia de la imagen radica en que el investigador ¨€¨€¨€¨€ ¨€¨€¨€¨€¨€ muri¨® poco despu¨¦s de ver esta imagen. El agente se encontraba en la sala de vigilancia mirando las c¨¢maras y no comprendemos por qu¨¦ est¨¢ la criatura lo asesin¨®. Se cree que el investigador ¨€¨€¨€¨€ ¨€¨€¨€¨€¨€ cometi¨® el error de ¡°amenazar¡± a la sombra al observar continuamente por las c¨¢maras de vigilancia. De los investigadores que participaron en la operaci¨®n, el investigador ¨€¨€¨€¨€ ¨€¨€¨€¨€¨€ fue el ¨²nico hallado muerto.
Transcripci¨®n de la comunicaci¨®n interna del equipo de investigaci¨®n, Sala de Vigilancia (Momento del incidente) - Investigador ¨€¨€¨€¨€ ¨€¨€¨€¨€
00:00:01 - Inicio del archivo de audio - Se escuchan pasos suaves y el sonido de teclas al ser presionadas. Investigador ¨€¨€¨€¨€: (Tomando la radio) ¡°Base, aqu¨ª ¨€¨€¨€¨€ ¨€¨€¨€¨€¨€. Acabo de volver, estoy en la sala de vigilancia. Todas las c¨¢maras est¨¢n operativas, pero hay algo¡­ raro. Algunas est¨¢n fallando, las del ala oeste parpadean como si hubiera interferencia. Posiblemente, un problema t¨¦cnico, pero me preocupa que las sombras sigan ¡°activas¡± en esa zona. Solicit¨® confirmaci¨®n si alg¨²n equipo ha experimentado algo inusual.¡± 00:00:15 - Silencio de varios segundos. La respuesta de base llega con est¨¢tica leve. Base: ¡°Recibido, ¨€¨€¨€¨€. Afirmativo, hemos reportado las fallas en las c¨¢maras del ala oeste al resto de los equipos. Mant¨¦n la vigilancia y sigue reportando cualquier anomal¨ªa. Hasta ahora, no se ha registrado ninguna irregularidad peligrosa por parte de los otros equipos. Permanece alerta y av¨ªsanos si hay alg¨²n cambio.¡± Investigador ¨€¨€¨€¨€: (Respiraci¨®n entrecortada) ¡°Entendido, pero algo no est¨¢ bien aqu¨ª. Lo siento en el aire. He estado revisando estas c¨¢maras toda la tarde y¡­ hay algo extra?o. Como si hubiera una presencia en el ambiente, no puedo explicarlo bien. Creo haber visto una sombra que se comporta de forma anormal, pero nada concreto. Es solo una corazonada, pero me est¨¢ inquietando. Av¨ªsenme si alg¨²n equipo reporta problemas. Por ahora, no he visto nada raro en las c¨¢maras; las sombras parecen inactivas y se est¨¢n volviendo menos frecuentes, pero no puedo sacarme esta mala sensaci¨®n.¡± Base: ¡°Entendido, ¨€¨€¨€¨€. Apreciamos tu vigilancia. Es normal que en situaciones de estr¨¦s prolongado se perciban sensaciones inusuales. Continuamos monitoreando a todos los equipos y no hemos detectado anomal¨ªas adicionales en otras ¨¢reas. Mant¨¦n la calma y sigue con el protocolo. Estamos en contacto y te informaremos si hay novedades. Tu seguridad es nuestra prioridad.¡± 00:00:40 - Teclas de computadora presionadas de manera insistente. El investigador revisa las im¨¢genes de las c¨¢maras una por una. Investigador ¨€¨€¨€¨€: (Con voz algo temblorosa) ¡°Maldici¨®n. ?Ah¨ª est¨¢! ?Base, hay algo en el pasillo principal, entre las aulas A32 y A34! Estoy viendo algo en la c¨¢mara 7. Una figura¡­ Es una sombra. ?Es demasiado alta, demasiado delgada! ?Es... ?Est¨¢ avanzando hacia las c¨¢maras!¡± Base: (Leve est¨¢tica antes de la respuesta) ¡°¨€¨€¨€¨€, por favor, repite. ?Est¨¢s viendo una sombra ¡°activa¡± en el pasillo? ?Puedes confirmar si parece ser una amenaza? ?Qu¨¦ detalles puedes proporcionarnos sobre su apariencia? Necesitamos m¨¢s detalles.¡± Investigador ¨€¨€¨€¨€: ¡°No¡­ No lo s¨¦. Ninguna otra sombra se mueve as¨ª. ?Es como si supiera que estoy aqu¨ª! Est¨¢ mirando directamente a la c¨¢mara, maldita sea. No se mueve, solo fija su mirada en la c¨¢mara. ?Est¨¢ activa! ?Base, por favor, retiren a los equipos del pasillo principal!¡± 00:01:10 - El tono de su voz es de evidente p¨¢nico. Los sonidos del teclado se vuelven m¨¢s intensos, como si intentara cambiar r¨¢pidamente de c¨¢mara. Investigador ¨€¨€¨€¨€: (Tartamudeando) ¡°?Dios m¨ªo! ?No puede ser real! Base, tienen que verlo¡­ No lo entender¨¢n hasta que lo vean. Es como si supiera que lo estoy mirando. Cada vez que cambio de c¨¢mara, aparece en la nueva c¨¢mara y m¨¢s cerca, como si¡­ como si estuviera jugando conmigo.¡± Base: ¡°¨€¨€¨€¨€, c¨¢lmate. Entendemos que la situaci¨®n es estresante, pero queremos asegurarte que las sombras que est¨¢s viendo son naturalmente inofensivas. Lo que describes parece estar relacionado con la curiosidad de la sombra hacia tu persona, eso no es una amenaza inmediata. Sigue monitoreando y no te distraigas de los procedimientos. Estamos hablando con los dem¨¢s equipos y te informaremos de cualquier hallazgo relevante. Mantente alerta y contin¨²a con el protocolo. Estamos en contacto.¡± 00:01:25 - Se escuchan golpes suaves en el fondo, posiblemente el investigador movi¨¦ndose inquieto en su asiento. Investigador ¨€¨€¨€¨€: (Respiraci¨®n acelerada) ¡°?Est¨¢ en el pasillo 9 ahora! Lo tengo frente a m¨ª¡­ ?Maldita sea, base, necesito refuerzos! ?Esta cosa no siente curiosidad alguna! ?Me quiere muerto!¡± 00:01:35 - Silencio breve antes de que el investigador contin¨²e hablando. Base: ¡°¨€¨€¨€¨€ , no te preocupes, estamos enviando a un equipo para verificar tu situaci¨®n. Mant¨¦n la calma y contin¨²a monitoreando las c¨¢maras. ?Puedes proporcionar m¨¢s detalles sobre el comportamiento de la sombra? ?Por qu¨¦ crees que te quiere muerto, ¨€¨€¨€¨€?¡± Investigador ¨€¨€¨€¨€: (Sollozando apenas) ¡°Base¡­ Me est¨¢ mirando directamente. Tiene ojos¡­ ojos brillantes, como focos blancos. No s¨¦ c¨®mo explicarlo, pero¡­ est¨¢ en todas partes. ?Se est¨¢ acercando a m¨ª y ni siquiera se mueve! ?Simplemente aparece!¡± 00:01:50 - Se escucha un sonido fuerte, posiblemente el investigador levant¨¢ndose r¨¢pidamente de su silla. Investigador ¨€¨€¨€¨€: (Con voz entrecortada) ¡°?Por favor, ap¨²rense! ?No quiero quedarme aqu¨ª solo con esa cosa! ?Parece que me est¨¢ cazando!¡± 00:02:00 - Se escucha el ruido de la puerta de la sala de vigilancia abri¨¦ndose lentamente, como si el investigador hubiera decidido moverse, pero permanece indeciso. Base: ¡°¨€¨€¨€¨€, ?todav¨ªa tienes a la sombra enfocada en las c¨¢maras? Apaga las c¨¢maras. El equipo de apoyo llegar¨¢ en menos de cinco minutos. Mant¨¦n la calma y no te precipites. Busca refugio, permanece escondido y pase lo que pase a tu alrededor, no llames la atenci¨®n, al igual que hicieron los ni?os que sobrevivieron¡± Investigador ¨€¨€¨€¨€: (Con voz agitada) ¡°No hay tiempo, ?no hay tiempo! ?Est¨¢ justo enfrente de m¨ª! Puedo verla¡­ No puedo respirar¡­ El aire es inc¨®modo. Se siente como si el lugar estuviera cerr¨¢ndose sobre m¨ª. Voy a intentar escapar, base.¡± Base: ¡°¨€¨€¨€¨€, calma. Mant¨¦n la¡­ calma. Las sombras¡­ no son¡­ peligrosas¡­ ¨²nicamente es curiosidad. Deja de mirar a las c¨¢maras y¡­ esc¨®ndete. Busca un lugar seguro¡­ estamos¡­ *est¨¢tica*¡­ calma, por favor. No te¡­ *est¨¢tica*¡­¡± 00:02:20 - El sonido de una respiraci¨®n forzada llena el aire mientras el investigador parece intentar abrir la puerta. Investigador ¨€¨€¨€¨€: (Gritando) ¡°?Est¨¢ afuera! ?En esa c¨¢mara! ?Puedo verlo en vivo, maldita sea! ?Me est¨¢ esperando fuera de la sala de vigilancia! ?Est¨¢ al otro lado de la puerta! ?No s¨¦ c¨®mo, pero est¨¢ aqu¨ª!¡± 00:02:35 - Se oye un golpe fuerte, como si algo o alguien hubiera empujado la puerta con violencia. La respiraci¨®n del investigador es err¨¢tica, con jadeos profundos. Investigador ¨€¨€¨€¨€: (Desesperado) ¡°No puedo¡­ no puedo esconderme. La puerta est¨¢ bloqueada. ?Pero tampoco puedo esconderme!¡± 00:02:45 - La voz del investigador se interrumpe mientras los sonidos de pasos pesados se escuchan acerc¨¢ndose en la distancia. Investigador ¨€¨€¨€¨€: (Entre sollozos) ¡°Por favor¡­ no¡­ no me mates¡­¡± 00:02:55 - Un grito desesperado corta el aire, seguido de un fuerte crujido. Luego, el sonido de algo cayendo al suelo. 00:03:05 - Est¨¢tica irrumpe en el audio, intensific¨¢ndose gradualmente hasta que cubre cualquier otro sonido. Base: ¡°¨€¨€¨€¨€, ?est¨¢s ah¨ª? ?Responde, por favor! ¨€¨€¨€¨€, si puedes o¨ªrme, responde¡­ *est¨¢tica*¡­ ?Necesitamos saber¡­! *est¨¢tica*¡­ est¨¢ fuera de control¡­ *est¨¢tica*¡­ ?Responde ahora!¡± 00:03:15 - M¨¢s est¨¢tica, la se?al se corta abruptamente.
Informe de investigaciè´¸n (8)
Informe Judicial del Incidente en la Escuela Secundaria St. Patrick
Sujeto Thomas Smith
Condena Pena de muerte (Sujeto de experimentaci¨®n paranormal)
Causa Principal Asesinato m¨²ltiple (6 estudiantes)
Durante la investigaci¨®n, se confirm¨® que el profesor Thomas Smith cometi¨® abuso de ¡°violencia desmedida¡± contra seis estudiantes que, seg¨²n su defensa, se encontraban bajo un estado de ¡°posesi¨®n¡±. Los informes m¨¦dicos y testimonios de otros sobrevivientes indican que los estudiantes, aunque claramente afectados por s¨ªndromes de ¡°posesi¨®n¡±, no representaban una amenaza significativa para la integridad f¨ªsica de un adulto. Sin embargo, en lugar de intentar tranquilizar a los ni?os o buscar refugio, el profesor Thomas Smith opt¨® por asesinarlos en un intento desesperado de salvarse a s¨ª mismo. El incidente ocurri¨® en un pasillo cercano al aula de arte, donde Smith se encontr¨® con un grupo de estudiantes, todos ellos entre 12 y 13 a?os, corriendo de manera err¨¢tica. Los sobrevivientes que pudieron observar la escena desde la distancia afirman que los estudiantes, aunque actuaban de forma extra?a y con cierta agresividad, no estaban armados. A pesar de ello, Smith extrajo un arma de fuego de su malet¨ªn y fusil¨® a los estudiantes uno por uno. En total, 6 ni?os murieron por el mal desempe?o del profesor de forma directa. Las autopsias mostraron que los disparos fueron dirigidos principalmente al cuello y al pecho, lo que indica una clara intenci¨®n de matar. Smith defendi¨® sus acciones argumentando que los ni?os estaban ¡°pose¨ªdos¡± y que tem¨ªa por su vida. Declar¨® que los estudiantes le hab¨ªan ¡°susurrado cosas inhumanas¡± y que hab¨ªa visto ¡°sombras¡± movi¨¦ndose a su alrededor, lo que increment¨® su paranoia y p¨¢nico. Dado que gran parte de las declaraciones del profesor se contradicen con la evidencia recolectada, la defensa intent¨® argumentar que Smith estaba bajo un severo estado de estr¨¦s psicol¨®gico debido a los eventos paranormales que hab¨ªan afectado la escuela, pero los informes de la fiscal¨ªa demostraron que el profesor Smith hab¨ªa tenido m¨²ltiples quejas previas por conductas inadecuadas y episodios de violencia verbal hacia estudiantes a lo largo de su carrera. Cabe destacar que Thomas Smith era un profesor de secundaria, por tanto, estaba obligado a ser instruido en emergencias paranormales comunes entre adolescentes y en consecuencia hab¨ªa asistido a un curso especial para el manejo de incidentes paranormales dentro del entorno escolar. Durante el curso, Smith fue instruido en c¨®mo identificar los signos de una ¡°posesi¨®n¡±, y se le ense?aron m¨¦todos verbales y psicol¨®gicos para calmar a los estudiantes afectados. El protocolo nunca permiti¨® ni alent¨® el uso de violencia, y mucho menos la utilizaci¨®n de armas de fuego. Sin embargo, en la grabaci¨®n de la c¨¢mara de seguridad del pasillo en cuesti¨®n y en el posterior an¨¢lisis del caso, qued¨® demostrado que Smith decidi¨® ignorar por completo estas directrices. A las acusaciones contra Thomas Smith se le sumaron otros 25 ni?os que murieron por el mal desempe?o del profesor de forma indirecta. Dado que el profesor abandon¨® a su suerte a sus estudiantes en el momento del evento y durante su escape, bloque¨® la salida del sal¨®n. Si bien solo hay un testigo para confirmar tal evento y no se encontraron pruebas f¨ªsicas que demostraran tal hecho, la sumatoria de evidencia es m¨¢s que suficiente para condenar al acusado. Los informes tambi¨¦n revelaron que Smith hab¨ªa realizado b¨²squedas en internet sobre ¡°rituales de protecci¨®n¡± y ¡°armas de fuego¡± en las semanas previas al incidente, lo que gener¨® la sospecha de que el profesor ya estaba decidido a actuar violentamente antes de que ocurriera la tragedia. Aunque se reconoci¨® que el profesor Smith estaba expuesto a una situaci¨®n de extremo estr¨¦s, el jurado concluy¨® que su reacci¨®n fue desproporcionada y que sus acciones constituyeron un asesinato premeditado. Fue condenado a la pena de muerte y actualmente trabaja como sujeto de experimentaci¨®n en el laboratorio 32.
Testimonio N.o 151 - Robert ¨€¨€¨€¨€¨€¨€, ¨€ a?os
¡°Lo que pas¨® ese d¨ªa, todav¨ªa no lo puedo entender del todo. Pero si tengo que ser honesto, todo empez¨® mucho antes. No s¨¦ si alguien m¨¢s lo not¨®, pero el profesor Smith ya llevaba tiempo comport¨¢ndose raro. No era el mismo de antes. Al principio solo parec¨ªa distra¨ªdo, como si no le importara lo que pasaba en la clase. Se quedaba callado por minutos enteros, mirando al vac¨ªo. Tampoco nos saludaba al iniciar la clase y al salir no nos desped¨ªa. Los primeros meses pensamos que era solo cansancio o que tal vez estaba teniendo problemas en su casa. Pero las cosas empezaron a ponerse peor. El ¨²ltimo mes antes de lo que pas¨® fue insoportable. Cada vez que entraba al sal¨®n, lo hac¨ªa de mal humor. No era como antes, cuando al menos intentaba ense?arnos algo o hablaba de historia como si le apasionara. Ese ¨²ltimo mes fue diferente. Nos gritaba por cualquier cosa. No importa si alguien hablaba o solo ped¨ªa permiso para ir al ba?o, ¨¦l se enojaba. Nos llamaba idiotas, in¨²tiles, y a veces hasta lanzaba los libros al suelo o golpeaba las mesas con los pu?os. Un d¨ªa, Sally levant¨® la mano para hacer una pregunta, y ¨¦l la ignor¨® completamente, como si no existiera. Pero lo peor fue cuando empez¨® a insultarnos. Recuerdo que le dijo a Jacob que era un ¡®malcriado de mierda que nunca llegar¨ªa a nada¡¯. Y eso no fue lo m¨¢s feo que nos dijo en esas semanas. No s¨¦ qu¨¦ le pasaba. Algunos dec¨ªan que lo hab¨ªa enga?ado su esposa, pero otros empezaron a murmurar que estaba loco. Esa sensaci¨®n de que algo no iba bien estaba siempre en el aire. Era como si todos lo supi¨¦ramos, pero no habl¨¢bamos de ello. Al final, solo quer¨ªamos que terminara la clase para irnos a casa. Nadie quer¨ªa estar con ¨¦l, ni siquiera para una simple lecci¨®n. El d¨ªa del accidente fue un d¨ªa normal como cualquier otro, o al menos lo parec¨ªa. Cuando todo ocurri¨®, el profesor Smith estaba d¨¢ndonos la clase de historia, hablaba sobre el retorno a la democracia o algo as¨ª, pero todos est¨¢bamos distra¨ªdos como para escucharle. No s¨¦, hab¨ªa algo en el ambiente que se sent¨ªa raro desde que entramos al aula y para colmo era la ¨²ltima clase antes del almuerzo. El profesor tambi¨¦n estaba raro, como nervioso. Caminaba de un lado a otro, sudaba mucho, como si supiera que algo malo iba a pasar. Nunca lo hab¨ªa visto as¨ª. Recuerdo que en un momento, mientras hablaba, se qued¨® callado y empez¨® a mirar por la ventana, como si estuviera buscando algo, o esperando que algo apareciera. Se notaba asustado. Despu¨¦s de un rato, algunos de los chicos empezaron a comportarse raro. Al principio pens¨¦ que estaban bromeando, ya sabes, haciendo esos ruidos raros que a veces hacemos cuando estamos aburridos. Pero despu¨¦s me di cuenta de que no era una broma. Jacob empez¨® a temblar, como si tuviera fiebre. Sus ojos eran raros. No s¨¦ c¨®mo describirlo, pero no se ve¨ªan normales. Luego Sally empez¨® a murmurar cosas que no entend¨ªamos. El ambiente en el aula cambi¨® de repente. Todos empezaron a sentirlo. El profesor Smith estaba m¨¢s nervioso que nunca. Recuerdo que sac¨® su regla, la grande de madera, y empez¨® a golpearla contra la pizarra, fuerte, como si quisiera imponerse, pero todos sab¨ªamos que estaba asustado. ¨¦l no dec¨ªa nada, solo golpeaba la regla una y otra vez, mientras nos miraba. Fue entonces cuando Jacob se levant¨® de su asiento. Se acerc¨® al profesor, temblando y con la mirada perdida. Parec¨ªa que estaba tratando de pedir ayuda, pero no pod¨ªa hablar bien. El profesor le grit¨® que se sentara, que se quedara en su lugar. Pero Jacob no lo escuch¨®, segu¨ªa acerc¨¢ndose, tambale¨¢ndose. El profesor lo empuj¨® con la regla, en el est¨®mago. Jacob cay¨® al suelo. Nadie hizo nada. Nadie dijo nada. Todos est¨¢bamos asustados. Algunos ni?os m¨¢s comenzaron a levantarse, como si fueran atra¨ªdos por algo. Sally tambi¨¦n se levant¨® y camin¨® hacia la puerta. El profesor gritaba que se quedaran quietos, que no se movieran. Nos gritaba, pero todos sab¨ªamos que ¨¦l estaba m¨¢s asustado que nosotros. No s¨¦ por qu¨¦ lo hizo, pero Smith empez¨® a golpear a los ni?os con la regla cada vez que se acercaban a ¨¦l. No los golpeaba suave. Recuerdo que a Sally la golpe¨® en la cabeza, y ella cay¨® al suelo llorando, sangrando. Sus dientes rodaron por el sal¨®n y algo de sangre manch¨® mi ropa. If you spot this tale on Amazon, know that it has been stolen. Report the violation. Pero lo peor pas¨® cuando uno de los chicos, Peter, el m¨¢s grande de la clase, se levant¨® tambi¨¦n. ¨¦l¡­ no s¨¦, parec¨ªa como si algo lo estuviera controlando. No era el mismo Peter que conoc¨ªamos. Camin¨® hacia el profesor, y el profesor gritaba, amenaz¨¢ndolo con la regla, pero Peter no se deten¨ªa. No estaba en control de s¨ª mismo, estoy seguro. El profesor lo golpe¨® una vez, dos veces, pero Peter no se deten¨ªa. Entonces el profesor Smith¡­ lo golpe¨® m¨¢s fuerte. Lo golpe¨® en la cabeza, lo tir¨® al suelo, y sigui¨® golpe¨¢ndolo, una y otra vez. Todos est¨¢bamos horrorizados, no sab¨ªamos qu¨¦ hacer. No s¨¦ cu¨¢ntas veces lo golpe¨®, pero¡­ Peter se me¨® encima y empez¨® a convulsionar. El profesor respiraba agitado. Su camisa estaba manchada de sangre, su cara estaba roja, y en sus ojos solo hab¨ªa p¨¢nico. Fue entonces cuando, sin decir una palabra, camin¨® hacia la puerta. Pens¨¦ que iba a pedir ayuda, que iba a salir a buscar a alguien que tratara a Peter, pero¡­ ¨¦l sali¨®, y antes de que pudiera darme cuenta, cerr¨® la puerta con llave. Nos dej¨® encerrados en el aula. Nos dej¨® ah¨ª, con los chicos que estaban actuando raro, con Sally tirada en el suelo llorando, con Peter convulsionando. Algunos de los chicos comenzaron a gritar, otros golpeaban la puerta pidi¨¦ndole que nos dejara salir, pero ¨¦l no respond¨ªa. Simplemente se fue. Se fue y nos dej¨® ah¨ª. Todo sucedi¨® muy r¨¢pido. No pod¨ªa creer lo que el profesor acababa de hacer. Nadie pod¨ªa. De repente, las luces empezaron a parpadear de forma violenta. Era raro, como si hubiera una tormenta, pero afuera estaba despejado. Todos nos quedamos quietos. El ambiente en el sal¨®n era inc¨®modo, como si nos faltara el aire. La luz sigui¨® parpadeando hasta que, sin m¨¢s, se apag¨® por completo. Afuera estaba nublado, as¨ª que nos quedamos a oscuras. Solo pod¨ªamos escuchar nuestras respiraciones, entrecortadas, y algunos sollozos. No hab¨ªa forma de salir. Las ventanas estaban enrejadas, y la puerta, con llave. El miedo se apoder¨® de nosotros. Al principio pens¨¦ que la oscuridad era lo peor que pod¨ªa pasarnos. Pero estaba equivocado. De alg¨²n lugar, no s¨¦ de d¨®nde, empez¨® a o¨ªrse un ruido. Era como un gru?ido, bajo, profundo, como si viniera de las sombras mismas. Al principio lo ignoramos, pensando que era solo el miedo jug¨¢ndonos una mala pasada, pero entonces lo escuchamos m¨¢s cerca. El ruido no se deten¨ªa. Era como si algo grande estuviera respirando entre nosotros. Sally fue la primera en darse cuenta. Ella grit¨®, pero no pudimos verla. Nadie pod¨ªa ver nada en la oscuridad. El ruido se mov¨ªa, rode¨¢ndonos. No s¨¦ c¨®mo describirlo. Era como si una criatura estuviera dentro del aula con nosotros, acechando. Todos est¨¢bamos demasiado asustados para movernos. No sab¨ªamos qu¨¦ hacer. Entonces escuch¨¦ algo, algo que nunca olvidar¨¦. Era el sonido de carne siendo desgarrada, de huesos quebr¨¢ndose. Alguien estaba siendo devorado. No pod¨ªa ver qui¨¦n, pero pod¨ªa escuchar sus gritos y luego el silencio. No s¨¦ cu¨¢nto tiempo pas¨®, pero luego escuch¨¦ lo mismo de nuevo. Uno tras otro. Mis compa?eros estaban siendo devorados por algo en la oscuridad. Yo no s¨¦ c¨®mo sobreviv¨ª. Solo s¨¦ que me qued¨¦ quieto, sin hacer un solo ruido. No respiraba, no me mov¨ªa. Escuchaba los sonidos a mi alrededor, los gritos de mis amigos, pero no pod¨ªa hacer nada. En un momento, sent¨ª el calor del aliento de esa cosa cerca de mi nuca, tan cerca que pens¨¦ que ser¨ªa el siguiente. Pero no me toc¨®. No s¨¦ por qu¨¦. Quiz¨¢s me confundi¨® con algo m¨¢s, o quiz¨¢s simplemente se fue. Cuando las luces volvieron, estaba solo. Todos los dem¨¢s estaban muertos. Sus cuerpos estaban destrozados. Hab¨ªa sangre por todas partes. No pude soportarlo. Sal¨ª corriendo del aula. La puerta ya no estaba cerrada, no s¨¦ c¨®mo, pero estaba abierta. Corr¨ª lo m¨¢s r¨¢pido que pude. No mir¨¦ atr¨¢s. No s¨¦ qu¨¦ era esa cosa, pero s¨¦ que no era humana. No hab¨ªa forma de que fuera humana. Algo se hab¨ªa llevado a mis compa?eros, algo que no pertenec¨ªa a este mundo. Y el profesor, ¨¦l sab¨ªa algo. Nos abandon¨®. Sab¨ªa lo que estaba pasando y nos dej¨® all¨ª para morir en su lugar. Nunca podr¨¦ olvidar lo que vi ese d¨ªa. Cada vez que cierro los ojos, puedo ver los cuerpos de mis compa?eros, y ese sonido, ese sonido horrible de una bestia devor¨¢ndolos en la oscuridad. No s¨¦ si alguna vez podr¨¦ superarlo.¡±
Fragmentos de audio recuperados de los celulares de los estudiantes
Audio N.o 041 - Grabaci¨®n a escondidas desde el celular de ¨€¨€¨€¨€¨€¨€ ¨€¨€¨€¨€¨€¨€
(La grabaci¨®n comienza con un leve murmullo, el sonido de la clase puede escucharse de fondo. No hay ninguna se?al de que alguien sepa que est¨¢ siendo grabado. Las voces son bajas, como si los estudiantes intentaran hablar sin ser escuchados. Entre susurros, una voz femenina, la de ¨€¨€¨€¨€¨€¨€ ¨€¨€¨€¨€¨€¨€, se escucha nerviosa.) ¡°?Qu¨¦ le pasa al profesor? ?Por qu¨¦ est¨¢ tan raro?¡± (Se oye un ruido sordo, como si alguien golpeara una mesa. La voz del profesor se escucha, aunque no se distinguen claramente las palabras. El tono es severo, casi amenazante. Hay un silencio inc¨®modo que sigue al sonido. De repente, se escucha otro golpe, m¨¢s fuerte esta vez. La voz de ¨€¨€¨€¨€¨€¨€ ¨€¨€¨€¨€¨€¨€ tiembla.) ¡°?Por qu¨¦ nos est¨¢ gritando? ?Qu¨¦ hicimos?¡± (El audio muestra un ambiente tenso. Unos segundos de silencio pasan hasta que una voz masculina, con un tono preocupado, habla en susurros.) ¡°Jacob¡­ Jacob se est¨¢ portando raro¡­¡± (De fondo, se escucha una respiraci¨®n r¨¢pida, agitada. Se escuchan pasos acerc¨¢ndose, luego se oye el golpeteo de una regla sobre una mesa.) ¡°Esto no me gusta. ?Por qu¨¦ Sally est¨¢... Dios, algo va mal, muy mal. ?Por qu¨¦ est¨¢n actuando as¨ª?¡­¡± (Un golpe seco se oye de nuevo, seguido de un grito corto. La respiraci¨®n de ¨€¨€¨€¨€¨€¨€ ¨€¨€¨€¨€¨€¨€ se vuelve m¨¢s agitada. Se oye una conmoci¨®n, alguien grita m¨¢s fuerte, pero las palabras son inaudibles debido al caos que comienza a desatarse en la clase.) ¡°?Dios m¨ªo, lo golpe¨®! ?El profesor golpe¨® a Jacob! No¡­ esto no puede estar pasando¡­ ?Qu¨¦ demonios est¨¢ haciendo? ?Nos est¨¢ encerrando! ?Por qu¨¦ no nos deja salir?¡­¡± (El sonido de llaves tintineando es breve, luego un sonido met¨¢lico sigue, como si una puerta fuera cerrada violentamente y asegurada. Se oyen sollozos apagados. La respiraci¨®n de ¨€¨€¨€¨€¨€¨€ ¨€¨€¨€¨€¨€¨€ es cada vez m¨¢s entrecortada. Termina con un ruido leve, probablemente el celular siendo ocultado, seguido de un silencio que envuelve el audio.)
Audio N.o 042 - Grabaci¨®n a escondidas desde el celular de ¨€¨€¨€¨€¨€¨€ ¨€¨€¨€¨€¨€¨€
(El audio inicia con el llanto suave de un estudiante. Las respiraciones son agitadas y alguien solloza al fondo. Las palabras son apenas susurros, llenas de miedo y desesperaci¨®n.) ¡°Peter¡­ no act¨²es as¨ª, por favor¡­¡± (Se escuchan pasos r¨¢pidos y ca¨®ticos en el fondo, seguidos por un sonido violento, como un objeto s¨®lido golpeando contra algo blando. Hay un grito que se interrumpe bruscamente.) ¡°No te acerques a ¨¦l. ?No te acerques! ?El profesor est¨¢ loco! ?No lo hagas!¡± (El sonido de la regla impactando contra algo resuena, esta vez m¨¢s claro. Hay un golpe seco, seguido de un estruendo, como si alguien cayera al suelo. El sonido del impacto es fuerte y perturbador. Se oyen gritos apagados, posiblemente desde la parte trasera del aula, luego sollozos y m¨¢s ruido de movimiento, pero ahora en p¨¢nico.) ¡°Oh no¡­ ?Lo mat¨®! ?El profesor mat¨® a Peter! No¡­ no puede ser¡­ Esto no puede estar pasando¡­¡± (La voz se quiebra, ahogada en el llanto. El audio sigue por varios segundos con sonidos lejanos de gritos y m¨¢s golpes, luego una breve pausa, interrumpida solo por el sonido de una respiraci¨®n agitada y el susurro bajo de ¨€¨€¨€¨€¨€¨€ ¨€¨€¨€¨€¨€¨€.) ¡°Nos dej¨®¡­ ?Nos dej¨® aqu¨ª con ellos!¡± (Hay un silencio casi insoportable durante varios segundos, solo roto por los sollozos y una especie de susurro distante, casi como si alguien o algo estuviera gimiendo desde las sombras. ¨€¨€¨€¨€¨€¨€ ¨€¨€¨€¨€¨€¨€ sigue hablando, casi como si estuviera hablando para s¨ª mismo.) ¡°Dios, Peter¡­ Peter est¨¢ muerto. No puedo creerlo¡­ No puedo¡­¡± (El sonido de las l¨¢grimas se vuelve cada vez m¨¢s desesperado, mezclado con ruidos vagos de movimiento que sugieren que algo o alguien se est¨¢ acercando. El susurro final de ¨€¨€¨€¨€¨€¨€ ¨€¨€¨€¨€¨€¨€se interrumpe abruptamente, seguido de un fuerte golpe, posiblemente el tel¨¦fono cayendo al suelo. El audio se corta en ese punto.)
Informe de investigaciè´¸n (9)
Informe Final del Incidente en la Escuela Secundaria St.Patrick (Versi¨®n p¨²blica para la prensa)
El fat¨ªdico incidente de la Escuela Secundaria St. Patrick sigue siendo un tema de debate y estudio para los especialistas en fen¨®menos paranormales. Aunque las explicaciones oficiales apuntan a un conjunto de eventos traum¨¢ticos y coincidencias desafortunadas, la realidad tras los sucesos es mucho m¨¢s oscura y compleja. Tras meses de investigaci¨®n, se ha llegado a la conclusi¨®n de que las principales fuerzas responsables de la tragedia fueron las llamadas ¡°sombras¡± , una serie de criaturas del ¡°otro mundo¡± que entraron al colegio durante meses, atra¨ªdas por el estr¨¦s del cuerpo docente. Este informe busca detallar los eventos, las entidades involucradas y el impacto que dejaron en la comunidad. Durante meses previos al incidente, varios miembros del personal docente y estudiantes reportaron la presencia de ¡°sombras¡± que parec¨ªan acechar en los pasillos de la escuela. Inicialmente, estas entidades fueron consideradas inofensivas, descritas por los expertos como un fen¨®meno paranormal de ¡°bajo grado¡± y alta frecuencia. Este tipo de actividad paranormal no se consideraba peligrosa, sino m¨¢s bien una manifestaci¨®n del estr¨¦s emocional y psicol¨®gico que afectaba al cuerpo docente. Los testigos describieron a las sombras como figuras humanoides de aspecto fantasmag¨®rico, que rara vez interactuaban con el entorno. Se las ve¨ªa desliz¨¢ndose por las paredes, o se percib¨ªan como sombras errantes en el rabillo del ojo. El comportamiento pasivo de estas entidades llev¨® a los especialistas a ignorar los primeros reportes. La polic¨ªa, tras ser informada, desestim¨® la gravedad de los eventos, citando que las actividades paranormales menores en escuelas son comunes y no representaban una amenaza real. No obstante, este estado de aparente calma termin¨® abruptamente cuando el director de la escuela se quit¨® la vida en su oficina. Se cree que este evento fue el detonante para el cambio de actitud en las sombras, que hasta ese momento se hab¨ªan limitado a observar pasivamente. La investigaci¨®n sugiere que estas entidades se sintieron amenazadas por el caos emocional que trajo consigo el suicidio del director, lo que alter¨® su comportamiento y las llev¨® a buscar un medio de escape al ¡°otro mundo¡±. En circunstancias normales, su ¡°escape¡± no es peligroso, ya que generalmente se ejecuta a trav¨¦s de la ¡°posesi¨®n¡± de peque?os animales o insectos de manera discreta y espor¨¢dica. Sin embargo, el suicidio del director desencaden¨® una reacci¨®n en cadena que provoc¨® una ola de p¨¢nico entre las sombras, provocando una urgencia colectiva de escapar. Ninguna de ellas quer¨ªa quedar atrapada y ser acusada de ¡°asesinar¡± al director, lo que las llev¨® a usar cualquier cuerpo disponible para utilizar como veh¨ªculo para ingresar al ¡°otro mundo¡±. El caos que sigui¨® fue devastador. Las sombras comenzaron a poseer en masa a los estudiantes y algunos miembros del personal. Los testimonios de los sobrevivientes indican que los estudiantes afectados no parec¨ªan ser ellos mismos. Sus movimientos eran err¨¢ticos y sus palabras incoherentes, como si estuvieran bajo el control de una fuerza externa. En lugar de mostrar signos de miedo o dolor, los pose¨ªdos parec¨ªan movidos ¨²nicamente por un instinto primitivo de generar una ¡°perturbaci¨®n¡± lo suficientemente grande para qu¨¦ se crear¨¢n m¨²ltiples entradas al ¡°otro mundo¡±, lo que result¨® en una ola de p¨¢nico y violencia. Muchos estudiantes se enfrentaron entre s¨ª en una confusi¨®n total, mientras que otros intentaban escapar por las ventanas y puertas bloqueadas. En este punto, las sombras hab¨ªan perdido cualquier vestigio de su comportamiento pasivo inicial. Taken from Royal Road, this narrative should be reported if found on Amazon. La posesi¨®n en s¨ª caus¨® muy pocas muertes directas entre los estudiantes, dado que en general las sombras no son agresivas; sin embargo, la confusi¨®n y el p¨¢nico s¨ª lo hicieron. Varios alumnos resultaron heridos durante los intentos de escapar, y algunos fallecieron al intentar saltar desde ventanas o en enfrentamientos f¨ªsicos entre los pose¨ªdos. La intervenci¨®n de los profesores tambi¨¦n fue negativa, ya que muchos estaban bajo los efectos de la posesi¨®n o alterados por el miedo. No obstante, hasta este punto, la cantidad de fatalidades estrictamente por posesi¨®n de las sombras era m¨ªnima y solo se registraron 5 suicidios. Pese a ello, la siguiente reacci¨®n en cadena fue la detonante de la tragedia. Resulta que mientras las sombras intentaban escapar de la escuela, abrieron lo que los expertos denominan ¡°puertas p¨²blicas¡±, lo que permiti¨® que otras criaturas, mucho m¨¢s peligrosas, ingresaran al establecimiento. Estas criaturas, a diferencia de las sombras, eran extremadamente violentas y no buscaban huir; sino que hab¨ªan entrado deliberadamente a alimentarse de los estudiantes o a ejecutar rituales usando sus almas. Uno de los incidentes m¨¢s horripilantes tuvo lugar en el laboratorio de ciencias. Seg¨²n los informes, una entidad desconocida se manifest¨® en el lugar, atacando a todos los estudiantes. Esta criatura, que ha sido clasificada como de alto nivel de peligrosidad, no solo mat¨® a sus v¨ªctimas, sino que ejecut¨® m¨²ltiples rituales en el proceso. Las fotograf¨ªas tomadas por los equipos especializados fueron consideradas tan perturbadoras que se mantuvieron bajo estricta censura y solo se mostraron a los investigadores de la polic¨ªa y a los familiares de las v¨ªctimas. El segundo caso donde la cantidad de supervivientes se redujo dr¨¢sticamente fue el famoso caso del profesor Thomas Smith. No obstante, los especialistas atribuyeron las muertes al hecho de que los alumnos no pudieran escapar del aula debido al mal actuar del profesor y no a una alta peligrosidad del evento paranormal en cuesti¨®n. Por lo dem¨¢s, las sombras y la criatura del laboratorio de ciencias no fueron las ¨²nicas que aparecieron durante el incidente. Varios testigos mencionaron la presencia de entidades en su gran mayor¨ªa desconocidas. Estas entidades, aunque menos letales que la del laboratorio de ciencias, atacaron a varios estudiantes, causando heridas graves y algunas fatalidades. A medida que las sombras lograron escapar de la escuela, la situaci¨®n comenz¨® a estabilizarse. Con la mayor¨ªa de las sombras fuera del edificio, los sobrevivientes reportaron que las posesiones disminuyeron r¨¢pidamente. Algunas sombras particularmente valientes se quedaron hasta el final y fueron las que cerraron las ¡°puertas p¨²blicas¡±, probablemente para no causar una mayor tragedia o para que los investigadores no pudieran seguir a las otras sombras. Cabe destacar que un especialista ha muerto durante la interacci¨®n con una de estas sombras y otro ha desaparecido. Lo cual remarca que una sombra ¡°activa¡± puede resultar muy peligrosa, aunque las chances de que estas se ¡°activen¡± son muy bajas y desconocemos las causas. Aunque el caos causado por las sombras y las criaturas del ¡°otro mundo¡± result¨® en varias muertes entre los estudiantes, la gran mayor¨ªa logr¨® escapar con vida. Sin embargo, ninguno de los profesores sobrevivi¨® al evento. Muchos de ellos desaparecieron sin dejar rastro, mientras que otros fueron encontrados muertos en situaciones misteriosas, con signos de haber sido atacados por las mismas criaturas que ingresaron a la escuela. Las autoridades consideraron que la causa de estas muertes era resultado directo del da?o psicol¨®gico que las entidades les causaron. Siendo los adultos m¨¢s vulnerables que los ni?os ante estos efectos secundarios. Despu¨¦s de investigar el incidente y considerando la voluntad de la poblaci¨®n local, las autoridades decidieron demoler la escuela. Se llevaron a cabo varios rituales de purificaci¨®n antes de que las m¨¢quinas derribaran los edificios, y el terreno fue sellado y cercado para evitar cualquier posible manifestaci¨®n futura. A d¨ªa de hoy, no se han reportado m¨¢s incidentes paranormales en el sitio. Los estudiantes sobrevivientes fueron trasladados a otras escuelas de la regi¨®n, y la comunidad sigue intentando recuperarse de los traumas causados por la tragedia. Los padres de las v¨ªctimas contin¨²an exigiendo respuestas y justicia a otras instituciones, aunque por nuestra parte las investigaciones han concluido y recalcamos que no hay m¨¢s peligros en la zona.
Los dos mundos En el vasto y complejo laboratorio 32 de la Fundaci¨®n A.P.D., el vestuario del personal de ¡°alto riesgo¡± era un espacio que parec¨ªa haber sido dise?ado para limpiarse de los peores residuos. La entrada estaba flanqueada por puertas de acero inoxidable que se deslizaban silenciosamente al abrirse, revelando un ambiente que irradiaba una elegancia fr¨ªa y tecnol¨®gica. Estaba compuesto con paredes de losas de un color blanco impecable que parec¨ªan reflejar la luz de los paneles encastrados en el techo. Las taquillas hechas de metal pulido y sin manijas visibles, se abr¨ªan con tu simple presencia mediante el uso de la inteligencia artificial del laboratorio, liberando una suave neblina esterilizante cada vez que se acced¨ªa a ellas. A un lado, hab¨ªa una fila de bancos flotantes, suspendidos a unos cent¨ªmetros del suelo. Los espejos inteligentes cubr¨ªan la pared frontal, proporcionando informaci¨®n sobre las constantes vitales de cada persona que pasaba frente a ellos, al tiempo que ofrec¨ªan sugerencias personalizadas de ajustes en el uniforme, todo acompa?ado de un suave zumbido electr¨®nico. El ambiente estaba impregnado de un olor ligeramente antis¨¦ptico, mezclado con la esencia est¨¦ril de los materiales pl¨¢sticos y met¨¢licos. Pantallas hologr¨¢ficas flotaban en las esquinas, mostrando recordatorios de protocolos de bioseguridad y actualizaciones de las investigaciones en curso, todo mientras la suave melod¨ªa de tonos electr¨®nicos llenaba el aire. Al cruzar el umbral que separaba el ¨¢rea para desvestirse del ¨¢rea de duchas, uno era recibido por una serie de paredes de vidrio de alta tecnolog¨ªa que se extend¨ªan del suelo al techo, cada una con una ligera opacidad personalizable que permit¨ªa una privacidad ¨®ptima sin sacrificar la luminosidad general del espacio. Las duchas en s¨ª mismas eran paneles integrados en la pared, con controles t¨¢ctiles empotrados y sin ning¨²n tipo de grifer¨ªa tradicional. Cada panel estaba equipado con una serie de boquillas que emit¨ªan agua a una temperatura perfectamente regulada, la cual se pod¨ªa ajustar mediante una interfaz de realidad aumentada proyectada desde el control t¨¢ctil. El agua ca¨ªa en forma de suaves cortinas de vapor que se dispersaban en finas gotas, creando una niebla ligera que ayudaba a mantener el ambiente h¨²medo y relajante. El suelo estaba compuesto por baldosas de cer¨¢mica antideslizante con propiedades autolimpiables, que autom¨¢ticamente absorb¨ªa cualquier resto de agua o suciedad. A los lados, se encontraban bancos minimalistas hechos de un material sint¨¦tico altamente resistente a la humedad, ideales para relajarse despu¨¦s de una jornada estresante. Las paredes blancas y relucientes del vestuario de los pisos inferiores del laboratorio 32, reflejaban la imagen de un hombre que no parec¨ªa estar en su mejor momento. Era el desafortunado agente G¨®mez, envuelto en una toalla blanca que cubr¨ªa su cuerpo. El desdichado hombre se encontraba en un estado de trance, dejando que el vapor de la ducha lo envolviera mientras permanec¨ªa parado frente a uno de los paneles de ducha. Aunque el entorno deb¨ªa ser relajante, ¨¦l se encontraba claramente perturbado. Su expresi¨®n reflejaba la frustraci¨®n y el agotamiento acumulado durante el interrogatorio de Thomas Smith. La sesi¨®n hab¨ªa sido intensa, la verdad dif¨ªcil de obtener y la recompensa final a¨²n m¨¢s dif¨ªcil de aceptar. Su cuerpo a¨²n ten¨ªa las salpicaduras de sangre viscosa de aquel hombre que por poco lo arrastraba a una tragedia. This book is hosted on another platform. Read the official version and support the author''s work. Sintiendo el paso del tiempo, dej¨® la toalla en un banco cercano y se adentr¨® en el agua. El suave zumbido del sistema de agua automatizado llen¨® el espacio con un sonido constante, mezcl¨¢ndose con el vapor que emanaba de las boquillas de alta tecnolog¨ªa. Las gotas de agua flu¨ªan sobre su piel, arrastrando consigo las manchas de sangre que a¨²n se adher¨ªan a su cuerpo. El contacto con el agua tibia ofrec¨ªa un breve momento de calma, una ilusi¨®n de tranquilidad que contrastaba agudamente con la tormenta de pensamientos que giraban en su mente. Tras acostumbrarse a la temperatura del agua, G¨®mez se posicion¨® bajo el chorro principal, permitiendo que el vapor y el agua se mezclaran en una neblina espesa a su alrededor. Las gotas de sangre se dilu¨ªan en el vapor, desliz¨¢ndose lentamente hacia el suelo de pol¨ªmero negro. A medida que el agua ca¨ªa, el vapor se alzaba en una danza et¨¦rea, casi como si intentara abrazar y calmar las preocupaciones que G¨®mez sent¨ªa. Miraba al frente, fijando su vista en un punto indefinido en el control de la ducha. En este momento, los controles no ten¨ªan importancia para ¨¦l. Su mente estaba atrapada en el interrogatorio: cada mentira recibida, cada golpe que hab¨ªa hecho, cada promesa que no hab¨ªa cumplido, cada declaraci¨®n de Thomas Smith y la presi¨®n de estar en el centro de una conspiraci¨®n que podr¨ªa marcar el fin de su vida. G¨®mez ten¨ªa 45 a?os, pero en su mente a¨²n se sent¨ªa como el joven que hab¨ªa comenzado su carrera de forma extraoficial a los 15 a?os. Hab¨ªa crecido rodeado de lo paranormal, su vida siempre entrelazada con eventos inexplicables. Su madre fue una agente de la fundaci¨®n y experta en fen¨®menos paranormales, hab¨ªa sido su mentora desde que ten¨ªa memoria. Hab¨ªa sido educado para ser el mejor agente de toda Florida. Su madre quer¨ªa eso y por eso usaba su hogar como un centro de investigaci¨®n clandestino y lo entrenaba todas las tardes despu¨¦s de la escuela. Para G¨®mez, lo paranormal era tan normal como la luz del d¨ªa; los eventos sobrenaturales y las anomal¨ªas eran la rutina diaria, m¨¢s que el asombro de las masas. Cuando su madre desapareci¨® durante un incidente desafortunado, G¨®mez hab¨ªa tomado el relevo con una determinaci¨®n f¨¦rrea. Hab¨ªa heredado no solo la sangre, sino tambi¨¦n el legado y las habilidades que su madre le hab¨ªa transmitido. Tras 30 a?os de servicio se convirti¨® en ¡°El Agente¡±, el mejor en el laboratorio 32, una figura legendaria cuya habilidad para resolver casos complejos era casi m¨ªtica. Era conocido por su capacidad para ver la verdad donde otros solo ve¨ªan caos. Su historial estaba lleno de casos resueltos donde nadie m¨¢s pod¨ªa encontrar respuestas. Sin embargo, ahora sent¨ªa que el peso de su legado estaba aplast¨¢ndolo. Hab¨ªa llamado demasiado la atenci¨®n, para bien y para mal. Los dos mundos (2) Su padre hab¨ªa sido un oficial de polic¨ªa, y aunque las tareas de un ¡°agente¡± en el laboratorio eran distintas, muchas veces se entrelazaban. Dando lugar a que su padre le ense?ara una gran cantidad de trucos ¨²tiles en la tarea de patrullar las oscuras y corruptas calles del estado de Florida. Pero lo m¨¢s importante que su padre le hab¨ªa ense?ado era a mantener una desconfianza constante, especialmente hacia el gobierno. Su padre hab¨ªa trabajado durante los ¨²ltimos a?os de la dictadura y hab¨ªa sido testigo de la corrupci¨®n y los abusos de poder que definieron esa era oscura. Pero lo que vio despu¨¦s, en el regreso a la democracia, fue a¨²n m¨¢s perturbador y suficiente para destruir la vida de cualquier otro. ¡°La gente en el poder ha sido, es y ser¨¢ corrupta¡± , ¡°Por la plata baila el mono¡±, ¡°Piensa mal y acertar¨¢s¡± Esos eran los credos que su padre le hab¨ªa ense?ado. Y para G¨®mez las palabras de sus padres eran palabra santa. El tiempo y la realidad le ense?¨® que esas tres frases dichas por su padre eran una verdad que moldear¨ªan su futura vida como agente. Como todo hombre inteligente, lo sab¨ªa. La gente que controla nuestras vidas usar¨¢ su influencia y sus recursos para satisfacer sus propios intereses, sin importarles las consecuencias que sufrir¨¢ el resto de la humanidad. No eran solo los poderosos, m¨¢s bien es que todos los humanos tend¨ªan a hacer lo mismo, pese a que los poderosos se destacaban sobre las masas por la escala de su influencia y recursos. El punto de este concepto es que su experiencia como agente le hab¨ªa ense?ado que los fen¨®menos paranormales no era m¨¢s que una ¡°nueva¡± forma de poder ex¨®tico, una herramienta m¨¢s en el arsenal de quienes buscan manipular el mundo a su favor. Despu¨¦s de 30 a?os investigando casos paranormales, G¨®mez no ten¨ªa dudas de que no se trataba de teor¨ªas conspiranoicas: en verdad exist¨ªan personas con gran poder que estaban manipulando los eventos paranormales para obtener beneficios propios. La brecha entre el ¡°otro mundo¡± y el mundo en donde hab¨ªa crecido se hab¨ªa vuelto cada vez m¨¢s difusa desde el fin de la dictadura. Lo paranormal se hab¨ªa convertido en algo cotidiano, un fen¨®meno que la gente aceptaba cada vez m¨¢s como parte de su realidad. Y eso no fue por casualidad. Nada pod¨ªa ser por casualidad para un agente de la fundaci¨®n. Las casualidades eran los hilos del destino siendo manipulados por fuerzas que a¨²n no comprendemos. En este caso, ¡°Piensa mal y acertar¨¢s¡± era el dogma que iluminaba la oscuridad que envolv¨ªa esta casualidad - G¨®mez lo hab¨ªa estado observando a lo largo de los a?os. A lo largo de su vida. Esta fusi¨®n entre los dos mundos se estaba ¡°imponiendo¡±, no se estaba ¡°dando¡± de forma natural. Al final de la dictadura, se produjo un evento crucial que muchos medios de comunicaci¨®n hab¨ªan denominado como el gran ¡°destape¡±, el ¡°fin de la mascarada¡± o ¡°la apertura del tel¨®n¡±. Durante este per¨ªodo, los fen¨®menos paranormales comenzaron a emerger de manera masiva en la esfera p¨²blica, inicialmente como meros cotilleos en programas de comedia. En donde los comediantes, seleccionados con precisi¨®n quir¨²rgica, comenzaron a hacer bromas sobre el ¡°otro mundo¡±, transformando algo que antes hab¨ªa sido tratado como tab¨² y secreto por la sociedad en un objeto de mofa y entretenimiento. Con el tiempo, estos chistes inocuos en programas de comedia se convirtieron en noticias cada vez m¨¢s serias tomadas por medios cada vez m¨¢s importantes. Los informes y reportajes comenzaron a abordar lo paranormal con una mezcla de curiosidad y morbo, hasta que finalmente la sociedad se vio forzada a aceptar las nuevas reglas de juego impuestas por los poderosos de turno que estaban en control de la ¡°democracia¡±. En esta nueva realidad, lo ¡°paranormal¡± deb¨ªa convertirse en lo ¡°normal¡±. Ya no pod¨ªa ser aceptado que el ¡°otro mundo¡± fuera un tab¨², algo impuro y peligroso para la humanidad. Ahora, el otro mundo se presentaba ante la vista del p¨²blico como una ¡°experiencia¡±, excitante y llena de infinitas posibilidades. En esta segunda fase del plan de los poderosos, cualquier periodista, comediante, actor o difusor de informaci¨®n que mantuviera la antigua mentalidad era incluido en la infame ¡°lista negra¡± de los censurados, condenados a desaparecer de la opini¨®n p¨²blica. Para hacer menos obvia la obviedad, se procedi¨® a tapar el sol con el dedo y se atribuy¨® la censura a las masas. As¨ª, se reformul¨® la vieja y cargada palabra ¡°censurado¡±, con todas sus connotaciones negativas, en la m¨¢s moderna y amigable palabra ¡°cancelado¡±. De este modo funcionaba la ¡°democracia¡±: te borraba de la esencia, pero no de la existencia. En contraste con la dictadura, que era eficaz en hacerte desaparecer de la existencia, pero no de la esencia. G¨®mez observ¨® todo esto con una mezcla de incredulidad y resignaci¨®n. De ni?o, hab¨ªa escuchado a su padre, un hombre de principios f¨¦rreos y una profunda educaci¨®n conservadora, insultar a los comediantes que hac¨ªan bromas sobre el otro mundo. Para su padre, estas bromas eran una falta de respeto hacia algo que ¨¦l sab¨ªa que era real y peligroso. Su padre ten¨ªa motivos de sobra para estar enojado: muchos de sus amigos murieron para proteger a la humanidad del otro mundo, no para fusionarnos con ¨¦l, invitando a lo paranormal a entrar a nuestro mundo. Ya m¨¢s tarde, la vida le dar¨ªa nuevamente la raz¨®n, cuando su esposa desapareci¨® en cumplimiento de sus funciones. Tras esa fatalidad, la actitud conservadora de su padre se transform¨® de una manifestaci¨®n de respeto instintivo y temor genuino hacia lo desconocido a un recordatorio a aquellos que hab¨ªan muerto manteniendo el ¡°orden¡± de nuestro mundo. Por todo esto y mucho m¨¢s es que G¨®mez no ten¨ªa dudas de que la transformaci¨®n de lo paranormal en algo trivial y entretenido no fue un fen¨®meno espont¨¢neo. Ni mucho menos casual. Fue un proceso meticulosamente orquestado por aquellos que se prostitu¨ªan por el poder. A medida que los medios de comunicaci¨®n difund¨ªan ¡°El Mensaje¡±, la percepci¨®n p¨²blica hacia el otro mundo cambi¨® dr¨¢sticamente. ¡°Ellos¡± lograron su objetivo. La percepci¨®n de lo paranormal pas¨® de ser una amenaza oscura y seria a convertirse en una serie de espect¨¢culos espectaculares destinados a captar la atenci¨®n del p¨²blico, excitando a los adultos y entreteniendo a los j¨®venes. Support the creativity of authors by visiting the original site for this novel and more. Continuemos con el an¨¢lisis, ¡°Por la plata baila el mono¡± es el dogma que explica los motivos - Hoy en d¨ªa, los j¨®venes reclutas de la fundaci¨®n se inscriben con un entusiasmo desbordante, listos para ¡°explorar¡± el otro mundo como si se tratara de una aventura emocionante, casi como un parque de diversiones. Para ellos, las experiencias paranormales no son m¨¢s que algo fascinante y entretenido, una puerta a lo desconocido que les brinda historias emocionantes y la oportunidad de superar desaf¨ªos, como si domar lo incontrolable fuese un juego. Esta actitud despreocupada chocaba directamente con la visi¨®n de veteranos como el agente G¨®mez, quienes hab¨ªan aprendido a respetar y temer lo que no pod¨ªan comprender del todo. Para ¨¦l, lo paranormal no era una curiosidad, sino una fuerza peligrosa y caprichosa. Pero esta nueva mentalidad era perfectamente funcional al ¡°sistema¡±. Los exploradores del otro mundo nunca hab¨ªan sido tan abundantes como lo eran ahora. Jam¨¢s hubo tanta gente dispuesta a ¡°disfrutar¡± de ese abismo entre realidades. G¨®mez lo sab¨ªa, y con solo mirar los ojos de esos reclutas ansiosos lo comprend¨ªa: la banalizaci¨®n del peligro estaba aqu¨ª para quedarse. Su padre, como siempre, hab¨ªa tenido raz¨®n. Pero no todos pensaban c¨®mo Gomez. ¨¦l era un dinosaurio en una fundaci¨®n que estaba cambiando r¨¢pidamente, un vestigio de un pasado donde el respeto por lo paranormal a¨²n ten¨ªa un lugar central en la pr¨¢ctica profesional. Pero los medios de comunicaci¨®n y la gente de poder estaban interesados en forjar una nueva narrativa, en la que el otro mundo se convert¨ªa en una fuente de riquezas m¨¢s que en una realidad aterradora. La fundaci¨®n siempre fue un producto de la sociedad humana y como reflejo de esta tendencia social, se hab¨ªa transformado en una instituci¨®n que valoraba la ¡°exploraci¨®n¡± y la ¡°aventura¡± sobre el ¡°cuidado¡± y la ¡°protecci¨®n¡±. En la ¨¦poca de su padre, un sujeto como Thomas Smith nunca habr¨ªa llegado al laboratorio 32 como condenado a muerte, dado que un colegio nunca habr¨ªa estado tan desprotegido, ni una advertencia hubiera sido tan ninguneada por la polic¨ªa. La idea de un ¡°evento paranormal de bajo peligro y alta frecuencia¡± era impensable en aquellos tiempos. Tal percepci¨®n de la realidad era una tonter¨ªa, un concepto que ni siquiera pod¨ªa ser aceptado por los dinosaurios como G¨®mez. Pero los dinosaurios eran dinosaurios porque se estaban extinguiendo. Cada vez quedaban menos ¡°inadaptados¡± en la fundaci¨®n, esos cobardes que a¨²n ve¨ªan el otro mundo con temor. La tendencia era irreversible, y G¨®mez lo sab¨ªa. No importaba cu¨¢nto lucharan los veteranos por mantener viva la antigua mentalidad, tarde o temprano no quedar¨ªa ni un solo baluarte de lo que alguna vez hab¨ªan sido los verdaderos protectores de la humanidad. Sin embargo, la humanidad no se detendr¨ªa. Siempre habr¨ªa una renovaci¨®n, un nuevo p¨²blico que seguir¨ªa adelante. Los nuevos actores que tomar¨ªan el relevo no ser¨ªan guardianes ni defensores como lo hab¨ªan sido antes, sino los ¡°exploradores¡± del futuro, aquellos que ver¨ªan el otro mundo como un campo sin due?o, un nuevo territorio por conquistar en nombre de la humanidad. G¨®mez estaba al tanto de que su visi¨®n del mundo estaba en franca oposici¨®n a esta nueva mentalidad. Y decirla p¨²blicamente traer¨ªa problemas a su vida, problemas que antes eran econ¨®micos, pero que a estas alturas podr¨ªan terminar siendo legales. La actitud despreocupada y emocionante de los j¨®venes reclutas le resultaba perturbadora, como si hubieran perdido de vista la verdadera naturaleza de lo que estaban tratando. Pero que los dinosaurios hablar¨¢n con sinceridad era un problema para los poderosos, por tanto, era un problema de verdad. Uno muy serio, uno que no pod¨ªa ser ignorado. Durante la dictadura nadie se tomaba a la ligera este trabajo. Durante ¡°el destape¡± los veteranos sol¨ªan dar la bienvenida a los nuevos reclutas con una cachetada que los mandaba directamente al hospital ante la primera idea de tomarse el otro mundo a la ligera. Muchas vidas fueron salvadas por esa cachetada. El protocolo cambi¨® y se termin¨® viendo como una salvajada ¡°maltratar¡±, ¡°abusar¡±, ¡°golpear¡±, ¡°violar¡± a los nuevos reclutas. Por lo que los veteranos comenzaron a gritar y burlarse de los nuevos reclutas que buscaban ganarse una fortuna con el otro mundo. Algunos reclutas llegaron a comprender por qu¨¦ se burlaban de ellos por estar tan entusiasmados, otros murieron sin entenderlo. Nuevamente, el protocolo cambi¨® y ya nadie aceptaba escuchar ¡°insultos¡±, ¡°bromas pesadas¡±, ¡°maltrato psicol¨®gico¡± entre compa?eros de trabajo. Los dinosaurios volvieron a ¡°civilizarse¡± y empezaron a advertir a los nuevos reclutas que no deb¨ªan tratar el otro mundo como un simple parque de diversiones. Aunque pocos prestaron atenci¨®n a estas advertencias, el m¨¦todo logr¨® salvar las vidas de aquellos reclutas que realmente val¨ªan la pena. Actualmente, existen protocolos estrictos que imped¨ªan ¡°asustar¡±, ¡°estresar¡±, ¡°manipular¡±, ¡°amenazar¡±, ¡°insultar¡±, ¡°angustiar¡±, ¡°intimidar¡± a los j¨®venes reclutas. Llegando a estos d¨ªas, la fundaci¨®n no dudaba en informar a todos sus miembros que est¨¢ muy preocupada por el clima laboral en los pisos inferiores y quiere menos ¡°caras tristes¡± y m¨¢s ¡°sonrisas¡± entre el personal del laboratorio. El cambio nunca es f¨¢cil, nunca es r¨¢pido. Todos estos protocolos a¨²n siguen siendo debatidos por los dinosaurios m¨¢s pesados de la fundaci¨®n. El nuevo m¨¦todo es criticar la ¡°inexperiencia¡± de los nuevos reclutas en cada uno de los informes como una fachada para decir lo que en realidad opinan: que los j¨®venes de estos tiempos ya no tienen la mentalidad para lidiar con el ¡°otro mundo¡±. No obstante, las manos invisibles volvieron a mover los hilos de la fundaci¨®n y gran parte de los documentos oficiales est¨¢n censurados. Cada vez cuesta m¨¢s informarse si hubo o no hubo fatalidades en una misi¨®n. Eso es lo que dicta el nuevo protocolo internacional y la fundaci¨®n lo sigue a rajatabla. Leer como tus compa?eros han muerto en una misi¨®n, es demasiado ¡°traum¨¢tico¡± para los j¨®venes exploradores del ¡°nuevo mundo¡±. S¨ª, ¡°nuevo mundo¡±. Los dos mundos (3) Finalmente, llegamos al tercer dogma: ¡°La gente en el poder ha sido, es y ser¨¢ corrupta¡± - es el dogma que te ense?a a predecir el futuro y evitar las casualidades. El t¨¦rmino ¡°nuevo mundo¡± se hab¨ªa vuelto popular entre los reclutas m¨¢s j¨®venes para referirse al ¡°otro mundo¡±, sobre todo entre los exploradores. Cada vez que G¨®mez lo o¨ªa, sent¨ªa un escalofr¨ªo recorrer su cuerpo. Era como si todo se estuviera repitiendo, solo que esta vez no era su padre quien gritaba frustrado frente al televisor por c¨®mo la sociedad estaba cambiando. Ahora, era ¨¦l quien ve¨ªa con desesperaci¨®n lo que el mundo se estaba convirtiendo, solo que, a diferencia de su padre, G¨®mez no pod¨ªa alzar la voz. Solo pod¨ªa quejarse en silencio o tendr¨ªa que olvidarse de seguir trabajando en la fundaci¨®n. Si se atrev¨ªa a hablar demasiado, lo pondr¨ªan en la ¡°lista negra¡±, como ya hab¨ªa sucedido con tantos de sus antiguos compa?eros. Era una caza de brujas en la que los veteranos como ¨¦l eran constantemente se?alados, obligados a recoger sus cosas y abandonar el laboratorio. No pod¨ªa ser de otra forma; era la ¨²nica manera en que el ¡°sistema¡± lograr¨¢ funcionar. Los dinosaurios eran una amenaza para el nuevo orden, y su extinci¨®n no solo era inevitable, sino que cuanto antes sucediera, mejor. La censura era efectiva, puesto que eran los mismos miembros de la sociedad los que proced¨ªan ¡°autocensurarse¡±. Gomez no advert¨ªa a los nuevos reclutas no porque no pudiera hacerlo, sino porque no ¡°pod¨ªa¡± hacerlo. Es decir: no quer¨ªa hacerlo. Las palabras ¡°poder¡± y ¡°querer¡± se hab¨ªan intercambiado peligrosamente en este futuro. Obviamente, esto no era una casualidad. Una vez m¨¢s, las manos invisibles se mov¨ªan con sutileza, y esta vez, G¨®mez observaba como un observador atento el delicado vaiv¨¦n de sus hilos. Eran movimientos suaves, casi imperceptibles, pero el patr¨®n era inconfundible. El modus operandi era el mismo que hab¨ªa visto antes. Todo comenzaba con la negaci¨®n. Esta vez, el fen¨®meno m¨¢s peligroso que c¨ªrculo en las redes sociales hace unos a?os fue una serie de memes alarmantes que parec¨ªan gritar en todas direcciones: ¡°Los rituales son peligrosos¡±, ¡°Los ni?os no deber¨ªan hacer rituales¡±, ¡°Los adolescentes no deben bromear con el otro mundo¡±, ¡°Alejen el otro mundo de nuestros ni?os¡±, ¡°Maten a quienes usen ni?os en rituales¡±, ¡°Muerte a los enfermos mentales que sacrifican ni?os¡±, ¡°Bala al asesino de ni?os¡±. Aquellos mensajes parec¨ªan advertencias, pero en realidad estaban pavimentando un camino peligroso. Se establec¨ªa un tema de conversaci¨®n que durante siglos hab¨ªa estado enterrado y marginado, algo que ni siquiera se discut¨ªa porque era impensable. Ning¨²n padre con algo de cordura habr¨ªa permitido que sus hijos se vieran involucrados en rituales oscuros, y mucho menos exist¨ªa alg¨²n pol¨ªtico dispuesto a debatir si los ni?os que comet¨ªan cr¨ªmenes pod¨ªan ser utilizados como ¡°material¡± en dichos rituales. Era algo tan aberrante que no formaba parte de nuestra naturaleza humana. Pero, a pesar de eso, los memes y las discusiones virtuales: ¡°gritaban la negaci¨®n¡±, ¡°recordaban la negaci¨®n¡±, ¡°manifestaban la negaci¨®n¡±. La negaci¨®n, sin embargo, no ten¨ªa un destinatario real. Era una negaci¨®n hacia el vac¨ªo, hacia lo inexistente. No ten¨ªa sentido el decir ¡°NO¡± a lo que impl¨ªcitamente ya se dec¨ªa no. Se trataba de una excusa para poner sobre la mesa un tema que antes ni siquiera se consideraba debatible. Era la estrategia perfecta, una que G¨®mez hab¨ªa visto repetirse una y otra vez a lo largo de la historia. Se recordaba algo que no era necesario recordar, se discut¨ªa algo que jam¨¢s hab¨ªa sido parte de la discusi¨®n, y poco a poco, la gente comenzaba a considerarlo, a darle vueltas en la cabeza. As¨ª hab¨ªa empezado todo durante el final de la dictadura, con mensajes similares que negaban la existencia del ¡°otro mundo¡±, como si hubiera necesidad de convencer a alguien de que aquello no era real. Pr¨¢cticamente, no hab¨ªa eventos paranormales en aquellos d¨ªas y los que hab¨ªa eran terriblemente censurados. ?Por qu¨¦ alguien negar¨ªa la existencia de algo que se supon¨ªa que ¡°no¡± deb¨ªa existir? Pero era precisamente ese el punto: al negarlo tan vehementemente, lograban que la gente empezara a preguntarse por qu¨¦ era necesario negarlo. Unauthorized tale usage: if you spot this story on Amazon, report the violation. Entonces se entraba en la segunda fase de este proyecto de ingenier¨ªa social: la comedia negra, la mofa, el entretenimiento que trivializa lo inaceptable. A medida que la idea empezaba a cobrar vida en la mente de las personas, se comenzaba a explotar el concepto desde diferentes enfoques humor¨ªsticos. Memes sobre j¨®venes realizando rituales con inocencia o ignorancia, burlas hacia aquellos que dec¨ªan haber sacrificado ni?os en nombre de lo desconocido, insultos disfrazados de chistes hacia quienes a¨²n cre¨ªan que esas pr¨¢cticas funcionaban. Lo rid¨ªculo se convert¨ªa en tema de risa, logrando as¨ª que cada vez m¨¢s personas, a trav¨¦s del humor, se sumergieran poco a poco en ese ¡°nuevo mundo¡±. La t¨¢ctica era astuta. Al principio, no hab¨ªa defensores del fen¨®meno, solo una ¡°masa¡± que, unida por la mofa, sent¨ªa que pertenec¨ªa a un grupo. Era una tribu urbana con una identidad clara: el rid¨ªculo hacia aquellos que cre¨ªan en los rituales. Era un proceso lento pero calculado, que comenzaba con memes y segu¨ªa con peque?os ¡°Easter eggs¡± en pel¨ªculas y series, al un¨ªsono avanzaba a videojuegos o libros, comics, revistas. Finalmente, llegaba al entretenimiento donde se agrupaba el p¨²blico m¨¢s tradicionalista. As¨ª, lo que antes era impensable se normalizaba y se convert¨ªa en una tendencia social. Con el tiempo, se llegaba a la tercera etapa. Ahora, la masa se subdivid¨ªa en dos grandes grupos: aquellos que segu¨ªan burl¨¢ndose y ridiculizando el fen¨®meno, y aquellos que comenzaban a defenderlo, aunque al principio fueran una minor¨ªa. Estos defensores empezaban t¨ªmidamente, cuestionando con ideas que, en otro momento, habr¨ªan sido descartadas inmediatamente. ??Por qu¨¦ los ni?os no pueden hacer rituales? ?Acaso no ser¨ªa beneficioso prepararlos para enfrentar lo desconocido? ?No deber¨ªan explorar el otro mundo si es parte de nuestra realidad??. As¨ª, se lanzaban las primeras semillas de la defensa. Las ideas m¨¢s radicales eran filtradas, pero algunas comenzaban a echar ra¨ªces en la mente de las personas. ??Por qu¨¦ no usar a los condenados a muerte en rituales? Si ya es legal que se les pueda sacrificar, ?por qu¨¦ no sumar a los ni?os que cometen cr¨ªmenes graves? Despu¨¦s de todo, tambi¨¦n han hecho algo terrible, ?no? Todo es por el bien com¨²n, estos rituales nos benefician a todos? Aunque al principio solo unos pocos adoptaban estas ideas, la masa defensora crec¨ªa naturalmente a medida que sus argumentos se perfeccionaban y sus propuestas se volv¨ªan m¨¢s elaboradas. Los m¨¢s extremistas, en lugar de ser rechazados, esperaban pacientemente el momento en que su radicalismo fuera m¨¢s aceptado, confiando en que, con el tiempo, la sociedad normalizar¨ªa estas ideas. Los defensores m¨¢s moderados eran aquellos que jugaban el papel m¨¢s importante en este punto. Presentaban sus argumentos con mayor cuidado, sabiendo que el verdadero extremismo deb¨ªa esperar hasta que la sociedad estuviera lista. Al mismo tiempo, el otro grupo continuaba con su burla y rechazo, pero ahora, parad¨®jicamente, ese rechazo serv¨ªa para darle m¨¢s fuerza a los defensores del fen¨®meno. Al criticar y atacar constantemente, creaban un enemigo com¨²n para la nueva tribu defensora. Estos ¨²ltimos se un¨ªan m¨¢s, sus ideales se hac¨ªan cada vez m¨¢s firmes y se alimentaban del conflicto. Cada ataque reforzaba su postura y los hac¨ªa m¨¢s feroces en su defensa, transformando lo que antes era solo una idea marginal en una causa con seguidores apasionados. Era una estrategia brillante. Al crear este falso debate, se le daba forma y estructura a algo que en sus inicios nunca debi¨® ser tema de discusi¨®n. As¨ª se creaba la ilusi¨®n de un debate real, cuando en realidad todo era parte de un juego mucho m¨¢s grande. Los defensores, aunque convencidos de luchar por una causa noble, no eran m¨¢s que piezas en un tablero controlado por aquellos que mov¨ªan los hilos desde las sombras. Idiotas funcionales al poder de turno, que mientras debat¨ªan con fervor, no se daban cuenta de que el fin ¨²ltimo siempre hab¨ªa estado claro: ¡°Poder y Dinero¡±. Y el dinero, como bien sab¨ªa G¨®mez, siempre terminaba bailando al comp¨¢s de quien lanzaba las monedas al aire. Por lo que ¡°Poder y Dinero¡± no eran palabras diferenciables en este concepto. El ciclo se repet¨ªa una y otra vez, con las mismas manos invisibles manipulando los hilos, manteniendo a todos distra¨ªdos mientras ellos cosechaban los frutos. No importaba el tema, lo esencial era mantener a la sociedad en un estado de constante divisi¨®n, donde cada grupo ten¨ªa algo que defender o atacar. As¨ª, mientras los exploradores del ¡°nuevo mundo¡± discut¨ªan apasionadamente sobre los derechos de los ni?os en los rituales, o sobre si los condenados a muerte merec¨ªan ser usados en experimentos paranormales, el verdadero poder permanec¨ªa oculto, controlando el rumbo de la conversaci¨®n sin que nadie se diera cuenta. Nunca se estaba debatiendo, porque no era un debate: era una imposici¨®n. El tema era que esta imposici¨®n tuviera la menor defensa posible y que sea aceptada ¡°naturalmente¡±. Los dos mundos (4) G¨®mez era un agente de la funci¨®n, un gran observador, y ve¨ªa todo este circo con una claridad aplastante. Sab¨ªa que, al final del d¨ªa, todo esto era pan y vino. Mientras los idiotas luchaban entre ellos, el verdadero poder permanec¨ªa intacto, intocable. Pero cada vez que intentaba advertir a alguien, lo miraban como si fuera un paranoico, un viejo que no entend¨ªa los nuevos tiempos. Un dinosaurio. Quiz¨¢s ten¨ªan raz¨®n, quiz¨¢s gente como G¨®mez no pertenec¨ªa a este mundo que se estaba forjando ante sus ojos. Pero aun as¨ª, no pod¨ªa fingir estar ciego. Aunque supiera que el ciclo era inevitable, segu¨ªa viendo los hilos moverse, y no pod¨ªa evitar estremecerse cada vez que alguien, con entusiasmo, hablaba de que los j¨®venes en estos d¨ªas hac¨ªan rituales como si se trataran de bromas. S¨ª, nuevamente ¡°Ellos¡± lo hab¨ªan logrado. Hab¨ªan vuelto a salirse con la suya. En estos tiempos, los j¨®venes hacen rituales con una normalidad espantosa; lo que antes era visto como algo aberrante y peligroso, ahora se ha convertido en una parte m¨¢s de la adolescencia. Ya no hab¨ªa debates sobre si los rituales deb¨ªan ser evitados; esa lucha hab¨ªa quedado en el pasado. Lo ¨²nico que se pod¨ªa hacer ahora era censurar y purgar aquellos rituales considerados ¡°peligrosos¡±. Esa era la postura general, compartida por la sociedad, el gobierno y la fundaci¨®n. Incluso G¨®mez hab¨ªa terminado aceptando que tal vez era conveniente que los ni?os se prepararan para enfrentar el otro mundo realizando rituales inofensivos. Quiz¨¢s, despu¨¦s de todo, los nuevos reclutas estar¨ªan mejor preparados, y los exploradores podr¨ªan hacer m¨¢s hallazgos antes de su inevitable muerte. Sin embargo, la aceptaci¨®n generalizada del fen¨®meno no hab¨ªa llegado sin consecuencias. Esa normalizaci¨®n de los rituales dio lugar al inicio de la cuarta fase: la m¨¢s temida, la que G¨®mez siempre supo que llegar¨ªa, pero que todos los dem¨¢s hab¨ªan ignorado. Esta fase, mucho m¨¢s siniestra que las anteriores, consist¨ªa en algo mucho peor que la simple realizaci¨®n de rituales por j¨®venes imprudentes. Era la fase en la que las ideas radicales no solo se discut¨ªan, sino que comenzaban a legislarse. Los l¨ªmites se difuminaban y lo que antes era considerado impensable ahora se estaba convirtiendo en ley. Hace apenas unos meses, una ley fue aprobada. La misma permite enviar ni?os a los laboratorios como sujetos de experimentaci¨®n. La noticia fue recibida con indignaci¨®n por algunos sectores de la sociedad, pero la gran mayor¨ªa permaneci¨® indiferente o simplemente lo vio como un paso l¨®gico en la evoluci¨®n de la ciencia paranormal. Despu¨¦s de todo, si los condenados a muerte ya eran usados para experimentos, ?por qu¨¦ no extender esta pr¨¢ctica a los menores que hab¨ªan cometido cr¨ªmenes? ?Acaso no era un castigo justo? ?No era, en cierto modo, un servicio a la humanidad? Hasta el d¨ªa de hoy, ning¨²n ni?o hab¨ªa sido enviado al laboratorio 32. Pero el hecho de que tal postura fuera legal cambiaba por completo el paradigma. Aquellos que alguna vez hab¨ªan tratado a G¨®mez de ¡°dinosaurio¡± se ve¨ªan a s¨ª mismos enfrentando una cruel realidad: ahora ellos eran los que no pod¨ªan creer en lo que estaba sucediendo. Se ve¨ªan reflejados en G¨®mez, en su resistencia al cambio, pero ya era demasiado tarde. El ciclo se repet¨ªa, como siempre lo hac¨ªa, y, tarde o temprano, tendr¨ªan que aceptar esta nueva realidad o desaparecer, extinguirse, como lo hab¨ªan hecho tantos otros antes que ellos. Como siempre, los debates en los pasillos se encend¨ªan, pero el resultado era predecible. Hablar del tema era una forma de aceptar la tragedia. Sab¨ªan que luchar contra la marea era in¨²til, que resistirse al cambio era condenarse a una extinci¨®n social y profesional. Porque eso es lo que pasaba con los que se negaban a adaptarse: eran apartados, marginados y, finalmente, desaparec¨ªan del sistema. Y aquellos que alguna vez se?alaron como anacr¨®nicos a los veteranos, ahora enfrentaban el mismo destino. La aceptaci¨®n de la experimentaci¨®n en ni?os, lo que alguna vez habr¨ªa sido un punto de no retorno, se estaba convirtiendo en la nueva norma, en algo ¡°necesario¡± para el avance de la humanidad. Las manos invisibles siempre ganaban. ¡°Ellos¡±, aquellos que mov¨ªan los hilos desde las sombras, siempre lograban sus objetivos. Era solo cuesti¨®n de tiempo antes de que incluso los m¨¢s esc¨¦pticos cedieran. Y as¨ª, mientras los debates se encend¨ªan en las calles, en las redes sociales, y en los pasillos del laboratorio, G¨®mez observaba el ciclo con una mezcla de resignaci¨®n y amarga confirmaci¨®n. Todo lo que hab¨ªa temido desde el principio estaba ocurriendo ante sus ojos. Porque esa era la clave del ciclo: no se trataba de lo que era moralmente correcto o incorrecto, sino de lo que era funcional al sistema. Y el sistema siempre se aseguraba de que lo funcional fuera lo ¡°aceptable¡±. No importaba cu¨¢n grotesca o aberrante fuera la propuesta, siempre que sirviera a los intereses de aquellos que controlaban los hilos se convertir¨ªa en norma. La sociedad, que antes se hab¨ªa escandalizado por la mera sugerencia de que los ni?os hicieran rituales, ahora hab¨ªa dado el paso siguiente: aceptar que los ni?os deb¨ªan ser utilizados como material de esos rituales. Y mientras los l¨ªderes de opini¨®n, los periodistas, los pol¨ªticos y los acad¨¦micos comenzaban a justificar esta medida como un ¡°progreso¡±, G¨®mez ve¨ªa el mismo patr¨®n repetirse, una y otra vez. Primero, se negaba la realidad. Luego, se ridiculizaba. Despu¨¦s, se discut¨ªa. Y finalmente, se aceptaba. Era una f¨®rmula est¨²pidamente simple, pero devastadora en su efectividad. Uno podr¨ªa preguntarse c¨®mo la sociedad pod¨ªa ser tan est¨²pida de caer en el mismo truco una y otra vez, pero ¡°la masa es est¨²pida¡±, solo los individuos tienen la capacidad de pensar. Una frase prearmada, otra casualidad. ?¡°La masa es est¨²pida¡±?, o m¨¢s bien, se busc¨® que la masa se convirtiera en est¨²pida al punto de que la frase se volviera de uso com¨²n y popular. A estas alturas del an¨¢lisis, la respuesta a esto es evidente: la gente nunca fue ni ser¨¢ est¨²pida; se hizo est¨²pida. Acept¨® su estupidez. Los est¨²pidos eran parte de la tribu urbana, mientras que los pensantes eran meros ermita?os. Una realidad incluso peor que la de los dinosaurios. Los dinosaurios, al menos, formaban parte de la sociedad, mientras que los ermita?os viv¨ªan en sus ¡°oscuras¡± y ¡°fr¨ªas¡± cuevas, admirando las sombras proyectadas por su fogata, que eran las ¨²nicas que los acompa?aban. Otra frase prearmada, otra casualidad. G¨®mez ya lo hab¨ªa visto antes, lo hab¨ªa vivido en carne propia. Sab¨ªa que no hab¨ªa escapatoria. Y, aunque en su interior sent¨ªa una profunda repulsi¨®n por lo que estaba sucediendo, ya no ten¨ªa la energ¨ªa para luchar. Sab¨ªa que, tarde o temprano, incluso aquellos que ahora estaban horrorizados terminar¨ªan aceptando esta nueva realidad. Porque as¨ª era el ciclo. Las manos invisibles siempre ganaban, y los dinosaurios, como ¨¦l, siempre terminaban extingui¨¦ndose. Mientras las reconfortantes gotas de la ducha segu¨ªan escurriendo por su cuerpo, G¨®mez se preguntaba cu¨¢nto tiempo m¨¢s faltaba para que llegara el primer ni?o al laboratorio 32. Sab¨ªa que no faltaba mucho. Y sab¨ªa que cuando eso sucediera, aquellos que alguna vez hab¨ªan despreciado su resistencia ser¨ªan los primeros en aceptar el nuevo orden. La nueva orden. Llegados a este punto, no hac¨ªa falta aclarar por qu¨¦ el agente G¨®mez nunca le pregunt¨® a Thomas Smith la pregunta m¨¢s obvia que cualquier agente le habr¨ªa hecho: ?Qui¨¦nes eran ¡°Ellos¡±? La respuesta era irrelevante porque G¨®mez ya la conoc¨ªa, y, de hecho, sab¨ªa que era mejor evitarla. En su mundo, en la fundaci¨®n, el simple hecho de indagar demasiado en ciertos temas era peligroso. Era un terreno pantanoso donde solo aquellos con un agudo sentido de la supervivencia sab¨ªan navegar. Y G¨®mez lo sab¨ªa bien: uno no pregunta lo que ya intuye, porque preguntar es invitar a ser observado, es abrir una puerta a algo que tal vez sea mejor dejar cerrado. If you discover this tale on Amazon, be aware that it has been stolen. Please report the violation. El temor de G¨®mez no era irracional. Durante a?os hab¨ªa sentido c¨®mo la sombra de ¡°Ellos¡± se cern¨ªa sobre todo lo que el mundo hac¨ªa, como un ente invisible que tiraba de los hilos, moviendo a las personas, sus decisiones, sus vidas. Y aunque esa presencia se hac¨ªa m¨¢s patente con el tiempo, el agente prefer¨ªa mantener la cabeza baja, evitar atraer la atenci¨®n, porque sab¨ªa que una vez que ¡°Ellos¡± entraban en tu vida, ya no hab¨ªa vuelta atr¨¢s. Ser observado por ¡°Ellos¡± no solo era una sentencia para uno mismo, sino tambi¨¦n para los que te rodeaban. Era un peligro que pocos comprenden en su totalidad, pero los hombres inteligentes como G¨®mez aprendieron a convivir con ese peligr¨®. G¨®mez no ten¨ªa hijos y el amor de una esposa era un concepto ajeno para ¨¦l. Sus padres hab¨ªan fallecido hace a?os y ni siquiera recordaba el rostro de sus abuelos. Los lazos de sangre no significaban nada para ¨¦l. Sin embargo, en el trabajo de la fundaci¨®n, hab¨ªa encontrado algo que se le asemejaba a una familia: sus compa?eros de trabajo, aquellos con los que compart¨ªa sus d¨ªas en el laboratorio 32. Algunos eran amigos, otros enemigos, pero todos formaban parte de esta extra?a comunidad que hab¨ªa llegado a considerar como su ¨²nica familia. Una hermandad involuntaria forjada en la necesidad de sobrevivir en un mundo donde la muerte y lo incomprensible acechaban a la vuelta de cada esquina. Si algo amenazaba la integridad de esa familia, G¨®mez no dudar¨ªa en hacer lo necesario para protegerlos. Porque, para ¨¦l, proteger al laboratorio 32 era proteger lo ¨²ltimo que le quedaba, su ¨²nica ancla en una realidad cada vez m¨¢s distorsionada. G¨®mez har¨ªa lo que fuera necesario para protegerla. Aunque eso significara tomar decisiones dif¨ªciles, incluso inmorales. El peligro que Thomas Smith representaba no era solo para ¨¦l, sino para todo el laboratorio. Thomas ten¨ªa informaci¨®n. Sab¨ªa demasiado, tal vez m¨¢s, de lo que G¨®mez estaba dispuesto a admitir, incluso para s¨ª mismo. El comportamiento err¨¢tico de Smith, sus palabras susurradas sobre ¡°Ellos¡±, su historia sobre la dualidad entre la dictadura y la democracia lo convert¨ªan en una bomba de tiempo. Smith sab¨ªa demasiado, hab¨ªa visto demasiado, y lo peor de todo es que hab¨ªa comenzado a hablar. Si las palabras de Smith llegaban a o¨ªdos de alguien que no comprendiera las reglas del ¡°juego¡±, podr¨ªan desencadenar consecuencias inimaginables. G¨®mez no pod¨ªa permitir eso. Thomas Smith era un peligro, y como tal, deb¨ªa ser neutralizado. Las directrices de los dinosaurios eran claras: el peligro no debe entrar en nuestro mundo. Y Smith era la encarnaci¨®n del peligro. Pese a todo esto y volviendo al inicio de la discusi¨®n. El encuentro entre Thomas Smith y el agente G¨®mez era una gran casualidad, una muy desafortunada. Y el Agente G¨®mez no cre¨ªa en las casualidades. Alguien o algo podr¨ªa haber buscado ese encuentro. La fundaci¨®n siempre ha sido su vida, su prop¨®sito. Desde joven, G¨®mez hab¨ªa admirado a su madre y aspirado a ser como ella, protegiendo a la humanidad de lo desconocido. No solo eso, sino que la fundaci¨®n era m¨¢s que una instituci¨®n para ¨¦l; era una extensi¨®n de su familia, una causa por la que val¨ªa la pena morir. Sin embargo, ahora parec¨ªa que la misma fundaci¨®n estaba en su contra. Thomas le hab¨ªa insinuado que los superiores estaban manipul¨¢ndolos, y G¨®mez no pod¨ªa evitar pensar que hab¨ªa algo de verdad en eso. Tal encuentro no pod¨ªa ser casualidad, ¨¦l era el mejor agente de este laboratorio y era un dinosaurio. Dos verdades que a los o¨ªdos de ¡°Ellos¡± no deb¨ªan estar juntas. Sab¨ªa que desafiar a los altos mandos podr¨ªa significar el final de su carrera, incluso de su vida. Pero en el fondo no quer¨ªa creer que sus compa?eros lo hubieran traicionado tir¨¢ndole esta bomba llamada Thomas Smith. G¨®mez sab¨ªa que enfrentar a una conspiraci¨®n gubernamental no era solo peligroso; era un suicidio profesional y personal. El laboratorio 32 estaba en Florida y sus preocupaciones solo abarcaban este estado. Enfrentar a todo un pa¨ªs desde este ¡°peque?o¡± laboratorio era una tonter¨ªa. G¨®mez hab¨ªa le¨ªdo los informes, conoc¨ªa la peligrosidad de los secretos que Thomas estaba escondiendo. Sab¨ªa que el caso era delicado y que la verdad pod¨ªa ser mucho m¨¢s compleja de lo que parec¨ªa. Hab¨ªa demasiadas advertencias que el agente G¨®mez hab¨ªa ignorado, se?ales que, en su momento, parec¨ªan insignificantes, pero que ahora se le revelaban con una claridad perturbadora. La primera de ellas: Thomas Smith era el ¨²nico sobreviviente entre los profesores que estuvieron presentes durante la masacre en la escuela St. Patrick. No solo hab¨ªa escapado de la muerte, sino que lo hab¨ªa hecho encontrando ¡°refugio¡± como sujeto de experimentaci¨®n en el laboratorio 32. Eso ya de por s¨ª deb¨ªa haber levantado sospechas. ?Qu¨¦ tipo de hombre sobrevive a una masacre que acaba con todos los dem¨¢s adultos, especialmente en un lugar donde las probabilidades estaban completamente en su contra? Thomas no era simplemente un hombre afortunado; hab¨ªa algo m¨¢s oscuro en su historia. En segundo lugar, si bien el caso no le hab¨ªa tocado a ¨¦l, tras leer el informe sobre la masacre, el agente G¨®mez concluy¨® en la existencia de algo m¨¢s grande operando detr¨¢s de las sombras. Algo o alguien hab¨ªa estado manipulando los eventos, y el objetivo final no eran los estudiantes, sino los profesores. Sin embargo, no pod¨ªan simplemente matar a los profesores sin m¨¢s; deb¨ªa crearse un ambiente donde las muertes parecieran accidentales o producto de circunstancias externas, algo que pasara desapercibido en el caos general. La masacre escolar sirvi¨® para ese prop¨®sito perfectamente. Una tragedia desgarradora que desvi¨® la atenci¨®n de los verdaderos responsables y permiti¨® que todo pasara bajo el radar. El tercer punto, y probablemente el m¨¢s inquietante, era la manera en que Thomas Smith hab¨ªa logrado prolongar su ejecuci¨®n. No hab¨ªa sido solo un intento desesperado de ganar tiempo; Thomas hab¨ªa tratado de liberarse usando informaci¨®n altamente sensible, detalles que no deber¨ªan estar al alcance de un simple profesor de secundaria. No solo hab¨ªa intentado chantajear con datos delicados, sino que esa informaci¨®n hab¨ªa resultado ser algo que hasta el propio personal del laboratorio desconoc¨ªa, o al menos as¨ª lo mostraban en p¨²blico. La clave aqu¨ª estaba en lo que Thomas mencion¨® la criatura conocida como el ¡°Observador¡±. Tras mencionar a su cient¨ªfico a cargo esa palabra, el interrogatorio fue el siguiente paso de esta historia. G¨®mez nunca hab¨ªa o¨ªdo hablar de esa entidad antes de este caso, pero el simple hecho de que un hombre como Thomas conociera una criatura que ¨¦l no conoc¨ªa era una se?al alarmante. Algo no cuadraba. Y a¨²n m¨¢s inquietante fue el hecho de que el cient¨ªfico al que fue asignado Thomas durante sus pruebas mostraba un inter¨¦s inusualmente entusiasta por obtener m¨¢s informaci¨®n sobre esa criatura. ?Qu¨¦ hac¨ªa que un profesor acusado de asesinato tuviera acceso a secretos tan oscuros y ocultos que incluso uno de los cient¨ªficos m¨¢s prestigiosos del laboratorio 32 estuviera ansioso por descubrirlos? Todo esto hab¨ªa pasado inadvertido en su momento, pero ahora esas se?ales explotaban en la mente de G¨®mez, conectando cada punto con frustraci¨®n creciente. Thomas Smith estaba muerto, y con ¨¦l, la ¨²nica fuente directa de informaci¨®n peligrosa. Pero hab¨ªa algo m¨¢s. La grabadora. La hab¨ªa escondido, y si el mejor agente del laboratorio dec¨ªa que era inencontrable, entonces lo era. Por otro lado, no hab¨ªa c¨¢mara en la sala de interrogatorio; la habitaci¨®n era m¨¢s antigua que el propio laboratorio y hab¨ªa sido utilizada como centro de tortura durante la ¨²ltima dictadura militar. Evidentemente, no era el lugar adecuado para dejar pistas sobre lo que suced¨ªa dentro. La grabadora era un dispositivo que el interrogador pod¨ªa usar o no, pero su prop¨®sito era para uso personal, no para mantener registros, ya que se asum¨ªa que lo que ocurriera en la sala de interrogaci¨®n no ser¨ªa precisamente algo legal. El problema, sin embargo, radicaba en la percepci¨®n externa: si nadie sospechaba nada inusual sobre el caso de Smith, no habr¨ªa motivo para buscar la grabadora. El relato oficial deb¨ªa permanecer incuestionable: Thomas Smith era un don nadie, un profesor cualquiera que hab¨ªa muerto debido a un abuso de autoridad de parte de un interrogador. Un hombre que fue v¨ªctima de la ¡°incompetencia¡± de los trabajadores del laboratorio 32. Esa era la versi¨®n que deb¨ªa sostenerse, porque lo que realmente hab¨ªa ocurrido no pod¨ªa ver la luz del d¨ªa. Smith hab¨ªa muerto por saber demasiado, y eso deb¨ªa ser enterrado junto con ¨¦l. Los dos mundos (5) El agua segu¨ªa cayendo, y G¨®mez se preguntaba si su carrera y su vida estaban destinadas a ser arrastradas por la corriente de eventos que se estaban desbordando a su alrededor. La ducha futurista, con sus controles precisos y su dise?o avanzado, no pod¨ªa ofrecerle respuestas a las preguntas que lo atormentaban. Cada gota de agua que ca¨ªa parec¨ªa un eco de los golpes que hab¨ªa dado, cada remolino de vapor una representaci¨®n de los gritos del prisionero. A medida que el vapor se espesaba y el agua continuaba su curso, G¨®mez trataba de enfocar sus pensamientos en algo positivo, en que todo saldr¨ªa bien. Pero la sombra de su propia duda y el peso de sus acciones eran demasiado pesados. Se enjuag¨® con la esperanza de borrar no solo la sangre, sino tambi¨¦n los nervios que sent¨ªa. Su cuerpo estaba en tensi¨®n, y aunque la temperatura del agua era ideal, su mente estaba en un estado de sobrecalentamiento. Se gir¨® hacia el lado del panel y ajust¨® los controles para aumentar el flujo de agua, intentando usar el calor como una forma de calmarse y pensar con m¨¢s claridad. Sin embargo, el resplandor de las luces y la sensaci¨®n constante de ser observado lo manten¨ªan alerta, como si el mismo entorno estuviera juzgando sus decisiones. La espuma de jab¨®n que sol¨ªa ser una fuente de alivio ahora parec¨ªa un simple accesorio a la rutina, y el calor de la ducha era insignificante comparado con el fuego de la frustraci¨®n y la autocr¨ªtica que lo consum¨ªa. Hab¨ªa sido una semana ardua, y el interrogatorio a Thomas Smith hab¨ªa sido la gota que colm¨® el vaso. G¨®mez se apoy¨® en una de las paredes de la ducha mientras trataba de ordenar sus pensamientos. G¨®mez intent¨® centrar su mente en algo m¨¢s, en cualquier cosa que pudiera desviar su atenci¨®n del tumulto interior. Sin embargo, cada vez que cerraba los ojos, ve¨ªa el rostro de Thomas, la sangre y la desesperaci¨®n en sus ¨²ltimas palabras. El choque del agua cayendo sobre su cuerpo era lo ¨²nico que manten¨ªa a G¨®mez anclado a la realidad en ese momento. Sab¨ªa que la situaci¨®n se hab¨ªa salido de control. Por el contrario, Gomez desconoc¨ªa que las sombras lo hab¨ªan pose¨ªdo y no lo recordaba en absoluto. O al menos lo hab¨ªan intentado poseer, puesto que su voluntad original tambi¨¦n era eliminar a Thomas Smith. De pronto, un sonido de pasos y la apertura de una de las duchas cercanas lo sacaron de sus pensamientos. Un chorro de agua cay¨® al lado de ¨¦l, y de reojo pudo ver la figura de su compa?ero, Jonathan Parker, un hombre alto y de complexi¨®n fuerte, con una sonrisa casi perpetua en su rostro, aunque esta vez parec¨ªa diferente, m¨¢s apagada. Sus brillantes ojos marrones y su hermoso cabello rubio le daban un aire juvenil, pero ¨¦l tambi¨¦n era un dinosaurio tan viejo como Gomez.
Tarjeta del personal
Nombre Jonathan Parker
C¨®digo de Identificaci¨®n 835715
Ocupaci¨®n Agente de Campo
Especializaci¨®n Soporte T¨¢ctico
Ubicaci¨®n Piso 3, Sala de control
Rango Eventos de clase D
¡ªHey, G¨®mez ¡ªDijo Jonathan mientras ajustaba la temperatura del agua¡ª Me enter¨¦ de lo que pas¨® en la sala de interrogatorios. G¨®mez abri¨® los ojos, sin moverse de su lugar bajo el agua. Fingi¨® indiferencia mientras su coraz¨®n comenzaba a acelerarse. No esperaba que las noticias se propagaran tan r¨¢pido. ¡ª?Ah s¨ª? ?Y qu¨¦ fue lo que escuchaste? ¡ªPregunt¨® G¨®mez, tratando de mantener un tono casual mientras el agua segu¨ªa resbalando por su cabeza. Jonathan lo mir¨® por un momento, como si estuviera evaluando c¨®mo decirle lo que sab¨ªa: ¡ªMe dijeron que te suspendieron por lo que pas¨® con Smith. Que te pasaste de la raya y que la administraci¨®n est¨¢ en plan de revisar todo. Honestamente, no pens¨¦ que te dejaras llevar as¨ª. Nunca te hab¨ªa visto perder los estribos. La sorpresa en la cara de G¨®mez fue genuina, pero lo escondi¨® r¨¢pidamente detr¨¢s de una carcajada ¡ª?Suspendido? ¡ªRepiti¨® con una mueca ir¨®nica¡ª Bueno, es la primera noticia que tengo. Nadie me ha llamado para dec¨ªrmelo. Jonathan arque¨® una ceja mientras se limpiaba el rostro con las manos, sin detener el flujo de agua que segu¨ªa cayendo sobre ¨¦l¡ª?No te lo dijeron? Se lo mencionaron a todo el equipo en la sala de control ¡ªComent¨®, sin ocultar su sorpresa. ¡ªNo, sal¨ª del interrogatorio, me negu¨¦ a recibir asistencia de recursos humanos, rellen¨¦ el informe con lo que pas¨® y me vine directo a las duchas ¡ªRespondi¨® G¨®mez, claramente extra?ado. Jonathan solt¨® una risa seca mientras se enjuagaba el cabello, sin siquiera girarse hacia G¨®mez ¡ªNo entiendo por qu¨¦ te sorprendes tanto ¡ªdijo, su tono m¨¢s relajado¡ª Los tiempos han cambiado, G¨®mez. Matar a un prisionero durante un interrogatorio ahora es raz¨®n suficiente para que te despidan. ¡ªPero el jefe¡­ ?¨¦l sali¨® a defenderme, no? ¡ªG¨®mez pregunt¨®, con una mezcla de esperanza e incredulidad. No estaba al tanto del nuevo protocolo, pero dado que recursos humanos cambiaba las reglas de conducta con tanta frecuencia, no ser¨ªa sorprendente que fuera as¨ª. ¡ªClaro que lo hizo. Todos los veteranos lo hicimos. No le quedaba de otra. Se hizo el tonto y se meti¨® el nuevo protocolo por el culo, pero eso no quita que todos estemos sorprendidos ¡ªJonathan se gir¨® hacia G¨®mez, mir¨¢ndolo directamente¡ª ?Por qu¨¦ demonios lo mataste? G¨®mez guard¨® silencio durante unos segundos, procesando la informaci¨®n. El hecho de que a¨²n no le hubieran notificado oficialmente la suspensi¨®n solo agravaba la situaci¨®n. Sin embargo, no era de los que dejaban que su incomodidad se hiciera evidente. Sacudi¨® la cabeza y sonri¨®, haciendo una broma para desviar el tema. ¡ªBah, necesitaba unas vacaciones de todas maneras ¡ªDijo con un tono relajado, a pesar de que una ligera tensi¨®n se manten¨ªa en su voz¡ª Al final, quiz¨¢ hasta me venga bien. Jonathan lo mir¨® con escepticismo mientras el agua segu¨ªa golpeando su cuerpo ¡ª?Vacaciones? Vamos, G¨®mez, sabes que esto no es cualquier cosa. ?Qu¨¦ pas¨® ah¨ª dentro? ?De verdad perdiste el control con Smith? ?T¨²? ?Luego de tantas d¨¦cadas manteniendo el ¡°orden¡±? G¨®mez sab¨ªa que no pod¨ªa evitar el tema mucho m¨¢s tiempo, pero no estaba dispuesto a hablar sobre lo que realmente hab¨ªa ocurrido. Se encogi¨® de hombros y busc¨® una excusa r¨¢pidamente, una que no sonara del todo convincente, pero que funcionara lo suficiente para desviar la atenci¨®n. ¡ªEstaba cansado del trabajo, supongo ¡ªDijo sin mucho entusiasmo¡ª El tipo sab¨ªa c¨®mo meterse en la cabeza de la gente. Llevaba horas sin dormir y creo que todo me pas¨® factura. Pero ya sabes c¨®mo es esto. Todo se resuelve con un poco de descanso. Jonathan lo observ¨® por un momento, ¨¦l tambi¨¦n era un agente y claramente no estaba convencido con la respuesta, pero tambi¨¦n parec¨ªa dispuesto a no presionar m¨¢s el asunto. La incomodidad en el aire lanzaba chispas, pero G¨®mez sab¨ªa c¨®mo cambiar el tema: ¡ª?Y t¨² qu¨¦ tal? ?C¨®mo va tu investigaci¨®n paranormal? Estabas trabajando en ese caso raro con esas entidades dimensionales desconocidas que desaparecen gente, ?no? Jonathan se tom¨® un momento antes de responder, relaj¨¢ndose visiblemente al cambiar de tema¡ªAh, s¨ª¡­ ¡ªEmpez¨® mientras dejaba que el agua cayera sobre sus piernas¡ª Es complicado, la verdad. Hemos estado tratando de descifrar unos patrones en las emisiones de energ¨ªa para ver donde est¨¢n mandando a la gente que secuestran, pero es como si ¡°est¨¢s cosas¡± cambiar¨¢n de m¨¦todo cada vez que estamos cerca de atraparlas. El problema es que no se comportan como lo har¨ªa nada que conocemos y la verdad es que no me toc¨® el cient¨ªfico m¨¢s amigable en el equipo. ¡ª?C¨®mo es eso? ¡ªPregunt¨® G¨®mez. Jonathan frunci¨® el ce?o: ¡ªEs complicado. Es como si no hubiera reglas. A veces usan puertas, otras no. A veces parecen interactuar con los espejos, pero en otros momentos simplemente usan las ba?eras. ¡ªInteresante ¡ªDijo G¨®mez, mientras frotaba el jab¨®n por su torso¡ª ?Y crees que haya alguna conexi¨®n con mi anterior caso? Sabes, el que estuve investigando antes en el edificio abandonado. Jonathan neg¨® con la cabeza¡ªNo lo s¨¦. Hay similitudes, pero tambi¨¦n diferencias importantes. Lo ¨²nico que puedo decir es que cada vez estoy m¨¢s convencido de que estas entidades no est¨¢n aqu¨ª por accidente. Es como si estuvieran buscando algo o a alguien. ¡ª?A alguien? ¡ªRepiti¨® G¨®mez, levantando una ceja. ¡ªS¨ª ¡ªContinu¨® Jonathan¡ª Hemos notado patrones en sus desapariciones. Est¨¢n buscando a un historiador en particular, pero no sabemos qui¨¦n ni por qu¨¦. Y cada vez que nos acercamos a una respuesta, parece que se enteran de alguna manera. Es frustrante. A case of literary theft: this tale is not rightfully on Amazon; if you see it, report the violation. G¨®mez lo escuchaba con atenci¨®n, pero su mente segu¨ªa volviendo a su propia experiencia con Thomas. Ese hombre era un profesor de historia y en su defecto un historiador. Y ahora, Jonathan le estaba hablando de que ¡°Ellos¡± segu¨ªan mandando a desaparecer historiadores, empezaba a preguntarse si hab¨ªa m¨¢s conexiones entre todo esto de lo que parec¨ªa a simple vista. ¡ª?Qu¨¦ opinan los altos mandos de esto? ¡ªPregunt¨® G¨®mez, intentando mantener el hilo de la conversaci¨®n mientras su mente vagaba en otras direcciones. ¡ªLo de siempre ¡ªRespondi¨® Jonathan, suspirando¡ª Nos piden resultados, pero no asignan los recursos para ver esos resultados. Los nuevos reclutas no sirven como agentes, G¨®mez. Solo se interesan en la misi¨®n si la misma implica que los manden a explorar el otro mundo. En sus mentes solo as¨ª pueden hacer alg¨²n descubrimiento o aporte que lo mande a alg¨²n laboratorio m¨¢s importante. En el fondo creo que les importa tres bledos ayudar a los ciudadanos de Florida. G¨®mez asinti¨®, comprendiendo perfectamente la frustraci¨®n de su amigo. El vapor de las duchas segu¨ªa envolviendo a los dos hombres mientras la conversaci¨®n perd¨ªa intensidad. El tema de las entidades y las investigaciones paranormales parec¨ªa haber calmado la tensi¨®n en el aire, y G¨®mez se sent¨ªa agradecido por ello. Ambos segu¨ªan bajo los chorros de agua, disfrutando de lo que parec¨ªa ser uno de los pocos momentos de tranquilidad en sus agitadas rutinas. Jonathan solt¨® una peque?a carcajada: ¡ª?Recuerdas cuando nosotros ¨¦ramos reclutas? ¡ªDijo mientras se frotaba el cabello con ambas manos¡ª Est¨¢bamos cagados de miedo, pero aun as¨ª continuamos. Hoy en d¨ªa los j¨®venes se meten en la boca del lobo con tal de resolver un caso importante. G¨®mez sonri¨®, relaj¨¢ndose un poco m¨¢s: ¡ªS¨ª, esos eran otros tiempos. Cuando todo parec¨ªa m¨¢s simple. Jonathan asinti¨®, dejando que el agua le golpeara la espalda: ¡ªS¨ª, simple. Aunque no s¨¦ si alguna vez lo fue. Quiz¨¢s simplemente no sab¨ªamos en lo que nos est¨¢bamos metiendo. ¡ªClaro, claro¡ªRespondi¨® G¨®mez¡ªPero al menos sab¨ªamos c¨®mo cuidarnos las espaldas. Hoy en d¨ªa los j¨®venes creen que porque ven un par de v¨ªdeos o completan un par de cursos, ya est¨¢n listos para lo que sea. ¡ª?Recuerdas la primera misi¨®n importante que nos asignaron? ¡ªPregunt¨® Jonathan, cambiando de tono, como si intentara aliviar el ambiente¡ª La que nos mandaron al laboratorio 67. ?Dios, c¨®mo la sufrimos! ¡ªS¨ª, ?y c¨®mo olvidarlo? ¡ªRespondi¨® G¨®mez¡ª No hab¨ªamos entrado ni cinco minutos y ya est¨¢bamos convencidos de que algo nos iba a arrancar la cabeza. Unos cuantos vomitaron, otros fuimos m¨¢s inteligentes y lo hicimos en secreto. Jonathan ri¨® m¨¢s fuerte esta vez: ¡ªY result¨® que todo era una broma de esos bastardos. ?Ni fantasmas, ni monstruos, ni nada! Solo un maldito veterano que activ¨® las alarmas de ese viejo laboratorio y nos mand¨® a cazar motas de polvo. ¡ªNos mandaron a hacer el rid¨ªculo. Pero, ?sabes? Prefiero esa clase de educaci¨®n que los cursos pedorros de ahora. Al menos entonces nos capacitaban otros agentes, no los payasos de recursos humanos. Jonathan se qued¨® en silencio un momento, su expresi¨®n torn¨¢ndose m¨¢s seria. Hab¨ªa una verdad innegable en lo que G¨®mez dec¨ªa. Las cosas hab¨ªan cambiado mucho desde esos d¨ªas. Ahora, los errores no solo te costaban la dignidad. Te pod¨ªan costar la vida. ¡ªY sin embargo, seguimos aqu¨ª¡­ ¡ªDijo Jonathan finalmente, con un suspiro. ¡ªS¨ª, seguimos ¡ªReplic¨® G¨®mez¡ª Pero ya no somos los mismos¡­ Finalmente, ambos hombres cerraron las llaves de las duchas y comenzaron a salir. El vapor condensado hac¨ªa que las paredes de la sala de duchas parecieran distorsionadas, como si la realidad misma estuviera en un estado de transici¨®n, algo apropiado para el lugar en el que trabajaban. Sin embargo, la sensaci¨®n era m¨¢s relajante que inquietante, y G¨®mez decidi¨® centrarse en lo mundano en lugar de dejarse llevar por pensamientos m¨¢s oscuros. Al llegar al vestuario, G¨®mez not¨® algo inusual. Sus ropas, que antes hab¨ªan estado manchadas de sangre y sudor, no estaban donde las hab¨ªa dejado. En su lugar, sobre la banca flotante, hab¨ªa un nuevo uniforme: completamente limpio, planchado, con la insignia de la organizaci¨®n perfectamente colocada en el hombro. La tela, suave al tacto, ten¨ªa un brillo leve bajo la luz artificial del vestuario. ¡ªVaya, servicio express ¡ªDijo Jonathan con una sonrisa burlona al ver la ropa nueva de G¨®mez¡ª Parece que los de recursos humanos se est¨¢n asegurando de que te veas bien para tu suspensi¨®n. G¨®mez arque¨® una ceja, sorprendido ¡ªNo recuerdo haber pedido un cambio de ropa ¡ªMurmur¨® mientras se acercaba al uniforme. Lo inspeccion¨® con atenci¨®n. A simple vista parec¨ªa ser suya, pero hab¨ªa algo en los detalles que no cuadraba. La etiqueta interior ten¨ªa su nombre y su rango, como deb¨ªa ser, pero el material parec¨ªa m¨¢s avanzado de lo que sol¨ªa usar. Era como si alguien hubiera mejorado su equipo sin informarle. ¡ª?Te quejas? ¡ªJonathan se estaba secando con una toalla mientras miraba a su compa?ero con una sonrisa ladeada¡ª Con todo lo que te ha pasado hoy, un uniforme limpio parece lo menos preocupante. G¨®mez buf¨®, visiblemente molesto, mientras se ajustaba el uniforme nuevo que acababa de recibir. Le quedaba perfecto y parec¨ªa haber sido dise?ado a medida. ¡ªEl problema no es el uniforme ¡ªRespondi¨®, frunciendo el ce?o¡ª Estaba usando la corbata favorita de mi padre y estos idiotas son capaces de incinerarla como si fuera cualquier trapo. Jonathan solt¨® una carcajada baja y neg¨® con la cabeza: ¡ªTranquilo, eso lo arreglo yo. Si algo tiene soluci¨®n es una corbata. Pero, esc¨²chame, pon cara de idiota mientras te suspenden y di cualquier excusa convincente. Pero de las buenas, ?eh? Porque mataste a un prisionero, y si te ven alterado, solo les dar¨¢s razones para que te jubilen antes de tiempo. Y cr¨¦eme, nadie quiere eso. Ya quedamos pocos agentes de verdad en este laboratorio. ¡ª?Y qu¨¦ excusa puedo dar? ¡ªPregunt¨® G¨®mez, pasando una toalla por su rostro mojado¡ª No puedo decir que fue un accidente. Ya sabes c¨®mo son en recursos humanos, viven para joderles la vida a los veteranos. Tienen esa maldita pol¨ªtica de cero tolerancia, y est¨¢n ansiosos por deshacerse de cualquiera que no siga el ¡°nuevo¡± protocolo al pie de la letra. No quiero darles m¨¢s motivos para mandarme a la mierda. ¡ªInventa algo. Ya sabes c¨®mo va esto. Diles que el prisionero te provoc¨®, que intent¨® escapar o que hubo un fallo en los controles y no estaba encadenado. Lo que sea. Algo lo suficientemente cre¨ªble para que no les den ganas de seguir investigando. Si los distraes con eso, podr¨¢s salir del radar un tiempo. Y cr¨¦eme, te necesitamos aqu¨ª. No dejes que te metan en esa trampa. ¡ªEs f¨¢cil decirlo, pero t¨² sabes c¨®mo son estos tipos. Si no encuentran algo claro, lo inventan. Y la verdad¡­ ¡ªHizo una pausa, dejando que las palabras se formaran en su mente antes de soltarlas¡ª No lo pens¨¦ bien en ese momento. Solo, sucedi¨®. No fue premeditado, ni planeado, pero en ese instante, parec¨ªa la ¨²nica salida para no volverme loco. Jonathan lo observ¨® en silencio por un momento, con esa mezcla de comprensi¨®n y pragmatismo que s¨®lo los a?os de servicio pod¨ªan brindar¡ªLo s¨¦, hermano. Y por eso te digo que juegues tus cartas bien. No pueden culparte si pones una buena excusa. ?Recuerdas que mataste a Thomas Smith? ¡ªPregunt¨®, cambiando ligeramente el tono de la conversaci¨®n, como si la nueva informaci¨®n fuera la clave para salir del problema. G¨®mez lo mir¨® con seriedad: ¡ª?S¨ª? ?Importa su nombre? ¡ªYo particip¨¦ en el caso de la secundaria St. Patrick como detective privado para uno de los padres de esa escuela ¡ªDijo Jonathan en voz baja, aboton¨¢ndose la camisa¡ª Resulta que Thomas Smith es en esencia un hijo de puta, pero m¨¢s importante es que estuvo involucrado en un caso con criaturas con altas tendencias a hacer posesiones. Si le cuentas a recursos humanos que algo raro pas¨® durante el interrogatorio, que te sentiste¡­ no s¨¦, ¡°pose¨ªdo¡± o manipulado, tal vez podr¨ªas salirte con la tuya. Ya sabes c¨®mo les gusta usar el misterio y toda esa mierda paranormal como excusa de sus fracasos. Podr¨ªa funcionar. ¡ªNo, si digo eso me har¨¢n un J74 y me va a dar negativo ¡ªRespondi¨® G¨®mez. ¡ªYa lo s¨¦, pero el resultado de ese examen es lo de menos ¡ªDijo Jonathan, con una sonrisa de lado¡ª Cr¨¦eme, los de recursos humanos est¨¢n m¨¢s preocupados por mantener sus bonitos ¨ªndices de ¡°clima laboral¡± y ¡°seguimiento de protocolo¡± que por lo que realmente ocurre. Si dices que una criatura misteriosa te posey¨® con esta cuartada, estar¨ªan m¨¢s que dispuestos a inventarse que el J74 puede dar falsos negativos con esa criatura. Lo ¨²nico que les importa es mantener su pol¨ªtica de muchas sonrisas y pocas caras tristes. G¨®mez frunci¨® el ce?o, sopesando las palabras de su compa?ero. La idea ten¨ªa sentido, aunque era arriesgada. Mentir tan descaradamente sobre un resultado que se pod¨ªa verificar no era lo que m¨¢s le preocupaba, sino las implicaciones de que se investigara de m¨¢s el caso. Eso lo pondr¨ªa en el radar del laboratorio hasta que de resultado negativo, es decir, buscar¨ªan la grabadora y aunque nadie la encontrara, y el departamento de recursos humanos comprara la historia, no significaba que todos los dem¨¢s lo har¨ªan. ¡ª?Y crees que eso funcionar¨ªa? ¡ªPregunt¨® G¨®mez, con una mezcla de duda y resignaci¨®n en su voz. Jonathan se sec¨® las ¨²ltimas gotas de agua del cuello antes de responder, su tono firme y confiado: ¡ªNo te lo puedo garantizar, pero te doy mi palabra de que es mejor que ir con las manos vac¨ªas. Ya sabes c¨®mo son estos tipos: prefieren resolver las cosas con una buena historia antes que meterse en el l¨ªo de investigar a fondo. Y con todo lo que se sabe de Thomas Smith, podr¨ªan comprarse la idea de que algo te afect¨®. La clave es que juegues bien tus cartas, te presentes como una v¨ªctima de las circunstancias, no como el tipo que simplemente perdi¨® el control. Las historias de posesi¨®n siempre venden, y m¨¢s si el jefe tambi¨¦n te respalda. Al final, solo necesitan una excusa para pasar p¨¢gina y t¨² te sales con la tuya. G¨®mez suspir¨®, a¨²n dubitativo, pero con una chispa de esperanza, comenzando a encenderse en su interior. En el fondo quer¨ªa creer que el jefe de los agentes no le hab¨ªa clavado un pu?al por la espalda al mandarle disimuladamente a Thomas, pero su experiencia como agente le obligaba a no apostar a las casualidades. ¡ªYa, pero si llego a mencionar eso y lo compran desde recursos humanos. Pero despu¨¦s el equipo de control no encuentra ni rastro de actividad paranormal en el ¨¢rea del interrogatorio, ?c¨®mo me salvo de eso? ¡ªPregunt¨®, mientras se pasaba una mano por el cabello, a¨²n mojado. Jonathan levant¨® las cejas, como si hubiera estado esperando esa pregunta: ¡ªAh¨ª es donde tienes que usar tu ingenio, viejo. Di que las interferencias fueron moment¨¢neas, que te afectaron solo a ti. Incluso podr¨ªas decir que los sistemas estaban inestables cuando ocurri¨®, que la criatura se manifest¨® en un plano que los equipos no alcanzan a detectar. Les encanta esa clase de mierda. Lo importante es que suene a algo que podr¨ªa ser plausible, algo lo suficientemente vago para que no lo cuestionen demasiado. ¡ªTienes raz¨®n, en estos tiempos la mayor¨ªa de agentes escribe mierda que ni entiende para que no los tachen de idiotas¡­ ¡ªMurmur¨® al final, casi como si estuviera convenciendo a s¨ª mismo¡ª No tengo otra opci¨®n. Es eso o que me jubilen. Jonathan, notando el tono m¨¢s decidido de su compa?ero, esboz¨® una sonrisa de satisfacci¨®n. ¡ªAs¨ª se habla. No te preocupes, te cubrimos la espalda. Yo hablar¨¦ con el jefe y le dejar¨¦ caer algunas pistas. Sabes que si todos empujamos en la misma direcci¨®n, las cosas terminan saliendo bien. ¡ªEspero que tengas raz¨®n ¡ªRespondi¨® G¨®mez, resignado pero con un leve toque de alivio en su voz. Jonathan termin¨® de vestirse y lo mir¨® con una seriedad que contrastaba con la ligereza con la que hab¨ªa empezado la conversaci¨®n: ¡ªLo que tienes que recordar es que en este juego, nadie juega limpio. Thomas Smith era un hijo de puta, no te sientas culpable por eso, y no dejes que te coman vivo los de arriba. Ellos tambi¨¦n son unos hijos de puta, solo que lo disimulan mejor. G¨®mez asinti¨® en silencio. Las palabras de Jonathan resonaban en su mente como un recordatorio de la realidad en la que estaba metido. Hab¨ªa cometido errores, pero no pod¨ªa permitirse ser uno m¨¢s en la larga lista de ca¨ªdos del laboratorio. Ten¨ªa que mantenerse en el juego o no podr¨ªa seguir ayudando a sus amigos. ¡ªGracias, Jonathan. Te debo una ¡ªDijo finalmente, mientras se pasaba la toalla por la cara para despejarse un poco m¨¢s. ¡ªNo me debes nada ¡ªRespondi¨® Jonathan, mientras se dirig¨ªa hacia la puerta¡ª Solo aseg¨²rate de que esto no vuelva a pasar. Los dos mundos (6) Cuando Jonathan sali¨® del vestuario, G¨®mez se qued¨® en silencio, observando su propio reflejo en el espejo. Las luces fr¨ªas del cuarto hac¨ªan que su rostro pareciera m¨¢s p¨¢lido de lo habitual, casi cadav¨¦rico, como si estuviera mirando a un extra?o. Hab¨ªa jugado sus cartas con cuidado durante la conversaci¨®n con Jonathan Parker, aunque al principio su amigo hab¨ªa sospechado algo, al final lo ten¨ªa de su lado. Eso era lo que importaba. Jonathan ya estaba ayud¨¢ndolo a trazar una coartada s¨®lida, una excusa lo suficientemente cre¨ªble como para pasar desapercibido. Si lograba alinear a los veteranos con ¨¦l, este asunto de Thomas Smith quedar¨ªa enterrado en lo m¨¢s profundo de su historial. Lo suspender¨ªan, s¨ª, quiz¨¢s incluso por un tiempo considerable, pero lo que le preocupaba no eran las vacaciones forzadas, sino algo mucho m¨¢s importante: su ¡°familia¡±. Los veteranos del laboratorio, sus compa?eros, aquellos que hab¨ªan estado con ¨¦l en lo peor y lo mejor de cada misi¨®n, aquellos con los que hab¨ªa compartido a?os de sudor, riesgo y secretos. Los odiaba a algunos, apreciaba a otros, pero todos formaban parte de algo m¨¢s grande. Esa era la verdadera familia que necesitaba proteger. El peligro no estaba en la suspensi¨®n o en el castigo inmediato; el verdadero riesgo era lo que podr¨ªa suceder si alguien fuera del c¨ªrculo interno de confianza empezaba a hacer preguntas inc¨®modas. Si las autoridades externas comenzaban a hurgar, a cuestionar la versi¨®n oficial, no solo ¨¦l estar¨ªa en peligro, sino todos los que formaban parte de este laboratorio. Y eso no lo iba a permitir. G¨®mez tom¨® una respiraci¨®n profunda y volvi¨® a mirarse al espejo, viendo las sombras bajo sus ojos, el cansancio acumulado por a?os de trabajo sucio, decisiones dif¨ªciles y secretos ocultos. Esta era su vida. Y si hab¨ªa algo que hab¨ªa aprendido durante todos esos a?os es que, para trabajar en un lugar como este, ten¨ªas que saber cu¨¢ndo mentir, cu¨¢ndo callar y cu¨¢ndo tomar las riendas de la situaci¨®n. ¡ªTodo saldr¨¢ bien ¡ªMurmur¨® para s¨ª mismo, aunque la voz que escuch¨® en su cabeza sonaba mucho menos convencida que la que hab¨ªa usado frente a Jonathan. Guard¨® silencio un momento m¨¢s, dejando que el sonido del agua escurriendo por el drenaje lo calmara un poco. Finalmente, se apart¨® del espejo y termin¨® de vestirse con la misma frialdad y eficiencia con la que siempre hab¨ªa enfrentado los problemas. Jonathan ten¨ªa raz¨®n en algo: si jugaba bien sus cartas, si manten¨ªa la calma y actuaba con la mente fr¨ªa, todo quedar¨ªa en el pasado. El sonido de las puertas autom¨¢ticas desliz¨¢ndose rompi¨® el silencio del pasillo mientras el agente G¨®mez sal¨ªa del vestuario, aun acomod¨¢ndose la corbata del nuevo uniforme que le hab¨ªan dejado. El vapor se disipaba lentamente a su alrededor, y apenas comenzaba a sentir el ambiente fr¨ªo y met¨¢lico de las instalaciones cuando, de repente, escuch¨® pasos apresurados acerc¨¢ndose por el pasillo. Al girar la esquina, apareci¨® un hombre bajo y delgado, vestido con una bata de laboratorio blanca que le quedaba muy grande, arrastrando el dobladillo sobre sus lustrosas botas de trabajo. Su rostro, ya naturalmente fruncido por sus facciones, estaba ahora completamente deformado por el enojo. El ce?o fruncido, las fosas nasales dilatadas y los ojos inyectados en ira indicaban que no hab¨ªa llegado para una charla amistosa.
Tarjeta del personal
Nombre Marcus Clark
C¨®digo de Identificaci¨®n 830719
Ocupaci¨®n Investigador Principal
Especializaci¨®n Desapariciones Paranormales
Ubicaci¨®n Piso 9, Investigaciones Especiales
Rango Eventos de clase D
The author''s narrative has been misappropriated; report any instances of this story on Amazon. ¡ª?G¨®mez! ¡ªGrit¨® el hombre, su voz aguda y cargada de furia¡ª ?T¨², maldito bastardo! ?Lo arruinaste todo! El cient¨ªfico lleg¨® hasta ¨¦l, encarando como un toro a punto de embestir. G¨®mez apenas pudo contener la sorpresa. No estaba preparado para una confrontaci¨®n, mucho menos en ese momento, pero el hombre no parec¨ªa tener intenciones de contenerse. ¡ª?De qu¨¦ demonios hablas, Marcus? ¡ªPregunt¨® G¨®mez, manteniendo la calma, aunque su mente ya comenzaba a trabajar a toda velocidad. Pod¨ªa sentir la mirada fija y enfurecida del hombre perfor¨¢ndole el alma como si de alguna manera hab¨ªa cometido un pecado imperdonable. ¡ª?De qu¨¦ hablo? ¡ªReplic¨® Marcus, su voz elev¨¢ndose hasta casi un chillido¡ª ?Mi rata de laboratorio, G¨®mez! ?Mi ¨²nica fuente de datos, la clave para entender que demonios le est¨¢ pasando a los sujetos desaparecidos, y t¨² la mataste! ?La destrozaste en esa est¨²pida sala de interrogatorios y no obtuviste absolutamente nada ¨²til! El cient¨ªfico se acerc¨® a¨²n m¨¢s, tan cerca que G¨®mez pod¨ªa sentir su aliento caliente contra su rostro. La agresividad del peque?o hombre parec¨ªa completamente desproporcionada a su tama?o, pero la energ¨ªa que emanaba era innegable. G¨®mez respir¨® hondo. Ten¨ªa experiencia lidiando con gente al borde de la histeria, pero Marcus era un caso aparte. Sus ojos estaban casi desorbitados, y no parec¨ªa tener intenci¨®n de detenerse. G¨®mez levant¨® una mano de manera tranquilizadora, intentando bajar los ¨¢nimos. ¡ªMarcus, escucha ¡ªDijo, con voz pausada¡ªNo fue intencional. Las cosas se descontrolaron ah¨ª dentro, lo sabes. No siempre podemos prever c¨®mo reaccionar¨¢n estos sujetos. Sabes tan bien como yo que las condiciones en este tipo de interrogatorios son impredecibles. Marcus no parec¨ªa querer escuchar razones. Sus manos temblaban mientras apretaba los pu?os a los costados, como si contuviera las ganas de golpear a G¨®mez, o tal vez a s¨ª mismo por no haber estado all¨ª para supervisar. Con un movimiento brusco sac¨® una tarjeta de su bolsillo, agit¨¢ndola frente a su rostro como si fuera un s¨ªmbolo de autoridad. La tarjeta era sencilla pero llamativa, con letras plateadas grabadas sobre el fondo negro. ¡ª?Impredecibles? ¡ªSu tono era casi un bufido, con la incredulidad desliz¨¢ndose en cada s¨ªlaba¡ª ?Te di ¨®rdenes claras, G¨®mez! ?No pod¨ªas simplemente matarlo! Necesit¨¢bamos m¨¢s datos, m¨¢s tiempo, m¨¢s pruebas. ?Y qu¨¦ haces t¨²? ?Golpeas al sujeto hasta la muerte como si fuera un mu?eco de trapo, dejando que toda la informaci¨®n se escurra junto con su sangre por el maldito desag¨¹e! ?Eres un completo idiota! ¡ªMira, Marcus ¡ªDijo G¨®mez, con tono calmado¡ª No puedes hablarme de esa manera. S¨¦ que est¨¢s frustrado, pero las cosas se salieron de control. No fue mi intenci¨®n interferir con tus investigaciones. Pero no podemos arriesgarnos cuando la seguridad de todo el equipo est¨¢ en juego. Adem¨¢s, ?qui¨¦n te dio permiso para hacerle un interrogatorio a un prisionero? ¡ª?No te atrevas a cuestionar mis m¨¦todos, G¨®mez! ¡ªReplic¨® Marcus con la voz ronca por el esfuerzo¡ª Yo soy el ¨²nico que sabe lo que est¨¢ pasando aqu¨ª. ?T¨² solo eres una herramienta, un ejecutor! ?Lo que ocurre dentro del laboratorio no lo entiendes, y nunca lo har¨¢s! ?Solo estabas aqu¨ª para seguir ¨®rdenes y ayudar en mis investigaciones, no para destruirlas! ¡ªMira, Marcus ¡ªDijo en tono bajo, controlando su propio enojo¡ª Si comet¨ª un error, lo resolveremos. Pero no estoy aqu¨ª para ser tu chivo expiatorio. Si tienes un problema con lo que pas¨®, podemos discutirlo, pero ahora mismo, tienes que calmarte. Marcus lo fulmin¨® con la mirada, su rostro rojo y tembloroso. Por un momento, pareci¨® que iba a continuar con sus gritos, pero algo en la voz de G¨®mez lo detuvo. Respir¨® hondo, pero el enojo segu¨ªa latente, como si una chispa pudiera hacerlo explotar de nuevo en cualquier momento. Finalmente, Marcus se dio la vuelta bruscamente, alej¨¢ndose un par de pasos antes de girar sobre sus talones y se?alar a G¨®mez con un dedo acusador. ¡ªNo hemos terminado, G¨®mez ¡ªDijo, su tono m¨¢s controlado, pero cargado de amenaza¡ª La gerente de recursos humanos quiere vernos a ambos. Ahora mismo. Vamos a tener una reuni¨®n, y creo que ser¨¢ bastante reveladora para ti. G¨®mez arque¨® una ceja, sorprendido, pero no dej¨® que la preocupaci¨®n se manifestara en su rostro. A¨²n no hab¨ªa recibido ninguna notificaci¨®n oficial sobre su suspensi¨®n, pero parec¨ªa que las noticias se estaban moviendo m¨¢s r¨¢pido de lo que esperaba. ¡ª?Ahora? ¡ªPregunt¨®, intentando disimular su propia sorpresa. ¡ªS¨ª, ahora ¡ªRespondi¨® Marcus, sin mirarlo¡ª Nos espera en la sala de reuniones. Te sugiero que no tardes o solo empeorar¨¢s tu situaci¨®n. Te aseguro, G¨®mez, que voy a disfrutar esa reuni¨®n tanto como t¨² disfrutaste aniquilando a mi est¨²pida rata de laboratorio. Con esa advertencia final, Marcus dio media vuelta y comenz¨® a caminar hacia la salida del pasillo. G¨®mez observ¨® c¨®mo Marcus se alejaba con su t¨ªpico andar pesado, la bata blanca del cient¨ªfico ondeando de manera desproporcionada para su corta estatura. El agente sab¨ªa que el encuentro en la sala de reuniones no auguraba nada bueno, pero tendr¨ªa que superarlo, c¨®mo hab¨ªa superado tantas cosas en el pasado. Frunci¨® el ce?o y, de mala gana, decidi¨® no seguir al peque?o cient¨ªfico. No ten¨ªa intenciones de caminar tras su espalda, mucho menos despu¨¦s de haber soportado sus gritos. G¨®mez suspir¨®, frustrado, y opt¨® por tomar un camino diferente hacia la sala de reuniones. Comenz¨® a caminar por un pasillo lateral que se extend¨ªa en direcci¨®n opuesta, permiti¨¦ndole una breve distracci¨®n al recorrer el laberinto de instalaciones de la Fundaci¨®n A.P.D. Era una estructura futurista y opresiva, construida con una funcionalidad casi militar. Las paredes eran de un metal oscuro y pulido, reflejando la luz de las l¨¢mparas pegadas al techo en largas filas, proyectando un brillo fr¨ªo y est¨¦ril. A lo largo del corredor, pantallas hologr¨¢ficas flotaban en el aire, mostrando datos en tiempo real sobre el calendario de investigaciones, publicidad y los cambios en el protocolo de seguridad. Las peticiones del personal de diferentes ¨¢reas del laboratorio flotaban en letras verdes fosforescentes, cambiando constantemente seg¨²n la informaci¨®n recibida. Entre ellas se encontraba la petici¨®n de que el agente G¨®mez se dirigiera al sector de recursos humanos. Los dos mundos (7) El pasillo exhalaba un aire impregnado de desinfectante qu¨ªmico, un olor inc¨®modo y ¨¢cido que parec¨ªa volverse m¨¢s denso con cada paso. Bajo sus pies, el suelo de metal resonaba con ecos apagados, mientras que un zumbido constante reverberaba en el ambiente, generado por las m¨¢quinas que trabajaban incansablemente detr¨¢s de las gruesas paredes. La fundaci¨®n nunca dorm¨ªa, no hab¨ªa pausas ni interrupciones. Cada esquina estaba bajo el escrutinio de c¨¢maras que no se pod¨ªan ver. El sistema de inteligencia artificial gobernaba en silencio, vigilando cada movimiento dentro de su dominio. Sensores de movimiento, sensores t¨¦rmicos, l¨¢seres de detecci¨®n y dem¨¢s tecnolog¨ªas se empleaban para evitar los riesgos de una investigaci¨®n que se haya salido de control. La seguridad dentro de las instalaciones no depend¨ªa de humanos y estaba estandarizada; unos robots patrullaban los corredores, eran aut¨®matas sin coraz¨®n que segu¨ªan al pie de la letra sus estrictos protocolos. Se mov¨ªan en perfecta sincronizaci¨®n, sus pasos mec¨¢nicos en una cadencia que parec¨ªa cronometrada para no molestar al personal humano. Sin embargo, la verdadera atenci¨®n de todo el sistema de seguridad estaba puesta en monitorear los pasos de las ¡°ratas de laboratorio¡±, aquellos prisioneros condenados a muerte que la fundaci¨®n utilizaba como sujetos de prueba. Estos sujetos no eran m¨¢s que cifras a los ojos del personal, imb¨¦ciles condenados a enfrentar lo impensable. Aunque la mayor¨ªa de los reclusos estaban medio sedados para evitar que intentaran escapar, todav¨ªa requer¨ªan vigilancia. Su desesperaci¨®n era real, y ya se hab¨ªan dado intentos de fuga en el pasado. No obstante, el sistema de vigilancia no era infranqueable, solo simulaba serlo. G¨®mez hab¨ªa pasado suficiente tiempo entre las paredes de este laboratorio para comprender c¨®mo operaban las estructuras de seguridad interna. Hab¨ªa aprendido a manipularlas a su favor. Usando esa informaci¨®n privilegiada hab¨ªa logrado ocultar la grabadora en un lugar que escapaba tanto a la inteligencia artificial como a los robots, una grieta en el sistema que solo alguien como ¨¦l pod¨ªa detectar. Nadie la encontrar¨ªa. A lo largo del pasillo, a su derecha, una pared de vidrio grueso ofrec¨ªa una vista sin obstrucciones del verdadero coraz¨®n de este piso del laboratorio. Desde su posici¨®n elevada, G¨®mez pod¨ªa observar la vasta sala principal donde cient¨ªficos, equipados con trajes protectores, manipulaban con cautela varias c¨¢maras de contenci¨®n. En general, estas c¨¢maras consist¨ªan en c¨¢psulas blindadas y cristales reforzados, los cuales albergaban entidades y objetos que desafiaban cualquier comprensi¨®n conocida. Algunas de esas criaturas flotaban en l¨ªquidos viscosos, deform¨¢ndose y ondulando de maneras imposibles de describir con precisi¨®n. Una de ellas, una masa de tent¨¢culos transl¨²cidos que parec¨ªan hechos de humo solidificado, se mov¨ªa con una gracia inquietante. Sus extremidades se retorc¨ªan en un patr¨®n irregular, como si estuviera constantemente ajust¨¢ndose a una geometr¨ªa que no pertenec¨ªa a este plano de existencia. Otras criaturas, apenas visibles por el ojo humano, eran figuras espectrales que proyectaban sombras al rev¨¦s, dando la sensaci¨®n de estar desafiando la f¨ªsica. Parec¨ªan moverse con el ritmo del aire, aunque el ambiente era completamente est¨¦ril y controlado. Su mera presencia hac¨ªa que el ambiente alrededor de sus c¨¢psulas vibrara de una manera casi imperceptible, pero que dejaba en el espectador una sensaci¨®n de incomodidad. Entre los objetos confinados, un cubo met¨¢lico hab¨ªa capturado su atenci¨®n, el mismo flotaba en una c¨¢psula sellada herm¨¦ticamente, girando lentamente sobre su propio eje. Emit¨ªa un leve brillo azulado, y a su alrededor, el tiempo parec¨ªa comportarse de manera an¨®mala. Los relojes de pared cercanos avanzaban y retroced¨ªan a intervalos irregulares, y cualquier cosa que se acercara demasiado al campo distorsionado sufr¨ªa alteraciones temporales. Las historias dec¨ªan que ese artefacto ten¨ªa el poder de ralentizar o acelerar el tiempo en sus inmediaciones, afectando incluso la percepci¨®n del espacio. Algunos de los investigadores de este piso del laboratorio afirmaban que hab¨ªan visto los relojes desaparecer y reaparecer d¨ªas despu¨¦s. En el medio de la habitaci¨®n, una figura alta y encapuchada se mov¨ªa lentamente dentro de una c¨¢psula de contenci¨®n. Su silueta parec¨ªa fluir, como si estuviera hecha de pura sombra condensada. A veces, su cuerpo parec¨ªa deformarse en ¨¢ngulos imposibles, como si se rompiera y se recompusiera constantemente. En otro rinc¨®n de la sala, un objeto a¨²n m¨¢s extra?o se encontraba suspendido en su contenci¨®n: una simple puerta, flotando en el aire. No estaba conectada a ninguna pared o estructura, simplemente exist¨ªa en el espacio. Aunque aparentemente ordinaria, aquellos que la hab¨ªan abierto contaban historias de haber sido arrastrados a lugares desconocidos. Una de las jaulas conten¨ªa algo m¨¢s tangible: una figura humanoide, sin rostro, cuya piel parec¨ªa hecha de una textura similar al cart¨®n mojado, pero m¨¢s resistente. Estaba inm¨®vil, sus brazos colgando en una postura extra?amente inerte, pero hab¨ªa algo en su quietud que inquietaba a G¨®mez. Era como si la criatura simplemente estuviera esperando, observando sin ojos. Sab¨ªa por rumores que esas criaturas no necesitaban ojos para rastrear a sus presas, movi¨¦ndose de manera instintiva, como si estuvieran conectadas a algo m¨¢s all¨¢ de la percepci¨®n humana. Sin embargo, G¨®mez no ten¨ªa ni idea de qu¨¦ eran en realidad estos seres u objetos. Todo lo que ve¨ªa, desde las entidades deformadas hasta los artefactos incomprensibles, hab¨ªa sido tra¨ªdo del ¡°otro mundo¡± por los exploradores, un grupo de lun¨¢ticos que nunca pisaba el mundo ordinario a menos que fuera estrictamente necesario. Su trabajo consist¨ªa en atravesar dimensiones desconocidas, recolectar informaci¨®n y traer de vuelta muestras para ser estudiadas, aunque muchos no regresaban. Al igual que el resto de los agentes, G¨®mez ten¨ªa la tarea de lidiar con problemas en el mundo real, el mundo de los humanos. Su entrenamiento y sus protocolos estaban dise?ados para combatir y comprender amenazas f¨ªsicas, criminales o sobrenaturales, pero siempre dentro de los l¨ªmites de la ¡°realidad¡±. Lo que pasaba en el ¡°otro mundo¡± era territorio exclusivo de los exploradores y los investigadores que estudiaban desde la seguridad del laboratorio. El hecho de que aquellos objetos y criaturas estuvieran ahora en el mismo espacio que ¨¦l solo incrementaba la sensaci¨®n de inquietud en G¨®mez. Sin importar cu¨¢nto se distanciara de las operaciones de los exploradores, las barreras entre ambas realidades parec¨ªan cada vez m¨¢s delgadas. En su percepci¨®n tradicionalista, los recursos de la fundaci¨®n deber¨ªan centrarse en la protecci¨®n del mundo, traer criaturas de afuera solo complicaba el trabajo de los agentes. G¨®mez se detuvo un momento, contemplando todo aquello. Sab¨ªa que el riesgo de fuga de estas criaturas era nulo, las leyes y protocolos para traer objetos del ¡°otro mundo¡± a nuestro mundo eran las m¨¢s estrictas de la humanidad. El proceso era redundantemente lento y meticuloso. No se pod¨ªa traer ni una mota de polvo del otro mundo si la misma no fue estudiada de antemano, pero aun la sensaci¨®n de que este no era el camino persist¨ªa dentro de ¨¦l. A medida que G¨®mez avanzaba por el pasillo, el sonido r¨ªtmico de sus botas contra el suelo de metal resonaba, incrementando la sensaci¨®n de aislamiento. La atm¨®sfera, que ya de por s¨ª era inc¨®moda por el olor a qu¨ªmicos y el constante zumbido de las m¨¢quinas, se volv¨ªa m¨¢s asfixiante mientras se acercaba a la siguiente ¨¢rea de investigaci¨®n en este piso. All¨ª, a trav¨¦s de las gruesas paredes de vidrio, observ¨® a un grupo de investigadores enfundados en trajes especiales, ajustando sensores y monitores en lo que parec¨ªa ser una sala de energ¨ªa ps¨ªquica. If you find this story on Amazon, be aware that it has been stolen. Please report the infringement. En el interior, prisioneros con capacidades telequin¨¦ticas eran sometidos a pruebas exhaustivas. La fundaci¨®n hab¨ªa comenzado a investigar fuerzas paranormales aplicables a criaturas en las ¨²ltimas d¨¦cadas, primero con peque?os insectos y animales, tratando de comprender c¨®mo ciertas entidades o energ¨ªas alteraban el comportamiento y las capacidades de estos seres. Pero en estas alturas ya se estaban probando en seres humanos. La obsesi¨®n de la fundaci¨®n por el control y manipulaci¨®n de fuerzas paranormales no era casualidad; respond¨ªa a una carrera fren¨¦tica por obtener patentes que promet¨ªan redefinir las capacidades humanas. El negocio de las habilidades sobrehumanas, desde la telequinesis hasta la regeneraci¨®n acelerada, hab¨ªa dejado de ser ciencia ficci¨®n para convertirse en una industria emergente y altamente lucrativa. Pero la implementaci¨®n de estos poderes a¨²n no lograba venderse de forma masiva. El proceso era lento y comenzaba en peque?os experimentos con insectos y animales, criaturas que los cient¨ªficos manipulaban para estudiar los efectos a peque?a escala. Posteriormente, los resultados exitosos llevaban a pruebas con prisioneros, sujetos perfectos para poner a prueba los l¨ªmites de los poderes y sus efectos secundarios. Cuando los experimentos con prisioneros mostraban resultados prometedores, el siguiente paso eran los voluntarios. Todav¨ªa la fundaci¨®n no hab¨ªa llegado a este punto, ni mucho menos el ¡°peque?o¡± laboratorio 32. No obstante, hab¨ªa otras organizaciones privadas mucho m¨¢s avanzadas que la fundaci¨®n en este campo de investigaci¨®n, estos voluntarios se trataban de personas que se ofrec¨ªan libremente a someterse a pruebas. En general gente con alguna enfermedad terminal, los cuales estaban dispuestos a sufrir los riesgos a los que se expon¨ªan. Si bien todav¨ªa no se hab¨ªa llegado a la siguiente fase, a medida que las pruebas se volvieran m¨¢s estables, los experimentos comenzar¨¢n a expandirse, escalando en magnitud. Las habilidades que antes solo eran manipuladas en peque?os grupos comenzar¨ªan a aplicarse a nivel de comunidades o peque?as ciudades, con el objetivo de determinar su viabilidad en la sociedad com¨²n. El plan final, o al menos la promesa oficial, era que si las pruebas se desarrollaban sin contratiempos, eventualmente estas capacidades ser¨ªan accesibles al p¨²blico general. La fundaci¨®n y muchas otras organizaciones aseguraban que sus innovaciones mejorar¨ªan la vida cotidiana, ofreciendo poderes que antes solo exist¨ªan en las p¨¢ginas de c¨®mics y novelas. Sin embargo, G¨®mez sab¨ªa que tras esa promesa de progreso y bienestar se escond¨ªa algo mucho m¨¢s siniestro: el control absoluto. Pensar que el acceso a estas capacidades sobrenaturales llegar¨¢ al com¨²n de las personas era una tonter¨ªa. Ya exist¨ªan cirug¨ªas e implantes tecnol¨®gicos para ser un ¡°superhumano¡±, y la realidad es que solo una minor¨ªa de la poblaci¨®n pod¨ªan costear esas tecnolog¨ªas. No hab¨ªa motivos para pensar que con lo paranormal ocurrir¨ªa lo contrario. Para G¨®mez no hab¨ªa duda que el acceso a estos poderes no ser¨ªa gratuito ni democr¨¢tico. Aquellos que quisieran obtener poderes que desafiaban la naturaleza humana tendr¨ªan que pagar una suma considerable, creando una sociedad donde los poderosos no ser¨ªan solo los ricos, sino tambi¨¦n ¡°dioses¡±. Y si el poder ya de por s¨ª corrompe, el poder absoluto corrompe absolutamente. G¨®mez no era el ¨²nico empleado que compart¨ªa esas sospechas en el laboratorio 32; de hecho, los cient¨ªficos que trabajaban en esta ¨¢rea eran los primeros en dar c¨¢tedra sobre la realidad tras la fachada de progreso. Sin embargo, hab¨ªa un factor crucial que manten¨ªa a todos en silencio: en una sociedad donde los superhumanos ocupaban las posiciones m¨¢s altas, aquellos que trabajaban con lo paranormal siempre tendr¨ªan una ventaja sobre el resto. Ese estatus privilegiado era suficiente para sobornar a todos para que aceptaran el ¡°progreso¡± sin cuestionarlo. Aunque no era tan simple. Nada real es simple. Siempre hay un acuerdo social. Una sociedad que debate y concuerda ciertos ideales y l¨ªmites. Nada es tan sencillo como reducir que todo lo malo de este mundo es producto de un malvado monstruo manipulado a todos desde la sombra. Eso no exist¨ªa. No puede ser real. Ac¨¢ todos son parte del problema, del ¡°sistema¡±. De ¡°Ellos¡±. Al final, como todos los que trabajaban en el laboratorio, G¨®mez pertenec¨ªa a una especie de ¨¦lite social. No eran los aut¨¦nticos ¡°Ellos¡±, pero desde la perspectiva de la mayor¨ªa de la humanidad, lo parec¨ªan. Eran los afortunados que ya hab¨ªan cruzado esa barrera que separaba a los privilegiados de los dem¨¢s. Eran parte de ese selecto grupo que ya ten¨ªa acceso a tecnolog¨ªa de punta y sueldos desmesuradamente altos, un mundo de privilegios que los alejaba del ciudadano promedio. Una burbuja. Y una muy exclusiva. Al final, todo se reduc¨ªa a una cuesti¨®n de perspectiva, aderezada con una buena dosis de hipocres¨ªa. Nadie en este laboratorio era un pobre diablo condenado a trabajar toda la vida como un esclavo para llegar a fin de mes. Todos, de alguna manera, formaban parte del sistema, aunque fueran los peones m¨¢s d¨¦biles en la jerarqu¨ªa de poder. Hab¨ªa quejas, claro, siempre las hab¨ªa. Algunos se atrev¨ªan a susurrarlas en los pasillos, mientras que otros, como G¨®mez, prefer¨ªan trag¨¢rselas y seguir adelante con su rutina. Sin embargo, si algo era incuestionable, era que cuando llegaran esos nuevos poderes que tanto se murmuraban en las charlas de ascensor, los trabajadores del laboratorio se asegurar¨ªan su porci¨®n de la torta, por peque?a que fuera. No compartir¨ªan ni una miga con los de ¡°abajo¡±. Los de ¡°arriba¡± siempre sab¨ªan mantener su distancia, alimentando esa fantas¨ªa de superioridad que tanto los distingu¨ªa. Porque, al fin y al cabo, aunque fueran la clase m¨¢s baja de los poderosos, jam¨¢s ser¨ªan parte de los que miraban desde abajo. Ni ¡°observadores¡±, ni ¡°sombras¡±, ni ¡°Ellos¡±, eran humanos, siendo humanos. Aunque tampoco todo era una tragedia. El progreso siempre fue algo bueno. Los superhumanos estar¨ªan m¨¢s capacitados para explorar y enfrentarse a los peligros del ¡°otro mundo¡±. No todo era oscuridad; hab¨ªa beneficios innegables que hac¨ªan que incluso los m¨¢s esc¨¦pticos dudaran de criticar abiertamente este campo de investigaci¨®n. Pero desde la perspectiva de los trabajadores de la fundaci¨®n, esto era una carrera contra el tiempo. No se pod¨ªa patentar lo ya patentado. Desde el ¡°destape¡±, cuando los secretos del mundo paranormal comenzaron a filtrarse al p¨²blico, una guerra silenciosa hab¨ªa estallado entre las grandes organizaciones que controlaban este conocimiento prohibido. Cada una compet¨ªa por monopolizar los poderes superhumanos, por ser los primeros en lanzarlos al mercado y controlar su distribuci¨®n. Las pruebas que G¨®mez observaba en este pasillo no eran meros experimentos cient¨ªficos; eran parte de una carrera global por la supremac¨ªa, una Guerra Fr¨ªa en la que la fundaci¨®n estaba dispuesta a sacrificar buena parte de su presupuesto para salir victoriosa. G¨®mez observ¨® en silencio mientras los investigadores ajustaban los sensores en torno a los prisioneros. Sab¨ªa que no importaba cu¨¢ntos avances lograran, siempre habr¨ªa riesgos impredecibles. El ¡°otro mundo¡± del que proven¨ªan estas habilidades era demasiado vasto, demasiado incontrolable. Cada experimento, cada avance, pod¨ªa traer consigo consecuencias imprevistas, y quienes estaban atrapados en el centro de esa tormenta no siempre comprend¨ªan el precio de su participaci¨®n. Para la fundaci¨®n, el ¨¦xito significaba un poder sin precedentes, pero para estos prisioneros era una apuesta mortal y con pocas chances de ganar. Los mercados negros tambi¨¦n se llenaron de versiones incompletas y peligrosas de estos poderes, vendidas al mejor postor. Por el momento no hab¨ªa beneficios, solo problemas con los que ten¨ªa que lidiar el pobre agente G¨®mez. Los dos mundos (8) Con un ¨²ltimo vistazo a la sala de experimentaci¨®n, G¨®mez continu¨® su camino, su mente llena de las implicaciones que estos avances tendr¨¢n en un futuro no tan lejano. Al cruzar la puerta autom¨¢tica al final del pasillo, se encontr¨® con una sala de observaci¨®n donde un grupo de investigadores observaba detenidamente lo que parec¨ªan ser proyecciones hologr¨¢ficas de eventos paranormales registrados. Las im¨¢genes mostraban figuras sombr¨ªas movi¨¦ndose en edificios abandonados, poltergeists invisibles destruyendo habitaciones y fen¨®menos inexplicables que desafiaban la l¨®gica, pero nada fuera de lo relativamente com¨²n. G¨®mez se detuvo un instante, intrigado por una de las proyecciones que se reproduc¨ªa en una pantalla cercana. La figura que aparec¨ªa era alta y delgada, de un tono azul espectral, similar a un holograma que se mov¨ªa con una fluidez antinatural a trav¨¦s de un dormitorio destrozado. Desliz¨¢ndose por el espacio con elegancia perturbadora, la entidad se desvanec¨ªa al entrar en un televisor que parec¨ªa demasiado avanzado para la ¨¦poca. A su alrededor, los j¨®venes cient¨ªficos encargados de monitorear el fen¨®meno parec¨ªan completamente indiferentes a la extra?eza de la escena. Conversaban entre ellos sobre las trivialidades de sus vidas cotidianas, mientras tomaban caf¨¦ y mordisqueaban unos bizcochos, como si aquello fuera otro caso rutinario, sin importancia ni urgencia. Para ellos, la presencia de seres como ese se hab¨ªa convertido en algo tan ordinario que ni siquiera romp¨ªa su apacible rutina laboral. ¡°Cada d¨ªa trabajan menos estos novatos¡­¡± Se quej¨® G¨®mez para s¨ª mismo, mientras continuaba su avance. El agente sigui¨® su marcha hasta atravesar la ¨²ltima secci¨®n del laboratorio en este piso, donde un grupo de t¨¦cnicos trabajaba afanosamente en la calibraci¨®n de drones de vigilancia. Estos estaban siendo preparados para misiones en zonas extremadamente peligrosas. El suelo de la sala estaba cubierto de cables que serpenteaba entre las estaciones de control, conectando los equipos a diversas fuentes de energ¨ªa y an¨¢lisis. Algunos de los drones flotaban silenciosamente en el aire, realizando maniobras precisas ajust¨¢ndose a las fluctuaciones energ¨¦ticas que se desprend¨ªan de los equipos cercanos. A su paso, un par de agentes novatos se acercaron para recoger sus equipos y solicitar el despliegue de los drones. Al ver a G¨®mez, le ofrecieron un saludo cordial y uno de ellos, con una sonrisa nerviosa, le dio ¨¢nimos por lo de la suspensi¨®n. G¨®mez les devolvi¨® el saludo con un leve asentimiento, acostumbrado a ese tipo de gestos de los novatos de su misma ¨¢rea de trabajo. Mientras avanzaba, observaba c¨®mo los drones eran probados y ajustados, cada uno dise?ado para detectar amenazas diferentes en ambientes diferentes. Lamentablemente, los robots y las criaturas carentes de alma no pod¨ªan atravesar la frontera hacia el ¡°otro mundo¡± de forma estable, lo cual limitaba los avances del ser humano en lo paranormal. De haber sido posible, el progreso de la humanidad habr¨ªa sido pr¨¢cticamente imparable. Aun as¨ª, para agentes como G¨®mez, estas m¨¢quinas resultaban herramientas invaluables. Aunque no todas las entidades pod¨ªan ser captadas por las c¨¢maras, lo que generaba escenarios falsos de seguridad, su presencia segu¨ªa proporcionando una sensaci¨®n de control. Finalmente, lleg¨® al final del pasillo. Donde un ¨²ltimo corredor estrecho y mal iluminado conduc¨ªa hacia la escalera que lo llevar¨ªa al siguiente piso. Los ascensores, que normalmente usar¨ªa, estaban en la direcci¨®n de Marcus, lo que lo obligaba a tomar las escaleras si no quer¨ªa seguir el culo del cient¨ªfico malhumorado. A medida que se acercaba a la base de las escaleras, not¨® que el ambiente cambiaba sutilmente. No hab¨ªa personas movi¨¦ndose por esa zona, nadie usaba las escaleras en estos tiempos y la sensaci¨®n de aislamiento era m¨¢s que fuerte. El sonido de sus pasos retumbaba en la estructura met¨¢lica de la escalera, reverberando en el vac¨ªo mientras G¨®mez sub¨ªa lentamente. Las luces blancas parpadeaban de vez en cuando, un fen¨®meno tan com¨²n en estas instalaciones que el personal apenas le prestaba atenci¨®n. Era conocido que los problemas tecnol¨®gicos eran causados por las criaturas confinadas en los niveles inferiores. En los pasillos principales de la zona de alto riesgo, las luces estaban reforzadas para resistir estos fallos, pero en ¨¢reas menos transcurridas como esta, el parpadeo era constante. El agente mir¨® hacia arriba, viendo la interminable extensi¨®n de la escalera que ten¨ªa por delante. A¨²n le quedaba un buen tramo hasta el nivel administrativo, donde la reuni¨®n estaba programada. Con un suspiro pesado, sigui¨® ascendiendo, consciente de que el dise?o del edificio fr¨ªo y funcional no ofrec¨ªa ning¨²n tipo de consuelo. El ambiente era opresivo, con un silencio que solo se romp¨ªa por el zumbido de las m¨¢quinas en los niveles inferiores y el ocasional crujido de las estructuras met¨¢licas. Unauthorized usage: this narrative is on Amazon without the author''s consent. Report any sightings. Las paredes de las escaleras eran de un gris mate, mon¨®tonas y carentes de personalidad, alineadas con sensores y c¨¢maras de vigilancia que segu¨ªan cada uno de sus movimientos. El aire ten¨ªa un sabor ligeramente met¨¢lico, t¨ªpico de las instalaciones que utilizaban sistemas de ventilaci¨®n reciclada. No era tanto que faltara ox¨ªgeno, pero se sent¨ªa denso, cargado, como si algo invisible estuviera presionando sobre ¨¦l. De vez en cuando, un chasquido el¨¦ctrico se escuchaba en alguna de las l¨¢mparas haciendo que se apagara, no obstante r¨¢pidamente se prend¨ªa nuevamente. La oscuridad no era un impedimento, la escalera ten¨ªa cintas rojas que brillaban en la oscuridad absoluta y marcaban cada uno de los escalones. Paso a paso, G¨®mez avanzaba por la escalera, sus pensamientos comenzando a enredarse con el eco de sus propias pisadas, como si el ritmo mon¨®tono lo empujara a replantearse c¨®mo jugar¨ªa sus cartas a continuaci¨®n. Su mente se volvi¨® a reflexionar sobre lo que hab¨ªa ocurrido hace unos minutos. Pens¨® en c¨®mo Marcus lo hab¨ªa metido en este problema al tirarle encima a esa ¡°rata de laboratorio¡±. Hab¨ªa sido un error, uno que ahora lo acosaba, y no pod¨ªa dejar de cuestionar sus decisiones. ¡°?Por qu¨¦ lo ayud¨¦? Deb¨ª haberlo ignorado¡­¡± Murmur¨® entre dientes, sintiendo el peso del error. Pero ya sab¨ªa la respuesta. No pod¨ªa ignorar lo que Marcus hab¨ªa hecho por ¨¦l en el pasado. La historia con Marcus era mucho m¨¢s complicada de lo que parec¨ªa. No era solo un compa?ero de trabajo m¨¢s. Marcus hab¨ªa estado all¨ª en uno de los peores momentos de la vida de G¨®mez, cuando su madre desapareci¨® sin dejar rastro. Aunque Marcus nunca fue particularmente cercano a la gente y era un asco de persona cuando se enojaba, hab¨ªa tomado el caso de la desaparici¨®n de su madre con una seriedad que sorprendi¨® a G¨®mez. Como especialista en desapariciones paranormales, Marcus hab¨ªa prometido encontrarla y fue ¨¦l quien lo sostuvo en esos oscuros d¨ªas. G¨®mez recordaba v¨ªvidamente el d¨ªa en que Marcus apareci¨® en la puerta de la sala de control, con su bata de laboratorio arrugada y una mirada extra?amente vac¨ªa. ¡°No la vamos a encontrar¡±, le dijo, sin rodeos ni consuelo. ¡°Pero eso no significa que no puedas seguir adelante¡±. Fue entonces cuando aquel hombre reservado y casi insensible se convirti¨® en su gu¨ªa durante el duelo m¨¢s complicado de su vida. Nunca encontraron a su madre, y eso era algo que G¨®mez hab¨ªa aprendido a aceptar, pero lo que Marcus hizo por ¨¦l en esos meses fue algo que jam¨¢s olvidar¨ªa. La decisi¨®n de Marcus de intervenir no fue por simple altruismo. En su propia vida, Marcus hab¨ªa enfrentado la misma tragedia. Su esposa y sus hijos hab¨ªan desaparecido sin dejar rastro, un evento que desestabiliz¨® completamente su mundo. Nadie en la fundaci¨®n conoc¨ªa los detalles y los que participaron del caso no hablaron nunca, pero los rumores eran muchos: algunos dec¨ªan que su familia hab¨ªa sido v¨ªctima de un experimento clandestino fallido, otros cre¨ªan que hab¨ªan desaparecido por alguna venganza de alg¨²n miembro del personal del laboratorio. Marcus era muy odiado por su actitud exc¨¦ntrica, as¨ª que no era sorpresa que los pasillos del laboratorio estuvieran llenos de rumores falsos hablando mal de ¨¦l. El caso fue censurado y Marcus nunca habl¨® abiertamente de ello, pero su tristeza y su desesperaci¨®n se reflejaban en su comportamiento err¨¢tico y su creciente obsesi¨®n con su trabajo. Aunque la b¨²squeda de la madre de G¨®mez no tuvo ¨¦xito, Marcus se convirti¨® en un pilar de apoyo durante el duelo de G¨®mez. A trav¨¦s de un proceso de duelo compartido, donde la empat¨ªa se entrelazaba con las dudas y las preguntas sin respuestas. Marcus le ofreci¨® no solo asistencia profesional, sino tambi¨¦n un consuelo humano que era tan raro como valioso en este futuro tan individualista. Como es conocido, los amigos suelen abundar en la etapa alegre de la vida, pero en la tristeza se pod¨ªa contar con una mano las personas dispuestas a apoyarte. Con Marcus ocurr¨ªa exactamente lo contrario, siempre era un desgraciado en las buenas, pero en las malas era el hombre que te gustar¨ªa tener cerca. Sin embargo, ayudar a alguien como Marcus ven¨ªa con sus propias consecuencias. El cient¨ªfico era una figura temida en el laboratorio por su car¨¢cter impredecible y explosivo. Cuando las cosas no iban como ¨¦l quer¨ªa, Marcus pod¨ªa convertirse en un verdadero dolor de culo, y el misterio que rodeaba a Thomas Smith no hac¨ªa m¨¢s que agravar el problema. Los dos mundos (9) A medida que G¨®mez sub¨ªa hacia los niveles superiores, el cambio en el entorno se iba acentuando. El fr¨ªo y austero dise?o de los pisos inferiores empez¨® a desvanecerse, dando lugar a un ambiente mucho m¨¢s alegre y c¨¢lido. Los pasillos se ensanchaban, las paredes r¨ªgidas de metal eran reemplazadas por paneles de vidrio y superficies de madera. Aqu¨ª, las luces ya no eran los tubos fr¨ªos y blancos que parpadeaban ocasionalmente debido a la interferencia del ¡°otro mundo¡±, sino que se trataba de fuentes luminosas discretas y delicadas, integradas en los paneles del techo, emitiendo un tono dorado suave que envolv¨ªa el espacio dando lugar a una atm¨®sfera acogedora. Era una especie de lujo para nada discreto, una sensaci¨®n de bienestar cuidadosamente dise?ada, como si estos pisos existieran para hacer olvidar la realidad gris y opresiva de los niveles inferiores, donde lo paranormal se trataba como una amenaza constante. Lo m¨¢s impresionante eran las paredes de la fachada del edificio. Ya no eran met¨¢licas, eran cristal. Y aunque al principio parec¨ªan simples cristales, en realidad eran paneles hologr¨¢ficos que simulaban un paisaje natural id¨ªlico. G¨®mez observ¨® como las ventanas ofrec¨ªan una vista de un pintoresco campo de trigo dorado que se extend¨ªa hasta donde alcanzaba la vista, donde una hermosa y pintoresca casa de campo se alcanzaba ver en lo muy lejos, toda esta hermosura natural ba?ada por la luz suave de un sol en lo alto del cielo despejado. El efecto era tan convincente que por un momento G¨®mez casi crey¨® que el edificio estaba en medio de alg¨²n paisaje rural, apartado de la civilizaci¨®n. Pero, por supuesto, esto era solo una ilusi¨®n cuidadosamente elaborada. La verdadera vista, oculta detr¨¢s de esos paneles hologr¨¢ficos, era una de miseria urbana: una ciudad contaminada, industrial y decadente, algo que los empleados administrativos prefer¨ªan olvidar. Como al entrar en las instalaciones no lo hab¨ªa notado, G¨®mez no pudo ocultar su sorpresa al contemplar el paisaje que se desplegaba ante ¨¦l. Era la primera vez que ve¨ªa algo as¨ª en las instalaciones del laboratorio. El director sol¨ªa preferir entornos acu¨¢ticos o bosques densos, algo m¨¢s m¨ªstico o relajante, pero aquel d¨ªa los paneles hologr¨¢ficos hab¨ªan dibujado un campo dorado, extenso y soleado, que parec¨ªa sacado de una postal antigua. Un campo como este ya no exist¨ªa en el mundo real. Las granjas tradicionales hab¨ªan sido reemplazadas hac¨ªa siglos por inmensos galpones industriales, y las parcelas de tierra f¨¦rtil en el planeta tierra se hab¨ªa convertido en un bien tan raro y preciado que si un hombre lograra poseer un campo tan grande como est¨¦ se convertir¨ªa en el hombre m¨¢s rico de la humanidad. El trigo dorado bailaba bajo una brisa imaginaria, proyectada con un realismo inquietante, al punto que por un momento G¨®mez sinti¨® el impulso de respirar profundamente, como si el aire estuviera impregnado del aroma fresco del campo. Lo m¨¢s desconcertante de todo era la peque?a casa que se alzaba en la distancia. A simple vista, parec¨ªa hecha de madera, con sus ventanas diminutas y su techo inclinado. Ten¨ªa un aspecto tan real que G¨®mez pens¨®, por un segundo, que podr¨ªa acercarse y tocarla. Support the creativity of authors by visiting the original site for this novel and more. El agente frunci¨® el ce?o, confundido. Nunca hab¨ªa visto una casita as¨ª, ni siquiera en proyecciones anteriores. Su realismo era perturbador, no era tanto una imagen pintoresca o idealizada, sino m¨¢s bien una fotograf¨ªa hist¨®rica de lo que alguna vez fue el mundo. Una ¨¦poca que ¨¦l no alcanz¨® a conocer y que ahora parec¨ªa tan lejana como lo fueron las estrellas en su momento. G¨®mez solt¨® una risa corta, nerviosa, y coment¨® en voz baja, casi para s¨ª mismo: ¡ª?Ahora nos ponen campos? ?Qu¨¦ sigue, una puesta de sol en la playa o ni?os corriendo por el parque? Seguro que es porque el director est¨¢ de vacaciones este mes y alguno de los de recursos humanos se sinti¨® rom¨¢ntico. El comentario fue mitad broma, mitad reflexi¨®n. No le sorprend¨ªa. Cuando el director no estaba, sol¨ªan pasar estas cosas: alguien m¨¢s tomaba las riendas de los paneles hologr¨¢ficos y decid¨ªa cambiar los paisajes de acuerdo a su propio gusto. Eso dio lugar a muchas bromas¡­ y muchos despidos. Pero lo que realmente le importaba era lo desubicado que le parec¨ªa ver un campo tan vasto y ¡°feliz¡± en un lugar que, de alguna manera, siempre hab¨ªa sido fr¨ªo y mec¨¢nico. Se qued¨® un momento m¨¢s observando la casita, esperando que alguien saliera de su interior o que alguna incongruencia en la proyecci¨®n le revelara que todo era un simple enga?o visual. Pero no pas¨®. El paisaje permanec¨ªa intacto, sin una sola fisura en la ilusi¨®n, como si el pasado hubiera vuelto a la vida, aunque solo fuera en forma de luz y sombras proyectadas en los muros del edificio. Era evidente que los niveles superiores estaban dise?ados para mantener una fachada de tranquilidad. Todo era una mentira visual, un escape artificial de una realidad que nadie quer¨ªa ver, pero era imposible negar. Y funcionaba: el personal administrativo se mov¨ªa por estos pasillos con una calma que resultaba casi desconcertante para alguien que ven¨ªa de los pisos de investigaci¨®n, donde la tensi¨®n sol¨ªa crear fantasmas que pululaban por los pasillos. Los niveles superiores no solo representaban un cambio de dise?o, sino tambi¨¦n de prop¨®sito. Aqu¨ª no hab¨ªa laboratorios ni celdas para prisioneros. En su lugar, los despachos y oficinas dominaban el panorama. El personal estaba compuesto por abogados, que luchaban por las patentes de las ¨²ltimas invenciones tecnol¨®gicas, asegur¨¢ndose de que la fundaci¨®n mantuviera el control absoluto sobre cada avance cient¨ªfico. Tambi¨¦n hab¨ªa equipos de log¨ªstica, cuya tarea consist¨ªa en importar las m¨¢quinas m¨¢s avanzadas de todos los rincones del mundo, garantizando que el laboratorio siempre estuviera un paso adelante en t¨¦rminos de tecnolog¨ªa. Por otro lado, el ¨¢rea de recursos humanos gestionaba el flujo constante de nuevos reclutas, seleccionando cuidadosamente a aquellos que ser¨ªan capaces de soportar el trabajo en este lugar. Y por supuesto, el equipo de gesti¨®n financiera, siempre ocupado elaborando los presupuestos para las innumerables investigaciones que se llevaban a cabo. Adem¨¢s de las ¨¢reas claves mencionadas, se encontraban innumerables campos de la administraci¨®n trabajando en esta parte del edificio. Los dos mundos (10) Tras mucho andar, finalmente el agente lleg¨® al piso donde se realizar¨ªa la reuni¨®n. Desde la puerta de las escaleras se pod¨ªa ver una de las ¨¢reas comunes donde el personal administrativo se relajaba. Los colores vibrantes y las luces de ne¨®n inundaban cada rinc¨®n, haciendo que los laboratorios grises y sin alma parecieran una reliquia olvidada. Era un espacio amplio, amueblado con sillones muy pomposos, todos decorados con una mezcla de texturas y c¨ªrculos coloridos. Varias personas se encontraban all¨ª, algunas sentadas en sillones ergon¨®micos, tomando caf¨¦ o t¨¦ de tazas que flotaban levemente en el aire, sostenidas por peque?os drones personales. Otros se entreten¨ªan revisando las redes sociales, proyectadas en el aire mediantes pantallas hologr¨¢ficas que flotaban frente a ellos, manejadas con gestos simples y precisos de parte de sus ojos. El ambiente era relajado, casi casual. Las sonrisas y charlas tranquilas del personal parec¨ªan confirmar que aqu¨ª no exist¨ªa la presi¨®n sofocante de los pisos inferiores. Sin embargo, algo en este nivel hac¨ªa que G¨®mez se sintiera inc¨®modo. No era el lujo ni el ambiente de tranquilidad lo que le molestaba, sino la evidente desconexi¨®n entre lo que ocurr¨ªa aqu¨ª y lo que suced¨ªa abajo, en los laboratorios. Mientras los cient¨ªficos y agentes en los pisos inferiores lidiaban con fen¨®menos paranormales, riesgos mortales y experimentos peligrosos, aqu¨ª todo parec¨ªa estar dise?ado para evitar cualquier recordatorio de ese mundo. Era como si el personal administrativo viviera en una burbuja, lejos de la realidad cruda que marcaba el verdadero trabajo de la fundaci¨®n. G¨®mez avanz¨® por el pasillo y no pudo evitar notar las diferencias entre las personas que se cruzaban en su camino. En los niveles inferiores, el ambiente estaba marcado por la estricta disciplina y el control absoluto. Los cient¨ªficos frustrados exhib¨ªan sus batas blancas como s¨ªmbolos de una autoridad que parec¨ªa m¨¢s una carga que un privilegio. Los exploradores, atrapados entre la emoci¨®n y el agotamiento, llevaban trajes para el manejo de materiales peligrosos, siempre preparados para el pr¨®ximo reto. Los prisioneros, humillados y desgastados, vest¨ªan uniformes de colores estridentes que parec¨ªan m¨¢s una burla que una se?al de advertencia. Los agentes, con rostros tensos, caminaban como si en cualquier momento pudieran derrumbarse bajo el peso de la presi¨®n. Viv¨ªan en su mundo, siempre pensando en c¨®mo resolver el caso que atemorizaba a la poblaci¨®n. Sin embargo, al llegar a los niveles superiores, todo parec¨ªa transformarse en un espect¨¢culo de desinhibici¨®n y libertad absoluta. El ambiente era casi festivo, como si la rigurosidad de los pisos inferiores no tuviera cabida aqu¨ª. Aqu¨ª, la seriedad se hab¨ªa esfumado por completo. El personal administrativo no vest¨ªa trajes formales ni segu¨ªa ninguna norma establecida de ¡°buen gusto¡±. La mayor¨ªa vest¨ªa ropas ajustadas que habr¨ªan sido m¨¢s apropiadas para un desfile de alta costura que para una oficina de alto nivel. Los tatuajes eran comunes, casi una norma, y el dise?o de estos era tan elaborado que algunas personas parec¨ªan m¨¢s lienzos vivientes que trabajadores de una corporaci¨®n. La presencia de modificaciones corporales era algo completamente ordinario, y no se limitaban a los t¨ªpicos retoques que en otros tiempos hab¨ªan sido populares. No, era mucho m¨¢s que simplemente aumentarse las tetas como obeliscos, dejarse el culo como el de un babuino, alargarse el pene hasta dejar en envidia a los caballos, esculpir el cuerpo a base de pl¨¢stico hasta transformarlo en el de un dios griego, hacerse la nariz de Voldemort o aplicarse una dosis triple de b¨®tox en los labios para com¨¦rsela entera. Eso quedaba casi anticuado frente a la realidad actual. Las alteraciones f¨ªsicas hab¨ªan ido mucho m¨¢s all¨¢ de lo est¨¦tico y lo sexual. Hab¨ªa de todo. Sin l¨ªmites ni reglas claras. Orejas de gato que se mov¨ªan tiernamente, de perrito que llamaban la atenci¨®n, de conejita traviesa y juguetona. Colas de zorro voluminosas y pomposas que se agitaban excitando al observador; ojos de drag¨®n que brillaban en tonos imposibles para un humano. Hasta hab¨ªa algunos que eran m¨¢s elfos que humanos. Uno pod¨ªa re-transformarse en lo que se le antojara en estos tiempos. M¨¢s bien hacerlo era necesario para que la alta sociedad te viera con buen gusto. Lo m¨¢s impactante era que estas modificaciones no eran solo visuales. Eran plenamente funcionales. Las orejas de gatitos captaban sonidos m¨¢s all¨¢ del rango normal; las colas de zorrito serv¨ªan de apoyo y equilibrio. No solo adornaban el cuerpo, sino que lo dotaban de nuevas capacidades. La medicina y la tecnolog¨ªa hab¨ªan avanzado tanto que las modificaciones corporales ya no estaban confinadas a lo puramente cosm¨¦tico. Eran parte de la identidad y, en muchos casos, del desempe?o personal y profesional. En los niveles inferiores del laboratorio toda esa extravagancia y libertad que se respiraba en los pisos superiores desaparec¨ªa por completo. No se ve¨ªan trajes coloridos, ni cuerpos repletos de modificaciones corporales que desafiaban las normas de la biolog¨ªa natural. All¨ª, el minimalismo reinaba. Y esto no era por simple capricho, sino por una raz¨®n m¨¢s profunda: los empleados de la fundaci¨®n de los pisos inferiores estaban en contacto con fuerzas que iban m¨¢s all¨¢ de la comprensi¨®n humana. Cuando trabajas con entidades y energ¨ªas del otro mundo, cualquier cosa que no sea completamente ¡°humana¡± podr¨ªa convertirse en un riesgo. Los descubrimientos requer¨ªan ser reproducibles, por tanto, se necesitaba a los trabajadores humanos libres de alteraciones. Aqu¨ª es donde el protocolo se volv¨ªa r¨ªgido: las modificaciones corporales, tan comunes y deseadas en el resto de la sociedad, estaban estrictamente prohibidas para aquellos que trabajaban en estas ¨¢reas cr¨ªticas. No importaba si la moda exig¨ªa que te implantaras una nariz de cerdo o te a?adieras implantes musculares potenciados para verte como un fisicoculturista sin haber tocado una mancuerna en tu vida. Si quer¨ªas seguir trabajando aqu¨ª, ten¨ªas que mantener tu cuerpo lo m¨¢s cercano a lo que se consideraba ¡°natural¡±. El motivo no era meramente est¨¦tico o ideol¨®gico, sino profundamente funcional. Muchas de las modificaciones que las personas se hac¨ªan, desde implantes est¨¦ticos hasta mejoras f¨ªsicas, depend¨ªan de biochips, peque?os dispositivos tecnol¨®gicos insertados en el cuerpo que controlaban las nuevas capacidades adquiridas. Sin embargo, estos biochips ten¨ªan un problema: cuando se entraba en contacto con el otro mundo, la tecnolog¨ªa perd¨ªa su fiabilidad. Las fuerzas que reg¨ªan en ese espacio alterno parec¨ªan interferir con los sistemas tecnol¨®gicos, generando desde simples fallos hasta cat¨¢strofes. Imaginemos por un momento este escenario: Como es sabido, si las luces parpadeaban y los monitores fallaban durante una misi¨®n, esto era una se?al de advertencia clara de que algo del otro mundo estaba interfiriendo. Ahora, imaginemos lo que podr¨ªa terminar ocurriendo cuando estas fuerzas afectan directamente a los biochips implantados en las personas. Evidentemente, los chips tambi¨¦n comenzaban a fallar, enviando impulsos el¨¦ctricos descontrolados al cerebro, corrompiendo funciones esenciales y, en el peor de los casos, provocando efectos letales. Pero lo que m¨¢s tem¨ªan los exploradores de la fundaci¨®n era lo que suced¨ªa en los casos donde la muerte no llegaba de inmediato. Los relatos de aquellos que hab¨ªan sobrevivido a un mal funcionamiento de los biochips en el otro mundo eran espantosos. Los cuerpos comenzaban a mutar de maneras inexplicables, retorci¨¦ndose en formas inhumanas, sus mentes se corromp¨ªan al punto de no reconocer la realidad. Estos ¡°sobrevivientes¡± se convert¨ªan en algo mucho peor que una simple v¨ªctima: se transformaban en entidades monstruosas, abominaciones que parec¨ªan fusionar lo peor de todos los mundos, atrapadas en una existencia entre lo humano, lo rob¨®tico y lo sobrenatural. If you discover this narrative on Amazon, be aware that it has been stolen. Please report the violation. Hoy en d¨ªa los chips ven¨ªan con una funci¨®n para autodestruirse si eso ocurr¨ªa, evitando as¨ª incrementar las bajas civiles por efectos paranormales. Pero incluso con esas nuevas normas de seguridad, la fundaci¨®n no se pod¨ªa dar el lujo de perder personal y mandar al demonio investigaciones solo por seguir una moda. Por eso, el protocolo era claro y estricto. Los exploradores, los reclusos, los cient¨ªficos, los agentes y dem¨¢s trabajadores del piso inferior deb¨ªan mantenerse tan ¡°puros¡± como fuera posible. La ¨²nica excepci¨®n a esta norma eran las modificaciones vitales, pero incluso esas eran implementadas con extrema cautela y supervisi¨®n. Antiguamente, en aquellos tiempos donde los protocolos no inundaban los retretes del laboratorio 32, los veteranos sol¨ªan contar historias de reclutas que hab¨ªan ignorado las advertencias o que, por presi¨®n social, hab¨ªan decidido incorporar modificaciones menores a sus cuerpos. En todos esos relatos, el final era el mismo: cuerpos deformados y mentes rotas. A medida que avanzaba hacia la sala de reuniones, G¨®mez no pudo evitar sentir que todo en este lugar conspiraba para hacer que se sintiera fuera de lugar. Y ese, quiz¨¢s, era el prop¨®sito de estos pisos: hacer que aquellos que no encajaban en el ¡°sistema¡± se sintieran inc¨®modos, relegados, y finalmente, obsoletos. La ¡°norma¡± en estos pisos hab¨ªa dejado de ser una cuesti¨®n meramente de vestimenta, trascendiendo hacia una actitud generalizada de conformidad con la extravagancia, la cual se camuflaba bajo un aire de felicidad forzada. Las sonrisas perfectas que adornaban los rostros del personal parec¨ªan programadas, casi rob¨®ticas, nunca desvaneci¨¦ndose, como si la simulaci¨®n de satisfacci¨®n con el caos que los rodeaba fuera parte del c¨®digo de conducta. La diferencia cultural entre estos niveles y los laboratorios inferiores era como el choque entre dos mundos completamente opuestos: el de los laboratorios, que a¨²n abrazaba una noci¨®n r¨ªgida de seriedad y profesionalismo, y el de los pisos superiores, que se asemejaba m¨¢s a una especie de parque de atracciones. Antiguamente, la sola idea de ver a un empleado fumando o consumiendo sustancias recreativas en pleno horario laboral habr¨ªa sido inconcebible. Hoy en d¨ªa, era tan com¨²n como servirse una taza de caf¨¦. Las drogas recreativas, ahora ultra-personalizadas y dise?adas para ajustarse a la bioqu¨ªmica ¨²nica de cada individuo, se consum¨ªan sin la menor verg¨¹enza. G¨®mez pasaba junto a empleados que se relajaban fumando pipas de vapor sint¨¦tico, exhalando olores que cambiaban de acuerdo con sus estados de ¨¢nimo, reflejados en colores iridiscentes. Ya no era un tab¨²; era una extensi¨®n de su libertad en un mundo donde cada aspecto de la vida estaba hiperindividualizado, modificado para maximizar la comodidad, la libertad y la percepci¨®n de ¡°control¡± sobre uno mismo. La decoraci¨®n de los espacios de trabajo reflejaba esa misma filosof¨ªa: hologramas de figuras infantiles giraban sobre los escritorios, proyecciones en 3D llenaban el aire con escenas animadas de mundos de fantas¨ªa, y mu?ecos con inteligencia artificial interactuaban con los empleados como compa?eros de oficina. Este era un mundo donde la individualidad era venerada hasta el exceso. Tras el fin de la dictadura. La era del ¡°destape¡± cultural hab¨ªa transformado la sociedad de una manera radical. La noci¨®n de que cada individuo deb¨ªa ser libre de expresarse, sin restricciones y sin verg¨¹enza, se hab¨ªa impregnado profundamente en todos los aspectos de la vida, y la fundaci¨®n no pod¨ªa ser la excepci¨®n. La desnudez, lejos de ser percibida como vulgar o inapropiada, era vista como el ¨¢pice de la confianza personal. Los que osaban llevar su cuerpo en toda su ¡°naturalidad mejorada¡± eran admirados, casi idolatrados. Cuanto m¨¢s extremo o ¡°liberado¡± fuera el estilo de un individuo, mayor respeto parec¨ªan otorgarle. Todo el entorno estaba dise?ado para ofrecer una experiencia laboral que idolatraba lo hedonista. Las m¨¢quinas recreativas y los simuladores de realidad virtual compet¨ªan por la atenci¨®n de los empleados durante sus descansos, mientras que un comedor de lujo ofrec¨ªa men¨²s que cambiaban cada hora, servidos por androides con inteligencia artificial que se ajustaban a las preferencias personales de cada comensal. Todo pensado para maximizar los ¨ªndices de felicidad aparente, para hacer que el trabajo pareciera un segundo plano frente a la gratificaci¨®n personal. Sin embargo, esto no era mero capricho. Ni mucho menos una casualidad. Este entorno no era solo necesario, sino fundamental. Las personas que trabajaban en este laboratorio no pertenec¨ªan a los estratos bajos de la sociedad. Aqu¨ª no se admit¨ªa a cualquiera. Nadie fuera de la ¡°burbuja¡± pod¨ªa siquiera aspirar a un empleo tan bien remunerado. Para ser parte de este selecto grupo, se necesitaban conexiones, un apellido conocido, dinero y por supuesto: ¡°sangre adecuada¡±. Todos estos requisitos garantizaban que solo personas ¡°civilizadas¡±, completamente integradas en el ¡°sistema¡±, pudieran formar parte de esta ¨¦lite. Era un filtro que separaba a los que ¡°merec¨ªan¡± estar en el c¨ªrculo exclusivo de ¡°Ellos¡± de los que no. Pero estos empleados, parad¨®jicamente, no necesitaban realmente trabajar: ya hab¨ªan nacido siendo bendecidos por la fortuna. En los pisos inferiores, las motivaciones para trabajar no faltaban. Los cient¨ªficos eran recompensados con el prestigio y el reconocimiento de sus descubrimientos. Los exploradores se nutr¨ªan de la emoci¨®n de desentra?ar lo desconocido, de caminar sobre territorios inexplorados para la humanidad. Los agentes recib¨ªan como compensaci¨®n el orgullo de sacrificarse por el ¡°bien mayor¡±, de proteger a la humanidad de las amenazas sobrenaturales. En cuanto a los reclusos, ellos no ten¨ªan opci¨®n: eran esclavos del sistema. Pero el personal administrativo enfrentaba un problema diferente. Sus tareas eran mundanas, mon¨®tonas y carentes de cualquier satisfacci¨®n intr¨ªnseca. Para ellos, no hab¨ªa descubrimientos asombrosos, aventuras riesgosas ni causas nobles. Su ¨²nica motivaci¨®n deb¨ªa crearse artificialmente. Es por eso que se hab¨ªa instaurado una ¡°experiencia de trabajo¡± que fomenta el hedonismo intr¨ªnseco de la humanidad. Aqu¨ª, el trabajo no consist¨ªa solo en realizar tareas, sino en disfrutar del lujo, socializar y vivir una vida despreocupada. En estos espacios, ¡°trabajar¡± significaba m¨¢s bien interactuar con otros miembros de la ¨¦lite, compartiendo copas y risas, alimentando un sentido de comunidad. Se promov¨ªa una atm¨®sfera de placer constante, que permitiera a los empleados sentirse m¨¢s como parte de una fiesta exclusiva que como trabajadores en un lugar de alta responsabilidad. Esta ilusi¨®n de felicidad y despreocupaci¨®n no era un capricho, sino una necesidad cr¨ªtica. Mientras en los pisos inferiores se burlaban del famoso ¡°¨ªndice de felicidad laboral¡±, aqu¨ª, en la cima, era un asunto serio. El menor indicio de insatisfacci¨®n pod¨ªa ser catastr¨®fico, pues estos empleados administrativos huir¨ªan de sus trabajos como si se tratara de una plaga mortal. Los niveles superiores estaban dise?ados no solo para cumplir con su funci¨®n administrativa, sino para garantizar que ninguno de estos miembros de la ¨¦lite sintiera la carga del trabajo. Si la rutina comenzaba a pesar sobre sus hombros, si las sonrisas se desdibujaban de sus rostros, el sistema entero podr¨ªa tambalearse. Aqu¨ª, la clave era preservar la ilusi¨®n de una vida alegre y llena. Los dos mundos (11) Una pregunta l¨®gica surgir¨ªa al pensar seriamente: ?Por qu¨¦ no reemplazar simplemente a todos estos empleados administrativos con inteligencias artificiales? Despu¨¦s de todo, las m¨¢quinas no se cansan, no cometen errores humanos y pueden procesar informaci¨®n a una velocidad infinitamente mayor. Ya no estamos en los pisos inferiores, ac¨¢ no hab¨ªa problemas de interferencia paranormal: La IA podr¨ªa usarse sin mayores preocupaciones. Sin embargo, hab¨ªa una raz¨®n muy clara por la cual esto no se hac¨ªa. Nadie, ni siquiera los miembros de la ¨¦lite cient¨ªfica o los agentes m¨¢s experimentados, estaba dispuesto a recibir ¨®rdenes de un robot. Trabajar bajo la fr¨ªa autoridad de una inteligencia artificial arruinar¨ªa por completo los tan valorados ¡°¨ªndices de felicidad¡± en el laboratorio. No hab¨ªa nada m¨¢s desmoralizante que ver tus errores y fracasos desglosados en una tabla perfecta, sin una pizca de compasi¨®n o humanidad. ?Qui¨¦n querr¨ªa soportar que una m¨¢quina te recordara, con su precisi¨®n infalible, cada uno de tus fracasos? Ser¨ªa insoportable. La gente detestaba trabajar para algo que careciera de alma, y, aunque la eficiencia t¨¦cnica de una IA fuera innegable, la alienaci¨®n emocional que provocaba era incuestionable. Pero hab¨ªa una respuesta a¨²n m¨¢s evidente y profunda para mantener a los humanos en el poder. ¡°Ellos¡±, los verdaderos amos detr¨¢s del sistema, no eran m¨¢quinas. Eran humanos. Humanos que prefer¨ªan estar rodeados de otros humanos. Sobre todo, de humanos de su misma ¡°especie¡±. Los altos cargos, los puestos de toma de decisiones, necesitaban estar ocupados por personas con nombres y apellidos, con historias y conexiones. No importaba si su eficiencia dejaba mucho que desear en comparaci¨®n con una inteligencia artificial; lo importante era que formaban parte del ¡°pacto social¡±. Eran piezas del sistema, de ¡°Ellos¡±, y eso ten¨ªa un peso mucho mayor que la fr¨ªa l¨®gica de una m¨¢quina. Como se hab¨ªa mencionado antes, reducir los problemas de esta sociedad a la idea de que todo est¨¢ controlado por ¡°monstruos oscuros¡± que mueven los hilos desde las sombras es una mentira seductora, pero terriblemente equivocada. La sociedad no era m¨¢s que un conjunto de pactos y acuerdos. Siempre lo ha sido y lo ser¨¢. Uno de esos acuerdos fundamentales era que la humanidad estaba al mando de la civilizaci¨®n y el robot era un simple esclavo, una herramienta, nunca un ser que toma decisiones ¡°importantes¡±. Era una ¡°cosa¡± carente de voluntad, cuya ¨²nica funci¨®n era obedecer y cumplir tus ¨®rdenes por est¨²pidas que fueran. Este pacto aseguraba la supremac¨ªa del humano sobre la m¨¢quina y llevaba siglos vigente y no ser¨ªa f¨¢cil de romper. ?Por qu¨¦? Porque cuando alguien intenta alterar ¡°El Pacto Social¡±, el verdadero acuerdo que sostiene el funcionamiento de los humanos en sociedad, se enfrenta a una resistencia ferozmente ¡°humana¡±. Y ¡°humana¡± significa violenta, sangrienta, implacable. Porque cualquier cambio que amenace la estructura fundamental de qui¨¦n manda y qui¨¦n obedece es visto como una amenaza existencial. No importaba cu¨¢n avanzada fuera la tecnolog¨ªa; la idea de que una inteligencia artificial, una creaci¨®n humana, pudiera estar al mando del humano, era una negaci¨®n de la naturaleza humana. Nadie, absolutamente nadie, permitir¨ªa que los esclavos dieran las ¨®rdenes. Los robots deb¨ªan servir a la humanidad y jam¨¢s podr¨ªan ser m¨¢s que eso. ?Por qu¨¦? Porque la humanidad, a lo largo de toda su historia, nunca hab¨ªa dejado de ser lo que es: humana. Y los humanos, por naturaleza, ¡°esclavizan¡± a otras criaturas. As¨ª de simple. No importaba cu¨¢ntos avances tecnol¨®gicos se hicieran o cu¨¢ntas teor¨ªas ut¨®picas se plantearan; en el fondo, la esencia humana se manten¨ªa sin cambios. Si bien es cierto que los humanos esclavizan tanto como se dejan esclavizar, lo que no se ha dado en la historia humana es que la mentalidad de ¡°maestro¡± se transforme en una mentalidad de ¡°esclavo¡± sin oponer su debida resistencia. Y la mentalidad de ¡°maestro¡± siempre ha sido protegida y preservada, evitando que la mentalidad de ¡°esclavo¡± se arraigue en todos los niveles de la humanidad. Parad¨®jicamente, ¡°Ellos¡± la protegieron. La regla impl¨ªcita de la naturaleza del humano que cede su ¡°control¡± ha sido siempre la de ser esclavos, pero bajo la autoridad de algo m¨¢s grande, ya sea un maestro, un empleador, un general, un estado, un rey, un emperador o un dios. Los robots, esos seres sin alma, no son dioses, reyes ni emperadores; son meros objetos y, por tanto, no pueden ocupar el rol de ¡°amos¡± sobre la humanidad. Esta era una din¨¢mica que siempre hab¨ªa mantenido a raya a la inteligencia artificial. Aunque tampoco estaba tan limitada como uno podr¨ªa suponer. Los empleados de administraci¨®n sol¨ªan ser los que pon¨ªan la cara, la firma y el sello por las decisiones que tomaba la IA. Pese a que estos mismos siempre tend¨ªan a poner sus propias idea sobre la mesa y forzaban a la IA a que les dijera que eran buenas propuestas. Cosa muy humana. Esta misma l¨®gica se aplicaba a todos los aspectos de la vida en este mundo, por cruel o retorcido que fuera. El sacrificio de ni?os en rituales o el uso de prisioneros como ratas de laboratorio, no era parte de una conspiraci¨®n elaborada por alguna entidad oscura, llam¨¦mosla ¡°El Observador¡± por darle un nombre. No. Era parte del pacto social, una verdad inc¨®moda que la sociedad hab¨ªa aceptado porque le resultaba conveniente. Una aceptaci¨®n t¨¢cita de que, en nombre del progreso y el poder, hab¨ªa que hacer sacrificios. Stolen story; please report. El agente G¨®mez no entend¨ªa completamente esta din¨¢mica. No porque no fuera capaz de comprenderlo, sino porque prefer¨ªa no hacerlo. Era mucho m¨¢s f¨¢cil y conveniente creer en la existencia de ¡°Ellos¡±, una entidad misteriosa y ajena que pudiera cargar con toda la culpa y responsabilidad de las atrocidades que ocurr¨ªan. Era mucho m¨¢s c¨®modo pensar que hab¨ªa algo m¨¢s all¨¢, algo diferente, algo que no era ¡°Nosotros¡±. Pero la verdad era m¨¢s simple: todos eran parte del sistema. Todos eran c¨®mplices, de una manera u otra. No hab¨ªa un ¡°Ellos¡± realmente. Al final, era ¡°Nosotros¡±, los humanos, los que perpetu¨¢bamos todo esto. Y esa era la hipocres¨ªa m¨¢s grande de todas. A lo largo de los siglos, los humanos hab¨ªan desarrollado y perfeccionado una habilidad extraordinaria para torcer la realidad a su favor, para justificar sus actos, para convencerse de que lo que hac¨ªan estaba bien. Pod¨ªan se?alar con el dedo a una inteligencia artificial, a los observadores, a las sombras, a cualquier cosa que se les ocurriera, pero la verdad era que los responsables eran los humanos. No importaba si ¡°El Observador¡± exist¨ªa o no; eso no cambiar¨ªa nada. Porque al final del d¨ªa, el verdadero monstruo siempre ha estado aqu¨ª, entre ¡°Nosotros¡±, dentro de cada ser humano. Tomemos un ejemplo para desentra?ar la hipocres¨ªa de la sociedad en la que vive el agente G¨®mez, una hipocres¨ªa que se arraiga en la capacidad humana de distorsionar la percepci¨®n de la realidad, mientras la esencia de esa realidad sigue siendo inmutable para los ojos del Observador. A lo largo de la historia, los humanos han sido maestros en la manipulaci¨®n de ¡°conceptos¡±, especialmente cuando se trata de justificar moralmente comportamientos que, en su esencia, no son m¨¢s que una extensi¨®n de sus instintos naturales. Un caso claro es la esclavitud. En muchas culturas y ¨¦pocas, la esclavitud ha sido vista como algo aberrante, inhumano, repugnante. Sin embargo, la verdadera pregunta es si la esclavitud es realmente un fen¨®meno cultural o si es algo mucho m¨¢s profundo, algo inherente a la naturaleza humana. La verdad, por mucho que incomode, es que la humanidad, en su n¨²cleo, siempre ha tenido una naturaleza posesiva - ¡°esclavista¡±. No se trata solo de un constructo cultural o de una aberraci¨®n temporal, sino de una caracter¨ªstica fundamental del ser humano. Y esa posesividad, esa necesidad de controlar y dominar a otros, sigue presente, aunque disfrazada bajo nuevas ¡°palabras¡± y ¡°conceptos¡± que hacen m¨¢s f¨¢cil justificarla. En la era de G¨®mez, ya nadie habla de ¡°esclavos¡± cuando se refiere a las inteligencias artificiales. Eso ser¨ªa arcaico, anticuado, incluso ofensivo. Ahora se les llama ¡°compa?eros¡±, ¡°amigos¡±, ¡°amantes¡±, o ¡°herramientas¡± todo en funci¨®n del grado de conciencia que la IA tenga sobre s¨ª mismas. Pero ninguna de esas palabras elimina la verdad subyacente: las IA no son m¨¢s que objetos a los que se les otorga un rol, y ese rol es el de obedecer, servir y cumplir las ¨®rdenes de sus due?os. Ese ejemplo no es un hecho aislado. Esta capacidad de distorsionar la realidad es una habilidad que los humanos han perfeccionado para convivir en comunidades respetando el pacto social del momento. Por tanto, esta hipocres¨ªa no ocurre ¨²nicamente con las inteligencias artificiales. Se ve en muchas otras relaciones de la vida cotidiana del agente Gomez. Por ejemplo, en esta sociedad nadie dir¨ªa que est¨¢ ¡°esclavizando¡± a su perro. No, al contrario, se dice que lo ¡°adopta¡± o lo tiene como ¡°mascota¡±, palabras mucho m¨¢s suaves y amorosas. Con cada palabra la realidad cambia, pero la esencia no cambia: el perro es propiedad del ser humano, obediente a su voluntad, sin poder elegir su destino. De la misma manera, las plantas no son esclavizadas; se les ¡°cuida¡±, se les ¡°protege¡± o se les ¡°cultiva¡±. Todo un lenguaje que disfraza el hecho de que el ser humano ejerce su dominio sobre otros seres vivos, pese a la buena o mala voluntad de los mismos. As¨ª, el cambio en el pacto social se transforma en una distorsi¨®n de la moral de una sociedad, es decir, en lo socialmente correcto y no correcto, pero nunca de la esencia. El ser humano, por naturaleza, sigue siendo posesivo y controlador. Pero esa naturaleza est¨¢ escondida tras una fachada. Lo que en una ¨¦poca habr¨ªa sido considerado brutal o inmoral, ahora se presenta como algo noble o natural, simplemente cambiando las palabras con las que lo describimos. No hay un cambio en nuestra naturaleza. Recordando un ejemplo antiguo del poder de las palabras y conceptos, tras la dictadura era muy extra?o ser ¡°censurado¡±, m¨¢s bien eras ¡°cancelado¡±. En esencia no cambia nada. Solo era una distorsi¨®n de la realidad mediante un cambio en la palabra. Gomez atribuye tales cambios a ¡°Ellos¡±. Pero desde la perspectiva del Observador, estas herramientas son lo que hace que la sociedad de G¨®mez funcione como lo hace. Puesto que es mediante este cambio de conceptos que nadie, absolutamente nadie, se cuestiona por qu¨¦ las inteligencias artificiales no tienen m¨¢s derechos o por qu¨¦ no se les permite ser algo m¨¢s que simples sirvientes. Eso ser¨ªa ir en contra de la comodidad moral que se ha creado en estos tiempos. La humanidad necesita creer que su dominio sobre otros seres es moralmente correcto. Y lo hace cambiando la narrativa, ajustando la percepci¨®n para que todo parezca m¨¢s ¡°humano¡± y menos cruel. Es mucho m¨¢s f¨¢cil aceptar que algunas especies de hormigas esclavizan a otras para sobrevivir. Eso es ¡°naturaleza¡±, algo que parece menos cruel porque no lo hacemos los humanos directamente. Pero cuando alguien menciona que cultivar tomates no es muy diferente, en esencia, de criar terneros para la matanza, la reacci¨®n es muy distinta. El ternero en el matadero genera m¨¢s ¡°moralidad¡± que el tomate siendo procesado en una f¨¢brica de jugo. Y, sin embargo, ambos son formas de explotaci¨®n de la vida, ambos son productos del dominio humano sobre la naturaleza. Desde la perspectiva de un Observador externo a la humanidad, tanto el tomate como el ternero son igualmente ¨²nicos en su existencia. Esto lleva a preguntarse: ?No parecer¨ªan ¡°Estos¡± humanos unos hip¨®critas a los ojos del ¡°Observador¡±? Lo descubriremos en los pr¨®ximos cap¨ªtulos, si es que realmente existe tal personaje. Los dos mundos (12) Volviendo a la fundaci¨®n. Los que ocupaban estos puestos representaban algo m¨¢s que simples engranajes funcionales; representaban el ¨¦xito, el privilegio y la perpetuaci¨®n de un sistema que favorec¨ªa a los de su clase. Era inadmisible que una inteligencia artificial, por eficiente que fuera, se quedara con los mejores cargos. ?C¨®mo justificar entonces las largas y costosas redes de influencias que hab¨ªan tejido durante generaciones? La sociedad valoraba el rostro humano, la imperfecci¨®n humanizada que hac¨ªa que cada decisi¨®n, aunque a veces fuera absurda, se percibiera como m¨¢s ¡°aut¨¦ntica¡±. El sistema del mundo de Gomez, en su defecto, no estaba dise?ado para ser eficiente, sino para ser estable, para mantener las cosas como estaban. Como siempre ocurri¨® en la historia de la humanidad. Y eso solo se pod¨ªa lograr con humanos en el poder, humanos que garantizaran que el pastel se repartiera de manera desigual, pero con un rostro familiar. Alguien con quien se pudiera hablar, negociar o, en el peor de los casos, culpar. Dejar el control total en manos de una inteligencia artificial ser¨ªa visto como una traici¨®n a los principios m¨¢s profundos del sistema, y eso era algo que ni los mismos ¡°Ellos¡± estaban dispuestos a permitir. Como todo buen agente, G¨®mez no pod¨ªa evitar preguntarse si todo este despliegue de hedonismo desenfrenado no era m¨¢s que una distracci¨®n, una fachada para encubrir la verdadera naturaleza de la fundaci¨®n y lo que ocurr¨ªa a unas pocas cuadras de este complejo. Resultaba dif¨ªcil no hacerlo. Hace apenas unos minutos, nuestro protagonista hab¨ªa matado a un hombre y a solo unos metros de distancia un grupo de drogados flotaba entre las nubes. Mientras la sangre de Thomas Smith se escurr¨ªa por el drenaje de la ducha, la salsa de unos deliciosos mejillones chorreaba por el cuerpo de aquel otro glot¨®n. Mientras nuestro agente pensaba en c¨®mo salvar todo el laboratorio de una inminente cat¨¢strofe, aquel otro hombre se entreten¨ªa con la idea de arrastrar a ese nuevo recluta hacia los ba?os de la fundaci¨®n. Y para colmo, lo estaba logrando. La paciencia de G¨®mez se estaba quebrando ante el choque cultural de su mundo con este ¡°otro mundo¡±. Sin embargo, record¨® el buen consejo de su amigo Jonathan: sonre¨ªr como un idiota, caminar hacia adelante y seguir ideando una excusa convincente. As¨ª lo hac¨ªa, con una mueca forzada, manteniendo el paso firme, aunque la furia y el asco ard¨ªan bajo su piel. El ¡°nuevo orden¡± que se hab¨ªa instaurado en la sociedad no dejaba espacio para la seriedad tradicional. Hab¨ªa muy pocos lugares que a¨²n manten¨ªan ese aire de solemnidad. Entre ellos, las escuelas elitistas como la que alguna vez hab¨ªa estado Thomas Smith, los laboratorios paranormales, centro militares y ciertas instituciones como la polic¨ªa o algunos hospitales, segu¨ªan aferrados a la idea de que el trabajo era algo que deb¨ªa tomarse con seriedad, con rigidez y disciplina. Pero esa era una tendencia en extinci¨®n. La ¨¦lite se estaba dando cuenta de que no era necesario tener tanta disciplina para tener una vida rodeada de lujos. El hedonismo estaba ganando la batalla y nuevamente el infinito p¨¦ndulo de la moralidad humana tend¨ªa hacia el libertinaje. G¨®mez continu¨® caminando por el pasillo, ya habiendo pasado el ¨¢rea de ¡°placer¡± se encontr¨® con varias oficinas donde la actividad se volv¨ªa m¨¢s rutinaria. Al fin y al cabo, alguien deb¨ªa trabajar, ?o no? Vio a algunos empleados revisando datos de investigaciones, pero la mayor¨ªa parec¨ªa sumergido en tareas administrativas, sin ninguna urgencia aparente. El ambiente aqu¨ª se asemejaba m¨¢s al de una oficina tradicional con ligeros toques que chocaban con esa idea. Por ejemplo, el aire estaba perfumado con un aroma sutil, una fragancia dise?ada qu¨ªmicamente para calmar los nervios del personal que pasaba largas horas frente a sus terminales. Al pasar por una peque?a cafeter¨ªa en el centro del piso, G¨®mez no pudo evitar notar c¨®mo algunas personas lo observaban de reojo. Sab¨ªan que ¨¦l era un agente, no alguien que pertenec¨ªa a las ¨¢reas administrativas, y hab¨ªa una cierta distancia entre el personal de campo y el administrativo. Algunos lo miraban con una mezcla de curiosidad, pero la mayor¨ªa era de precauci¨®n. De hecho, m¨¢s bien era de incomodidad, como si su presencia representara algo embarazoso o fuera de lugar en este entorno tan relajado. Sigui¨® avanzando, dejando las oficinas atr¨¢s y dirigi¨¦ndose hacia el extremo del pasillo. All¨ª, justo al final, se encontraba la sala de reuniones, un cub¨ªculo de vidrio opaco de aspecto minimalista que no dejaba entrever mucho desde el exterior. G¨®mez se detuvo frente a la puerta autom¨¢tica, la cual se abri¨® con un leve susurro al detectar su presencia. Entr¨® en la sala, esperando encontrarse con Marcus o con alguien m¨¢s que ya estuviera all¨ª, pero para su sorpresa, estaba completamente vac¨ªa. La sala de reuniones ten¨ªa un dise?o elegante, con una larga mesa ovalada en el centro y sillas flotantes dispuestas a su alrededor. Las paredes, hechas de un vidrio polarizado, bloqueaban parcialmente la vista desde el exterior, brindando una sensaci¨®n de privacidad. En el centro de la mesa, hab¨ªa un panel hologr¨¢fico inactivo que probablemente se encender¨ªa una vez que la reuni¨®n comenzar¨¢. G¨®mez mir¨® a su alrededor, suspirando ante la soledad de la sala. Stolen content alert: this content belongs on Royal Road. Report any occurrences. Decidi¨® sentarse en una de las sillas cercanas, dej¨¢ndose caer pesadamente. A¨²n sent¨ªa los efectos de la caminata por las escaleras, y la idea de quedarse quieto por un momento era m¨¢s que bienvenida. Mir¨® el reloj hologr¨¢fico que se proyectaba en el aire frente a ¨¦l. Sab¨ªa que la reuni¨®n ser¨ªa larga y tediosa, pero lo que m¨¢s le preocupaba era que el posible enfrentamiento con recursos humanos terminar¨¢ en una investigaci¨®n m¨¢s ser¨ªa de lo que en principio deber¨ªa ser. Era un gran agente, no era com¨²n que se le llamar¨¢ para este tipo de reuniones, y eso solo aumentaba su nerviosismo. Pasaron varios minutos. La sala segu¨ªa vac¨ªa. El silencio de la habitaci¨®n comenz¨® a hacerse m¨¢s evidente, acompa?ado ¨²nicamente por el zumbido casi imperceptible de los sistemas de ventilaci¨®n. G¨®mez tamborile¨® con los dedos sobre la mesa, impaciente, mientras su mirada se perd¨ªa en las luces tenues del techo. ?Cu¨¢nto m¨¢s tendr¨ªa que esperar? El silencio en la sala de reuniones se rompi¨® abruptamente cuando G¨®mez escuch¨® risas y una conversaci¨®n animada acerc¨¢ndose. Abri¨® la puerta para ver al cient¨ªfico malhumorado que lo hab¨ªa encarado en la salida del vestuario, pero ahora su actitud era completamente diferente. Con una expresi¨®n forzosamente jubilosa, el hombrecillo hablaba en tono jocoso con una mujer que podr¨ªa ser cualquier cosa menos una monja. Parec¨ªa como si la rabia de Marcus hubiera sido reemplazada por una s¨²bita amabilidad, una actuaci¨®n casi teatral. La mujer que acompa?aba al peque?o y muy malhumorado cient¨ªfico encarnaba un contraste radical con los est¨¢ndares tradicionales que segu¨ªa el agente G¨®mez. Su ropa era exageradamente colorida y provocativa, con un dise?o que dejaban al descubierto la gran mayor¨ªa de su cuerpo. Era una mezcla de seda y algod¨®n, dise?ado para ser muy ajustado y resaltar su figura de manera expl¨ªcita. La parte superior se enrollaba en torno a su abultado pecho y se ataba a la cintura con tirantes finos. La parte inferior era igualmente reveladora, con una falda corta de un material futurista que variaba su translucencia peri¨®dicamente, mostrando una piel que hab¨ªa sido sutilmente tonificada y modificada para acentuar cada contorno. A pesar de su atrevido atuendo, la mujer proyectaba una presencia de dominio absoluto. Su cabello era una explosi¨®n de colores vibrantes, con tonos que se mezclan en un degradado de azules, rosas y p¨²rpuras, cayendo en mechones sueltos que enmarcan su rostro. Los colores se ve¨ªan casi l¨ªquidos, como si el cabello estuviera en constante cambio. Sus ojos hab¨ªan sido modificados para adquirir un rojo intenso, casi fluorescente, que destaca con fuerza contra su piel, haciendo que su mirada sea penetrante y dominante. Siguiendo la tendencia, el cuerpo de la mujer hab¨ªa sido modificado y estilizado de manera que resaltara una sexualizaci¨®n extrema, al punto de dejar bien en claro que ese era el objetivo final de todas sus modificaciones corporales. Su piel era extra?a, parec¨ªa tener biochips que le otorgaban un brillo sutil que acent¨²a los detalles de sus tatuajes corporales, los cuales parec¨ªan moverse a su antojo seduciendo al observador. Los tatuajes no eran meramente decorativos, m¨¢s bien eran provocativos. Cada dibujo y dise?o parec¨ªa un tributo a la est¨¦tica de una prostituta callejera de nuestros tiempos, donde se remarcaba que en este extra?o futuro la ostentaci¨®n, la sexualizaci¨®n y la provocaci¨®n eran s¨ªmbolos de estatus, poder y autoridad. Parec¨ªa inaudito. Casi rozando lo absurdo. Pero a pesar de lo sexualizada que estaba la apariencia de esta se?orita. G¨®mez y Marcus la observan con una actitud de respeto y distanciamiento profesional. Para ellos, esta mujer era uno de los tantos jefes de este laboratorio y los dinosaurios respetaban la jerarqu¨ªa como si fuera mandato divino. Tras la dictadura, la libertad de expresi¨®n personal y la modificaci¨®n corporal no solo son aceptadas, sino celebradas como indicadores de poder. No bastaba con ser libre, hab¨ªa que mostrar esa libertad, hab¨ªa que lucirla, exponerla, gritarla en todo lo alto: ?Vivirla! En esta sociedad futurista, donde las normas tradicionales han sido reemplazadas por un sistema donde cuanto m¨¢s audaz y desinhibido te muestres, m¨¢s respeto y autoridad obtienes, esta se?orita era la manifestaci¨®n viva de esa nueva filosof¨ªa. Y era necesario que as¨ª fuera. No hab¨ªa otra forma, puesto que este asunto no era una cuesti¨®n menor. No era simple libertinaje, ni una cuesti¨®n de sexualizar por sexualizar. No hab¨ªa morbo, ni un capricho social. Esto era un asunto serio. Puesto que ¡°Ellos¡± ve¨ªan sus intereses puestos en juego. Dado que ¡°Ellos¡± estaban manipulando el mundo mediante, cultura, religi¨®n, propaganda, tradici¨®n, leyes y¡­¡±protocolos¡±. Protocolos que en su mayor¨ªa eran cambiados desde el ¨¢rea de recursos humanos, gran responsable del ¡°trato¡±, ¡°contrataci¨®n¡± y ¡°manejo¡± del personal. ?Por qu¨¦ este era el atuendo de la se?orita? Para enviar un mensaje claro. ?Qui¨¦nes eran los verdaderos provocadores en esta escena? G¨®mez y Marcus. Su formalidad, sus trajes serios y tristes, su apariencia de ¡°dinosaurios¡± atrapados en una era pasada, eran los que desentonaban. Sin querer queriendo, estaban haciendo una declaraci¨®n de resistencia al nuevo orden. ?Luchaban por esa resistencia? No, claro que no. Era una lucha sutil, casi invisible para los que no sab¨ªan leer entre l¨ªneas, pero para los agentes y cient¨ªficos veteranos como Marcus, la incomodidad en los pisos superiores era notoria. Era una batalla que nadie mencionaba, pero que se sent¨ªa en el aire: la vieja guardia tratando de mantener su identidad en un mundo que ya los hab¨ªa desechado. ?Val¨ªa la pena esa resistencia? No, y ellos lo sab¨ªan. No eran jefes, ni l¨ªderes en sus respectivos campos. Eran grandes en lo que hac¨ªan, pero al final del d¨ªa, solo trabajadores de campo. Los que realmente tomaban las decisiones, los que dictaban el rumbo, eran personas como esta se?orita, con su atuendo revelador y su porte desinhibido. Los dos mundos (13) Cuando la mujer indic¨® a G¨®mez y al cient¨ªfico que tomaran asiento, su comando fue firme, pero tambi¨¦n adornado con una dosis de sofisticaci¨®n seductora. La mesa larga que los separaba parec¨ªa ser un s¨ªmbolo de la distancia jer¨¢rquica que manten¨ªa con los que estaban un escal¨®n abajo en el organigrama de la fundaci¨®n.
Tarjeta del personal
Nombre Sahara Shepherd
C¨®digo de Identificaci¨®n 972354
Ocupaci¨®n Gerente de Recursos Humanos
Especializaci¨®n Gesti¨®n Administrativa y Personal
Ubicaci¨®n Piso 35, Departamento de Recursos Humanos
Rango Personal Administrativo
¡ªBien, se?ores ¡ªDijo la mujer, revisando unos archivos proyectados en el aire gracias al aparato ubicado en el medio de la mesa¡ªMe llamaron para que evaluemos lo que ocurri¨® con el prisionero Thomas Smith. Me enter¨¦ de que ocurrieron ciertas irregularidades, y necesitamos aclararlas antes de tomar decisiones ¡ªMir¨® al cient¨ªfico¡ª Marcus, ?quiere comenzar explicando su versi¨®n de los hechos? ?Por qu¨¦ el prisionero que se le fue asignado muri¨® in¨²tilmente? ?Tienes idea lo complicado que es conseguir ¡°buenos¡± prisioneros? El ¨¢rea de log¨ªstica y finanzas est¨¢ muy molesta. Marcus se inclin¨® hacia adelante, recuperando parte de la amargura que hab¨ªa mostrado antes en las puertas del vestuario, aunque ahora estaba controlada por la presencia de la mujer. Su tono de voz adopt¨® una postura de v¨ªctima, aunque G¨®mez not¨® el rastro de resentimiento escondido tras sus palabras. ¡ªEs muy simple, se?orita Shepherd. El agente G¨®mez se extralimit¨® durante el interrogatorio que se le fue asignado, lo cual result¨® en la muerte del ¨²nico sujeto de pruebas que se me ha dado este trimestre. Thomas Smith era un activo muy valioso para mi investigaci¨®n. Ten¨ªamos potencialmente grandes patentes que obtener de ¨¦l, y ahora todo eso se ha perdido debido a la falta de control del agente ¡ªHizo una pausa, lanzando una mirada severa a G¨®mez antes de continuar¡ª Lo peor de todo es que esto viola m¨²ltiples protocolos que hemos implementado para garantizar que estos individuos no se pierdan sus ¡°aportaciones¡± al campo cient¨ªfico antes de que se ejecute su condena. Thomas Smith pudo haber sido clave para descubrir grandes y vitales descubrimientos. La se?orita Shepherd escuchaba atentamente, tomando notas en su terminal hologr¨¢fica, sin dejar de mantener contacto visual con Marcus y, ocasionalmente, con G¨®mez. Finalmente, cuando el cient¨ªfico termin¨®, ella gir¨® su atenci¨®n al agente. ¡ªG¨®mez, ?tiene algo que decir sobre lo que ocurri¨®? ¡ªPregunt¨®, su tono era neutral pero directo. G¨®mez se inclin¨® hacia atr¨¢s en su silla, soltando un suspiro antes de responder. ¡ªMire, se?orita Shepherd, la verdad es que Thomas Smith no estaba proporcionando nada ¨²til. No dej¨® de mentir y desviar mis preguntas desde el principio. En todo momento, intent¨® confundirme y jugar con mi juicio. El tipo no ten¨ªa nada que ver con lo que Marcus estaba buscando y, francamente, solo estaba buscando un escape. Si bien admito que el interrogatorio fue m¨¢s intenso de lo planeado, la realidad es que el prisionero no estaba cooperando de ninguna manera ¡ªHizo una pausa, buscando cuidadosamente las palabras antes de continuar¡ª Solo estaba intentando obtener la informaci¨®n que Marcus me pidi¨® obtener, pero Thomas Smith no ten¨ªa ninguna. La se?orita Shepherd levant¨® una ceja y, tras consultar los archivos, a?adi¨®: ¡ªEs interesante lo que dice, G¨®mez. Seg¨²n sus registros, usted ha sido impecable en su desempe?o hasta ahora. No tiene antecedentes de excesos, y su historial muestra que ha manejado otros interrogatorios dif¨ªciles sin necesidad de violencia extrema ¡ªSus ojos se dirigieron nuevamente hacia el archivo flotante¡ª De hecho, su reputaci¨®n en la fundaci¨®n es la de alguien capaz de mantener la calma incluso en situaciones complicadas. Seg¨²n nuestra querida inteligencia artificial, las posibilidades de que usted matara a Thomas Smith son de apenas un miserable ¡°0,004%¡± ?Qu¨¦ pas¨® esta vez? Porque algo tuvo que pasar¡­ Antes de que G¨®mez pudiera responder sacando a relucir su coartada, Marcus intervino, aprovechando la pausa. ¡ªLo que pas¨®, se?orita, es que el agente G¨®mez mand¨® al carajo el protocolo. No importa si Thomas Smith estaba mintiendo, eso no justifica el uso excesivo de la fuerza. Nosotros no ejecutamos las sentencias como verdugos, ese no es nuestro trabajo. Nuestra tarea es extraer todo el valor posible de estos sujetos, y G¨®mez ha destruido una oportunidad invaluable de que Thomas Smith se redima con la sociedad antes de su muerte ¡ªMarcus apunt¨® con el dedo hacia G¨®mez, su tono subiendo en intensidad¡ª Viol¨® el protocolo m¨¢s b¨¢sico que tenemos los cient¨ªficos: obtener toda la informaci¨®n posible antes de que el sujeto de pruebas sea desechado. Y lo peor es que esto ni siquiera fue una decisi¨®n consciente. Fue un estallido emocional, una falta total de autocontrol. Una falta de profesionalismo sin precedentes. La se?orita Shepherd entrecerr¨® los ojos, claramente sopesando las contundentes palabras del cient¨ªfico. Molesto por las acusaciones, G¨®mez decidi¨® intervenir antes de que el tema escalara a¨²n m¨¢s: ¡ªNo fue un estallido emocional ¡ªReplic¨® G¨®mez con firmeza¡ª Simplemente llegu¨¦ a la conclusi¨®n de que Thomas Smith no iba a darnos nada ¨²til. Ya hab¨ªa pasado por decenas de horas de interrogatorio sin ning¨²n resultado concreto. El tipo solo segu¨ªa dando vueltas y jugando con mi tiempo. S¨ª, lo apret¨¦ m¨¢s de lo debido, pero es f¨¢cil decir desde el lado de los cient¨ªficos que todo prisionero tiene valor, cuando ustedes no est¨¢n sentados frente a estas personas tratando de sacarles lo que esconden. Shepherd lo mir¨® detenidamente por un momento antes de hablar, con un tono m¨¢s suave, pero igualmente firme: ¡ªG¨®mez, entiendo que estos interrogatorios pueden ser frustrantes, pero nosotros no tenemos el lujo de ¡°adelantar¡± la muerte de un sujeto condenado simplemente porque no coopera en ese momento. Nuestro trabajo aqu¨ª es m¨¢s grande que una sola sesi¨®n de interrogatorio. Estamos legal y moralmente obligados a sacar el mayor provecho posible de estos individuos, por mucho que se nieguen a cooperar. G¨®mez sinti¨® la creciente tensi¨®n en el ambiente, por el momento todo iba seg¨²n lo planeado. Dejar rastros de culpabilidad en donde la verdadera causa fuera un exabrupto y luego dar el salto final y lanzar una cortada falsa que embarre m¨¢s la verdad. Pero Marcus aprovech¨® la oportunidad para a?adir m¨¢s le?a al fuego. ¡ªEl protocolo, G¨®mez, existe por una raz¨®n. Los sujetos no son solo muertos andantes. Son una fuente inagotable de datos, y no podemos darnos el lujo de desperdiciar ese recurso. Sabes muy bien que el procedimiento es claro: mantener la calma, buscar inconsistencias, seguir el curso de las preguntas l¨®gicas y extraer lo posible hasta que el interrogado se quiebre emocionalmente. Pero lo que t¨² hiciste fue impulsivo, y ahora estamos pagando las consecuencias. La se?orita Shepherd manten¨ªa su mirada fija en Marcus, tomando nota de cada palabra mientras su expresi¨®n permanec¨ªa tranquila, aunque un destello de curiosidad se asomaba en su rostro. G¨®mez se manten¨ªa en silencio, sintiendo c¨®mo el ambiente de la sala se tensaba con cada palabra del cient¨ªfico. Marcus, sin embargo, empezaba a mostrar se?ales de incomodidad, sus manos ligeramente temblorosas mientras intentaba mantener su compostura. La mujer parec¨ªa percibirlo. ¡ªEntonces, Marcus ¡ªDijo ella con tono calmado, pero inquisitivo, inclin¨¢ndose ligeramente hacia adelante¡ª A estas alturas no tengo duda alguna que el agente G¨®mez viol¨® el protocolo. Pero, ?por qu¨¦ usted lo mand¨® a proceder con un interrogatorio sin contar con las autorizaciones pertinentes? If you stumble upon this narrative on Amazon, it''s taken without the author''s consent. Report it. Marcus se qued¨® paralizado por un segundo, claramente tomado por sorpresa ante la pregunta directa de Shepherd. No pod¨ªa decirle abiertamente que los cient¨ªficos estaban m¨¢s que dispuestos a meterse los nuevos protocolos por el culo con tal de alcanzar resultados, ni que el responsable de todo aquel circo era el jefe de todos los cient¨ªficos, un dinosaurio muy viejo y demasiado arrogante para preocuparse por las nuevas reglas. En los niveles inferiores de la fundaci¨®n, las cosas no eran tan limpias ni estructuradas como a Shepherd le gustaba pensar. Ella viv¨ªa en una burbuja, mientras abajo las normas se retorc¨ªan a conveniencia del mejor postor. Observando el titubeo de Marcus, el agente G¨®mez dej¨® que una sonrisa de satisfacci¨®n se le escapara por un segundo. Finalmente, las cartas ca¨ªan en el lugar correcto; la justicia empezaba a asomar, aunque solo fuera por un instante. Sin embargo, la satisfacci¨®n le dio paso a la cautela, y G¨®mez reprimi¨® la sonrisa, volviendo a una expresi¨®n neutral aunque algo torpe. Marcus no pas¨® por alto el gesto y lo mir¨® con desprecio, pero opt¨® por mantener el control. Se aclar¨® la garganta antes de responder, utilizando su habitual enfoque t¨¦cnico como defensa. Una buena t¨¢ctica. Todos en esta habitaci¨®n eran unos idiotas si se lo comparaba con su genio. ¡ªBueno, se?orita Shepherd, el motivo del interrogatorio no era un simple capricho. Ver¨¢, est¨¢bamos lidiando con informaci¨®n que potencialmente podr¨ªa haber alterado nuestras investigaciones en curso. Thomas Smith, aunque dif¨ªcil de manejar, mostraba indicios de haber sido alterado por el objeto ZJ35, logrando conocer¡­ algo. Algo que, hasta ahora, se nos hab¨ªa escapado ¡ªHizo una pausa, como si tratara de encontrar las palabras adecuadas¡ª Tras haber sido alterado por el objeto que investig¨¢bamos. Estaba convencido de que ten¨ªa conocimientos sobre una criatura ex¨®tica. Un ser que, seg¨²n nuestras observaciones preliminares, podr¨ªa redefinir lo que conocemos sobre el ¡°otro mundo¡°. Es por eso que el interrogatorio era simplemente una parte de mis investigaciones, no un capricho personal. Ni mucho menos algo fuera de los protocolos. G¨®mez estuvo a punto de escupir sangre de la rabia al escuchar la declaraci¨®n de Marcus. Para cualquier agente, era obvio que el peque?o cient¨ªfico estaba mintiendo. En primer lugar, Marcus era un especialista en desapariciones, ?qu¨¦ demonios hac¨ªa investigando un objeto que supuestamente revelaba informaci¨®n? Era rid¨ªculo. Pero claro, la gerente de recursos humanos seguramente jam¨¢s hab¨ªa pisado los pisos inferiores de la fundaci¨®n en su vida, lo que la hac¨ªa incre¨ªblemente f¨¢cil de enga?ar. Sin perder la compostura, Marcus lanz¨® una mirada c¨®mplice a G¨®mez. Era el tipo de mirada que dec¨ªa sin palabras: ¡°Si te quedas callado, te har¨¦ sufrir menos esta reuni¨®n¡±. Era una oferta tentadora, claro, pero lo que verdaderamente le resultaba irresistible a G¨®mez era la ¡°cortina de humo¡± que la coartada de Marcus le estaba ofreciendo. De repente, Thomas Smith dejaba de ser un hombre con secretos peligrosos, pasando a ser un don nadie que, tras una revelaci¨®n ¡°divina¡±, hab¨ªa comenzado a delirar informaci¨®n car¨ªsima. Con esa versi¨®n, G¨®mez pod¨ªa deslizarse fuera de la tormenta sin levantar ninguna sospecha. Era imposible negarse a tan buena fortuna. Lo que antes parec¨ªa un desastre, ahora comenzaba a alinearse como si el ¡°universo¡± buscar¨¢ protegerlo. Con un gesto sutil, Marcus activ¨® las pantallas hologr¨¢ficas de la sala. Varias proyecciones de datos comenzaron a flotar alrededor de la mesa, im¨¢genes y cifras complejas que saturaban el aire con una atm¨®sfera casi asfixiante de informaci¨®n. Era una t¨¢ctica que Marcus conoc¨ªa bien: abrumar a la audiencia con detalles para desviar la atenci¨®n de lo que realmente importaba. Mientras Marcus manipulaba los hologramas, desliz¨® discretamente la informaci¨®n, mostrando im¨¢genes borrosas y datos incompletos sobre una criatura indescifrable. Era un truco visual eficaz: mucha informaci¨®n t¨¦cnica, poca sustancia. La se?orita Shepherd, que observaba los gr¨¢ficos con atenci¨®n, levant¨® una ceja, claramente no entend¨ªa nada de lo que ve¨ªa, pero no pod¨ªa declararlo p¨²blicamente. Sus ojos, astutos y fr¨ªos, se mov¨ªan entre los hologramas y el rostro de Marcus, quien parec¨ªa confiar en el impacto de la tecnolog¨ªa m¨¢s que en sus propias palabras. ¡ª?As¨ª que se trata de una criatura ex¨®tica? ¡ªRepiti¨® Shepherd, dejando que el inter¨¦s creciera en su voz¡ª ?De qu¨¦ clase de criatura estamos hablando exactamente? ¡ªSu tono cambi¨® ligeramente, adoptando un matiz m¨¢s comercial¡ª ?Algo vendible? ?Una mascota adorable tal vez? ?Un guardi¨¢n protector? ?O un amante empedernido? ¡ªLuego, su tono se oscureci¨® un poco¡ª O mejor a¨²n, ?algo con poderes sobrehumanos que podamos utilizar? Expl¨ªquese mejor, Marcus. Marcus, ahora m¨¢s confiado tras la activaci¨®n de las pantallas hologr¨¢ficas, desliz¨® su mano con elegancia sobre el panel y el holograma central cambi¨® a una imagen borrosa y distorsionada. En el aire flotaba la representaci¨®n et¨¦rea de un organismo indefinido, amorfo, que parec¨ªa vibrar en la nada, como si no perteneciera ni al espacio ni al tiempo que conoc¨ªan. Se asemejaba a un fantasma o a una de las tantas sombras que hab¨ªan acechado en la escuela secundaria St Patrick. Los ojos de la se?orita Shepherd se entrecerraron ligeramente, visiblemente interesada, mientras Marcus aprovechaba el momento para afianzar su posici¨®n. ¡ªVer¨¢n ¡ªDijo, moviendo las manos con precisi¨®n entre los controles hologr¨¢ficos¡ª Lo que estamos viendo aqu¨ª no es una simple anomal¨ªa. Smith, antes de su muerte, mencion¨® tener informaci¨®n clave sobre una especie que, hasta donde sabemos, tiene muy pocos precedentes en nuestros registros. Hablamos de una entidad ex¨®tica, algo que nosotros llamamos: ¡°Los Observadores¡± ¡ªCon un simple gesto, la imagen et¨¦rea cambi¨®, transform¨¢ndose en una serie de gr¨¢ficos complejos¡ª Estas criaturas, si podemos llamarlas as¨ª, no se parecen a nada que hayamos encontrado antes. Marcus paus¨®, observando la intriga en los ojos de Shepherd. Sab¨ªa que ten¨ªa que ser meticuloso en su explicaci¨®n. Era una oportunidad ¨²nica para desviar la atenci¨®n de cualquier problema que derivar¨¢ del interrogatorio ¡°ilegal¡±. ¡ªLos observadores no son seres que podemos cazar o domesticar, se?orita Shepherd. No estamos hablando de mascotas ni de juguetes sexuales¡ªContinu¨® Marcus con un leve tono de burla¡ª Lo que realmente los hace valiosos no es su forma f¨ªsica, sino el conocimiento que poseen. Seg¨²n nuestras teor¨ªas m¨¢s avanzadas, estos seres tienen una capacidad innata para moverse entre diferentes planos de existencia, lo que nosotros denominamos ¡°niveles¡±. Imaginemos por un momento que podemos entablar una conversaci¨®n con alguien que ha tenido acceso ilimitado a estos otros mundos, que ha existido en un plano paralelo desde el comienzo de la historia humana ¡ªHizo una pausa para dejar que la magnitud de la idea est¨¦ clara¡ª El potencial es infinito. Solo una peque?a fracci¨®n de la informaci¨®n que poseen podr¨ªa cambiar todo lo que creemos saber sobre la vida, la muerte, e incluso la misma estructura del ¡°otro mundo¡±. Con un nuevo gesto, el holograma cambi¨®, revelando una figura antropomorfa, alta y encorvada, que parec¨ªa retorcerse ligeramente en su forma. Era un ser con la apariencia de un anciano de piel gris¨¢cea, pero lo que destacaba eran sus m¨²ltiples ojos, distribuidos de forma irregular por todo su cuerpo, cada uno parpadeando de manera independiente. De sus extremidades brotaban brazos y piernas adicionales, delgados y alargados, que parec¨ªan moverse con vida propia. Irradiaba una energ¨ªa pulsante, densa y et¨¦rea, que parec¨ªa distorsionar el espacio a su alrededor. ¡ªEste es uno de los tres espec¨ªmenes con los que la humanidad ha tenido contacto ¡ªDijo Marcus¡ª Siendo este el ¨²nico que se dign¨® a hablarnos. No pudimos contener a ninguno por mucho tiempo. Los otros dos ¡°murieron¡± en instalaciones secretas ¡ªLa figura se disolvi¨® y fue reemplazada por la imagen de una planta, extra?a, pero vagamente similar a una roza, con p¨¦talos fluorescentes que parec¨ªan cambiar de color con el tiempo¡ª Como pudieron ver, los Observadores no tienen una forma fija. Pueden adoptar cualquier figura, ya sea una criatura biol¨®gica o incluso algo que desaf¨ªa nuestras nociones de lo que es ¡°vida¡±. Simulan su existencia tomando la forma de otras entidades. Aunque sabemos muy poco de lo que ocurre realmente, ya que la mayor¨ªa de lo que conocemos lo sabemos por interacciones con otras criaturas del otro mundo. Shepherd frunci¨® el ce?o ligeramente, evaluando la informaci¨®n. Marcus lo not¨® y decidi¨® profundizar en los detalles que sab¨ªa captar¨ªan su inter¨¦s: ¡ªEstas criaturas, en esencia, parasitan otras formas de vida. Insertan su ¡°esencia¡± o ¡°alma¡± en organismos en gestaci¨®n o en crecimiento, y durante todo el ciclo de vida de la criatura hu¨¦sped simulan su vida a la perfecci¨®n. Observando el mundo a trav¨¦s de sus ojos. Hemos estudiado sus cad¨¢veres, y no hemos encontrado diferencias biol¨®gicas entre un observador y la especie que eligieron parasitar. Sin embargo, hay dos caracter¨ªsticas que los diferencian radicalmente de cualquier otra entidad viva: la inmortalidad y su alta capacidad de viajar entre niveles o planos de existencia. ¡ªImaginemos por un momento ¡ªcontinu¨®¡ª Que podemos controlar este poder. Un ser inmortal, capaz de moverse entre niveles del otro mundo a voluntad, podr¨ªa tener acceso a una cantidad inimaginable de informaci¨®n. No solo sobre lo que ocurre en nuestro plano, sino sobre lo que ha ocurrido en otros. Estos Observadores son testigos de la evoluci¨®n de civilizaciones enteras, capaces de intervenir, alterar y manipular lo que sucede en cualquier nivel que decidan visitar. Si logramos establecer una comunicaci¨®n con uno de ellos, podr¨ªamos aprender a controlar estos viajes, cruzar dimensiones desconocidas a voluntad ¡ªMarcus hizo una pausa, observando a Shepherd con atenci¨®n¡ª Las posibilidades son ilimitadas: acceder a conocimientos prohibidos, alargar la vida, incluso evadir la muerte. La sala qued¨® en silencio por un momento. Shepherd, normalmente imperturbable, se mostr¨® visiblemente interesada, aunque trataba de mantener su compostura. No entend¨ªa mucho del tema, no ten¨ªa por qu¨¦ hacerlo, ya que esta no era su ¨¢rea de experiencia. Pero el hecho de que solo se tuviera informaci¨®n de 3 espec¨ªmenes en toda la historia de la humanidad, hac¨ªa que obtener informaci¨®n de un cuarto esp¨¦cimen fuera un descubrimiento monumental para el peque?o laboratorio 32. Shepherd asinti¨® lentamente, mientras la promesa de destacar resonaba en su mente. Marcus hab¨ªa conseguido lo que quer¨ªa: desviar la atenci¨®n de los errores cometidos y enfocar la conversaci¨®n en otro punto. La sala cay¨® en un breve silencio. La mirada de la se?orita Shepherd se torn¨® a¨²n m¨¢s afilada, y su inter¨¦s era evidente. Se inclin¨® hacia Marcus, sus seductores ojos fijos en los de ¨¦l, como si intentara leer su mente: ¡ª?Y qu¨¦ dijo Thomas Smith sobre estos ¡°observadores¡±? ¡ªThomas afirm¨® que los observadores no solo est¨¢n aqu¨ª para observarnos, sino que influyen en nuestro comportamiento de maneras que a¨²n no entendemos. Supuestamente, est¨¢n presentes en todos los niveles. Se mueven entre las sombras, invisibles para la mayor¨ªa, excepto para personas con capacidades especiales. Tras ser afectado por el objeto ZJ35, Thomas se describ¨ªa a s¨ª mismo como un experto sobre los observadores. De ah¨ª surgi¨® mi inter¨¦s por hacer el interrogatorio¡ªHizo una pausa, nuevamente hab¨ªa mentido a medias y G¨®mez lo sab¨ªa, pero por la expresi¨®n de Shepherd su mentira hab¨ªa pasado sin la menor duda¡ª Aunque por desgracia no obtuvimos toda la informaci¨®n que esper¨¢bamos. Ya que Thomas Smith fue destrozado por este cavern¨ªcola. Los dos mundos (14) Shepherd dej¨® que el silencio se asentara, sus ojos a¨²n fijos en Marcus, como si evaluara cada palabra que acababa de pronunciar. Su postura era firme, y el ambiente en la sala se volvi¨® algo inc¨®modo. Finalmente, su mirada se desvi¨® hacia G¨®mez, quien hasta el momento hab¨ªa permanecido en silencio, observando c¨®mo Marcus intentaba justificar sus violaciones en el protocolo. ¡ªG¨®mez ¡ªDijo Shepherd, su tono neutral, pero cargado de expectaci¨®n¡ª Si Thomas Smith ten¨ªa informaci¨®n tan valiosa sobre estos ¡°observadores¡±, ?por qu¨¦ lo mataste? La pregunta cay¨® como un rayo sobre la sala. G¨®mez se cruz¨® de brazos y exhal¨® lentamente antes de responder. Su mirada se pos¨® en Shepherd, manteniendo la calma, aunque por dentro sab¨ªa que esta era una de esas preguntas en las que una respuesta incorrecta podr¨ªa significar que lo jubilar¨¢n de antemano. ¡ªCon todo respeto, se?orita Shepherd, Thomas Smith no ten¨ªa realmente la informaci¨®n que Marcus sugiere. Lo que mencion¨® sobre los observadores durante el interrogatorio no era m¨¢s que informaci¨®n vaga y sin fundamento, en muchos puntos contradictoria y plagada de inconsistencias sobre lo que conocemos sobre el otro mundo. En resumen: La informaci¨®n era falsa. ¨¦l solo conoc¨ªa el nombre de la criatura: ¡°Observadores¡±. Eso fue todo lo que nos dio. No ten¨ªa detalles, ni pruebas, ni ninguna pista ¨²til que pudiera sostener sus afirmaciones. Desde el principio estaba buscando una manera de manipularnos para ganar su libertad. Lo vi en sus ojos. Quer¨ªa que crey¨¦ramos que ten¨ªa algo valioso, algo que lo hiciera indispensable, pero no lo ten¨ªa. Shepherd frunci¨® el ce?o levemente, procesando lo que G¨®mez acababa de decir. La perspectiva de G¨®mez era muy realista, demasiado para su gusto: le recordaba que ella solo era la gerente de recursos humanos del peque?o laboratorio 32. Por otro lado, la informaci¨®n que Thomas Smith promet¨ªa conocer no la manejaban ni los laboratorios m¨¢s importantes de la humanidad. A pesar de todo, decidi¨® mantenerse firme y continuar con el juego; se sent¨ªa algo tonta por haberse ilusionado y no quer¨ªa mostrarlo. ¡ªEntonces, seg¨²n usted, Smith invent¨® toda esta historia sobre los observadores para ganar su libertad ¡ªReplic¨® Shepherd, cruzando las manos sobre la mesa¡ª ?Qu¨¦ le hace estar tan seguro? G¨®mez inclin¨® la cabeza ligeramente hacia adelante, manteniendo el contacto visual con Shepherd mientras formulaba su respuesta. La firmeza en sus ojos era algo que solo pod¨ªa tener un agente veterano que hab¨ªa puesto su vida en riesgo innumerable veces para proteger a la humanidad. ¡ªEn mis a?os como interrogador, he visto a muchos prisioneros intentar lo mismo, se?orita. Fabrican historias, inventan detalles, todo con la esperanza de que alguien les d¨¦ una oportunidad para escapar. Smith no era diferente. Sab¨ªa que estaba acorralado y que su ejecuci¨®n era inminente. Intent¨® usar un nombre ex¨®tico, algo que sonara lo suficientemente extra?o como para despertar nuestro inter¨¦s, pero era obvio que no ten¨ªa nada m¨¢s que ofrecer. Solo palabras vac¨ªas. La fortuna lo ayud¨® y la palabra ¡°observador¡± estaba asignada a una criatura ex¨®tica. La sala se qued¨® en silencio por un momento, y Shepherd mir¨® a Marcus con una ceja levantada, esperando su reacci¨®n. Marcus, quien hab¨ªa permanecido impasible mientras G¨®mez hablaba, finalmente intervino, aunque visiblemente inc¨®modo. ¡ªMire, es posible que G¨®mez tenga raz¨®n ¡ªAdmiti¨® Marcus, al fin al cabo ¨¦l tampoco ten¨ªa muchas esperanzas de obtener nada importante¡ª No puedo descartar completamente la idea de que Thomas estuviera inventando algo para salvarse. Sin embargo¡­¡ªHizo una pausa, buscando las palabras adecuadas¡ªIncluso si eso fuera cierto, Thomas Smith segu¨ªa siendo valioso para nosotros. No como fuente de informaci¨®n, sino como sujeto de pruebas. Lo necesitaba vivo y este asesino de sangre fr¨ªa me lo devolvi¨® muerto, para colmo, sin nada de informaci¨®n ¨²til. Stolen from Royal Road, this story should be reported if encountered on Amazon. G¨®mez observ¨® c¨®mo Marcus trataba de torcer la narrativa nuevamente a su punto de inflaci¨®n, pero eso era conveniente. Seguir hablando de observadores y de Thomas Smith lo pon¨ªa nervioso. Pese a que era un experto en no mostrar sus verdaderas emociones. Shepherd permaneci¨® en silencio por unos momentos, sopesando la situaci¨®n. Finalmente, dirigi¨® su mirada nuevamente a G¨®mez, con una expresi¨®n de frialdad que delataba su falta de paciencia. No le quedaba mucho tiempo antes de que revelara la sanci¨®n. ¡ªG¨®mez ¡ªComenz¨® con un tono que indicaba que no iba a aceptar m¨¢s evasivas¡ª Tengo que volver a preguntarte. Y espero que esta vez seas completamente honesto. ?Por qu¨¦ decidiste matar a Thomas Smith? Sabes perfectamente que, seg¨²n el nuevo protocolo, eso te pone en una posici¨®n en la que podr¨ªa ordenar tu despido inmediato. De hecho, con tu veteran¨ªa, ni siquiera ser¨ªa un despido: ser¨ªa una jubilaci¨®n bastante bien pagada. Por supuesto, todo este trato incluye tu respectiva compensaci¨®n por trabajo ¡°forzado¡± durante la dictadura militar. No es un mal trato. ?Por qu¨¦ no aceptarlo? Tienes una salida digna, una pensi¨®n generosa, y podr¨ªas alejarte de todo ese trabajo de mierda en los laboratorios para vivir una excelente vida. Tengo entendido que los agentes tienen una jubilaci¨®n exageradamente buena y m¨¢s cuando tienen un historial tan impecable como es tu caso. ?Por qu¨¦ no retirarse y vivir en una vida rodeada de lujos y caprichos satisfechos? El silencio en la sala se volvi¨® casi insoportable. G¨®mez sab¨ªa que estaba caminando en una cuerda floja, y un solo paso en falso podr¨ªa significar el fin de su carrera en la fundaci¨®n, algo que no estaba dispuesto a aceptar. Al igual que muchos otros veteranos, G¨®mez no quer¨ªa retirarse. El trabajo era su vida, y aunque Shepherd lo enmarcaba como una ¡°jubilaci¨®n bien pagada¡±, ¨¦l lo ve¨ªa como un destierro. No pod¨ªa permitirse ese lujo. Se mantuvo en silencio unos segundos, lo suficiente para que el peso de la pregunta se sintiera a¨²n m¨¢s aplastante. Pero antes de que pudiera responder, Marcus, visiblemente preocupado, rompi¨® el tenso silencio. ¡ªSe?orita Shepherd ¡ªComenz¨® Marcus, en un tono vacilante, pero claramente asustado por la posibilidad de que G¨®mez pudiera ser despedido¡ªCreo que deber¨ªamos reconsiderar esto. G¨®mez es uno de los pocos hombres que realmente trabaja en los pisos inferiores, su historial es impecable. No quiero sonar como si me quejara de los nuevos reclutas, claro est¨¢. Pero, seamos honestos, la mayor¨ªa de ellos no sabr¨ªa ni c¨®mo reproducirse si no vieran porno todo el d¨ªa. No es que no est¨¦n capacitados, por supuesto ¡ªAgreg¨® r¨¢pidamente, d¨¢ndose cuenta de que hab¨ªa dado a entender justo lo contrario¡ª Simplemente, es una generaci¨®n que vino medio fallada de f¨¢brica, digo¡­ a¨²n les falta experiencia. Si perdemos a G¨®mez, nuestros indicadores de eficiencia sufrir¨ªan un golpe considerable. Lo que sucedi¨® con Thomas fue desafortunado, no lo niego, pero me parece que una suspensi¨®n ser¨ªa una opci¨®n mucho m¨¢s razonable. G¨®mez es indispensable para nuestras misiones, y perderlo, especialmente en medio de un recambio generacional, ser¨ªa un error garrafal para el laboratorio 32. Marcus estaba desesperado. Aunque intentaba mantener la compostura, era evidente que se sent¨ªa nervioso ante la posibilidad de que G¨®mez fuera despedido. Hab¨ªa trabajado con ¨¦l en demasiadas ocasiones como para ignorar la importancia que ten¨ªa en el equipo. Si G¨®mez ca¨ªa, Marcus sab¨ªa que ¨¦l podr¨ªa ser el siguiente en la l¨ªnea de fuego, y no estaba dispuesto a permitirlo. Shepherd levant¨® una ceja, sorprendida por la inesperada intervenci¨®n de Marcus. Se hab¨ªa mostrado agresivo durante la mayor parte de la reuni¨®n, pero ahora parec¨ªa dispuesto a oponerse al despido de G¨®mez. La tensi¨®n en la sala fue creciendo, y todos los ojos estaban puestos en G¨®mez, quien se hab¨ªa mantenido en silencio durante la ¨²ltima intervenci¨®n. Finalmente, Shepherd suspir¨® y asinti¨® lentamente, como si hubiera llegado a una especie de resoluci¨®n. ¡ªEntiendo tu preocupaci¨®n, Marcus ¡ªdijo, sin apartar la vista de G¨®mez¡ª Pero no podemos ignorar que lo que ha hecho G¨®mez es una violaci¨®n grave del protocolo. Matar a un prisionero de forma tan est¨²pida no es algo que podemos permitirnos, especialmente en estos tiempos. Una simple suspensi¨®n podr¨ªa no ser suficiente. Deber¨¢ ir a buscar sus cosas. Los dos mundos (15) G¨®mez sab¨ªa que era el momento de actuar. No pod¨ªa dejar que Shepherd lo empujara hacia el retiro, y mucho menos dejar que la fundaci¨®n lo desechara como si fuera un simple pe¨®n. Sacrific¨® 30 a?os de su vida luchando contra lo paranormal y no lo mandar¨ªa todo al carajo por un infeliz como Thomas Smith. Era el momento de lanzar su ¡°bomba de humo¡± y cambiar el rumbo de la conversaci¨®n antes de que fuera demasiado tarde. ¡ªShepherd, con todo respeto ¡ªComenz¨® G¨®mez, intentando mantener la calma, aunque el nerviosismo era evidente en su voz, una simulaci¨®n perfecta¡ªNo puedo decirte con certeza por qu¨¦ mat¨¦ a Thomas Smith. Todo lo que pas¨® durante ese interrogatorio fue¡­ extra?o, por decirlo de alguna manera. S¨¦ que suena como una excusa barata, pero la situaci¨®n se sali¨® de control de una manera que no hab¨ªa experimentado antes. Shepherd entrecerr¨® los ojos, claramente intrigada, pero a¨²n no convencida¡ª?Qu¨¦ est¨¢s insinuando? ¡ªPregunt¨®, con un tono que suger¨ªa que no iba a aceptar ambig¨¹edades. ¡ªLo que quiero decir es que Thomas me atac¨® ¡ªRespondi¨® G¨®mez, su voz ganando un poco m¨¢s de firmeza¡ª No s¨¦ c¨®mo lo hizo, pero de alguna manera se liber¨® de los grilletes. Fue todo muy confuso. No hab¨ªa se?ales de que fuera capaz de hacerlo, y en un abrir y cerrar de ojos, estaba sobre m¨ª, intentando¡­ no s¨¦, matarme, o algo peor. Todo fue muy r¨¢pido. Ni siquiera recuerdo c¨®mo llegamos a ese punto, pero cuando me di cuenta, lo ten¨ªa encima, y tuve que actuar. Fue una reacci¨®n instintiva, no lo plane¨¦. Shepherd lo miraba con una mezcla de escepticismo e inter¨¦s. Era evidente que no estaba completamente convencida, sobre todo pensando que el agente ten¨ªa un cuerpo lo suficientemente tonificado para enfrentarse a criaturas sobrehumanas, pero algo en las palabras de G¨®mez hab¨ªa captado su atenci¨®n ¡ª?Est¨¢s sugiriendo que hubo alg¨²n tipo de fen¨®meno paranormal involucrado? ¡ªPregunt¨® finalmente, inclin¨¢ndose hacia adelante¡ª ?Es eso lo que intentas decir? ¡ªNo estoy seguro ¡ªAdmiti¨®, luego de una pausa premeditada, su voz m¨¢s baja¡ª Pero algo en ese cuarto no estaba bien. No era solo Thomas. Era como si el ambiente hubiera cambiado. Todo se sent¨ªa¡­ distorsionado. Como si estuviera bajo el influjo de algo que no pod¨ªa ver. S¨¦ que suena como una excusa, pero fue lo que viv¨ª en ese momento. Shepherd lo observaba en silencio, sus ojos escudri?ando cada detalle de su rostro, buscando alguna se?al de mentira o duda. Pero G¨®mez era un agente, si quer¨ªa mentir era imposible detectarlo en su mirada. ¡ªSi lo que dices es cierto ¡ªRespondi¨® Shepherd, con una voz fr¨ªa y calculada¡ª Entonces podr¨ªamos estar ante una situaci¨®n mucho m¨¢s complicada de lo que pens¨¢bamos. Sin embargo, eso no cambia el hecho de que rompiste el protocolo al matar a Thomas. ¡ªLo s¨¦ ¡ªAdmiti¨® G¨®mez¡ª Y estoy dispuesto a aceptar las consecuencias de mis acciones. Pero si me preguntas si lo volver¨ªa a hacer, mi respuesta es s¨ª. En ese momento, sent¨ª que no ten¨ªa otra opci¨®n. La atm¨®sfera en la sala de reuniones cambi¨® dr¨¢sticamente en cuesti¨®n de segundos. Marcus, quien hasta ese momento hab¨ªa estado vacilante, casi asustado por el desenlace de la situaci¨®n, comenz¨® a hablar con una seriedad inusitada. El cambio en su tono y su lenguaje corporal era evidente; parec¨ªa que hab¨ªa decidido cruzar un l¨ªmite que ninguno de los presentes esperaba. ¡ªSe?orita Shepherd, hay algo m¨¢s que debemos considerar en este caso ¡ªDijo Marcus, mientras sacaba de su bata un peque?o cubo negro que comenz¨® a manipular meticulosamente¡ª El caso de Thomas Smith est¨¢ intr¨ªnsecamente ligado a las posesiones. Shepherd frunci¨® el ce?o, tratando de mantener la compostura, aunque una leve incomodidad la atravesaba. Le gustaba estar al mando, y en principio, lo estaba, pero era evidente que Marcus estaba buscando tomar control de la situaci¨®n, de forma para nada discreta, pero efectiva. Aunque el rostro de G¨®mez permanec¨ªa imperturbable, hab¨ªa una satisfacci¨®n apenas contenida en sus ojos. Todo marchaba seg¨²n su plan. Sab¨ªa que el cient¨ªfico Marcus hab¨ªa mordido el anzuelo, creyendo haber identificado los ¡°s¨ªntomas¡± cl¨¢sicos de una posesi¨®n. Hab¨ªa ca¨ªdo justo donde G¨®mez quer¨ªa. Ahora, solo era cuesti¨®n de tiempo antes de que Marcus siguiera con su peque?o espect¨¢culo, desatando las consecuencias que ¨¦l mismo no alcanzaba a prever. Lo brillante del plan de G¨®mez era que no hab¨ªa manera en la que la fundaci¨®n pudiera descartar la posibilidad de una posesi¨®n sin desencadenar una serie de protocolos que pondr¨ªa este caso nuevamente bajo la lupa de los superiores de los pisos inferiores, saliendo as¨ª de las garras del ¨¢rea de recursos humanos. G¨®mez hab¨ªa logrado plantar la duda, y eso era todo lo que necesitaba. Un peque?o empuj¨®n y el caso estar¨ªa fuera de las manos de aquellos que quer¨ªan reemplazarlo. Evidentemente, el examen dar¨ªa negativo, pero eso ya no importaba. La verdadera jugada consist¨ªa en que los que investigar¨ªan el caso utilizar¨ªan las grabaciones de las declaraciones hechas durante la reuni¨®n con recursos humanos. Tomando los primeros fragmentos de las declaraciones de G¨®mez, ser¨ªa f¨¢cil para esos agentes novatos construir la narrativa de que G¨®mez hab¨ªa matado a Thomas Smith por mero capricho y frustraci¨®n. La verdad real quedar¨ªa enterrada junto al cad¨¢ver de Smith. As¨ª, el caso se cerrar¨ªa con una conclusi¨®n conveniente para los intereses de los novatos deseosos de sacarse el caso de encima, mientras G¨®mez permanec¨ªa en las sombras, habiendo logrado su objetivo. Por otro lado, si por alg¨²n motivo asignaban a agentes veteranos para investigar el caso, (algo improbable, ya que no se trataba de un asunto prioritario), estos seguramente notar¨ªan que G¨®mez estaba ocultando algo. Sin embargo, debido a su veteran¨ªa y al respeto que le ten¨ªan, optar¨ªan por seguirle la corriente. Al final, independientemente de lo que ocurriera, G¨®mez ser¨ªa suspendido por su superior, y todo concluir¨ªa en un final conveniente. Todo estaba fr¨ªamente calculado; cada paso, cada mirada, cada palabra hab¨ªa sido orquestada para asegurar que las grabaciones de esta charla permitieran ese resultado. A case of theft: this story is not rightfully on Amazon; if you spot it, report the violation. ¡ª?Posesiones? ¡ªRepiti¨® Shepherd, su voz temblando apenas perceptiblemente. Era la primera se?al de vulnerabilidad que mostraba desde que la reuni¨®n hab¨ªa comenzado. Trabajar en una agencia tan intr¨ªnsecamente ligada a lo paranormal la hab¨ªa curtido en muchos aspectos, pero eso no significaba que estuviera completamente c¨®moda con lo que suced¨ªa en los laboratorios. Los eventos paranormales fuera de control la aterraban como a cualquier ciudadano normal. Aprovechando la confusi¨®n que flotaba en la sala, Marcus asinti¨® lentamente, con la misma calma con la que un cirujano decide el primer corte en una operaci¨®n. Su atenci¨®n segu¨ªa clavada en el cubo negro, ahora activando una proyecci¨®n hologr¨¢fica. La luz que esta proyectaba sobre su g¨¦lido rostro era tenue, pero lo suficientemente perturbadora como para que cualquier persona, incluso alguien tan curtido como Shepherd, sintiera una inquietud profunda. ¡ªAs¨ª es¡­¡ªContinu¨® Marcus, pero esta vez su tono ten¨ªa un matiz conspirativo, casi morboso, como si estuviera revelando un secreto prohibido¡ª Tal vez no lo sepas, Shepherd, pero el caso de Thomas Smith no es tan sencillo como lo pintaron. Fue condenado tras los infames eventos en la secundaria St. Patrick. Seguro te suena, aquella masacre de los ni?os. Fue una tragedia y mucha gente muy influyente perdi¨® a sus hijos en aquel evento. Con tal trasfondo era evidente que un caso as¨ª iba a hacer eco en las noticias de todo Florida. Shepherd lo mir¨®, intentando mantener la calma, pero algo en la forma en que Marcus hablaba comenzaba a hacer que el nudo en su est¨®mago se tensara a¨²n m¨¢s. El holograma del cubo mostraba figuras y datos que ella no pod¨ªa interpretar, pero su sola presencia llenaba la sala de una sensaci¨®n de inminente cat¨¢strofe. ¡ª?Me est¨¢s diciendo que las posesiones masivas en esa escuela est¨¢n conectadas con Thomas Smith? Conozco el caso, ¨¦l era un mero profesor, Marcus ¡ªPregunt¨® Shepherd, tratando de no sonar alarmada. Pero lo estaba. En el fondo, intu¨ªa que si Marcus llegaba al final de su explicaci¨®n, perder¨ªa el control sobre la situaci¨®n. No todos los d¨ªas se ten¨ªa la oportunidad de deshacerse de un ¡°dinosaurio¡± prestigioso como G¨®mez, y este d¨ªa parec¨ªa el momento perfecto para reemplazarlo. Desde su perspectiva, todos los veteranos que hab¨ªan trabajado durante la dictadura militar deb¨ªan ser sustituidos, aunque no pod¨ªa expresar esta opini¨®n abiertamente, ya que solo era una creencia compartida por los empleados administrativos y los nuevos reclutas de los pisos inferiores. Todav¨ªa hab¨ªa muchos que respetaban a las viejas glorias. Sin embargo, los m¨¦todos de gente como G¨®mez eran anticuados, poco convencionales y demasiado poco legales. Este actuar perturbaba constantemente a los nuevos reclutas, creando un ambiente laboral t¨®xico y lleno de tensi¨®n en los niveles inferiores. Como responsable de garantizar un entorno de trabajo armonioso en todas las instalaciones, Shepherd estaba m¨¢s que lista para empezar a limpiar la casa, reemplazando a los inadaptados con j¨®venes de mentalidad m¨¢s moderna y saludable. Todo parec¨ªa encaminarse bien, estaba a punto de jubilar a este dinosaurio, pero Marcus estaba al borde de arruinarlo todo. ¡ªAs¨ª es, aunque esa es solo la punta del iceberg ¡ªReplic¨® Marcus, sin dejar de concentrarse en los hologramas proyectados por el cubo negro¡ª Thomas Smith fue condenado por los cr¨ªmenes que cometi¨® en esa escuela, eso es cierto, pero aqu¨ª es donde las cosas se ponen m¨¢s interesantes ¡ªSe gir¨® hacia Shepherd, su rostro iluminado por el resplandor azul del holograma¡ªLa verdadera pregunta es: ?Thomas Smith estaba realmente bajo su control? ?O fue manipulado por algo m¨¢s, algo que a¨²n no hemos comprendido del todo? ¡ª?No me vengas con eso, Marcus! ?Thomas Smith fue condenado a muerte porque se determin¨® que no estaba pose¨ªdo! ¡ªEspet¨® Shepherd, buscando interrumpir el ritmo de la conversaci¨®n antes de que Marcus pudiera seguir con su teor¨ªa¡ª ?La justicia revis¨® su caso una y otra vez! No encontraron ni un solo indicio de posesi¨®n. Nadie lo habr¨ªa enviado a nuestras instalaciones si hubiera sido el caso. Marcus no se inmut¨®. De hecho, una sonrisa leve, casi imperceptible, se dibuj¨® en su rostro. ¡ªExactamente, Shepherd. Pero ellos nunca consideraron la opci¨®n de una posesi¨®n cr¨®nica. Y es ah¨ª donde radica el problema. Shepherd frunci¨® el ce?o, pero antes de que pudiera interrumpir, Marcus continu¨®. ¡ªEse tipo de posesi¨®n es mucho m¨¢s leve y no deja rastros obvios en la conciencia del individuo. Si la criatura era cautelosa, el parasitado jam¨¢s sabr¨ªa que estaba siendo manipulado. Thomas Smith no sab¨ªa que algo lo pose¨ªa y nunca dud¨® de ello. ¨¦l atribuy¨® los eventos tr¨¢gicos a una suma de pensamientos propiamente inducidos, es decir que se convenci¨® a s¨ª mismo de que ¨¦l asesin¨® a esos ni?os, por qu¨¦ en el fondo sab¨ªa que era capaz de hacerlo si se lo propon¨ªa. Por eso, la parte defensora nunca pidi¨® realizar un examen J74. Shepherd intent¨® replicar, pero Marcus lo cort¨® de nuevo, rematando con frialdad: ¡ªEso significa que nunca se descart¨® la posibilidad de que Thomas Smith estuviera pose¨ªdo. Shepherd intent¨® intervenir de nuevo, el control se le escapaba de las manos, pero Marcus no la dej¨®. ¡ªEspera un momento antes de refutar. Te explicar¨¦ como funcionan las posesiones cr¨®nicas ¡ªDijo, sin apartar los ojos de los hologramas¡ª La raz¨®n por la que nadie sospech¨® de una posesi¨®n es simple: la entidad que parasitaba a Thomas no lo controlaba activamente. Era una entidad latente. Dorm¨ªa en su cuerpo, esperando el momento adecuado para emerger. No necesitaba dirigir cada uno de sus movimientos como ocurre en una posesi¨®n cl¨¢sica. De hecho, podr¨ªa haber estado all¨ª hace meses, simplemente durmiendo en la comodidad del cuerpo de Smith. Entonces¡­ ¡ª?Det¨¦n lo que est¨¢s haciendo, Marcus! ¡ªExigi¨® Shepherd, su voz ganando fuerza a pesar del temor¡ª Si eres tan listo como te jactas de ser, entonces expl¨ªcanos c¨®mo es que la justicia no se dio cuenta. Eso es lo que no me cierra. ?C¨®mo no descubrieron algo tan obvio si en verdad estaba ah¨ª? Todos los ni?os fueron pose¨ªdos, como no dudaron que el profesor tambi¨¦n lo fue. Marcus la mir¨®, como si ella acabara de hacer la pregunta que ¨¦l hab¨ªa estado esperando todo el tiempo. ¡ªPorque, Shepherd, nadie jam¨¢s descubrir¨ªa la verdad a menos que se realice un examen J74 ¡ªVolvi¨® a fijar su atenci¨®n en el cubo mientras la proyecci¨®n hologr¨¢fica cambiaba, mostrando una figura sombr¨ªa¡ª La criatura que posey¨® a Thomas Smith era de tipo fantasmag¨®rico, una ¡°sombra¡±. Estaba latente. No controlaba sus acciones de manera directa, pero antes de entrar en latencia lo influenci¨® sutilmente para poner al ¡°hu¨¦sped¡± en un lugar seguro. Imag¨ªnalo como una sombra joven e inexperta, atrapada en el cuerpo de un adulto, incapaz de dominarlo por completo, pero desesperada por salir con vida de la escuela. Los dos mundos (16) El holograma cambi¨® de nuevo, mostrando im¨¢genes de la escuela St. Patrick, era el pasillo que daba al aula de arte donde estaban los cuerpos de los estudiantes asesinados por Thomas Smith. Ante la presencia de cad¨¢veres tan j¨®venes, la habitaci¨®n se sumi¨® en un silencio pesado. ¡ªThomas Smith no ten¨ªa control absoluto de sus actos durante el incidente. La sombra intentaba escapar, pero no pod¨ªa. Se dio cuenta de que no pod¨ªa controlar a los adultos con la misma libertad que sus compa?eras controlaban a los ni?os. No pod¨ªa abrir una puerta al ¡°otro mundo¡± usando su cuerpo. Quiso escapar del cuerpo de Thomas al descubrirlo, pero se dio cuenta de que la escuela ya no era segura para nadie y que todos los ni?os estaban siendo usados por sus compa?eras. En su desesperaci¨®n, comenz¨® a influenciar a su hu¨¦sped sutilmente. No pod¨ªa darle grandes ¨®rdenes, as¨ª que hizo un esfuerzo para esconderlo: actu¨® con miedo. Para una sombra que no entiende lo que es una amenaza, todo lo desconocido se convierte en una posible fuente de peligro y el subconsciente de Thomas Smith opinaba lo mismo¡ªMarcus habl¨® m¨¢s r¨¢pido ahora, con una intensidad que llenaba cada palabra de una certeza escalofriante¡ª Y as¨ª, en su confusi¨®n, Thomas mat¨® a esos ni?os. Para la sombra esos ni?os eran una amenaza. Evidentemente, la joven criatura no comprende el mundo como nosotros lo hacemos. Hasta una mariposa pod¨ªa ser un drag¨®n en su imaginaci¨®n. Por otro lado, Thomas Smith tambi¨¦n cre¨ªa que esos ni?os eran una posible amenaza, pues no sab¨ªa qu¨¦ monstruos se escond¨ªan en sus cuerpos. Al igual que la sombra, ¨¦l no comprend¨ªa lo que realmente estaba sucediendo en la escuela y todo era una amenaza. Shepherd sinti¨® c¨®mo la presi¨®n aumentaba en su pecho. Quer¨ªa detener a Marcus, pero ahora necesitaba saber ad¨®nde quer¨ªa llegar con todo esto¡ª?Eso no es posible! ¡ªTrat¨® de replicar, aunque incluso ella se daba cuenta de que su voz sonaba menos firme de lo que le habr¨ªa gustado. ¡ªTodo es posible en estos casos, Shepherd ¡ªReplic¨® Marcus con un tono que bordeaba lo exasperante, como si estuviera explicando algo obvio¡ª Las c¨¢maras no registraron nada fuera de lo com¨²n, los testigos no vieron se?ales claras de posesi¨®n. Solo sobrevivi¨® uno de sus alumnos y su testimonio no fue del todo claro. Todo lo que observaron las c¨¢maras y los testigos fue a un hombre asustado, un cobarde desalmado dispuesto a matar a sus alumnos con tal de salir con vida, pero lo que no sab¨ªan es que estaban viendo a una sombra que tem¨ªa por su propia existencia. No era Thomas Smith quien actuaba, sino la sombra dentro de ¨¦l. G¨®mez, que hab¨ªa estado en silencio durante gran parte de la conversaci¨®n, finalmente habl¨® ¡ª?Y qu¨¦ tiene que ver todo esto conmigo? ¡ªPregunt¨®, su tono artificialmente desafiante. Marcus se volvi¨® hacia ¨¦l con una sonrisa de satisfacci¨®n, como si esa fuera la pregunta clave. ¡ªEs simple. Cuando sometiste a Thomas Smith a ese brutal interrogatorio, la sombra dentro de ¨¦l se despert¨® de nuevo. Vio lo que consideraba una amenaza inminente: la muerte de su hu¨¦sped. Y entonces hizo lo ¨²nico que pod¨ªa hacer para sobrevivir ¡ªMarcus hizo una pausa, observando a Shepherd¡ª Salt¨® a ti, G¨®mez. Te influenci¨® para que mataras a Thomas Smith y completaras el ciclo. Pero t¨² no lo sabes, porque es imposible que lo recuerdes. Desde tu perspectiva, todo se justificaba con una simple defensa propia. La sala qued¨® en completo silencio, roto solo por el leve zumbido del cubo negro proyectando datos incomprensibles. Shepherd respiraba profundamente, tratando de procesar la informaci¨®n. Pero G¨®mez¡­ G¨®mez estaba paralizado. La confusi¨®n y la incredulidad llenaban su rostro, y por primera vez en toda la conversaci¨®n, no parec¨ªa tener una respuesta inmediata. Una actuaci¨®n perfecta del mejor agente de laboratorio 32. ¡ªS¨ª, G¨®mez, eso fue lo que ocurri¨® ¡ªContinu¨® Marcus, fijando su mirada fr¨ªa y calculadora en el agente¡ª Como te mencione cuando Thomas Smith fue sometido a ese brutal interrogatorio, la sombra dentro de ¨¦l despert¨®. Vio tu presencia como una amenaza inminente, no comprendi¨® que era solo un interrogatorio. Desde su perspectiva, su hu¨¦sped estaba a punto de morir. Y para sobrevivir, hizo lo ¨²nico que pod¨ªa hacer. Marcus levant¨® un dedo lentamente, apuntando directamente a G¨®mez, como si el simple gesto tuviera el poder de desatar una verdad devastadora. ¡ªSalt¨® a ti, G¨®mez. La sombra te posey¨®, se escondi¨® dentro de ti en el momento en que sentiste esa descarga de adrenalina y furia incontrolable. Y, por supuesto, influy¨® sutilmente en tus acciones, te llev¨® a completar lo que para ella era un futuro l¨®gico: la muerte de Thomas Smith. Los ojos de G¨®mez se abrieron de par en par. Durante unos segundos, pareci¨® que las palabras de Marcus eran simples tonter¨ªas, pero una extra?a sensaci¨®n comenz¨® a instalarse en su pecho. El recuerdo del interrogatorio. La presi¨®n. La ira. El impulso incontenible de actuar con violencia, como si en ese momento no hubiera tenido otra opci¨®n. ¡ªEso es imposible ¡ªMurmur¨® el agente, su voz no ten¨ªa la falta de convicci¨®n que deseaba transmitir¡ª ?Yo¡­ no estaba pose¨ªdo! Lo que ocurri¨® fue¡­ ?Fue en defensa propia! Smith estaba actuando raro, estaba haciendo algo¡­ no lo s¨¦, pero no fui influenciado por ninguna sombra ¡ªSu mente buscaba explicaciones racionales, pero cuanto m¨¢s lo pensaba, m¨¢s se daba cuenta de que algo no cuadraba. Hab¨ªa una sensaci¨®n de vac¨ªo en esos momentos. Fragmentos de memoria que no pod¨ªa juntar. Esta era una capacidad que solo alguien como el agente G¨®mez pod¨ªa tener, literalmente estaba proyect¨¢ndose a s¨ª mismo en una situaci¨®n que no hab¨ªa vivido nunca, logrando as¨ª una actuaci¨®n que rozaba lo perfecto. ¡ª?Est¨¢s seguro de eso? ¡ªpregunt¨® Marcus, acerc¨¢ndose con una calma calculada¡ª Al igual que Thomas Smith, podr¨ªas no saber si est¨¢s siendo pose¨ªdo. Dado que una criatura joven solo podr¨ªa optar por una posesi¨®n cr¨®nica, su influencia ser¨ªa muy sutil, por lo que tus acciones podr¨ªan haber sido justificadas mediante una cadena de pensamientos autoinducidos. ?Comprendes lo que digo? Es imposible que notes alg¨²n s¨ªntoma¡­ Marcus esboz¨® una sonrisa que reflejaba la satisfacci¨®n de un depredador acechando a su presa. ¡ª?T¨², mal nacido, has imitado a la perfecci¨®n los s¨ªntomas de una posesi¨®n! La ira incontrolable, la falta de memoria clara, acciones no concordantes con tu modo de actuar y esa reacci¨®n est¨²pida y sobreactuada propia de un novato, pero t¨² eres un agente veterano. ?No lo ves, G¨®mez? Por primera vez G¨®mez se qued¨® aturdido y no estaba actuando. La situaci¨®n se le hab¨ªa escapado de las manos. Trat¨® de replicar, pero las palabras parec¨ªan atascadas en su garganta. ?Podr¨ªa ser cierto? Comenz¨® a dudar de su propia memoria, de sus propios pensamientos. Si Thomas Smith hab¨ªa sido manipulado sin darse cuenta, ?por qu¨¦ no ¨¦l? La posibilidad era aterradora, y la idea de que Marcus tuviera raz¨®n hizo que un sudor fr¨ªo recorriera su espalda. Uno de verdad, ya no hab¨ªa gritos idiotas, ni palabras sin sentido. Su silencio lo delataba, se estaba tomando el asunto seriamente. This narrative has been unlawfully taken from Royal Road. If you see it on Amazon, please report it. Shepherd tambi¨¦n empezaba a inquietarse. Aunque no estaba convencida de la teor¨ªa de Marcus, no pod¨ªa negar que sus argumentos ten¨ªan una l¨®gica interna s¨®lida. Lo m¨¢s preocupante era que empezaba a notar que G¨®mez estaba cediendo a las palabras de Marcus. ¡ª?Lo ves? ¡ªMarcus repiti¨®, acerc¨¢ndose a¨²n m¨¢s a G¨®mez, su tono cada vez m¨¢s intenso¡ª Te influenci¨® de la misma manera en que influy¨® a Thomas. No recordaste nada extra?o despu¨¦s de matar a Smith, ?verdad? Para ti fue como si simplemente te hubieras defendido. Pero, ?y si fue algo m¨¢s? ?Y si la sombra dentro de ti te llev¨® a hacerlo? G¨®mez mantuvo su silencio, pero su incredulidad se mezclaba con un creciente terror que se reflejaba en el leve temblor de sus labios. Los recuerdos del interrogatorio regresaban con una claridad escalofriante, cada movimiento grabado con la precisi¨®n quir¨²rgica de un relojero desmantelando un mecanismo fr¨¢gil. No hab¨ªa margen para el error, ni una pizca de vacilaci¨®n. Recordaba la sensaci¨®n de su vieja y confiable vara de interrogatorios impactando en el cr¨¢neo de Thomas Smith, los golpes cuidadosamente calculados, siempre directos, buscando ese punto preciso donde la estructura del cerebro se derrumba. Destruir el conocimiento. Erradicar la amenaza que Smith representaba. No dejar prueba alguna. Era el mejor agente del laboratorio 32. El ¨²nico que pod¨ªa ejecutar una misi¨®n tan arriesgada como el asesinato de un hombre bajo la atenta mirada de todos en una instituci¨®n tan bien vigilada. El ¨²nico que pod¨ªa hacerlo de tal manera que nadie, ni siquiera sus superiores, sospecharan que algo mucho m¨¢s profundo se estaba gestando detr¨¢s de este asesinato. Justo cuando el sujeto buscar¨¢ hablar de lo que no deb¨ªa hablarse, la ¡°orden¡± se ejecutar¨ªa. G¨®mez era El Agente. El asesino perfecto. Siempre hab¨ªa cre¨ªdo que esa fr¨ªa eficiencia era lo que lo hac¨ªa destacar, lo que lo pon¨ªa por encima del resto. Sin embargo, en ese mismo momento, con la voz de Marcus retumbando en sus o¨ªdos, se dio cuenta de que ese brillo tambi¨¦n lo expon¨ªa. Lo hab¨ªa puesto en la mira de fuerzas que iban m¨¢s all¨¢ de lo que la fundaci¨®n pod¨ªa controlar, y quiz¨¢s, m¨¢s all¨¢ de lo que la humanidad comprend¨ªa. Cada detalle encajaba de manera aterradora. ¨¦l quer¨ªa que Thomas Smith muriera. Siempre hab¨ªa querido eliminar esa amenaza. Desde el primer momento que escuch¨® lo que no deb¨ªa ser escuchado, su instinto le hab¨ªa dictado lo que ten¨ªa que hacer. ?Pero era su instinto realmente suyo? ¨¦l hab¨ªa justificado cada acci¨®n, convencido de que era por el bien del laboratorio, por el bien de la seguridad de su ¡°familia¡±. Pero ahora, bajo la implacable l¨®gica de Marcus, una duda inquietante se filtraba en sus pensamientos. ?Hab¨ªa actuado realmente por voluntad propia? ?O hab¨ªa sido manipulado, usado como un simple pe¨®n en un juego m¨¢s grande, uno que ni siquiera entend¨ªa? El interrogatorio no hab¨ªa sido una simple misi¨®n. Hab¨ªa sido una trampa. Y ¨¦l hab¨ªa ca¨ªdo en ella. ?Pero qui¨¦n hab¨ªa tendido esa trampa? ?Y para qu¨¦? Matar a Thomas Smith no requer¨ªa de tanta complejidad. Si todo se reduc¨ªa a eliminar a un hombre, hab¨ªa mil y una maneras m¨¢s simples de hacerlo. Si la clave era silenciarlo, bastaba con un disparo r¨¢pido en la oscuridad. Entonces, ?por qu¨¦ armar todo este circo? La situaci¨®n era mucho m¨¢s intrincada de lo que parec¨ªa a simple vista. Hab¨ªa algo m¨¢s, algo oculto tras la muerte de Thomas Smith, algo que lo superaba, una verdad que no lograba alcanzar en ese momento, pero cuya sombra sent¨ªa cada vez m¨¢s cerca. No cab¨ªa duda alguna: ¡°Ellos¡± quer¨ªan muerto a Thomas Smith. Pero no era simplemente la muerte lo que buscaban, era m¨¢s complicado. ¡°Ellos¡± desconoc¨ªan qui¨¦n era realmente Thomas Smith. Sab¨ªan que era un profesor, alguien relacionado con Oliver Murphy. Pero la lista de personas asociadas a Murphy era larga, seguramente inclu¨ªa no solo a Smith, sino tambi¨¦n a colegas, estudiantes, amigos, familia ?Podr¨ªan matarlos a todos? Por supuesto, los recursos no faltaban. El verdadero problema radicaba en hacerlo sin levantar sospechas. Ning¨²n rastro deb¨ªa conectar la muerte de Thomas Smith con Oliver Murphy, porque si eso suced¨ªa, si alguien lograba unir esos puntos, se abrir¨ªa un camino directo hacia la verdad¡­ hacia El Observador. Y all¨ª estaba la pieza clave: El Agente G¨®mez. ¨¦l, el mejor agente del laboratorio, el ¨²nico con la capacidad de atar todos esos cabos sueltos. Solo alguien con su ingenio pod¨ªa ver m¨¢s all¨¢ de las apariencias, seguir el rastro invisible hasta el coraz¨®n del enigma. Thomas Smith no solo ten¨ªa que morir. Cada rastro de su muerte deb¨ªa desaparecer, al punto de que su conexi¨®n con Oliver Murphy se borrara completamente del mapa. Y para llevar a cabo esa monumental tarea, ¡°Ellos¡± hab¨ªan elegido a G¨®mez. Lo hab¨ªan mandado a ser ¡°pose¨ªdo¡±, en el sentido m¨¢s literal y espeluznante de la palabra, para que ¨¦l, sin saberlo, cumpliera con esa misi¨®n. Era la coartada que ¡°Ellos¡± hab¨ªan establecido. Todo empezaba a tener sentido. El examen J74 no solo serv¨ªa para detectar una posible posesi¨®n, era una herramienta dise?ada para asegurarse de que nadie pudiera investigar la muerte de Thomas Smith. Al vender la realidad de una posesi¨®n, eliminaban la necesidad de buscar m¨¢s respuestas. Todo quedaba perfectamente cerrado, o al menos, una parte del enigma comenzaba a resolverse. G¨®mez no pod¨ªa negar lo que estaba sintiendo. El peso de la ¡°verdad¡± ca¨ªa sobre sus hombros. Cada palabra de Marcus parec¨ªa revelar capas que hasta ese momento hab¨ªan estado ocultas. No pod¨ªa dejar de pensar en lo que hab¨ªa hecho, en c¨®mo, a pesar de creer que todo hab¨ªa sido bajo su propio control, hab¨ªa estado movido por hilos invisibles. La muerte de Thomas Smith no hab¨ªa sido una simple ejecuci¨®n, hab¨ªa sido el desenlace de un plan mucho m¨¢s profundo, y ¨¦l, sin saberlo, hab¨ªa sido el ejecutor ideal. Notando el estado anormal del agente, Marcus lo mir¨® fijamente, saboreando su triunfo: ¡ªG¨®mez, no tienes idea de lo que has estado haciendo. Pero no te preocupes. Vamos a hacer el examen J74 para confirmarlo. Y, cuando lo hagamos, entender¨¢s que nada de lo que cre¨ªas era real. Las criaturas del otro mundo son m¨¢s astutas de lo que imaginamos. Mientras Marcus hablaba, el cubo comenz¨® a emitir una tenue luz rojiza. Shepherd, que hasta ese momento hab¨ªa intentado mantener el control de la situaci¨®n, no pudo evitar sentir c¨®mo el nerviosismo se apoderaba de ella. ¡ªMarcus, ?qu¨¦ demonios est¨¢s haciendo? ¡ªPregunt¨®, su voz ahora m¨¢s tensa. ¡ªActivando el protocolo de emergencia ¡ªRespondi¨® Marcus, sin apartar la vista del cubo¡ª Si hay sospechas de posesi¨®n, es obligatorio tomar medidas inmediatas. La seguridad debe venir por G¨®mez. Luego, Marcus se dirigi¨® al cubo negro y habl¨® con tono firme: ¡ªA todas las unidades de seguridad, este es el cient¨ªfico Marcus del sector de investigaciones especiales. Solicit¨® una intervenci¨®n de emergencia en la sala de reuniones Z-13. Un J74 debe ser llevado a cabo inmediatamente sobre el agente G¨®mez. Repito, se sospecha de una posible posesi¨®n. Procedan con el protocolo de emergencia. ¡ª?Est¨¢s diciendo que G¨®mez en verdad est¨¢ pose¨ªdo? ¡ªPregunt¨® Shepherd, su voz apenas un susurro mientras miraba a G¨®mez con creciente temor. Evidente ten¨ªa miedo de ¡°contagiarse¡± la posesi¨®n. ¡ªEs muy posible, considerando su historial perfecto y su reacci¨®n durante el caso de Thomas Smith ¡ªRepiti¨® Marcus, con voz fr¨ªa y calculadora, mientras apagaba el ¡°cubo negro¡± que hab¨ªa servido como interfaz de su an¨¢lisis. Guard¨® el dispositivo con una calma escalofriante. Shepherd dej¨® escapar un suspiro de frustraci¨®n ¡ªEso es rid¨ªculo ¡ªMurmur¨®, sus ojos movi¨¦ndose r¨¢pidamente entre Marcus y G¨®mez, intentando hallar algo que justificara la situaci¨®n. ¡ª?Realmente crees que G¨®mez ha sido pose¨ªdo? ?Es un agente veterano, por dios! Marcus no mostr¨® emoci¨®n alguna. Ni un parpadeo, ni una duda ¡ªEso es lo preocupante¡­ ¡ªSentenci¨®, su tono sombr¨ªo llenando el vac¨ªo entre ellos como una verdad inc¨®moda. El silencio que sigui¨® fue denso y pesado. Shepherd trag¨® saliva, tratando de controlar el temblor en sus manos. Hab¨ªa trabajado con G¨®mez durante a?os, conoc¨ªa su precisi¨®n, su frialdad bajo presi¨®n. Pero ahora, mientras miraba al agente, su expresi¨®n de incredulidad lo sacud¨ªa. ?Hab¨ªa algo detr¨¢s de esos ojos celestes que ella nunca hab¨ªa notado? Los dos mundos (17) El sonido met¨¢lico de la seguridad acerc¨¢ndose aumentaba lentamente. Era un ritmo constante, regular, que llenaba el ambiente con una creciente sensaci¨®n de inevitabilidad. Shepherd, sin apartar la vista de la puerta, sinti¨® un escalofr¨ªo recorrerle la columna. Sab¨ªa que en cualquier momento la situaci¨®n cambiar¨ªa. Una vez que el equipo de seguridad entrara, todo saldr¨ªa de sus manos. G¨®mez, por su parte, estaba inmerso en sus propios pensamientos, los ecos de la conversaci¨®n reciente con Marcus resonaban en su cabeza como campanadas lejanas pero persistentes. Las puertas autom¨¢ticas de la sala de reuniones emitieron un zumbido suave al abrirse, desliz¨¢ndose hacia los lados con elegancia. G¨®mez levant¨® la vista, sus ojos encontr¨¢ndose con la sombra proyectada por las figuras que cruzaban el umbral. Entraron sin prisa, como si cada paso estuviera calculado para maximizar su control sobre el ¡°peligro¡±. No dijeron ni una palabra, pero no hac¨ªa falta. La atm¨®sfera cambi¨® de inmediato, volvi¨¦ndose m¨¢s densa, casi claustrof¨®bica. La temperatura de la sala parec¨ªa haber descendido unos grados, o tal vez era solo la percepci¨®n de G¨®mez, atrapado en su creciente paranoia. Los robots que trabajaban como guardias se posicionaron alrededor del agente con una precisi¨®n casi coreogr¨¢fica, rode¨¢ndolo desde todos los ¨¢ngulos. La seguridad no dejaba lugar a errores. Sus movimientos, eficientes y calculados, daban la impresi¨®n de ser m¨¢s que humanos, como si estuvieran controlados por una l¨®gica superior, una fuerza invisible que manejaba cada acci¨®n con un prop¨®sito claro. Ning¨²n robot hablaba, ni siquiera un murmullo. Solo el ruido de las pisadas y el suave zumbido de los mecanismos que guiaban sus acciones. Uno de los guardias se adelant¨® y ajust¨® unas esposas magn¨¦ticas alrededor de las mu?ecas de G¨®mez. El clic sutil del cierre fue un recordatorio de que no hab¨ªa escapatoria. G¨®mez sigui¨® inm¨®vil. Por fuera, parec¨ªa tranquilo como un monje, pero por dentro, su mente giraba en espiral, una vor¨¢gine de preguntas sin respuesta. No hab¨ªa dado resistencia cuando lo esposaron, ni siquiera hab¨ªa intentado moverse. La verdadera batalla estaba ocurriendo en su cabeza. Shepherd dio un paso hacia adelante, como si estuviera a punto de decir algo, pero se detuvo. El peso de la situaci¨®n la paraliz¨®, y por primera vez, sinti¨® que tal vez esto era lo mejor para todos. La paranoia comenzaba a infiltrarse, y aunque no quer¨ªa admitirlo, parte de ella se preguntaba si Marcus podr¨ªa tener raz¨®n ¡ªG¨®mez¡­ ¡ªIntent¨® decir, pero las palabras se le atoraron en la garganta. G¨®mez levant¨® la vista, sus ojos encontr¨¢ndose con los de Shepherd por un breve instante. No hab¨ªa miedo en su mirada, pero tampoco hab¨ªa certeza. Solo un vac¨ªo, como si algo en su interior hubiera comenzado a romperse. Los guardias no emit¨ªan sonido alguno mientras lo conduc¨ªan fuera de la sala, a trav¨¦s de pasillos que parec¨ªan alargarse interminablemente. Los empleados administrativos se encontraban mirando de reojo, sus murmullos llenaban todo el piso. Mientras avanzaban por el corredor, G¨®mez sinti¨® c¨®mo el ritmo de los pasos reverberaba en sus o¨ªdos. Cada paso parec¨ªa sincronizado con sus pensamientos, con sus dudas. Los guardias lo escoltaban sin una palabra, sus presencias imponentes y deshumanizadas le recordaban que ¨¦l, el mejor agente de este laboratorio, el hombre que hab¨ªa sido admirado por su capacidad de resolver los casos m¨¢s complejos, ahora era solo otro prisionero en un juego que no entend¨ªa. Los guardias lo guiaron hasta el ascensor con su marcha regular. Ninguno de ellos giraba la cabeza, ni para mirar a G¨®mez ni para verificar su entorno. Todo estaba bajo control. Todo el trayecto hab¨ªa sido planeado por las c¨¢maras que acechaban sus movimientos. La inteligencia artificial del laboratorio hab¨ªa tomado el control de la situaci¨®n. El ascensor que us¨® el agente G¨®mez estaba situado al final del pasillo y era el ¨²nico reservado para el uso exclusivo del personal de los pisos inferiores, consist¨ªa de un cilindro de metal pulido que se extend¨ªa hasta los niveles m¨¢s profundos del laboratorio. Su superficie reflectante y carente de imperfecciones proyectaba una imagen distorsionada de los guardias y de G¨®mez, alineados frente a la puerta. No hab¨ªa botones visibles, ni pantallas. Todo el sistema estaba automatizado, controlado por la IA del laboratorio. Al entrar, Abel not¨® la frialdad en el aire, un cambio casi imperceptible en la temperatura, como si el ascensor en s¨ª mismo fuera una extensi¨®n de los pisos inferiores: fr¨ªo, mec¨¢nico, inhumano. Los guardias entraron en formaci¨®n, escoltando a G¨®mez hacia el centro del ascensor, que se sell¨® de inmediato una vez todos estuvieron dentro. El interior del ascensor era una c¨¢psula espaciosa y funcional, dise?ada principalmente para transportar los nuevos equipos hacia los niveles m¨¢s profundos del complejo. Su amplitud sorprend¨ªa, dando una sensaci¨®n de libertad en lugar de la t¨ªpica claustrofobia que se experimentaba en estos espacios cerrados. Las paredes estaban hechas de un metal sucio y gastado por el transporte de equipamiento pesado, el cual refleja pobremente la luz suave que emerg¨ªa de delgadas hendiduras en el techo. El ascensor carec¨ªa de botones o controles visibles. No hab¨ªa necesidad de ellos. Todo estaba gestionado por la inteligencia artificial central del complejo, una entidad omnipresente que monitoreaba cada movimiento del personal, anticipando sus deseos y necesidades. La IA sab¨ªa a qu¨¦ piso cada individuo deb¨ªa ir en funci¨®n de su rango, su actividad reciente, o incluso su estado emocional. Las desviaciones del itinerario habitual se gestionaban de manera casi imperceptible; si alguien quer¨ªa cambiar su destino, bastaba con murmurar el n¨²mero del piso en un susurro. La IA captaba incluso los sonidos m¨¢s d¨¦biles, procesando r¨¢pidamente las peticiones y ajustando el trayecto en milisegundos. Este sistema no solo coordinaba la log¨ªstica dentro del laboratorio, sino que tambi¨¦n entend¨ªa la rutina diaria de cada operario. Sab¨ªa cu¨¢ndo alguien acababa de comer y estaba en camino a los ba?os, cu¨¢ndo necesitaba un descanso para relajarse en las ¨¢reas de recreaci¨®n, o cu¨¢ndo requer¨ªa dirigirse a su estaci¨®n de trabajo. Era tan preciso que tras finalizar la capacitaci¨®n de los nuevos reclutas, la IA pod¨ªa prever con asombrosa exactitud los movimientos del personal, solo observando la postura corporal y considerando la hora del d¨ªa. Esto era fabuloso para obtener datos y poder tomar decisiones, cambiando el horario del personal para evitar que un sector del laboratorio quedar¨¢ desatendido. El ascensor descend¨ªa suavemente, casi sin sensaci¨®n de movimiento. Un leve zumbido era lo ¨²nico que indicaba que estaban en marcha. Mientras descend¨ªan, las luces del interior se oscurecieron levemente, lo suficiente para notar el cambio de ambiente a medida que se acercaban a los pisos m¨¢s influenciados por eventos paranormales. Antiguamente, en el subsuelo del laboratorio 32, se realizaban los experimentos m¨¢s peligrosos y secretos. Pero en los ¨²ltimos tiempos se hab¨ªa convertido en un lugar reservado para aquellos que hab¨ªan cruzado hacia ¡°el otro mundo¡± y regresado. El reingreso a la sociedad de los exploradores no pod¨ªa realizarse de forma brusca, ni ocasional. Primero deb¨ªan hacerse una serie de estudios hasta que se asegurara que no portaban ninguna amenaza, f¨ªsica o mental. El ascensor continu¨® su descenso durante varios segundos. A medida que se aproximaban a los niveles m¨¢s bajos, las vibraciones sutiles en las paredes met¨¢licas parec¨ªan sugerir que algo m¨¢s estaba ocurriendo en los pisos inferiores. Finalmente, el ascensor se detuvo con un ligero temblor y las puertas se abrieron, revelando un largo pasillo que se extend¨ªa hacia la oscuridad. ¡ªSubsuelo, piso 4, destino final ¡ªSe anunci¨® en una voz automatizada, fr¨ªa y sin emoci¨®n, apenas audible sobre el suave zumbido de la maquinaria. Unauthorized reproduction: this story has been taken without approval. Report sightings. El piso del subsuelo era de un metal oscuro, recubierto por una fina capa de alg¨²n material resistente que parec¨ªa absorber el sonido de las pisadas. Las paredes estaban recubiertas por paneles de vidrio que dejaban ver las instalaciones al otro lado. En el interior de estas habitaciones se encontraban diversas c¨¢maras de contenci¨®n con criaturas de distintas formas y tama?os. Un rugido grave y sordo resonaba desde una de las celdas, mientras una sombra enorme se mov¨ªa detr¨¢s del vidrio. No hab¨ªa detalles visibles de lo que habitaba en esa celda, pero era evidente que lo que fuera, requer¨ªa un confinamiento extremo. A medida que avanzaban por el pasillo, G¨®mez not¨® que las celdas se multiplicaban a ambos lados, como si el lugar estuviera dedicado m¨¢s al almacenamiento de esas criaturas que a su estudio. Este piso no era un centro de investigaciones en el sentido tradicional, sino m¨¢s bien un dep¨®sito improvisado, un lugar en el que se hab¨ªa acumulado lo que nadie estaba dispuesto a estudiar, ya sea por qu¨¦ eran criaturas demasiado comunes o su valor aparente era muy bajo. Aunque alguna vez el complejo hab¨ªa tenido un prop¨®sito m¨¢s definido, en los ¨²ltimos tiempos este piso hab¨ªa sido adaptado de manera apresurada para contener lo que fuera que tra¨ªan los exploradores. Las c¨¢maras de contenci¨®n, distribuidas sin mucho orden, eran una soluci¨®n temporal a un problema creciente: La falta de cient¨ªficos suficientes para analizar a las nuevas y no tan nuevas criaturas. El cuello de botella era evidente. Los exploradores tra¨ªan m¨¢s entidades de las que los equipos de investigaci¨®n pod¨ªan manejar. Como resultado, muchas de esas criaturas permanec¨ªan encerradas durante largos periodos de tiempo, sin ser examinadas, como piezas olvidadas en este almac¨¦n polvoriento. Las celdas eran muy seguras, pero daban una sensaci¨®n de descuido y suciedad, como si el laboratorio hubiera perdido el control sobre su propio prop¨®sito. Incluso alguna de ellas conten¨ªan espec¨ªmenes muertos que nadie se molestaba en retirar. G¨®mez observaba con desprecio a las criaturas atrapadas tras las paredes de las celdas transparentes, cada una m¨¢s grotesca que la anterior. Ninguna representaba un peligro real, pero las jaulas segu¨ªan llen¨¢ndose de espec¨ªmenes insignificantes que los novatos tra¨ªan sin criterio alguno. El sistema estaba armado para que a la larga los novatos fueran aprendiendo que era bueno y que era malo, el problema era que era m¨¢s barato dejarlas encerradas que devolverlas al otro mundo, por lo que una vez que un novato comet¨ªa un error de juicio no hab¨ªa otra que almacenarlas hasta su muerte. Era evidente que aquellos que reci¨¦n se aventuraban en las incursiones se emocionaban con cualquier cosa que pareciera m¨ªnimamente an¨®mala, ignorando que la mayor¨ªa de esas porquer¨ªas ya hab¨ªan sido estudiadas hasta el hartazgo. Hace mucho tiempo, los cient¨ªficos hab¨ªan aprendido a ignorar esos espec¨ªmenes. ?Qu¨¦ sentido ten¨ªa dedicar tiempo a criaturas que no revelaban ning¨²n secreto nuevo tras repetidas investigaciones? Sin embargo, todo cambiaba cuando aparec¨ªa algo realmente valioso. Los cient¨ªficos, que antes parec¨ªan desinteresados, se transformaban en verdaderos depredadores, peleando entre ellos por la oportunidad de estudiar un esp¨¦cimen ex¨®tico y desconocido. Era en esos momentos cuando el laboratorio cobraba vida, cuando el verdadero prop¨®sito de este lugar emerg¨ªa: descubrir lo que a¨²n no se hab¨ªa revelado. Pero mientras tanto, el resto de las criaturas quedaban relegadas a morir en sus confinamientos o ser usadas como sujetos de prueba improvisados. Para G¨®mez, la constante llegada de esos entes mediocres solo demostraba la ineficacia del nuevo sistema. Ser¨ªa mejor darle el control a la inteligencia artificial y sacar a los in¨²tiles, pero eso est¨¢ prohibido. Hab¨ªa un cupo humano y si no se respetaba la sociedad no compraba tus productos y eso era muy malo para el negocio. A nadie le gustaba una compa?¨ªa hecha por y para robots, la gente se emocionaba con los descubrimientos de un cient¨ªfico loco y eso era muy importante para los inversores que pagaban toda esta fiesta. Adem¨¢s, en el campo paranormal darle el control a una IA en las investigaciones no estandarizadas era sin¨®nimo de tragedia, la tecnolog¨ªa no era confiable y pod¨ªa terminar volvi¨¦ndose tu enemiga muy r¨¢pidamente. Eso fren¨® todo, en estos tiempos los humanos eran hipermegadependientes de la tecnolog¨ªa, la gran mayor¨ªa de la poblaci¨®n no sab¨ªa manejar un l¨¢piz, ni mucho menos hacer una cuenta sin dispositivos. En cuanto lograr hablar idiomas extranjeros, eso era algo reservado para acad¨¦micos, el 99% de la poblaci¨®n usaba dispositivos de traducci¨®n autom¨¢tica que frenaron cualquier sue?o antiguo de establecer un idioma com¨²n a la humanidad. Por eso lo paranormal era tan ex¨®tico para las masas, hace tiempo la humanidad hab¨ªa dominado y entendi¨® los secretos del universo. Pero el ¡°otro mundo¡± tra¨ªa nuevos descubrimientos y nuevos desaf¨ªos en donde la humanidad deb¨ªa reinventarse para superarlos. ¡°Descubre lo desconocido con la valent¨ªa de nuestros ancestros.¡± - Esa idea era una m¨¢quina de imprimir dinero. G¨®mez observaba los contenedores con una mezcla de asco y agotamiento. El aire estaba cargado de un hedor insoportable: cad¨¢veres en descomposici¨®n, excremento y algo m¨¢s, una esencia indescriptible que impregnaba todo el piso. Los ruidos de las criaturas llenaban el ambiente, ensordeciendo a quienes pasaban cerca. Algunas de ellas ten¨ªan formas vagamente humanoides, pero sus extremidades largas y deformes, junto con proporciones absurdas, hac¨ªan que cada uno de sus movimientos provocara un rechazo visceral, casi imposible de ignorar. Eran parodias grotescas de lo que alguna vez fue la figura humana, como si algo o alguien hubiera intentado recrear la humanidad, pero hubiera fallado de manera desastrosa. Estas deformidades eran el resultado de lo que les suced¨ªa a los exploradores que se perd¨ªan en el ¡°otro mundo¡±, una advertencia siniestra y deliberada que el jefe de los exploradores dejaba para asustar a los nuevos novatos. Algunas de las entidades eran a¨²n m¨¢s dif¨ªciles de clasificar; adoptaban formas amorfas, como masas que se retorc¨ªan en un movimiento perpetuo, mientras otras ten¨ªan cuerpos insectoides con exoesqueletos que reluc¨ªan bajo la fr¨ªa luz artificial del laboratorio. Muchas de ellas se limitaban a moverse lentamente dentro de sus jaulas, pero hab¨ªa otras que luchaban con desesperaci¨®n cada vez que alguien pasaba por el pasillo infernal. Sin embargo, la mayor¨ªa hab¨ªa cedido a la resignaci¨®n, aceptando su tr¨¢gico destino. Miraban a cada persona que cruzaba con una expresi¨®n vac¨ªa y deprimida, como si el arrepentimiento de haberse dejado atrapar estuviera grabado en sus ojos. G¨®mez no pod¨ªa evitar preguntarse cu¨¢nto tiempo llevaban all¨ª, encerradas, sin prop¨®sito, sin que nadie se molestara en comprenderlas. Este nivel del laboratorio se hab¨ªa convertido en un limbo para esas criaturas, un lugar de espera interminable hasta que los cient¨ªficos decidieran, por capricho o curiosidad, examinarlas, estudiarlas y, finalmente, ejecutarlas. A lo largo del techo, peque?os drones flotaban silenciosamente, observando cada rinc¨®n del lugar. Estos dispositivos esf¨¦ricos no solo eran c¨¢maras especializadas para ver a las criaturas confinadas, sino que tambi¨¦n estaban equipados con mecanismos de contenci¨®n y neutralizaci¨®n en caso de emergencia. Nada escapaba de su vigilancia. M¨¢s adelante, el agente y sus escoltas llegaron a una intersecci¨®n en el pasillo. Un cartel digital indicaba las ¨¢reas del laboratorio: ¡°Nivel C - Investigaci¨®n Biol¨®gica y An¨¢lisis de enfermedades¡± A la izquierda, las palabras ¡°Centro de Exploradores¡± parpadeaban en rojo. G¨®mez fue guiado hacia la derecha, por un corredor que se estrechaba ligeramente, mientras las luces en el techo brillaban con un tono m¨¢s fr¨ªo. Las celdas de contenci¨®n de las criaturas quedaron atr¨¢s, pero el ambiente no se tornaba menos tenso. El pasillo estaba lleno de puertas peque?as, pero mucho m¨¢s reforzadas que las puertas de los pisos superiores. Los sonidos que surg¨ªan de algunas de esas salas eran confusos, como susurros mezclados con el crujido del metal. No hab¨ªa cristales en esta secci¨®n, nada que permitiera ver lo que ocurr¨ªa dentro de esos cuartos. Todo estaba completamente sellado. Finalmente, llegaron a una puerta m¨¢s grande que las dem¨¢s, adornada solo por un panel de seguridad que emit¨ªa un leve brillo azulado bajo el lema de: ¡°Ex¨¢menes Parasitarios¡±. Los guardias se detuvieron frente a la puerta y, de nuevo, esperaron a que la inteligencia artificial la abriera. Esta vez la inteligencia artificial demor¨® unos minutos, mostrando que el tiempo d¨¦ respuesta en los pisos inferiores ten¨ªa un leve retraso con respecto a los pisos superiores. Tras la espera, las puertas se deslizaron hacia los lados, revelando una sala de aspecto cl¨ªnico. Era amplia, con paredes de losas blancas, lisas y sin adornos. En el centro de la habitaci¨®n se encontraba un sill¨®n, el cual era muy antiguo y luc¨ªa como aquellos que se ve¨ªan en las consultas de psic¨®logos. Su color era un tono pastel deslavado, una elecci¨®n anacr¨®nica que contrastaba con el ambiente tecnol¨®gicamente avanzado del laboratorio. Los dos mundos (18) Los robots que lo escoltaban guiaron al agente hasta el sill¨®n sin pronunciar una palabra. G¨®mez se recost¨® obedientemente, y una vez que estuvo acomodado, sinti¨® c¨®mo las esposas magn¨¦ticas que le hab¨ªan estado sujetando sus mu?ecas se aflojaban, liber¨¢ndolo. Los robots retiraron las esposas y retrocedieron en perfecta sincron¨ªa, abandonando la sala sin hacer ruido. Justo cuando la puerta se cerr¨® detr¨¢s de los robots, una figura hologr¨¢fica apareci¨® de la nada frente a G¨®mez. Era una caricatura alegre, con un estilo que recordaba a los dibujos animados de los a?os 60. Se trataba de un ping¨¹ino antropomorfo, de cuerpo peque?o y redondeado, vestido con un sombrero de copa que contrastaba con su aire de simplicidad. La criatura ten¨ªa unos ojos exageradamente grandes, perfectamente redondeados y llenos de brillo, d¨¢ndole un aire juguet¨®n y algo infantil. Su pico era peque?o y amarillo, pero flexible, movi¨¦ndose al comp¨¢s de su charla incesante. El toque que lo hac¨ªa parecer m¨¢s caricaturesco era su sonrisa permanente, una curvatura exagerada que se extend¨ªa casi de oreja a oreja, casi rid¨ªcula para un ping¨¹ino. Cada movimiento que hac¨ªa era una mezcla de torpeza y exageraci¨®n, sus aletitas se mov¨ªan con energ¨ªa desbordante.
La Prestigiosa Compa?¨ªa Schmid and Schmitt
?Conf¨ªa en nuestra tecnolog¨ªa! Si no lo puedes ver, nosotros lo atrapamos o lo hacemos explotar
Ah, nosotros somos los descendientes de los hermanastros Schmid & Schmitt... si supieras cu¨¢ntos secretos se han guardado en nuestros s¨®tanos antes del destape. ?Ah, pero nuestra familia lo sabe todo! ?Nosotros lo vimos todo! Siglos en la clandestinidad, operando bajo el radar de gobiernos, religiones, y todos esos tontos que se cre¨ªan los due?os del mundo. ?Ja! Ellos no sab¨ªan nada de lo que realmente habitaba entre las grietas de la realidad. Pero los cient¨ªficos Schmid & Schmitt, ?oh, ellos s¨ª! Empezaron en la Alemania industrial, con alquimia y rituales, pero no fue hasta que los otros se hicieron sentir que nuestra familia empez¨® a tomar en serio el negocio de la ciencia bizarra. Y ahora, con la ca¨ªda del velo, con el secreto ya revelado, por fin podemos vender nuestra tecnolog¨ªa infernal al p¨²blico. ?S¨ª! Aparatos que te permitir¨¢n ver lo que no deber¨ªa verse, estudiar lo que no deber¨ªa entenderse, ?y protegerte de lo que deber¨ªa haberte matado hace tiempo! Desde trampas dimensionales hasta l¨¢seres ectopl¨¢smicos. Lo que Schmid & Schmitt ofrece es lo que ning¨²n otro ha podido crear. Es eficiente, s¨ª, aunque un poco ca¨®tico, pero, ?qu¨¦ esperas cuando te metes con el otro mundo?
¡ª?Hola, Alfonso! ¡ªSalud¨® el ping¨¹ino con una voz infantil y aguda, casi chirriante, mientras se inclinaba de manera absurdamente exagerada, levantando su peque?o sombrero de copa ¡ª ?Bienvenido al examen J74! Vamos a comenzar con las pruebas de rutina. Por favor, sigue todas las instrucciones con precisi¨®n para garantizar la validez del examen. ?Todo ser¨¢ muy f¨¢cil y r¨¢pido! ¡ªLl¨¢mame G¨®mez, nadie me llama por mi nombre, no me agrada ¡ªRespondi¨®, seco, intentando disimular su irritaci¨®n. Nunca le hab¨ªa gustado su nombre de nacimiento, y aunque en alg¨²n momento hab¨ªa considerado cambiarlo, no tuvo el valor de hacerlo. El ping¨¹ino hologr¨¢fico abri¨® los ojos a¨²n m¨¢s, si es que eso era posible, adoptando una postura dram¨¢tica mientras llevaba una de sus aletitas a la frente en un gesto que pretend¨ªa ser una exagerada disculpa. ¡ª?Oh, mis m¨¢s sinceras disculpas, agente G¨®mez! ¡ªCanturre¨®, girando sobre sus patitas mientras se sacaba su sombrero y lo aplastaba contra su pecho en un acto melodram¨¢tico¡ª Lamentablemente, no soy parte de la inteligencia artificial del laboratorio 32, por lo que no tengo acceso a tus preferencias ni a tu historial personal. ?Soy un simple programa dise?ado por la prestigiosa compa?¨ªa Schmid and Schmitt! ?Ellos me programaron para llevar a cabo este importante examen! ¡ªEl ping¨¹ino hizo una pausa, agitando sus alitas como si tocara un tambor invisible para a?adirle dramatismo al momento¡ª Debo informarte que este examen es muy invasivo y que normalmente necesitar¨ªa tu consentimiento para proceder¡­ ?Pero, sorpresa! Estamos en Florida, y me temo que en esta jurisdicci¨®n el examen es obligatorio para todos los miembros de personal ¡°de alto riesgo¡±. ?As¨ª que, querido amigo, no hay escapatoria! El ping¨¹ino sonri¨® a¨²n m¨¢s, como si estuviera disfrutando del rid¨ªculo protocolo. G¨®mez se qued¨® en silencio por un segundo, tratando de procesar la absurda situaci¨®n mientras la inquietud le invad¨ªa. No era tanto la caricatura parlanchina lo que le molestaba, sino el hecho de lo que el examen podr¨ªa revelar. ¡ªS¨ª, eso me temo¡­ ¡ªRespondi¨® finalmente, con un tono bajo, sin poder evitar el nerviosismo que crec¨ªa en su interior. Sab¨ªa que el examen J74 era altamente invasivo, si no se lo hubieran hecho a todos los participantes de la tragedia de la escuela secundaria St Patrick. El ping¨¹ino dio unos pasos rid¨ªculamente exagerados hacia un panel hologr¨¢fico que apareci¨® frente a ¨¦l y comenz¨® a teclear con las aletas de manera desproporcionada, haciendo sonidos de teclas que parec¨ªan sacados de una vieja pel¨ªcula de ciencia ficci¨®n. ¡ª?Muy bien, agente G¨®mez! ¡ªContinu¨® la caricatura, ahora imitando el tono serio de un presentador de televisi¨®n mientras ladeaba la cabeza de forma exagerada¡ª Comenzaremos con las pruebas de rutina. No te preocupes, esto ser¨¢ pan comido para alguien con t¨²¡­ ?C¨®mo lo dir¨ªa? ?El ¨²ltimo h¨¦roe de la humanidad! Seguro ya has pasado por cosas peores ¡ªLa voz del ping¨¹ino se torn¨® m¨¢s burlesca, aunque su rostro permanec¨ªa en esa sonrisa imperturbable. G¨®mez, que ya empezaba a sudar, asinti¨® con desgana mientras el ping¨¹ino segu¨ªa parloteando con su entusiasmo caricaturesco. Sent¨ªa que el tiempo se dilataba mientras el holograma revisaba su historial m¨¦dico y otros datos personales que se proyectaban en una pantalla flotante. ¡ª?Ah! ¡ªExclam¨® el ping¨¹ino de repente, con un tono que pretend¨ªa sonar sorprendido, aunque era obvio que todo era parte de su programaci¨®n¡ª Veo aqu¨ª que tus ¨²ltimos resultados mostraron algo interesante. ?Un poco de estr¨¦s elevado! Pero no te preocupes, es normal para alguien en tu posici¨®n. ?Estr¨¦s por seguir siendo un alma solitaria en esta ¨¦poca rom¨¢ntica? ?O tal vez hay algo m¨¢s? ?Un novio secreto, un animal ex¨®tico que escondes bajo la cama o una encantadora androide que no hemos conocido a¨²n? Vamos, cu¨¦ntame, que todo lo que hablemos aqu¨ª quedar¨¢ entre nosotros. ?Y ser¨¢ borrado al final! G¨®mez apret¨® los dientes. No ten¨ªa la menor intenci¨®n de hablar de su vida personal, y mucho menos con esta m¨¢quina. Sin embargo, la insistencia de la IA estaba empuj¨¢ndolo al l¨ªmite. Con el ce?o fruncido, trat¨® de mantenerse calmado. ¡ªEsto es un procedimiento rutinario, ?verdad? ¡ªPregunt¨® finalmente, con un tono que apenas conten¨ªa su irritaci¨®n¡ª ?Por qu¨¦ me preguntas estas estupideces? El ping¨¹ino lo mir¨® con esos ojos brillantes y vac¨ªos de empat¨ªa, acerc¨¢ndose ligeramente, como si fuera a contarle el secreto del siglo. ¡ª?Oh, claro que s¨ª! ?Completamente rutinario! ?Estoy obligado a promover un poquito la tasa de natalidad entre humanos! ¡ªSu tono se torn¨® casi conspirativo¡ª ?Vamos, te aseguro que un par de ni?os no te matar¨¢n! Claro, salvo que seas de esos que se contenta con desquitarse las ganas con una androide de segunda mano¡­ ?Pero tranquilo, G¨®mez! No te juzgamos por ser un triste ermita?o en esta ¨¦poca donde las mujeres ex¨®ticas y atrevidas sobran a montones¡ªSolt¨® una carcajada rid¨ªcula que retumb¨® en la sala vac¨ªa. G¨®mez cerr¨® los ojos por un momento, haciendo un esfuerzo sobrehumano para no estrangular al ping¨¹ino. Todo esto rozaba sus l¨ªmites. Sin perder m¨¢s tiempo, decidi¨® acabar con el tormento cuanto antes. ¡ªVamos, comencemos ya¡­ ¡ªDijo con brusquedad. El ping¨¹ino hologr¨¢fico dio un par de saltitos hacia adelante, como si fuera la cosa m¨¢s adorable del mundo, aunque lo ¨²nico que lograba era aumentar el nivel de irritaci¨®n de G¨®mez. ¡ª?Esa es la actitud! ?Vamos a ello, agente G¨®mez! ¡ªExclam¨® con ese entusiasmo irritante que solo una m¨¢quina podr¨ªa fingir. Y, como si necesitara a?adir un toque extra de ridiculez al momento, levant¨® su peque?a ala y simul¨® presionar un bot¨®n en el aire¡ª ?Examen J74 en marcha! Hubo una pausa inc¨®moda mientras el ping¨¹ino procesaba algo en su programaci¨®n antes de lanzar otra indirecta venenosa: ¡ªPor cierto, G¨®mez, si est¨¢s buscando reducir ese estr¨¦s acumulado, he o¨ªdo que en el piso 14 est¨¢n probando una nueva l¨ªnea de ¡°compa?eras terap¨¦uticas¡±¡­ Ya sabes, por si te cansas de los juguetes que tienes escondidos en el closet. Dicen por ah¨ª que las nuevas reclutas del ¨¢rea de administraci¨®n siempre est¨¢n interesadas en los agentes ¡°formales¡± como t¨², ?O me est¨¢s diciendo que esos m¨²sculos solo est¨¢n para impresionar a los otros agentes?¡ªA?adi¨® con una risita maliciosa. ¡ªEsc¨²chame bien¡­¡ªDijo, con la voz controlada, remarcando su tolerancia¡ªSi tu trabajo consiste en fastidiarme hasta el punto de que pierda la paciencia, no lo vas a lograr nunca¡ªHizo una pausa, clavando los ojos en el rostro sonriente del ping¨¹ino, deseando poder borrarle esa sonrisa de una vez por todas¡ª Pero si vuelves a mencionar algo que implique mi vida personal, te juro que voy a demandar estos ¡°graciosos¡± de la ¡°prestigiosa¡± compa?¨ªa Schmid and Schmitt. ¡ª?Oh, claro, agente G¨®mez! No hay necesidad de ponerse tan serio. Es todo parte del protocolo de atenci¨®n psicol¨®gica. ?T¨² solo rel¨¢jate! Adem¨¢s, la bajada de l¨ªnea viene desde m¨¢s arriba¡­ muy arriba¡­ directamente del gobierno de Florida¡­ o incluso m¨¢s arriba¡­ Ya sabes, aumentar la tasa de natalidad y todo eso ¡ªComent¨®, como si fuera una obviedad, mientras estiraba sus peque?as alas hologr¨¢ficas en un gesto despreocupado ¡ª ?No te sientas t¨ªmido! Es completamente normal. Atiendo a ¡°exploradores¡± en tu misma situaci¨®n todo el tiempo. Los chicos de hoy est¨¢n tan obsesionados con su ganso que no pueden soltarlo ni un minuto. No asumen responsabilidades y, claro, su pobre ganso est¨¢ cada vez m¨¢s flaco y desplumado. ?Ay, ese pobre animalito no ha probado un poco de carne real en su vida! Por eso no te preocupes si sigues siendo de esos a los que les ¡°cuesta¡± dejar sus juguetitos de la adolescencia. Seguro que con la recluta adecuada hasta t¨² encuentras la forma de poner ¡°tu granito de arena¡± en el crecimiento demogr¨¢fico. ¡ªMira, te aseguro que¡­¡ªTrat¨® de responder el agente G¨®mez con calma. ¡ª?Oh, agente G¨®mez! ¡ªExclam¨® el ping¨¹ino, con una risa programada que sonaba como una carcajada de payaso¡ª ?Siempre tan dram¨¢tico! Pero, sinceramente, debo agradecerte por algo. Es raro encontrar a un humano con tanta paciencia y modales con los robots. ?Te los habr¨¢ ense?ado tu juguetito? ¡­ ?Sabes? En el piso 14 est¨¢n organizando una fiesta privada lejos de las c¨¢maras del laboratorio. All¨ª no solo te olvidar¨¢s de esos sucios juguetes de segunda mano, sino que tambi¨¦n podr¨ªas encontrar algo que te haga sentir como un hombre de verdad. ?El gobierno lo organiza todo! Drogas, alcohol, m¨²sica, comida¡­ y, por supuesto, las nuevas reclutas. Ellas siempre est¨¢n buscando algo m¨¢s que una rutina aburrida en la oficina, y las reglas en ese piso son tan inexistentes como tu habilidad para mantener la compostura. Gomez apenas tuvo tiempo de procesar lo que el ping¨¹ino le estaba diciendo cuando una serie de m¨¢quinas comenzaron a emerger de las paredes blancas. Las losas se deslizaron hacia los lados, revelando brazos mec¨¢nicos, bandejas met¨¢licas, tubos y una cantidad inquietante de dispositivos m¨¦dicos. Todo estaba a su disposici¨®n, en principio no habr¨ªa ning¨²n doctor o especialista, el holograma tendr¨ªa que darle las instrucciones a seguir y controlar que ¨¦l hiciera bien las cosas. ¡ª?Se acab¨® el tiempo pautado para la propaganda estatal! ?Comencemos con la extracci¨®n de sangre! ¡ªGrit¨® el ping¨¹ino de forma completamente abrupta, sacudiendo sus peque?as aletitas como si estuviera a punto de salir a volar. De una pared cercana emergi¨® un dispositivo con la forma de la palma de una mano. El ping¨¹ino comenz¨® a se?alar al mismo con entusiasmo desmedido: ¡ª ?Vamos, G¨®mez!, coloca tu palma derecha sobre el dispositivo G¨®mez obedeci¨® de mala gana, sin apenas pensarlo. Inmediatamente, sinti¨® una serie de pinchazos. Lo hab¨ªan sedado, as¨ª que solo era la molestia de sentir su mano parcialmente dormida siendo toqueteada desde diferentes ¨¢ngulos. Una barrita indicativa se llen¨® r¨¢pidamente de sangre roja. Mientras tanto, el ping¨¹ino aplaud¨ªa como un ni?o emocionado frente a un truco de magia. ¡ª?Excelente! ¡ªExclam¨®, dando un salto en el aire como si fuera capaz de volar¡ª ?Sangre extra¨ªda con ¨¦xito! Ahora pasamos a la muestra de orina. ?Por favor, dir¨ªgete al dispositivo n¨²mero dos! Una peque?a cabina se form¨® en la pared, iluminada por una luz tenue y azulada, d¨¢ndole al lugar un aire a¨²n m¨¢s colorido. Cuando entr¨® a la cabina, G¨®mez se encontr¨® con algo completamente inesperado. Frente a ¨¦l, en vez del t¨ªpico mingitorio para orinar, hab¨ªa un peque?o ¡°tiro al blanco¡± pintado en la parte trasera de un extra?o compartimento de porcelana. Para a?adir m¨¢s rareza, un caballito mec¨¢nico como los que se ven en las ferias infantiles se encontraba en la pared, parec¨ªa que hab¨ªa que hacer que el caballito ganar¨¢ la carrera para terminar de dar la muestra. El ping¨¹ino apareci¨® a su lado, agitando sus alas emocionado. ¡ª?Tienes que darle al blanco, amigo! ¡ªChill¨® con voz aguda¡ª ?Cada vez que el caballito llegue a la siguiente fase de la carrera sonar¨¢ una campanita! ¡ªEl ping¨¹ino hizo un gesto exagerado con las alas que dejaba claro lo que quer¨ªa decir¡ª ?No es genial? ?Es como un juego de feria, pero con tu pis! G¨®mez se qued¨® boquiabierto, incapaz de procesar lo que estaba viendo. ?Un caballito mec¨¢nico para mear? Esto ten¨ªa que ser una broma de mal gusto. ?A qu¨¦ cient¨ªfico loco se le ocurr¨ªa programar semejante estupidez en un examen m¨¦dico? ¡ªNo tengo tiempo para esto¡­ ¡ªMascull¨® entre dientes, pero el ping¨¹ino no lo escuchaba, estaba demasiado ocupado flotando alrededor y dando vueltas como si fuera un fantasma. Stolen content warning: this content belongs on Royal Road. Report any occurrences. ¡ª?Venga, G¨®mez! ?Demuestra tu punter¨ªa! ¡ªGrit¨® el ping¨¹ino, agitando un bander¨ªn que hab¨ªa aparecido entre sus alitas como si estuviera en una competici¨®n¡ª ?Cada vez que aciertes al punto rojo del medio, el caballito correr¨¢ m¨¢s r¨¢pido! ?Esta es la ¨²ltima tecnolog¨ªa en recolecci¨®n de muestras de orina! ?La m¨¢s confiable y moderna tecnolog¨ªa de la prestigiosa compa?¨ªa Schmid and Schmitt! El agente mir¨® al caballito, luego al tiro al blanco, y finalmente al ping¨¹ino, que le sonre¨ªa como un mani¨¢tico. No ten¨ªa m¨¢s opci¨®n que seguir adelante. Se baj¨® los pantalones con resignaci¨®n y trat¨® de concentrarse. Justo cuando se dispon¨ªa a orinar, el caballito comenz¨® la carrera, y G¨®mez perdi¨® completamente el control de la situaci¨®n. El chorrito no dio en el blanco la primera vez, ni la segunda, pero el ping¨¹ino no paraba de animarlo. ¡ª?Vamos, campe¨®n! ?Solo un poco m¨¢s de pr¨¢ctica y estar¨¢s orinando como un francotirador! ¡ªGritaba, mientras el caballito segu¨ªa corriendo y G¨®mez maldec¨ªa para sus adentros. Tras varios intentos fallidos, finalmente logr¨® acertar en el blanco justo cuando el caballito estaba por pasar a la ¨²ltima fase. Son¨® una campana y un confeti digital sali¨® disparado desde las paredes. ¡ª?S¨ª¨ª¨ª! ¡ªChill¨® el ping¨¹ino, batiendo sus alas con entusiasmo exagerado¡ª ?Has ganado la carrera! ?La muestra de orina ha sido recolectada exitosamente! ¡ªA?adi¨®, como si fuera el mayor logro del d¨ªa¡ª Ahora pasamos a la siguiente etapa. ?La recolecci¨®n de esperma! ¡ªAnunci¨®, gui?ando un ojo de forma traviesa. G¨®mez se qued¨® congelado. Sab¨ªa que esa parte ven¨ªa, pero despu¨¦s del tiro al blanco con el caballito, no quer¨ªa imaginar qu¨¦ clase de aberraci¨®n hab¨ªa planeado el enfermo que cre¨® este programa para este paso. El ping¨¹ino no tard¨® en aclarar sus dudas. ¡ª?Vaya, vaya! ¡ªCanturre¨® el ping¨¹ino, moviendo sus caderas con una gracia extra?a para un personaje tan redondeado¡ª Para esta parte, la prestigiosa compa?¨ªa Schmid and Schmitt ha dise?ado algo muy especial. Te presento al ¡°Venerado Maestro¡±, un dispositivo ¨²nico en su especie ¡ªEl ping¨¹ino agit¨® sus aletas y de la pared emergi¨® una m¨¢quina que parec¨ªa una mezcla entre una consola de videojuegos y un juguete sexual del futuro. G¨®mez sinti¨® que la sangre se le iba a la cabeza. El ping¨¹ino, con su sonrisa demente, no paraba de darle explicaciones t¨¦cnicas que a ¨¦l le importaban un carajo. Lo ¨²nico que pod¨ªa ver era el aparato delante de ¨¦l, que ten¨ªa luces de ne¨®n parpadeando, vibraba, chorreaba lubricante y emit¨ªa un suave zumbido que hac¨ªa que toda la situaci¨®n fuera a¨²n m¨¢s inc¨®moda. ¡ªSolo tienes que insertar al peque?o Alfonso por aqu¨ª ¡ªDijo el ping¨¹ino, se?alando un agujero que se abr¨ªa como una flor mec¨¢nica¡ª, y el dispositivo har¨¢ todo el trabajo por ti. ?Es como un masajeador de ¨²ltima tecnolog¨ªa, pero para amiguitos! ¡ªA?adi¨®, gui?ando el ojo otra vez. G¨®mez sinti¨® que iba a vomitar. No pod¨ªa creer que estuviera viviendo esto. ?C¨®mo hab¨ªa llegado a este punto en su vida? Era un agente serio, profesional, y ahora estaba frente a un ping¨¹ino animado que le dec¨ªa c¨®mo masturbarse con una m¨¢quina que lo asustaba m¨¢s que lo excitaba. Con un gesto de resignaci¨®n absoluta, G¨®mez se desabroch¨® los pantalones una vez m¨¢s y se coloc¨® frente al dispositivo. ¡ªNo te preocupes, ?soy un profesional! ¡ªRepiti¨® el ping¨¹ino, esta vez casi susurrando, como si fuera una amante buscando satisfacer sus caprichos. El tubo se cerr¨® alrededor de G¨®mez, y de inmediato la m¨¢quina comenz¨® a moverse. Era demasiado eficiente, demasiado precisa, y G¨®mez no sab¨ªa si sentirse aliviado o completamente humillado. ¡ª?Vamos, campe¨®n! ?T¨² puedes! ¡ªChillaba el ping¨¹ino mientras las luces de ne¨®n comenzaban a parpadear al ritmo del aparato. A cada movimiento, el ping¨¹ino aplaud¨ªa, como si estuviera presenciando la final de un partido de tenis¡ª ?Solo un poco m¨¢s! ?Estamos cerca! La m¨¢quina hizo su trabajo de manera brutal y r¨¢pida, y cuando finalmente termin¨®, G¨®mez estaba cubierto de sudor y con el rostro m¨¢s rojo que una se?al de alto. La consola arriba del masturbador dejo de reproducir im¨¢genes pornogr¨¢ficas de ping¨¹inos caricaturescos simulando infantilmente tener relaciones sexuales, y la m¨¢quina emiti¨® un suave pitido de confirmaci¨®n, tras lo cual el ping¨¹ino solt¨® una carcajada exagerada. ¡ª?Vaya, vaya, agente G¨®mez! ?Eres un verdadero maestro en esto! ?Todo un semental, una l¨¢stima que no haya una se?ora G¨®mez para disfrutar tanto talento! ¡ªDijo, d¨¢ndole una palmadita en la espalda¡ª ?Muestra de esperma recolectada con ¨¦xito! G¨®mez no pod¨ªa ni responder. Quer¨ªa desintegrarse en ese momento, desaparecer por completo de la faz de la tierra. ¡ªAhora, pasamos a la muestra de saliva ¡ªContinu¨® el ping¨¹ino, como si nada hubiera pasado, mientras una peque?a bandeja emerg¨ªa de la pared. G¨®mez escupi¨® sin decir palabra. Todo lo que quer¨ªa era terminar con este examen y largarse de ah¨ª lo m¨¢s r¨¢pido posible. Tras unos breves segundos, la m¨¢quina emiti¨® un suave pitido cuando termin¨® de analizar la muestra, y el ping¨¹ino aplaudi¨® nuevamente. ¡ª?Fant¨¢stico! ?Qu¨¦ saliva tan maravillosa! ¡ªExclam¨® el ping¨¹ino, lanzando confeti digital otra vez¡ª Y ahora, seguimos con las muestras de cabello y cera de los o¨ªdos. ?Esto va como la seda, agente G¨®mez! Unas peque?as pinzas mec¨¢nicas hicieron su trabajo en segundos, arrancando mechones de cabello y extrayendo cera de los o¨ªdos con la misma precisi¨®n meticulosa de todo el proceso anterior. ¡ª?Lo has hecho fenomenal, G¨®mez! ¡ªExclam¨® el ping¨¹ino una vez m¨¢s, con esa voz aguda y risue?a que ya hab¨ªa comenzado a taladrar los nervios del agente¡ª ?Hemos terminado con las muestras b¨¢sicas! Ahora pasaremos a la siguiente fase del examen. Por favor, vuelve a sentarte en el sill¨®n. G¨®mez solt¨® un largo suspiro, deseando que todo terminara ya. Cada paso de este examen parec¨ªa m¨¢s rid¨ªculo y humillante que el anterior. Mir¨® de reojo al ping¨¹ino que flotaba alegremente a su alrededor, con su sonrisa congelada y esos ojos que brillaban con una intensidad inquietante. Sab¨ªa que lo peor a¨²n estaba por venir. Las luces en la habitaci¨®n comenzaron a parpadear, como si fueran parte de un espect¨¢culo de feria. G¨®mez se sent¨® en el sill¨®n, sintiendo que se hund¨ªa suavemente. ¡ªAhora, por favor, rel¨¢jate ¡ªDijo el ping¨¹ino, con un tono de voz que pretend¨ªa ser tranquilizador, pero que solo aumentaba la incomodidad¡ª Esto no va a doler mucho. ¡°?Qu¨¦ carajos significa ¡®no va a doler mucho¡¯?¡±, pens¨® G¨®mez, pero ya no ten¨ªa fuerzas para preguntar. Una serie de sensores comenz¨® a emerger del techo y los costados del sill¨®n. Algunos de ellos flotaban sobre su cabeza, proyectando peque?os haces de luz que escaneaban cada cent¨ªmetro de su piel. Otros sensores, m¨¢s grandes, parec¨ªan analizar su temperatura, pero hab¨ªa un par que claramente apuntaban a zonas m¨¢s sensibles de su cuerpo. ¡ªVamos a empezar con un escaneo profundo ¡ªDijo el ping¨¹ino, agitando sus aletas ¡ª ?No te preocupes! Estos peque?os dispositivos est¨¢n dise?ados para ser incre¨ªblemente precisos, ?y solo un poco invasivos! El sill¨®n de repente comenz¨® a reclinarse de manera autom¨¢tica, como si estuviera prepar¨¢ndose para alguna clase de examen f¨ªsico. G¨®mez sinti¨® c¨®mo una serie de correas lo sujetaban suavemente, dej¨¢ndolo completamente inmovilizado. ¡°Esto no puede ser bueno¡±, pens¨® mientras su cuerpo quedaba atado al sill¨®n. De repente, uno de los sensores se acerc¨® a su cara y comenz¨® a emitir una serie de luces parpadeantes, como si estuviera tratando de hipnotizarlo. ¡ªVamos a empezar con el an¨¢lisis cerebral ¡ªAnunci¨® el ping¨¹ino, mientras una especie de casco transl¨²cido bajaba lentamente sobre la cabeza de G¨®mez¡ª Este dispositivo puede leer tus pensamientos m¨¢s profundos ?Y hasta tus fantas¨ªas m¨¢s oscuras! ¡ªA?adi¨® con un gui?o exagerado¡ª No te preocupes, ?tus secretos est¨¢n a salvo conmigo y ser¨¢n borrados autom¨¢ticamente tras terminar el examen! G¨®mez sinti¨® una mezcla de terror y verg¨¹enza. ¡°?Pensamientos m¨¢s profundos?¡±, ?qu¨¦ clase de examen era este? El casco empez¨® a vibrar suavemente, como si estuviera leyendo su mente, y el ping¨¹ino, flotando a su lado, observaba todo con una expresi¨®n de curiosidad morbosa. ¡ª?Interesante, muy interesante! ¡ªExclam¨® el ping¨¹ino, mirando una pantalla hologr¨¢fica frente a ¨¦l¡ª ?No sab¨ªa que te gustaba eso, G¨®mez! ¡ªA?adi¨® con una risita maliciosa. G¨®mez cerr¨® los ojos con fuerza, deseando que el suelo se lo tragara en ese mismo instante. Mientras tanto, otros sensores se hab¨ªan desplazado hacia la parte baja de su cuerpo. El ping¨¹ino segu¨ªa comentando cada detalle, como si fuera un narrador deportivo. ¡ªAhora vamos a escanear tu sistema digestivo ¡ªDijo con una sonrisa¡ª ?Espero que no hayas comido nada picante hoy, porque este escaneo puede ser un poco intenso! De pronto, un dispositivo con forma de pelota de tenis empez¨® a vibrar cerca de su abdomen. G¨®mez sinti¨® un cosquilleo inc¨®modo que r¨¢pidamente se transform¨® en una sensaci¨®n de presi¨®n insoportable. La sensaci¨®n era horrible, como si una pelota de billar tratara de ingresar por su ombligo. El ping¨¹ino, sin perder su entusiasmo, continuaba con su relato. ¡ªEste peque?o juguetito va a entrar un poco m¨¢s profundamente por tu ombligo¡ªDijo, enfatizando la palabra ¡°profundamente¡± con una risita traviesa¡ª No te preocupes, ?es totalmente normal sentir un poquito de incomodidad! El dispositivo se insert¨® lentamente en el ombligo mientras vibraba con una intensidad que sacud¨ªa el interior de todo su cuerpo. El agente solo pudo apretar los dientes, sintiendo como su dignidad estaba siendo pisoteada una vez m¨¢s. ¡ª?Fant¨¢stico! ¡ªGrit¨® el ping¨¹ino¡ª ?Tus intestinos est¨¢n en perfectas condiciones! Ahora vamos a pasar al siguiente paso: ?La fase final del examen! ¡°?Fase final?¡±, pens¨® G¨®mez con p¨¢nico. ?Qu¨¦ podr¨ªa ser peor que todo lo que ya hab¨ªa experimentado? El ping¨¹ino se movi¨® r¨¢pidamente hacia una consola flotante y presion¨® un bot¨®n. De inmediato, un compartimento en la parte inferior del sill¨®n se abri¨® y una bandeja con un conjunto de dispositivos a¨²n m¨¢s extra?os emergi¨®. ¡ªEsta es la ¨²ltima parte, te lo prometo ¡ªDijo el ping¨¹ino con una voz melosa, mientras se?alaba un peque?o aparato que parec¨ªa una mezcla entre un estetoscopio y un vibrador¡ª ?Tenemos que meterte esto por la boca! Vamos a hacer un an¨¢lisis completo de tus gl¨¢ndulas y est¨®mago ?Esto es crucial para asegurarnos de que no tengas ning¨²n ¡°par¨¢sito¡± viviendo por ah¨ª! G¨®mez mir¨® el dispositivo con horror, pero antes de que pudiera reaccionar, el ping¨¹ino ya lo hab¨ªa colocado en posici¨®n. ¡ªTe sentir¨¢s un poco raro al principio, pero luego ser¨¢ una sensaci¨®n liberadora ¡ªDijo el ping¨¹ino, moviendo las aletas con una sensualidad que no deber¨ªa tener un personaje tan infantil. El dispositivo comenz¨® a vibrar, emitiendo un zumbido que recorr¨ªa todo el cuerpo de G¨®mez. Lo peor era que no pod¨ªa moverse ni un cent¨ªmetro. Estaba completamente atrapado en el sill¨®n, con la boca abierta y sintiendo como sus arcadas manchaban su ropa nueva. ¡ª?Excelente, excelente! ¡ªGritaba el ping¨¹ino mientras los sensores emit¨ªan pitidos de aprobaci¨®n¡ª ?Tus gl¨¢ndulas est¨¢n funcionando a la perfecci¨®n! ?Tu est¨®mago no tiene nada raro! ?Esto es todo un ¨¦xito! Finalmente, tras lo que pareci¨® una eternidad de humillaci¨®n, el dispositivo se detuvo. Las correas que lo sujetaban se soltaron, y el sill¨®n volvi¨® a su posici¨®n original. G¨®mez respir¨® hondo, sintiendo que su cuerpo todav¨ªa temblaba por la experiencia. ¡ª?Lo has hecho incre¨ªble, G¨®mez! ¡ªDijo el ping¨¹ino, flotando frente a ¨¦l con una sonrisa tan amplia que parec¨ªa que su cara iba a explotar¡ª ?El examen ha concluido! ?Felicidades, has pasado todas las pruebas con ¨¦xito! G¨®mez no pudo responder. Solo se levant¨® lentamente del sill¨®n, sintiendo que hab¨ªa perdido parte de su alma en ese proceso. El ping¨¹ino continuaba parpadeando y flotando alegremente. ¡ªAhora, solo tienes que esperar los resultados. No te preocupes, ?soy muy eficiente! ?Los tendr¨¢s en cuesti¨®n de segundos! ¡ªDijo mientras la habitaci¨®n comenzaba a destransformarse, volviendo lentamente a la normalidad. El ping¨¹ino flotaba a su alrededor, sus aletas movi¨¦ndose con un entusiasmo casi contagioso, como si hubiera estado esperando este momento con gran anticipaci¨®n. G¨®mez, a¨²n con el cuerpo tenso y la mente abrumada por la incomodidad de las pruebas, se qued¨® all¨ª esperando el veredicto final. ¡ª?Y ahora, el momento que todos est¨¢bamos esperando! ¡ªAnunci¨® el ping¨¹ino con un tono de voz grandilocuente, mientras una pantalla flotante se desplegaba frente a G¨®mez, mostrando gr¨¢ficos y resultados en colores brillantes y parpadeantes¡ª ?Es hora de revelar los resultados del examen J74! La pantalla empez¨® a emitir un carrusel de gr¨¢ficos y colores, como una rueda de la fortuna psicod¨¦lica, acompa?ada de una m¨²sica alegre y excesivamente optimista. G¨®mez mir¨® los datos que iban y ven¨ªan, tratando de entender algo, pero todo parec¨ªa un galimat¨ªas de n¨²meros y formas geom¨¦tricas que solo a?ad¨ªan a su creciente ansiedad. ¡ª?Las pruebas f¨ªsicas han sido un completo ¨¦xito! ¡ªContinu¨® el ping¨¹ino con su tono molesto, ese que parec¨ªa querer burlarse de G¨®mez a cada palabra¡ª ?No hay par¨¢sitos en tu cerebro, ni gusanos reproduci¨¦ndose en tus bolas, ni bacterias devorando tus entra?as! ?Ning¨²n bicho asqueroso o alien¨ªgena se ha colado dentro de ti, G¨®mez! ?As¨ª que, felicitaciones, tu cuerpo es un terreno est¨¦ril! G¨®mez resopl¨®. Ya lo sab¨ªa, no era idiota. No hab¨ªa venido hasta aqu¨ª para escuchar un informe sobre algo tan obvio. Pero lo que s¨ª lo ten¨ªa inc¨®modo era lo que vendr¨ªa a continuaci¨®n. La pantalla frente a ¨¦l cambi¨® a un gr¨¢fico m¨¢s elaborado, lleno de colores ne¨®n y caricaturas de criaturas fantasmag¨®ricas que daban vueltas y bailaban de forma exagerada. ¡ªHemos descartado todas las posesiones mortales tambi¨¦n ¡ªSigui¨® el ping¨¹ino con una risita que ya empezaba a poner a G¨®mez de los nervios¡ª ?Nada de demonios de tres cabezas ni de esp¨ªritus vengativos! ?Tu organismo est¨¢ libre de esas criaturillas repulsivas! Pero¡­ ¡ªHizo una pausa dram¨¢tica, dejando que el aire en la sala se espesara. G¨®mez sinti¨® c¨®mo un sudor fr¨ªo le recorr¨ªa la espalda. La pantalla se oscureci¨® y de repente se ilumin¨® con una sola imagen. Era una especie de monstruo et¨¦reo, una sombra semitransparente que parec¨ªa brotar de la piel de una figura caricaturesca. Una representaci¨®n caricaturesca, pero perturbadora, de lo que m¨¢s le aterraba: Las sombras que hab¨ªan ejecutado la masacre de la escuela St. Patrick. ¡ªLos resultados han revelado algo¡­ ?¨²nico! ¡ªExclam¨® el ping¨¹ino con una alegr¨ªa completamente fuera de lugar¡ª ?Est¨¢s siendo pose¨ªdo por una criatura fantasmag¨®rica que vive entre tu piel y tu carne! Son conocidas como ¡°Sombras¡±, y generalmente no son peligrosas. Como se ve tienes un serio problema con el estr¨¦s laboral, agente G¨®mez. G¨®mez trag¨® saliva, pero el ping¨¹ino no lo dejo ni procesar lo que estaba escuchando y solt¨® una ¨²ltima bomba que lo dej¨® sin palabras: ¡ªAunque, si te soy sincero, si te hubieras buscado una buena mamada de vez en cuando, esa sombra ya estar¨ªa tomando un taxi de vuelta al otro mundo. ?Una esposa con talento te habr¨ªa exorcizado en menos de lo que tardas en bajarte los pantalones, y sin necesidad de rituales ni velas! G¨®mez sinti¨® su mente tambalearse, incapaz de procesar lo que acababa de escuchar. ?Qu¨¦ diablos significaba eso? Antes de poder reaccionar, una densa niebla de color rosa empez¨® a llenar la habitaci¨®n, inundando el lugar con un aroma dulce y relajante. ¡ª?Ah, tranquilo, hombre! ¡ªSolt¨® el ping¨¹ino con su sonrisa inc¨®moda¡ª Este humito solo es para relajarte un poco. ?Y no te preocupes por la sombra esa! Te la sacaremos de inmediato. Un procedimiento de rutina, en el peor de los casos te despiertas sin pene, pero total, ?a qui¨¦n le va a importar si ni tienes una esposa para extra?arlo? G¨®mez sinti¨® las piernas aflojarse. El humo rosa lo envolv¨ªa, y entre suspiro y suspiro, ya le costaba mantenerse de pie. Sus p¨¢rpados pesaban como piedras, y todo el cuarto se volvi¨® una mancha borrosa. Mientras tanto, el ping¨¹ino segu¨ªa despotricando con su t¨ªpica voz burlona: ¡ª?Iniciamos los protocolos de desinfecci¨®n ya mismo, agente Gomez! ¡ªHizo una reverencia, como si esta fuera su despedida¡ª ?Que sepas que est¨¢s en las mejores manos! ?Ninguna sombra se va a atrever a toquetearte en mi noble presencia! Aunque, siendo realistas, esa sombra era la ¨²nica compa?era en tu vida, ?eh? G¨®mez apenas tuvo tiempo de escuchar el ¨²ltimo comentario del ping¨¹ino antes de que la consciencia se le escapara como arena entre los dedos. Su mente se sumergi¨® en un sue?o profundo, arrastrada por la niebla rosa que parec¨ªa estar llena de promesas falsas y confort ilusorio. El ping¨¹ino continu¨® flotando a su alrededor, alegre y despreocupado, mientras las luces de la habitaci¨®n parpadeaban en un ritmo festivo, marcando el final de otro d¨ªa inusualmente extra?o en el laboratorio 32. La pantalla flotante se desvaneci¨®, y con un ¨²ltimo zumbido, la sala volvi¨® a la calma, dejando solo el eco del ping¨¹ino resonando en las paredes. El Observador (1) G¨®mez despert¨® con un parpadeo pesado, sintiendo el eco distante de una fatiga que se arrastraba desde lo profundo de su cuerpo. La luz blanca y fr¨ªa de la enfermer¨ªa del laboratorio 32 lo envolv¨ªa como una niebla, difuminando las sombras del lugar. Un sonido met¨¢lico y repetitivo llam¨® su atenci¨®n, y al girar la cabeza lentamente, not¨® la presencia de un robot al pie de su cama. El dise?o era simple, pero funcional, con un par de brazos mec¨¢nicos equipados con herramientas m¨¦dicas que se mov¨ªan con precisi¨®n milim¨¦trica. El rostro inerte del androide reflejaba la luz mientras sus sensores lo analizaban. ¡ªAgente G¨®mez ¡ªInici¨® el robot con una voz neutra y mec¨¢nica¡ª Se le informa que el procedimiento fue exitoso. El par¨¢sito ha sido completamente extra¨ªdo de su sistema. Lleva una semana estando inconsciente. Su cuerpo est¨¢ en ¨®ptimas condiciones, aunque es posible que perciba algunas molestias menores. La cabeza de G¨®mez zumbaba, como si los pensamientos trataran de regresar a la superficie despu¨¦s de haber sido empujados al fondo de su mente. Recordaba vagamente el dolor punzante, los delirios, la sensaci¨®n de que algo ajeno lo estaba controlando desde dentro. Parec¨ªan ser las secuelas del tratamiento. Se llev¨® una mano a la nuca, donde a¨²n sent¨ªa un ligero cosquilleo, pero no hab¨ªa rastros de una cicatriz reciente. El robot continu¨® hablando, indiferente a la confusi¨®n de G¨®mez. ¡ªDebido a su participaci¨®n en la ejecuci¨®n de un interrogatorio ilegal a uno de los prisioneros custodiados por la instituci¨®n, ha sido sancionado. Su suspensi¨®n es efectiva de inmediato, con una duraci¨®n de ocho meses y sin derecho a recibir remuneraci¨®n alguna. El holograma con la carta oficial de su sanci¨®n ha sido cargado a su cuenta personal. G¨®mez parpade¨®, aturdido. No esperaba esta noticia. Claro, sab¨ªa que hab¨ªa sido un error aceptar el interrogatorio, sab¨ªa que estaba rompiendo algunos protocolos al encargarse personalmente del asunto de Thomas Smith, pero¡­ ?Una suspensi¨®n? ?Durante ocho meses? ??Sin salario?! Eso era un golpe fuerte, peor de lo que hab¨ªa anticipado. Su mente comenz¨® a girar en torno a las consecuencias de esto. ¡ª?Suspensi¨®n? ¡ªMurmur¨® con incredulidad, su voz a¨²n ¨¢spera por el sue?o forzado¡ª ?Por qu¨¦? ?El jefe no me ayud¨®?¡­ qu¨¦ tipo infeliz¡­ que rata traidora¡­ Incapaz de captar el tono humano de queja o desconcierto, el robot continu¨® su mon¨®logo impasible. ¡ªSe le recuerda que la decisi¨®n de su sanci¨®n fue tomada por su inmediato superior luego de consultar el informe de recursos humanos en conjunto con el departamento de supervisi¨®n ¨¦tica. El informe indica que aunque al momento de asesinar al prisionero Thomas Smith usted presentaba signos claros de posesi¨®n, su aceptaci¨®n para realizar el interrogatorio ilegal fue enteramente voluntaria. Esto deriv¨® en su suspensi¨®n. G¨®mez se enderez¨® lentamente en la cama, con el peso de las palabras del robot haci¨¦ndolo sentir m¨¢s cansado de lo que deber¨ªa estar. Se frot¨® los ojos, tratando de despejar su mente. Recordaba ese maldito interrogatorio. La mirada vac¨ªa de Thomas Smith, el ambiente cargado de tensi¨®n. Ahora ya sab¨ªa que hab¨ªa sido pose¨ªdo, no hab¨ªa dudas de ello. Pero a¨²n recordaba c¨®mo sinti¨® el miedo en los ojos de Thomas Smith recoci¨¦ndole el cuerpo. Despu¨¦s, todo fue caos. Gritos. El crujido del metal contra la carne. Los ojos del prisionero saltando de sus cuencas oculares. Y luego, el silencio. No hab¨ªa actuado en defensa propia. Pero su coartada ayud¨® y cada una de las partes ve¨ªa la situaci¨®n de distinta forma. Pese a ello, Shepherd hab¨ªa hecho su tarea, rebuscando en cada detalle, retorciendo los hechos hasta hacerlos encajar en el molde que necesitaba. Ella sab¨ªa que no pod¨ªa culpar a G¨®mez directamente por la muerte de Thomas Smith, especialmente despu¨¦s de que se hab¨ªa demostrado que estaba siendo pose¨ªdo, pero el proceso de aceptar voluntariamente el interrogatorio se convirti¨® en la excusa perfecta para imponer alg¨²n tipo de castigo. ¡ªMaldita bruja, hasta no llenar los pisos inferiores con sus hombres nos har¨¢ la vida imposible a los veteranos¡ªGru?¨® G¨®mez, con la mand¨ªbula tensa. No era la primera vez que ve¨ªa este tipo de artima?as dentro de la fundaci¨®n. Todo el mundo caminaba sobre c¨¢scaras de huevo, buscando la oportunidad de aplastar a alguien m¨¢s en nombre de la ¡°¨¦tica¡± y el ¡°protocolo¡±. Los cient¨ªficos se dedicaban a delatarse entre ellos constantemente, era parte del ritual que se daba cada vez que comenzaban las disputas por las mejores instalaciones o los espec¨ªmenes m¨¢s valiosos. Los exploradores no eran diferentes; se traicionaban mutuamente cada vez que les tocaba aventurarse en territorios potencialmente mortales. Por su parte, los agentes tampoco se quedaban atr¨¢s. Siempre estaban m¨¢s dispuestos a investigar casos donde pudieran conseguir jugosos sobornos o recompensas bajo la mesa, mientras que los casos rutinarios quedaban relegados por pura conveniencia. La caza de brujas de recursos humanos en los pisos inferiores no era m¨¢s que una extensi¨®n de esa misma basura. Y, lamentablemente, esta vez ¨¦l hab¨ªa sido elegido como la siguiente bruja a quemar en la hoguera para el contento del pueblo. Ajeno a la frustraci¨®n del agente, el robot extendi¨® un brazo y proyect¨® un holograma frente a G¨®mez. El documento giraba lentamente en el aire, las letras brillaban con una claridad inc¨®moda. G¨®mez escane¨® r¨¢pidamente la carta, buscando cualquier se?al de una salida f¨¢cil, pero no hab¨ªa nada. El documento era fr¨ªo, directo y sin concesiones. Su superior inmediato, Arthur Mendelson, el jefe de todos los agentes, lo informaba de la suspensi¨®n sin la menor pizca de simpat¨ªa o consideraci¨®n. El encabezado era claro y cortante:
Suspensi¨®n Disciplinaria del Agente Alfonso G¨®mez
Estimado agente Alfonso G¨®mez, Mediante la presente, se le comunica formalmente que ha sido suspendido de sus funciones operativas con efecto inmediato, por un periodo de ocho meses sin percepci¨®n de sueldo. Esta sanci¨®n ha sido aplicada a ra¨ªz de su participaci¨®n en el procedimiento irregular y no autorizado de interrogatorio al detenido Thomas Smith, identificado bajo el c¨®digo de prisionero #420300. Tras una exhaustiva revisi¨®n de los eventos acaecidos el d¨ªa 6 de noviembre, en los que usted, de forma consciente y deliberada, vulner¨® los protocolos de actuaci¨®n establecidos en el manual de ¨¦tica operativa (Edici¨®n 2098), y en especial las normativas sobre el trato a prisioneros seg¨²n los art¨ªculos 15.2 y 18.7, la Comisi¨®n de ¨¦tica, en conjunto con el Departamento de Recursos Humanos, ha decidido proceder con la suspensi¨®n aqu¨ª descrita. Los hallazgos de la investigaci¨®n interna revelaron que, durante el mencionado interrogatorio, usted ejerci¨® t¨¦cnicas de coerci¨®n que no solo infringen las pol¨ªticas de la organizaci¨®n, sino que tambi¨¦n violan los principios fundamentales del debido proceso y la dignidad humana que debemos observar, incluso en la contenci¨®n y manejo de individuos de alta peligrosidad. En tal sentido, su conducta no se corresponde con los est¨¢ndares profesionales que se esperan de un agente con su rango y experiencia dentro de la corporaci¨®n. This story is posted elsewhere by the author. Help them out by reading the authentic version. Se le informa que durante este periodo de suspensi¨®n, que ser¨¢ efectivo a partir de que su estado f¨ªsico se estabilice tras los eventos recientes, usted no tendr¨¢ acceso a los sistemas operativos internos, ni podr¨¢ participar en operaciones activas o administrativas de la organizaci¨®n. Asimismo, le recordamos que la inobservancia de las normativas establecidas acarrea consecuencias disciplinarias graves, incluidas sanciones adicionales o la posible terminaci¨®n de su relaci¨®n laboral si en el futuro se repiten conductas similares. Se espera que utilice este tiempo para una profunda reflexi¨®n sobre las implicaciones de sus acciones y las consecuencias de violar los protocolos que rigen nuestras actividades. Al concluir el periodo de suspensi¨®n, se llevar¨¢ a cabo una evaluaci¨®n detallada de su desempe?o y comportamiento previos para determinar si es posible reintegrarlo a sus funciones o si se proceder¨¢ con medidas adicionales. Quedamos a disposici¨®n para cualquier consulta que desee realizar en relaci¨®n a esta sanci¨®n a trav¨¦s del Departamento de Asuntos Disciplinarios. No obstante, le recordamos que la decisi¨®n aqu¨ª notificada es definitiva y no est¨¢ sujeta a apelaci¨®n. Atentamente Arthur Mendelson Jefe de Operaciones Departamento de Seguridad e Intervenci¨®n Estrat¨¦gica
¡ª?Reflexionar sobre mis acciones? ¡ªMurmur¨® G¨®mez con amargura, repitiendo las palabras usadas por su jefe¡ª ?De qu¨¦ mierda se supone que tengo que reflexionar? ?Cu¨¢ntos interrogatorios hiciste a mi lado durante la dictadura, pedazo de hijo de puta? Se supon¨ªa que deb¨ªas ayudarme, no traicionarme as¨ª. Aceptar el interrogatorio fue una cuesti¨®n de devolver un favor, de rutina, de pragmatismo, de eficiencia, de resultados. Todos atributos que caracterizan a un buen agente. Pero claro, en un mundo donde las decisiones importantes las toman desde oficinas cerradas con vista a un campo de trigo dorado, eso no importaba. El holograma parpade¨® un par de veces antes de desaparecer, dejando a G¨®mez con un vac¨ªo inc¨®modo en el pecho. Ocho meses. Era demasiado tiempo para alguien que viv¨ªa sumergido en el trabajo. ?Qu¨¦ iba a hacer con todo ese tiempo libre? Peor a¨²n, ?c¨®mo iba a sobrevivir sin estar asignado a un caso? El salario era lo de menos, G¨®mez pod¨ªa trabajar gratis a estas alturas de su vida. Pero necesitaba hacer algo, este laboratorio era su vida, su obsesi¨®n. El robot se desplaz¨® con un suave zumbido hacia la esquina de la sala, dejando a G¨®mez solo en sus pensamientos. La fr¨ªa realidad comenzaba a asentarse. Recursos humanos realmente hab¨ªa encontrado la forma de castigarlo sin hacer mucho ruido. Su jefe lo hab¨ªa lanzado a las bestias administrativas para que lo devoren y por semejante sanci¨®n parec¨ªa hasta haber colaborado en el asunto. Se levant¨® de la cama, sus m¨²sculos tensos por la inactividad prolongada. Sent¨ªa una especie de irritaci¨®n en cada parte de su cuerpo, como si el tratamiento hubiera dejado un rastro persistente, invisible pero tangible. Se acerc¨® al espejo en la pared, donde su reflejo le devolvi¨® una imagen desali?ada. Sus ojos ten¨ªan ojeras profundas, su cabello estaba despeinado, y su piel p¨¢lida no ayudaba a mejorar la impresi¨®n. ¡ªOcho meses¡­ ¡ªRepiti¨®, casi en un susurro. Se preguntaba si, despu¨¦s de todo, tendr¨ªa sentido regresar. Estas eran las vacaciones m¨¢s largas de su vida. ?Tendr¨ªa ganas de regresar luego de estar tan desconectado con el laboratorio? Sab¨ªa c¨®mo funcionaban las cosas en la fundaci¨®n. Las suspensiones eran el principio de algo m¨¢s grande, una se?al de que estaban buscando una excusa para deshacerse de ¨¦l. Si no era ahora, encontrar¨ªan otra raz¨®n en el futuro. Su concepci¨®n de lo que significaba ser un agente parec¨ªa desmoronarse frente a ¨¦l. Hermandad, valor, sacrificio y resistencia, todas esas virtudes que le hab¨ªan inculcado durante a?os ahora parec¨ªan vac¨ªas, simples palabras que resonaban huecas en un lugar que antes consideraba sagrado. Sab¨ªa que el momento de despedirse de esta instituci¨®n se acercaba a pasos agigantados. Sin su jefe cubri¨¦ndole la espalda, la realidad era cruda: no hab¨ªa nada que pudiera hacer para revertir la situaci¨®n. La red de protecci¨®n que hab¨ªa tenido se hab¨ªa disuelto, y por primera vez en a?os, G¨®mez se sent¨ªa expuesto ante lo que las nuevas generaciones reclamaban. La situaci¨®n era delicada. No era el primer veterano en ser traicionado y tampoco ser¨ªa el ¨²ltimo. Hab¨ªa visto a compa?eros de toda una vida caer en estas artima?as, algunos incluso de forma m¨¢s brutal que ¨¦l. Pero eso no hac¨ªa que el golpe fuera m¨¢s f¨¢cil de soportar. A pesar de toda su experiencia y el temple que hab¨ªa forjado en el campo de batalla contra lo paranormal, su coraz¨®n no estaba preparado para recibir la traici¨®n de alguien a quien alguna vez consider¨® un amigo. Su jefe nunca hab¨ªa sido su mentor. Era simplemente otro recluta m¨¢s de su misma camada, un compa?ero que logr¨® adaptarse m¨¢s r¨¢pido a las exigencias de los nuevos protocolos. Se mostraba extremadamente estricto con las normas, lo que le hab¨ªa ganado la confianza de recursos humanos y del director del laboratorio 32. Por supuesto, todo era una farsa. Las reglas estaban hechas para ser ignoradas, lo importante era asegurar el ¨¦xito de la misi¨®n; era parte fundamental del trabajo de un agente. Pero ¨¦l comprend¨ªa perfectamente que si vend¨ªa esa imagen de obediencia impecable, obtendr¨ªa todo el respaldo que necesitaba para prosperar. Se moderniz¨®, se aline¨® con las normas del ¡°nuevo orden¡± y escal¨® en los rangos, mientras otros, como G¨®mez, se aferraban a los viejos tiempos. Eso era lo que lo hac¨ªa m¨¢s doloroso. Los reclutas de una misma generaci¨®n eran como hermanos de guerra; hab¨ªan compartido riesgos, hab¨ªan puesto sus vidas en juego el uno por el otro en incontables ocasiones. Los mentores pod¨ªan desechar a sus disc¨ªpulos si estos les fallaban, pero un compa?ero de vida y muerte, un igual que hab¨ªa pasado por el mismo infierno, no deber¨ªa comportarse de esa manera. La traici¨®n de un ¡°hermano¡± dol¨ªa de una forma que pocas cosas en la vida pod¨ªan igualar. G¨®mez hab¨ªa luchado, sangrado y llorado al lado de esa persona, y ahora, con una simple firma en un holograma, lo hab¨ªa dejado a su suerte. Ocho meses no era una suspensi¨®n, era un ultim¨¢tum disfrazado. Su jefe le estaba diciendo que era momento de irse de este laboratorio. Sin embargo, renunciar tampoco era una opci¨®n sencilla. A pesar de lo traicionado que se sent¨ªa G¨®mez, este laboratorio era todo lo que conoc¨ªa. Hab¨ªa dedicado su vida a este lugar, a esa guerra secreta que el mundo exterior ignoraba, pero que ahora todos conoc¨ªan. Todos sus amigos estaban aqu¨ª. Las pocas relaciones que le quedaban, aquellos a quienes pod¨ªa llamar camaradas, estaban encerrados entre estas mismas paredes, luchando la misma guerra que ¨¦l. Afuera, el mundo se sent¨ªa fr¨ªo y distante. En su casa no hab¨ªa una familia esper¨¢ndolo. Hab¨ªa androides que simulaban una realidad que no exist¨ªa, pero eso no era verdadera compa?¨ªa, era una ilusi¨®n. G¨®mez ten¨ªa que admitir que aquel maldito ping¨¹ino estaba en lo cierto: no hab¨ªa nadie que realmente se preocupara por ¨¦l en este mundo, salvo aquella sombra. Esa sombra lo quer¨ªa vivo, ya que ¨¦l era su anfitri¨®n y ella su par¨¢sito. Dejando de lado a los pocos amigos que ten¨ªa en este laboratorio, esa relaci¨®n era lo m¨¢s cercano que hab¨ªa tenido a una familia desde la muerte de sus padres. Triste realidad. Trist¨ªsima. Reinventarse, rehacer su vida desde cero, se sent¨ªa casi imposible. La idea de comenzar de nuevo, de ser un extra?o en su propia piel, lo aterraba m¨¢s que cualquier monstruo paranormal al que se hubiera enfrentado. Aun as¨ª, la indirecta subyacente de esta suspensi¨®n era demasiado evidente como para no tomarla en serio. Lo estaban empujando lentamente hacia la salida. Ya no lo necesitaban. Era un dinosaurio y sus tiempos de gloria hab¨ªan pasado. El laboratorio ten¨ªa nuevas caras, nuevas generaciones que abrazaban el otro mundo y los misterios que escond¨ªa. ?Cu¨¢nto tiempo m¨¢s podr¨ªa resistir? ?Cu¨¢nto tiempo antes de que lo obligaran a abandonar definitivamente? La espada de Damocles pend¨ªa sobre su cabeza, oscilando peligrosamente. Y aunque no quer¨ªa admitirlo, la opci¨®n de renunciar y adelantar su jubilaci¨®n parec¨ªa cada vez m¨¢s atractiva. El Observador (2) G¨®mez suspir¨®, sintiendo c¨®mo su pecho se apretaba ante la realidad. Todo indicaba que su tiempo en el laboratorio estaba llegando a su fin, pero renunciar a todo lo que conoc¨ªa no era una decisi¨®n f¨¢cil. Aqu¨ª estaban sus recuerdos, sus victorias y derrotas, pero tambi¨¦n sus pesadillas. La vida que hab¨ªa construido, por m¨¢s desmoronada que estuviera, era la ¨²nica que ten¨ªa. Renunciar a ella significaba saltar al vac¨ªo, y G¨®mez nunca hab¨ªa sido un hombre de saltos sin paraca¨ªdas. Sin embargo, la instituci¨®n ya hab¨ªa comenzado a soltar la cuerda, y era cuesti¨®n de tiempo antes de que le cortaran el ¨²ltimo hilo que lo manten¨ªa atado a esta aeronave. El zumbido del robot lo sac¨® de sus pensamientos. Al voltear, lo vio acerc¨¢ndose a su direcci¨®n. ¡ªAgente G¨®mez, se le recuerda que su suspensi¨®n es efectiva inmediatamente. Debe abandonar las instalaciones en un plazo de 24 horas. Si necesita asistencia adicional, no dude en solicitarla. Abandonar las instalaciones. As¨ª de simple. Despu¨¦s de todo lo que hab¨ªa pasado, despu¨¦s de haber salvado incontables vidas enfrent¨¢ndose a horrores que la mayor¨ªa ni siquiera pod¨ªa imaginar, ahora le ped¨ªan que se fuera. Pero G¨®mez no ten¨ªa elecci¨®n. Sab¨ªa que la fundaci¨®n no se retractaba de estas decisiones. El robot se qued¨® unos segundos m¨¢s frente a G¨®mez, como si estuviera por hacer algo. En su brazo izquierdo, un peque?o compartimento se abri¨® con un suave zumbido, revelando un objeto rectangular envuelto en una tela oscura. ¡ªEl agente Jonathan Parker solicit¨® que le entregara esto ¡ªDijo el robot ¡ª Mencion¨® que era algo que hab¨ªa recuperado para usted antes de que fuera incinerado. G¨®mez alz¨® la mirada de inmediato. La familiaridad de esa tela negra envolviendo el objeto captur¨® su atenci¨®n como un resplandor en la oscuridad. Era una corbata. No cualquier corbata, sino la de su padre, aquella que siempre hab¨ªa llevado consigo durante las misiones m¨¢s dif¨ªciles y que G¨®mez consideraba una especie de talism¨¢n personal. ¡ªPens¨¦ que la hab¨ªa perdido¡­¡ªSusurr¨® G¨®mez, tomando el objeto con ambas manos, su mirada clavada en ella como si no pudiera creerlo. La tela ten¨ªa un ligero desgaste, pero era inconfundible. El tacto era rugoso y familiar, la misma textura que recordaba de las veces en que hab¨ªa visto a su padre ajustarla antes de un d¨ªa importante. Un sentimiento de alivio y nostalgia lo inund¨®, disipando por un momento la nube oscura que lo rodeaba. Recordaba vagamente haber escuchado a Jonathan prometer que buscar¨ªa su corbata. Y all¨ª estaba, en sus manos, salvada del fuego. G¨®mez sonri¨® por primera vez desde que despert¨®. Pero algo no estaba bien. Mientras la acariciaba con cuidado, sinti¨® un peque?o bulto en su interior, algo que no deber¨ªa estar all¨ª. La corbata siempre hab¨ªa sido fina, ligera, y ahora algo s¨®lido parec¨ªa estar cosido en su interior. Un presentimiento recorri¨® su columna vertebral. Jonathan no era del tipo que dejar¨ªa algo al azar, y esto no pod¨ªa ser solo una coincidencia. Las coincidencias no exist¨ªan para los agentes. Alg¨²n motivo oculto deb¨ªa haber. G¨®mez frunci¨® el ce?o. Apret¨® la corbata con m¨¢s fuerza, sintiendo el contorno del objeto oculto. Algo le dec¨ªa que no era solo un simple regalo. Jonathan hab¨ªa colocado algo ah¨ª, algo importante. Podr¨ªa ser cualquier cosa, pero G¨®mez ten¨ªa la corazonada de que no se trataba de un simple recuerdo. Su coraz¨®n empez¨® a latir m¨¢s r¨¢pido, acelerado por una mezcla de curiosidad y sospecha. El robot, como si no detectara la creciente tensi¨®n en la atm¨®sfera, se gir¨® lentamente para retomar su rutina en la enfermer¨ªa. If you discover this narrative on Amazon, be aware that it has been stolen. Please report the violation. ¡ªSi no requiere m¨¢s asistencia, me retirar¨¦ ahora. Recuerde que tiene 24 horas para salir de las instalaciones ¡ªA?adi¨® el robot, su tono cl¨ªnico y carente de inter¨¦s por el drama interno de G¨®mez. ¡ªS¨ª, claro, gracias ¡ªRespondi¨® G¨®mez sin mirarlo, con la mente completamente enfocada en la corbata. Apenas not¨® cuando el robot sali¨® de su vista. Con la corbata en la mano, G¨®mez se levant¨® de la cama y observ¨® la habitaci¨®n. La idea de investigar el contenido en un lugar abierto y monitoreado no le parec¨ªa la m¨¢s inteligente. Las paredes de la enfermer¨ªa estaban llenas de sensores, y las c¨¢maras de seguridad capturaban cada rinc¨®n. Lo ¨²ltimo que necesitaba era que alguien m¨¢s descubriera lo que Jonathan hab¨ªa escondido en su corbata. Con pasos lentos, sali¨® de la enfermer¨ªa y camin¨® por los pasillos del laboratorio. Los techos estaban llenos de tubos y conductos que transportaban energ¨ªa y fluidos a trav¨¦s de la inmensa instalaci¨®n. Pantallas hologr¨¢ficas proyectaban datos t¨¦cnicos sobre las paredes, y de vez en cuando, un zumbido suave indicaba la presencia de robots de mantenimiento que iban de un lado a otro sin hacer preguntas inc¨®modas. El piso donde se encontraba la enfermer¨ªa no era muy transitado, por lo que G¨®mez no se cruz¨® con ning¨²n otro trabajador en su camino. Tras unos minutos dando vueltas en la estructura laber¨ªntica de los laboratorios, los ba?os estaban a solo unos metros de distancia. Cuando G¨®mez entr¨®, lo recibi¨® el eco del silencio. No hab¨ªa nadie. El espacio era est¨¦ril, con superficies met¨¢licas pulidas y espejos que reflejaban la luz blanca en ¨¢ngulos precisos. Eligi¨® uno de los cub¨ªculos al final de la fila y se encerr¨® dentro. Sus manos temblaban ligeramente mientras desabrochaba con cuidado el nudo de la corbata. Si Jonathan se hab¨ªa tomado el tiempo de esconder algo en su interior, deb¨ªa ser algo que no quer¨ªa que otros encontrar¨¢n. Al abrir la costura con precauci¨®n, sus dedos rozaron algo duro. Una peque?a tarjeta negra y un pendrive cayeron en sus manos. Observ¨® la tarjeta durante unos segundos, gir¨¢ndola entre los dedos. No ten¨ªa inscripciones ni s¨ªmbolos visibles. Solo un peque?o bot¨®n en un extremo. Respir¨® profundamente, consciente de que cualquier cosa podr¨ªa estar esper¨¢ndolo al otro lado de ese bot¨®n. Primero, guard¨® el pendrive en su bolsillo. Luego, con un movimiento decidido, presion¨® el bot¨®n en la tarjeta. Un suave pitido reson¨® en el aire y una luz azul parpade¨® en la superficie de la tarjeta. ¡ªG¨®mez¡­ ¡ªLa voz era baja y distorsionada, pero inconfundible. El agente Jonathan Parker le hab¨ªa dejado un mensaje secreto. El audio comenz¨® a reproducirse con una claridad sorprendente, aunque las palabras parec¨ªan cargadas de una urgencia que G¨®mez no hab¨ªa escuchado en su amigo en a?os. ¡ªNo tenemos mucho tiempo, as¨ª que escucha bien. La situaci¨®n es m¨¢s complicada de lo que parece. Si est¨¢s escuchando esto, significa que ya tienes en tus manos mi pendrive. Tienes que ser cuidadoso. No uses ese pendrive en ninguna terminal de la fundaci¨®n, ¡°Ellos¡± est¨¢n monitoreando todos tus pasos. Tienes que ser inteligente, jugar bien tus cartas. Antes de hacer cualquier cosa, sal del radar de ¡°Ellos¡±. Tienes que renunciar a la fundaci¨®n y dejar el trabajo como agente, solo as¨ª dejaras de preocuparles. Hay algo m¨¢s, algo que no puedo contarte del todo en este momento, no por una grabaci¨®n. Tengo que dec¨ªrtelo en persona. Nos encontraremos en los niveles inferiores, en el vestuario del personal. Lo que descubr¨ª es grande, G¨®mez. M¨¢s grande de lo que puedes imaginarte. Y no puedo explicarlo todo en este mensaje, pero conf¨ªa en m¨ª. No compartas esta informaci¨®n con nadie hasta que llegues all¨ª. El Observador (3) La grabaci¨®n hizo una pausa, y por un momento solo el zumbido del aire acondicionado llen¨® el cub¨ªculo donde G¨®mez permanec¨ªa inm¨®vil. Luego, la voz de Jonathan regres¨®, esta vez m¨¢s baja, casi en un susurro. ¡ª¡°Ellos¡± saben que mataste a Thomas Smith, pero desconocen tus motivos. Est¨¢n confundidos, creen que el par¨¢sito que te control¨® fue solo una coincidencia. ¡°Ellos¡± todav¨ªa no saben lo que t¨² ya sabes y no deben saberlo nunca. No conf¨ªes en nadie, ni siquiera en los superiores. Te ver¨¦ en los niveles inferiores, cuando sea seguro. Y por favor, ten cuidado, ¡°Ellos¡±¡­ Jonathan dej¨® de hablar abruptamente, parec¨ªa que se hab¨ªa arrepentido de lo que est¨¢ a punto de revelar. La grabaci¨®n no hab¨ªa terminado y G¨®mez permanec¨ªa inm¨®vil en el peque?o cub¨ªculo, respirando con dificultad mientras observaba la tarjeta negra. La hab¨ªa presionado hace tan solo unos segundos, pero parec¨ªa que hab¨ªan pasado horas. La luz azul continuaba parpadeando, como una advertencia en la penumbra del ba?o. Finalmente, el mensaje de Jonathan volvi¨® a reproducirse. La voz de su amigo sonaba diferente, grave, cargada de una tensi¨®n que no sol¨ªa mostrar. Se percib¨ªa un trasfondo de miedo en cada palabra, y eso era lo que m¨¢s perturbaba a G¨®mez. ¡ªG¨®mez, si est¨¢s escuchando esto, significa que ya te diste cuenta de que las cosas no son lo que parecen¡­ ¡ªEmpez¨® nuevamente Jonathan, su voz un poco distorsionada por el sistema de grabaci¨®n, pero aun as¨ª clara¡ª Necesito que prestes mucha atenci¨®n, porque lo que te voy a contar no es f¨¢cil de digerir. Lo primero que tienes que saber es que el examen que te hiciste¡­ El que confirm¨® tu posesi¨®n¡­ no fue una coincidencia. G¨®mez sinti¨® un nudo en el est¨®mago al escuchar esas palabras. ?Qu¨¦ significaba eso? El examen hab¨ªa sido el primer indicio de que ¡°alguien¡± estaba planificado una coartada adem¨¢s de ¨¦l. Los resultados eran concluyentes: hab¨ªa estado bajo la influencia de un ¡°par¨¢sito¡±, una sombra que lo hab¨ªa pose¨ªdo. Evidentemente, el mejor agente de este laboratorio se hab¨ªa cuestionado el hecho de que Jonathan le recomendara hacerse esa prueba por aparente ¡°casualidad¡±. Pero ahora su amigo le estaba confirmando que ten¨ªa la misma sospecha. El asunto estaba escalando. ¡ªEl ¡°jefe¡±¡­¡ªContinu¨® Jonathan¡ª Me tir¨® muchas indirectas. M¨¢s de las que me di cuenta en su momento. Me hizo pensar que recomendarte hacer ese examen era lo correcto, que era una excelente coartada para evitar que te despidieran. Sabes c¨®mo es ¨¦l, nunca le dir¨ªa ni a su madre lo que realmente piensa, ni mucho menos lo que opina sobre lo que ocurre en los pisos superiores. As¨ª que ¨¦l no pod¨ªa decirte directamente qu¨¦ recursos humanos estaba operando para que te expulsaran de la fundaci¨®n¡­. No, G¨®mez, no es lo que crees. Esto es mucho m¨¢s complejo de lo que te imaginas. Es necesario que abandones este laboratorio. ¡°Ellos¡± quieren eso, y yo tambi¨¦n. Puesto que ¡°Ellos¡± no saben lo que yo s¨ª s¨¦. Si te quedas en el laboratorio, te matar¨¢n. Estar¨¢s en la lista de desaparecidos. Pero si te vas, podr¨¢s escapar de todo lo relacionado con Thomas Smith¡­ La voz de Jonathan se cort¨® abruptamente y un estallido de est¨¢tica interrumpi¨® brevemente sus palabras, a?adiendo una capa de urgencia a su mensaje. Cuando regres¨®, su voz estaba a¨²n m¨¢s desesperada. Por su tono de voz y el sonido de ambiente distintos, parec¨ªa que esta parte del mensaje fue grabada en otro d¨ªa y en otro lugar. Como si hubiera estado pensando el asunto a lo largo de los d¨ªas y hubiera hecho otro peque?o avance en sus investigaciones. ¡ªLa pregunta que me persigue es: ?Qu¨¦ sab¨ªa el jefe de todo esto? ?Cu¨¢nto sabe de ¡°Ellos¡± y cu¨¢nto nos oculta? Dudo que ¨¦l sepa mucho, pero no tengo dudas de que ¨¦l sabe que alguien quiere sacarte de este laboratorio. Cuanto m¨¢s lo analizo, m¨¢s me convenzo de que esa recomendaci¨®n no fue una mera casualidad. ¡ªYo tampoco puedo quedarme mucho tiempo en este laboratorio, G¨®mez¡­¡ªLa voz de Jonathan se hizo m¨¢s urgente¡ª Tras unos d¨ªas tortur¨¢ndome por comprender este caso, comenc¨¦ a comprender mejor las cosas: ¡°Ellos¡± est¨¢n desesperados por encontrar algo que Thomas Smith pose¨ªa, aunque desconoc¨ªan que fuera ¨¦l quien en realidad pose¨ªa lo que buscaban. ¡°Ellos¡± creen que Thomas Smith fue solo otro de los tantos ¡°fracasos¡± en la misi¨®n y por eso van a tratar de matarte, G¨®mez¡­ Eres el mejor agente de este laboratorio y que te hayas cruzado con Thomas Smith les es inc¨®modo a ¡°Ellos¡±. Hasta que no obtengan lo que buscan, no pueden dejar que su ¡°cacer¨ªa¡± salga a la luz o alertar¨¢n a su ¡°presa¡±. Tu presencia en el laboratorio es peligrosa para ¡°Ellos¡±. Si insistes en seguir siendo un agente, ¡°Ellos¡± comenzar¨¢n a sospechar de que sabes algo que no deber¨ªas saber y orquestar¨¢n todo para asegurarse de que termines en la lista de desaparecidos. ¡ªEsc¨²chame bien, G¨®mez¡­. Nada de esto es lo que parece. ¡°Ellos¡± no est¨¢n detr¨¢s de la masacre en la escuela secundaria St. Patrick. S¨¦ que es dif¨ªcil de entender ahora, pero escucha hasta el final. La recomendaci¨®n del examen J74, el comportamiento evasivo del jefe, las sombras que rodearon la tragedia de St. Patrick, el interrogatorio de Thomas Smith, la posesi¨®n de Thomas Smith, la insistencia de recursos humanos en sacar a los veteranos¡­ Todo esto forma parte de un esquema mucho m¨¢s complicado de lo que puedes imaginar. ¡ªEl objetivo final de todos esos eventos es ¡°proteger¡± el secreto que escond¨ªa Thomas Smith. Deb¨ªan eliminarlo antes de que fuera desaparecido por ¡°Ellos¡±, tal como han hecho con otros historiadores que siguen desapareciendo mientras grabo este mensaje. ¡°Ellos¡± ya investigaron a Thomas Smith durante su juicio. No tengo pruebas de eso, pero tampoco dudas. Lo importante es que no encontraron nada. Thomas Smith fue solo otro ¡°fracaso¡±. Toda la verdad fue encubierta por otras manos. ¡ªComprendes el problema, G¨®mez... Estamos metidos en medio de una guerra secreta entre dos grupos. Uno de estos bandos son ¡°Ellos¡±, los que t¨² ya conoces. El otro bando¡­ no puedo explic¨¢rtelo ahora mismo. ¡ªEs crucial que nos veamos en persona cuanto antes. Necesito discutir este asunto cara a cara para hacerte comprender la magnitud de lo que est¨¢ ocurriendo. G¨®mez apret¨® los dientes. Preocupado por lo que estaba escuchando. La existencia de otro bando le parec¨ªa bastante coherente y justificaba muchos problemas que ¨¦l hab¨ªa encontrado al revisar el actuar de ¡°Ellos¡±. Sin embargo, lo que no entend¨ªa era c¨®mo su amigo hab¨ªa llegado a conocer toda esta informaci¨®n. No le hab¨ªa contado nada sobre sus sospechas ni sus miedos acerca de Thomas Smith, ni siquiera le hab¨ªa compartido sus dudas sobre ¡°Ellos¡±. Como si se hubiera anticipado a sus pensamientos, Jonathan Parker le contest¨®. Aunque el sonido del ambiente nuevamente hab¨ªa cambiado, parec¨ªa que otros d¨ªas de investigaci¨®n hab¨ªan pasado entre mensaje y mensaje. ¡ªEmpec¨¦ a desconfiar de todo cuando vi los resultados de tu examen ¡ªContinu¨® Jonathan, ahora su tono era m¨¢s cauteloso, casi paranoico¡ª La idea de que tu posesi¨®n fuera real me result¨® extremadamente sospechosa. Pero lo que realmente me inquietaba era preguntarme: ?por qu¨¦ te recomend¨¦ hacerte el examen en primer lugar? No pod¨ªa dejar de darle vueltas a eso. As¨ª que decid¨ª investigar por mi cuenta y me puse a pensar en todo lo que me hab¨ªa ocurrido ese d¨ªa. ¡ªSab¨ªa qu¨¦ los empleados de recursos humanos estaban buscando cualquier excusa para reemplazar a los veteranos, y que tu situaci¨®n era especialmente complicada. En las duchas t¨² actuabas de manera extra?a, parec¨ªas perdido, como si estuvieras fuera de lugar y atrapado en tus propios pensamientos. Era razonable ofrecerte mi ayuda dada tu supuesta perturbaci¨®n por la muerte de Thomas Smith. Sab¨ªa que no era normal encontrarte en ese estado, pero en aquel momento ignor¨¦ la cuesti¨®n. Ofrecerte de coartada el examen J74 tras la conversaci¨®n que acababa de tener con el jefe parec¨ªa racional. Hasta ese punto todo segu¨ªa una cadena l¨®gica y racional de eventos. Pero tu examen dio positivo y me resultaba inconcebible que realmente estuvieras pose¨ªdo. Por lo que tome cartas en el asunto. Stolen content warning: this tale belongs on Royal Road. Report any occurrences elsewhere. G¨®mez sinti¨® un escalofr¨ªo recorrer su columna. Pod¨ªa suponer c¨®mo es que hab¨ªa terminado envolviendo a Jonathan en este caso, pero aun as¨ª no quer¨ªa creer que fuera cierto. ¡ªBusque la grabadora de la sala de interrogatorios ¡ªLa voz de Jonathan se volvi¨® m¨¢s baja, m¨¢s intensa¡ª Sab¨ªa que hab¨ªa algo mal cuando intent¨¦ acceder a las grabaciones del interrogatorio y no estaban. Al principio pens¨¦ que el jefe se las hab¨ªa llevado, ya sabes, para protegerte. Pero despu¨¦s de investigar un poco m¨¢s, descubr¨ª que no era as¨ª. Los rumores empezaron a circular entre los agentes. Algunos dec¨ªan que t¨² mismo la hab¨ªas hecho desaparecer para no dejar pruebas que te incriminaran ante recursos humanos. ¡ªSin embargo, no me tragu¨¦ esa versi¨®n ¡ªDijo Jonathan con un leve tono de certeza¡ª He trabajado contigo por a?os, G¨®mez. Sab¨ªa que hab¨ªa algo m¨¢s. As¨ª que hice lo ¨²nico que pod¨ªa hacer: revis¨¦ tu ¡°escondite¡±. G¨®mez abri¨® los ojos con incredulidad. No, no era posible. Jonathan no pod¨ªa haber encontrado su escondite. Era un compartimiento oculto, seguro, que llevaba a?os utilizando para guardar informaci¨®n confidencial, se encontraba justo debajo de uno de los asientos de su auto. Solo ¨¦l sab¨ªa de su existencia o al menos eso cre¨ªa. En esta ¨¦poca en la que todo el mundo confiaba en la tecnolog¨ªa como un ciego en su bast¨®n, un escondite f¨ªsico, anticuado, rudimentario e improvisado era casi indetectable. No pod¨ªa creer que alguien lo hubiera encontrado. ¡ªS¨ª, encontr¨¦ la grabadora ¡ªAfirm¨® Jonathan¡ª Estaba justo donde pens¨¦ que la encontrar¨ªa. Y escuch¨¦ todo. Absolutamente todo. ¡ªM¨¢s tarde me enter¨¦ de que todas las grabadoras de las salas de interrogatorios hab¨ªan sido reemplazadas por modelos en los que los botones de inicio, pausa y final son simples placebos. La idea detr¨¢s de esto era atrapar a los agentes haciendo cosas ilegales y, de esa manera, sacarlos del laboratorio. Una jugada excelente por parte de recursos humanos para deshacerse de los veteranos. Otra coincidencia sospechosa que a?adir a la larga lista de coincidencias que rodean este caso. ¡ªDespu¨¦s de revisar la grabaci¨®n completa, finalmente entend¨ª por qu¨¦ mataste a Thomas Smith, por qu¨¦ nunca dudaste de que estabas siendo pose¨ªdo y por qu¨¦ el examen result¨® positivo. Sin embargo, todav¨ªa quedaban muchas preguntas sin respuesta, demasiadas inc¨®gnitas que necesitaban ser aclaradas. El impacto de esas palabras hizo que el aire pareciera desaparecer del cub¨ªculo. G¨®mez sinti¨® que su garganta se secaba. Las preguntas invad¨ªan su cabeza, pero al igual que Jhonatan, ¨¦l tambi¨¦n necesitaba obtener las respuestas. La luz azul en la tarjeta negra de repente titil¨®, iluminando el espacio oscuro del cub¨ªculo, mientras la voz de Jonathan continuaba resonando en los o¨ªdos de G¨®mez. No hab¨ªa terminado. El mensaje segu¨ªa, y con cada palabra, G¨®mez sent¨ªa que las paredes del ba?o se cerraban sobre ¨¦l. Su respiraci¨®n era pesada y el sudor comenzaba a formarse en su frente. ¡ª ?Recuerdas lo que pas¨® en ese interrogatorio, y por qu¨¦ actuaste como actuaste? No fue solo la sombra. T¨² mismo te convenciste de que era lo correcto. Ten¨ªas que encubrir lo que estaba ocultando Thomas Smith, ?verdad? Sab¨ªas que ¨¦l ten¨ªa informaci¨®n sobre algo mucho m¨¢s grande que todos nosotros, sobre ¡°El Observador¡±. ¡ªLo que descubr¨ª tras interesarme en esta criatura va m¨¢s all¨¢ de lo que imaginaba ¡ªLa voz de Jonathan se tornaba m¨¢s oscura, m¨¢s tensa¡ªLa conspiraci¨®n que intentabas encubrir es enorme, G¨®mez. Pensabas que al eliminar a Smith estabas protegiendo algo, tal vez al laboratorio, o tal vez a ti mismo. Pero en realidad, estabas encubriendo algo mucho m¨¢s oscuro de lo que te puedes imaginar. Jonathan hizo una pausa antes de continuar. Bruscamente cambi¨® de tema, y nuevamente evit¨® hablar de la informaci¨®n m¨¢s delicada que hab¨ªa descubierto. Continu¨® hablando, pero su tono estaba muy desgastado y cansado, como si le costara admitir lo que estaba a punto de decir. ¡ªY luego est¨¢ lo que ocurri¨® en St. Patrick¡­. ¡ªG¨®mez, hay algo que necesito confesarte. En el vestuario te hab¨ªa dicho que hab¨ªa participado en la investigaci¨®n de esa masacre de forma privada. Sabes que estuve all¨ª, revisando los informes y las pruebas. Pero no te cont¨¦ todo. Una de las familias de una de las tantas v¨ªctimas se acerc¨® a m¨ª. Eran unos conocidos de mi infancia, justamente estudiamos juntos en la escuela secundaria St. Patrick. Ellos me ofrecieron una cantidad absurda de dinero para que hiciera algo. Quer¨ªa pensar que lo hac¨ªan por justicia, por encontrar un culpable, pero la realidad es m¨¢s complicada. Todo lo relacionado con Thomas Smith es complicado. Me pidieron que eliminara una grabaci¨®n. Una grabaci¨®n de una de las c¨¢maras de seguridad en la escuela, espec¨ªficamente la que captur¨® lo que sucedi¨® en el pasillo frente al sal¨®n de arte, donde Thomas Smith asesin¨® a unos ni?os. ¡ªAl principio, pens¨¦ que estaban tratando de proteger la imagen de su hijo, que tal vez quer¨ªan evitar que la prensa filtrara como fue su muerte. Pero luego me di cuenta de algo m¨¢s. Esa grabaci¨®n era ¨²nica que mostraba toda la secuencia de hechos que sentenciaron a pena de muerte a Thomas Smith, G¨®mez. Mostraba que hab¨ªa algo m¨¢s que simplemente un profesor asustado. Hac¨ªa dudar de si Thomas Smith estaba siendo pose¨ªdo. ¡ªY aqu¨ª es donde las cosas se complican, G¨®mez. La familia que me pag¨® eran conocidos m¨ªos, y no tengo dudas de que lo hicieron para evitar que se revelara c¨®mo muri¨® su hijo. Pero al hacerlo, eliminaron cualquier rastro de lo que realmente sucedi¨® en ese pasillo. Si esa grabaci¨®n hubiera salido a la luz, Thomas Smith habr¨ªa tenido una excusa. Tal vez se habr¨ªa dado cuenta de que estaba siendo pose¨ªdo. Y eso habr¨ªa evitado que lo condenaran a muerte. ¡ªS¨¦ lo que est¨¢s pensando, G¨®mez ¡ªDijo Jonathan, como si pudiera leer la mente de G¨®mez a trav¨¦s del mensaje¡ª S¨¦ que piensas que lo hice por codicia. Y tal vez tengas raz¨®n. Tal vez acept¨¦ el dinero porque lo necesitaba. Sabes que siempre he sido un desastre con mis finanzas. En este laboratorio todo el mundo tiene unos cuantos muertos en el armario, el problema es que los m¨ªos son caros. No pod¨ªa negarme a tan buen negocio. As¨ª que me adentre a la sala de seguridad de la escuela y reemplac¨¦ la grabaci¨®n por est¨¢tica. ¡ªEn los informes oficiales, a los que puedes acceder desde los archivos del laboratorio, esa c¨¢mara fue registrada como afectada por el ¡°evento paranormal¡± y pas¨® desapercibida, igual que muchas otras que sufrieron el mismo fen¨®meno. La ¨²nica c¨¢mara ¨²til para la justicia muestra un ¨¢ngulo en el que Thomas Smith parece un asesino despiadado. Con eso tuvieron suficiente para condenarlo y enviarlo a nuestras instalaciones. ¡ªG¨®mez, te dejo este pendrive. Contiene todo lo que realmente sucedi¨® ese d¨ªa. Tal vez te ayude a entender mejor lo que est¨¢ ocurriendo¡­¡ªJonathan hizo una pausa, el sonido de su respiraci¨®n irregular se filtraba en el audio¡ª Cuando acept¨¦ destruir la grabaci¨®n de la c¨¢mara de seguridad en St. Patrick, me lo justifiqu¨¦ pensando que no era tan importante. Cre¨ª que eliminando ese video estaba ayudando a unos amigos a superar su duelo. A lo mucho estaba cerrando una puerta para que Thomas Smith no pudiera eludir su condena, lo cual no importaba, porque, al final del d¨ªa, no me parec¨ªa que un hombre como ¨¦l mereciera clemencia. ?Qu¨¦ clase de profesor va armado a un colegio? Nuevamente, el mensaje termin¨® abruptamente, y otra vez se reanud¨® como si hubiera pasado al menos un d¨ªa. El ambiente era diferente, y la voz de Jonathan Parker tambi¨¦n. Hab¨ªa cambiado por completo. La paranoia en su tono era dif¨ªcil de describir. Parec¨ªa que estaba luchando contra s¨ª mismo, intentando explicar lo que hab¨ªa visto sin caer en la locura. ¡ªHay... Hay algo m¨¢s... Todo esto¡­ Todas estas coincidencias que rodean la muerte de Thomas Smith, no pueden ser simplemente¡­ casualidades. Es como si cada decisi¨®n que tom¨¦, cada paso que di, hubiera estado predestinado para llevarme a hacer esta grabaci¨®n. Y ahora que conozco toda la verdad, no puedo dejar de preguntarme¡­ ?Qui¨¦n me gui¨® hasta aqu¨ª? ?Por qu¨¦ estoy grabando este mensaje? ?Por qu¨¦ fue tan f¨¢cil que todo ocurriera de esta manera?... El Observador (4) El mensaje termin¨® con un pitido bajo y el silencio volvi¨® a llenar el cub¨ªculo. G¨®mez se qued¨® mirando la tarjeta en su mano, como si fuera un objeto maldito. Evidentemente, hab¨ªa algo que Jonathan Parker estaba ocultando, algo que no pod¨ªa revelar en un simple mensaje de audio. G¨®mez lo sab¨ªa y quer¨ªa intentar deducir qu¨¦ era lo que hab¨ªa descubierto su amigo. Pero no ten¨ªa las pistas para lograrlo. Necesitaba hablar con Jonathan. ¨¦l hab¨ªa mencionado encontrarse en los vestuarios. Si iba all¨ª, podr¨ªa obtener respuestas. Pero, al mismo tiempo, sab¨ªa que adentrarse m¨¢s en esta conspiraci¨®n pondr¨ªa a todo el mundo en un peligro a¨²n mayor. El pendrive en su bolsillo se sent¨ªa como una carga cada vez m¨¢s pesada, como si los secretos que conten¨ªa le sumaran un peso invisible. A¨²n no sab¨ªa qu¨¦ revelar¨ªa la grabaci¨®n, pero si Jonathan hab¨ªa arriesgado tanto para entreg¨¢rselo, deb¨ªa ser algo importante. Ten¨ªa que encontrar una terminal segura para examinarlo, pero hacerlo en el laboratorio, bajo la mirada constante de la inteligencia artificial que controlaba cada rinc¨®n, era demasiado arriesgado. Decidi¨® que lo mejor ser¨ªa revisarlo en otro momento. G¨®mez dej¨® que la puerta del ba?o se cerrara suavemente detr¨¢s de ¨¦l. El fr¨ªo cl¨ªnico de los pasillos apenas aliviaba la sensaci¨®n de calor que recorr¨ªa su cuerpo. Las luces tenues, combinadas con el zumbido constante de las m¨¢quinas que manten¨ªan la instalaci¨®n en funcionamiento, le hac¨ªan sentir que cada paso lo llevaba m¨¢s cerca de las mand¨ªbulas de una bestia desconocida. No obstante, no hab¨ªa miedo en su pecho, sino una mezcla de adrenalina y excitaci¨®n. La informaci¨®n que Jonathan le hab¨ªa prometido podr¨ªa ser la clave que necesitaba para conectar todas las piezas sueltas de este rompecabezas. G¨®mez lo intu¨ªa, sent¨ªa que estaba a punto de desenterrar algo mucho m¨¢s grande de lo que cualquiera pod¨ªa imaginar. Este caso no era simplemente otro expediente rutinario, ni una misi¨®n cualquiera para la fundaci¨®n; esto era algo grande, algo que desafiaba las mismas bases de la humanidad. Durante toda su carrera como agente hab¨ªa enfrentado misterios, anomal¨ªas y sucesos que desafiaban la l¨®gica, pero nada como esto. Este caso se estaba transformando en el desaf¨ªo m¨¢s complejo de su vida. Y aunque sab¨ªa que las respuestas que buscaba podr¨ªan traer consecuencias tr¨¢gicas, el agente G¨®mez no pod¨ªa evitar sentirse emocionado por lo que estaba por descubrir. Era un investigador en lo m¨¢s profundo de su ser, y ahora, como si estuviera ante una pieza de arte incompleta, G¨®mez sent¨ªa la urgencia de develar cada trazo escondido de este gran misterio. Las piezas del rompecabezas se mov¨ªan lentamente, revelando fragmentos de una conspiraci¨®n que parec¨ªa extenderse en todas direcciones. Seg¨²n la nueva informaci¨®n ya no se trataba simplemente de ¡°Ellos¡±, ahora hab¨ªa otro grupo oponi¨¦ndose. ?Pero qui¨¦nes eran? ?O qu¨¦ eran? ?Eran los buenos o los malos de la pel¨ªcula? G¨®mez no sab¨ªa nada, pero quer¨ªa saber. Le era imposible negarse a saborear esa fruta prohibida llamada conocimiento. Sab¨ªa que las respuestas no ser¨ªan f¨¢ciles de digerir, y que lo que estaba a punto de descubrir pod¨ªa destapar una tragedia. Sin embargo, la emoci¨®n del desaf¨ªo lo envolv¨ªa por completo, y para hacer a¨²n m¨¢s interesante el asunto, la situaci¨®n hab¨ªa dado un giro radical: ya no estaba solo en este caso. El agente Jonathan Parker hab¨ªa estado investigando por su cuenta durante una semana entera. Su amigo parec¨ªa haber desenterrado informaci¨®n clave, pistas que ¨¦l apenas pod¨ªa imaginar. El tiempo que Jonathan hab¨ªa dedicado promet¨ªa resultados. ?Qu¨¦ clase de detalles habr¨ªa encontrado? ?Qu¨¦ verdades ocultas estar¨ªan aguardando entre estos nuevos datos? La sensaci¨®n de que estaba a punto de descubrir algo monumental lo impulsaba a seguir adelante, con la misma energ¨ªa que lo hab¨ªa llevado a aceptar su suspensi¨®n con una mezcla de frustraci¨®n y determinaci¨®n. Casi sin darse cuenta lleg¨® al ascensor. Su destino ahora era el piso 3, donde se encontraba la sala de control. Si quer¨ªa desenmara?ar todo este enredo, necesitaba la informaci¨®n que Jonathan hab¨ªa prometido darle en persona. Aunque hab¨ªa pasado una semana postrado en la cama, su cuerpo se sent¨ªa renovado, casi como si el tiempo de recuperaci¨®n hubiera sido solo una pausa moment¨¢nea, todo gracias a los avances milagrosos de la medicina futurista. Sin embargo, hab¨ªa algo que lo inquietaba; no ten¨ªa la menor idea de si su amigo estaba en el laboratorio. Ech¨® una r¨¢pida mirada al cubo negro que siempre llevaba encima, el cual comenz¨® a proyectar la hora de forma hologr¨¢fica. El reloj marcaba las primeras horas de la ma?ana, lo que significaba que el turno laboral ya hab¨ªa comenzado. En teor¨ªa, todos los agentes deber¨ªan estar activos y trabajando. Sin embargo, la realidad era un poco m¨¢s complicada. Sab¨ªa que el hecho de que fuera horario laboral no garantizaba que todos estuvieran en el laboratorio. Los agentes de la fundaci¨®n sol¨ªan estar en constante movimiento, desplaz¨¢ndose a distintos lugares para recopilar evidencias, testimonios y cualquier otra pieza del rompecabezas que pudiera ayudar a los cient¨ªficos en sus investigaciones. A pesar de esto, la sala de control del piso 3 era un buen punto de partida para encontrar a Jonathan Parker. Esa habitaci¨®n serv¨ªa como el centro de comando del laboratorio, donde los agentes coordinaban sus misiones, monitoreaban el desarrollo de operaciones en el campo y revisaban los ¨²ltimos informes de los nuevos casos. Si Jonathan no estaba en medio de una misi¨®n, seguro lo encontrar¨ªa all¨ª, quiz¨¢s con un caf¨¦ en la mano, charlando con algunos de los otros agentes. Al entrar en el ascensor, la cabina se ilumin¨® con una luz azulada suave, y al instante reconoci¨® su identidad. ¡°Piso 3, sala de control¡±, dijo, y el ascensor comenz¨® a moverse con una suavidad casi imperceptible, como si flotara. El ascensor se detuvo suavemente, y las puertas se abrieron para revelar el bullicio controlado de los pasillos del piso 3. Este era un piso muy transitado y todos los agentes pululaban de un lugar a otro. The genuine version of this novel can be found on another site. Support the author by reading it there. La sala de control se encontraba en el medio del piso. La habitaci¨®n propiamente dicha estaba repleta de pantallas hologr¨¢ficas que proyectaban datos, mapas y transmisiones en vivo de las misiones en curso. Varias estaciones de trabajo flotantes se dispon¨ªan en forma circular, creando un ambiente que recordaba a una sala de mando de una nave espacial, con agentes sentados frente a sus consolas, trabajando sin descanso. Sin embargo, hab¨ªa algo raro en el ambiente. A pesar de la actividad, el lugar estaba cargado con una sensaci¨®n de mal humor insoportable. Los agentes, que normalmente se ve¨ªan animados y concentrados, ahora parec¨ªan distra¨ªdos y abatidos. G¨®mez se sorprendi¨® al ver la atm¨®sfera tan densa. Algunos agentes m¨¢s j¨®venes, probablemente reclutas, estaban enfrascados en la revisi¨®n de archivos, tratando de comprender los casos en los que estaban trabajando. Se ve¨ªan agobiados, luchando por navegar entre los complejos informes y las infinitas bases de datos de la fundaci¨®n. Uno de ellos estaba viendo un video de capacitaci¨®n en una peque?a pantalla flotante, donde una voz alegre e infantil explicaba c¨®mo acceder a los registros m¨¢s antiguos, mientras otro a su lado maldec¨ªa en voz baja por no poder recordar ciertos c¨®digos de acceso. Al fondo, otros agentes probaban sus equipos antes de salir a sus misiones. Cinturones cargados con dispositivos de alta tecnolog¨ªa, armas que parec¨ªan m¨¢s sacadas de una pel¨ªcula de ciencia ficci¨®n que de la realidad, y cascos de visor aumentados que les permit¨ªan rastrear anomal¨ªas en el campo de operaciones. Sin embargo, la mayor¨ªa de ellos no parec¨ªa especialmente emocionados por lo que estaban haciendo. Hab¨ªa pocas charlas animadas, y las que exist¨ªan eran conversaciones apagadas, sin energ¨ªa. La sala, que normalmente resonaba con la vitalidad de un centro de comando, parec¨ªa ahora sofocada bajo el peso de algo invisible, pero innegablemente grave. G¨®mez avanz¨® lentamente por la abarrotada sala de control, buscando a Jonathan entre las filas de agentes ocupados en sus tareas diarias. Aunque todos parec¨ªan estar atrapados en sus propios problemas, hubo algunos que se desviaron de su rutina para acercarse a ¨¦l, d¨¢ndole palmadas en la espalda o inclinando la cabeza con gestos de apoyo. Uno de los reclutas m¨¢s j¨®venes, con un chaleco t¨¢ctico que a¨²n brillaba por lo nuevo, le dedic¨® una sonrisa inc¨®moda y dijo, casi sin mirarlo a los ojos: ¡ªOye, G¨®mez¡­ lo siento mucho por lo de tu suspensi¨®n, hombre. No era justo que te la aplicaran. Otro agente, m¨¢s veterano, pas¨® junto a ¨¦l y agreg¨® en voz baja: ¡ªTodos sabemos que hiciste lo correcto en esa sala de interrogatorios. Smith estaba condenado. No te culpes. Sigues siendo el mejor agente de este laboratorio. Los de recursos humanos est¨¢n todos locos si piensan lo contrario. G¨®mez asinti¨®, agradecido por el apoyo, pero su mente estaba en otro lugar. Mientras sus colegas se alejaban r¨¢pidamente para seguir con sus labores, pudo notar que algo no estaba del todo bien. No era simplemente la incomodidad habitual de sus compa?eros por su suspensi¨®n, hab¨ªa algo m¨¢s. Algo que no lograba identificar, pero que flotaba en el aire como una nube negra sobre sus cabezas. Las expresiones de los agentes que lo rodeaban no solo reflejaban tristeza o l¨¢stima; parec¨ªan preocupados, tensos, como si estuvieran esperando que algo malo sucediera en cualquier momento. G¨®mez se esforz¨® por restarle importancia al ambiente, atribuy¨¦ndolo a su propia situaci¨®n. Estaba seguro de que muchos de sus colegas lo ve¨ªan como un ejemplo de lo que podr¨ªa pasarles si comet¨ªan un error similar, como una advertencia silenciosa que indicaba que el ¡°nuevo orden¡± hab¨ªa llegado finalmente a los pisos inferiores. No les faltaba raz¨®n para ser cautelosos. Si el mejor agente fue suspendido, todos los veteranos pod¨ªan ser suspendidos en cualquier momento. Mientras caminaba por la sala, un par de agentes m¨¢s se le acercaron. Ambos parec¨ªan tener prisa, como si estuvieran luchando contra el reloj para completar alguna tarea antes de que algo importante ocurriera. El primero, una mujer de unos treinta a?os con cabello corto y un rostro endurecido por a?os de trabajo en campo, le palme¨® el hombro. ¡ªEsto es temporal, G¨®mez. Volver¨¢s antes de que te des cuenta ¡ªLe dijo, sus palabras r¨¢pidas y secas, como si no tuviera tiempo para una conversaci¨®n m¨¢s larga. El segundo, un hombre corpulento con cicatrices que surcaban su rostro, pas¨® a su lado sin detenerse, pero le lanz¨® una mirada de apoyo. G¨®mez trat¨® de hacer contacto visual con ¨¦l, para preguntar por Jonathan, pero el agente ya estaba a varios metros de distancia, inmerso en su propio trabajo. Todos parec¨ªan estar muy apurados, y no hab¨ªa tiempo para que ¨¦l preguntara sobre el paradero de su amigo. Frustrado por no obtener respuestas, se detuvo un momento a mirar a su alrededor. La sala de control estaba como siempre: agentes, t¨¦cnicos y analistas trabajando sin parar frente a terminales hologr¨¢ficas, revisando datos, monitoreando las misiones activas o discutiendo en voz baja entre ellos sobre los ¨²ltimos informes de inteligencia. Los hologramas que proyectaban mapas y gr¨¢ficos llenaban el espacio, creando un ambiente fren¨¦tico, pero controlado. Sin embargo, ahora parec¨ªa haber una energ¨ªa subyacente diferente en el aire, algo que no pod¨ªa identificar, pero que lo pon¨ªa nervioso. G¨®mez frunci¨® el ce?o mientras cruzaba la estancia. Aunque estaba claro que su suspensi¨®n hab¨ªa causado un impacto, no pod¨ªa ser la raz¨®n de la actitud abatida de todos. Nadie levant¨® la vista cuando pas¨® por el medio de la sala, lo que le permiti¨® escuchar fragmentos de susurros entre los nuevos reclutas. ¡ª¡­ No puede ser que lo haya hecho¡­ ¡ªPero lo encontraron all¨ª, ?no? Entonces¡­ ¡ªEs una locura, de seguro fue una criatura desconocida¡­ G¨®mez apret¨® los labios y sigui¨® caminando, su preocupaci¨®n aumentando. Justo cuando se dispon¨ªa a preguntar a otro agente sobre el paradero de Jonathan Parker, una mujer se le acerc¨®. Era una agente que apenas conoc¨ªa, una de las nuevas incorporaciones al equipo. Su rostro era solemne, y aunque su expresi¨®n parec¨ªa querer reflejar calma, G¨®mez not¨® un rastro de incomodidad en sus ojos. ¡ªEl jefe quiere verte en su oficina, G¨®mez ¡ªLe dijo con una voz suave, casi como si temiera darle la noticia. G¨®mez arque¨® una ceja, algo sorprendido. Aunque estaba suspendido y sab¨ªa que en alg¨²n momento tendr¨ªa que enfrentarse a su jefe, no esperaba que fuera tan pronto. La joven agente no ofreci¨® m¨¢s explicaciones, solo se dio la vuelta y se alej¨® antes de que ¨¦l pudiera hacerle alguna pregunta. El Observador (5) Mientras la ve¨ªa desaparecer entre la multitud, G¨®mez no pudo evitar notar algo m¨¢s extra?o: los rostros de los dem¨¢s agentes, los que se encontraban trabajando cerca, parec¨ªan compartir una expresi¨®n com¨²n. La tristeza que hab¨ªa visto al principio ya no parec¨ªa estar dirigida hacia ¨¦l y su suspensi¨®n, como hab¨ªa asumido inicialmente. Ahora era evidente que hab¨ªa algo m¨¢s detr¨¢s de esas miradas apesadumbradas. Algo grave que afectaba a todos en esa sala. El silencio inc¨®modo entre los agentes, los gestos discretos, las miradas r¨¢pidas y furtivas¡­ Todo le indicaba que la atm¨®sfera era mucho m¨¢s tensa de lo que ¨¦l hab¨ªa pensado. Ya no pod¨ªa ignorar que algo hab¨ªa ocurrido, algo que iba m¨¢s all¨¢ de su propio castigo. La cuesti¨®n era, ?qu¨¦ era exactamente lo que hab¨ªa pasado mientras ¨¦l estaba en tratamiento? Resignado a que no obtendr¨ªa respuestas en la sala de control, G¨®mez se encamin¨® hacia la oficina del jefe. Mientras caminaba por los pasillos, la tensi¨®n en su est¨®mago se intensificaba, y no pod¨ªa sacudirse la sensaci¨®n de que lo que estaba a punto de debatir con este viejo amigo no le gustar¨ªa para nada. Camin¨® con determinaci¨®n por el pasillo que conduc¨ªa a la oficina del jefe. Cuando lleg¨® a la puerta de la oficina, tom¨® una respiraci¨®n profunda antes de tocar. El leve zumbido de los sistemas de seguridad verificando su identidad hizo eco en el pasillo vac¨ªo. Finalmente, la puerta se desliz¨® hacia un lado, revelando el interior. La oficina de Arthur Mendelson era un reflejo de su car¨¢cter meticuloso y estricto. El espacio era impecable, ordenado hasta el m¨¢s m¨ªnimo detalle, tanto que parec¨ªa m¨¢s una simulaci¨®n digital que un lugar de trabajo real. Al cruzar el umbral de la puerta, lo primero que captaba la atenci¨®n era la perfecci¨®n casi quir¨²rgica con la que todo estaba dispuesto. Las paredes eran de una madera gris met¨¢lica, suaves al tacto, y estaban revestidas con paneles de cristal transl¨²cido que simulaban la luz exterior de una manera que creaba una atm¨®sfera fr¨ªa pero sofisticada. El techo, a diferencia del resto del laboratorio, estaba compuesto por una matriz de hex¨¢gonos de cristal que se ajustaban autom¨¢ticamente para regular la iluminaci¨®n artificialmente natural del ambiente. En el centro de la sala se encontraba el imponente escritorio de Mendelson. Era una pieza de dise?o minimalista, hecho de alg¨²n tipo de material transl¨²cido con bordes afilados que se iluminaban levemente cada vez que su due?o tocaba alguna de las superficies. No hab¨ªa ni un solo dispositivo a la vista, ni documentos, ni desorden. La interfaz hologr¨¢fica que sobresal¨ªa del escritorio proyectaba datos, gr¨¢ficos y ¨®rdenes que pod¨ªan ser manipulados con el m¨¢s leve movimiento de sus ojos. Detr¨¢s del escritorio, en la pared principal, colgaban varios cuadros que parec¨ªan m¨¢s una muestra de vanidad corporativa que una verdadera expresi¨®n de arte. Certificados de m¨¦rito, premios al liderazgo y distinciones de la fundaci¨®n decoraban el espacio, con letras doradas y relucientes que proclamaban la eficiencia de Mendelson en diversas ¨¢reas. Hab¨ªa una fotograf¨ªa del jefe junto al director del laboratorio y varios pol¨ªticos, todos ellos con la misma sonrisa forzada y poses r¨ªgidas. Todo era tan formal, tan ensayado, que daba la impresi¨®n de que el propio Mendelson hab¨ªa dise?ado cuidadosamente su oficina para dejar bien en claro c¨®mo quer¨ªa ser percibido por los dem¨¢s. Adem¨¢s de los cuadros, hab¨ªa un par de estanter¨ªas que albergaban peque?os trofeos, maquetas de proyectos en los que hab¨ªa trabajado y objetos decorativos que no serv¨ªan m¨¢s que para impresionar a quienes entraban en la oficina. En un rinc¨®n, una planta extra?a, de hojas azuladas y ra¨ªces que flotaban en una burbuja de agua levitante, irradiaba una luz tenue. Era una planta alien¨ªgena, tra¨ªda de alg¨²n planeta lejano, otra muestra de poder y conexiones. Arthur Mendelson, sentado en uno de los dos sillones negros y minimalistas que complementaban el escritorio, encajaba a la perfecci¨®n en ese entorno tan cuidadosamente dise?ado. Era un hombre que rondaba los cincuenta a?os, pero su cuerpo, como el de la mayor¨ªa de los agentes de la fundaci¨®n, estaba en excelente forma f¨ªsica. Su musculatura, tonificada hasta el punto de parecer casi esculpida, destacaba incluso bajo su atuendo formal. Vest¨ªa un traje azul a rayas, cortado a medida, que parec¨ªa fundirse con su figura, acentuando la precisi¨®n y control que emanaba de cada uno de sus movimientos. El traje estaba adornado con peque?os detalles m¨¢s modernos como botones hologr¨¢ficos que serv¨ªan tanto de adorno como de interfaz de comunicaci¨®n, y un brazalete en la mu?eca que brillaba con un tenue resplandor, un dispositivo multifuncional conectado a los sistemas del laboratorio. Su rostro era afilado, con p¨®mulos marcados y una mand¨ªbula firme, lo que le daba un aire de autoridad inquebrantable. Ten¨ªa el cabello oscuro, perfectamente peinado hacia atr¨¢s, con unos pocos cabellos fuera de lugar, y sus ojos, de un azul helado, escrutaban a G¨®mez con la misma frialdad cl¨ªnica que aplicaba en todo lo que hac¨ªa. Aunque su rostro rara vez mostraba emoci¨®n, hab¨ªa una leve tensi¨®n en la manera en que sus labios se curvaban, como si incluso su expresi¨®n facial fuera algo que controlaba deliberadamente.
Tarjeta del personal
Nombre Arthur Mendelson
C¨®digo de Identificaci¨®n 892384
Ocupaci¨®n Jefe de Operaciones
Especializaci¨®n An¨¢lisis Estrat¨¦gico
Ubicaci¨®n Piso 3, Oficina del departamento de seguridad
Rango Eventos de clase D
Love this story? Find the genuine version on the author''s preferred platform and support their work! Pero lo que m¨¢s llamaba la atenci¨®n de la oficina, aparte de la decoraci¨®n as¨¦ptica y las pantallas flotantes que emit¨ªan suaves destellos de informaci¨®n, era una peque?a criatura que se encontraba acurrucada en un rinc¨®n, junto a una especie de almohadilla levitante. La mascota de Mendelson era una criatura alien¨ªgena llamada Silarus, una especie nativa de alg¨²n planeta distante cuya existencia hab¨ªa provocado una revoluci¨®n tecnol¨®gica sin precedentes por parte de la humanidad. Se trataba del primer planeta con vida inteligente descubierto por la raza humana, por tanto, hab¨ªa causado un antes y despu¨¦s en su ¨¦poca. Aunque eso hab¨ªa pasado hace casi un milenio, y en estos tiempos ya se comercializaban las especies de ese planeta distante. Silarus era similar a un zorro de pelaje suave y brillante, de un tono morado iridiscente que cambiaba seg¨²n la luz. Sus grandes ojos rojos y brillantes, llenos de una curiosidad infantil, segu¨ªan cada movimiento de G¨®mez con atenci¨®n. Ten¨ªa una peque?a boca que se curvaba en algo parecido a una sonrisa, y cuando se mov¨ªa, lo hac¨ªa flotando a unos pocos cent¨ªmetros del suelo, emitiendo un leve zumbido. Su cuerpo, redondo y compacto, ten¨ªa peque?os tent¨¢culos que se agitaban suavemente, como si estuvieran explorando el aire a su alrededor. A pesar de su apariencia alien¨ªgena, la criatura exudaba una calma y ternura inesperadas, y era evidente que Mendelson le ten¨ªa un cierto cari?o. La mascota parec¨ªa fuera de lugar en la oficina, al menos para aquellos que se fijaban solo en la est¨¦tica. Pero el verdadero significado iba m¨¢s all¨¢ de lo que pod¨ªa percibirse a simple vista. Coleccionar animales ex¨®ticos era el ¨²nico lujo que Mendelson se permit¨ªa en su vida, un capricho que dejaba entrever algo de su humanidad bajo la r¨ªgida fachada de disciplina y perfeccionismo. Llevar una parte de su ¡°hogar¡± a la oficina no era solo una cuesti¨®n de comodidad, sino una tendencia que se estaba imponiendo en los pisos superiores del laboratorio, algo que reflejaba el estilo de vida de las ¨¦lites de este mundo. Con su mascota presente, Mendelson no solo romp¨ªa la frialdad del entorno, sino que tambi¨¦n transmit¨ªa un mensaje claro: ¨¦l estaba alineado con la visi¨®n del ¡°nuevo orden¡±. Su decisi¨®n de traer a una de sus tantas criaturas al trabajo no era un acto casual, sino una declaraci¨®n de poder y control, una sutil forma de marcar su territorio en el estricto mundo corporativo que reg¨ªa los pisos inferiores del laboratorio. ¡ªSiempre fingiendo¡­ ¡ªPens¨® G¨®mez mientras recorr¨ªa la oficina con la mirada, observando el impecable orden de cada objeto. Era casi irritante c¨®mo todo estaba meticulosamente en su lugar, sin un solo detalle fuera de sitio. Le parec¨ªa una iron¨ªa que Mendelson, un hombre que tanto predicaba sobre el control absoluto y la disciplina, tuviera una criatura tan alegre y despreocupada como Silarus por mascota. El contraste entre la fr¨ªa perfecci¨®n del entorno y la energ¨ªa juguetona del animal resaltaba la dualidad del jefe. G¨®mez record¨® las palabras de Jonathan: ¡°En este laboratorio todo el mundo tiene unos cuantos muertos en el armario¡±. Y eso tambi¨¦n lo inclu¨ªa a ¨¦l. Aunque G¨®mez siempre hab¨ªa sido muy reservado con sus caprichos, ocult¨¢ndolos en el rinc¨®n m¨¢s oscuro de su armario, Mendelson parec¨ªa hacer lo contrario. A pesar de su fachada calculadora y fr¨ªa, era alguien que no pod¨ªa resistir ciertos caprichos infantiles. Su colecci¨®n de ex¨®ticas criaturas no era solo una extravagancia; era una grieta en la armadura de perfecci¨®n que intentaba proyectar. Pocos conoc¨ªan al verdadero Arthur Mendelson, solo aquellos veteranos que hab¨ªan trabajado codo a codo con ¨¦l durante a?os. Para la mayor¨ªa, el jefe era un modelo de perfecci¨®n corporativa, alguien que no se dejaba afectar por nada. Pero G¨®mez conoc¨ªa la otra cara de Mendelson, la que se refugiaba en esos peque?os lujos para aliviar el peso de tanta responsabilidad y presi¨®n. A pesar de todo, Mendelson tambi¨¦n era humano, solo que lo disfrazaba mejor que la mayor¨ªa. Mientras observaba la criatura alien¨ªgena, G¨®mez no pudo evitar sentirse inc¨®modo. No por la presencia del ser, sino por lo que significaba estar en esa oficina, frente a Mendelson, despu¨¦s de todo lo que hab¨ªa pasado. La suspensi¨®n a¨²n le dol¨ªa, y aunque trataba de mantenerse calmado, no pod¨ªa evitar sentir una punzada de traici¨®n. Si bien Mendelson no lo hab¨ªa obligado a realizar el interrogatorio de Thomas Smith, desde la perspectiva de G¨®mez era su ¡°deber¡± como jefe hacer la vista gorda ante los problemas que podr¨ªan surgir por ignorar las tonter¨ªas protocolares. Sin embargo, eso no ocurri¨® y G¨®mez termin¨® pagando el precio. ¡ªSi¨¦ntate, G¨®mez¡ª Dijo Mendelson, su voz tan firme y controlada como siempre. G¨®mez obedeci¨®, pero no pudo evitar sentir que el aire en la oficina se volv¨ªa m¨¢s denso con cada segundo que pasaba. Mendelson lo mir¨® por un momento, y aunque su rostro no lo mostraba, G¨®mez pudo percibir una leve incomodidad en sus ojos. Como si incluso ¨¦l, con todo su autocontrol y profesionalismo, estuviera lidiando con algo que lo superaba. Mendelson apoy¨® los brazos sobre el escritorio y entrelaz¨® las manos, dejando que el silencio llenara el espacio durante unos segundos m¨¢s antes de hablar. G¨®mez lo observaba, tratando de descifrar lo que estaba por venir. Sab¨ªa que esta no era una simple reuni¨®n para informarle sobre su suspensi¨®n; hab¨ªa algo m¨¢s, algo que Mendelson a¨²n no hab¨ªa revelado. ¡°Silarus siempre ha sido un buen oyente¡± Pens¨® G¨®mez con una pizca de sarcasmo, mirando de reojo a la peque?a criatura que ahora lo observaba con curiosidad. Por un momento, dese¨® poder intercambiar lugares con el alien¨ªgena, flotando sin preocupaciones, lejos de la burocracia de la fundaci¨®n. Pero esa no era una opci¨®n, y G¨®mez lo sab¨ªa bien. Mendelson exhal¨® suavemente, dejando que el silencio entre ambos se asentara, como una cortina que separaba la profesionalidad del v¨ªnculo personal que hab¨ªa entre ellos. G¨®mez se mantuvo inm¨®vil en el sill¨®n, observando la postura r¨ªgida de su jefe. Pod¨ªa sentir que lo que estaba a punto de escuchar no iba a ser sencillo. Mendelson, por su parte, parec¨ªa medir cada palabra antes de dejarla salir, consciente de las implicaciones de lo que estaba a punto de decir. ¡ªG¨®mez¡­ ¡ªEmpez¨®, su voz m¨¢s suave de lo habitual¡ª No es que no conf¨ªe en ti, ni que no aprecie tu servicio. Llevas a?os trabajando para este laboratorio, y tus resultados han sido incuestionables en muchos sentidos¡ªHizo una pausa, como si luchara por encontrar la forma adecuada de decir lo que segu¨ªa¡ª Pero los tiempos han cambiado, y con ellos, las prioridades de la fundaci¨®n. G¨®mez sinti¨® un nudo formarse en su est¨®mago. Ya hab¨ªa escuchado variaciones de ese discurso antes, pero el hecho de que viniera de Mendelson, alguien que siempre hab¨ªa respaldado sus m¨¦todos, lo hac¨ªa m¨¢s dif¨ªcil de digerir. Se inclin¨® un poco hacia adelante, tratando de mostrarse calmado, aunque por dentro bull¨ªa de frustraci¨®n. ¡ª?Prioridades? ¡ªRepiti¨®, casi con incredulidad¡ª ?Qu¨¦ prioridades son esas que hacen que suspendan a un agente por hacer su trabajo? Mendelson dej¨® escapar un suspiro y se inclin¨® hacia atr¨¢s en su sill¨®n, frot¨¢ndose el puente de la nariz. Silarus emiti¨® un suave zumbido, como si sintiera la tensi¨®n en la sala. ¡ªNo me malinterpretes ¡ªRespondi¨® Mendelson¡ª S¨¦ que lo que hiciste en ese interrogatorio fue, desde tu perspectiva, necesario. Y cr¨¦eme, entiendo la presi¨®n. Thomas Smith promet¨ªa tener informaci¨®n que val¨ªa el presupuesto de una d¨¦cada de trabajo del laboratorio 32, es comprensible tratar de extraer esa informaci¨®n con un interrogatorio y lo que ocurri¨® no es algo que cualquiera pueda manejar. Pero¡­ ¡ªHizo una pausa, levantando una mano para detener la inminente respuesta de G¨®mez¡ª Ya no estamos en la ¨¦poca en la que esos m¨¦todos son aceptables. El Observador (6) G¨®mez frunci¨® el ce?o. ?M¨¦todos aceptables? ?Desde cu¨¢ndo resolver los casos y revelar secretos hab¨ªa dejado de ser el objetivo principal de la fundaci¨®n? Record¨® todos los casos que hab¨ªa cerrado, todos los momentos en los que la eficiencia y la rapidez hab¨ªan sido valoradas por encima de las normas burocr¨¢ticas. Se hab¨ªa saltado reglas, s¨ª, pero siempre hab¨ªa sido por el bien mayor, o al menos, as¨ª lo ve¨ªa ¨¦l. ¡ªMira, G¨®mez ¡ªContinu¨® Mendelson, notando la tensi¨®n en el rostro de su agente¡ª Este no es el mismo lugar donde empezamos como reclutas. Antes, la fundaci¨®n operaba en las sombras, luchando contra lo que el p¨²blico jam¨¢s deb¨ªa conocer. Ten¨ªamos carta blanca para hacer lo que fuera necesario. Pero ahora somos una instituci¨®n p¨²blica. El mundo sabe que existimos, sabe lo que hacemos, sabe lo que pensamos, sabe lo que decimos y eso significa que ya no podemos operar de la misma manera. Estamos bajo un escrutinio constante por parte de una ¨¦lite exigente, una ciudadan¨ªa inconsistente y una prensa morbosa. Cada acci¨®n que tomamos es analizada, evaluada, estudiada, comparada y condenada si no encaja con los est¨¢ndares actuales. ¡ª??Est¨¢ndares?! ¡ªG¨®mez casi escupi¨® la palabra¡ª ?Quieres decir que ahora el criterio que define nuestro buen actuar es no molestar a los pol¨ªticos o mantenerse lejos de la mirada de los medios, m¨¢s que resolver lo que est¨¢ realmente ocurriendo ah¨ª fuera? Mendelson neg¨® con la cabeza, aunque sus ojos revelaban que parte de ¨¦l compart¨ªa la frustraci¨®n de G¨®mez. ¡ªNo se trata solamente de pol¨ªtica, aunque s¨ª, claro que eso juega un papel no menor en esta fundaci¨®n, puesto que la misma siempre ha representado los intereses de la ¨¦lite de nuestra sociedad, por tanto, una de nuestras tantas prioridades siempre fue contentar a los pol¨ªticos de turno ¡ªLevant¨® un dedo, como si quisiera subrayar su punto¡ª Pero estos pol¨ªticos son reflejo de la sociedad y la sociedad ha cambiado. Estamos en una ¨¦poca donde el hedonismo, el exceso, la liberaci¨®n y la transparencia son las banderas que la gente espera que levantemos. Ya no somos un pu?ado de veteranos duros dispuestos a hacer lo que sea necesario. Ahora somos¡­ ¡ªBusc¨® la palabra adecuada¡ª Exploradores, en lugar de soldados. Investigadores, en lugar de detectives. G¨®mez permaneci¨® en silencio, masticando las palabras de su jefe. Sab¨ªa que lo que dec¨ªa ten¨ªa un punto de verdad. Durante los ¨²ltimos a?os, la fundaci¨®n hab¨ªa mutado. Lo hab¨ªa notado en los nuevos reclutas, en sus m¨¦todos, en su forma de trabajar. Ya no eran los tipos endurecidos por las luchas secretas y las operaciones clandestinas. Ahora los reci¨¦n llegados eran m¨¢s cautelosos, m¨¢s burocr¨¢ticos, preocupados por la ¡°moralidad¡± de sus acciones. Mostraban resultados m¨¢s acordes con lo que el mundo esperaba de una organizaci¨®n p¨²blica, pero para G¨®mez, todo eso sonaba vac¨ªo frente a los resultados. ¡ªLos veteranos como t¨², G¨®mez¡­ ¡ªMendelson hizo una pausa, como si le costara pronunciar lo que ven¨ªa¡ª Ya no encajan en esta nueva sociedad. No es solo una cuesti¨®n de tus m¨¦todos, que, aunque eficientes, nos han tra¨ªdo m¨¢s problemas legales de los que puedo contar. Tambi¨¦n est¨¢n los sobornos, chantajes, justicia por mano propia, operaciones turbias¡­ ¡ªSacudi¨® la cabeza¡ª Nos pasamos m¨¢s tiempo gastando el presupuesto en lidiar con las consecuencias de tus ¨¦xitos que en celebrar los mismos. Y eso, en esta era, ya no es sostenible. G¨®mez apret¨® los pu?os, sintiendo la traici¨®n arder en su interior. Sab¨ªa que hab¨ªa cruzado l¨ªneas antes, pero siempre lo hab¨ªa hecho por el bien mayor, por resolver los casos, por salvar vidas. Y ahora, ese mismo celo, esa misma dedicaci¨®n, se estaba volviendo en su contra. ¡ª?Y los novatos? ¡ªPregunt¨® G¨®mez con su voz baja, pero cargada de resentimiento¡ª ?Quieres decirme que ellos lo est¨¢n haciendo mejor que yo? Que con su ¡°moralidad¡± y su apego a las normas est¨¢n logrando m¨¢s que nosotros, los veteranos, que fuimos los que construimos la fama de este laboratorio con nuestras propias l¨¢grimas, sudor y sangre. Mendelson lo mir¨® fijamente, y por un momento, G¨®mez vio un destello de compasi¨®n en sus ojos. ¡ªNo es que lo est¨¦n haciendo mejor, G¨®mez ¡ªHizo una pausa¡ª Simplemente est¨¢n haciendo lo que se espera de ellos. Y eso, en estos tiempos, es suficiente. Adem¨¢s¡­ ¡ªSe inclin¨® hacia adelante, apoyando las manos en el escritorio¡ªNo es solo una cuesti¨®n de tus cuestionables m¨¦todos. El presupuesto para mantener a agentes veteranos como t¨² es insostenible. Los novatos cuestan menos, son m¨¢s f¨¢ciles de manejar, y, en ¨²ltima instancia, son el futuro de esta fundaci¨®n. G¨®mez sinti¨® c¨®mo su est¨®mago se retorc¨ªa. No pod¨ªa negar que el costo de mantenerlo a ¨¦l y a los suyos era mucho m¨¢s alto que lo destinado a los nuevos reclutas. ¡ªMira, G¨®mez¡­ ¡ªMendelson adopt¨® un tono m¨¢s suave¡ª Te respeto, m¨¢s de lo que piensas. Pero tarde o temprano, la fundaci¨®n iba a desprenderse de los veteranos. Las demandas legales, la presi¨®n p¨²blica, los recortes de presupuesto, todo apunta a una sola direcci¨®n. Y no eres el ¨²nico. Eventualmente, todos los que sirvieron durante la dictadura militar ser¨¢n retirados. Tu mentalidad, la forma en que ves el mundo, ya no encaja con esta era. G¨®mez sinti¨® una punzada de dolor. Hab¨ªa dado todo por la fundaci¨®n, y ahora se lo estaban cobrando de la peor manera. Para G¨®mez, cada frase era como una estocada lenta y precisa, abriendo viejas heridas y sembrando nuevas dudas. Lo que alguna vez hab¨ªa sido un basti¨®n de camarader¨ªa y prop¨®sito, ahora se sent¨ªa como una fr¨ªa m¨¢quina burocr¨¢tica que lo masticaba y escup¨ªa cuando ya no era ¨²til. ¡ªNo encajo¡­ ¡ªG¨®mez repiti¨® en voz baja, como si esas palabras fueran dif¨ªciles de procesar. Levant¨® la vista y mir¨® directamente a Mendelson¡ª ?Qu¨¦ me est¨¢s diciendo? ?Que todo lo que hice, todo lo que sacrificamos, no tiene valor alguno ahora? ?Tambi¨¦n le dir¨ªas eso a nuestros compa?eros que dieron su vida por defender nuestro mundo de lo paranormal? Mendelson suspir¨® pesadamente, entrelazando los dedos frente a ¨¦l. La luz blanca y fr¨ªa del panel hologr¨¢fico sobre el escritorio hac¨ªa que su rostro se viera a¨²n m¨¢s severo, casi inhumano. Ensure your favorite authors get the support they deserve. Read this novel on Royal Road. ¡ªNo es que no tenga valor ¡ªRespondi¨® con tono moderado¡ª Pero el mundo cambi¨®, y con ¨¦l, la fundaci¨®n. Lo que hiciste antes, tu modo de operar, funcionaba en otro contexto, en otra ¨¦poca. Pero la realidad de ahora es distinta. Ya no se trata solo de cazar monstruos en la oscuridad, sino de entenderlos, de integrarlos en el marco legal de lo que es aceptable, de explotarlos econ¨®micamente y de abusar de ellos para satisfacer los fetiches de la ¨¦lite de nuestra sociedad. ¡ª?Aceptable? ¡ªG¨®mez apenas pod¨ªa contener su incredulidad¡ª ?Est¨¢s hablando de lo paranormal como si fuera un mal menor que simplemente hay que integrar en nuestro mundo? Mendelson lo mir¨® fijamente, sin inmutarse ante la evidente frustraci¨®n del agente. Sab¨ªa que G¨®mez no lo ver¨ªa de otra manera, que para ¨¦l el deber siempre hab¨ªa sido blanco o negro, vida o muerte, una guerra que no permit¨ªa zonas grises. Pero ese mundo, el de los agentes veteranos forjados por la violencia social de la dictadura militar y las sombras de la clandestinidad, ya no exist¨ªa. ¡ªEscucha, G¨®mez, no lo digo porque crea que tus esfuerzos fueron en vano ¡ªContinu¨® Mendelson¡ª Al contrario, la fundaci¨®n nunca habr¨ªa llegado a donde est¨¢ hoy sin hombres como t¨². Pero si sigues insistiendo en que las cosas deben ser como antes, te estar¨¢s aferrando a algo que ya no existe. ?De qu¨¦ te sirve luchar contra una realidad que ya cambi¨®? Nadie puede detener el mundo, as¨ª que mejor gira con ¨¦l. El ambiente de la sala permanec¨ªa en un tenso silencio mientras G¨®mez diger¨ªa las palabras de Mendelson. Silarus flotaba a un lado, movi¨¦ndose perezosamente en el aire, observando con sus grandes ojos curiosos. Aunque su apariencia fr¨¢gil contrastaba con el ambiente austero de la oficina, su sola presencia representaba el cambio profundo que hab¨ªa sacudido la fundaci¨®n en los ¨²ltimos a?os. No solo por la naturaleza ex¨®tica de su existencia, sino por lo que simbolizaba: El dominio sobre la naturaleza y el aprovechamiento de ella. ¡ªLa fundaci¨®n ya no es lo que era ¡ªDijo Mendelson, rompiendo el silencio. Su voz era serena, pero cargada de una verdad que G¨®mez odiaba escuchar¡ª Ya no es un campo de batalla donde solo sobreviven los m¨¢s fuertes. Ya no estamos solos en esto. El gobierno, las organizaciones privadas y las multinacionales se han sumado a la causa. Ya no somos una entidad que opera en la oscuridad, ahora somos parte de un ecosistema que estudia lo paranormal, y el ¨¦xito ya no se mide solo por la eficiencia de nuestra instituci¨®n. G¨®mez frunci¨® el ce?o, incapaz de ocultar su desagrado. Para ¨¦l, todo aquello sonaba como una justificaci¨®n barata para la ineficacia y la complacencia de estos tiempos. ¡ª?Y qu¨¦ se supone que signifique eso? ¡ªPregunt¨®, con un tono ¨¢spero¡ª ?Qu¨¦ ahora lo m¨¢s importante es complacer a la gente, a la ¨¦lite? ?Qu¨¦ el objetivo ya no es proteger al mundo de las amenazas, sino asegurarnos de que todos se sientan bien consigo mismos mientras trabajan en comprender lo paranormal? ¡ªEso es exactamente lo que significa ¡ªRespondi¨® Mendelson sin rodeos¡ª La fundaci¨®n ya no se enfoca en las mismas prioridades que antes. Hoy en d¨ªa, lo importante es mantener felices a nuestros empleados, satisfacer los caprichos de los nuevos reclutas, que son parte de una ¨¦lite social que espera resultados, pero m¨¢s a¨²n, espera cumplir sus sue?os. La fundaci¨®n ya no es un campo de batalla, G¨®mez. Ahora es un lugar donde la gente viene a explorar el otro mundo, a aprender, a vivir experiencias emocionantes, no a sacrificarse por una causa mayor. ¡ªT¨² me est¨¢s diciendo que los novatos ?Vienen aqu¨ª a jugar, Arthur? ¡ªPregunt¨® G¨®mez, intentando mantener la compostura ¡ª Porque eso es lo que parece. Mendelson apoy¨® los codos sobre el escritorio y entrelaz¨® los dedos, su rostro permanec¨ªa sereno, pero hab¨ªa un dejo de cansancio en sus ojos. ¡ªLos j¨®venes de hoy ya no vienen aqu¨ª con la misma mentalidad que t¨² o yo ten¨ªamos en su momento. No est¨¢n dispuestos a dar su vida por la humanidad. No est¨¢n dispuestos a soportar maltratos, humillaciones, ni a vivir en un ambiente laboral t¨®xico como lo hicimos nosotros. Para ellos, esto no es un sacrificio, sino una oportunidad para cumplir sus fantas¨ªas. Vienen aqu¨ª buscando algo m¨¢s que el honor y gloria de la raza humana, y nosotros tenemos que adaptarnos a eso. No los puedes culpar por querer m¨¢s que un trabajo agotador y peligroso. G¨®mez record¨® los d¨ªas de su juventud, cuando los novatos como ¨¦l llegaban a la fundaci¨®n llenos de adrenalina y temor. Era una prueba de fuego, donde los m¨¢s fuertes se quedaban y los d¨¦biles se iban en bolsas para cad¨¢veres. Las ¨®rdenes eran claras, y aunque hab¨ªa una sensaci¨®n constante de peligro, eso mismo era lo que los un¨ªa. Las luchas internas, las peleas, las venganzas entre compa?eros que compet¨ªan por demostrar su val¨ªa. Todo eso era parte del sistema, una tradici¨®n no escrita. Era cruel, s¨ª, pero en cierto modo, efectivo. Eso forjaba agentes capaces de enfrentar lo peor del otro mundo. ¡ªLos abusos, las prepotencias, las peleas, todo eso qued¨® en un pasado que nadie mira con buenos ojos¡ªDijo Mendelson, como si leyera los pensamientos de G¨®mez¡ªYa no es necesario crear un ambiente donde solo los m¨¢s duros sobreviven. Hoy se busca que todos est¨¦n c¨®modos, que sientan que su trabajo es la forma de satisfacer sus deseos. Que lo disfruten. No podemos permitirnos seguir con esa mentalidad de guerra constante, porque lo que hacemos ahora es m¨¢s diplom¨¢tico. No todo se trata de pelear contra monstruos, sino de lograr el apoyo de una ¨¦lite social interesada por nuestro trabajo y patentes. Y para eso no hay que matar criaturas paranormales, hay que comprender y explotarlas econ¨®micamente. ¡ª?¡°Hay que comprender y explotarlos econ¨®micamente¡±? ¡ªG¨®mez¡ª No me jodas. Los monstruos son monstruos, no hay nada que entender m¨¢s que como matarlos y sacarlos a patadas de nuestra realidad. ¡ªEse es tu problema, G¨®mez ¡ªMendelson lo mir¨® directamente a los ojos¡ª Sigues viendo esto como una guerra. Pero la fundaci¨®n ya no es una fuerza militar encubierta. Ahora somos una instituci¨®n p¨²blica que se dedica a la investigaci¨®n de lo paranormal, y eso significa que tenemos que jugar bajo nuevas reglas. No podemos permitir que la eficiencia sea lo ¨²nico que importe. La colaboraci¨®n entre instituciones es clave, y si no somos lo suficientemente fuertes o r¨¢pidos, entonces otros lo ser¨¢n. Porque ya no estamos solos en esto. Deja que el gobierno y otras compa?¨ªas privadas se encarguen de matar a los monstruos, nosotros ya no estamos para derrochar recursos en ese campo. ¡ª?De verdad conf¨ªas en que ellos har¨¢n lo correcto? ¡ªPregunt¨® G¨®mez, con la voz baja pero cargada de resentimiento¡ª ?Realmente conf¨ªas en las empresas privadas? ?En las corporaciones? ?En el gobierno? ?Acaso no est¨¢n todos metidos hasta el cuello en la corrupci¨®n? Solo hace falta una sola criatura que aprenda como sobornarlos, y todo el sistema de defensa de la humanidad se derrumba, Arthur. Mendelson suspir¨® profundamente. ¡ªNo seas extremista, G¨®mez. Lo que planteas es imposible. La corrupci¨®n ha existido siempre, y siempre existir¨¢, eso lo sabes. A pesar de eso, la humanidad ha progresado. Puede que no te guste el nuevo sistema, pero no tienes m¨¢s opci¨®n que aceptarlo. La fundaci¨®n ya no puede sostenerse sola como lo hac¨ªa antes. Dependemos de la colaboraci¨®n con otras organizaciones, empresas, y el gobierno. S¨ª, algunas de estas entidades tienen sus propios intereses y los mismos no son muy ¡°nobles¡± que digamos, pero es parte del juego. Si no jugamos, nos quedamos fuera, y eso no es una opci¨®n. El Observador (7) Con el ce?o fruncido y los ojos llenos de convicci¨®n, G¨®mez se inclin¨® hacia adelante, plantando ambos codos sobre la mesa mientras su mirada se clavaba en la de Mendelson. No era simplemente la rabia lo que lo mov¨ªa, sino una profunda creencia que hab¨ªa sido parte de su vida desde el primer d¨ªa que entr¨® en la fundaci¨®n. ¡ªEscucha bien, Mendelson: ?La fundaci¨®n nunca ser¨¢ una corporaci¨®n! ¡ªDijo G¨®mez, su voz firme y cargada de determinaci¨®n¡ªNo hemos sobrevivido hasta ahora enfrentando lo desconocido simplemente porque somos los reclutas que seguimos el protocolo. ?Eso es mierda burocr¨¢tica! Lo que hace que la fundaci¨®n sea lo que es hoy en d¨ªa, lo que nos ha permitido vencer a lo paranormal hasta estos tiempos, es que nuestra causa est¨¢ arraigada en algo m¨¢s grande. Nuestra lucha es por el honor, es por la gloria, es por algo que trasciende cualquier tipo de motivaci¨®n superficial. No estamos aqu¨ª por el dinero ni por el poder. Eso no deber¨ªa ser lo que impulse a ning¨²n miembro de esta fundaci¨®n. Ni mucho menos lo que impulse a la fundaci¨®n misma. Hizo una pausa, dejando que sus palabras calaran en el aire antes de continuar, su tono cada vez m¨¢s intenso. ¡ªNosotros no le vendimos nuestro tiempo a la fundaci¨®n a cambio de idioteces. Le entregamos nuestro esp¨ªritu, nuestra sangre y nuestra vida porque creemos en lo que hacemos en este laboratorio. Esto es m¨¢s que un trabajo. Se trata de algo sagrado, algo que no puedes medir en t¨¦rminos de beneficio corporativo o indicadores burocr¨¢ticos. Aqu¨ª uno dona su trabajo, su tiempo y su vida. Porque enfrentamos cosas que ning¨²n otro ser humano deber¨ªa enfrentar, y lo hacemos no por dinero, sino porque es lo correcto, porque es una causa por la que vale la pena morir. Sus palabras resonaban en la oficina, como si el eco de su fervor rebotara en las paredes. ¡ªLos que vienen aqu¨ª buscando poder, prestigio o una oportunidad para cumplir sus fantas¨ªas no deber¨ªan tener un lugar entre nosotros. ?Esto no es un juego! Es una batalla continua, una lucha que pocos entienden, pero que todos deber¨ªan respetar. Y cualquiera que olvide eso, cualquiera que piense que puede tratar lo paranormal como una simple mercanc¨ªa o una forma de entretenimiento, est¨¢ condenando al olvido la misi¨®n misma que dio origen a la fundaci¨®n. G¨®mez se recost¨® en su silla, su pecho subiendo y bajando de manera pesada, agotado por la intensidad de sus propias palabras. Sab¨ªa que su visi¨®n del mundo estaba en peligro de extinci¨®n, pero tambi¨¦n sab¨ªa que alguien ten¨ªa que defenderla, aunque fuera hasta el ¨²ltimo aliento. ¡ªLa fundaci¨®n no es lo que es por haber sido rentable en el pasado ¡ªConcluy¨® G¨®mez, su tono m¨¢s calmado, pero no menos firme¡ª Es lo que es por aquellos que la han defendido, por esas personas que cre¨ªan que hab¨ªa algo m¨¢s grande en juego. Algo por lo que val¨ªa la pena luchar, incluso si eso significaba sacrificarlo todo. Silarus flotaba en silencio, su mirada fija en G¨®mez. Parec¨ªa entender, en alg¨²n nivel profundo, la frustraci¨®n del agente, pero tambi¨¦n estaba ajeno a la complejidad de los problemas humanos. Para ¨¦l, este mundo no era m¨¢s que una curiosidad. Pero para G¨®mez ese discurso era su vida. ¡ªComprendo y valoro tus ideales, G¨®mez ¡ªDijo Mendelson, su tono m¨¢s suave y pol¨ªtico¡ª Pero los j¨®venes de hoy no est¨¢n dispuestos a sacrificarse por una causa mayor, s¨ª lo est¨¢n por sus propios sue?os. Y la fundaci¨®n les ofrece una plataforma para cumplir esos sue?os. Si bien no somos la misma organizaci¨®n que alguna vez fuimos, darle a la juventud las herramientas para cumplir sus sue?os es una causa muy noble. Eso es algo que tienes que aceptar, G¨®mez. G¨®mez se qued¨® en silencio, su mirada fija en Silarus. Por primera vez en su vida, se sinti¨® realmente perdido, como si el mundo que hab¨ªa conocido y defendido durante tantos a?os ya no tuviera un lugar para ¨¦l. Se reclin¨® en el sill¨®n, cruzando los brazos sobre su pecho mientras sent¨ªa c¨®mo el calor sub¨ªa por su cuello. Quer¨ªa replicar, gritar, decirle a Mendelson que se equivocaba, que las amenazas eran reales, que el peligro no se deten¨ªa por un marco legal o por la opini¨®n p¨²blica. Pero algo dentro de ¨¦l lo fren¨®. Una parte de ¨¦l, por m¨¢s peque?a que fuera, sab¨ªa que Mendelson ten¨ªa algo de raz¨®n. Y eso era lo que m¨¢s dol¨ªa. Mendelson hizo una pausa, inclin¨¢ndose ligeramente hacia atr¨¢s en su silla y exhalando, como si tratara de aligerar la tensi¨®n que hab¨ªa crecido en la sala. Sab¨ªa que esta discusi¨®n se estaba tornando en una batalla contra los ideales G¨®mez, una lucha de principios que no se iba a ganar de ninguna forma. Pero hab¨ªa algo que s¨ª pod¨ªa usar para hacer entrar al agente en raz¨®n: el fr¨ªo y crudo argumento del dinero. ¡ªY ni hablemos de los presupuestos¡­ ¡ªRecord¨® Mendelson con un tono m¨¢s relajado, casi como si intentara desviar la conversaci¨®n hacia un territorio menos emocional¡ª Mira, no quiero que pienses que esto es algo personal, G¨®mez. De verdad, no lo es ¡ªEntrelaz¨® los dedos frente a ¨¦l, adoptando una postura m¨¢s conciliadora¡ª Como te dije, la fundaci¨®n ha cambiado. Nuestro enfoque ya no es tanto la lucha como lo era antes. Ahora nos centramos en la investigaci¨®n, en la exploraci¨®n, en desentra?ar los misterios de lo paranormal, no en eliminar amenazas de manera directa. Hizo una breve pausa, observando cuidadosamente las reacciones de G¨®mez, tratando de medir c¨®mo sus palabras afectaban al agente. Reading on Amazon or a pirate site? This novel is from Royal Road. Support the author by reading it there. ¡ªEso significa que nuestra ¨¢rea de trabajo ha perdido una porci¨®n considerable de su presupuesto. Y eso, lamentablemente, me lleva a decisiones dif¨ªciles. El coste de mantener agentes veteranos como t¨² es francamente algo que ya no puedo justificar en estos tiempos. No es que no te quiera en el equipo, G¨®mez. T¨² has sido una parte invaluable de este lugar durante muchos a?os y eres un grandioso agente. ¡ªPero el problema est¨¢ en que el costo de mantenerte es insostenible ¡ªContinu¨® Mendelson, inclin¨¢ndose ligeramente hacia adelante, como si tratara de transmitir una especie de empat¨ªa forzada¡ª Suspenderte no fue una decisi¨®n f¨¢cil. Pero fue una medida necesaria para mejorar los recursos que tengo a mi disposici¨®n para los nuevos agentes. Fue un sacrificio dif¨ªcil, te lo aseguro, pero absolutamente necesario para proteger el futuro de esos j¨®venes. Mendelson hizo una pausa m¨¢s larga esta vez, como si buscara validar sus palabras a trav¨¦s del silencio. Parec¨ªa querer transmitir que hab¨ªa sufrido por tomar esa decisi¨®n, aunque su expresi¨®n, calculada y fr¨ªa, no reflejaba el m¨¢s m¨ªnimo atisbo de verdadera incomodidad. Arthur Mendelson era un agente veterano y tambi¨¦n un excelente mentiroso. G¨®mez lo sab¨ªa, pero prefer¨ªa aceptar esta mentira y no vivir con el sentimiento de ser apu?alado por un ¡°hermano¡± de sangre y guerra. ¡ªEntiendo lo que este lugar representa para ti y valoro lo que has hecho por nosotros, pero el mundo ha cambiado¡­¡ªContinu¨® Mendelson, buscando neutralizar la confrontaci¨®n y convertir el asunto en una cuesti¨®n de simple pragmatismo¡ª Lo que hicimos en el pasado, los m¨¦todos que us¨¢bamos funcionaron, claro. Pero ya no vivimos en ese tiempo. Los nuevos agentes vienen mejor preparados, m¨¢s alineados con lo que la fundaci¨®n necesita ahora. Y s¨ª, es cierto, no tienen la experiencia que t¨² tienes, pero ya no operamos como antes. Mendelson se recost¨®, como si quisiera que G¨®mez absorbiera la verdad cruda detr¨¢s de su discurso. Sab¨ªa que no hab¨ªa una forma f¨¢cil de decir lo que ten¨ªa que decir, pero al menos pod¨ªa intentar presentarlo de manera racional, casi como un mal necesario. ¡ªEl enfoque de la fundaci¨®n ya no es solo detener lo paranormal, sino entenderlo, integrarlo en el tejido de la sociedad. Ya no estamos solos en esto, G¨®mez. Ahora el gobierno, las organizaciones privadas, incluso corporaciones multinacionales, est¨¢n metidas en la misma lucha. No necesitamos ser los mejores o los m¨¢s eficientes en cada ¨¢rea porque ahora hay colaboraci¨®n mutua. Lo que no cubrimos nosotros, lo cubren ellos. Lo que importa es que todos, desde los agentes hasta los que financian nuestras operaciones, est¨¦n satisfechos con su parte en este ecosistema. El tono de Mendelson se volvi¨® casi filos¨®fico, como si estuviera compartiendo una nueva visi¨®n del mundo, una que claramente no compart¨ªa con el viejo sistema del que G¨®mez proven¨ªa. ¡ªHoy, lo que prima es complacer. Complacer a la ¨¦lite que financia nuestras investigaciones y de la cual formamos parte, complacer a los trabajadores que sienten que forman parte de algo grande, algo emocionante ¡ªLevant¨® una mano, haciendo un gesto hacia el aire que impidi¨® que Gomez lo interrumpiera¡ª Ya no se trata de sacrificio ni de hero¨ªsmo. La gente joven que viene aqu¨ª lo hace para cumplir sus sue?os, no para entregarse a una causa. No est¨¢n dispuestos a sacrificarse por una misi¨®n, pero s¨ª lo est¨¢n para alcanzar sus aspiraciones personales. Y eso, G¨®mez, es algo que los veteranos hemos tenido que aceptar. Por mucho que a nosotros dos no nos agrade este nuevo enfoque, tenemos que hacer lo que la fundaci¨®n espera de nosotros de la mejor forma que podamos hacerlo. Mendelson le lanz¨® una mirada r¨¢pida a la mascota antes de volver a enfocarse en G¨®mez, quien ahora ten¨ªa la mand¨ªbula apretada, resistiendo cada palabra que su superior dec¨ªa. La aceptaci¨®n de la tragedia, mezclada con la traici¨®n, herv¨ªa en su interior. Pero Mendelson continu¨®, impasible, seguro de su razonamiento. ¡ªA largo plazo, seguir operando bajo el viejo paradigma de miedo y sacrificio es el fin de esta fundaci¨®n, G¨®mez. Los chicos de hoy ya no van a aceptar eso, no van a trabajar en condiciones que los empujen al borde del suicidio por algo que no les da nada a cambio. Lo que esperan encontrarse en este laboratorio es un lugar de trabajo donde ellos puedan explorar, entender y disfrutar del misterio que rodea lo paranormal. Si para lograr ese clima de trabajo es necesario dejar de lado a los veteranos que ven esto como una guerra, bueno, es el precio a pagar por adaptarse a los nuevos tiempos. Mendelson baj¨® el tono de voz, tratando de hacer que sus palabras parecieran m¨¢s comprensivas, como si estuviera hablando con un viejo amigo en lugar de un subordinado al que estaba ¡°expulsando¡± del sistema. ¡ªNo puedes culpar a estos chicos por querer algo diferente. Ellos son parte de una generaci¨®n que tiene opciones, muchas m¨¢s opciones que la que tuvimos t¨² y yo cuando comenzamos como reclutas en este laboratorio. Si quieren trabajar en lo paranormal tienen ciento de lugares donde elegir. Eso significa que la fundaci¨®n tiene que competir por su atenci¨®n. Mendelson se inclin¨® hacia adelante ligeramente, buscando transmitir empat¨ªa, pero sin perder de vista el punto central. ¡ªEs natural que ante este nuevo paradigma todo el sistema haya cambiado para satisfacer sus caprichos. Era adaptarse al cambio o cerrar todas las instalaciones de la fundaci¨®n. Ya no estamos en un tiempo donde se pide sacrificio a cambio de gloria. Ahora, se trata de atraer a esos j¨®venes brillantes con lo que ellos quieren: oportunidades, satisfacci¨®n personal, y, s¨ª, un poco de diversi¨®n. ¡ª?Y qu¨¦ se supone que haga ahora, Arthur? ¡ªPregunt¨® G¨®mez, su voz llena de una amargura que ya no se molestaba en ocultar¡ª ?Me retiro? ?Me siento a esperar a que los nuevos reclutas se encarguen del trabajo que nosotros comenzamos, aunque sepa que fracasaran miserablemente en el intento? Mendelson mantuvo su mirada, y aunque su expresi¨®n segu¨ªa siendo severa, hab¨ªa un rastro de empat¨ªa en sus ojos. ¡ªNo estoy diciendo que te retires, G¨®mez. Pero tu suspensi¨®n no es solo un castigo, es una oportunidad para que reconsideres tu papel en todo esto. La fundaci¨®n est¨¢ cambiando, y t¨² tienes dos opciones: o te adaptas a ese cambio, o te apartas del camino. El Observador (8) G¨®mez sinti¨® que esas palabras golpeaban m¨¢s fuerte que cualquier reprimenda o castigo. Adaptarse o apartarse. Era una elecci¨®n que jam¨¢s hab¨ªa pensado tener que hacer. Para ¨¦l, la fundaci¨®n siempre hab¨ªa sido su hogar, su vida. No se ve¨ªa en otro lugar, y mucho menos siguiendo otro camino. ¡ªY s¨¦ que te sientes traicionado, viejo amigo ¡ªA?adi¨® Mendelson, casi como si leyera los pensamientos del agente¡ª S¨¦ que piensas que te estoy abandonando. Pero cr¨¦eme cuando te digo que esto no es algo que desee hacer. He luchado por mantener a cada uno de los veteranos aqu¨ª el mayor tiempo posible, pero hay presiones m¨¢s grandes de las que yo pueda contener. La fundaci¨®n est¨¢ bajo una nueva direcci¨®n, y ellos ven el futuro de una manera muy distinta a como lo ve¨ªamos nosotros. G¨®mez mir¨® al suelo, sus pensamientos enredados en la mara?a de emociones que sent¨ªa. ?Qu¨¦ significaba todo esto? ?Ya no hab¨ªa lugar para ¨¦l en la Fundaci¨®n? ?Los a?os que hab¨ªa dedicado, las veces que hab¨ªa puesto su vida en la l¨ªnea, ya no importaban? Se sent¨ªa como un soldado al que se le hab¨ªa quitado su espada y se le hab¨ªa pedido que tomara una pala en su lugar. ¡ªLos nuevos reclutas¡­ ¡ªMurmur¨® G¨®mez, su tono cargado de desd¨¦n¡ª No saben lo que hacen. Siguen las reglas, claro, pero no tienen idea de lo que realmente est¨¢ en juego. Mendelson asinti¨®, pero no compart¨ªa el resentimiento de G¨®mez. ¡ªTal vez no lo sepan a¨²n. Pero lo aprender¨¢n. Como nosotros lo hicimos. Cada generaci¨®n tiene su forma de enfrentar las cosas, y ellos encontrar¨¢n la suya. Y no me malinterpretes, no estoy diciendo que sus m¨¦todos sean mejores o peores que los nuestros, solo son diferentes. ¡ªEntonces, ?por qu¨¦ me llamaste a tu oficina? ?Para darme este discurso? ¡ªPregunt¨® G¨®mez secamente, su voz apagada por todo lo que hab¨ªa tenido que escuchar. Mendelson se recost¨® en su asiento, como si el peso de la conversaci¨®n tambi¨¦n le afectara. ¡ªQuer¨ªa invitarte a que pienses, G¨®mez. Que uses estos ocho meses de suspensi¨®n para reflexionar sobre lo que realmente quieres hacer con tu vida. Si decides volver, tendr¨¢s que adaptarte a los nuevos tiempos. A las nuevas reglas. Pero si decides que no es para ti, entonces tal vez sea hora de buscar otro camino. G¨®mez sinti¨® que las palabras se quedaban flotando en el aire, como una sentencia. ¡ªNo es una decisi¨®n que debas tomar hoy ¡ªDijo Mendelson suavemente¡ª Pero es una decisi¨®n que tendr¨¢s que tomar en estos ocho meses. G¨®mez se qued¨® en silencio, dejando que las palabras de Mendelson se perdieran en la sala como un eco lejano. La realidad de su situaci¨®n, tan dura como inevitable, segu¨ªa retumbando en su mente. El sentimiento de derrota se estaba transformando en una amarga aceptaci¨®n. ¡ªArthur¡­¡ªComenz¨® G¨®mez con un tono medido, intentando ocultar la tensi¨®n que sent¨ªa¡ª Acepto que esto es parte de un proceso inevitable. La fundaci¨®n est¨¢ evolucionando, y yo no encajo en su lucha por adaptarse a los nuevos tiempos. Se detuvo un momento, buscando las palabras correctas para hacer el siguiente giro en la conversaci¨®n, sin delatar la obviedad de sus intenciones. ¡ªPero antes de irme, me gustar¨ªa despedirme de todos los veteranos. Al menos de los que pasen por el laboratorio hoy. No vi a Parker ni a Kr¨¹ger en la sala de control, y dado que no los ver¨¦ en muchos meses, me gustar¨ªa hablar con ellos un momento. Ellos han sido buenos compa?eros y creo que merezco una buena despedida por parte del equipo. Mendelson, que hab¨ªa estado observando a Silarus con la misma atenci¨®n distra¨ªda que uno pone en una mascota para evitar miradas inc¨®modas, de repente endureci¨® el rostro. Los movimientos lentos y r¨ªtmicos de la criatura contrastaban con la s¨²bita tensi¨®n que invadi¨® a su due?o. Mendelson apart¨® la vista de su mascota y cruz¨® los brazos sobre el pecho, como si buscara una forma de protegerse de la conversaci¨®n que se avecinaba. ¡ªLamentablemente, Kr¨¹ger est¨¢ de vacaciones, por lo que no podr¨¢s despedirte personalmente. Se fue a Marte con su familia para celebrar el cumplea?os de su tatarabuelo. No volver¨¢ hasta dentro de unas semanas. Mientras que Parker¡­ G¨®mez not¨® el cambio. La leve incomodidad en el ambiente que hab¨ªa sentido cuando entr¨® en la oficina, ahora parec¨ªa haberse transformado en una pared de hielo invisible entre ellos. Su intuici¨®n, afilada por a?os de trabajo, le dec¨ªa que algo no estaba bien. ¡ª?Qu¨¦ pasa? ¡ªPregunt¨® G¨®mez, frunciendo el ce?o¡ª ?D¨®nde est¨¢ Jonathan? Mendelson suspir¨®, un suspiro largo y pesado, como si llevara horas prepar¨¢ndose para este momento. Sus ojos, normalmente fr¨ªos y calculadores, ahora mostraban una mezcla de pena y cansancio. Se tom¨® un segundo antes de hablar, como si estuviera buscando las palabras adecuadas, pero la verdad era que no hab¨ªa una forma suave de decir lo que ven¨ªa a continuaci¨®n. Ensure your favorite authors get the support they deserve. Read this novel on the original website. ¡ªJonathan¡­ ¡ªEmpez¨® Mendelson, su voz quebr¨¢ndose ligeramente al pronunciar el nombre¡ª Ya no est¨¢ con nosotros, G¨®mez. La declaraci¨®n cay¨® como un balde de agua fr¨ªa. Por un momento, G¨®mez no comprendi¨® lo que acababa de escuchar. ¡ª?Qu¨¦ quieres decir con eso? ¡ªG¨®mez lo mir¨® con incredulidad, tratando de procesar lo que acababa de o¨ªr. Su coraz¨®n lat¨ªa m¨¢s r¨¢pido ahora, y pod¨ªa sentir una presi¨®n creciente en el pecho¡ª ?Se fue de vacaciones? ?Se jubil¨®? ?Qu¨¦ est¨¢s tratando de decir, Mendelson? Mendelson se frot¨® las sienes, visiblemente inc¨®modo, y finalmente dej¨® caer la bomba. ¡ªJonathan se suicid¨® hace un par de d¨ªas, G¨®mez. Lo encontramos en su apartamento. ¨¦l activ¨® el protocolo de suicidio asistido. Lo hizo de manera voluntaria y en calma. Los androides de su casa confirmaron que lo ayudaron a llevar a cabo el procedimiento. Las grabaciones muestran todo el proceso, desde su solicitud, su testamento, sus ¨²ltimas palabras, hasta el momento en que fue asistido por el androide para asegurarse de que no hubiera errores. Todo est¨¢ registrado y documento. El est¨®mago de G¨®mez se hundi¨®, una sensaci¨®n fr¨ªa y densa que parec¨ªa apoderarse de cada rinc¨®n de su cuerpo. La oficina de Mendelson comenz¨® a girar lentamente a su alrededor. Cada palabra de Mendelson golpeaba su conciencia como una avalancha implacable, aplastando todo a su paso. Jonathan, su amigo cercano y compa?ero leal en innumerables casos, estaba muerto. ?C¨®mo era posible? Hab¨ªa hablado con Jonathan la semana pasada. La imagen de Jonathan, con su sonrisa alegre y sus ojos llenos de una chispa inagotable de entusiasmo, se proyectaba como una pel¨ªcula grabada en su memoria. En ese momento, no hab¨ªa indicios de tristeza o desesperaci¨®n. Jonathan parec¨ªa estar tan vivo y comprometido como siempre, con planes y sue?os para el futuro. ?C¨®mo pod¨ªa una persona que irradiaba tanta vitalidad y esperanza terminar con su vida de manera tan abrupta? G¨®mez se acord¨® de las largas noches de trabajo en el laboratorio, de las bromas y las risas que hab¨ªan intercalado entre casos. Jonathan siempre hab¨ªa sido el compa?ero que manten¨ªa la calma y te alegraba el d¨ªa incluso cuando todo alrededor parec¨ªa desmoronarse. Se supon¨ªa que Jonathan le iba a proporcionar informaci¨®n crucial, las piezas que faltaban en el rompecabezas del caso m¨¢s complicado que hab¨ªa enfrentado en su carrera. G¨®mez se hab¨ªa ilusionado con resolver el caso juntos, como en los viejos tiempos, como hab¨ªan hecho tantas veces en el pasado cuando eran unos reclutas inexpertos. Otro caso privado resuelto por los dos. Dos amigos tratando de resolver el misterio m¨¢s grande que hab¨ªa visto el laboratorio 32. Mientras estuvieran juntos, nada era imposible. Pero ahora Jonathan Parker estaba muerto y G¨®mez se sent¨ªa como si le hubieran arrancado una parte de su ser. ?C¨®mo hab¨ªa podido Jonathan tomar una decisi¨®n tan dr¨¢stica? ?C¨®mo pudo ocultar su dolor tan bien? ?C¨®mo pudo llevar a cabo una acci¨®n tan definitiva y aterradora mientras todos los que lo rodeaban ignoraban sus verdaderos pensamientos? Era imposible, G¨®mez no pod¨ªa creerlo. Su mente no pod¨ªa procesar esa verdad y se repet¨ªa una y otra vez:
¡°A Jonathan Parker lo han suicidado, lo han matado. ¡°Ellos¡± son los responsables¡±.
¡ªNo¡­ ¡ªSusurr¨® G¨®mez, m¨¢s para s¨ª mismo que para Mendelson¡ª No puede ser. Jonathan no har¨ªa algo as¨ª. No sin decirme nada, no sin¡­ G¨®mez se qued¨® en silencio, observando c¨®mo el jefe sacaba un peque?o dispositivo de su escritorio. Activ¨® una proyecci¨®n hologr¨¢fica que mostraba im¨¢genes capturadas por los sistemas de seguridad de la casa de Jonathan. A pesar de la naturaleza fr¨ªa y mec¨¢nica de las im¨¢genes, la verdad detr¨¢s de ellas era innegable: Jonathan, sentado en una silla frente a una ventana, hablando calmadamente con su androide personal mientras este le sosten¨ªa una m¨¢scara conectada a un tubo rojo. No hab¨ªa signos de lucha, de desesperaci¨®n. Solo alegr¨ªa, calma, hasta podr¨ªa haber rastros de una ligera esperanza. Sus ojos brillaban como si lo peor ya hubiera pasado y ahora lo que estaba por venir era un mundo de infinitas posibilidades. Como si el dolor y la tristeza fueran terrenales, pero las alegr¨ªas y placeres lo acompa?ar¨ªan al m¨¢s all¨¢ por toda la eternidad. Sinti¨® que el piso bajo sus pies se tambaleaba. Su mente se llen¨® de preguntas sin respuesta, pero ninguna de ellas hac¨ªa que el dolor fuera m¨¢s llevadero. Como todo agente, Jonathan siempre hab¨ªa sido el tipo de persona que pod¨ªa ocultar bien sus problemas, alguien que sab¨ªa c¨®mo separar el trabajo de su vida personal. Pero esto era demasiado oscuro para creerse esta versi¨®n de la historia solo por un simple v¨ªdeo como prueba ¡ª?Por qu¨¦ no me lo dijiste antes? ¡ªPregunt¨® G¨®mez, tratando de mantener su voz estable, aunque estaba claro que estaba al borde del colapso¡ª ?Por qu¨¦ nadie me lo mencion¨® en la sala de control? Mendelson lo mir¨® con una tristeza genuina en sus ojos, pero tambi¨¦n con una frialdad que solo alguien acostumbrado a las malas noticias pod¨ªa ofrecer. ¡ªNo quer¨ªamos cargarte con eso, especialmente ahora que est¨¢s lidiando con tu suspensi¨®n. Jonathan tambi¨¦n estaba lidiando con lo suyo. Parece que despu¨¦s de enterarse de que te iban a suspender, no pudo soportar la presi¨®n de pensar que ser¨ªa el siguiente. Se volvi¨® cada vez m¨¢s nervioso y retra¨ªdo, y la situaci¨®n empeor¨® a medida que pasaban los d¨ªas. ¡ª?Por qu¨¦? ¡ªMurmur¨® G¨®mez, incapaz de creer lo que estaba escuchando. Jonathan no parec¨ªa un hombre al borde del colapso, no en las ¨²ltimas veces que hab¨ªan hablado los dos. Pero entonces record¨® las palabras que Jonathan le hab¨ªa dejado en el mensaje. El tono de alerta, de paranoia. Algo no encajaba. Mendelson apag¨® la proyecci¨®n y mir¨® a G¨®mez con seriedad. ¡ªLo que sabemos es que Jonathan hab¨ªa estado muy deprimido ¨²ltimamente. La noticia de tu suspensi¨®n lo afect¨® profundamente y se proyectaba como el siguiente en la lista. Ya lo hab¨ªamos notado antes, durante la ¨²ltima semana estaba nervioso, preocupado, la inteligencia artificial del laboratorio dio varias se?ales de advertencia sobre ¨¦l y cat¨¢logo su suicidio como un hecho posible. Tras la advertencia lo mantuve vigilado y segu¨ª el protocolo est¨¢ndar. Ocultaba muy bien sus emociones, pero desde las c¨¢maras del laboratorio lo estuve observando toda la semana. Lo vi perderse en s¨ª mismo. Intent¨¦ hablar con ¨¦l, pero se cerr¨® completamente. El Observador (9) G¨®mez baj¨® la mirada, sinti¨¦ndose culpable. Como todos los agentes, Jonathan siempre hab¨ªa sido reservado. Era dif¨ªcil entender la mentalidad de un agente si uno no pasaba varios a?os enfrent¨¢ndose a tragedia tras tragedia. Pero nunca pens¨® que algo as¨ª pudiera estar gest¨¢ndose tras esa fachada tranquila. Para G¨®mez, la idea de un asesinato segu¨ªa siendo mas que posible. ¡ª?No se encontr¨® nada extra?o en la investigaci¨®n de su muerte? El jefe tambale¨® con la cabeza, como si estuviera considerando la mejor forma de decirlo. ¡ªAlgunas cosas. Jonathan ten¨ªa problemas financieros graves. Y no me refiero a simples gastos o pagos pendientes. Estoy hablando de deudas impagadas, gastos desmedidos y apuestas incumplidas. Su cuenta bancaria estaba al borde del colapso y era cuesti¨®n de d¨ªas antes de que lo perdiera todo. Era un derrochador compulsivo, y aunque lo ocult¨® bastante bien en el trabajo, muchos agentes veteranos sab¨ªan que ten¨ªa un mal manejo del dinero. Le pregunt¨¦ a Ortega si sab¨ªa algo, ya sabes que esos dos son m¨¢s que amigos, ¨¦l me cont¨® que era muy probable que Jonathan tuviera que gastar un ¡°poco de m¨¢s¡± en atender sus caprichos. Ellos dos comparten los mismos gustos, pero no pienso hablarte de los detalles de nuestra conversaci¨®n. Si quieres saber m¨¢s sobre el tema, deber¨ªas preguntarle a Ortega; por la historia que ¨¦l me cont¨®, estoy muy seguro de que Jonathan se suicid¨®. G¨®mez lo mir¨® incr¨¦dulo. Nunca hab¨ªa notado que Jonathan tuviera problemas tan serios. Hab¨ªa escuchado rumores, pero Jonathan siempre hab¨ªa proyectado una imagen de ¨¦xito, de alguien que ten¨ªa su vida bajo control. Claro, hab¨ªa hablado de deudas menores en conversaciones informales y G¨®mez lo hab¨ªa ayudado a resolver algunos cuantos casos privados que promet¨ªan una fortuna desmedida, pero nada que sugiriera una cat¨¢strofe como la que el jefe estaba describiendo. ¡ª?Y eso explica por qu¨¦ se mat¨®? ?Est¨¢s seguro de que no lo mataron? Estando tan endeudado, es muy probable que¡­¡ªComenz¨® G¨®mez, pero el jefe lo interrumpi¨®. ¡ªEs posible que eso haya sido una de las tantas cosas que lo llevaron a tomar la decisi¨®n que tom¨®¡ªDijo Mendelson¡ª Entre tu suspensi¨®n y la presi¨®n financiera, puede que Jonathan no viera otra salida. Incluso si se retirara, sab¨ªa que su situaci¨®n financiera era imposible de mantener con su jubilaci¨®n. Derrocho todo el dinero que hered¨® de sus padres en satisfacer sus gustos, y cuando no qued¨® m¨¢s que gastar, no me sorprende que haya querido tomar esa decisi¨®n. Simplemente, la vida no le causaba m¨¢s emoci¨®n. Era demasiado orgulloso como para pedir mi ayuda o reconocer que no pod¨ªa controlarse a s¨ª mismo. Pero si se lo dijo a Ortega, incluso firmaron un acuerdo privado antes de que se suicidara. Las pruebas son muchas, G¨®mez. Esto fue un suicidio. G¨®mez sacudi¨® la cabeza, en shock por lo que escuchaba. No quer¨ªa creer que Jonathan hubiera llegado a tal extremo sin decir una palabra, sin dejar entrever su sufrimiento en el ¨²ltimo mensaje que le hab¨ªa grabado. Pero habiendo tantas pruebas le era complicado negar la realidad, por m¨¢s absurda que esta le pareciera. No obstante, la conspiraci¨®n que Jonathan hab¨ªa mencionado, los rumores, las pistas fragmentadas que hab¨ªa dejado. Todo apuntaba a que hab¨ªa algo mucho m¨¢s profundo detr¨¢s de su muerte. Tan profundo como para ¡°simular¡± todas estas pruebas que eran pr¨¢cticamente contundentes. El jefe lo mir¨® fijamente, con una mezcla de empat¨ªa y frustraci¨®n. ¡ªYo tambi¨¦n pens¨¦ que lo mataron, de solo mirar su cuenta bancaria cualquier agente veterano opinar¨ªa lo mismo ¡ªAdmiti¨® el jefe¡ª Por eso investigu¨¦ m¨¢s a fondo. Busqu¨¦ cualquier cosa que pudiera haber sido manipulada, alg¨²n indicio de que algo o alguien lo hab¨ªa presionado m¨¢s all¨¢ de sus l¨ªmites. Pero no encontr¨¦ nada. Incluso llegu¨¦ a investigar a Ortega, y nada. Los androides confirmaron que todo fue voluntario, y las grabaciones respaldan esa versi¨®n. No hay se?ales de que estuviera siendo controlado o influenciado por factores paranormales. Pese a todo ello encontr¨¦ sus ¨²ltimas palabras un tanto extra?as, dime t¨² qu¨¦ opinas de las mismas. G¨®mez se qued¨® en silencio, observando c¨®mo el jefe interactuaba con el peque?o dispositivo que hab¨ªa sacado de su escritorio. Tras unas pocas interacciones, activ¨® otra proyecci¨®n hologr¨¢fica que mostraba una grabaci¨®n hecha por unos de los androides de Jonathan Parker.
Transcripci¨®n de audio recuperado (¨²ltimas palabras del Agente Jonathan Parker) - Grabadora del androide N.o13
00:00:01 - La grabaci¨®n comenz¨® con un leve zumbido, el tipo de sonido sutil que hacen los androides al activarse. Luego, la voz de Jonathan llen¨® el aire. No hab¨ªa tensi¨®n en ella, no hab¨ªa miedo ni p¨¢nico. Era una voz tranquila, casi casual, como si estuviera comentando sobre el clima o sobre una pel¨ªcula que acababa de ver. Pero esta vez, estaba hablando de su propia muerte. Su rostro transmit¨ªa una serenidad inaudita, pese a que la mitad de su rostro estaba escondida tras una m¨¢scara que lo conectaba al gas letal que le sacar¨ªa la vida en unos pocos minutos. Agente Jonathan Parker: (Calmado) ¡°Si est¨¢s escuchando esto, entonces ya sabes lo que pas¨®. No hace falta que te lo explique, ya habr¨¢s conectado los puntos, o al menos eso espero. Y si no lo has hecho, bueno... supongo que no importa demasiado ahora. Cuando escuches esto, estar¨¦ muy, muy lejos. Demasiado lejos como para andar preocup¨¢ndome por esas trivialidades humanas¡± 00:00:25 - Se oye una suave risa amortiguada por la m¨¢scara de gas que cubre su rostro. La risa parece cargada de una iron¨ªa ¨ªntima. Agente Jonathan Parker: (Riendo suavemente) ¡°Quiz¨¢s te est¨¦s preguntando por qu¨¦ lo hice, por qu¨¦ tom¨¦ esta decisi¨®n. Si me conoc¨ªas¡­ Si de verdad me conoc¨ªas¡­ sabr¨¢s que nunca fui del tipo que se deja vencer por la tristeza o la soledad. Siempre encontr¨¦ la manera de seguir adelante, ?no? Pero esta vez es diferente¡­ Y no porque no pudiera seguir escapando de la soledad, sino porque eleg¨ª no hacerlo¡± Unauthorized usage: this narrative is on Amazon without the author''s consent. Report any sightings. 00:00:45 - Su voz disminuye de intensidad, adoptando un tono reflexivo. Agente Jonathan Parker: (Susurrando para s¨ª mismo) ¡°Ver¨¢s, en alg¨²n punto, todo comenz¨® a perder sentido. No de la manera en que la gente lo dice cuando est¨¢ deprimida o cansada. No era eso. Al contrario, me sent¨ªa incre¨ªblemente vivo. Las misiones, las investigaciones¡­ cada descubrimiento me hac¨ªa sentir m¨¢s conectado al mundo, como si formara parte de algo m¨¢s grande. Pero entonces, empec¨¦ a ver. Empec¨¦ a observar¡± 00:01:05 - La palabra ¡°observar¡± resuena con fuerza en la grabaci¨®n, cargada de un significado que va m¨¢s all¨¢ de lo aparente. Agente Jonathan Parker: (En un susurro enigm¨¢tico) ¡°No s¨¦ c¨®mo explicarlo, pero creo que t¨², si est¨¢s escuchando esto, lo entender¨¢s eventualmente. Todos lo hacemos. Hay un punto en el que ya no puedes seguir ignorando las cosas, en el que empiezas a ver lo que realmente est¨¢ sucediendo en nuestro mundo. Y cuando eso pasa, no hay vuelta atr¨¢s. No puedes cerrar los ojos otra vez. Todo lo que cre¨ªas que era importante... desaparece¡± 00:01:30 - Se produce un silencio profundo en la grabaci¨®n, interrumpido solo por el zumbido sutil del androide en el fondo. Agente Jonathan Parker: (Nost¨¢lgico) ¡°Al principio, fue aterrador. Ver m¨¢s all¨¢, ver las conexiones, las verdades ocultas¡­ te consume, te cambia. Pero luego¡­ luego te das cuenta de que no es malo. Al contrario, te libera. Todas las normas, las reglas, las imposiciones, los recuerdos, las tristezas, el dolor¡­ todo eso es tan peque?o en comparaci¨®n con lo que est¨¢ all¨¢ afuera. Lo que he observado en estos ¨²ltimos d¨ªas es mucho m¨¢s grande de lo que cualquiera de nosotros podr¨ªa imaginar¡± 00:02:00 - La grabaci¨®n continuaba con una tranquilidad inquietante. Jonathan no hablaba como alguien desesperado por huir, ni como alguien que estaba acorralado por sus propios demonios. Su voz estaba impregnada de una calma soberbia, casi como si hubiera alcanzado un entendimiento m¨¢s profundo, una iluminaci¨®n de su propia humanidad, un entendimiento de su existencia, algo que los dem¨¢s no pod¨ªan ni empezar a concebir. Agente Jonathan Parker: (Hablando con una paz profunda) ¡°Supongo que este es el punto donde deber¨ªa decir que lo siento. Qu¨¦ lamento dejar mi vida atr¨¢s, dejarte atr¨¢s, dejar a todos atr¨¢s. Pero la verdad es que no lo lamento. No hay culpa en esto. Hay alivio, paz. La gente siempre habla del m¨¢s all¨¢ como si fuera algo incierto, algo que debemos temer. Pero, ?sabes? Ya lo he visto. He visto lo que hay m¨¢s all¨¢ de este velo que llamamos realidad. Y d¨¦jame decirte que lo que hay all¨¢ es mucho m¨¢s hermoso de lo que podr¨ªas imaginar¡± 00:02:30 - Una ligera sonrisa se percibe en su voz, casi como si estuviera compartiendo un secreto que solo ¨¦l comprende. Agente Jonathan Parker: (Sonriendo apenas) ¡°S¨ª, esto es un adi¨®s, pero no en el sentido que crees. No es una despedida amarga ni tr¨¢gica. Es m¨¢s como cerrar una puerta para abrir otra. Una nueva etapa. Y esa nueva etapa¡­ bueno, no s¨¦ exactamente c¨®mo ser¨¢, pero estoy emocionado. Es extra?o, ?verdad? Estar emocionado por el final de la vida. Pero es as¨ª. Me siento lleno de posibilidades, como si lo peor ya hubiera pasado, y lo que queda es libertad¡± 00:02:55 - El zumbido de su androide se intensific¨® ligeramente en la grabaci¨®n, como si Jonathan estuviera haciendo algo en segundo plano, quiz¨¢s preparando todo para lo inevitable. Se estaba quedando sin fuerzas. Agente Jonathan Parker: (Reflexivo, casi melanc¨®lico) ¡°He observado tantas cosas¡­ cosas que no podr¨ªa compartir con nadie porque simplemente no las entender¨ªan. Y no los culpo. A veces, el peso de esa verdad era demasiado incluso para m¨ª. Pero ya no m¨¢s. Al dar este paso, dejo atr¨¢s todo ese peso, toda esa oscuridad. Ahora soy parte de algo m¨¢s grande, algo que va m¨¢s all¨¢ de lo que la humanidad puede entender¡± 00:03:25 - La calma en su voz era casi desconcertante. No hab¨ªa signos de arrepentimiento, no hab¨ªa rastro de duda. Su mirada era amistosa y su perpetua sonrisa estaba dibujada en su rostro como el s¨ªmbolo que hab¨ªa cargado toda su vida hasta ese momento. Agente Jonathan Parker: (Con una serenidad firme) ¡°Esto no es una derrota, amigo. Esto es una elecci¨®n. Mi elecci¨®n. Me llevo todo lo que he visto, todo lo que he aprendido, y lo dejo aqu¨ª, en estas palabras. Si quieres entenderlo, si alguna vez llegas al punto al cual yo llegu¨¦, sabr¨¢s lo que significa. Y si no, bueno, tampoco pasa nada. Cada uno tiene su propio camino, ?no? Pero el destino de todos es el mismo. Es abrir esa ¨²ltima puerta hacia el m¨¢s all¨¢¡± 00:03:55 - Jonathan hace una pausa, un silencio cargado de significado. Parece considerar si decir algo m¨¢s antes de concluir. Agente Jonathan Parker: (Susurrando con intensidad) ¡°Lo ¨²nico que te pido, si es que me permites pedirte algo, es que no busques m¨¢s. No hay nada que encontrar. Mi historia termina aqu¨ª, pero la tuya contin¨²a. Sigue adelante, vive la vida que quieras vivir. No te quedes atrapado en esto, porque lo que he observado no es para todos. Y est¨¢ bien que as¨ª sea¡± 00:04:20 - La grabaci¨®n se detiene. Un sonido sordo indica que la cabeza de Jonathan cae hacia adelante, y el silencio que sigue es casi ensordecedor.
G¨®mez sinti¨® un nudo en el est¨®mago, incapaz de procesar por completo lo que acababa de ver. Hab¨ªa una certeza inquietante en las palabras de Jonathan, una paz que bordeaba lo surrealista. ?C¨®mo pod¨ªa alguien tomar una decisi¨®n tan dr¨¢stica? Era como si el Jonathan que conoc¨ªa hubiera desaparecido mucho antes de lo que G¨®mez hab¨ªa cre¨ªdo. Tal y como se hab¨ªa visto en las grabaciones de la c¨¢mara de seguridad de la casa: No hab¨ªa signos de lucha, de desesperaci¨®n. Solo alegr¨ªa, calma, y s¨ª, quiz¨¢s, una pizca de esperanza. Como si Jonathan hubiera encontrado algo m¨¢s all¨¢ de lo terrenal, algo que lo hab¨ªa convencido de que su tiempo aqu¨ª hab¨ªa terminado. Para ¨¦l, se hab¨ªa cerrado una puerta, pero se hab¨ªa abierto otra, una que lo llevaba lejos, muy lejos de todo lo que hab¨ªa observado. El Observador (10) G¨®mez se hundi¨® en su silla, incapaz de procesar todo lo que estaba pasando. Sab¨ªa que su jefe no le estaba mintiendo, esto no pod¨ªa ser una grabaci¨®n hecha por inteligencia artificial, pero tambi¨¦n sab¨ªa que Jonathan no pod¨ªa irse de forma tan abrupta. Si hubiera algo m¨¢s detr¨¢s de su muerte, no lo descubrir¨ªa tan f¨¢cilmente. ¡ªAlgo no me cuadra... ¡ªDijo G¨®mez, rompiendo el silencio¡ª Quiz¨¢s no lo ¡°mataron¡± de una manera evidente, ni fue afectado por un fen¨®meno paranormal, pero lo llevaron al l¨ªmite. Ponte en mi lugar, Arthur. ?C¨®mo es posible que salga de la enfermer¨ªa y me encuentre con esta noticia? Es rid¨ªculo. ¨¦l no se suicid¨®, lo mataron. Mendelson lo observ¨® detenidamente, evaluando cada palabra. Sab¨ªa que la opini¨®n de G¨®mez, el mejor agente del laboratorio 32, no pod¨ªa tomarse a la ligera. ¡ªSi realmente crees eso, G¨®mez, vas a necesitar pruebas ¡ªDijo finalmente Mendelson¡ª Pruebas m¨¢s contundentes que una simple corazonada. Mi opini¨®n es que se mat¨®. Ten¨ªa motivos. Dej¨® grabaciones, hizo un testamento¡­ Nos proporcion¨® demasiada evidencia de que fue su propia decisi¨®n, para que la encontr¨¢ramos. Evidentemente, ¨¦l estaba preocupado de que no pudi¨¦ramos dormir porque pens¨¢ramos que algo o alguien lo mat¨®. Pero con todas estas pruebas a la vista, es dif¨ªcil creer que alguien haya logrado encubrir su muerte de forma tan impecable solo por unas deudas bancarias. G¨®mez apret¨® los dientes, sabiendo que Mendelson ten¨ªa raz¨®n. Necesitaba pruebas. Y eso significaba que tendr¨ªa que ir a preguntarle al resto de los veteranos su opini¨®n del asunto o no encontrar¨ªa nada. ¡ªEntonces ir¨¦ a buscarlas ¡ªMurmur¨®, decidido. Mendelson suspir¨® profundamente, apoyando las manos sobre el escritorio como si estuviera cargando un peso invisible. Sab¨ªa que G¨®mez ten¨ªa motivos de sobra para sentirse inconforme con los resultados de la investigaci¨®n. ¨¦l acababa de despertar y no hab¨ªa visto lo mal que estuvo Jonathan durante toda la ¨²ltima semana, pero si hasta la inteligencia artificial del laboratorio lo hab¨ªa catalogado como posible suicida, era dif¨ªcil opinar otra cosa sin pruebas. ¡ªCr¨¦eme cuando te digo que hicimos todo lo que estaba en nuestras manos ¡ªRespondi¨® Mendelson con tono solemne¡ª Jonathan era uno de los nuestros, y si hubi¨¦ramos visto alguna se?al de algo paranormal, habr¨ªamos intervenido. Pero no podemos salvar a alguien que no quiere ser salvado, y eso es lo m¨¢s dif¨ªcil de aceptar. G¨®mez se inclin¨® hacia adelante, apoyando los codos en sus rodillas y cubri¨¦ndose el rostro con las manos. La frustraci¨®n segu¨ªa ah¨ª, pero la tristeza comenzaba a apoderarse de todo. Se sent¨ªa impotente, incapaz de procesar el hecho de que Jonathan, alguien con quien hab¨ªa compartido tantos momentos, se hubiera ido de esa manera tan abrupta. Despu¨¦s de un largo silencio, G¨®mez alz¨® la vista y pregunt¨® lo que hab¨ªa estado rondando en su cabeza desde que Mendelson mencion¨® el suicidio. ¡ª?Qu¨¦ va a pasar ahora con ¨¦l? ?Qu¨¦ har¨¢n con su cuerpo? ¡ªLa pregunta sali¨® con dificultad, como si hablar de ello hiciera todo m¨¢s real. Mendelson lo mir¨® con una mezcla de compasi¨®n y gravedad en los ojos; su tono reflejaba la delicadeza con la que estaba a punto de abordar el tema. ¡ªYa sabes c¨®mo son estas cosas, G¨®mez. Cuando un agente de la fundaci¨®n muere en circunstancias como estas, su cuerpo es sometido a un an¨¢lisis exhaustivo. Se investig¨® cualquier posible rastro de anomal¨ªas, alg¨²n indicio de algo paranormal que pudiera haber influido en su decisi¨®n. Revisaron todo, desde su estado f¨ªsico hasta su historial psicol¨®gico reciente, y no encontraron nada fuera de lo com¨²n ¡ªMendelson hizo una pausa, permitiendo que la informaci¨®n se asentara antes de continuar¡ª Al no haber hallado nada sospechoso, el siguiente paso ser¨¢ el funeral. Reading on this site? This novel is published elsewhere. Support the author by seeking out the original. La palabra ¡°funeral¡± pareci¨® golpear a G¨®mez como una piedra, y Mendelson lo not¨®, pero sigui¨® adelante, aunque con m¨¢s cautela. ¡ªJonathan firm¨® un acuerdo hace unos d¨ªas que estipula que, en caso de fallecimiento, Ortega ser¨ªa el responsable de organizar su funeral. Sin embargo, cuando intent¨¦ obtener m¨¢s detalles de Ortega sobre el funeral, fue bastante evasivo. Se mostr¨® reacio a darme informaci¨®n, lo cual me result¨® extra?o. G¨®mez frunci¨® el ce?o, y Mendelson, previendo su reacci¨®n, se inclin¨® hacia adelante, tratando de aclarar la situaci¨®n. ¡ªIndagu¨¦ un poco m¨¢s, y resulta que Jonathan eligi¨® un tipo de funeral un tanto inusual. Al parecer, se hab¨ªa adherido a una religi¨®n o creencia no muy com¨²n en estos tiempos, algo que no muchos conoc¨ªamos. Ortega est¨¢ teniendo dificultades para cumplir con todas las exigencias de ese rito. Parece que la log¨ªstica es complicada, y eso es lo que ha estado causando su incomodidad. Pero¡­ ¡ªMendelson suspir¨®, como si intentara aliviar la tensi¨®n que se hab¨ªa acumulado en la conversaci¨®n¡ª Ortega se encargar¨¢ de todo. Cuando tenga todo listo, enviar¨¢ las invitaciones a los veteranos. Nosotros ¨¦ramos lo m¨¢s cercano a una familia para Jonathan, as¨ª que seremos los primeros en ser notificados. Mendelson hizo una pausa y lo mir¨® con una expresi¨®n m¨¢s suave, casi paternal. ¡ªS¨¦ que es mucho para procesar, pero no te preocupes tanto por esas cuestiones. Lo que puedas necesitar saber te llegar¨¢ a su debido tiempo. Y si tienes preguntas, Ortega tendr¨¢ que aclararlas tarde o temprano. G¨®mez mir¨® al alien¨ªgena flotante, que ahora lo observaba desde la comodidad de su rinc¨®n con sus ojos inusuales y brillantes. Una criatura completamente ajena a la tragedia humana que se desplegaba en esa habitaci¨®n. Se sinti¨® extra?amente identificado con la criatura, atrapado en un mundo que no entend¨ªa del todo, observando desde el otro lado mientras todo lo que conoc¨ªa se desmoronaba. Mendelson lo observaba en silencio. Sab¨ªa que no hab¨ªa nada que pudiera decir para aliviar el dolor que G¨®mez sent¨ªa, pero tampoco era su papel hacerlo. Mendelson no estaba ah¨ª para consolar; estaba ah¨ª para asegurar que las decisiones dif¨ªciles se tomaran y que el laboratorio siguiera funcionando. Esa era la realidad de liderar una organizaci¨®n tan oscura y cruel como la fundaci¨®n. Finalmente, G¨®mez se levant¨® de la silla, sin mirar directamente a Mendelson. Su mente estaba en otro lugar, en todos los recuerdos que ten¨ªa de Jonathan, en todas las veces que hab¨ªan bromeado sobre retirarse de la fundaci¨®n y empezar una nueva vida lejos de todo lo paranormal. Nunca pensaron que el destino los llevar¨ªa a esto. ¡ªTengo que irme ¡ªDijo G¨®mez, su voz carente de emoci¨®n¡ª Necesito tiempo para procesar todo esto. Mendelson asinti¨®, levant¨¢ndose tambi¨¦n de su silla. ¡ªLo entiendo, G¨®mez. T¨®mate todo el tiempo que necesites. Sabes que puedes volver si decides quedarte con nosotros, aunque las circunstancias sean complicadas. No hay prisa para tomar una decisi¨®n ahora mismo. G¨®mez asinti¨®, sin decir nada m¨¢s. Mientras se dirig¨ªa hacia la puerta, Mendelson lo llam¨® una vez m¨¢s. ¡ªG¨®mez¡­ ¡ªDijo, con una leve suavidad en su tono¡ª Te deseo lo mejor. Siempre has sido un buen agente. Si decides no regresar, quiero que sepas que respeto tu decisi¨®n y te deseo ¨¦xito en lo que sea que decidas hacer a partir de ahora. G¨®mez se detuvo por un breve instante en la puerta, pero no se dio la vuelta. Simplemente asinti¨® en silencio y sali¨® de la oficina, dejando atr¨¢s el aire pesado de la conversaci¨®n y todo lo que hab¨ªa perdido en el proceso. Mendelson se qued¨® observando la puerta cerrarse, volviendo a su escritorio en silencio. Silarus flotaba tranquilamente, ajeno a todo lo que acababa de suceder, mientras la oficina recuperaba su calma. Jonathan Parker (1) Mientras caminaba por los pasillos fr¨ªos y silenciosos del edificio, G¨®mez sent¨ªa una mezcla de ira, confusi¨®n y una profunda tristeza que le oprim¨ªa el pecho. La noticia de Jonathan lo hab¨ªa dejado en shock. Algo dentro de ¨¦l le dec¨ªa que no todo era lo que parec¨ªa. Sab¨ªa, o m¨¢s bien intu¨ªa, que Jonathan no se hab¨ªa quitado la vida por voluntad propia. Jonathan hab¨ªa descubierto algo, algo grande, y ahora estaba muerto. El edificio de la fundaci¨®n parec¨ªa extra?amente opresivo mientras G¨®mez avanzaba hacia la sala de control. Sab¨ªa que ah¨ª encontrar¨ªa a los pocos veteranos que a¨²n quedaban en la fundaci¨®n, personas con las que hab¨ªa compartido innumerables misiones, con quienes hab¨ªa sobrevivido a lo imposible. Quiz¨¢s entre ellos podr¨ªa encontrar respuestas, o al menos alguien que compartiera sus sospechas sobre la muerte de Jonathan. Al llegar a la sala de control, la atm¨®sfera segu¨ªa siendo deplorable. Las grandes pantallas de vigilancia mostraban una actividad constante, los hologramas estaban saturados con un torbellino de informaci¨®n y los agentes m¨¢s j¨®venes se mov¨ªan de un lado a otro, inmersos en sus tareas. Pero entre ellos, en las esquinas m¨¢s oscuras de la sala, estaban los veteranos, esos hombres y mujeres que llevaban a?os trabajando en la fundaci¨®n, algunos de ellos incluso antes de que G¨®mez se uniera. Se pod¨ªa ver en sus caras el cansancio, pero tambi¨¦n la experiencia. Eran los que sab¨ªan demasiado, los que hab¨ªan sobrevivido a situaciones que la mayor¨ªa ni siquiera pod¨ªa imaginar. ¡ªG¨®mez ¡ªDijo una voz familiar al verlo entrar. Era Rivas, un agente de casi setenta a?os que hab¨ªa estado en este laboratorio desde que ten¨ªan que operar con equipo obsoleto y sin los recursos tecnol¨®gicos actuales. Su rostro curtido por los a?os mostraba las arrugas profundas de alguien que hab¨ªa lidiado con horrores m¨¢s all¨¢ de la comprensi¨®n humana. Su cabello, completamente gris, y su postura ligeramente encorvada no le restaban ni un ¨¢pice de autoridad. A pesar de los a?os, sus ojos a¨²n conservaban un brillo de astucia y dureza, el de un hombre que hab¨ªa sobrevivido por pura determinaci¨®n.
Tarjeta del personal
Nombre Ra¨²l Rivas
C¨®digo de Identificaci¨®n 742678
Ocupaci¨®n Agente de Campo
Especializaci¨®n Tr¨¢fico ilegal de entidades paranormales
Ubicaci¨®n Piso 3, Sala de control
Rango Eventos de clase D
¡ªEsperaba despedirte antes de que te fueras. Escuch¨¦ lo de tu suspensi¨®n y lo de tu posesi¨®n. Me alegro de que te hayas curado, pero me temo que los de recursos humanos est¨¢n emputecidos con echar a todas las personas con talento ¡ªContinu¨® Rivas, con esa dureza que lo caracterizaba, aunque G¨®mez not¨® un dejo de amargura en su tono. ¡ªS¨ª, me tomaron por sorpresa ¡ªRespondi¨® G¨®mez, con una sonrisa forzada¡ª Me alegra haberte encontrado antes de que los robots me saquen a patadas, Ra¨²l. No s¨¦ si regresar¨¦, me dieron ocho meses de suspensi¨®n por un simple interrogatorio. Rivas resopl¨®, su rostro se endureci¨® a¨²n m¨¢s. ¡ª?Ocho meses? Maldita sea, como si deshacerse de los veteranos fuera a solucionar algo. Estos idiotas no tienen ni idea de lo que est¨¢n haciendo, G¨®mez. Pero bueno, espero que disfrutes tu tiempo fuera de las instalaciones. Aunque no lo creas, esa suspensi¨®n podr¨ªa ser lo mejor que te haya pasado. Con tan poca gente tom¨¢ndose en serio este trabajo, es solo cuesti¨®n de tiempo antes de que todo esto se vaya al carajo. ¡ªCada vez somos menos los que sabemos c¨®mo trabajar de verdad¡­¡ª Afirm¨® G¨®mez, sacando a relucir su frustraci¨®n. Rivas lo mir¨® con una expresi¨®n de comprensi¨®n, pero tambi¨¦n de tristeza. Sab¨ªa que la fundaci¨®n ya no era lo que hab¨ªa sido en sus mejores a?os. Ahora era un lugar donde los agentes como ¨¦l eran cada vez menos necesarios, mientras que los j¨®venes exploradores se convert¨ªan en el centro de atenci¨®n. The story has been illicitly taken; should you find it on Amazon, report the infringement. ¡ªTienes raz¨®n, G¨®mez, siempre es duro perder a uno de los nuestros ¡ªDijo Rivas¡ª Y hablando de eso¡­ Lo de Jonathan. Es un golpe muy fuerte para todos nosotros. Nadie se lo esperaba. G¨®mez sinti¨® c¨®mo el nudo en su est¨®mago se apretaba al escuchar el nombre de su amigo. Decidi¨® no perder tiempo y fue directo al grano. ¡ª?Qu¨¦ crees que pas¨® realmente con Jonathan? ¡ªPregunt¨®, manteniendo la voz baja para que los agentes m¨¢s j¨®venes no pudieran escuchar¡ª ?T¨² tambi¨¦n crees que se suicid¨®? Rivas suspir¨® profundamente, una sombra de cansancio cruzaba su rostro. Era un hombre que hab¨ªa visto demasiadas cosas. Ten¨ªa el porte de alguien que hab¨ªa sobrevivido a innumerables batallas, tanto f¨ªsicas como mentales, pero algunas cicatrices eran m¨¢s profundas de lo que se pod¨ªa ver a simple vista. G¨®mez lo observ¨® mientras el veterano se frotaba la frente con los dedos, como si intentara reunir la energ¨ªa para seguir hablando de un tema que, claramente, le pesaba en el alma. ¡ªLo que te digo, G¨®mez ¡ªEmpez¨® Rivas¡ª Es que al principio no lo cre¨ªa. A Jonathan lo conoc¨ªamos bien. No era de los que se dejaban caer, siempre buscaba una soluci¨®n a cualquier problema, no importaba lo dif¨ªcil que fuera. Pero la ¨²ltima semana, algo cambi¨®. G¨®mez asinti¨®, invitando a Rivas a seguir. Sab¨ªa que no iba a ser f¨¢cil escuchar lo que ven¨ªa, pero ten¨ªa que entender qu¨¦ hab¨ªa pasado con su amigo. ¡ªEstaba nervioso, intranquilo ¡ªContinu¨® Rivas¡ª Se notaba en la forma en que hablaba, en c¨®mo se mov¨ªa. Al principio pens¨¦ que solo estaba cansado, que el caso en el que estaba trabajando lo estaban sobrepasando. Eso nos pasa a todos en alg¨²n momento. Pero despu¨¦s de un par de d¨ªas, cambi¨®, y fue como si hubiera tomado una decisi¨®n. Fue como si algo dentro de ¨¦l se resolviera de la noche a la ma?ana. ¡ª?Una decisi¨®n? ¡ªPregunt¨® G¨®mez, arqueando una ceja. Se le hac¨ªa dif¨ªcil de creer, pero no era imposible. Rivas asinti¨® lentamente, como si las palabras le pesaran. ¡ªS¨ª. Me dijo que ya no aguantaba m¨¢s, que estaba cansado de todo esto, de la fundaci¨®n, de los casos, del constante peligro. Los primeros d¨ªas estaba tan nervioso, como si no pudiera sostenerse en pie, pero luego empez¨® a calmarse, como si al decidir acabar con todo eso, hubiera encontrado paz. Esa maldita calma me tom¨® por sorpresa. G¨®mez lo mir¨® en silencio, procesando lo que Rivas le estaba contando. ¡ªLo que m¨¢s me preocup¨® ¡ªDijo Rivas, bajando un poco la voz como si no quisiera que otros escucharan¡ª Fue que los ¨²ltimos dos d¨ªas antes que se matara, Jonathan se mostraba muy optimista. Sonre¨ªa, incluso. Era como si todo su miedo y ansiedad hubieran desaparecido. Y en ese momento, te juro que pens¨¦ que lo hab¨ªa superado, que hab¨ªa encontrado una soluci¨®n a lo que fuera que le estaba molestando. Nunca imagin¨¦ que estaba por mandar al carajo su vida. El silencio cay¨® entre los dos hombres, denso y opresivo. G¨®mez intentaba procesar lo que acababa de escuchar. Las piezas empezaban a encajar de una manera inquietante. Jonathan hab¨ªa mostrado se?ales de estar quebr¨¢ndose mientras investigaba el caso del ¡°Observador¡±, pero los otros agentes lo hab¨ªan atribuido al estr¨¦s o al cansancio del trabajo. Hasta ese punto todo manten¨ªa cierta l¨®gica, debido a que Jonathan realmente hab¨ªa estado estresado por ese caso. Sin embargo, algo cambi¨® en sus ¨²ltimos d¨ªas. Rivas y los dem¨¢s lo hab¨ªan visto optimista, y eso los hizo bajar la guardia. Al poco tiempo Jonathan estaba muerto. ¡ª?T¨² crees que ¨¦l estaba planeando todo esto desde hace mucho antes? ¡ªPregunt¨® G¨®mez. Rivas lo mir¨®, su expresi¨®n cansada pero determinada. ¡ªNo lo s¨¦, G¨®mez. La verdad es que no tengo ni puta idea de lo que estaba pensando Jonathan. Tal vez s¨ª estaba planeando su suicidio desde antes. Tal vez solo se rindi¨®. Pero, te digo algo, su muerte fue tan dr¨¢stica que nunca la vi venir, nadie la vio venir. No hasta que fue demasiado tarde. Con una mezcla de frustraci¨®n y tristeza, G¨®mez respondi¨® lo siguiente: ¡ªNo puedo aceptarlo, Ra¨²l. No puedo aceptar que simplemente se quitara la vida sin m¨¢s. No despu¨¦s de todo lo que hemos visto, lo que hemos vivido. Esto no tiene sentido para m¨ª. Algo se nos est¨¢ escapando y necesito entenderlo. Rivas lo mir¨® con comprensi¨®n. ¡ªComprendo tus sentimientos, G¨®mez. A todos nos cuesta aceptar estas cosas. Pero cr¨¦eme, lo que vi en Jonathan los ¨²ltimos d¨ªas me convenci¨®. Se lo notaba diferente, como si ya no estuviera preocupado por nada. G¨®mez apret¨® los dientes, sintiendo la frustraci¨®n crecer en su interior. La posibilidad de que Jonathan hubiera planeado todo desde el principio le resultaba perturbadora, pero lo que m¨¢s lo desconcertaba era el hecho de que nadie, ni siquiera los que lo conoc¨ªan bien, lo vieron venir. ¡ªMaldita sea¡­ ¡ªG¨®mez murmur¨®, con el peso de la culpa hundi¨¦ndose en el pecho¡ªTal vez yo podr¨ªa haber hecho algo si no hubiera estado inconsciente¡­ Rivas coloc¨® una mano pesada sobre su hombro. ¡ªNo te tortures con eso, G¨®mez. No es tu culpa. Jonathan tom¨® su propia decisi¨®n. A veces, por m¨¢s que queramos ayudar, simplemente no podemos salvar a todos. G¨®mez no respondi¨® de inmediato. Sab¨ªa que Rivas ten¨ªa raz¨®n, pero no pod¨ªa sacudirse la sensaci¨®n de que algo m¨¢s estaba pasando. Jonathan no hab¨ªa sido del tipo que se rend¨ªa. Algo hab¨ªa cambiado. ¡°Ellos¡± lo hab¨ªan cambiado, ?pero c¨®mo? ¡ª?T¨² realmente crees que ¨¦l encontr¨® la paz con su muerte? ¡ªPregunt¨® finalmente. Rivas lo mir¨®, sus ojos llenos de a?os de dolor y experiencia. ¡ªQuiero creerlo, G¨®mez. Quiero creer que, donde sea que est¨¦ ahora, finalmente dej¨® sus demonios atr¨¢s. Ambos hombres permanecieron en silencio durante un largo momento, las palabras de Rivas flotando entre ellos. G¨®mez frunci¨® el ce?o. Aquella semana en la que hab¨ªa estado fuera parec¨ªa haber sido crucial. Jonathan hab¨ªa cambiado de una manera tan dr¨¢stica que ahora todo lo que Rivas le contaba sonaba surrealista. Necesitaba m¨¢s respuestas. Y aunque Rivas no lo dec¨ªa abiertamente, G¨®mez sab¨ªa que el veterano tambi¨¦n estaba luchando por entender lo que hab¨ªa sucedido. Jonathan Parker (2) Rivas, con su gesto cansado, respir¨® profundo. Sab¨ªa lo que G¨®mez estaba buscando, sab¨ªa que este agente no iba a detenerse hasta comprenderlo todo. Y, aunque no pod¨ªa darle todas las respuestas, a¨²n ten¨ªa m¨¢s que contar. ¡ªTe puedo decir con m¨¢s detalle c¨®mo fueron sus ¨²ltimos d¨ªas¡­ ¡ªDijo Rivas con voz grave, mir¨¢ndolo a los ojos¡ª Jonathan empez¨® a actuar diferente, como si ya supiera cu¨¢l ser¨ªa su destino, pero en ning¨²n momento me lo dijo de manera expl¨ªcita. G¨®mez ajust¨® su postura, d¨¢ndose cuenta de que estaba a punto de escuchar algo importante. ¡ªEl primer cambio notable ¡ªContinu¨® Rivas¡ª fue el siguiente d¨ªa tras que se anunciara tu suspensi¨®n, cuando dej¨® de acudir a las reuniones de equipo. Al principio, cre¨ªmos que estaba agotado, que simplemente necesitaba un tiempo para recargarse. Los casos que tenemos encima son pesados, no lo voy a negar. Pero luego comenz¨® a evitar cualquier contacto con los dem¨¢s, incluso con aquellos que eran m¨¢s cercanos a ¨¦l. No parec¨ªa confiar en nadie, se lo notaba un poco paranoico. Rivas hizo una pausa, pensando en los momentos exactos en que todo empez¨® a desmoronarse. No era f¨¢cil recordar esos detalles, no porque fueran insignificantes, sino porque, en su momento, hab¨ªan parecido cosas peque?as, aisladas. ¡ªHab¨ªa algo en sus ojos ¡ªDijo Rivas finalmente, su voz baja, como si el recuerdo mismo le doliera¡ª Algo hab¨ªa cambiado en la manera en que nos miraba. No era miedo ni tristeza. Era resignaci¨®n, pero no la clase de resignaci¨®n que ves en alguien derrotado. No, Jonathan no estaba derrotado. Era m¨¢s como si ya hubiera visto el final del camino y aceptara lo que ven¨ªa. Se hab¨ªa adelantado a todos nosotros, pero no lo compart¨ªa con nadie. G¨®mez asinti¨® lentamente, comenzando a entender un poco m¨¢s, aunque segu¨ªa sintiendo un nudo de incertidumbre en el pecho. ¡ª?Y qu¨¦ pas¨® despu¨¦s? ¡ªPregunt¨®, con un tono que apenas conten¨ªa la urgencia. Rivas resopl¨® suavemente, frot¨¢ndose la frente. Recordar no le estaba resultando f¨¢cil. Hab¨ªa sido su amigo tambi¨¦n. Verlo desmoronarse sin poder hacer nada al respecto era una carga pesada. ¡ªJonathan empez¨® a ausentarse por per¨ªodos m¨¢s largos, dec¨ªa que estaba trabajando en algo ¡°importante¡±, pero no nos daba m¨¢s detalles. Estaba obsesionado con lo que fuera que estaba investigando, o eso pens¨¢bamos. Luego, vino la parte m¨¢s extra?a. ¡ª?Extra?a? ¡ªRepiti¨® G¨®mez, arqueando una ceja. ¡ªS¨ª, muy extra?a. Un d¨ªa apareci¨® en la oficina, con una sonrisa en el rostro, como si hubiera encontrado una soluci¨®n a todo lo que lo agobiaba. Esa calma que mostr¨® era perturbadora. Te juro que parec¨ªa que nada en el mundo le molestaba, como si hubiera alcanzado una especie de paz interna que los dem¨¢s no pod¨ªamos comprender. ¡ª?Y qu¨¦ hizo? ¡ªInsisti¨® G¨®mez, inquieto. ¡ªNos invit¨® a tomar un caf¨¦ en los pisos de arriba, pero no a todos ¡ªRivas frunci¨® el ce?o al recordarlo¡ª Solo a unos pocos, los que ¨¦l consideraba m¨¢s cercanos. Nos sentamos y nos ofreci¨® unos bocadillos, algo que en Jonathan era normal, pero el ambiente en la sala no lo era. Se sent¨ªa raro, demasiado tranquilo. Empez¨® a hablar de cosas que, en su momento, no parec¨ªan tener mucho sentido. Nos recordaba an¨¦cdotas, momentos alegres y otros un tanto tristes. Nos hablaba sobre lo que ¨¦l hab¨ªa observado a lo largo de su vida trabajando en el laboratorio, pero lo hac¨ªa como si ya hubiera cruzado esa l¨ªnea. ¡ª?Y nadie comprendi¨® que necesitaba ayuda? ¡ªPregunt¨® G¨®mez, confundido¡ª ?Nadie se dio cuenta de que algo andaba mal? Rivas neg¨® con la cabeza, sus labios se apretaron en una fina l¨ªnea. ¡ªNo. Todos lo vimos como un buen signo. Durante esa charla se mostr¨® m¨¢s calmado, incluso bromista. Nadie sospechaba que detr¨¢s de esa calma hab¨ªa algo m¨¢s. Todos pens¨¢bamos que estaba agotado, que quiz¨¢s hab¨ªa encontrado una especie de revelaci¨®n personal. Hace poco te hab¨ªan suspendido y pensamos que estaba por retirarse, que esa era su ¡°despedida¡± de la fundaci¨®n, no de la vida. No se ve¨ªa triste, ni desesperado. Al contrario, parec¨ªa feliz, m¨¢s relajado que en meses, ni hablar que en los ¨²ltimos d¨ªas. Cuando pas¨® lo que pas¨®, todos nos quedamos devastados, pregunt¨¢ndonos c¨®mo lo hab¨ªamos dejado llegar hasta ah¨ª. G¨®mez lo mir¨®, boquiabierto. La situaci¨®n resonaba como una se?al de advertencia, pero en ese momento nadie lo hab¨ªa visto as¨ª. Se hab¨ªan dejado llevar por su aparente serenidad, por su extra?a paz. ?C¨®mo pod¨ªan haber sido tan ciegos? ¡ªLa ¨²ltima vez que lo vi ¡ªContinu¨® Rivas¡ª Estaba caminando solo por los pasillos, mirando hacia la nada, pero con una expresi¨®n de satisfacci¨®n. Me acerqu¨¦ a ¨¦l, le pregunt¨¦ c¨®mo estaba, y me sonri¨®. Dijo que estaba mejor que nunca, que finalmente lo hab¨ªa entendido todo. ¡ª?Entendido qu¨¦? ¡ªPregunt¨® G¨®mez, ahora m¨¢s intrigado que nunca. Rivas hizo una pausa, como si estuviera eligiendo sus palabras cuidadosamente. ¡ªDijo que hab¨ªa entendido el prop¨®sito de todo esto, de la vida, de la muerte, de lo que hac¨ªamos en la fundaci¨®n. Me habl¨® sobre el ¡°velo de la realidad¡±, como lo llam¨®, y c¨®mo hab¨ªa comenzado a ver m¨¢s all¨¢ de ¨¦l. Hablaba de una manera casi filos¨®fica, como si estuviera en paz con algo que los dem¨¢s no pod¨ªamos comprender. Y entonces me solt¨® la frase que todav¨ªa me persigue. G¨®mez se inclin¨® hacia adelante, expectante. ¡ªMe dijo: ¡°He observado lo que hay m¨¢s all¨¢, y es hermoso. M¨¢s de lo que jam¨¢s podr¨¢s imaginar¡±. El silencio que sigui¨® fue pesado, cargado de una incertidumbre que se sent¨ªa opresiva. G¨®mez intent¨® procesar esas palabras, pero cuanto m¨¢s pensaba en ellas, m¨¢s desconcertantes se volv¨ªan. Sus ¨²ltimos d¨ªas, Jonathan no hab¨ªa estado actuando como alguien que estaba al borde de una crisis, al menos no de la manera que la mayor¨ªa de agentes actuaba cuando estaban al borde del suicidio. Hab¨ªa encontrado una calma perturbadora, una aceptaci¨®n casi sobrenatural de su destino. Pero para el agente G¨®mez no hab¨ªa dudas: No era ¡°casi¡± sobrenatural, era definitivamente sobrenatural. Algo lo estaba manipulando. Algo lo estaba seduciendo a tomar el camino del suicidio. This tale has been pilfered from Royal Road. If found on Amazon, kindly file a report. ¡ª?Crees que vio algo ¡°real¡±? ?O era una expresi¨®n filos¨®fica? ¡ªPregunt¨® G¨®mez, casi sin querer hacerlo. Rivas se encogi¨® de hombros, su mirada se perdi¨® por un momento en el suelo antes de volver a encontrarse con la de G¨®mez. ¡ªNo lo s¨¦, G¨®mez. De verdad no lo s¨¦. Jonathan siempre fue el tipo de hombre que necesitaba respuestas, que no pod¨ªa quedarse con dudas. Todos los agentes tenemos esa misma naturaleza. Si encontr¨® algo, nunca lo comparti¨® con nosotros, al menos no de manera que lo entendi¨¦ramos. G¨®mez sinti¨® un escalofr¨ªo recorrerle la espalda. El mensaje secreto, las ¨²ltimas palabras de Jonathan, el testimonio de Rivas, todo empezaba a tener un sentido mucho m¨¢s oscuro. No era que Jonathan hubiera perdido la cordura ni que hubiera sido atacado por una criatura desconocida y estuviera pose¨ªdo. Hab¨ªa elegido un camino, uno que le parec¨ªa m¨¢s brillante, m¨¢s claro que la realidad en la que ellos segu¨ªan atrapados. Sonaban a una inducci¨®n de pensamientos o a un control mental muy sofisticado, algo poco frecuente de ver incluso en este campo de trabajo. ¡ªYo no creo que esto sea un suicidio ¡ªOpin¨® G¨®mez en voz baja¡ª Creo que Jonathan vio algo, algo que lo cambi¨® por completo. Y lo peor es que lo que vio le pareci¨® mejor que todo lo que la vida ten¨ªa para ofrecerle. Eso lo mat¨®. Rivas lo mir¨® con gravedad. ¡ªEs una conclusi¨®n aterradora, G¨®mez, pero s¨ª, parece que eso fue lo que pas¨®. Desde una perspectiva filos¨®fica, Jonathan logr¨® encontrar algo que estaba buscando desde hace mucho tiempo. Algo que provoc¨® que ya no estuviera con nosotros en los ¨²ltimos d¨ªas, al menos no de la manera en que sol¨ªa estar. ¡ª?Crees que hay alguien o algo detr¨¢s de todo esto? ¡ªInquiri¨® G¨®mez con severidad. Rivas lo mir¨® fijamente, con una seriedad que hablaba de los a?os de experiencia que llevaba cargando. ¡ªNo, G¨®mez. Lo dudo. La gran mayor¨ªa de casos de agentes muertos por suicidio son en efecto suicidios hechos voluntariamente. Es parte del costo de vivir demasiado tiempo entre estas fr¨ªas paredes de metal. G¨®mez permaneci¨® en silencio. Por su parte, Rivas exhal¨® profundamente antes de continuar, como si estuviera luchando con sus propios pensamientos, buscando una manera de encajar su perspectiva en palabras m¨¢s comprensibles. ¡ªMira, G¨®mez ¡ªDijo finalmente¡ªNo quiero sonar como si estuviera descartando algo sobrenatural por completo, pero no se encontr¨® ninguna evidencia de eso en la muerte de Jonathan. No hab¨ªa se?ales de posesi¨®n, ni nada fuera de lo com¨²n en su cuerpo. Lo revisaron todo a fondo. Se siguieron todos los protocolos al pie de la letra. G¨®mez asinti¨®, escuchando con atenci¨®n. ¡ªLo que s¨ª encontraron¡­ ¡ªProsigui¨® Rivas¡ª Fue que Jonathan hab¨ªa perdido todo su dinero. La fortuna que hab¨ªa heredado se desvaneci¨®. Malas inversiones, decisiones arriesgadas y fetiches caros, un c¨®ctel perfecto para mandar toda su riqueza al carajo. Ya no ten¨ªa los recursos que sol¨ªa tener para mantener su estilo de vida. Y Jonathan ten¨ªa fama de darse ciertos lujos no muy saludables. G¨®mez lo mir¨® con curiosidad. ¡ª?¡°Su estilo de vida¡±? ¡ªPregunt¨®, sabiendo que la pregunta era innecesaria, pues ya hab¨ªa o¨ªdo rumores sobre Jonathan antes. ¡ªS¨ª ¡ªAsinti¨® Rivas, tras una breve pausa¡ª Los rumores eran bien conocidos. Jonathan llevaba una vida de excesos, pero no cualquier clase de exceso, sino los m¨¢s oscuros, esos que hoy se pregonan a los cuatro vientos, pero que en mis tiempos se escond¨ªan bajo llave. Como suele pasar con los j¨®venes, el dinero de sus padres le permit¨ªa vivir sin preocuparse por el d¨ªa siguiente. Beb¨ªa lo que quer¨ªa, compraba lo que se le antojaba, y si algo le llamaba la atenci¨®n, lo consegu¨ªa sin pensarlo dos veces. Hasta ah¨ª, todo normal, es parte de la juventud. El problema era que sus gustos eran caros, y la herencia que recibi¨® no era tan grande como para sostener ese ritmo de vida. Rivas hizo una pausa para dejar que las palabras calaran en G¨®mez, quien lo escuchaba en silencio. ¡ªTodo cambi¨® cuando el dinero desapareci¨® ¡ªContinu¨® Rivas¡ª Perdi¨® el ¡°ritmo¡± en su vida. Vendi¨® sus coches y todos los ¡°tesoros¡± que hab¨ªa heredado, todo para tratar de mantener lo que le daba sabor a su vida. Todo fue ef¨ªmero, y para un hombre que viv¨ªa por y para satisfacer sus caprichos quedarse sin nada debi¨® ser devastador. G¨®mez not¨® la seriedad en la voz de Rivas y entendi¨® que esto no era solo un detalle sin importancia. Jonathan hab¨ªa pasado de ser un hombre satisfecho, a uno sin nada. Y eso, m¨¢s que cualquier cosa, pod¨ªa haber sido lo que lo llev¨® a replantearse su vida al punto de suicidio. Era una coartada perfecta. ¡ªEntonces, ?crees que fue eso lo que lo empuj¨® al l¨ªmite? ¡ªPregunt¨® G¨®mez, tratando de conectar las piezas. Rivas asinti¨® lentamente, como si esa fuera la ¨²nica conclusi¨®n a la que pudiera llegar. ¡ªNo estoy diciendo que sea la ¨²nica raz¨®n, nunca hay una sola raz¨®n para algo tan dram¨¢tico, pero tiene sentido. Jonathan siempre fue un hombre que buscaba el prop¨®sito en todo lo que hac¨ªa, incluso en su vida personal. Cuando ten¨ªa dinero, encontraba significado en sus lujos, en sus excesos. Pero cuando lo perdi¨® todo, no le qued¨® m¨¢s remedio que enfrentar su realidad. Comenz¨® a hacerse preguntas m¨¢s profundas, a cuestionarse la vida de una manera que nunca antes hab¨ªa hecho. Era como si hubiera despertado de un sue?o y se diera cuenta de que vivir por vivir ya no ten¨ªa sentido. G¨®mez entend¨ªa el punto del agente Rivas. Pod¨ªa imaginarse que, tarde o temprano, Jonathan habr¨ªa terminado en esa situaci¨®n, incluso si nada sobrenatural hubiera ocurrido durante la semana en la que estuvo en la enfermer¨ªa. ¡ª?Crees que fue todo por dinero? ?Que simplemente se dio cuenta de que su vida no ten¨ªa sentido sin dinero para satisfacer sus deseos y decidi¨® que lo mejor era terminarla?¡ªPregunt¨® el agente G¨®mez. Rivas murmur¨® algo para s¨ª mismo, pensando detenidamente antes de responder. ¡ªS¨ª¡­ y no¡­ Tuvo que haber un detonante. Su comportamiento fue extra?o en sus ¨²ltimos d¨ªas. Algo lo hizo empezar a cuestionarse todo de una manera que no hab¨ªamos visto antes. Podr¨ªa haber sido tu suspensi¨®n, pero eso no lo tengo del todo claro. La verdad es que yo opino que todo concuerda con un suicidio. Las grabaciones que dej¨®, las conversaciones que tuvo con nosotros, incluso su actitud hacia el final, parec¨ªa que hab¨ªa llegado a una conclusi¨®n l¨®gica, al menos desde su punto de vista. Para ¨¦l, terminar con su vida era el siguiente paso l¨®gico. En una larga cadena de eventos l¨®gicos. Como suele ocurrir en todos los suicidios de los hombres ¡°inteligentes¡±. G¨®mez se qued¨® pensando en lo que Rivas dec¨ªa. Todo sonaba razonable, pero hab¨ªa una parte de ¨¦l que no pod¨ªa sacudirse la sensaci¨®n de que algo m¨¢s hab¨ªa detr¨¢s. La calma perturbadora de Jonathan, la manera en que hablaba del ¡°velo de la realidad¡±, como si hubiera visto algo que nadie m¨¢s pod¨ªa ver. Todo eso le segu¨ªa sonando a algo m¨¢s grande que un simple suicidio impulsado por la p¨¦rdida de dinero. Jonathan Parker (3) ¡ª?Qu¨¦ opinas de las cosas que dijo sobre el ¡°velo de la realidad¡±? Palabras muy cr¨ªpticas para su gusto, ?no te parece? ¡ªPregunt¨® G¨®mez, intentando desentra?ar ese aspecto. Rivas lo mir¨® con una expresi¨®n pensativa. ¡ªTe soy sincero, no s¨¦ qu¨¦ pensar de eso. Jonathan siempre tuvo una mente anal¨ªtica, pero la cercan¨ªa con la muerte te transforma. Puede que esas palabras fueran solo met¨¢foras, formas en las que ¨¦l expresaba c¨®mo ve¨ªa su vida despu¨¦s de perderlo todo. Es posible que, al quedarse sin nada, comenzara a cuestionarse cosas que antes simplemente ignoraba. ¡ª?Y crees que lo encontr¨®? ¡ªPregunt¨® G¨®mez, tratando de entender lo que eso significaba. Rivas se encogi¨® de hombros, pero la tristeza que asomaba en su mirada era innegable, como si en lo m¨¢s profundo de su ser ya hubiera hecho las paces con la imposibilidad de encontrar una respuesta concreta. ¡ªNo lo s¨¦, G¨®mez. Quiz¨¢s, en su mente, Jonathan encontr¨® las respuestas que hab¨ªa estado buscando, esas que lo llevaron a hacer lo que hizo. Tal vez lleg¨® a la conclusi¨®n de que la vida ya no le ofrec¨ªa nada, que hab¨ªa llegado al final de su camino. Y en ese sentido, podr¨ªa ser que lo que mencion¨® sobre ¡°el velo¡± fuera su manera de decir que estaba listo para dejar este mundo atr¨¢s. Pero, al mismo tiempo, no puedo sacarme de la cabeza lo extra?o que fue su comportamiento. Algo no encaja. Quiero creer que hubo una raz¨®n, un detonante claro para ese cambio radical, pero sigo sin verlo. ?Falta de dinero? No lo s¨¦. Sabemos que siempre tuvo problemas financieros, pero esa no es la clase de cosa que te empuja al abismo de la noche a la ma?ana. No, lo suyo fue diferente. Fue como si algo lo consumiera de adentro hacia afuera, lentamente, pero tambi¨¦n contenido. No obstante, algo hizo que eso se liberara y ya no pudo seguir soport¨¢ndolo. ?Qu¨¦ fue lo que lo llev¨® a eso? Rivas se qued¨® en silencio, reflexionando, mientras la pregunta flotaba en el aire, cargada de una incertidumbre que ambos compart¨ªan. Esa era la gran interrogante, la que envolv¨ªa todo el caso: ?Qu¨¦ hab¨ªa derrumbado la mente de Jonathan? ?Qu¨¦ hab¨ªa sido lo suficientemente poderoso como para empujarlo al borde del abismo? G¨®mez sab¨ªa que si lograban encontrar esa respuesta, descubrir¨ªan la llave para desentra?ar el misterio por completo. Todo giraba en torno a ese momento, ese detonante invisible que hab¨ªa pasado desapercibido, pero que sin duda exist¨ªa. Pese a ello, lamentablemente, ninguno de los dos agentes sab¨ªa cu¨¢l era la respuesta. ¡ª?Se sabe algo m¨¢s sobre lo que estuvo investigando en sus ¨²ltimos d¨ªas? ¡ªPregunt¨® G¨®mez de repente, rompiendo el silencio como quien arroja una piedra a un lago en calma, esperando ver las ondas que se forman. Rivas levant¨® la cabeza lentamente, como si la pregunta lo hubiera sacado de un trance. Apret¨® los labios, pensando. ¡ªSu ¨²ltimo caso fue el de unos historiadores desaparecidos. Nada relacionado con suicidios. No hubo ning¨²n indicio de que estuviera metido en algo m¨¢s profundo que esas desapariciones o peligroso. Si te soy sincero, creo que el trabajo era lo ¨²ltimo que pasaba por la mente de Jonathan durante sus ¨²ltimos d¨ªas. Parec¨ªa m¨¢s enfocado en realizar una b¨²squeda personal, como si estuviera tratando de entender su lugar en el mundo. Nos cont¨® que hab¨ªa estado leyendo sobre filosof¨ªa, cultura, religi¨®n, sobre la naturaleza de la existencia, pero no hab¨ªa nada en sus palabras que nos hiciera pensar que hab¨ªa algo peligroso en juego. G¨®mez no estaba seguro de si eso lo tranquilizaba o lo inquietaba m¨¢s. Jonathan, un hombre que hab¨ªa pasado toda su vida persiguiendo placeres y lujos, ahora se encontraba inmerso en preguntas profundas sobre la existencia y el prop¨®sito de la vida. El contraste era demasiado brusco, demasiado repentino. ¡ªEs extra?o ¡ªDijo finalmente G¨®mez, mirando a Rivas¡ª Jonathan era el ¨²ltimo hombre al que hubiera imaginado metido en una crisis existencial. Rivas asinti¨® lentamente. ¡ªLo s¨¦. Todos pensamos lo mismo. Jonathan siempre parec¨ªa imperturbable, casi invulnerable. Pero, al final, nadie est¨¢ a salvo de eso. La vida, el trabajo, todo lo que nos rodea puede desmoronarse sin que nos demos cuenta, y cuando pierdes aquello que le daba sentido a tu existencia, lo que te manten¨ªa en pie, es f¨¢cil empezar a cuestionar todo. El porqu¨¦ de lo que hacemos, el prop¨®sito de quemar nuestra vida entre estos solitarios pasillos. Rivas hizo una pausa, sus ojos opacos como pozos insondables. Unauthorized tale usage: if you spot this story on Amazon, report the violation. ¡ªA nosotros, los agentes, nos pasa m¨¢s de lo que la gente cree. Nadie llega a la veteran¨ªa sin haber escondido un par de traumas en alg¨²n rinc¨®n oscuro de su subconsciente. Todos llevamos fantasmas con nosotros, incluso si tratamos de negarlo. El problema surge cuando esos fantasmas encuentran una oportunidad de materializarse. Rivas suspir¨® profundamente antes de continuar, su voz cargada de la pesadez de los recuerdos que parec¨ªan agolparse en su mente. Se frot¨® la frente, como si intentara aliviar el peso de las palabras que estaba a punto de decir. ¡ª G¨®mez¡­ ¡ªComenz¨®, con una seriedad que raramente mostraba¡ª He visto a muchos veteranos como Jonathan a lo largo de los a?os. Este trabajo te destruye de maneras que no puedes imaginar. Luchamos contra lo desconocido, contra lo imposible, y eso deja cicatrices. No solo en la piel, sino en el alma. G¨®mez lo mir¨® en silencio, digiriendo esas palabras. Sab¨ªa que lo que Rivas dec¨ªa ten¨ªa mucho de verdad. Lo hab¨ªa visto en sus compa?eros, en los agentes m¨¢s antiguos, esos que cargaban con varias d¨¦cadas de servicio en la fundaci¨®n. Hab¨ªa algo en sus miradas, en la forma en que actuaban, que no pod¨ªa ser explicado simplemente por el cansancio f¨ªsico. Incluso aquellos que parec¨ªan m¨¢s duros que el acero, se hab¨ªan derrumbado de la noche a la ma?ana. No importaba cu¨¢n fuertes parecieran, cu¨¢nto aparentaran controlar sus emociones o cu¨¢n fr¨ªos pudieran ser en el campo. El trabajo acababa alcanz¨¢ndolos a todos, tarde o temprano. Porque no se trataba solo de enfrentarse a lo paranormal o a los fen¨®menos inexplicables que investigaban, sino tambi¨¦n de enfrentarse a uno mismo, a los miedos m¨¢s profundos, a las dudas que crec¨ªan en la oscuridad de la mente. ¡ªJonathan no fue el primer agente que conozco en suicidarse, y me temo que no ser¨¢ el ¨²ltimo¡­ ¡ªContinu¨® Rivas, bajando la voz casi hasta un susurro, evitando que lo escuchara cualquier novato que anduviera por la sala de control¡ª Este trabajo nos empuja al l¨ªmite. He visto a demasiados buenos hombres terminar sus d¨ªas de un disparo en la cabeza. ?T¨² recuerdas cu¨¢ntos agentes se han quitado la vida en las ¨²ltimas d¨¦cadas? Yo ya perd¨ª la cuenta. G¨®mez sinti¨® un escalofr¨ªo recorrerle la espalda, esa sensaci¨®n helada que se apoderaba de la piel cuando algo que prefer¨ªas ignorar se volv¨ªa innegablemente real. No era algo de lo que se hablara abiertamente, pero todos sab¨ªan que el personal operativo de la fundaci¨®n llevaba una carga emocional enorme. El suicidio no era un tema ajeno, pero siempre parec¨ªa una tragedia distante, algo que le ocurr¨ªa a otros. Hasta que alguien cercano, como Jonathan, ca¨ªa v¨ªctima de esa misma desesperaci¨®n. ¡ªLo que me preocupa de Jonathan¡­ ¡ªIntent¨® expresar G¨®mez, su voz cargada de una tensi¨®n que apenas pod¨ªa contener. Pero justo cuando estaba a punto de desahogar lo que le quemaba por dentro, Rivas lo interrumpi¨®, con un tono que reflejaba un sombr¨ªo entendimiento. ¡ªG¨®mez¡­ ¡ªLa voz de Rivas era grave, casi apagada, como si estuviera arrastrando el peso de todas las verdades inc¨®modas que ambos sab¨ªan, pero rara vez discut¨ªan¡ª Luchar contra lo paranormal nos marca, nos consume por dentro. Muchos agentes pierden su sentido de la realidad despu¨¦s de a?os estando ¡°sanos¡±. No es tan raro que alguien como Jonathan, despu¨¦s de todo lo que ha visto, de todo lo que ha tenido que soportar, simplemente se derrumbara. Pero, ?de verdad podemos culparlo? ¡ªRivas hizo una pausa, su mirada penetrante, oscura, contempl¨® el caos controlado que se desataba en la sala de control¡ª No es raro perder la esperanza en la ¡°causa¡±, no cuando ves que todo por lo que has luchado parece desmoronarse frente a tus ojos. ¡ª?Qu¨¦ quieres decir? ¡ªG¨®mez lo mir¨®, tratando de seguir el hilo de sus palabras, pero tem¨ªa conocer la respuesta. ¡ªMe refiero a que lo que Jonathan ¡°vio¡± fue c¨®mo el sistema que juramos proteger se corrompe desde dentro. ¨¦l supo que te suspendieron, G¨®mez, y una semana despu¨¦s se mat¨® ¡ªRivas dej¨® caer la bomba con una frialdad resignada¡ª Eso no es una casualidad. ?Nada es una casualidad para un agente! Te lo advert¨ª cuando eras un novato que no ten¨ªa idea de en qu¨¦ se estaba metiendo, solo andabas siguiendo los pasos de tu madre como un pollito sigue a la gallina. Te lo repito hoy, cuando s¨¦ que probablemente est¨¦s considerando renunciar. Aunque no me lo digas, s¨¦ que esto tambi¨¦n te est¨¢ afectando. ?Para qu¨¦ luchamos, G¨®mez?¡ªSu voz se volvi¨® m¨¢s grave, m¨¢s ¨ªntima, como si estuviera confesando algo que hab¨ªa estado reprimiendo durante mucho tiempo¡ª ?Para qu¨¦ nos sacrificamos? Cada misi¨®n, cada caso que tomamos, cada anomal¨ªa que contenemos... Al final del d¨ªa, ?de qu¨¦ sirve todo si el sistema que nos sostiene se est¨¢ pudriendo por dentro? Las palabras de Rivas resonaron como un eco en la mente de G¨®mez. Sab¨ªa que Rivas hablaba desde la experiencia, ¨¦l hab¨ªa visto m¨¢s de lo que cualquier persona deber¨ªa en una vida. Y aunque no quer¨ªa admitirlo, comenzaba a creer que Jonathan hab¨ªa llegado a ese mismo punto de quiebre. ?Y si todo lo que hac¨ªan era en vano? ?Si sus sacrificios no llevaban a ning¨²n lugar, m¨¢s que a ser desechados? Quiz¨¢s, solo quiz¨¢s, ese fue el detonante por el cual Jonathan Parker se dio cuenta de que ya no val¨ªa la pena seguir levantando los brazos para seguir luchando. ¡ªSi quieres saber m¨¢s, deber¨ªas hablar con Ortega ¡ªSugiri¨® Rivas¡ª Era el mejor amigo de Jonathan. De hecho, le dej¨® toda su fortuna cuando se fue. Se rumorea que Ortega puso dinero de su propio bolsillo para evitar tener que vender las pertenencias de Jonathan para saldar las innumerables deudas que ten¨ªa. Eso dice mucho sobre lo cercanos que eran esos dos. Como te imaginar¨¢s, Ortega estuvo con ¨¦l en sus ¨²ltimos d¨ªas. Y, seg¨²n cuentan, Jonathan le confes¨® que estaba pensando en suicidarse. G¨®mez levant¨® la vista, sorprendido por esa revelaci¨®n. ¡ª?¡°Le dej¨® toda su fortuna¡±?¡ªPregunt¨® G¨®mez¡ª No sab¨ªa que eran tan cercanos. ¡ªLo eran ¡ªConfirm¨® Rivas¡ª Ortega fue el ¨²nico con quien Jonathan comparti¨® sus pensamientos m¨¢s oscuros. Si alguien tiene las respuestas, es ¨¦l. Jonathan Parker (4) La realidad era que el nombre de Ortega no sorprendi¨® a G¨®mez, pero hacer preguntas redundantes era el trabajo de todo buen agente. De las respuestas a las preguntas redundantes a veces se extra¨ªa informaci¨®n para nada redundante. G¨®mez sab¨ªa que si alguien ten¨ªa informaci¨®n privilegiada, ser¨ªa Ortega. Busc¨® al agente con la mirada y lo vio en una de las estaciones de control, hablando con un nuevo recluta. Se despidi¨® brevemente de Rivas y se acerc¨® a Ortega, quien al verlo se levant¨® y lo salud¨® con una sonrisa amarga. Ortega, cerca de los cincuenta a?os, hab¨ªa logrado mantener su energ¨ªa a lo largo de los a?os, pero las tensiones recientes hab¨ªan comenzado a cobrarle factura. De estatura alta y con el cabello oscuro salpicado de algunas canas en las sienes, Ortega siempre hab¨ªa tenido una presencia tranquila y met¨®dica. Aunque su rostro ten¨ªa l¨ªneas de preocupaci¨®n, era m¨¢s accesible que otros veteranos. Su postura y mirada lo hab¨ªan convertido en una especie de mediador entre los viejos de la fundaci¨®n y los j¨®venes reclutas. Hab¨ªa visto su buena parte de acci¨®n, pero tambi¨¦n sab¨ªa cu¨¢ndo era momento de ser diplom¨¢tico. A diferencia de Rivas, Ortega entend¨ªa que la fundaci¨®n estaba cambiando, aunque compart¨ªa la preocupaci¨®n de muchos sobre el rumbo que estaba tomando.
Tarjeta del personal
Nombre Alexander Ortega
C¨®digo de Identificaci¨®n 834449
Ocupaci¨®n Agente de Campo
Especializaci¨®n Tr¨¢fico ilegal de objetos paranormales
Ubicaci¨®n Piso 3, Sala de control
Rango Eventos de clase D
¡ªG¨®mez¡­ me imaginaba que vendr¨ªas a despedirte ¡ªDijo Ortega, su voz apagada, como si la tragedia reciente hubiera drenado su energ¨ªa. ¡ªS¨ª, bueno, supongo que este es el final para m¨ª ¡ªContest¨® G¨®mez con una calma fingida, intentando sonar casual mientras avanzaba un poco m¨¢s hacia el veterano¡ª La suspensi¨®n es de ocho meses, demasiado tiempo para pensar algo que no deber¨ªa pensar tanto. Quiz¨¢s es hora de colgar el uniforme, aceptar la jubilaci¨®n, retirarme de todo esto y rearmar mi vida de otra forma. Ortega asinti¨® con una leve inclinaci¨®n de cabeza, pero su mirada parec¨ªa distante. No hab¨ªa consuelo en sus ojos, solo una resignaci¨®n callada que se hab¨ªa instalado desde la tragedia. ¡ªNo es f¨¢cil, G¨®mez ¡ªRespondi¨® despu¨¦s de unos momentos¡ª La vida se va volviendo m¨¢s pesada con los a?os. El cuerpo envejece, pero el alma lo siente m¨¢s. Tal vez jubilarte sea lo mejor. Yo mismo he pensado en hacerlo. Cada vez es m¨¢s dif¨ªcil seguir adelante, ?sabes? G¨®mez se acerc¨® un poco m¨¢s, mirando a Ortega con empat¨ªa. Sab¨ªa que ambos estaban luchando con los mismos demonios, las mismas dudas. Pero no estaba all¨ª solo para hablar de ese asunto. ¡ªS¨ª, el retiro suena cada vez mejor¡ªDijo, con una risa ligera que no alcanz¨® a sus ojos¡ª Pero no quiero irme sin antes entender algunas cosas. Ortega lo mir¨®, levantando ligeramente una ceja, y G¨®mez supo que era el momento de dirigir la conversaci¨®n hacia lo que realmente le preocupaba. ¡ªSobre Jonathan¡­ ¡ªG¨®mez dej¨® caer el nombre con cuidado, como si no quisiera perturbar algo fr¨¢gil¡ª No he podido dejar de pensar en ¨¦l desde que me enter¨¦ de lo que pas¨®. Ortega apart¨® la mirada, inc¨®modo, como si el nombre de su amigo lo hiriera de alguna manera. Por un instante, el silencio se hizo pesado, casi insoportable. ¡ªJonathan¡­ ¡ªRepiti¨® Ortega, frot¨¢ndose las sienes como si tratar de procesar la idea lo cansara a¨²n m¨¢s¡ª Todav¨ªa no puedo creerlo. Fue todo muy repentino, de una semana para la otra. Sab¨ªa que cargaba con mucho, su infancia fue muy dura, pero nunca pens¨¦ que llegar¨ªa a este punto. G¨®mez not¨® el dolor en la voz de Ortega, pero tambi¨¦n percibi¨® algo m¨¢s: una evasi¨®n, una resistencia a hablar del tema. Lo conoc¨ªa lo suficiente como para saber cu¨¢ndo estaba ocultando algo. ¡ªAlgo no me cuadra, Ortega ¡ªDijo G¨®mez, su tono sereno, pero firme¡ª Jonathan era muchas cosas, pero no era alguien con ese perfil. S¨¦ que algo m¨¢s est¨¢ pasando aqu¨ª. T¨² lo conoc¨ªas bien, mejor que yo. ?Qu¨¦ me puedes contar sobre los ¨²ltimos d¨ªas? You might be reading a pirated copy. Look for the official release to support the author. Ortega guard¨® silencio durante unos segundos, mirando hacia la nada misma, como si estuviera buscando las palabras correctas en alg¨²n lugar lejano. ¡ªJonathan estaba en un estado delicado, G¨®mez¡­ ¡ªDijo finalmente, su voz cansada¡ª Algo en ¨¦l hab¨ªa comenzado a desmoronarse antes de su muerte. Siempre fue un tipo introspectivo, ya sabes, alguien que pensaba demasiado en todo. Pero estos ¨²ltimos meses, parec¨ªa diferente, m¨¢s ?c¨®mo decirlo? M¨¢s desesperado por encontrar respuestas y salir de la monoton¨ªa de la rutina. Estaba insatisfecho con su vida y su situaci¨®n actual. ¡ª?¨²ltimos meses? ¡ªPregunt¨® G¨®mez, sus cejas levantadas reflejando la incredulidad¡ª Yo¡­ yo pensaba que Jonathan hab¨ªa estado mal solo en la ¨²ltima semana. Siempre lo vi estable, quiz¨¢s un poco m¨¢s ¡°activo¡± de lo habitual, pero nada que me hiciera pensar que estaba¡­ que estaba¡­ as¨ª de mal. Ortega suspir¨® profundamente y se gir¨® hacia G¨®mez, sus ojos reflejando una tristeza que parec¨ªa m¨¢s all¨¢ de las palabras. ¡ªJonathan ocultaba muy bien su vida privada, G¨®mez. Como todo buen agente lo hace. Estaba en una especie de descenso gradual que empez¨® hace a?os, pero en los ¨²ltimos meses, todo empeor¨® significativamente. La ¨²ltima semana fue terrible. Los ¨²ltimos d¨ªas de su vida fueron los m¨¢s extra?os, probablemente porque acept¨® su muerte. G¨®mez sinti¨® un nudo en el est¨®mago. La revelaci¨®n le impact¨® de manera brutal, como si una cortina se hubiera levantado de golpe, mostrando un panorama oscuro que hab¨ªa estado escondido tras la apariencia de normalidad que hab¨ªa percibido durante d¨¦cadas. ¡ª?C¨®mo es posible? ¡ªMurmur¨®, casi para s¨ª mismo¡ª Nunca lo not¨¦. Pens¨¦ que hab¨ªa estado lidiando con todo esto solo en el ¨²ltimo momento. Ortega se acerc¨® un poco m¨¢s, su mirada se endureci¨®, pero manten¨ªa la empat¨ªa en su tono. ¡ªNo solo en las ¨²ltimas semanas, G¨®mez. Jonathan llevaba a?os luchando con una soledad que lo carcom¨ªa por dentro. Desde su infancia dir¨ªa yo. Era experto en esconder sus problemas, siempre daba la impresi¨®n de tener la situaci¨®n bajo control. Su perpetua sonrisa est¨²pida era una excelente m¨¢scara. Desde joven la ven¨ªa usando para esconder lo triste que era su vida. Pero a medida que el tiempo pas¨®, esa fachada comenz¨® a agrietarse. La presi¨®n de este trabajo, el peso de las cosas que hab¨ªa visto, el creciente aumento de problemas financieros y el hecho de que no pod¨ªa rearmar la familia que hab¨ªa perdido, todo eso lo consumi¨®. Los ¨²ltimos meses fueron un reflejo de ese deterioro. Cuanto m¨¢s sonre¨ªa, m¨¢s estaba sufriendo por dentro, aunque muy pocos sab¨ªan eso. G¨®mez se hundi¨® en una silla cercana, tratando de asimilar la triste realidad planteada por Ortega. Sus pensamientos se entrelazaban con recuerdos de Jonathan, tratando de reconciliar la imagen del hombre s¨®lido y confiable con la de alguien que estaba al borde del colapso. Le era imposible. ¡ªSiempre pens¨¦ que era feliz, que llevaba una vida mucho m¨¢s alegre que la m¨ªa. Hasta te admitir¨ªa que, en varios momentos, envidiaba su vida. Siempre rodeado de personas, compartiendo an¨¦cdotas fascinantes. Mi vida, en comparaci¨®n, se reduce a este trabajo. Te lo juro, Ortega, lo ve¨ªa en las reuniones, escuchaba sus ideas. No hab¨ªa indicios de que estuviera tan mal. Ortega asinti¨® lentamente, entendiendo la confusi¨®n de G¨®mez. ¡ªY esa era la idea, ?no? Que no se notara. Para ¨¦l, admitir que estaba en problemas era como una derrota, algo que no pod¨ªa permitir. Pero con el tiempo, la presi¨®n lo super¨®. La ¨²ltima semana, especialmente, fue un caos total para ¨¦l. Estaba irritable, parec¨ªa estar en constante estado de alerta, y sus pensamientos estaban desordenados. De alguna manera, en esos d¨ªas finales, la realidad de su vida y la obsesi¨®n por encontrar una respuesta que resolviera el misterio del ¨²ltimo caso en el cual estaba trabajando se entrelazaron peligrosamente. Era una excusa, usaba ese caso para no pensar en otras cosas. Jonathan necesitaba respuestas y yo lo not¨¦. G¨®mez inclin¨® la cabeza, observando con atenci¨®n. Sent¨ªa que Ortega estaba a punto de decir algo importante, algo que tal vez hab¨ªa estado guardando para s¨ª mismo. ¡ª?Respuestas? ?Respuestas sobre su ¨²ltimo caso? ?Crees que su ¨²ltimo caso fue el responsable de su muerte? Ortega baj¨® la vista al suelo por un momento, como si estuviera luchando con las palabras correctas. Finalmente, se rasc¨® la nuca y se encogi¨® de hombros. ¡ªNo es f¨¢cil, G¨®mez. La verdad es que Jonathan estaba raro, s¨ª, lo notamos todos. Pero todo el mundo act¨²a raro aqu¨ª, ?no? ¡ªDijo Ortega, con una sonrisa amarga, pero la tristeza estaba grabada en sus ojos¡ª Se ve¨ªa m¨¢s nervioso de lo usual, parec¨ªa que se le hab¨ªa asignado un caso peligroso. No pidi¨® mi ayuda para ese caso, as¨ª que no puedo contarte mucho sobre el mismo. G¨®mez lo mir¨® intensamente, tratando de captar cualquier se?al en las palabras de Ortega. ¡ª?Y crees que todo eso lo llev¨® a suicidarse? ¡ªEs dif¨ªcil de aceptar, lo s¨¦ ¡ªRespondi¨® Ortega¡ª Pero te aseguro que lo investigamos bien. Jonathan estaba en una situaci¨®n mental muy delicada. No era solo el trabajo o el estr¨¦s, estaba cargando con un peso que no pod¨ªa compartir con nadie. Yo sab¨ªa que era su soledad, por eso fui a su casa muy seguido los ¨²ltimos d¨ªas y ¨¦l tambi¨¦n vino a la m¨ªa con m¨¢s frecuencia de lo habitual. Ni con eso logr¨¦ salvarlo. En los ¨²ltimos d¨ªas, antes de su muerte, comenz¨® a hablar de que quer¨ªa dejar la fundaci¨®n, de que ya no pod¨ªa seguir trabajando en este lugar. Incluso me traspas¨® a sus hijos, como si ya supiera que no iba a estar m¨¢s aqu¨ª para cuidarlos. ¡ªNo sab¨ªa que Jonathan ten¨ªa hijos ¡ªComent¨® G¨®mez con cautela; aparentemente el tema era algo muy delicado, en caso contrario se hubiera enterado de su existencia. Ortega solt¨® una leve risa ir¨®nica, como si aquella declaraci¨®n hubiera sido un malentendido com¨²n. ¡ªNo en el sentido que imaginas ¡ªDijo, reclin¨¢ndose en su silla¡ª No eran ni?os reales. Ninguno tiene ¡°alma¡±, al menos. Pero s¨ª, tuvo muchos ¡°hijos¡±. Los tuvo con criaturas, androides, y otras m¨¢quinas. ¨¦l viv¨ªa con muchos robots, cosas, trabajadores y algunas otras ¡°criaturas¡± ex¨®ticas, por as¨ª decirlo. Jonathan siempre fue alguien a quien le incomodaba profundamente la soledad. Desde muy joven. Todo comenz¨® despu¨¦s de que sus padres murieran cuando ¨¦l a¨²n estaba en la escuela primaria, tras eso empez¨® a rodearse de compa?¨ªa para llenar ese vac¨ªo. G¨®mez frunci¨® el ce?o, tratando de imaginar a un ni?o con mucho dinero, lidiando con la p¨¦rdida de sus padres a tan corta edad. ¡ª?As¨ª que esa necesidad de compa?¨ªa lo acompa?¨® toda su vida? ¡ªPregunt¨®, buscando entender mejor el trasfondo de la vida de Jonathan. Ortega asinti¨® lentamente, sus ojos recorriendo la superficie de la mesa, como si en su mente estuviera recordando detalles que no hab¨ªa revivido en mucho tiempo. ¡ªS¨ª. Desde muy joven empez¨® a rodearse de personas, o al menos, lo m¨¢s cercano a ellas. Al principio eran amigos, compa?eros de la escuela. Despu¨¦s, cuando entr¨® a trabajar en la fundaci¨®n, empez¨® a coleccionar m¨¢s ¡°personas¡±, cosas, criaturas, animales. Cuando los androides se le hicieron m¨¢s accesibles, no tard¨® en empezar a comprar los nuevos modelos. Y finalmente llen¨® su casa con ¡°hijos¡±. Cualquier cosa que lo ayudara a combatir esa soledad que lo carcom¨ªa desde que perdi¨® a sus padres. Curiosamente, nunca se busc¨® una esposa de ¡°verdad¡±, me parece que siempre tuvo el temor de morir trabajando como agente, dejando a sus hijos sin padre. Jonathan Parker (5) G¨®mez se inclin¨® hacia adelante, interesado en la ¡°verdadera¡± historia de Jonathan, que hasta ahora hab¨ªa sido un misterio. ¡ª?Crees que esa necesidad de no estar solo fue lo que lo llev¨® a tener problemas econ¨®micos? ¡ªPregunt¨® con sinceridad¡ª Su falta de dinero siempre fue algo de lo que se hablaba, pero nunca imagin¨¦ que fuera tan grave. Yo lo ayud¨¦ en varios casos no muy legales que digamos y ciertamente se lo notaba un poco desesperado por el dinero. Pero reci¨¦n ahora me entero de que estaba pr¨¢cticamente en bancarrota cuando muri¨®. Ortega suspir¨®, como si la pregunta lo hubiera transportado a un lugar inc¨®modo en su memoria. ¡ªS¨ª, probablemente esa fue una de las principales razones. A Jonathan le gustaba que todos a su alrededor estuvieran ¡°felices¡±. No pod¨ªa soportar ver a alguien en su c¨ªrculo infeliz o insatisfecho. Disfrutaba satisfaciendo los caprichos de la gente con la que conviv¨ªa. Y claro, eso ten¨ªa un costo. Compartimos ese mismo gusto, pero mientras yo siempre he podido costear mis propios caprichos, Jonathan siempre estaba al borde de la quiebra. G¨®mez observ¨® a Ortega, quien parec¨ªa reflexionar sobre las diferencias entre su estilo de vida y el de Jonathan. ¡ª?Entonces ¨¦l gastaba su dinero en mantener contentos a otros? ¡ªPropuso G¨®mez en un tono neutral, pero la sorpresa era evidente en su mirada. Los rumores dec¨ªan todo lo contrario, aunque no mencionar¨ªa ese asunto con Ortega. Si el veterano lo quer¨ªa enga?ar, deb¨ªa tragarse la mentira o no obtendr¨ªa m¨¢s informaci¨®n de su parte. Ortega sonri¨® con amargura, como si la pregunta lo golpeara en lo m¨¢s profundo. ¡ªAs¨ª es. Le gustaba rodearse de gente, de cosas, de cualquier cosa que lo hiciera sentir que no estaba solo en este mundo. Y para mantener esa ilusi¨®n, estaba dispuesto a gastar lo que fuera necesario. Cuando la herencia se fue, empez¨® a aceptar cualquier trabajo que le ofrecieran. De hecho, uno de los motivos por los que se convirti¨® en agente fue porque la paga era muy buena. Ortega suspir¨® y se acomod¨® en su silla, su mirada se perdi¨® en el vac¨ªo mientras recordaba tiempos pasados. La luz de la sala de control proyectaba un brillo tenue en sus facciones envejecidas, resaltando la preocupaci¨®n y la nostalgia que cargaba consigo. ¡ªCuando Jonathan y yo ¨¦ramos j¨®venes, la fundaci¨®n no era como es ahora. En aquel entonces, entrar en la fundaci¨®n era casi un privilegio reservado para unos pocos selectos. No era cuesti¨®n de m¨¦rito o de trabajo duro ¨²nicamente; era una cuesti¨®n de contactos y de riqueza. Las puertas estaban cerradas para la mayor¨ªa, y era una lucha constante para aquellos que intentaban entrar sin los recursos adecuados. G¨®mez asinti¨®, ¨¦l consigui¨® este trabajo por su madre, por lo que le fue muy f¨¢cil hacerlo. Pero antiguamente esta era una organizaci¨®n secreta y uno deb¨ªa ser muy rico para entrar sin los contactos adecuados. ¡ªJonathan no ten¨ªa los contactos ni la fortuna necesaria para abrirse camino en aquel entonces ¡ªProsigui¨® Ortega¡ª Era un joven brillante y con una pasi¨®n genuina por la investigaci¨®n, pero eso no siempre era suficiente. La fundaci¨®n era un mundo elitista, y para alguien como Jonathan, que no contaba con ese nacimiento, el camino era a¨²n m¨¢s arduo. Ortega se inclin¨® hacia adelante, como si quisiera enfatizar la importancia de sus palabras. ¡ªSin embargo, Jonathan y yo ten¨ªamos una historia juntos. Ambos fuimos compa?eros de colegio en la escuela secundaria St. Patrick. Fue all¨ª donde nuestra amistad comenz¨®, y tambi¨¦n donde Jonathan demostr¨® su excepcional talento y su dedicaci¨®n por resolver misterios. G¨®mez escuchaba atentamente, notando el cambio en el tono de Ortega. La historia personal que estaba compartiendo parec¨ªa te?ida de una mezcla de orgullo y melancol¨ªa. ¡ªCuando comenc¨¦ a trabajar en la fundaci¨®n, ya estaba bien posicionado para ayudar a personas con potencial. As¨ª que cuando me enter¨¦ de que Jonathan estaba luchando para encontrar su lugar en el mundo, decid¨ª hacer algo al respecto. A pesar de que mi posici¨®n en la fundaci¨®n no era la de un alto ejecutivo, ten¨ªa algo de influencia y contactos que pod¨ªa utilizar para abrir algunas puertas. You could be reading stolen content. Head to Royal Road for the genuine story. Ortega se qued¨® en silencio por un momento, recordando esos d¨ªas de esfuerzo y dedicaci¨®n. ¡ªLo que hice fue utilizar mis conexiones para recomendar a Jonathan. No era un camino f¨¢cil, pero logr¨¦ que lo consideraran como un recluta con buen potencial. Al final, pude hacer que lo aceptaran. Recuerdo que estaba ansioso mientras esper¨¢bamos la respuesta, pero cuando finalmente le dieron la oportunidad, fue un gran alivio para ambos. Ortega sonri¨® d¨¦bilmente al recordar el momento, pero su expresi¨®n pronto se torn¨® m¨¢s seria. El peso de los ¨²ltimos meses que Jonathan hab¨ªa vivido parec¨ªa presionar sobre ¨¦l. ¡ªSabes ¡ªComenz¨® Ortega, con un suspiro que parec¨ªa m¨¢s una liberaci¨®n de peso que de palabras¡ª Jonathan no era el mismo desde hace mucho tiempo. Lo not¨¦ antes que nadie, pero al principio no le di demasiada importancia. Todos en este trabajo llegamos a ese punto en el que algo se nos rompe por dentro. Ese punto de quiebre. En donde nos invade esa sensaci¨®n de que todo est¨¢ mal, de que no importa lo que hagas, no puedes salvar a nadie. Pero lo de Jonathan era distinto. Era como un mal cr¨®nico que estall¨® de golpe. Ortega hizo una pausa, como si las palabras pesaran m¨¢s de lo que quer¨ªa admitir. G¨®mez no lo interrumpi¨®. Sab¨ªa que estas conversaciones no deb¨ªan forzarse. ¡ªLa ¨²ltima semana se lo notaba muy nervioso, tenso todo el tiempo. Recuerdo c¨®mo su mano temblaba cuando sosten¨ªa su caf¨¦, o c¨®mo evitaba el contacto visual cuando le preguntabas si todo estaba bien. Era como si estuviera viviendo una constante lucha interna, pero no ten¨ªa el valor para decirlo en voz alta. Y luego, de repente, todo cambi¨®. Ah¨ª es donde comienza lo raro. Lo que probablemente te llame la atenci¨®n, G¨®mez. Ortega movi¨® la cabeza, tratando de recordar el momento exacto en que not¨® el cambio en Jonathan. Como agentes enfrentados a lo desconocido, su forma de abordar una tragedia era muy distinta a la de una persona com¨²n. En su mundo, el primer impulso era descartar cualquier posible evento paranormal, un proceso que a menudo se volv¨ªa una especie de ritual para encontrar culpables que en realidad no exist¨ªan. Este tipo de duelo era una tortura. Para ellos, era necesario repasar cada conversaci¨®n y cada detalle, en busca de signos de que algo extra?o hab¨ªa ocurrido. Sin embargo, lo que sol¨ªan encontrar era una mezcla entre lo vago y lo imaginario. M¨¢s que pruebas reales, encontraban excusas para convencerse de que algo hab¨ªa sido diferente, algo que justificara el dolor que sent¨ªan. Pero al final, las pruebas concretas las recogieron los cient¨ªficos que examinaron el cad¨¢ver de Jonathan, y ellos no encontraron nada fuera de lo normal. G¨®mez se inclin¨® hacia adelante, su curiosidad evidente en cada l¨ªnea de su rostro. La historia de Jonathan y los cambios que hab¨ªa experimentado antes de su tr¨¢gico final lo intrigaban profundamente. ¡ª?Qu¨¦ fue lo que notaste? ¡ªInquiri¨® G¨®mez. Ortega suspir¨®, su expresi¨®n reflejando una mezcla de frustraci¨®n y decepci¨®n. Mir¨® al suelo por un momento, como si buscara en su propio camino una respuesta que pudiera darle sentido a todo. Luego levant¨® la vista, encontr¨¢ndose los ojos de G¨®mez. ¡ªLo que m¨¢s me preocupa es c¨®mo Jonathan cambi¨® despu¨¦s de una misi¨®n en la que estaba investigando las desapariciones que ven¨ªa siguiendo hace un tiempo ¡ªDijo Ortega, con un tono que denotaba tanto cansancio como un toque de resignaci¨®n¡ª Algo ocurri¨® durante ese tiempo fuera del laboratorio, algo que no se puede explicar f¨¢cilmente. Ni siquiera yo puedo decir con certeza qu¨¦ fue, pero desde su regreso, se le notaba diferente. ¡ªEntonces, ?qu¨¦ fue lo que pas¨® en esa misi¨®n? ¡ªPregunt¨® G¨®mez, intentando obtener m¨¢s detalles sobre la naturaleza de la misi¨®n y el impacto que tuvo en Jonathan. ¡ªNada, y eso es lo complicado ¡ªRespondi¨® Ortega ¡ª Pero mi intuici¨®n profesional me dice que algo ocurri¨®. Cuando est¨¢s en este trabajo tantas d¨¦cadas aprendes a confiar en tus instintos, y mi instinto me dice que durante esa misi¨®n ocurri¨® algo que no podemos ver con los equipos o las pruebas convencionales. ¡ª?Qu¨¦ piensas que pudo haber sucedido? ¡ªPregunt¨® G¨®mez, con su voz baja, casi como si temiera que el simple hecho de preguntar pudiera invocar un fantasma. ¡ªHe hablado con Marcus sobre esto, ¨¦l fue el cient¨ªfico a cargo de estudiar esas desapariciones¡ªRespondi¨® Ortega¡ª Dado que no se encontr¨® nada extra?o, llegamos a la conclusi¨®n de que tal vez Jonathan necesitaba esa misi¨®n fuera del laboratorio para replantearse su vida. El viaje, el tiempo fuera del entorno habitual, podr¨ªa haberle dado la oportunidad de reflexionar y escapar de la rutina que le estaba afectando. La misi¨®n en s¨ª no implicaba riesgos significativos, era una tarea relativamente sencilla. Solo ten¨ªa que hacer una entrevista protocolar a una familia com¨²n y corriente. Sin embargo, parece que ese tiempo fuera del laboratorio, ese cambio de entorno, le permiti¨® afrontar su situaci¨®n interna de una manera diferente. ¡ªEntonces, crees que la misi¨®n no fue el factor determinante en el cambio, sino m¨¢s bien el tiempo de tranquilidad que tuvo ¡ªDijo G¨®mez, tratando de clarificar la teor¨ªa¡ª ?C¨®mo encaja eso con el hecho de que su comportamiento se volvi¨® m¨¢s err¨¢tico despu¨¦s de regresar? Ortega frunci¨® el ce?o, como si estuviera buscando las palabras adecuadas para expresar sus pensamientos. ¡ªNo se volvi¨® m¨¢s err¨¢tico, todo lo contrario ¡ªNeg¨® Ortega¡ª Jonathan volvi¨® de la misi¨®n con una calma que era contagiosa, como si el tiempo fuera del laboratorio le hubiera hecho bien. Parec¨ªa estar m¨¢s relajado y sus nervios hab¨ªan desaparecido. Sin embargo, esa calma fue ef¨ªmera. En realidad, lo que sucedi¨® despu¨¦s de su regreso fue que su comportamiento se volvi¨® cada vez m¨¢s filos¨®fico y meditativo. Jonathan Parker (6) ¡ª?Crees que hay alguna manera de entender mejor qu¨¦ pudo haber desencadenado ese cambio? ¡ªPregunt¨® G¨®mez, su tono denotando una mezcla de curiosidad y desesperaci¨®n por encontrar respuestas. Ortega lo mir¨® fijamente, su expresi¨®n reflejando una mezcla de resignaci¨®n y cansancio. ¡ªSi quieres obtener m¨¢s informaci¨®n al respecto de esa misi¨®n, deber¨ªas hablar con Marcus. ¨¦l puede tener una perspectiva diferente sobre lo que ocurri¨®. Lo ¨²nico que puedo decirte, es que al regresar hab¨ªa algo diferente en su mirada, en su manera de hablar. Ya no era el tipo que caminaba con prisa o que se preocupaba por cada peque?o detalle. Al contrario, empez¨® a tomarse las cosas con una serenidad que no parec¨ªa natural. ¡ª?Qu¨¦ tipo de serenidad? ¡ªRebusc¨® G¨®mez, con la esperanza de que Ortega pudiera dar m¨¢s detalles que explicaran aquel estado. Rivas tambi¨¦n lo hab¨ªa notado, pero ¨¦l no era alguien que lo hubiera conocido tan bien como Ortega. ¡ªNo s¨¦ c¨®mo explicarlo ¡ªContest¨® Ortega, consternado¡ª Era como si de repente todo hubiera cobrado sentido para ¨¦l, pero no del modo en que t¨² o yo encontrar¨ªamos claridad. Hab¨ªa algo en su forma de ser, algo en su manera de ver el mundo que cambi¨® radicalmente. Los ¨²ltimos d¨ªas sol¨ªa pasar horas, y cuando digo horas, te lo digo en serio, meditando, o al menos eso parec¨ªa. Lo encontrabas sentado, mirando el vac¨ªo, sin decir una palabra durante largos per¨ªodos de tiempo. Y si le preguntabas en qu¨¦ pensaba, te daba respuestas que sonaban casi como acertijos. ¡ª?Qu¨¦ te dec¨ªa? ¡ªInquiri¨® G¨®mez, inclin¨¢ndose hacia adelante, interesado en comprender mejor esa transformaci¨®n. Ortega se rasc¨® la cabeza, como si intentar recordar las palabras exactas de Jonathan lo agotara mentalmente. ¡ªLo recuerdo bien porque me dej¨® desconcertado en m¨¢s de una ocasi¨®n. Me dec¨ªa cosas como: ¡°Ortega, ?alguna vez te has detenido a pensar que tal vez no somos m¨¢s que observadores? No actores, solo testigos de lo que est¨¢ m¨¢s all¨¢ de nuestra comprensi¨®n¡±. Al principio pens¨¦ que era solo una forma po¨¦tica de expresar lo agotado que estaba, pero cuanto m¨¢s habl¨¢bamos, m¨¢s me daba cuenta de que hablaba en serio. Jonathan estaba empezando a cuestionarse todo, como si hubiera visto algo que lo oblig¨® a replantearse la realidad misma. ¡ª?Crees que estaba siendo afectado por un fen¨®meno paranormal? ¡ªPregunt¨® G¨®mez, casi en un susurro. Ortega lo mir¨® y neg¨® con resignaci¨®n. ¡ªG¨®mez, cr¨¦eme, investigu¨¦ todo lo que pude por mi cuenta. Revis¨¦ las c¨¢maras, habl¨¦ con los pocos que estuvieron con ¨¦l esa ¨²ltima semana. No hay nada. Ninguna se?al de que alguien lo haya obligado o de que hubiera algo paranormal. Jonathan estaba mal, eso lo sab¨ªamos todos. Solo que ninguno vio venir el desenlace de su historia. A¨²n no acept¨® que se haya matado. Nunca lo vi alucinar o hablar de algo concreto. Era m¨¢s como si despu¨¦s de todo lo que hab¨ªa visto a lo largo de su vida, despu¨¦s todo lo que hab¨ªa enfrentado, hubiera hecho clic en su cabeza de una manera que ninguno de nosotros pod¨ªa entender. Me hablaba de ¡°conexiones¡± entre las cosas, de c¨®mo todo estaba entrelazado de una forma que no pod¨ªamos percibir a simple vista. Lo describ¨ªa como si hubiera alcanzado alg¨²n tipo de iluminaci¨®n, esa claridad lo hizo m¨¢s feliz. Nadie la ve¨ªa como algo malo. Ortega se pas¨® las manos por la cara, y G¨®mez not¨® que el tema lo estaba afectando m¨¢s de lo que parec¨ªa. ¡ªA veces pienso que todo esto ¡ªOrtega hizo un gesto vago alrededor de la sala¡ª Todo lo que hacemos, tiene un costo. No necesariamente uno f¨ªsico, sino uno mental. Un costo que Jonathan, por alguna raz¨®n, no pudo seguir ignorando. Pero en lugar de quebrarse, como muchos de nosotros lo hemos hecho en alg¨²n momento, ¨¦l simplemente acept¨® todo y se mat¨®. As¨ª de brusco y r¨¢pido. Si te pones a pensar, la gran mayor¨ªa de agentes tiene muchas excusas para saltar de un rascacielos luego de trabajar tantas d¨¦cadas en este matadero. G¨®mez levant¨® una ceja, curioso por esa elecci¨®n de palabras. ¡ª?Acept¨® qu¨¦ cosa? ¡ªIndag¨®. ¡ªAcept¨® que nada de lo que hacemos aqu¨ª importa en el gran esquema de las cosas. Al menos, eso fue lo que me dio a entender. Para ¨¦l, todo comenz¨® a perder significado porque empez¨® a ver lo insignificantes que ¨¦ramos en comparaci¨®n con las fuerzas a las que nos enfrentamos. Y no me malinterpretes, no era como si estuviera deprimido o desesperado por ello. Al contrario, era como si hubiera hecho las paces con esos fantasmas. Ya no ten¨ªa miedo, ya no se preocupaba. Pero esa paz que encontr¨® no era la que cualquiera de nosotros querr¨ªa. Ortega hizo una pausa, sus ojos fijos en el suelo, antes de a?adir: ¡ªEn sus ¨²ltimos d¨ªas, Jonathan hablaba como si ya estuviera a medio camino de otro lugar. Como si este mundo y lo que hab¨ªa aqu¨ª ya no le interesara en absoluto. Lo vi pasar de ser alguien consumido por la tensi¨®n a alguien que estaba completamente relajado. Aunque era m¨¢s bien como si hubiera dejado de pertenecer a este mundo. ¡ªY luego, simplemente, decidi¨® irse, matarse ¡ªContinu¨® Ortega, su voz baja¡ª Nos dio se?ales confusas de lo que planeaba hacer, supongo que ya lo hab¨ªa meditado desde hace tiempo. Su muerte no fue una huida desesperada, fue una elecci¨®n muy planificada. Una elecci¨®n que ¨¦l hab¨ªa hecho mucho antes de que nosotros siquiera nos di¨¦ramos cuenta. Podr¨ªa haber estado meditando el asunto a?os, pero nadie lo sabe, nunca habl¨® abiertamente sobre c¨®mo la soledad lo consum¨ªa por dentro. Ortega respir¨® hondo, se acomod¨®, muchos reclutas se hab¨ªan puesto a escuchar a escondidas, aparentemente el chisme les era interesante. La incomodidad en el ambiente era pesada, y G¨®mez se dio cuenta de que lo que el veterano estaba por decir ser¨ªa a¨²n m¨¢s perturbador que lo que ya hab¨ªa revelado. ¡ªHace unos d¨ªas revis¨¦ los registros en las memorias de los androides de la familia de Jonathan ¡ªDijo Ortega finalmente, sin mirarlo directamente a los ojos¡ª No es algo muy correcto revisar cosas tan ¨ªntimas, pero no pod¨ªa quitarme la sensaci¨®n de que el suicidio de Jonathan fue inducido por algo mas haya de sus propios pensamientos. ¡ª?Y qu¨¦ encontraste? ¡ªInvestig¨® G¨®mez, intentando que su tono fuera lo m¨¢s neutral posible, aunque sab¨ªa que la respuesta lo afectar¨ªa m¨¢s de lo que pod¨ªa prever. If you discover this tale on Amazon, be aware that it has been unlawfully taken from Royal Road. Please report it. ¡ªJonathan me cont¨® muy poco de su infancia ¡ªComenz¨® Ortega, su voz apenas un susurro¡ª Sab¨ªa lo b¨¢sico: que sus padres hab¨ªan muerto cuando ¨¦l era joven y que hab¨ªa sido criado por sus androides hasta que fue lo suficientemente mayor para valerse por s¨ª mismo. ¡ªSeg¨²n lo que me hab¨ªa contado Jonathan, sus padres hab¨ªan muerto en un accidente dom¨¦stico. Eso es lo que yo supe hasta su muerte, pero despu¨¦s de revisar las grabaciones de los androides que lo hab¨ªan criado, me di cuenta de que no fue un accidente en absoluto. El coraz¨®n de G¨®mez dio un vuelco. No pod¨ªa imaginar lo que ven¨ªa despu¨¦s, pero sab¨ªa que no ser¨ªa bueno. Ortega lo mir¨® por un momento, sus ojos reflejando una mezcla de confusi¨®n y pena. ¡ªSus padres no murieron por accidente, G¨®mez. Se suicidaron. El impacto de las palabras reson¨® en la habitaci¨®n. ¡ª?C¨®mo es posible? ¡ªInquiri¨® G¨®mez, con incredulidad¡ª ?Ambos se suicidaron? No puedo creerlo, mucho menos teniendo un hijo tan joven¡­ Ortega asinti¨® lentamente, como si cada movimiento de su cabeza fuera una afirmaci¨®n dolorosa de una verdad que hab¨ªa estado enterrada durante demasiado tiempo. ¡ªS¨ª. Lo m¨¢s perturbador es que lo hicieron de la misma manera en que Jonathan termin¨® quit¨¢ndose la vida. Usaron la misma m¨¢scara, siguieron el mismo ritual y usaron el mismo androide para asistirlos. Es como si hubieran trazado el camino que Jonathan seguir¨ªa a?os despu¨¦s, sin siquiera darse cuenta. G¨®mez frunci¨® el ce?o, sintiendo que hab¨ªa algo m¨¢s detr¨¢s de esa revelaci¨®n. Si se pon¨ªa a meditar que el suicidio de Jonathan en realidad fue un asesinato, entonces esta coartada era un jaque mate. Jonathan ten¨ªa los motivos, la actitud y hab¨ªa hecho todos los preparativos pertinentes para dejar bien en claro que se hab¨ªa suicidado, pero ahora tambi¨¦n se le sumaba que ten¨ªa toda una historia que lo llev¨® a este punto. Con semejantes pruebas, ni siquiera G¨®mez podr¨ªa dudar que esto no fue un suicidio. No era que alguien planific¨® una simple coartada para encubrir su muerte, su vida entera era la coartada. ¡ª?Por qu¨¦ lo hicieron? ¡ªIndag¨®, finalmente, su tono bajo, pero firme¡ª ?Qu¨¦ los llev¨® a eso? Ortega respir¨® profundamente, como si lo que estaba a punto de decir lo estuviera ahogando desde dentro. ¡ªLa madre de Jonathan estaba siendo enga?ada por su esposo. Cuando ella se enter¨®, fue como si algo en su interior se rompiera. No pudo soportar la traici¨®n, y en un acto de desesperaci¨®n, decidi¨® quitarse la vida. G¨®mez se qued¨® en silencio, no quer¨ªa insinuar que no entend¨ªa los motivos, pero era la primera vez que escuchaba que alguien se suicidara por una relaci¨®n sexual fuera el matrimonio. Hoy en d¨ªa tal pr¨¢ctica era la cosa m¨¢s com¨²n del mundo. No obstante, decidi¨® permanecer en silencio, sabiendo que Ortega le terminar¨ªa explicando la situaci¨®n. ¡ªY el padre¡­ ¡ªContinu¨® Ortega, su voz quebr¨¢ndose ligeramente¡ª Cuando encontr¨® el cuerpo de su esposa, no pudo soportarlo. La culpa lo consumi¨®. No pod¨ªa procesar lo que hab¨ªa hecho, el enga?o, el dolor que hab¨ªa causado. Y se quit¨® la vida tambi¨¦n, de la misma forma que ella. Fue como si no pudiera vivir con lo que sus acciones hab¨ªan desencadenado. G¨®mez apret¨® los labios, el suicidio del padre estaba mas justificado, hoy en d¨ªa muchas parejas terminan su vida si su c¨®nyuge muere; en estos tiempos la vida es muy larga, demasiado artificialmente larga. Para muchas personas no ten¨ªa sentido seguir viviendo sin alguien a quien amar y eso hab¨ªa popularizado el suicidio cuando uno de los dos c¨®nyuges moria. No obstante, G¨®mez no habl¨®, no era el momento de hablar, era el momento de escuchar. Sent¨ªa que la historia que Ortega estaba revelando era solo la punta de un iceberg mucho m¨¢s grande y oscuro. ¡ªEl problema real era una cuesti¨®n de estatus ¡ªA?adi¨® Ortega, y esta vez su voz adquiri¨® un tono m¨¢s grave¡ª La madre de Jonathan era una ¡°cosa¡±. Una cosa de ¡°abajo¡±, por la cual el padre de Jonathan se hab¨ªa encaprichado hasta tal punto de matarse al perderla. Como si le tiraran un balde fr¨ªo de agua, G¨®mez comprendi¨® la trama de esta tr¨¢gica historia. En este distante futuro, aquellos que viv¨ªan ¡°abajo¡± no eran considerados personas como los que viv¨ªan ¡°arriba¡±. No era tan simple como parec¨ªa, no solo era ¡°estatus¡±, ni ¡°poder¡±, ni ¡°dinero¡±. Hab¨ªa un motivo mucho m¨¢s profundo para que surgiera esa separaci¨®n social. Aunque explicar eso quedar¨¢ para despu¨¦s, el punto clave para entender esta subtrama es que las ¡°cosas¡± de ¡°abajo¡± eran ciudadanos de segunda clase, sin derechos ni privilegios. Gente marcada por la pobreza, el aislamiento y la desesperanza. Y lo peor de todo, no ten¨ªan ning¨²n poder legal sobre los de ¡°arriba¡±. Sobre ¡°Ellos¡±. Sobre gente como Ortega, Gomez, Marcus, Rivas, Jonathan o cualquier otro trabajador de este laboratorio. La expresi¨®n de G¨®mez se endureci¨®, pero decidi¨® mantenerse en silencio. Ortega estaba llegando al punto crucial de la historia, y G¨®mez quer¨ªa escuchar cada detalle antes de sacar sus propias conclusiones. ¡ªPor ley ¡ªContinu¨® Ortega¡ªLa madre de Jonathan no ten¨ªa derechos sobre su hijo. Era responsabilidad de su esposo. Desde su perspectiva como ¡°cosa¡±, el hecho de que ¨¦l la estuviera enga?ando significaba que estaba por ser descartada, reemplazada por otra ¡°cosa¡±. Es complicado que personas como nosotros entendamos ese sentimiento, pero hay que recordar que las ¡°cosas¡± no reciben una educaci¨®n como la nuestra y es probable que entender un concepto tan simple como ¡°libertad sexual¡± le fuera imposible. G¨®mez asinti¨® con la cabeza de acuerdo con esa postura. ¡ªEso la destroz¨® ¡ªProsigui¨® Ortega¡ª Ver c¨®mo su familia se desmoronaba, sin poder hacer nada al respecto, la llev¨® a la desesperaci¨®n m¨¢s absoluta. Fue entonces cuando decidi¨® acabar con su vida, creyendo que al menos en la muerte tendr¨ªa alg¨²n tipo de control, alguna libertad que le fue negada en su nacimiento. El silencio que sigui¨® fue abrumador. G¨®mez dej¨® que el eco de la historia golpeara su mente, comprendiendo ahora la magnitud de lo que Jonathan hab¨ªa heredado. No era solo una tragedia familiar; era un ciclo de desesperaci¨®n, traici¨®n y dolor que se hab¨ªa transmitido de una generaci¨®n a otra, hasta que finalmente se cobr¨® la vida de Jonathan tambi¨¦n. ¡ª?Y Jonathan sab¨ªa todo esto? ¡ªEscudri?¨® G¨®mez, rompiendo el silencio. Ortega asinti¨® lentamente. ¡ªNo estoy seguro de cu¨¢nto sab¨ªa exactamente, pero debi¨® haber tenido alguna idea. Cuando empec¨¦ a revisar los archivos, encontr¨¦ fragmentos de conversaciones que tuvo con los androides de la familia, y parec¨ªa que durante su adolescencia comenz¨® a buscar respuestas sobre su pasado. Es muy probable que su amor por resolver misterios haya nacido tras descubrir c¨®mo ocurri¨® la tr¨¢gica muerte de sus padres. Ortega se pas¨® una mano por el rostro, como si con ese simple gesto intentara aliviar el peso de la tragedia que estaba desenterrando. G¨®mez, por su parte, manten¨ªa la mirada fija en el veterano, observando c¨®mo cada palabra parec¨ªa drenarle la energ¨ªa vital. Sab¨ªa que Ortega no se hab¨ªa sumergido en el pasado de Jonathan por curiosidad, sino porque hab¨ªa algo en su muerte que no le encajaba, algo que lo atormentaba desde el suicidio de su amigo. ¡ªEl padre de Jonathan¡­ ¡ªReanud¨® Ortega¡ª Cuando encontr¨® a su esposa muerta, fue como si el mundo entero se derrumbara sobre ¨¦l. No lo soport¨®. Sab¨ªa que hab¨ªa causado ese sufrimiento, que su infidelidad fue la gota que colm¨® el vaso en la vida de su esposa. ¡ªEs comprensible que haya querido matarse, ¨¦l nunca entendi¨® el da?o que hab¨ªa causado hasta que vio lo que provoc¨® ¡ªContinu¨® Ortega, pensativo¡ª Para ¨¦l, su infidelidad no significaba tanto, pero para su esposa era volver ¡°abajo¡±. El remordimiento lo aplast¨®. Se sinti¨® culpable no solo por haberla enga?ado, sino tambi¨¦n por no haber comprendido lo que eso significaba para ella. Tal vez si hubiera pensado m¨¢s en su hijo, habr¨ªa seguido adelante, pero eso no ocurri¨®. En su desesperaci¨®n, opt¨® por seguirla. Se quit¨® la vida ah¨ª mismo, sin pensarlo dos veces, y dej¨® a Jonathan completamente solo. Jonathan Parker (7) G¨®mez apret¨® los pu?os, sintiendo un nudo en el est¨®mago. Pod¨ªa imaginarse la escena con claridad: un ni?o peque?o, apenas capaz de entender lo que hab¨ªa sucedido, encontr¨¢ndose con los cuerpos sin vida de sus padres. La m¨¢scara que Jonathan us¨® al final de su vida era la misma que hab¨ªan usado sus padres, un s¨ªmbolo de desesperaci¨®n compartida, un ciclo interminable de dolor que lo acompa?¨® toda su vida. ¡ªJonathan no entendi¨® lo que hab¨ªa sucedido ¡ªProsigui¨® Ortega, su voz temblando levemente¡ª Al menos no al principio. Cuando era ni?o, pens¨® que sus padres hab¨ªan muerto en un accidente, que algo horrible hab¨ªa pasado sin motivo. Fue m¨¢s tarde, cuando comenz¨® a investigar su pasado, que descubri¨® la verdad. Pero en esos primeros a?os, fueron los androides quienes lo criaron. Parte del drama de su vida era que sus niveles de inhibici¨®n eran casi nulos. Por lo que eran m¨¢quinas dise?adas para cuidar, s¨ª, pero que carec¨ªan de cualquier capacidad real para ofrecerle consuelo emocional. ¡ªLos androides hicieron lo que pudieron, pero nunca fue suficiente ¡ªExplic¨® Ortega, retomando su relato¡ª A medida que crec¨ªa, comenz¨® a darse cuenta de lo diferente que era su vida en comparaci¨®n de la vida de los otros ni?os, de lo marginado que estaba, incluso en medio de una sociedad que lo cuidaba. Y esa soledad lo marc¨® para siempre. ¡ªSu suicidio fue real¡­ Creo que en el fondo Jonathan siempre tuvo la idea de que estaba destinado a seguir el mismo camino que sus padres ¡ªDijo Ortega, con un suspiro pesado¡ª Creci¨® con la idea de que el suicidio era una opci¨®n, una salida que sus padres hab¨ªan tomado y que ¨¦l tambi¨¦n podr¨ªa tomar si todo se volv¨ªa demasiado insoportable. Y as¨ª fue como termin¨® todo, G¨®mez¡­. Jonathan repiti¨® la tragedia de su familia, y nosotros seguimos buscando justificaciones paranormales donde posiblemente no las hay. Ortega tom¨® aire antes de continuar, cruzando los brazos como si intentara ordenar sus pensamientos antes de exponerlos. G¨®mez sent¨ªa una presi¨®n en el pecho, la necesidad de interrumpir, de preguntar directamente por qu¨¦ Jonathan hab¨ªa cambiado tanto en los ¨²ltimos d¨ªas. C¨®mo Rivas le hab¨ªa advertido: Tuvo que haber un detonante. Jonathan era una bomba, con tal pasado no hab¨ªa dudas de ello, pero ?qu¨¦ o qui¨¦n deton¨® esta bomba? Se contuvo. Sab¨ªa que Ortega no era del tipo que se apresuraba a soltar informaci¨®n, y si lo interrump¨ªa en el momento equivocado, podr¨ªa perderse de algo importante. ¡ªLo que m¨¢s me sorprendi¨® ¡ªDijo Ortega, tras una pausa cargada de reflexi¨®n¡ª Fue descubrir tantas cosas nuevas de Jonathan despu¨¦s de su muerte. He pensado mucho en ello y no dejo de sorprenderme. Nunca me di cuenta en su momento, pero ahora, organizando su funeral, me top¨¦ con una sorpresa que me dej¨® desconcertado. Resulta que ¨¦l era de esos ingenuos que cre¨ªan en la religi¨®n. Y no cualquier religi¨®n, sino una que apenas se menciona entre los de nuestra clase. Es raro, ?sabes? Jonathan nunca fue el tipo de persona que asociar¨ªa con la fe. Como todo agente, era un hombre que buscaba respuestas, s¨ª, pero siempre desde una perspectiva mucho m¨¢s racional. Ortega hizo una pausa, y G¨®mez vio el desconcierto en su rostro antes de que continuara. ¡ª¨¦l filosofaba a menudo, claro, sobre la vida, la muerte, el universo, pero lo hac¨ªa de un modo casi burl¨®n. Con esa sonrisa est¨²pida que lo caracterizaba. Nunca fue el tipo que se refugiara en la fe para encontrar consuelo. La droga, el alcohol, esos s¨ª que lo hac¨ªan divagar, lo hac¨ªan abrirse y especular sobre el sentido de la existencia, pero siempre desde un punto de vista m¨¢s distante, casi existencialista. Y de pronto, en esos ¨²ltimos d¨ªas, lo vi cambiar. Empez¨® a interesarse por algo que nunca antes le hab¨ªa atra¨ªdo: la religi¨®n. Me hab¨ªa dejado perplejo: ?C¨®mo un hombre de raz¨®n, pas¨® a abrazar creencias que jam¨¢s habr¨ªa pensado que existir¨ªan? Ahora lo comprendo, en la muerte todos estamos desnudos y Jonathan antes de suicidarse se paseaba ¡°desnud¨®¡± por el laboratorio. G¨®mez sinti¨® un nudo en el est¨®mago al escuchar esas palabras. ?Jonathan? ?Religi¨®n? Era algo que no encajaba en absoluto con el hombre que hab¨ªa conocido, o al menos con la versi¨®n que ¨¦l hab¨ªa tenido de Jonathan en la cabeza. Pero decidi¨® no decir nada, dejando que Ortega continuara desarrollando sus pensamientos. ¡ªEs curioso ¡ªContinu¨® Ortega¡ª Porque, como te dije, Jonathan nunca hab¨ªa sido el tipo de persona que buscara respuestas en la fe. Era m¨¢s bien todo lo contrario. Siempre se burlaba de las creencias religiosas de las ¡°cosas¡± de abajo, lo ve¨ªa como un escape f¨¢cil. Probablemente, era una mentira, no me sorprender¨ªa que su madre le haya inculcado algo de esa fe y el haya vivido ocult¨¢ndolo por temor a quedar solo por sus creencias. ¡ª?Cu¨¢nto conoces de la religi¨®n que Jonathan segu¨ªa? ¡ªInquiri¨® G¨®mez. ¡ªMuy poco, casi nada ¡ªContest¨® Ortega¡ª Todav¨ªa estoy intentando averiguarlo. He hecho algunas investigaciones por mi cuenta, tratando de encontrar pistas en las cosas que me dijo, en los libros que estaba leyendo, en las conversaciones que tuvimos. Pero a¨²n no tengo una respuesta clara. G¨®mez se qued¨® mirando a Ortega, midiendo cada una de sus palabras. Sab¨ªa que hab¨ªa tocado un punto delicado. Ortega no quer¨ªa hablar m¨¢s del tema, eso estaba claro, pero la incomodidad con la que hab¨ªa respondido despert¨® en G¨®mez una necesidad de indagar m¨¢s. Sin embargo, decidi¨® dejarlo por el momento. No iba a presionar, todav¨ªa. ¡ªBueno, supongo que me voy entonces ¡ªDijo G¨®mez con un suspiro, bajando la mirada como si estuviera aceptando su suspensi¨®n, su inevitable retiro ¡ª Quiz¨¢s sea el momento de dejarlo todo atr¨¢s, ya sabes. Tal vez ya no encajo en este lugar. Demasiados fantasmas del pasado me est¨¢n advirtiendo que es momento de bajar los brazos. Pero antes de irme hablar¨¦ con Marcus. Tal vez ¨¦l pueda darme algunas pistas m¨¢s sobre lo que pudo haber pasado en la ¨²ltima misi¨®n de Jonathan. Te informar¨¦ si hago alg¨²n descubrimiento. En se?al de despedida, Ortega asinti¨® lentamente. G¨®mez comenz¨® a caminar hacia la puerta de la sala de control, sus pasos resonando en el espacio agitado. Justo antes de salir, se detuvo, como si algo lo empujara a no irse a¨²n. Gir¨® lentamente sobre sus talones, sus ojos volviendo a encontrar la figura de Ortega, que ya hab¨ªa regresado a sus hologramas y archivos. ¡ª Alexander ¡ªLlam¨®, casi en un susurro, pero lo suficientemente fuerte como para que su compa?ero levantara la mirada de nuevo¡ª ?Qu¨¦ hay del funeral de Jonathan? ?Ya hay alguna fecha? Ortega alz¨® la cabeza con una expresi¨®n de molestia. Sus ojos cansados y su ce?o fruncido reflejaban su incomodidad. ¡ªS¨ª¡­ sobre eso ¡ªRespondi¨® Ortega, dejando escapar un suspiro pesado antes de continuar¡ª Es complicado, G¨®mez. Muy complicado. ¡ª?Complicado? ¡ªRepiti¨® G¨®mez, con incredulidad¡ª ?Por qu¨¦? Help support creative writers by finding and reading their stories on the original site. Ortega apoy¨® los codos sobre la mesa, frot¨¢ndose las sienes con los dedos, como si el simple acto de hablar sobre el tema le resultara agotador. ¡ªMira, Jonathan¡­ ¡ªComenz¨®, eligiendo sus palabras con cautela. ¡ª?Es por su religi¨®n? ¡ªInterrumpi¨® G¨®mez bruscamente. Ortega asinti¨® con un gesto de amargura. ¡ªExacto. La religi¨®n¡­ Es que... bueno, el tema es la religi¨®n de Jonathan. Es una especie de¡­ culto, por llamarlo de alguna manera. Es algo relativamente nuevo, nada tradicional. Algo que solo esas ¡°cosas¡± entienden, y francamente, muchos veteranos consideran una locura que me plante¨¦ seriamente celebrar su funeral en ese culto. ¡ª?Un culto? ¡ªResalt¨® G¨®mez, frunciendo el ce?o. Ortega solt¨® una risa amarga, como si la situaci¨®n que estaba describiendo lo superara, o lo irritara m¨¢s de lo que dejaba ver. ¡ªEso pens¨¦ yo tambi¨¦n ¡ªRespondi¨®, con un leve gesto de resignaci¨®n¡ª Jonathan fue una persona respetable. ¨¦l nunca creer¨ªa en esas creencias de ignorantes, mucho menos creer¨ªa en algo tan est¨²pido como un culto desconocido para nuestra gente. Pero est¨¢ en su testamento y su ¨²ltima voluntad me es innegable. ¡ª?Y de qu¨¦ tipo de culto estamos hablando? ¡ªInvestig¨® G¨®mez, finalmente, sin poder contener su curiosidad. Ortega se qued¨® en silencio por un momento, como si estuviera buscando las palabras adecuadas para describir algo que ni siquiera ¨¦l entend¨ªa por completo. ¡ªLa cuesti¨®n es m¨¢s espiritual de lo que puedes estar pensando, G¨®mez ¡ªRevel¨® Ortega en un tono evasivo¡ª No es como esas sectas religiosas que nosotros conocemos, ni una corriente hedonista que sigue la moda moderna. Es algo m¨¢s inocente. Algo que ha estado ganando fuerza entre esas ¡°cosas¡± de abajo. Los m¨¢s vulnerables siempre caen en estas trampas, especialmente los que no le encuentran el placer a la vida. El culto se llama ¡°El Despertar¡±. Y seg¨²n lo que he podido averiguar en estos pocos d¨ªas es una religi¨®n que solo siguen los de ¡°abajo¡±, por eso cre¨ªa que su madre se la ense?o. Otra explicaci¨®n no encuentro. ¡ª?El Despertar? ¡ªInsisti¨® G¨®mez¡ª Nunca he o¨ªdo hablar de esa secta. ?De qu¨¦ se trata exactamente? Ortega solt¨® un suspiro y se cruz¨® de brazos, mirando al suelo como si estuviera revisando mentalmente toda la informaci¨®n que hab¨ªa reunido. ¡ªComo ocurre con todas las religiones nuevas, este culto ofrece respuestas f¨¢ciles ¡ªexplic¨® Ortega, dejando traslucir su desd¨¦n¡ª. Venden la idea de que la vida no acaba con la muerte, que hay algo m¨¢s all¨¢, un ¡°despertar¡± hacia una existencia mejor. Te aseguran que, si sigues sus ense?anzas y haces las ofrendas adecuadas, te liberar¨¢s del sufrimiento en esta vida y comenzar¨¢s con m¨¢s fortuna en la pr¨®xima. Es la misma basura de siempre, ?no? Esa promesa de una vida mejor que nunca llega, pero que est¨¢ dise?ada para seducir a los desesperados, a los que ya no tienen otra opci¨®n. ¡ª?Y crees que eso fue lo que atrajo a Jonathan? ¡ªPregunt¨® G¨®mez, tratando de encajar las piezas del rompecabezas¡ª ?Las promesas de una vida mejor? Me recuerda mucho a sus ¨²ltimas palabras si te soy sincero. Ortega se encogi¨® de hombros, intentando mantener una expresi¨®n neutral, aunque era evidente un leve resentimiento por lo que estaba a punto de admitir. ¡ªHonestamente, creo que s¨ª ¡ªConfes¨® al fin, mientras una sombra oscurec¨ªa su mirada¡ª No me gusta decir que Jonathan fuera el tipo de persona que se dejar¨ªa enga?ar tan f¨¢cilmente. Era demasiado racional para eso. Pero, seg¨²n lo que he podido deducir, esta religi¨®n estaba profundamente vinculada a su madre. Para ¨¦l, no eran simplemente ¡°tonter¨ªas¡±, ?me entiendes? Probablemente no se tragaba todo el discurso barato que le venden a los ingenuos de ¡°abajo¡±, pero era su manera de reconectar con su madre, incluso despu¨¦s de su muerte. Y no puedo culparlo por eso. En estos tiempos, pocos mantienen esa rectitud moral, esa necesidad de honrar a sus antepasados o a sus seres queridos. G¨®mez asinti¨®, sin interrumpir. Era cierto. En esta ¨¦poca la religi¨®n hab¨ªa perdido casi todo su peso e importancia, m¨¢s bien hab¨ªa sido relegada a una curiosidad arcaica o a algo que la gente simplemente mencionaba como una moda del pasado. La fe no era m¨¢s que una reliquia, algo que, en el mejor de los casos, inspiraba ternura por su inutilidad en un mundo donde la ciencia, las armas, la econom¨ªa y lo paranormal lo dominaban todo. Sin embargo, la historia de Jonathan desafiaba las creencias populares de estos tiempos. Ortega continu¨® hablando, aunque ahora baj¨® la voz, como si temiera que alg¨²n recluta pudiera escucharlo. ¡ªMira, no creo que Jonathan fuera un fan¨¢tico. Ni mucho menos. ¡°El Despertar¡± es diferente a lo que tienes en mente, G¨®mez. Te conozco bien y d¨¦jame adelantarte que este culto no es como esas sectas sospechosamente peligrosas que prometen un acceso exclusivo al otro mundo, rozando los l¨ªmites de lo legal y romantizando lo paranormal como cuesti¨®n divina. Esas sectas tienen iglesias de lujo en la zona ¡°alta¡±. Cr¨¦eme, me ser¨ªa mucho m¨¢s f¨¢cil organizar un funeral como la gente si ¡°El Despertar¡± fuera uno de esos cultos para ricos que se creen una mezcla entre ocultistas y conspiranoicos. Ortega hizo una pausa, lanzando una mirada a su alrededor, como si el aire se hubiera vuelto de repente m¨¢s pesado. ¡ª¡°El Despertar¡± es diferente... Debe ser una de las pocas religiones que sigue sin incorporar al otro mundo en sus creencias, ?puedes creerlo? No venden falsas promesas de contactar con entidades sobrenaturales ni ofrecen acceso a poderes m¨ªsticos reservados para los elegidos. Aunque eso es coherente con sus principios, considerando que apuntan a los de ¡°abajo¡±. ¡ªLo que m¨¢s me impact¨® es que esta religi¨®n es la ¨²nica que no incluye la tecnolog¨ªa en sus creencias. Es... profundamente humana, y al mismo tiempo, eso la hace casi absurda. Se basa en valores que hace siglos quiz¨¢s hubieran tenido sentido, pero hoy en d¨ªa parecen completamente desfasados con nuestra ¨¦poca. Me recuerda a las antiguas religiones, pero muy antiguas, las que surgieron en la ¨¦poca primitiva, cuando se escrib¨ªa con l¨¢piz y papel, y el dominio de la electricidad era algo reservado a las tormentas. Es como si estuvieran atrapados en un tiempo que ya no existe, aferr¨¢ndose a ideales que hoy parecen in¨²tiles. Ortega frunci¨® el ce?o, como si el pensamiento lo incomodara. ¡ªHablan de una vida eterna, pero no a trav¨¦s del otro mundo ni de la robotizaci¨®n. No, sus explicaciones bordan lo inexistente. Lo imaginario. Seg¨²n ellos, la clave est¨¢ en alcanzar el despertar, el cual se logra gracias a la muerte. A mi gusto, se enfocan demasiado en resaltar la miseria de la vida humana y lo ef¨ªmera que es nuestra existencia. Supongo que por eso no tiene seguidores entre la ¨¦lite. Muy pocas religiones pesimistas lograron sobrevivir al paso de los tiempos. G¨®mez observ¨® a Ortega con atenci¨®n, asintiendo lentamente cada palabra con una confusi¨®n innegable dibujada en su rostro. Cre¨ªa haber encontrado finalmente la clave que explicaba el suicidio de Jonathan, pero al parecer se hab¨ªa equivocado. Si ¡°El Despertar¡± negaba la existencia del otro mundo, resultaba dif¨ªcil usar esa creencia como justificaci¨®n para explicar que alguien indujo el suicidio de su amigo. Claro, pod¨ªa haber sido que esta secta le inculcara ideas demasiado pesimistas, algo peligroso para alguien ya destrozado por la vida. Pero sin el factor paranormal involucrado, resultaba dif¨ªcil imaginar que alguien hubiera orquestado la muerte de Jonathan para enterrar el secreto que hab¨ªa descubierto. ¡ªPor desgracia, esas ¡°cosas¡± tienen poca memoria ¡ªContinu¨® Ortega, su tono te?ido de un cinismo cada vez m¨¢s evidente¡ª No viven lo suficiente como para que estas creencias se afiancen en la sociedad. Y mientras tanto, nosotros nunca nos sentir¨ªamos atra¨ªdos por ideas tan sombr¨ªas o negativas. La verdadera ¨¦lite, los de ¡°arriba¡±, no necesitan la promesa de una vida eterna porque ya viven lo suficientemente largo como para sentirse pr¨¢cticamente inmortales. Y los que realmente podr¨ªan beneficiarse de creer en algo as¨ª, los de ¡°abajo¡±, simplemente no tienen tiempo. Est¨¢n demasiado ocupados tratando de sobrevivir d¨ªa a d¨ªa como para pensar en algo tan lejano como la vida despu¨¦s de la muerte. Jonathan Parker (8) ¡ª?Crees que alguien dentro de esta secta lo convenci¨® de suicidarse? ¡ªIndag¨® G¨®mez de repente, su voz cortando el aire con la precisi¨®n de una navaja, como si con esa pregunta pudiera atravesar la niebla que envolv¨ªa la verdad. Ortega guard¨® silencio, su rostro reflejando un esfuerzo por organizar las ideas que le rondaban la cabeza. Era una pregunta compleja, cargada de implicaciones que no se pod¨ªan responder a la ligera. Despu¨¦s de unos segundos de reflexi¨®n, finalmente habl¨®. ¡ªNo, lo dudo. El Despertar no tiene influencia en los niveles superiores. Toda su actividad se limita a unas pocas iglesias en las zonas m¨¢s pobres. Por lo que es imposible que alg¨²n miembro de esa secta haya entrado en contacto directo con Jonathan. Lo ¨²nico plausible es que ¨¦l mismo haya bajado a buscarlos, que haya cruzado la l¨ªnea que nos separa de esas ¡°cosas¡±. Si esa fue su voluntad, no hay nada que podamos hacer. Los pol¨ªticos aman estas sectas de mierda que dan estabilidad a los niveles inferiores, y eso incluye a los cultos que honran a la muerte. ¡ªNo descarto que El Despertar haya sido clave para que Jonathan tomara la decisi¨®n que tom¨® ¡ªProsigui¨® Ortega, cruzando los brazos mientras reflexionaba¡ª Pero fue algo que ¨¦l busc¨®. Nadie lo oblig¨®, nadie lo forz¨®. Cuando uno est¨¢ roto por dentro, cuando la soledad te consume hasta los huesos, empiezas a buscar respuestas en lugares que antes habr¨ªas considerado rid¨ªculos, absurdos. Y eso es lo que creo que le pas¨® a Jonathan. No creo que alguien lo haya manipulado directamente, estoy convencido de que ¨¦l mismo encontr¨® consuelo en las palabras de esa secta. Si alguien le hizo pensar que El Despertar ten¨ªa las respuestas que ¨¦l hab¨ªa estado buscando, probablemente haya sido su madre. ¡ªEs que... ¡ªIntent¨® decir G¨®mez, pero Ortega no se detuvo, su voz resonando en la habitaci¨®n como un eco de desesperanza. ¡ªMira, he visto estos cultos antes. Prometen mentiras a los que ya no tienen esperanza. Y la mayor¨ªa de las veces, son puras estafas. Venden falsas promesas, recogen dinero y cuando todo se derrumba, los l¨ªderes desaparecen y los seguidores se quedan peor de lo que estaban. Es lo mismo con ¡°El Despertar¡±. He estado investigando un poco, y no es m¨¢s que otro de esos montajes dise?ados para explotar a la gente pobre. Les venden la idea de que la muerte no es el final, sino el ¡°despertar¡±, el comienzo de algo mejor. Y por supuesto, para asegurar tu ¡°despertar¡±, tienes que pagar un buen funeral. ¡ªAlexander, espera un momento... ¡ªInsisti¨® G¨®mez, sinti¨¦ndose atrapado en la mara?a de palabras que su compa?ero lanzaba sin descanso. Pero Ortega continu¨® sin dejarle espacio. ¡ª... Y ah¨ª est¨¢ el truco. Convencen a la gente de que todo su sufrimiento tiene un prop¨®sito, de que su sacrificio, su dolor, es parte de un plan divino. Pero lo que realmente hacen es despojar a esos individuos de su dignidad, dej¨¢ndolos con promesas vac¨ªas y, al final, sin nada que ofrecer. Jonathan se convirti¨® en un blanco f¨¢cil para estas manipulaciones. La desesperaci¨®n es un caldo de cultivo perfecto para la explotaci¨®n de las mentes inocentes. G¨®mez escuch¨® todo hasta el final, sintiendo una mezcla intensa de rabia y desconcierto. ?C¨®mo era posible que alguien como Jonathan, con una mente tan aguda y una capacidad inigualable para ver m¨¢s all¨¢ de las mentiras, hubiera ca¨ªdo en algo tan burdo como una secta? La idea le resultaba casi insultante, como si la imagen que ten¨ªa de su amigo se desmoronara ante sus propios ojos. Jonathan, el hombre que siempre hab¨ªa cuestionado todo, que hab¨ªa mantenido una actitud esc¨¦ptica ante cualquier cosa que no pudiera verificar con pruebas, ?c¨®mo hab¨ªa terminado sucumbiendo a una fantas¨ªa tan banal? Por mucho que quisiera aferrarse a esa indignaci¨®n, G¨®mez no pod¨ªa negar una realidad que ¨¦l mismo hab¨ªa visto en m¨¢s de una ocasi¨®n: la mente humana es fr¨¢gil. Incluso las mentes m¨¢s brillantes, sometidas a un dolor constante, pod¨ªan quebrarse. Jonathan hab¨ªa soportado una carga emocional que hubiera destruido a cualquiera. Las evidencias apuntaban a que su suicidio no hab¨ªa sido impulsivo; hab¨ªa sido una decisi¨®n meditada, calculada. Sin embargo, exist¨ªa esa otra posibilidad, m¨¢s oscura y perturbadora, la de que Jonathan hubiera descubierto algo tan terrible que no quiso compartirlo, algo que lo hab¨ªa llevado a elegir la muerte antes que enfrentar la verdad. Pero entonces estaba la paradoja que lo atormentaba: el mensaje secreto que hab¨ªa dejado grabado. ?Por qu¨¦ lo hizo? Si su intenci¨®n era que nadie descubriera nada, ?por qu¨¦ dejar pistas? Y si se hab¨ªa arrepentido de su decisi¨®n, ?por qu¨¦ no lo elimin¨®? Esa contradicci¨®n mord¨ªa en lo m¨¢s profundo de G¨®mez, haci¨¦ndole sentir que, aunque todo parec¨ªa claro en la superficie, algo crucial escapaba de su comprensi¨®n, algo que no lograba encajar del todo. Stolen from its original source, this story is not meant to be on Amazon; report any sightings. ¡ª?Y Jonathan de verdad cre¨ªa en ese ¡°despertar¡± que has mencionado? ¡ªInquiri¨® G¨®mez Ortega lo mir¨® directamente a los ojos, y por un momento, hubo una chispa de tristeza en su mirada. ¡ªLo suficiente como para dejarme en su testamento la obligaci¨®n de que pagara el funeral ¡ªAdmiti¨® Ortega¡ª Podr¨ªa no haber cre¨ªdo en todas las tonter¨ªas que ese culto vend¨ªa sobre el ¡°despertar¡±, pero estaba buscando algo que le diera paz, algo que llenara ese vac¨ªo que lo carcom¨ªa por dentro. Y esta religi¨®n... no era cualquier religi¨®n para ¨¦l. Era un v¨ªnculo, un recuerdo de su madre. Quiz¨¢s, reencontrarse con esos recuerdos de su infancia, con esa parte de ¨¦l que hab¨ªa dejado atr¨¢s, le dio algo de consuelo. Tal vez esa fue la causa de la extra?a calma antes de su muerte. El silencio entre los dos hombres se volvi¨® inc¨®modo, como si las palabras de Ortega hubieran marcado una conclusi¨®n dolorosa, pero ineludible. ¡ªNo quiero seguir d¨¢ndole vueltas al asunto, G¨®mez¡­¡ªReconoci¨® Ortega, su voz m¨¢s suave¡ª A veces me sorprendo a m¨ª mismo pensando que tal vez deber¨ªa haber hecho algo m¨¢s, haber estado m¨¢s presente. Este duelo me est¨¢ sacando a?os de vida. Jonathan era uno de los pocos amigos de verdad que ten¨ªa, y ahora que se fue, me siento tan solo como ¨¦l lo estaba en sus ¨²ltimos d¨ªas. No puedo evitar sentirme responsable de alguna manera. ¡ªGracias por tu tiempo, Alexander ¡ªAgradeci¨® G¨®mez, terminado la conversaci¨®n con un suspiro pesado¡ª Te mantendr¨¦ informado si encuentro algo nuevo. Hasta entonces, cu¨ªdate. Y sobre el funeral... ?Hay algo que necesites? Mencionaste que hab¨ªa que pagar un funeral, ?necesitas que te ayudemos a pagarlo? Ortega lo mir¨® por un momento, su expresi¨®n un poco m¨¢s serena, aunque el peso de la situaci¨®n segu¨ªa claramente sobre sus hombros. ¡ªNo, para nosotros es pr¨¢cticamente gratis. Es caro para esas ¡°cosas¡± ¡ªRespondi¨® Ortega. Luego hizo una pausa antes de a?adir¡ª Pero necesito que vayas y no me dejes solo en ese funeral. ¡ªEs obvio que ir¨¦ ¡ªAsegur¨® G¨®mez con rapidez. ¡ªSe realizar¨¢ en los pisos inferiores¡ªManifest¨® Ortega. ¡ª??Donde?! ¡ªExclam¨® G¨®mez, su rostro distorsionado por el asco que le invadi¨® de inmediato. Los pisos inferiores eran la parte m¨¢s inhumana del mundo, un lugar al que nadie de su posici¨®n jam¨¢s querr¨ªa poner un pie. La sola idea de tener que ir all¨ª para despedir a Jonathan lo hac¨ªa sentir inc¨®modo, su est¨®mago se revolv¨ªa ante el pensamiento de todo lo que ese lugar representaba. ¡ªTe mencion¨¦ que no hay iglesias de este culto en los pisos superiores. No hay muchos sitios que sigan esta creencia ¡ªExplic¨® Ortega, con un tono casi resignado¡ª Y los que existen, bueno, est¨¢n m¨¢s bien en zonas inseguras. No quiero meterme con esas ¡°cosas¡±, y mucho menos llevar el cuerpo de Jonathan a uno de esos sitios. Pero no tengo otra opci¨®n. ¡ª?Y cu¨¢nto tiempo tienes para resolver esto? ¡ªIndag¨® G¨®mez, su voz te?ida de preocupaci¨®n. Ortega suspir¨® de nuevo, mirando el reloj en la pantalla frente a ¨¦l. ¡ªUna semana, como m¨¢ximo. Si no lo organizo pronto, las autoridades de la fundaci¨®n seguir¨¢n el protocolo y lo enviar¨¢n a un crematorio. Francamente, esa es la ¨²ltima opci¨®n que quiero para ¨¦l¡­ ¡ªEl problema es el operativo de seguridad, pero no te preocupes, lo arreglar¨¦. Por lo dem¨¢s, ya habl¨¦ con algunos de los miembros de ese culto y ellos preparar¨¢n todo seg¨²n las normas de su creencia. Parece que el cuerpo de Jonathan tiene que pasar por unos ¡°rituales¡± o algo as¨ª. G¨®mez apenas escuchaba las ¨²ltimas palabras de Ortega. Lo que m¨¢s le atormentaba era la idea de tener que bajar a los pisos inferiores. Los pisos inferiores eran una cloaca, un lugar lleno de miseria, violencia y enfermedades, donde la vida era ef¨ªmera y la muerte una compa?¨ªa constante. ¡ªG¨®mez¡­ ¡ªContinu¨® Ortega, atrayendo su atenci¨®n de nuevo¡ª Te prometo una cosa: el funeral de Jonathan ser¨¢ esta semana. No importa lo que tenga que hacer, no voy a dejar que esto se quede as¨ª. Tendr¨¢ su despedida, a como d¨¦ lugar. ¡ªA como d¨¦ lugar... ¡ªRepiti¨® G¨®mez para s¨ª mismo, sus palabras cargadas de una incredulidad amarga¡ªBueno, gracias, Alexander. No te preocupes, estar¨¦ ah¨ª. No te dejar¨¦ solo en esto. Ortega asinti¨® y no dijo nada m¨¢s. Su mirada volvi¨® a la pantalla frente a ¨¦l, y G¨®mez supo que era momento de irse. Mientras sal¨ªa de la sala de control, G¨®mez no pudo evitar pensar en lo abrupto que era todo este asunto. La muerte de Jonathan estaba envuelta en misterio, igual que su ¨²ltima semana de vida. No solo hab¨ªa dejado preguntas sin respuesta, sino que su funeral estaba rodeado de caos y complicaciones. Todo parec¨ªa estar mal, desordenado, como si algo en el universo se hubiera torcido cuando Jonathan muri¨®. La ç…¤ltima Misiè´¸n (1) Tras salir de la sala de control, en el camino del corredor principal, G¨®mez se cruz¨® con varios rostros conocidos, veteranos que hab¨ªa visto durante a?os, colegas que hab¨ªan compartido con ¨¦l misiones peligrosas y que hab¨ªan sobrevivido a lo peor del otro mundo. Algunos lo saludaron con una sonrisa triste, otros con un discurso m¨¢s apasionado. G¨®mez se despidi¨® de cada uno, intercambiando breves palabras, rememorando momentos pasados. ¡ªCu¨ªdate, G¨®mez ¡ªLe dijo Garc¨ªa, uno de los agentes de campo que hab¨ªa estado con ¨¦l desde el inicio¡ª Nos vemos en el funeral de Jonathan. ¡ªClaro, ah¨ª estar¨¦. T¨² tambi¨¦n cu¨ªdate, Garc¨ªa ¡ªRespondi¨® G¨®mez, d¨¢ndole un apret¨®n de manos¡ª Y mantente alerta. Nunca se sabe que nos espera en la pr¨®xima misi¨®n. Sigui¨® avanzando, y entre los rostros conocidos, tambi¨¦n estaban los nuevos reclutas, esos j¨®venes que hab¨ªan llegado a la fundaci¨®n buscando un trabajo bien remunerado y aventurarse en lo paranormal. A lo largo de los a?os, G¨®mez hab¨ªa desarrollado un cierto cari?o por ellos, aunque su relaci¨®n nunca hab¨ªa sido tan cercana como con los veteranos. Sin embargo, se sorprendi¨® al ver que algunos de los reclutas tambi¨¦n parec¨ªan afectados por su partida. ¡ªG¨®mez, no te vayas sin despedirte de nosotros ¡ªDijo uno de los chicos, un muchacho llamado Ricardo, que apenas llevaba seis meses en la fundaci¨®n. G¨®mez sonri¨®, sabiendo que, aunque esos j¨®venes todav¨ªa ten¨ªan mucho por aprender, eran el futuro de la fundaci¨®n. ¡ªNo me olvido de ustedes, Ricardo ¡ªRespondi¨®, d¨¢ndole una palmada en la espalda¡ª Sigan trabajando duro, y nunca subestimen lo que hay all¨¢ afuera. No conf¨ªen en esos videos que les prepara recursos humanos, esos tipos no saben un carajo de este negocio. Los chicos asintieron solemnemente, y G¨®mez continu¨® su camino. Con cada paso que daba, sent¨ªa que dejaba atr¨¢s no solo la fundaci¨®n, sino una parte de s¨ª mismo. Los recuerdos, las misiones, los compa?eros ca¨ªdos, todo lo que hab¨ªa vivido en esos a?os estaba grabado en las paredes del laboratorio. Ahora, con su partida, era como si una etapa entera de su vida llegara a su fin. Finalmente, lleg¨® al pasillo principal, el ¨²ltimo tramo antes de llegar al ascensor. Se detuvo por un momento, mirando hacia atr¨¢s. Ya lo hab¨ªa decidido. No hab¨ªa cabida para ¨¦l en la fundaci¨®n, y si no renunciaba pronto, sab¨ªa que ser¨ªa el siguiente en ¡°suicidarse¡±. G¨®mez no tem¨ªa a la muerte. Lo que realmente le aterraba era la idea de que si llegaba a aparecer muerto, no ser¨ªan pocos los amigos que investigar¨ªan su caso solo para terminar atrapados en la misma tragedia. Sab¨ªa que cualquiera que intentara desenterrar la verdad correr¨ªa el mismo destino, cayendo uno tras otro como piezas de un domin¨® imparable. Alguien deb¨ªa asumir la responsabilidad de detener ese ciclo antes de que todos pagaran las consecuencias de meterse en una lucha donde los enemigos eran demasiado poderosos. Con un ¨²ltimo suspiro, G¨®mez gir¨® sobre sus talones y se adentr¨® en el ascensor. Las puertas se cerraron con una lentitud melanc¨®lica, como si le ofrecieran un ¨²ltimo vistazo a lo que alguna vez consider¨® su segundo hogar. Los recuerdos de casos pasados, de momentos alegres y de un prop¨®sito que alguna vez tuvo claridad, ahora se sent¨ªan ajenos. G¨®mez se dirigi¨® al piso 9, donde se encontraba el departamento de investigaciones especiales. Era all¨ª donde Marcus se ocupaba de atender los casos relacionados con desapariciones. Mientras ascend¨ªa en el ascensor, G¨®mez no pod¨ªa evitar repasar en su mente todas las piezas que a¨²n no encajaban. El suicidio de Jonathan parec¨ªa un hecho irrefutable para muchos, respaldado por testimonios y pruebas que confirmaban su comportamiento err¨¢tico en sus ¨²ltimos d¨ªas. Sin embargo, algo dentro de ¨¦l segu¨ªa grit¨¢ndole que no todo estaba claro, que hab¨ªa sombras que todav¨ªa deb¨ªan ser iluminadas. Y Marcus, aunque insoportable, pod¨ªa tener informaci¨®n crucial que lo ayudara a cerrar este cap¨ªtulo. Las puertas del ascensor se abrieron con un susurro mec¨¢nico, revelando el noveno piso del laboratorio. La secci¨®n de investigaciones especiales lo recibi¨® con su habitual ambiente cl¨ªnico y deshumanizado. G¨®mez avanz¨®, con sus pasos resonando sobre el piso met¨¢lico, mientras las luces blancas de los paneles en el techo ba?aban todo a su alrededor en una claridad inc¨®moda. Aqu¨ª, el fr¨ªo no solo proven¨ªa del implacable aire acondicionado que manten¨ªa la temperatura bajo control, sino tambi¨¦n de la atm¨®sfera sombr¨ªa que se filtraba de los prisioneros. Ellos vagaban de una sala a otra, con miradas vac¨ªas, ojos opacos que ya no reflejaban esperanza ni miedo, como si todo lo que los hac¨ªa humanos hubiera quedado atr¨¢s. Los robots de seguridad patrullaban los pasillos de forma rutinaria, emitiendo zumbidos mec¨¢nicos que solo acentuaban su ausencia de vida. Los pocos cient¨ªficos que se encontraban all¨ª parec¨ªan sombras, figuras encorvadas sobre sus estaciones de trabajo, absortos en los monitores y las pantallas t¨¢ctiles que proyectaban diagramas y gr¨¢ficos de lo que solo podr¨ªa describirse como ¡°inexplicable¡±. No se molestaron en levantar la vista cuando G¨®mez pas¨® a su lado. Eran tan indiferentes a su presencia como los propios objetos que estudiaban. Y es que, en este piso, la ciencia se mezclaba con lo desconocido de una forma que desafiaba cualquier l¨®gica. No eran simples pruebas; eran an¨¢lisis de fen¨®menos y entidades que ni siquiera deber¨ªan existir en nuestro mundo. This book''s true home is on another platform. Check it out there for the real experience. A medida que caminaba, sus ojos se mov¨ªan hacia los cristales que delimitaban los laboratorios en cuesti¨®n. G¨®mez vio un grupo de cient¨ªficos trabajando alrededor de lo que solo pod¨ªa describirse como una esfera negra flotando en el aire, rodeada de una ligera distorsi¨®n que hac¨ªa temblar el espacio a su alrededor. No proyectaba luz ni sombra, era simplemente una presencia inquietante que desafiaba cualquier intento de comprender su naturaleza. Algunos dentro de la fundaci¨®n afirmaban que aquel objeto era capaz de desintegrar todo lo que tocara, llev¨¢ndolo a alg¨²n lugar desconocido. Otros, m¨¢s pragm¨¢ticos, lo ve¨ªan como una oportunidad, sugiriendo que pod¨ªa ser utilizado como un destructor de residuos industriales, una soluci¨®n eficiente para un problema de escala global. Aunque sus l¨ªmites a¨²n no estaban claros y todav¨ªa no pod¨ªa ser explotado comercialmente, el potencial era inmenso. Hab¨ªa una creciente sensaci¨®n de que esta esfera, una vez domesticada, podr¨ªa convertirse en la pr¨®xima gran patente del laboratorio 32. Mientras segu¨ªa caminando por el pasillo, G¨®mez pas¨® junto a un laboratorio donde estudiaban lo que a simple vista parec¨ªa una simple silla de madera. Pero ¨¦l sab¨ªa que no lo era. Recordaba haber o¨ªdo rumores perturbadores sobre esa silla. Los primeros informes hablaban de que cualquiera que se sentara en ella desaparec¨ªa sin dejar rastro. Nadie sab¨ªa a d¨®nde iban o si segu¨ªan existiendo en alg¨²n lugar, pero los pocos que hab¨ªan logrado regresar lo hac¨ªan completamente desquiciados, incapaces de pronunciar una palabra coherente. Los cient¨ªficos trabajaban sin descanso para desentra?ar los secretos de ese objeto. Estaban convencidos de que esa silla conten¨ªa un portal, una puerta hacia un lugar desconocido que ofrec¨ªa un potencial ilimitado para la exploraci¨®n. A pesar de las teor¨ªas que surg¨ªan sobre el destino de los desaparecidos, las respuestas segu¨ªan siendo elusivas, como si la propia silla se burlara de los intentos de comprensi¨®n. M¨¢s adelante, una c¨¢psula de contenci¨®n albergaba lo que parec¨ªa ser un simple trozo de tela, pero G¨®mez sab¨ªa que esa apariencia insignificante ocultaba algo mucho m¨¢s peligroso. Esa tela hab¨ªa sido encontrada en los niveles m¨¢s profundos e inexplorados del ¡°otro mundo¡±, en una zona donde los peligros acechaban a cada paso. De todo el equipo que hab¨ªa viajado a esas zonas, solo un explorador hab¨ªa vuelto con vida trayendo consigo ese trozo de tela. A simple vista no parec¨ªa m¨¢s que un pedazo de tela ordinaria, pero los rumores que hab¨ªa tra¨ªdo el explorador dec¨ªan que esa insignificante pieza conten¨ªa la clave para adentrarse en niveles que a¨²n no hab¨ªan sido alcanzados por la humanidad. Si esos rumores eran ciertos, la posibilidad de continuar con la exploraci¨®n y la promesa de nuevas revelaciones podr¨ªan valer una fortuna incalculable. Conforme avanzaba, el nudo en el est¨®mago de G¨®mez se apretaba con m¨¢s fuerza. Este lugar siempre le hab¨ªa resultado perturbador, pero en esta ocasi¨®n algo se sent¨ªa diferente, m¨¢s inquietante. Todo lo que ve¨ªa a su alrededor le recordaba el cambio que hab¨ªa sufrido la fundaci¨®n. Lo que antes era un centro de estudio de objetos mundanos corrompidos por fuerzas paranormales, ahora se hab¨ªa convertido en una entidad obsesionada con los artefactos tra¨ªdos de ese misterioso otro mundo. Y m¨¢s all¨¢ de sus pensamientos, los efectos de esos objetos se percib¨ªan en su propia carne y huesos. Las paredes de cristal vibraban levemente, un fen¨®meno que G¨®mez hab¨ªa aprendido a ignorar, causado por los complejos sistemas de energ¨ªa que manten¨ªan aislados los peligros de este piso. Sin embargo, ese constante zumbido le produc¨ªa la inquietante sensaci¨®n de que en cualquier momento algo podr¨ªa salir terriblemente mal, como si el delicado equilibrio que manten¨ªa la seguridad de este lugar estuviera a punto de desmoronarse. Los pasos de G¨®mez finalmente lo llevaron a una intersecci¨®n en el pasillo, donde varios robots armados vigilaban lo que parec¨ªa ser una celda de contenci¨®n reforzada. G¨®mez se detuvo frente a la vitrina de cristal reforzado que albergaba una esfera luminosa suspendida en el aire. Era un ¡°fuego fatuo¡±, una misteriosa esfera encontrada en una expedici¨®n reciente al otro mundo. Los primeros informes indicaban que estas esferas flotaban sin rumbo fijo por aquel extra?o lugar, atrayendo a los incautos que las segu¨ªan sin cuestionar su naturaleza. El problema era que los fuegos fatuos pod¨ªan guiar tanto hac¨ªa descubrimientos incre¨ªbles como hac¨ªa trampas mortales. Descifrar ese enigma, entender el patr¨®n detr¨¢s de su comportamiento aparentemente aleatorio, podr¨ªa traducirse en otro gran avance para estar m¨¢s cerca de dominar la exploraci¨®n segura del otro mundo. La fundaci¨®n hab¨ªa logrado capturar uno de estos fuegos fatuos, pero no sin pagar un alto precio. Varios exploradores hab¨ªan desaparecido para siempre tras seguir esta esfera de luz, consumidos por su promesa ambigua de descubrimiento o destrucci¨®n. G¨®mez apart¨® la vista y continu¨® su camino. Al fondo del pasillo, la peque?a sala donde Marcus se encontraba estaba iluminada por una combinaci¨®n de luces c¨¢lidas y la iluminaci¨®n azulada que proven¨ªa de los hologramas llenos de datos y gr¨¢ficos incomprensibles que abarrotaban el entorno. Los muebles esparcidos por la sala le daban al ambiente un aire anacr¨®nico, predominando el gusto por lo antiguo, pero con un toque de desorden que tra¨ªa reminiscencias de la oficina de un detective de la vieja escuela. Eran viejos y desgastados, como si hubieran sido reutilizados por varias generaciones de cient¨ªficos. Hab¨ªa una silla de cuero agrietada, una mesa con papeles esparcidos por todos lados, y una l¨¢mpara de escritorio que parec¨ªa haber sido comprada en una tienda de segunda mano. La estanter¨ªa estaba llena de informes apilados de forma ca¨®tica y de libros con t¨ªtulos oscuros, la mayor¨ªa relacionados con f¨ªsica cu¨¢ntica, teor¨ªas del tiempo y espacio, y estudios interdimensionales. Marcus se inclinaba sobre su mesa de trabajo, examinando lo que parec¨ªa ser la autopsia de un animal extra?o, posiblemente una de esas criaturas tra¨ªdas del ¡°otro mundo¡±. Llevaba gafas tan grandes que parec¨ªan un accesorio innecesario para su gran rostro, y sus ojos, ocultos tras esos gruesos cristales, se mov¨ªan r¨¢pidamente de un lado a otro, siguiendo las l¨ªneas del informe t¨¦cnico. Su cabello, enredado y con aspecto grasiento, se mov¨ªa ligeramente cuando emit¨ªa alg¨²n sonido de desaprobaci¨®n hacia lo que fuera que estuviera estudiando. La ç…¤ltima Misiè´¸n (2) A¨²n dudando de si deb¨ªa interrumpir, G¨®mez decidi¨® avanzar de todas formas. No hab¨ªa llegado hasta aqu¨ª para marcharse sin la informaci¨®n que necesitaba. ¡ªMarcus ¡ªSalud¨® G¨®mez con tono serio, pero manteniendo la distancia. El cient¨ªfico ni siquiera se molest¨® en levantar la vista. Sus dedos tamborileaban sobre la superficie de la mesa, y por un momento pareci¨® que ni siquiera hab¨ªa escuchado la llegada de G¨®mez. ¡ª?Qu¨¦ quieres? ¡ªRespondi¨® Marcus de mala gana, sin molestarse en disimular el desprecio que sent¨ªa por la interrupci¨®n. ¡ªNecesito hablar contigo ¡ªDijo G¨®mez, firme, pero con una ligera tensi¨®n en la voz¡ª Supongo que te habr¨¢s enterado de que me suspendieron por ocho meses. Finalmente, Marcus levant¨® la vista, ajust¨¢ndose las gafas de manera innecesaria, como si estuviera evaluando a G¨®mez como se eval¨²a una criatura que no se logra descifrar del todo. Con un suspiro irritado, se enderez¨® y se cruz¨® de brazos. ¡ª?Ocho meses? ¡ªReplic¨®, sin molestarse en mostrar simpat¨ªa alguna¡ª Si fuera por m¨ª, te habr¨ªan dado m¨¢s tiempo. G¨®mez frunci¨® el ce?o. Sab¨ªa que Marcus no era del tipo amable, pero su actitud fr¨ªa y despectiva siempre le resultaba irritante. Especialmente considerando que hab¨ªa sido Marcus quien organiz¨® el interrogatorio en primer lugar. ¡ªT¨² organizaste esa operaci¨®n¡ªInquiri¨® G¨®mez, dejando que una ligera incredulidad se deslizara en su voz¡ª ?No te sorprende que me hayan suspendido tanto tiempo? ?A ti ni siquiera te han dado una semana por lo que se ve! Marcus se encogi¨® de hombros, como si la pregunta no tuviera importancia. ¡ªNo me sorprende en absoluto ¡ªContest¨® con indiferencia¡ª T¨² cometiste el error de ser un estorbo para los directivos. Por el contrario, yo soy valioso para la fundaci¨®n. Mi trabajo, mis descubrimientos¡­ ¡ªSe detuvo por un segundo y, en un tono condescendiente, agreg¨®¡ª Lo que yo hago en este cuarto vale varias veces tu salario. De hecho, vale varias veces el de cualquiera en este maldito edificio. La franqueza de Marcus lo golpe¨® como un cubo de agua fr¨ªa. G¨®mez siempre hab¨ªa sabido que el cient¨ªfico ten¨ªa un ego descomunal, pero esta vez su comentario rozaba lo insultante. No obstante, sab¨ªa que Marcus no estaba mintiendo. Su trabajo, aunque incomprensible para muchos, hab¨ªa tra¨ªdo avances significativos a la fundaci¨®n. Por algo le hab¨ªan dado una oficina propia y a ¨¦l no. ¡ª?Todav¨ªa los directivos est¨¢n interesados en estudiar casos de desapariciones? ¡ªPregunt¨® G¨®mez, genuinamente sorprendido de que la fundaci¨®n siguiera invirtiendo en algo que parec¨ªa tan ¡°poco¡± rentable como el bienestar ciudadano. Hace unos minutos su jefe por poco lo echaba con la excusa de que ya no hab¨ªa presupuesto para esas cosas. Marcus solt¨® una carcajada breve y seca, como si la pregunta le resultara pat¨¦ticamente ingenua. ¡ª?Desapariciones? ¡ªRepiti¨®, con una burla evidente en su tono¡ª A la fundaci¨®n no le importa un carajo eso. Lo que les interesa son los viajes interdimensionales, los portales entre realidades ¡ªSe acerc¨® un poco m¨¢s a G¨®mez, como si fuera a compartir un gran secreto, aunque con la misma mirada despectiva¡ª Ver¨¢s, todas las invasiones del otro mundo al nuestro no les importan a los superiores. Para los de arriba, lo que hacemos aqu¨ª es mucho m¨¢s importante que lo que hacen hoy en d¨ªa las compa?¨ªas de seguridad privada. Ellos est¨¢n obsesionados con los accesos a otros niveles, con el viaje entre realidades. Y todo eso est¨¢ relacionado con las desapariciones. Las cosas ya no son como antes, G¨®mez. Ahora solo puedo investigar esos casos cuando encuentro un poco de tiempo libre. G¨®mez asimil¨® lo que Marcus estaba diciendo, sorprendido pero tambi¨¦n intrigado por la confesi¨®n. ¡ªEntonces, ?por qu¨¦ siguen llam¨¢ndote ¡°experto en desapariciones¡±? ¡ªPregunt¨® G¨®mez, sin poder ocultar su curiosidad. Marcus resopl¨®, una mezcla de desprecio y resignaci¨®n retorciendo su expresi¨®n mientras su actitud t¨®xica volv¨ªa a aflorar con fuerza. Alz¨® la mirada, cargada de desd¨¦n, como si toda la situaci¨®n le pareciera un chiste de mal gusto: ¡ªPorque eso es lo ¨²nico que me ata a este trabajo de mierda. ¡ªSi te soy sincero ¡ªContinu¨® Marcus, bajando la voz, pero manteniendo ese tono venenoso¡ª Yo tambi¨¦n me he hecho esa pregunta m¨¢s veces de las que puedo contar. Pero lo que m¨¢s me pregunto es por qu¨¦ sigo trabajando para estos idiotas ¡ªSolt¨® una risa seca, una carcajada que carec¨ªa de cualquier traza de alegr¨ªa o vida. Era casi mec¨¢nica, como si se obligara a re¨ªr para seguir funcionando ¡ªMira estos informes de mierda que me entregaron los novatos ¡ªProsigui¨® Marcus, se?alando con desd¨¦n las hojas dispersas sobre su escritorio. La pila de papeles parec¨ªa tan ca¨®tica como su mente en ese momento¡ªCada d¨ªa tengo que lidiar con este tipo de inutilidad. Es como si estuvieran compitiendo por ver qui¨¦n es m¨¢s incompetente. Son tan idiotas que les tengo que pedir los informes por escrito, me dar¨ªa verg¨¹enza que quedaran registros de sus comentarios imb¨¦ciles dentro del sistema. Te juro que lidiar con tanta mediocridad te saca las ganas de trabajar; te quita la vida, G¨®mez. Find this and other great novels on the author''s preferred platform. Support original creators! G¨®mez lo escuchaba con atenci¨®n, observando c¨®mo la frustraci¨®n se acumulaba en la voz de Marcus. No era la primera vez que lo ve¨ªa as¨ª, pero hab¨ªa algo m¨¢s profundo en esta ocasi¨®n. Algo m¨¢s melanc¨®lico. ¡ªY lo cierto es que, a estas alturas de la vida, podr¨ªa largarme de aqu¨ª y vivir una vida asquerosamente buena en alg¨²n planeta lejano, lejos de la miseria que abunda en el desordenado planeta Tierra y de la corrupta pol¨ªtica de unos mocosos malcriados que se creen due?os de la humanidad. Podr¨ªa retirarme, disfrutar de mis patentes, de las regal¨ªas que me generan... ¡ªMarcus hizo una pausa, sonriendo con una amargura que casi pod¨ªa saborearse en el aire¡ªSoy tan rico para vivir la vida m¨¢s est¨²pida que te puedas imaginar. Para colmo, ni siquiera tendr¨ªa que preocuparme por satisfacer los caprichos de alg¨²n mocoso malcriado o complacer a una esposa exigente que me pida comprarle vestidos cada vez que salimos de casa. ¡ªEsto es lo que soy ahora ¡ªManifest¨® Marcus, se?al¨¢ndose a s¨ª mismo, un hombre rodeado de informes, notas y pantallas que reflejaban su imagen desali?ada¡ª A?os de sacrificio y descubrimientos para morir solo. Completamente solo. T¨² entiendes perfectamente mis sentimientos, ?verdad, G¨®mez? ¡ªLos dos somos asquerosamente ricos ¡ªContinu¨® Marcus, su voz ahora te?ida de un cinismo m¨¢s sombr¨ªo¡ª Sin embargo, estamos tan solos que nuestra ¨²nica compa?¨ªa son nuestras malditas sombras. El cient¨ªfico se qued¨® un momento en silencio, como si las palabras hubieran agotado el poco aliento de su interior, pero enseguida retom¨® con un tono m¨¢s bajo, casi reflexivo, aunque a¨²n cargado de su habitual desd¨¦n. ¡ª?Por qu¨¦ sigo aceptando esos casos que a nadie le importan? ¡ªMurmur¨® Marcus, con una mezcla de cansancio y frustraci¨®n en la voz. Baj¨® la mirada, clav¨¢ndola en la mesa frente a ¨¦l, como si las respuestas estuvieran inscritas en la madera gastada¡ª ?Por qu¨¦ siguen llam¨¢ndome experto en desapariciones? El silencio en la habitaci¨®n pesaba, roto solo por el eco de sus propias palabras. Se qued¨® all¨ª, mirando el vac¨ªo, como si la mesa pudiera ofrecerle una respuesta que ¨¦l mismo no era capaz de encontrar. Despu¨¦s de un momento, suspir¨®, su expresi¨®n amarga endureci¨¦ndose. ¡ªPorque a eso me dedico. Ese es mi maldito trabajo. Una risa escap¨® de sus labios, una carcajada forzada y vac¨ªa que apenas rompi¨® la tensi¨®n en su rostro. Era una risa hueca, sin vida, como sus ojos. Los dedos tamborilearon sobre la superficie de la mesa, un tic nervioso que ni siquiera parec¨ªa notar. ¡ªEs lo ¨²nico que me queda ¡ªConfes¨®, m¨¢s para s¨ª mismo que para nadie m¨¢s. Las palabras cayeron como un susurro seco, desprovisto de esperanza¡ª Lo dem¨¢s... lo dem¨¢s es solo para hacerme olvidar lo miserable que es mi vida desde que lo perd¨ª todo. Se hundi¨® en el silencio otra vez, como si cada palabra lo hubiera agotado. La habitaci¨®n parec¨ªa hacerse m¨¢s peque?a a su alrededor, mientras la desesperaci¨®n latente se instalaba en el aire. G¨®mez se tambale¨® ligeramente, sinti¨¦ndose inc¨®modo ante la figura desmoronada de Marcus. Hab¨ªa esperado encontrarse con el malhumorado cient¨ªfico de siempre, arisco y distante, pero lo que ten¨ªa frente a ¨¦l ahora era una sombra de ese hombre. Algo en la atm¨®sfera de la habitaci¨®n lo hac¨ªa sentir fuera de lugar. El aire estaba pesado, cargado de una tristeza que le resultaba dif¨ªcil de procesar. No estaba acostumbrado a ver a Marcus en ese estado tan melanc¨®lico. ¡ªPerdiste mucho, Marcus. Eso es evidente ¡ªConsider¨® G¨®mez, su voz tranquila y medida, sin buscar hurgar m¨¢s de lo necesario, solo reconociendo el dolor palpable que flotaba en el ambiente. Marcus lo mir¨® de reojo, con los ojos hundidos y apagados. Durante unos largos segundos no dijo nada, como si estuviera debati¨¦ndose entre responder o simplemente dejar el silencio hablar por ¨¦l. La sombra en su mirada se hizo m¨¢s densa, una mezcla de dolor y amargura que hab¨ªa arraigado en lo profundo de su ser. G¨®mez lo supo al instante; esa oscuridad llevaba tiempo creciendo, consumi¨¦ndolo poco a poco. Finalmente, Marcus rompi¨® el silencio con una voz que sonaba casi rota. ¡ªLo perd¨ª todo, G¨®mez. No hab¨ªa dramatismo en su afirmaci¨®n, solo una cruda verdad que se dejaba caer entre ellos como una gota de lluvia en el agua. La confesi¨®n era m¨¢s un hecho que una queja, una rendici¨®n a una realidad que lo hab¨ªa arrastrado a ese abismo en el que ahora se encontraba. G¨®mez sinti¨® un nudo en el est¨®mago al verlo as¨ª, incapaz de ofrecer algo m¨¢s que su presencia, inc¨®modo por no saber qu¨¦ decir o hacer para aliviar, aunque fuera por un segundo, ese peso que aplastaba al hombre frente a ¨¦l. El silencio que sigui¨® fue como un abismo entre ambos. El cient¨ªfico, como si hubiera terminado la conversaci¨®n, volvi¨® a su trabajo, expulsando a G¨®mez de su oficina. ¡ªSi no tienes m¨¢s preguntas, puedes irte a disfrutar tu jubilaci¨®n, G¨®mez Pero G¨®mez no se movi¨®. En lugar de marcharse, se plant¨® con firmeza en su lugar, sin intenci¨®n alguna de dejar que Marcus lo despachara con tanta facilidad. ¡ªNo he venido a hablar del interrogatorio, Marcus ¡ªDijo G¨®mez, con voz calmada, pero firme¡ª Quiero obtener m¨¢s informaci¨®n sobre la muerte de Jonathan. El nombre de Jonathan pareci¨® desatar algo en Marcus. Por un segundo, una sombra de incomodidad pas¨® por su rostro, apenas perceptible, pero all¨ª estaba. El cient¨ªfico, siempre tan fr¨ªo y distante, pareci¨® por un momento recordar que hab¨ªa sido humano alguna vez. G¨®mez aprovech¨® esa peque?a grieta en la coraza de Marcus para continuar. ¡ªJonathan se encontraba ayud¨¢ndote con un caso de desapariciones. Unos historiadores que continuaban desapareciendo sin motivo aparente. Seg¨²n entiendo eso fue lo ¨²ltimo que hizo antes de que decidiera matarse. Marcus no respondi¨® de inmediato. Volvi¨® a ajustar sus gafas, un gesto nervioso que G¨®mez reconoc¨ªa como un signo de incomodidad, no de irritaci¨®n. El cient¨ªfico dej¨® escapar un suspiro, visiblemente molesto por la direcci¨®n que hab¨ªa tomado la conversaci¨®n, pero al mismo tiempo resignado. No pod¨ªa ignorar lo que hab¨ªa ocurrido con Jonathan, ni tampoco pod¨ªa fingir que la menci¨®n de su nombre no le afectaba. ¡ªJonathan¡­ ¡ªComenz¨® Marcus, la dureza en su tono disminuyendo ligeramente¡ª Ese pobre idiota. Es una gran pena que se haya suicidado. Est¨¢bamos muy cerca de encontrar al culpable detr¨¢s de las desapariciones de esos historiadores. Por un instante, la sala qued¨® en silencio, salvo por el zumbido de los equipos y el parpadeo de las pantallas. Marcus se frot¨® el puente de la nariz, como si el simple hecho de recordar a Jonathan le trajera un dolor de cabeza que prefer¨ªa evitar. ¡ªSi¨¦ntate, G¨®mez ¡ªLarg¨®, finalmente, con una voz que hab¨ªa perdido gran parte de su aspereza¡ª Supongo que hay cosas que debes saber. La ç…¤ltima Misiè´¸n (3) Un tanto sorprendido por el cambio de actitud de Marcus, G¨®mez acept¨® la oferta. Se sent¨® en el gastado sill¨®n de cuero frente a la mesa desordenada del cient¨ªfico. Marcus apoy¨® las manos en la mesa, como si estuviera tratando de reunir sus pensamientos antes de hablar. ¡ªNo te voy a mentir, G¨®mez. Lo de Jonathan me tom¨® por sorpresa, aunque no tanto como deber¨ªa haberme tomado. Ya los ¨²ltimos d¨ªas se le ve¨ªa raro; era como si no le importara el trabajo. Hasta inventaba excusas para pasearse por el laboratorio, como si buscara cualquier pretexto para no seguir trabajando en lo que est¨¢bamos investigando. ¡ª?Excusas? ¡ªInvestig¨® G¨®mez ¡ª ?A qu¨¦ te refieres? ¡ªTonter¨ªas, cosas sin sentido. Se quejaba de dolores, de problemas que no ten¨ªan ni pies ni cabeza. Un d¨ªa me dijo que la luz en la oficina estaba demasiado fuerte y no pod¨ªa concentrarse. Otro, que el caf¨¦ de la m¨¢quina sab¨ªa a metal. Bobadas. Peque?as cosas que claramente no eran el problema real, pero que serv¨ªan como excusas para alejarse de este piso. ¡ª?Qu¨¦ crees que le pasaba? ¡ªInquiri¨® G¨®mez, esperando que Marcus tuviera alguna teor¨ªa. El cient¨ªfico solt¨® un suspiro profundo, como si estuviera cansado solo de pensar en ello. ¡ªNo lo s¨¦. Al principio pens¨¦ que estaba agotado de no encontrar nada interesante. En ese caso siempre est¨¢bamos cerca de encontrar algo, pero al mismo tiempo muy lejos de la verdad. Era frustrante. Trabajar aqu¨ª no es f¨¢cil, lo sabes. Pero con el tiempo, me di cuenta de que no era solo el cansancio. Era como si Jonathan hubiera perdido algo m¨¢s, algo que no pod¨ªa recuperar. Su sentido del prop¨®sito, tal vez. Ya no ve¨ªa el punto en lo que est¨¢bamos investigando. Incluso me lleg¨® a decir que todo esto¡­ ¡ªMarcus se?al¨® el equipo, las pantallas, la oficina a su alrededor¡ª... no val¨ªa la pena. Que no est¨¢bamos logrando nada. G¨®mez se recost¨® en el sill¨®n, procesando lo que Marcus le estaba diciendo. Hab¨ªa conocido a Jonathan, lo hab¨ªa visto trabajar incansablemente por la fundaci¨®n, siempre creyendo en lo que hac¨ªan. Escuchar que hab¨ªa perdido la fe en todo ello le resultaba devastador. ¡ª?Crees que esa repentina falta de esperanza ten¨ªa algo que ver con el caso de los historiadores? ¡ªRebusc¨® G¨®mez ¡ª Antes de perder las ganas de vivir, ¨¦l estaba investigando ese caso de desapariciones, ?no es as¨ª? Marcus asinti¨® con gravedad, pero su mirada endurecida dejaba claro que no iba a revelar todo de inmediato. Se inclin¨® hacia G¨®mez, como si la conversaci¨®n que iban a tener fuera un secreto demasiado peligroso para ser escuchado por cualquiera. ¡ªS¨ª ¡ªMurmur¨®¡ª Jonathan Parker estaba investigando a esos malditos historiadores. Todo apuntaba a una banda de fan¨¢ticos que cre¨ªan que pod¨ªan descubrir secretos del pasado que nunca debieron ser revelados. Jonathan, al principio, se lo tom¨® muy en serio. Pero algo cambi¨® en los ¨²ltimos d¨ªas ¡ªHizo una pausa, sus ojos se oscurecieron como si estuviera recordando algo particularmente perturbador¡ª No s¨¦ qu¨¦ pas¨® exactamente, pero dej¨® de importarle. Ya no buscaba respuestas, solo quer¨ªa escapar de ese caso como si ¨¦l mismo fuera una plaga. ¡ª?Llegaron a descubrir qu¨¦ secretos buscaban entender estos historiadores? ¡ªInvestig¨® G¨®mez. ¡ªInformaci¨®n secreta y peligrosa sobre la dictadura militar. Para ser exactos, la relaci¨®n entre ese fen¨®meno pol¨ªtico con el ¡°destape¡± del otro mundo. Un tema muy delicado que f¨¢cilmente puede costarte la vida si no la manejas con cuidado, y estos idiotas buscaban dejar escrito toda la verdad en sus libros de historia¡ªRespondi¨® Marcus con tono seco, como si fuera una obviedad, pero su expresi¨®n se tens¨® m¨¢s, como si hablara de algo prohibido. ¡ª?Hasta qu¨¦ punto crees que estos historiadores sab¨ªan lo que ocurri¨® en realidad durante la dictadura? ¡ª Indag¨® G¨®mez, inclin¨¢ndose hacia adelante, queriendo ahondar m¨¢s en el tema. Marcus se removi¨® en su asiento, su expresi¨®n cada vez m¨¢s endurecida mientras hablaba. La paranoia se filtraba en su tono, como si todo lo que estaba a punto de decirle a G¨®mez pudiera costarle la vida. Aunque se manten¨ªa erguido, su cuerpo denotaba una extra?a mezcla de orgullo y cautela, como si manejar esa informaci¨®n privilegiada fuera tanto una bendici¨®n como una maldici¨®n. ¡ªSab¨ªan mucho, G¨®mez, mucho m¨¢s de lo que crees ¡ªEmpez¨®, inclin¨¢ndose hacia adelante y bajando la voz¡ª Mucho antes del ¡°destape¡±, el c¨ªrculo de intelectuales ya estaba al tanto de la existencia del otro mundo. Sab¨ªan sobre las criaturas aberrantes, los rituales oscuros, los objetos malditos, los portales extra?os. Estaban informados de las constantes desapariciones, las torturas inimaginables, los asesinatos tr¨¢gicos y los burdos encubrimientos. Reading on Amazon or a pirate site? This novel is from Royal Road. Support the author by reading it there. ¡ªY lo peor de todo ¡ªAgreg¨®, mirando a G¨®mez directamente a los ojos¡ªSab¨ªan qui¨¦nes estaban detr¨¢s de todo ese silencio. Sab¨ªan demasiado, lo suficiente para darse cuenta de que ¡°alguien¡±, desde muy arriba, estaba intentando monopolizar el acceso a este nuevo poder. Lo paranormal, G¨®mez, estaba a punto de convertirse en la nueva normalidad, algo que la humanidad podr¨ªa controlar. G¨®mez apenas se movi¨®, pero sus ojos reflejaban el impacto de lo que estaba oyendo. ¡ªEstos intelectuales entend¨ªan lo que eso significaba ¡ªContinu¨® Marcus, como si estuviera desenterrando un secreto largamente guardado¡ª Sab¨ªan lo que ocurre cuando la humanidad se da cuenta de que puede controlar una nueva forma de poder. Porque al final, G¨®mez, no se trata de descubrir algo nuevo. Se trata de dominarlo. De usarlo. Y el problema es que, en ese proceso, lo m¨¢s probable es que terminemos devor¨¢ndonos los unos a los otros antes de que podamos siquiera terminar de comprenderlo. G¨®mez lo miraba fijamente, notando la tensi¨®n creciente en el rostro de Marcus. Este ¨²ltimo se pas¨® la mano por el ment¨®n, con una sonrisa amarga, casi despectiva. ¡ªPara los intelectuales de la ¨¦poca ¡ªContinu¨® Marcus, con un aire de suficiencia¡ª Todo el circo que se estaba montando la dictadura era una obviedad. Toda esa gente poderosa que se presentaba como defensores de la humanidad, en realidad ocultaba estos secretos para su propio beneficio. Era evidente. Pero claro, nadie pod¨ªa decirlo en voz alta. ¡ª?C¨®mo sabes eso? ¡ªG¨®mez no pod¨ªa ocultar su incredulidad. ¡ªYo mismo fui parte de ese c¨ªrculo de intelectuales, imb¨¦cil ¡ªReplic¨® Marcus con una sonrisa torcida y un brillo malicioso en sus ojos¡ª En aquellos tiempos, m¨¢s que cient¨ªficos e investigadores, una buena parte de los trabajadores de esta fundaci¨®n ¨¦ramos informadores, esp¨ªas al servicio de una ¨¦lite silenciosa que siempre vel¨® por mantener el ¡°orden y progreso¡± de la humanidad. La dictadura era un caos para aquellos que realmente ten¨ªan poder, especialmente los magnates industriales y los l¨ªderes de las megacorporaciones. La corrupci¨®n militar y pol¨ªtica asfixiaba todo. Cada negocio requer¨ªa su coima; tu vida no val¨ªa nada si te met¨ªas en los negocios del pol¨ªtico equivocado, y la industria del ocio, por ejemplo, estaba en ruinas. Eran tiempos nefastos para los negocios y peores a¨²n para la humanidad. Marcus hizo una pausa, como si saboreara haber vivido esos tiempos. G¨®mez permaneci¨® en silencio, sin apartar los ojos de ¨¦l, intentando asimilar la gravedad de lo que dec¨ªa. ¡ªComo te imaginar¨¢s, enemigos no les faltaban a esos pol¨ªticos y militares corruptos que se cre¨ªan intocables ¡ªAfirm¨® Marcus, casi con desprecio¡ª Y puedo confirmar todo lo que te estoy diciendo porque yo mismo filtr¨¦ una buena parte de la base de datos de este laboratorio. Todo era parte de un plan m¨¢s grande, uno que, en su momento, no pod¨ªa ver con claridad. Pero ahora est¨¢ m¨¢s claro que el agua: era la ¨²nica forma de derrumbar esa dictadura de mierda. Marcus se inclin¨® hacia adelante, como si estuviera revelando un oscuro secreto que le hab¨ªa pesado por a?os. La intensidad en su mirada era arrolladora, y G¨®mez empez¨® a comprender que lo que Marcus ten¨ªa era un orgullo retorcido por haber sido parte de ese complot. ¡ªSe tardaron d¨¦cadas ¡ªContinu¨® Marcus ¡ª Pero tras a?os de filtrar informaci¨®n, la alta sociedad comprendi¨® que hab¨ªa un peque?o grupo de imb¨¦ciles que intentaban monopolizar el acceso a esas realidades paralelas. Una vez que lo entendieron, les hicieron pedazos. Fue como ver caer una torre de cartas. En un solo a?o, todo ese sistema que parec¨ªa inquebrantable se desmoron¨®. El orgullo en la voz de Marcus era contagioso, como si fuera el h¨¦roe oculto de una historia que nadie recordaba. Hizo una pausa dram¨¢tica, observando la expresi¨®n de G¨®mez, evaluando si captaba la magnitud de lo que estaba revelando. ¡ª Se decapitaron a las familias de los que se pasaron de listos y se les confiscaron todos los bienes ¡ªContinu¨® Marcus, con una risa seca¡ª Era tan obvio que ese iba a ser su final, esos idiotas nunca leyeron un maldito libro de historia en sus vidas. ?C¨®mo pod¨ªan pensar que algo tan inestable puede durar para siempre? Nadie puede imponerse a la alta sociedad y pensar que no habr¨¢ consecuencias. Era solo cuesti¨®n de tiempo para que los mataran todos. ¡ªA estas alturas de la historia comprender¨¢s que los historiadores desaparecidos no eran unos simples acad¨¦micos que manten¨ªan charlas sobre teor¨ªas conspiranoicas en los pasillos de la universidad. No, algunos de esos intelectuales sab¨ªan tanto como la fundaci¨®n sabe hoy en d¨ªa sobre el otro mundo. ¡ª?Tienes alg¨²n indicio sobre qu¨¦ descubrieron exactamente?¡ªInvestig¨® G¨®mez, buscando llenar el inc¨®modo silencio que se hab¨ªa formado. Marcus asinti¨® lentamente, pero su rostro se oscureci¨® a¨²n m¨¢s. Se inclin¨® hacia adelante, como si las paredes mismas pudieran tener o¨ªdos. ¡ªSolo tengo algunas teor¨ªas, G¨®mez ¡ªSusurr¨®, con una sonrisa torcida¡ª Probablemente estos historiadores quer¨ªan revelar la gran ¡°verdad¡±. Aunque la dictadura ha ca¨ªdo, algunos miembros de la ¨¦lite que se beneficiaron de ella siguen entre nosotros. Muchos de ellos a¨²n est¨¢n metidos en la pol¨ªtica. Los m¨¢s discretos se mantienen en las sombras, moviendo los hilos de los influencers de turno. La ç…¤ltima Misiè´¸n (4) G¨®mez estaba at¨®nito. Todo esto iba mucho m¨¢s all¨¢ de simples desapariciones; lo que Marcus revelaba era una conspiraci¨®n de proporciones inimaginables. Jam¨¢s hubiera cre¨ªdo que Marcus sab¨ªa tanto. No solo estaba hablando de desapariciones inexplicables, sino de una red de mentiras y encubrimientos que se extend¨ªa hasta los rincones m¨¢s altos del poder, una manipulaci¨®n oculta desde lo m¨¢s profundo del sistema. ¡ª?Y por qu¨¦ ahora? ¡ªCuestion¨® G¨®mez, sintiendo c¨®mo una presi¨®n le crec¨ªa en el pecho¡ª?Por qu¨¦ destapar todo esto justo ahora y no antes? ¡ªPorque la gente ya empieza a olvidarse de la dictadura ¡ªRespondi¨® Marcus, con una calma g¨¦lida que contrastaba con la gravedad de sus palabras¡ª Y la verdad siempre encuentra una manera de salir a la luz. Adem¨¢s, hay mucha gente que sigue molesta con esos idiotas. Y cr¨¦eme, G¨®mez ¡ªSus ojos se entrecerraron ligeramente, cargados de una intensidad inesperada¡ª Algunos de esos historiadores estaban muy cerca de descubrir algo realmente grande. Algo que ni siquiera nosotros conocemos por completo. ¡ª?Algo grande? ¡ªRepiti¨® G¨®mez ¡ªS¨ª, algo que podr¨ªa cambiarlo todo ¡ªMarcus baj¨® la voz a¨²n m¨¢s¡ª Pero, aparentemente, alguien en lo m¨¢s alto no est¨¢ dispuesto a que la verdad vea la luz. ¡ª?Crees que hay una persona detr¨¢s de las desapariciones? ¡ªInvestig¨® G¨®mez en un tono confidencial, como si estuviera temiendo la respuesta. Marcus lo mir¨® directamente a los ojos, y por primera vez en mucho tiempo, G¨®mez vio en ¨¦l algo m¨¢s que arrogancia. Vio miedo. Un miedo profundo, arraigado. ¡ªPor el modus operandi, no tengo ninguna duda¡­ Esto no es obra de las criaturas del otro mundo. No. Esto es obra de alguien de nuestro mundo, una persona. Alguien que sabe c¨®mo jugar con la oscuridad, c¨®mo manipular los hilos del otro mundo, c¨®mo hacer que la verdad desaparezca antes de que siquiera tenga la oportunidad de salir a la luz. G¨®mez lo mir¨® con escepticismo, pero Marcus se adelant¨®, con una sonrisa llena de arrogancia. ¡ªSoy un experto en desapariciones, G¨®mez. Si alguien en este laboratorio iba a lograr identificar al responsable detr¨¢s de estas desapariciones, ese alguien iba a ser yo. Jonathan y yo lo sab¨ªamos desde el principio, pero decidimos mantenerlo en secreto. Hay un patr¨®n oculto que no hemos revelado a nadie m¨¢s. G¨®mez sinti¨® c¨®mo su coraz¨®n se aceleraba, sus nervios tensos por la creciente incertidumbre. No pudo evitar preguntar, su voz casi ahogada por la ansiedad ¡ª?Cu¨¢l es ese patr¨®n? Marcus no perdi¨® tiempo. ¡ªTodas las desapariciones son de manual, G¨®mez. Muchas est¨¢n encubiertas para disimularlo, otras usan m¨¦todos muy confidenciales, pero para un experto en desapariciones es evidente que hay una tendencia clara. Estos historiadores no desaparecen por eventos paranormales, sino por m¨¦todos que la humanidad ya conoce y domina ¡ªSu voz se volvi¨® a¨²n m¨¢s baja, como si la habitaci¨®n misma pudiera traicionar su confidencia¡ª Esto deja claro que no estamos tratando con sucesos sobrenaturales, sino con alguien que quiera que la ¡°verdad¡± no salga a la luz. ¡ªD¨¦jame darte una buena advertencia: Si sigues tirando de este hilo, puede que termines siendo la pr¨®xima persona en desaparecer¡­ Lo que estas personas est¨¢n tratando de ocultar es algo que nadie quiere que salga a la luz. Ni siquiera t¨². Yo ya he abandonado este caso, no hay nada interesante en descubrir algo que ya sabemos que es inevitable. ¡ªY si deseas continuar investigando, debes tener cuidado, G¨®mez ¡ªIndic¨® Marcus, con una mirada seria, m¨¢s intensa de lo normal¡ª Igual que yo lo tuve cuando filtraba informaci¨®n de este laboratorio para los c¨ªrculos de intelectuales durante la dictadura. En cuanto das un paso en falso, te conviertes en el pr¨®ximo objetivo. Esta gente es buena, muy buena en seguir las huellas. Nunca conf¨ªes en la tecnolog¨ªa. Si quieres sobrevivir a este caso, usa l¨¢piz, papel y, sobre todo, una buena memoria. Porque si te atrapan, no habr¨¢ vuelta atr¨¢s. Un sudor fr¨ªo resbalaba por la frente de G¨®mez mientras trataba de procesar todo lo que Marcus acababa de revelarle. La complejidad de la situaci¨®n lo aplastaba, como si cada nueva pieza de informaci¨®n a?adiera peso sobre sus hombros. Esto no eran simples teor¨ªas conspiranoicas o especulaciones absurdas. Hab¨ªa demasiadas coincidencias, demasiados detalles inquietantes. Las desapariciones inexplicables y los nombres poderosos que parec¨ªan moverse entre las sombras no dejaban espacio para la duda. Todo estaba entrelazado en una red de secretos meticulosamente guardados, y cada hilo suelto que encontraba solo hac¨ªa que el panorama resultara m¨¢s oscuro, m¨¢s peligroso. The author''s tale has been misappropriated; report any instances of this story on Amazon. ¡ª?Crees que a Jonathan lo mataron por investigar este caso? ¡ªRebusc¨® G¨®mez, frunciendo el ce?o, tratando de desentra?ar algo m¨¢s en los ojos de Marcus. Sab¨ªa que la pregunta era delicada, pero necesitaba una confirmaci¨®n, una pista que le permitiera avanzar en ese laberinto de intrigas. Marcus lo mir¨® en silencio durante unos instantes, con una expresi¨®n dif¨ªcil de descifrar. Cuando al fin respondi¨®, lo hizo con una indiferencia casi despectiva, como si la pregunta le pareciera irrelevante en comparaci¨®n con la magnitud del secreto que hab¨ªan desenterrado. ¡ªNo lo s¨¦ ¡ªContest¨® secamente¡ª Esa pregunta deber¨ªa hac¨¦rtela yo a ti. Por algo te cont¨¦ todos estos secretos. T¨², que siempre has sido uno de los mejores agentes en este maldito laboratorio, ?crees que lo mataron o que realmente se suicid¨®? G¨®mez vacil¨®. Esa pregunta lo dej¨® desnudo. No iba a decir lo que pensaba, ni mucho menos iba a contar lo que sab¨ªa. Decidi¨® ir por lo seguro, lo que era incuestionable en este punto de la historia: Nadie ten¨ªa una respuesta clara. La situaci¨®n era demasiado enrevesada, cada pieza del rompecabezas parec¨ªa encajar de manera distinta dependiendo de la perspectiva de quien le contaba esta historia. Seg¨²n Mendelson, la IA del laboratorio hab¨ªa dado advertencias sobre el inminente suicidio de Jonathan, como si lo hubiera anticipado antes que cualquiera. Por su parte, Rivas sosten¨ªa que Jonathan hab¨ªa perdido toda esperanza en la ¡°causa¡±, y que esa desesperaci¨®n hab¨ªa detonado su suicidio. Y luego estaba Ortega, quien aseguraba que los motivos estaban profundamente enterrados en la oscura y dura infancia de Jonathan, en traumas que jam¨¢s hab¨ªa superado. Cada versi¨®n parec¨ªa tener algo de verdad, pero ninguna ofrec¨ªa una explicaci¨®n completa. A pesar de que todos deseaban llegar a la verdad, la realidad era que nadie ten¨ªa la respuesta definitiva. Y eso, pens¨® G¨®mez, era lo m¨¢s aterrador de todo. ¡ªTampoco lo s¨¦, Marcus ¡ªAsegur¨®, finalmente, soltando un suspiro cargado de frustraci¨®n¡ª Este caso plantea demasiadas preguntas. Pero si te sirve de algo, te puedo decir que por ahora mi teor¨ªa es que Jonathan hizo todo lo posible para que su muerte pareciera un suicidio. Todas las pruebas apuntan en esa direcci¨®n. Incluso su mejor amigo y heredero est¨¢ convencido de esa versi¨®n. Y si alguien que lo conoc¨ªa mejor que nadie cree eso, ?qui¨¦nes somos nosotros para ponerlo en duda? ¡ªExactamente ¡ªCoincidi¨® Marcus, mientras se recostaba en su asiento, su tono reflejando una mezcla de frustraci¨®n y resignaci¨®n¡ª Ese es el maldito problema, G¨®mez. Jonathan ten¨ªa suficientes razones para quitarse la vida. Incluso me enter¨¦ de que estaba ahogado en deudas. Y para colmo, casi todos los agentes que lo conoc¨ªan piensan lo mismo: que se suicid¨®. Hasta ahora, no ha aparecido ni una sola prueba que sugiera lo contrario. ¡ªPese a todo, es innegable que nuestro ¨²ltimo caso daba motivos de sobra para que alguien quisiera ver a Jonathan muerto... ¡ªContinu¨® Marcus, su voz volvi¨¦ndose m¨¢s sombr¨ªa, cargada de un pesar oculto¡ª Pero hay algo que no me deja en paz. Este sujeto, el que est¨¢ haciendo desaparecer a los historiadores, no hubiera mandado a ¡°suicidar¡± a Jonathan. Ese no es su estilo, no es su modus operandi. El suicidio genera demasiada atenci¨®n. ¡ªContin¨²a elaborando tu idea ¡ªPidi¨® G¨®mez, d¨¢ndole vueltas a las palabras de Marcus. ¡ªAl final de la dictadura, ¡°nosotros¡± fuimos los ganadores ¡ªComenz¨® el cient¨ªfico, enderez¨¢ndose en su asiento y mir¨¢ndolo fijamente¡ª Fuimos los que cortamos las cabezas de aquellos que pensaron que pod¨ªan dominarnos. Cre¨ªan que pod¨ªan controlarnos como si fu¨¦ramos ganados, criados para ir al matadero. Pero se equivocaron, y muchos de ellos terminaron muertos. Los pocos que sobrevivieron est¨¢n escondidos, viviendo con las colas entre las piernas, aterrorizados de que alg¨²n d¨ªa se descubra la verdad sobre lo que hicieron durante la dictadura. Entonces, dime, ?por qu¨¦ un sujeto tan desesperado por no llamar la atenci¨®n ir¨ªa a orquestar el suicidio de un agente de la fundaci¨®n? Es como lanzarle una piedra a un avispero, sabiendo que las avispas van a salir y te van a picar. ¡ªTodo eso me lleva a pensar que Jonathan realmente se suicid¨® ¡ªRevel¨® Marcus finalmente, su voz cargada de un matiz sombr¨ªo, como si estuviera confesando una derrota interna¡ª Pero lo cierto es que preferir¨ªa creer que lo mataron. De alguna forma, eso ser¨ªa menos tr¨¢gico que aceptar que el destino final de todos los miembros de la fundaci¨®n es el suicidio. ¡ªNada puede descartarse todav¨ªa ¡ªObjet¨® G¨®mez, intentando infundir algo de energ¨ªa en la conversaci¨®n¡ª ?Y si consideramos la posibilidad de que haya otro grupo involucrado? Alguien que quer¨ªa matar a Jonathan, pero no directamente, sino induci¨¦ndolo a tomar esa decisi¨®n para evitar que revelara a los verdaderos culpables. Tal vez haya una figura poderosa que desea mantener en funcionamiento a este grupo que est¨¢ haciendo desaparecer a los historiadores. Alguien que, en lugar de acabar con ellos uno por uno, los mantiene vigilados para trazar una lista completa de traidores con el fin de posteriormente eliminarlos a todos a la vez. La ç…¤ltima Misiè´¸n (5) Marcus levant¨® una ceja, visiblemente sorprendido por la l¨ªnea de pensamiento de G¨®mez. ¡ªEsa es una idea muy rebuscada, G¨®mez ¡ªContest¨® Marcus, rasc¨¢ndose la cabeza con una expresi¨®n que denotaba escepticismo¡ª Supongo que solamente un agente de tu calibre podr¨ªa llegar a pensar algo as¨ª. Considerar que hay otro grupo involucrado es dif¨ªcil de creer, pero no es imposible¡­ Marcus dej¨® escapar un largo suspiro antes de continuar contando lo que sab¨ªa. ¡ªAl final de la dictadura se estableci¨® un acuerdo t¨¢cito entre la sociedad. Fue la ¨²nica manera de evitar una guerra civil. Ese acuerdo no se anunci¨® oficialmente, no se firm¨® ning¨²n tratado ni se hizo p¨²blico, pero era claro para todos los que estaban involucrados. Se trataba de un pacto silencioso entre dos bandos: por un lado, los que se beneficiaron del antiguo r¨¦gimen, y por el otro, aquellos que se encargaron de cortar las cabezas de los principales responsables. Nadie quer¨ªa que el progreso de la humanidad se desmoronara tras tanto derramamiento de sangre, as¨ª que acordaron que era mejor no revolver el pasado demasiado. ¡ªEse acuerdo estableci¨® una forma de censura. Si bien en su momento no se hab¨ªa oficializado nada, cuando las ejecuciones de los responsables terminaron surgieron leyes que nos empujaron a no hacer demasiadas preguntas sobre lo que realmente ocurri¨® durante la dictadura. El mensaje estaba claro: La ¨¦lite que hab¨ªa sacado provecho ten¨ªa que agachar la cabeza, vivir como cobardes y aceptar su derrota. Al mismo tiempo, los vencedores ten¨ªan que hacer la ¡°vista gorda¡± y dejar escapar a la gran mayor¨ªa de beneficiados, poni¨¦ndose de objetivo lo que verdaderamente importaba: dominar el otro mundo. ¡ªAmbos bandos sab¨ªan que, si el pasado se desenterraba, el caos se desatar¨ªa de nuevo. As¨ª que todos mantuvieron la boca cerrada, mirando hacia adelante, hacia lo que realmente les interesaba. Algunos quer¨ªan simplemente sobrevivir, mientras que otros comprendieron que ten¨ªan entre manos algo mucho m¨¢s valioso que cualquier tesoro del pasado. ¡ªPor eso me cuesta creer que uno de esos pesos pesados, esos supermagnates que controlan regiones enteras del universo, vaya a molestarse en seguir cazando personas en el planeta Tierra. Aunque, claro, no puedo descartar por completo tu idea. Si estamos hablando de alguien con tanto poder, podr¨ªan haber hecho algo mucho m¨¢s sutil. Tal vez secuestraron a Jonathan, lo mantuvieron fuera del radar por un tiempo remplaz¨¢ndolo por un ¡°sint¨¦tico¡± hecho a medida y luego le frieron el cerebro hasta inducirle al suicidio. Ya sabes, un lavado de cerebro est¨¢ndar. ¡ªEso es un punto importante a descartar ¡ªInterrumpi¨® G¨®mez, su voz te?ida de una curiosidad tensa¡ª?Los an¨¢lisis forenses no encontraron nada extra?o en el cerebro de Jonathan? Quiero decir, cualquier cosa que pudiera se?alar una manipulaci¨®n, incluso a nivel neuronal. ¡ªSeg¨²n los informes oficiales, no encontraron nada fuera de lo normal¡ªRespondi¨® Marcus, con un toque de escepticismo en su voz¡ªPero si estamos hablando de alguien con tecnolog¨ªa lo suficientemente avanzada, nuestro peque?o laboratorio no tiene los recursos ni la capacidad para detectar algo de ese nivel. La tecnolog¨ªa con la que contamos es buena, s¨ª, pero no estamos ni cerca de competir contra los amos y se?ores de la humanidad. Si alguien as¨ª est¨¢ detr¨¢s de esto, entonces nada puede descartarse. G¨®mez asinti¨® lentamente, dejando que las palabras de Marcus se mezclaran con los recuerdos del mensaje secreto que hab¨ªa heredado de Jonathan; en el cual se mencionaba la existencia de un segundo grupo. Jonathan insinuaba que uno de estos grupos estaba conformado por miembros de la ¨¦lite social, mientras que el otro grupo era algo m¨¢s dif¨ªcil de definir, algo enigm¨¢tico, mucho m¨¢s misterioso. Siendo el secreto detr¨¢s de este grupo algo tan importante que Jonathan decidi¨® que ¨²nicamente pod¨ªa dec¨ªrselo en persona. Lo que Marcus acababa de contar parec¨ªa encajar con esa narrativa, una historia de luchas entre los dos bandos que hab¨ªan surgido tras la ca¨ªda de la dictadura: los ganadores y los perdedores. Pero hab¨ªa una tercera figura en esta ecuaci¨®n, alguien que Jonathan Parker y Thomas Smith hab¨ªan mencionado con especial cuidado: ¡°El Observador¡±. Unauthorized usage: this tale is on Amazon without the author''s consent. Report any sightings. ¡°El Observador¡± parec¨ªa ser un ser enigm¨¢tico que hab¨ªa tenido un papel clave durante la dictadura, y cuya influencia continuaba hasta el presente: ¡°Un falso ganador¡±. Era posible que este Observador hubiera sido uno de los que se beneficiaron del antiguo sistema, pero que al mismo tiempo hab¨ªa sabido c¨®mo mover las piezas del tablero a su favor cuando todo se derrumbaba, logrando mantenerse en las sombras durante la ca¨ªda del r¨¦gimen. G¨®mez frunci¨® el ce?o mientras sus pensamientos giraban en torno a esa figura misteriosa. No sab¨ªa mucho sobre ¡°los observadores¡±, pero hab¨ªa aprendido que no se trataba de una entidad cualquiera. Pod¨ªan ser cualquier cosa, o m¨¢s bien, cualquiera. Esa era la parte m¨¢s desconcertante. Podr¨ªa ser tu mejor amigo, tu amante, tu padre, tu mascota, unas de tus plantas, alguien que pasaba desapercibido entre las multitudes o algo completamente distinto. Imaginarlo como una criatura alien¨ªgena con tent¨¢culos negros acechando desde las sombras era una locura. Esta criatura era demasiado inteligente, al punto que podr¨ªa presentarse a la sociedad sin el menor pudor, siendo alguien muy conocido: un pol¨ªtico importante o un famoso de turno que nadie sospechar¨ªa de no ser humano ?Por qu¨¦ no? Si el agente G¨®mez hab¨ªa aprendido algo en todo el tiempo que llevaba investigando casos como este, era que lo imposible muchas veces era lo m¨¢s cercano a la verdad. El agente estaba a¨²n muy lejos de comprender el caso por completo, y necesitaba m¨¢s piezas del rompecabezas para que todo comenzara a tener sentido. Por ahora, solo se mov¨ªa entre la confusi¨®n, buscando respuestas donde parec¨ªa haber solo preguntas. ¡ªYa que no podemos descartar que lo hayan hipnotizado, ?Por qu¨¦ no me cuentas m¨¢s sobre las ¨²ltimas semanas de Jonathan? ¡ªRebusc¨® G¨®mez¡ª Dicen que estaba actuando raro, m¨¢s nervioso de lo normal, pero que de repente se volvi¨® m¨¢s tranquilo, como si hubiera aceptado su muerte. Si t¨² trabajabas tan de cerca con ¨¦l, debiste haberlo notado. Marcus se qued¨® en silencio un momento, el aire entre ¨¦l y G¨®mez se tensaba con el peso de lo que estaba por decir. Finalmente, el cient¨ªfico entrelaz¨® los dedos sobre la mesa y exhal¨® lentamente, como si estuviera tomando un respiro antes de sumergirse en aguas profundas. ¡ªS¨ª, s¨ª, tienes raz¨®n, G¨®mez ¡ªDeclar¨® Marcus, su voz m¨¢s baja de lo habitual, casi como si temiera decir las palabras en voz alta ¡ª Todo cambi¨® luego de que Jonathan decidiera visitar a la familia de Thomas Smith. La excusa de su visita es que el prisionero Thomas Smith result¨® ser un historiador con el perfil de las v¨ªctimas de las desapariciones que investigamos. G¨®mez lo observ¨® en silencio, esperando que continuara. ¡ªVolvi¨® cambiado, completamente diferente a como lo conoc¨ªamos. Antes era un tipo brillante, s¨ª, pero muy pragm¨¢tico. Siempre se apegaba a los hechos, a la l¨®gica. Despu¨¦s de esa visita, regres¨® algo m¨¢s desconectado de la realidad ¡ªMarcus hizo una pausa, observando c¨®mo G¨®mez lo segu¨ªa con atenci¨®n¡ª Tranquilamente podr¨ªa haber sufrido un lavado cerebral. No conozco mucho del tema, pero sufr¨ªa todos los s¨ªntomas, eso est¨¢ claro. ¡ª?Y no consideras la posibilidad de que pudo haber sido otra cosa? ¡ªPregunt¨® G¨®mez, bajando la voz, casi en un susurro¡ª ?Algo m¨¢s relacionado con el mundo paranormal? ¡ª?De verdad me est¨¢s preguntando eso, G¨®mez? ?Insin¨²as que soy idiota? ¡ªIroniz¨® Marcus con un tono mordaz, sacudiendo la cabeza¡ªPor favor, despu¨¦s de toda la mierda que vivimos con esa maldita ¡°sombra¡± que te posey¨®, no dej¨¦ nada al azar. En cuanto not¨¦ que Jonathan empezaba a hablar como un fil¨®sofo fanfarr¨®n, decid¨ª que hab¨ªa que someterlo a un examen J74. No era paranoia, solo precauci¨®n. Recuerda que Jonathan hab¨ªa estado en contacto con la viuda de alguien que hab¨ªa sido pose¨ªdo, para colmo mostraba ciertos s¨ªntomas similares a una posesi¨®n de alto grado de complejidad. El resultado del examen fue negativo. No hab¨ªa ning¨²n indicio de posesi¨®n ni de ning¨²n tipo de influencia externa. Jonathan Parker estaba limpio. O siguiendo tu teor¨ªa: sufr¨ªa una manipulaci¨®n mental imposible de detectar por nuestros sistemas. Marcus hizo una pausa, como si estuviera esperando que G¨®mez dijera algo, pero cuando el silencio se mantuvo, continu¨®: ¡ªSi nos ponemos m¨¢s racionales por un momento, lo m¨¢s l¨®gico es que su cambio de actitud fuera por el simple hecho de liberarse de una vida cargada de estr¨¦s acumulado. No necesitamos ciencia ficci¨®n ni teor¨ªas conspiranoicas para explicar eso, ?verdad? Jonathan probablemente tom¨® la decisi¨®n de suicidarse porque ya no pod¨ªa soportar m¨¢s la triste vida de un agente. A veces, G¨®mez, las respuestas m¨¢s sencillas son las correctas. Y, sinceramente, no hace falta mucha imaginaci¨®n para entender qu¨¦ lo llev¨® a ese punto. La ç…¤ltima Misiè´¸n (6) ¡ªPero, ?no crees que es extra?o que justo despu¨¦s de esa visita sus nervios desaparecieran? ¡ªInsisti¨® G¨®mez¡ª ?No te parece que pudo haber algo en esa casa, algo que afect¨® su comportamiento? Marcus se qued¨® en silencio por un momento, su expresi¨®n endureci¨¦ndose. ¡ªLo pens¨¦ al principio ¡ªAdmiti¨®¡ª Pero despu¨¦s del examen y de hablar con ¨¦l, decid¨ª que no hab¨ªa nada m¨¢s que investigar. Jonathan era un tipo obsesivo y el caso de los historiadores desaparecidos lo estaba consumiendo. No es raro que despu¨¦s de estar al borde del colapso mental, alguien haga un cambio brusco de comportamiento. Lo he visto antes. Y en este caso, todo indica que Jonathan simplemente decidi¨® que ya no pod¨ªa seguir adelante. Eso, o realmente un grupo de tardados lo secuestraron y le quemaron el cerebro. ¡ª?De verdad no consideras la posibilidad de que pudo haber sido otra cosa? ¡ªEscudri?¨® G¨®mez una vez m¨¢s, tratando de no dejar escapar ning¨²n ¨¢ngulo. Marcus lo mir¨® directamente a los ojos, su expresi¨®n era una mezcla de impaciencia y agotamiento. ¡ªG¨®mez, s¨¦ que est¨¢s buscando respuestas donde no las hay, pero te lo voy a decir una vez m¨¢s: Jonathan se suicid¨®. No fue asesinado. No estaba pose¨ªdo. No hay ning¨²n tipo de conspiraci¨®n detr¨¢s de esto ¡ªAfirm¨® con un tono firme, casi resignado¡ª Simplemente, no pudo con la presi¨®n. As¨ª es como pasan estas cosas. La verdad es m¨¢s cruel de lo que nos gustar¨ªa aceptar. Marcus hizo una pausa, observando la incredulidad en los ojos de G¨®mez, y luego suspir¨®, dejando que el cansancio de todo el asunto lo envolviera. ¡ªMira, a m¨ª tambi¨¦n me gustar¨ªa convencerme de que ese pobre muchacho no se quit¨® la vida por voluntad propia ¡ªA?adi¨®, su tono m¨¢s suave, casi confesional¡ªSi te soy sincero, en cuanto salga de mi oficina, probablemente me aferre a tu idea de que un grupo de monitos encapuchados lo secuestr¨® y lo someti¨® a alguna tecnolog¨ªa de control mental que ni siquiera logro imaginar. Porque si me creo eso, G¨®mez, entonces dormir¨¦ m¨¢s tranquilo. ¡ªEst¨¢ bien, Marcus, confieso que no hay ninguna prueba s¨®lida que niegue un suicidio voluntario, y no voy a negarte que la teor¨ªa de los ¡°monitos encapuchados¡± suena poco cre¨ªble ¡ªAfirm¨® G¨®mez, su voz cargada de resignaci¨®n¡ª Pero¡­ ?Jonathan no te cont¨® algo m¨¢s sobre la visita a la familia de Thomas Smith? ¡ªNo mucho¡­ ¡ªDijo Marcus, suspirando¡ª Estaba raro cuando volvi¨®. Quiero decir, m¨¢s raro de lo habitual. No quer¨ªa hablar de lo que hab¨ªa pasado, pero las pocas palabras que intercambiamos me dieron una advertencia de que algo lo hab¨ªa afectado profundamente. Por lo dem¨¢s, Jonathan complet¨® el informe protocolar con tonter¨ªas que no aportan nada al caso y luego se march¨®¡­ Ah, s¨ª, ahora lo recuerdo, se trajo un libro, pero no conten¨ªa nada relevante con su suicidio. Ese detalle captur¨® de inmediato la atenci¨®n de G¨®mez. Un libro. No era la primera vez que escuchaba acerca de extra?os textos o documentos que ten¨ªan un impacto directo en la mente de las personas. En el mundo paranormal los objetos de esa naturaleza eran extremadamente comunes, y cada uno pod¨ªa ser m¨¢s peligroso de lo que parec¨ªa a simple vista. ¡ª?Un libro? ¡ªInvestig¨® G¨®mez¡ª ?De qu¨¦ tipo? Marcus asinti¨® lentamente, como si estuviera anticipando esa pregunta. ¡ªUn libro extremadamente antiguo, de la era preindustrial, estaba cubierto de polvo y con p¨¢ginas que parec¨ªan m¨¢s viejas de lo que cualquier texto deber¨ªa ser. Jonathan no me dijo mucho al respecto, solo que hab¨ªa recibido las pistas de como encontrarlo gracias a la confesi¨®n de la viuda de Thomas Smith. El nombre de Thomas Smith evocaba en G¨®mez una oleada de recuerdos oscuros. La masacre en la secundaria St. Patrick hab¨ªa sido un caso mucho m¨¢s enrevesado de lo que parec¨ªa a simple vista. Aquel profesor termin¨® ejecutado por sus propias manos, pero las ¨²ltimas palabras que pronunci¨® durante el interrogatorio segu¨ªan envolvi¨¦ndolo en un halo de misterio. G¨®mez rememor¨® c¨®mo Thomas Smith hab¨ªa mencionado un libro, un objeto que planeaba usar como garant¨ªa para negociar su libertad a cambio de informaci¨®n. Ahora, enterarse de que Jonathan hab¨ªa estado en contacto con la familia de Thomas Smith poco antes de morir despertaba nuevas inc¨®gnitas en la mente del agente. ¡ª?No te cont¨® m¨¢s detalles de c¨®mo lleg¨® ese libro a sus manos? ¡ªRebusc¨® G¨®mez, intentando sonar casual, aunque la curiosidad lo carcom¨ªa por dentro. Enjoying the story? Show your support by reading it on the official site. ¡ªPor lo que s¨¦, todo fue un accidente¡­¡ªContest¨® Marcus, en un tono mon¨®tono, casi mec¨¢nico, como si hubiera estado contado esta misma historia a todos los agentes que se pasaron por su oficina para investigar el suicidio ¡ª Uno de los hijos de Thomas Smith cometi¨® la ¡°imprudencia¡± de hablar del tema durante la entrevista que Jonathan le hizo a la familia. G¨®mez no interrumpi¨®, manteniendo su mirada fija en Marcus, captando cada palabra, cada inflexi¨®n en su voz. ¡ªSeg¨²n Jonathan, la familia de Thomas Smith ve¨ªa ese libro como si fuera la ra¨ªz de todos sus problemas, como si fuera el verdadero culpable de la masacre en la secundaria St. Patrick. La viuda estaba desesperada, aterrada ante la idea de que la acusaran por haber ocultado su existencia. Dec¨ªa que solo quer¨ªa proteger a su esposo y a su familia. Tem¨ªa que si los se?alaban como responsables de esa tragedia podr¨ªan perderlo todo. Ella nunca tuvo el valor de deshacerse de ese libro. Y aunque le suplic¨® varias veces a su esposo que lo donara al gobierno para que lo investigara, ¨¦l siempre la ignoraba. Jonathan mencion¨® que fue una entrevista bastante tensa; cada vez que el libro sal¨ªa a colaci¨®n, la mujer parec¨ªa presa de un miedo irracional. G¨®mez, cada vez m¨¢s intrigado, no pudo evitar preguntar: ¡ª?Y Jonathan logr¨® calmarla? ?Le prometi¨® que no la mencionar¨ªa en los informes? ¡ªLo conociste muy bien, G¨®mez ¡ªRespondi¨® Marcus, asintiendo lentamente¡ª Le asegur¨® que la entrevista no aparecer¨ªa en los informes oficiales y que su familia no ten¨ªa nada que temer. Jonathan siempre fue muy meticuloso con esos detalles. Cumpli¨® su palabra. En los documentos que present¨®, solo indic¨® que el libro fue hallado tras revisar las ruinas de la escuela. Nada m¨¢s. La familia de Thomas Smith qued¨® completamente fuera del informe oficial. La mente de G¨®mez trabajaba a toda velocidad. No le sorprend¨ªa que Jonathan hubiera actuado de esa manera. Sab¨ªa que el padre de Jonathan se hab¨ªa suicidado tras el dolor que le caus¨® la muerte de su esposa, y era l¨®gico que Jonathan viera en la historia de la viuda de Thomas Smith un reflejo de su propia infancia. Al ver a la viuda tan afectada, su instinto m¨¢s natural fue intentar calmarla. Sin embargo, esa misma empat¨ªa termin¨® por borrar cualquier rastro que conectara el caso de los historiadores desaparecidos con la familia de Thomas Smith. ¡ªMe surge una gran duda, Marcus, ?por qu¨¦ los investigadores que participaron en el caso no encontraron el libro? ¡ªInvestig¨® G¨®mez¡ª Esa noticia fue un esc¨¢ndalo nacional, se investig¨® la escuela durante meses. Me cuesta creer que un libro tan sospechoso no sea encontrado por los investigadores de nuestra instituci¨®n. El cient¨ªfico asinti¨® nuevamente, m¨¢s lento esta vez, como si cada palabra que iba a pronunciar pesara toneladas. ¡ªEl libro estaba siendo protegido por un ritual antiguo muy elaborado. Solo alguien que supiera de su existencia podr¨ªa encontrarlo. Por eso, ni los investigadores que estuvieron en la escena ni los robots que derrumbaron el edificio lo encontraron. Los ¨²nicos que conoc¨ªan la existencia del libro era la familia de Thomas Smith, y ellos ten¨ªan motivos de sobra para no hablar del tema durante las investigaciones de esa masacre. ¡ª?Y el libro? ?Fue el responsable de la masacre?¡ªIndag¨® G¨®mez, tratando de sondear la opini¨®n de Marcus. ¡ªNo, la familia de Thomas Smith exageraba el poder del libro. No conten¨ªa nada m¨¢s que rituales, pero ninguno especialmente peligroso ¡ªRespondi¨® Marcus, haciendo una pausa antes de continuar¡ª Seg¨²n lo que cont¨® la viuda, ese libro fue un regalo que le hizo un profesor universitario a Thomas Smith como obsequio de graduaci¨®n. Pero su esposo nunca les dio m¨¢s detalles, siempre evad¨ªa sus preguntas sobre el tema. G¨®mez frunci¨® el ce?o. ¡°Especialmente peligroso¡± no significaba ¡°seguro¡±. En la fundaci¨®n, sab¨ªan que subestimar un objeto maldito pod¨ªa llevar a consecuencias desastrosas. ¡ª?Qu¨¦ tipo de rituales? ¡ªPregunt¨® el agente. ¡ªRituales de protecci¨®n y ocultamiento, mayormente ¡ªAsegur¨® Marcus, inclin¨¢ndose hacia atr¨¢s en su silla¡ª La mayor¨ªa de ellos son bastante conocidos por todo el mundo. Est¨¢n en internet, y son f¨¢cilmente accesibles para cualquiera con un inter¨¦s en el ocultismo. Nada que la fundaci¨®n no haya visto antes. Pero hab¨ªa algunos que eran m¨¢s dif¨ªciles de encontrar. No tanto porque fueran peligrosos, sino porque eran m¨¢s antiguos, dif¨ªciles de interpretar. Todos los rituales estaban en la base de datos del laboratorio y no se pudo sacar ninguna patente nueva. ¡ª?Y qu¨¦ pas¨® con el libro? ¡ªInvestig¨® G¨®mez. ¡ªDespu¨¦s de la muerte de Jonathan, lo examinamos nuevamente ¡ªExplic¨® Marcus¡ª Varios expertos lo analizaron, y no encontraron nada fuera de lo normal. Aun as¨ª, debido a la naturaleza esot¨¦rica del contenido y sobre todo su antig¨¹edad, el libro fue censurado y trasladado a la biblioteca secreta del gobierno. G¨®mez cruz¨® los brazos mientras su mente trabajaba a toda velocidad. No pod¨ªa dejar de preguntarse qu¨¦ clase de influencia hab¨ªa tenido ese libro sobre Jonathan. Lo que Marcus le estaba contando no sonaba lo suficientemente grave como para justificar un colapso mental tan severo; algo m¨¢s deb¨ªa estar oculto entre las sombras de esa historia. ¡ªJonathan mencion¨® que la viuda de Thomas Smith le confes¨® que su esposo hab¨ªa realizado varios de los rituales descritos en el libro ¡ªContinu¨® Marcus, su voz adoptando un tono m¨¢s pensativo, casi como si estuviera reflexionando en voz alta¡ª Seg¨²n ella, lo hizo para proteger a su familia y mantener el libro oculto. Como puedes ver, la familia de Thomas Smith sigue viva y el libro sigue ¡°escondido¡±, as¨ª que, en teor¨ªa, el ritual se hizo correctamente. Es dif¨ªcil creer que ese libro estuviera maldito o que fuera responsable de algo siniestro, y mucho menos que tuviera alguna relaci¨®n con el suicidio de Jonathan. La ç…¤ltima Misiè´¸n (7) G¨®mez exhal¨® un suspiro leve, casi imperceptible. Lo que le estaba contando el cient¨ªfico encajaba, de alguna manera, con el patr¨®n de irregularidades que hab¨ªa notado desde que sali¨® de la enfermer¨ªa. Todos en el laboratorio sospechaban algo, pero nadie ten¨ªa pruebas concretas. En su l¨ªnea de trabajo, esas sospechas sin fundamento sol¨ªan verse como intentos de darle sentido a lo inexplicable, como excusas para evitar aceptar lo inaceptable. En resumen: Jonathan Parker se hab¨ªa suicidado. Sin embargo, a pesar de todo, hab¨ªa algo que segu¨ªa resonando en la mente de G¨®mez, algo que no terminaba de cuadrar. El hecho de que Jonathan hubiera conseguido el libro mencionado por Thomas Smith lo perturbaba profundamente. Estaba claro que no conten¨ªa los resultados de la investigaci¨®n privada de Oliver Murphy, la cual, aparentemente, se hab¨ªa ido al inframundo con la muerte de Thomas Smith. Tampoco conten¨ªa la informaci¨®n crucial que Jonathan Parker intent¨® compartirle, aquella que se perdi¨® para siempre cuando Jonathan decidi¨® quitarse la vida. Lo ¨²nico que parec¨ªa estar claro era que cualquiera que se acercara demasiado a la verdad terminaba muerto antes de poder revelarla, un patr¨®n constante que envolv¨ªa el enigm¨¢tico caso del ¡°Observador¡±. ¡ª?Por casualidad no tienes una copia digital del libro? ¡ªTante¨® G¨®mez, intentando sonar casual, aunque su tono traicionaba la impaciencia que sent¨ªa por conocer la respuesta a esa pregunta. ¡ªEvidentemente, me adelant¨¦ a la oleada de agentes que vendr¨ªan buscando m¨¢s respuestas sobre el caso¡­ ¡ªRespondi¨® Marcus mientras se inclinaba hacia su escritorio y comenzaba a rebuscar algo en el caj¨®n inferior. G¨®mez observ¨® c¨®mo Marcus rebuscaba entre papeles y artefactos tecnol¨®gicos antiguos, hasta que finalmente extrajo un peque?o dispositivo. Era un pendrive de dise?o sencillo, plateado, sin ninguna marca evidente. ¡ªAqu¨ª tienes tu copia¡ªMarcus se la entreg¨®, sosteni¨¦ndola por un momento antes de soltarlo, como si estuviera entregando algo mucho m¨¢s importante que un simple archivo digital¡ª Ya la revisaron los otros agentes, y todos coinciden en que no hay nada peligroso en el contenido del libro. El libro f¨ªsico fue revisado por el gobierno y nos pagaron como es debido por la donaci¨®n a la biblioteca secreta. El informe hecho por el gobierno no revela ninguna maldici¨®n y lo consideran de lectura segura. Todo parece inocuo, pero como t¨² eres el mejor agente de este laboratorio, prefiero dejarte a ti el veredicto final. Si encuentras algo, ser¨¢ algo que nadie m¨¢s pudo detectar. G¨®mez tom¨® el pendrive y lo observ¨® por un segundo, como si pudiera percibir algo extra?o solo por el tacto. En el fondo, sab¨ªa que el problema no era el libro en s¨ª, sino lo que representaba. Si Oliver Murphy se lo hab¨ªa entregado a Thomas Smith junto a su investigaci¨®n privada, entonces ese libro deb¨ªa ser importante. El historiador hab¨ªa mantenido su existencia en secreto hasta el final de sus d¨ªas y su esposa se hab¨ªa mostrado nerviosa con solo revelar su existencia, algo m¨¢s profundo estaba en juego. Pero por ahora, G¨®mez tendr¨ªa que conformarse con esperar encontrar la oportunidad para revisar este libro con m¨¢s calma. ¡ªLo revisar¨¦ con atenci¨®n ¡ªAsegur¨® el agente, guardando el dispositivo en el mismo bolsillo en donde escond¨ªa el pendrive que le hab¨ªa sido entregado por Jonathan. Luego clav¨® su mirada en los ojos de Marcus y pregunt¨®: ¡ªAntes de irme, Marcus, ?hay algo m¨¢s sobre el caso de Jonathan que no me hayas contado? ?Algo que me est¨¦s ocultando? ?Algo que podr¨ªa costarte la vida? ?O algo que, si lo dijeras en voz alta, podr¨ªa matarnos a todos los que trabajamos en este laboratorio? La pregunta llevaba una carga amenazante, y G¨®mez pudo notar c¨®mo Marcus se tensaba al escucharla. El hombre se inclin¨® ligeramente hacia atr¨¢s en su silla, cruzando los brazos sobre el pecho, como si ese simple gesto le proporcionara una defensa ante la gravedad de la conversaci¨®n. ¡ªTe he contado todo lo que s¨¦, G¨®mez ¡ªObjet¨® Marcus, tratando de mantener un tono casual, aunque una ligera aspereza en su voz traicionaba sus verdaderos sentimientos¡ª Y te advierto que ya he hablado m¨¢s de lo que deber¨ªa. Todo esto es confidencial, y la informaci¨®n que acabo de compartir contigo no es algo que puedas andar divulgando. Unauthorized use of content: if you find this story on Amazon, report the violation. ¡ªLo entiendo ¡ªAsinti¨® G¨®mez, levant¨¢ndose de la silla con calma, sus movimientos cargados con un cansancio que no se pod¨ªa ocultar¡ª Gracias por tu tiempo, Marcus. Marcus lo observ¨® un momento, sus ojos traicionando una mezcla de preocupaci¨®n y resignaci¨®n antes de dejar escapar un suspiro profundo, aliviado de que la conversaci¨®n estuviera llegando a su inevitable fin. ¡ªEscucha, G¨®mez, no te lo digo para fastidiarte, pero creo que deber¨ªas ir pensando en tramitar tu renuncia ¡ªComent¨® Marcus, frot¨¢ndose la sien con la mano como si intentara espantar un pensamiento persistente¡ª Ya sab¨ªa que te hab¨ªan suspendido por ocho meses antes de que me lo dijeras. Todos ac¨¢ ¡°abajo¡± lo saben. Pero me parece importante revelarte que lo que se est¨¢ diciendo en los pasillos de ¡°arriba¡± sobre tu suspensi¨®n no pinta bien para ti. Sinceramente, dudo que tengas un lugar al que regresar cuando esos ocho meses se terminen. Hay demasiados rumores flotando por ah¨ª, y si te soy honesto, lo mejor que podr¨ªas hacer es largarte de este maldito laboratorio cuanto antes. Yo probablemente haga lo mismo¡­ tal vez me largue del planeta, y si las cosas se ponen realmente feas¡­ de esta galaxia. ¡ª?Tienes miedo? ¡ªCuestion¨® G¨®mez, sorprendido por la calma en su propia voz. Marcus alz¨® la mirada hacia el techo, qued¨¢ndose en silencio por unos segundos que parecieron eternos antes de soltar un largo y pesado suspiro. ¡ªNo, miedo no¡­ ¡ªRespondi¨® en voz baja¡ª Ya estoy viejo y no tengo nada que perder. Mi vida vale una mierda en este punto. Pero a¨²n hay cosas que quiero hacer, sue?os que quiero cumplir. T¨² y yo sabemos que los pr¨®ximos meses ser¨¢n decisivos, y si no tomamos las decisiones correctas, ni t¨² ni yo llegaremos a ver el final de esta historia. ¡ª?Qu¨¦ va a pasar? ?Crees que nos mandaran a matar? Pero si el pobre Jhonatan se suicid¨®, ?o acaso pensabas todo lo contrario a lo que estuviste diciendo? ¡ªEscudri?¨® G¨®mez. Marcus dej¨® escapar una risa seca y amarga, inclin¨¢ndose hacia adelante con una sonrisa torcida que nunca lleg¨® a sus ojos. ¡ªOdio que hagas eso, siempre he detestado que plantees preguntas a las que ya sabes la respuesta. Tu madre hac¨ªa lo mismo cuando trabajaba en estos pisos, y era igual de molesta. Debe ser cosa de familia ¡ªDijo el cient¨ªfico, con una mueca divertida¡ª Seguro que te ense?¨® a ser redundante, y ahora lo usas como si fuera alguna especie de arma secreta. G¨®mez permaneci¨® en silencio unos instantes, y una sonrisa torpe, casi nost¨¢lgica, cruz¨® su rostro por primera vez en mucho tiempo. Marcus ten¨ªa raz¨®n. Esa man¨ªa de hacer preguntas que ya conoc¨ªa la respuesta se la hab¨ªa ense?ado su madre cuando era apenas un ni?o que iba al colegio para aprender a leer. Era una forma de asegurarse de que todo encajaba, de que nada quedaba fuera de su control¡­ y de molestar a los profesores en el colegio. ¡ª?Quieres un buen consejo, G¨®mez? ¡ªPregunt¨® Marcus de repente, su tono m¨¢s serio, aunque no perdi¨® esa familiar rudeza. ¡ªClaro, dime ¡ªRespondi¨® G¨®mez, cruzando los brazos, curioso por lo que el cient¨ªfico podr¨ªa tener que decirle. ¡ªMadura, c¨¢sate y arma una familia de verdad. Aprende de Jonathan y no termines como ese idiota. Tu madre no desapareci¨® para que acabes ¡°suicid¨¢ndote¡± como un est¨²pido. No vale la pena morir por un caso que no se puede resolver, G¨®mez... Este caso no lo vale¡­ ¡ªLa voz de Marcus era dura, casi cortante, pero hab¨ªa algo m¨¢s profundo all¨ª, algo que G¨®mez reconoci¨® como una advertencia, una que solo se da a un amigo de verdad. ¡ªLo tendr¨¦ en mente ¡ªDijo G¨®mez, intentando suavizar la tensi¨®n con una palmada amistosa en el hombro de Marcus antes de dirigirse hacia la puerta¡ª Buena suerte, Marcus. Tal vez nos encontremos nuevamente en el futuro. Pero espero que no sea en un planeta distante. Marcus solt¨® una mirada alegre, pero su sonrisa se desvaneci¨® r¨¢pidamente, como si el peso de la realidad cayera de golpe sobre ambos. Sab¨ªan lo que significaba esa despedida, aunque ninguno lo dijera en voz alta. Era un adi¨®s definitivo, uno que no tendr¨ªa vuelta atr¨¢s, uno que cerraba una puerta que probablemente nunca volver¨ªa a abrirse. Mientras G¨®mez sal¨ªa de la oficina, el eco de sus pasos se mezclaba con el murmullo lejano de la maquinaria del laboratorio, ese sonido constante y mon¨®tono que le recordaba que, a pesar de todo, el mundo segu¨ªa su curso. Sab¨ªa que la recomendaci¨®n de Marcus no era solo por los rumores o por su suspensi¨®n. Hab¨ªa algo m¨¢s grande en marcha, algo que podr¨ªa aplastarlos a todos si no estaban lo suficientemente despiertos como para salir a tiempo. Marcus hab¨ªa captado parte de la ¡°verdad¡± tras la muerte de Jonathan. Aunque no conoc¨ªa lo que G¨®mez sab¨ªa, s¨ª intu¨ªa que el suicidio de Jonathan escond¨ªa mucho m¨¢s de lo que parec¨ªa a simple vista. Podr¨ªa ser cualquier cosa, pero si era lo suficientemente grave como para mandar a silenciar a un agente de la fundaci¨®n, nadie en este laboratorio podr¨ªa dormir tranquilo hasta que todo se tranquilizara. Un Nuevo Comienzo (1) Mientras caminaba por los pasillos del laboratorio, G¨®mez no pod¨ªa dejar de pensar en la copia digital del libro que ahora ten¨ªa en su poder. ?Realmente no hab¨ªa nada extra?o en su contenido? Lo dudaba. La forma en que Jonathan hab¨ªa manejado todo esto lo hac¨ªa pensar que hab¨ªa algo m¨¢s oculto, algo que no hab¨ªa sido descubierto por los otros agentes. Este libro deb¨ªa ser la clave para terminar de armar este rompecabezas. Lleg¨® al ascensor y se dirigi¨® al piso de recursos humanos. Mientras las puertas del ascensor se cerraban frente a ¨¦l, sus pensamientos volv¨ªan una y otra vez al consejo de Marcus: ¡°Madura, c¨¢sate y arma una familia de verdad¡± Era f¨¢cil decirlo, pero dif¨ªcil imaginarlo despu¨¦s de todo lo que hab¨ªa visto y hecho. G¨®mez entend¨ªa que deb¨ªa irse del laboratorio, pero como rearmar su vida tras irse le era un misterio. La frialdad de las paredes met¨¢licas y el leve zumbido del ascensor lo envolvieron mientras comenzaba a ascender hacia los niveles m¨¢s altos del edificio. Sab¨ªa que su futuro en la fundaci¨®n estaba sellado, pero a¨²n ten¨ªa que hacer las cosas correctamente, dar el ¨²ltimo paso y formalizar su renuncia. No es que quisiera, pero tampoco ve¨ªa otra opci¨®n realista. No despu¨¦s de todo lo que hab¨ªa pasado el d¨ªa de hoy. G¨®mez sali¨® del ascensor y al abrirse las puertas lo primero que sinti¨® fue el aire ligeramente perfumado de los pisos superiores. La diferencia con los niveles inferiores era abrumadora. Aqu¨ª, el ambiente era un oasis de calma y bienestar que contrastaba radicalmente con el caos y tensi¨®n que dominaban los verdaderos laboratorios. Los trabajadores caminaban con pasos adormilados, enfocados en sus propios pensamientos, ajenos a cualquier preocupaci¨®n externa. G¨®mez observ¨® a las personas a su alrededor, sintiendo una desconexi¨®n brutal. Mientras ¨¦l cargaba con una serie de dilemas, angustias y una sensaci¨®n creciente de que todo se ven¨ªa abajo, estos empleados se mov¨ªan como si vivieran en otro mundo. Se sentaban en sus escritorios, inmersos en hologramas y pantallas interactivas, hablando de proyectos aparentemente triviales o discutiendo los eventos m¨¢s recientes de sus vidas personales con una indiferencia aplastante. No hab¨ªa lugar para el peso de su oscura realidad. Una m¨²sica suave flotaba en el aire como una distracci¨®n perpetua, una anestesia emocional que manten¨ªa a todos en un estado de satisfacci¨®n continua. Intent¨® captar la atenci¨®n de alguien mientras se dirig¨ªa hacia la terminal m¨¢s cercana. Pero nadie le devolv¨ªa la mirada. Nadie parec¨ªa dispuesto a romper su peque?a burbuja de seguridad para interactuar con ¨¦l. Estaba solo, completamente solo en medio de esta multitud que ni siquiera se percataba de su existencia. A¨²n peor eran los que lo hac¨ªan, puesto que estos lo ignoraban deliberadamente; en sus mentes las cosas eran claras: El viejo agente G¨®mez ya no pertenec¨ªa a este laboratorio. Finalmente, lleg¨® a una de las terminales de informaci¨®n dispersas a lo largo del pasillo. La superficie de cristal emiti¨® un leve resplandor azulado al reconocer su proximidad, activ¨¢ndose con un alegre campanilleo. Entonces, el holograma de la inteligencia artificial del laboratorio se proyect¨® frente a ¨¦l, tomando la forma de una figura humanoide con l¨ªneas coloridas y brillantes, acompa?adas por un rostro que no mostraba ni la m¨¢s m¨ªnima emoci¨®n. En principio, esta IA no estaba dise?ada para transmitir un aura de eficiencia y neutralidad, m¨¢s bien sol¨ªa dar lugar a la empat¨ªa y el reconocimiento humano. Sin embargo, el sistema ya lo ten¨ªa catalogado como un hombre a reemplazar y la actitud fr¨ªa de la IA delataba la opini¨®n de los de arriba. El holograma se termin¨® de materializar en una forma completamente familiar: Una ni?a de aspecto juvenil con una mirada ausente congelada en su rostro. Su apariencia recordaba vagamente a los ¨ªdolos musicales de moda entre los j¨®venes, pero con un toque exagerado, casi caricaturesco. Vest¨ªa una falda corta de tonos pastel, de esos que mezclaban el rosa p¨¢lido con el celeste, complementada con medias largas que sub¨ªan hasta el muslo, rematadas con lazos blancos perfectamente alineados. Su blusa, de un blanco inmaculado, ten¨ªa detalles de encaje en los pu?os y en el cuello, pero lo que m¨¢s llamaba la atenci¨®n era el enorme mo?o que llevaba en el pecho, como si estuviera lista para protagonizar alg¨²n tipo de espect¨¢culo llamativo, distante de la frialdad que transmit¨ªa su actitud. Sus ojos, amplios y brillantes, parec¨ªan dise?ados para inspirar simpat¨ªa y confianza, pero la total falta de vida en su mirada la hac¨ªa m¨¢s perturbadora que amigable. Hab¨ªa algo inherentemente inquietante en esa figura alegre, casi una parodia de lo que se supon¨ªa que deb¨ªa ser c¨¢lido y humano. Los mechones de cabello, perfectamente peinados en una cascada de rizos rubios, enmarcaban su rostro en un contraste extra?o con la inexpresividad que manten¨ªa. G¨®mez le ten¨ªa un especial cari?o a esta ni?a, puesto que la misma hab¨ªa sido la ¡°personificaci¨®n¡± de la IA durante d¨¦cadas. Probablemente dise?ada por el dise?ador de estas instalaciones, el cual pens¨® que una figura infantil y encantadora facilitar¨ªa la interacci¨®n con los nuevos reclutas. El dise?o, claramente inspirado en una idealizaci¨®n juvenil, no ten¨ªa nada de casual. La blusa con bordes de encaje, la falda corta que giraba con cada movimiento de la figura proyectada, y los detalles en la vestimenta buscaban evocar algo familiar, casi inocente. Sin embargo, con el tiempo, G¨®mez se hab¨ªa dado cuenta de lo contrario: no hab¨ªa nada inocente en esa creaci¨®n. ¡ªBienvenido, agente G¨®mez ¡ªSalud¨® la IA, su tono fr¨ªo y mec¨¢nico, casi irritante en su precisi¨®n¡ª Han pasado cuatro horas desde que se le inform¨® de su suspensi¨®n. Debe abandonar las instalaciones antes de que transcurran las 24 horas establecidas. G¨®mez podr¨ªa haber hecho todo esto sin necesidad de usar una terminal, con un simple murmullo bastar¨ªa para que el sistema entendiera sus intenciones. Sin embargo, este momento requer¨ªa algo m¨¢s tradicional. No solo estaba tramitando su renuncia, estaba cerrando un ciclo importante de su vida, y quer¨ªa hacerlo con un cierto aire de ritual. Era como si al hacerlo de la forma m¨¢s antigua posible pudiera aferrarse a los ¨²ltimos retazos de su carrera. Find this and other great novels on the author''s preferred platform. Support original creators! ¡ªEstoy aqu¨ª para tramitar mi renuncia ¡ªManifest¨® el agente, su voz cargada de resignaci¨®n, pero tambi¨¦n de una inquebrantable determinaci¨®n. Sab¨ªa que no hab¨ªa vuelta atr¨¢s, pero decirlo en voz alta lo hac¨ªa m¨¢s real, m¨¢s definitivo. La IA hizo una pausa. Apenas dur¨® un milisegundo, pero para G¨®mez fue suficiente para notar ese ¨ªnfimo lapso que, en una m¨¢quina, casi parec¨ªa una vacilaci¨®n. Claro, no lo era. Solo era el tiempo necesario para que el sistema procesara la informaci¨®n y activara las ¨®rdenes correspondientes. ¡ªSu renuncia debe ser formalizada en la sala de reuniones de este piso¡ªRespondi¨® la IA, su tono permaneciendo inalterable¡ª El contrato de indemnizaci¨®n correspondiente a sus logros profesionales ya ha sido generado. Proceda a la sala para firmar los documentos. G¨®mez dej¨® escapar un largo suspiro, cerrando los ojos por un instante. Todo era tan fr¨ªo, tan mec¨¢nico. No hab¨ªa espacio para la humanidad, ni siquiera en un acto tan definitivo como su renuncia. Para la fundaci¨®n era solo otro proceso m¨¢s, un tr¨¢mite que deb¨ªa completarse, una tarea que se tachar¨ªa de alguna lista interminable de procedimientos. Sin embargo, para ¨¦l, aquello significaba el fin de una era. No pod¨ªa evitar sentir el peso del momento, aunque la IA no mostrara el m¨¢s m¨ªnimo signo de comprensi¨®n. Cuando abri¨® los ojos, ya dispuesto a continuar con el tr¨¢mite, not¨® algo extra?o en el holograma. Se detuvo en seco, sin entender del todo lo que ve¨ªa al principio. El holograma que ten¨ªa frente a ¨¦l no era el habitual. Hist¨®ricamente, la IA de este laboratorio siempre hab¨ªa adoptado la forma de una ni?a alegre. Pero lo que ten¨ªa frente a ¨¦l ahora era una figura completamente diferente. En lugar de la usual ni?a sonriente, la inteligencia artificial hab¨ªa adoptado la apariencia de un anciano caricaturesco. La figura era surrealista, como si un viejo loco de los primeros c¨®mics hubiera salido directamente de una tira c¨®mica para saludarle. Llevaba un traje blanco exageradamente raro, asimil¨¢ndose al que usar¨ªa un lun¨¢tico en la antig¨¹edad, y apoyaba todo su peso en un bast¨®n retorcido. Sus gestos eran teatrales, casi exagerados, como si quisiera atraer la atenci¨®n de cualquiera que lo viera. A pesar de la naturaleza caricaturesca de la figura, hab¨ªa algo inquietante en la elecci¨®n de esa nueva ¡°personalizaci¨®n¡±. ¡ª?Qu¨¦ demonios es esto? ¡ªMurmur¨® G¨®mez, incr¨¦dulo. No recordaba haber visto jam¨¢s esa versi¨®n de la IA en todo el tiempo que hab¨ªa trabajado en este lugar. De repente, un recuerdo lo golpe¨®. El director segu¨ªa de vacaciones, lo que significaba que alguien m¨¢s estaba jugando con las configuraciones de la IA, quiz¨¢ como una broma de mal gusto. No hab¨ªa otra explicaci¨®n. Sin embargo, lo m¨¢s perturbador no era la figura en s¨ª, sino lo que representaba. Esa imagen del anciano lun¨¢tico, tan rid¨ªcula y fuera de lugar, parec¨ªa un reflejo perfecto de lo que ¨¦l mismo estaba viviendo. Era como si el sistema le estuviera enviando un mensaje subliminal: ¡°Es hora de jubilarse, viejo. Se est¨¢ volviendo loco de tanto trabajar.¡± G¨®mez frunci¨® el ce?o, irritado. Sab¨ªa que su tiempo en la fundaci¨®n estaba llegando a su fin, pero que la inteligencia artificial le proyectara esa figura era casi insultante. ¡ªQu¨¦ idiotas¡­ ¡ªLarg¨® en voz baja, m¨¢s para s¨ª mismo que para la IA¡ª ?Qui¨¦n de todos los que me odia habr¨¢ sido? El holograma le devolvi¨® un gesto de burla y repiti¨® su mensaje con un tono anciano: ¡ªProceda a la sala asignada para completar el tr¨¢mite, mi estimado Alfonso. A pesar de las risitas del personal administrativo que acompa?aron la burla, G¨®mez no pudo sentir m¨¢s que cansancio. No hab¨ªa lugar para el enojo en su estado de ¨¢nimo actual. Estaba agotado, tanto f¨ªsica como mentalmente. Todo en este lugar le recordaba lo mucho que hab¨ªa envejecido, lo lejos que hab¨ªa quedado de aquella versi¨®n joven y entusiasta de s¨ª mismo que alguna vez hab¨ªa caminado por estos pasillos con un prop¨®sito claro en mente. Los empleados m¨¢s j¨®venes, apenas unas caras sin nombre para ¨¦l, lo miraban con una mezcla de l¨¢stima y desd¨¦n. Era un dinosaurio en extinci¨®n, un testimonio vivo de una era que hab¨ªa pasado, y su inminente retiro no era m¨¢s que un motivo de celebraci¨®n para ellos. Su presencia all¨ª ya no ten¨ªa ning¨²n peso, solo una despedida burlona para un hombre que hab¨ªa servido por m¨¢s a?os de los que prefer¨ªa contar. ¡°Bien que trabajan cuando se trata de burlarse de los veteranos, pero no mueven un dedo para mejorar el prestigio de esta fundaci¨®n¡±, pens¨® el agente con amargura, mientras se dirig¨ªa lentamente hacia la sala de reuniones. El eco de sus pasos resonaba en los pasillos, un sonido hueco y distante que se mezclaba con las risitas y murmullos de los empleados. A medida que avanzaba, el andar de la IA, proyectada en una figura anciana y encorvada, lo segu¨ªa a su lado, como un padre que acompa?aba a su hijo hacia el final de los d¨ªas. La figura hologr¨¢fica caminaba con lentitud, apoy¨¢ndose en un bast¨®n que hac¨ªa un leve clic con cada paso, imitando el andar de un anciano debilucho y cansado. A pesar de su apariencia desgastada, el holograma proyectaba una sonrisa alegre, como si buscara transmitir algo de su calma a G¨®mez. G¨®mez no era un anciano, pero este trabajo lo hab¨ªa destrozado. A cada paso que daba, sent¨ªa el peso de los a?os acumul¨¢ndose m¨¢s y m¨¢s. No solo en su cuerpo, que ya no respond¨ªa como antes, sino tambi¨¦n en su mente, llena de recuerdos que se sent¨ªan tan antiguos como el edificio en donde hab¨ªa trabajado toda su vida. Recordaba rostros de compa?eros que hac¨ªa tiempo se hab¨ªan retirado o, peor a¨²n, se hab¨ªan perdido en el camino. Algunos hab¨ªan sucumbido a la presi¨®n de trabajar en este entorno. Otros simplemente hab¨ªan desaparecido en la marea del tiempo, olvidados por todos menos por ¨¦l. El anciano hologr¨¢fico a su lado era un reflejo dolorosamente certero de lo que ¨¦l mismo sent¨ªa. Hab¨ªa pasado demasiado tiempo en este lugar, hab¨ªa visto demasiadas cosas que ya no pod¨ªa borrar. A pesar de que una parte de ¨¦l se aferraba a¨²n a la idea de quedarse, sab¨ªa que su tiempo hab¨ªa llegado a su fin. Al avanzar, G¨®mez sinti¨® que el eco de sus propios pasos se desvanec¨ªa, como si ya no perteneciera a ese lugar. Los empleados m¨¢s j¨®venes segu¨ªan pasando a su alrededor, algunos lo miraban de reojo, pero ninguno se deten¨ªa para despedirse. Sab¨ªan qui¨¦n era, por supuesto, pero su tiempo ya no les concern¨ªa. Su trabajo hab¨ªa terminado. Era una sombra que se desvanecer¨ªa al salir el sol del siguiente d¨ªa. Un Nuevo Comienzo (2) ¡ªSupongo que es hora de terminar esta larga historia ¡ªMurmur¨® G¨®mez, m¨¢s para s¨ª mismo que para la IA que lo acompa?aba como si se tratase de su propia sombra. Al llegar a la puerta de la sala de reuniones, G¨®mez se detuvo. Durante unos segundos, se qued¨® mirando el pasillo que hab¨ªa recorrido, una ¨²ltima mirada a lo que hab¨ªa sido su vida durante tantos a?os. Los recuerdos, las tensiones, los ¨¦xitos y fracasos, todo parec¨ªa tan distante ahora. El edificio en el que hab¨ªa trabajado durante tanto tiempo ya no era suyo, y la ¨²nica compa?¨ªa que le quedaba era el viejo que lo segu¨ªa como un observador entusiasmado. El anciano, con una sonrisa burlona dibujada en su rostro, apoy¨® ambas manos en el bast¨®n e hizo un leve gesto con la cabeza, como si lo estuviera invitando a entrar a la sala de reuniones. G¨®mez suspir¨®, cansado de la constante burla. No ten¨ªa sentido enojarse con una inteligencia artificial programada por alguien con un p¨¦simo sentido del humor. Era solo otro detalle que demostraba lo poco que encajaba en este laboratorio. Sin m¨¢s opciones, decidi¨® entrar. Not¨® algo inesperado. A diferencia de otras ocasiones, no tuvo que esperar a nadie. La puerta se desliz¨® suavemente, y al entrar, vio a Sahara Shepherd ya sentada frente a la mesa ovalada de cristal. Su pomposo cabello estaba completamente desali?ado como si hubiera armado una fiesta al enterarse de que finalmente G¨®mez se retirar¨ªa, y su traje de l¨¢tex milim¨¦tricamente ajustado a su escandalosa figura transmit¨ªa un aura de cabaret casi intimidante. Parec¨ªa que hab¨ªa elegido su ropa m¨¢s provocativa solo para remarcar a G¨®mez que ya no hab¨ªa vuelta atr¨¢s; este ya no era ¡°su¡± laboratorio. Sobre la mesa ovalada de cristal flotaba el contrato, proyectado digitalmente. No hab¨ªa papeles f¨ªsicos, solo datos y firmas electr¨®nicas, una formalidad que G¨®mez ya conoc¨ªa bien. Pero lo que lo desconcertaba era lo r¨¢pido que hab¨ªa sido todo el proceso. No hab¨ªa esperado encontrarse con Shepherd tan pronto. Aunque, por lo acelerada que estaba la respiraci¨®n de la se?orita y las gotas de sudor que resbalaban por su rostro parec¨ªa que hab¨ªa corrido a la sala de reuniones, nom¨¢s escuch¨® la noticia. En el fondo, G¨®mez hab¨ªa pensado que la gerente le dar¨ªa un poco m¨¢s de tiempo para procesar lo que estaba ocurriendo, pero la astuta administrativa se hab¨ªa adelantado a sus pensamientos. ¡ªAgente G¨®mez, bienvenido ¡ªDijo Shepherd, con esa voz suave y profesional que tan bien manejaba. No hab¨ªa emoci¨®n alguna en sus palabras, solo una fr¨ªa cortes¨ªa¡ª Me alegra que haya decidido jubilarse. Todo est¨¢ listo para que firme su renuncia. ¡ªNo decid¨ª, me obligaron. ?Acaso pensaron que iba a estar ocho meses sin recibir mi salario? ¡ªCritic¨® G¨®mez ¨¢speramente. No era la primera vez que ten¨ªa que sentarse frente a Shepherd, pero s¨ª ser¨ªa la ¨²ltima. Ella parec¨ªa estar disimulando un aura de serenidad, como si estuviera aliviada de que todo llegara a su fin, pero en el fondo a¨²n tem¨ªa que el agente cambiara de decisi¨®n a ¨²ltimo momento. Shepherd hizo un gesto suave con la mano, como rest¨¢ndole importancia a la queja. ¡ªEste es un proceso rutinario, G¨®mez. No hay necesidad de prolongarlo ¡ªContinu¨® ella, se?alando la proyecci¨®n hologr¨¢fica¡ª El contrato est¨¢ listo para que lo firme. Las condiciones son m¨¢s que buenas, pero t¨®mate tu tiempo y pon tu firma cuando hayas terminado de leerlo. G¨®mez mir¨® el contrato proyectado sobre la mesa con una mezcla de resignaci¨®n y desconfianza. Las letras brillaban fr¨ªamente, como si quisieran apurarle a tomar una decisi¨®n importante. Aunque ya sab¨ªa que no hab¨ªa vuelta atr¨¢s, no pod¨ªa evitar sentir que el proceso estaba siendo m¨¢s mec¨¢nico y desalmado de lo que esperaba. El silencio en la habitaci¨®n era asfixiante, y el ¨²nico sonido que se percib¨ªa era el zumbido apenas audible de las animadas charlas en el exterior. No hab¨ªa movimiento en la sala m¨¢s all¨¢ de las gotas de sudor que se deslizaban del rostro de la gerente. Shepherd lo observaba con paciencia calculada. Su presencia, inmutable y profesional, le resultaba inc¨®moda, como si fuera una estatua esculpida en la perfecci¨®n. G¨®mez sab¨ªa que este silencio no era casual; era una t¨¢ctica. Shepherd quer¨ªa que se sintiera presionado, apurado, que firmara y saliera de la sala lo antes posible. Pero G¨®mez, aunque cansado, no era tan f¨¢cil de intimidar. A lo largo de su carrera, hab¨ªa lidiado con situaciones mucho m¨¢s cr¨ªticas que una simple reuni¨®n con recursos humanos. Sin embargo, ese cansancio acumulado, esa sensaci¨®n de ser un ¡°dinosaurio malhumorado¡±, le hac¨ªa ceder a la incomodidad del momento. If you come across this story on Amazon, be aware that it has been stolen from Royal Road. Please report it. El silencio brind¨® el espacio para que recordara el mensaje de Jhonatan, las indirectas de Mendelson, las advertencias de Marcus y las muchas recomendaciones que hab¨ªa recibido con anterioridad para jubilarse de una buena vez por todas, para dejar todo atr¨¢s antes de que fuera demasiado tarde. La vida de agente era dura y ef¨ªmera, G¨®mez lo sab¨ªa mejor que nadie. No obstante, no era f¨¢cil aceptar el final de tan larga trayectoria con una simple firma. Finalmente, solt¨® un suspiro leve, incapaz de soportar el silencio un segundo m¨¢s. Hizo una pausa en la lectura del contrato y levant¨® la vista, fij¨¢ndose en Shepherd, quien segu¨ªa impasible. Decidi¨® romper la monoton¨ªa con una pregunta que tambi¨¦n le hab¨ªa estado rondando por la cabeza durante todo el camino hacia la reuni¨®n. ¡ª?Sabes qui¨¦n fue el bromista que program¨® la IA para molestarme? ¡ªCuestion¨® el agente con un tono que pretend¨ªa ser casual, pero que no lograba ocultar del todo su malestar. Shepherd levant¨® una ceja, claramente sorprendida por la pregunta. ¡ª?Una broma? ¡ªRespondi¨® ella, genuinamente desconcertada¡ª No estaba al tanto de eso. ?Alguien ha estado manipulando la IA nuevamente? G¨®mez asinti¨® lentamente, con una leve sonrisa amarga. Claro, ella no sab¨ªa nada. Aunque le sorprendi¨® ver que su reacci¨®n parec¨ªa sincera, la verdad era que en este lugar nada se sab¨ªa con certeza, y si ella hab¨ªa hecho esa broma, seguramente lo ocultar¨ªa muy bien. ¡ªS¨ª, alguien con un retorcido sentido del humor decidi¨® programar a la IA para imitar a un anciano amargado ¡ªEl tono de G¨®mez fue m¨¢s agrio de lo que pretend¨ªa, pero no pudo evitarlo¡ª No es que me moleste tanto, pero... bueno, no es precisamente el tipo de despedida que ten¨ªa en mente. Shepherd lo mir¨® con una mezcla de inter¨¦s y desconcierto. Parec¨ªa que no sab¨ªa nada del asunto, y aunque era dif¨ªcil saber si le importaba realmente o no, G¨®mez percibi¨® un m¨ªnimo de empat¨ªa en su expresi¨®n. ¡ªEs la primera vez que oigo hablar de eso ¡ªAfirm¨® ella ¡ª Aunque, ahora que lo mencionas, hemos estado lidiando con un par de incidentes similares ¡ªHizo una pausa, y G¨®mez la mir¨® con atenci¨®n, esperando m¨¢s detalles¡ª Todav¨ªa no hemos encontrado al responsable, pero alguien ha estado alterando los hologramas en varias ¨¢reas. Lo m¨¢s extra?o que hemos visto hasta ahora es un campo de trigo dorado en lugar del bosque hologr¨¢fico que se supon¨ªa deb¨ªa proyectarse en la fachada del edificio. ¡ª?Y nuestra querida IA no encontr¨® a ning¨²n culpable? ¡ªIndag¨® G¨®mez, arrugando el ce?o¡ª Eso suena un tanto extra?o para una broma tan casual, ?no crees? Shepherd asinti¨® con una sonrisa leve, pero su tono segu¨ªa siendo serio. ¡ªMe resulta sumamente desconcertante. Imagina la sorpresa del equipo de seguridad cuando se dieron cuenta de que era imposible encontrar al culpable. Est¨¢n furiosos, claro. El director va a despedir a unos cuantos de su equipo, ya sabes c¨®mo se pone cuando alguien se pone a toquetear a la inteligencia artificial del laboratorio. G¨®mez esboz¨® una sonrisa, pero m¨¢s por la iron¨ªa del comentario que por el chisme en s¨ª. Conoc¨ªa demasiado bien al director, un hombre que nunca hab¨ªa tolerado el m¨¢s m¨ªnimo desv¨ªo en sus planes para el laboratorio. Evidentemente, el cambio en el paisaje no le preocupaba en absoluto, el problema era no encontrar a qui¨¦n modific¨® la IA; eso delataba graves problemas de seguridad. ¡ªEl director deber¨ªa preocuparse menos por los hologramas y m¨¢s por no escaparse de vacaciones a otros mundos cada tres meses. Ese viejo solo trabaja unos pocos d¨ªas al a?o¡ªMencion¨® G¨®mez con un tono relajado, dejando caer la cr¨ªtica como si fuera una broma m¨¢s, aunque ambos sab¨ªan que hab¨ªa algo de verdad detr¨¢s de sus palabras. Shepherd solt¨® una peque?a risa, algo que sorprendi¨® a G¨®mez. No estaba seguro de si la hab¨ªa visto re¨ªr antes, al menos no hablando con ¨¦l. ¡ªNo me hagas empezar a hablar de eso ¡ªPropuso ella, rodando los ojos con una expresi¨®n de complicidad¡ª El problema es que cuando se va parece que todo se sale de control. Es como si el laboratorio perdiera el rumbo. Y claro, eso lo vuelve m¨¢s paranoico cuando regresa. Se pone insoportable. G¨®mez asinti¨® lentamente, recordando las ocasiones en que hab¨ªa tenido que lidiar con la personalidad vol¨¢til del director. Ese hombre viv¨ªa obsesionado con el control, y cualquier se?al de caos, por peque?a que fuera, lo hac¨ªa entrar en p¨¢nico. Pero al mismo tiempo, se tomaba largas vacaciones como si no tuviera responsabilidad alguna. Todos los jefes lo criticaban por eso, aunque pocos lo dec¨ªan abiertamente. ¡ªY aqu¨ª estamos nosotros, sufriendo sus caprichos¡­¡ªA?adi¨® G¨®mez, lanzando una mirada de complicidad a Shepherd. Ella sonri¨® de nuevo, esta vez de forma un poco m¨¢s abierta. ¡ªNadie se salva de tener que lidiar con los caprichos de los que est¨¢n un poquito m¨¢s arriba¡­¡ªReflexion¨® Shepherd, se?alando la proyecci¨®n que segu¨ªa flotando en la mesa¡ª Pero bueno, volvamos al tema del contrato. Estoy segura de que tienes algunas dudas o preguntas. Un Nuevo Comienzo (3) G¨®mez mir¨® el documento de nuevo. Sent¨ªa que a¨²n quedaban muchas cosas por decir, pero al mismo tiempo, sab¨ªa que prolongar la conversaci¨®n no cambiar¨ªa nada. Era su momento de partir, y lo sab¨ªa. Firmar el contrato significaba cerrar un cap¨ªtulo inmenso de su vida. Hab¨ªa peleado contra s¨ª mismo para aceptar que el tiempo de retirarse hab¨ªa llegado. Pero eso no hac¨ªa que el proceso fuera menos doloroso. ¡ªS¨ª, el contrato¡­¡ªReplic¨®, finalmente, con un tono m¨¢s neutro¡ª Solo me gustar¨ªa asegurarme de no encontrarme sorpresas desagradables en el futuro. Shepherd asinti¨® con comprensi¨®n. ¡ªNada fuera de lo com¨²n, te lo aseguro ¡ªAsegur¨® con firmeza¡ª Todos tus m¨¦ritos han sido considerados. Est¨¢s obteniendo lo que mereces y mucho m¨¢s. Solo tienes que firmar y vas a vivir una vida que muchos desean y pocos logran, agente G¨®mez. G¨®mez se tom¨® un momento para leer las condiciones nuevamente. No pod¨ªa creer lo que ve¨ªa. Eran rid¨ªculamente buenas. Claramente, alguien quer¨ªa que se fuera con la mayor satisfacci¨®n posible. Su indemnizaci¨®n era considerablemente m¨¢s alta de lo que merec¨ªa, su pensi¨®n vitalicia m¨¢s que generosa, la otra pensi¨®n por trabajo ¡°forzado¡± durante la dictadura era una torta que no se pod¨ªa rechazar y el bono por su servicio excepcional casi parec¨ªa una broma de tan alto que era. Mientras revisaba el contrato, pens¨® en que esto no era solo un despido o una renuncia forzada. Era una especie de soborno encubierto. Quer¨ªan que se fuera para siempre, pero con una sonrisa en la cara. Con dinero suficiente para no tener que volver a trabajar jam¨¢s en su vida y mucho menos como agente privado. Hab¨ªa algo extra?o en todo eso, pero no pod¨ªa quejarse. Aceptarlo era una victoria personal, aunque tuviera que sacrificar su carrera como pago de tal buen acuerdo. ¡ªLas condiciones son ¡°algo¡± favorables ¡ªComent¨®, sin levantar la vista del documento¡ª Aunque me gustar¨ªa sumar algunos puntos. Shepherd lo mir¨® con una expresi¨®n casi imperceptible de sorpresa. Aparentemente no esperaba que G¨®mez pidiera m¨¢s, pero tampoco le importaba. ¡ªAdelante ¡ªOpin¨®, recost¨¢ndose en su silla con profesionalismo. ¡ªPrimero, quiero quedarme con ¡°mi¡± auto ¡ªPropuso G¨®mez¡ª Despu¨¦s de todo, es mi ¨²nico medio de transporte y ser¨ªa humillante irse en el auto de alguien m¨¢s. Shepherd no dud¨® ni un segundo. ¡ªHecho. ¡ªTambi¨¦n me gustar¨ªa un bono adicional por los da?os psicol¨®gicos sufridos¡ªA?adi¨® G¨®mez, midiendo las palabras¡ª Creo que he demostrado ser un activo valioso para la fundaci¨®n durante estos a?os y he sufrido mucho m¨¢s de lo que te puedes imaginar. Imag¨ªnate, apenas me despert¨¦ de la enfermer¨ªa, me enter¨¦ de que uno de mis mejores amigos¡­ ¡ªEso tambi¨¦n est¨¢ aprobado ¡ªInterrumpi¨® Shepherd bruscamente. ¡ªBueno¡­ Gracias¡­ Supongo¡­¡ª Agradeci¨® Gomez con cierta incredulidad¡ª Por ¨²ltimo¡­ Me gustar¨ªa que se aumentara mi indemnizaci¨®n. Creo que ser¨ªa justo que se reconsiderara los riesgos que asum¨ª en nombre de la fundaci¨®n durante la clandestinidad. Shepherd lo observ¨® por un instante, como si estuviera midiendo la situaci¨®n. Luego, simplemente asinti¨®. ¡ªEst¨¢ bien, lo sumaremos. Ahora, firma aqu¨ª y disfruta tu jubilaci¨®n, Agente G¨®mez. G¨®mez mir¨® el contrato una vez m¨¢s, sintiendo que, a pesar de lo favorable de las condiciones, hab¨ªa algo detr¨¢s de todo esto que no encajaba. Shepherd hab¨ªa accedido a todo sin vacilar, como si no hubiera l¨ªmite en lo que la fundaci¨®n estaba dispuesta a ofrecer para que ¨¦l firmara. ?Un coche? Sin problema. ?Un bono extra por los da?os psicol¨®gicos? Listo. ?Una indemnizaci¨®n m¨¢s alta? Aprobada sin pensarlo dos veces. Era demasiado f¨¢cil. La mirada de G¨®mez se endureci¨®, y sin apartar los ojos del holograma que flotaba sobre la mesa, lanz¨® la pregunta que realmente quer¨ªa hacer: ¡ª?Qui¨¦n est¨¢ pagando todo esto, Sahara? Shepherd, que hasta ese momento hab¨ªa mantenido una calma profesional y serena, frunci¨® el ce?o por primera vez. No era una reacci¨®n de enfado, sino m¨¢s bien de ligera incomodidad, como si no hubiera esperado esa interrogante. Su postura se tens¨®, y durante unos segundos, el silencio en la sala se volvi¨® inc¨®modo. ¡ªEso no es relevante para su situaci¨®n, Agente G¨®mez ¡ªContest¨®, finalmente, su tono firme, aunque con un leve matiz evasivo. Pero G¨®mez no se dej¨® intimidar. Sab¨ªa que Shepherd escond¨ªa algo. Esa rapidez con la que hab¨ªa aceptado sus condiciones solo confirmaba sus sospechas. Nadie regalaba tanto dinero sin esperar algo a cambio, y ¨¦l no era un idiota que firmaba contratos a ciegas. The author''s narrative has been misappropriated; report any instances of this story on Amazon. ¡ªA m¨ª me parece bastante relevante ¡ªReplic¨®, sin perder la calma¡ª Es decir, alguien est¨¢ muy interesado en que yo me jubile sin hacer ruido, y francamente, me gustar¨ªa saber por qu¨¦. Shepherd lo observ¨® en silencio por unos segundos m¨¢s, como si estuviera evaluando si deb¨ªa o no responder. Finalmente, solt¨® un suspiro leve, resignada. Cruz¨® las piernas y dej¨® caer sus manos sobre la mesa con un ligero golpe, una se?al clara de que estaba a punto de cambiar de t¨¢ctica. ¡ªMire, G¨®mez ¡ªEmpez¨®, inclin¨¢ndose un poco hacia ¨¦l¡ª Le dir¨¦ la verdad, pero hay una condici¨®n. Solo lo har¨¦ si usted firma el contrato ahora mismo y se compromete a no revelar lo que voy a contarle a nadie m¨¢s. Esto es estrictamente confidencial, y no quiero ver filtraciones o que otros empleados comiencen a hacer preguntas inc¨®modas. ?Est¨¢ dispuesto a aceptar? G¨®mez se qued¨® pensativo por un momento. Sab¨ªa que estaba a punto de obtener la informaci¨®n que buscaba, pero tambi¨¦n era consciente de que si firmaba el contrato, estar¨ªa atado a no seguir investigando lo que fuera que ella le revelara. Pero la curiosidad, ese instinto que lo hab¨ªa llevado a hacer carrera en investigaciones paranormales, lo superaba. Finalmente, asinti¨®. ¡ªDe acuerdo ¡ªRespondi¨®, apoyando sus 5 dedos sobre el holograma y firmando el contrato¡ª Ahora habla, Sahara. Shepherd observ¨® el contrato firmado con satisfacci¨®n, su rostro por un momento iluminado por una expresi¨®n de triunfo. Guard¨® un breve silencio antes de hablar, asegur¨¢ndose de que G¨®mez hab¨ªa hecho lo que se esperaba de ¨¦l. Una vez confirmado, se relaj¨® y su tono cambi¨®, volvi¨¦ndose m¨¢s informal, como si la presi¨®n hubiera desaparecido. ¡ªUno de los donantes m¨¢s importantes de la fundaci¨®n, un ¡°miembro de honor¡± como los llamamos, es quien est¨¢ detr¨¢s de todo esto ¡ªComenz¨®¡ª Este hombre ha donado una fortuna inmensa, no solo para apoyar nuestras valiosas investigaciones, sino para asegurarse de que el laboratorio de Florida haga un ¡°recambio¡± en su personal. ¡ª?Un recambio? ¡ªInquiri¨® G¨®mez, con un tono que claramente insinuaba que no estaba satisfecho con una explicaci¨®n tan vaga. Shepherd esboz¨® una sonrisa tensa, claramente sabiendo que tendr¨ªa que ser m¨¢s espec¨ªfica. ¡ªEste donante, cuya identidad no puedo revelar, considera que la fundaci¨®n necesita una ¡°nueva mentalidad¡±, una que sea m¨¢s abierta al ¡°otro mundo¡±. Seg¨²n su perspectiva, algunos de los empleados m¨¢s antiguos, incluy¨¦ndolo a usted, representan una forma de pensar que est¨¢¡­ desactualizada con estos tiempos. ¡ª?Desactualizada? ¡ªRepiti¨® G¨®mez, incr¨¦dulo¡ª ?Qu¨¦ demonios significa eso? Shepherd se encogi¨® de hombros, como si ella misma no estuviera completamente de acuerdo con el t¨¦rmino. ¡ªEste donante cree que usted, y otros como usted, son una reliquia de tiempos en los que la fundaci¨®n funcionaba de manera m¨¢s discreta, m¨¢s clandestina. Ahora, seg¨²n ¨¦l, debemos ser m¨¢s abiertos, m¨¢s transparentes, adaptarnos a los ¡°nuevos tiempos¡±. No se preocupe, no le est¨¢n echando la culpa de nada, simplemente sus ideas ya no encajan con lo que este donante tiene en mente para el futuro de la fundaci¨®n. G¨®mez se recost¨® en su silla, procesando la informaci¨®n. No pod¨ªa creer lo que estaba escuchando. Siempre lo hab¨ªa supuesto, pero ahora se lo confirmaban. Toda su carrera, todas las decisiones dif¨ªciles que hab¨ªa tomado, todos los sacrificios, solo para que al final un tipo con dinero decidiera que ya no era lo suficientemente moderno para seguir trabajando en la instituci¨®n. ¡ª?Entonces todo esto es un mero capricho? ¡ªReconoci¨® Gomez con un toque de amargura en su voz¡ª ?Alguien quiere ¡°modernizar¡± este laboratorio y yo soy solo un da?o colateral en todo eso? Shepherd mantuvo su compostura. ¡ªEn esencia, s¨ª ¡ªAcept¨®¡ª Pero, para ser justos, este donante ha sido extremadamente generoso con nosotros. Sin sus contribuciones, muchas de nuestras investigaciones m¨¢s cr¨ªticas habr¨ªan sido canceladas hace a?os. Lo que est¨¢ haciendo ahora es asegurarse de que el laboratorio de Florida sea un ejemplo de lo que ¨¦l cree que debe ser el futuro de toda la fundaci¨®n. G¨®mez se cruz¨® de brazos, sin dejar de mirarla. ¡ª?Y qu¨¦ opina el director de todo esto? ¡ªPregunt¨®¡ª Porque hasta donde s¨¦, ¨¦l siempre ha sido un tipo pragm¨¢tico. No parece el tipo de persona que permitir¨ªa que alguien externo tome tantas decisiones. Shepherd solt¨® una peque?a carcajada seca. ¡ªEl director¡­ Digamos que no tiene muchas opciones en este caso. Cuando alguien dona una cantidad tan grande de dinero, incluso ¨¦l debe hacer concesiones. No es que est¨¦ encantado con la situaci¨®n, pero lo ha aceptado. Despu¨¦s de todo, este es un mundo donde el dinero manda, incluso en organizaciones como la nuestra. G¨®mez sinti¨® un escalofr¨ªo recorrerle la espalda. Estaba acostumbrado a lidiar con lo sobrenatural, con horrores que desafiaban la l¨®gica y la comprensi¨®n humana, pero esto era diferente. Esto era puro y crudo poder mundano, el tipo de poder que no se pod¨ªa enfrentar con armas ni tecnolog¨ªa avanzada. Era el poder del dinero, y eso lo hac¨ªa mucho m¨¢s peligroso. ¡ª?As¨ª que este misterioso sujeto est¨¢ comprando mi renuncia? ¡ªPregunt¨® el agente Shepherd lo mir¨® con una mezcla de compasi¨®n y frialdad. ¡ªNo exactamente ¡ªRespondi¨®¡ª Por lo que tengo entendido, la buena jubilaci¨®n nunca fue parte del trato para realizar el recambio de personal. Sin embargo, el hombre detr¨¢s de todo esto ama a la fundaci¨®n y evidentemente no quiere que ustedes, los veteranos, se vayan con las manos vac¨ªas. Les est¨¢ ofreciendo una salida digna. Usted puede tomar su jubilaci¨®n, disfrutar de su vida, y dejar que las cosas sigan su curso. No es un mal trato, si lo piensa bien. G¨®mez se qued¨® en silencio por un momento. Sab¨ªa que, al firmar el contrato, hab¨ªa cerrado una puerta, pero al mismo tiempo, hab¨ªa obtenido una oportunidad para salir de ese mundo antes de que las cosas se pusieran a¨²n m¨¢s turbias. No sab¨ªa si este hombre era el rostro visible de ¡°Ellos¡±, su intuici¨®n le dec¨ªa que s¨ª, pero tampoco ganar¨ªa nada por averiguarlo. ¡ªSupongo que no hay mucho m¨¢s que decir ¡ªMurmur¨® finalmente G¨®mez, levant¨¢ndose de su asiento¡ª Que tenga un buen d¨ªa en la oficina, Sahara. Un Nuevo Comienzo (4) Ella asinti¨®, manteniendo su compostura profesional. ¡ªAntes de que se vaya, agente G¨®mez La voz de Shepherd lo detuvo a mitad de camino, el agente apenas hab¨ªa dado unos pasos hacia la puerta. Se detuvo en seco y gir¨® sobre sus talones para mirarla de nuevo. Hab¨ªa algo en el tono de Shepherd que lo puso en alerta, como si la conversaci¨®n no hubiera terminado por completo. Ella segu¨ªa sentada en su silla, con una calma estudiada, pero en sus ojos se percib¨ªa una sombra de expectativa. ¡ª?S¨ª? ¡ªTante¨®, sin moverse del lugar, consciente de que esta ¨²ltima petici¨®n pod¨ªa cambiar el tono de toda la interacci¨®n. ¡ªSu tarjeta de personal, por favor ¡ªSolicit¨® Shepherd, extendiendo la mano hacia ¨¦l, su mirada clavada en la credencial que G¨®mez a¨²n llevaba colgada en su camisa. La tarjeta del personal hab¨ªa sido parte de ¨¦l durante tantos a?os que entregarla se sent¨ªa como entregar un fragmento de su alma, la ¨²ltima confirmaci¨®n de que realmente estaba cortando todos los lazos con el mundo paranormal. Lentamente, desabroch¨® el peque?o enganche que la manten¨ªa sujeta a su camisa y la observ¨® por un momento antes de entregarla.
Tarjeta del personal
Nombre Alfonso G¨®mez
C¨®digo de Identificaci¨®n 834546
Ocupaci¨®n Agente de Campo
Especializaci¨®n Investigaci¨®n Paranormal
Ubicaci¨®n Piso 3, Sala de control
Rango Eventos de clase D
Era un simple trozo de pl¨¢stico laminado, con su foto y datos impresos, pero para ¨¦l simbolizaba a?os de servicio, de luchas, de haber sido parte de algo m¨¢s grande que ¨¦l mismo. Al entregarla, no pudo evitar sentir una extra?a mezcla de alivio y vac¨ªo. Era como si estuviera dejando atr¨¢s no solo un trabajo, sino una identidad completa. Shepherd tom¨® la tarjeta con una sonrisa profesional, pero hab¨ªa algo m¨¢s en su expresi¨®n, una satisfacci¨®n que no hab¨ªa estado all¨ª antes. Como si recoger esa tarjeta fuera, de alg¨²n modo, la confirmaci¨®n definitiva de su victoria. ¡ªGracias ¡ªExpres¨® con un tono casi suave, guardando la tarjeta ¡ª Ahora s¨ª, creo que hemos terminado. G¨®mez se qued¨® en silencio por un momento, procesando la escena. Ya no ten¨ªa nada que lo vinculase oficialmente a la fundaci¨®n, ni siquiera esa peque?a identificaci¨®n. Se despidi¨® de Shepherd con un apret¨®n de manos. Cuando sali¨® de la sala, el sonido de la puerta cerr¨¢ndose detr¨¢s de ¨¦l son¨® como un eco en su mente. Un cap¨ªtulo se hab¨ªa cerrado y otro en blanco estaba a punto de comenzar. Con el futuro aparentemente resuelto, G¨®mez se dirigi¨® hacia el estacionamiento. El ascensor se desliz¨® suavemente mientras G¨®mez observaba las luces que marcaban el ascenso. Por motivos de seguridad, el estacionamiento se encontraba en el piso 40. El lugar estaba dise?ado para mantener los veh¨ªculos de los empleados en la parte alta, alejados de los niveles de mayor actividad experimental y lejos de los reclusos. Adem¨¢s de imposibilitar la entrada de cualquier persona por tierra. Las puertas del ascensor se abrieron con un suave zumbido, revelando un espacio descomunal. El estacionamiento era lo que uno esperar¨ªa en un mundo mas avanzado. No hab¨ªa filas de coches aparcados en el suelo ni espacios numerados. En vez de eso, las paredes met¨¢licas y pulidas estaban cubiertas por una serie de compuertas, cada una cuidadosamente numerada y con un c¨®digo de seguridad inscrito al lado. Las compuertas estaban dispuestas verticalmente, apiladas como bloques gigantes, aprovechando el espacio de una manera tridimensional. Cada veh¨ªculo estaba almacenado en compartimentos individuales, gestionado por la inteligencia artificial que controlaba todo en el edificio, maximizando el uso del espacio disponible. Siendo el ¨²nico piso que daba entrada o salida al exterior, el piso 40 era un lugar de m¨¢xima seguridad, casi tan restringido como las salas de contenci¨®n de los pisos inferiores. El estacionamiento era patrullado por robots centinelas, imponentes m¨¢quinas de dise?o ultramoderno, armadas hasta los dientes con rifles de energ¨ªa y sistemas de detecci¨®n avanzada. Sus cuerpos eran una amalgama de metal blanco brillante y circuitos expuestos que brillaban con luces rojas, indicando su estado de alerta constante. Los centinelas recorr¨ªan el ¨¢rea con una precisi¨®n militar, asegur¨¢ndose de que ning¨²n intruso pudiera acceder a los veh¨ªculos de los empleados sin el permiso adecuado. Estos no eran los t¨ªpicos guardias de seguridad que uno podr¨ªa sobornar o despistar; eran la ¨¦lite en vigilancia, programados para eliminar cualquier amenaza con una eficiencia impersonal. G¨®mez sab¨ªa que si algo llegaba a salir mal, estos robots no dudar¨ªan ni un segundo en activar sus protocolos de ataque. ¡°Acceso confirmado¡± Pronunci¨® una voz rob¨®tica desde las paredes del estacionamiento mientras G¨®mez se acercaba a uno de los terminales, situado en una columna de acero bru?ido. La pantalla hologr¨¢fica se despleg¨® frente a ¨¦l, flotando en el aire con un brillo azul el¨¦ctrico, solicitando su identificaci¨®n. The tale has been stolen; if detected on Amazon, report the violation. G¨®mez pas¨® su mano por un esc¨¢ner biom¨¦trico que se ilumin¨® brevemente con una luz verde. La inteligencia artificial del laboratorio reconoci¨® su huella dactilar y la pantalla hologr¨¢fica mostr¨® una lista de veh¨ªculos almacenados, indicando cu¨¢l pertenec¨ªa a ¨¦l. Su autom¨®vil, un modelo asignado exclusivamente a los agentes de campo, estaba almacenado en la compuerta 17-B. En cuesti¨®n de segundos, el sistema activ¨® el proceso de recuperaci¨®n del veh¨ªculo. Con un zumbido sutil, la compuerta se desliz¨® hacia un lado, revelando su auto: una c¨¢psula flotante con capacidad para cuatro personas. La forma era aerodin¨¢mica, compacta, pero con una amplitud interna que delataba su dise?o multifuncional. Este tipo de veh¨ªculos estaba pensado para misiones especiales, lo que significaba que, aunque no pareciera muy grande desde afuera, el interior estaba optimizado para albergar no solo pasajeros, sino tambi¨¦n grandes cantidades de equipo t¨¢ctico y armamento en caso de que fuera necesario. Sus l¨ªneas eran suaves, y su chasis brillaba con un acabado met¨¢lico oscuro que absorb¨ªa la luz, d¨¢ndole un aspecto imponente. Las ventanillas, completamente polarizadas, ofrec¨ªan una visi¨®n clara del exterior cuando estabas dentro, pero desde afuera era imposible ver el interior, asegurando total privacidad. Alrededor de la base de la c¨¢psula, una serie de propulsores antigravitacionales emit¨ªan un resplandor azul claro, la firma caracter¨ªstica de la tecnolog¨ªa de levitaci¨®n que hab¨ªa reemplazado las ruedas hace ya varios milenios. A diferencia de los coches voladores comerciales que usaban los ciudadanos comunes, estos veh¨ªculos estaban modificados espec¨ªficamente para que sus sistemas el¨¦ctricos tuvieran redundancias, haci¨¦ndolos seguros ante los eventos paranormales. Como casi todos los autos de alguien de la ¨¦lite social de estos tiempos, el mismo estaba equipado con escudos energ¨¦ticos, sistemas de defensa automatizados y una inteligencia artificial integrada, por lo que estos autos eran tanto un medio de transporte como una fortaleza flotante. El modelo de G¨®mez, a pesar de las d¨¦cadas de uso, todav¨ªa funcionaba a la perfecci¨®n gracias a las m¨²ltiples actualizaciones del personal de mantenimiento del laboratorio. G¨®mez se acerc¨® a su veh¨ªculo. Apoy¨® la mano sobre la superficie suave y curva de la puerta. No era un sistema de seguridad biom¨¦trica ni requer¨ªa complejas verificaciones de huellas dactilares, algo que en otro tiempo habr¨ªa sido considerado de alta seguridad. Ahora, la IA integrada en cada veh¨ªculo se encargaba de todo. En esta era, el concepto de ¡°cerrar¡± o ¡°abrir¡± autos hab¨ªa quedado obsoleto. Nadie necesitaba preocuparse por bloquear puertas o perder llaves; los autos simplemente reconoc¨ªan a sus due?os. Al mantener su mano apoyada unos segundos, un suave pitido confirm¨® que el sistema lo hab¨ªa identificado. La puerta se levant¨® hacia arriba con un movimiento fluido, como si el auto fuera una criatura mec¨¢nica extendiendo sus alas para recibirlo. El interior era espacioso, minimalista, y a la vez profundamente tecnol¨®gico. Los asientos dise?ados para adaptarse a cada cuerpo parec¨ªan flotar en el aire. Hologramas azules brillaban sutilmente en el aire, proyectando men¨²s e interfaces que G¨®mez apenas necesitaba tocar. En tiempos antiguos, conducir un autom¨®vil era una habilidad que todos aprend¨ªan por necesidad. Pero en esta ¨¦poca, esa idea era un mero pasatiempo. El volante hab¨ªa desaparecido por completo de los dise?os hace demasiado tiempo. La conducci¨®n era algo reservado solo para los pilotos de carreras y los nost¨¢lgicos que practicaban en simuladores. El resto de la poblaci¨®n confiaba ciegamente en los sistemas automatizados que hab¨ªan reducido los accidentes a un evento casi imposible. Para estas personas era dif¨ªcil imaginar que hace unos milenios las carreteras eran escenarios de tragedias diarias. G¨®mez entr¨® en su veh¨ªculo, y lo primero que llam¨® su atenci¨®n fue que el compartimento oculto en su autom¨®vil estaba a plena vista. El compartimiento consist¨ªa de una peque?a caja oculta bajo la alfombra que cubr¨ªa el piso. La alfombra se encontraba levantada y el compartimento dejaba ver su interior; un espacio reducido lo suficientemente grande para guardar unos cuantos objetos importantes. Inmediatamente, G¨®mez not¨® que algo faltaba. La grabadora que hab¨ªa escondido all¨ª hab¨ªa desaparecido. Jonathan se la hab¨ªa llevado. Un escalofr¨ªo recorri¨® a G¨®mez al pensar en todo lo que hab¨ªa sucedido alrededor de esa grabadora. Era solo un dispositivo redundante, algo que podr¨ªa haber sido reemplazado f¨¢cilmente por sistemas de grabaci¨®n m¨¢s avanzados. Pero para ¨¦l, representaba mucho m¨¢s. Esa grabadora era el ¨²ltimo testimonio de momentos que G¨®mez preferir¨ªa olvidar, pero que parad¨®jicamente hab¨ªa querido conservar. Se agach¨® para examinar el compartimento y, con un suspiro, lo cerr¨® nuevamente, camufl¨¢ndolo bajo la alfombra. Se sent¨® en el asiento del conductor. A¨²n pod¨ªa sentir la decepci¨®n infiltr¨¢ndose en sus pensamientos. Si su escondite hubiera funcionado como deb¨ªa, Jonathan nunca habr¨ªa podido encontrar la grabadora. Quiz¨¢s, pens¨®, eso le habr¨ªa permitido evitar el caos que sigui¨®. Quiz¨¢s, si las cosas hubieran sido diferentes, Jonathan habr¨ªa tenido la oportunidad de ofrecerle algunas palabras de aliento hoy, en este d¨ªa que deb¨ªa ser una especie de cierre para ambos. Como era habitual, el asiento del conductor ajust¨® su posici¨®n autom¨¢ticamente en cuanto se acomod¨®. La puerta se cerr¨® a sus espaldas con un leve zumbido, sellando el habit¨¢culo y dej¨¢ndolo en un silencio casi absoluto. El aire dentro del veh¨ªculo era perfecto, fresco y limpio, filtrado por un sistema de climatizaci¨®n que no solo regulaba la temperatura, sino tambi¨¦n la pureza del aire, eliminando cualquier rastro de contaminantes. Un panel de control hologr¨¢fico se despleg¨® frente a ¨¦l, proyectando una serie de iconos flotantes que indicaban la espera de ¨®rdenes. ¡ªDestino: Salida del laboratorio¡ªOrden¨® G¨®mez. La IA del veh¨ªculo respondi¨® de inmediato, activando los propulsores de despegue. Los motores antigravitacionales emitieron un zumbido grave que hizo vibrar levemente el interior del auto antes de que la c¨¢psula se elevara suavemente del compartimento. Un sistema de gu¨ªas magn¨¦ticas integradas lo dirigi¨® autom¨¢ticamente hacia una de las salidas del estacionamiento, sin que ¨¦l tuviera que preocuparse por maniobrar esquivando los robots centinelas. Al acercarse a la salida, una gran compuerta se desliz¨® hacia arriba, revelando el vasto y oscuro horizonte del parque cient¨ªfico-industrial donde se encontraba el peque?o laboratorio 32. G¨®mez se qued¨® en silencio mientras observaba el mundo frente a ¨¦l. Sobre el panel de control hab¨ªa aparecido un icono para que confirmara su siguiente destino. Una pausa necesaria para evitar errores, pero tambi¨¦n una oportunidad para reflexionar sobre todo lo que hab¨ªa ocurrido el d¨ªa de hoy. G¨®mez respir¨® profundamente. ?Era esto lo que quer¨ªa? Despu¨¦s de tantos a?os de servicio, de estar al borde del abismo, enfrentando cosas que la mayor¨ªa de la gente ni siquiera pod¨ªa imaginar, finalmente hab¨ªa llegado el momento de dejarlo ir. Ya no habr¨ªa m¨¢s interrogatorios, no m¨¢s criaturas escapadas de dimensiones alternativas, no m¨¢s noches en vela planificando misiones de riesgo mortal. No m¨¢s luchar contra lo incomprensible. Por un lado, estaba el alivio. Un alivio profundo que se filtraba en su cuerpo como el peso de una vida que, al fin, podr¨ªa soltar. No tendr¨ªa que seguir viviendo en ese estado constante de alerta, esperando el siguiente desastre, el siguiente informe que le dir¨ªa que algo hab¨ªa salido mal y que ¨¦l deb¨ªa arreglarlo. Podr¨ªa descansar, vivir una vida tranquila, alejado de los horrores con los que hab¨ªa lidiado durante tantos a?os. Pero, por otro lado, hab¨ªa algo m¨¢s, una sensaci¨®n punzante en el fondo de su mente. Un vac¨ªo. Se hab¨ªa acostumbrado tanto a esa vida de constante acci¨®n, de enfrentar lo imposible, que no sab¨ªa si estaba realmente preparado para el silencio que le esperaba. ?Qu¨¦ har¨ªa ahora? ?C¨®mo llenar¨ªa los d¨ªas sin esa adrenalina, sin ese prop¨®sito claro que hab¨ªa definido su vida durante tanto tiempo? Un Nuevo Comienzo (5) Mir¨® hacia adelante, la pantalla hologr¨¢fica del auto mostr¨¢ndole una ruta clara hacia su hogar. Podr¨ªa simplemente decir ¡°vamos¡± y el veh¨ªculo lo llevar¨ªa a su destino en minutos. Pero a¨²n no estaba listo. Cerr¨® los ojos por un momento y dej¨® que el peso de todo lo que hab¨ªa sucedido se asentara. Las caras de las personas que hab¨ªa conocido a lo largo de los a?os comenzaron a desfilar por su mente. Rivas, Ortega, Mendelson, Jonathan. Agentes como ¨¦l, que hab¨ªan dado todo por la fundaci¨®n, algunos de sus compa?eros no fueron tan afortunados como para haber llegado a esta etapa de retiro. Recordaba las historias de Rivas, uno de los tantos veteranos que hab¨ªan visto a tantos compa?eros perder la vida, consumidos por el trabajo y la presi¨®n psicol¨®gica. ?Y Jonathan? ¨¦l hab¨ªa sido otro ejemplo, alguien que silenciosamente se hab¨ªa ido apagando poco a poco, hasta que un d¨ªa simplemente dej¨® de estar entre estos pasillos. Quiz¨¢ era eso lo que m¨¢s le inquietaba. No era solo la acci¨®n, las misiones, o la tensi¨®n. Era el hecho de que ahora tendr¨ªa que enfrentarse a s¨ª mismo. Durante a?os, hab¨ªa dejado que el trabajo lo definiera, que lo mantuviera ocupado. No hab¨ªa tenido tiempo para pensar en lo que significaba su existencia, en lo que estaba haciendo con su vida. Pero ahora, ese tiempo le sobraba, y el silencio de su futuro le resultaba intimidante. Hab¨ªa pasado tanto tiempo en las entra?as del laboratorio que la idea de vivir una rutina ¡°normal¡± le resultaba casi irreal. La jubilaci¨®n se le hab¨ªa sido impuesta con una frialdad burocr¨¢tica que a¨²n le molestaba, pero una parte de ¨¦l sab¨ªa que ya no ten¨ªa mucho que ofrecer. El sistema hab¨ªa decidido que su tiempo hab¨ªa llegado a su fin. Los nuevos reclutas, esos que alguna vez lo admiraron por su perspicacia y dedicaci¨®n, ahora lo miraban con una mezcla de l¨¢stima y desd¨¦n. Era como si el reloj se hubiese detenido para ¨¦l, mientras que para el resto, el tiempo avanzaba con la misma implacabilidad de siempre. No pod¨ªa volver, pero podr¨ªa dictar la orden y desaparecer. Ser¨ªa f¨¢cil. Podr¨ªa volver a casa, sentarse en su sill¨®n, abrir una cerveza, y encender la televisi¨®n. Podr¨ªa hacer lo que todos le aconsejaban. ¡°Vuelve a casa, G¨®mez¡±, le dec¨ªan ¡°Es hora de empezar a disfrutar de tu retiro¡±. Pero la palabra ¡°disfrutar¡± le sab¨ªa a polvo en la boca. Disfrutar, ?de qu¨¦ exactamente? ?De la nada? ?De la interminable repetici¨®n de d¨ªas que, uno tras otro, parec¨ªan condenados a desvanecerse en el olvido? Abri¨® los ojos de nuevo y mir¨® el panel de control. El icono segu¨ªa all¨ª, esperando que diera la orden para llevarlo de regreso. Deb¨ªa volver, dejarlo todo atr¨¢s y comenzar una nueva vida. Era lo que todos le dec¨ªan que deb¨ªa hacer, lo que la l¨®gica dictaba. Pero entonces, ?por qu¨¦ sent¨ªa ese nudo en el est¨®mago? ?Por qu¨¦ hab¨ªa una parte de ¨¦l que no quer¨ªa soltarlo del todo? Sin poder dar la orden final, G¨®mez se qued¨® estacionado junto a la puerta del laboratorio, mirando fijamente la placa de metal que colgaba a un costado, con el n¨²mero de la compuerta grabado en ella. El laboratorio hab¨ªa sido su vida durante d¨¦cadas. Lo hab¨ªa visto envejecer junto con ¨¦l, desmoron¨¢ndose poco a poco, tan desgastado como sus propias esperanzas y aspiraciones. Los a?os de trabajo y la dedicaci¨®n incondicional ahora parec¨ªan carecer de sentido. No hab¨ªa medallas, no hab¨ªa reconocimiento, no hab¨ªa fanfarria cuando le cerraron las puertas y lo ¡°invitaron¡± a retirarse de manera anticipada. Las palabras que le dijeron hace unos minutos a¨²n resonaban en su mente: ¡°No se preocupe, no le est¨¢n echando la culpa de nada, simplemente sus ideas ya no encajan¡±. Eso le dijeron con frialdad desmedida, sin mirar su pasado en este laboratorio. Su madre muri¨® por esta causa, su padre vivi¨® pensando que era una causa noble, y ¨¦l hab¨ªa depositado la mayor parte de su vida como pago para luchar por un futuro donde lo paranormal no invadiera su mundo. Y ahora estaba ah¨ª, un hombre desplazado, forzado a aceptar su salida en un mundo que sent¨ªa a su causa como una causa perdida, una causa in¨²til y cobarde. Sobraban los motivos para querer irse de un lugar que lo hab¨ªa ninguneado de tal forma. Pero, ir¨®nicamente, los tiempos de su jubilaci¨®n forzada coincid¨ªan con el descubrimiento del caso que promet¨ªa ser el m¨¢s emocionante de su vida. Durante toda su carrera hab¨ªa rozado la superficie de los secretos m¨¢s oscuros de la humanidad, pero nunca lo suficientemente cerca como para meterse en un caso tan importante. Ahora, al final de su carrera como agente, parec¨ªa que el destino lo llamaba a ser parte de algo m¨¢s grande. Nadie sab¨ªa qu¨¦ tan grande era este caso en realidad, pero no hab¨ªa dudas que desenterrar este secreto era la fantas¨ªa de cualquier hombre que dedica su vida a resolver misterios. ¡°?Y ahora qu¨¦?¡± Se pregunt¨® una vez m¨¢s. Las preguntas se amontonaban en su mente, empuj¨¢ndose unas a otras sin obtener respuesta. ?Deb¨ªa seguir adelante con la investigaci¨®n de forma privada? ?O simplemente aceptar que hab¨ªa fuerzas mucho m¨¢s grandes de las que ¨¦l podr¨ªa controlar? Era un hombre retirado, despu¨¦s de todo. Hab¨ªa cumplido con su parte, hab¨ªa servido a la humanidad. ?No merec¨ªa ahora un poco de paz, un descanso? Suspir¨®. Hab¨ªa algo m¨¢s en su mente, algo que lo manten¨ªa inquieto, y no era solo el hecho de que lo hab¨ªan echado antes de tiempo. No, era la muerte de Jonathan. Esa maldita muerte que hab¨ªa sucedido tan abruptamente, con tan poco sentido. Un aparente suicidio, dec¨ªan los informes oficiales. Todo apuntaba a ello: sus ¨²ltimas palabras, la opini¨®n de sus amigos m¨¢s cercanos, y la evidente desesperaci¨®n que lo hab¨ªa consumido en sus ¨²ltimos d¨ªas. Pero entonces, ?por qu¨¦ segu¨ªa rondando esa sensaci¨®n de que algo no encajaba? ?Por qu¨¦ no pod¨ªa deshacerse de esa punzada en el est¨®mago, esa voz susurrante en el fondo de su mente que le dec¨ªa que faltaban piezas en el rompecabezas? El pensamiento de Jonathan lo llev¨® de vuelta al mensaje secreto. Se supon¨ªa que iban a hablar. Jonathan hab¨ªa insistido en ello, en una charla que, seg¨²n ¨¦l, cambiar¨ªa todo. Pero esa conversaci¨®n nunca sucedi¨®. Y ahora, el hombre estaba muerto. Las opciones eran pocas y extremas: o alguien lo hab¨ªa asesinado antes de que pudieran hablar, o Jonathan hab¨ªa decidido poner fin a su vida sin darle a G¨®mez la oportunidad de entender lo que estaba ocurriendo. Pero, ?qu¨¦ podr¨ªa haber sido tan importante como para hacer que Jonathan acabara de esa manera? Durante la ¨²ltima semana, algo hab¨ªa cambiado. Algo lo hab¨ªa perturbado hasta el punto de perder toda esperanza, o peor, hasta el punto de que otra persona se viera obligado a silenciarlo de manera definitiva. Pero, ?qu¨¦ hab¨ªa descubierto? ?Y c¨®mo se relacionaba todo con el oscuro secreto del ¡°Observador¡±? Ese era el n¨²cleo de todo. El secreto del ¡°Observador¡±, una investigaci¨®n clandestina dirigida por Oliver Murphy, un hombre que parec¨ªa tener una mirada entrometida en todas las conspiraciones de las ¨²ltimas d¨¦cadas. Un proyecto envuelto en el m¨¢s absoluto de los secretos, con una historia que remontaba d¨¦cadas, y que parec¨ªa haber aniquilado a todos los que se acercaban demasiado a la verdad. Las desapariciones de historiadores que se atrevieron a indagar, las muertes sospechosas de quienes intentaron exponer algo m¨¢s grande que ellos mismos, todo estaba entrelazado. El nudo en el est¨®mago de G¨®mez se apretaba con m¨¢s fuerza. Sab¨ªa que deb¨ªa irse, que deb¨ªa dejar todo atr¨¢s y seguir adelante, tal como le hab¨ªan aconsejado. Pero la intriga lo consum¨ªa. Era una sensaci¨®n sofocante, como si cada fibra de su ser se negara a aceptar lo que parec¨ªa evidente. Tras tanto investigar, hab¨ªa descubierto una verdad: Jonathan hab¨ªa descubierto algo. Algo tan grande que lo hab¨ªa llevado a la muerte. Y ese algo estaba relacionado con ¡°El Observador¡±. ¡°El Observador¡± era una criatura excepcionalmente rara que simulaba ser un individuo, planta o animal perfectamente com¨²n, pero tambi¨¦n era un s¨ªmbolo, un concepto que representaba a aquellos que se beneficiaron del caos durante la dictadura, a los que se enriquecieron mientras los dem¨¢s mor¨ªan o desaparec¨ªan. La dictadura militar hab¨ªa ca¨ªdo, pero el poder y el control de los que se beneficiaron de ella segu¨ªan presentes, ocultos entre las sombras de la sociedad. ?C¨®mo se relacionaba ¡°El Observador¡± con la dictadura? Era una pregunta que G¨®mez se hac¨ªa constantemente, pero cada vez que intentaba profundizar en ella, encontraba m¨¢s incertidumbres que certezas. Sab¨ªa que algo oscuro vinculaba a esa entidad con la ¨²ltima oleada de dictaduras militares que hab¨ªan devastado a la humanidad. Sin embargo, era un terreno lleno de bruma, donde las respuestas claras parec¨ªan siempre estar un paso m¨¢s all¨¢ de su alcance. If you encounter this narrative on Amazon, note that it''s taken without the author''s consent. Report it. Por el momento los caminos posibles para resolver este caso eran pocos. La clave estar¨ªa en investigar a los dos grandes bandos involucrados en este caso. Por un lado, aquellos que proteg¨ªan el secreto del ¡°Observador¡±, las suposiciones de Gomez indicaban que este era un grupo selecto y poderoso que se hab¨ªa beneficiado enormemente durante la dictadura. Eran los antiguos generales, pol¨ªticos y empresarios que se hab¨ªan llenado los bolsillos con los despojos de una civilizaci¨®n rota. Ellos hab¨ªan creado una fortaleza impenetrable alrededor de la figura del ¡°Observador¡±, usando todo tipo de medios para ocultar su existencia, proteger su influencia y perpetuar el statu quo. Para ellos, ¡°El Observador¡± no era solo una leyenda, era la esencia que hab¨ªa permitido la creaci¨®n de su mundo de poder y privilegios. Por otro lado, estaban aquellos que, tras el colapso del r¨¦gimen, hab¨ªan tomado las riendas del pa¨ªs y lo hab¨ªan conducido hacia una nueva era. Estos nuevos l¨ªderes eran la cara visible de la actual democracia, aunque G¨®mez sospechaba que, en las sombras, tambi¨¦n estaban profundamente involucrados en los mismos juegos de poder que sus predecesores. Hab¨ªan logrado controlar el mundo tras la ca¨ªda de la dictadura, pero no estaban exentos de las influencias que rodeaban al ¡°Observador¡±. La diferencia, quiz¨¢, era que en lugar de proteger ciegamente el secreto, este misterioso grupo estaba obsesionado con descubrirlo y usarlo para su propio beneficio. Si bien la verdad hab¨ªa sido enterrada junto con Jonathan, Gomez deduc¨ªa que para ambos bandos ¡°El Observador¡± era una figura central. Lo m¨¢s sorprendente era que a pesar de su rol central, tras la ca¨ªda del r¨¦gimen, ¡°El Observador¡± hab¨ªa logrado escabullirse, mantenerse oculto y continuar operando desde las sombras, como si el paso del tiempo no tuviera efecto sobre ¨¦l. Y era aqu¨ª donde las cosas se volv¨ªan a¨²n m¨¢s desconcertantes para G¨®mez. ¡°El Observador¡± no era un humano. No, no pod¨ªa serlo. O al menos, no en el sentido convencional. Todo indicaba que esta criatura del otro mundo, cualquiera que fuese su verdadera naturaleza, hab¨ªa existido durante m¨¢s tiempo del que cualquier humano podr¨ªa soportar. Marcus hab¨ªa sido el primero en sugerir que ¡°El Observador¡± era ¡°inmortal¡±. Y esa palabra, que normalmente ser¨ªa descartada como fantas¨ªa, resonaba ahora en su mente con una seriedad inquietante. G¨®mez nunca hab¨ªa lidiado con algo como esto antes. En su tiempo como agente, hab¨ªa enfrentado amenazas paranormales, entidades inexplicables, y fuerzas que desafiaban las leyes de la ciencia tal como las conoc¨ªa. Pero siempre hab¨ªa una regla, una constante que manten¨ªa su cordura intacta: esas criaturas, esos seres, de alguna manera u otra, pod¨ªan ser derrotados. No importaba cu¨¢n poderosos fueran, siempre hab¨ªa una forma de detenerlos, de destruirlos o al menos contenerlos. Sin embargo, con ¡°El Observador¡±, esa regla no se aplicaba. La inmortalidad era un concepto que no encajaba en su experiencia. Nunca, ni siquiera en sus casos m¨¢s extra?os, hab¨ªa encontrado algo o alguien que pudiera definirse como ¡°inmortal¡±. S¨ª, hab¨ªa lidiado con seres que pod¨ªan sobrevivir a heridas fatales, criaturas que pod¨ªan regenerarse o escapar de la muerte de formas sorprendentes, pero incluso ellas pod¨ªan ser destruidas con el m¨¦todo adecuado. No obstante, ¡°El Observador¡± parec¨ªa diferente. Antes de hacer el interrogatorio a Thomas Smith, Marcus se lo hab¨ªa dicho claramente: ¡°El Observador no puede morir. No en el sentido en que t¨² y yo entendemos la muerte.¡± Eso lo hab¨ªa desconcertado profundamente. G¨®mez era un hombre que cre¨ªa f¨¢cilmente en lo sobrenatural. Hab¨ªa trabajado toda su vida con un pie en la ciencia y otro en lo inexplicable, pero siempre buscando una explicaci¨®n l¨®gica, un m¨¦todo que pudiera aplicarse para resolver lo imposible. La idea de que existiera una entidad verdaderamente inmortal, algo que no pudiera ser destruido de ninguna manera, era un desaf¨ªo a todo lo que conoc¨ªa y entend¨ªa. Lo m¨¢s inquietante era que Marcus hab¨ªa hablado de la inmortalidad del ¡°Observador¡± como si fuera un hecho incuestionable. Como si ese ser, esa entidad que supuestamente pod¨ªa moverse entre las realidades y fingir ser humano, hubiera estado entre ellos todo este tiempo, manipulando eventos, apareciendo y desapareciendo a voluntad, sin que nadie pudiera detenerlo. Pero, ?qu¨¦ significaba exactamente ser inmortal? G¨®mez no lo comprend¨ªa del todo. ?Era el ¡°Observador¡± una criatura que simplemente no envejec¨ªa? ?O era algo m¨¢s complejo? ?Pod¨ªa regenerarse infinitamente? ?Ten¨ªa alguna clase de control sobre el tiempo mismo? En su momento, Marcus le hab¨ªa respondido sus preguntas con una respuesta que solo planteaba m¨¢s preguntas: ¡°Muere, pero en realidad no muere¡± Las respuestas de Marcus eran esquivas. Lo cierto es que hab¨ªa rumores, susurros en los c¨ªrculos m¨¢s profundos de la investigaci¨®n paranormal, pero nada concreto. Ning¨²n estudio serio, ninguna evidencia que pudiera ser utilizada para demostrar de manera irrefutable como funcionaba su inmortalidad o su naturaleza. Todos los ¡°Observadores¡± hab¨ªan escapado de todos los intentos de la humanidad por atraparlos, por estudiarlos, por entenderlos. Y todo apuntaba a que su capacidad para sobrevivir a cualquier intento de captura o destrucci¨®n estaba directamente relacionada con su ¡°inmortalidad¡±. Este t¨¦rmino, inmortalidad, era en s¨ª mismo problem¨¢tico. En esencia, parec¨ªa que el ¡°Observador¡± pod¨ªa morir, o al menos simular la muerte de alguna manera. Pero de alguna forma, esa muerte no era permanente. Regresaba, se mov¨ªa, cambiaba de forma o se escond¨ªa en las sombras hasta que era seguro volver a actuar. Era un ciclo eterno, una especie de juego del gato y el rat¨®n, donde la humanidad siempre era el rat¨®n y el ¡°Observador¡±, el gato que nunca se cansa. Para alguien como G¨®mez, que hab¨ªa pasado su carrera enfrentando amenazas tangibles, la noci¨®n de que existiera algo que no pod¨ªa ser destruido, algo que siempre pod¨ªa regresar infinitamente, era profundamente perturbadora. El laboratorio 32, ese peque?o y olvidado rinc¨®n del mundo en el que G¨®mez y Jonathan hab¨ªan trabajado juntos, no era m¨¢s que una mota en el vasto mapa de intereses y poderes que se mov¨ªan en las sombras. Como dos hormigas observando desde lejos una guerra que los sobrepasaba, ellos no eran m¨¢s que espectadores impotentes. Incluso si lograban descubrir algo, ?qu¨¦ pod¨ªan hacer al respecto? Nada. Jonathan hab¨ªa sido la prueba viviente de esa impotencia. Y ahora, G¨®mez estaba a punto de enfrentarse a la misma realidad. Hab¨ªa dos pistas concretas para continuar investigando este caso. Solo dos. Y ambas parec¨ªan prometer la nada misma. Primero estaba el pendrive que Jonathan le hab¨ªa dejado. Sin embargo, G¨®mez no esperaba mucho de ¨¦l. Jonathan ya hab¨ªa revelado lo que cre¨ªa importante en su ¨²ltimo mensaje. ?Qu¨¦ m¨¢s podr¨ªa haber all¨ª? Algo trivial, probablemente. Quiz¨¢s una pista m¨¢s, pero no una respuesta definitiva. Y luego estaba el libro. El libro de Thomas Smith. Un libro que hab¨ªa sido revisado por innumerables expertos, sin que nadie encontrara nada inusual en ¨¦l. Entonces, ?por qu¨¦ sent¨ªa que hab¨ªa algo m¨¢s, algo escondido a simple vista en ese libro? Era por qu¨¦ Jonathan cambi¨® su forma de actuar luego de encontrarlo, en esa misma misi¨®n. Para Jonathan, hab¨ªa algo oculto en ¨¦l. Algo que todos los dem¨¢s hab¨ªan pasado por alto. ?Qu¨¦ podr¨ªa haber visto Jonathan que los dem¨¢s no? ?Una frase oculta entre l¨ªneas? ?Un c¨®digo escondido en las palabras? Parec¨ªa improbable. Y, sin embargo, G¨®mez no pod¨ªa ignorar la intuici¨®n de su difunto amigo. El auto segu¨ªa zumbando, paciente. Los iconos brillaban, indicando la espera de ¨®rdenes. G¨®mez los mir¨® de nuevo, como si de alguna manera el simple acto de presionarlos pudiera resolver sus dilemas. La realidad era que, incluso si quisiera continuar investigando, estaba solo. Sin Jonathan, sin apoyo oficial, sin acceso a recursos, solo ¨¦l contra un sistema que no quer¨ªa que descubriese la verdad. Y tal vez Jonathan hab¨ªa comprendido eso. Tal vez por eso hab¨ªa decidido rendirse. G¨®mez se llev¨® una mano al ment¨®n, reflexionando en silencio. Podr¨ªa dejarlo todo atr¨¢s, regresar a una vida sencilla, sin complicaciones. Nadie lo culpar¨ªa por ello. Despu¨¦s de todo, ?qu¨¦ pod¨ªa lograr ¨¦l solo? Pero tambi¨¦n sab¨ªa que, si volv¨ªa a casa, si simplemente dejaba que la verdad se desvaneciera, algo dentro de ¨¦l morir¨ªa junto con Jonathan. Una parte de s¨ª mismo que a¨²n cre¨ªa en la lucha por la humanidad, en descubrir la verdad, en hacer algo m¨¢s que ser un simple observador. La luz del bot¨®n parpade¨® una vez m¨¢s. G¨®mez trag¨® saliva. Cerr¨® los ojos y respir¨® hondo, intentando calmar el caos que bull¨ªa dentro de su cabeza. Y entonces, sin pronunciar palabra, su mano se movi¨® lentamente hacia el panel de control. El zumbido del motor se intensific¨®. Era el momento de tomar una decisi¨®n. Por un instante, dud¨®. El auto se elev¨® ligeramente, como si el simple movimiento del veh¨ªculo fuera el reflejo de su propio estado mental. Pero entonces, tom¨® aire profundamente, aferr¨¢ndose a lo que quedaba de su resoluci¨®n. ¡ªIniciar ruta de regreso a casa ¡ªDijo finalmente, con voz firme. El auto respondi¨® de inmediato. El zumbido se convirti¨® en un rugido suave mientras el veh¨ªculo tomaba altura del suelo y se dirig¨ªa a cruzar la salida del laboratorio. G¨®mez mir¨® por la ventana, viendo c¨®mo las instalaciones quedaban atr¨¢s, cada vez m¨¢s peque?as a medida que el auto ganaba altura. No buscar¨ªa respuestas. No seguir¨ªa desenterrando los fantasmas de Jonathan ni los secretos oscuros que lo rodeaban. Al final, tal vez lo m¨¢s valiente era aceptar que no todo tiene soluci¨®n. Que, a veces, dejar ir era la ¨²nica opci¨®n. Mientras el laboratorio desaparec¨ªa en el horizonte, G¨®mez se permiti¨® un ¨²ltimo vistazo a lo que alguna vez hab¨ªa sido su vida. Un nudo en el est¨®mago persist¨ªa, pero algo m¨¢s dentro de ¨¦l comenzaba a soltarse. Tal vez, solo tal vez, a¨²n hab¨ªa tiempo para recomenzar, para rearmar su vida como una persona normal. El Umbral del Despertar (1) El laboratorio 32 se encontraba en el coraz¨®n de lo que sol¨ªa ser un complejo de oficinas desmantelado, ahora convertido en un gigantesco parque cient¨ªfico-industrial dedicado exclusivamente al estudio de lo paranormal. El laboratorio no era muy grande y se encontraba perdido entre la mara?a de edificios que lo rodeaban, como si se tratase de una peque?a flor en una gigantesca jungla de metal y concreto. Desde el exterior solo se percib¨ªa otra peque?a torre de aspecto fr¨ªo y funcional, desprovista de cualquier ornamentaci¨®n innecesaria. Dado el gran inter¨¦s en lo paranormal el parque cient¨ªfico-industrial de Florida hab¨ªa crecido exponencialmente hasta abarcar varias hect¨¢reas de tierra, aunque describir algo como ¡°tierra¡± en este distante futuro era inexacto. El planeta Tierra ya no pose¨ªa tierra como la conoc¨ªamos. Lo que una vez fue una superficie rebosante de vida hab¨ªa sido transformada en una inmensa metr¨®polis global. Toda la superficie del planeta estaba cubierta por edificios, cables, f¨¢bricas y estructuras indefinibles que desafiaban lo comprensible. Los pocos ¨¢rboles y vegetaci¨®n que alguna vez existieron fueron desplazados a planetas distantes, protegidos en santuarios biol¨®gicos. El costo de este avance tecnol¨®gico fue que la biodiversidad de la Tierra estaba pr¨¢cticamente extinta; salvo algunos remanentes que hab¨ªan logrado evolucionar para adaptarse al nuevo ecosistema planetario, nada hab¨ªa sobrevivido al avance de la humanidad sobre la naturaleza. El aire de esta colosal e interminable ciudad era irrespirable. La contaminaci¨®n derivada de siglos de explotaci¨®n industrial incontrolada hab¨ªa oscurecido el cielo al punto de hacerlo irreconocible. Las nubes naturales desaparecieron hac¨ªa tiempo, sustituidas por una impenetrable capa de toxinas, qu¨ªmicos y polvo radiactivo. Para los habitantes de la ciudad, los ciclos de d¨ªa y noche era solo una proyecci¨®n digital. Una ilusi¨®n que imitaba los cielos azules que alguna vez adornaron el horizonte, pero incluso esa simulaci¨®n fallaba a menudo, dejando entrever la negrura contaminada que envolv¨ªa el planeta. Cada edificio, coche, y hogar estaba equipado con filtros de purificaci¨®n del aire, indispensables para la supervivencia. Sin ellos, la muerte por asfixia o enfermedades respiratorias era segura. En un futuro en el que la Tierra se hab¨ªa transformado en una ¨²nica y colosal ciudad, Florida no era m¨¢s que un antiguo barrio, un vestigio entre las tit¨¢nicas expansiones urbanas. Los Estados Unidos, ahora un distrito indistinguible entre tantos, representaban solo una parte de la vasta urbe planetaria. Las naciones como las conoc¨ªamos hab¨ªan dejado de existir, reemplazadas por ¨¢reas con normativas irrelevantes en la nueva estructura de la humanidad. Por tal motivo, cuando nos referimos al periodo que las personas de estos tiempos conocen como ¡°la dictadura¡±, no nos estamos refiriendo a un r¨¦gimen autoritario en el sentido tradicional, como los que la Tierra hab¨ªa conocido en su historia antigua. Esto no era la dictadura de un solo pa¨ªs, era un proceso mucho m¨¢s profundo, m¨¢s vasto, que afectaba no solo a la Tierra, sino a los m¨²ltiples planetas de la red interplanetaria que la humanidad hab¨ªa tejido a lo largo de los siglos. La expansi¨®n de la humanidad por el cosmos hab¨ªa llevado a la colonizaci¨®n de numerosos mundos, cada uno con su propia estructura de gobierno, su propio modelo de desarrollo, pero todos vinculados, de una u otra manera, a la influencia de la Tierra. Aunque la Tierra era ahora solo uno de los tantos planetas dominados por la humanidad, segu¨ªa siendo el n¨²cleo de todo. Era el planeta m¨¢s industrializado, el m¨¢s poderoso, el m¨¢s influyente, no solo en t¨¦rminos pol¨ªticos, sino tambi¨¦n militares, culturales y econ¨®micos. La Tierra segu¨ªa siendo el punto de referencia, el origen de todo lo que representaba la humanidad en el universo. Cada ex-pa¨ªs en la Tierra manten¨ªa su representaci¨®n en forma de un representante pol¨ªtico, un senador que supuestamente velaba por los intereses de su ¡°distrito¡± y, por extensi¨®n, del planeta en general y de la humanidad en su conjunto. Sin embargo, esta imagen de poder y representatividad era un espejismo, una proyecci¨®n de influencia que daba la Tierra dada su historia. No hab¨ªa un senado intergal¨¢ctico. Cada planeta ten¨ªa su propio ¡°sistema¡±, con su propia forma de gobierno. No exist¨ªa un l¨ªder de la humanidad. Cada mundo era independiente y ten¨ªa sus propias estructuras de poder independientes de la Tierra. A su vez, la Tierra nunca se hab¨ªa unido en una sola naci¨®n, m¨¢s bien el concepto de naci¨®n se hab¨ªa esfumado hasta ser una sombra de lo que hab¨ªa sido. A medida que los viajes interplanetarios se hab¨ªan vuelto tan comunes como los viajes a¨¦reos en tiempos antiguos, las distancias entre los mundos ya no eran una barrera. La humanidad hab¨ªa alcanzado una era en la que pod¨ªas dar la vuelta al mundo en unos pocos minutos, tomar un caf¨¦ en Marte por la tarde y regresar a dormir a la Tierra por la noche. En este contexto, las divisiones pol¨ªticas entre naciones, los antiguos ¡°pa¨ªses¡±, hab¨ªan perdido gran parte de su relevancia. Con la tecnolog¨ªa actual, las fronteras no ten¨ªan el mismo significado que alguna vez tuvieron, y las diferencias culturales entre los pa¨ªses se hab¨ªan diluido dentro de los propios mundos. Pese a ello, a¨²n exist¨ªa una cultura de la Tierra y otra muy diferente en otros planetas como Marte, lo cual hab¨ªa llevado a generar una independencia entre planetas. If you encounter this story on Amazon, note that it''s taken without permission from the author. Report it. No obstante, la Tierra segu¨ªa siendo la primera entre iguales, el lugar donde todo comenzaba. Y las pol¨ªticas dictadas por el senado de la Tierra r¨¢pidamente se replicaban en otros planetas. Cualquier cambio social que tuviera lugar en el planeta madre, inevitablemente repercut¨ªa en el resto del imperio humano. As¨ª se hab¨ªa dado lugar al periodo hoy conocido como ¡°La dictadura¡±. ¡°La dictadura¡± no fue un fen¨®meno impuesto por la fuerza en un primer momento, m¨¢s bien fue producto de un acuerdo social. Fue el resultado de a?os acumulados de desencanto generalizado con la ¡°casta¡± pol¨ªtica, aquellas personas que se hab¨ªan ¡°apoderado¡± de la humanidad mediante la democracia. Durante a?os, la corrupci¨®n, la incompetencia y la avaricia de los pol¨ªticos hab¨ªan erosionado la fe del pueblo en el sistema. El colapso de las instituciones democr¨¢ticas hab¨ªa sido un evento reclamado por las masas. La gente, harta de promesas vac¨ªas y de una clase dirigente que solo buscaba enriquecerse con el trabajo ajeno, hab¨ªa comenzado a ver a los militares como los ¨²nicos capaces de restaurar el orden y progreso de la humanidad. Y as¨ª, en un acto de desesperaci¨®n colectiva, los ciudadanos de la Tierra comenzaron a tocar las puertas de los cuarteles militares. Les pidieron a gritos que tomaran el control, que pusieran fin al caos, que eliminaran a los corruptos y restauraran el equilibrio social. Los militares, siempre alertas al reclamo popular y con la disciplina que los caracterizaba, respondieron al llamado de las masas. Al principio, fue en un distrito, luego en otro, y luego en otro. La dictadura se extendi¨® como un virus que promet¨ªa liberar a un pueblo oprimido por unos pocos que se pasaron de listos. Lo que en un principio iba a ser un gobierno de transici¨®n se convirti¨® r¨¢pidamente en un r¨¦gimen prolongado. Como suele ocurrir, aquellos que tomaron el poder no estaban dispuestos a soltarlo tan f¨¢cilmente. La transici¨®n prometida nunca lleg¨®. En cambio, los militares consolidaron su control, estableciendo reg¨ªmenes autoritarios en todo el imperio de la humanidad. Las dictaduras militares, que en su origen hab¨ªan sido vistas como un mal necesario, pronto se revelaron como un mal mucho mayor del que se esperaba erradicar. La dictadura ofrec¨ªa orden, s¨ª, pero se pagaba con represi¨®n. La gente ya no sufr¨ªa por la corrupci¨®n de los pol¨ªticos, pero hab¨ªa pagado el precio perdiendo su libertad. Se hab¨ªa establecido un control f¨¦rreo sobre la vida cotidiana. La vigilancia era constante. Cualquier disidencia era sofocada de inmediato. Las instituciones democr¨¢ticas fueron desmanteladas y sustituidas por una estructura de poder basada en la fuerza, el control militar y la supresi¨®n de cualquier tipo de oposici¨®n. En este contexto, nuestro protagonista oculto, ¡°El Observador¡±, era una figura enigm¨¢tica, pero crucial. Si bien la dictadura hab¨ªa sido un fen¨®meno pol¨ªtico y social en la superficie, detr¨¢s de ella, movi¨¦ndose en las sombras, estaba esta entidad misteriosa. Como ya sabemos, con el tiempo, la dictadura fue desmoron¨¢ndose, como todos los reg¨ªmenes autoritarios lo hacen. No hab¨ªa sido derrocada por una revoluci¨®n, ni por un movimiento popular. M¨¢s bien, hab¨ªa ca¨ªdo por su propio peso, por la ineficiencia que acompa?a a todo sistema basado en el miedo y la represi¨®n. Los militares comenzaron a perder el control y, eventualmente, el poder se diluy¨®. Lo que una vez fue un dominio f¨¦rreo sobre la humanidad se fue fragmentando hasta convertirse en una especie de sombra de lo que hab¨ªa sido. Tras la ca¨ªda del r¨¦gimen autoritario, las ¡°naciones privadas¡±, como se les llamaba a las megacorporaciones controladas por una sola familia, fueron las que tomaron el protagonismo. Ya sin una autoridad centralizada que exigiera coimas o favores, o un r¨¦gimen autoritario que mirara a todas las negociaciones privadas con paranoia, el mercado se mov¨ªa con una libertad que no hab¨ªa visto en milenios, y aquellos que hab¨ªan sobrevivido a los cambios pol¨ªticos prosperaron como nunca lo hab¨ªan hecho antes. Estos poderes ten¨ªan toda la libertad que requer¨ªan para explorar este maravilloso universo que se les hab¨ªa presentado con la ca¨ªda de la dictadura: ¡°El otro mundo¡±. El Observador, entonces, no solo hab¨ªa sido el arquitecto de la dictadura, sino tambi¨¦n el responsable de su ca¨ªda. Hab¨ªa logrado que el poder se fragmentara, que se diluyera hasta el punto de no ser m¨¢s que una ilusi¨®n. Para la mayor¨ªa de la humanidad, la dictadura era solo un cap¨ªtulo oscuro del pasado. Pero los que realmente entend¨ªan el juego del poder sab¨ªan que en este nuevo escenario nadie los controlaba. La humanidad nunca hab¨ªa sido tan libre, y eso era exactamente lo que el Observador hab¨ªa planeado. Solo en esa libertad sin precedentes, la humanidad podr¨ªa explorar ¡°el otro mundo¡± con una intensidad sin igual. Pero hab¨ªa un precio. En ese proceso, la humanidad perdi¨® el respeto por lo desconocido, desafiando lo que antes tem¨ªa. La barrera entre ¡°nuestro mundo¡± y ¡°el otro mundo¡± se volv¨ªa m¨¢s delgada, m¨¢s fr¨¢gil, marcando un futuro incierto y peligroso. El Umbral del Despertar (2) Volviendo a nuestra peque?a regi¨®n del mundo. Desde las alturas, el complejo donde se encontraba el laboratorio 32 se extend¨ªa como una red monol¨ªtica, conectada por puentes a¨¦reos y t¨²neles suspendidos, como si el suelo hubiera dejado de ser relevante para la humanidad. Los edificios que formaban este vasto complejo eran de dise?o simple, eficiente y austero, al punto de crearse una sensaci¨®n de claustrofobia al observarlos desde la distancia. Las estructuras estaban tan cerca unas de otras que a menudo parec¨ªan un bloque macizo y continuo. Algunos edificios se alzaban hacia el cielo como rascacielos, otros permanec¨ªan a una altura media, pero todos compart¨ªan la misma est¨¦tica: un negro met¨¢lico, casi opaco, sin ventanales y unas pocas luces de ne¨®n intermitentes que les confer¨ªan un aire alegre y mecanizado. El transporte en esta zona era otra demostraci¨®n del aislamiento extremo que sufr¨ªa este lugar. En efecto, desplazarse por esta ¨¢rea peligrosa era algo estrictamente prohibido. La totalidad del complejo era vigilada las 24 horas del d¨ªa por centinelas rob¨®ticos. Estos guardianes mec¨¢nicos patrullaban el aire y las plataformas superiores, escaneando constantemente, buscando cualquier intruso o actividad sospechosa. Eran figuras de aspecto amenazante, con cuerpos acorazados, visores brillantes y extremidades capaces de moverse con una precisi¨®n mec¨¢nica. Ning¨²n civil pod¨ªa ingresar o siquiera sobrevolar esta zona sin los permisos adecuados, y cualquier nave no autorizada era derribada sin la menor advertencia. Los robots de seguridad no solo estaban programados para proteger, sino tambi¨¦n para observar. Todo lo que ocurr¨ªa dentro del complejo era registrado, analizado y almacenado por las inteligencias artificiales que operaban en lo profundo de las entra?as de los edificios. Toda la log¨ªstica se manejaba con veh¨ªculos a¨¦reos y drones automatizados, que zumbaban incesantemente entre los edificios, accediendo a ellos por sus niveles superiores. Esto a?ad¨ªa una capa de desconexi¨®n: no hab¨ªa ning¨²n contacto con la base f¨ªsica del complejo. El auto volador donde se encontraba nuestro protagonista hab¨ªa salido del estacionamiento hace un buen tiempo y, en cuanto estuvo en el aire libre, los propulsores ajustaron su potencia, llev¨¢ndolo hacia la zona de tr¨¢fico a¨¦reo. A pesar de la velocidad con la que se desplazaba, el viaje fue suave, casi como flotar en una corriente de aire invisible. El tr¨¢fico a¨¦reo en la tierra estaba perfectamente regulado, con carriles tridimensionales que se superpon¨ªan y ajustaban autom¨¢ticamente para evitar colisiones, todo gestionado por un sistema centralizado que conectaba cada veh¨ªculo volador a una red general de control. G¨®mez revis¨® el panel de control mientras el veh¨ªculo se desplazaba. El sistema de navegaci¨®n mostraba su ruta con precisi¨®n milim¨¦trica, gui¨¢ndolo fuera de los per¨ªmetros de parque industrial; hacia las profundidades de la ciudad donde su familia hab¨ªa vivido durante generaciones. Mientras avanzaba, observ¨® c¨®mo la arquitectura cambiaba, de los oscuros y densos bloques de concreto y metal, a las brillantes torres de cristal y acero que caracterizaban el poder¨ªo econ¨®mico del planeta Tierra. La ciudad se ergu¨ªa como un tit¨¢n de metal y cristal, un coloso que parec¨ªa ara?ar las nubes con sus agujas y torres, construidas para impresionar y recordar a todos los que habitaban all¨ª que este planeta era el nacimiento de nuestra civilizaci¨®n. Las torres se alzaban tan alto que las capas superiores desaparec¨ªan en un cielo de un gris difuso. A medida que el auto volador de G¨®mez sub¨ªa o descend¨ªa, la calidad del aire y la densidad de la luz cambiaban, moduladas por la altura y el estatus de quienes viv¨ªan o trabajaban en esos niveles. En las alturas se respiraba otro aire: menos denso, m¨¢s limpio, perfumado incluso con part¨ªculas que simulaban brisas frescas o fragancias tropicales programadas en las torres residenciales. Los ciudadanos de la zona alta hab¨ªan conquistado su lugar mediante influencias, contactos y fortunas acumuladas durante generaciones y generaciones de una brutal batalla por destacar entre la infinidad de humanos que hab¨ªan poblado el universo; ah¨ª, cada departamento era un s¨ªmbolo de exclusividad, dise?ado para bloquear la vista de cualquiera que habitara en las capas inferiores. Las ventanas espejadas de los edificios altos reflejaban la luz de miles de letreros y anuncios hologr¨¢ficos que flotaban en el aire, proyectando mensajes, promociones y servicios. Aqu¨ª, todo estaba envuelto en un ambiente de euforia descontrolada, una alegr¨ªa sin l¨ªmites, como el capricho de un ni?o siempre consentido por sus padres. La Tierra era un lugar donde las preocupaciones del resto de la humanidad parec¨ªan lejanas, separadas por los muros que delimitaban la vida privada de sus exc¨¦ntricos habitantes. Pero debajo de esa fachada y del dise?o pomposo de los edificios urbanos, G¨®mez sab¨ªa que la realidad del planeta madre era muy distinta. Solo ten¨ªa que mirar por la ventanilla hacia abajo para ver la espesa cortina de smog que cubr¨ªa las calles a nivel del suelo, una bruma gris¨¢cea, casi densa como la tierra misma; en algunos puntos, tan impenetrable que convert¨ªa el suelo en una zona invisible. Aquel manto t¨®xico ocultaba lo peor de la humanidad, lo que todos sab¨ªan que exist¨ªa, pero pocos quer¨ªan reconocer. Abajo, entre las sombras de los edificios, la vida se volv¨ªa una pesadilla. La capa m¨¢s baja de la ciudad era poblada por aquellos que sobreviv¨ªan d¨ªa a d¨ªa, sorteando enfermedades, violencia, y una calidad de aire tan envenenada por los desechos de las f¨¢bricas que acortaba la esperanza de vida en lo justo y necesario para evitar que estas personas se convirtieran en un miembro ¡°improductivo¡± para la sociedad. G¨®mez sab¨ªa que las zonas bajas eran un tab¨² para las personas de su clase, incluso siendo un agente, intervenir ah¨ª era casi un acto de rendici¨®n ante la decadencia social. Al mirar hacia esa zona, donde las luces eran pocas y las sombras se mov¨ªan con rapidez y miedo, se percib¨ªa un ambiente en el que la vida era brutal y directa, sin las pintorescas m¨¢scaras sonrientes que adornaban los rostros de las personas que habitaban los pisos altos. La estructura social que gobernaba el planeta madre era una manifestaci¨®n de una realidad cruda y despiadada asumida hace milenios: la supervivencia de la raza humana solo se encontraba amenazada por su propio desinter¨¦s por la procreaci¨®n. Milenios atr¨¢s, el ser humano dej¨® de reproducirse de forma natural, por elecci¨®n, por comodidad, o simplemente por indiferencia. Nadie deseaba hijos, o mejor dicho, ya no hab¨ªa incentivos para traer nuevas vidas al mundo. La tecnolog¨ªa avanzaba a un ritmo que resolv¨ªa todos los problemas de supervivencia: las enfermedades pr¨¢cticamente hab¨ªan desaparecido, las amenazas naturales parec¨ªan superadas, y las guerras entre humanos eran tan lejanas como la invenci¨®n de los robots. Sin embargo, una amenaza silenciosa se cern¨ªa sobre la especie: una extinci¨®n lenta y autoimpuesta. The author''s tale has been misappropriated; report any instances of this story on Amazon. Sin motivos aparentes, la humanidad comenz¨® a reducirse. No hab¨ªa guerras, no hab¨ªa epidemias que diezmaran a la poblaci¨®n; solo hab¨ªa una falta de voluntad por traer m¨¢s humanos al mundo. La reproducci¨®n natural se convirti¨® en una rareza, y la tasa de natalidad rozaba lo insignificante. Cuando el n¨²mero de humanos comenz¨® a caer por debajo de los l¨ªmites cr¨ªticos, la sociedad en su conjunto enfrent¨® una pregunta fundamental: ?C¨®mo sobrevivir¨ªa nuestra especie sin hijos? Fue entonces cuando los l¨ªderes de la humanidad se dieron cuenta de que las cosas deb¨ªan cambiar y mandaron a sus siervos a encontrar soluciones. R¨¢pidamente, las inteligencias artificiales, dise?adas para servir y proteger a sus creadores, tomaron una medida radical: comenzaron a crear humanos. Claro que las creaciones no eran exactamente humanas en el sentido estricto de la palabra. Estos seres, estas ¡°cosas¡±, como se les llamaba despectivamente en estos tiempos, no nac¨ªan de un ¨²tero humano. No hab¨ªa lazos familiares ni herencia cultural o emocional que los ligara a los verdaderos humanos. En su lugar, eran gestados en complejos industriales, en centros de reproducci¨®n que combinaban ingenier¨ªa gen¨¦tica y rob¨®tica para crear seres f¨ªsicamente id¨¦nticos a los humanos, pero sin la chispa de la humanidad en su sentido m¨¢s profundo. Eran producto de algoritmos, dise?ados para servir, obedecer y trabajar en las condiciones m¨¢s adversas, sin quejarse, sin deseos, sin sue?os, sin alma. G¨®mez, al igual que otros humanos de nacimiento natural, ve¨ªa a esos seres no como iguales, sino como herramientas. La sociedad humana, o m¨¢s precisamente, los verdaderos humanos, se ve¨ªan a s¨ª mismos como la c¨²spide de una pir¨¢mide social que ellos mismos hab¨ªan establecido y defend¨ªan con fervor. Vivir en las alturas, en torres que ara?aban el cielo, era su derecho, una manifestaci¨®n f¨ªsica de la separaci¨®n entre ¡°ellos¡± y ¡°las cosas¡±. Era una divisi¨®n que iba m¨¢s all¨¢ de la geograf¨ªa o el estatus econ¨®mico; era una l¨ªnea invisible que determinaba qui¨¦n merec¨ªa llamarse humano y qui¨¦n estaba destinado a sobrevivir entre las sombras, a la densidad opresiva del smog y a la dureza del concreto. Para G¨®mez, su vida era la culminaci¨®n de un linaje humano que hab¨ªa sobrevivido los embates del tiempo y las adversidades. Sus padres le hab¨ªan dado la vida a la antigua, en un acto de voluntad consciente, en donde su madre hab¨ªa llevado el embarazo durante unos largos y agotadores nueve meses. Una duraci¨®n inimaginable en un mundo donde la mayor¨ªa de los seres eran creados en cuesti¨®n de semanas, gestados en c¨¢psulas de reproducci¨®n automatizadas que se alineaban como botellas en una vinoteca. Este sacrificio era tan raro que se consideraba un lujo reservado solo para los humanos aut¨¦nticos, aquellos cuyo valor no se med¨ªa por su utilidad como trabajadores, sino por su esencia como individuos de carne y hueso con historias, deseos y un sentido de pertenencia. Los verdaderos humanos ve¨ªan en esa diferencia un valor incalculable, un motivo de orgullo que justificaba la estructura social. La humanidad, para sobrevivir, hab¨ªa creado vida artificial; pero esos seres, por muy similares que fueran en apariencia, carec¨ªan de la historia y del sentido de prop¨®sito que caracterizaba a los humanos de nacimiento. Hab¨ªa una barrera infranqueable, una diferencia inalienable que manten¨ªa a las ¡°cosas¡± en los niveles bajos, sirviendo y obedeciendo, mientras los humanos aut¨¦nticos ascend¨ªan cada vez m¨¢s, refugi¨¢ndose en su exclusividad y en la idea de que, si alguna vez la humanidad deb¨ªa ser alabada por otros, ellos ser¨ªan los dignos creadores de ese legado. Con el tiempo, esta estructura jer¨¢rquica se replic¨® en todos los mundos conquistados por la humanidad. Desde la Tierra hasta los planetas m¨¢s lejanos, el mismo sistema social se erigi¨® como una fortaleza que proteg¨ªa la esencia de la humanidad de la degradaci¨®n que ve¨ªan en esas ¡°cosas¡±. La pir¨¢mide social era inamovible: en la base estaban aquellos creados para servir, mano de obra barata y reemplazable, sin otra raz¨®n de existencia que la de perpetuar el funcionamiento de las ciudades y mantener en marcha la maquinaria de la sociedad. A medida que uno ascend¨ªa en esta jerarqu¨ªa, la ¡°humanidad¡± de los individuos aumentaba, hasta llegar a los niveles superiores, donde resid¨ªan los verdaderos humanos, aquellos pocos elegidos que llevaban en su sangre el derecho a la vida y que, seg¨²n cre¨ªan, eran los ¨²nicos que verdaderamente contaban en el cosmos. Esta estructura ten¨ªa otra consecuencia m¨¢s sutil, pero profundamente significativa: los verdaderos humanos desarrollaron un desprecio casi visceral hacia los habitantes de los niveles bajos. Las ¡°cosas¡± no solo eran vistas como inferiores; eran consideradas mascotas, como una especie diferente que, aunque serv¨ªa para las tareas m¨¢s pesadas y riesgosas, deb¨ªa permanecer distante, en los l¨ªmites de la sociedad, para no contaminar la esencia de la humanidad aut¨¦ntica. Los altos estamentos crearon leyes, c¨®digos de conducta y regulaciones que reforzaban esta separaci¨®n, asegurando que a las ¡°cosas¡± no se les otorgar¨¢ los mismos derechos que los verdaderos humanos, ni tuvieran acceso a sus niveles de vida, ni mucho menos a sus obligaciones. A lo largo de los a?os, este sistema de segregaci¨®n se convirti¨® en un hecho inamovible, parte del tejido mismo de cada ciudad y de cada colonia espacial. En los mundos humanos, hab¨ªa quien nac¨ªa, quien viv¨ªa y quien simplemente exist¨ªa. Los verdaderos humanos ten¨ªan acceso a todas las comodidades que el avance tecnol¨®gico pod¨ªa ofrecer, y adem¨¢s pose¨ªan el lujo de una identidad, un pasado y una dignidad que los dem¨¢s solo pod¨ªan so?ar. Este estatus se reforzaba continuamente a trav¨¦s de s¨ªmbolos, como la altura de sus viviendas, las exclusivas torres en las que habitaban, y las barreras de acceso, tanto f¨ªsicas como tecnol¨®gicas, que proteg¨ªan su estilo de vida de los habitantes de los niveles inferiores. La dependencia de la humanidad hacia las ¡°cosas¡± para operar la vasta maquinaria industrial, minera y de producci¨®n de bienes que sosten¨ªa las zonas altas era, en el fondo, una elecci¨®n pragm¨¢tica y econ¨®mica. Automatizar cada aspecto de la sociedad a trav¨¦s de la rob¨®tica o la inteligencia artificial habr¨ªa sido un sue?o realizable, pero no sin costos prohibitivos. Los recursos necesarios para mantener la infraestructura tecnol¨®gica y los sistemas de control avanzados eran exorbitantes; requer¨ªan no solo mantenimiento constante, sino tambi¨¦n una actualizaci¨®n regular para prevenir fallas que podr¨ªan poner en riesgo el sistema. Sin embargo, las ¡°cosas¡± eran notablemente econ¨®micas: se las creaba en masa, se las dotaba de la fuerza f¨ªsica necesaria para las tareas m¨¢s arduas y, aunque nac¨ªan con una verdadera voluntad humana, pod¨ªan ser educadas para no cuestionar su falta de lucha contra el sistema que los oprime. Esto las hac¨ªa ideales para los trabajos repetitivos y peligrosos que los robots sofisticados tambi¨¦n pod¨ªan realizar, pero con un costo de fabricaci¨®n y mantenimiento incomparablemente mayor. El Umbral del Despertar (3) Adem¨¢s de la eficiencia econ¨®mica, exist¨ªa un elemento psicol¨®gico y cultural que justificaba esta dependencia. Para los verdaderos humanos, era intr¨ªnseco despreciar aquello que era diferente y, en especial, lo artificial. Aunque estos seres creados en centros de reproducci¨®n eran considerados seres inferiores, en el fondo eran, por su apariencia y comportamiento, m¨¢s ¡°familiares¡± para los humanos que una m¨¢quina met¨¢lica o un androide con una apariencia deshumanizada. Estas ¡°cosas¡± pod¨ªan expresar emociones, seguir ¨®rdenes de forma aut¨®noma y replicar las interacciones humanas. Esto les daba a sus supervisores una sensaci¨®n de control y familiaridad que las m¨¢quinas jam¨¢s podr¨ªan ofrecer. Por otro lado, tambi¨¦n estaba el factor de la confianza. Las inteligencias artificiales avanzadas y los sistemas de automatizaci¨®n completos planteaban un riesgo inherente: el de ser manipulados o saboteados. Un programa inform¨¢tico pod¨ªa ser hackeado o reprogramado para servir los intereses de alguien que buscara el caos. Los temores sobre la facilidad con la que una inteligencia artificial pod¨ªa ser subvertida eran persistentes, especialmente entre la ¨¦lite, que conoc¨ªa de primera mano los peligros de la tecnolog¨ªa malintencionada. Los sistemas automatizados, aunque eficientes, tambi¨¦n ofrec¨ªan una enorme vulnerabilidad si alguien lograba controlar una red de robots. En una sociedad donde los ¡°se?ores¡± de la humanidad ten¨ªan un poder absoluto, no se pod¨ªa permitir que ese poder se pusiera en riesgo por una rebeli¨®n de m¨¢quinas. En cambio, las ¡°cosas¡± no pod¨ªan ser manipuladas con unos pocos c¨®digos malintencionados. Evidentemente, esto tambi¨¦n ten¨ªa un lado negativo y las revueltas sociales en las zonas pobres de la Tierra eran algo com¨²n, pero se manten¨ªan limitadas a los pisos inferiores y raramente afectaban a las ¨¦lites. Incluso si un grupo de ¡°cosas¡± lograba organizar una revoluci¨®n en un planeta o una colonia lejana, el sistema de control de la ¨¦lite contaba con contramedidas extremas, dise?adas precisamente para evitar que una revuelta se extendiera. En caso de una amenaza considerable, bastaba con activar un protocolo de exterminio masivo: se hac¨ªa irrespirable la atm¨®sfera de todo el planeta mediante un sistema de terraformaci¨®n, o se desataba un pulso electromagn¨¦tico devastador que eliminaba a cualquier ser org¨¢nico en un ¨¢rea designada. Las consecuencias ¨¦ticas de esta estructura social eran apenas discutidas, pues para la ¨¦lite el mundo estaba dividido de manera clara y objetiva. Las ¡°cosas¡± exist¨ªan para servir, y los verdaderos humanos ten¨ªan la obligaci¨®n de perpetuar y proteger esa jerarqu¨ªa. Sin embargo, en ciertos c¨ªrculos filos¨®ficos y acad¨¦micos de las zonas altas se daban lugar a debates sobre la moralidad de este sistema. Aunque oficialmente negado, algunos cient¨ªficos e intelectuales planteaban la posibilidad de que estas ¡°cosas¡±, al compartir una gen¨¦tica tan cercana a la humana, podr¨ªan tener potencial para desarrollar un sentido de identidad y conciencia individual no muy diferente del de un humano. Este planteamiento resultaba inc¨®modo, pues suger¨ªa que, en alg¨²n nivel, la explotaci¨®n de las ¡°cosas¡± se parec¨ªa peligrosamente a la esclavitud que la humanidad hab¨ªa dejado atr¨¢s siglos antes. Aun as¨ª, estos debates eran r¨¢pidamente silenciados, y aquellos que expresaban tales opiniones eran marginados o ninguneados. La ¨¦lite ten¨ªa demasiado en juego para permitir que se cuestionara la estructura que hab¨ªa sostenido la estabilidad de su civilizaci¨®n durante generaciones. El miedo al caos, al descontrol y a la posibilidad de que las ¡°cosas¡± tomaran conciencia masiva de su opresi¨®n eran factores suficientes para que se tomaran medidas de censura a tales pensamientos ¡°extremistas¡±. G¨®mez no era ajeno a este sistema. ¨¦l mismo hab¨ªa aprendido desde ni?o a no cuestionar la estructura de la sociedad, sino a entenderla y protegerla. Sab¨ªa que su opini¨®n, aunque aparentemente insignificante, era vital para el mantenimiento de la jerarqu¨ªa. Cualquier intento de las ¡°cosas¡± de ascender o de mejorar sus condiciones de vida era r¨¢pidamente controlado, apagado, y en ocasiones, castigado. No se permit¨ªan desobediencias ni desviaciones, porque cualquier fisura en el sistema pon¨ªa en peligro el equilibrio sobre el que se sustentaba la supervivencia de los verdaderos humanos. De este modo, la existencia de las ¡°cosas¡± no era solo aceptada, sino necesaria para preservar la pureza de los verdaderos humanos. Su servidumbre perpetua era vista como el tributo que deb¨ªan pagar para que la humanidad continuara existiendo, aunque fueran ellos, en gran medida, los que llevaban la carga de sostener a la sociedad. No hab¨ªa lugar para la compasi¨®n ni para el cambio, porque el sistema, tal como estaba, funcionaba. G¨®mez lo entend¨ªa perfectamente: en un mundo en el que los verdaderos humanos escaseaban, cualquier acto de disidencia por parte de los niveles bajos era una amenaza directa a la estabilidad de todo el sistema que sustentaba la comodidad de su estado de vida. En lo alto, protegido por las barreras de la tecnolog¨ªa y el status, G¨®mez miraba hacia abajo sin remordimientos, sin dudas. Porque para ¨¦l, la separaci¨®n era no solo necesaria, sino justa: en las profundidades del smog y la penumbra, las ¡°cosas¡± cumpl¨ªan su funci¨®n, y ¨¦l, desde las alturas, cumpl¨ªa la suya. Aunque gran parte del sistema se sustentaba en la falta de empat¨ªa del humano y su eterna capacidad para autojustificarse. La existencia de las ¡°cosas¡± era una paradoja m¨¢s profunda de lo que el concepto de estratos sociales aparentaba a simple vista. En apariencia, estas r¨¦plicas de humanos eran id¨¦nticas: ten¨ªan la misma estructura biol¨®gica, los mismos ¨®rganos, e incluso manifestaban emociones y pensamientos complejos como lo hac¨ªa cualquier humano. Y sin embargo, algo fundamental las diferenciaba de los verdaderos humanos. Este algo, en una sociedad altamente tecnol¨®gica y supuestamente racional, se refer¨ªa a un concepto que muchos hubieran considerado superstici¨®n: el alma. Un vestigio de ¨¦pocas antiguas, un concepto que parec¨ªa un anacronismo, pero que, en realidad, conten¨ªa una verdad profunda y verificable que no pod¨ªa ser ignorada. En una era donde la ciencia hab¨ªa revelado todos los secretos del universo material, el alma permanec¨ªa como una de las pocas realidades que escapaban a toda explicaci¨®n l¨®gica. Los cient¨ªficos del pasado no hab¨ªan prestado mucha atenci¨®n a este fen¨®meno, descart¨¢ndolo como una fantas¨ªa religiosa. Pero en los ¨²ltimos siglos, la situaci¨®n cambi¨® dr¨¢sticamente cuando algunos de los principales intelectuales lograron pruebas indiscutibles de su existencia. Las evidencias se filtraron al p¨²blico de manera controlada, y en cuesti¨®n de a?os, la humanidad descubri¨® que el alma no era solo un s¨ªmbolo filos¨®fico, sino una entidad real, hereditaria y fundamental para una habilidad vital en estos tiempos: la exploraci¨®n del ¡°otro mundo¡±. The author''s tale has been misappropriated; report any instances of this story on Amazon. Aunque las revelaciones acerca de su existencia eran recientes, la humanidad hab¨ªa empezado a atisbar sus posibilidades desde tiempos ancestrales a trav¨¦s de experiencias cercanas a la muerte, sue?os l¨²cidos, o visiones. Sin embargo, con la llegada de pruebas cient¨ªficas y tecnolog¨ªa avanzada, qued¨® claro que el otro mundo no era una simple construcci¨®n mental; era un dominio al que solo pod¨ªan acceder aquellos dotados de un alma genuina, esa esencia intangible que, seg¨²n los estudiosos, se gestaba de manera exclusiva en el proceso de reproducci¨®n natural y no hab¨ªa forma de falsificar. El alma, entonces, se convirti¨® en el ¨²ltimo y m¨¢s valioso recurso de la humanidad. Solo los humanos aut¨¦nticos pod¨ªan portarla, ya que solo se generaba mediante la concepci¨®n natural. Ning¨²n proceso de ingenier¨ªa gen¨¦tica, ninguna intervenci¨®n rob¨®tica, ni los m¨¢s avanzados centros de reproducci¨®n hab¨ªan logrado replicar este fen¨®meno. Las ¡°cosas¡± creadas en f¨¢bricas y criaderos tecnol¨®gicos no pose¨ªan esta chispa. Eran perfectamente funcionales para las tareas f¨ªsicas y mentales, pero carec¨ªan de la capacidad esencial que permit¨ªa a un ser humano conectar con el otro mundo. M¨¢s all¨¢ de las m¨²ltiples preguntas que gener¨® el descubrimiento racional y cient¨ªfico del alma, gran parte de la ¨¦lite de la humanidad, los descendientes de aquellos que a¨²n contaban con un alma y un linaje puro, consideraban al otro mundo como un territorio sagrado, un lugar que les pertenec¨ªa por derecho. Su acceso restringido a aquellos con alma significaba que solo los verdaderos humanos pod¨ªan participar en esta exploraci¨®n, y esto reafirmaba su posici¨®n en la c¨²spide de la pir¨¢mide social. En este contexto, las ¡°cosas¡± eran simples herramientas, creadas para sostener el mundo material y garantizar la supervivencia de las ¨¦lites, mientras estas dedicaban su tiempo y recursos a la investigaci¨®n del otro mundo. La proliferaci¨®n de las ¡°cosas¡± en los estratos bajos de la sociedad, hacinadas en los bloques industriales, trabajando en f¨¢bricas y sirviendo a sus amos humanos, no era m¨¢s que un mecanismo para mantener en funcionamiento la infraestructura de los mundos conquistados. Mientras las ¡°cosas¡± se ocupaban de las labores cotidianas, los verdaderos humanos pod¨ªan concentrarse en lo verdaderamente importante: la trascendencia de su especie en esta nueva dimensi¨®n. Con el descubrimiento de la existencia del alma y la revelaci¨®n de su v¨ªnculo exclusivo con el otro mundo, surgi¨® tambi¨¦n una corriente de teor¨ªas conspirativas, rumores y especulaciones entre aquellos pocos que ten¨ªan conocimiento del tema. Se dec¨ªa que los intelectuales que hab¨ªan logrado estos descubrimientos hab¨ªan mantenido en secreto gran parte de la informaci¨®n durante milenios, reserv¨¢ndola solo para la parte m¨¢s importante de la ¨¦lite y manipulando el conocimiento general del p¨²blico. Estos conspiranoicos no estaban equivocados y Gomez pod¨ªa atestiguar sus palabras. Esta realidad a?ad¨ªa una capa de iron¨ªa y de tensi¨®n al sistema social. Mientras las ¡°cosas¡± continuaban con su existencia mec¨¢nica, sin acceso al otro mundo, las ¨¦lites se entregaban a pr¨¢cticas cada vez m¨¢s esot¨¦ricas, en un esfuerzo por conectar con esa dimensi¨®n desconocida. Los verdaderos humanos, conscientes de su privilegio y de la exclusividad de su herencia, se aferraban a esta estructura con una mezcla de reverencia y paranoia, temerosos de que alg¨²n d¨ªa alguien pudiera despojarles del alma que los diferenciaba de las ¡°cosas¡±. En un universo donde la tecnolog¨ªa resolv¨ªa todos los problemas pr¨¢cticos, la conexi¨®n con el otro mundo se hab¨ªa convertido en el ¨²ltimo campo de batalla de la humanidad, el ¨²nico en el que se pod¨ªan ganar o perder posiciones. Era tambi¨¦n la ¨²ltima l¨ªnea de patriotismo que los vinculaba con sus ancestros, un recurso que no pod¨ªa ser reproducido ni manipulado. A pesar de esto, algunos humanos aut¨¦nticos viv¨ªan con la inquietante duda de que la humanidad se hab¨ªa vuelto tan dependiente de las ¡°cosas¡± que, en alg¨²n punto, las propias ¨¦lites comenzaran a verlas como necesarias para su propia supervivencia. Sab¨ªan que sin la labor incesante y sumisa de las ¡°cosas¡±, las ciudades no funcionar¨ªan, la tecnolog¨ªa no se mantendr¨ªa, y la econom¨ªa se desmoronar¨ªa. La paradoja era brutal: depend¨ªan de seres que despreciaban, que consideraban inferiores, pero que resultaban indispensables para la vida material, mientras que ellos, los verdaderos humanos, buscaban algo que trascend¨ªa ese plano material. G¨®mez, aunque distante de este concepto que resonaba en la cabeza de los exploradores del otro mundo, comprend¨ªa que no faltaban motivos para querer dominar este misterioso poder, pero la necesidad de un alma era un freno importante para lograr esta meta. Al descubrirse que el alma era la clave de acceso a ese otro plano de existencia y que su posesi¨®n estaba restringida a los humanos nacidos de manera natural, la ¨¦lite comprendi¨® su propia importancia en un sentido casi c¨®smico. Esta conciencia de s¨ª mismos incentiv¨® a las clases superiores a buscar y preservar su linaje. Sin embargo, el proceso de reproducci¨®n se convirti¨® en un problema, y la baja natalidad de las ¨¦lites se volvi¨® una de las principales amenazas para la continuidad de la exploraci¨®n. La soluci¨®n, aunque nunca oficial, fue el hedonismo. Para los que pose¨ªan un alma, la sociedad fomentaba una cultura de disfrute y est¨ªmulo sensorial que iba m¨¢s all¨¢ de la mera supervivencia. La indulgencia en placeres f¨ªsicos y mentales, as¨ª como la b¨²squeda de la belleza y el amor, se volvieron no solo aceptables sino incentivados. Mientras el resto de la sociedad, las ¡°cosas¡±, estaba relegada a una existencia utilitaria, sin acceso a estos privilegios, los verdaderos humanos gozaban de una vida de comodidades y experiencias sensoriales que manten¨ªan su deseo de vivir y reproducirse. Las instituciones sociales, las modas, los eventos y las artes giraban en torno a estos placeres, con el objetivo ¨²ltimo de estimular a los miembros de la ¨¦lite a procrear. Era una estrategia silenciosa y sutil, pero tremendamente efectiva: en vez de presionarlos a tener hijos, se les rodeaba de una atm¨®sfera en la que procrear fuera ¡°el siguiente gran paso¡±. Sin embargo, esta estructura hedonista no fue suficiente para garantizar una alta tasa de natalidad. En consecuencia, comenzaron a crearse rituales y ceremonias que enaltec¨ªan la concepci¨®n natural como un acto espiritual y sagrado. Tener un hijo era, en cierto sentido, contribuir a la salvaci¨®n de la humanidad. Cada nuevo nacimiento de un ni?o con alma representaba un potencial defensor del ¡°nivel humano¡±, y su mera existencia aumentaba la capacidad de la humanidad para conectar y entender el otro plano sin atraer demasiado la atenci¨®n de las entidades que resid¨ªan en ¨¦l. El Umbral del Despertar (4) Esta baja natalidad, no obstante, ten¨ªa tambi¨¦n un prop¨®sito oculto. De alguna manera, la humanidad hab¨ªa aprendido que mantenerse en n¨²meros reducidos actuaba como una especie de camuflaje ante las fuerzas sobrenaturales que pod¨ªan cruzar entre mundos. Las investigaciones y los escritos antiguos reflejaban una tendencia hist¨®rica en la que, a mayor poblaci¨®n con alma, m¨¢s frecuentes y peligrosas eran las manifestaciones paranormales. La ¨¦lite de intelectuales y cient¨ªficos hab¨ªa logrado documentar que estas entidades del otro mundo parec¨ªan detectar la presencia de almas en mayor medida cuando hab¨ªa grandes concentraciones de personas. Este fen¨®meno era una de las causas por las cuales la humanidad, desde tiempos ancestrales, hab¨ªa experimentado una especie de autocontrol poblacional, casi como si existiera una advertencia grabada en su inconsciente colectivo: ¡°demasiada visibilidad atrae el peligro.¡± La historia estaba llena de eventos en los que los propios humanos parec¨ªan volverse su peor enemigo, saboteando su expansi¨®n o inclin¨¢ndose hacia la extinci¨®n con el fin de protegerse de los peligros invisibles. Durante la era preindustrial, ya hab¨ªa rumores de experiencias inexplicables y fen¨®menos paranormales, se?ales de que algo se desbordaba en el l¨ªmite entre ambos mundos. Mientras las ciudades crec¨ªan y las primeras grandes concentraciones urbanas surg¨ªan, aparecieron los primeros registros de sucesos que la ciencia no pod¨ªa explicar, indicios de que la humanidad hab¨ªa comenzado a llamar la atenci¨®n de entidades no humanas. Este despertar, sin embargo, no fue un accidente. Las ¨¦lites sab¨ªan, instintivamente o por herencia cultural, que exist¨ªa un l¨ªmite en cuanto a cu¨¢ntas almas pod¨ªa haber en el mundo sin que se produjeran efectos adversos. Por eso, desde la ¨¦poca industrial y hasta el final del destape, se desarroll¨® una especie de contenci¨®n natural: la gente simplemente dejaba de tener hijos. A medida que el n¨²mero de almas disminu¨ªa, los eventos paranormales parec¨ªan reducirse en frecuencia e intensidad, como si el otro mundo volviera a perder inter¨¦s en la humanidad. Este mecanismo, aunque aparentemente irracional, se convirti¨® en una forma de supervivencia para los verdaderos humanos. En la era de G¨®mez, la humanidad hab¨ªa superado ese miedo, ya ten¨ªa experiencia luchando contra lo paranormal y cre¨ªa poder defenderse de lo que fuera que esperar¨¢ del otro lado. La expansi¨®n de la humanidad a trav¨¦s del universo jugaba tambi¨¦n a su favor. Los exploradores espaciales, en busca de nuevas fronteras, desarrollaron colonias en planetas y sat¨¦lites lejanos, lo que extendi¨® a los humanos a distancias tan grandes que, incluso si sus almas fueran detectadas, las posibilidades de que llamaran la atenci¨®n eran m¨ªnimas. El universo era tan vasto y los verdaderos humanos tan pocos que las probabilidades de encontrarlos en el inmenso oc¨¦ano c¨®smico eran casi nulas. Era una estrategia de dispersi¨®n que proteg¨ªa a la humanidad y le daba tiempo para estudiar, entender y, si era posible, controlar las interacciones con el otro mundo sin comprometer su existencia. Volviendo a la actualidad, pese a que la vida en los pisos inferiores era miserable, lo cierto es que tampoco era tan diferente a como hab¨ªa sobrevivido la humanidad antes de controlar la naturaleza. Al bajar, el dise?o de la arquitectura cambiaba dr¨¢sticamente: ya no hab¨ªa torres de cristal reluciente, ni luces de ne¨®n estilizadas. En su lugar, predominaban bloques compactos de concreto desgastado y metal corro¨ªdo, como si esos edificios hubieran sido construidos solo para sostenerse en pie en medio de las hostilidades de la vida urbana y no para ser vistos ni admirados. Las ventanas, cuando las hab¨ªa, estaban protegidas con rejas oxidadas, y muchas de las calles, desprovistas de vegetaci¨®n, daban la impresi¨®n de ser parte de un laberinto industrial m¨¢s que de una ciudad habitada. El tr¨¢fico a¨¦reo, denso y rigurosamente controlado por sistemas automatizados, manten¨ªa los autom¨®viles en estratos espec¨ªficos; solo los humanos aut¨¦nticos pod¨ªan volar a ciertas alturas. Al descender la vista de G¨®mez, el flujo de veh¨ªculos se desorganizaba y la densidad del tr¨¢fico aumentaba notablemente. Las capas inferiores de la ciudad se cerraban sobre s¨ª mismas, el horizonte se desvanec¨ªa en la bruma y el ambiente se tornaba opresivo. Las luces parpadeantes y los carteles rotos dejaban ver apenas sus mensajes publicitarios, componiendo un panorama sombr¨ªo. Aqu¨ª, la tecnolog¨ªa mostraba su desgaste: veh¨ªculos voladores con fallos visibles, drones de vigilancia reparados con parches, y se?ales de ne¨®n titilantes e irregulares. El progreso y el lujo parec¨ªan ajenos a estos niveles. Unauthorized reproduction: this story has been taken without approval. Report sightings. Para G¨®mez, la miseria era parte de lo cotidiano. La vida en la Tierra era aburrida y sencilla: todo el mundo entra a su trabajo, hace lo necesario para destacar y sale con una ¡°buena¡± paga. Sin embargo, los problemas derivados de vivir en un planeta tan sobrepoblado eran evidentes: por un lado, el orden y el control no alcanzaban el nivel de otros mundos m¨¢s organizados, dando lugar a que incluso los miembros de la ¨¦lite debieran coexistir con los miserables. Por otro lado, la Tierra se hab¨ªa convertido en una torre de edificaciones superpuestas, donde las zonas m¨¢s antiguas, situadas en las bases, eran est¨¦ticamente poco agradables. Como exagente, G¨®mez no sent¨ªa inter¨¦s en cambiar esa realidad ni en imaginar la vida de quienes habitaban debajo de ¨¦l. Su atenci¨®n estaba en el panel de control, en los sistemas que manten¨ªan su veh¨ªculo alineado y en la ruta predeterminada que deb¨ªa seguir. Sab¨ªa que, mientras permaneciera en el auto, estaba seguro, protegido por las capas de seguridad que las autoridades hab¨ªan impuesto para que nadie de los niveles bajos pudiera interferir con los de arriba. A medida que el veh¨ªculo de G¨®mez se acercaba al destino, los sensores detectaban las capas de smog y ajustaban autom¨¢ticamente los filtros de aire en la cabina, protegi¨¦ndolo del aire envenenado. Sin embargo, el aire fuera del auto era tan denso que incluso los sistemas de ventilaci¨®n comenzaban a emitir un leve zumbido, una se?al de que la contaminaci¨®n de esas capas no era nada que pudiera ignorarse. Desde su ventanilla, G¨®mez observ¨® las sombras de personas movi¨¦ndose a trav¨¦s del smog, figuras que parec¨ªan fantasmas, movi¨¦ndose de un lado a otro con rapidez, como si estuvieran acostumbrados a moverse en la penumbra. Los rostros apenas se distingu¨ªan, y en algunas esquinas, los puntos de luz que emerg¨ªan parec¨ªan fuegos improvisados o l¨¢mparas de baja intensidad que apenas iluminaban la esquina de un edificio. Nadie miraba hacia arriba, nadie parec¨ªa siquiera registrar que en ese momento un auto volador pasaba arriba de ellos. Era un mundo aparte, un mundo que ¨¦l solo observaba como un observador silencioso. El tr¨¢fico a¨¦reo era constante, pero silencioso, un flujo de aeronaves y autom¨®viles voladores que se mov¨ªan en l¨ªneas precisas, sin interferencias ni choques. Era impresionante c¨®mo la humanidad hab¨ªa evolucionado a lo largo de los a?os, c¨®mo todo se hab¨ªa automatizado para funcionar de manera eficiente, sin margen para el error. Pero en su mente, el caos del d¨ªa segu¨ªa reverberando, como un eco persistente que no pod¨ªa dejar de escuchar. Repasaba los momentos vividos en la agencia, las misiones cumplidas, las charlas con sus compa?eros. Hab¨ªa vivido para el trabajo, y ahora, al estar sin ¨¦l, se encontraba como un n¨¢ufrago en un mar de horas vac¨ªas. G¨®mez mir¨® el panel de navegaci¨®n con cierta tristeza. No se dirig¨ªa a ning¨²n sitio que realmente pudiera llamar ¡°hogar¡±; lo esperaba un apartamento vac¨ªo, sin nadie de carne y hueso que lo recibiera. Nunca hab¨ªa tenido esposa, ni hijos; hab¨ªa dedicado su vida al trabajo, y ahora sent¨ªa el vac¨ªo llenando cada rinc¨®n de su existencia. La ¨²nica ¡°familia¡± que pose¨ªa estaba compuesta por un pu?ado de androides antiguos que hab¨ªa heredado, casi como reliquias, de generaciones pasadas de su familia. Eran androides obsoletos, algunos apenas funcionales, y otros mantenidos ¨²nicamente por la nostalgia. Con cada generaci¨®n, se hab¨ªan ido acumulando en su hogar, y, por razones de respeto a las tradiciones familiares, jam¨¢s hab¨ªa considerado la idea de deshacerse de ellos. La falta de una familia propia hab¨ªa sido siempre su elecci¨®n; nunca tuvo tiempo para construir una vida fuera de su profesi¨®n. Las largas jornadas, las misiones de alto riesgo y el compromiso absoluto con el deber le hab¨ªan dejado poco margen para relaciones duraderas. Pero eso nunca le molest¨®, o al menos eso se dec¨ªa a s¨ª mismo. No obstante, la realidad le golpe¨® duro. Sin los compa?eros del trabajo, los androides que ten¨ªa en casa parec¨ªan ser la ¨²nica ¡°familia¡± que le quedaba. El auto en el que viajaba G¨®mez finalmente disminuy¨® su velocidad, flotando en descenso controlado hacia el ¡°helipuerto¡± privado que daba entrada a su departamento. La torre de cristal donde viv¨ªa era un rascacielos impresionante, un testamento a la gloria y prestigio de la familia del agente G¨®mez, la cual si bien nunca fue demasiado rica, a¨²n le hab¨ªa dejado de herencia este bonito departamento en el planeta m¨¢s importante de la humanidad. Al llegar, el veh¨ªculo se pos¨® suavemente sobre la plataforma de aterrizaje y las puertas se deslizaron hacia los lados con un siseo. G¨®mez sali¨®, sus zapatos resonando levemente sobre la superficie met¨¢lica. El fr¨ªo viento soplaba desde las alturas, cortante y seco, pero no lo sinti¨®; su mente estaba atrapada en los eventos del d¨ªa, en la crudeza de su despido y en el eco de las palabras de su superior, cargadas de frialdad y determinaci¨®n. El Ojo que Todo lo Ve (1) El acceso al departamento era directo, a trav¨¦s de una puerta de vidrio que se abr¨ªa mediante una inteligencia artificial. La tecnolog¨ªa cumpli¨® con su trabajo sin demora, y la puerta se desliz¨® para dejarlo entrar. El vest¨ªbulo de su hogar, a pesar de estar rodeado de luces y mobiliario de dise?o minimalista, irradiaba una extra?a sensaci¨®n de vac¨ªo. El departamento ten¨ªa tres pisos y era complicado no considerarlo una mansi¨®n suspendida en el aire, pero aunque lujosa, carec¨ªa de la calidez que otras casas m¨¢s modestas pod¨ªan tener. Las paredes eran de un blanco impoluto, interrumpidas solo por obras de arte abstracto que su abuelo hab¨ªa coleccionado obsesivamente. Los suelos de m¨¢rmol negro reluc¨ªan bajo las luces indirectas, reflejando de manera distorsionada cada rinc¨®n del lugar. Desde donde estaba de pie, pod¨ªa ver la sala principal, que se extend¨ªa en un espacio abierto y minimalista, con ventanales que abarcaban de piso a techo y dejaban ver la ciudad en todo su esplendor. La capital de la humanidad palpitaba como un ente vivo, pero para ¨¦l, era un espect¨¢culo desprovisto de significado, un recordatorio de que no todos estaban solos en este mundo. Al adentrarse en su hogar, G¨®mez fue recibido por un sonido met¨¢lico, una voz monocorde y sin emoci¨®n. Era un androide antiguo y de movimientos torpes, se activ¨® autom¨¢ticamente al sentir la presencia de su due?o. Su estructura era humanoide, pero no era un sint¨¦tico, su cara no mostraba expresi¨®n alguna y su esqueleto de metal estaba cubierto con una fina capa de material pl¨¢stico amarillento en un intento fallido de parecer m¨¢s amigable. Era uno de los primeros modelos en la l¨ªnea de androides dom¨¦sticos y hab¨ªa pertenecido a su tatarabuelo. Aunque sus circuitos estaban desgastados, el androide a¨²n lograba realizar el protocolo de bienvenida y trabajaba como el mayordomo de la casa. Se inclin¨® con cierta dificultad y, con voz met¨¢lica y algo distorsionada, le dio la bienvenida a casa, record¨¢ndole la misma rutina que hab¨ªa visto repetirse durante varias d¨¦cadas. ¡ªBienvenido, se?or G¨®mez. He detectado signos de fatiga y estr¨¦s. ?Desea que le prepare una bebida relajante? Aquel ritual mec¨¢nico, aunque anticuado y casi obsoleto, le arranc¨® una leve sonrisa. Era una tradici¨®n que no hab¨ªa cambiado, sin importar cu¨¢nto lo hiciera el mundo a su alrededor. El androide, al que ¨¦l hab¨ªa decidido no recordar su nombre por una raz¨®n que ya no recordaba, inclin¨® levemente la cabeza al notar la falta de respuesta de su due?o. G¨®mez lo mir¨® por un instante, percibiendo la fr¨ªa exactitud de sus movimientos, y neg¨® con un gesto cansado. ¡ªNo. Estoy bien. Solo... d¨¦jame estar en paz por un rato. La m¨¢quina parpade¨® como si procesara la orden y se retir¨® al rinc¨®n que ocupaba cuando no estaba en uso. Era una escena que se hab¨ªa repetido tantas veces en los ¨²ltimos a?os, tan rutinaria que casi se volv¨ªa un reflejo autom¨¢tico en su vida. Sin embargo, este d¨ªa, despu¨¦s de lo vivido, todo ten¨ªa un tinte m¨¢s amargo. El tr¨ªplex estaba lleno de ausencias. Las estanter¨ªas de vidrio con libros antiguos, herencia de su tatarabuelo, estaban ordenadas con meticulosa precisi¨®n, pero nadie las tocaba. Los sillones de cuero negro eran tan perfectos y nuevos como el d¨ªa en que se los trajeron. Solo la mesa de centro de madera noble, ara?ada y manchada en sus bordes, mostraba alg¨²n indicio de uso y tiempo, un peque?o vestigio de humanidad en medio de una perfecci¨®n est¨¦ril. G¨®mez camin¨® lentamente hacia uno de los ventanales y apoy¨® la frente contra el fr¨ªo cristal, mirando hacia el bullicio de la ciudad iluminada por miles de luces. Se pregunt¨® cu¨¢nto tiempo m¨¢s podr¨ªa mantenerse all¨ª, en esa jaula que hab¨ªa heredado. Sus padres hab¨ªan dejado un legado que ¨¦l hab¨ªa intentado honrar toda su vida. Y ahora, tras ser expulsado de la fundaci¨®n, la sensaci¨®n de haber fallado era un peso insoportable sobre sus hombros. El silencio fue interrumpido solo por el zumbido lejano de las aeronaves y la tenue vibraci¨®n de la ciudad que se filtraba a trav¨¦s de los muros. El mayordomo, desde su rinc¨®n, monitoreaba los signos vitales de G¨®mez sin hacer ning¨²n comentario. Sab¨ªa que no era su lugar ofrecer apoyo emocional, pero estaba programado para responder si detectaba una se?al de peligro inminente en la salud de su due?o. En ese momento, la respiraci¨®n pesada y el pulso acelerado de G¨®mez casi lo activaron, pero el androide permaneci¨® inm¨®vil, obedeciendo la orden de mantener su distancia. El agente retirado se gir¨® finalmente y avanz¨® hasta el gran escritorio de caoba que dominaba un extremo de la sala. All¨ª, un mapa antiguo de la ciudad colgaba de la pared, cubierto de anotaciones y marcas que hab¨ªa hecho en los a?os en que investigaba. Sus dedos rozaron una de las anotaciones, un recordatorio de una misi¨®n que hab¨ªa cambiado el curso de su carrera, y por un momento, una oleada de nostalgia se mezcl¨® con el dolor de la derrota. Con un suspiro, se dej¨® caer en la silla que se encontraba tras el escritorio. Sus ojos, cansados y tensos, se posaron sobre una peque?a caja met¨¢lica en un estante cercano. Dentro de ella, se encontraba una colecci¨®n de antiguos chips de datos que hab¨ªa recopilado a lo largo de su carrera. Algunos conten¨ªan informaci¨®n clasificada, otros eran recuerdos de sus misiones m¨¢s arriesgadas. La tentaci¨®n de sumergirse en aquellos datos era fuerte, pero sab¨ªa que hacerlo solo le recordar¨ªa todo lo que hab¨ªa perdido. If you encounter this story on Amazon, note that it''s taken without permission from the author. Report it. G¨®mez cerr¨® los ojos, dejando que el agotamiento finalmente se apoderara de ¨¦l. La quietud de la sala y el fr¨ªo de un d¨ªa agotador se fusionaron en un manto de silencio que parec¨ªa envolverlo, denso y opresivo. Su mente se desliz¨® hacia el vac¨ªo, un espacio donde los recuerdos de misiones pasadas, nombres y rostros se mezclaban en una mara?a sin sentido. Sin embargo, aquella calma moment¨¢nea fue breve, interrumpida por un latido sordo en su pecho que lo devolvi¨® al presente. Abri¨® los ojos lentamente, enfrent¨¢ndose de nuevo al mar de luces que se extend¨ªa m¨¢s all¨¢ del ventanal. Las pulsaciones de la ciudad, con su caos ordenado y su bullicio sofocado por el vidrio, lo observaban, indiferentes a su dilema. Hab¨ªa algo profundamente desconcertante en esa indiferencia, una sensaci¨®n que le recordaba su insignificancia, incluso en el tr¨ªplex que hab¨ªa sido el orgullo de su familia. Se levant¨®, incapaz de soportar la inmovilidad, y camin¨® por la estancia. Sus pasos resonaban con un eco fr¨ªo sobre el m¨¢rmol negro, un sonido que, aunque d¨¦bil, se hac¨ªa m¨¢s fuerte en su cabeza. Pas¨® la yema de los dedos por el lomo de algunos de los libros que su tatarabuelo hab¨ªa coleccionado. Obras cl¨¢sicas sobre filosof¨ªa, ocultismo, religi¨®n y esoterismo descansaban juntas en una suerte de armon¨ªa ca¨®tica, un testimonio de la mente inquieta y curiosa de su antecesor. El agente deduc¨ªa que su tatarabuelo hab¨ªa sido la semilla que plant¨® en su linaje el inter¨¦s por lo oculto y lo esot¨¦rico, un legado que hab¨ªa perdurado en su familia hasta el d¨ªa de hoy. Gomez conoc¨ªa muy poco de este hombre, su abuelo dec¨ªa que hab¨ªa sido un hombre de mente retorcida, un estudioso obsesivo que pasaba horas perdido entre los textos antiguos, intentando desentra?ar los misterios que la humanidad hab¨ªa olvidado o decidido ignorar. Pero, curiosamente, jam¨¢s se hab¨ªa unido a la Fundaci¨®n A.P.D., lo que a?ad¨ªa una capa m¨¢s de misterio a su figura. ?Qu¨¦ hab¨ªa descubierto que lo mantuvo alejado de la organizaci¨®n? ?Hab¨ªa sabido algo que los dem¨¢s no? El dedo de G¨®mez se detuvo en un volumen especialmente antiguo y ajado. La portada era de un color oscuro, casi negro, y en el centro ten¨ªa grabado el mismo s¨ªmbolo de la Fundaci¨®n: Una pir¨¢mide con un ojo acechante en su interior. Este ojo, sin embargo, era diferente al que conoc¨ªa. Parec¨ªa m¨¢s desgastado, m¨¢s humano en sus detalles, con l¨ªneas que suger¨ªan un cansancio inexplicable, como si hubiera visto demasiado. La Fundaci¨®n A.P.D., una de las organizaciones m¨¢s secretas y antiguas que exist¨ªan, ten¨ªa or¨ªgenes que incluso sus miembros desconoc¨ªan por completo. Los relatos que hab¨ªa o¨ªdo cuando ingres¨® por primera vez al laboratorio 32 eran variados y a menudo contradictorios. Algunos dec¨ªan que los fundadores de la Fundaci¨®n hab¨ªan sido iluminados por una visi¨®n m¨ªstica, una revelaci¨®n que les dio el prop¨®sito de salvaguardar y descubrir el conocimiento oculto. Otros sosten¨ªan que era un grupo disidente de los Illuminati, solo hab¨ªa que mirar la similitud entre los s¨ªmbolos, pod¨ªa ser una facci¨®n que hab¨ªa decidido que la verdad deb¨ªa ser protegida y no utilizada para la manipulaci¨®n de las masas. Sea como fuera, los registros escritos sobre el origen de la organizaci¨®n se hab¨ªan perdido en alg¨²n punto de la historia, y la tradici¨®n oral que deb¨ªa preservar su legado se hab¨ªa diluido con el tiempo. G¨®mez reflexionaba sobre esto mientras su mirada pasaba de un libro a otro, como si buscara respuestas en el silencio de la biblioteca familiar. Hab¨ªa o¨ªdo las historias de su abuelo, un hombre que hab¨ªa sido miembro de la Fundaci¨®n antes que ¨¦l y que, seg¨²n los pocos recuerdos que conservaba, era serio y reservado. Lo que m¨¢s destacaba en su memoria eran las conversaciones que su madre alguna vez hab¨ªa compartido con ¨¦l, antes de desaparecer en circunstancias que a¨²n no lograba entender del todo. G¨®mez recordaba que, en esos d¨ªas, su madre trataba de convencer a su padre sobre la necesidad de abandonar el trabajo y concentrarse en lo que era importante, de no permitir que el trabajo lo consumiera, pero su abuelo nunca renunci¨® a la Fundaci¨®n. Ni mucho menos lo obligaron a renunciar como a ¨¦l le hab¨ªa tocado vivir. El tiempo en la Fundaci¨®n le hab¨ªa ense?ado a G¨®mez que la curiosidad pod¨ªa ser tanto un don como una maldici¨®n. El conocimiento esot¨¦rico ten¨ªa un precio, y a menudo ese precio era la cordura o la vida misma. Sus dedos se detuvieron sobre un libro cuyas hojas estaban marcadas con anotaciones en los m¨¢rgenes, garabatos en una caligraf¨ªa fren¨¦tica que suger¨ªa un estado mental al borde del colapso. Eran notas de su tatarabuelo, pensamientos dispersos que hablaban de rituales antiguos y protecciones arcanas, de barreras que pod¨ªan ser levantadas contra lo que acechaba en las sombras y de dimensiones que pod¨ªan ser exploradas si uno encontraba las puertas adecuadas. No era la primera vez que G¨®mez ve¨ªa este tipo de anotaciones; la hab¨ªa encontrado en otros documentos que hab¨ªa revisado en la Fundaci¨®n, documentos que siempre parec¨ªan terminar abruptamente o con p¨¢ginas arrancadas, como si alguien hubiera decidido que el resto de la informaci¨®n deb¨ªa mantenerse fuera del alcance. Una de las anotaciones mencionaba el ¡°Ritual Secreto¡±, un rito destinado a esconder a un objeto de las miradas que todo lo ven, de aquellos que no solo buscaban conocimiento, sino que lo vigilaban y lo reclamaban como propio. G¨®mez frunci¨® el ce?o al leer esa l¨ªnea. Este ritual deb¨ªa ser el mismo que Thomas Smith hab¨ªa utilizado para esconder el libro que Jonathan Parker hab¨ªa recuperado de su ¨²ltima misi¨®n como agente de la fundaci¨®n. Era una extra?a coincidencia que su tatarabuelo hubiera dejado este ritual escrito en los m¨¢rgenes de uno de sus libros, pero tampoco era tan extra?a considerando que el ritual deb¨ªa ser de uso com¨²n, considerando que el mismo ya se encontraba en la base de datos de la fundaci¨®n. La familia de G¨®mez hab¨ªa sido testigo de la historia reciente de la Fundaci¨®n, desde sus ¨¦pocas m¨¢s clandestinas hasta sus momentos de exposici¨®n p¨²blica. Sab¨ªa que su abuelo hab¨ªa trabajado como agente y su final fue un golpe que nunca se explic¨® del todo: una desaparici¨®n. La versi¨®n oficial fue un ¡°evento clasificado¡±, pero la familia sab¨ªa que la verdad rara vez se encontraba en los archivos oficiales. Luego vino su madre, una investigadora incansable y brillante que dedic¨® su vida a la Fundaci¨®n hasta que, al igual que su padre, desapareci¨® sin dejar rastro. Ahora, ¨¦l era el ¨²nico G¨®mez que quedaba en esta casa, el ¨²ltimo eslab¨®n de una cadena familiar marcada por misterios y silencios. ?Ser¨ªa tambi¨¦n ¨¦l destinado a desaparecer en la bruma de lo inexplicable? ?O lograr¨ªa romper el ciclo? El Ojo que Todo lo Ve (2) El olor a cuero viejo y papel antiguo, aunque tenue, segu¨ªa impregnando la estanter¨ªa, y G¨®mez cerr¨® los ojos un momento, dej¨¢ndose arrastrar por una breve, pero intensa oleada de nostalgia. Pens¨® en su abuelo, en las historias susurradas en noches de tormenta, sobre secretos antiguos y la fundaci¨®n que hab¨ªa moldeado su vida y la de toda su familia. Ahora, todas esas historias parec¨ªan vac¨ªas, como ecos huecos de una ¨¦poca m¨¢s gloriosa. Sus dedos tocaron una peque?a hendidura en la madera de la estanter¨ªa, una mueca casi imperceptible que solo ¨¦l conoc¨ªa. Era la silueta de una puerta, aunque por lo mal hecho que estaba el tallado se asemejaba m¨¢s a una ventana. La hab¨ªa hecho cuando era ni?o, en uno de sus intentos de crear una hermandad secreta que nunca lleg¨® a nada, imaginando que la gran casa era un mundo lleno de pasadizos secretos y peligros ocultos. La memoria le sac¨® una sonrisa fugaz, pero la sensaci¨®n de fracaso pronto la eclips¨®. ¡ª?Es esto todo lo que soy ahora? ?Un hombre que vive de su pasado? ¡ªSe pregunt¨® en voz alta, sabiendo que nadie responder¨ªa. En un intento de distraerse, G¨®mez se dirigi¨® al living y activ¨® la consola hologr¨¢fica frente a ¨¦l. En el panel de control, seleccion¨® el sistema de entretenimiento, el cual apenas utilizaba. Era una pieza de tecnolog¨ªa de ¨²ltima generaci¨®n, capaz de proyectar mundos completos, de recrear sensaciones y escenarios de tal realismo que se pod¨ªa perder el sentido del tiempo y del yo. La interfaz resplandeci¨® con un azul tenue, iluminando la sala con su luz suave. La consola ofrec¨ªa un abanico de opciones: series, pel¨ªculas, documentales sobre la expansi¨®n humana en otros planetas y las guerras que vinieron despu¨¦s, simulaciones inmersivas de deportes, viajes virtuales a parajes naturales extintos y una secci¨®n dedicada a recreaciones hist¨®ricas interactivas. G¨®mez pas¨® la vista por las opciones sin un inter¨¦s real, moviendo la mano frente al holograma de un lado a otro. Los colores y las im¨¢genes resplandec¨ªan, llenando la habitaci¨®n con un destello vibrante y fr¨ªo. Sus ojos, cansados de la jornada, apenas segu¨ªan el movimiento de las proyecciones. Despu¨¦s de unos momentos de indecisi¨®n, seleccion¨® una categor¨ªa que rara vez tocaba: ¡°Exploraciones mentales¡±. Era un compendio de experiencias simuladas que pod¨ªan inducir estados emocionales espec¨ªficos: calma, euforia, nostalgia, incluso tristeza controlada. La intenci¨®n detr¨¢s de estas simulaciones era ayudar a las personas a gestionar sus emociones en una sociedad que se mov¨ªa a una velocidad vertiginosa, donde sentir de manera natural se consideraba un lujo que pocos pod¨ªan permitirse. G¨®mez eligi¨® una simulaci¨®n etiquetada enigm¨¢ticamente como ¡°El Bosque¡±. La proyecci¨®n se despleg¨® a su alrededor, envolviendo la habitaci¨®n en una oscuridad que se transform¨® lentamente en un entorno verde, lleno de ¨¢rboles de troncos gruesos y ra¨ªces entrelazadas. La luz del sol se filtraba a trav¨¦s de las hojas, creando un mosaico de sombras y brillos en el suelo cubierto de musgo. Un aire fresco y un suave olor a pino lo golpearon, tan reales que por un momento pudo olvidar que segu¨ªa en su sala, rodeado de fr¨ªo m¨¢rmol y cristal. Avanz¨® por el sendero, notando c¨®mo las ramas cruj¨ªan bajo sus pies con un realismo impecable. Cada sonido, desde el canto de un p¨¢jaro distante hasta el susurro del viento, estaba calculado para sumergir al usuario en la experiencia. G¨®mez aspir¨® profundamente, dejando que la ilusi¨®n le envolviera. Por un instante, se permiti¨® cerrar los ojos y sentir la brisa acariciando su rostro. A medida que caminaba por el bosque, peque?as luces aparecieron a lo lejos, flotando entre los ¨¢rboles como luci¨¦rnagas. La simulaci¨®n las llamaba ¡°recuerdos¡±, fragmentos de la vida del usuario que emerg¨ªan si ¨¦l lo permit¨ªa, para crearlos la consola consultaba a la inteligencia artificial que gestionaba el hogar, y ella proporcionaba todos los datos necesarios para generar los recuerdos. Al acercarse a una de ellas, la figura de su madre apareci¨® brevemente, joven y radiante, como en las viejas fotos que se colgaban en las paredes. Sonre¨ªa mientras preparaba un pastel en la cocina de su infancia. La imagen dur¨® apenas unos segundos, pero el impacto fue profundo. G¨®mez sinti¨® un nudo en la garganta, y una punzada de a?oranza le recorri¨® el cuerpo. Pas¨® de largo esa memoria, incapaz de sostener la mirada por m¨¢s tiempo. No quer¨ªa enfrentarse a los recuerdos que pudieran surgir; buscaba distracci¨®n, no melancol¨ªa. Sigui¨® avanzando hasta encontrar un claro en el bosque, donde un r¨ªo cristalino corr¨ªa serenamente. Se sent¨® en una roca cercana y dej¨® que sus dedos tocaran el agua fr¨ªa. Aunque sab¨ªa que era falso, el efecto era tan real como tranquilizador. La consola emiti¨® un zumbido suave, avisando que alguien hab¨ªa intentado contactar con ¨¦l durante la inmersi¨®n. Se debati¨® entre ignorarlo y responder, pero la curiosidad finalmente gan¨®. Con un simple gesto, la simulaci¨®n se redujo al tama?o de una esfera flotante en la esquina de la habitaci¨®n, mientras la imagen hologr¨¢fica de la llamada emerg¨ªa frente a ¨¦l. Era una notificaci¨®n de la fundaci¨®n, un mensaje automatizado inform¨¢ndole que el proceso de transici¨®n tras su salida se completar¨ªa en los pr¨®ximos d¨ªas y que recibir¨ªa todas las indemnizaciones firmadas en el contrato. ¡ªGenial¡­ ¡ªMurmur¨® con iron¨ªa, apartando la notificaci¨®n con un movimiento brusco. This tale has been pilfered from Royal Road. If found on Amazon, kindly file a report. El bosque volvi¨® a desplegarse a su alrededor, pero el momento de calma se hab¨ªa evaporado. G¨®mez se recost¨® en la roca, sintiendo la incomodidad de una paz que no pod¨ªa sostener. Los recuerdos comenzaron a agolparse en su mente de forma natural, sin la ayuda de las luces virtuales. Se vio a s¨ª mismo, m¨¢s joven y en¨¦rgico, corriendo por los pasillos de la escuela con la mirada fija en un futuro que entonces parec¨ªa prometedor. Record¨® el primer caso exitoso en el que trabaj¨® por su cuenta, una peque?a, pero enigm¨¢tica aparici¨®n de una criatura fantasmag¨®rica que lo hab¨ªa mantenido despierto durante unas cuantas noches. Hab¨ªa resuelto el caso con una mezcla de intuici¨®n y obstinaci¨®n, gan¨¢ndose el respeto de sus superiores. Pero esos d¨ªas se sent¨ªan distantes, casi irreales, como si pertenecieran a la vida de otra persona. *Cruaa*¡­*Cruaa*... El canto de un cuervo reson¨® en alg¨²n lugar cercano. Alterado, G¨®mez frunci¨® el ce?o y se gir¨® a mirarlo. La consola no sol¨ªa incluir elementos inquietantes a menos que el usuario los seleccionara, y ¨¦l no recordaba haberlo hecho. De repente, la brisa se torn¨® m¨¢s fr¨ªa, y una sombra se movi¨® en el borde de su visi¨®n. Se levant¨® de golpe, todos sus sentidos en alerta. La tecnolog¨ªa con lo avanzada que era no sol¨ªa fallar, y era dif¨ªcil de creer que la simulaci¨®n se mezclara con alg¨²n error en el sistema. ¡ª?Consola, cambiaste los par¨¢metros de la simulaci¨®n? ¡ªPregunt¨®, su voz cortante. El holograma titil¨®, y un mensaje de error apareci¨® en el aire:
¡°Error 418: Reinicio no disponible. Se recomienda terminar la sesi¨®n manualmente.¡±
G¨®mez maldijo entre dientes y se dirigi¨® al panel de control para terminar la simulaci¨®n. Pero antes de que pudiera hacerlo, una figura emergi¨® de entre los ¨¢rboles, rompiendo la ilusi¨®n de tranquilidad. No era un eco de sus recuerdos de la infancia ni una proyecci¨®n de ¨¦l mismo; era un anciano alto, cubierto de harapos, con un sombrero que ocultaba su rostro. La figura alz¨® la cabeza lentamente, revelando unos ojos azules inusualmente brillantes que parec¨ªan observarlo directamente, con una intensidad que le hel¨® la sangre. La imagen desapareci¨® tan s¨²bitamente como hab¨ªa surgido, y el entorno hologr¨¢fico retom¨® su apariencia serena, como si nada hubiera ocurrido. G¨®mez sinti¨® c¨®mo su respiraci¨®n se aceleraba, el sudor fr¨ªo corr¨ªa por su nuca y la sensaci¨®n de peligro persist¨ªa en el aire. Reconoc¨ªa a ese anciano; era el mismo que se hab¨ªa aparecido en aquella broma de mal gusto que le jugaron poco antes de tramitar su renuncia, un recuerdo que preferir¨ªa olvidar. Con un gesto brusco, desactiv¨® la consola, y la habitaci¨®n se sumi¨® en un silencio denso y opresivo. Se dej¨® caer en el sill¨®n, sus dedos temblorosos recorrieron su cabello empapado de sudor mientras trataba de calmarse. ¡ªQuiz¨¢s me estoy volviendo loco ¡ªMurmur¨®, con la vista fija en el reflejo de la ciudad al otro lado del ventanal, ajena a su inquietud creciente. G¨®mez se qued¨® en el sill¨®n con la respiraci¨®n a¨²n agitada. Era la primera vez que esta consola le jugaba una mala pasada y la experiencia le hab¨ªa dejado un sabor amargo en su boca, un eco que resonaba en su mente como un presagio indescifrable. Sin perder m¨¢s tiempo, chasqueo los dedos. El aviso lleg¨® de inmediato al mayordomo, que estaba en la habitaci¨®n de mantenimiento, revisando los sistemas de la casa. En menos de un minuto, los pasos met¨¢licos del mayordomo resonaron en el pasillo. La puerta de la sala se desliz¨® suavemente, y el androide apareci¨® en el umbral. Sus ojos brillaban con una fr¨ªa inteligencia. Hab¨ªa algo tranquilizador en la precisi¨®n y la calma del mayordomo, aunque tambi¨¦n pod¨ªa resultar inquietante. ¡ª?Ha ocurrido algo, se?or? ¡ªPregunt¨® el mayordomo, su voz perfectamente modulada, sin inflexiones ni emociones. G¨®mez exhal¨® un suspiro, todav¨ªa sintiendo la tensi¨®n en sus m¨²sculos. Se?al¨® la consola hologr¨¢fica que ahora proyectaba una luz tenue, casi como si se hubiera rendido. ¡ªLa simulaci¨®n se volvi¨® inestable. Es la primera vez que sucede. Quiero que lo revises y resuelvas cualquier anomal¨ªa. El mayordomo asinti¨® con un movimiento mec¨¢nico y avanz¨® hacia la consola. Su brazo derecho se despleg¨® y una serie de herramientas diminutas, cada una m¨¢s precisa que la anterior, se extendieron desde su mu?eca. Con un toque experto, conect¨® una de las interfaces a la consola y comenz¨® a analizar los sistemas internos. Un holograma detallado del n¨²cleo de datos apareci¨® en el aire, lleno de gr¨¢ficos y c¨®digos que se mov¨ªan con rapidez. Mientras el androide trabajaba, G¨®mez cruz¨® los brazos y observando c¨®mo el mayordomo escaneaba los componentes digitales con una eficacia implacable. Durante los minutos que pasaron, el sonido suave de los dispositivos de la consola y las notificaciones de error resonaron en la sala. Finalmente, el mayordomo se gir¨® hacia ¨¦l. ¡ªHe localizado la fuente de la falla, se?or. Parece que un grupo de insurgentes intent¨® robar un centro comercial cercano hace unos minutos. Las autoridades respondieron implementando una serie de reinicios de emergencia en los sistemas de seguridad, lo que probablemente caus¨® inestabilidades en las redes residenciales cercanas, incluyendo la suya. G¨®mez asinti¨® lentamente, sin rastro de sorpresa en su expresi¨®n. Sab¨ªa que la ciudad era un nido de tensiones pol¨ªticas y sociales. No era inusual que las ¡°cosas¡± intentaran cambiar sus vidas usando la violencia como soluci¨®n a sus problemas. Hab¨ªa visto situaciones similares en su carrera, tanto desde dentro como fuera de la fundaci¨®n. ¡ª?Esas ¡°cosas¡± fueron neutralizadas? ¡ªPregunt¨® por curiosidad, sintiendo una mezcla de desprecio y desinter¨¦s. ¡ªS¨ª, se?or ¡ªRespondi¨® el mayordomo con su misma entonaci¨®n impasible¡ª Las fuerzas de seguridad intervinieron de inmediato y lograron controlar la amenaza. No se espera que haya m¨¢s problemas en las cercan¨ªas, al menos por ahora. G¨®mez hizo un gesto de asentimiento y permiti¨® que un esbozo de sonrisa amarga apareciera en sus labios. ¡ªEspero que as¨ª sea¡­ este d¨ªa fue un desastre, lo ¨²ltimo que me falta es tener que sufrir otra desgracia ¡ªDijo sin prestarle m¨¢s atenci¨®n al asunto. El Ojo que Todo lo Ve (3) Con el problema aparentemente solucionado, G¨®mez se levant¨® y camin¨® hasta la consola, ahora restablecida y con un holograma que reflejaba una calma enga?osa. Pas¨® la mano por encima del panel de control y seleccion¨® una nueva opci¨®n. Esta vez, no buscaba una inmersi¨®n emocional ni recuerdos que lo hicieran tambalearse. Simplemente necesitaba una distracci¨®n m¨¢s superficial, algo que lo mantuviera ocupado sin hundirlo en sus pensamientos. Busc¨® en los canales de entretenimiento y eligi¨® uno de los m¨¢s impopulares: ¡°Horizontes Sin Fronteras¡±, un canal que transmit¨ªa im¨¢genes en alta definici¨®n de paisajes remotos, simulando las vistas que los viajeros espaciales experimentaban al recorrer galaxias lejanas. G¨®mez seleccion¨® un recorrido por Nebulosa ¨¦psilon, un espect¨¢culo de luces c¨®smicas y formaciones estelares que se extend¨ªa ante ¨¦l como un tapiz gal¨¢ctico. El tr¨ªplex se llen¨® de un resplandor p¨²rpura y dorado, las luces proyectadas en la habitaci¨®n imitando los destellos de una nebulosa a millones de a?os luz de distancia. G¨®mez se sent¨® en el sof¨¢, hundi¨¦ndose en la comodidad de los cojines de cuero oscuro. Las im¨¢genes de estrellas nacientes y c¨²mulos de polvo danzante eran un espect¨¢culo que lograba calmar su mente, al menos de manera superficial. El mayordomo, aun en modo de an¨¢lisis, se retir¨® de la habitaci¨®n para verificar el correcto funcionamiento de los dem¨¢s equipos tecnol¨®gicos en la casa. Mientras tanto, el exagente cerr¨® los ojos por un momento, dejando que la luz y los sonidos celestiales lo rodearan. El eco de la simulaci¨®n perturbadora a¨²n permanec¨ªa en el borde de su memoria, pero decidi¨® ignorarlo, al menos por ahora. Hab¨ªa pasado mucho tiempo desde que se hab¨ªa permitido un momento de tranquilidad, y aunque fuera forzado y artificial, era mejor que nada. Mientras las im¨¢genes de la nebulosa se suced¨ªan, G¨®mez comenz¨® a sentir c¨®mo el espect¨¢culo, que en un principio hab¨ªa logrado capturar su atenci¨®n, se volv¨ªa mon¨®tono. Las explosiones estelares y los remolinos de colores que danzaban en el firmamento eran hermosos, pero fr¨ªos. No hab¨ªa nada en esas visiones que pudiera llenar el vac¨ªo persistente que sent¨ªa en el pecho. Hab¨ªa una belleza distante, tan inalcanzable y ajena como los recuerdos de una vida que nunca tuvo, de sue?os que nunca permiti¨® florecer. Un suspiro escap¨® de sus labios, enfrent¨¢ndose nuevamente al silencio inquebrantable de su hogar. Mir¨® alrededor del tr¨ªplex y no pudo evitar sentirse intimidado por la vastedad del espacio. Las paredes de cristal, que durante el d¨ªa dejaban entrar la luz y ofrec¨ªan vistas espectaculares de la ciudad, ahora solo reflejaban oscuridad y las sombras de las luces lejanas. Era un lugar dise?ado para impresionar, no para ser c¨¢lido. El silencio era abrumador, casi opresivo, y la falta de movimiento lo hac¨ªa sentir como si estuviera atrapado en una prisi¨®n. El suave zumbido de las luces hologr¨¢ficas y el brillo intermitente de la consola no ayudaban a llenar el vac¨ªo. Decidi¨® que necesitaba algo m¨¢s que un espect¨¢culo visual para distraerse, algo m¨¢s tangible, m¨¢s humano, aunque fuera una imitaci¨®n de ello. Sin pensar demasiado, chasque¨® dos veces seguidas sus dedos. El sonido de sus dedos reson¨® en la vasta sala como un eco seco y desolador. Inmediatamente, un panel en la pared iluminada por LED parpade¨® y una voz artificial femenina respondi¨®: ¡ª?En qu¨¦ puedo ayudarle, se?or G¨®mez? Sin dudarlo, G¨®mez respondi¨®: ¡ªLlama a Atlas. Que venga aqu¨ª. El silencio volvi¨® a llenar la habitaci¨®n por un momento, interrumpido solo por el zumbido de la ciudad que entraba como un murmullo distante a trav¨¦s de los cristales blindados del tr¨ªplex. Pasaron apenas unos segundos antes de que los pasos de metal comenzaran a acercarse por el corredor. Atlas apareci¨® en la puerta, su presencia impon¨ªa con la mezcla justa de tecnolog¨ªa y antropomorfismo. Era un androide alto, de estatura casi superior a la de un humano promedio, y su estructura revestida en aleaciones de titanio y pol¨ªmeros avanzados reflejaba las luces de la habitaci¨®n con un brillo sutil. Ten¨ªa un rostro que, aunque no era humano, suger¨ªa expresi¨®n gracias a unas l¨ªneas m¨®viles que emulaban cejas y labios. Sus ojos eran dos esferas de cristal l¨ªquido amarillo oscuro, capaces de captar y procesar m¨¢s informaci¨®n de la que cualquier ser humano podr¨ªa imaginar. This content has been misappropriated from Royal Road; report any instances of this story if found elsewhere. G¨®mez lo contempl¨® durante unos instantes, reflexionando sobre su propia necesidad de compa?¨ªa. Atlas no era simplemente un androide m¨¢s; era ¨²nico, un modelo avanzado que hab¨ªa recibido como bono hac¨ªa a?os. Era el ¨²nico androide de esta casa al que realmente consideraba suyo, el ¨²nico cuyo nombre recordaba y que ¨¦l mismo hab¨ªa elegido. Atlas hab¨ªa llegado a sus manos como reconocimiento por alcanzar la veteran¨ªa como agente, y en principio deb¨ªa convertirse en su compa?ero y asistente personal para las operaciones de rango D. Aquellas misiones que requer¨ªan un nivel excepcional de conocimientos y muy pocos agentes pod¨ªan realizar. Sin embargo, a los pocos meses de recibir este androide, esas operaciones de alto riesgo comenzaron a ser ejecutadas por empresas de seguridad privadas, relegando a la Fundaci¨®n a las misiones m¨¢s frecuentes y de f¨¢cil soluci¨®n. Y dando lugar a que el prop¨®sito original de Atlas quedar¨¢ relegado al olvido. Sin misiones que ejecutar, su utilidad se desvaneci¨®, pero poco a poco, se convirti¨® en algo m¨¢s. Se transform¨® en el confidente silencioso de G¨®mez, en una figura que ofrec¨ªa compa?¨ªa sin juicios ni expectativas. Pese al hecho de que esa compa?¨ªa era raramente buscada por el se?or de la casa. ¡ªSe?or, ha solicitado mi presencia. ?Hay algo que pueda hacer por usted? ¡ªLa voz de Atlas era m¨¢s c¨¢lida que la del resto de androides, un peque?o ajuste en su programaci¨®n que le confer¨ªa una calidad m¨¢s amigable. G¨®mez lo mir¨® con cansancio y una mueca de iron¨ªa apareci¨® en su rostro. ¡ªSupongo que ni t¨² puedes llenar esta casa con algo de vida, ?verdad? ¡ªDijo en tono sarc¨¢stico, m¨¢s para s¨ª mismo que para Atlas. El androide inclin¨® ligeramente la cabeza, un gesto que suger¨ªa atenci¨®n y an¨¢lisis. Aunque no pod¨ªa realmente entender la soledad o la emoci¨®n como un humano, ten¨ªa algoritmos que le permit¨ªan reconocer cu¨¢ndo G¨®mez necesitaba m¨¢s que una respuesta literal. ¡ªPuedo activar una simulaci¨®n de compa?¨ªa, una conversaci¨®n programada basada en interacciones previas o proporcionar recomendaciones de actividad para su entretenimiento, se?or. G¨®mez neg¨® con la cabeza, mirando por la ventana, donde las luces de la ciudad parpadeaban como estrellas ca¨®ticas en un cielo invertido. ¡ªNo, Atlas. No es eso lo que quiero ¡ªGuard¨® silencio unos segundos, dejando que el peso de sus pensamientos flotara en el aire antes de continuar¡ª Solo... qu¨¦date en la sala. Programado para responder a este tipo de solicitudes no convencionales, Atlas se movi¨® hasta el centro de la sala y se qued¨® de pie, con una postura que suger¨ªa respeto y disposici¨®n. G¨®mez se hundi¨® un poco m¨¢s en el sof¨¢, notando c¨®mo el vac¨ªo en la habitaci¨®n parec¨ªa aliviarse un poco con la sola presencia del androide. Chasque¨® los dedos dos veces y orden¨® que la televisi¨®n se encendiera. La inteligencia artificial obedeci¨® al instante, proyectando un holograma en la distancia. Con un gesto indiferente, G¨®mez empez¨® a deslizar su dedo, recorriendo los canales de noticias, mientras el androide permanec¨ªa a su lado, observando en silencio. Las pantallas se llenaron de im¨¢genes de crisis econ¨®micas, disturbios en regiones distantes y tensos enfrentamientos diplom¨¢ticos entre las colonias. Todo en el noticiario parec¨ªa narrar la historia de una civilizaci¨®n que se desmoronaba lentamente, una decadencia que ni siquiera los rostros sonrientes y las voces entrenadas de los presentadores pod¨ªan ocultar. Cada nuevo titular era m¨¢s sombr¨ªo que el anterior. Las actualizaciones de ¨²ltima hora tra¨ªan m¨¢s noticias de enfrentamientos, de desastres naturales exacerbados por cambios clim¨¢ticos descontrolados, de la expansi¨®n de la pobreza en sectores que antes eran centros de prosperidad. Parec¨ªa que el destino entero de la humanidad pend¨ªa de un hilo, mientras las masas eleg¨ªan ignorar las se?ales de su propio colapso. Aunque lo cierto era que todo eso eran mentiras a medias. Los medios de comunicaci¨®n tend¨ªan a ser alarmistas en un intento de lograr vender su pauta publicitaria. Nada estaba pasando: era otro d¨ªa normal y corriente para la raza humana, pero, parad¨®jicamente, era un d¨ªa muy especial para el exagente Gomez. Con el ritmo de un moribundo arrastrando su cuerpo deshecho, G¨®mez desliz¨® su dedo en el aire. No hab¨ªa urgencia en sus movimientos, solo la vaguedad de quien ya ha visto todo lo que la vida tiene para ofrecer y sabe que, por mucho que se cambien los canales, nada nuevo aparecer¨¢. Los titulares pasaban ante sus ojos como espectros, marchitos y desalmados, todos portando el mismo mensaje: ¡°No pierda el tiempo buscando su felicidad, c¨®mprela¡±, pero daban ese consejo con la misma solemnidad que porta un espectador de un funeral de una anciana que no recordaba ni su nombre. El Ojo que Todo lo Ve (4) De pronto, un destello de luz y color llam¨® su atenci¨®n. La pantalla se ilumin¨® con una fren¨¦tica cadena de im¨¢genes: un centro comercial, el bullicio habitual de la vida consumista, pero algo estaba mal. Un par de cuerpos ca¨ªan, unos manchones rojos empezaban a te?ir el suelo de concreto. Y luego, la siniestra escena que se despleg¨® ante sus ojos: un intento de robo, o mejor dicho, una ejecuci¨®n p¨²blica camuflada de asalto. G¨®mez frunci¨® el ce?o, pero no fue por la sorpresa, sino por la apat¨ªa que le generaban las im¨¢genes. En la pantalla, un presentador que parec¨ªa esculpido a base de esteroides y silicona articulaba con movimientos fren¨¦ticos, pero encantadores, como si cada palabra que saliera de su boca estuviera dise?ada para acariciar al espectador en el lugar m¨¢s bajo de su conciencia. El hombre llevaba una ajustada remera blanca trasl¨²cida que dejaba poco a la imaginaci¨®n; su piel, lisa y reluciente, parec¨ªa haber sido embadurnada con aceite de motor. Una sonrisa de dientes demasiado blancos para ser reales se ensanchaba en su rostro mientras narraba la noticia de turno con una voz tan perfectamente modulada que daba ganas de darle un pu?etazo solo para comprobar si pod¨ªa cambiar de tono. ¡ª?Oh, miren esto, queridos espectadores! Esta noche, presenciaremos una tragedia digna de Shakespeare, pero con un giro mec¨¢nico. ?Oh, s¨ª! La justicia ciega y su ejecutor est¨¢n a punto de entrar en escena. ?Prep¨¢rense para una obra sangrienta, porque la aclamada justicia est¨¢ a punto de llegar! El holograma frente a G¨®mez parpadeaba con una nitidez inquietante, mostrando un centinela rob¨®tico, una m¨¢quina de guerra pulida con bordes afilados y un torso ancho. El robot med¨ªa casi tres metros de altura. Sus brazos mec¨¢nicos parec¨ªan garras listas para desgarrar carne. Su cabeza, una esfera met¨¢lica, giraba lentamente, escaneando a sus presas con sensores rojos que brillaban como ojos demon¨ªacos. Cada movimiento de sus m¨²ltiples patas resonaba con un eco sordo que parec¨ªa retumbar en la habitaci¨®n de G¨®mez. A sus pies, acorralados contra una pared, yac¨ªa un grupo de personas, los supuestos delincuentes, ahora reducidos a meros sobrevivientes aterrorizados. Hombres, mujeres, e incluso ni?os, sus rostros reflejaban el horror de su inminente destino. Sus ojos, anegados en l¨¢grimas, buscaban una salida, una esperanza que no exist¨ªa. Sus cuerpos temblaban, no solo por el miedo, sino tambi¨¦n por la rabia y la impotencia. Uno de los hombres, con la voz rota por la desesperaci¨®n, gritaba palabras ininteligibles, quiz¨¢s una plegaria o una maldici¨®n. Su camisa, rasgada y manchada de sangre, revelaba los m¨²sculos tensos de su pecho, luchando por escapar de las esposas que los un¨ªan a todos. Una mujer, con el cabello pegado a la cara por el sudor, trataba de proteger a un ni?o peque?o que se escond¨ªa detr¨¢s de sus piernas, sus ojos delataban el terror que sent¨ªa por la vida que a¨²n no hab¨ªa vivido. Otro ni?o, quiz¨¢ de unos doce a?os, se manten¨ªa en pie al borde del grupo, empujado por el resto de personas en un intento desesperado de usarlo de escudo humano. Las esposas que un¨ªan sus mu?ecas estaban demasiado ajustadas para ¨¦l, y el metal le hab¨ªa dejado marcas rojas en la piel. Sus ojos, grandes y h¨²medos, estaban fijos en el robot, y aunque su cuerpo temblaba, intentaba contener el llanto con una dignidad que solo hac¨ªa la escena m¨¢s amarga. Cerca de ¨¦l, un joven de no m¨¢s de veinte a?os gimoteaba, suplicando por su vida con palabras entrecortadas, apenas audibles entre los ruidos mec¨¢nicos y los chillidos de otros. El presentador, con su lenguaje florido y exagerado, describ¨ªa la escena con una iron¨ªa que hac¨ªa que G¨®mez rodara los ojos: ¡ª?Miren a estos pobres diablillos, temblando como hojas al viento! ?Creyeron que pod¨ªan desafiar al sistema, eh? Pero el centinela, nuestro querido guardi¨¢n, les ense?ar¨¢ una lecci¨®n que nunca olvidar¨¢n. ?Una lecci¨®n escrita con sangre y hierro! G¨®mez apret¨® los dientes y dej¨® escapar un suspiro cargado de frustraci¨®n. Su paciencia se estaba agotando, y lo sab¨ªa. La noticia frente a ¨¦l se estiraba demasiado, y lo peor era la manera en que la presentaban, como si fuera una funci¨®n de circo en lugar de un informe serio. ¡ª?Por qu¨¦ no pueden simplemente mostrar lo que pasa sin tanta histeria? Ni siquiera se molestan en explicar por qu¨¦ los van a ejecutar¡­ La pantalla mostraba una ejecuci¨®n inminente, pero el locutor no dejaba de agregar dramatismo sin sentido. Ni siquiera se molestaba en dar explicaciones claras, solo hac¨ªa ruido, y m¨¢s ruido, como si las vidas de esos delincuentes fueran un espect¨¢culo dise?ado para entretener a un p¨²blico adicto al morbo. A pesar de su enojo, G¨®mez no cambi¨® de canal. Reconoci¨® el centro comercial donde se desarrollaba la escena e intu¨ªa que esos delincuentes eran los responsables de haber arruinado su simulaci¨®n, logrando que lo pusieran nervioso hace unos minutos. Ahora, no estaba dispuesto a perderse el espect¨¢culo. Con un gesto autoritario, chasque¨® los dedos tres veces. El sonido seco cort¨® el aire, resonando en la habitaci¨®n como una orden impl¨ªcita. La inteligencia artificial central que controlaba los sistemas de su residencia proces¨® la se?al y, en un instante, emiti¨® un leve zumbido de confirmaci¨®n. Atlas, que hasta entonces hab¨ªa permanecido inm¨®vil como una escultura vigilante, gir¨® la cabeza con un movimiento preciso y se dirigi¨® a la vinoteca. Stolen content warning: this tale belongs on Royal Road. Report any occurrences elsewhere. La vinoteca, una obra de arte con tallas de hojas de vid y racimos de uvas en su superficie de madera, estaba ubicada en un rinc¨®n de la sala. Atlas se desplaz¨® hasta ella con pasos medidos, sus pies met¨¢licos apenas produciendo sonido al chocar con el suelo de m¨¢rmol. ¡ªPreparando su c¨®ctel favorito, se?or ¡ªDijo Atlas, su voz grave, resonando con un eco met¨¢lico que, sin embargo, ten¨ªa un tono de devoci¨®n y b¨²squeda de confirmaci¨®n. El silencio de G¨®mez fue considerado una aceptaci¨®n impl¨ªcita a la propuesta, y el androide comenz¨® a seleccionar las botellas con movimientos fluidos. En el holograma, la c¨¢mara del dron reportero se centraba en un ni?o. Delgado hasta el extremo de la desnutrici¨®n, con la piel manchada de suciedad y los ojos enormes y brillantes por la angustia, intentaba desesperadamente escurrirse entre las piernas de los adultos que lo rodeaban. Llevaba un pantal¨®n roto, tan gastado que los hilos colgaban como ra¨ªces secas, y una camiseta que una vez pudo haber sido de un color brillante, pero que ahora era un trapo gris¨¢ceo y deshilachado. Las l¨¢grimas, gruesas y saladas, se deslizaban por sus mejillas, dejando rastros h¨²medos en su piel manchada. Sus sollozos eran silenciosos, casi inaudibles, pero el temblor de su cuerpo y el modo en que abr¨ªa la boca en un grito ahogado revelaban un miedo que era tan antiguo como la humanidad misma. ¡ª?Ah, mis queridos espectadores, v¨¦an c¨®mo las ratas se traicionan las unas a las otras! ¡ªLa voz del presentador era una daga que se clavaba en la escena con una crueldad calculada. El dron reportero sigui¨® al instante las palabras del presentador, haciendo un zoom a¨²n m¨¢s cercano al ni?o, mientras uno de los adultos, un hombre de cabello desgre?ado y ojos hundidos, lo empujaba hacia adelante con un gesto brusco y desesperado. ¡ª?Ve t¨², maldito mocoso! ?Pide piedad por nosotros! ¡ªGrit¨® el hombre, su voz quebrada por el p¨¢nico. Otro de los adultos, una mujer con el rostro cubierto por un velo desgarrado que apenas ocultaba sus l¨¢grimas, mir¨® al ni?o con una mezcla de compasi¨®n y resignaci¨®n. Ella murmur¨® algo, un rezo apenas audible entre el clamor, que se perdi¨® en el bullicio general. El ni?o, con los pies descalzos cubiertos de polvo y peque?as heridas, se tambale¨® hacia el frente, empujado por la multitud que se apretujaba detr¨¢s de ¨¦l, cada uno buscando protegerse a s¨ª mismo a costa de los dem¨¢s. Su mirada se mov¨ªa fren¨¦ticamente, buscando una salida, un resquicio de esperanza que nunca llegar¨ªa. El centinela rob¨®tico se alzaba sobre ellos, sus brazos mec¨¢nicos girando y ajust¨¢ndose como si saboreara la tensi¨®n en el aire. G¨®mez observ¨® la escena con un desd¨¦n casi art¨ªstico, un gesto que se volvi¨® m¨¢s marcado mientras Atlas se mov¨ªa con elegancia mientras preparaba su bebida. La vida de esas criaturas no le interesaba en lo m¨¢s m¨ªnimo; eran meras anomal¨ªas en el orden establecido, desechos que se hab¨ªan atrevido a desafiar la paz que ¨¦l tanto apreciaba. Finalmente, Atlas present¨® el vaso a su due?o, inclinando levemente la cabeza mientras lo hac¨ªa. ¡ªSu c¨®ctel, se?or ¡ªDijo con la serenidad de un sirviente que conoc¨ªa bien a su amo. G¨®mez tom¨® el vaso, observ¨® el l¨ªquido dorado brillar bajo la luz tenue de la sala y, tras una pausa breve, llev¨® el cristal a sus labios, dejando que el licor bajara lentamente por su garganta. Era fuerte y amargo, un recordatorio tangible de la solitaria vida que le esperaba por delante. A su lado, Atlas permanec¨ªa inm¨®vil. Los reflejos del holograma danzaban sobre su superficie pulida. Sus ojos mec¨¢nicos brillaron sutilmente al percibir el malestar de G¨®mez, una se?al para intervenir. ¡ªEl espect¨¢culo es un factor motivador para mantener el control, se?or. El protocolo de difusi¨®n prioriza la excitaci¨®n del p¨²blico sobre la objetividad. Las estad¨ªsticas muestran que esto incrementa la aceptaci¨®n de medidas impopulares, pero necesarias ¡ªDijo Atlas, su voz profunda y precisa. La frialdad de su l¨®gica intentaba ofrecer una sombra de consuelo ¡ªSin embargo, comprendo su incomodidad. La teatralidad puede ser prescindible. ¡ªEs completamente prescindible¡­ La realidad no necesita ser exagerada para ser comprendida. La teatralidad solo distrae de la verdadera naturaleza de los eventos¡ªCorrigi¨® G¨®mez tomando un largo y lento trago, dejando la copa frente a ¨¦l. La imagen del presentador se distorsion¨® brevemente a trav¨¦s del cristal, sus gestos amplificados por la refracci¨®n del l¨ªquido. Atlas, continu¨®: ¡ªLa objetividad, se?or, es a menudo aburrida para la mente humana. El p¨²blico busca emoci¨®n, incluso en las noticias m¨¢s triviales. La teatralidad es una forma de arte, una manera de presentar la realidad con un toque de emoci¨®n. Para este presentador su exageraci¨®n no solo es necesaria para sacarle el m¨¢ximo provecho posible a esta noticia, sino tambi¨¦n para encontrarle el disfrute a su trabajo y satisfacer su sentido de existencia. El presentador continuaba su espect¨¢culo, movi¨¦ndose con una energ¨ªa desmedida. Atlas lo observ¨® un momento antes de a?adir: ¡ªEn cierto modo, es un artista que moldea la realidad, pinta la escena con palabras y gestos, creando una obra que cautiva y entretiene, incluso en medio de la tragedia G¨®mez movi¨® la copa a un lado, la figura distorsionada recobrando su forma original. Sus ojos, pesados con la sombra de antiguos ideales, miraron m¨¢s all¨¢ del holograma: ¡ªEl arte, Atlas, pierde su valor cuando se convierte en una cortina para tapar la verdad. La realidad, por dura que sea, no necesita a?adidos. La verdad, cuando se muestra desnuda, es suficiente para sacudir hasta la conciencia m¨¢s endurecida. Atlas asinti¨®, como si en su programaci¨®n algo hubiera hecho eco de esas palabras. ¡ªLa verdad, se?or, es una espada de doble filo. Puede ser utilizada para informar o para manipular, dependiendo de qui¨¦n la empu?e. En este caso, la teatralidad del presentador es una capa que oculta la cruda realidad, una m¨¢scara que distrae de la verdadera naturaleza de los eventos que estamos por presenciar. La habitaci¨®n se sumi¨® en un silencio reflexivo, interrumpido solo por el suave zumbido que emite la c¨¢mara del dron reportero al hacer un zoom que pareci¨® atravesar la pantalla, enfocando al centinela rob¨®tico como el gran protagonista de la escena. Los delincuentes, encajonados en una esquina con las paredes de cristal del centro comercial reflejando su desesperaci¨®n, suplicaban entre sollozos y alaridos. Algunos intentaban zafarse de las esposas, mientras otros se encog¨ªan contra el suelo, abrazando sus rodillas, temblando como hojas en una tormenta. Los ni?os, con los rostros manchados de l¨¢grimas y mugre, intentaban ocultarse tras los cuerpos de los adultos, buscando una protecci¨®n que ya no exist¨ªa. El Ojo que Todo lo Ve (5) ¡ª?Observen, queridos espectadores, la precisi¨®n de la justicia en acci¨®n!¡ªExclam¨® el presentador, sus gestos amplificados por la emoci¨®n¡ªEste centinela, una creaci¨®n de la tecnolog¨ªa m¨¢s avanzada de la verdadera humanidad, es la respuesta a los males que acechan en las profundidades de la gran ciudad. ?Con su presencia, mantenemos a raya el caos que los ha corrompido! ¡ªM¨¢s all¨¢ de las tonter¨ªas que dice este payaso, ?qu¨¦ fue lo que ocurri¨® exactamente? ¡ªPregunt¨® G¨®mez, dirigiendo su mirada a Atlas; su paciencia claramente agotada. ¡ªEl orden est¨¢ asegurado, se?or ¡ªRespondi¨® el androide, su voz grave y precisa, como la de un servidor bien programado. ¡ªS¨ª, eso lo estoy viendo... ¡ªRespondi¨® G¨®mez, d¨¢ndole un lento sorbo a su trago. Un suspiro cargado de resignaci¨®n y aprobaci¨®n escap¨® de sus labios. No le importaba el ruido que el presentador hac¨ªa ni las im¨¢genes de desesperaci¨®n. Lo que le interesaba era saber los detalles, los datos fr¨ªos que explicaban porque su simulaci¨®n hab¨ªa sido arruinada por este grupo de delincuentes ¡ª?Pero por qu¨¦ est¨¢s ¡°cosas¡± atacaron espec¨ªficamente este centro comercial? El androide no dud¨® ni un segundo en extender la mano, proyectando un holograma que mostraba una inteligencia artificial que narraba la misma noticia, pero con una seriedad que contrarrestaba la efusividad del presentador. Sus palabras eran precisas, fr¨ªas, y narraban la secuencia de eventos con una claridad que dejaba poco espacio a la interpretaci¨®n: ¡ªEl intento de robo ocurrido hace apenas media hora fue frustrado por las fuerzas de seguridad tras una breve confrontaci¨®n. Los responsables, un grupo de delincuentes pertenecientes a una organizaci¨®n clandestina llamada ¡°Amigos del Cordero¡±, intentaron apoderarse de bienes de lujo y tecnolog¨ªa de alto costo. Las autoridades respondieron r¨¢pidamente y neutralizaron la situaci¨®n, aunque la operaci¨®n caus¨® un fallo temporal en los sistemas de comunicaci¨®n y otras plataformas digitales cercanas. El tono impasible de la IA cortaba la tensi¨®n de la sala como una hoja afilada. Pero fue en ese momento cuando algo en la proyecci¨®n captur¨® la atenci¨®n de G¨®mez, despert¨¢ndolo de su letargo c¨ªnico. Sus ojos, hasta entonces apagados, se abrieron de par en par mientras la imagen hologr¨¢fica ampliaba el emblema de la organizaci¨®n ¡°Amigos del Cordero¡±. La sorpresa fue tan visceral que sus dedos se crisparon alrededor del vaso que sosten¨ªa. El emblema, un ojo abierto rodeado por una pir¨¢mide, lo dej¨® paralizado. La visi¨®n era familiar, demasiado conocida, y despertaba ecos de memorias que preferir¨ªa mantener enterradas. Ese s¨ªmbolo no era uno cualquiera: ?Era el mismo que representaba a la Fundaci¨®n! Pero, ?qu¨¦ hac¨ªa este s¨ªmbolo siendo usado por una banda de delincuentes? La pregunta lat¨ªa en su mente como un tambor que presagiaba el desastre. Mientras la imagen segu¨ªa proyect¨¢ndose, G¨®mez no pudo evitar repasar mentalmente los archivos, los nombres y las operaciones en las que se hab¨ªa topado con ese mismo s¨ªmbolo. Cada vez que el emblema aparec¨ªa, dejaba un rastro de eventos inexplicables y consecuencias impredecibles. Ahora, al verlo asociado a un simple intento de robo en un centro comercial, su mente se resist¨ªa a aceptar la coincidencia. ¡ªLas autoridades han asegurado que la situaci¨®n est¨¢ bajo control. Los ¡°Amigos del Cordero¡± fueron capturados y no se reportan v¨ªctimas fatales, aunque los da?os materiales son significativos ¡ªContinu¨® la voz del holograma, sin variar en su tono mon¨®tono. G¨®mez dej¨® el vaso en la mesa, el golpe seco resonando como una declaraci¨®n. Sus ojos a¨²n estaban fijos en el s¨ªmbolo, como si buscaran arrancarle respuestas con la fuerza de su mirada. La realidad era que ese s¨ªmbolo pod¨ªa encontrarse en m¨²ltiples lugares: grafitis, art¨ªculos de conspiraci¨®n, incluso en antiguas obras de arte. Sin embargo, verlo aqu¨ª, en un contexto tan inesperado, reavivaba la duda. La coincidencia era una excusa que no estaba dispuesto a aceptar. ¡ªAtlas ¡ªDijo finalmente, su voz grave, pero controlada¡ª ?Qu¨¦ sabes sobre esa ¡°tecnolog¨ªa de alto costo¡± que intentaron robar los ¡°Amigos del Cordero¡±? Atlas apag¨® el holograma que su mano proyectaba y gir¨® ligeramente la cabeza en direcci¨®n a su due?o, sus ojos met¨¢licos brillando con la fr¨ªa luz del ambiente. ¡ªEl dispositivo que estaban intentando robar es utilizado para crear sistemas de mensajer¨ªa privada a escala planetaria ¡ªRespondi¨® el androide, su voz clara y precisa como siempre. G¨®mez frunci¨® el ce?o, como si tratara de encajar todas las piezas del rompecabezas. The narrative has been illicitly obtained; should you discover it on Amazon, report the violation. ¡ª?Sistemas de mensajer¨ªa privada? ?Para qu¨¦ necesitan las ¡°cosas¡± algo as¨ª? Tengo entendido que el gobierno no censura sus redes sociales, m¨¢s bien las fomenta para mantenerlos entretenidos y controlados¡ªPregunt¨®, su tono cargado de escepticismo. Atlas asinti¨® con la misma calma de siempre, sin un atisbo de emoci¨®n en su respuesta. ¡ªEstos dispositivos permiten a las industrias gestionar la comunicaci¨®n interna de sus empleados, proteger mensajes confidenciales y compartir informaci¨®n sin riesgo de filtraciones. Por ejemplo, se usan para proteger las comunicaciones sensibles que involucran datos privados de clientes y prototipos de productos ¡ªAtlas hizo una breve pausa antes de continuar¡ª El dispositivo en cuesti¨®n que estaba en el centro comercial no era diferente. Estaba siendo reacondicionado en una de las tiendas del complejo, aparentemente una actualizaci¨®n est¨¢ndar. G¨®mez apret¨® los dientes, su mente de agente recorriendo r¨¢pidamente las posibilidades. La idea de una red privada de alta seguridad no le era ajena, pero que un grupo de delincuentes hubiera atacado espec¨ªficamente por algo as¨ª no le cuadraba. No era el tipo de objetivo que normalmente tomar¨ªa un grupo centrado en la idea de obtener ganancias. ¡ª?C¨®mo se enteraron de que el dispositivo se encontraba actualiz¨¢ndose en este centro comercial? ¡ªPregunt¨®, una nota de curiosidad en su voz. G¨®mez, acostumbrado a manejar informaci¨®n, no pod¨ªa evitar pensar en las conexiones y los peque?os detalles que a menudo se escapaban a los ojos de los dem¨¢s. Atlas inclin¨® la cabeza ligeramente, procesando la pregunta antes de ofrecer una respuesta. ¡ªSeg¨²n los informes oficiales, los ¡°Amigos del Cordero¡± pose¨ªan informaci¨®n privilegiada sobre el dispositivo. La fuente de esta informaci¨®n fue identificada y neutralizada, se menciona que la base de datos y el sistema de comunicaciones utilizado por el centro comercial fue hackeado unas semanas antes del incidente. Durante ese tiempo, se filtraron detalles sobre el reacondicionamiento del aparato, lo que permiti¨® que el grupo planeara su ataque. ¡ª?Y eso es todo lo que saben las autoridades? ¡ªPregunt¨® G¨®mez, con un tono m¨¢s grave, como si estuviera buscando una verdad oculta que nunca llegaba. Atlas, siempre eficiente, mantuvo su tono impersonal. ¡ªS¨ª, se?or. Eso es todo lo que ha sido informado hasta el momento. Los detalles sobre c¨®mo los ¡°Amigos del Cordero¡± lograron el acceso al centro comercial o sus posibles conexiones con otros grupos no han sido divulgados. G¨®mez frunci¨® el ce?o. La descripci¨®n parec¨ªa banal a simple vista, pero ¨¦l sab¨ªa que en los detalles m¨¢s mundanos se escond¨ªan las verdaderas implicaciones. La Fundaci¨®n nunca se asociar¨ªa a algo tan simple como un aparato de mensajer¨ªa interna, a menos que hubiera un prop¨®sito m¨¢s profundo detr¨¢s. Sin embargo, la posibilidad de que este robo estuviera encubriendo algo m¨¢s, algo que ni las autoridades ni la prensa hubieran comprendido, era muy poco plausible. ¡ª?Hay m¨¢s detalles? ¡ªPregunt¨®, aunque su tono dejaba claro que no esperaba mucho m¨¢s de la burocracia de la informaci¨®n p¨²blica. ¡ªEso es todo lo informado por las autoridades ¡ªRespondi¨® Atlas, sin inflexi¨®n, pero con la eficiencia que se esperaba de ¨¦l. G¨®mez se reclin¨® en el sill¨®n, cerrando los ojos un momento mientras las luces del holograma parpadeaban a su alrededor. Su mente trabajaba a toda velocidad, conectando puntos en un mapa mental que pocos entend¨ªan. Los ¡°Amigos del Cordero¡± ahora se revelaban como algo m¨¢s que simples agitadores sociales y la presencia del s¨ªmbolo de la Fundaci¨®n elevaba las implicaciones a un nivel que pocos comprend¨ªan. Pero el enigma segu¨ªa sin resolverse. ?Era este un intento fallido de vincular a la Fundaci¨®n con un acto de vandalismo menor para da?ar su imagen? Es posible ?O acaso la organizaci¨®n misma estaba perdiendo su sutilidad, exponi¨¦ndose a plena luz del d¨ªa? No muy probable. La existencia de un grupo clandestino operando por la fundaci¨®n en los niveles m¨¢s profundos de la Tierra era m¨¢s que posible. Pero era improbable que usen su s¨ªmbolo tan abiertamente. Ning¨²n grupo clandestino ser¨ªa tan descuidado a menos que buscara llamar la atenci¨®n deliberadamente. G¨®mez dej¨® escapar un suspiro, uno que conten¨ªa m¨¢s preguntas que respuestas. Sus d¨ªas de agente hab¨ªan terminado hac¨ªa menos de unas horas, pero la inquietud por descubrir las verdades nunca lo hab¨ªa abandonado del todo. Mir¨® a Atlas, que segu¨ªa all¨ª, inm¨®vil, pero atento, y pens¨® en las implicaciones de una verdad oculta tras capas de espect¨¢culo y desinformaci¨®n. Apret¨® los labios y se recost¨® en el sill¨®n, sumido en sus pensamientos. Le gustaba mantener la ilusi¨®n de seguir siendo un ¡°agente¡±, aunque fuera solo por unos minutos. No le sorprend¨ªa que las autoridades ocultaran parte de la verdad; la informaci¨®n sensible rara vez se compart¨ªa con el p¨²blico. ¡ªAtlas, ?qu¨¦ opinas de esto? ¡ªPregunt¨® sin esperar una respuesta significativa. El androide gir¨® su cabeza de forma sutil, sus ojos luminosos parpadeando con un destello de reconocimiento: ¡ª La situaci¨®n est¨¢ bajo control, las probabilidades de m¨¢s disturbios en esta ¨¢rea han disminuido en un 99% desde que las fuerzas de seguridad tomaron el control. ¡ªEspero que as¨ª sea ¡ªRespondi¨® G¨®mez, su voz cargada de indiferencia. Volvi¨® a fijar la mirada en la pantalla, observando c¨®mo el presentador segu¨ªa su show, cada vez m¨¢s pomposo y exagerado. Un suspiro escap¨® de sus labios mientras pensaba en lo ¡°corta¡± que hab¨ªa sido su vida como agente, en aquellos d¨ªas en que investigaba los oscuros recovecos de la sociedad, buscando lo que se ocultaba en las sombras. Ya no ten¨ªa sentido seguir haci¨¦ndolo; ahora eran otros los que deb¨ªan encargarse de esa tarea en su lugar. El Ojo que Todo lo Ve (6) Repentinamente, el grito del presentador irrumpi¨® sus pensamientos melanc¨®licos: ¡ª?Miren c¨®mo la desesperaci¨®n convierte a los amigos en enemigos, a los padres en monstruos! La c¨¢mara enfoc¨® a una mujer que abrazaba a su hijo con un agarre tan fuerte que los brazos se le volv¨ªan blancos. Sus labios se mov¨ªan r¨¢pidamente, susurrando una mezcla de s¨²plicas y ¨®rdenes. Parec¨ªa que el presentador quer¨ªa hacer la comparativa entre el padre que usaba a su hijo de escudo y a la madre que lo proteg¨ªa con esmero. ¡ª?No te muevas, qu¨¦date quieto, ellos nos salvar¨¢n, conf¨ªa! ?Por favor, por favor¡­! ¡ªDec¨ªa la madre, pero el ni?o en sus brazos apenas pod¨ªa sostenerse en pie, y sus piernas flaqueaban mientras trataba de resistir el impulso de salir corriendo. Sus ojos, tan llenos de terror que parec¨ªa que iban a estallar, se clavaron en el centinela como si viera a la muerte misma. La criatura de metal emiti¨® un sonido agudo mientras sus sensores procesaban las se?ales de movimiento. Un destello de luz roja cruz¨® la franja que hac¨ªa las veces de ¡°rostro¡±, y un brazo mec¨¢nico se alz¨® con un movimiento premonitorio. Los adultos, al ver esto, empujaron a¨²n m¨¢s al ni?o que hac¨ªa de escudo, creando una peque?a brecha entre ellos y la m¨¢quina. La tensi¨®n se espes¨® en el aire, la multitud se contrajo, y el centinela procedi¨® con una frialdad impasible. Las garras met¨¢licas del robot se cerraron alrededor de la cabeza del ni?o, que temblaba con los ojos desorbitados y la piel surcada de suciedad y l¨¢grimas. La c¨¢mara del dron capturaba cada detalle: la baba que ca¨ªa de sus labios entreabiertos, el temblor en sus mejillas y la mirada rota que lanzaba hacia la muchedumbre. Nadie respond¨ªa a sus suplicas, nadie pod¨ªa hacerlo. ¡ªNo pens¨¦ que me quedar¨ªa mirando tanto tiempo este tipo de porquer¨ªa¡­¡ªMurmur¨® G¨®mez, tamborileando el borde de su vaso mientras observaba la escena con una curiosidad indiferente. El centinela levant¨® al ni?o como si fuera un trozo de carne sin valor, sus ojos sin vida reflejando el metal impasible de su verdugo. Algunos adultos desviaron la vista. Una mujer se tap¨® el rostro con las manos, los sollozos atrapados en su garganta. Un hombre mayor, con la barba entrecana y una expresi¨®n de resignaci¨®n, murmur¨® en voz baja: ¡ªMonstruos¡­ Asesinos A lo que nuestro protagonista respondi¨® con una sonrisa c¨®mplice: ¡ªSi la ley fue escrita¡­ es para que se cumpla¡­ La garra del centinela se movi¨® con las palabras de G¨®mez, deteni¨¦ndose apenas un instante antes de hundirse en la nuca del ni?o. Su mand¨ªbula se abri¨® en un grito silente, ahogado antes de siquiera nacer. Las garras se hundieron en la carne, sujetando con una fuerza abrumadora, y con una lentitud calculada, exasperante, el centinela comenz¨® a extraer la columna vertebral, v¨¦rtebra por v¨¦rtebra. El silencio que sigui¨® a la brutal ejecuci¨®n del centinela se rompi¨® con un gemido colectivo, un sonido que se desliz¨® como una oleada de horror reprimido entre los presentes. Una de las tantas mujeres que hab¨ªa contemplado la escena entre los dedos temblorosos con los que cubr¨ªa su rostro, emiti¨® un grito desgarrador que reson¨® en los muros de cristal del centro comercial. Fue un grito que no era solo de desesperaci¨®n, sino de impotencia, de una furia nacida de saber que en este mundo la vida humana era una moneda de cambio que pod¨ªa ser ignorada a voluntad. Como respuesta, el centinela arroj¨® el cad¨¢ver del ni?o como si se tratara de una prenda sucia e in¨²til. Sin perder tiempo, la mujer que hab¨ªa gritado se lanz¨® hacia adelante. Sus brazos flacos y tensos como ramas secas rodearon el peque?o cuerpo a¨²n estremecido del ni?o. Lo abraz¨® con una fuerza que solo una madre en la c¨²spide de la desesperaci¨®n podr¨ªa reunir, cubri¨¦ndolo con su propio cuerpo, una ¨²ltima barrera in¨²til contra un destino que ya se hab¨ªa consumado. El centinela, indiferente a la tragedia que se desarrollaba frente a ¨¦l, ajust¨® sus sensores con un zumbido mec¨¢nico y se prepar¨® para seleccionar al siguiente condenado. Sus ojos rojos proyectaban sombras danzantes sobre los rostros p¨¢lidos de los prisioneros. El presentador sonri¨® con una expresi¨®n que apenas ocultaba su disfrute. Se dirigi¨® a su audiencia con un tono pulido, cuidadosamente modulando la voz para maximizar el impacto. Sin embargo, el sarcasmo que destilaba era inconfundible: ¡ª?Ah, mis queridos espectadores, qu¨¦ escena tan conmovedora! ?Qui¨¦n dir¨ªa que incluso en estas ¡°cosas¡± podr¨ªa brotar un gesto de amor? ¡ªSolt¨® una risa forzada, ensayada, que reson¨® a trav¨¦s de las pantallas¡ª Pero, qu¨¦ l¨¢stima, ese pobre ni?o nunca pudo ver el ¡°verdadero¡± amor que su madre guardaba en su interior, si es que en realidad dicho amor alguna vez existi¨®. El presentador hizo una pausa teatral, asegur¨¢ndose de que nadie apartara la vista. ¡ª?A qui¨¦n intentamos enga?ar? Esa mujer sab¨ªa muy bien que nunca podr¨ªa alimentar a su hijo sin condenarse a s¨ª misma. Esa es la dura verdad de su existencia. Siendo realistas, deber¨ªan pensar dos veces antes de traer hijos al mundo. ?O acaso esas ¡°cosas¡± creen que vamos a permitir que hordas y hordas de su raza surjan bajo nuestras narices? Si fueran de los nuestros, otro ser¨ªa el cuento. Pero me temo, se?ores y se?oras, que si fu¨¦ramos tan ingenuos, la verdadera humanidad habr¨ªa desaparecido hace tiempo. If you encounter this narrative on Amazon, note that it''s taken without the author''s consent. Report it. Desde la comodidad de su sill¨®n, G¨®mez frunci¨® el ce?o mientras la voz del presentador se deslizaba por la sala. Tom¨® otro sorbo de su c¨®ctel, dejando que el licor ardiera en su garganta y disipara, aunque solo un poco, la repulsi¨®n que le causaba que estas criaturas pudieran darse el lujo de formar familias. Mientras tanto, ¨¦l hab¨ªa quemado a?os y a?os de su vida trabajando por la ¡°humanidad¡± a cambio de quedarse completamente solo. Atlas, que hab¨ªa estado observando atentamente, inclin¨® la cabeza en un gesto sutil, como si compartiera de alguna manera la incomodidad de su amo. El centinela se detuvo por un breve instante, como si considerara la escena que ten¨ªa frente a ¨¦l. Su brazo mec¨¢nico, dise?ado para cortar y desgarrar sin vacilaci¨®n, se alz¨® de nuevo, proyectando una sombra alargada que cubr¨ªa a la madre y al ni?o en un abrazo oscuro. La multitud contuvo la respiraci¨®n, esperando el inevitable golpe. Los sensores del robot parec¨ªan registrar los niveles de miedo y movimiento, y el brillo en su visor rojo puls¨® una vez antes de estabilizarse. La ejecuci¨®n era inminente. Sin previo aviso, el centinela activ¨® un engranaje interno que emiti¨® un zumbido sordo. En un movimiento s¨²bito, su brazo mec¨¢nico descendi¨® con una fuerza brutal y golpe¨® de lleno la cabeza de la mujer, empuj¨¢ndola hacia el centro de su cuerpo. Un sonido seco y visceral reson¨® por el centro comercial. La mujer, sin cabeza a la vista, cay¨® sin vida sobre el cad¨¢ver de su hijo, manchados ambos por la mezcla de polvo y sangre que ahora corr¨ªa por el suelo. El centinela permaneci¨® inm¨®vil por un instante, como si saboreara el cl¨ªmax de la ejecuci¨®n. La sangre, tibia y oscura, se desliz¨® por sus superficies met¨¢licas, trazando l¨ªneas que se bifurcaban como r¨ªos ca¨®ticos en busca de un mar inexistente. No hab¨ªa remordimiento en sus sensores rojos que brillaban con una intensidad sin alma; tan solo la programaci¨®n insensible que lo mov¨ªa de un condenado al siguiente. El presentador, desde su cabina de transmisi¨®n, mir¨® la escena con una expresi¨®n de gozosa anticipaci¨®n, como si el drama de la muerte fuera un fest¨ªn visual para su p¨²blico hambriento de espect¨¢culo. Cuando habl¨®, lo hizo con un tono tan envolvente que parec¨ªa una invitaci¨®n a un macabro banquete. ¡ª?Amigos m¨ªos, qu¨¦ magn¨ªfica representaci¨®n del orden y la justicia! ¡ªExclam¨®, inclinando ligeramente la cabeza con un aire teatral¡ª Observen c¨®mo la ley, nuestra querida e implacable ley, nos protege de la decadencia y la anarqu¨ªa. Aqu¨ª, en este mismo momento, vemos el costo de desafiar a los que viven arriba: una madre que se atrevi¨® a so?ar con la rebeli¨®n y un hijo que, lamentablemente, naci¨® en la sombra de esa decisi¨®n. Los drones reporteros, obedientes a la voluntad de la producci¨®n, se movieron para capturar cada ¨¢ngulo del cuerpo inerte de la mujer y el ni?o. Los espectadores en sus hogares, encapsulados en la comodidad y seguridad de sus sof¨¢s, conten¨ªan la respiraci¨®n, algunos m¨¢s interesados en la crudeza de la ejecuci¨®n que en la naturaleza de la injusticia. Un hombre entre los condenados, con las manos temblorosas y los ojos llenos de un miedo ancestral, mir¨® al centinela y luego al dron reportero, como si pudiera encontrar piedad en un lugar donde la misma palabra hab¨ªa perdido todo sentido. Los dem¨¢s condenados, encadenados unos a otros, observaron la escena con el horror tatuado en sus rostros, atrapados entre la n¨¢usea y la certeza de su destino. Todos parec¨ªan sucios, rotos, como si hubieran sido despojados de cualquier dignidad humana. Entre ellos, otra madre y su hijo estaban presente, un par de almas perdidas que luchaban por comprender la realidad que los rodeaba. A diferencia de la anterior pareja, ella astutamente hab¨ªa arrastrado a su hijo hasta el fondo de la multitud, pero el enfoque del dron reportero anunciaba su destino. La madre, de cabello oscuro y enredado, vest¨ªa una camiseta rasgada, sus ropas sucias y gastadas por el hambre y las privaciones. Estaba agotada, pero el amor por su hijo a¨²n brillaba en sus ojos. Ten¨ªa la mirada fija en el ni?o, tratando de transmitirle algo con sus ojos, algo que podr¨ªa haber sido un mensaje de esperanza, pero que en este momento parec¨ªa un susurro vano en el viento. Su piel estaba marcada por las cicatrices de a?os de sufrimiento, pero su postura era la de una madre que har¨ªa cualquier cosa por proteger a su hijo, incluso en esta ¨²ltima instancia de desesperaci¨®n. Sin embargo, el tiempo se les estaba agotando. El ni?o, un peque?o de no m¨¢s de ocho a?os, estaba desali?ado. Sus ropas, una mezcla de trapos y pedazos de tela rasgados, colgaban de su cuerpo flaco. Sus zapatos, ya rotos y cubiertos de mugre, apenas pod¨ªan sostenerlo en pie. La piel de su rostro estaba cubierta de sudor y sangre, sus ojos abiertos de par en par por el miedo, pero tambi¨¦n por la confusi¨®n. No comprend¨ªa la magnitud de la situaci¨®n, pero s¨ª sent¨ªa el peso de la amenaza inminente. ¨¦l no quer¨ªa estar all¨ª, no quer¨ªa ver la muerte acechando a su madre. A su corta edad, estaba siendo arrancado de la inocencia y lanzado de golpe a la cruel realidad del mundo que lo rodeaba. El ni?o no sab¨ªa qu¨¦ decir. Sus palabras sal¨ªan entrecortadas, sus labios temblaban, y su respiraci¨®n se aceleraba. Miraba a su madre, pidiendo sin palabras que lo salvaran, que lo sacaran de ese lugar infernal. No sab¨ªa si alguien lo escuchar¨ªa, ni siquiera si alguien podr¨ªa. Pero en su mente, un pensamiento se repet¨ªa: ?Por qu¨¦ nos est¨¢n haciendo esto? ?Qu¨¦ hemos hecho para merecerlo? Sus ojos, h¨²medos por las l¨¢grimas, se clavaban en el centinela que los observaba, en la m¨¢quina que no comprend¨ªa el concepto de compasi¨®n, solo cumpl¨ªa ¨®rdenes. El presentador, que hab¨ªa estado observando la escena con una intensidad casi teatral, parec¨ªa disfrutar de la tensi¨®n acumulada. Su rostro apareci¨® en el holograma, iluminado por una luz artificial que hac¨ªa que su expresi¨®n pareciera a¨²n m¨¢s falsa y vac¨ªa. Con una sonrisa afilada, se dirigi¨® a la c¨¢mara, como si estuviera presentando un show de entretenimiento. ¡ªY ahora, mis queridos espectadores, tenemos el honor de mostrarles un momento decisivo en la historia de nuestro planeta. ?La justicia se servir¨¢ en su m¨¢xima expresi¨®n! ¡ªDijo el presentador, su tono melodram¨¢tico llenando el aire, mientras sus dedos se mov¨ªan al ritmo de la narraci¨®n. El dron reportero se acerc¨® a¨²n m¨¢s al grupo de prisioneros, enfocando a la madre y al hijo en primer plano. La c¨¢mara comenz¨® a hacer un zoom sobre sus rostros, capturando la angustia y el miedo que los envolv¨ªa. La madre miraba al ni?o con un gesto que denotaba desesperaci¨®n. Las l¨¢grimas trazaban caminos oscuros sobre sus mejillas sucias, y en los ojos de la mujer ard¨ªa una mezcla de amor feroz y terror paralizante. Era una mirada que hablaba de sacrificio, de memorias compartidas, de promesas no cumplidas y un adi¨®s no dicho. El ni?o, peque?o e indefenso, buscaba refugio en la cercan¨ªa de su madre, sus manitas aferr¨¢ndose a ella con una desesperaci¨®n que rozaba la locura. El Ojo que Todo lo Ve (7) La voz del presentador rompi¨® el aire como un cuchillo, su tono impregnado de falsa solemnidad y un dejo de satisfacci¨®n: ¡ªAqu¨ª los tienen, amigos y ciudadanos leales¡­ ¡ªSonri¨®, sus ojos brillando con un placer apenas disimulado¡ª Una madre y su hijo, dos traidores al orden que nuestros antepasados construyeron con tanto esfuerzo. Dos seres que, con sus propios actos, han sellado su destino. La madre, culpable de robar y desestabilizar la paz que tanto nos ha costado preservar, y el ni?o, que solo ha seguido el ejemplo de su madre, un producto de la decadencia, un reflejo de una generaci¨®n perdida que arrastra consigo los errores de sus predecesores. No hay m¨¢s que decir, mis amigos. ?Culpables! La madre cerr¨® los ojos por un segundo, como si intentara grabar ese momento en su memoria, su ¨²ltimo acto de amor, un ¨²ltimo susurro mudo: ¡°Te amo. No importa lo que pase, eres mi luz.¡± El presentador continu¨®, su voz ganando intensidad, envalentonado por la atenci¨®n de la audiencia: ¡ª?Traer a un ni?o a un robo? Una estrategia pat¨¦tica, un intento torpe de buscar piedad. Quisieron jugar con la empat¨ªa, apostaron a nuestra compasi¨®n. ?Pero vean bien! ¡ªAlz¨® la voz, se?alando al ni?o que temblaba bajo la sombra del centinela¡ª No somos tan ingenuos como para perdonar a los que buscan sabotearnos. No habr¨¢ piedad para los que nos desaf¨ªan. El silencio se hizo m¨¢s espeso, y la madre lanz¨® una ¨²ltima mirada a su hijo, un intento de transmitirle una fuerza que ella misma ya no ten¨ªa. El dron captur¨® esa despedida, ese momento de conexi¨®n ef¨ªmera, antes de que la muerte lo borrara todo. El centinela, como si hubiera estado esperando el momento exacto para actuar, se acerc¨® a la madre y su hijo. La m¨¢quina no mostraba signos de emoci¨®n, solo obedec¨ªa a las ¨®rdenes dadas. Sus pasos eran firmes, calculados, y el ruido met¨¢lico de sus extremidades resonaba en el aire, amplificado por el silencio que reinaba en el lugar. Cuando lleg¨® hasta ellos, el robot extendi¨® su brazo met¨¢lico, apuntando con precisi¨®n al cuello de la madre. Ella no grit¨®, solo cerr¨® los ojos, como si aceptara su destino. El ni?o, sin embargo, no pod¨ªa aceptar que su madre fuera llevada de esa manera. Su peque?o cuerpo se agit¨® con un esfuerzo fren¨¦tico por escapar, pero las cadenas lo manten¨ªan sujeto. ¨¦l intent¨® gritar, pero su voz se quebr¨® en un sollozo silencioso. ¡ª?Por favor! ?No! ¡ªGimi¨®, mientras luchaba por salir del cerco del centinela. El presentador, que segu¨ªa observando con una sonrisa forzada, inclin¨® la cabeza hacia un lado, como si pensara que el espect¨¢culo alcanzaba su punto culminante. ¡ª?Y ah¨ª lo tienen, mis queridos televidentes! La ejecuci¨®n ser¨¢ r¨¢pida, eficiente, como debe ser. ?Un recordatorio de lo que pasa cuando se desaf¨ªa a los que mandan! ¡ªDijo, con una satisfacci¨®n perversa, mientras los drones segu¨ªan grabando, capturando cada detalle, cada l¨¢grima, cada gesto. El centinela alz¨® su brazo y se prepar¨® para lo que parec¨ªa ser el final. Sin embargo, antes de proceder, el robot se detuvo de manera brusca. La m¨¢quina permaneci¨® inm¨®vil, como si estuviera esperando una nueva instrucci¨®n. La mujer, todav¨ªa abrazando al ni?o, abri¨® los ojos con incredulidad, sus dedos aferr¨¢ndose al peque?o cuerpo que intentaba proteger. No entend¨ªa lo que estaba pasando, pero la esperanza, tan fr¨¢gil como un hilo de seda, empez¨® a tejerse en su mirada. El centinela baj¨® lentamente su brazo, y el brillo rojo de sus sensores se atenu¨®, pasando de un carmes¨ª furioso a un parpadeo casi inofensivo. ¡ª??Qu¨¦ pasa?! ¡ªGrit¨® el presentador, visiblemente frustrado. Sin embargo, antes de que pudiera reaccionar, una nueva orden se emiti¨® desde un terminal de comando oculto entre su escritorio. ¡ª?Un momento!...¡ªExclam¨®, su voz un tanto vacilante. Las c¨¢maras capturaron el cambio en la din¨¢mica de la escena¡ª ?Un ciudadano respetable ha decidido intervenir! ¡ªAnunci¨® el presentador, alargando cada palabra para maximizar el suspenso ¡ªEste benefactor, cuyo nombre quedar¨¢ en el anonimato, ha acordado cubrir los costos de los da?os y comprar la libertad del ni?o. ?S¨ª, as¨ª como lo oyen! ¡ªEl tono de su voz, tan entusiasta como si estuviera presentando un sorteo en horario estelar, hizo que G¨®mez apretara los labios y se reclinara en su asiento. La garra del centinela descendi¨®, pero esta vez no con la violencia implacable de una ejecuci¨®n. En cambio, se acerc¨® al ni?o con la precisi¨®n de un cirujano y cort¨® con un sonido seco los grilletes que lo un¨ªan al grupo de prisioneros. El metal fr¨ªo cay¨® al suelo con un tintineo hueco, marcando el fin de la sentencia que pend¨ªa sobre ¨¦l. La madre se qued¨® inm¨®vil, con la respiraci¨®n contenida, mientras el ni?o, a¨²n temblando, levantaba la vista hacia la m¨¢quina que ahora parec¨ªa un guardi¨¢n de hierro. El presentador volvi¨® a aparecer, su imagen ampliada y gesticulante ¡ª?Ah, qu¨¦ giro tan inesperado, mis queridos amigos! Hoy hemos presenciado no solo el triunfo de la ley, sino tambi¨¦n el poder de la generosidad y magnificencia entre los nuestros¡ªSu tono segu¨ªa siendo irritante, empapado de una euforia fabricada. G¨®mez dej¨® escapar un suspiro, no de alivio, sino de aburrimiento. Detestaba cuando las ejecuciones, destinadas a ser ejemplos de orden, se convert¨ªan en teatro barato. Unauthorized duplication: this tale has been taken without consent. Report sightings. El ni?o, con la piel todav¨ªa enrojecida por la presi¨®n del metal, levant¨® la cabeza lentamente. A su alrededor, el aire estaba cargado de una mezcla de incertidumbre y miedo. La madre, a¨²n de rodillas, con el cuerpo exhausto y la mirada fija en el centinela, busc¨® recibir la misma compasi¨®n que le fue dada a su hijo con una desesperaci¨®n que solo una persona al borde de la muerte puede conocer. La confusi¨®n del ni?o se deshizo r¨¢pidamente en p¨¢nico cuando comprendi¨® lo que estaba sucediendo. Estaba libre, pero su madre segu¨ªa prisionera, y el centinela a¨²n la manten¨ªa en la mira. Al comprender su tr¨¢gico destino, ella lo mir¨®, sus ojos hinchados y enrojecidos, tratando de imprimir una ¨²ltima imagen de amor en su memoria, de transmitirle un mensaje silencioso: Vive, sobrevive. Pero ¨¦l no lo entendi¨®. No pod¨ªa aceptarlo. ¡ª?No! ?Por favor, no la maten! ¡ªGrit¨® el ni?o, su voz entrecortada y aguda, como un cuchillo que cortaba el aire cargado de la plaza. Se aferr¨® a la pierna de su madre, tratando de tirar de ella como si pudiera arrastrarla fuera de la sombra del centinela. Sus peque?os dedos se crisparon, blancos de la tensi¨®n, mientras miraba alrededor en busca de una ayuda que no llegar¨ªa. Sus ojos, enormes y asustados, se mov¨ªan fren¨¦ticamente, recorriendo los rostros vac¨ªos de la multitud de condenados. G¨®mez dej¨® que sus ojos vagaran por la escena sin un ¨¢pice de emoci¨®n. El holograma proyectaba la s¨²plica del ni?o en alta definici¨®n, capturando cada temblor, cada l¨¢grima que rodaba por su mejilla sucia. Atlas, que hab¨ªa estado observando de pie junto al sill¨®n, inclin¨® ligeramente la cabeza, como si analizara la escena con un matiz de curiosidad. ¡ªSe?or, me atrevo a preguntar ¡ªDijo Atlas, con su voz que resonaba como un eco mec¨¢nico¡ª ?Cu¨¢nto cree que costar¨ªa la libertad de la madre? G¨®mez apart¨® la vista del holograma y la dirigi¨® al androide, levantando una ceja con escepticismo. Un destello de humor negro se reflej¨® en sus ojos, y apenas se molest¨® en sonre¨ªr. ¡ªMenos que mi c¨®ctel, Atlas ¡ªRespondi¨® finalmente, dejando que las palabras se deshicieran en el aire. La crudeza que impregnaba su tono era palpable, un recordatorio de la frialdad con la que el mundo giraba. ¡ª?Por favor! ?Alguien! ?Ayuden a mi mam¨¢! ¡ªLa voz del ni?o se deshilach¨® en un sollozo desesperado, pero nadie entre los condenados se movi¨®. Cada uno de ellos, a¨²n con los rostros marcados por la sombra de su propio destino incierto, evitaba mirar directamente al afortunado. Nadie quer¨ªa ser el pr¨®ximo objeto de atenci¨®n del centinela. El centinela, sin emoci¨®n ni juicio, baj¨® de nuevo su brazo met¨¢lico, ahora con un prop¨®sito renovado. Las luces rojas de sus sensores se intensificaron, y con un movimiento que fue a la vez implacable y meticuloso, aferr¨® a la madre por el cuello. Ella no grit¨®; no hab¨ªa m¨¢s espacio en su cuerpo para el miedo, solo un agotamiento profundo y la certeza de que todo lo que quedaba era el fin. Mir¨® a su hijo por ¨²ltima vez, su rostro endurecido por la mezcla de amor y esperanza por un futuro que ella ya no ver¨ªa. El presentador hizo un gesto de falsa conmoci¨®n y se llev¨® una mano al pecho, como si la escena lo afectara personalmente. G¨®mez resopl¨® al ver la actuaci¨®n exagerada del presentador y ya harto de la situaci¨®n, movi¨® el dedo para pasar al siguiente canal. El holograma chisporrote¨® un segundo antes de estabilizarse, mostrando un comercial de papas fritas, donde modelos en trajes de ba?o trasl¨²cidos bailaban al ritmo de una canci¨®n pegajosa bajo una luz dorada, mientras una lluvia de papas fritas ca¨ªa del cielo como si fueran bendiciones divinas. Sus risas eran cristalinas, demasiado cristalinas, y sus sonrisas blancas, demasiado blancas. G¨®mez apenas las mir¨®. Su dedo se movi¨® con desgana una vez m¨¢s. El holograma cambi¨® de inmediato. Ahora era un programa de concursos. Un hombre vestido con un traje amarillo patito y una sonrisa que parec¨ªa tatuada en su rostro gritaba al p¨²blico: ¡ª?Y aqu¨ª vamos con otra ronda de la ruleta m¨¢gica! ?Donde todo se puede ganar y nada perder! El p¨²blico, una masa amorfa de rostros felices y sin nombre, aplaud¨ªa y gritaba como si sus vidas dependieran de ello. G¨®mez frunci¨® el ce?o al ver a una concursante, una joven cuasi desnuda con ojos dilatados por alguna droga de ¨²ltima generaci¨®n, girar la ruleta con una fuerza desproporcionada. El artefacto emiti¨® un sonido met¨¢lico antes de detenerse en una casilla que dec¨ªa: Una semana en el para¨ªso. Los aplausos explotaron nuevamente. Su dedo se movi¨® con desgana una vez m¨¢s. Un documental. Al menos parec¨ªa un documental. La voz profunda de un narrador describ¨ªa las maravillas de una ciudad flotante en el cielo, una megal¨®polis suspendida por tecnolog¨ªa anti-gravedad, donde la ¨¦lite disfrutaba de vistas eternas al horizonte mientras beb¨ªa licores fosforescentes. G¨®mez alcanz¨® a ver un balc¨®n de cristal donde una pareja se besaba con pasi¨®n teatral. Ella ten¨ªa alas sint¨¦ticas que se mov¨ªan suavemente con el viento. ¨¦l ten¨ªa ojos completamente negros como los de un tibur¨®n. Su dedo se movi¨® con desgana una vez m¨¢s. Un canal de deportes extremos. Un grupo de j¨®venes, con trajes ajustados cubiertos de sensores LED, saltaban desde el borde de un rascacielos en ca¨ªda libre. La c¨¢mara segu¨ªa cada uno de sus movimientos mientras descend¨ªan, riendo y gritando, como si la muerte no existiera, como si fueran invencibles. Uno de ellos activ¨® su paraca¨ªdas a ¨²ltimo momento y cay¨® de pie sobre una plataforma flotante entre dos edificios. Una serie de comentarios se proyectaban en el aire para acentuar el ¨¦xtasis del televidente: ¡ª?Este tipo es un maldito dios! ¡ª?Quiero ser como ¨¦l! Su dedo se movi¨® con desgana una vez m¨¢s. El Ojo que Todo lo Ve (8) Un programa de cocina. Una chef androide, con brazos multiarticulados, preparaba un platillo usando ingredientes bioluminiscentes. La comida palpitaba suavemente bajo la luz ultravioleta mientras era decorada con precisi¨®n quir¨²rgica. ¡ªY voil¨¤, queridos espectadores. ?Un fest¨ªn para los sentidos y una org¨ªa para las papilas gustativas! G¨®mez arque¨® una ceja. Su dedo se movi¨® con desgana una vez m¨¢s. Un noticiero. Las noticias eran narradas por un avatar virtual con facciones dise?adas para ser universalmente provocativas. La voz andr¨®gina dec¨ªa: ¡ªEn el distrito Gamma-7, un grupo de activistas prosinteticos intent¨® sabotear el suministro de ox¨ªgeno premium de la capital marciana. Las autoridades neutralizaron la amenaza r¨¢pidamente. En otras noticias, la venta de mascotas tra¨ªdas del otro mundo ha alcanzado un nuevo r¨¦cord esta semana y se espera que muchos due?os comiencen a vender sus viejas mascotas, provocando un retroceso en el precio de muchos animales ex¨®ticos... G¨®mez se qued¨® unos minutos atontado en la belleza del avatar hasta que finalmente sali¨® el aturdimiento y su dedo se movi¨® una vez m¨¢s. El canal cambi¨® a una sala de chat en vivo. Decenas de hologramas de personas, todas alteradas con filtros que las hac¨ªan parecer dioses griegos o personajes de un videojuego, charlaban sobre banalidades. Una mujer con piel de obsidiana l¨ªquida y ojos dorados re¨ªa coquetamente con un hombre cuya cara parec¨ªa esculpida en m¨¢rmol. ¡ªNo puedo creer que te hayas perdido la fiesta de anoche, Zeus. Fue... sublime. ¡ªLo s¨¦, lo s¨¦. Estaba con trabajo pendiente. Ocho horas seguidas corrigiendo ex¨¢menes de mocosos. ¡ª?Eso es una locura! ?C¨®mo les fue? ¡ªMal. Bien. Lleg¨® un punto en donde me olvid¨¦ que estaba corrigiendo ex¨¢menes y ¡­ El desdichado dedo se movi¨® con desgana una vez m¨¢s. De nuevo un comercial. Esta vez, para un nuevo tipo de estimulante emocional en formato de parche cut¨¢neo. Una mujer sonriente lo aplicaba en su cuello y sus pupilas se dilataban instant¨¢neamente mientras su sonrisa se convert¨ªa en algo casi espiritual. ¡ª?No m¨¢s tristeza! ?No m¨¢s ansiedad! ?Solo ¨¦xtasis puro con Emotion+! G¨®mez dej¨® caer la cabeza hacia atr¨¢s en el sill¨®n. La luz de los hologramas bailaba sobre su rostro cansado. Su dedo a¨²n se discut¨ªa si cambiar de canal o no. ¡ªTodo es lo mismo ¡ªMurmur¨®. Afuera, la ciudad brillaba con luces de ne¨®n y drones publicitarios que proyectaban im¨¢genes que no resguardaban pudor alguno. Cerr¨® los ojos por un momento, intentando silenciar el ruido interno y externo. Pero el silencio era a¨²n peor. Era como si algo dentro de ¨¦l estuviera desgarr¨¢ndose lentamente, una grieta que crec¨ªa con cada canal que pasaba y ca¨ªa en la realidad de que esta iba a ser su nueva vida de ahora en delante. Finalmente, su dedo se movi¨® casi que por cuenta propia, en un gesto de sacar a su due?o de la meditaci¨®n depresiva en la que hab¨ªa ca¨ªdo. El holograma cambi¨® una vez m¨¢s. Esta vez era una transmisi¨®n en vivo desde una fiesta privada en una de las torres m¨¢s exclusivas del planeta tierra. Personas vestidas con trajes transl¨²cidos danzaban bajo estalactitas de luces psicod¨¦licas. En el centro, una figura alta y delgada con una m¨¢scara dorada elevaba las manos mientras una sustancia l¨ªquida, brillante y viscosa ca¨ªa sobre los asistentes desde un domo en el techo. If you discover this narrative on Amazon, be aware that it has been stolen. Please report the violation. ¡ªSean libres ¡ªDijo la figura enmascarada, con una voz amplificada por altavoces ¡ªSean ustedes mismos. No hay l¨ªmites, no hay remordimientos, no hay pecados en esta casa. Incomodado por la felicidad pasajera de estas personas, G¨®mez apag¨® el holograma de golpe. La habitaci¨®n qued¨® en penumbras, iluminada solo por las luces distantes de la ciudad y el reflejo de los anuncios flotando en el cielo. Se qued¨® en silencio, sintiendo el peso de algo indefinible apret¨¢ndole el pecho. Afuera, un dron publicitario pas¨® cerca de su ventana, proyectando una imagen resplandeciente de una modelo con ojos que parec¨ªan pozos sin fondo. Era perfecta. Su piel era un lienzo de porcelana, sin poros ni imperfecciones. Sus labios eran rojos, carnosos y sim¨¦tricos, siempre ligeramente entreabiertos como si estuviera a punto de decir algo revelador o seductor. Pero lo que m¨¢s llamaba la atenci¨®n eran sus ojos: enormes, profundos, del color de un oc¨¦ano sint¨¦tico que no reflejaba nada. ¡ª?Eres feliz? ¡ªPregunt¨® la modelo al notar que Gomez la miraba fijamente, con un tono aterciopelado y carente de emoci¨®n. La modelo inclin¨® la cabeza con una expresi¨®n que era a la vez tierna y distante. Una ligera brisa generada por el propio dron movi¨® su cabello con una precisi¨®n coreografiada, haciendo que cada hebra brillara bajo un resplandor azulado. El dron gir¨® lentamente sobre s¨ª mismo, proyectando en el aire una publicidad acerca de una playa paradis¨ªaca. El agua era de un azul iridiscente, la arena blanca como el az¨²car. Y all¨ª, en medio de ese para¨ªso, estaba ella, caminando descalza con un traje de ba?o transl¨²cido que parec¨ªa tejido de luz l¨ªquida. Cada paso dejaba una peque?a huella luminosa en la arena. ¡ªLa felicidad est¨¢ al alcance de tu mano ¡ªSusurr¨® la modelo, con los labios curv¨¢ndose apenas en una sonrisa que no llegaba a sus ojos. Al notar la indiferencia de Gomez, el dron se alej¨®, pero la imagen permaneci¨® un instante m¨¢s en el aire, suspendida como un espejismo que se niega a desvanecerse. G¨®mez se hundi¨® un poco m¨¢s en el sill¨®n, mientras la ciudad segu¨ªa respirando a su alrededor, indiferente a su peque?o acto de desconexi¨®n. ¡ª?Soy feliz? ¡ªSe pregunt¨® G¨®mez en un susurro, casi temeroso de escuchar su propia voz en la penumbra de la habitaci¨®n. La pregunta flot¨® en el aire, pesada, pegajosa, como una telara?a invisible que no pod¨ªa apartar de su mente. Sacudi¨® la cabeza, como si pudiera deshacerse de la sensaci¨®n con un simple movimiento, y volvi¨® a encender el holograma. Su dedo se desliz¨® nuevamente, buscando algo, cualquier cosa, que lo sacara de ese agujero mental en el que hab¨ªa ca¨ªdo. Las horas segu¨ªan resbalando como aceite sobre metal oxidado. G¨®mez apenas se daba cuenta de la transici¨®n entre un canal y otro. Su dedo segu¨ªa movi¨¦ndose con la misma desgana, tambale¨¢ndose en el aire con un aire de derrota. Los canales se deslizaban ante sus ojos con un desfile interminable de colores saturados, rostros falsos y frases vac¨ªas. Su dedo se movi¨® con desgana una vez m¨¢s. Un programa de debates emergi¨® ante ¨¦l. Cuatro hologramas de figuras perfectamente pulidas discut¨ªan con gestos apasionados sobre algo que G¨®mez no pudo identificar de inmediato. Uno se?alaba con el dedo, otro agitaba los brazos como un molinillo, pero sus palabras eran apenas ruido blanco entre efectos de sonido exagerados y gr¨¢ficos explosivos que acompa?aban cada frase. ¡ªEl problema, querido colega, es que la sociedad ha olvidado el valor de la disciplina... ¡ª?Eso son lo traumas de la dictadura! ?Lo que necesitamos es m¨¢s libertad, no menos! G¨®mez hizo una mueca, un debate alargado y falso no le llamaba su atenci¨®n. Su dedo se movi¨® con desgana una vez m¨¢s. Un comercial de una bebida energ¨¦tica explot¨® en el aire. Un hombre con m¨²sculos imposibles corr¨ªa por un desierto bajo un cielo p¨²rpura, perseguido por una tormenta el¨¦ctrica. Bebi¨® un sorbo de la lata brillante y, de repente, el mundo a su alrededor se convirti¨® en una explosi¨®n de ne¨®n y adrenalina. ¡ª?Libera al tit¨¢n que hay en ti! ¡ªGrit¨® el narrador con voz rasposa. ¡ªCada d¨ªa mas exagerados¡ªG¨®mez buf¨® y volvi¨® a cambiar el canal. Una transmisi¨®n en vivo desde una playa artificial. Cientos de cuerpos bronceados y esculturales se retorc¨ªan al ritmo de una m¨²sica electr¨®nica que parec¨ªa dise?ada para hipnotizar cerebros con poca resistencia al aburrimiento. G¨®mez not¨® que todos los asistentes llevaban gafas de realidad aumentada y sonre¨ªan con una expresi¨®n casi id¨¦ntica, como si sus emociones estuvieran sincronizadas. Su dedo se movi¨® con desgana una vez m¨¢s. El Ojo que Todo lo Ve (9) El zapping se volvi¨® un acto casi autom¨¢tico, como respirar. Pas¨® por canales de pornograf¨ªa, de competencias absurdas donde la gente se lanzaba excremento en la cara, de anuncios donde rostros perfectos vend¨ªan la felicidad que ellos mismos no ten¨ªan. G¨®mez intentaba no pensar, no sentir, solo dejarse llevar por la marea de im¨¢genes. Pero el esfuerzo era en vano; el contenido de la programaci¨®n no era suficiente para llenar su propio vac¨ªo. Finalmente, despu¨¦s de lo que parecieron siglos, volvi¨® sin quererlo al canal de la ejecuci¨®n p¨²blica. El centro comercial era ahora una c¨¢scara vac¨ªa llena de cad¨¢veres. Los cuerpos estaban desperdigados, sin orden ni sentido. La sangre se hab¨ªa secado en charcos pegajosos sobre el suelo de blanco pulido. El robot centinela continuaba su labor con la misma eficiencia mec¨¢nica, pero ya quedaban pocos condenados. G¨®mez reconoci¨® el cuerpo de la madre que hab¨ªa visto horas antes, ahora inerte y retorcido sobre una pila de otros cuerpos. Lo m¨¢s desconcertante, sin embargo, era el presentador. El hombre ya no ten¨ªa esa expresi¨®n histri¨®nica de falso entusiasmo. Estaba desplomado en su asiento, con las piernas arriba de su escritorio y la cabeza inclinada hacia adelante, los ojos clavados en una consola port¨¢til. Sus pulgares se mov¨ªan con precisi¨®n milim¨¦trica sobre los controles, su rostro ennegrecido iluminado apenas por la pantalla del dispositivo. ¡ªEh¡­ t¨²¡­ ¡ªMurmur¨® el presentador con voz arrastrada, sin levantar la vista¡ª El de la izquierda. S¨ª, t¨². Adelante, proceda a su destino. El centinela obedeci¨®. Un cuerpo m¨¢s fue exprimido como un trapo sucio por sus garras met¨¢licas. El presentador ni siquiera pesta?e¨®. G¨®mez se inclin¨® hacia adelante en su asiento, intrigado por aquella escena. Durante todas las horas que pas¨® recorriendo canales, aquel presentador le parec¨ªa la ¨²nica persona real que hab¨ªa visto. No era un avatar digital, ni un androide sint¨¦tico, ni un holograma creado por inteligencia artificial. Tampoco aparentaba ser un imb¨¦cil saturado por drogas y dada la indiferencia con la que ejecutaba su trabajo era evidente que no era una ¡°cosa¡± de alto estatus. Era un humano de carne y hueso, y estaba absolutamente, irremediablemente, harto de seguir trabajando. Cada tanto, el presentador levantaba una mano y se?alaba al azar. A veces ni siquiera miraba a qui¨¦n eleg¨ªa. Marcaba al siguiente condenado mientras segu¨ªa concentrado en su consola, su expresi¨®n fija y aburrida. Nadie en la producci¨®n parec¨ªa decirle nada. Nadie lo correg¨ªa, nadie lo apuraba, nadie parec¨ªa estar supervis¨¢ndolo. ¡ªSiguiente... ¡ªMurmuraba el presentador y su dedo se movi¨® con desgana una vez m¨¢s, como si ¨¦l tambi¨¦n estuviera zapeando entre condenados. La iron¨ªa de la situaci¨®n no pas¨® desapercibida para G¨®mez. Aquel hombre era, en cierto sentido, igual que ¨¦l: atrapado en un bucle de aburrimiento, hartazgo y vac¨ªo. Solo que en lugar de haber perdido su trabajo, el presentador se habia terminado aburriendo del mismo. En un momento particularmente grotesco, el presentador dej¨® la consola a un lado, estir¨® los brazos y bostez¨® con fuerza. Luego sac¨® un peque?o paquete de snacks de su bolsillo y comenz¨® a masticar con la boca abierta mientras el centinela tomaba a otro condenado por el cuello. ¡ªUf¡­*mascar*... esto es interminable¡­*mascar*... los nuevos protocolos de ejecuci¨®n p¨²blica son demasiados lentos ¡ªMurmur¨® el presentador, con la boca llena. G¨®mez sinti¨® un escalofr¨ªo recorrer su espalda. La queja a los nuevos protocolos le habia pegado de lleno, record¨¢ndole el motivo por el cual habia sido despedido. Por un segundo, G¨®mez pens¨® en apagar la pantalla. Pero no lo hizo. Se qued¨® mirando, atrapado en aquella escena absurda y deshumanizada, incapaz de apartar los ojos. El centinela levant¨® su brazo met¨¢lico una vez m¨¢s. El presentador volvi¨® a se?alar al azar. ¡ªT¨², s¨ª, t¨²¡­*mascar*... No te quejes tanto y camina al centinela. G¨®mez dej¨® escapar un suspiro largo y cansado. ¡ª?C¨®mo llegamos aqu¨ª? ¡ªMurmur¨®, aunque sab¨ªa que nadie ten¨ªa una respuesta. El presentador solt¨® una risita seca sin levantar la mirada de su consola. This story has been taken without authorization. Report any sightings. ¡ª?C¨®mo llegamos aqu¨ª pregunta la audiencia? Buena pregunta, queridos espectadores. Buena pregunta. G¨®mez frunci¨® el ce?o. Por un momento, sinti¨® que aquella respuesta hab¨ªa sido dirigida a ¨¦l. Era absurdo, claro, el presentador no pod¨ªa verlo. Levant¨® la cabeza y vio a Atlas a su lado; aparentemente el androide interpret¨® mal su pregunta y por error se la mand¨® al presentador. Sin embargo, hab¨ªa algo en el tono, en la pausa teatral que dej¨® el presentador despu¨¦s de la frase, que le hizo sentir una conexi¨®n inc¨®moda. El centinela continuaba con su rutina, otro cuerpo se desplom¨® con un golpe seco contra el suelo brillante del centro comercial. Pero G¨®mez ya no estaba prestando atenci¨®n a los cad¨¢veres. Su mirada estaba clavada en el presentador, que ahora hab¨ªa dejado los snacks a un lado y estaba reclinado en su silla, girando lentamente sobre su eje. ¡ªSabes, esto sol¨ªa ser divertido al principio ¡ªDijo el presentador con un bostezo exagerado¡ª Oh, s¨ª. Las primeras semanas, incluso los primeros meses, hab¨ªa algo emocionante en se?alar a alguien y decir: ¡°T¨², s¨ª, t¨²¡±. Como un emperador en el gran coliseo. Pero despu¨¦s de un tiempo... ¡ªHizo una pausa y clav¨® su mirada cansada en la c¨¢mara¡ª Despu¨¦s de un tiempo todo pierde su gracia. G¨®mez se enderez¨® ligeramente en su asiento. Algo en la voz del hombre hab¨ªa cambiado; el tono ir¨®nico segu¨ªa ah¨ª, pero hab¨ªa una grieta, una fisura de algo m¨¢s profundo y humano. ¡ª?Sabes c¨®mo termin¨¦ aqu¨ª? ¡ªContinu¨® el presentador, ahora con los codos apoyados sobre el escritorio y las manos entrelazadas¡ª No era mi plan, por supuesto. Nadie crece so?ando con ser el verdugo de una sociedad sin cara. Yo... ¡ªHizo una pausa y solt¨® una peque?a risa¡ª Yo quer¨ªa ser actor. S¨ª, un actor de verdad, de esos que llenan teatros, que hacen llorar a la gente en los finales tr¨¢gicos. A la pasada el presentador movi¨® su dedo con apat¨ªa una vez m¨¢s y el centinela ejecut¨® otro condenado con la misma indiferencia rob¨®tica de siempre. El presentador ni siquiera pesta?e¨®. ¡ªPero claro, al crecer me di cuenta de que el teatro muri¨® hace siglos. ?Qui¨¦n necesita personas actuando cuando tienes estas basuritas volviendo realidad todas tus fantas¨ªas? ¡ªHizo un gesto vago hacia la pila de cad¨¢veres amontonados en el piso reluciente del centro comercial¡ª Pero por suerte este trabajo estaba disponible y ahora estoy en una transmisi¨®n en vivo, donde millones de espectadores comiendo sus snacks y bebiendo bebidas burbujeantes miran c¨®mo juego a ser Dios¡­ Va¡­ A quien enga?o¡­ Estas ejecuciones p¨²blicas de suerte tienen cien espectadores y solo se las transmiten a los vecinos de la zona¡­ ¡ªIntent¨¦ otras cosas antes, ?sabes? Fui conductor de noticias un tiempo. ''Buenas noches, ciudadanos. Hoy murieron cien personas en un evento paranormal. El clima para ma?ana: soleado con posibilidades de lluvia ¨¢cida¡¯ ¡ªEl presentador hizo un gesto para marcar al siguiente condenado¡ªPero la audiencia quer¨ªa m¨¢s sangre, m¨¢s espect¨¢culo. Y aqu¨ª estoy, complaciendo a mi audiencia¡­ La c¨¢mara hizo un ligero zoom sobre el rostro del presentador. Sus ojeras eran profundas, sus ojos inyectados en sangre. Por un segundo, G¨®mez pens¨® que el hombre iba a romperse, a llorar o a gritar. Pero en su lugar, sonri¨®. Una sonrisa peque?a, torcida, que no alcanzaba a tocar sus ojos. ¡ªAl principio, me consolaba pensando que solo era un trabajo. Que no era mi culpa que hubiera gente tan imb¨¦cil para merecer ser condenada a muerte. Que alguien m¨¢s lo har¨ªa si yo no lo hac¨ªa. Pero... ¡ªSuspir¨® profundamente y se dej¨® caer de nuevo en su silla¡ª Con el tiempo, esa excusa dej¨® de funcionar. Me di cuenta de que ya no me importaban estas ¡°cosas¡±. El centinela tom¨® al ¨²ltimo condenado del centro comercial. Una anciana de cabello blanco, que apenas pod¨ªa mantenerse en pie. El presentador la mir¨® por un momento, con algo parecido al aburrimiento cruzando fugazmente su rostro. ¡ªAdelante, esta vieja ya vivi¨® demasiado, ya no nos es ¨²til a nosotros¡ªDijo finalmente, casi en un susurro. El centinela comprimi¨® la cabeza de la anciana como una sand¨ªa hasta que su cuerpo sin vida cay¨® desplomado, y con ella, el silencio se apoder¨® de la transmisi¨®n. No quedaba nadie vivo en el escenario. El centinela se qued¨® inm¨®vil, esperando nuevas ¨®rdenes que nunca llegar¨ªan. El presentador se reclin¨® en su silla, cerr¨® los ojos y dej¨® escapar un largo suspiro. ¡ª?Saben que es lo peor de todo? ¡ªMurmur¨®¡ª Ni siquiera s¨¦ porque sigo trabajando en un empleo tan insignificante como este. Solo s¨¦ que hay otros... otros que disfrutan esto. Que esperan con ansias cada ejecuci¨®n, cada transmisi¨®n. Al menos yo... al menos yo todav¨ªa puedo sentir que mi trabajo aporta a esas personas algo de placer. Un peque?o indicio de que soy ¨²til para la sociedad y que todo esto sirve para algo¡ªSe se?al¨® el pecho con un dedo tembloroso. G¨®mez sinti¨® un nudo en la garganta. No por los muertos, no por el espect¨¢culo, sino por aquel hombre abatido al otro lado de la pantalla. Un hombre que, por alguna raz¨®n, segu¨ªa ah¨ª, trabajando en un empleo vac¨ªo de emoci¨®n solo para que la sociedad funcione. El presentador se levant¨® lentamente de su asiento. Su silueta se recortaba contra el fondo del estudio de producci¨®n. ¡ªBueno, se acab¨® por hoy ¡ªSu voz son¨® casi paternal¡ªApaguen sus pantallas, coman algo saludable, abracen a sus hijos. La justicia ha vuelto ganar y el orden se preserva en la ciudad. Y con un gesto final, la transmisi¨®n se cort¨®. G¨®mez se qued¨® mirando la pantalla con est¨¢tica durante un largo minuto. Finalmente, apag¨® el holograma. La habitaci¨®n qued¨® en penumbras una vez m¨¢s. Afuera, la ciudad segu¨ªa brillando, respirando, ignorando todo lo que acababa de suceder en aquel centro comercial. ¡ª?C¨®mo llegamos aqu¨ª? ¡ªMurmur¨® G¨®mez una ¨²ltima vez antes de hundirse en el silencio de su soledad. El Ojo que Todo lo Ve (10) El triplex no ofrec¨ªa ning¨²n consuelo. Las paredes de cristal solo reflejaban la oscuridad exterior y la figura solitaria de G¨®mez. La ciudad parec¨ªa un organismo vivo, indiferente a las peque?as tragedias de sus habitantes. Los ojos azules de G¨®mez se encontraron con su reflejo en el cristal. El hombre que le devolv¨ªa la mirada era apenas una sombra del que alguna vez fue, una versi¨®n distante y erosionada de aquel G¨®mez joven e idealista que todav¨ªa imaginaba cuando cerraba los ojos. Su rostro, marcado por el cansancio, mostraba facciones endurecidas por a?os de sacrificio y entrega. La carrera, que en otro tiempo le brind¨® prop¨®sito y lo convirti¨® en una leyenda dentro de la Fundaci¨®n, ahora solo le dejaba un vac¨ªo insondable. Y la soledad de su hogar se sent¨ªa m¨¢s opresiva con cada minuto que pasaba sin un prop¨®sito por el cual seguir viviendo. El tic-tac del reloj hologr¨¢fico en la pared parec¨ªa m¨¢s fuerte de lo usual, resonando en el espacio mientras G¨®mez observaba el horizonte, dejando que la incomodidad de la soledad lo envolviera por completo. Gui¨¢ndose por el reflejo del cristal, divis¨® a Atlas observando su espalda. Era un momento extra?o, compartido en silencio entre un humano y una m¨¢quina, ambos atrapados en un espacio donde el tiempo parec¨ªa estirarse sin fin. Con un suspiro, acept¨® que en los canales de entretenimiento no hab¨ªa esperanza de encontrar algo que lo distrajera. Busc¨® y busc¨®, pero lo que encontr¨® no era mejor que un balazo en la cabeza. Programas absurdos de telerrealidad, competencias de dudosa calidad y series de argumentos vac¨ªos llenaban la programaci¨®n. Todo parec¨ªa dise?ado para apelar a una curiosidad superficial, carente de cualquier chispa de autenticidad o creatividad. Record¨® c¨®mo su padre se quejaba de que el entretenimiento de otros tiempos, aunque simple, al menos pose¨ªa un toque humano, algo que resonaba en la gente. Ahora ¨¦l comprend¨ªa las quejas de su padre. Todo parec¨ªa fabricado, est¨¦ril y desechable, hecho para impresionar a mentes insulsas y f¨¢ciles de contentar. Incluso las inteligencias artificiales que presentaban algunos de esos programas parec¨ªan m¨¢s carism¨¢ticas que los humanos que las acompa?aban en pantalla. Todo era superficial, carente de sentido. Aunque tal vez era ¨¦l quien se estaba volviendo un anacronismo viviente, incapaz de adaptarse al mundo que lo rodeaba. No era s¨®lo que las cosas hubieran cambiado; era que la esencia misma de la vida le parec¨ªa diferente desde que lo forzaron a jubilarse, despojada de valor, de direcci¨®n, y de prop¨®sito. Record¨® entonces por qu¨¦ lo hab¨ªan obligado a retirarse: no s¨®lo por su veteran¨ªa, sino porque, seg¨²n sus superiores, ¡°su visi¨®n de las cosas estaba anclada en un tiempo pasado¡±. Ahora, ir¨®nicamente, ten¨ªa dinero y tiempo libre para disfrutar de los frutos de la humanidad que ¨¦l con tanto empe?o hab¨ªa protegido, pero carec¨ªa de la chispa que hac¨ªa funcionar todo. Carec¨ªa de cualquier deseo y no se le ocurr¨ªa en qu¨¦ gastar o disfrutar de ese tiempo que le quedaba. Atlas movi¨® ligeramente la cabeza, como si pudiera sentir la incomodidad de G¨®mez. El agente desvi¨® la mirada de la interminable ciudad y, por un momento, sus ojos se encontraron con los fr¨ªos y perfectamente sim¨¦tricos del androide. Hab¨ªa algo en ellos que evocaba una paradoja: un ser sin emociones que parec¨ªa capaz de comprender lo que ¨¦l mismo no comprend¨ªa. Despu¨¦s de varios segundos de mirarlo en silencio, G¨®mez se rasc¨® la cabeza, inseguro de lo que estaba a punto de hacer. No era alguien que soliera abrirse, y menos con una m¨¢quina. Sin embargo, en ese momento, su soledad era tan abrumadora que la mera idea de compartir sus pensamientos, aunque fuera con Atlas, le pareci¨® menos rid¨ªcula que mantener el silencio. ¡ªAtlas, ?alguna vez has pensado en¡­ en lo que eres? ¡ªPregunt¨® ¡ªMis sistemas est¨¢n dise?ados para ejecutar tareas espec¨ªficas y responder a sus ¨®rdenes, se?or G¨®mez ¡ªRespondi¨® con calma¡ªMis procesos no incluyen el concepto de autoconciencia. Sin embargo, he sido optimizado para aprender de las interacciones y adaptarme a sus necesidades. ¡ªEntonces, ?no tienes deseos ni ambiciones? ?Nunca te preguntas por qu¨¦ haces lo que haces? ¡ªInsisti¨®. ¡ªMi funci¨®n es cumplir con mis tareas y asegurar su comodidad, se?or. Cualquier otra interpretaci¨®n excede los par¨¢metros de mi programaci¨®n. Hubo un silencio pesado, y G¨®mez sinti¨® que hablaba m¨¢s consigo mismo que con Atlas. Hab¨ªa algo casi filos¨®fico en la manera en que el androide respond¨ªa, algo que le recordaba que su existencia estaba completamente ligada al sentido de pertenencia con la sociedad y al servicio de la misma. Una vida sin deseo ni voluntad. En ese sentido, se sent¨ªa reflejado, como si, al igual que Atlas, estuviera atrapado en un c¨®digo de programaci¨®n carente de prop¨®sito m¨¢s all¨¢ del inicialmente establecido. ¡ª?Sabes? ¡ªDijo G¨®mez con un tono de voz m¨¢s bajo, casi como un murmullo¡ª A veces siento que¡­ que yo tambi¨¦n soy como t¨². Programado para hacer ciertas cosas, seguir ciertas normas. Pero ahora que todo eso ha terminado, me doy cuenta de que ya no s¨¦ qu¨¦ hacer. Antes, al menos, ten¨ªa un prop¨®sito. Ahora¡­ ahora no soy m¨¢s que una reliquia. Y ni siquiera tengo una programaci¨®n que me diga qu¨¦ hacer a continuaci¨®n. Atlas permaneci¨® en silencio, pero G¨®mez casi pod¨ªa imaginar que lo estaba escuchando con atenci¨®n. Era rid¨ªculo pensar que una m¨¢quina pudiera comprender la complejidad de sus emociones, y sin embargo, en ese instante, Atlas parec¨ªa lograrlo. ¡ªSe?or G¨®mez ¡ªInterrumpi¨® Atlas, en un tono neutral¡ª Si me permite, puedo sugerir actividades que otros humanos encuentran placenteras. ¡ªNo, Atlas, no creo encontrar algo que distraiga mis pensamientos¨CDijo con un suspiro¡ª Lo que me falta es un sentido. Antes, todo ten¨ªa una raz¨®n de ser. Aunque a veces odiara mi trabajo, al menos sab¨ªa que estaba haciendo algo por la humanidad. Ahora, siento que el mundo sigue girando sin m¨ª, y me doy cuenta de que, en realidad, nunca fui necesario para hacerlo girar. ¡ª Por motivos de seguridad, mi programaci¨®n no me permite comprender completamente el sentido de la existencia, se?or. Pero puedo asegurarle que ha cumplido con muchas funciones y responsabilidades en su vida, y tal hecho no es ignorado por sus pares. Su valor no puede medirse solo por la necesidad inmediata de su presencia f¨ªsica en el trabajo. Usted merece jubilarse con los honores pertinentes. El que disfrute de su jubilaci¨®n es necesario para la sociedad, pues usted es un modelo a seguir para las generaciones futuras. G¨®mez alz¨® una ceja, sorprendido por la respuesta. Aunque sab¨ªa que era solo una respuesta l¨®gica programada para parecer emp¨¢tica, hab¨ªa algo en las palabras de Atlas que resonaba en ¨¦l. Quiz¨¢s era el hecho de que la frase fue programada a media, con los adornos y florituras suficientes para agradarle. En un mundo donde todos buscaban comodidad y evitaban confrontarse con sus propias debilidades, el comentario pragm¨¢tico de Atlas ten¨ªa una honestidad que le resultaba reconfortante. Durante unos segundos, G¨®mez no supo qu¨¦ decir. Luego, mir¨® a su alrededor, a esa casa vac¨ªa y fr¨ªa, a los androides en la distancia que ejecutaban sus tareas en silencio. Sinti¨® una punzada de nostalgia, no solo por los viejos tiempos, sino por la humanidad que sent¨ªa que hab¨ªa perdido con cada funeral que tuvo que organizar en esta casa. ¡ªAtlas, ?t¨² crees que los humanos estamos perdiendo algo? Con tanta tecnolog¨ªa, tantas distracciones parece que todos nos olvidamos de qui¨¦nes somos y qu¨¦ es lo que realmente estamos haciendo. Incluso yo¡­ incluso yo me he vuelto como todos esos aut¨®matas ¡ªDijo con un leve gesto de melancol¨ªa¡ª No son los robots los que quieren parecernos a nosotros, sino nosotros los que buscamos parecernos a ustedes. Buscamos ser solo un engranaje m¨¢s en la maquinaria. Tal vez eso fue lo que me llev¨® a este punto. The genuine version of this novel can be found on another site. Support the author by reading it there. ¡ªNo estoy autorizado para juzgar la evoluci¨®n de la humanidad, se?or ¡ªRespondi¨® el androide¡ªSin embargo, puedo observar que, aunque sus tareas hayan cambiado, a¨²n busca respuestas. Eso, seg¨²n mis registros, es una de las caracter¨ªsticas que mejor lo describen. G¨®mez suspir¨®, sintiendo un leve desencanto mientras miraba a Atlas, que, pese a sus intentos, no consegu¨ªa ofrecerle nada m¨¢s que respuestas funcionales y vac¨ªas. A pesar de que el androide sab¨ªa que era lo que ¨¦l quer¨ªa escuchar, sus respuestas ten¨ªan una exactitud exasperante. G¨®mez camin¨® hacia la gran ventana, observando el oc¨¦ano de luces que se extend¨ªa bajo ¨¦l. La ciudad parec¨ªa respirar con un ritmo ajeno, indiferente a su presencia. Aquel paisaje le recordaba lo vasto y deshumanizante que se hab¨ªa vuelto el mundo que alguna vez llam¨® hogar. Su propia vida le parec¨ªa ahora una secuencia interminable de rutinas carentes de prop¨®sito. ¡ªEsta casa¡­ ¡ªMurmur¨® el exagente, apenas audiblemente¡ª Nunca me hab¨ªa dado cuenta de lo vac¨ªa que est¨¢. Pas¨¦ a?os rodeado de androides, de archivos confidenciales y tecnolog¨ªa de punta, y ni una sola vez me detuve a pensar en lo realmente solo que estaba. ¡ªSi me lo permite, se?or G¨®mez, puedo simular interacciones m¨¢s satisfactorias. Tambi¨¦n puedo descargar actualizaciones con protocolos de empat¨ªa avanzada. Mi configuraci¨®n es completamente ajustable a sus necesidades emocionales. G¨®mez neg¨® con la cabeza, una sombra de amargura cruzando su rostro reflejado en el vidrio. ¡ªNo, Atlas. No vamos a hacer eso ¡ªSu voz son¨® firme, pero cargada de cansancio¡ª Eso ser¨ªa solo otro escape. Una ilusi¨®n barata para llenar un vac¨ªo que nunca termina de desaparecer. Estoy cansado de huir de mi propia falta de prop¨®sito. Se detuvo un momento, respirando hondo mientras apoyaba una mano en el fr¨ªo cristal de la ventana. ¡ªEl trabajo sol¨ªa llenar ese vac¨ªo. Era la estrella que iluminaba mi mundo, me daba una raz¨®n para seguir adelante. Pero ahora me doy cuenta de que fue un error no detenerme antes. Fue un error no preguntarme qu¨¦ estaba haciendo con mi vida realmente. La voz de G¨®mez se quebr¨® ligeramente, pero continu¨®. ¡ªSe me fue la vida, Atlas. Se me escurri¨® entre los dedos en un abrir y cerrar de ojos. Y ahora, ahora que tengo tiempo para detenerme, para mirar a mi alrededor, todo lo que veo es un mundo desierto. Los d¨ªas felices son un recuerdo borroso, casi irreal, y los rostros de las personas que realmente importaban... cada d¨ªa me resultan m¨¢s ajenos. Atlas guard¨® silencio por unos segundos, como si incluso su programaci¨®n sintiera el peso de las palabras de G¨®mez. Finalmente, su voz surgi¨® con una calma casi reconfortante. ¡ªSe?or G¨®mez, el tiempo no es un enemigo. Es solo un espejo que refleja las decisiones que hemos tomado. Pero todav¨ªa est¨¢ aqu¨ª. Todav¨ªa tiene tiempo para reintegrarse en el mundo y girar con ¨¦l. Ah¨ª encontrar¨¢ la compa?¨ªa que busca. G¨®mez permaneci¨® inm¨®vil frente a la ventana, como si las luces distantes de la ciudad fueran a ofrecerle alguna respuesta. Su respiraci¨®n era lenta, casi imperceptible, y su reflejo en el cristal parec¨ªa m¨¢s una figura espectral que un hombre de carne y hueso. ¡ªSe?or G¨®mez ¡ªDijo Atlas con suavidad, su voz resonando con un eco artificial en la penumbra¡ª Los registros muestran que ha logrado innumerables contribuciones a lo largo de su carrera. Su nombre est¨¢ grabado en las listas de grandes h¨¦roes de la Fundaci¨®n, y sus acciones han tenido un impacto significativo en miles de vidas. ¡ªImpacto¡­ ¡ªRepiti¨® G¨®mez con una mueca amarga¡ª ?A qu¨¦ llamas impacto, Atlas? ?A operaciones exitosas que ya nadie recuerda? ?A medallas de reconocimiento que ahora est¨¢n acumulando polvo en alg¨²n almac¨¦n olvidado? Nada de eso importa. Nada de eso deja huella en este mundo. Este mundo se hart¨® de s¨ª mismo y ahora busca integrarse con nuestros enemigos. Todos sus habitantes hacen lo imposible para invisibilizar toda mi lucha y la de mi familia. Atlas guard¨® silencio por unos segundos antes de responder. ¡ªLa percepci¨®n de trascendencia suele distorsionarse con el tiempo, se?or. Pero el valor de sus acciones no puede medirse en lo que alcanza a percibir. A veces, el impacto de nuestras acciones es m¨¢s grande de lo que llegamos a ver. G¨®mez resopl¨®, un sonido breve y sin alegr¨ªa. ¡ªEso suena como algo que dir¨ªa una inteligencia artificial programada para consolar a un viejo in¨²til. Pero no eres t¨², Atlas. No eres t¨² quien est¨¢ fallando. Soy yo. No soy capaz de aceptar ning¨²n consuelo. Se alej¨® de la ventana y volvi¨® al sill¨®n, dej¨¢ndose caer pesadamente sobre los almohadones fr¨ªos. La habitaci¨®n pareci¨® encogerse a su alrededor, devorando los pocos espacios donde a¨²n quedaba algo de calor humano. ¡ª?Sabes cu¨¢l es la verdadera iron¨ªa de todo esto? ¡ªContinu¨® G¨®mez, sin levantar la mirada¡ª Pas¨¦ toda mi vida evitando quedarme quieto, huyendo de cada pausa, de cada momento de introspecci¨®n. Porque si me deten¨ªa, aunque fuera un segundo, la vida que observaba se me hac¨ªa insoportable. Y ahora, aqu¨ª estoy. Quieto. Sin nada m¨¢s que hacer que escuchar mi propia voz rebotar en las paredes de esta jaula de cristal. Atlas permaneci¨® en silencio, como si estuviera procesando cada palabra con un cuidado extremo. Finalmente, su voz volvi¨® a surgir, pausada y medida: ¡ªEl tiempo sigue avanzando, se?or G¨®mez. Incluso cuando uno decide detenerse. Quiz¨¢s no pueda cambiar lo que siente, pero todav¨ªa puede elegir qu¨¦ hacer con lo que le queda. G¨®mez neg¨® con la cabeza lentamente, un gesto de derrota que parec¨ªa pesarle en los hombros. ¡ªNo, Atlas. No hay nada que hacer. No para m¨ª. La humanidad avanza a un destino que no quiero ir a una velocidad que no puedo seguir, y la verdad es que ni siquiera me importa. ?Por qu¨¦ deber¨ªa importarme un futuro que no tiene un espacio para m¨ª? El silencio volvi¨® a caer sobre la habitaci¨®n. Atlas pareci¨® no tener respuesta. G¨®mez levant¨® la mirada hacia el techo, observando las l¨ªneas de luz difusa que se filtraban desde los bordes de las l¨¢mparas automatizadas. ¡ª?Sabes qu¨¦ es lo peor de todo, Atlas? Que ni siquiera estoy triste. Ni enfadado. Estoy¡­ vac¨ªo. Como si durante este d¨ªa cada una de mis emociones hubiera sido exprimida hasta la ¨²ltima gota, hasta que no qued¨® nada m¨¢s que esta indiferencia pegajosa y fr¨ªa. Atlas intent¨® replicar, pero G¨®mez levant¨® una mano, deteni¨¦ndolo. ¡ªNo quiero m¨¢s discursos motivacionales. Ni estad¨ªsticas. Ni datos hist¨®ricos. No quiero que me digas que todo va a estar bien porque los dos sabemos que no es cierto. Algo me dice que voy a desaparecer en los siguientes d¨ªas, que toda la humanidad me va a olvidar de un d¨ªa para otro y no habr¨¦ logrado nada... La inteligencia artificial obedeci¨®. La habitaci¨®n qued¨® sumida en un silencio casi solemne, roto ¨²nicamente por el zumbido lejano de los dispositivos electr¨®nicos que manten¨ªan la casa funcionando. ¡ª?Sabes qu¨¦, Atlas? ¡ªDijo G¨®mez despu¨¦s de un largo rato¡ª Tal vez lo ¨²nico que queda es esperar. Esperar a que todo termine. Porque al final, eso es lo ¨²nico seguro, ?no? Que todo termina. ¡ªSe?or G¨®mez, la existencia humana es mucho m¨¢s que su utilidad inmediata. Hay belleza en simplemente estar entre lo suyos. ¡ªBelleza... ¡ªG¨®mez escupi¨® la palabra con una mezcla de burla y desaliento¡ª ?Sabes qu¨¦ es lo ¨²nico que observ¨® cuando miro esta ciudad, Atlas? Veo un cementerio brillante. Luces de ne¨®n cubriendo tumbas sin nombre. Nadie vive aqu¨ª, no realmente. Todos estamos atrapados en un ciclo de distracciones, de placeres instant¨¢neos y objetivos sin sentido. Y cuando esa luz se apague, cuando las pantallas dejan de brillar, no quedar¨¢ nada. G¨®mez volvi¨® a mirar por la ventana. All¨¢ abajo, la ciudad segu¨ªa su marcha fren¨¦tica, indiferente a su existencia. Sinti¨® un vac¨ªo en el pecho, una presi¨®n constante que no pod¨ªa describir con palabras. ¡ªSabes, Atlas... Un paso m¨¢s all¨¢ de ese cristal, un segundo de ca¨ªda libre... y todo este vac¨ªo se llenar¨ªa. Ahora comprendo a muchos de mis antiguos compa?eros de trabajo. Pero yo no puedo hacer eso, ni siquiera tengo el valor para hacer eso. El androide habl¨®, con una voz casi suave. ¡ªSe?or G¨®mez, incluso en su desesperanza, sigue aqu¨ª. Respirando, hablando, enfrentando su retiro. Eso, en s¨ª mismo, es un acto de valent¨ªa. El silencio regres¨® a la habitaci¨®n, esta vez m¨¢s pesado, m¨¢s denso. G¨®mez permaneci¨® inm¨®vil, perdido en sus pensamientos mientras el resplandor lejano de los anuncios segu¨ªa reflej¨¢ndose en sus ojos cansados. Finalmente, despu¨¦s de lo que pareci¨® una eternidad, G¨®mez suspir¨® y orden¨®: ¡ªApaga las luces, Atlas. D¨¦jame en paz un rato. Voy a la habitaci¨®n aislada. ¡ªComo desee, se?or G¨®mez. Ecos en los Archivos (1) Las luces se desvanecieron poco a poco, envolviendo la habitaci¨®n en una penumbra casi total. Solo el resplandor lejano de la ciudad parpadeaba en el horizonte, proyectando sombras irregulares en las paredes. G¨®mez se sumi¨® en el silencio, pero no era un silencio reconfortante, sino uno cargado de resignaci¨®n. Sab¨ªa que la habitaci¨®n aislada era el ¨²nico lugar donde pod¨ªa desconectarse de la red de vigilancia. Esa habitaci¨®n no siempre hab¨ªa sido suya. La hab¨ªa heredado como quien hereda una maldici¨®n disfrazada de oportunidad. Su tatarabuelo la hab¨ªa construido con un prop¨®sito claro: un refugio, un santuario para sus experimentos prohibidos en el campo de lo paranormal. ¨¦l se hab¨ªa dedicado a explorar lo que otros tem¨ªan. Esp¨ªritus, energ¨ªas ocultas, dimensiones superpuestas; sus estudios lo llevaron al filo de la locura y, seg¨²n algunas notas desordenadas que G¨®mez hab¨ªa encontrado en su juventud, posiblemente m¨¢s all¨¢ de ese filo. Pero la habitaci¨®n no muri¨® con su creador. Fue su madre quien la rescat¨® del abandono, aunque no por razones de ocultismo. Como agente, hab¨ªa transformado aquel santuario en un centro de operaciones clandestino, un sitio donde pod¨ªa realizar sus propias pesquisas al margen de la burocracia y la manipulaci¨®n institucional que acechaba a todo el mundo durante la dictadura. All¨ª analizaba pruebas que nunca deb¨ªan caer en manos equivocadas, manten¨ªa registros que desafiaban las narrativas oficiales y descubr¨ªa verdades que la mayor¨ªa prefer¨ªa ignorar. Pero todo eso era cosa de un pasado muy distante y hace tiempo la habitaci¨®n le pertenec¨ªa a ¨¦l. Avanz¨® por el pasillo en penumbras hasta llegar al final, donde una puerta sencilla, sin distintivos, ocultaba la habitaci¨®n aislada. A simple vista, no se diferenciaba de las dem¨¢s, pero al cruzar el umbral, siempre ten¨ªa la sensaci¨®n de ingresar a un espacio ajeno al resto del mundo, como si fuera un refugio en un universo paralelo. Aqu¨ª, lejos del escrutinio de las inteligencias artificiales, pod¨ªa sumergirse por completo en los enigmas m¨¢s oscuros que llegaban a sus manos, sin distracciones, sin interferencias, solo ¨¦l y las sombras de sus propios pensamientos. La habitaci¨®n era un despacho austero pero bien equipado. Una de las paredes estaba ocupada por varias pizarras; algunas permanec¨ªan vac¨ªas, a la espera de nuevas ideas, mientras que otras estaban cubiertas con esquemas, anotaciones y archivos confidenciales que G¨®mez hab¨ªa ido acumulando con los a?os. A su derecha, una mesa repleta de dispositivos tecnol¨®gicos reflejaba su meticulosa forma de trabajar: herramientas de espionaje de ¨²ltima generaci¨®n, drones de vigilancia en miniatura, y descifradores de c¨®digos tan avanzados que algunos rozaban la ilegalidad. Pas¨® la mano sobre la superficie de la mesa donde tantas veces se hab¨ªa sumergido en el an¨¢lisis de casos imposibles. La madera fr¨ªa y lisa bajo sus dedos le transmiti¨® una sensaci¨®n familiar, casi reconfortante. A¨²n quedaban marcas de quemaduras en los bordes, cicatrices de alg¨²n experimento olvidado por su tatarabuelo o de alg¨²n dispositivo desmontado con prisa por su madre. Las paredes estaban insonorizadas, reforzadas a lo largo de los a?os con capas de distintos materiales: antiguamente gomaespuma, luego aleaciones m¨¢s sofisticadas, hasta los modernos paneles de absorci¨®n de frecuencia que bloqueaban cualquier intento de escucha remota. Pero eso no le bast¨®. G¨®mez hab¨ªa ido m¨¢s all¨¢, instalando sus propios sistemas de interferencia, asegur¨¢ndose de que ninguna tecnolog¨ªa, por avanzada que fuera, pudiera penetrar en aquel espacio. Aqu¨ª dentro, en este santuario personal, la informaci¨®n estaba a salvo. Y m¨¢s importante a¨²n, su mente pod¨ªa trabajar sin la sensaci¨®n constante de estar siendo observada. Un rinc¨®n en particular de la habitaci¨®n le evocaba una nostalgia algo amarga. Recordaba a su madre ense?¨¢ndole, en ese mismo lugar, c¨®mo comportarse como un agente; su voz serena, pero firme, resonaba en su mente mientras le mostraba los trucos, las t¨¦cnicas, y sobre todo, el modo de ver el mundo desde una perspectiva ¨²nica, desconfiada pero aguda. Ella siempre dec¨ªa que el verdadero agente nunca baja la guardia y siempre est¨¢ un paso adelante. Record¨® con tristeza c¨®mo un d¨ªa, sin m¨¢s explicaciones, ella simplemente desapareci¨®, dejando un vac¨ªo que ni siquiera la tecnolog¨ªa pod¨ªa llenar. En aquel rinc¨®n quedaba su recuerdo, un s¨ªmbolo de todo lo que ella le hab¨ªa ense?ado y de las preguntas sin respuesta que todav¨ªa lo persegu¨ªan. G¨®mez observ¨® los dispositivos en su mano por un momento antes de dirigirse a una de las esquinas de la habitaci¨®n, donde una vieja terminal de computadora aguardaba como un vestigio de otra ¨¦poca. A diferencia de la tecnolog¨ªa vanguardista del laboratorio y de su propio hogar, esta m¨¢quina era una reliquia del pasado, tosca y anticuada, pero como ¨¦l, resistente y confiable. No era un equipo cualquiera; hab¨ªa sido construido por encargo de su madre, ensamblado pieza por pieza por un viejo chatarrero que viv¨ªa en las zonas marginales de la gran ciudad, un hombre que a¨²n entend¨ªa el valor de las cosas hechas a mano, lejos del control de las corporaciones y sus redes de vigilancia. A pesar de su edad y uso, la terminal segu¨ªa funcionando, aunque el tiempo hab¨ªa dejado su huella en ella. Las ranuras de los circuitos estaban llenas de polvo, las teclas mostraban el desgaste de incontables horas de uso, algunas tan borradas que solo el tacto pod¨ªa distinguirlas. A¨²n as¨ª, jam¨¢s lo hab¨ªa traicionado. Unauthorized content usage: if you discover this narrative on Amazon, report the violation. Con un suspiro de resignaci¨®n, se sent¨® en la silla, estir¨® los dedos y presion¨® el bot¨®n de encendido. La m¨¢quina vibr¨® levemente, como si despertara de un largo letargo, y el sonido grave de los ventiladores inund¨® la habitaci¨®n. La pantalla parpade¨® un par de veces antes de desplegar el viejo sistema operativo, con su est¨¦tica rudimentaria y su funcionalidad infalible. No era r¨¢pida ni elegante, pero ten¨ªa algo que la tecnolog¨ªa moderna no pod¨ªan ofrecerle: autonom¨ªa. En un mundo donde todo estaba conectado y vigilado, esta m¨¢quina segu¨ªa siendo solo suya. Sobre la superficie rugosa del escritorio donde estaba apoyada la terminal descansaba un peque?o dispositivo: el pendrive que Jhonatan le hab¨ªa entregado. Su presencia pesaba en la habitaci¨®n, como si su sola existencia irradiara un peligro latente, algo que esperaba pacientemente a ser desatado. Cada vez que G¨®mez lo tocaba, sent¨ªa un leve hormigueo en la palma, una reacci¨®n irracional, pero imposible de ignorar, como si su mente intentara advertirle de un peligro que a¨²n no pod¨ªa comprender del todo. A un lado del pendrive, se encontraba otro peque?o dispositivo de almacenamiento. Dentro de ¨¦l, reposaba el libro que Marcus le hab¨ªa confiado en su ¨²ltima conversaci¨®n. Hasta ahora, no le hab¨ªa dado demasiada importancia, su mente demasiado ocupada con la sombra de su despido y el sinsabor de la incertidumbre. Pero ahora, con el silencio rode¨¢ndolo y el tiempo libre estir¨¢ndose frente a ¨¦l como un abismo sin fondo, comprendi¨® que ya no hab¨ªa excusas: La verdad lo llamaba, y no pod¨ªa seguir ignor¨¢ndola. Tom¨® ambos pendrives y, con la cautela de quien manipula una pieza de evidencia fr¨¢gil y peligrosa, insert¨® primero aquel que conten¨ªa la grabaci¨®n que Jhonatan Parker hab¨ªa eliminado de las c¨¢maras de seguridad de la escuela St. Patrick. No sab¨ªa exactamente qu¨¦ esperaba encontrar, pero intu¨ªa que esa grabaci¨®n pod¨ªa contener una verdad inc¨®moda, quiz¨¢s algo lo suficientemente inquietante como para haber empujado a Parker a tomar decisiones extremas. Mientras el sistema procesaba el dispositivo y reconoc¨ªa los archivos, G¨®mez se oblig¨® a repasar mentalmente los detalles del caso que hab¨ªa sacudido a la ciudad. Un nombre emergi¨® de inmediato de su memoria, con la pesadez de un veredicto: Thomas Smith. El hombre hab¨ªa sido declarado culpable del asesinato de varios ni?os. Un crimen que hab¨ªa encendido la indignaci¨®n p¨²blica hasta niveles insoportables, exigiendo una resoluci¨®n inmediata. La prensa y la sociedad lo condenaron antes de que el juicio siquiera comenzara. Todo parec¨ªa encajar con precisi¨®n quir¨²rgica: testimonios fragmentados que reforzaban la misma historia, pruebas circunstanciales que, aunque endebles, se apilaban unas sobre otras hasta parecer irrefutables. Pero G¨®mez recordaba bien la sensaci¨®n que le hab¨ªa quedado al final del proceso, aquella incomodidad sorda que se alojaba en su pecho cada vez que pensaba en el caso. Algo no terminaba de encajar. No era la primera vez que ve¨ªa a la maquinaria judicial avanzar con m¨¢s determinaci¨®n que certeza. La necesidad de un culpable claro, de una historia sencilla y digerible, hab¨ªa hecho que el juicio se moviera con una velocidad antinatural. Pero ¨¦l hab¨ªa aprendido hace mucho que la verdad rara vez se presentaba de manera tan ordenada. Y si Parker hab¨ªa sido guiado a eliminar aquella grabaci¨®n, eso solo significaba que all¨ª hab¨ªa algo que nadie deb¨ªa ver. Algo que ahora estaba a punto de descubrir. El sistema emiti¨® un leve pitido: Archivo reconocido. G¨®mez sinti¨® un escalofr¨ªo recorrerle la espalda mientras la pantalla se llenaba de est¨¢tica por unos segundos. Luego, una imagen borrosa parpade¨® en el monitor antes de dar paso a una lista de archivos. Cada uno de ellos estaba etiquetado con c¨®digos cr¨ªpticos, un sistema de clasificaci¨®n que reconoci¨® de inmediato como propio de la fundaci¨®n. Eran copias de los registros tomados durante la investigaci¨®n de la masacre en la escuela St. Patrick. La misma informaci¨®n que hab¨ªa sido archivada y sellada. G¨®mez recorri¨® los nombres con la mirada, pero uno en particular captur¨® su atenci¨®n de inmediato. Su c¨®digo no coincid¨ªa con el formato est¨¢ndar de la fundaci¨®n.
¡°StPatrick_Seg32_RecA¡±
Ese archivo no pertenec¨ªa a la investigaci¨®n oficial. No estaba en la base de datos p¨²blica ni en los registros internos a los que alguna vez tuvo acceso. Era la grabaci¨®n que Jonathan Parker hab¨ªa hecho desaparecer. El cursor se cerni¨® sobre el archivo durante un breve instante. G¨®mez inhal¨® profundamente antes de hacer clic. El video tard¨® unos segundos en cargar, parpadeando en la pantalla con una serie de l¨ªneas de interferencia hasta que la imagen se estabiliz¨®. La c¨¢mara mostraba un pasillo desierto, el mismo que conduc¨ªa al aula de arte. Ecos en los Archivos (2)
Registro de C¨¢mara de Seguridad N.o 032
Ubicaci¨®n: Pasillo cercano al aula de arte Hora: 11:00 a.m ¨C 4:00: p.m
11:00:00 a.m. La grabaci¨®n inicia con un leve parpadeo en la imagen, como si el sistema tardara en estabilizar la se?al. No hay voces, no hay pasos. Solo el sonido del edificio respirando en su est¨¢tica inorg¨¢nica. Lo primero que se ve es un pasillo vac¨ªo. Un corredor largo, de muros grises con tablones de anuncios clavados en intervalos regulares. Algunos contienen dibujos infantiles, otros listados de horarios y carteles con mensajes motivacionales que, en la penumbra del pasillo, parecen ajenos a su prop¨®sito. Las luces en el pasillo comenzaron a vibrar con una irregularidad casi imperceptible al principio, un parpadeo sutil que no habr¨ªa captado la atenci¨®n de un observador casual. Sin embargo, con el paso de los segundos, esa vibraci¨®n se intensific¨® gradualmente, como si una presencia invisible estuviera interfiriendo con la electricidad. El entorno permanec¨ªa desierto, sin se?ales de actividad humana, pero algo no estaba bien. Hab¨ªa una cualidad extra?a en la forma en que las sombras se proyectaban en las paredes. La direcci¨®n de la luz parec¨ªa constante, sin alteraciones evidentes, pero las sombras se mov¨ªan de manera inquietante. No era un movimiento natural; algo en su desplazamiento parec¨ªa estar fuera de lugar, un ¨¢ngulo imposible que desafiaba las leyes de la f¨ªsica, como si la luz misma estuviera siendo distorsionada. La c¨¢mara, instalada en la esquina superior del corredor, ofrece un ¨¢ngulo de visi¨®n que abarca toda la extensi¨®n del pasillo, revelando las puertas a las aulas donde los ni?os a¨²n se encuentran estudiando. Al final del pasillo no hay salida, solo una puerta que conduce a uno de los ba?os del colegio. Varios minutos transcurren en silencio antes de que los primeros estudiantes entren en la escena. Son cinco en total. Caminan a paso r¨¢pido, con movimientos nerviosos. Sus mochilas cuelgan de sus hombros, algunas mal ajustadas por la prisa. Su direcci¨®n es una de las tantas aulas al final del pasillo, pero su actitud revela inquietud. Uno de ellos, una ni?a con el cabello recogido en dos trenzas, mira varias veces sobre su hombro. Sus ojos est¨¢n bien abiertos, escaneando el pasillo con una mezcla de urgencia y miedo. El ni?o que camina al lado de la ni?a tambi¨¦n mira sobre su hombro, imitando su comportamiento, pero su expresi¨®n es notablemente distinta. M¨¢s r¨ªgida, m¨¢s vac¨ªa, como si hubiera percibido con mayor claridad que algo extra?o estaba ocurriendo en la escuela y el miedo lo paralizar¨¢. Dos de los chicos en el grupo llaman la atenci¨®n de inmediato, no por su apariencia, sino por sus movimientos err¨¢ticos. Uno de ellos, un ni?o m¨¢s alto que los dem¨¢s, parece ser el m¨¢s afectado. De vez en cuando se sacude involuntariamente, un temblor que atraviesa su cuerpo como si sus m¨²sculos reaccionaran sin que ¨¦l pudiera controlarlos. Al observarlo con m¨¢s detalle, se percibe que uno de sus pies apenas se arrastra, como si le fuera imposible levantarlo con normalidad, dej¨¢ndolo arrastrar detr¨¢s de ¨¦l con un movimiento torpe. El otro ni?o, de contextura m¨¢s peque?a, parece tener problemas para mantener su postura. Su cabeza est¨¢ inclinada levemente hacia un lado, como si le costara mantenerla erguida, una se?al clara de que algo no est¨¢ bien. El cansancio no es la causa, sino algo mucho m¨¢s profundo, algo extra?o y oscuro que afecta a su cuerpo de manera involuntaria. Cualquier ojo experimentado notar¨ªa de inmediato los leves, pero inconfundibles s¨ªntomas de posesi¨®n. Algo los ha transformado, algo est¨¢ dentro de ellos, algo que no pertenece a este mundo. El primero de los ni?os en el grupo, el que camina al frente, parece estar completamente ajeno a lo que est¨¢ ocurriendo a su alrededor. Su rostro est¨¢ relajado, casi distra¨ªdo, como si no notara las anomal¨ªas que afectan a sus compa?eros. Su caminar es normal, sus movimientos fluidos, como si todo estuviera en orden. Pero hay algo extra?o en su actitud, una desconexi¨®n palpable con el resto del grupo. Mientras sus amigos muestran signos claros de perturbaci¨®n, ¨¦l sigue adelante, aparentemente inmune a la tensi¨®n en el aire. No mira atr¨¢s, ni una sola vez. Su mirada va fija al frente, sin el m¨¢s m¨ªnimo rastro de ansiedad o miedo. Incluso cuando los otros ni?os comienzan a mostrar sus s¨ªntomas, ¨¦l sigue como si nada hubiera cambiado. No se detiene, ni ajusta su mochila, ni mira a sus compa?eros. Es como si estuviera all¨ª f¨ªsicamente, pero su mente estuviera en otro lugar, desconectada de la realidad que los rodea. Su cuerpo se mueve de forma mec¨¢nica, como si fuera conducido por una voluntad ajena a la suya. No es consciente de la inquietud que impregna el aire, no es consciente de lo que est¨¢ sucediendo a su alrededor. Simplemente, sigue caminando, indiferente al mundo que se desmorona a su alrededor. A las 11:03:50 a.m., el ni?o m¨¢s peque?o del grupo comienza ignorar al resto de sus compa?eros y se detiene por completo en medio del pasillo. Su postura corporal se vuelve r¨ªgida. Su cabeza se inclina hacia atr¨¢s levemente y, sin previo aviso, fija la mirada directamente en la c¨¢mara de seguridad. Sus pupilas parecen dilatadas. Tras la anomal¨ªa, el grupo se detiene. Intercambian palabras. Aunque unos pocos fragmentos del audio son entendibles, la grabaci¨®n muestra con claridad c¨®mo la ni?a de las trenzas se?ala algo en la pared. Su rostro est¨¢ tenso, sus labios se mueven con rapidez: ¡°?Viste eso en la pared! ?Mira! ?Ah¨ª!¡±. Grito que condujo a la cr¨ªtica de unos de sus compa?eros: ¡°?Pero qu¨¦ te pasa? ?Por qu¨¦ est¨¢s tan asustada?¡±. El ni?o alto tambi¨¦n mira en esa direcci¨®n, pero su expresi¨®n es distinta: no de miedo, sino de una extra?a indiferencia. Las luces del pasillo empiezan a parpadear m¨¢s intensamente y poco despu¨¦s del grito de la ni?a, las primeras anomal¨ªas visuales comienzan a manifestarse. A la derecha del pasillo, una sombra inusual se proyecta en la pared, pero no hay ninguna fuente de luz directa que la justifique. La sombra parece moverse de manera antinatural, como si tuviera vida propia. Los estudiantes la notan; uno de ellos, claramente alterado, comienza a se?alar hacia la pared, gritando mientras retrocede: ¡°?R¨¢pido, r¨¢pido! V¨¢monos de aqu¨ª.¡± A las 11:04:45 a.m., los dos estudiantes m¨¢s alertas del grupo intentan empujar a los dem¨¢s hacia los ba?os para esconderse, pero algo los detiene. Al mirar a sus compa?eros, ven que permanecen atr¨¢s, ajenos al peligro que los rodea. Sus rostros son vac¨ªos, distra¨ªdos, como si nada extra?o estuviera ocurriendo. 11:05:00 a.m. El estudiante m¨¢s grande comienza a caminar de manera extra?a. Sus movimientos se tornan bruscos, como si estuviera perdiendo el control de su cuerpo. Sus manos se abren y cierran con rigidez. Su cabeza se inclina hacia arriba, hacia la c¨¢mara. Mira directamente al lente. Su expresi¨®n es completamente vac¨ªa. Sus ojos est¨¢n abiertos, pero no hay vida en ellos. Es una mirada hueca, como si el ni?o hubiera sido reducido a un cascar¨®n vac¨ªo. Los otros estudiantes empiezan a mostrar signos visibles de miedo, y dos de ellos intentan huir, corriendo hacia la parte m¨¢s lejana del pasillo, parecen querer refugiarse en los ba?os. Se detienen justo antes de alcanzar la puerta, como si algo invisible los estuviera sujetando. Miran atr¨¢s, hacia sus compa?eros, y vacilan, d¨¢ndose cuenta de que no pueden dejar a sus amigos atr¨¢s. Los tres estudiantes restantes comienzan a forcejear entre s¨ª, pero algo en su interacci¨®n se siente antinatural. No es una pelea infantil com¨²n, no hay gritos de enojo ni golpes impulsivos. Sus manos se aferran a los brazos del otro con una fuerza inusual, casi desesperada, como si estuvieran atrapados en un conflicto que va m¨¢s all¨¢ de lastimarse los unos a los otros. Desde la c¨¢mara, la escena es inquietante. No est¨¢ claro qui¨¦n intenta contener a qui¨¦n, qui¨¦n lucha por escapar y qui¨¦n es v¨ªctima de algo m¨¢s profundo. Por momentos, parece que los tres est¨¢n pose¨ªdos por una fuerza desconocida, pero luego, en un parpadeo, uno de ellos muestra signos de resistencia, como si intentara aferrarse a su propia voluntad. No hay l¨®gica en sus movimientos, solo un caos silencioso que se despliega ante la fr¨ªa mirada de la c¨¢mara de seguridad. Las luces del pasillo parpadean violentamente. Las sombras en la pared ya no solo se proyectan, sino que parecen deslizarse. Se mueven con un ritmo propio, independiente de las acciones de los ni?os. Sus contornos son oscuros, m¨¢s densos que la penumbra natural. Se acercan. Los ni?os gritan. Pero hay algo m¨¢s. Un sonido bajo, gutural, que no proviene de ellos. Un gru?ido. No suena humano. 11:12:25 a.m. Desde la derecha del pasillo, aparece un adulto en escena. Es el profesor Thomas Smith. Su andar es apresurado y su mirada est¨¢ fija en las sombras proyectadas en las paredes, sin prestar atenci¨®n a los estudiantes que se encuentran en el pasillo. Sus ojos est¨¢n abiertos de m¨¢s, inyectados en una mezcla de p¨¢nico y confusi¨®n. Su camisa, de un blanco apagado, tiene manchas oscuras en la parte delantera. Sangre roja y espesa. No est¨¢ claro si es suya o de otra persona. En su mano derecha sostiene un malet¨ªn de cuero, el mismo que acostumbraba a llevar a clases. Su comportamiento sugiere un estado de p¨¢nico o desesperaci¨®n. ¡°??Profesor Smith?!¡±, grita la ni?a, pero no hay indicios de que Smith intente ayudar a los estudiantes, de suerte parece reconocer su presencia. ¡°?Ay¨²denos, profesor!¡±, grita el estudiante pegado a la ni?a, pero Smith ignora completamente los pedidos de ayuda. Ahora no mira a los ni?os, ni a las sombras en la pared. Su atenci¨®n est¨¢ en el vac¨ªo, en algo que parece ver m¨¢s all¨¢ del campo de visi¨®n de la c¨¢mara. Su respiraci¨®n es agitada. Se mueve como si estuviera escapando, como si alguien, o algo, lo persiguiera. ¡°?Profesor Smith, los chicos est¨¢n actuando raro, necesita su ayuda, det¨¦ngalos antes de que se lastimen!¡± Insiste la ni?a. El profesor se detiene en seco. Sus ojos finalmente se posan en los ni?os. Pero su expresi¨®n es extra?a. No muestra el rostro de alguien horrorizado por lo que est¨¢ viendo. No hay indicios de reconocimiento o sorpresa. En cambio, su rostro muestra agotamiento, resignaci¨®n. Como si ya supiera lo que estaba ocurriendo. Su mano izquierda empieza a temblar mientras deja el malet¨ªn en el suelo. La c¨¢mara captura el momento en que Smith abre r¨¢pidamente el malet¨ªn, saca un arma de fuego y adopta una postura defensiva. Enjoying this book? Seek out the original to ensure the author gets credit. Uno de los estudiantes logra zafarse del forcejeo en el momento en que sus ojos se fijan en el arma del profesor. Sin dudarlo, retrocede bruscamente y huye, como si su instinto le gritara que cualquier cosa era mejor que quedarse all¨ª. La ni?a de las trenzas y el ni?o que hab¨ªa mostrado m¨¢s lucidez no tardan en seguirlo, impulsados por el mismo miedo irracional que los mantiene en movimiento. Mientras tanto, los otros dos estudiantes, aquellos cuyos movimientos ya hab¨ªan delatado una extra?a desconexi¨®n con la realidad, no reaccionan. Se quedan en el mismo lugar, sus cuerpos r¨ªgidos, sus ojos desenfocados, como si algo invisible los mantuviera atrapados en un trance del que no pueden escapar. La grabaci¨®n experimenta una distorsi¨®n an¨®mala. La imagen se interrumpe por exactamente 45.8 segundos. Durante este periodo, no se registra ninguna actividad visual ni sonora. Cuando la grabaci¨®n se reanuda, la imagen presenta franjas de est¨¢tica que ocultan parcialmente la escena. La secci¨®n visible muestra al estudiante m¨¢s alto, anteriormente afectado por signos de desorientaci¨®n, comenzando a caminar hacia el profesor Thomas Smith. Smith ajusta el agarre del arma. Sus labios se mueven como si estuviera repitiendo algo en voz baja, al ajustar el volumen del audio se logran identificar fragmentos de su discurso: ¡°No... no otra vez... no... No eres t¨²... no eres t¨²...no eres t¨² el culpable¡­ son ellos¡­ son ellos¡± 11:15:15 a.m. Sin advertencia previa, se produce el primer disparo. La bala impacta al estudiante m¨¢s alto en el torso, ligeramente por debajo del estern¨®n. Su cuerpo responde de inmediato al impacto: pierde el equilibrio y cae hacia atr¨¢s, golpeando el suelo con la parte posterior de la cabeza. Su movimiento final antes de quedar inerte es un breve temblor en las extremidades. Los tres estudiantes conscientes entran en p¨¢nico. En un primer intento, corren hacia el ba?o, pero un r¨¢pido grito de uno de ellos advierte que no hay ventanas por donde escapar en esa habitaci¨®n. Al darse cuenta de esto, cambian de direcci¨®n y se dirigen a un aula vac¨ªa cercana. Sin embargo, al llegar, descubren que la puerta est¨¢ cerrada con llave. La frustraci¨®n y el miedo los llevan a dispersarse en diferentes direcciones en un intento desesperado por encontrar una salida. Smith, sin embargo, se mantiene firme, bloqueando la ¨²nica v¨ªa de escape del pasillo. Su postura indica que eval¨²a r¨¢pidamente la situaci¨®n antes de volver a disparar. El siguiente en caer es el estudiante m¨¢s chico, quien para estos momentos se encuentra acerc¨¢ndose al profesor. La bala impacta en la regi¨®n abdominal izquierda. Tras el impacto, el estudiante colapsa en direcci¨®n a la pared, quedando apoyado contra ella por un instante antes de deslizarse hacia el suelo. Su respiraci¨®n se acelera visiblemente, con contracciones involuntarias en los brazos. El tercer disparo ocurre de inmediato al segundo, impactando a un estudiante cuyos s¨ªntomas de posesi¨®n a¨²n no estaban claramente definidos y cuya reacci¨®n parec¨ªa m¨¢s motivada por el p¨¢nico que por un evento paranormal. En la grabaci¨®n, se percibe que el estudiante intenta arrebatarle el arma al profesor, pero Smith no duda un segundo en abrir fuego. La bala atraviesa la clav¨ªcula derecha y sale por la espalda, sugiriendo que el disparo fue realizado desde un ¨¢ngulo ligeramente descendente. La fuerza del impacto desestabiliza al estudiante, quien tropieza hacia atr¨¢s antes de colapsar boca abajo sobre el suelo. La sangre comienza a te?ir el suelo, mientras los dos estudiantes restantes buscan desesperadamente una salida. Los ¨²ltimos dos estudiantes cambian de direcci¨®n en un intento desesperado por escapar. Uno de ellos corre hacia un aula donde otros ni?os a¨²n est¨¢n en clase, golpeando la puerta con frenes¨ª solo para descubrir que est¨¢ bloqueada. Sus manos tiemblan mientras forcejea con la manija, buscando desesperadamente una salida. En ese instante, Smith levanta el arma y dispara. El primer disparo lo alcanza en la parte superior del torso, haci¨¦ndolo tambalearse hacia atr¨¢s. Un segundo despu¨¦s, el segundo proyectil impacta directamente en su cabeza. El cuerpo se desploma de inmediato, golpeando con fuerza la puerta cerrada antes de deslizarse inerte hasta el suelo. La grabaci¨®n experimenta una distorsi¨®n an¨®mala. La imagen se interrumpe por exactamente 5.5 segundos. Durante este periodo, no se registra ninguna actividad visual ni sonora. Cuando la grabaci¨®n se reanuda, la ¨²ltima estudiante del grupo corre hacia el aula de arte ubicada en la parte final del pasillo. Antes de alcanzar la puerta, recibe un disparo en la pierna derecha. La herida la hace perder el equilibrio y caer al suelo. Entre gritos incoherentes, la estudiante se arrastra desesperadamente hacia el aula de arte, con los dedos ara?ando el suelo en un intento in¨²til de avanzar. Su respiraci¨®n es err¨¢tica, entrecortada por el p¨¢nico. Smith se acerca con pasos medidos, implacables, sin apartar la vista de su objetivo. El ca?¨®n del arma se alinea con su cr¨¢neo. Un ¨²ltimo disparo a quemarropa silencia el pasillo. 11:25:00 a.m. Smith se mantiene de pie en el centro del pasillo. Su respiraci¨®n, antes err¨¢tica, se estabiliza poco a poco, volvi¨¦ndose pausada y controlada. No hay se?ales visibles de shock, culpa o arrepentimiento en su expresi¨®n. Sus ojos recorren lentamente la escena, deteni¨¦ndose en los cuerpos esparcidos en el suelo, en las manchas de sangre que se expanden con lentitud, en las sombras que parecen retorcerse al comp¨¢s de las luces parpadeantes. Sin embargo, lo m¨¢s inquietante no es la masacre en s¨ª, sino lo que ocurre, o mejor dicho, lo que no ocurre, en las aulas cercanas. Detr¨¢s de las puertas cerradas, decenas de estudiantes contin¨²an en sus pupitres, ajenos a la matanza que acaba de desarrollarse a pocos metros de distancia. No hay gritos, ni carreras, ni intentos de escapar. Tampoco hubo reacci¨®n cuando los chicos, en su desesperaci¨®n, forcejearon con las manijas de las puertas buscando refugio. Ninguno de los alumnos dentro de las aulas pareci¨® notar el eco de los disparos resonando en el pasillo, ni el sonido seco de los cuerpos desplom¨¢ndose sobre el suelo de baldosas. Desde la perspectiva de la c¨¢mara, la escena es espeluznante: un aula tras otra, todas en completo silencio, como si los ni?os dentro estuvieran atrapados en otra realidad. Smith permanece inm¨®vil durante aproximadamente 30 segundos. Su mirada, antes fija en los cuerpos, se desliza ahora hacia las puertas cerradas. Su mand¨ªbula se tensa ligeramente, pero no por el acto que acaba de cometer, sino por la desconcertante falta de respuesta del entorno. Es como si la realidad misma estuviera fracturada, como si este pasillo existiera en una dimensi¨®n distinta. Algo no encaja. Finalmente, Smith deja de contemplar la escena. Con el rostro desencajado respira pesadamente, mientras su mano derecha sigue empu?ando el arma de fuego como si la misma fuera su ¨²nica aliada en este caos. Camina con pasos largos y torpes hacia el ba?o al final del pasillo. Su mirada es err¨¢tica, como si estuviera buscando desesperadamente un lugar para esconderse. Las luces al final del pasillo, aunque a¨²n parpadean, parecen m¨¢s estables en esa ¨¢rea. Su silueta se va difuminando en la grabaci¨®n mientras la c¨¢mara sigue captando el rastro de su paso: los cuerpos inm¨®viles, el charco de sangre en expansi¨®n y las luces parpadeantes que arrojan sombras irregulares sobre las paredes. Smith llega al ba?o con pasos apresurados. Se detiene frente a la puerta y, con manos temblorosas, mete la mano en su bolsillo, sacando un manojo de llaves. Su respiraci¨®n es pesada, irregular. Mientras busca la llave correcta, sus ojos se mueven err¨¢ticamente, recorriendo el pasillo detr¨¢s de ¨¦l con una urgencia creciente. Su postura r¨ªgida y los espasmos involuntarios en sus dedos reflejan un estado de tensi¨®n extrema, como si su cuerpo estuviera al borde de un colapso. Entonces, algo lo hace detenerse. Su cabeza se inclina apenas hacia la izquierda, como si hubiera captado un sonido imperceptible para la grabaci¨®n. Su mirada se fija en el extremo del pasillo, m¨¢s all¨¢ de los cuerpos inertes, m¨¢s all¨¢ del campo de visi¨®n de la c¨¢mara. Lo que sea que haya visto, o sentido, no es visible en la imagen, pero su reacci¨®n es inequ¨ªvoca. Su expresi¨®n se contrae en una mezcla de temor y urgencia. Su agarre sobre las llaves se vuelve torpe, met¨¢lico y entrecortado cuando intenta insertarlas en la cerradura. Con un gesto repentino y brusco, gira la llave correcta y abre la puerta del ba?o de golpe. Sin perder un segundo, se desliza dentro y la cierra tras ¨¦l con un portazo seco y contundente. La cerradura gira de inmediato, asegurando la puerta desde el interior. La c¨¢mara sigue grabando el pasillo vac¨ªo. No hay nada visible en la direcci¨®n en la que Smith mir¨® con tanto pavor. No hay sombras inusuales, ni movimiento en las aulas, ni evidencia de que algo, o alguien, lo haya seguido. Sin embargo, el ambiente sigue cargado de una extra?a opresi¨®n, como si la anomal¨ªa a¨²n persistiera en los m¨¢rgenes de lo perceptible. 11:35:20 a.m. La grabaci¨®n experimenta una distorsi¨®n an¨®mala. La imagen se interrumpe por exactamente 19.8 segundos. Durante este periodo, no se registra ninguna actividad visual ni sonora. Cuando la grabaci¨®n se reanuda, la c¨¢mara muestra el pasillo vac¨ªo una vez m¨¢s. Todo parece calmo por un momento, aunque las luces contin¨²an parpadeando de forma intermitente y la est¨¢tica en la grabaci¨®n sigue presente en peque?os intervalos. No hay se?ales de movimiento hasta varios minutos despu¨¦s, cuando las primeras voces comienzan a resonar en el ambiente. 11:38:55 a.m. Tres estudiantes emergen del aula de arte, que se encuentra en el extremo opuesto del pasillo. Seg¨²n los registros dejados por Jonathan Parker, se trata de tres ni?as de edades comprendidas entre ¨€ y ¨€ a?os. Estaban visiblemente aterradas, con las caras empapadas de l¨¢grimas. Miran fren¨¦ticamente en todas direcciones, como si no supieran hacia d¨®nde ir. Una de las ni?as, la m¨¢s alta del grupo, se?ala hacia el ba?o, y las tres corren en esa direcci¨®n. Las tres ni?as llegan corriendo a la puerta del ba?o, intentan abrirla, pero descubren que est¨¢ cerrada con llave. Una de ellas golpea la puerta repetidamente con la palma de la mano, mientras las otras dos miran hacia atr¨¢s, probablemente temiendo que algo o alguien las siga. La c¨¢mara no muestra presencia visible de ninguna otra persona, pero el comportamiento err¨¢tico y aterrorizado de las ni?as sugiere que est¨¢n huyendo de algo que no puede verse en la grabaci¨®n. Las ni?as siguen golpeando la puerta del ba?o. Tras lo cual se capta gritos y sollozos. Entre los fragmentos inteligibles, se distingue una voz aguda repitiendo ¡°?¨¢branos, por favor!¡±, y ¡°?Estamos en la misma situaci¨®n que ustedes, tambi¨¦n queremos escondernos!¡±. No hay respuesta desde el interior del ba?o. Tras unos momentos, las tres se miran entre s¨ª, aparentemente d¨¢ndose cuenta de que nadie responder¨¢. Sin m¨¢s opciones, y con el terror apoder¨¢ndose de ellas, salen corriendo en la direcci¨®n opuesta, alej¨¢ndose r¨¢pidamente de la c¨¢mara y desapareciendo del ¨¢ngulo de visi¨®n.
Nota dejada por Jonathan Parker:
Los sobrevivientes dentro del aula de arte presentan inconsistencias en sus relatos. La mayor¨ªa no recuerda haber escuchado los disparos ni los gritos de auxilio. Solo una estudiante, identificada como Emily ¨€¨€¨€¨€¨€¨€, proporciona detalles concretos sobre la secuencia de eventos, pero su testimonio confuso t¨¦rmino lapidando el futuro del profesor Thomas Smith. Se hipotetiza que una ¡°anomal¨ªa perceptiva¡± pudo haber afectado a los ni?os en menor medida debido a sufrir una posesi¨®n forzosa por parte de las sombras, distorsionando su capacidad de retenci¨®n de los eventos. Emily ¨€¨€¨€¨€¨€¨€ es la ¨²nica que menciona haber recibido una ¡°advertencia¡± antes del ataque, aunque los detalles de esta afirmaci¨®n son ambiguos. El resto de ni?os sobrevivientes que se encontraban en la clase de arte, no record¨® este evento hasta que los entrevistadores se los mencionaron. Se cree que Emily ¨€¨€¨€¨€¨€¨€ logr¨® sobreponerse a la posesi¨®n, dado que una criatura benefactora del otro mundo la protegi¨® advirti¨¦ndole del ataque.
Ecos en los Archivos (3)
Registro de C¨¢mara de Seguridad N.o 032
Ubicaci¨®n: Pasillo cercano al aula de arte Hora: 11:00 a.m ¨C 4:00: p.m
11:45:00 a.m. El pasillo vuelve a quedar vac¨ªo. El silencio se hace presente por varios minutos, y las luces del lugar dejan de parpadear de manera intermitente, estabiliz¨¢ndose finalmente. El suelo sigue manchado con la sangre de los estudiantes abatidos, ahora seca en los bordes y m¨¢s oscura en los charcos a¨²n frescos. El aire parece inm¨®vil, y la c¨¢mara no detecta ninguna actividad por varios minutos. Durante un tiempo, no ocurre ning¨²n evento visible. La puerta del ba?o sigue cerrada, sin movimientos o sonidos provenientes del interior. 2:30:20 p.m. Horas m¨¢s tarde, la c¨¢mara capta otro suceso inesperado. El sonido de pasos apresurados y pesados retumban, cortando la quietud de la escena. Un hombre adulto aparece en el umbral, corriendo con agitaci¨®n. Su respiraci¨®n entrecortada y su forma de moverse indicaban desesperaci¨®n. No es dif¨ªcil deducir que est¨¢ buscando algo o a alguien con urgencia. El hombre, identificado m¨¢s tarde como uno de los padres de uno de los estudiantes, estaba vestido con un traje de ba?o, una camiseta hawaiana y sandalias. Los ojos del hombre est¨¢n desorbitados, inquietos, recorriendo fren¨¦ticamente el pasillo como si esperara encontrarse a la muerte misma. El reflejo de su rostro muestra desesperaci¨®n, y por un instante, se detiene y respira profundamente, recuperando algo de control sobre s¨ª mismo antes de seguir avanzando, buscando desesperadamente. La c¨¢mara capta cada uno de sus movimientos mientras se acerca a los cuerpos de los estudiantes ca¨ªdos, a¨²n desparramados en el suelo. Algunos yacen boca arriba, otros con el rostro hacia el suelo. Las manchas de sangre, ahora secas y oscuras, cubren las baldosas del pasillo, creando un contraste perturbador con la frialdad del lugar. A lo lejos, se observan m¨¢s cad¨¢veres, como si un desastre incontenible se hubiera desatado aqu¨ª mismo. El hombre parece no notar el hedor pesado de la sangre; sus ojos est¨¢n completamente centrados en la b¨²squeda de su hijo. Se detiene junto a uno de los cuerpos y, tras un breve vistazo, se arrodilla, inspeccion¨¢ndolo. La c¨¢mara enfoca su rostro, que muestra una mezcla de ansiedad y esperanza. Con cuidado, voltea el cad¨¢ver, inspeccionando el rostro. En sus ojos se lee el deseo de encontrar algo que lo libere de esta angustia, una confirmaci¨®n de que no todo est¨¢ perdido. Pero enfrentarse con la muerte lo agota r¨¢pidamente. En su mente, la esperanza crece al no reconocer a su hijo entre las v¨ªctimas, pero el hecho de no encontrarlo es a su vez una tortura. Sus manos tiemblan cuando se aparta del cuerpo y se toma unos segundos para recuperar el control. Respira hondo, como si ese acto le otorgara algo de la calma necesaria para continuar. La c¨¢mara muestra al hombre mientras se aleja, movi¨¦ndose r¨¢pidamente entre los cuerpos esparcidos a su alrededor, como si ya se hubiera ilusionado ante la posibilidad de que su hijo no estuviera all¨ª. Pero la angustia no se disipa. Revisa, uno por uno, los rostros de los ca¨ªdos, sus cuerpos desparramaos y la muerte que parece estar en todas partes, pero no hay se?ales de su hijo. La expresi¨®n del hombre se oscurece, como si cada instante de esa b¨²squeda le despojara de algo de su humanidad. Tras unos momentos de indecisi¨®n, se dirige hacia el ¨¢rea cercana al aula de arte. El sonido de sus pasos se mezcla con el silencio absoluto del lugar. Al llegar al ba?o, el hombre se detiene frente a la puerta. Su respiraci¨®n se acelera al notar que est¨¢ cerrada. No hay se?ales de vida del otro lado. Sin embargo, eso no parece calmar sus temores. La tensi¨®n se acumula en sus hombros mientras su mano izquierda se tensa ligeramente al tocar la puerta. La ansiedad lo consume, y sin pensarlo, comienza a golpear la puerta con ambas manos, primero de forma suave, luego con m¨¢s insistencia. Llama a su hijo por su nombre, su voz quebrada por el miedo y la incertidumbre. Cada golpe parece perforar la quietud de ese lugar, pero el silencio lo devuelve con m¨¢s fuerza. No hay respuesta. El hombre retrocede unos pasos, respirando agitado. Parece que eval¨²a sus opciones, aunque lo ¨²nico que queda en su mente es la necesidad de entrar y encontrar a su hijo. Da un paso atr¨¢s y se prepara para embestir la puerta. Con un grito de frustraci¨®n, carga contra ella con todo su peso, y el sonido del impacto resuena en el pasillo. La puerta no cede, permanece firme en su lugar, como si el destino hubiera decidido frenar sus esperanzas. El hombre retrocede, desorientado por el fracaso. Observa la puerta con furia y miedo, y entonces, decide intentar una vez m¨¢s. Su cuerpo se tensa, y sus m¨²sculos se llenan de energ¨ªa nerviosa mientras se prepara para un nuevo intento. Un segundo despu¨¦s, una explosi¨®n corta la tensi¨®n: un disparo atraviesa la puerta desde el interior, de forma abrupta y sorprendente. El sonido es seco, agudo, un eco profundo que se cuela en los o¨ªdos del hombre. Este se tambalea hacia atr¨¢s, sus ojos se abren desmesuradamente, y se cubre los o¨ªdos instintivamente. La c¨¢mara captura el instante de terror puro, su cuerpo reacciona a la sorpresa del disparo, como si quisiera apartarse de ese sonido mortal. Pierde moment¨¢neamente el equilibrio y cae al suelo, pero se repone r¨¢pido. La adrenalina lo impulsa, y sin pensar, gira sobre sus talones y comienza a escapar del pasillo. Su huida es torpe, casi descontrolada, como si el miedo lo hubiera transformado en una m¨¢quina sin consciencia, solo guiada por el instinto de sobrevivir. Cada paso parece un esfuerzo, pero la velocidad y la urgencia se han apoderado de ¨¦l. La c¨¢mara muestra su carrera hasta que desaparece del campo de visi¨®n. Lo ¨²nico que queda es el pasillo vac¨ªo, plagado de cad¨¢veres. Los ecos de su huida se desvanecen, y el espacio se ve repleto de un silencio inquietante. La puerta del ba?o permanece all¨ª, con una marca de bala visible en su superficie. 3:43:00 p.m. La grabaci¨®n contin¨²a, capturando un pasillo sumido en un silencio sepulcral. Las luces han reducido su parpadeo, estabiliz¨¢ndose casi por completo. Los cuerpos yacen inm¨®viles, el aire se siente denso, cargado de una quietud antinatural. La c¨¢mara permanece testigo de la escena, sin registrar movimiento alguno durante varios minutos. If you find this story on Amazon, be aware that it has been stolen. Please report the infringement. 3:45:12 p.m. Un sonido seco irrumpe en el silencio: un crujido leve proveniente del ba?o, casi imperceptible al principio. No se distingue claramente si es un paso, un roce contra la pared o algo m¨¢s. Unos segundos despu¨¦s, se oye un sonido met¨¢lico, como el de un mecanismo oxidado movi¨¦ndose lentamente. La c¨¢mara no tiene ¨¢ngulo para captar lo que sucede dentro del ba?o, pero el micr¨®fono sigue registrando el audio. Se escucha una respiraci¨®n pesada, err¨¢tica, seguida de un jadeo entrecortado. Luego, un golpe repentino, como si algo hubiera chocado contra una de las paredes. Despu¨¦s, silencio otra vez. 3:47:30 p.m. Otro sonido rompe la quietud. Un clic sutil, seguido del leve roce de una cerradura girando. Desde el interior del ba?o, alguien est¨¢ manipulando el mecanismo. Durante varios segundos, el sonido es irregular, como si la persona dentro estuviera atrapada o luchando contra algo. Finalmente, la cerradura se desbloquea con un chasquido seco. La puerta, sin embargo, no se abre de inmediato. Permanece cerrada durante m¨¢s de un minuto. Luego, con lentitud extrema, la puerta comienza a moverse, apenas unos cent¨ªmetros, dejando entrever una rendija oscura. Desde la c¨¢mara, es imposible ver el interior del ba?o. Pero se percibe como la puerta se detiene en su apertura. 3:50:45 p.m. Se capta el primer movimiento visible en el pasillo en m¨¢s de una hora. Desde el interior del ba?o, un brazo emerge lentamente por la rendija de la puerta. La piel es p¨¢lida, casi enfermiza. Los dedos se deslizan por la superficie de la puerta, tambaleantes, antes de aferrarse con fuerza al borde. La puerta se abre un poco m¨¢s, revelando parcialmente la figura de Thomas Smith. Su rostro sigue fuera del encuadre, pero su postura es tensa. La otra mano a¨²n sostiene el arma, aunque su agarre es flojo. Su respiraci¨®n sigue siendo visualmente audible, entrecortada y err¨¢tica. 3:51:10 p.m. Smith finalmente da un paso fuera del ba?o. Su apariencia es desastrosa. El rostro est¨¢ cubierto de sudor, su cabello desordenado y su camisa, adem¨¢s de la sangre, tiene marcas de polvo y humedad. Su mirada es dif¨ªcil de interpretar debido a la calidad de la grabaci¨®n, pero su lenguaje corporal sugiere agotamiento extremo. Sus movimientos son lentos, pero no inseguros. Parece estar examinando el pasillo, como si esperara encontrar algo o a alguien. Sus ojos recorren los cuerpos de los estudiantes ca¨ªdos, deteni¨¦ndose en cada uno por unos segundos. Finalmente, suspira de nuevo y baja el arma hasta apuntar al suelo. 3:52:45 p.m El video capta un nuevo sonido: pasos. Pero no provienen de Smith. Se escuchan claramente en el fondo, aproxim¨¢ndose desde el extremo opuesto del pasillo. Son firmes y constantes, probablemente m¨¢s de una persona acerc¨¢ndose al ¨¢rea. Smith se percata del sonido y su reacci¨®n es inmediata. Se pone en alerta, endereza la espalda y ajusta el agarre de su arma. Su mirada se enfoca en la direcci¨®n de los pasos. Un murmullo comienza a filtrarse en el audio. Son voces masculinas, hablando entre s¨ª, aunque sus palabras no son completamente audibles. Entre los sonidos, se logra distinguir un par de frases sueltas: ¡°...es aqu¨ª, justo donde...¡±, ¡°... el ruido de un disparo vino de este pasillo...¡±. 3:53:20 p.m. Smith no espera m¨¢s. Se mueve con rapidez, alej¨¢ndose del ba?o y dirigi¨¦ndose hacia el otro extremo del pasillo. Sus pisadas resuenan con prisa, pero antes de que pueda alejarse completamente, una voz fuerte lo llama desde fuera del campo visual: ¡°?Alto ah¨ª! ?No se mueva!¡± La c¨¢mara capta un cambio en su postura. Se congela por un segundo y sujeta con m¨¢s fuerza el arma, aunque no la levanta. Se oye un segundo grito, esta vez m¨¢s cercano. ¡°?Suelte el arma y levante las manos!¡± Smith se queda inm¨®vil. Su respiraci¨®n se acelera otra vez. Luego, en un movimiento repentino, se gira en direcci¨®n a la c¨¢mara, aunque su rostro sigue mayormente oculto por la baja calidad del video. El audio capta su voz por primera vez desde que sali¨® del ba?o. Es un susurro tembloroso, apenas audible: ¡°No... no entienden... ellos a¨²n est¨¢n aqu¨ª¡­¡± Los pasos vuelven a sonar, esta vez m¨¢s r¨¢pidos, como si un grupo de personas se acercara corriendo. La c¨¢mara capta una sombra proyect¨¢ndose en la pared. ¡°?¨²ltima advertencia! ?Suelte el arma ahora mismo!¡± 3:54:10 p.m. Contrario a lo que se podr¨ªa esperar de un miserable profesor de secundaria atrapado en una situaci¨®n tan desesperada, Smith, en un movimiento brusco, levanta el arma. Un disparo resuena en el pasillo. No es su arma. Smith se tambalea hacia atr¨¢s, impactado en el muslo. Su cuerpo golpea la pared y deja una mancha de sangre en el yeso antes de deslizarse lentamente hasta el suelo en donde comienza a retorcerse del dolor. Su arma cae de su mano y resbala unos cent¨ªmetros por el pasillo. Se oyen voces de hombres acerc¨¢ndose r¨¢pidamente, sus pasos resonando en el suelo. ¡°?Est¨¢ ca¨ªdo! ?Revisen si solt¨® su arma!¡± ¡°?Mierda, miren esto... los ni?os!¡± ¡°?Necesitamos param¨¦dicos aqu¨ª de inmediato!¡± La c¨¢mara sigue grabando mostrando c¨®mo las figuras de los polic¨ªas se agrupan alrededor del cuerpo de Smith y los cad¨¢veres de los estudiantes. Algunos revisan los signos vitales del profesor, otros inspeccionan el de los estudiantes. Uno de los polic¨ªas se detiene y se gira lentamente hacia el ba?o a¨²n entreabierto. Su expresi¨®n es ilegible debido a la calidad del video, pero su postura sugiere tensi¨®n. La c¨¢mara capta su murmullo antes de que el video termine abruptamente: ¡°?Qu¨¦ demonios pas¨® en esta escuela...?¡±
Ecos en los Archivos (3) G¨®mez apart¨® la vista de la pantalla. El resplandor azulado del monitor a¨²n parpadeaba en la habitaci¨®n oscura, reflej¨¢ndose en el vaso de whisky a medio consumir sobre la mesa. Exhal¨® con pesadez y se recost¨® en la silla, frot¨¢ndose los ojos. Por fin, despu¨¦s de largas horas, las grabaciones hab¨ªan terminado. Tom¨® un sorbo de whisky sin apartar la mirada de la pantalla. Su mente segu¨ªa atrapada en lo que hab¨ªa visto: sombras movi¨¦ndose entre pasillos, estudiantes aterrados, disparos resonando, un ba?o cerrado, luces parpadeantes y el murmullo entrecortado de Thomas Smith en sus ¨²ltimos momentos como hombre libre. G¨®mez exhal¨® lentamente, con el ce?o fruncido. Tamborile¨® los dedos sobre el vaso, dejando que el eco de aquellas im¨¢genes siguiera dando vueltas en su cabeza. ?Por qu¨¦ Jonathan Parker le hab¨ªa dejado este video? ?Qu¨¦ pretend¨ªa mostrarle? El archivo dejado por su viejo amigo conten¨ªa menos de lo que esperaba encontrar. A simple vista no se pod¨ªa rescatar m¨¢s que la historia sin censura de Thomas Smith y su sangrienta transici¨®n de docente a rata de laboratorio para la fundaci¨®n. G¨®mez dej¨® el vaso de whisky sobre la mesa con un golpe sordo. Sus ojos se clavaron en la pantalla, en la ¨²ltima imagen congelada del video: Thomas Smith en el suelo, sollozando, con un agujero de bala en la pierna. Hab¨ªa cre¨ªdo que aquella grabaci¨®n ser¨ªa la pieza clave para comprender algo m¨¢s grande, algo que hab¨ªa atormentado a Jonathan en su ¨²ltima semana de vida. Pero ahora, tras verlo, comprend¨ªa que solo se hab¨ªa aferrado a una ilusi¨®n. Aun as¨ª, el video era un lastre. Uno que lo obligaba a reevaluar cada detalle del caso St. Patrick. El vaso de whisky gir¨® entre los dedos de G¨®mez, inclin¨¢ndose lo justo para que el l¨ªquido ambarino rozara el borde antes de que ¨¦l lo llevara nuevamente a sus labios. La quemaz¨®n descendi¨® por su garganta, un recordatorio de que segu¨ªa ah¨ª, atrapado en aquella habitaci¨®n en penumbras, rodeado de papeles desordenados de un pasado que ya se sent¨ªa ajeno, informes clasificados que no le serv¨ªan de nada y una verdad que se negaba a salir a la luz. Instintivamente, desliz¨® la mano hacia el bolsillo interior de su pantal¨®n y sac¨® una tarjeta. La observ¨® en silencio, gir¨¢ndola entre los dedos. No ten¨ªa inscripciones, ni logotipos, ni s¨ªmbolos visibles. Solo una superficie lisa y oscura, carente de cualquier indicio sobre su prop¨®sito. Nada, salvo un peque?o bot¨®n en uno de los extremos. G¨®mez frunci¨® el ce?o. Parker le hab¨ªa dejado un mensaje de "despedida" antes de su supuesto suicidio. No solo un video. No solo palabras vac¨ªas. Ten¨ªa que haber un significado oculto, algo cifrado entre sus ¨²ltimas palabras. Algo que quiz¨¢s no hab¨ªa querido decir directamente, pero que deb¨ªa ser interpretado junto al video para llegar a comprenderlo por completo. Sin perder m¨¢s tiempo, tom¨® la tarjeta y la gir¨® una ¨²ltima vez en su mano antes de dejarla sobre la mesa. Con un leve toque de dedo, presion¨® el peque?o bot¨®n en su borde. Un zumbido sutil recorri¨® la superficie de la mesa. De inmediato, una luz azulada emergi¨® de la tarjeta, proyect¨¢ndose en la habitaci¨®n y envolviendo el espacio con un resplandor fr¨ªo y tenue. G¨®mez entrecerr¨® los ojos mientras el dispositivo se estabilizaba, sintiendo c¨®mo la presi¨®n en su pecho aumentaba.
¡°G¨®mez¡­¡±
La voz de Jonathan rompi¨® el silencio que hasta entonces lo envolv¨ªa. La grabaci¨®n comenz¨® a sonar, y aunque ya hab¨ªa escuchado ese mensaje antes, algo en el tono de Jonathan le hizo tensarse. Hab¨ªa una inflexi¨®n distinta, una pausa casi imperceptible que le advirti¨® que estaba a punto de descubrir algo m¨¢s importante de lo que hab¨ªa imaginado.
¡°Y luego est¨¢ lo que ocurri¨® en St. Patrick¡­¡±
El eco de esas palabras le recorri¨® el cuerpo. St. Patrick. El lugar donde todo comenz¨®. G¨®mez apret¨® los dedos alrededor de la tarjeta, y la luz azul parec¨ªa intensificarse mientras Jhonatan continuaba narrando lo que ocurri¨® en aquella escuela.
¡°G¨®mez, hay algo que necesito confesarte.¡± A case of theft: this story is not rightfully on Amazon; if you spot it, report the violation.
Confesi¨®n. Esa palabra le gustaba. Hab¨ªa algo en el tono de Jhonatan que pon¨ªa su mente a trabajar y le indicaba que lo siguiente era importante.
¡°En el vestuario te hab¨ªa dicho que hab¨ªa participado en la investigaci¨®n de esa masacre de forma privada. Sabes que estuve all¨ª, revisando los informes y las pruebas.¡±
No era algo extra?o. Jonathan, como todos los agentes, se hab¨ªa involucrado en incontables casos privados a lo largo de su carrera. Al final, el dinero mov¨ªa los hilos de esta sociedad, y los clientes privados siempre eran m¨¢s generosos que la fundaci¨®n.
¡°Pero no te cont¨¦ todo. Una de las familias de una de las tantas v¨ªctimas se acerc¨® a m¨ª.¡±
G¨®mez frunci¨® el ce?o. ?Por qu¨¦? ?Qu¨¦ los habr¨ªa llevado a buscar a Jonathan en vez de esperar a que la polic¨ªa o los agentes oficiales hicieran su trabajo? Las preguntas comenzaron a arremolinarse en su cabeza.
¡°Eran unos conocidos de mi infancia, justamente estudiamos juntos en la escuela secundaria St. Patrick.¡±
Le choc¨® un poco escuchar eso. La conexi¨®n personal de Jhonatan con la familia de las v¨ªctimas no parec¨ªa algo que pudiera haberse planeado o manipulado. No era una estratagema, sino una casualidad demasiado relevante en esta historia.
¡°Ellos me ofrecieron una cantidad absurda de dinero para que hiciera algo.¡±
G¨®mez alz¨® una ceja. Dinero. Siempre que el dinero entraba en juego, las cosas se volv¨ªan turbias. No dudaba de que Jonathan lo necesitara, de que esa fuera la raz¨®n detr¨¢s de sus acciones. Pero que insistiera en recalcar su relaci¨®n con la familia le dej¨® una sensaci¨®n inc¨®moda. ?Por qu¨¦ mencionarlo con tanta anticipaci¨®n? ?Intentaba evitar que sospechara de ellos? ?Que no los relacionara con ¡°Ellos¡±? Podr¨ªa ser. Pero algo no encajaba. Al parecer la clave no estaba en qui¨¦n hab¨ªa contratado a Jonathan, sino en la casualidad de que conociera a esta familia. Esa conexi¨®n personal les dio el acceso necesario para infiltrarse en la escuela y destruir una prueba crucial. Si no hubieran tenido ese v¨ªnculo con ¨¦l, esa grabaci¨®n jam¨¢s habr¨ªa desaparecido. ?Por qu¨¦ una de las familias de las v¨ªctimas querr¨ªa deshacerse de ese video? Con el caso expuesto en los medios y convertido en tendencia, de haberse conservado, las v¨ªctimas habr¨ªan sido arrastradas al morbo de la prensa. Por tanto, los padres solo quer¨ªan proteger a sus hijos. Adem¨¢s, no necesitaban m¨¢s pruebas para condenar a Smith; la evidencia en su contra era abrumadora; la polic¨ªa ya lo hab¨ªa catalogado de culpable por ser el ¨²nico adulto con un arma de fuego en toda la instituci¨®n. Todo segu¨ªa un curso l¨®gico, sin grietas aparentes, sin motivos para sospechar de algo m¨¢s. Era imposible pensar que alguien estuviera manipulando los hechos desde las sombras¡­ a menos que ya se conociera su existencia de antemano. Y eso era lo m¨¢s inquietante de este caso.
¡°Quer¨ªa pensar que lo hac¨ªan por justicia, por encontrar un culpable, pero la realidad es m¨¢s complicada.¡±
G¨®mez sab¨ªa que Jonathan no era ingenuo. Hab¨ªa algo m¨¢s en esta historia, algo que iba m¨¢s all¨¢ de la justicia. La menci¨®n del dinero dejaba claro qu¨¦ lo hab¨ªa llevado a actuar. La mera justicia no satisface el coraz¨®n de los hombres¡­ y mucho menos los convence de destruir pruebas clave en un caso medi¨¢tico.
¡°Todo lo relacionado con Thomas Smith es complicado.¡±
Ah¨ª estaba, el nombre que hab¨ªa estado dando vueltas en su cabeza durante horas: Thomas Smith. El hombre cuya desgracia parec¨ªa desafiar toda l¨®gica. Sin duda, un caso complicado.
¡°Me pidieron que eliminara una grabaci¨®n. Una grabaci¨®n de una de las c¨¢maras de seguridad en la escuela, espec¨ªficamente la que captur¨® lo que sucedi¨® en el pasillo frente al sal¨®n de arte, donde Thomas Smith asesin¨® a unos ni?os. Al principio, pens¨¦ que estaban tratando de proteger la imagen de su hijo, que tal vez quer¨ªan evitar que la prensa filtrara c¨®mo fue su muerte. Pero luego me di cuenta de algo m¨¢s. Esa grabaci¨®n era ¨²nica, G¨®mez. Mostraba toda la secuencia de hechos que sentenciaron a pena de muerte a Thomas Smith. Mostraba que hab¨ªa algo m¨¢s que simplemente un profesor asustado.¡±
Eso lo sacudi¨®. ?Qu¨¦ quer¨ªa decir con ¡°algo m¨¢s¡±? Repas¨® mentalmente las im¨¢genes del caso, los informes de la masacre. ?Podr¨ªa ser que ese ¡°algo m¨¢s¡± fuera la clave para entender el verdadero motivo por el que se hab¨ªa mandado a borrar el video?
¡°Hac¨ªa dudar de si Thomas Smith estaba siendo pose¨ªdo.¡±
La palabra ¡°pose¨ªdo¡± flot¨® en el aire, atragant¨¢ndose en su garganta. Tamborile¨® los dedos contra la mesa, su otra mano aferrando el vaso de whisky que apenas se hab¨ªa llevado a los labios. La voz de Jhonatan segu¨ªa resonando en la habitaci¨®n, filtr¨¢ndose entre la penumbra. Ecos en los Archivos (4)
¡°Y aqu¨ª es donde las cosas se complican, G¨®mez. La familia que me pag¨® eran conocidos m¨ªos, y no tengo dudas de que lo hicieron para evitar que se revelara c¨®mo muri¨® su hijo. Pero al hacerlo, eliminaron cualquier rastro de lo que realmente sucedi¨® en ese pasillo. Si esa grabaci¨®n hubiera salido a la luz, Thomas Smith habr¨ªa tenido una excusa.¡±
?Una excusa? ?Para su comportamiento? G¨®mez sinti¨® que algo se le mov¨ªa dentro, como si una puerta se estuviera abriendo en su mente. Era una sensaci¨®n familiar, la misma que lo asaltaba cuando una pista clave ca¨ªa en sus manos y todo el caso se tambaleaba al borde del abismo. ?Qu¨¦ excusa podr¨ªa haber tenido Smith? Retrocedi¨® la grabaci¨®n hasta ver al profesor a punto de enfrentarse con la polic¨ªa. Su rostro mostraba una expresi¨®n vac¨ªa, con sombras oscuras bajo sus ojos. No hab¨ªa duda de que, en sus ¨²ltimos momentos, el profesor hab¨ªa actuado de manera err¨¢tica, pero tampoco se pod¨ªa negar que, al momento de hacer los disparos, aquel hombre no parec¨ªa estar pose¨ªdo, ni manipulado. No parec¨ªa m¨¢s que un bastardo desalmado y despiadado. El video resultaba mucho m¨¢s incriminatorio de lo que hab¨ªa imaginado. En la cara de Smith no hab¨ªa se?ales de miedo, ni duda alguna en sus movimientos. Apret¨® el gatillo con una calma perturbadora. Los estudiantes no lo atacaban, no lanzaban amenazas, ni siquiera parec¨ªan entender lo que ocurr¨ªa hasta que ya era demasiado tarde. Smith no se defend¨ªa; podr¨ªa decirse que hu¨ªa de algo, pero lo cierto es que, sin titubear, ejecut¨® a todos los ni?os que se cruzaron en su camino. Ning¨²n juez en su sano juicio podr¨ªa haber considerado aquello un acto de desesperaci¨®n o defensa propia. Smith estaba completamente sumido en su propia culpa, y, a¨²n as¨ª, Jonathan segu¨ªa insistiendo en su posible liberaci¨®n. G¨®mez se presion¨® la frente con los dedos. La actitud de Jonathan era una contradicci¨®n, pero no cualquier contradicci¨®n. Era la clase de contradicci¨®n que hac¨ªa que todo lo que cre¨ªas firme empezara a desmoronarse. Como si la realidad estuviera distorsionada y hubiera una historia oculta, una que nadie quer¨ªa enfrentar. La grabaci¨®n continu¨®, interrumpiendo su cadena de pensamientos.
¡°Tal vez se habr¨ªa dado cuenta de que estaba siendo pose¨ªdo. Y eso habr¨ªa evitado que lo condenaran a muerte.¡±
G¨®mez se enderez¨® bruscamente, su mano movi¨¦ndose instintivamente hacia el bot¨®n de la tarjeta. Detuvo la reproducci¨®n antes de que la voz de Jhonatan pudiera decir una palabra m¨¢s. Un silencio denso cay¨® sobre la habitaci¨®n. La respiraci¨®n se le hab¨ªa acelerado sin que se diera cuenta. Sus instintos le gritaban que all¨ª hab¨ªa algo, algo enterrado, algo que no cuadraba con la versi¨®n oficial. Su cabeza trabajaba a mil por hora, encajando piezas que parec¨ªan no pertenecer al mismo rompecabezas. Hab¨ªa escuchado muchas estupideces en su carrera. Hab¨ªa tratado con testigos que juraban haber visto fantasmas que en realidad no exist¨ªan, con criminales que culpaban a fuerzas sobrenaturales por sus actos. Pero esto no pod¨ªa ser un error de interpretaci¨®n. No era un desvar¨ªo de un novato. Era Jhonatan quien lo estaba diciendo. Su colega, un hombre racional y veterano en el estudio de casos paranormales, un hombre que nunca se hab¨ªa dejado llevar por fantas¨ªas. Algo estaba ocurriendo, algo que no encajaba con la versi¨®n oficial de los hechos. Respir¨® hondo, tratando de calmar el torbellino de pensamientos en su cabeza. Necesitaba analizar esto con la frialdad de siempre, como cualquier otra investigaci¨®n. Pero hab¨ªa algo en la manera en que Jhonatan insist¨ªa en la inocencia de Smith que le erizaba la piel. Como si supiera algo que G¨®mez a¨²n no entend¨ªa. Nuevamente retrocedi¨® el video. La pantalla chisporrote¨® antes de estabilizarse en el inicio de la tragedia. Reprodujo la grabaci¨®n una vez m¨¢s, esta vez con una atenci¨®n quir¨²rgica. Necesitaba fijarse en los detalles que antes se le hab¨ªan escapado. El pasillo de la escuela secundaria St. Patrick apareci¨® en la pantalla, iluminado solo por la luz parpadeante de las l¨¢mparas que fallaban bajo la influencia de una presencia paranormal. El suelo estaba cubierto de charcos oscuros y espesos de sangre. En las paredes, sombras alargadas se retorc¨ªan y se estiraban como si estuvieran m¨¢s desesperadas por huir que por enfrentarse a Smith. En el centro de la imagen, el profesor permanec¨ªa inm¨®vil, con una postura relajada. El arma, ya utilizada en varias ocasiones, colgaba de su mano. If you discover this tale on Amazon, be aware that it has been stolen. Please report the violation. Pero hab¨ªa algo extra?o. Adelant¨® el video nuevamente hasta el momento en que Smith intentaba escapar de los polic¨ªas y lo paus¨®. Fij¨® la vista en su rostro. Sus ojos. No parec¨ªan los mismos que al inicio del video. Era sutil, pero estaba ah¨ª. Un cambio. Como si algo hubiera entrado en ¨¦l, como si hubiera pasado de ser una persona a ser otra. Regres¨® la grabaci¨®n unos segundos antes. Smith sali¨® del ba?o. Caminaba por el pasillo con la mirada baja, mostrando signos leves de violencia, tensi¨®n y miedo. Se rasc¨® la nuca y ajust¨® la camisa manchada de sangre, como si esos peque?os gestos pudieran devolverle algo de control. Parpade¨®, como si intentara despejar la niebla en su mente. Con un movimiento lento, casi antinatural, gir¨® la cabeza hacia el lugar donde, minutos despu¨¦s, aparecer¨ªan los polic¨ªas. Fue en ese instante cuando su expresi¨®n cambi¨®. G¨®mez paus¨® la grabaci¨®n y se qued¨® mirando aquella expresi¨®n. Un escalofr¨ªo le recorri¨® la espalda. No hab¨ªa ning¨²n salto evidente en el video, ninguna transici¨®n brusca, ning¨²n momento que permitiera decir con certeza: ¡°Aqu¨ª pas¨® algo¡±. Pero su instinto le dec¨ªa que la clave estaba en ese peque?o momento. En ese parpadeo. Adelant¨® el video, esta vez hasta el momento en que Smith intentaba enfrentarse con los polic¨ªas. Lo paus¨® unos minutos antes, luego lo adelant¨® a velocidad reducida, repasando cada cuadro con meticulosidad. Algo lo estaba esperando entre estas im¨¢genes, escondido entre los p¨ªxeles, entre los parpadeos de las l¨¢mparas defectuosas. De repente, paus¨® la grabaci¨®n en seco. Ah¨ª estaba. Apenas visible en la pared. Detr¨¢s de Thomas Smith. Una sombra. No era un juego de luces. No era un efecto de la mala calidad del video. La sombra ten¨ªa forma, ten¨ªa peso. Y lo m¨¢s perturbador: parec¨ªa estar inclin¨¢ndose hacia Smith, como susurr¨¢ndole algo al o¨ªdo. Segundos despu¨¦s de su aparici¨®n, Smith, que hasta entonces parec¨ªa tratar escapar, cambi¨® de opini¨®n. No se rindi¨®. No intent¨® correr. Levant¨® el arma con una lentitud antinatural y la apunt¨® directamente a los polic¨ªas. ¡ªQuer¨ªan matarlo¡­ ¡ªMurmur¨®, comprendiendo el significado de lo que estaba viendo. La sombra lo estaba forzando a levantar el arma, empuj¨¢ndolo a su muerte. Era una trampa, una ejecuci¨®n disfrazada de enfrentamiento. Si Smith no soltaba el arma, los polic¨ªas tendr¨ªan que responder. Lo abatir¨ªan en el acto. Un caso cerrado. Un asesino neutralizado. Ninguna pregunta inc¨®moda. Ning¨²n cabo suelto. Pero no funcion¨®. Los polic¨ªas de la unidad especial estaban entrenados para lidiar con lo inexplicable. Y aunque Smith estaba armado, aunque el suelo a su alrededor estaba empapado de sangre y cad¨¢veres, ellos no dispararon a matar. Lo redujeron. Se aseguraron de que sobreviviera. Sin saberlo, le dieron una oportunidad que nadie, ni siquiera las fuerzas que mov¨ªan los hilos en las sombras, quer¨ªan que tuviera. G¨®mez se qued¨® mirando la pantalla, reflexionando. Todos los eventos de St. Patrick, cada muerte, cada detalle, cada fen¨®meno inexplicable, hab¨ªan estado orquestados para asegurar una sola cosa: que Thomas Smith muriera. Pero, de alg¨²n modo, contra toda probabilidad, no lo hizo. Sobrevivi¨®. Y no solo eso. Se las arregl¨® para escapar de sus perseguidores y logr¨® llegar hasta las instalaciones de la fundaci¨®n. Eso lo cambiar¨ªa todo. Eso pondr¨ªa a G¨®mez en el centro de algo mucho m¨¢s grande de lo que jam¨¢s debi¨® haber tocado. Algo que no estaba preparado para entender, mucho menos para manejar. G¨®mez volvi¨® a rebobinar el v¨ªdeo, examinando cada detalle con una paciencia que le costaba mantener. Ahora lo ten¨ªa claro: antes de entrar al ba?o, Smith no estaba pose¨ªdo. Pero al salir, una sombra lo hab¨ªa parasitado. Si bien el objetivo de la sombra era la muerte del profesor, su fuerza no fue suficiente para obligarlo a matarse a s¨ª mismo. Fue justo entonces cuando aparecieron los polic¨ªas. Aprovechando el caos, la sombra cambi¨® el instinto de huir por el de luchar para sobrevivir. El profesor intent¨® enfrentarse a los polic¨ªas, pero fue superado en el combate. A pesar de todo, sobrevivi¨® al disparo. Sin embargo, m¨¢s tarde, en la sala de interrogatorios, encontr¨® su final a manos de G¨®mez. Finalmente, la sombra fue eliminada tras su detecci¨®n en un examen est¨¢ndar, uno que pasar¨ªa desapercibido para cualquiera que estuviera habituado al trabajo en lo paranormal. Pero esos eran solo los hechos, lo que realmente importaban eran las preguntas que estos hechos suscitaban: ?Por qu¨¦ la sombra quer¨ªa matar al profesor? ?Por qu¨¦ no simplemente lo hizo desaparecer como a los otros historiadores antes que ¨¦l? ?Por qu¨¦ despu¨¦s, otras entidades se encargaron de borrar este video? ?Por qu¨¦ fue necesario ejecutar a la sombra en lugar de dejarla ir? ?¨¦l tambi¨¦n ser¨ªa ejecutado? Algunas de estas cuestiones ya ten¨ªan respuestas parciales, fragmentos dispersos en la investigaci¨®n. Pero ahora, con el video en la pantalla y la grabaci¨®n de Jonathan reproduci¨¦ndose, algunas piezas empezaban a encajar por s¨ª solas. G¨®mez mantuvo la mirada fija en la grabaci¨®n. Sab¨ªa que cada detalle, por insignificante que pareciera, pod¨ªa acercarlo un paso m¨¢s a la verdad. Inclin¨¢ndose ligeramente hacia adelante, reanud¨® el mensaje secreto de Jhonatan, sintiendo que cada palabra lo empujaba m¨¢s y m¨¢s hacia un abismo de preguntas insatisfechas. Ecos en los Archivos (5)
¡°S¨¦ lo que est¨¢s pensando, G¨®mez.¡±
G¨®mez apret¨® la mand¨ªbula. No, en realidad, no sab¨ªa qu¨¦ estaba pensando. O m¨¢s bien, su cabeza estaba hecha un desastre. Hab¨ªa tanta informaci¨®n dispersa en este caso que apenas pod¨ªa ordenarla.
¡°S¨¦ que piensas que lo hice por codicia. Y tal vez tengas raz¨®n. Tal vez acept¨¦ el dinero porque lo necesitaba. Sabes que siempre he sido un desastre con mis finanzas. En este laboratorio todo el mundo tiene unos cuantos muertos en el armario, el problema es que los m¨ªos son caros. No pod¨ªa negarme a tan buen negocio. As¨ª que me adentr¨¦ a la sala de seguridad de la escuela y reemplac¨¦ la grabaci¨®n por est¨¢tica. En los informes oficiales, a los que puedes acceder desde los archivos del laboratorio, esa c¨¢mara fue registrada como afectada por el ¡®evento paranormal¡¯ y pas¨® desapercibida, igual que muchas otras que sufrieron el mismo fen¨®meno. La ¨²nica c¨¢mara ¨²til para la justicia muestra un ¨¢ngulo en el que Thomas Smith parece un asesino despiadado. Con eso tuvieron suficiente para condenarlo y enviarlo a nuestras instalaciones. G¨®mez, te dejo este pendrive. Contiene todo lo que realmente sucedi¨® ese d¨ªa. Tal vez te ayude a entender mejor lo que est¨¢ ocurriendo¡­¡±
El plan de borrar la grabaci¨®n fue tan simple que resultaba aterrador lo efectivo que termin¨® siendo. La realidad es que las c¨¢maras de vigilancia de una escuela no estaban preparadas para soportar los eventos paranormales que se desarrollaron. En el informe oficial, se registraban innumerables c¨¢maras fallidas. Algunas se hab¨ªan averiado por un corto tiempo, otras quedaron inutilizables. Descubrir que entre ellas una hab¨ªa sido modificada deliberadamente, era una tarea que solo se pod¨ªa llevar a cabo si se sospechaba de los agentes involucrados en el caso. Y un caso como este no dejaba espacio para dudar de la actuaci¨®n de los agentes. No hab¨ªa motivo alguno para cuestionar su sincero compromiso con el esclarecimiento de la verdad. G¨®mez hab¨ªa revisado minuciosamente los videos y documentos oficiales relacionados con Smith, buscando las sutilezas que s¨®lo con este video se pod¨ªan entender. En las peque?as diferencias entre las grabaciones oficiales y la borrada se encontraba la clave: el motivo por el cual ese video en particular fue enviado a borrar. Jonathan no necesitaba dec¨ªrselo; era algo intuitivo para un agente ejecutar tal tarea. Tras investigar esas diferencias se llegaba a la conclusi¨®n de que la condena o no condena de Smith era irrelevante, todo era una fachada para encubrir el verdadero punto de inter¨¦s. Y ese punto no ten¨ªa nada que ver con si Thomas hab¨ªa asesinado o no a los ni?os bajo una posesi¨®n. No, lo que realmente importaba era lo que dijo, c¨®mo actu¨® y, sobre todo, la impresi¨®n general que dej¨® tras verlo luchar por su supervivencia. Esa impresi¨®n, que escapaba a los ojos del mundo, revelaba algo mucho m¨¢s profundo: Thomas Smith sab¨ªa lo que estaba ocurriendo antes de que sucediera. Comprend¨ªa el fen¨®meno de una manera que escapaba a cualquier interpretaci¨®n l¨®gica. No era un simple testigo, ni una v¨ªctima de circunstancias inexplicables. ¨¦l entend¨ªa el porqu¨¦. Enjoying this book? Seek out the original to ensure the author gets credit. Y si algo as¨ª se filtraba, si alguien lograba verlo y unir las piezas, no tardar¨ªan en darse cuenta de lo que Smith realmente era: ¨¦l no era un simple historiador, era alguien que ya llevaba a?os explorando lo paranormal. Eso levantar¨ªa sospechas entre ¡°Ellos¡±. Y permitir que ¡°Ellos¡± lo supieran... era un riesgo que no pod¨ªan permitirse. El video debia ser borrado, y Thomas Smith debia ser eliminado. La grabaci¨®n continu¨® a medida que Gomez reflexionaba el asunto.
¡°Cuando acept¨¦ destruir la grabaci¨®n de la c¨¢mara de seguridad en St. Patrick, me lo justifiqu¨¦ pensando que no era tan importante. Cre¨ª que eliminando ese video estaba ayudando a unos amigos a superar su duelo. A lo mucho estaba cerrando una puerta para que Thomas Smith no pudiera eludir su condena, lo cual no importaba, porque, al final del d¨ªa, no me parec¨ªa que un hombre como ¨¦l mereciera clemencia. ?Qu¨¦ clase de profesor va armado a un colegio?¡±
G¨®mez cerr¨® los ojos, pausando la grabaci¨®n. La pregunta de Jonathan qued¨® suspendida en el aire, como un eco que a¨²n retumbaba en su mente. Esa pregunta marcaba el final del fragmento del mensaje que relataba lo sucedido en la escuela, y c¨®mo Jonathan se hab¨ªa involucrado en la historia de Thomas Smith mucho antes de saber qui¨¦n era este en realidad. A lo largo de la semana, mientras G¨®mez se encontraba en coma recuper¨¢ndose, Jonathan le fue grabando mensajes para organizar el caso. Probablemente, eran actualizaciones de los avances en su investigaci¨®n, fragmentos de descubrimientos que hab¨ªa ido acumulando. Sin embargo, la verdad era que, a medida que G¨®mez se acercaba a su recuperaci¨®n, Jonathan descend¨ªa cada vez m¨¢s en una espiral de desesperaci¨®n. Hasta que, finalmente, no pudo soportarlo m¨¢s y se quit¨® la vida. G¨®mez no sab¨ªa exactamente en qu¨¦ momento Jonathan grab¨® esos mensajes, pero supon¨ªa que este fragmento de video hab¨ªa sido el primero, aunque en la grabadora figuraba como el segundo. Pero el orden de los archivos no importaba. Eran fragmentos de audio almacenados en un dispositivo, sin una secuencia estricta. Lo que realmente delataba el contexto en el que hab¨ªan sido grabados era el propio tono de Jonathan, su nivel de cansancio y la atm¨®sfera que se percib¨ªa en cada uno de ellos. No se trataba de un mon¨®logo improvisado, grabado de una vez y sin interrupciones. No, Jonathan hab¨ªa seleccionado cuidadosamente qu¨¦ decir y c¨®mo decirlo. El segundo fragmento, en cambio, ten¨ªa un tono m¨¢s estructurado, casi introductorio. En ese punto, Jonathan parec¨ªa haber alcanzado una mayor comprensi¨®n de lo que estaba ocurriendo. Pero tambi¨¦n se le notaba distinto: m¨¢s alterado, m¨¢s precavido, eligiendo con sumo cuidado cada palabra que pronunciaba. No era la desesperaci¨®n de los ¨²ltimos d¨ªas lo que se filtraba en su voz, sino una creciente paranoia. Algo lo asustaba. Algo lo hac¨ªa dudar incluso de qu¨¦ informaci¨®n deb¨ªa o no deb¨ªa compartir. Con lentitud, G¨®mez tom¨® lo poco que quedaba en su vaso de whisky. Sabore¨® la bebida amarga mientras se preparaba para reflexionar m¨¢s profundamente sobre el mensaje de su amigo. El siguiente fragmento conten¨ªa lo que Jonathan se hab¨ªa atrevido a revelar: sus hallazgos tras d¨ªas de investigaci¨®n. Lo que hab¨ªa descubierto ofrec¨ªa una perspectiva ¨²nica, una que vinculaba a Thomas Smith con el caso de los historiadores desaparecidos en el que llevaba tiempo trabajando. La ç…¤ltima Advertencia (1) Dej¨® el vaso sobre la mesa y presion¨® el bot¨®n dos veces, reiniciando la grabaci¨®n. En un instante, la voz de Jonathan regres¨® de entre los muertos invocando su apellido:
¡°G¨®mez¡­ No tenemos mucho tiempo, as¨ª que escucha bien. La situaci¨®n es m¨¢s complicada de lo que parece. Si est¨¢s escuchando esto, significa que ya tienes en tus manos mi pendrive. Tienes que ser cuidadoso. No uses ese pendrive en ninguna terminal de la fundaci¨®n, ¡°Ellos¡± est¨¢n monitoreando todos tus pasos. Tienes que ser inteligente, jugar bien tus cartas. Antes de hacer cualquier cosa, sal del radar de ¡°Ellos¡±. Tienes que renunciar a la fundaci¨®n y dejar el trabajo como agente, solo as¨ª dejaras de preocuparles. Hay algo m¨¢s, algo que no puedo contarte del todo en este momento, no por una grabaci¨®n. Tengo que dec¨ªrtelo en persona. Nos encontraremos en los niveles inferiores, en el vestuario del personal¡­¡±
¡°Ellos¡±. Esa palabra flotaba siempre en la oscuridad, omnipresente y cargada de un peso imposible de ignorar. Eran el n¨²cleo de todo lo que estaba ocurriendo, las sombras tras el tel¨®n, moviendo los hilos de la sociedad con precisi¨®n invisible. A esas alturas de la investigaci¨®n, Jonathan estaba convencido de que la ¨¦lite ten¨ªa un papel clave en la desaparici¨®n de los historiadores. Aunque lo dec¨ªa en voz baja, con la cautela de quien sabe que est¨¢ pisando terreno peligroso. Sin embargo, m¨¢s tarde, Marcus se lo confirmar¨ªa a G¨®mez, mientas desentra?aba el supuesto suicidio de su amigo. No hab¨ªa dudas: Thomas Smith figuraba entre los posibles historiadores con informaci¨®n privilegiada sobre El Observador. Sin embargo, algo inesperado ocurri¨®. De alguna manera, su nombre se desvaneci¨® de la lista de posibles candidatos tras el esc¨¢ndalo en la escuela St. Patrick. Fue como si hubiera conseguido desdibujarse del sistema, desvanecerse justo antes de que Ellos lo atraparan. Al final, termin¨® en la fundaci¨®n, ocult¨¢ndose a plena vista, justo frente a las narices de quienes lo buscaban. Aunque esa es la versi¨®n de la historia m¨¢s inocente. G¨®mez sab¨ªa bien c¨®mo funcionaban estas cosas. En realidad, Smith nunca ser¨ªa completamente descartado, pero s¨ª le bajar¨ªan la prioridad y destinar¨ªan menos recursos a investigar sobre ¨¦l. Total, el historiador ya estaba dentro de la vieja y confiable fundaci¨®n; si sab¨ªa algo, era solo cuesti¨®n de tiempo antes de que hablara. Y al final, lo hizo. Lo que ¡°Ellos¡± nunca esperaron es que Thomas Smith terminara muerto durante un interrogatorio y que G¨®mez, uno de los m¨¢s grandes agentes del laboratorio 32, fuera lo suficientemente incompetente como para ocultar la verdad. G¨®mez reflexionaba sobre el asunto, y cuanto m¨¢s lo hac¨ªa, m¨¢s sent¨ªa la influencia de esa sombra que lo hab¨ªa empujado a matar a Smith, afectando sus decisiones. ?Era la destrucci¨®n de todo el laboratorio lo que ocurrir¨ªa tras revelar la informaci¨®n sobre El Observador? ?O ese pensamiento era un juego de su propia imaginaci¨®n alterada? En su momento, G¨®mez no dud¨® ni un segundo de que el Observador deb¨ªa ser una figura incre¨ªblemente poderosa, parte de ¡°Ellos¡±, y responsable de numerosas atrocidades cometidas a lo largo de la historia de la humanidad. Ahora, no estaba seguro de nada. Solo sab¨ªa que lo que hab¨ªa pasado no pod¨ªa cambiarse. Como resultado de estas acciones, Marcus, el investigador a cargo del cuidado de Thomas, jam¨¢s incluy¨® ninguna menci¨®n al Observador en sus informes oficiales. El interrogatorio fue ilegal, llevado a cabo en secreto; no pod¨ªa ser de otra forma: Marcus tem¨ªa que otro investigador le robara el caso. Solo se lo confi¨® a G¨®mez, porque siempre le promet¨ªa el ¨¦xito, pero en esta ocasi¨®n fall¨®. Y el ¨²nico beneficiado en esta larga secuencia de casualidades termin¨® siendo El Observador. La grabaci¨®n continuo, mientras el exagente reflexionaba:
¡°¡­¡°Ellos¡± saben que mataste a Thomas Smith, pero desconocen tus motivos. Est¨¢n confundidos, creen que el par¨¢sito que te control¨® fue solo una coincidencia. ¡°Ellos¡± todav¨ªa no saben lo que t¨² ya sabes y no deben saberlo nunca. No conf¨ªes en nadie, ni siquiera en los superiores. Te ver¨¦ en los niveles inferiores, cuando sea seguro. Y por favor, ten cuidado, ¡°Ellos¡±¡­ (Pausa¡­) G¨®mez, si est¨¢s escuchando esto, significa que ya te diste cuenta de que las cosas no son lo que parecen¡­ Necesito que prestes mucha atenci¨®n, porque lo que te voy a contar no es f¨¢cil de digerir. Lo primero que tienes que saber es que el examen que te hiciste¡­ El que confirm¨® tu posesi¨®n¡­ no fue una coincidencia. El ¡°jefe¡±... Me tir¨® muchas indirectas. M¨¢s de las que me di cuenta en su momento. Me hizo pensar que recomendarte hacer ese examen era lo correcto, que era una excelente coartada para evitar que te despidieran. Sabes c¨®mo es ¨¦l, nunca le dir¨ªa ni a su madre lo que realmente piensa, ni mucho menos lo que opina sobre lo que ocurre en los pisos superiores. As¨ª que ¨¦l no pod¨ªa decirte directamente qu¨¦ recursos humanos estaba operando para que te expulsaran de la fundaci¨®n¡­. No, G¨®mez, no es lo que crees. Esto es mucho m¨¢s complejo de lo que te imaginas. Es necesario que abandones este laboratorio. ¡°Ellos¡± quieren eso, y yo tambi¨¦n. Puesto que ¡°Ellos¡± no saben lo que yo s¨ª s¨¦. Si te quedas en el laboratorio, te matar¨¢n. Estar¨¢s en la lista de desaparecidos. Pero si te vas, podr¨¢s escapar de todo lo relacionado con Thomas Smith¡­ If you stumble upon this narrative on Amazon, it''s taken without the author''s consent. Report it. (Pausa¡­) La pregunta que me persigue es: ?Qu¨¦ sab¨ªa el jefe de todo esto? ?Cu¨¢nto sabe de ¡°Ellos¡± y cu¨¢nto nos oculta? Dudo que ¨¦l sepa mucho, pero no tengo dudas de que ¨¦l sabe que alguien quiere sacarte de este laboratorio. Cuanto m¨¢s lo analizo, m¨¢s me convenzo de que esa recomendaci¨®n no fue una mera casualidad. Yo tampoco puedo quedarme mucho tiempo en este laboratorio, G¨®mez¡­ Tras unos d¨ªas tortur¨¢ndome por comprender este caso, comenc¨¦ a comprender mejor las cosas: ¡°Ellos¡± est¨¢n desesperados por encontrar algo que Thomas Smith pose¨ªa, aunque desconoc¨ªan que fuera ¨¦l quien en realidad pose¨ªa lo que buscaban. ¡°Ellos¡± creen que Thomas Smith fue solo otro de los tantos ¡°fracasos¡± en la misi¨®n y por eso van a tratar de matarte, G¨®mez¡­ Eres el mejor agente de este laboratorio y que te hayas cruzado con Thomas Smith les es inc¨®modo a ¡°Ellos¡±. Hasta que no obtengan lo que buscan, no pueden dejar que su ¡°cacer¨ªa¡± salga a la luz o alertar¨¢n a su ¡°presa¡±. Tu presencia en el laboratorio es peligrosa para ¡°Ellos¡±. Si insistes en seguir siendo un agente, ¡°Ellos¡± comenzar¨¢n a sospechar de que sabes algo que no deber¨ªas saber y orquestar¨¢n todo para asegurarse de que termines en la lista de desaparecidos. (Pausa¡­) Esc¨²chame bien, G¨®mez¡­. Nada de esto es lo que parece. ¡°Ellos¡± no est¨¢n detr¨¢s de la masacre en la escuela secundaria St. Patrick. S¨¦ que es dif¨ªcil de entender ahora, pero escucha hasta el final. La recomendaci¨®n del examen J74, el comportamiento evasivo del jefe, las sombras que rodearon la tragedia de St. Patrick, el interrogatorio de Thomas Smith, la posesi¨®n de Thomas Smith, la insistencia de recursos humanos en sacar a los veteranos¡­ Todo esto forma parte de un esquema mucho m¨¢s complicado de lo que puedes imaginar. El objetivo final de todos esos eventos es ¡°proteger¡± el secreto que escond¨ªa Thomas Smith. Deb¨ªan eliminarlo antes de que fuera desaparecido por ¡°Ellos¡±, tal como han hecho con otros historiadores que siguen desapareciendo mientras grabo este mensaje. ¡°Ellos¡± ya investigaron a Thomas Smith durante su juicio. No tengo pruebas de eso, pero tampoco dudas. Lo importante es que no encontraron nada. Thomas Smith fue solo otro ¡°fracaso¡±. Toda la verdad fue encubierta por otras manos. Comprendes el problema, G¨®mez... Estamos metidos en medio de una guerra secreta entre dos grupos. Uno de estos bandos son ¡°Ellos¡±, los que t¨² ya conoces. El otro bando¡­ no puedo explic¨¢rtelo ahora mismo. Es crucial que nos veamos en persona cuanto antes. Necesito discutir este asunto cara a cara para hacerte comprender la magnitud de lo que est¨¢ ocurriendo.¡±
A estas alturas, a G¨®mez le quedaba claro que el otro bando al que se refer¨ªa Jhonatan no pod¨ªa ser otro m¨¢s que el propio Observador. Era una guerra silenciosa, una lucha en las sombras donde la criatura buscaba proteger su secreto, mientras que la ¨¦lite de la humanidad intentaba comprenderlo, o, si era posible, controlarlo. Y en medio de esta contienda, atrapados como peones en un tablero demasiado grande para ellos, estaban los traumatizados estudiantes de la escuela St. Patrick, los historiadores que segu¨ªan desapareciendo y los agentes de bajo rango de la fundaci¨®n. Todos piezas intercambiables en un juego cuyo verdadero prop¨®sito siempre les permanecer¨¢ oculto. Pero llegar a esta conclusi¨®n no era tan simple como parec¨ªa. Despu¨¦s de todo, el propio Thomas Smith cre¨ªa fervientemente que el Observador no era un enemigo de ¡°Ellos¡±, sino todo lo contrario: una pieza fundamental dentro de su estructura de poder. Para Smith, ¡°Ellos¡± eran los responsables finales de la tragedia de St. Patrick, y ¨¦l hab¨ªa estado convencido de ello hasta su ¨²ltimo aliento. El problema de Smith era su visi¨®n limitada. Ve¨ªa el mundo desde la perspectiva de un simple profesor de secundaria, atrapado en una realidad que no le permit¨ªa observar m¨¢s all¨¢ de las sombras que lo rodeaban. Estaba demasiado cerca, demasiado inmerso en su propia versi¨®n de los hechos como para comprender la magnitud real de aquello con lo que se hab¨ªa topado. Smith intu¨ªa que hab¨ªa fuerzas actuando en su contra, lo sab¨ªa porque hab¨ªa sentido su presencia en los pasillos de la escuela St. Patrick. Lo que nunca lleg¨® a comprender del todo era que, aunque las sombras en la escuela jugaban su papel encubriendo acciones, solo una hab¨ªa sido verdaderamente esencial para cumplir la misi¨®n. El resto (las dem¨¢s sombras, el esc¨¢ndalo desatado despu¨¦s y la histeria colectiva) no eran m¨¢s que un tel¨®n de fondo, un caos calculado para desviar la atenci¨®n. Todo aquello hab¨ªa servido a un prop¨®sito: ocultar el trabajo de una sombra en particular, una con un objetivo mucho m¨¢s grande que el de las dem¨¢s. Por otro lado, Jhonatan hab¨ªa visto las cosas desde una perspectiva m¨¢s amplia, desde un lugar m¨¢s alto. ¨¦l ya ven¨ªa investigando el misterio de los historiadores desaparecidos, y al enterarse de la existencia del Observador, se dio cuenta de que el cambio en el modus operandi de ¡°Ellos¡± no pod¨ªa ser mera coincidencia. Hab¨ªa algo m¨¢s, algo que no encajaba, algo que requer¨ªa la existencia de un segundo bando, uno que explicara por qu¨¦ Smith hab¨ªa logrado llegar al laboratorio 32 sin ser eliminado, por qu¨¦ hab¨ªa sobrevivido cuando otros como ¨¦l simplemente desaparec¨ªan. Hab¨ªa una cantidad alarmante de casualidades en todo lo relacionado con Thomas Smith y el Observador, casualidades que no pod¨ªan ser ignoradas. Si Jhonatan atribu¨ªa todas esas casualidades a la intervenci¨®n de una criatura tan enigm¨¢tica como el Observador, entonces la conexi¨®n era clara. Todo lo que hab¨ªa sucedido, todos los eventos que se entrelazaban en torno a Smith, ten¨ªan una sola cosa en com¨²n: todo era favorable a proteger el secreto del Observador. G¨®mez estaba convencido de que Jonathan ten¨ªa raz¨®n. Quiz¨¢s, en lugar de ser un miembro de ¡°Ellos¡±, el Observador era su enemigo natural, una entidad que operaba m¨¢s all¨¢ de su control. Quiz¨¢s la ¨¦lite de la humanidad no estaba persiguiendo al Observador para usarlo a su favor, sino porque tem¨ªan lo que representaba. Si eso era cierto, lo peor de todo era que ya no estaba seguro de en qu¨¦ bando de esa guerra se encontraba. La ç…¤ltima Advertencia (2) La grabaci¨®n de Jonathan segu¨ªa reproduci¨¦ndose, pero para G¨®mez, el tramo final de ese fragmento ya no aportaba nada nuevo. Solo funcionaba como un preludio, una explicaci¨®n de c¨®mo Jonathan hab¨ªa reunido tantos detalles sobre Thomas Smith y qu¨¦ lo hab¨ªa llevado a obsesionarse con su historia, dedicando los d¨ªas siguientes a investigarla sin tregua.
¡°Empec¨¦ a desconfiar de todo cuando vi los resultados de tu examen. La idea de que tu posesi¨®n fuera real me result¨® extremadamente sospechosa. Pero lo que realmente me inquietaba era preguntarme: ?por qu¨¦ te recomend¨¦ hacerte el examen en primer lugar? No pod¨ªa dejar de darle vueltas a eso. As¨ª que decid¨ª investigar por mi cuenta y me puse a pensar en todo lo que me hab¨ªa ocurrido ese d¨ªa. Sab¨ªa qu¨¦ los empleados de recursos humanos estaban buscando cualquier excusa para reemplazar a los veteranos, y que tu situaci¨®n era especialmente complicada. En las duchas t¨² actuabas de manera extra?a, parec¨ªas perdido, como si estuvieras fuera de lugar y atrapado en tus propios pensamientos. Era razonable ofrecerte mi ayuda dada tu supuesta perturbaci¨®n por la muerte de Thomas Smith. Sab¨ªa que no era normal encontrarte en ese estado, pero en aquel momento ignor¨¦ la cuesti¨®n. Ofrecerte de coartada el examen J74 tras la conversaci¨®n que acababa de tener con el jefe parec¨ªa racional. Hasta ese punto todo segu¨ªa una cadena l¨®gica y racional de eventos. Pero tu examen dio positivo y me resultaba inconcebible que realmente estuvieras pose¨ªdo. Por lo que tome cartas en el asunto. Busque la grabadora de la sala de interrogatorios. Sab¨ªa que hab¨ªa algo mal cuando intent¨¦ acceder a las grabaciones del interrogatorio y no estaban. Al principio pens¨¦ que el jefe se las hab¨ªa llevado, ya sabes, para protegerte. Pero despu¨¦s de investigar un poco m¨¢s, descubr¨ª que no era as¨ª. Los rumores empezaron a circular entre los agentes. Algunos dec¨ªan que t¨² mismo la hab¨ªas hecho desaparecer para no dejar pruebas que te incriminaran ante recursos humanos. Sin embargo, no me tragu¨¦ esa versi¨®n. He trabajado contigo por a?os, G¨®mez. Sab¨ªa que hab¨ªa algo m¨¢s. As¨ª que hice lo ¨²nico que pod¨ªa hacer: revis¨¦ tu ¡°escondite¡±. S¨ª, encontr¨¦ la grabadora. Estaba justo donde pens¨¦ que la encontrar¨ªa. Y escuch¨¦ todo. Absolutamente todo. M¨¢s tarde me enter¨¦ de que todas las grabadoras de las salas de interrogatorios hab¨ªan sido reemplazadas por modelos en los que los botones de inicio, pausa y final son simples placebos. La idea detr¨¢s de esto era atrapar a los agentes haciendo cosas ilegales y, de esa manera, sacarlos del laboratorio. Una jugada excelente por parte de recursos humanos para deshacerse de los veteranos. Otra coincidencia sospechosa que a?adir a la larga lista de coincidencias que rodean este caso. Despu¨¦s de revisar la grabaci¨®n completa, finalmente entend¨ª por qu¨¦ mataste a Thomas Smith, por qu¨¦ nunca dudaste de que estabas siendo pose¨ªdo y por qu¨¦ el examen result¨® positivo. Sin embargo, todav¨ªa quedaban muchas preguntas sin respuesta, demasiadas inc¨®gnitas que necesitaban ser aclaradas¡­ ?Recuerdas lo que pas¨® en ese interrogatorio, y por qu¨¦ actuaste como actuaste? No fue solo la sombra. T¨² mismo te convenciste de que era lo correcto. Ten¨ªas que encubrir lo que estaba ocultando Thomas Smith, ?verdad? Sab¨ªas que ¨¦l ten¨ªa informaci¨®n sobre algo mucho m¨¢s grande que todos nosotros, sobre ¡°El Observador¡±. Lo que descubr¨ª tras interesarme en esta criatura va m¨¢s all¨¢ de lo que imaginaba¡­ La conspiraci¨®n que intentabas encubrir es enorme, G¨®mez. Pensabas que al eliminar a Smith estabas protegiendo algo, tal vez al laboratorio, o tal vez a ti mismo. Pero en realidad, estabas encubriendo algo mucho m¨¢s oscuro de lo que te puedes imaginar¡­¡±
Antes de volver a escuchar lo que ocurri¨® en St. Patrick, G¨®mez paus¨® la grabaci¨®n por un momento. Sus dedos vacilaron sobre el dispositivo antes de adelantarla hasta el tercer y ¨²ltimo fragmento de audio. En ese punto, la voz de Jonathan ya no sonaba firme ni calculadora como antes. Su tono temblaba con un matiz de desesperaci¨®n, de alguien que hab¨ªa pasado demasiado tiempo buscando respuestas y que, en el proceso, hab¨ªa comenzado a perderse a s¨ª mismo en sus propias preguntas. Hab¨ªa una urgencia en sus palabras, pero tambi¨¦n algo m¨¢s peligroso: la sombra de una ilusi¨®n creciente, de una mente que estaba al borde del colapso. If you discover this narrative on Amazon, be aware that it has been stolen. Please report the violation. Este parec¨ªa ser su ¨²ltimo mensaje, lo ¨²ltimo que Jonathan alcanz¨® a registrar sobre el caso del Observador antes de que todo terminara. Porque, apenas unos d¨ªas despu¨¦s de haberlo grabado, Jonathan se quit¨® la vida.
¡°Hay... Hay algo m¨¢s... Todo esto¡­ Todas estas coincidencias que rodean la muerte de Thomas Smith, no pueden ser simplemente¡­ casualidades. Es como si cada decisi¨®n que tom¨¦, cada paso que di, hubiera estado predestinado para llevarme a hacer esta grabaci¨®n. Y ahora que conozco toda la verdad, no puedo dejar de preguntarme¡­ ?Qui¨¦n me gui¨® hasta aqu¨ª? ?Por qu¨¦ estoy grabando este mensaje? ?Por qu¨¦ fue tan f¨¢cil que todo ocurriera de esta manera?... ¡°
G¨®mez permaneci¨® inm¨®vil mientras las ¨²ltimas palabras de Jonathan resonaban en la habitaci¨®n. La voz temblorosa de su antiguo compa?ero no solo parec¨ªa buscar respuestas, sino tambi¨¦n intentar advertirle sobre un poder sobrenatural que a¨²n escapaba a su comprensi¨®n: Las coincidencias. En sus ¨²ltimos d¨ªas de vida, Jonathan comprendi¨® que las casualidades que hab¨ªan marcado la vida de los que tocaban este caso y la espiral de eventos que desembocaron en el presente, no eran sino obra de una criatura que parecer¨ªa conocer y guiar a cada persona a hacer lo que ¨¦l necesitaba de ellas por simple inercia. ?Podr¨ªa ser que, de alguna forma, El Observador hubiera orquestado cada decisi¨®n, cada error, cada acierto de los participantes de este caso? G¨®mez reflexion¨® profundamente sobre lo que acababa de escuchar. La voz de Jonathan parec¨ªa clamar por respuestas que, en el fondo, ninguno de ellos podr¨ªa alcanzar. El mensaje no era solo una revelaci¨®n sobre la oscura conspiraci¨®n que se cern¨ªa sobre ellos, sino tambi¨¦n una acusaci¨®n contra la propia l¨®gica del destino, de la inevitabilidad del sufrimiento y de la manipulaci¨®n a la que estaban sometidos. ?Cu¨¢nto de lo que hab¨ªan hecho realmente hab¨ªa sido decisi¨®n propia? ?Cu¨¢nto hab¨ªa sido simple inercia, una fuerza que lo empujaba en una direcci¨®n que nunca llegaron a cuestionar? ¡ª?Qui¨¦n me gui¨® hasta aqu¨ª? ¡ªRepiti¨® en silencio, arrastrando sus palabras, casi como un conjuro¡ª?Qu¨¦ prop¨®sito tiene todo esto? ?Por qu¨¦ me mostr¨® todo esto? ?Qu¨¦ gana el Observador con todo esto? Nada. No gana nada. Pero¡­ tampoco pierde nada. Y yo... ?Qui¨¦n soy yo? Un simple agente retirado¡­ Un don nadie. Con esas palabras, G¨®mez se reclin¨® en su silla, la mente abrumada por la enormidad de lo que hab¨ªa escuchado y de lo que ya intu¨ªa. Quiz¨¢s Jonathan se hab¨ªa quitado la vida porque hab¨ªa ca¨ªdo en cuenta de que no era m¨¢s que una marioneta, una pieza movida por hilos invisibles, o tal vez esa misma revelaci¨®n lo hab¨ªa llevado a la desesperaci¨®n de tratar de liberarse de ese destino. En su intento por escapar del control, quiz¨¢s hab¨ªa encontrado que su vida no ten¨ªa sentido fuera de esa manipulaci¨®n. Tal vez su suicidio hab¨ªa sido el ¨²ltimo intento de un hombre que se neg¨® a ser una v¨ªctima de lo inevitable. Sin embargo, fuera cual fuera la raz¨®n, nada de eso importaba ahora. Jonathan estaba muerto, y todos los dem¨¢s agentes ya estaban dispuestos a cerrar el caso como un suicidio, a aceptarlo como un final natural, pese a la paradoja que representaba: Nadie pod¨ªa realmente creer que la situaci¨®n fuera tan sencilla. G¨®mez suspir¨®. Ahora entend¨ªa qui¨¦nes eran los jugadores, cu¨¢les eran sus motivos, cu¨¢les eran sus preocupaciones, cu¨¢les eran sus objetivos, c¨®mo se mov¨ªan, c¨®mo actuaban. Solo quedaba una ¨²ltima pregunta, la m¨¢s importante de todas. La clave de todo este conflicto: ?Cu¨¢l era el secreto del Observador? Pero aqu¨ª se encontraba atrapado en una cruel paradoja. El ¨²nico que hab¨ªa descubierto la respuesta fue Oliver Murphy, y hace tiempo estaba muerto. El ¨²nico que hered¨® toda la verdad fue Thomas Smith, y G¨®mez hab¨ªa sido el encargado de matarlo. El ¨²nico que se hab¨ªa atrevido a investigar a Smith a fondo en un intento de responder esa pregunta hab¨ªa sido Jonathan Parker. Y lo hab¨ªan ¡°suicidado¡±. El caso se mord¨ªa la cola. Nadie ten¨ªa la verdad completa. Era un c¨ªrculo cerrado. Un enigma sin respuestas. Solo quedaban las sombras y ecos de lo que alguna vez fue una lucha por la verdad. Cuando la Vela se Apaga (1) Tras exprimir hasta la ¨²ltima gota de informaci¨®n de la grabaci¨®n borrada en la escuela St. Patrick, G¨®mez retir¨® el pendrive con un gesto mec¨¢nico, su mente a¨²n atrapada en las revelaciones inquietantes que acababa de escuchar. Inspir¨® hondo, intentando apartar el cansancio de un d¨ªa ya estirado hasta el hartazgo, y desliz¨® un segundo dispositivo en la terminal. Este conten¨ªa la copia escaneada del libro de Thomas Smith. El cual, seg¨²n sus conjeturas, hab¨ªa sido la chispa que desencaden¨® la ca¨ªda de Parker en la desesperaci¨®n. El archivo se abri¨® con un zumbido apenas perceptible en la vieja terminal, su pantalla azulada parpade¨® un instante antes de estabilizar la imagen de la portada digitalizada. Era un libro ajado por el tiempo, de esos que parec¨ªan haber pasado por demasiadas manos y demasiadas d¨¦cadas. La tipograf¨ªa, ennegrecida y desgastada, se resist¨ªa a ser descifrada. G¨®mez entrecerr¨® los ojos y ley¨® con cautela:
¡°Alessandro Piero DeAngelis.¡±
G¨®mez frunci¨® el ce?o. Aquello no era lo que esperaba. Supon¨ªa que el libro tendr¨ªa un t¨ªtulo esot¨¦rico, algo pretencioso, como ¡°Los Manuscritos de la Noche¡± o ¡°El Testamento de las Sombras¡±. Pero no. Solo un nombre. Y eso lo inquietaba m¨¢s de lo que quer¨ªa admitir. No era com¨²n que un libro de car¨¢cter m¨ªstico o esot¨¦rico llevara el nombre de una persona. La mayor¨ªa de estos textos jugaban con s¨ªmbolos cr¨ªpticos o frases enrevesadas que promet¨ªan verdades ocultas. Desliz¨® la mirada por la portada envejecida. No solo el paso del tiempo hab¨ªa dejado su marca en el libro. El cuero del forro estaba desgastado hasta la suavidad, pulido por incontables manos que lo hab¨ªan sostenido, le¨ªdo, hojeado una y otra vez. No era un tomo olvidado en una biblioteca oscura. Hab¨ªa sido utilizado, quiz¨¢s obsesivamente. Alguien hab¨ªa vuelto a sus p¨¢ginas una y otra vez, como si all¨ª dentro hubiera respuestas imposibles de abandonar. Antes de continuar, el exagente decidi¨® recurrir a la vieja terminal para hacer una b¨²squeda r¨¢pida. Movi¨® los dedos sobre el teclado mec¨¢nico, sus teclas amarillentas hac¨ªan un leve clic con cada presi¨®n. Ingres¨® el nombre de Alessandro Piero DeAngelis en el viejo motor de b¨²squeda, su sistema era anticuado, pero seguro, dise?ado para operar fuera del alcance de las inteligencias artificiales. Los resultados tardaron en mostrarse, pero tras un brusco parpade¨® en la pantalla, un sinf¨ªn de resultados comenzaron a aparecer: cientos de miles de personas con el mismo nombre, pero ninguna de ellas particularmente relevante o relacionada con el mundo paranormal. Nada que pudiera captar su atenci¨®n. Nada que se destacara sobre la avalancha de nombres. Solo un pu?ado de datos de ciudadanos comunes y corrientes, nombres sin rostro. G¨®mez chasque¨® la lengua. Record¨® que tras la muerte de Jonathan Parker, los analistas que examinaron el libro lo hab¨ªan datado como un texto preindustrial, anterior incluso a la consolidaci¨®n de la era espacial. Un artefacto de otra ¨¦poca, un f¨®sil de papel en un mundo donde la informaci¨®n se hab¨ªa digitalizado hac¨ªa siglos. Libros f¨ªsicos de aquella antig¨¹edad no circulaban libremente; los pocos que quedaban estaban en museos, en b¨®vedas de coleccionistas privados o en archivos gubernamentales. Y, sin embargo, este ejemplar hab¨ªa terminado en las manos de Thomas Smith. Resopl¨® y volvi¨® a teclear, refinando la b¨²squeda. Esta vez intent¨® algo m¨¢s concreto: ¡°Alessandro Piero DeAngelis + ocultismo + era preindustrial¡±. Los resultados fueron decepcionantes. Apenas unas menciones dispersas, ninguna lo bastante s¨®lida como para vincular aquel nombre con el mundo del esoterismo. Ni rastros de un tratado, un estudio, o siquiera un rumor persistente en los c¨ªrculos de lo paranormal. El problema no era solo la falta de informaci¨®n, sino la ¨¦poca. La cantidad de documentos digitalizados de aquellos tiempos era escasa y fragmentada. Archivos incompletos, referencias cruzadas que llevaban a callejones sin salida. Como si la historia misma se hubiera encargado de enterrar cualquier prueba de su existencia. Pero hab¨ªa algo rescatable de todo esto. Este libro no pertenec¨ªa a una imprenta comercial ni a una colecci¨®n de textos m¨ªsticos ampliamente difundidos. Era algo m¨¢s ¨ªntimo. Algo m¨¢s peligroso. Un diario personal. El testimonio de alguien que hab¨ªa visto demasiado. G¨®mez se recost¨® en su silla, pensativo. Si el libro hab¨ªa sido un diario que le perteneci¨® a un don nadie, las pistas y su valor deb¨ªan estar entre sus p¨¢ginas. Con un clic, pas¨® a la primera p¨¢gina, y el texto desgastado comenz¨® a desplegarse frente a sus ojos. En cuanto se termin¨® de cargar, not¨® que el texto estaba en un espa?ol arcaico, con tintes de lenguaje antiguo que parec¨ªan mezclarse en ocasiones con s¨ªmbolos casi m¨ªsticos. El cambio de idioma no lo afect¨® en lo m¨¢s m¨ªnimo, ya que la copia ven¨ªa con las traducciones hechas por los investigadores que lo hab¨ªan le¨ªdo con anterioridad. Ensure your favorite authors get the support they deserve. Read this novel on the original website. La primera p¨¢gina del libro parec¨ªa una especie de manual introductorio, como si el autor estuviera convencido de que el lector deb¨ªa iniciarse poco a poco en los misterios que buscaba revelar. En los m¨¢rgenes DeAngelis hab¨ªa anotado sus observaciones personales. Al principio, una caligraf¨ªa pulcra, casi elegante, detallaba cada ritual con precisi¨®n meticulosa. Las instrucciones parec¨ªan genuinamente pr¨¢cticas, escritas con la seguridad de alguien que las hab¨ªa llevado a cabo m¨¢s de una vez. Sin embargo, a medida que las p¨¢ginas avanzaban, la escritura comenzaba a cambiar. Las l¨ªneas se volv¨ªan irregulares, las letras m¨¢s apresuradas, torcidas, como si el autor hubiera ido perdiendo el cuidado¡­ o la cordura. Hacia el final, la caligraf¨ªa era casi un delirio de tinta, desesperada y temblorosa, como si cada palabra se hubiera escrito bajo el peso de una urgencia incontrolable. La siguiente secci¨®n a la introducci¨®n conten¨ªa los rituales m¨¢s b¨¢sicos: trazos de s¨ªmbolos en el suelo, contactos con entidades desconocidas, y f¨®rmulas que parec¨ªan dirigidas a criaturas tan extra?as que apenas pod¨ªan entenderse en la l¨®gica moderna. Pero estos rituales, como Marcus le hab¨ªa dicho, eran comunes. G¨®mez los reconoc¨ªa de manuales y textos de consulta de la fundaci¨®n, aunque muchos podr¨ªan obtenerse en internet con solo buscarlos. No pudo evitar sentirse atra¨ªdo por el primer ritual ¡°peligroso¡± que se desvelaba ante ¨¦l. Su simplicidad era enga?osa, pero tambi¨¦n provocadora, como si desafiara al lector a subestimarlo. Se titulaba simplemente ¡°El Espejo¡±. No requer¨ªa c¨ªrculos de sal, invocaciones complicadas ni preparativos laboriosos. Solo un espejo, una vela y la oscuridad. Seg¨²n el texto, todo lo que deb¨ªa hacer el practicante era colocarse frente a un espejo en completa oscuridad, asegur¨¢ndose de que una vela estuviera situada detr¨¢s de su hombro izquierdo. Nada m¨¢s. Salvo un peque?o detalle. El ritual deb¨ªa realizarse exactamente a la medianoche. Y para activarlo, hab¨ªa que susurrar una frase:
¡°Mu¨¦strame lo que no se puede ver.¡±
Las instrucciones eran b¨¢sicas, lo de siempre: una puesta en escena barata dise?ada para inducir sugesti¨®n, la cual luego ser¨ªa usada por el practicante como combustible para forjar un evento paranormal. Pero lo interesante ven¨ªa despu¨¦s, en los m¨¢rgenes del libro. El autor hab¨ªa escrito m¨²ltiples anotaciones, algunas con un tono did¨¢ctico, otras con un aire de advertencia genuina, como si hablara desde la experiencia.
¡°No todos est¨¢n listos para ver lo que el espejo revela. Solo los practicantes que guardan preguntas y desconfianza en su coraz¨®n deber¨ªan intentarlo.¡±
G¨®mez frunci¨® el ce?o, sinti¨® una ligera incomodidad al leer aquello. No era raro que estos textos tuvieran advertencias como esa, una forma de sembrar duda y expectativa. Pero lo que segu¨ªa era m¨¢s interesante.
¡°Si no ocurre nada, prueba cambiar de lugar. El sitio donde estoy podr¨ªa no ser sensible a lo paranormal¡­ o tal vez eres t¨² quien no quiere ver lo paranormal...¡±
Eso llam¨® su atenci¨®n. No tanto por la frase en s¨ª, sino por la forma en que estaba construida. Esa ligera sorna, ese aire de superioridad, como si el fracaso del lector no fuera m¨¢s que una prueba de su propia incompetencia. Era un patr¨®n com¨²n en textos antiguos de ocultismo: si el ritual no funcionaba, el problema no estaba en el ritual, sino en el practicante. Ese estilo prepotente era un sello de autenticidad, un vestigio de otra ¨¦poca. Hoy en d¨ªa pod¨ªa encontrarse este mismo ritual explicado de manera meticulosa y sin margen de error en internet. Las instrucciones modernas no dejaban espacio para el fracaso, ni siquiera lo contemplaban. Todo estaba estructurado para que funcionara. Los rituales b¨¢sicos como este no depend¨ªan de ingredientes raros ni de conocimientos esot¨¦ricos, solo de una cosa: convicci¨®n. Y en los tiempos actuales, la convicci¨®n se daba por sentada. G¨®mez se inclin¨® m¨¢s sobre la pantalla, las palabras del autor continuaban en los m¨¢rgenes.
¡°Es probable que solo me vea a m¨ª mismo. En ese caso, insiste hasta que sientas que tu reflejo no te pertenece realmente.¡±
G¨®mez desliz¨® un dedo sobre la p¨¢gina, notando que el autor no s¨®lo explicaba c¨®mo realizar el ritual, sino que insinuaba qu¨¦ deb¨ªa sentir el lector. No dec¨ªa ¡°espera a que algo pase¡±, sino ¡°insiste hasta que sientas que algo pas¨®¡±. Una diferencia sutil, pero clave. Un rastro de experiencia. Las siguientes notas de advertencia reforzaban la misma idea:
¡°Si te ves a ti mismo hablando, NO leas los labios. Los rituales que murmura tu reflejo suelen ser peligrosos.¡± ¡°Si sientes que algo sale del espejo, NO te asustes. No es nada malo¡­ solo una entidad de menor importancia.¡± ¡°Si ves que tu reflejo te observa fijamente, pero no imita tus movimientos, retrocede tu nuca. Es f¨¢cil terminar mareado. Si parpadea en distinto tiempo que t¨², cierra los ojos. No pasar¨¢ nada si sigues viendo, pero me ser¨¢ inc¨®modo¡±
G¨®mez exhal¨® con cansancio. Nada de esto era nuevo. Hab¨ªa visto rituales similares en otros textos, en foros, en documentos incautados por la Fundaci¨®n. Pero lo que m¨¢s le interesaba era la forma en que el autor estructuraba la informaci¨®n. No se limitaba a describir un fen¨®meno, sino que sembraba expectativas muy espec¨ªficas en el lector. Cerr¨® los ojos un segundo, intentando visualizar la escena: alguien parado frente a un espejo, en una habitaci¨®n a oscuras, con una vela ardiendo. Al principio, nada. S¨®lo su propio reflejo. Pero luego, con cada segundo que pasaba, con cada palabra le¨ªda en este libro, comenzaba la duda. ?Realmente el reflejo estaba copiando cada movimiento a la perfecci¨®n? ?O hab¨ªa un ligero retraso? ?Acaso parpade¨® en el momento correcto? Finalmente el evento paranormal se manifestaba y el practicante sent¨ªa como avanzaba en el ocultismo. Cuando la Vela se Apaga (2) G¨®mez continu¨® leyendo sin prisa, su mirada aburrida fija en la pantalla, mientras la sensaci¨®n de inquietud crec¨ªa poco a poco. Al principio, las anotaciones del autor le parecieron m¨¢s un juego de palabras, una serie de advertencias para dar un toque de misterio al ritual. Pero algo cambi¨®. A medida que avanzaba, not¨® que el tono se volv¨ªa menos calculado, menos artificioso. Las frases ya no parec¨ªan parte de una simple ambientaci¨®n, sino confesiones dispersas, escritas con una urgencia creciente. Y entonces se detuvo en seco. Al final de la p¨¢gina, el autor hab¨ªa dejado un mensaje que ya no parec¨ªa una simple nota marginal. No era un adorno, ni una advertencia teatral. Era un aviso real.
¡°Si al realizar el ritual siento que el reflejo comienza a moverse m¨¢s r¨¢pido que yo, det¨¦n todo de inmediato. La entidad que habita el espejo toma ventaja cuando no hay sincron¨ªa. La vida que pongo en juego puede no ser la m¨ªa.¡±
¡ªLa vida que pongo en juego¡­¡ªRepiti¨® G¨®mez en un murmullo casi distante.
¡°Si en el reflejo ves que el rostro cambia, que se desfigura hasta ser otra persona, no intentes llamar a esa persona por su nombre. Ella no es la misma que yo conozco. Al hacerlo podr¨ªas generar un corte en el rostro de esa persona.¡±
G¨®mez frunci¨® el ce?o, el sudor comenzando a formarse en su frente. ?Qu¨¦ demonios significa eso? Pens¨®, pero a medida que las palabras se enredaban en su mente, algo dentro de ¨¦l hizo clic. Un fr¨ªo indescriptible se apoder¨® de ¨¦l. Si hab¨ªa algo que conoc¨ªa bien de los rituales, era el detalle en los matices. Esa advertencia no era solo una nota de precauci¨®n com¨²n. Hab¨ªa algo m¨¢s detr¨¢s de esa frase. Algo oscuro, que no deb¨ªa tomarse a la ligera. ?C¨®mo el autor pod¨ªa saber que una persona podr¨ªa ser herida de esa forma? ?Por qu¨¦ ese da?o era tan espec¨ªfico? El autor no solo estaba compartiendo un ritual. Estaba dejando una advertencia. Algo hab¨ªa aprendido de estas entidades. Algo que no se pod¨ªa ignorar. De alguna forma, el autor no solo estaba describiendo un fen¨®meno paranormal, sino que estaba relatando un proceso¡­ un proceso que ya hab¨ªa vivido, y que, al parecer, hab¨ªa pagado el precio por haberlo hecho. El ¨²ltimo comentario en el texto era diferente. Con letras casi ilegibles, el autor hab¨ªa dejado una advertencia final, algo tan desconcertante que hizo que su coraz¨®n latiera con m¨¢s fuerza de lo habitual.
¡°Si al realizar el ritual la vela se vuelve violeta, detente y no te atrevas a hacer nada m¨¢s. Es el primer signo. Si decides ignorarlo, el reflejo comenzar¨¢ a transformarse. El segundo s¨ªntoma es que me ver¨¦ a m¨ª mismo, pero como un ni?o. Un ni?o observ¨¢ndote desde el espejo, mirando con ojos inocentes, pero con una expresi¨®n tan vac¨ªa que hiela la sangre. Lo que ver¨¢s no ser¨¢ el reflejo de tu ni?ez, sino una representaci¨®n distorsionada de tu propia esencia, una sombra infantil que guarda tus recuerdos m¨¢s oscuros. Cuando esto suceda, no apagues la vela. Det¨¦n todo y sal inmediatamente de la habitaci¨®n. No sigas con el ritual. Si decides continuar, si por alguna raz¨®n no puedes evitar la curiosidad y decides ignorar la advertencia, el siguiente s¨ªntoma ser¨¢ m¨¢s grave. El ni?o en el espejo te hablar¨¢. Las palabras ser¨¢n incomprensibles al principio, susurradas con una voz que no es suya, algo mezcla entre la tuya y un sonido reptante, como si un serpentear se colara en su garganta. Es una advertencia, deber¨ªas escucharla y salir inmediatamente de la habitaci¨®n. Si no lo haces, las cosas se volver¨¢n peligrosas. Si est¨¢s parado, no te ocurrir¨¢ nada y todo volver¨¢ a la normalidad en unos minutos, cuando la vela se apague. Pero si est¨¢s sentado y sigues escuchando, el ni?o se pondr¨¢ en pie y comenzar¨¢ a caminar hacia la salida de la habitaci¨®n. Si no reaccionas, en el instante en que el ni?o pise el umbral de la puerta, desaparecer¨¢s del lugar en donde te encontrabas e ir¨¢s a la habitaci¨®n en donde est¨¢ el ni?o. Stolen from its original source, this story is not meant to be on Amazon; report any sightings. En este momento, deber¨¢s tomar una decisi¨®n. Si parpadeas, si das el m¨¢s m¨ªnimo parpadeo, el ni?o reaccionar¨¢ de inmediato. A partir de aqu¨ª, todo depender¨¢ de tu resistencia a la tortura. El ni?o no solo te succionar¨¢ el alma, sino que la ¨²ltima parte de tu cuerpo que se ver¨¢ arrancada ser¨¢ la piel. La carne se rasgar¨¢ y se disolver¨¢ en un proceso de descomposici¨®n violenta. Es como si el ni?o tomara cada trozo de m¨ª, comenzando por lo m¨¢s fr¨¢gil: mis u?as, mis ojos. La presi¨®n ser¨¢ insoportable, tu cuerpo ser¨¢ arrancado, una parte a la vez. No habr¨¢ sangre, sino un gel negro y espeso que cubrir¨¢ todo lo que alguna vez fue humano. Lo peor, sin embargo, ser¨¢ el sonido. Un susurro acompa?ado de un crujido molesto. Odio los crujidos molestos¡±
La lectura dej¨® a G¨®mez completamente at¨®nito. La ¨²ltima parte del texto lo golpe¨® con la violencia de una verdad irreal. El autor no solo hab¨ªa descrito el acto de morir. Hab¨ªa descrito el sufrimiento con una precisi¨®n tan detallada que lo hac¨ªa tangible, v¨ªvido. ?C¨®mo alguien pod¨ªa conocer todo esto? ?C¨®mo pod¨ªa alguien escribir algo tan¡­ macabro sin haberlo vivido? Algo dentro de G¨®mez lo hizo detenerse, como si el texto hubiera dejado una marca indeleble en su mente. Se levant¨® lentamente de la silla, respirando con dificultad. El sonido del crujir de los huesos, la disoluci¨®n de la carne¡­ un horror tan radical que le resultaba dif¨ªcil de procesar. ¡ª?C¨®mo el autor sab¨ªa esto? Los muertos no escriben¡­¡ªMurmur¨®, la pregunta flotando en el aire como un eco lejano. Pero la inquietud no se desvaneci¨®. Al contrario, se profundiz¨® con cada segundo que pasaba. De manera instintiva, se dirigi¨® hacia la terminal, sus dedos casi volando sobre el teclado, buscando algo, cualquier cosa que pudiera explicarle lo que acababa de leer. Busc¨® las palabras clave: Ritual + Espejo + Vela violeta + Ni?o + Muerte. Curiosamente, el navegador tard¨® menos de lo habitual en responder. En menos de un segundo, comenzaron a aparecer resultados. G¨®mez parpade¨®. No esperaba encontrar demasiado. Quiz¨¢s foros oscuros, p¨¢ginas ocultas, alguna menci¨®n perdida en los rincones m¨¢s alejados de la red. Pero lo que apareci¨® en la pantalla lo dej¨® inm¨®vil por un momento. No solo hab¨ªa resultados. Hab¨ªa demasiados. P¨¢ginas tras p¨¢ginas, con descripciones m¨¢s detalladas de lo que acababa de leer, pero con una precisi¨®n aterradora. Y lo peor de todo: no ven¨ªan de fuentes marginales o sitios de dif¨ªcil acceso. Nada de foros arcaicos ni p¨¢ginas censuradas por la mayor¨ªa de los buscadores. No. La informaci¨®n estaba a plena vista, expuesta, sin restricciones, como si no fuera algo digno de ocultarse. Eran sitios de acceso p¨²blico, abiertos, comunes. Algunos de ellos tan populares que no pod¨ªa entender c¨®mo algo tan macabro pod¨ªa estar a la vista de cualquier persona. Sin embargo, fue el primer enlace el que realmente le hel¨® la sangre. Era un sitio de videos, uno de los m¨¢s grandes de la actualidad, con miles de millones de visitas. El t¨ªtulo del v¨ªdeo le pareci¨® trivial en comparaci¨®n con lo que conten¨ªa. ¡°Mi peque?a yo¡±. La miniatura mostraba a una adolescente de no m¨¢s de diecisiete a?os, de belleza impecable, con facciones delicadas y cabello perfectamente peinado, vestida en un delicado vestido blanco, casi et¨¦reo. La habitaci¨®n a su alrededor irradiaba opulencia, con cortinas pesadas, muebles tallados y una iluminaci¨®n tenue que creaba una atm¨®sfera ¨ªntima y oscura. A su alrededor, una docena de sirvientes permanec¨ªan en completo silencio, observando la escena sin intervenir. No ten¨ªan un prop¨®sito aparente m¨¢s all¨¢ de su presencia: meros testigos, piezas decorativas que enfatizaban el estatus de la joven. Frente a la joven, un gran espejo antiguo, con un marco ornamentado que parec¨ªa sacado de otra ¨¦poca. En el reflejo, una versi¨®n infantil de ella la miraba fijamente, su expresi¨®n serena, pero con una vacuidad en los ojos que erizaba la piel. G¨®mez no pudo evitar la sensaci¨®n de que algo no estaba bien. La joven parec¨ªa demasiado confiada, demasiado inocente, sin entender el peligro que acechaba. G¨®mez sinti¨® un nudo en el est¨®mago al ver el n¨²mero de reproducciones: 150 mil millones. Tuvo que releerlo. Eso no ten¨ªa sentido. Esta chica era una superestrella entre la juventud, y pese a ello estaba por morirse por un poco m¨¢s de fama. ¡ª?Esto es una broma? ¡ªMascull¨®, su incredulidad transform¨¢ndose en incomodidad. ?C¨®mo pod¨ªa existir un video as¨ª sin que nadie lo hubiera censurado? ?C¨®mo un ritual tan perturbador pod¨ªa estar tan expuesto, como si fuera un simple reto viral? Cuando la Vela se Apaga (3) Su mano dud¨® un instante sobre el mouse, pero al final hizo clic en el video. La pantalla se oscureci¨® un instante, y el reproductor carg¨® el contenido. El sonido de una suave melod¨ªa de piano llen¨® la habitaci¨®n. Era dulce, casi melanc¨®lica. Y, de alg¨²n modo, lo hizo sentirse a¨²n peor. La c¨¢mara enfocaba a la adolescente de rostro fino y ojos grandes, cuya expresi¨®n irradiaba una mezcla de dulzura y seguridad. A su alrededor, una docena de sirvientes permanec¨ªan en completo silencio, observando con una serenidad inquietante. Entonces, uno de ellos, un hombre alto y de manos enguantadas, se adelant¨®. En sus manos sosten¨ªa una bandeja de plata, cubierta por un terciopelo de seda rojo. Se movi¨® con pasos precisos, casi ceremoniales, y sin decir una sola palabra, coloc¨® la bandeja frente al espejo. G¨®mez frunci¨® el ce?o. No se mostraba qu¨¦ hab¨ªa debajo del terciopelo, pero no era dif¨ªcil de deducir. Por el tama?o, deb¨ªa ser el sacrificio de alguna criatura peque?a. Tal vez una rata. O un pich¨®n. Lo que fuera, el sacrificio se hab¨ªa llevado a cabo fuera de c¨¢mara, lejos de los ojos del espectador. La adolescente apenas reaccion¨® al acto. Con la misma expresi¨®n serena, tom¨® una vela blanca con ambas manos y la sostuvo cerca de su rostro. Murmur¨® algo inaudible, una frase demasiado baja como para ser entendida. Su voz son¨® como una s¨²plica, o quiz¨¢s una oraci¨®n. El silencio en la habitaci¨®n se hizo absoluto. Entonces, la llama de la vela cambi¨®. Pas¨® de un amarillo p¨¢lido a un intenso tono violeta, proyectando una luz fr¨ªa y artificial sobre su rostro. En la penumbra, su reflejo en el espejo adquiri¨® un matiz espectral, distorsionado por el extra?o resplandor. El ritual hab¨ªa comenzado. Fue en ese preciso instante cuando G¨®mez sinti¨® un escalofr¨ªo recorrerle la espalda. No era solo la imagen en la pantalla, sino algo m¨¢s profundo, un malestar visceral que parec¨ªa surgir de la propia esencia del video. Los ojos de la joven, antes vivaces y llenos de confianza, comenzaron a perder su brillo. Algo en su expresi¨®n se vaci¨®, como si una parte de ella hubiera quedado atrapada en el reflejo. La imagen en el espejo empez¨® a temblar, apenas un parpadeo al principio, pero suficiente para hacer evidente que algo no estaba bien. El temblor se intensific¨®. Primero, fue un desfase imperceptible, un leve retraso entre el movimiento de la joven y el de su reflejo. Pero en cuesti¨®n de segundos, la desincronizaci¨®n se hizo grotesca. La adolescente movi¨® la cabeza hacia un lado, y su reflejo la imit¨®¡­ pero con un retardo extra?o, casi artificial. Luego, el reflejo torci¨® la cabeza en una direcci¨®n que ella no hab¨ªa hecho. Un gesto sutil, pero antinatural. G¨®mez se inclin¨® hacia la pantalla, conteniendo la respiraci¨®n. La vela segu¨ªa ardiendo con esa llama violeta, proyectando sombras en el rostro de la joven. La luz resaltaba la suavidad de su piel, pero su reflejo¡­ su reflejo no se ve¨ªa igual. El rostro en el espejo comenz¨® a mutar de forma sutil. La barbilla se acort¨®. Los ojos se agrandaron, volvi¨¦ndose m¨¢s redondos, m¨¢s inocentes¡­ pero no en el sentido convencional. Era una inocencia muerta, vac¨ªa, como una mu?eca sin alma. G¨®mez contuvo el aliento. La adolescente parpade¨® lentamente, y el reflejo hizo lo mismo¡­ pero cuando sus ojos volvieron a abrirse, ya no era su rostro el que estaba en el espejo. Era una ni?a. Peque?a, con cabello oscuro cayendo sobre los hombros y vistiendo la misma ropa de la adolescente, pero algo en su expresi¨®n lo volv¨ªa todo err¨®neo. Sus ojos eran enormes, demasiado abiertos, y su boca ten¨ªa un rastro de sonrisa que no transmit¨ªa alegr¨ªa, sino algo m¨¢s siniestro, m¨¢s fr¨ªo. G¨®mez sinti¨® un nudo en la garganta. La joven del video se qued¨® inm¨®vil, su respiraci¨®n apenas era perceptible. El silencio en la grabaci¨®n era asfixiante. Entonces, la ni?a en el espejo movi¨® los labios. No se escuch¨® nada, pero G¨®mez vio claramente c¨®mo su boca se abr¨ªa y cerraba, formando palabras sin sonido. En la pantalla, la adolescente entrecerr¨® los ojos, como si intentara entender lo que dec¨ªa su reflejo. G¨®mez sinti¨® la piel erizarse. El reflejo no solo se hab¨ªa transformado. Ahora estaba intentando comunicarse. ¡ª?Qu¨¦... qu¨¦ quieres decirme? ¡ªLa joven murmur¨®, su voz entrecortada. Nadie respondi¨®. Su respiraci¨®n se volvi¨® m¨¢s err¨¢tica, y por un momento pareci¨® que iba a soltar la vela, pero sus dedos la aferraron con m¨¢s fuerza. This story has been stolen from Royal Road. If you read it on Amazon, please report it G¨®mez apenas se atrev¨ªa a parpadear. El reflejo de la ni?a segu¨ªa moviendo los labios, susurrando algo que la c¨¢mara no lograba captar. Pero a medida que la imagen avanzaba, el sonido empez¨® a colarse en la grabaci¨®n. Al principio era solo un murmullo, un eco sordo que resonaba en la habitaci¨®n de la joven. Luego, se convirti¨® en un siseo bajo, como si el viento estuviera filtr¨¢ndose por un espacio diminuto. Y finalmente, emergi¨® la voz. No era una voz com¨²n. No era la voz de la joven. Ni la voz de una ni?a. Era algo m¨¢s. Una mezcla de tonos, superpuestos, desacompasados, con una cadencia rota. Era como si la voz de la adolescente estuviera mezcl¨¢ndose con otro sonido, un susurro h¨²medo que arrastraba las s¨ªlabas de una manera que no parec¨ªa humana. Las palabras eran ininteligibles al principio, una serie de sonidos fragmentados que parec¨ªan demasiado antiguos, demasiado ajenos a cualquier idioma conocido. Pero la adolescente pareci¨® entender. Abri¨® los ojos con terror. La vela en su mano parpade¨®, la llama violeta retorci¨¦ndose como si el aire en la habitaci¨®n estuviera siendo drenado. G¨®mez sinti¨® un impulso visceral de detener el ritual, como si algo dentro de ¨¦l se rebelara contra lo que estaba viendo. Esto no pod¨ªa ser el mundo por el que hab¨ªa luchado tantos a?os. No pod¨ªa ser el mismo mundo por el que sus compa?eros hab¨ªan dado la vida, por el que tantos hab¨ªan sacrificado todo. No¡­ esto ten¨ªa que ser una farsa, una ilusi¨®n, un enga?o cuidadosamente construido. Y sin embargo, estaba ocurriendo. La impotencia le cal¨® hondo, quem¨¢ndole por dentro como una herida abierta. Una sensaci¨®n sofocante, como si el suelo bajo sus pies se estuviera resquebrajando, como si la realidad misma estuviera burl¨¢ndose de ¨¦l. La l¨®gica le dec¨ªa que todo era una exageraci¨®n, que tal vez el video era una farsa creada para ilusionar a los espectadores. Pero algo en lo profundo de su instinto le gritaba que no era as¨ª. Y lo peor de todo¡­ era que no pod¨ªa hacer nada para detener lo que estaba a punto de ocurrir. Fue entonces cuando la ni?a en el reflejo dej¨® de susurrar. Y sonri¨®. No fue una sonrisa inocente. No fue la sonrisa de un ni?o. Fue algo torcido, forzado, como si la piel de su rostro estuviera aprendiendo a imitar una expresi¨®n humana sin comprenderla del todo. La joven del video jade¨®, pero no se movi¨®. La ni?a en el espejo inclin¨® la cabeza, sus ojos enormes fijos en la joven. Y luego, lentamente, muy lentamente¡­ comenz¨® a caminar. Se dirig¨ªa hacia la salida de la habitaci¨®n reflejada en el espejo. Sus peque?os pies descalzos apenas hac¨ªan ruido sobre el suelo brillante. La sonrisa en su rostro se ensanch¨®, su boca estir¨¢ndose de una forma que ya no era humana. La joven del video permaneci¨® paralizada, incapaz de reaccionar. G¨®mez apret¨® los dientes, mirando la pantalla mientras la adolescente levantaba la cabeza, sorprendida, mirando fijamente el espejo. ¡ª?No sigas!¡ª Pens¨®, pero fue demasiado tarde. La adolescente no escapaba, solo miraba el espejo con una expresi¨®n de ligera confusi¨®n, como si esperara que algo m¨¢s sucediera. Finalmente, la ni?a cruz¨® el umbral de la puerta reflejada en el espejo. La adolescente parpade¨®, con el ce?o fruncido, como si por un momento hubiera sentido algo extra?o. Pero entonces, su expresi¨®n cambi¨®. Se relaj¨®, y una sonrisa de satisfacci¨®n cruz¨® su rostro. ¡ªSe fue¡­ ¡ªSusurr¨®, m¨¢s para s¨ª misma que para los sirvientes que la rodeaban. En ese instante, la llama de la vela titil¨® y comenz¨® a cambiar. Lo que hab¨ªa sido un inquietante resplandor violeta ahora se tornaba de un color m¨¢s c¨¢lido, un amarillo anaranjado. Como si todo lo extra?o estuviera desvaneci¨¦ndose, como si la magia, por fin, hubiera llegado a su fin. La adolescente, con su rostro iluminado por el resplandor de la vela, no mostraba miedo ni incomodidad. De hecho, parec¨ªa emocionada. Sus ojos se iluminaron recordando a la ni?a en el reflejo devolvi¨¦ndole la mirada. ¡ª?Lo logr¨¦! ?Lo logr¨¦! ¡ªExclam¨® con entusiasmo hist¨¦rico, casi como si hubiera recibido un nuevo juguete durante su cumplea?os. G¨®mez parpade¨®, confuso. Los sirvientes a su alrededor rompieron su silencio con un aplauso torpe, como si estuvieran presenciando alg¨²n truco de magia en un espect¨¢culo barato. Algunos incluso comenzaron a elogiar a la joven con una teatralidad exagerada: ¡ª?Asombroso, se?orita! ?Es usted incre¨ªble! ¡ªExclam¨® uno con un tono empalagoso. ¡ª?Qu¨¦ maravilla! ?Realmente ha invocado a su yo de la infancia! ¡ªA?adi¨® otro con una sonrisa ensayada. Uno de los sirvientes se acerc¨® con cautela y apag¨® la vela con un suave soplido. En el mismo instante, la luz de la habitaci¨®n se encendi¨®, revelando en todo su esplendor la elegancia del lugar. La joven permaneci¨® en silencio por unos segundos, como si saboreara el momento. Luego, con un gesto despreocupado, se encogi¨® de hombros y, sin perder su aire de misterio, gir¨® hacia la c¨¢mara con una sonrisa juguetona. ¡ªFue hermoso¡­ ¡ªSuspir¨® la adolescente entre l¨¢grimas de alegr¨ªa, gir¨¢ndose hacia sus sirvientes¡ªLo sent¨ª tan¡­ real. Uno de ellos se apresur¨® a ofrecerle un pa?uelo de seda, como si esa fuera la funci¨®n de su existencia. La joven se limpi¨® las l¨¢grimas y sali¨® de la habitaci¨®n con la confianza de alguien que acababa de completar un reto divertido. Los sirvientes la siguieron como un reba?o, murmurando elogios y exageraciones absurdas. La transmisi¨®n termin¨® con una elegante cortinilla negra y un mensaje en la parte inferior de la pantalla:
¡°Si deseas ver m¨¢s experiencias como esta, suscr¨ªbete al canal y no olvides probarlo t¨² mismo. La infancia nunca se pierde del todo¡±
Cuando la Vela se Apaga (4) G¨®mez permaneci¨® inm¨®vil, los ojos fijos en el pedido de suscripci¨®n. No pod¨ªa negar que se sent¨ªa... desconcertado. Todo lo que hab¨ªa le¨ªdo en el libro, toda la ominosa advertencia sobre el ni?o en el espejo, la piel arrancada, la tortura indescriptible¡­ ?Para qu¨¦? Para que al final el ritual no hiciera absolutamente nada. ¡ª?El autor exager¨®? ¡ªMurmur¨® en voz baja. Era una posibilidad. Despu¨¦s de todo, la literatura ocultista de la antig¨¹edad sol¨ªa adornar sus relatos para generar impacto, para darle un aire de misterio y peligro. Pero aun as¨ª¡­ El texto era demasiado espec¨ªfico en sus advertencias. Demasiado detallado. Quien lo escribi¨® no estaba simplemente especulando. Hablaba con la seguridad de alguien que hab¨ªa visto o experimentado el ritual en su m¨¢xima expresi¨®n. ¡ªEntonces, ?qu¨¦ fue lo que cambi¨®? La adolescente del video hab¨ªa seguido el procedimiento con exactitud: la vela, el espejo, la frase¡­ todo parec¨ªa estar en orden. Pero no ocurri¨® nada. No hubo se?ales del peligro latente que se supon¨ªa deb¨ªa manifestarse. Eso solo pod¨ªa significar una cosa: no se estaban cumpliendo las mismas condiciones de inicio. El autor del diario, de alguna forma, hab¨ªa logrado desencadenar los eventos en su totalidad. Y, sin embargo, en ning¨²n momento especificaba c¨®mo se llegaba a ese punto. No hablaba de lo que deb¨ªa hacerse antes del ritual. No mencionaba si el lugar, la persona o el momento exacto pod¨ªan afectar el resultado. G¨®mez sinti¨® el peso de esa idea hundirse en su mente como una piedra en un lago. ?Cu¨¢ntas personas habr¨ªan intentado este ritual sin ¨¦xito? ?Cu¨¢ntas, sin darse cuenta, habr¨ªan cumplido sin saberlo con ese ¡°paso extra¡± que marcaba la diferencia entre una simple ilusi¨®n y un destino fatal? ?Y cu¨¢ntas habr¨ªan desaparecido sin dejar rastro, sin que nadie jam¨¢s lo notara? Pocas. Muy pocas, de lo contrario, este video jam¨¢s habr¨ªa llegado tan lejos. De haber sido un fen¨®meno letal con resultados constantes, habr¨ªa sido eliminado, censurado, enterrado en lo m¨¢s profundo de la red. Pero no lo estaba. Segu¨ªa ah¨ª, al alcance de cualquiera. Eso solo pod¨ªa significar una cosa: las condiciones para que el ritual se tornara mortal deb¨ªan ser extremadamente espec¨ªficas, dif¨ªciles de lograr, si no imposibles para estos j¨®venes despreocupados que lo practicaban como un simple reto en internet. Entonces, un recuerdo emergi¨® en la mente de G¨®mez, una pieza clave que encaj¨® con un chasquido fr¨ªo y met¨¢lico. Hab¨ªa un paso adicional. Uno tan esencial que cambiaba por completo el ritual, el mismo que transformaba la llama anaranjada de la vela en un fulgor violeta. No recordaba haberlo visto detallado en el diario de DeAngelis, pero ah¨ª estaba. En el video. El sacrificio. G¨®mez oje¨® de nuevo las p¨¢ginas del diario, repasando lo que hab¨ªa le¨ªdo con una mirada nueva, m¨¢s aguda. No hab¨ªa ninguna menci¨®n indirecta a un sacrificio en las instrucciones del ritual. Pero eso no significaba que DeAngelis no lo supiera, ya que ¨¦l revelaba el misterio de la llama violeta. De hecho, el autor hab¨ªa registrado otro desenlace completamente distinto. Si ¨¦l hab¨ªa llegado a ese punto, si hab¨ªa logrado que el ritual progresara hasta el resultado m¨¢s desconocido, entonces hab¨ªa otro paso extra que DeAngelis no estaba mencionando, pero que estaba impl¨ªcito en los peque?os detalles de sus notas. La mente aguda de G¨®mez no tard¨® en comprender el misterio: ?Qu¨¦ hab¨ªa sacrificado DeAngelis? ?Hab¨ªa sido un simple animal? ?Una rata, quiz¨¢s? No, algo en su interior le dec¨ªa que era mucho m¨¢s oscuro. El autor hab¨ªa estado dispuesto a llevar los rituales al l¨ªmite sin preocuparse por su propia vida o los sujetos con los cuales experimentaba, y eso se reflejaba en los pasos adicionales que tomaba, aquellos que nunca se mencionaban en los rituales, pero que siempre parec¨ªan estar presentes en la experiencia que reflejaban sus advertencias. Hab¨ªa empezado a comprender un poco mejor al autor del diario. No solo por lo que escrib¨ªa, sino por c¨®mo lo hac¨ªa. DeAngelis ten¨ªa un patr¨®n. Describ¨ªa cada ritual de manera sencilla al principio, como si no quisiera asustar al lector. Luego, p¨¢gina tras p¨¢gina, dejaba entrever nuevos descubrimientos, como si los hubiera experimentado personalmente y hubiera registrado sus hallazgos casi con desinter¨¦s, como quien anota una observaci¨®n cualquiera. Pero hab¨ªa algo m¨¢s inquietante. El tono del texto cambiaba y no estaba claro. En ciertas secciones, parec¨ªa estar dirigi¨¦ndose a un ¡°practicante¡± an¨®nimo, alguien a quien instru¨ªa con una vaga sensaci¨®n de autoridad. En otras, sus palabras eran m¨¢s introspectivas, como si se hablara a s¨ª mismo. Era confuso identificar para qui¨¦n escrib¨ªa su diario. Lo ¨²nico claro era que Alessandro Piero DeAngelis quer¨ªa transmitir su conocimiento a alguien. Pero esa persona¡­ Nunca era mencionada en el libro. This content has been misappropriated from Royal Road; report any instances of this story if found elsewhere. G¨®mez dej¨® escapar un largo suspiro y dej¨® caer la espalda contra el respaldo de su silla. Su mirada se desliz¨® hasta el vaso de whisky que hab¨ªa dejado sobre la mesa horas atr¨¢s. El cristal reflejaba la luz mortecina de la pantalla, pero el l¨ªquido ¨¢mbar ya no estaba all¨ª. Solo quedaban las huellas de las ¨²ltimas gotas secas en el fondo. Chasque¨® la lengua con fastidio y gir¨® el vaso en su mano, contemplando por un instante la posibilidad de simplemente dejarlo todo por hoy. Ya era tarde, o m¨¢s bien, demasiado tarde. Se hab¨ªa pasado el d¨ªa entero sumido en el misterio de Thomas Smith, buscando respuestas que en realidad no le interesaba encontrar, pero que aun as¨ª no pod¨ªa dejar ir. La emoci¨®n de poder descubrir algo nuevo lo hab¨ªa mantenido cautivo, pero al mismo tiempo, hab¨ªa olvidado lo m¨¢s b¨¢sico: el tiempo. Un d¨ªa completo hab¨ªa volado sin que se diera cuenta. Se levant¨® de la silla con un movimiento cansino. La habitaci¨®n estaba sumida en un silencio espeso, interrumpido ¨²nicamente por el crujido leve de sus huesos al estirarse. Sali¨® del cuarto, caminando hacia la cocina con pasos pesados, sintiendo el cansancio acumulado en cada m¨²sculo. En el camino se cruz¨® con uno de los tantos androides de la casa, Atlas, que lo observaba en silencio desde uno de los pasillos, inm¨®vil como una sombra al acecho. G¨®mez ni siquiera le dirigi¨® una mirada, pasando de largo sin detenerse. Atlas capt¨® la se?al al instante y, sin emitir sonido alguno, retrocedi¨® lentamente hasta desvanecerse en la penumbra. Su presencia no era requerida. Al llegar a la cocina, tom¨® una botella de whisky de la alacena y sirvi¨® un nuevo vaso, escuchando el familiar gorgoteo del licor al caer. Pero cuando llev¨® el vaso a los labios, se detuvo. Mir¨® su reflejo en la ventana oscura de la cocina. Un hombre de mediana edad, con el rostro surcado por las marcas de los a?os y una expresi¨®n que no terminaba de encajar entre la fatiga y la inquietud. Por costumbre, su mente le dijo que deb¨ªa irse a dormir. ¡ª?Qu¨¦ hora es? ¡ªMurmur¨®, su voz arrastrada por el cansancio. Sin necesidad de m¨¢s indicaciones, la inteligencia artificial que gestionaba su hogar reaccion¨® de inmediato. Un reloj digital se proyect¨® sobre las losas de la cocina, sus n¨²meros flotando con un resplandor tenue y azulino, como si hubieran sido grabados en el aire. Mir¨® el reloj: pasaban ya varias horas de la medianoche. Se supon¨ªa que deber¨ªa estar descansando a estas alturas, preparando la mente para el d¨ªa siguiente. Pero hoy no. Hoy la inquietud y la curiosidad lo manten¨ªan despierto, atrapado en ese misterio que no entend¨ªa, pero que le llamaba sin cesar. Cerr¨® los ojos un momento, buscando convencerse de que deber¨ªa descansar. Ma?ana tendr¨ªa que despertarse temprano y enfrentarse a lo que fuera que su jefe le tuviera preparado. Pero entonces, de repente, se detuvo. La verdad le golpe¨® de inmediato con una violencia inesperada. No hab¨ªa un horario que cumplir. No hab¨ªa ma?ana una reuni¨®n con su jefe. No hab¨ªa m¨¢s expedientes apilados en su escritorio. Ya no hab¨ªa m¨¢s casos asignados. Lo hab¨ªan jubilado. Ayer. La avalancha de pensamientos lo golpe¨® con la brutalidad de una tormenta el¨¦ctrica. Durante todo el d¨ªa hab¨ªa estado distra¨ªdo con los tr¨¢mites, con las noticias, con el video, con el libro, con el ritual, con la investigaci¨®n. No se hab¨ªa permitido pensar en ello, o no quer¨ªa recordar que lo hab¨ªa hecho, pero nuevamente la verdad lo asfixiaba. Su vida entera hab¨ªa girado en torno a resolver casos, a descubrir la verdad detr¨¢s de los misterios, a seguir pistas hasta el agotamiento. Y ahora¡­ ?qu¨¦? ?Esperar que los d¨ªas pasaran? ?Vivir sin una meta concreta? G¨®mez dej¨® el vaso sobre la encimera sin haber bebido un solo sorbo. Pas¨® una mano por su cara, tratando de borrar esos pensamientos de su mente como si fueran polvo acumulado en un viejo estante. Pero no pudo. No importaba cu¨¢nto se dijera que deb¨ªa dejar de pensar en ello, el vac¨ªo de la jubilaci¨®n lo hab¨ªa alcanzado, y no estaba seguro de qu¨¦ hacer con ¨¦l. Tom¨® el vaso y regres¨® a la habitaci¨®n aislada, sus pasos ahora m¨¢s lentos, m¨¢s pesados, como si arrastrara el peso de algo invisible. Al entrar, sus ojos fueron directamente a la pantalla donde el diario de DeAngelis segu¨ªa proyectado. Se qued¨® un instante observ¨¢ndolo, no por curiosidad, sino con una especie de admiraci¨®n instintiva, casi reverente. Pas¨® las yemas de los dedos por la gastada cubierta del mouse, notando el sutil relieve de su textura, la fr¨ªa familiaridad del pl¨¢stico bajo su tacto. Sus movimientos fueron autom¨¢ticos, casi mec¨¢nicos, mientras hac¨ªa clic, avanzando por las p¨¢ginas con la esperanza de perderse en ellas, de dejar que la investigaci¨®n lo envolviera por completo. Pero en el fondo sab¨ªa que lo que realmente buscaba no era resolver el misterio de Thomas Smith o comprender la muerte de Jhonatan. No lo era. Lo que buscaba, m¨¢s all¨¢ de todo, era escapar de su propia mente, de los vac¨ªos que comenzaban a apoderarse de ¨¦l. Necesitaba que los pensamientos de otro le hicieran olvidar los suyos. As¨ª que sigui¨®, y sigui¨®, revisando el diario de DeAngelis. No sab¨ªa a qu¨¦ hora se dormir¨ªa, pero ten¨ªa claro que era mejor quedarse despierto explorando este misterio, que tirarse en la cama, con la mente dando vueltas en el abismo de su nueva realidad. Mè°©s Allè°© del ç…¤ltimo Cap铆tulo (1) Despu¨¦s de recorrer los rituales m¨¢s b¨¢sicos, el diario comenzaba a adentrarse en los rituales de protecci¨®n, descritos con un tono casi did¨¢ctico, como si el autor quisiera asegurarse de que el practicante estuviera preparado antes de aventurarse m¨¢s all¨¢. Y luego, al final del diario, se encontraban los rituales de ocultamiento. F¨®rmulas para protegerse, dise?adas para hacer desaparecer algo o a alguien de las miradas curiosas. G¨®mez continu¨® leyendo los rituales de protecci¨®n, hojeando las p¨¢ginas con una mezcla de curiosidad y escepticismo. La mayor¨ªa de los encantamientos eran sorprendentemente simples, casi rudimentarios, o demasiado conocidos, variaciones de f¨®rmulas que ya hab¨ªa visto en otros textos sobre ocultismo. Nada realmente novedoso, nada que justificara el aura de misterio que rodeaba aquel diario. Pero entonces, algo lo hizo detenerse. Entre las p¨¢ginas desgastadas, una nota garabateada en el margen resaltaba como una cicatriz oscura sobre el papel envejecido. La tinta parec¨ªa haber sido aplicada con prisa, como si su autor hubiera sentido la necesidad urgente de dejar constancia de aquel mensaje. Era breve. Escrita con una caligraf¨ªa inclinada y firme, como si cada letra estuviera cargada de significado, casi como una advertencia inamovible:
¡°La entrada est¨¢ vedada para aquellos sin esp¨ªritu verdadero.¡±
G¨®mez frunci¨® el ce?o. No formaba parte del texto original. Era una nota a?adida, pero su presencia parec¨ªa tan importante como cualquier ritual del diario. La frase, por s¨ª sola, ya resultaba intrigante, pero lo que realmente la volv¨ªa inquietante era el contexto en el que aparec¨ªa. Ten¨ªa un tono casi prof¨¦tico, como si ocultara un conocimiento olvidado por el tiempo. Desde tiempos inmemoriales, diversas culturas han hablado sobre la existencia del alma y su papel en la naturaleza humana. Fil¨®sofos, m¨ªsticos y sacerdotes han debatido su origen, su prop¨®sito y su destino. Sin embargo, lo que realmente llamaba la atenci¨®n no era el concepto en s¨ª, sino la precisi¨®n con la que DeAngelis parec¨ªa haber comprendido estos principios mucho antes de que la humanidad moderna siquiera los asimilara. No se trataba de meras supersticiones ni de misticismo primitivo. No eran conjeturas vagas ni met¨¢foras espirituales sin fundamento. Su enfoque suger¨ªa algo m¨¢s: un conocimiento meticuloso, una comprensi¨®n profunda del ocultismo, una certeza que iba m¨¢s all¨¢ de la fe ciega o la especulaci¨®n filos¨®fica. DeAngelis no solo cre¨ªa en el alma. ¨¦l conoc¨ªa su verdadero valor. Sin embargo, Marcus ya le hab¨ªa advertido que ninguno de estos rituales hab¨ªa derivado en patentes nuevas ni en innovaciones registradas. Lo que significaba que, aunque DeAngelis hab¨ªa llegado lejos en su exploraci¨®n, su conocimiento no se hab¨ªa materializado en avances concretos. O tal vez s¨ª¡­ pero en manos de otras personas. Quiz¨¢s otros investigadores en distintos momentos de la historia hab¨ªan descubierto el diario y se hab¨ªan encargado de divulgar el conocimiento de una manera que DeAngelis nunca hizo. Eso lo llev¨® a una nueva pregunta: ?Por qu¨¦ Thomas Smith ten¨ªa este diario? No cab¨ªa duda de que el profesor Oliver Murphy se lo hab¨ªa entregado deliberadamente, pero la verdadera inc¨®gnita era: ?Con qu¨¦ prop¨®sito? Si su intenci¨®n era ocultar informaci¨®n sobre la investigaci¨®n del Observador, habr¨ªa sido m¨¢s l¨®gico proporcionarle ¨²nicamente el ritual de ocultamiento en lugar de darle acceso al diario completo. Stolen story; please report. A menos, claro, que el diario en s¨ª fuera mucho m¨¢s importante de lo que G¨®mez pod¨ªa comprender. Tal vez conten¨ªa algo que iba m¨¢s all¨¢ de simples rituales, algo que Murphy necesitaba mantener fuera del alcance de ojos indebidos. Una pieza clave, un secreto enterrado en sus p¨¢ginas, esperando a ser descubierto. Fuera como fuera, el diario de DeAngelis no hab¨ªa llegado a sus manos por casualidad. Y cuanto m¨¢s lo le¨ªa, m¨¢s convencido estaba de que conten¨ªa respuestas que nadie m¨¢s hab¨ªa sabido interpretar¡­ o que nadie se hab¨ªa atrevido a revelar. G¨®mez desliz¨® lentamente el cursor para pasar a la siguiente p¨¢gina, pero cada l¨ªnea y cada s¨ªmbolo le transmit¨ªan una sensaci¨®n de v¨¦rtigo, como si el simple hecho de leer el diario lo acercara m¨¢s a los ¨²ltimos momentos de Jonathan. Hab¨ªa algo en el texto, en su polvo y su textura digitalizada, que transmit¨ªa m¨¢s de lo que parec¨ªa a simple vista. Algunas secciones estaban incompletas. Fragmentos de rituales hab¨ªan sido mutilados, con p¨¢ginas arrancadas y palabras que terminaban en frases inconclusas, dejando apenas un rastro de su prop¨®sito original. No hab¨ªa manera de saber qui¨¦n lo hab¨ªa hecho ni con qu¨¦ intenci¨®n, pero considerando la antig¨¹edad del diario y la naturaleza de su contenido, el simple hecho de que hubiese sobrevivido hasta ahora en un estado tan ¨ªntegro era, en s¨ª mismo, un milagro. Entre estas secciones, hab¨ªa una serie de vagas anotaciones que parec¨ªan apuntar a las fases de la luna, a posiciones estelares espec¨ªficas y a la ubicaci¨®n de determinados sitios en la Tierra, a menudo vinculados a lugares donde el velo entre los mundos era ¡°m¨¢s delgado¡±. Y entonces, G¨®mez dio con algo inesperado: una oraci¨®n escrita en lat¨ªn antiguo, justo al margen de un pasaje ritual.
¡°Apertis oculis et mente obscura, tantum veritas revelatur.¡± (Solo con los ojos abiertos y la mente oscura, la verdad se revela).
Ese texto, que parec¨ªa una simple frase, se repiti¨® en varias p¨¢ginas del libro, casi como un susurro oculto en el texto. Jonathan habr¨ªa notado esa repetici¨®n, y seguro habr¨ªa buscado comprender su significado. La pregunta era: ?qu¨¦ significaba para Jonathan? G¨®mez suspir¨® y se recost¨® en la silla, mirando el techo de la habitaci¨®n como si esperara respuestas desde alg¨²n rinc¨®n de su memoria. ¡°La mente oscura¡±, pens¨®, era justo lo que Jonathan hab¨ªa llevado consigo a su ¨²ltimo d¨ªa. Hab¨ªa mantenido los ojos abiertos, s¨ª, pero quiz¨¢s su mente hab¨ªa estado tan oscura que no hab¨ªa visto una salida. Era un hallazgo peque?o, pero suficiente para empujar a G¨®mez a investigar m¨¢s. Abri¨® su libreta y anot¨® la frase, junto con algunas notas adicionales sobre la estructura de los rituales y las fases lunares indicadas. Necesitaba entender si Jonathan hab¨ªa encontrado alguna conexi¨®n oculta en este diario, alg¨²n mensaje que lo empujara al suicidio. Algo que solo alguien como ¨¦l podr¨ªa desentra?ar. Sab¨ªa que la fundaci¨®n no hab¨ªa encontrado nada en estos rituales antiguos, pero tambi¨¦n estaba al tanto de la tendencia de las organizaciones a ignorar lo que no hab¨ªa ganancia en explicar. A medida que G¨®mez avanzaba en el diario, percibi¨® que los rituales y las anotaciones de DeAngelis parec¨ªan seguir una especie de patr¨®n de escalera. Al principio, DeAngelis hab¨ªa dado indicaciones detalladas, casi como si hablara con un practicante sin experiencia. Pero a medida que el diario continuaba, los rituales se volv¨ªan m¨¢s complejos y las explicaciones m¨¢s vagas, como si DeAngelis asumiera que el practicante ya estaba familiarizado con las bases del ocultismo. Las primeras instrucciones daban la impresi¨®n de estar guiadas por una mano cuidadosa, pero cada p¨¢gina que segu¨ªa revelaba algo m¨¢s oscuro y obsesivo, una intenci¨®n de crear algo m¨¢s que un simple manual. DeAngelis quer¨ªa ense?ar, s¨ª, pero parec¨ªa m¨¢s interesado en sembrar una idea, un m¨¦todo para profundizar en el misterio y el poder de los rituales.