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Cuando la Vela se Apaga (2)

    Gómez continuó leyendo sin prisa, su mirada aburrida fija en la pantalla, mientras la sensación de inquietud crecía poco a poco. Al principio, las anotaciones del autor le parecieron más un juego de palabras, una serie de advertencias para dar un toque de misterio al ritual. Pero algo cambió. A medida que avanzaba, notó que el tono se volvía menos calculado, menos artificioso. Las frases ya no parecían parte de una simple ambientación, sino confesiones dispersas, escritas con una urgencia creciente.


    Y entonces se detuvo en seco.


    Al final de la página, el autor había dejado un mensaje que ya no parecía una simple nota marginal. No era un adorno, ni una advertencia teatral. Era un aviso real.


    <blockquote>


    “Si al realizar el ritual siento que el reflejo comienza a moverse más rápido que yo, detén todo de inmediato. La entidad que habita el espejo toma ventaja cuando no hay sincronía. La vida que pongo en juego puede no ser la mía.”


    </blockquote>


    —La vida que pongo en juego…—Repitió Gómez en un murmullo casi distante.


    <blockquote>


    “Si en el reflejo ves que el rostro cambia, que se desfigura hasta ser otra persona, no intentes llamar a esa persona por su nombre. Ella no es la misma que yo conozco. Al hacerlo podrías generar un corte en el rostro de esa persona.”


    </blockquote>


    Gómez frunció el ce?o, el sudor comenzando a formarse en su frente. ?Qué demonios significa eso? Pensó, pero a medida que las palabras se enredaban en su mente, algo dentro de él hizo clic.


    Un frío indescriptible se apoderó de él. Si había algo que conocía bien de los rituales, era el detalle en los matices. Esa advertencia no era solo una nota de precaución común. Había algo más detrás de esa frase. Algo oscuro, que no debía tomarse a la ligera.  ?Cómo el autor podía saber que una persona podría ser herida de esa forma? ?Por qué ese da?o era tan específico?


    El autor no solo estaba compartiendo un ritual. Estaba dejando una advertencia. Algo había aprendido de estas entidades. Algo que no se podía ignorar. De alguna forma, el autor no solo estaba describiendo un fenómeno paranormal, sino que estaba relatando un proceso… un proceso que ya había vivido, y que, al parecer, había pagado el precio por haberlo hecho.


    El último comentario en el texto era diferente. Con letras casi ilegibles, el autor había dejado una advertencia final, algo tan desconcertante que hizo que su corazón latiera con más fuerza de lo habitual.


    <blockquote>


    “Si al realizar el ritual la vela se vuelve violeta, detente y no te atrevas a hacer nada más. Es el primer signo. Si decides ignorarlo, el reflejo comenzará a transformarse. El segundo síntoma es que me veré a mí mismo, pero como un ni?o. Un ni?o observándote desde el espejo, mirando con ojos inocentes, pero con una expresión tan vacía que hiela la sangre. Lo que verás no será el reflejo de tu ni?ez, sino una representación distorsionada de tu propia esencia, una sombra infantil que guarda tus recuerdos más oscuros. Cuando esto suceda, no apagues la vela. Detén todo y sal inmediatamente de la habitación. No sigas con el ritual.


    Si decides continuar, si por alguna razón no puedes evitar la curiosidad y decides ignorar la advertencia, el siguiente síntoma será más grave. El ni?o en el espejo te hablará. Las palabras serán incomprensibles al principio, susurradas con una voz que no es suya, algo mezcla entre la tuya y un sonido reptante, como si un serpentear se colara en su garganta. Es una advertencia, deberías escucharla y salir inmediatamente de la habitación. Si no lo haces, las cosas se volverán peligrosas.


    Si estás parado, no te ocurrirá nada y todo volverá a la normalidad en unos minutos, cuando la vela se apague. Pero si estás sentado y sigues escuchando, el ni?o se pondrá en pie y comenzará a caminar hacia la salida de la habitación. Si no reaccionas, en el instante en que el ni?o pise el umbral de la puerta, desaparecerás del lugar en donde te encontrabas e irás a la habitación en donde está el ni?o.


    Stolen from its original source, this story is not meant to be on Amazon; report any sightings.


    En este momento, deberás tomar una decisión. Si parpadeas, si das el más mínimo parpadeo, el ni?o reaccionará de inmediato. A partir de aquí, todo dependerá de tu resistencia a la tortura. El ni?o no solo te succionará el alma, sino que la última parte de tu cuerpo que se verá arrancada será la piel. La carne se rasgará y se disolverá en un proceso de descomposición violenta. Es como si el ni?o tomara cada trozo de mí, comenzando por lo más frágil: mis u?as, mis ojos. La presión será insoportable, tu cuerpo será arrancado, una parte a la vez. No habrá sangre, sino un gel negro y espeso que cubrirá todo lo que alguna vez fue humano. Lo peor, sin embargo, será el sonido. Un susurro acompa?ado de un crujido molesto. Odio los crujidos molestos”


    </blockquote>


    La lectura dejó a Gómez completamente atónito. La última parte del texto lo golpeó con la violencia de una verdad irreal. El autor no solo había descrito el acto de morir. Había descrito el sufrimiento con una precisión tan detallada que lo hacía tangible, vívido. ?Cómo alguien podía conocer todo esto? ?Cómo podía alguien escribir algo tan… macabro sin haberlo vivido?


    Algo dentro de Gómez lo hizo detenerse, como si el texto hubiera dejado una marca indeleble en su mente. Se levantó lentamente de la silla, respirando con dificultad. El sonido del crujir de los huesos, la disolución de la carne… un horror tan radical que le resultaba difícil de procesar.


    —?Cómo el autor sabía esto? Los muertos no escriben…—Murmuró, la pregunta flotando en el aire como un eco lejano. Pero la inquietud no se desvaneció. Al contrario, se profundizó con cada segundo que pasaba.


    De manera instintiva, se dirigió hacia la terminal, sus dedos casi volando sobre el teclado, buscando algo, cualquier cosa que pudiera explicarle lo que acababa de leer. Buscó las palabras clave: Ritual + Espejo + Vela violeta + Ni?o + Muerte.


    Curiosamente, el navegador tardó menos de lo habitual en responder. En menos de un segundo, comenzaron a aparecer resultados. Gómez parpadeó. No esperaba encontrar demasiado. Quizás foros oscuros, páginas ocultas, alguna mención perdida en los rincones más alejados de la red. Pero lo que apareció en la pantalla lo dejó inmóvil por un momento.


    No solo había resultados. Había demasiados. Páginas tras páginas, con descripciones más detalladas de lo que acababa de leer, pero con una precisión aterradora.


    Y lo peor de todo: no venían de fuentes marginales o sitios de difícil acceso. Nada de foros arcaicos ni páginas censuradas por la mayoría de los buscadores. No. La información estaba a plena vista, expuesta, sin restricciones, como si no fuera algo digno de ocultarse. Eran sitios de acceso público, abiertos, comunes. Algunos de ellos tan populares que no podía entender cómo algo tan macabro podía estar a la vista de cualquier persona.


    Sin embargo, fue el primer enlace el que realmente le heló la sangre. Era un sitio de videos, uno de los más grandes de la actualidad, con miles de millones de visitas. El título del vídeo le pareció trivial en comparación con lo que contenía. “Mi peque?a yo”. La miniatura mostraba a una adolescente de no más de diecisiete a?os, de belleza impecable, con facciones delicadas y cabello perfectamente peinado, vestida en un delicado vestido blanco, casi etéreo. La habitación a su alrededor irradiaba opulencia, con cortinas pesadas, muebles tallados y una iluminación tenue que creaba una atmósfera íntima y oscura. A su alrededor, una docena de sirvientes permanecían en completo silencio, observando la escena sin intervenir. No tenían un propósito aparente más allá de su presencia: meros testigos, piezas decorativas que enfatizaban el estatus de la joven. Frente a la joven, un gran espejo antiguo, con un marco ornamentado que parecía sacado de otra época. En el reflejo, una versión infantil de ella la miraba fijamente, su expresión serena, pero con una vacuidad en los ojos que erizaba la piel. Gómez no pudo evitar la sensación de que algo no estaba bien. La joven parecía demasiado confiada, demasiado inocente, sin entender el peligro que acechaba.


    Gómez sintió un nudo en el estómago al ver el número de reproducciones: 150 mil millones. Tuvo que releerlo. Eso no tenía sentido. Esta chica era una superestrella entre la juventud, y pese a ello estaba por morirse por un poco más de fama.


    —?Esto es una broma? —Masculló, su incredulidad transformándose en incomodidad. ?Cómo podía existir un video así sin que nadie lo hubiera censurado? ?Cómo un ritual tan perturbador podía estar tan expuesto, como si fuera un simple reto viral?
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