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Ecos en los Archivos (3)

    <table style="border-collapse: collapse; width: 89.9797%; border-color: rgba(236, 240, 241, 1); border-style: groove" border="1">


    <tbody>


    <tr>


    <td style="text-align: center" colspan="2">Registro de Cámara de Seguridad N.o 032</td>


    </tr>


    <tr>


    <td style="text-align: center; width: 50.0176%">Ubicación: Pasillo cercano al aula de arte</td>


    <td style="text-align: center; width: 50.0176%">Hora: 11:00 a.m – 4:00: p.m</td>


    </tr>


    <tr>


    <td style="text-align: left" colspan="2" rowspan="9">


    11:45:00 a.m.


    El pasillo vuelve a quedar vacío. El silencio se hace presente por varios minutos, y las luces del lugar dejan de parpadear de manera intermitente, estabilizándose finalmente. El suelo sigue manchado con la sangre de los estudiantes abatidos, ahora seca en los bordes y más oscura en los charcos aún frescos. El aire parece inmóvil, y la cámara no detecta ninguna actividad por varios minutos. Durante un tiempo, no ocurre ningún evento visible. La puerta del ba?o sigue cerrada, sin movimientos o sonidos provenientes del interior.


    2:30:20 p.m.


    Horas más tarde, la cámara capta otro suceso inesperado. El sonido de pasos apresurados y pesados retumban, cortando la quietud de la escena. Un hombre adulto aparece en el umbral, corriendo con agitación. Su respiración entrecortada y su forma de moverse indicaban desesperación. No es difícil deducir que está buscando algo o a alguien con urgencia. El hombre, identificado más tarde como uno de los padres de uno de los estudiantes, estaba vestido con un traje de ba?o, una camiseta hawaiana y sandalias.


    Los ojos del hombre están desorbitados, inquietos, recorriendo frenéticamente el pasillo como si esperara encontrarse a la muerte misma. El reflejo de su rostro muestra desesperación, y por un instante, se detiene y respira profundamente, recuperando algo de control sobre sí mismo antes de seguir avanzando, buscando desesperadamente. La cámara capta cada uno de sus movimientos mientras se acerca a los cuerpos de los estudiantes caídos, aún desparramados en el suelo. Algunos yacen boca arriba, otros con el rostro hacia el suelo. Las manchas de sangre, ahora secas y oscuras, cubren las baldosas del pasillo, creando un contraste perturbador con la frialdad del lugar. A lo lejos, se observan más cadáveres, como si un desastre incontenible se hubiera desatado aquí mismo. El hombre parece no notar el hedor pesado de la sangre; sus ojos están completamente centrados en la búsqueda de su hijo.


    Se detiene junto a uno de los cuerpos y, tras un breve vistazo, se arrodilla, inspeccionándolo. La cámara enfoca su rostro, que muestra una mezcla de ansiedad y esperanza. Con cuidado, voltea el cadáver, inspeccionando el rostro. En sus ojos se lee el deseo de encontrar algo que lo libere de esta angustia, una confirmación de que no todo está perdido. Pero enfrentarse con la muerte lo agota rápidamente. En su mente, la esperanza crece al no reconocer a su hijo entre las víctimas, pero el hecho de no encontrarlo es a su vez una tortura. Sus manos tiemblan cuando se aparta del cuerpo y se toma unos segundos para recuperar el control. Respira hondo, como si ese acto le otorgara algo de la calma necesaria para continuar.


    La cámara muestra al hombre mientras se aleja, moviéndose rápidamente entre los cuerpos esparcidos a su alrededor, como si ya se hubiera ilusionado ante la posibilidad de que su hijo no estuviera allí. Pero la angustia no se disipa. Revisa, uno por uno, los rostros de los caídos, sus cuerpos desparramaos y la muerte que parece estar en todas partes, pero no hay se?ales de su hijo. La expresión del hombre se oscurece, como si cada instante de esa búsqueda le despojara de algo de su humanidad.


    Tras unos momentos de indecisión, se dirige hacia el área cercana al aula de arte. El sonido de sus pasos se mezcla con el silencio absoluto del lugar. Al llegar al ba?o, el hombre se detiene frente a la puerta. Su respiración se acelera al notar que está cerrada. No hay se?ales de vida del otro lado. Sin embargo, eso no parece calmar sus temores. La tensión se acumula en sus hombros mientras su mano izquierda se tensa ligeramente al tocar la puerta. La ansiedad lo consume, y sin pensarlo, comienza a golpear la puerta con ambas manos, primero de forma suave, luego con más insistencia.


    Llama a su hijo por su nombre, su voz quebrada por el miedo y la incertidumbre. Cada golpe parece perforar la quietud de ese lugar, pero el silencio lo devuelve con más fuerza. No hay respuesta. El hombre retrocede unos pasos, respirando agitado. Parece que evalúa sus opciones, aunque lo único que queda en su mente es la necesidad de entrar y encontrar a su hijo. Da un paso atrás y se prepara para embestir la puerta.


    Con un grito de frustración, carga contra ella con todo su peso, y el sonido del impacto resuena en el pasillo. La puerta no cede, permanece firme en su lugar, como si el destino hubiera decidido frenar sus esperanzas. El hombre retrocede, desorientado por el fracaso. Observa la puerta con furia y miedo, y entonces, decide intentar una vez más. Su cuerpo se tensa, y sus músculos se llenan de energía nerviosa mientras se prepara para un nuevo intento. Un segundo después, una explosión corta la tensión: un disparo atraviesa la puerta desde el interior, de forma abrupta y sorprendente.


    El sonido es seco, agudo, un eco profundo que se cuela en los oídos del hombre. Este se tambalea hacia atrás, sus ojos se abren desmesuradamente, y se cubre los oídos instintivamente. La cámara captura el instante de terror puro, su cuerpo reacciona a la sorpresa del disparo, como si quisiera apartarse de ese sonido mortal. Pierde momentáneamente el equilibrio y cae al suelo, pero se repone rápido. La adrenalina lo impulsa, y sin pensar, gira sobre sus talones y comienza a escapar del pasillo. Su huida es torpe, casi descontrolada, como si el miedo lo hubiera transformado en una máquina sin consciencia, solo guiada por el instinto de sobrevivir. Cada paso parece un esfuerzo, pero la velocidad y la urgencia se han apoderado de él.


    La cámara muestra su carrera hasta que desaparece del campo de visión. Lo único que queda es el pasillo vacío, plagado de cadáveres. Los ecos de su huida se desvanecen, y el espacio se ve repleto de un silencio inquietante. La puerta del ba?o permanece allí, con una marca de bala visible en su superficie.


    3:43:00 p.m.


    La grabación continúa, capturando un pasillo sumido en un silencio sepulcral. Las luces han reducido su parpadeo, estabilizándose casi por completo. Los cuerpos yacen inmóviles, el aire se siente denso, cargado de una quietud antinatural. La cámara permanece testigo de la escena, sin registrar movimiento alguno durante varios minutos.


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    3:45:12 p.m.


    Un sonido seco irrumpe en el silencio: un crujido leve proveniente del ba?o, casi imperceptible al principio. No se distingue claramente si es un paso, un roce contra la pared o algo más. Unos segundos después, se oye un sonido metálico, como el de un mecanismo oxidado moviéndose lentamente.


    La cámara no tiene ángulo para captar lo que sucede dentro del ba?o, pero el micrófono sigue registrando el audio. Se escucha una respiración pesada, errática, seguida de un jadeo entrecortado. Luego, un golpe repentino, como si algo hubiera chocado contra una de las paredes. Después, silencio otra vez.


    3:47:30 p.m.


    Otro sonido rompe la quietud. Un clic sutil, seguido del leve roce de una cerradura girando. Desde el interior del ba?o, alguien está manipulando el mecanismo. Durante varios segundos, el sonido es irregular, como si la persona dentro estuviera atrapada o luchando contra algo. Finalmente, la cerradura se desbloquea con un chasquido seco.


    La puerta, sin embargo, no se abre de inmediato. Permanece cerrada durante más de un minuto. Luego, con lentitud extrema, la puerta comienza a moverse, apenas unos centímetros, dejando entrever una rendija oscura. Desde la cámara, es imposible ver el interior del ba?o. Pero se percibe como la puerta se detiene en su apertura.


    3:50:45 p.m.


    Se capta el primer movimiento visible en el pasillo en más de una hora. Desde el interior del ba?o, un brazo emerge lentamente por la rendija de la puerta. La piel es pálida, casi enfermiza. Los dedos se deslizan por la superficie de la puerta, tambaleantes, antes de aferrarse con fuerza al borde.


    La puerta se abre un poco más, revelando parcialmente la figura de Thomas Smith. Su rostro sigue fuera del encuadre, pero su postura es tensa. La otra mano aún sostiene el arma, aunque su agarre es flojo. Su respiración sigue siendo visualmente audible, entrecortada y errática.


    3:51:10 p.m.


    Smith finalmente da un paso fuera del ba?o. Su apariencia es desastrosa. El rostro está cubierto de sudor, su cabello desordenado y su camisa, además de la sangre, tiene marcas de polvo y humedad. Su mirada es difícil de interpretar debido a la calidad de la grabación, pero su lenguaje corporal sugiere agotamiento extremo.


    Sus movimientos son lentos, pero no inseguros. Parece estar examinando el pasillo, como si esperara encontrar algo o a alguien. Sus ojos recorren los cuerpos de los estudiantes caídos, deteniéndose en cada uno por unos segundos. Finalmente, suspira de nuevo y baja el arma hasta apuntar al suelo.


    3:52:45 p.m


    El video capta un nuevo sonido: pasos. Pero no provienen de Smith.


    Se escuchan claramente en el fondo, aproximándose desde el extremo opuesto del pasillo. Son firmes y constantes, probablemente más de una persona acercándose al área. Smith se percata del sonido y su reacción es inmediata. Se pone en alerta, endereza la espalda y ajusta el agarre de su arma. Su mirada se enfoca en la dirección de los pasos.


    Un murmullo comienza a filtrarse en el audio. Son voces masculinas, hablando entre sí, aunque sus palabras no son completamente audibles. Entre los sonidos, se logra distinguir un par de frases sueltas: “...es aquí, justo donde...”, “... el ruido de un disparo vino de este pasillo...”.


    3:53:20 p.m.


    Smith no espera más. Se mueve con rapidez, alejándose del ba?o y dirigiéndose hacia el otro extremo del pasillo. Sus pisadas resuenan con prisa, pero antes de que pueda alejarse completamente, una voz fuerte lo llama desde fuera del campo visual:


    “?Alto ahí! ?No se mueva!”


    La cámara capta un cambio en su postura. Se congela por un segundo y sujeta con más fuerza el arma, aunque no la levanta.


    Se oye un segundo grito, esta vez más cercano.


    “?Suelte el arma y levante las manos!”


    Smith se queda inmóvil. Su respiración se acelera otra vez. Luego, en un movimiento repentino, se gira en dirección a la cámara, aunque su rostro sigue mayormente oculto por la baja calidad del video. El audio capta su voz por primera vez desde que salió del ba?o. Es un susurro tembloroso, apenas audible:


    “No... no entienden... ellos aún están aquí…”


    Los pasos vuelven a sonar, esta vez más rápidos, como si un grupo de personas se acercara corriendo. La cámara capta una sombra proyectándose en la pared.


    “?última advertencia! ?Suelte el arma ahora mismo!”


    3:54:10 p.m.


    Contrario a lo que se podría esperar de un miserable profesor de secundaria atrapado en una situación tan desesperada, Smith, en un movimiento brusco, levanta el arma.


    Un disparo resuena en el pasillo.


    No es su arma.


    Smith se tambalea hacia atrás, impactado en el muslo. Su cuerpo golpea la pared y deja una mancha de sangre en el yeso antes de deslizarse lentamente hasta el suelo en donde comienza a retorcerse del dolor. Su arma cae de su mano y resbala unos centímetros por el pasillo.


    Se oyen voces de hombres acercándose rápidamente, sus pasos resonando en el suelo.


    “?Está caído! ?Revisen si soltó su arma!”


    “?Mierda, miren esto... los ni?os!”


    “?Necesitamos paramédicos aquí de inmediato!”


    La cámara sigue grabando mostrando cómo las figuras de los policías se agrupan alrededor del cuerpo de Smith y los cadáveres de los estudiantes. Algunos revisan los signos vitales del profesor, otros inspeccionan el de los estudiantes. Uno de los policías se detiene y se gira lentamente hacia el ba?o aún entreabierto. Su expresión es ilegible debido a la calidad del video, pero su postura sugiere tensión.


    La cámara capta su murmullo antes de que el video termine abruptamente:  “?Qué demonios pasó en esta escuela...?”


    </td>


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