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Ecos en los Archivos (2)

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    <table style="border-collapse: collapse; width: 89.9797%; border-color: rgba(236, 240, 241, 1); border-style: groove" border="1">


    <tbody>


    <tr>


    <td style="text-align: center" colspan="2">Registro de Cámara de Seguridad N.o 032</td>


    </tr>


    <tr>


    <td style="text-align: center; width: 50.0176%">Ubicación: Pasillo cercano al aula de arte</td>


    <td style="text-align: center; width: 50.0176%">Hora: 11:00 a.m – 4:00: p.m</td>


    </tr>


    <tr>


    <td style="text-align: left" colspan="2" rowspan="9">


    11:00:00 a.m.


    La grabación inicia con un leve parpadeo en la imagen, como si el sistema tardara en estabilizar la se?al. No hay voces, no hay pasos. Solo el sonido del edificio respirando en su estática inorgánica. Lo primero que se ve es un pasillo vacío. Un corredor largo, de muros grises con tablones de anuncios clavados en intervalos regulares. Algunos contienen dibujos infantiles, otros listados de horarios y carteles con mensajes motivacionales que, en la penumbra del pasillo, parecen ajenos a su propósito.


    Las luces en el pasillo comenzaron a vibrar con una irregularidad casi imperceptible al principio, un parpadeo sutil que no habría captado la atención de un observador casual. Sin embargo, con el paso de los segundos, esa vibración se intensificó gradualmente, como si una presencia invisible estuviera interfiriendo con la electricidad. El entorno permanecía desierto, sin se?ales de actividad humana, pero algo no estaba bien. Había una cualidad extra?a en la forma en que las sombras se proyectaban en las paredes. La dirección de la luz parecía constante, sin alteraciones evidentes, pero las sombras se movían de manera inquietante. No era un movimiento natural; algo en su desplazamiento parecía estar fuera de lugar, un ángulo imposible que desafiaba las leyes de la física, como si la luz misma estuviera siendo distorsionada.


    La cámara, instalada en la esquina superior del corredor, ofrece un ángulo de visión que abarca toda la extensión del pasillo, revelando las puertas a las aulas donde los ni?os aún se encuentran estudiando. Al final del pasillo no hay salida, solo una puerta que conduce a uno de los ba?os del colegio.


    Varios minutos transcurren en silencio antes de que los primeros estudiantes entren en la escena. Son cinco en total. Caminan a paso rápido, con movimientos nerviosos. Sus mochilas cuelgan de sus hombros, algunas mal ajustadas por la prisa. Su dirección es una de las tantas aulas al final del pasillo, pero su actitud revela inquietud. Uno de ellos, una ni?a con el cabello recogido en dos trenzas, mira varias veces sobre su hombro. Sus ojos están bien abiertos, escaneando el pasillo con una mezcla de urgencia y miedo.


    El ni?o que camina al lado de la ni?a también mira sobre su hombro, imitando su comportamiento, pero su expresión es notablemente distinta. Más rígida, más vacía, como si hubiera percibido con mayor claridad que algo extra?o estaba ocurriendo en la escuela y el miedo lo paralizará.


    Dos de los chicos en el grupo llaman la atención de inmediato, no por su apariencia, sino por sus movimientos erráticos. Uno de ellos, un ni?o más alto que los demás, parece ser el más afectado. De vez en cuando se sacude involuntariamente, un temblor que atraviesa su cuerpo como si sus músculos reaccionaran sin que él pudiera controlarlos. Al observarlo con más detalle, se percibe que uno de sus pies apenas se arrastra, como si le fuera imposible levantarlo con normalidad, dejándolo arrastrar detrás de él con un movimiento torpe. El otro ni?o, de contextura más peque?a, parece tener problemas para mantener su postura. Su cabeza está inclinada levemente hacia un lado, como si le costara mantenerla erguida, una se?al clara de que algo no está bien. El cansancio no es la causa, sino algo mucho más profundo, algo extra?o y oscuro que afecta a su cuerpo de manera involuntaria. Cualquier ojo experimentado notaría de inmediato los leves, pero inconfundibles síntomas de posesión. Algo los ha transformado, algo está dentro de ellos, algo que no pertenece a este mundo.


    El primero de los ni?os en el grupo, el que camina al frente, parece estar completamente ajeno a lo que está ocurriendo a su alrededor. Su rostro está relajado, casi distraído, como si no notara las anomalías que afectan a sus compa?eros. Su caminar es normal, sus movimientos fluidos, como si todo estuviera en orden. Pero hay algo extra?o en su actitud, una desconexión palpable con el resto del grupo. Mientras sus amigos muestran signos claros de perturbación, él sigue adelante, aparentemente inmune a la tensión en el aire. No mira atrás, ni una sola vez. Su mirada va fija al frente, sin el más mínimo rastro de ansiedad o miedo. Incluso cuando los otros ni?os comienzan a mostrar sus síntomas, él sigue como si nada hubiera cambiado. No se detiene, ni ajusta su mochila, ni mira a sus compa?eros. Es como si estuviera allí físicamente, pero su mente estuviera en otro lugar, desconectada de la realidad que los rodea. Su cuerpo se mueve de forma mecánica, como si fuera conducido por una voluntad ajena a la suya. No es consciente de la inquietud que impregna el aire, no es consciente de lo que está sucediendo a su alrededor. Simplemente, sigue caminando, indiferente al mundo que se desmorona a su alrededor.


    A las 11:03:50 a.m., el ni?o más peque?o del grupo comienza ignorar al resto de sus compa?eros y se detiene por completo en medio del pasillo. Su postura corporal se vuelve rígida. Su cabeza se inclina hacia atrás levemente y, sin previo aviso, fija la mirada directamente en la cámara de seguridad. Sus pupilas parecen dilatadas.


    Tras la anomalía, el grupo se detiene. Intercambian palabras. Aunque unos pocos fragmentos del audio son entendibles, la grabación muestra con claridad cómo la ni?a de las trenzas se?ala algo en la pared.  Su rostro está tenso, sus labios se mueven con rapidez: “?Viste eso en la pared! ?Mira! ?Ahí!”.


    Grito que condujo a la crítica de unos de sus compa?eros: “?Pero qué te pasa? ?Por qué estás tan asustada?”. El ni?o alto también mira en esa dirección, pero su expresión es distinta: no de miedo, sino de una extra?a indiferencia.


    Las luces del pasillo empiezan a parpadear más intensamente y poco después del grito de la ni?a, las primeras anomalías visuales comienzan a manifestarse. A la derecha del pasillo, una sombra inusual se proyecta en la pared, pero no hay ninguna fuente de luz directa que la justifique. La sombra parece moverse de manera antinatural, como si tuviera vida propia. Los estudiantes la notan; uno de ellos, claramente alterado, comienza a se?alar hacia la pared, gritando mientras retrocede: “?Rápido, rápido! Vámonos de aquí.”


    A las 11:04:45 a.m., los dos estudiantes más alertas del grupo intentan empujar a los demás hacia los ba?os para esconderse, pero algo los detiene. Al mirar a sus compa?eros, ven que permanecen atrás, ajenos al peligro que los rodea. Sus rostros son vacíos, distraídos, como si nada extra?o estuviera ocurriendo.


    11:05:00 a.m.


    El estudiante más grande comienza a caminar de manera extra?a. Sus movimientos se tornan bruscos, como si estuviera perdiendo el control de su cuerpo. Sus manos se abren y cierran con rigidez. Su cabeza se inclina hacia arriba, hacia la cámara. Mira directamente al lente. Su expresión es completamente vacía. Sus ojos están abiertos, pero no hay vida en ellos. Es una mirada hueca, como si el ni?o hubiera sido reducido a un cascarón vacío.


    Los otros estudiantes empiezan a mostrar signos visibles de miedo, y dos de ellos intentan huir, corriendo hacia la parte más lejana del pasillo, parecen querer refugiarse en los ba?os. Se detienen justo antes de alcanzar la puerta, como si algo invisible los estuviera sujetando. Miran atrás, hacia sus compa?eros, y vacilan, dándose cuenta de que no pueden dejar a sus amigos atrás.


    Los tres estudiantes restantes comienzan a forcejear entre sí, pero algo en su interacción se siente antinatural. No es una pelea infantil común, no hay gritos de enojo ni golpes impulsivos. Sus manos se aferran a los brazos del otro con una fuerza inusual, casi desesperada, como si estuvieran atrapados en un conflicto que va más allá de lastimarse los unos a los otros.  Desde la cámara, la escena es inquietante. No está claro quién intenta contener a quién, quién lucha por escapar y quién es víctima de algo más profundo. Por momentos, parece que los tres están poseídos por una fuerza desconocida, pero luego, en un parpadeo, uno de ellos muestra signos de resistencia, como si intentara aferrarse a su propia voluntad. No hay lógica en sus movimientos, solo un caos silencioso que se despliega ante la fría mirada de la cámara de seguridad.


    Las luces del pasillo parpadean violentamente. Las sombras en la pared ya no solo se proyectan, sino que parecen deslizarse. Se mueven con un ritmo propio, independiente de las acciones de los ni?os. Sus contornos son oscuros, más densos que la penumbra natural. Se acercan. Los ni?os gritan. Pero hay algo más. Un sonido bajo, gutural, que no proviene de ellos. Un gru?ido. No suena humano.


    11:12:25 a.m.


    Desde la derecha del pasillo, aparece un adulto en escena. Es el profesor Thomas Smith. Su andar es apresurado y su mirada está fija en las sombras proyectadas en las paredes, sin prestar atención a los estudiantes que se encuentran en el pasillo. Sus ojos están abiertos de más, inyectados en una mezcla de pánico y confusión. Su camisa, de un blanco apagado, tiene manchas oscuras en la parte delantera. Sangre roja y espesa. No está claro si es suya o de otra persona. En su mano derecha sostiene un maletín de cuero, el mismo que acostumbraba a llevar a clases. Su comportamiento sugiere un estado de pánico o desesperación. “??Profesor Smith?!”, grita la ni?a, pero no hay indicios de que Smith intente ayudar a los estudiantes, de suerte parece reconocer su presencia. “?Ayúdenos, profesor!”, grita el estudiante pegado a la ni?a, pero Smith ignora completamente los pedidos de ayuda. Ahora no mira a los ni?os, ni a las sombras en la pared. Su atención está en el vacío, en algo que parece ver más allá del campo de visión de la cámara. Su respiración es agitada. Se mueve como si estuviera escapando, como si alguien, o algo, lo persiguiera.


    “?Profesor Smith, los chicos están actuando raro, necesita su ayuda, deténgalos antes de que se lastimen!” Insiste la ni?a. El profesor se detiene en seco. Sus ojos finalmente se posan en los ni?os. Pero su expresión es extra?a. No muestra el rostro de alguien horrorizado por lo que está viendo. No hay indicios de reconocimiento o sorpresa. En cambio, su rostro muestra agotamiento, resignación. Como si ya supiera lo que estaba ocurriendo.


    Su mano izquierda empieza a temblar mientras deja el maletín en el suelo. La cámara captura el momento en que Smith abre rápidamente el maletín, saca un arma de fuego y adopta una postura defensiva.


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    Uno de los estudiantes logra zafarse del forcejeo en el momento en que sus ojos se fijan en el arma del profesor. Sin dudarlo, retrocede bruscamente y huye, como si su instinto le gritara que cualquier cosa era mejor que quedarse allí. La ni?a de las trenzas y el ni?o que había mostrado más lucidez no tardan en seguirlo, impulsados por el mismo miedo irracional que los mantiene en movimiento.


    Mientras tanto, los otros dos estudiantes, aquellos cuyos movimientos ya habían delatado una extra?a desconexión con la realidad, no reaccionan. Se quedan en el mismo lugar, sus cuerpos rígidos, sus ojos desenfocados, como si algo invisible los mantuviera atrapados en un trance del que no pueden escapar.


    La grabación experimenta una distorsión anómala. La imagen se interrumpe por exactamente 45.8 segundos. Durante este periodo, no se registra ninguna actividad visual ni sonora. Cuando la grabación se reanuda, la imagen presenta franjas de estática que ocultan parcialmente la escena. La sección visible muestra al estudiante más alto, anteriormente afectado por signos de desorientación, comenzando a caminar hacia el profesor Thomas Smith.


    Smith ajusta el agarre del arma. Sus labios se mueven como si estuviera repitiendo algo en voz baja, al ajustar el volumen del audio se logran identificar fragmentos de su discurso: “No... no otra vez... no... No eres tú... no eres tú...no eres tú el culpable… son ellos… son ellos”


    11:15:15 a.m.


    Sin advertencia previa, se produce el primer disparo. La bala impacta al estudiante más alto en el torso, ligeramente por debajo del esternón. Su cuerpo responde de inmediato al impacto: pierde el equilibrio y cae hacia atrás, golpeando el suelo con la parte posterior de la cabeza. Su movimiento final antes de quedar inerte es un breve temblor en las extremidades.


    Los tres estudiantes conscientes entran en pánico. En un primer intento, corren hacia el ba?o, pero un rápido grito de uno de ellos advierte que no hay ventanas por donde escapar en esa habitación. Al darse cuenta de esto, cambian de dirección y se dirigen a un aula vacía cercana. Sin embargo, al llegar, descubren que la puerta está cerrada con llave. La frustración y el miedo los llevan a dispersarse en diferentes direcciones en un intento desesperado por encontrar una salida. Smith, sin embargo, se mantiene firme, bloqueando la única vía de escape del pasillo. Su postura indica que evalúa rápidamente la situación antes de volver a disparar.


    El siguiente en caer es el estudiante más chico, quien para estos momentos se encuentra acercándose al profesor. La bala impacta en la región abdominal izquierda. Tras el impacto, el estudiante colapsa en dirección a la pared, quedando apoyado contra ella por un instante antes de deslizarse hacia el suelo. Su respiración se acelera visiblemente, con contracciones involuntarias en los brazos.


    El tercer disparo ocurre de inmediato al segundo, impactando a un estudiante cuyos síntomas de posesión aún no estaban claramente definidos y cuya reacción parecía más motivada por el pánico que por un evento paranormal. En la grabación, se percibe que el estudiante intenta arrebatarle el arma al profesor, pero Smith no duda un segundo en abrir fuego. La bala atraviesa la clavícula derecha y sale por la espalda, sugiriendo que el disparo fue realizado desde un ángulo ligeramente descendente. La fuerza del impacto desestabiliza al estudiante, quien tropieza hacia atrás antes de colapsar boca abajo sobre el suelo. La sangre comienza a te?ir el suelo, mientras los dos estudiantes restantes buscan desesperadamente una salida.


    Los últimos dos estudiantes cambian de dirección en un intento desesperado por escapar. Uno de ellos corre hacia un aula donde otros ni?os aún están en clase, golpeando la puerta con frenesí solo para descubrir que está bloqueada. Sus manos tiemblan mientras forcejea con la manija, buscando desesperadamente una salida.


    En ese instante, Smith levanta el arma y dispara. El primer disparo lo alcanza en la parte superior del torso, haciéndolo tambalearse hacia atrás. Un segundo después, el segundo proyectil impacta directamente en su cabeza. El cuerpo se desploma de inmediato, golpeando con fuerza la puerta cerrada antes de deslizarse inerte hasta el suelo.


    La grabación experimenta una distorsión anómala. La imagen se interrumpe por exactamente  5.5 segundos. Durante este periodo, no se registra ninguna actividad visual ni sonora. Cuando la grabación se reanuda, la última estudiante del grupo corre hacia el aula de arte ubicada en la parte final del pasillo. Antes de alcanzar la puerta, recibe un disparo en la pierna derecha. La herida la hace perder el equilibrio y caer al suelo. Entre gritos incoherentes, la estudiante se arrastra desesperadamente hacia el aula de arte, con los dedos ara?ando el suelo en un intento inútil de avanzar. Su respiración es errática, entrecortada por el pánico. Smith se acerca con pasos medidos, implacables, sin apartar la vista de su objetivo. El ca?ón del arma se alinea con su cráneo. Un último disparo a quemarropa silencia el pasillo.


    11:25:00 a.m.


    Smith se mantiene de pie en el centro del pasillo. Su respiración, antes errática, se estabiliza poco a poco, volviéndose pausada y controlada. No hay se?ales visibles de shock, culpa o arrepentimiento en su expresión. Sus ojos recorren lentamente la escena, deteniéndose en los cuerpos esparcidos en el suelo, en las manchas de sangre que se expanden con lentitud, en las sombras que parecen retorcerse al compás de las luces parpadeantes. Sin embargo, lo más inquietante no es la masacre en sí, sino lo que ocurre, o mejor dicho, lo que no ocurre, en las aulas cercanas.


    Detrás de las puertas cerradas, decenas de estudiantes continúan en sus pupitres, ajenos a la matanza que acaba de desarrollarse a pocos metros de distancia. No hay gritos, ni carreras, ni intentos de escapar. Tampoco hubo reacción cuando los chicos, en su desesperación, forcejearon con las manijas de las puertas buscando refugio. Ninguno de los alumnos dentro de las aulas pareció notar el eco de los disparos resonando en el pasillo, ni el sonido seco de los cuerpos desplomándose sobre el suelo de baldosas. Desde la perspectiva de la cámara, la escena es espeluznante: un aula tras otra, todas en completo silencio, como si los ni?os dentro estuvieran atrapados en otra realidad.


    Smith permanece inmóvil durante aproximadamente 30 segundos. Su mirada, antes fija en los cuerpos, se desliza ahora hacia las puertas cerradas. Su mandíbula se tensa ligeramente, pero no por el acto que acaba de cometer, sino por la desconcertante falta de respuesta del entorno. Es como si la realidad misma estuviera fracturada, como si este pasillo existiera en una dimensión distinta. Algo no encaja.


    Finalmente, Smith deja de contemplar la escena. Con el rostro desencajado respira pesadamente, mientras su mano derecha sigue empu?ando el arma de fuego como si la misma fuera su única aliada en este caos. Camina con pasos largos y torpes hacia el ba?o al final del pasillo. Su mirada es errática, como si estuviera buscando desesperadamente un lugar para esconderse. Las luces al final del pasillo, aunque aún parpadean, parecen más estables en esa área. Su silueta se va difuminando en la grabación mientras la cámara sigue captando el rastro de su paso: los cuerpos inmóviles, el charco de sangre en expansión y las luces parpadeantes que arrojan sombras irregulares sobre las paredes.


    Smith llega al ba?o con pasos apresurados. Se detiene frente a la puerta y, con manos temblorosas, mete la mano en su bolsillo, sacando un manojo de llaves. Su respiración es pesada, irregular. Mientras busca la llave correcta, sus ojos se mueven erráticamente, recorriendo el pasillo detrás de él con una urgencia creciente. Su postura rígida y los espasmos involuntarios en sus dedos reflejan un estado de tensión extrema, como si su cuerpo estuviera al borde de un colapso.


    Entonces, algo lo hace detenerse.


    Su cabeza se inclina apenas hacia la izquierda, como si hubiera captado un sonido imperceptible para la grabación. Su mirada se fija en el extremo del pasillo, más allá de los cuerpos inertes, más allá del campo de visión de la cámara. Lo que sea que haya visto, o sentido, no es visible en la imagen, pero su reacción es inequívoca. Su expresión se contrae en una mezcla de temor y urgencia. Su agarre sobre las llaves se vuelve torpe, metálico y entrecortado cuando intenta insertarlas en la cerradura.


    Con un gesto repentino y brusco, gira la llave correcta y abre la puerta del ba?o de golpe. Sin perder un segundo, se desliza dentro y la cierra tras él con un portazo seco y contundente. La cerradura gira de inmediato, asegurando la puerta desde el interior.


    La cámara sigue grabando el pasillo vacío. No hay nada visible en la dirección en la que Smith miró con tanto pavor. No hay sombras inusuales, ni movimiento en las aulas, ni evidencia de que algo, o alguien, lo haya seguido. Sin embargo, el ambiente sigue cargado de una extra?a opresión, como si la anomalía aún persistiera en los márgenes de lo perceptible.


    11:35:20 a.m.


    La grabación experimenta una distorsión anómala. La imagen se interrumpe por exactamente 19.8 segundos. Durante este periodo, no se registra ninguna actividad visual ni sonora. Cuando la grabación se reanuda, la cámara muestra el pasillo vacío una vez más. Todo parece calmo por un momento, aunque las luces continúan parpadeando de forma intermitente y la estática en la grabación sigue presente en peque?os intervalos. No hay se?ales de movimiento hasta varios minutos después, cuando las primeras voces comienzan a resonar en el ambiente.


    11:38:55 a.m.


    Tres estudiantes emergen del aula de arte, que se encuentra en el extremo opuesto del pasillo. Según los registros dejados por Jonathan Parker, se trata de tres ni?as de edades comprendidas entre █ y █ a?os. Estaban visiblemente aterradas, con las caras empapadas de lágrimas. Miran frenéticamente en todas direcciones, como si no supieran hacia dónde ir. Una de las ni?as, la más alta del grupo, se?ala hacia el ba?o, y las tres corren en esa dirección.


    Las tres ni?as llegan corriendo a la puerta del ba?o, intentan abrirla, pero descubren que está cerrada con llave. Una de ellas golpea la puerta repetidamente con la palma de la mano, mientras las otras dos miran hacia atrás, probablemente temiendo que algo o alguien las siga. La cámara no muestra presencia visible de ninguna otra persona, pero el comportamiento errático y aterrorizado de las ni?as sugiere que están huyendo de algo que no puede verse en la grabación.


    Las ni?as siguen golpeando la puerta del ba?o. Tras lo cual se capta gritos y sollozos. Entre los fragmentos inteligibles, se distingue una voz aguda repitiendo “?ábranos, por favor!”, y “?Estamos en la misma situación que ustedes, también queremos escondernos!”. No hay respuesta desde el interior del ba?o.


    Tras unos momentos, las tres se miran entre sí, aparentemente dándose cuenta de que nadie responderá. Sin más opciones, y con el terror apoderándose de ellas, salen corriendo en la dirección opuesta, alejándose rápidamente de la cámara y desapareciendo del ángulo de visión.


    <hr>


    Nota dejada por Jonathan Parker:


    <blockquote>


    Los sobrevivientes dentro del aula de arte presentan inconsistencias en sus relatos. La mayoría no recuerda haber escuchado los disparos ni los gritos de auxilio. Solo una estudiante, identificada como Emily ██████, proporciona detalles concretos sobre la secuencia de eventos, pero su testimonio confuso término lapidando el futuro del profesor Thomas Smith.


    Se hipotetiza que una “anomalía perceptiva” pudo haber afectado a los ni?os en menor medida debido a sufrir una posesión forzosa por parte de las sombras, distorsionando su capacidad de retención de los eventos. Emily ██████ es la única que menciona haber recibido una “advertencia” antes del ataque, aunque los detalles de esta afirmación son ambiguos. El resto de ni?os sobrevivientes que se encontraban en la clase de arte, no recordó este evento hasta que los entrevistadores se los mencionaron.


    Se cree que Emily ██████ logró sobreponerse a la posesión, dado que una criatura benefactora del otro mundo la protegió advirtiéndole del ataque.


    </blockquote>


    </td>


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