Un programa de cocina. Una chef androide, con brazos multiarticulados, preparaba un platillo usando ingredientes bioluminiscentes. La comida palpitaba suavemente bajo la luz ultravioleta mientras era decorada con precisión quirúrgica.
—Y voilà, queridos espectadores. ?Un festín para los sentidos y una orgía para las papilas gustativas!
Gómez arqueó una ceja. Su dedo se movió con desgana una vez más.
Un noticiero. Las noticias eran narradas por un avatar virtual con facciones dise?adas para ser universalmente provocativas. La voz andrógina decía:
—En el distrito Gamma-7, un grupo de activistas prosinteticos intentó sabotear el suministro de oxígeno premium de la capital marciana. Las autoridades neutralizaron la amenaza rápidamente. En otras noticias, la venta de mascotas traídas del otro mundo ha alcanzado un nuevo récord esta semana y se espera que muchos due?os comiencen a vender sus viejas mascotas, provocando un retroceso en el precio de muchos animales exóticos...
Gómez se quedó unos minutos atontado en la belleza del avatar hasta que finalmente salió el aturdimiento y su dedo se movió una vez más.
El canal cambió a una sala de chat en vivo. Decenas de hologramas de personas, todas alteradas con filtros que las hacían parecer dioses griegos o personajes de un videojuego, charlaban sobre banalidades. Una mujer con piel de obsidiana líquida y ojos dorados reía coquetamente con un hombre cuya cara parecía esculpida en mármol.
—No puedo creer que te hayas perdido la fiesta de anoche, Zeus. Fue... sublime.
—Lo sé, lo sé. Estaba con trabajo pendiente. Ocho horas seguidas corrigiendo exámenes de mocosos.
—?Eso es una locura! ?Cómo les fue?
—Mal. Bien. Llegó un punto en donde me olvidé que estaba corrigiendo exámenes y …
El desdichado dedo se movió con desgana una vez más.
De nuevo un comercial. Esta vez, para un nuevo tipo de estimulante emocional en formato de parche cutáneo. Una mujer sonriente lo aplicaba en su cuello y sus pupilas se dilataban instantáneamente mientras su sonrisa se convertía en algo casi espiritual.
—?No más tristeza! ?No más ansiedad! ?Solo éxtasis puro con Emotion+!
Gómez dejó caer la cabeza hacia atrás en el sillón. La luz de los hologramas bailaba sobre su rostro cansado. Su dedo aún se discutía si cambiar de canal o no.
—Todo es lo mismo —Murmuró.
Afuera, la ciudad brillaba con luces de neón y drones publicitarios que proyectaban imágenes que no resguardaban pudor alguno. Cerró los ojos por un momento, intentando silenciar el ruido interno y externo. Pero el silencio era aún peor. Era como si algo dentro de él estuviera desgarrándose lentamente, una grieta que crecía con cada canal que pasaba y caía en la realidad de que esta iba a ser su nueva vida de ahora en delante.
Finalmente, su dedo se movió casi que por cuenta propia, en un gesto de sacar a su due?o de la meditación depresiva en la que había caído.
El holograma cambió una vez más. Esta vez era una transmisión en vivo desde una fiesta privada en una de las torres más exclusivas del planeta tierra. Personas vestidas con trajes translúcidos danzaban bajo estalactitas de luces psicodélicas. En el centro, una figura alta y delgada con una máscara dorada elevaba las manos mientras una sustancia líquida, brillante y viscosa caía sobre los asistentes desde un domo en el techo.
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—Sean libres —Dijo la figura enmascarada, con una voz amplificada por altavoces —Sean ustedes mismos. No hay límites, no hay remordimientos, no hay pecados en esta casa.
Incomodado por la felicidad pasajera de estas personas, Gómez apagó el holograma de golpe. La habitación quedó en penumbras, iluminada solo por las luces distantes de la ciudad y el reflejo de los anuncios flotando en el cielo. Se quedó en silencio, sintiendo el peso de algo indefinible apretándole el pecho. Afuera, un dron publicitario pasó cerca de su ventana, proyectando una imagen resplandeciente de una modelo con ojos que parecían pozos sin fondo. Era perfecta. Su piel era un lienzo de porcelana, sin poros ni imperfecciones. Sus labios eran rojos, carnosos y simétricos, siempre ligeramente entreabiertos como si estuviera a punto de decir algo revelador o seductor. Pero lo que más llamaba la atención eran sus ojos: enormes, profundos, del color de un océano sintético que no reflejaba nada.
—?Eres feliz? —Preguntó la modelo al notar que Gomez la miraba fijamente, con un tono aterciopelado y carente de emoción.
La modelo inclinó la cabeza con una expresión que era a la vez tierna y distante. Una ligera brisa generada por el propio dron movió su cabello con una precisión coreografiada, haciendo que cada hebra brillara bajo un resplandor azulado.
El dron giró lentamente sobre sí mismo, proyectando en el aire una publicidad acerca de una playa paradisíaca. El agua era de un azul iridiscente, la arena blanca como el azúcar. Y allí, en medio de ese paraíso, estaba ella, caminando descalza con un traje de ba?o translúcido que parecía tejido de luz líquida. Cada paso dejaba una peque?a huella luminosa en la arena.
—La felicidad está al alcance de tu mano —Susurró la modelo, con los labios curvándose apenas en una sonrisa que no llegaba a sus ojos.
Al notar la indiferencia de Gomez, el dron se alejó, pero la imagen permaneció un instante más en el aire, suspendida como un espejismo que se niega a desvanecerse. Gómez se hundió un poco más en el sillón, mientras la ciudad seguía respirando a su alrededor, indiferente a su peque?o acto de desconexión.
—?Soy feliz? —Se preguntó Gómez en un susurro, casi temeroso de escuchar su propia voz en la penumbra de la habitación.
La pregunta flotó en el aire, pesada, pegajosa, como una telara?a invisible que no podía apartar de su mente. Sacudió la cabeza, como si pudiera deshacerse de la sensación con un simple movimiento, y volvió a encender el holograma. Su dedo se deslizó nuevamente, buscando algo, cualquier cosa, que lo sacara de ese agujero mental en el que había caído.
Las horas seguían resbalando como aceite sobre metal oxidado. Gómez apenas se daba cuenta de la transición entre un canal y otro. Su dedo seguía moviéndose con la misma desgana, tambaleándose en el aire con un aire de derrota. Los canales se deslizaban ante sus ojos con un desfile interminable de colores saturados, rostros falsos y frases vacías.
Su dedo se movió con desgana una vez más.
Un programa de debates emergió ante él. Cuatro hologramas de figuras perfectamente pulidas discutían con gestos apasionados sobre algo que Gómez no pudo identificar de inmediato. Uno se?alaba con el dedo, otro agitaba los brazos como un molinillo, pero sus palabras eran apenas ruido blanco entre efectos de sonido exagerados y gráficos explosivos que acompa?aban cada frase.
—El problema, querido colega, es que la sociedad ha olvidado el valor de la disciplina...
—?Eso son lo traumas de la dictadura! ?Lo que necesitamos es más libertad, no menos!
Gómez hizo una mueca, un debate alargado y falso no le llamaba su atención. Su dedo se movió con desgana una vez más.
Un comercial de una bebida energética explotó en el aire. Un hombre con músculos imposibles corría por un desierto bajo un cielo púrpura, perseguido por una tormenta eléctrica. Bebió un sorbo de la lata brillante y, de repente, el mundo a su alrededor se convirtió en una explosión de neón y adrenalina.
—?Libera al titán que hay en ti! —Gritó el narrador con voz rasposa.
—Cada día mas exagerados—Gómez bufó y volvió a cambiar el canal.
Una transmisión en vivo desde una playa artificial. Cientos de cuerpos bronceados y esculturales se retorcían al ritmo de una música electrónica que parecía dise?ada para hipnotizar cerebros con poca resistencia al aburrimiento. Gómez notó que todos los asistentes llevaban gafas de realidad aumentada y sonreían con una expresión casi idéntica, como si sus emociones estuvieran sincronizadas.
Su dedo se movió con desgana una vez más.