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El Ojo que Todo lo Ve (5)

    —?Observen, queridos espectadores, la precisión de la justicia en acción!—Exclamó el presentador, sus gestos amplificados por la emoción—Este centinela, una creación de la tecnología más avanzada de la verdadera humanidad, es la respuesta a los males que acechan en las profundidades de la gran ciudad. ?Con su presencia, mantenemos a raya el caos que los ha corrompido!


    —Más allá de las tonterías que dice este payaso, ?qué fue lo que ocurrió exactamente? —Preguntó Gómez, dirigiendo su mirada a Atlas; su paciencia claramente agotada.


    —El orden está asegurado, se?or —Respondió el androide, su voz grave y precisa, como la de un servidor bien programado.


    —Sí, eso lo estoy viendo... —Respondió Gómez, dándole un lento sorbo a su trago. Un suspiro cargado de resignación y aprobación escapó de sus labios. No le importaba el ruido que el presentador hacía ni las imágenes de desesperación. Lo que le interesaba era saber los detalles, los datos fríos que explicaban porque su simulación había sido arruinada por este grupo de delincuentes —?Pero por qué estás “cosas” atacaron específicamente este centro comercial?


    El androide no dudó ni un segundo en extender la mano, proyectando un holograma que mostraba una inteligencia artificial que narraba la misma noticia, pero con una seriedad que contrarrestaba la efusividad del presentador. Sus palabras eran precisas, frías, y narraban la secuencia de eventos con una claridad que dejaba poco espacio a la interpretación:


    —El intento de robo ocurrido hace apenas media hora fue frustrado por las fuerzas de seguridad tras una breve confrontación. Los responsables, un grupo de delincuentes pertenecientes a una organización clandestina llamada “Amigos del Cordero”, intentaron apoderarse de bienes de lujo y tecnología de alto costo. Las autoridades respondieron rápidamente y neutralizaron la situación, aunque la operación causó un fallo temporal en los sistemas de comunicación y otras plataformas digitales cercanas.


    El tono impasible de la IA cortaba la tensión de la sala como una hoja afilada. Pero fue en ese momento cuando algo en la proyección capturó la atención de Gómez, despertándolo de su letargo cínico. Sus ojos, hasta entonces apagados, se abrieron de par en par mientras la imagen holográfica ampliaba el emblema de la organización “Amigos del Cordero”. La sorpresa fue tan visceral que sus dedos se crisparon alrededor del vaso que sostenía.


    El emblema, un ojo abierto rodeado por una pirámide, lo dejó paralizado. La visión era familiar, demasiado conocida, y despertaba ecos de memorias que preferiría mantener enterradas. Ese símbolo no era uno cualquiera: ?Era el mismo que representaba a la Fundación! Pero, ?qué hacía este símbolo siendo usado por una banda de delincuentes? La pregunta latía en su mente como un tambor que presagiaba el desastre.


    Mientras la imagen seguía proyectándose, Gómez no pudo evitar repasar mentalmente los archivos, los nombres y las operaciones en las que se había topado con ese mismo símbolo. Cada vez que el emblema aparecía, dejaba un rastro de eventos inexplicables y consecuencias impredecibles. Ahora, al verlo asociado a un simple intento de robo en un centro comercial, su mente se resistía a aceptar la coincidencia.


    —Las autoridades han asegurado que la situación está bajo control. Los “Amigos del Cordero” fueron capturados y no se reportan víctimas fatales, aunque los da?os materiales son significativos —Continuó la voz del holograma, sin variar en su tono monótono.


    Gómez dejó el vaso en la mesa, el golpe seco resonando como una declaración. Sus ojos aún estaban fijos en el símbolo, como si buscaran arrancarle respuestas con la fuerza de su mirada. La realidad era que ese símbolo podía encontrarse en múltiples lugares: grafitis, artículos de conspiración, incluso en antiguas obras de arte. Sin embargo, verlo aquí, en un contexto tan inesperado, reavivaba la duda. La coincidencia era una excusa que no estaba dispuesto a aceptar.


    —Atlas —Dijo finalmente, su voz grave, pero controlada— ?Qué sabes sobre esa “tecnología de alto costo” que intentaron robar los “Amigos del Cordero”?


    Atlas apagó el holograma que su mano proyectaba y giró ligeramente la cabeza en dirección a su due?o, sus ojos metálicos brillando con la fría luz del ambiente.


    —El dispositivo que estaban intentando robar es utilizado para crear sistemas de mensajería privada a escala planetaria —Respondió el androide, su voz clara y precisa como siempre.


    Gómez frunció el ce?o, como si tratara de encajar todas las piezas del rompecabezas.


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    —?Sistemas de mensajería privada? ?Para qué necesitan las “cosas” algo así? Tengo entendido que el gobierno no censura sus redes sociales, más bien las fomenta para mantenerlos entretenidos y controlados—Preguntó, su tono cargado de escepticismo.


    Atlas asintió con la misma calma de siempre, sin un atisbo de emoción en su respuesta.


    —Estos dispositivos permiten a las industrias gestionar la comunicación interna de sus empleados, proteger mensajes confidenciales y compartir información sin riesgo de filtraciones. Por ejemplo, se usan para proteger las comunicaciones sensibles que involucran datos privados de clientes y prototipos de productos —Atlas hizo una breve pausa antes de continuar— El dispositivo en cuestión que estaba en el centro comercial no era diferente. Estaba siendo reacondicionado en una de las tiendas del complejo, aparentemente una actualización estándar.


    Gómez apretó los dientes, su mente de agente recorriendo rápidamente las posibilidades. La idea de una red privada de alta seguridad no le era ajena, pero que un grupo de delincuentes hubiera atacado específicamente por algo así no le cuadraba. No era el tipo de objetivo que normalmente tomaría un grupo centrado en la idea de obtener ganancias.


    —?Cómo se enteraron de que el dispositivo se encontraba actualizándose en este centro comercial? —Preguntó, una nota de curiosidad en su voz. Gómez, acostumbrado a manejar información, no podía evitar pensar en las conexiones y los peque?os detalles que a menudo se escapaban a los ojos de los demás.


    Atlas inclinó la cabeza ligeramente, procesando la pregunta antes de ofrecer una respuesta.


    —Según los informes oficiales, los “Amigos del Cordero” poseían información privilegiada sobre el dispositivo. La fuente de esta información fue identificada y neutralizada, se menciona que la base de datos y el sistema de comunicaciones utilizado por el centro comercial fue hackeado unas semanas antes del incidente. Durante ese tiempo, se filtraron detalles sobre el reacondicionamiento del aparato, lo que permitió que el grupo planeara su ataque.


    —?Y eso es todo lo que saben las autoridades? —Preguntó Gómez, con un tono más grave, como si estuviera buscando una verdad oculta que nunca llegaba.


    Atlas, siempre eficiente, mantuvo su tono impersonal.


    —Sí, se?or. Eso es todo lo que ha sido informado hasta el momento. Los detalles sobre cómo los “Amigos del Cordero” lograron el acceso al centro comercial o sus posibles conexiones con otros grupos no han sido divulgados.


    Gómez frunció el ce?o. La descripción parecía banal a simple vista, pero él sabía que en los detalles más mundanos se escondían las verdaderas implicaciones. La Fundación nunca se asociaría a algo tan simple como un aparato de mensajería interna, a menos que hubiera un propósito más profundo detrás. Sin embargo, la posibilidad de que este robo estuviera encubriendo algo más, algo que ni las autoridades ni la prensa hubieran comprendido, era muy poco plausible.


    —?Hay más detalles? —Preguntó, aunque su tono dejaba claro que no esperaba mucho más de la burocracia de la información pública.


    —Eso es todo lo informado por las autoridades —Respondió Atlas, sin inflexión, pero con la eficiencia que se esperaba de él.


    Gómez se reclinó en el sillón, cerrando los ojos un momento mientras las luces del holograma parpadeaban a su alrededor. Su mente trabajaba a toda velocidad, conectando puntos en un mapa mental que pocos entendían. Los “Amigos del Cordero” ahora se revelaban como algo más que simples agitadores sociales y la presencia del símbolo de la Fundación elevaba las implicaciones a un nivel que pocos comprendían.


    Pero el enigma seguía sin resolverse. ?Era este un intento fallido de vincular a la Fundación con un acto de vandalismo menor para da?ar su imagen? Es posible ?O acaso la organización misma estaba perdiendo su sutilidad, exponiéndose a plena luz del día? No muy probable. La existencia de un grupo clandestino operando por la fundación en los niveles más profundos de la Tierra era más que posible. Pero era improbable que usen su símbolo tan abiertamente. Ningún grupo clandestino sería tan descuidado a menos que buscara llamar la atención deliberadamente.


    Gómez dejó escapar un suspiro, uno que contenía más preguntas que respuestas. Sus días de agente habían terminado hacía menos de unas horas, pero la inquietud por descubrir las verdades nunca lo había abandonado del todo. Miró a Atlas, que seguía allí, inmóvil, pero atento, y pensó en las implicaciones de una verdad oculta tras capas de espectáculo y desinformación.


    Apretó los labios y se recostó en el sillón, sumido en sus pensamientos. Le gustaba mantener la ilusión de seguir siendo un “agente”, aunque fuera solo por unos minutos. No le sorprendía que las autoridades ocultaran parte de la verdad; la información sensible rara vez se compartía con el público.


    —Atlas, ?qué opinas de esto? —Preguntó sin esperar una respuesta significativa.


    El androide giró su cabeza de forma sutil, sus ojos luminosos parpadeando con un destello de reconocimiento: — La situación está bajo control, las probabilidades de más disturbios en esta área han disminuido en un 99% desde que las fuerzas de seguridad tomaron el control.


    —Espero que así sea —Respondió Gómez, su voz cargada de indiferencia. Volvió a fijar la mirada en la pantalla, observando cómo el presentador seguía su show, cada vez más pomposo y exagerado. Un suspiro escapó de sus labios mientras pensaba en lo “corta” que había sido su vida como agente, en aquellos días en que investigaba los oscuros recovecos de la sociedad, buscando lo que se ocultaba en las sombras. Ya no tenía sentido seguir haciéndolo; ahora eran otros los que debían encargarse de esa tarea en su lugar.
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