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Capitulo 13. Fragilidad

    El pueblo bullía bajo el cielo azul y la suave capa de nieve que cubría los tejados. Las calles estaban llenas de vida, con personas cargando bolsas repletas de regalos y sonrisas brillando en sus rostros. Sin embargo, para Liora, ese día parecía estar desprovisto de alegría. La melancolía la había seguido como una sombra persistente, indiferente al bullicio de Hollow Creek.


    Liora estaba sentada en una peque?a cafetería en la esquina más concurrida del pueblo. Su cabello dorado reflejaba la luz que se filtraba por los ventanales, y sus ojos celestes, normalmente chispeantes, estaban cargados de una mezcla de duda y nostalgia. Frente a ella, una taza de chocolate caliente dejaba escapar un hilo de vapor que subía suavemente hacia el techo, como si intentara disipar la tristeza que pesaba sobre ella.


    A través del cristal empa?ado, observaba cómo la gente se apresuraba por las calles, sus risas y conversaciones creando un eco lejano. Pero su mente estaba en otro lugar. Una imagen persistía en sus pensamientos: los ojos dorados de Zyriel, la forma en que la miraban, como si ella fuera el único destello de luz en su mundo sombrío.


    Liora (pensando):"El corazón se me acelera cada vez que recuerdo la forma en que me mira".


    El tintineo de la campanilla sobre la puerta interrumpió sus pensamientos. Levantó la vista de inmediato, y allí estaba él. Zyriel entró con su paso firme, su figura alta y presencia imponente destacando entre los demás. Llevaba un abrigo oscuro que le daba un aire distante, pero sus ojos dorados buscaban algo... o a alguien. Sus miradas se encontraron, y en ese instante, todo lo demás pareció desvanecerse. El bullicio del pueblo quedó atrás, como si el tiempo se hubiera detenido solo para ellos.


    Liora (con una sonrisa ligera, intentando disimular su alegría): “Llegas tarde.”


    Zyriel (arqueando una ceja mientras se sienta): “No recuerdo haber hecho una cita.”


    Liora (bajando la mirada, avergonzada): “Sé que deberías estar con tu familia, pero... no sabía a quién más acudir.”


    Zyriel extendió su mano y cubrió las de ella con suavidad. La frialdad de sus dedos contrastaba con el calor de la cafetería.


    Zyriel: “Tranquila, no pasa nada. Dime, ?qué es lo que pasa?”


    Liora alzó los ojos, y él notó cómo las lágrimas comenzaban a acumularse en ellos.


    Liora (con la voz quebrándose): “En estos días... he sentido un vacío enorme en mí. No sé por qué... ni siquiera tengo palabras para explicarlo.”


    Zyriel sintió un estremecimiento en su pecho al escucharla. Algo dentro de él, algo que siempre había mantenido enterrado, se agitó con fuerza. Quiso decir algo, pero las palabras lo traicionaron. Se levantó sin decir nada y se movió a su lado. Cuando estuvo junto a ella, la envolvió en sus brazos con fuerza, dejando que apoyara su cabeza contra su pecho.


    Zyriel (en sus pensamientos):"Eres tan frágil y delicada... pero también eres la luz que me está quebrando. Si supieras lo que en verdad soy, ?seguirías buscándome?"


    Zyriel (en voz baja, acariciando su cabello): “Tranquila. Todos pasamos por esto. Tienes solo doce a?os, no tienes por qué entenderlo todo ahora.”


    Liora (susurrando mientras lo abraza): “Lo sé, solo que estoy cansada de sentirme perdida. Es tan frustrante...”


    Zyriel apretó ligeramente sus brazos alrededor de ella, como si intentara protegerla de sus propios pensamientos. Miró hacia el ventanal empa?ado, sintiendo el peso de algo que no podía explicar. Pero en el fondo de su mente, una sombra persistía, recordándole su verdadera naturaleza y las consecuencias de sus decisiones.


    Zyriel (pensando): "No pertenezco a este lugar, pero ella hace que quiera quedarme. Esto no puede durar... pero por ahora, no quiero soltarla."*


    Zyriel: “?Te gusta patinar?”


    Liora (levantó la vista, parpadeando): “Nunca lo he hecho.”


    Zyriel sonrió, un gesto raro en él, pero que iluminó su rostro por un momento.


    Zyriel: “Entonces salgamos de aquí.”


    El trayecto al lago fue breve, pero lleno de peque?os momentos. Liora hablaba del bullicio del pueblo y de cómo extra?aba los días tranquilos junto a sus padres. Zyriel la escuchaba, asintiendo de vez en cuando, pero sin apartar la vista de su entorno, siempre alerta. Cada sombra que veía a lo lejos le hacía tensarse ligeramente. Aunque intentaba disimularlo, el miedo de que algo o alguien los estuviera observando era constante.


    El lago, ahora congelado, estaba rodeado de familias y ni?os que reían mientras se deslizaban sobre el hielo. Zyriel la ayudó a ponerse los patines con cuidado antes de colocarse los suyos. Cuando comenzó a deslizarse con facilidad sobre el lago, Liora se quedó en la orilla, indecisa.


    Zyriel (patinando hacia ella): “?Puedes sola?”


    Liora negó con la cabeza, sintiéndose un poco avergonzada. Sin decir nada, Zyriel tomó su mano y entrelazó sus dedos con los de ella.


    Zyriel (con una leve sonrisa): “Tranquila. Déjamelo a mí.”


    Se colocó detrás de ella, posando sus manos en sus hombros mientras comenzaban a deslizarse lentamente. La diferencia de altura entre ellos era evidente, y Liora sintió el calor de su cercanía. Su rostro se sonrojó, pero no apartó la mirada del hielo que brillaba bajo sus pies.


    Ambos avanzaron con cuidado, y aunque sus movimientos eran torpes al principio, poco a poco encontraron un ritmo. Las risas de los demás parecían lejanas mientras compartían ese momento, un instante en el que el mundo exterior no importaba.


    Zyriel (en sus pensamientos): "Estoy cometiendo un error. Pero si esto es un error, no quiero corregirlo."


    Liora no pudo evitar sonreír. A pesar del vacío que había sentido al inicio del día, ahora su corazón estaba lleno de algo nuevo.


    Sin embargo, mientras giraban suavemente en el hielo, una figura oscura observaba desde la línea de árboles más allá del lago. Ojos fríos brillaron un instante antes de desvanecerse entre las sombras. Y en ese momento, en el hielo bajo el cielo invernal, ambos encontraron algo que ni siquiera sabían que estaban buscando. Pero también, sin saberlo, habían atraído la atención de aquello que Zyriel temía.


    La sala oscura parecía latir al ritmo de las llamas que iluminaban los símbolos arcanos grabados en las paredes. Adán inclinaba la cabeza sobre un mapa del multiverso, sus ojos brillando con una emoción calculada. Ante él, un mensajero demoníaco mantenía una postura de sumisión, aunque una ligera tensión en sus hombros delataba el temor.


    Mensajero: “La ni?a ha sido localizada en un pueblo humano llamado Hollow Creek. Sus poderes aún no han despertado.”


    Adán (levantó la vista con una sonrisa cruel): “Perfecto. Asegúrate de que nuestros mejores cazadores estén listos. Si despertamos sus poderes antes de tiempo, podríamos controlarla... o destruirla.”


    El mensajero desapareció en un torbellino de llamas, dejando a Adán solo. Caminó hacia un altar en el centro de la habitación, donde una proyección del rostro de Liora flotaba, atrapada entre lenguas de fuego que parpadeaban inquietas.This book''s true home is on another platform. Check it out there for the real experience.


    Adán (susurrando): “Pronto, peque?a princesa. Tu luz será el arma que destruya todo lo que amas.”


    En el gran salón del castillo de Infernus, las voces resonaban como truenos. Cada raza aliada discutía estratagemas con una ferocidad que rivalizaba con las propias llamas del inframundo. En el centro, sentado en su trono oscuro, Luciferis los observaba con impaciencia, su rostro tan inmóvil como una estatua.


    Lord Drakos Sangreyel: “Yo digo que busquemos a la ni?a y la manipulemos para que pelee con nosotros.”


    Zarath (con un tono despreocupado): “?Por qué no simplemente matarla? Al final, ella es el problema.”


    Magnus: “No, no. Lo mejor sería eliminar al rey y dejar al reino sin líder.”


    El sonido de un golpe seco resonó por toda la sala. Luciferis había golpeado el brazo de su trono con una fuerza que hizo temblar las paredes. Su mirada oscura recorrió a cada uno de los presentes, silenciándolos al instante.


    Luciferis: “?Cuánto más parloteo creen que soportaré? No podemos matar a la ni?a porque nadie sabe dónde está. Hemos buscado por a?os y sigue siendo un fantasma.”


    El silencio era palpable hasta que Nyx Umbra, una demonio de belleza letal, se levantó y se acercó al trono con movimientos calculadamente elegantes. Su mano acarició el torso de Luciferis, su voz cargada de un veneno seductor.


    Nyx: “Tranquilo, mi se?or. Todos queremos terminar esta absurda guerra. Pero quizás, si no hubieras retirado a tus hombres...”


    La frase quedó inconclusa cuando Luciferis reaccionó con una rapidez devastadora, atrapando el cuello de Nyx con una mano. Los presentes contuvieron el aliento, observando cómo la mujer se retorcía bajo su agarre.


    Luciferis: “?Te atreves a cuestionarme? Si lo haces de nuevo, será la última vez que hables.”


    Soltó a Nyx, quien cayó al suelo tosiendo, mientras el rey demonio se ponía de pie con una presencia aplastante.


    Luciferis: “Seguiremos atacando los reinos. La reina ha caído, y eso nos da una ventaja. Enviaremos a nuestros mejores guerreros. Ese trono será mío, aunque deba exterminar a todas las razas del universo.”


    Lord Drakos Sangreyel intentó hablar, pero Luciferis se movió a una velocidad imposible, enfrentándolo cara a cara.


    Luciferis (susurrando con una furia helada): “No me importa si necesito destruirlos a todos. Ese trono será mío.”


    Drakos solo asintió con miedo, incapaz de sostener su mirada.


    El ambiente ya tenso se cargó aún más cuando Adán hizo su aparición, inclinándose ante Luciferis.


    Adán: “Mi se?or, su hermano ya ha llegado.”


    La gran puerta se abrió con un rechinar, y Zyriel entró con una sonrisa relajada, sus pasos resonando en el eco de la sala. Su porte contrastaba con la gravedad de la reunión.


    Zyriel: “Veo que han comenzado sin mí.”


    Luciferis lo fulminó con la mirada, su paciencia ya desgastada por la discusión anterior.


    Luciferis: “?Dónde demonios has estado?”


    Zyriel levantó las cejas, adoptando un aire despreocupado que exasperaba aún más a su hermano.


    Zyriel: “Asuntos personales. No creí que necesitara tu aprobación para moverme.”


    El resto de los presentes observaba con curiosidad, pero no se atrevían a interrumpir. Luciferis, consciente de las miradas, controló su tono.


    Luciferis (con los dientes apretados): “Habla claramente. ?Qué has estado haciendo?”


    Zyriel sonrió con picardía, desviando la atención con un comentario casual.


    Zyriel: “Digamos que explorando. El multiverso es vasto, hermano, y hay rincones que merecen atención.”


    Luciferis no estaba satisfecho, pero el peso de las miradas lo obligó a contenerse. Dio por terminada la reunión con un gesto brusco.


    Luciferis: “La junta ha terminado. Todos fuera.”


    Uno a uno, los demonios y aliados se retiraron, dejando solos a los dos hermanos en la inmensidad del salón.


    Cuando la última figura desapareció por la puerta, Luciferis giró rápidamente hacia Zyriel, cerrando la distancia entre ellos con pasos firmes. Sus ojos, normalmente fríos, ardían con una intensidad peligrosa.


    Luciferis: “Dime la verdad, Zyriel. ?Qué estabas haciendo con ella?”


    Zyriel alzó la cabeza con una ligera sonrisa que apenas ocultaba su desafío. Sus ojos dorados brillaron con algo más, una chispa de emoción que intentaba controlar.


    Zyriel: “Nada que te importe, hermano. Solo estaba asegurándome de que estuviera bien.”


    El tono casual encendió algo en Luciferis. Cada palabra de Zyriel era como una aguja clavándose en su control.


    Luciferis: “?Estar bien? ?Desde cuándo te interesa su bienestar?”


    Zyriel cruzó los brazos, alejándose un paso para calmar el aire opresivo que los rodeaba.


    Zyriel: “Siempre me ha importado. Alguien tiene que protegerla, ?no crees?”


    Luciferis avanzó de nuevo, la furia contenida burbujeando en cada movimiento.


    Luciferis: “No juegues conmigo. Ella está bajo mi protección, y no necesito que interfieras.”


    Zyriel sostuvo su mirada, pero dentro de él, algo se agitaba. No era solo el deseo de desafiar a Luciferis; era algo mucho más complejo, algo que apenas empezaba a comprender.


    Zyriel: “?Protección? ?Es eso lo que crees que haces? Porque desde aquí parece más una obsesión.”


    Luciferis sintió que las palabras perforaban una verdad que no quería admitir.


    Luciferis retrocedió un paso, apretando los pu?os mientras intentaba mantener el control de sus emociones.


    La mirada de su hermano lo desafiaba, y aunque sus palabras habían sido pocas, había algo en el tono de Zyriel que encendía una furia peligrosa.


    Luciferis: No importa lo que pienses. Ella no es más que una herramienta, y si debo destruirla para ganar esta guerra, lo haré.


    Por primera vez, Zyriel dejó caer su sonrisa despreocupada. Su rostro se endureció, y en sus ojos dorados brilló una emoción que Luciferis no pudo descifrar del todo, pero que lo inquietó profundamente.


    Zyriel: No te atrevas a tocarla.


    La declaración cayó como un golpe en la sala vacía. La tensión entre los dos hermanos era casi palpable, una fuerza invisible que amenazaba con desbordarse. Luciferis entrecerró los ojos, estudiando a Zyriel con renovada sospecha.


    Luciferis: ?Qué es ella para ti, Zyriel? ?Por qué estás tan dispuesto a enfrentarte a mí por una simple humana?


    Por un momento, Zyriel no respondió. Bajó la mirada, como si estuviera reuniendo las palabras correctas, pero cuando volvió a alzar los ojos, su expresión estaba llena de una convicción inquebrantable.


    Zyriel: Ella no es una simple humana. Es mucho más de lo que tú podrás entender jamás.


    Luciferis sintió cómo esas palabras se clavaban en él como una daga. La idea de que su hermano sintiera algo tan profundo por Liora lo enfurecía y al mismo tiempo lo llenaba de una oscura inquietud. Cuando Zyriel se dio la vuelta para marcharse, Luciferis habló una vez más, su voz baja, casi un susurro.


    Luciferis: No te enamores de ella, Zyriel. Nos destruirá a todos.


    Zyriel se detuvo por un instante, sus hombros tensándose ante las palabras. Apretó los pu?os, luchando por mantener la calma mientras sus pensamientos giraban en un torbellino.


    Zyriel (pensando): "?Enamorarme? No puede ser... pero cada vez que estoy con ella, siento que el mundo se detiene. No quiero admitirlo, pero Liora es más que alguien a quien proteger."


    Finalmente, sin volverse, respondió con un tono firme que no dejaba lugar a dudas.


    Zyriel: “Eso... es algo que solo yo decidiré.”


    Con pasos decididos, salió del salón, dejando a Luciferis sumido en una tormenta de pensamientos oscuros.


    Zyriel caminaba rápidamente por los pasillos oscuros del castillo, pero su mente no estaba allí. Las palabras de Luciferis resonaban en su cabeza, mezclándose con las imágenes de Liora: su risa, su luz, la manera en que lo miraba como si pudiera ver algo más allá de su fachada. Cada pensamiento lo llevaba más profundamente a un abismo que no estaba seguro de poder evitar.


    Zyriel (pensando): "Liora... No sé cuándo comenzó esto. Pero si alguien intenta lastimarte, incluso si es él, daré todo para protegerte. Incluso mi vida."


    Deteniéndose frente a una ventana, observó el paisaje oscuro más allá del castillo. Las estrellas titilaban débilmente, y por un momento, se preguntó si Liora también estaría mirando el cielo, tan lejos de ese lugar. Cerró los ojos, dejando escapar un suspiro profundo.


    Zyriel (pensando): "Estoy cometiendo un error. Pero si esto es un error, no quiero corregirlo."


    En el salón vacío, Luciferis permaneció inmóvil, mirando la puerta por donde había salido su hermano. Sus pensamientos eran un caos, una mara?a de celos, frustración y algo más profundo que no podía nombrar.


    Luciferis (pensando): "Ella me pertenece. Le hice una promesa. Prometí protegerla, mantenerla a salvo. Pero ahora... todo está escapando de mi control."


    El recuerdo de Liora, tan luminosa y diferente, se entrelazó con la imagen de Zyriel, desafiante y decidido. La idea de que su hermano pudiera tener sentimientos por ella lo llenaba de una furia oscura, pero también de una sensación de amenaza que no podía ignorar.


    Luciferis (pensando): "No importa cuánto intentes interponerte, Zyriel. Yo le hice esa promesa. Si es necesario, te apartaré de su camino, incluso si eso significa destruirte."


    El aire alrededor de Luciferis parecía volverse más denso mientras su determinación crecía. En su mente, Liora seguía siendo la clave, no solo para su victoria, sino también para algo que no estaba dispuesto a admitir. Y si Zyriel se interponía, no habría misericordia.


    Luciferis (en voz baja): Ella será mía. No importa el precio.
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