《The Dawn and Dusk of the Multiverse (español)》 Cap铆tulo 1: El inicio de un Destino La luz de la luna cae suavemente sobre el sal¨®n del Trono, haciendo brillar las paredes de m¨¢rmol blanco y los grabados color dorado que cuentan las glorias del pasado. Las voces de los c¨¢nticos angelicales llenan el aire con una paz casi tangible, pero Selene no puede apartar los ojos de su hija. Liora, tan peque?a y fr¨¢gil, duerme en una cuna adornada con plumas doradas y estrellas talladas en crisital. Su resporaci¨®n es pausada, y un destello de luz parece emanar de su piel, una se?al de su linaje ¨²nico Selene (pensando): "Mi peque?a estrella... ?Qu¨¦ futuro te espera? Tanto amor y tanto peligro te rodean ya, y apenas acabas de llegar al mundo." A su lado, Aurelion, con la postura erguida de un rey pero los ojos suaves de un padre, posa una mano en su hombro Aurelion: "Amor, ella no solo es nuestra hija. Es el futuro de Celestia y de todos los reinos. Mira a nuestro alrededor incluso en tiempos dif¨ªciles, su luz trae esperanza." Selene (sonriendo, aunque un temor llega a su mente): "Lo s¨¦. Pero, Cari?o... ?Y si no podemos protegerla? La oscuridad no ha desaparecido, solo ha sido contenida." Antes de que Aurelion pueda responder, un hada con cabello iridiscente se acerca a la cuna, sosteniendo un frasco de cristal lleno de polvo brillante. Hada: "Majestades, este polvo contiene la esencia de las estrellas m¨¢s antiguas. Su luz guiar¨¢ a la princesa en los momentos m¨¢s oscuros, como un faro que nunca se apaga." Selene toma el frasco con gratitud, pero no aparta la mirada de Liora, pregunt¨¢ndose si este peque?o s¨ªmbolo de protecci¨®n ser¨¢ suficiente. Bajo el disfraz de un guardi¨¢n, sus ojos no abandonan a la peque?a princesa. Su mand¨ªbula est¨¢ tensa, y sus manos permanecen cerradas en pu?os ocultos bajo el manto que lo cubre. Luciferis (pensando): "Esto no es lo que hab¨ªa planeado... Pero si ella vive, el poder que tanto he buscado obtener ser¨¢ imposible de alcanzar. ?Por qu¨¦ tiene que ser as¨ª?" El eco de su propia mente es ensordecedor mientras lucha contra las emociones que lo consumen. Una parte de ¨¦l quiere darse la vuelta, marcharse, abandonar este acto antes de que sea demasiado tarde. Pero algo m¨¢s, algo m¨¢s oscuro y antiguo, lo empuja hacia adelante. Luciferis (pensando, con desesperaci¨®n): "No tengo elecci¨®n. La profec¨ªa no se equivoca. Pero... ?por qu¨¦ tiene que ser ella?, ella tan solo es una beb¨¦" El silencio de la noche envuelve a Celestia, mientras atraviesa los pasillos dorados, que ahora parecen fr¨ªos y vac¨ªos. Cada paso que da lo acerca a la habitaci¨®n de la princesa, y con cada paso, la culpa crece dentro de ¨¦l. Al entrar en la habitaci¨®n, su mirada se posa en la cuna. Liora duerme tranquila, ajena al peligro que se cierne sobre ella. Una ola de emociones lo golpea. Luciferis (pensando): "?Es esto realmente lo correcto? Ella no tiene la culpa. Pero... si la dejo aqu¨ª, todo lo que he planeado ser¨¢ en vano." Se acerca, sus manos temblando mientras invoca un portal oscuro. Las sombras comienzan a arremolinarse en el aire, movi¨¦ndose con un murmullo como si supieran lo que est¨¢ por ocurrir. Luciferis (susurrando): "Lo siento, peque?a luz. Esto no deber¨ªa ser tu destino, pero no tengo elecci¨®n." Con un gesto r¨¢pido, las sombras envuelven a Liora, silenciando su respiraci¨®n tranquila. Antes de cruzar el portal, Luciferis se detiene y mira la cuna vac¨ªa. Luciferis (con un susurro apenas audible): "Adi¨®s, peque?a luz. Un escalofr¨ªo le recorre el cuerpo a Selene mientras se dirige al cuarto de su hija. Su coraz¨®n se detiene por un instante al ver la cuna vac¨ªa, un grito desgarrador escapa de sus labios Selene: "?No! ?No puede ser! ?Mi beb¨¦!" El eco de su voz resuena por todo el palacio, rompiendo la paz que hab¨ªa reinado durante la noche. Aurelion aparece corriendo, con los ojos llenos de alarma. Aurelion: "Selene, ?qu¨¦ ocurre?" Pero al ver la cuna vac¨ªa, su expresi¨®n cambia a puro horror. Selene (sollozando, aferr¨¢ndose a la cuna): "Se la llevaron, Aurelion... nuestra ni?a... ?Encu¨¦ntrala, por favor!" Aurelion mira al cielo, su furia desbord¨¢ndose. Aurelion (gritando): "?Convoco a todos los guardianes! ?Que se preparen para buscarla! ?Juro que no descansaremos hasta traerla de vuelta!" El aire del palacio, antes vibrante con luz, se oscurece mientras el dolor y la desesperaci¨®n se apoderan de todos. La esperanza que Liora representaba parece haberse desvanecido con ella, dejando solo el eco del sacrificio y las sombras del destino por venir. El amanecer ba?a el tranquilo pueblo de Hollow Creek en tonos rosados y dorados. Las peque?as casas de madera a¨²n exhalan humo por sus chimeneas, recordando el calor de la noche anterior. En las escaleras del viejo orfanato, algo rompe la rutina habitual del pueblo: una beb¨¦ envuelta en una manta decorada con s¨ªmbolos extra?os yace tranquilamente, como si el mundo hubiera decidido protegerla en aquel lugar. Marianne detiene su paso cuando sus ojos captan la figura. Una mezcla de curiosidad y preocupaci¨®n la invade.Did you know this text is from a different site? Read the official version to support the creator. Marianne (deteni¨¦ndose, se?alando): "Edward... ?ves lo que yo veo?" Edward frunce el ce?o al seguir la mirada de su esposa. Al principio, piensa que es un juego de luces del amanecer, pero su coraz¨®n se acelera al distinguir el peque?o cuerpo. Edward: "?Un beb¨¦? ?Quien la habra dejado aqu¨ª?" La mujer no espera una respuesta. Se acerca, sus pasos resonando en las escaleras de madera, y se agacha con delicadeza. Cuando sus manos rozan la manta para descubrir el rostro de la ni?a, siente algo que no puede explicar. Marianne (susurrando): "Es tan c¨¢lida... incluso en este fr¨ªo." Edward, algo m¨¢s reservado, se mantiene a unos pasos, observando la escena con cautela. Edward: "Marianne, no sabemos de d¨®nde vino. Puede que alguien la est¨¦ buscando." Pero Marianne ya est¨¢ perdida en los ojos celestes de la beb¨¦. Una emoci¨®n inexplicable la inunda, como si aquella peque?a vida estuviera destinada a cruzarse con la suya. Marianne (con voz suave): "Mira, Edward... sus ojos. Son como el agua cristalina, pero m¨¢s... m¨¢s profundos." Edward da un paso adelante, mirando a su esposa con una mezcla de resignaci¨®n y ternura. Reconoce esa expresi¨®n en su rostro, una determinaci¨®n que no aceptar¨ªa un "no" como respuesta. Edward (suspirando): "De acuerdo, pero debemos ir al orfanato primero. Tal vez alguien est¨¦ busc¨¢ndola." Marianne asiente, pero en su coraz¨®n ya sabe la verdad. Esta ni?a no pertenece a nadie m¨¢s. Es como si la hubieran dejado all¨ª para que ellos la encontraran. La directora del orfanato los recibe con sorpresa al verlos entrar con una beb¨¦ en brazos. Tras buscar en los registros y consultar con los dem¨¢s, confirma que no hay informes de ning¨²n ni?o perdido o abandonado recientemente. Marianne, emocionada, toma la iniciativa. Marianne: "Se llamar¨¢ Liora. Escuch¨¦ ese nombre en un sue?o hace a?os... Significa ''luz'', ?verdad?" Edward, que ha estado observando c¨®mo Marianne acaricia suavemente el rostro de la ni?a, no puede evitar sonre¨ªr. Edward (asintiendo): "Un nombre perfecto para alguien tan especial." Mientras la pareja conversa con la directora sobre los tr¨¢mites de adopci¨®n, una presencia silenciosa los observa desde la distancia. Oculto en las sombras, sus ojos brillan con una mezcla de nostalgia y melancol¨ªa. Luciferis, disfrazado de un simple aldeano, fija su mirada en la beb¨¦. La luz que emana de ella contrasta con las sombras que lo rodean. Luciferis (pensando): "Es mejor as¨ª... lejos de Celestia. Pero... ?por cu¨¢nto tiempo tardar¨¢ en que sus poderes despierten?" Un suspiro se escapa de sus labios antes de darse la vuelta y desaparecer entre las sombras del bosque. En el coraz¨®n de Celestia, el Sal¨®n del Consejo estaba sumido en una penumbra que parec¨ªa absorber incluso la luz natural que normalmente lo llenaba. Las paredes de cristal, que sol¨ªan reflejar los destellos del Trono Dorado, ahora proyectaban sombras inquietantes. Aurelion, de pie al centro del sal¨®n, parec¨ªa una figura de m¨¢rmol: inm¨®vil y con la mand¨ªbula tensa. Sus ojos, normalmente brillantes como el cielo despejado, estaban oscuros, llenos de rabia contenida. Aurelion: "?C¨®mo es posible que alguien se infiltrara aqu¨ª? ?Mi hija estaba bajo la protecci¨®n de todos nosotros!" Su voz reson¨® como un trueno, haciendo eco en las altas columnas del sal¨®n. Los l¨ªderes de las razas aliadas, convocados de urgencia, guardaron silencio. Ninguno osaba mirar directamente al rey. Un elfo anciano, con cabello plateado y una t¨²nica adornada con hojas de oro, dio un paso adelante. Elfo Anciano (con tono grave): "Majestad, las defensas de Celestia no han sido violadas en siglos. Esto no pudo ser obra de un simple intruso... Solo alguien con un poder inmenso podr¨ªa haber burlado nuestras barreras." Selene, sentada al lado del Trono Dorado, alz¨® la mirada. Sus ojos, enrojecidos por las l¨¢grimas, brillaban con una mezcla de dolor y determinaci¨®n. Selene (su voz quebrada): "Eso no me importa. Quiero saber qui¨¦n lo hizo... y por qu¨¦. Mi hija est¨¢ en alg¨²n lugar, sola, y nosotros estamos aqu¨ª... discutiendo teor¨ªas." El silencio se hizo m¨¢s profundo, y Aurelion cerr¨® los ojos por un instante, intentando contener la tormenta que crec¨ªa dentro de ¨¦l. Minutos despu¨¦s lejos del bullicio del consejo, Selene se refugi¨® en sus aposentos. La luz de las l¨¢mparas m¨¢gicas apenas iluminaba la estancia, como si reflejaran el vac¨ªo en su coraz¨®n. En sus manos, sosten¨ªa el fragmento de la manta de Liora, que hab¨ªa encontrado en la cuna vac¨ªa. La acarici¨® con delicadeza, como si al hacerlo pudiera sentir la presencia de su hija una vez m¨¢s. Selene (murmurando, casi inaudible): "Mi ni?a... dondequiera que est¨¦s, mi amor, nunca olvides que eres amada. Prometo que haremos todo lo posible por encontrarte y traerte a casa." Una l¨¢grima solitaria recorri¨® su mejilla mientras acercaba la manta a sus labios, bes¨¢ndola con devoci¨®n. La tela a¨²n brillaba d¨¦bilmente, como si el v¨ªnculo entre madre e hija no pudiera romperse a pesar de la distancia. Aurelion, ahora erguido frente al resto de los l¨ªderes, tom¨® aire profundamente. Su voz, aunque firme, estaba cargada de emoci¨®n. Aurelion: "Busquela. En todos los reinos, en todos los rincones del multiverso. No regres¨¦is hasta que tengamos noticias de mi hija. Ella es la esperanza de este mundo, y no permitir¨¦ que la oscuridad la reclame." Un murmullo de asentimiento recorri¨® la sala, y los l¨ªderes comenzaron a marcharse para cumplir las ¨®rdenes del rey. La noticia de la desaparici¨®n de la princesa Liora se extendi¨® como un incendio en los reinos aliados. ¨¢ngeles, elfos, hadas, gigantes y otras razas comenzaron a buscar desesperadamente a la ni?a de cabello dorado y ojos celestes, pero ning¨²n rastro aparec¨ªa. En Celestia, el brillo del Trono Dorado parec¨ªa haberse atenuado. La desesperanza impregnaba el aire, y las canciones celestiales que sol¨ªan llenar el reino ahora eran susurros tristes. Selene, desde una ventana de su habitaci¨®n, observaba el horizonte. Selene (pensando): "Liora... por favor, aguanta. Siente nuestra luz. No importa d¨®nde est¨¦s, te encontraremos." Mientras tanto, en los rincones m¨¢s oscuros del multiverso, un reino olvidado por la luz celebraba la noticia. Era un lugar donde el odio y la maldad prosperaban, y donde la risa se transformaba en ecos retorcidos. Las torres negras del castillo principal se alzaban como garras contra el cielo sin estrellas, y los r¨ªos de lava iluminaban la tierra con un resplandor siniestro. Dentro del sal¨®n principal, los demonios m¨¢s antiguos se reunieron alrededor de una mesa de piedra cubierta de mapas y pergaminos. Luciferis: "La desaparici¨®n de la princesa ser¨¢ nuestra oportunidad. Sin ella, el equilibrio de Celestia se tambalear¨¢. Es el momento perfecto para sembrar el caos." Otro demonio, m¨¢s joven pero igual de cruel, rio con malicia. Adan: "Si logramos desatar una guerra entre los reinos aliados, su propia desesperaci¨®n los destruir¨¢. Entonces... tomaremos lo que siempre debi¨® ser nuestro." El Luciferis el l¨ªder de los demonios, envuelto en sombras, se alz¨® desde su trono y levant¨® una mano, silenciando las voces. Luciferis (con voz fr¨ªa): "Comencemos. La ca¨ªda de la luz nos dar¨¢ la victoria que tanto hemos esperado." El reino, lleno de odio y ambici¨®n, comenz¨® a movilizarse. La desaparici¨®n de Liora no solo hab¨ªa sumido a Celestia en tristeza; tambi¨¦n hab¨ªa encendido una chispa que podr¨ªa consumir el multiverso en guerra. Cap铆tulo 2: La infancia de Liora Mientras tanto en el peque?o pueblo de Hollow Creek, el verano ba?aba las tardes con un brillo dorado y c¨¢lido. La brisa jugueteaba entre los ¨¢rboles, y el sonido de las hojas crujientes bajo los pies era un recordatorio constante de la conexi¨®n de la vida con la naturaleza. Liora, una ni?a de seis a?os con ojos celestes llenos de curiosidad, sol¨ªa escaparse al bosque cercano cada vez que pod¨ªa. All¨ª, bailaba entre las hojas ca¨ªdas, hablaba con las ardillas y miraba las estrellas desde los claros, pregunt¨¢ndose qu¨¦ secretos guardaban aquellos peque?os puntos de luz que tanto la fascinaban. Esa tarde, Liora regres¨® al jard¨ªn trasero de su casa. Sentada sobre una piedra lisa, contemplaba el horizonte, sumida en sus pensamientos. Sus manos jugaban con una hoja seca, mientras sus ojos reflejaban una mezcla de inocencia y melancol¨ªa. Liora (a Marianne, quien estaba regando las flores): "Mam¨¢, ?por qu¨¦ las estrellas son tan brillantes? ?Crees que alguien viva all¨ª?" Marianne se detuvo, dejando caer unas gotas de agua sobre el suelo. La pregunta de Liora, aunque sencilla, ten¨ªa un matiz de anhelo que siempre la dejaba reflexionando. Se acerc¨® a la ni?a con una sonrisa c¨¢lida. Marianne (riendo suavemente): "Tal vez s¨ª, peque?a. Las estrellas guardan muchos secretos. De hecho, hay una leyenda muy antigua sobre ellas. ?Quieres escucharla?" Liora, emocionada, dej¨® caer la hoja y corri¨® hacia su madre. Liora (sonriendo): "?S¨ª! Cu¨¦ntamela, mam¨¢." Marianne tom¨® a su hija en brazos y la llev¨® a su habitaci¨®n. Al llegar, encendi¨® una l¨¢mpara de noche que proyectaba peque?as estrellas en el techo, creando un ambiente perfecto para su relato. Marianne (acurrucando a Liora en la cama): "Hace mucho tiempo, en lo m¨¢s alto del cielo, existe un reino llamado Celestia. Es un lugar lleno de luz, habitado por ¨¢ngeles y criaturas m¨¢gicas. Este reino, mi amor, es el centro de todo equilibrio en el universo." Los ojos de Liora brillaban con admiraci¨®n mientras escuchaba a su madre. Marianne: "Celestia fue creado al inicio de los tiempos por los Primordiales de la Luz, seres eternos que canalizaron su poder en el Trono Dorado, una fuente de energ¨ªa capaz de mantener la armon¨ªa en todo el multiverso. Durante siglos, los ¨¢ngeles reinaron all¨ª, velando por la paz entre las razas m¨¢gicas: hadas, gigantes, sirenas, vampiros... cualquier criatura que puedas imaginar." Liora (interrumpiendo, emocionada): "?Incluso unicornios?" Marianne (sonriendo): "Incluso unicornios, mi peque?a. Pero como toda historia, tambi¨¦n hay oscuridad. Una vez, el hermano del primer rey de Celestia, llamado Luztherion, sucumbi¨® a la tentaci¨®n de las sombras. No quer¨ªa proteger el Trono; quer¨ªa controlarlo." El tono de Marianne cambi¨® ligeramente, volvi¨¦ndose m¨¢s grave. Marianne: "Luztherion rob¨® un fragmento de la luz dorada del Trono y la mezcl¨® con oscuridad pura, creando un objeto terrible llamado ''El Coraz¨®n Sombr¨ªo''. Con este artefacto, busc¨® doblegar a todas las razas y someterlas bajo su poder." Liora, intrigada, se inclin¨® hacia adelante. Liora: "?Y qu¨¦ pas¨®? ?Lo detuvieron los ¨¢ngeles?" Marianne: "Cuando Luztherion intent¨® reclamar el Trono Dorado, este lo rechaz¨®. La luz pura del Trono lo atraves¨®, dividiendo su alma en dos: una mitad de luz que desapareci¨® para siempre y una sombra que qued¨® atrapada en el Coraz¨®n Sombr¨ªo. Antes de desaparecer, Luztherion lanz¨® una profec¨ªa..." Marianne se acerc¨®, como si compartiera un secreto importante. Marianne: "Solo un alma nacida de la luz y las sombras podr¨¢ restaurar el equilibrio, pero su sacrificio abrir¨¢ el camino hacia una nueva era... o la destrucci¨®n eterna de Celestia." Liora se recost¨® en su almohada, intentando procesar la historia. Liora: "?Y qu¨¦ pas¨® con el Coraz¨®n Sombr¨ªo?" Marianne (acariciando su cabello): "Desapareci¨®. Nadie sabe d¨®nde est¨¢. Pero algunos dicen que sigue esperando... esperando a esa alma especial."The story has been stolen; if detected on Amazon, report the violation. El rostro de Liora se relaj¨® mientras sus p¨¢rpados comenzaban a cerrarse. Aunque parec¨ªa dormida, su peque?a mano agarr¨® la de su madre con fuerza, como buscando consuelo. Marianne bes¨® su frente suavemente y sonri¨® con dulzura, viendo c¨®mo Liora se sum¨ªa en el sue?o. Marianne (susurrando, mientras observa a su hija dormir): "Mi peque?a... te protegeremos, pase lo que pase." Pero mientras Marianne sal¨ªa de la habitaci¨®n, un susurro bajo y et¨¦reo llen¨® el aire. Algo inconfundible, un presente que hab¨ªa sido marcado para el futuro. Mientras tanto, desde el rinc¨®n m¨¢s oscuro del bosque, lejos de la luz del pueblo, una figura observaba, esperando pacientemente el momento adecuado. La conexi¨®n de Liora con esa antigua profec¨ªa no era algo que pudiera escapar al ojo de aquellos que a¨²n deseaban que se cumpliera. En el aire, en alg¨²n lugar entre el sue?o y la vigilia, las estrellas brillaban un poco m¨¢s fuerte, como si respondieran a algo que todav¨ªa no se entend¨ªa del todo. Algo que estaba destinado a suceder, y que la peque?a Liora, con su luz pura y su v¨ªnculo profundo con el misterio, a¨²n no sab¨ªa que estaba a punto de descubrir. Liora duerme profundamente bajo las s¨¢banas florales que Marianne le cosi¨®. La luz de la luna entra por la ventana, iluminando los libros y juguetes desordenados que revelan la curiosidad de la ni?a. Sin embargo, esta noche su sue?o es distinto. En su mente, se encuentra en un paisaje brillante, con prados infinitos y un cielo dorado. En la distancia, un palacio resplandeciente de cristal se alza entre nubes, y una figura et¨¦rea de cabello plateado la llama. Mujer misteriosa: "Liora... mi peque?a. Te hemos estado buscando. Vuelve a casa." Liora intenta avanzar, pero sus pies parecen estar atados por sombras que se alzan del suelo. Gira la cabeza, sintiendo una presencia oscura detr¨¢s de ella. La mujer alada parece alejarse m¨¢s con cada paso que intenta dar. Liora (gritando): "?Espera! ?Qui¨¦n eres? ?Por qu¨¦ me siento tan triste?" Las sombras la envuelven, y Liora despierta sobresaltada, con una respiraci¨®n acelerada. Marianne entra corriendo a su habitaci¨®n tras escuchar el ruido. Marianne: "?Liora? ?Est¨¢s bien, cari?o? ?Tuviste una pesadilla?" Liora (frot¨¢ndose los ojos): "Era extra?o... Hab¨ªa una se?ora que quer¨ªa que fuera con ella. Pero no s¨¦ qui¨¦n era." Marianne (arrodill¨¢ndose junto a la cama): "A veces los sue?os son solo eso, sue?os. Pero est¨¢s aqu¨ª, en casa, y nada malo puede pasarte." Marianne la abraza y le canta una suave canci¨®n hasta que Liora se calma y vuelve a dormir. Sin embargo, cuando Marianne apaga la luz, no puede ignorar el extra?o resplandor que parec¨ªa emanar de la ni?a durante unos segundos antes de desvanecerse. Marianne (pensando mientras se marcha): "Tal vez Edward ten¨ªa raz¨®n. Liora es especial... pero, ?c¨®mo y por qu¨¦?" El bosque que rodea Hollow Creek est¨¢ envuelto en un silencio inquietante, solo interrumpido por el crujir de las hojas bajo las botas de Luciferis. Las sombras parecen alargarse a su alrededor, como si formaran parte de ¨¦l, mientras camina con pasos calculados. La luz de la luna apenas logra delinear su figura, envuelta en una capa oscura que absorbe cualquier rastro de luminosidad. Luciferis (con voz grave y cargada de emoci¨®n): "Siempre brillas, incluso cuando no lo intentas. Liora" Se detiene en una colina que domina la vista de la peque?a casa donde Liora duerme. Desde esa distancia, la ventana de su habitaci¨®n parece emitir un tenue destello c¨¢lido. Es su energ¨ªa, inconfundible incluso despu¨¦s de tantos a?os. Luciferis (en voz baja, con tono amargo): "No deber¨ªas estar aqu¨ª..." Por un momento, sus hombros se relajan y su mirada se suaviza. Pero la dulzura desaparece r¨¢pidamente, sustituida por una furia contenida. Luciferis (apretando los pu?os): "Si descubres qui¨¦n eres... si tu poder despierta por completo... todo lo que he construido en Umbra colapsar¨¢. No puedo permitirme ser d¨¦bil ahora." Mientras su mente est¨¢ atrapada en el torbellino de sus pensamientos, un cambio en el aire lo alerta. Una vibraci¨®n en el suelo, sutil pero inconfundible, precede la apertura de un portal cercano. Luciferis retrocede hacia las sombras, observando con cautela mientras una figura emerge del resplandor del portal. Es Zyriel, su hermano menor, con una postura firme y determinada. Su armadura, hecha de obsidiana y destellos de diamante negro, refleja la luz de la luna como un escudo celestial. En su mano descansa una espada, cuya hoja irradia un fulgor puro, un contraste absoluto con la presencia de Luciferis. Zyriel (tocando el suelo, sus ojos cerrados mientras siente la energ¨ªa): "Liora... est¨¢s aqu¨ª. Puedo sentirlo. Tu magia es inconfundible." Sus dedos acarician el musgo donde los rastros de la energ¨ªa de Liora persisten, como una melod¨ªa apenas audible en el silencio del bosque. Zyriel (murmurando para s¨ª mismo): "Por fin... despu¨¦s de tantos a?os. Pero ?qui¨¦n te trajo aqu¨ª? ?Qui¨¦n tuvo el poder para arrancarte de Celestia y ocultarte en este mundo?" Luciferis, oculto entre los ¨¢rboles, contiene la respiraci¨®n. Sus ojos rojos destellan con un brillo peligroso mientras observa cada movimiento de su hermano. Luciferis (pensando, con frustraci¨®n): "Maldita sea, Zyriel. ?Que mierda haces aqu¨ª?. Si llegas a encontrarla ahora, todo lo que hemos hecho se ira a la mierda... incluso si eres mi hermano, no puedo dejar que interfieras." Zyriel se pone de pie y fija su mirada en direcci¨®n al pueblo. Su determinaci¨®n es palpable. Luciferis cierra los ojos un instante, luchando contra las emociones que lo invaden. ?Qu¨¦ har¨¦ si Zyriel la encuentra? ?Tendr¨¦ que enfrentarme a ¨¦l? Sin hacer ruido, extiende su mano, abriendo un portal oscuro a sus espaldas. Las sombras lo envuelven mientras desaparece, dejando la escena en silencio, pero con una tensi¨®n que permanece suspendida en el aire. Zyriel se queda un momento m¨¢s, observando el bosque como si pudiera sentir la presencia de algo oculto. Finalmente, ajusta el agarre de su espada y comienza a caminar hacia el pueblo, decidido a seguir los rastros de energ¨ªa que lo llevar¨¢n a Liora. Capitulo 3. Amistades El sol de la ma?ana ilumina el jard¨ªn trasero de la casa en Hollow Creek, donde las flores de colores vibrantes se mecen suavemente con la brisa. Marianne y Edward est¨¢n sentados en unas sillas de mimbre, disfrutando de su caf¨¦ mientras observan a Liora jugar con el viejo columpio que Edward construy¨® a?os atr¨¢s. El columpio, suspendido de una robusta rama de un roble, se balancea con fuerza mientras Liora r¨ªe, lanz¨¢ndose hacia el cielo con un entusiasmo que solo un ni?o puede tener. Liora (gritando alegre): "?Mira, mam¨¢! ?Voy a tocar las nubes!" Marianne (riendo): "?No tan alto, peque?a! No queremos que vueles a¨²n. Todav¨ªa eres nuestra estrella de aqu¨ª abajo." Edward, que ha estado observ¨¢ndola con una sonrisa, se cruza de brazos, fingiendo preocupaci¨®n. Edward (en tono juguet¨®n): "Si sigues as¨ª, tal vez necesitemos una cuerda m¨¢s larga... o quiz¨¢s unas alas." Liora se suelta del columpio, aterrizando con una sorprendente gracia, y corre hacia ellos. Su cabello dorado brilla bajo la luz del sol, y sus ojos celestes reflejan la alegr¨ªa pura de la infancia. Liora (con una sonrisa radiante): "?Mam¨¢, pap¨¢! ?Podemos ir al lago hoy? ?Quiero buscar piedras brillantes! ?Quiero encontrar la m¨¢s hermosa de todas!" Edward niega con la cabeza, aunque su sonrisa permanece. Edward (fingiendo cansancio): "?Otra vez las piedras? Creo que ya tenemos suficientes como para construir una caba?a entera con ellas." Liora (haciendo un puchero y cruzando los brazos): "Pero cada una es especial, pap¨¢. Igual que t¨² dices que yo soy especial, ?no?" Marianne y Edward intercambian una mirada, una mezcla de ternura y un leve toque de preocupaci¨®n. Marianne se inclina para acariciar el cabello de Liora, siempre sorprendida por las cosas que su hija dice. Marianne (con dulzura): "Claro que eres especial, cari?o. Pero recuerda, a veces las cosas m¨¢s bonitas no necesitan ser buscadas; simplemente aparecen cuando menos lo esperas." Liora se queda pensativa por un momento, mirando sus pies descalzos que rozan la hierba. Liora (en un susurro, como si hablara consigo misma): "Tal vez... pero algo me dice que esas piedras me est¨¢n esperando. Como si quisieran contarme un secreto." Edward deja escapar un suspiro, aunque no puede evitar sonre¨ªr. Edward (en voz baja a Marianne): "Tiene un instinto que no entiendo, pero... a veces creo que sabe cosas que nosotros no." Marianne (murmurando de vuelta, sin apartar los ojos de Liora): "Lo s¨¦. Es como si estuviera conectada a algo m¨¢s grande, algo que no podemos ver. Pero no importa lo que pase, siempre ser¨¢ nuestra hija." De repente, Liora da un saltito, impaciente por obtener una respuesta. Liora (alzando la voz): "?Entonces vamos o no?" Edward se r¨ªe y, de un solo movimiento, la toma en brazos y la alza en el aire mientras ella grita de emoci¨®n. Edward (girando con ella en el aire): "Est¨¢ bien, princesa cazadora de piedras, ?al lago vamos!" Liora r¨ªe con alegr¨ªa y, al bajar, los abraza a ambos con fuerza. Liora (abraz¨¢ndolos): "?Los amo, papitos!" Marianne y Edward la abrazan de vuelta, sus corazones llenos de amor por aquella peque?a ni?a que iluminaba sus vidas. Marianne (acariciando su cabello): "Nosotros tambi¨¦n te amamos, mi peque?a estrella." Juntos, los tres se dirigen al lago del bosque cercano. Liora corre delante de ellos, recolectando peque?as piedras de colores que encuentra en el camino. Cada una parece m¨¢s brillante a la luz del sol. Al llegar al lago, el agua refleja el cielo despejado y las copas de los ¨¢rboles. Liora se agacha junto a la orilla, buscando entre las piedras del fondo. Liora (mostrando una piedra brillante a sus padres): "?Miren esta! ?No les parece m¨¢gica?" Edward finge examinarla con cuidado. Edward (en tono serio): "Definitivamente m¨¢gica. Creo que encontraste la piedra m¨¢s especial de todas." A medida que el sol comienza a ponerse, el cielo se pinta con tonos intensos de rojo y naranja, proyectando un brillo c¨¢lido sobre el bosque. Edward y Marianne se sientan en la orilla, observando c¨®mo Liora recoge m¨¢s piedras con entusiasmo. Marianne (mirando el cielo): "Es un atardecer hermoso. Quiz¨¢s uno de esos momentos que no olvidaremos." Edward asiente, aunque en su mente se cruza un pensamiento fugaz, una inquietud que no logra explicar. Edward (pensando): "Algo en este d¨ªa... en este lugar... me dice que es importante. Como si Liora estuviera destinada a algo mucho m¨¢s grande de lo que podemos imaginar." Cuando finalmente regresan a casa, Liora guarda sus piedras cuidadosamente en un frasco, coloc¨¢ndolo junto a los dem¨¢s en su estanter¨ªa. Esa noche, mientras duerme, el resplandor del atardecer parece haberse quedado con ella, como un presagio silencioso de lo que est¨¢ por venir. El sol comienza a asomarse por las ventanas de la peque?a casa en Hollow Creek. En el cuarto de Liora, las paredes est¨¢n decoradas con dibujos infantiles, colores c¨¢lidos y estrellas pegadas al techo que brillan en la oscuridad. La ni?a de tan solo 10 a?os duerme pl¨¢cidamente, envuelta en su manta favorita, hasta que los suaves pasos de su madre rompen el silencio matutino.You might be reading a stolen copy. Visit Royal Road for the authentic version. Marianne (con una sonrisa, abriendo las cortinas): "Cari?o, es hora de levantarte. Hoy es un gran d¨ªa, tu primer d¨ªa en la primaria." La luz del sol inunda la habitaci¨®n mientras Marianne se dirige al peque?o armario amarillo, pintado a mano con soles brillantes. Busca cuidadosamente el uniforme de Liora, alis¨¢ndolo con cari?o. De pronto, Edward irrumpe en la habitaci¨®n con un ramo de rosas cubriendo su rostro, adoptando una postura teatral. Edward (con voz solemne): "Vengo a entregar personalmente estas rosas a la princesa de esta humilde casa." Se arrodilla al lado de la cama de Liora, inclin¨¢ndose dram¨¢ticamente, mientras Marianne lo observa divertida desde la puerta. Edward (suplicante): "Oh, princesa de cabellos dorados y ojos como el brillo del sol, dime que no es cierto. No puede ser que nos abandones, aunque sea por unas horas. Mi coraz¨®n no lo soportar¨¢." Liora, todav¨ªa medio dormida, suelta una risita al ver la escena. Se sienta en la cama, sus rizos dorados desordenados, y abraza a su padre con fuerza. Liora (entre risas): "Pap¨¢, siempre haces tonter¨ªas." Edward la envuelve en sus brazos, cerrando los ojos por un momento, como si quisiera congelar ese instante en el tiempo. Marianne, conmovida, no puede evitar que las l¨¢grimas broten. Marianne (limpi¨¢ndose las l¨¢grimas): "Se nos har¨¢ tarde para llegar a la escuela, pero... no importa. Esto es m¨¢s importante." Los tres r¨ªen juntos, y ese amor compartido llena la casa de una calidez que parece impenetrable. De camino a la escuela, Liora observa por la ventana del coche. Los cerezos que bordean las calles est¨¢n en plena floraci¨®n, y las hojas caen suavemente, creando un espect¨¢culo que la hace sonre¨ªr. Liora (pensando): "Todo parece tan grande hoy... como si el mundo estuviera lleno de cosas nuevas por descubrir." El coche se detiene frente a la peque?a escuela del pueblo, un edificio de ladrillos con un patio lleno de ni?os corriendo y riendo. Edward apaga el motor y baja primero. Edward (acariciando la mejilla de Liora con ternura): "Vamos, mi peque?a luz. Es hora de conquistar la escuela." Marianne (tomando la mano de Liora): "No tengas miedo, cari?o. S¨¦ que estar¨¢s bien. Eres valiente." Liora asiente, aunque su mano tiembla ligeramente al agarrar la de su madre. Una maestra sonriente sale a recibirlos, inclin¨¢ndose hacia Liora. Maestra (amable): "Hola, t¨² debes ser Liora. Ven, vamos a conocernos." Liora suelta la mano de su madre y toma la de la maestra. Al voltear una ¨²ltima vez, ve a sus padres sonri¨¦ndole y siente una oleada de confianza. Dentro del aula, los ni?os ya est¨¢n jugando, sus risas llenan el espacio. La maestra gu¨ªa a Liora hacia un pupitre junto a la ventana y le da la bienvenida. Maestra (indic¨¢ndole el asiento): "Puedes sentarte aqu¨ª, Liora. Es un buen lugar para observar todo." Liora se sienta y mira a su alrededor. Entre el bullicio, sus ojos se fijan en un ni?o de cabello oscuro sentado en una esquina, con la mirada perdida. Parec¨ªa al margen del resto, fr¨ªo y distante. Despu¨¦s de unos minutos, Liora se arma de valor y se levanta. Caminando hacia ¨¦l, se detiene frente a su pupitre y lo observa con curiosidad. Liora: "Hola. Soy Liora. ?Tienes miedo?" El ni?o levanta la vista, sus ojos misteriosos la observan por un instante antes de volver a su postura reservada. Lucian (en tono bajo): "No." Liora (sonriendo): "?De d¨®nde vienes?" Lucian vacila un momento, como si estuviera debatiendo qu¨¦ decir. Lucian: "De... un lugar lejano." Liora: "Eso suena emocionante. ?Te gustan los columpios? Es mi juego favorito. Cuando me subo a ellos, siento que puedo tocar las nubes." Lucian alza una ceja, intrigado por la espontaneidad de Liora. Lucian: "No hablas como los dem¨¢s. No te importa que no hable mucho." Liora (con una sonrisa c¨¢lida): "No necesitas hablar para ser interesante. Los silencios tambi¨¦n cuentan historias." Por primera vez, una leve sonrisa aparece en el rostro de Lucian. Aunque no responde, su mirada ya no es tan fr¨ªa. Lucian (con curiosidad): "?Por qu¨¦ hablas conmigo? Apenas me conoces." Liora: "Porque no me gusta ver a nadie solo. Adem¨¢s, creo que seremos buenos amigos." Lucian la mira en silencio, asintiendo levemente. Por primera vez en mucho tiempo, siente una chispa de conexi¨®n que no hab¨ªa experimentado antes. El timbre suena, y la maestra les pide que tomen asiento. Mientras el d¨ªa avanza, Liora y Lucian intercambian sonrisas ocasionales, plantando las semillas de una amistad inesperada. El sol de la tarde ba?aba el jard¨ªn de Hollow Creek, donde Liora pasaba sus horas rodeada de los arbustos de rosas que Marianne cuidaba con esmero. La ni?a, de apenas 10 a?os, parec¨ªa estar en otro mundo, con los ojos cerrados y una leve sonrisa en su rostro mientras giraba suavemente sobre s¨ª misma, como si bailara con el viento. Liora siempre hab¨ªa sido una ni?a especial. Aunque alegre y bondadosa, hab¨ªa algo en su ser que la hac¨ªa distinta, algo que sus padres adoptivos no pod¨ªan ignorar. Mientras Edward le¨ªa en la sala, Marianne observaba a su hija desde la ventana de la cocina. Marianne (en voz baja, hablando consigo misma): "Es como si estuviera en un lugar al que nosotros no podemos llegar... Siempre parece estar so?ando." Edward se acerc¨®, colocando una mano en el hombro de Marianne mientras observaba a Liora. Edward (con una sonrisa c¨¢lida): "Es solo una fase. Todos los ni?os sue?an despiertos. Lo importante es que la amamos, y ella lo sabe." Marianne asinti¨®, pero no pod¨ªa quitarse de la cabeza las peque?as peculiaridades de su hija. Hab¨ªa momentos en los que sent¨ªa una calidez inexplicable al tocarla, como si Liora estuviera hecha de luz. Tambi¨¦n estaban las veces en que parec¨ªa calmar a los animales del jard¨ªn con solo mirarlos, o cuando lograba tranquilizar a otros ni?os en la escuela con un simple toque. Marianne (pensativa): "Es como si llevara algo dentro de ella, algo que no pertenece a este mundo." Edward, aunque notaba esas mismas cosas, prefer¨ªa no cuestionarlas. Para ¨¦l, Liora era simplemente su hija, y eso era suficiente. De repente, el sonido del timbre rompi¨® el momento. Edward fue a abrir la puerta y se encontr¨® con un ni?o de cabello oscuro y ojos misteriosos. Era Lucian, que se ve¨ªa un poco apenado mientras sosten¨ªa algo en sus manos. Lucian (mirando al suelo): "Hola, se?or Edward... ?Est¨¢ Liora? Quiero jugar con ella." Edward (con una sonrisa c¨¢lida): "Claro, Lucian. Est¨¢ en el jard¨ªn trasero. Pasa, muchacho." Lucian asinti¨® y entr¨® corriendo, pero al llegar al jard¨ªn, se detuvo de golpe. All¨ª estaba Liora, girando entre las flores con los brazos extendidos, su cabello dorado brillando bajo el sol. Su risa resonaba como un eco suave en el aire. Por un momento, Lucian se qued¨® inm¨®vil, con las mejillas enrojecidas. Lucian (pensando): "?Por qu¨¦ siempre se ve tan... diferente? Como si no fuera como los dem¨¢s." Liora lo vio y su rostro se ilumin¨®. Liora (corriendo hacia ¨¦l): "?Lucian! ?Llegaste!" Antes de que Lucian pudiera reaccionar, Liora lo abraz¨® con entusiasmo. Sin embargo, Lucian se qued¨® r¨ªgido, sin saber qu¨¦ hacer. Una oleada de tranquilidad, algo que nunca antes hab¨ªa sentido, lo envolvi¨®. Por un instante, toda la soledad y el peso que cargaba desaparecieron, pero la intensidad de esa emoci¨®n lo sobresalt¨®. Lucian (nervioso, retrocediendo): "?No!" Sin darse cuenta, empuj¨® a Liora, quien perdi¨® el equilibrio y cay¨® al suelo. Liora (sorprendida, con un tono suave): "Yo... lo siento." Lucian sinti¨® un nudo en el est¨®mago al ver a Liora en el suelo. Se apresur¨® a acercarse, notando que una de sus piernas estaba raspada. Lucian (arrepentido): "?Liora! Perd¨®name... No quise empujarte. Es solo que... no estoy acostumbrado a que me abracen." Liora lo mir¨® con una sonrisa dulce mientras se levantaba con cuidado, sacudi¨¦ndose el polvo. Liora (con voz c¨¢lida): "No te preocupes, Lucian. Estoy bien. Mejor juguemos." Lucian se qued¨® en silencio, incapaz de comprender c¨®mo alguien pod¨ªa reaccionar con tanta bondad. Algo en Liora lo desarmaba, como si ella tuviera una luz que iluminaba incluso los rincones m¨¢s oscuros de su alma. Mientras jugaban en el jard¨ªn, Lucian no pod¨ªa dejar de mirarla. En su mente, una idea se repet¨ªa una y otra vez. Lucian (pensando): "Ella no tiene ni un rastro de maldad. ?C¨®mo alguien as¨ª puede existir? ?C¨®mo puede hacer que todo parezca... m¨¢s f¨¢cil?" Esa tarde, mientras corr¨ªan entre las flores y re¨ªan juntos, Lucian supo que hab¨ªa encontrado algo en Liora que nunca hab¨ªa tenido: un atisbo de paz. Cap铆tulos 4. Dequilibrio entre reinos Hace muchos a?os, antes de que el caos se extendiera por el multiverso, exist¨ªa un reino majestuoso en lo m¨¢s alto de las nubes, conocido como Celestia. Este reino era el eje del equilibrio c¨®smico, un lugar donde los cielos infinitos y las torres doradas brillaban con la luz del amanecer eterno. Los ¨¢ngeles, guardianes de la armon¨ªa, se mov¨ªan entre sus altos salones de m¨¢rmol y cristal, llevando la paz a todos los reinos. Sin embargo, todo cambi¨® cuando la ambici¨®n oscura de Luztherion, el hermano menor de Aetherion, uno de los Primordiales de la Luz, se desat¨®. En el sal¨®n del Trono Dorado, cuya luz pulsante sosten¨ªa el equilibrio del multiverso, los ¨¢ngeles se congregaban en armon¨ªa. La paz parec¨ªa inquebrantable, pero una sombra oscura irrumpi¨® en la sala: Luztherion, con una mirada desafiante y un brillo fr¨ªo en sus ojos. Luztherion (desafiante, con voz resonante): "?Por qu¨¦ someternos al equilibrio cuando podr¨ªamos regirlo todo? No somos esclavos del balance; somos sus amos." Su voz reson¨® como un trueno en los vastos pasillos, causando que los ¨¢ngeles se volvieran hacia ¨¦l con asombro y temor. Antes de que pudieran reaccionar, Luztherion avanz¨® hacia el trono, levantando una esfera oscura en su mano: el resultado de sus investigaciones prohibidas en las profundidades del Abismo. Los ¨¢ngeles guardianes intentaron detenerlo, pero la esfera oscura liber¨® una energ¨ªa devastadora que los derrib¨® uno por uno. Guardi¨¢n del Trono (gritando): "?Luztherion, detente! ?No sabes lo que haces!" Pero el Primordial no escuch¨®. Con un movimiento decisivo, arranc¨® un fragmento de la luz dorada del Trono, un acto de sacrilegio que provoc¨® que el trono comenzara a temblar y emitir destellos inestables. Luztherion (riendo con amargura): "Por fin... el poder para moldear el multiverso seg¨²n mi voluntad." Fusion¨® el fragmento de luz con su esfera oscura, dando origen al Coraz¨®n Sombr¨ªo, un artefacto corrupto cuya energ¨ªa era tan ca¨®tica como peligrosa. Intent¨® usar el Coraz¨®n Sombr¨ªo para reclamar el Trono, pero este reaccion¨® con un destello cegador. Una explosi¨®n de energ¨ªa pura lo envolvi¨®, dividiendo su alma en dos: la luz dentro de ¨¦l se desvaneci¨® para siempre, mientras su oscuridad qued¨® sellada dentro del Coraz¨®n Sombr¨ªo. La ambici¨®n de Luztherion no solo marc¨® su propia ca¨ªda, sino que tambi¨¦n rompi¨® la balanza que sosten¨ªa el multiverso." El universo entero sinti¨® el impacto de la traici¨®n. Grietas invisibles aparecieron entre los reinos, y el equilibrio que los un¨ªa comenz¨® a desmoronarse: Los vampiros, antes controlados por su reina ancestral, comenzaron a cazar sin medida. Los demonios, liderados por facciones ambiciosas, intentaron expandir su territorio en un esfuerzo por tomar el lugar que Luztherion hab¨ªa dejado vac¨ªo. Los elfos, los gigantes y las sirenas se vieron envueltos en conflictos que antes eran desconocidos para ellos. Lo que alguna vez fue armon¨ªa se convirti¨® en caos y guerra. A pesar de su derrota, la voz de Luztherion reson¨® en los confines del multiverso, dejando una advertencia. Luztherion (su eco retumbando en el vac¨ªo): "Solo un alma nacida de la luz y las sombras podr¨¢ restaurar el equilibrio. Pero ese sacrificio abrir¨¢ el camino hacia una nueva era... o la destrucci¨®n eterna." ***Regreso al presente En la c¨¢lida habitaci¨®n de Liora, Marianne termina de contar la historia con su voz suave, mientras la ni?a escucha con fascinaci¨®n, acurrucada bajo las mantas. Liora (con curiosidad en sus ojos celestes):"?Crees que esa alma realmente existe, mam¨¢?" Marianne sonr¨ªe mientras acaricia el cabello dorado de su hija. Marianne (dulcemente): "No lo s¨¦, pero creo que el equilibrio siempre encuentra su camino. Ahora, a dormir, mi peque?a so?adora." Cubre a Liora con las mantas y apaga la l¨¢mpara. Desde la ventana, una estrella titilante parece responder a las palabras de Liora, iluminando la noche con un brillo especial. En las sombras del bosque, una figura oscura observa la casa en silencio. Luciferis, con su expresi¨®n endurecida, murmura para s¨ª mismo mientras desaparece en la penumbra. Luciferis (en un susurro): "El equilibrio... ?o el caos? Solo el tiempo lo dir¨¢." Era una ma?ana soleada en Hollow Creek, y el ambiente en el pueblo vibraba de alegr¨ªa. Como cada a?o, la feria anual iluminaba el parque central con luces parpadeantes y juegos mec¨¢nicos que se alzaban hacia el cielo. Los habitantes del pueblo, familias enteras, parejas j¨®venes y ni?os emocionados, caminaban entre los coloridos puestos. Liora, fascinada por el bullicio y el destello de las luces, corre hacia su padre con ojos brillantes. Liora (emocionada, tirando de la mano de Edward): "?Pap¨¢, pap¨¢! ?Ll¨¦vame a la feria, por favor! ?Mira cu¨¢ntas luces!" Edward intercambia una mirada divertida con Marianne, que no puede evitar re¨ªr al ver la emoci¨®n de su hija. Edward (fingiendo dudar):"No s¨¦... ?Crees que aguantar¨¢s hasta el final sin comerte todo el algod¨®n de az¨²car?" Liora (haciendo un puchero): "?Pap¨¢! Prometo no com¨¦rmelo todo... bueno, tal vez solo un poquito." Al llegar, el parque de diversiones est¨¢ lleno de vida. Liora se detiene al ver el carrusel decorado con caballos blancos adornados con flores doradas y luces parpadeantes. Liora (se?alando emocionada): "?Pap¨¢, mam¨¢, quiero subirme ah¨ª! ?Podemos, por favor?" Edward asiente mientras acaricia suavemente la cabeza de Liora. Edward (riendo): "Claro que s¨ª, mi peque?a estrella. Vamos."Find this and other great novels on the author''s preferred platform. Support original creators! Suben al carrusel, y mientras da vueltas, Liora siente un extra?o calor en su interior, algo indescriptible que parece resonar con la m¨²sica del tiovivo. Marianne, observ¨¢ndolos desde fuera, saca una c¨¢mara y toma una foto para inmortalizar el momento. Despu¨¦s del carrusel, la familia se detiene en un colorido puesto de dulces. El anciano vendedor sonr¨ªe amablemente mientras ajusta su delantal. Vendedor: "Buenas noches, familia. ?Qu¨¦ se les antoja hoy? Tengo algod¨®n de az¨²car, churros y m¨¢s dulces de los que podr¨ªan imaginar." Edward (con tono juguet¨®n, mirando a Liora):"?Qu¨¦ opinas, Liora? ?Compartir¨¢s tu algod¨®n de az¨²car conmigo, o tendr¨¦ que comer solo churros gigantes?" Liora (fingiendo indignaci¨®n):"?Pap¨¢! ?Siempre dices eso, y al final te lo terminas todo!" Marianne r¨ªe mientras Edward pide un churro gigante y Liora se?ala el algod¨®n de az¨²car m¨¢s grande que ve. Liora (con entusiasmo):"?Quiero ese, por favor!" El anciano les entrega los dulces, y Liora no pierde tiempo en hundir su rostro en el algod¨®n de az¨²car, dejando escapar risas dulces y despreocupadas. Liora se detiene frente a un puesto de tiro al blanco. Observa los grandes premios, especialmente un oso blanco de peluche que parece mirarla fijamente. Liora (determinada): "?Voy a ganar ese oso, mam¨¢! ?Lo prometo!" Toma la pistola de balines y apunta con cuidado, pero falla el primer disparo. Intenta nuevamente y falla otra vez. La frustraci¨®n comienza a invadir su rostro. Liora (resoplando): "?Esto no es justo! ?Es mucho m¨¢s dif¨ªcil de lo que parece!" Edward se acerca con una sonrisa tranquilizadora y le da una palmadita en la espalda. Edward: "D¨¦jame intentarlo, ?vale? Yo tengo mucha experiencia en estas cosas." Toma la pistola con calma y, con un solo disparo certero, derriba el blanco. El vendedor le entrega el gran oso blanco a Liora, que salta de alegr¨ªa y lo abraza con fuerza. Liora (riendo emocionada): "?Pap¨¢, eres el mejor! ?Mira lo grande que es!" La familia decide terminar la noche en la rueda de la fortuna. Suben a una g¨®ndola, y Liora se asoma por la ventana, maravillada por la vista del pueblo iluminado. Liora (maravillada): "?Miren! Todo se ve tan peque?o desde aqu¨ª arriba. Es... incre¨ªble." Edward observa a su hija con cari?o. Edward (con voz reflexiva):"Desde aqu¨ª arriba, parece que todo est¨¢ al alcance de la mano. Pero recuerda, hija, incluso las cosas peque?as pueden ser grandes para quien las valora." Liora asiente, perdi¨¦ndose en el paisaje mientras la g¨®ndola alcanza el punto m¨¢s alto. Una r¨¢faga de viento mueve suavemente su cabello, y por un momento, el tiempo parece detenerse. Liora (pensativa):"Es tan hermoso... Es como si este lugar tuviera algo m¨¢gico." De camino a casa, Liora abraza su oso de peluche mientras la familia r¨ªe y charla. Pero cuando llegan al borde del parque, Liora se detiene y mira hacia atr¨¢s, sintiendo algo extra?o. Liora (susurrando): "Pap¨¢... mam¨¢... siento como si alguien nos estuviera observando." Edward se acerca y coloca una mano tranquilizadora en su hombro. Edward (sonriendo): "Es solo el viento, cari?o. Las luces se mueven con la brisa. Pero tal vez... solo tal vez... este lugar tiene un poco de magia." Marianne toma la mano de su hija y la gu¨ªa hacia adelante. Marianne (sonriendo): "Eso es lo que hace que cada recuerdo sea especial, mi amor. Vamos, es hora de ir a casa." La familia se pierde en la noche, dejando atr¨¢s las luces parpadeantes de la feria. Sin embargo, en lo alto de la colina, una sombra observa en silencio, como un presagio de los desaf¨ªos que est¨¢n por venir. El bosque se despierta lentamente con el amanecer, una suave luz dorada acariciando las hojas. El aire fresco de la ma?ana se mezcla con el aroma terroso del bosque, y en el aire flota la tranquilidad que solo la naturaleza puede ofrecer. Liora, con una sonrisa llena de emoci¨®n, espera pacientemente en la puerta de su casa. Hoy es un d¨ªa especial, pues Lucian ha prometido mostrarle su lugar favorito en el bosque. Liora (murmurando mientras espera): "?Ojal¨¢ sea tan hermoso como me lo cont¨®!" De repente, se escucha un golpe suave en la puerta. Liora salta de su lugar y corre a abrirla con entusiasmo. Edward (sonriendo, calmando su excitaci¨®n): "Tranquila, peque?a luz, que no se nos vaya a escapar." Liora (riendo):"?Voy, pap¨¢!" Edward abre la puerta con una sonrisa, y all¨ª est¨¢ Lucian, de pie frente a ellos, con una expresi¨®n alegre y llena de energ¨ªa. Sus ojos brillan de emoci¨®n al ver a Liora tan emocionada. Lucian (sonriendo de oreja a oreja): "Hola, se?or Edward, estoy aqu¨ª para cuidar de Liora, como promet¨ª." Edward (bromeando mientras levanta una ceja):"?Cuidar de ella? ?No le hagas correr mucho, Lucian!" Lucian (un poco avergonzado pero con confianza):"?No se preocupe, se?or Edward, me asegurar¨¦ de que vuelva sana y salva!" Liora, impaciente, toma la mano de Lucian con rapidez y comienza a correr hacia el sendero. Lucian, sorprendido por la energ¨ªa de la peque?a, decide seguirla, riendo mientras corre detr¨¢s de ella. El sendero est¨¢ lleno de flores silvestres que crecen en los bordes, y ¨¢rboles altos que forman un dosel de sombras frescas por donde los rayos del sol apenas se cuelan. Lucian (mirando a su alrededor y sonriendo): "Este es mi lugar favorito. ?Ves c¨®mo todo parece estar en paz aqu¨ª? Es como si el tiempo no importara." Liora observa el paisaje con asombro. El sendero se abre en un claro donde un gigantesco ¨¢rbol, de ra¨ªces retorcidas y tronco grueso, se alza imponente. Las ra¨ªces forman un peque?o refugio natural bajo su sombra, y el suelo est¨¢ cubierto de flores vibrantes en tonos morados, rojos y amarillos. A lo lejos, una peque?a cascada fluye suavemente, su agua cristalina susurrando mientras cae sobre las piedras. El lugar es m¨¢gico, como si hubiera sido hecho especialmente para ellos. Liora (maravillada, con los ojos brillando): "Es... incre¨ªble. Como un lugar sacado de un cuento de hadas." Lucian se sienta bajo el ¨¢rbol y mira a Liora con una sonrisa tranquila. La invita a unirse a ¨¦l, y ambos se acomodan en el suave musgo que cubre el suelo. Los rayos del sol se filtran a trav¨¦s de las hojas, creando peque?os puntos de luz que danzan sobre ellos. Lucian (pensativo, mirando el entorno con una suave sonrisa): "A veces, cuando el mundo se siente demasiado ca¨®tico, este lugar me recuerda algo importante. La verdadera belleza est¨¢ en las peque?as cosas. En esos momentos que se escapan de nuestra vista, pero que est¨¢n ah¨ª, esperando a ser descubiertos." Liora, sintiendo una extra?a conexi¨®n con este lugar, se acurruca junto a ¨¦l, disfrutando de la serenidad que ofrece el claro. Liora (murmurando, como si pensara en voz alta): "Es... como si todo tuviera un prop¨®sito, aqu¨ª. Como si estuvi¨¦ramos conectados con algo m¨¢s grande." Lucian asiente, aunque su mirada se torna algo melanc¨®lica. Por un instante, la conversaci¨®n se detiene, y ambos se sumergen en la paz que les ofrece el lugar. Despu¨¦s de un largo rato en silencio, Lucian se levanta lentamente y extiende una mano hacia Liora. Lucian (con una sonrisa nost¨¢lgica):"Me gustar¨ªa que este fuera nuestro lugar. Un lugar donde el mundo no nos alcance." M¨¢s tarde, en casa, Marianne llama a Liora desde el pasillo. La peque?a, con el coraz¨®n a¨²n lleno de la serenidad del bosque, se dirige al cuarto de su madre, donde la espera una sorpresa especial. Marianne, con una sonrisa c¨¢lida, abre un viejo ba¨²l de madera y saca una manta cuidadosamente doblada. Es una manta vieja, pero con bordados que parecen contar historias. Marianne (emocionada mientras le muestra la manta): "Esta manta... estaba contigo cuando te encontramos. No s¨¦ de d¨®nde viniste, pero siempre supe que eras especial. Esta manta, como t¨², tiene una historia que no puedo recordar completamente." Liora, curiosa y con el coraz¨®n acelerado, toma la manta con delicadeza, como si pudiera sentir algo m¨¢s all¨¢ de su tela suave. La acaricia con los dedos, como si al tocarla pudiera obtener respuestas a preguntas que ni siquiera sab¨ªa c¨®mo hacer. Liora (susurrando mientras toca la manta): "?Qui¨¦n soy realmente, mam¨¢?" Marianne la abraza con ternura, tratando de calmar la inquietud en su voz. Marianne (sonriendo suavemente): "Lo que importa es que eres mi hija. Y eso es todo lo que realmente importa, mi peque?a." Liora asiente, pero algo en su interior sigue cuestion¨¢ndose, buscando una respuesta que a¨²n no sabe c¨®mo encontrar. La manta, con su misterio, deja una sensaci¨®n de que hay algo m¨¢s que descubrir, algo que va m¨¢s all¨¢ de lo que sus padres pueden explicarle. Mientras Marianne apaga la l¨¢mpara y se retira del cuarto, Liora se queda mirando la manta en sus manos, contemplando lo que significa en su vida. Afuera, la luna brilla con fuerza, como si las estrellas mismas estuvieran vigilando a la ni?a que, en su inocencia, est¨¢ destinada a descubrir algo mucho m¨¢s grande que ella misma. Capitulo 5. Mitos y leyendas La noche se extiende silenciosa sobre Hollow Creek. Las estrellas titilan con suavidad, y el aire fresco de la tarde comienza a enfriarse, envolviendo el peque?o c¨ªrculo de luz creado por el fuego que crepita alegremente en el centro del jard¨ªn. La familia est¨¢ reunida junto al fuego, con las llamas proyectando sombras danzantes sobre sus rostros. Edward, con una mirada profunda y sabia, comienza a narrar una antigua leyenda mientras Liora y Lucian lo escuchan atentamente. La calidez del fuego les envuelve, creando una atm¨®sfera acogedora, pero las palabras de Edward pronto se convierten en algo m¨¢s que una simple historia. Edward (con voz grave, mirando las llamas): "Hace mucho tiempo, cuando a¨²n no exist¨ªan los reinos como los conocemos, los Primordiales nacieron del Vac¨ªo. Nadie sabe por qu¨¦, pero una fuerza inconcebible los molde¨®, y de ellos surgieron los guardianes del equilibrio. Los Primordiales gobernaban sobre todo, desde la luz hasta la oscuridad, manteniendo el balance." Liora se sienta m¨¢s erguida, sus ojos celestes brillando a la luz del fuego. La curiosidad la consume, y las palabras de su padre parecen tocar algo profundo en su alma. Edward (continuando con intensidad): "Pero con el paso del tiempo, surgieron las ambiciones, los celos, y las rivalidades entre ellos. La luz y la sombra, al principio complementarias, comenzaron a chocar. Y entonces, uno de los Primordiales, movido por su deseo de poder, decidi¨® romper el equilibrio que hab¨ªa mantenido todo en armon¨ªa." Liora, fascinada por la historia, interrumpe sin poder contener su curiosidad. Liora (mirando intensamente a su padre, ansiosa por saber m¨¢s): "?Qu¨¦ pas¨® con ellos? ?Qui¨¦n rompi¨® el equilibrio?" Edward hace una pausa, sus ojos brillando con un destello de misterio mientras mira a los dem¨¢s, como si las palabras que iba a decir fueran m¨¢s pesadas de lo que parec¨ªa. Edward (con voz m¨¢s grave, bajando ligeramente la mirada): "Algunos cayeron, otros se dividieron. El reino celestial se fractur¨®, las sombras se alzaron, y el equilibrio entre todos los mundos se rompi¨®. Pero las antiguas profec¨ªas hablan de una nueva era, y de un alma pura que decidir¨¢ el destino del multiverso, como si todo estuviera esperando a ser corregido." Liora se queda en silencio, sintiendo un peso inexplicable en sus hombros. Las palabras de su padre resuenan en su mente, como si estuvieran relacionadas con algo que ella a¨²n no comprende. Hay una sensaci¨®n extra?a que la envuelve, como si esas profec¨ªas tuviesen algo que ver con ella, aunque no pueda explicarlo. Liora (confusa, mientras mira a su padre): "?Eso es todo?" Edward sonr¨ªe dulcemente, tomando la mano de su hija. Edward (sonriendo, con una chispa de calidez en su mirada): "Es todo lo que se sabe, peque?a. Y tal vez sea esa incertidumbre lo que las hace tan fascinantes. Cada generaci¨®n ha buscado respuestas, pero la verdad sigue siendo un misterio." Mientras Edward contin¨²a sonriendo, Lucian permanece en silencio. Su rostro, aunque iluminado por el fuego, refleja una expresi¨®n profunda, casi pensativa. Mientras la familia disfruta de su momento, Lucian, absorbido en sus propios pensamientos, observa las llamas. A medida que sus ojos se fijan en el fuego, la intensidad del mismo parece aumentar, como si sus emociones estuvieran de alguna manera conectadas con las llamas que arden ante ¨¦l. Lucian (pensando, en un susurro para s¨ª mismo): "Esta familia me ha tomado como su hijo... Si tan solo supieran qui¨¦n soy realmente..." Su mente est¨¢ llena de dudas, conflicto y confusi¨®n, pero, por un momento, la suavidad de la situaci¨®n, la calma que emana de la familia, le permite olvidar su misi¨®n, aunque solo sea por un instante. Edward (cambiando de tema con una sonrisa juguetona):"?Qui¨¦n quiere malvaviscos? Vamos, Liora, ?es hora de disfrutar el momento!" Liora, sonriendo ampliamente, corre hacia la bolsa de malvaviscos. Saca uno con prisa y lo coloca sobre un palo, acerc¨¢ndolo al fuego. Mientras observa c¨®mo se dora, se le hace agua la boca. Sin embargo, al notar que Lucian est¨¢ algo callado y distante, decide ofrecerle el malvavisco. Liora (sonriendo mientras le extiende el malvavisco): "Toma, Lucian. Est¨¢ un poco caliente, pero est¨¢ delicioso. ?Debes probarlo!" Lucian, sorprendido por el gesto tan dulce de Liora, siente su rostro calentarse al mirarla. Sus ojos celestes lo observan con una sonrisa sincera, algo que le produce una extra?a mezcla de sentimientos. Mientras toma el malvavisco, algo en su interior se agita, y se encuentra perdido en sus pensamientos. Las palabras de su padre, la misi¨®n que lo ha tra¨ªdo aqu¨ª, todo parece desdibujarse mientras se encuentra atrapado en esos ojos tan llenos de inocencia y calidez. Lucian (pensando, mientras observa a Liora): "?Estoy haciendo lo correcto? ?Lo que siento por ella es real, o es solo una fachada? ?Estoy cumpliendo con mi prop¨®sito o... hay algo m¨¢s que no entiendo?" Liora, sin saber lo que pasa por la mente de Lucian, lo observa mientras ¨¦l toma el malvavisco y lo saborea con cautela. No es hasta que se percata de la forma en que ¨¦l la mira que su coraz¨®n se acelera un poco. La conexi¨®n que siente con ¨¦l parece m¨¢s fuerte de lo que hab¨ªa imaginado, aunque no sabe c¨®mo expresarlo. Mientras ambos comparten ese momento, el sonido de las chispas del fuego y el crujir de las ramas se convierte en una melod¨ªa tranquila, casi m¨¢gica, que los rodea. Es un momento de paz que ninguno de los dos se atreve a romper, pero ambos, en sus corazones, sienten que algo m¨¢s est¨¢ comenzando a florecer entre ellos, algo que ni el fuego ni las palabras pueden definir por completo. La noche en Hollow Creek est¨¢ impregnada de una atm¨®sfera m¨¢gica y antigua, como si el pueblo mismo estuviera envuelto en un sue?o. Las antorchas que bordean las calles parpadean, iluminando las casas de madera y las flores que a¨²n se asoman t¨ªmidamente a la luz de la luna. El aire fresco de la noche huele a tierra y a flores silvestres, y una suave brisa agita las hojas de los ¨¢rboles que rodean la plaza central. Es el d¨ªa de la gran celebraci¨®n anual, un festival que los habitantes de Hollow Creek celebran con fervor. Los ni?os corren por las calles, mientras los adultos se preparan para los rituales tradicionales que marcan la conexi¨®n del pueblo con la naturaleza y el equilibrio entre la luz y la oscuridad. En el centro de la plaza, se erige un altar adornado con ramas y flores, y el fuego central arde con fuerza, como el coraz¨®n palpitante de la celebraci¨®n.If you spot this story on Amazon, know that it has been stolen. Report the violation. Marianne (mirando a Liora con una sonrisa c¨¢lida): "Es hora de que participes, Liora. Este es un momento especial para nosotros. Es una tradici¨®n que conecta a todos los que vivimos aqu¨ª con la tierra, el cielo y los esp¨ªritus de nuestros ancestros." Liora, de diez a?os, est¨¢ un poco nerviosa. Aunque siempre ha sentido una fascinaci¨®n por las costumbres de su pueblo, nunca hab¨ªa sido parte activa de ellas. Hoy, vestida con un delicado vestido blanco que resplandece bajo las antorchas y con una tiara dorada en su cabeza, da un paso adelante, un poco t¨ªmida. Se une al c¨ªrculo de personas que sostienen las antorchas, todos unidos en un ritual que ha sido transmitido de generaci¨®n en generaci¨®n. A medida que las otras personas en el c¨ªrculo comienzan a hacer su ofrenda al fuego central, Liora se siente un poco perdida, sin saber exactamente qu¨¦ esperar, pero algo dentro de ella la impulsa a seguir adelante. A medida que la llama del fuego parpadea frente a ella, Liora cierra los ojos por un momento, sintiendo una energ¨ªa extra?a, como si algo dentro de ella despertara. Cuando abre los ojos, el fuego parece brillar m¨¢s intensamente, como si respondiera a su presencia. Anciana del Pueblo (con voz suave y sabia, mientras mira al cielo estrellado): "La luz y la sombra nos gu¨ªan. Honremos el equilibrio que nos da vida, que nos mantiene vivos, que nos hace ser parte de todo." El c¨ªrculo de personas empieza a cantar suavemente, una melod¨ªa antigua que se ha cantado durante generaciones. Las voces se entrelazan con la danza de la joven que se mueve al centro, con una gracia fluida y apasionada, como si su cuerpo estuviera hecho para el baile. El fuego se refleja en su rostro, y sus movimientos parecen seguir el ritmo de la vida misma. Es una danza llena de energ¨ªa, pero tambi¨¦n de serenidad, como un puente entre el mundo terrenal y el espiritual. Lucian (en voz baja, observando a Liora mientras el fuego refleja sombras danzantes en sus rostros): "Pareces hecha para esto, Liora. Este lugar, esta gente... hay algo en ti que conecta con todo esto." Liora sonr¨ªe levemente, sintiendo una calidez en su pecho, una sensaci¨®n de pertenencia que nunca antes hab¨ªa experimentado. Aunque siempre ha sido parte de Hollow Creek, esa noche siente por primera vez una conexi¨®n profunda con su gente, con sus tradiciones, con el pueblo que la ha acogido. Se siente m¨¢s viva que nunca, y aunque su mente a¨²n guarda preguntas sobre su verdadero origen, el amor y la aceptaci¨®n de este lugar la rodean, como una manta reconfortante. Mientras tanto, Lucian la observa en silencio. Aunque su rostro se mantiene impasible, algo en su interior se agita. Ve c¨®mo Liora, una ni?a que a¨²n desconoce qui¨¦n es realmente, se conecta con la naturaleza, con los elementos, con la esencia misma de este mundo. Algo dentro de ¨¦l teme que su poder, su verdadero poder, despierte. Sabe que el momento de la verdad se acerca, y que en cuanto Liora descubra lo que realmente es, nada volver¨¢ a ser igual. Lucian (pensando, mientras observa a Liora danzar):"Cada vez es m¨¢s dif¨ªcil... No s¨¦ cu¨¢nto m¨¢s podr¨¦ ocultar mi verdadera identidad. ?Qu¨¦ pasar¨¢ cuando sepa qui¨¦n es realmente? ?Qu¨¦ pasar¨¢ cuando se despierte el poder que lleva dentro?" De repente, en medio de su conflicto interno, una figura se mueve al centro del c¨ªrculo, su figura iluminada por las llamas. Es la joven que baila, su cuerpo movi¨¦ndose con una gracia sobrenatural. La canci¨®n alcanza su cl¨ªmax, y todo el pueblo canta al un¨ªsono. La atm¨®sfera se vuelve a¨²n m¨¢s intensa, como si todo estuviera unido por una energ¨ªa c¨®smica. Liora observa la danza con fascinaci¨®n, sintiendo c¨®mo algo profundo en su interior responde a la m¨²sica, como si cada nota tocara una cuerda olvidada en su alma. Unas l¨¢grimas se asoman a sus ojos, pero no son de tristeza, sino de emoci¨®n, de conexi¨®n. La melod¨ªa resuena en ella, como si todo lo que ha vivido, todo lo que ha experimentado, estuviera prepar¨¢ndola para este momento. Liora (susurrando, casi para s¨ª misma): "Es... tan hermoso. Este lugar, este momento... todo tiene un significado." Mientras la canci¨®n llega a su fin, Lucian la observa con una mezcla de admiraci¨®n y temor. Sabe que este momento de felicidad no durar¨¢ para siempre, que pronto la verdad sobre qui¨¦n es Liora saldr¨¢ a la luz, y cuando eso suceda, todo cambiar¨¢. Pero por ahora, se permite disfrutar de la paz que ella irradia, de la calma que su presencia le da, aunque sea por un breve instante. La danza termina, las voces se apagan lentamente, y el fuego sigue ardiendo, imparable, como el futuro que aguarda a todos ellos. T¨ªtulo: "El Amanecer Eterno" Verso 1 En un tiempo sin final, cuando la luz quiso brillar, del Amanecer surgieron tres, tejiendo mundos que iban a nacer. Solimara, con su manto estelar, cre¨® los cielos y el mar, Aetherion, con fulgor sin par, protege el equilibrio hasta el final. Coro Somos la luz en la oscuridad, somos la fuerza para luchar. El destino escrito est¨¢, pero la elecci¨®n es nuestra al final. Verso 2 Lumyris gu¨ªa con sabidur¨ªa, sus alas reflejan la armon¨ªa. Mas una sombra cay¨®, Luztherion, su ambici¨®n traicion¨®. El Coraz¨®n Sombr¨ªo surgi¨®, y los reinos en caos se sumergi¨®. Ahora la esperanza florecer¨¢, con la luz dorada que nos salvar¨¢. Coro Somos la luz en la oscuridad, somos la fuerza para luchar. El destino escrito est¨¢, pero la elecci¨®n es nuestra al final. Puente Un alma que brilla en soledad, buscar¨¢ su verdad m¨¢s all¨¢. Entre sombras y fulgor, encontrar¨¢ su poder y su amor. Coro Final Somos la luz en la oscuridad, somos la fuerza para luchar. El destino escrito est¨¢, pero la elecci¨®n es nuestra al final. El Reino Celestial, una vez el hogar de luz infinita, ahora se encuentra sumido en el caos. Las imponentes Torres Doradas, que antes brillaban con la pureza del sol, est¨¢n ahora hechas escombros, cayendo bajo la fuerza de la oscuridad que las invade. Los cielos, anta?o claros y vibrantes, est¨¢n oscurecidos por nubes de tormenta. El aire est¨¢ cargado con el sonido de las batallas, con los ecos de gritos y choques de metal resonando por todo el reino. En las puertas del palacio, soldados celestiales luchan contra una horda de criaturas oscuras. Sus alas resplandecen d¨¦bilmente, mientras intentan repeler las sombras que se agrupan como una tormenta sobre ellos. La desesperaci¨®n llena el aire, pero a¨²n se mantiene la dignidad de aquellos que luchan por su hogar. General Celestial (con voz resonante, pero llena de agotamiento): "?Defiendan el Trono Dorado! ?No podemos permitir que caiga en sus manos!" El General Celestial empu?a su espada dorada, dirigiendo a sus tropas con una f¨¦rrea voluntad. Pero la batalla est¨¢ perdida desde el principio. Los enemigos son demasiados y su fuerza es abrumadora. La esencia de la luz se desvanece ante la oscuridad que avanza implacable. En una esquina, entre las sombras de las torres destruidas, un chico observa con la mirada fija en el caos. Sus ojos, dorados como el sol poniente, brillan con una mezcla de rabia y determinaci¨®n. Con una postura firme, sus pu?os est¨¢n apretados. Sus pensamientos son interrumpidos cuando una figura encapuchada aparece a su lado, desliz¨¢ndose silenciosamente entre las ruinas. Figura Encachuchada (en voz baja, casi susurrante): "El desequilibrio se profundiza. La llave ha desaparecido, y el tiempo se agota." El chico gira lentamente hacia la figura, un destello de reconocimiento y preocupaci¨®n cruza su rostro. Zyriel (susurrando con seriedad): "Se que estoy cerca encontrarla." El viento, cargado con la tensi¨®n de la batalla, agita las ruinas a su alrededor. Zyriel mira fijamente el horizonte donde la sombra de la destrucci¨®n avanza implacable. Zyriel, aunque en la penumbra, sabe que no puede permitir que la oscuridad se apodere del reino de Celestia. La clave para restaurar el equilibrio, la princesa perdida, est¨¢ fuera de su alcance... pero no por mucho tiempo. Debe encontrarla. El futuro del multiverso depende de eso. Capitulo 6. La verdad desvelada Era una tarde soleada en Hollow Creek. El aire fresco del verano se filtraba suavemente entre las ramas de los ¨¢rboles, y el aroma de las flores llenaba el aire. Liora, sentada en el borde de una peque?a piedra en el jard¨ªn de la casa, observaba en silencio el panorama que ten¨ªa ante ella. Sus ojos celestes segu¨ªan con admiraci¨®n la naturaleza que la rodeaba, pero hab¨ªa algo en su expresi¨®n que tra¨ªa una tristeza inexplicable. Aunque el paisaje era bello, algo en su interior la hac¨ªa sentirse distante, como si su mente vagara hacia lugares lejanos. En su coraz¨®n, sent¨ªa una emoci¨®n profunda y extra?a, algo que no pod¨ªa identificar, pero que la hac¨ªa sentir diferente de los dem¨¢s ni?os de su edad. Desde la distancia, Lucian la observaba en silencio. Un impulso lo llev¨® a acercarse a ella, sus pasos lentos pero decididos. Al estar cerca, su voz sali¨® suave, cargada de preocupaci¨®n. Lucian (pensativo, con voz baja): "?Qu¨¦ pasa, Liora? ?Por qu¨¦ est¨¢s tan callada?" Liora no respondi¨® de inmediato. Por un momento, pareci¨® perdida en sus propios pensamientos. Luego, mir¨® a Lucian, dudando, antes de hablar. Liora (con un dejo de inseguridad): "?Alguna vez has sentido que no eres de este mundo?" Lucian la mir¨® confundido. Las palabras de Liora lo tomaron por sorpresa. Su mente dio un giro, y por un momento, un torrente de emociones pas¨® por ¨¦l. Quer¨ªa decirle la verdad, contarle que ¨¦l no era quien ella pensaba, que ¨¦l era Luciferis, pero la ni?a que ten¨ªa frente a ¨¦l apenas ten¨ªa once a?os. ¨¦l era un demonio con miles de a?os de existencia, y no pod¨ªa cargarla con esa realidad tan pronto. Lucian (con una leve sonrisa, intentando despejar la tensi¨®n): "S¨ª... te contare un secreto...(se acerca a ella bajando la voz)... soy un superheroe " Liora, al escuchar su respuesta, sonri¨®. La atm¨®sfera entre ellos se aliger¨®, y ella se levant¨®, poni¨¦ndose de pie a su lado. Liora (sonriendo con algo de travesura): "Y yo soy tu compa?era." Ambos rieron, dejando que la alegr¨ªa del momento los envolviera. Pero en el fondo, Lucian no pod¨ªa evitar sentir una tristeza escondida. La risa de la ni?a era un b¨¢lsamo para su alma, pero al mismo tiempo, un recordatorio de lo que ¨¦l no pod¨ªa tener. La miraba con admiraci¨®n, estudiando cada facci¨®n de su rostro, desde sus ojos brillantes hasta su cabello dorado. Algo despertaba en su pecho, algo que nunca hab¨ªa sentido antes. Era una mezcla de miedo y preocupaci¨®n. Lucian (pensando, mientras la observaba): "?Por qu¨¦ me siento as¨ª? ?Por qu¨¦ esta ni?a, que ni siquiera sabe qui¨¦n es, me hace temer tanto por el futuro? ?Es miedo... de perderla? ?O miedo de lo que le espera?" Desde la cocina, Marianne observaba la escena en silencio. Una leve inquietud la envolv¨ªa mientras ve¨ªa a Liora tan perdida en sus pensamientos, como si estuviera en un mundo propio, desconectada de todo lo que la rodeaba. A veces se preguntaba por qu¨¦ su hija parec¨ªa estar tan distante, como si esperara algo que ni ella pod¨ªa comprender. Marianne (pensando, mientras la mirada se pierde en su hija): "Siempre parece tan distra¨ªda, tan distante, como si estuviera esperando algo... Tal vez sea solo una fase." Edward, al escucharla desde la sala, se acerc¨® a la ventana. Su rostro reflejaba una calma que contrastaba con las dudas de su esposa. ¨¦l siempre hab¨ªa cre¨ªdo que las cosas se resolver¨ªan con el tiempo, que todo pasaba por una raz¨®n. Edward (sonriendo con suavidad): "Es solo una etapa, mi amor. Todos pasamos por eso, ?recuerdas? Los adolescentes a veces se sienten perdidos." Marianne (dudosa, no convencida): "Lo s¨¦, pero... hay algo en ella, cari?o. Algo diferente." Edward asinti¨®, sin dejar de mirar a Liora. La ve¨ªa como un regalo en sus vidas, una bendici¨®n que hab¨ªan recibido sin explicaci¨®n. Aunque no conoc¨ªa el origen de su hija, la amaba con todo su ser, como solo un padre pod¨ªa amar a su hija. Edward (con una voz suave pero confiada): "Es nuestra hija, y la amamos. Eso es lo que realmente importa, cari?o." Mientras el d¨ªa avanzaba, Lucian sent¨ªa una extra?a presi¨®n en su pecho, como si algo estuviera a punto de suceder. Una sombra invisible se cern¨ªa sobre ¨¦l y sobre todos los que estaban cerca de Liora. En su coraz¨®n, sent¨ªa que el destino los separar¨ªa, tarde o temprano. El atardecer te?¨ªa el cielo con tonos dorados y anaranjados, mientras una suave brisa mov¨ªa las hojas de los ¨¢rboles en el jard¨ªn. Las luces colgantes que adornaban el espacio brillaban tenuemente, y una peque?a mesa, decorada con flores silvestres, esperaba al centro del jard¨ªn. Marianne hab¨ªa preparado todo con esmero, poniendo su coraz¨®n en cada detalle, mientras Edward, aunque torpe, hab¨ªa insistido en colgar las luces para darle un toque especial al momento. Liora estaba sentada en la mesa, radiante. Su vestido azul sencillo resplandec¨ªa bajo la luz suave del atardecer, pero lo que realmente iluminaba el lugar era su sonrisa, que irradiaba felicidad. Frente a ella, un pastel decorado con delicadeza esperaba ser cortado, mientras sus ojos brillaban con la dicha de estar rodeada de las personas que m¨¢s amaba: sus padres y Lucian, su mejor amigo, con quien hab¨ªa formado un lazo inseparable desde el primer momento en que se conocieron. Liora (riendo, mirando a Lucian mientras se lleva un caramelo a la boca): "?Lucian, deja de comer los caramelos antes de que mam¨¢ nos rega?e!" Lucian (fingiendo inocencia, con la boca llena): "?Qui¨¦n, yo? ?No s¨¦ de qu¨¦ hablas!" Edward observaba a su hija, un leve brillo de nostalgia en sus ojos. El tiempo parec¨ªa haberse detenido por un momento, y su coraz¨®n se llen¨® de emoci¨®n al verla crecer tan r¨¢pido. Edward (pensando, mientras una sonrisa c¨¢lida se asomaba a su rostro): "Mi peque?a... parece que fue ayer cuando Marianne y yo la encontramos en aquel amanecer. Ahora, aqu¨ª est¨¢, creciendo tan r¨¢pido..." La sonrisa de Edward se desvaneci¨® por un instante, como si el futuro se asomara ante ¨¦l, trayendo consigo una mezcla de sentimientos contradictorios: alegr¨ªa por el momento presente, pero tambi¨¦n una punzada de tristeza por lo que inevitablemente tendr¨ªa que llegar. Marianne, con la energ¨ªa vibrante de la celebraci¨®n, los miraba a ambos, deseando capturar este instante para siempre. Se acerc¨® r¨¢pidamente y los inst¨® a reunirse para una foto.The narrative has been illicitly obtained; should you discover it on Amazon, report the violation. Marianne (emocionada, con una gran sonrisa): "Vamos, chicos. ?Re¨²nanse junto a Liora! Quiero una foto para recordar este momento." Lucian, aunque dispuesto a seguir la sugerencia de Marianne, se coloc¨® junto a Liora, pero su mente estaba lejos de all¨ª. Sus pensamientos eran oscuros, llenos de dudas y temores sobre el futuro que ¨¦l sab¨ªa que aguardaba a Liora. Lucian (pensando, su mente llena de preguntas): "Ella est¨¢ tan feliz... tan pura. ?Qu¨¦ har¨¦ cuando descubra la verdad? ?C¨®mo protegerla de lo que inevitablemente vendr¨¢? ?C¨®mo le dir¨¦ que yo..." El momento de alegr¨ªa que compart¨ªan se desvaneci¨® brevemente mientras la preocupaci¨®n oscurec¨ªa su mente. Sin embargo, cuando Marianne levant¨® la c¨¢mara, Liora lo abraz¨® con entusiasmo, arranc¨¢ndole de sus pensamientos oscuros por un momento. Liora (sonriendo con genuina felicidad): "?Lucian, sonr¨ªe! Quiero que esta sea la mejor foto del mundo." Lucian (tratando de sonar despreocupado, pero con un leve temblor en su voz): "?Con este rostro? Siempre ser¨¢ la mejor." El sonido del obturador de la c¨¢mara fue un peque?o respiro para Lucian, congelando en ese instante la felicidad pura que compart¨ªan. Un recuerdo lleno de amor, de sonrisas y de momentos que, aunque simples, se sent¨ªan eternos. Cuando lleg¨® el momento de cortar el pastel, Marianne le entreg¨® el cuchillo a Liora. Ella cerr¨® los ojos por un segundo, pidiendo un deseo. Liora (pensando en silencio, mientras sus dedos tocaban el cuchillo): "Espero que todos podamos ser felices para siempre... sin que nada nos separe." Al soplar las velas, un suave suspiro escap¨® de sus labios. Las llamas se apagaron, y todos aplaudieron, pero justo en ese momento, una ligera brisa movi¨® las luces colgantes, y las velas encendidas titilaron como si algo invisible hubiera rozado el lugar. Lucian, que estaba mirando a Liora, sinti¨® un escalofr¨ªo recorrerle la espalda, como si algo estuviera por suceder. Lucian (pensando, con una creciente inquietud): "Algo est¨¢ cerca... algo que no puedo ver, pero s¨¦ que nos observa." Al final de la celebraci¨®n, ya ca¨ªda la noche, Liora se recost¨® en el c¨¦sped junto a Lucian, mirando al cielo mientras las primeras estrellas comenzaban a brillar. Un silencio c¨®modo los rodeaba, pero una sensaci¨®n extra?a flotaba en el aire. Liora (con voz suave, agradecida): "Gracias por estar aqu¨ª, Lucian. No s¨¦ qu¨¦ har¨ªa sin ti." Lucian (mir¨¢ndola con ternura, su mente a¨²n nublada por el temor): "Siempre estar¨¦ aqu¨ª, Liora. Prometo que nada te pasar¨¢ mientras yo est¨¦ cerca." El jard¨ªn, iluminado por las estrellas, se convirti¨® en un escenario para su conexi¨®n silenciosa, una promesa no verbal que sellaba su v¨ªnculo. Pero el futuro, incierto y oscuro, acechaba, y el destino ya estaba trazado. El peligro no tardar¨ªa en llegar. Era un d¨ªa brillante en Hollow Creek. Liora, ahora con 12 a?os, caminaba lentamente por las calles del pueblo. Las flores decoraban las peque?as casas de madera, y el aire fresco de la tarde acariciaba su rostro mientras observaba con curiosidad los colores vibrantes de su alrededor. Sin embargo, de repente, algo llam¨® su atenci¨®n. Un peque?o gato, de pelaje negro y blanco, cruz¨® su camino. Con los ojos brillantes como faroles, el gato parec¨ªa moverse con una gracia que cautiv¨® a Liora de inmediato. Liora (pensando, intrigada): "?Qu¨¦ ser¨¢ este gato? Nunca lo hab¨ªa visto antes." Sin pensarlo dos veces, decidi¨® seguirlo. El gato avanz¨® hacia el bosque, y Liora, sin poder evitarlo, lo sigui¨®. Cada paso que daba en el sendero del bosque la alejaba de las casas y el bullicio del pueblo, llev¨¢ndola a un lugar m¨¢s tranquilo y misterioso. A medida que avanzaba, el paisaje cambiaba. Los ¨¢rboles parec¨ªan alargarse, cubriendo el sendero con su sombra y creando un ambiente que, aunque hermoso, se sent¨ªa extra?o y un poco fuera de lugar. El sol comenzaba a bajar en el horizonte, ti?endo todo de tonos dorados y anaranjados, pero la brisa fresca del atardecer acariciaba suavemente el rostro de Liora, como si el bosque la estuviera invitando a adentrarse m¨¢s. A lo lejos, el gato avanzaba con agilidad entre los ¨¢rboles, y Liora no pod¨ªa evitar sentirse atra¨ªda por ¨¦l. Sent¨ªa que algo en su interior le dec¨ªa que deb¨ªa seguirlo, como si el animal supiera exactamente a d¨®nde la llevaba. Liora (murmurando para s¨ª misma): "?A d¨®nde me llevas...? No entiendo, pero siento que debo seguirte." El gato se detuvo repentinamente y volte¨® hacia ella, como si quisiera asegurarse de que lo segu¨ªa. Liora dio un paso m¨¢s, con el coraz¨®n latiendo m¨¢s r¨¢pido, pero al ver la mirada fija del gato, algo en su pecho se apret¨®, como si estuviera tocando algo profundo y desconocido. Liora (con un leve estremecimiento): "?Por qu¨¦ me siento tan conectada a este lugar?" Mientras caminaba, el ambiente a su alrededor comenz¨® a cambiar. Lo que antes parec¨ªa un tranquilo sendero del bosque ahora se tornaba m¨¢s antiguo, como si estuviera entrando en un lugar fuera del tiempo. Los ¨¢rboles crec¨ªan m¨¢s altos y sus ra¨ªces se retorc¨ªan de manera extra?a, formando patrones que parec¨ªan tener vida propia. La luz del atardecer ya no iluminaba el camino con su calor dorado, sino que parec¨ªa filtrarse entre las ramas de manera tenue y misteriosa. De repente, el silencio envolvi¨® todo. El canto de los grillos, que antes hab¨ªa acompa?ado su paso, desapareci¨®. La calma que rodeaba a Liora era tan pesada que hasta sus propios pensamientos parec¨ªan estar distorsionados por la quietud. Liora (dudando, con una sensaci¨®n extra?a): "Tal vez deber¨ªa regresar... esto... esto no se siente bien." Pero en ese instante, el gato maull¨® suavemente, interrumpiendo sus pensamientos y rompiendo el silencio de forma que Liora lo sinti¨® como una invitaci¨®n a continuar. El peque?o animal, que parec¨ªa entender algo que ella no, comenz¨® a caminar de nuevo con rapidez, llev¨¢ndola a un claro que, por alg¨²n motivo, parec¨ªa no haber estado all¨ª antes. La luz del atardecer se filtr¨® de manera inusual, iluminando todo el espacio con un resplandor dorado que parec¨ªa tener vida propia. En el centro del claro, un ¨¢rbol enorme, cuyas ramas se extend¨ªan hacia el cielo como si fueran brazos protectores, se alzaba imponente. A los pies del ¨¢rbol, un peque?o estanque reflejaba la luz de una manera que parec¨ªa m¨¢gica, creando destellos que daban la sensaci¨®n de que el aire mismo se mov¨ªa. El gato se detuvo frente al estanque y se sent¨®, observando a Liora con una mirada fija y tranquila, como si le estuviera indicando que ella tambi¨¦n deb¨ªa detenerse. Liora (avanzando lentamente, cautivada por la belleza del lugar): "?Qu¨¦ es este lugar...? Nunca lo hab¨ªa visto antes." Cuando se inclin¨® para mirar su reflejo en el agua, algo extra?o sucedi¨®. Las ondas del estanque se movieron, pero no por su presencia. Fue entonces cuando vio algo que la dej¨® sin aliento: no era ella quien la miraba en el reflejo, sino una figura alada, con el cabello oscuro y los ojos dorados. La figura parec¨ªa mirarla con intensidad, como si le estuviera transmitiendo un mensaje sin palabras. Liora (retrocediendo, sorprendida): "?Qu¨¦...? ?Qui¨¦n eres t¨²?" El agua volvi¨® a calmarse, y la figura desapareci¨® tan repentinamente como hab¨ªa aparecido. Liora se qued¨® mirando el lugar vac¨ªo, su mente llena de preguntas sin respuesta. En ese momento, el gato maull¨® nuevamente, y Liora, aunque a¨²n sorprendida, sigui¨® al peque?o animal mientras regresaba por el sendero, como si nada hubiera ocurrido. Sin embargo, algo dentro de ella sent¨ªa que todo lo que hab¨ªa experimentado quedar¨ªa grabado en su memoria para siempre. Cuando finalmente sali¨® del bosque y vio las luces de la casa a lo lejos, una extra?a mezcla de alivio y a?oranza la invadi¨®. Mir¨® al gato, que ya estaba acurrucado junto a la puerta de su casa, como si hubiera cumplido con una misi¨®n. Susurr¨®, casi para s¨ª misma. Liora (con una mezcla de duda y fascinaci¨®n): "?Qui¨¦n eres realmente? ?Por qu¨¦ me llevaste all¨ª...?" El gato solo la mir¨® con sus ojos brillantes, como si comprendiera todas las respuestas, pero se negara a revelarlas. Sin palabras, Liora entr¨® en la casa, pero el misterio del bosque y de lo que hab¨ªa visto a¨²n la perseguir¨ªa en sus pensamientos, haciendo eco en su mente. Un momento despu¨¦s, un desconocido apareci¨® a su lado, un chico con ojos dorados y cabello oscuro. Se detuvo frente a Liora, sorprendido, y su mirada fija en el gato. Desconocido (con un tono agradecido): "?Shadow! Muchas gracias por encontrarlo. Me llamo Zane." Capitulo 7. Sacrificio El cielo, que antes brillaba radiante y sereno, ahora estaba cubierto por nubes oscuras, con rel¨¢mpagos iluminando las c¨²pulas doradas de Celestia. El reino temblaba bajo la furia de las hordas demon¨ªacas, lideradas por Luciferis, que arrasaban con todo a su paso. Los ¨¢ngeles, agotados y superados en n¨²mero, luchaban desesperadamente por contener la invasi¨®n, pero la oscuridad avanzaba sin cesar. ¨¢ngel Capit¨¢n (gritando con desesperaci¨®n):"?Protejan el Trono Dorado y al Rey! ?No podemos dejar que lo tomen!" Luciferis caminaba con paso firme entre las filas de ¨¢ngeles, su presencia oscura opacando la luz que a¨²n luchaba por resistir. Con una sonrisa de desd¨¦n, su voz resonaba como una amenaza. Luciferis (con voz resonante):"?Creen que la luz puede salvarlos? El equilibrio ha muerto, y las sombras reclamar¨¢n su lugar." Cada paso suyo hac¨ªa que el suelo dorado de Celestia se resquebrajara y ennegreciera. Su poder aumentaba con cada movimiento, debilitando a los ¨¢ngeles, que intentaban in¨²tilmente detenerlo. En el coraz¨®n del reino, Selene, la Reina de Celestia, observaba desde el Trono Dorado, con el peso de todo el multiverso sobre sus hombros. Selene (en voz baja, mirando el caos):"No queda tiempo... Si caemos, el multiverso caer¨¢ con nosotros. La luz debe sobrevivir, aunque yo no lo haga." Con una determinaci¨®n visible, Selene se levant¨® del Trono Dorado, sus alas blancas irradiando una luz c¨¢lida, aunque tenue. Camin¨® hacia el pedestal dorado que albergaba el N¨²cleo de Luz, el coraz¨®n de Celestia y la fuente de la energ¨ªa que manten¨ªa el equilibrio del multiverso. Consejero Angelical (corriendo hacia ella, angustiado):"?Majestad, no puede hacerlo! Su energ¨ªa vital est¨¢ vinculada al N¨²cleo. Si lo infunde con su poder... usted desaparecer¨¢." Selene lo mir¨® con calma, aunque sus ojos estaban llenos de l¨¢grimas. Selene (con voz serena, pero fr¨¢gil): "Lo s¨¦. Pero no hay otra forma. La luz debe sobrevivir." Con un movimiento lento, Selene coloc¨® ambas manos sobre el pedestal. Cerr¨® los ojos y comenz¨® a cantar un himno celestial, su voz resonando por todo el reino. El sonido de su canto llen¨® de esperanza a los ¨¢ngeles que luchaban en las murallas, e incluso algunos demonios vacilaron al escucharla. El N¨²cleo de Luz comenz¨® a absorber la esencia de Selene, la luz blanca y dorada flu¨ªa de su cuerpo en filamentos que envolv¨ªan el pedestal. El Trono Dorado respondi¨®, emitiendo pulsos de luz que se extendieron por todo el reino. A medida que Selene sacrificaba su poder, su cuerpo comenz¨® a debilitarse. Guardia (angustiado): "?Majestad, debe detenerse! ?No sobrevivir¨¢!" Selene (con una sonrisa serena, aunque su voz se debilita):"Celestia sobrevivir¨¢. Eso es lo que importa." Fuera del palacio, los demonios retrocedieron moment¨¢neamente cuando una explosi¨®n de luz surgi¨® del N¨²cleo, empuj¨¢ndolos hacia afuera del reino. Luciferis, sin embargo, avanz¨® sin miedo, rodeado por un aura oscura. Aurelion, el rey de Celestia, lleg¨® al sal¨®n del Trono Dorado. Al ver a su reina, quien apenas pod¨ªa mantenerse en pie, vol¨® r¨¢pidamente hacia ella. La tom¨® en sus brazos antes de que pudiera caer, sosteni¨¦ndola con cuidado, como si su tacto pudiera evitar lo inevitable. Las manos de Aurelion temblaban al sentir lo fr¨¢gil que estaba su amada. Aurelion (con los ojos llenos de l¨¢grimas, con voz quebrada):"?Pero qu¨¦ has hecho, mi amor?" Las l¨¢grimas de Aurelion ca¨ªan libremente mientras abrazaba a Selene, incapaz de aceptar lo que estaba sucediendo. Selene (con una mano temblorosa acariciando su mejilla): "Siempre has sido fuerte, mi amor. Incluso cuando yo dudaba, t¨² cre¨ªas. Celestia te necesita... y nuestra peque?a... ella tambi¨¦n te necesitar¨¢. Tranquilo cari?o." Aurelion la abraz¨® con m¨¢s fuerza, aferr¨¢ndose a ella como si fuera a desaparecer de sus brazos. Aurelion (con voz rota): "No, mi amor... tienes que vivir. Sin ti,para mi no hay luz." Las alas de Selene, que antes eran resplandecientes, ahora estaban opacas. Su rostro reflejaba el sacrificio que ya hab¨ªa hecho. Con las pocas fuerzas que le quedaban, Selene abraz¨® a Aurelion por ¨²ltima vez, rode¨¢ndolo d¨¦bilmente con sus alas. Las l¨¢grimas de ambos ca¨ªan, fusion¨¢ndose con la tristeza del momento. Selene (con voz suave):"Te amo, Aurelion. Nunca olvides lo que somos... ni lo que hemos construido juntos." Su cuerpo comenz¨® a desvanecerse en part¨ªculas doradas que se mezclaban con la luz del N¨²cleo. Antes de desaparecer por completo, Selene levant¨® la vista hacia el cielo con una l¨¢grima recorriendo su mejilla. Selene (susurrando):"Liora... mi peque?a... la luz ahora depende de ti." La ¨²ltima l¨¢grima de Selene cay¨® al suelo, justo antes de que desapareciera por completo. El N¨²cleo se estabiliz¨®, iluminando el sal¨®n con un resplandor c¨¢lido, pero el vac¨ªo dejado por su ausencia pesaba como una monta?a. Aurelion se arrodill¨® en el suelo donde Selene hab¨ªa estado, sus manos temblorosas intentando agarrar las part¨ªculas doradas que flotaban alrededor de ¨¦l. Aurelion (gritando con todas sus fuerzas): "?SELENE!" El eco de su grito reson¨® por todo el reino, atravesando las ruinas de Celestia. Las l¨¢grimas segu¨ªan cayendo sin control mientras su cuerpo se estremec¨ªa de agon¨ªa. Aurelion se inclin¨® hacia el suelo, su frente tocando las baldosas doradas. Sus alas cayeron pesadamente, como si compartieran su dolor. Aurelion (susurrando, casi inaudible):"?C¨®mo seguir¨¦ sin ti...? ?C¨®mo proteger¨¦ lo que juramos proteger juntos?" En ese instante, Aurelion no era un rey, ni un protector del equilibrio. Era simplemente un hombre que hab¨ªa perdido a la mitad de su alma. El sal¨®n del Trono Dorado temblaba con la energ¨ªa del N¨²cleo, que fluctuaba violentamente entre destellos dorados y sombras que se arrastraban por el suelo. Luciferis, de pie al pie del trono, sonre¨ªa con desd¨¦n mientras extend¨ªa sus alas negras, sus ojos brillando con malicia.This novel''s true home is a different platform. Support the author by finding it there. Luciferis (riendo con desd¨¦n): "?De verdad creyeron que este espect¨¢culo de luz cambiar¨¢ algo? El trono ser¨¢ m¨ªo, Aurelion. Ya no puedes detenerme." Aurelion, con su armadura dorada manchada de sangre, se levant¨®, su rostro una mezcla de ira y profundo dolor. El N¨²cleo respondi¨® a su presencia, ilumin¨¢ndolo con un resplandor divino. Aurelion se adelant¨® con paso firme, su espada levantada. Aurelion (con voz llena de odio y enojo): "El trono no puede ser reclamado por la oscuridad, Luciferis. Solo responde a aquellos puros de coraz¨®n, no a la ambici¨®n." Luciferis avanz¨® un paso, levantando un brazo cubierto de sombras. Luciferis (con voz llena de desd¨¦n): "Sacrificio... una palabra vac¨ªa para justificar tu debilidad. Selene sacrific¨® todo y mira lo que logr¨®: ?nada! Su luz no puede detener lo inevitable. El trono me pertenece." Luciferis lanz¨® una ola de sombras hacia Aurelion, oscureciendo el sal¨®n con un rugido atronador. Aurelion levant¨® su espada, que brillaba con la luz del N¨²cleo, y cort¨® la sombra en dos, disip¨¢ndola con un estallido de luz dorada. Aurelion (desafiando): "El poder que robaste de la luz jam¨¢s ser¨¢ suficiente para conquistarla. Las sombras solo son el eco de lo que no comprendes." Luciferis gru?¨® con furia y levant¨® su espada, rodeada de energ¨ªa oscura, atacando a Aurelion con toda su fuerza. Aurelion, con su escudo dorado, bloque¨® el impacto, pero la fuerza de Luciferis lo hizo retroceder. Las baldosas doradas del sal¨®n crujieron bajo sus pies. Ambos alzaron el vuelo, chocando en el aire, espada contra espada, luz contra oscuridad. Luciferis (provocando):"?Es esto lo mejor que tienes, t¨ªo? ?La luz no te salvar¨¢ ahora!" Aurelion (con determinaci¨®n): "No lucho para salvarme a m¨ª mismo. Lucho para proteger lo que t¨² jam¨¢s entender¨¢s." Con un giro veloz, Aurelion clav¨® su espada en el aire, liberando un rayo de luz que atraves¨® a Luciferis. El impacto lo lanz¨® contra una columna, que se derrumb¨® bajo la fuerza. Luciferis se levant¨® lentamente, su rostro lleno de furia. Extendi¨® sus manos hacia el N¨²cleo, canalizando una corriente de sombras que comenz¨® a envolver la fuente de energ¨ªa del trono. El sal¨®n temblaba mientras la luz y la oscuridad luchaban por el control. Luciferis (gritando): "Si no puedo tenerlo, lo destruir¨¦. ?Y contigo, Celestia caer¨¢ para siempre!" Aurelion (desesperado):"?No lo permitir¨¦!" Aurelion vol¨® hacia el N¨²cleo, pero Luciferis lo intercept¨® en pleno vuelo, golpe¨¢ndolo con una explosi¨®n de energ¨ªa oscura. Aurelion cay¨® al suelo con un estruendo, jadeando mientras intentaba levantarse. Con dificultad, Aurelion se arrodill¨®, sosteni¨¦ndose con su espada como apoyo. Aurelion (susurrando):"Selene... dame fuerza. No puedo fallarles ahora." De repente, la luz del N¨²cleo se intensific¨®, como si respondiera a su llamado. La espada de Aurelion brill¨® con una intensidad cegadora, y se levant¨® nuevamente, lleno de renovada determinaci¨®n. Luciferis (mirando con incredulidad):"?C¨®mo...? ?No puedes derrotarme!" Aurelion (alzando la espada): "Tu odio te hace fuerte, Luciferis, pero el amor por mi gente y mi reina me hace invencible." Con un corte final, Aurelion liber¨® una ola de luz que inund¨® todo el sal¨®n. Las sombras de Luciferis fueron arrancadas de su cuerpo, y ¨¦l fue lanzado contra el suelo con un grito de dolor. El N¨²cleo se liber¨® de las sombras, brillando con pureza una vez m¨¢s. Luciferis, herido, se arrastr¨® hacia la salida, sus alas negras rasgadas y su energ¨ªa debilitada. Se detuvo un momento, mirando a Aurelion con furia. Luciferis (jadeando): "Esto no ha terminado, Aurelion. Las sombras siempre regresan. Y cuando lo hagan, Celestia caer¨¢." Aurelion no respondi¨®. Se qued¨® de pie frente al N¨²cleo, su cuerpo cansado pero su esp¨ªritu intacto. Observ¨® a Luciferis desaparecer en la distancia y luego dirigi¨® su mirada hacia el cielo. Aurelion (murmurando): "Selene... a¨²n hay luz. A¨²n hay esperanza." Liora y Zane caminaban lentamente por el sendero del bosque, sus pasos dejando huellas en el suelo cubierto de hojas ca¨ªdas. A su alrededor, el atardecer te?¨ªa el paisaje de tonos anaranjados y dorados, y una suave brisa hac¨ªa crujir las ramas de los ¨¢rboles, como si el propio bosque respirara con ellos. Shadow, el gato negro, saltaba juguetonamente entre los ¨¢rboles y se deslizaba por el suelo, siempre un paso por delante. Liora, con una curiosidad que parec¨ªa no tener fin, observ¨® a Zane mientras ¨¦l caminaba en silencio, con las manos en los bolsillos y una expresi¨®n tranquila en su rostro. Sin embargo, sus ojos, aunque calmados, reflejaban una calma calculada, como si estuviera sumido en sus propios pensamientos. Liora (curiosa, mirando a Zane): "Zane, ?d¨®nde vives? Nunca te hab¨ªa visto antes en Hollow Creek. Y cr¨¦eme, conozco a casi todos." Zane, sin apartar la vista del horizonte, respondi¨® con un tono tan tranquilo que casi parec¨ªa parte del paisaje. Zane (mirando al frente): "Vivo m¨¢s all¨¢ del bosque, en una peque?a caba?a. No suelo venir mucho al pueblo." Liora, sorprendida, lo mir¨® fijamente. Su ceja se arque¨®, algo en lo que Zane dijo no le terminaba de encajar. Liora (con escepticismo): "?M¨¢s all¨¢ del bosque? Eso no tiene sentido... No hay nada all¨ª. Al menos no que yo conozca." Zane, sin decir palabra, se detuvo. Gir¨® lentamente hacia ella, su sonrisa apenas visible. Shadow, al notar el cambio, se detuvo tambi¨¦n, sent¨¢ndose tranquilamente a sus pies. Algo en la atm¨®sfera cambi¨®, como si todo el entorno estuviera esperando algo. Zane (con un tono misterioso, acariciando a Shadow): "Tal vez simplemente no lo has visto. Algunas cosas solo aparecen cuando est¨¢s listo para encontrarlas." Liora cruz¨® los brazos, observando a Zane con una mezcla de curiosidad y escepticismo. Liora (riendo ligeramente): "Eso suena como un acertijo. ?Siempre hablas as¨ª de enigm¨¢tico?" Zane la mir¨® en silencio, como si evaluara cada palabra que ella dec¨ªa. Sus ojos se fijaron en ella por un largo momento, como si estuviera buscando algo m¨¢s all¨¢ de su expresi¨®n. Finalmente, habl¨® con un tono m¨¢s serio. Zane (mir¨¢ndola fijamente a los ojos): "Quiz¨¢s lo sea. Algunas respuestas no se pueden dar tan f¨¢cilmente. Deben encontrarse por uno mismo." Liora parpade¨®, sorprendida por la intensidad de sus palabras. El viento se intensific¨® por un instante, y el cabello dorado de Liora se movi¨® suavemente. La mirada de Zane, profunda y fija en ella, la hizo sentir una extra?a conexi¨®n, como si ¨¦l supiera algo que ella no. Algo que no pod¨ªa comprender, pero que estaba, de alguna manera, al alcance de sus manos. Liora (inclinando la cabeza, pensativa): "Sabes... te me haces conocido. Es extra?o, pero siento que ya te he visto antes." Zane se detuvo de nuevo, como si una sombra hubiera cruzado por su rostro, pero solo fue un instante. Con una sonrisa casi imperceptible, respondi¨® con tono ligero, intentando desviar la conversaci¨®n. Zane (sonriendo suavemente): "Tal vez ya me hayas visto en otra parte. Aunque no lo dudo... No soy alguien que pase desapercibido." Liora frunci¨® el ce?o, sintiendo que hab¨ªa algo m¨¢s en su respuesta. Algo que no cuadraba. A pesar de su tono casual, hab¨ªa una deliberada evasi¨®n en sus palabras, como si no quisiera decir m¨¢s. Mientras caminaban en silencio, Zane mir¨® a Shadow, quien segu¨ªa movi¨¦ndose a su alrededor. Su expresi¨®n cambi¨® por un momento, tan sutilmente que Liora casi no lo not¨®. Estaba sumido en sus pensamientos, m¨¢s oscuros y profundos de lo que ¨¦l dejaba ver. Zane (pensando, con la mente fija en Liora): "Por fin te encontr¨¦, princesa. Despu¨¦s de tantos a?os buscando... aqu¨ª est¨¢s. Justo como predije." Liora lo observ¨® de reojo, notando la repentina oscuridad en su expresi¨®n. Un escalofr¨ªo recorri¨® su espalda, una ligera sensaci¨®n de inquietud que no pudo explicar. No sab¨ªa por qu¨¦, pero sent¨ªa que algo m¨¢s grande que ellos estaba en juego. Liora (con suavidad, dudosa):"Zane... ?qui¨¦n eres realmente?" Zane se detuvo nuevamente, gir¨¢ndose hacia ella. Durante un instante, parec¨ªa que iba a responder, pero en lugar de eso, su mirada se desvi¨® hacia el suelo, sumido en pensamientos. Su sonrisa desapareci¨® por un momento, y sus ojos brillaron con una intensidad desconocida. Zane (susurrando, mirando hacia otro lado): "Alguien que sabe que el destino siempre nos lleva a donde debemos estar." Capitulo 8. La confusion de Liora La noche envolv¨ªa Hollow Creek en un manto de calma, pero en el interior de la peque?a casa, Liora no pod¨ªa encontrar la paz. Al cruzar la puerta, su mirada parec¨ªa perdida, como si algo la estuviera atormentando. Sus pasos, usualmente r¨¢pidos y curiosos, ahora eran lentos, como si cada uno de ellos le costara m¨¢s de lo habitual. Marianne, que estaba terminando de arreglar unos platos en la mesa, not¨® inmediatamente el cambio en su hija. El aire que rodeaba a Liora, su actitud distante, le dec¨ªa que algo no estaba bien. Marianne, preocupada, dej¨® los platos a un lado y se acerc¨® a ella, tocando su brazo con suavidad. Marianne (con dulzura): "?Qu¨¦ tienes, cari?o? Pareces distra¨ªda. ?Pas¨® algo en el bosque?" Liora se qued¨® inm¨®vil por un momento, como si las palabras de su madre la hubieran le¨ªdo por completo. Por fin, levant¨® la mirada, pero en lugar de responder directamente, dej¨® escapar un susurro lleno de dudas. Liora (evadiendo): "No... nada, mami." Marianne la mir¨® con un leve atisbo de preocupaci¨®n. Sab¨ªa que algo estaba pasando, que su hija no se sent¨ªa como siempre. Pero antes de que pudiera insistir, Liora baj¨® la mirada y, como si algo dentro de ella la empujara a hacerlo, pregunt¨® algo que hab¨ªa estado rondando en su mente durante todo el d¨ªa. Liora (titubeando): "Mami... ?t¨² crees en la magia?" Marianne se sorprendi¨® por la pregunta, pero no pudo evitar sonre¨ªr, un gesto cargado de ternura. Tom¨® las peque?as manos de su hija entre las suyas, transmiti¨¦ndole la seguridad de siempre. Sus ojos reflejaban tanto amor como una chispa de nostalgia. Marianne (pensativa): "?Con qu¨¦ magia? S¨ª, definitivamente creo en ella." Liora abri¨® los ojos, sorprendida por la respuesta tan directa. Marianne, viendo su reacci¨®n, acarici¨® su cabello suavemente, un gesto que siempre la calmaba. Marianne (con un tono sereno): "Existe la magia, cari?o. Pero no siempre la puedes ver. La magia solo se deja mostrar a aquellos que tienen un coraz¨®n puro." Liora frunci¨® el ce?o, confundida. La frase resonaba en su mente, pero no lograba entenderla completamente. ?Un coraz¨®n puro? ?Qu¨¦ significaba eso? Liora (confundida): "?Un coraz¨®n puro?" Marianne asinti¨® lentamente, su sonrisa no desapareciendo en ning¨²n momento. Se inclin¨® un poco m¨¢s cerca, como si estuviera compartiendo un secreto importante con su hija. Marianne (en voz baja): "Un coraz¨®n puro no significa ser perfecto, Liora. Significa ser capaz de ver m¨¢s all¨¢ de lo que est¨¢ frente a ti. De creer en lo imposible... y de encontrar belleza incluso en la oscuridad." Las palabras de su madre giraban en la cabeza de Liora. Era como si intentara encajar algo que no lograba entender del todo. Un sentimiento profundo y confuso la envolv¨ªa, pero algo en la forma en que Marianne hablaba la hac¨ªa sentir que su madre entend¨ªa mucho m¨¢s de lo que dejaba ver. Liora (murmurando): "Tal vez lo vi porque... porque deb¨ªa verlo." Marianne la mir¨® con ternura y bes¨® su frente antes de soltarle las manos. Marianne: "Todo tiene un momento, mi amor. Y si la magia decidi¨® mostrarse a ti, entonces significa que tienes un prop¨®sito especial." M¨¢s tarde, en la tranquila oscuridad de su habitaci¨®n, Liora se sent¨® en su escritorio con una libreta y un l¨¢piz en la mano. La tenue luz de una l¨¢mpara iluminaba su rostro pensativo mientras intentaba capturar el dibujo del estanque y el ¨¢rbol que hab¨ªa visto en el bosque. Su trazo era inseguro, como si su mente no pudiera seguir el ritmo de lo que su coraz¨®n sent¨ªa. Algo faltaba, pero no sab¨ªa qu¨¦. Frustrada, dej¨® caer el l¨¢piz y apoy¨® su barbilla en las manos, mirando el dibujo incompleto. Liora (murmurando para s¨ª misma):"Era real, lo s¨¦... pero ?por qu¨¦ siento que no lo entiendo? ?Qu¨¦ me estaba mostrando ese lugar?" Shadow, que hab¨ªa estado acurrucado cerca de su cama, se levant¨® con gracia y salt¨® sobre el escritorio. Con movimientos ¨¢giles, se acomod¨® junto al dibujo y ronrone¨® suavemente, como si quisiera ayudarla a encontrar la respuesta que tanto la inquietaba. Liora lo mir¨® y comenz¨® a acariciar su suave pelaje.The story has been illicitly taken; should you find it on Amazon, report the infringement. Liora (mirando al gato): "T¨² sabes algo, ?verdad, Shadow? ?Por qu¨¦ me llevaste all¨ª? ?Qu¨¦ quer¨ªas mostrarme?" El gato la mir¨® con esos ojos brillantes, como si entendiera cada palabra, pero se negaba a responder. Despu¨¦s de unos segundos, cerr¨® los ojos y continu¨® ronroneando, sumido en su propio mundo. Liora (susurrando): "?Qu¨¦ secreto guardas, peque?o amigo?" Liora apag¨® la l¨¢mpara y se recost¨® en la cama, mirando al techo. A pesar del cansancio que sent¨ªa, su mente no dejaba de girar en torno al claro en el bosque y las palabras de su madre. Algo profundo, algo extra?o y desconocido, la manten¨ªa despierta. Liora (pensando): "?Un coraz¨®n puro? ?Por eso me llev¨® all¨ª Shadow? ?Por qu¨¦ siento que pertenezco a ese lugar? ?Y por qu¨¦ me siento m¨¢s perdida cuanto m¨¢s trato de entenderlo?" El sonido del viento acariciando las ventanas se mezclaba con el suave ronroneo de Shadow, que ahora se hab¨ªa acomodado junto a ella. Liora cerr¨® los ojos, abrazando la extra?a mezcla de emociones que la envolv¨ªa: curiosidad, nostalgia y un leve toque de temor. El sol comenzaba a descender lentamente en el horizonte, pintando el cielo de tonos c¨¢lidos. Las aguas del lago reflejaban las nubes doradas, creando un espejo perfecto que parec¨ªa separar el mundo real de algo m¨¢s m¨¢gico. Liora se encontraba de pie junto a la orilla, con los ojos fijos en las peque?as piedras que recog¨ªa y lanzaba al agua. Cada piedra ca¨ªa con un peque?o "plof", creando ondulaciones que compet¨ªan con los reflejos dorados del atardecer. Zane, un par de pasos detr¨¢s de ella, la observaba en silencio. Sus manos estaban escondidas en los bolsillos, pero su mirada nunca se apartaba de Liora. La paz del momento parec¨ªa envolverlos, pero algo en el aire, algo indefinido, los hac¨ªa sentir m¨¢s conectados de lo que nunca antes hab¨ªan estado. Liora (sonriendo suavemente): "?Sab¨ªas que cuando era ni?a pensaba que este lago ten¨ªa magia? Siempre parec¨ªa tan perfecto, como un espejo. Era mi lugar favorito para esconderme del mundo." Zane sonri¨® ligeramente, pero su mirada no se desvi¨® del agua. Algo en su expresi¨®n indicaba que sus pensamientos no estaban realmente en el presente, sino m¨¢s all¨¢ de las ondulaciones en el agua, buscando respuestas que no se pod¨ªan ver a simple vista. Zane (con un tono tranquilo): "Tal vez no estabas equivocada. Algunos lugares tienen m¨¢s significado del que podemos ver. A veces, esconden cosas que solo se revelan cuando estamos listos." Liora, intrigada por la respuesta, dej¨® caer la piedra que ten¨ªa en la mano y se gir¨® hacia ¨¦l, el brillo de su cabello dorado destacando con la luz del atardecer. La brisa acarici¨® su rostro, y la atm¨®sfera entre ellos se sinti¨® m¨¢s cargada, m¨¢s intensa. Liora (curiosa): "Hablas como si supieras algo. ?Qu¨¦ significa este lugar para ti?" Zane la mir¨®, su expresi¨®n cambiando sutilmente. Era como si estuviera evaluando c¨®mo responder, como si estuviera eligiendo cuidadosamente qu¨¦ revelar de s¨ª mismo. Despu¨¦s de un momento de silencio, su mirada se desvi¨® hacia el lago, como si buscar las palabras correctas fuera m¨¢s dif¨ªcil que enfrentar el agua que se extend¨ªa frente a ¨¦l. Zane (con un tono sereno): "Es... especial. Igual que t¨²." Liora lo mir¨®, sorprendida por sus palabras. Algo en la forma en que las dijo hizo que su sonrisa se desvaneciera lentamente, mientras buscaba en sus ojos alguna pista de lo que realmente quer¨ªa decir. Su coraz¨®n dio un peque?o salto, y una calidez inesperada llen¨® su pecho, algo que no pod¨ªa explicar. Liora (titubeando): "?Especial? ?Por qu¨¦ dices eso?" Zane dio un paso hacia ella, acerc¨¢ndose. La brisa pareci¨® detenerse en ese instante, y el murmullo de las hojas dej¨® de ser audible, como si el universo estuviera esperando lo que iba a decir. El espacio entre ellos se redujo, y el latido del coraz¨®n de Liora se hizo m¨¢s r¨¢pido, m¨¢s fuerte, mientras Zane la miraba con una intensidad que nunca antes hab¨ªa visto. Zane (con una voz baja, sincera):"Porque lo eres. Desde el momento en que te vi, supe que hab¨ªa algo en ti... algo que no puedo ignorar. Algo que me hace querer quedarme aqu¨ª, contigo." Liora sinti¨® un rubor subiendo por sus mejillas. Sus ojos se encontraron con los de Zane, y por un momento, todo lo dem¨¢s desapareci¨®. Se sinti¨® vulnerable, como si ¨¦l pudiera ver cada rinc¨®n de su alma, cada pensamiento, incluso aquellos que a¨²n no sab¨ªa c¨®mo expresar. Liora (nerviosa, mirando hacia el lago): "Zane... no entiendo por qu¨¦ dices esas cosas. Soy solo una chica normal." Zane neg¨® suavemente con la cabeza, una leve sonrisa en sus labios. Se acerc¨® m¨¢s, y con una delicadeza inesperada, tom¨® su mano. Liora, sorprendida, mir¨® la uni¨®n de sus dedos, como si fuera un gesto que no estaba seguro de c¨®mo interpretar, pero que la calmaba al mismo tiempo. Zane (sonriendo):"No, Liora. No eres solo una chica normal. Eres... la luz en medio de toda esta oscuridad." Las palabras de Zane resonaron en el coraz¨®n de Liora, como una melod¨ªa suave y profunda. Por un momento, se qued¨® en silencio, asimilando el peso de lo que ¨¦l acababa de decir. El sol finalmente se escondi¨® detr¨¢s de las monta?as, dejando una luz suave y dorada que ba?aba el lago y los rodeaba en una atm¨®sfera m¨¢gica, casi irreal. Liora (en voz baja):"?C¨®mo puedes estar tan seguro? Ni siquiera yo s¨¦ qui¨¦n soy realmente..." Zane (con un tono firme, casi solemne): "Lo sabr¨¢s. Y cuando lo hagas, quiero estar a tu lado para recordarte qui¨¦n eres y lo que significas." Liora sinti¨® un nudo en la garganta, pero no dijo nada. En cambio, apret¨® suavemente la mano de Zane, como si de alguna manera, ese gesto fuera su manera de agradecerle por sus palabras, por el consuelo que le daba sin pedir nada a cambio. Ambos miraron el lago en silencio, mientras Shadow, el gato, se acurrucaba a sus pies, como si comprendiera la importancia del momento. Capitulo 9. ?Que planeas Zane? La oscuridad la envolv¨ªa, opresiva y absoluta, como si no existiera un final a la nada. Sin embargo, una luz tenue comenz¨® a emerger a la distancia, quebrando la monoton¨ªa del vac¨ªo. Liora flotaba en aquel espacio infinito, su cabello dorado ondeando como si una brisa inexistente lo meciera. Ante ella, un trono brillante, forjado de luz pura, se alzaba majestuoso, rodeado por destellos dorados que chisporroteaban como estrellas fugaces. El lugar ten¨ªa un aire et¨¦reo, como si existiera fuera del tiempo y el espacio. El coraz¨®n de Liora comenz¨® a latir con fuerza. Hab¨ªa algo en ese trono que le resultaba familiar, pero tambi¨¦n inquietante. Dio un paso, aunque no sent¨ªa el suelo bajo sus pies. A cada movimiento, las sombras que serpenteaban alrededor del trono se alzaban m¨¢s altas, retorci¨¦ndose como si intentaran reclamarlo. Liora (murmurando, confundida):"?D¨®nde estoy...? ?Qu¨¦ es este lugar?" Antes de que pudiera formular otra pregunta, una figura alada emergi¨® de la luz tras el trono. Su presencia irradiaba una calidez reconfortante, pero tambi¨¦n una fuerza abrumadora. Las alas de la figura se desplegaron, llenando el espacio con destellos que parec¨ªan desafiar a las sombras. Aunque el rostro de la figura estaba cubierto por un brillo cegador, su silueta era inequ¨ªvocamente angelical. Extendi¨® una mano hacia Liora, como si la invitara a acercarse. Figura (susurrando, con un eco que llena el vac¨ªo):"Liora... vuelve a casa... el equilibrio depende de ti..." El eco de aquellas palabras se grab¨® en su mente, como una verdad que no pod¨ªa ignorar. Liora sinti¨® un nudo en el est¨®mago mientras intentaba alargar la mano hacia la figura. Pero justo cuando estaba a punto de alcanzarla, las sombras se lanzaron hacia el trono con una violencia inesperada. El brillo del trono comenz¨® a apagarse, devorado por las tinieblas. La figura alada baj¨® su mano lentamente, su luz menguando. Con un ¨²ltimo vistazo hacia Liora, desapareci¨® en la oscuridad. Liora (gritando):"?No! ?Espera!" De repente, las sombras la alcanzaron, envolvi¨¦ndola como una marea fr¨ªa y sofocante. Liora luchaba por respirar, su pecho ardiendo con una sensaci¨®n extra?a y poderosa, como si algo dentro de ella estuviera tratando de liberarse. La voz de la figura reson¨® una ¨²ltima vez, apenas un susurro en la inmensidad. Figura (en un ¨²ltimo eco distante): "Liora... encuentra la luz... antes de que sea demasiado tarde." Despert¨® bruscamente, jadeando. Su cuerpo estaba cubierto de un sudor fr¨ªo, y su respiraci¨®n era r¨¢pida, err¨¢tica. La tenue luz de la luna se filtraba por las cortinas de su habitaci¨®n, ba?ando el espacio en un resplandor plateado. Shadow, sentado sobre la cabecera de la cama, la observaba con ojos brillantes que parec¨ªan escrutarla, casi como si entendiera su agitaci¨®n. Liora se llev¨® una mano temblorosa al pecho, tratando de calmar los latidos desbocados de su coraz¨®n. Liora (susurrando): "Fue... solo un sue?o... ?verdad?" Shadow salt¨® con gracia al regazo de Liora, frot¨¢ndose contra ella. Su ronroneo llen¨® el silencio de la habitaci¨®n, un sonido que usualmente la calmaba, pero esta vez no era suficiente. Acarici¨® el suave pelaje del gato, buscando consuelo. Liora (con la voz quebrada):"?Qui¨¦n era esa figura? ?Qu¨¦ significa ''volver a casa''? ?Qu¨¦ equilibrio?" Mir¨® al techo, su mente enredada en preguntas sin respuesta. Aunque intentaba convencerse de que solo hab¨ªa sido un sue?o, la sensaci¨®n de realidad era demasiado v¨ªvida para ignorarla. Su pecho a¨²n ard¨ªa levemente, como si las sombras hubieran dejado una huella invisible. Mientras las estrellas brillaban fuera de la ventana, Liora cerr¨® los ojos. Pero sab¨ªa que esa noche no volver¨ªa a dormir con tranquilidad. El sol matutino ba?aba la cocina de los Wilde con una luz c¨¢lida y serena. Marianne coloc¨® un plato de tostadas frente a Liora, sus movimientos suaves pero atentos. Edward, sentado al otro extremo de la mesa, hojeaba un peri¨®dico con gesto tranquilo. Sobre el alf¨¦izar de la ventana, Shadow observaba a la familia con la cabeza ladeada, sus ojos amarillos atentos a cada movimiento. Marianne (sirvi¨® un vaso de jugo, su mirada fija en su hija):¡±?Dormiste bien, cari?o?, (pregunt¨® con dulzura mientras tomaba asiento), Parec¨ªas algo inquieta anoche. Liora (distra¨ªda, mordi¨® su tostada y asinti¨® levemente antes de responder): Tuve otro sue?o raro... pero no importa. Estoy bien. Edward (baj¨® el peri¨®dico lo suficiente como para mirar a su hija por encima del borde, sus cejas levantadas con inter¨¦s):¡±?Otro sue?o?,(coment¨®, su tono curioso), tal vez es porque pasas demasiado tiempo en ese bosque. Deber¨ªas descansar m¨¢s.¡± Liora (se encogi¨® de hombros, esbozando una leve sonrisa): Pap¨¢, el bosque es el lugar m¨¢s tranquilo del mundo. No creo que eso cause sue?os raros. Marianne intercambi¨® una mirada c¨®mplice con Edward antes de inclinarse hacia Liora. Marianne: ¡°Bueno, siempre has tenido una imaginaci¨®n activa. Pero recuerda, si necesitas hablar de algo, estamos aqu¨ª¡± Dijo con una sonrisa c¨¢lida, mientras le apartaba un mech¨®n de cabello de la cara. Shadow salt¨® del alf¨¦izar con la agilidad que solo un gato podr¨ªa tener y se frot¨® contra las piernas de Liora, reclamando su atenci¨®n. Ella ri¨® suavemente mientras se agachaba para acariciarlo. Liora (sonriente): ¡°Parece que alguien tambi¨¦n tuvo una noche tranquila¡± Coment¨®, mientras los ojos de Shadow se entrecerraban con satisfacci¨®n. Edward (interrumpi¨®con una sonrisa ir¨®nica): Claro ¨¦l no tiene sue?os extra?os. Solo sue?a con ratones y con comer todo el d¨ªa. Marianne (a?adio riendo): Shadow tiene la vida que todos quisi¨¦ramos Liora se uni¨® a las risas de sus padres por un momento antes de mirar el reloj de la pared. Sus ojos se abrieron un poco m¨¢s al darse cuenta de la hora. Liora (anunci¨®, levant¨¢ndose apresuradamente): ?Tengo que irme! Lucian me est¨¢ esperando para ir a la escuela Edward (con una sonrisa que no ocultaba su diversi¨®n, cruz¨® los brazos): ¡°?Ese chico y t¨²? ?Ya son novios?¡± El rubor subi¨® r¨¢pidamente a las mejillas de Liora. Se detuvo en seco, gir¨¢ndose hacia su padre con una expresi¨®n entre avergonzada y alarmada. Liora: ¡°?Qu¨¦? ?No, no, no! ?Lucian y yo no somos novios!, (tartamude¨®, agitando las manos), Bueno, ?me tengo que ir!¡± Tom¨® su mochila y sali¨® apresurada, dejando a Edward y Marianne intercambiando sonrisas divertidas. Afuera, Lucian estaba a unos pasos de la puerta de Liora, con las manos en los bolsillos y el rostro tranquilo. Liora, sin darse cuenta de su presencia, choc¨® directamente contra su pecho al salir. This narrative has been unlawfully taken from Royal Road. If you see it on Amazon, please report it.Liora (dijo r¨¢pidamente, llev¨¢ndose una mano a la frente, avergonzada): ¡°?Lucian! Perd¨®n, no te hab¨ªa visto¡± Lucian la mir¨® con una mezcla de curiosidad y preocupaci¨®n. Lucian:¡±Tranquila. ?Por qu¨¦ caminabas tan r¨¢pido?¡± Liora (respondi¨® con una sonrisa nerviosa): Nada, nada. Es solo que... ya es tarde. Ya sabes c¨®mo son en la escuela con la puntualidad. El camino hacia la escuela estaba bordeado de ¨¢rboles cuyos troncos parec¨ªan inclinarse ligeramente hacia el sendero, como si escucharan las conversaciones de quienes pasaban. Lucian caminaba al lado de Liora, su paso tranquilo y relajado. Tom¨® su mano, un gesto que parec¨ªa natural, pero que hizo que el coraz¨®n de Liora comenzara a latir m¨¢s r¨¢pido. Lucian (sonriendo): "Bueno, empecemos a caminar entonces." Liora trat¨® de controlar su respiraci¨®n, aunque el leve rubor en sus mejillas la traicionaba. Sus ojos cayeron de repente en el brazo de Lucian, notando una cicatriz que cruzaba su piel como si alguien hubiera intentado abrirle un portal con un cuchillo. Liora (preocupada, deteni¨¦ndose ligeramente): "?Qu¨¦ pas¨® en tu brazo?" La pregunta lo tom¨® por sorpresa. Lucian tens¨® su mand¨ªbula y detuvo su andar. Sus ojos se oscurecieron por un instante, como si hubiera retrocedido a un recuerdo que preferir¨ªa olvidar. Sin darse cuenta, apret¨® la mano de Liora, pero al notar su incomodidad, r¨¢pidamente suaviz¨® su agarre. Lucian (pensando, mientras evita mirarla): "Mierda... esa pelea con Aurelion. Esa herida no san¨® del todo. ?Por qu¨¦ ten¨ªa que notar eso ahora?" Liora lo miraba con curiosidad, sus ojos llenos de genuina preocupaci¨®n. Lucian sinti¨® que su fachada de calma comenzaba a tambalearse, pero no pod¨ªa decirle la verdad. No ahora. Lucian (forzando una sonrisa, su tono casual): "No es nada, solo me lastim¨¦ ayudando a mi pap¨¢ con algo pesado. Ya sabes, torpeza m¨ªa." Liora lade¨® la cabeza, como si estuviera evaluando la veracidad de sus palabras. Algo en su tono no terminaba de convencerla, pero decidi¨® no insistir. A¨²n as¨ª, el presentimiento de que no estaba siendo completamente honesto qued¨® flotando en su mente. Liora (asintiendo lentamente): "Est¨¢ bien... pero ten cuidado la pr¨®xima vez, ?s¨ª?" Lucian solo sonri¨® y continuaron caminando. Pero el silencio entre ellos no dur¨® mucho. Liora (recordando, su voz animada): "Por cierto, ?d¨®nde estuviste el fin de semana? Me pas¨® algo muy raro, y creo que deber¨ªas saberlo." Lucian arque¨® una ceja, alerta por el cambio en su tono. Aunque intent¨® mantener una expresi¨®n neutral, su coraz¨®n comenz¨® a latir con fuerza. Lucian (preguntando con inter¨¦s): "?Raro? ?Qu¨¦ fue lo que pas¨®?" Liora comenz¨® a contarle, con entusiasmo y algo de desconcierto, todo lo que hab¨ªa ocurrido en el bosque. Describi¨® al gato que la hab¨ªa guiado, el claro que parec¨ªa salido de un sue?o y la figura alada con cabello oscuro y ojos dorados que hab¨ªa visto en el estanque. Lucian escuchaba en silencio, cada palabra encendiendo una alarma en su mente. No le quedaba duda: la figura que Liora hab¨ªa visto era su hermano. ?Pero por qu¨¦ Ziryel hab¨ªa buscado a Liora? ?Qu¨¦ planeaba hacer? Lucian (pensando mientras frunce el ce?o): "Ziryel... ?Qu¨¦ mierda est¨¢s tramando? No deber¨ªa acercarse a ella, y menos ahora." Liora (mir¨¢ndolo, entusiasmada): "?Puedes creerlo? ?Un gato me llev¨® hasta all¨ª! Es como si supiera exactamente a d¨®nde deb¨ªa ir." Lucian asinti¨® lentamente, todav¨ªa procesando la informaci¨®n. No pod¨ªa permitirse que Liora supiera la verdad, no a¨²n. Lucian (esforz¨¢ndose por sonar casual): "Definitivamente suena... inusual. ?Y qu¨¦ m¨¢s pas¨®? ?Esa figura alada te dijo algo?" Liora (negando con la cabeza): "No, desapareci¨® antes de que pudiera hablar con ella. Pero fue tan real, Lucian. No puedo dejar de pensar en ello." El peso de las palabras de Liora se qued¨® flotando entre ambos. Lucian intent¨® cambiar el tema, no queriendo que ella siguiera indagando. Liora (cambiando de tema, con una sonrisa): "Espero que Zane vaya a la escuela con nosotros." Lucian (mir¨¢ndola con curiosidad): "?Zane? ?Qui¨¦n es Zane?" Liora (sonriendo, recordando): "Un chico que conoc¨ª ese mismo d¨ªa. Al parecer es el due?o de Shadow." Lucian sinti¨® una ligera incomodidad al escuchar ese nombre. No sab¨ªa por qu¨¦, pero algo en la menci¨®n de Zane le dio una sensaci¨®n de advertencia. Sin embargo, se limit¨® a asentir, guardando sus pensamientos para s¨ª mismo. Mientras continuaban su camino, el aire entre ellos se llen¨® de emociones no dichas y secretos no revelados, pero el v¨ªnculo que los un¨ªa parec¨ªa fortalecerse a pesar de todo. El aula estaba llena del sonido de pinceles raspando contra el papel y el suave murmullo de los compa?eros de clase discutiendo sus proyectos de arte. Liora, con el cabello recogido en una coleta desordenada, estaba completamente concentrada en el dibujo que ten¨ªa frente a ella: un paisaje sencillo con un ¨¢rbol que se alzaba hacia un cielo lleno de estrellas. A su lado, Lucian frunc¨ªa el ce?o mientras miraba su propio intento de dibujo, que parec¨ªa m¨¢s un revoltijo ca¨®tico que un ¨¢rbol. Lucian (murmur¨® levantando el papel con una expresi¨®n de resignaci¨®n): "Esto parece m¨¢s un monstruo que un ¨¢rbol,". Liora levant¨® la vista de su trabajo, y al ver el dibujo de Lucian, no pudo evitar re¨ªr suavemente. Hab¨ªa algo entra?able en su frustraci¨®n, y su torpeza con el pincel solo lo hac¨ªa m¨¢s humano, m¨¢s accesible. Liora (dijo entre risas): "Bueno, si lo miras con mucha imaginaci¨®n, podr¨ªa ser un ¨¢rbol... muy abstracto." Lucian (arque¨® una ceja, fingiendo indignaci¨®n): "?Eso es una forma elegante de decir que no tengo talento para esto?" Liora (inclin¨® la cabeza, sonriendo con ternura): "No, es una forma elegante de decir que eres ¨²nico." La risa de ambos rompi¨® el ruido de fondo del aula, atrayendo algunas miradas curiosas de sus compa?eros. Lucian, animado por el comentario de Liora, intent¨® retocar el dibujo, pero un trazo torpe con el pincel lo empeor¨® a¨²n m¨¢s. Ahora, el "¨¢rbol" ten¨ªa lo que parec¨ªa una pata. Liora ( dijo mirando su trabajo con una mezcla de diversi¨®n y afecto):"No importa c¨®mo quede,lo importante es que lo hiciste con esfuerzo." Lucian ( replic¨® con una sonrisa sarc¨¢stica): "Claro, esfuerzo... y cero habilidades." Ambos estallaron en risas nuevamente, pero el aula qued¨® en silencio repentino cuando la puerta se abri¨® y un nuevo estudiante apareci¨® en el umbral. Era un chico alto, con ojos dorados que brillaban como monedas bajo la luz fluorescente, y cabello negro que ca¨ªa en mechones suaves alrededor de su rostro. Su presencia pareci¨® absorber toda la atenci¨®n de la sala. Lucian dej¨® caer el pincel al reconocerlo, su postura relajada endureci¨¦ndose en un instante. Lucian (pensando, su mand¨ªbula apretada mientras su mirada se clavaba en el reci¨¦n llegado): "?Pero este idiota qu¨¦ hace aqu¨ª?" Zane toc¨® la puerta amablemente, una sonrisa tranquila en su rostro. " Zane: Disculpe, profesora. ?Puedo pasar?" La profesora asinti¨® con un gesto, indic¨¢ndole que tomara asiento. Mientras Zane caminaba hacia el interior del aula, algunas chicas murmuraban entre ellas, impresionadas por su aspecto. Pero ¨¦l parec¨ªa ajeno a las miradas, enfocando sus ojos directamente en Liora. Zane (dijo con una voz suave pero clara.):"Hola, chica del bosque. ?Puedo sentarme a tu lado?" Liora, sorprendida pero complacida, movi¨® la cabeza afirmativamente. Liora: "Claro. El es Lucian, mi amigo desde la primaria." Zane arque¨® una ceja, dirigiendo su atenci¨®n hacia Lucian. Zane:"?Con que Lucian? Mucho gusto, dime, ?desde cu¨¢ndo vives en este pueblo?" Dijo con una sonrisa que parec¨ªa cort¨¦s, pero que Lucian interpret¨® como burlona Lucian (cruzando los brazos, respondi¨® con un tono seco): "Desde hace unos siete a?os." Zane (pareci¨® intrigado por la respuesta, sus ojos dorados brillando con un inter¨¦s que Lucian no supo descifrar):"?Siete a?os? Eso es interesante." El aire en el aula pareci¨® volverse m¨¢s denso. Liora, sentada entre los dos, percibi¨® la tensi¨®n que crec¨ªa como una cuerda a punto de romperse. Mir¨® a Zane, que manten¨ªa una sonrisa tranquila, y luego a Lucian, cuya mand¨ªbula estaba apretada y sus ojos reflejaban un desaf¨ªo apenas contenido. Lucian no apart¨® la mirada de Zane, su postura r¨ªgida y su tono borde rozaban lo hostil. Zane, por otro lado, parec¨ªa disfrutar de la incomodidad que hab¨ªa generado, con una sonrisa que rozaba la burla. Liora (dijo finalmente): "Zane, este es tu lugar" Se?alando una silla junto a ella, tratando de aliviar la atm¨®sfera. Pero su voz tembl¨® ligeramente, delatando su desconcierto ante la situaci¨®n. Zane tom¨® asiento con una inclinaci¨®n de cabeza, su sonrisa nunca desapareciendo. Zane (dijo suavemente):"Gracias, chica del bosque, (antes de girarse hacia Lucian una vez m¨¢s), es bueno conocerte, Lucian." Lucian respondi¨® con un gru?ido apenas audible, volviendo a mirar su dibujo como si fuera lo m¨¢s importante del mundo en ese momento. Pero su mente era un torbellino de pensamientos. Lucian:"?Qu¨¦ hace este imb¨¦cil aqu¨ª? ?Qu¨¦ quiere de Liora?" Liora, sin embargo, parec¨ªa ajena a las corrientes subterr¨¢neas de tensi¨®n que flu¨ªan entre los dos chicos. Con una sonrisa amable, comenz¨® a explicarle a Zane el proyecto de arte, mientras Shadow, que hab¨ªa aparecido sigilosamente, observaba desde un rinc¨®n como si fuera el ¨²nico consciente del enfrentamiento invisible entre ambos. Capitulo 10. ?Tienes corazè´¸n? La oscuridad cubr¨ªa Hollow Creek como un manto pesado. La luna llena ascend¨ªa majestuosa sobre las monta?as, ba?ando las copas de los ¨¢rboles en un resplandor plateado. El aire era helado, y las calles estaban desiertas, apenas iluminadas por las luces titilantes de las casas que se escond¨ªan entre las sombras del bosque. El sendero que conduc¨ªa al hogar de Liora serpenteaba a trav¨¦s de los ¨¢rboles, y cada paso resonaba contra el silencio que parec¨ªa envolverlo todo. Lucian caminaba junto a Liora, su expresi¨®n relajada, aunque sus ojos permanec¨ªan atentos. Lucian (pregunt¨® con una sonrisa burlona mientras sus manos se met¨ªan en los bolsillos): ¡°?En serio crees en los fantasmas, Liora?¡± Liora cruz¨® los brazos, mirando de reojo al chico. Sus ojos celestes brillaban con la luz de la luna. Liora (replic¨® con tono desafiante): ¡°Tal vez, si existen cosas buenas, tambi¨¦n deben existir cosas malas.¡± Lucian ri¨® suavemente, pero no respondi¨®. El camino parec¨ªa m¨¢s oscuro de lo habitual, y el crujido de las hojas bajo sus pies era el ¨²nico sonido que los acompa?aba. Un movimiento entre los ¨¢rboles llam¨® la atenci¨®n de Liora. Se detuvo en seco y tom¨® el brazo de Lucian con fuerza, oblig¨¢ndolo a detenerse tambi¨¦n. Liora (su voz temblaba ligeramente): ¡°Lucian...hay algo movi¨¦ndose entre los ¨¢rboles.¡± Lucian sigui¨® la direcci¨®n de su mirada. Sus ojos, adaptados para ver m¨¢s all¨¢ de lo humano, detectaron de inmediato una figura escondida en las sombras. Era Zane, quien, desde lo alto de una rama, le hac¨ªa se?as de que guardara silencio. El rostro de Lucian permaneci¨® inexpresivo mientras trataba de disimular. Lucian (respondi¨® con calma, comenzando a caminar nuevamente):¡±No veo nada, Liora. Vamos, sigamos adelante.¡± Zane, desde las alturas, esboz¨® una sonrisa traviesa al ver c¨®mo su hermano colaboraba en el enga?o. Baj¨® del ¨¢rbol con movimientos ¨¢giles, cuidando de no hacer ruido, y al tocar el suelo, dej¨® que su cuerpo cambiara de forma. En un instante, se transform¨® en una serpiente de cascabel, desliz¨¢ndose entre la maleza y haciendo sonar el cascabel para captar la atenci¨®n de Liora. Liora (apret¨® con m¨¢s fuerza el brazo de Lucian, con el coraz¨®n acelerado): ¡°?Lucian, lo juro! Escuch¨¦ algo. ?Seguro que no viste nada?¡± Lucian reprimi¨® una risa y neg¨® con la cabeza. Lucian (respondi¨®, haciendo un esfuerzo por mantener la seriedad en su tono): ¡°Estoy seguro, Liora¡± Mientras tanto, Zane hab¨ªa recuperado su forma humana y se mov¨ªa sigilosamente detr¨¢s de ellos. Con una sonrisa maliciosa, se acerc¨® lo suficiente para susurrar suavemente cerca del o¨ªdo de Liora. Zane: ¡°Liora... Liora... Liora...¡± El escalofr¨ªo que recorri¨® a Liora fue inmediato. Se gir¨® bruscamente, pero antes de que pudiera reaccionar, Zane le toc¨® las costillas, provocando que soltara un grito agudo de horror que reson¨® en el bosque. Las risas de Zane y Lucian rompieron el silencio. Ambos se doblaron de risa al ver la expresi¨®n aterrorizada de Liora, quien r¨¢pidamente se dio cuenta de que todo hab¨ªa sido una broma. Liora (exclam¨® furiosa, con las mejillas encendidas y el ce?o fruncido): ¡°?Pero qu¨¦ les pasa!, ??Est¨¢n idiotas o qu¨¦!?¡± Lucian y Zane se miraron entre ellos, incapaces de contener m¨¢s risas. Lucian (entre carcajadas): ¡°Oh, vamos, Liora fue solo una peque?a broma.¡± Zane (con una sonrisa que no pod¨ªa ocultar): ¡°S¨ª, solo quer¨ªamos divertirnos un poco¡± Sin embargo, Liora no respondi¨®. Con un bufido, dio media vuelta y comenz¨® a caminar con pasos firmes hacia el camino, ignorando los llamados de ambos chicos. Lucian y Zane intercambiaron miradas de complicidad, a¨²n riendo entre dientes, pero pronto corrieron tras ella, intentando calmar su enojo. Lucian (implor¨®): ¡°?Liora, espera!?No fue para tanto!¡± Zane (tratando de suavizar la situaci¨®n con su tono despreocupado):¡±?Vamos, no te pongas as¨ª!¡± Liora, sin detenerse, lanz¨® una mirada fulminante por encima del hombro, que solo hizo que los dos chicos reprimieran nuevas carcajadas mientras intentaban disculparse. La c¨¢lida luz de la chimenea iluminaba la sala, proyectando sombras danzantes en las paredes de madera. La familia estaba reunida alrededor de la mesa baja, el ambiente impregnado de risas y el sonido de las fichas chocando unas con otras. Edward barajaba un mazo de cartas con exagerada concentraci¨®n, su mirada fija en la mesa como si estuviera planeando una estrategia magistral. Edward (con tono desafiante): "Esta vez no me van a ganar. Soy un estratega nato." Liora, sentada frente a ¨¦l, no pudo evitar re¨ªrse. Sus ojos celestes brillaban con diversi¨®n mientras acomodaba sus fichas. Liora (sonriendo con picard¨ªa): "Pap¨¢, siempre dices eso... y siempre pierdes."Unauthorized duplication: this tale has been taken without consent. Report sightings. Marianne, quien estaba colocando ordenadamente las piezas del juego, levant¨® la vista con una sonrisa c¨®mplice. Marianne (con una mirada traviesa): "Es cierto. La ¨²ltima vez, Shadow casi te gana." Shadow, acurrucado cerca de la chimenea, levant¨® la cabeza como si entendiera el comentario. Edward puso una mano en su pecho, fingiendo indignaci¨®n. Edward (dram¨¢tico): "?Calumnia! Fue pura estrategia dejarles ganar... ?todas las veces!" Marianne y Liora se miraron entre s¨ª, y ambas estallaron en carcajadas. Edward frunci¨® el ce?o, pero no pudo evitar que una sonrisa cruzara su rostro. El juego avanzaba con rapidez. Liora estaba completamente concentrada, moviendo sus fichas con seguridad, mientras Edward miraba su mano de cartas con creciente preocupaci¨®n. De repente, Liora coloc¨® una ficha clave en el tablero y revel¨® su estrategia. Liora (entusiasmada): "?Te tengo!" Edward se inclin¨® hacia adelante, inspeccionando el tablero con fingida desesperaci¨®n. Edward (exagerando cada palabra): "?No puede ser! ?He sido derrotado por mi propia hija!" Liora se ech¨® hacia atr¨¢s, cruz¨¢ndose de brazos con una sonrisa triunfante. Liora (riendo): "Te lo dije, pap¨¢. Soy invencible." Marianne recogi¨® algunas fichas ca¨ªdas, dejando escapar una risa suave. Marianne (riendo suavemente): "Creo que tendremos que ponernos serios para la revancha." Shadow, que hab¨ªa estado observando desde su lugar junto a la chimenea, salt¨® con elegancia al regazo de Liora. El ronroneo del gato reson¨® en la sala, un sonido reconfortante que parec¨ªa llenar cada rinc¨®n del espacio. Liora comenz¨® a acariciar suavemente su pelaje, olvid¨¢ndose moment¨¢neamente del juego. Edward (resignado, con una sonrisa): "Bueno, al menos Shadow siempre est¨¢ de mi lado." La sala estaba impregnada de una calidez que no solo proven¨ªa de la chimenea, sino tambi¨¦n de la conexi¨®n que compart¨ªa la familia. Las piezas del juego quedaron olvidadas en la mesa, mientras la conversaci¨®n derivaba en recuerdos de otras noches parecidas, llenas de risas y cari?o. A pesar de las peque?as derrotas y bromas, la sensaci¨®n de hogar era inconfundible, envolviendo a cada uno como el abrazo m¨¢s c¨¢lido. *** Infernus El sal¨®n del trono se encontraba envuelto en penumbra, iluminado ¨²nicamente por un resplandor rojo que emanaba del techo abovedado. Las paredes, decoradas con relieves de antiguas batallas, parec¨ªan observar en silencio a los dos hermanos que entraron riendo, sus voces reverberando por la sala vac¨ªa. Luciferis (curvando una ceja con intriga): "De verdad, Zyriel, ?c¨®mo se te ocurri¨® asustarla de esa forma? Parec¨ªas un ni?o en un carnaval." Zyriel (con una sonrisa burlona): "No lo s¨¦. A veces uno necesita algo de entretenimiento." La risa de ambos se detuvo de golpe cuando Adan, el jefe de la caballer¨ªa demon¨ªaca, cruz¨® el umbral con paso firme. La pesada armadura que vest¨ªa emit¨ªa destellos opacos bajo la luz rojiza, y su semblante era solemne mientras hac¨ªa una reverencia. Adan (con voz grave): "Mis se?ores, traigo noticias del frente. El ataque al reino de Celestia avanza con ¨¦xito. Pronto podremos penetrar el sal¨®n del trono." El ambiente cambi¨® de inmediato. Luciferis, que hab¨ªa estado relajado, adopt¨® una postura erguida. Sus ojos rojos brillaron con intensidad mientras el peso de su autoridad llenaba la sala. Luciferis (serio, cruzando los brazos): "Detengan el ataque. Denles un respiro." Adan alz¨® la mirada con evidente desconcierto. Adan (vacilante): "?Detenerlo, mi se?or? Pero... estamos al borde de la victoria." El rostro de Luciferis se oscureci¨®, y su voz reson¨® como un trueno en la sala. Luciferis (fr¨ªo, cortante): "He dado una orden, Adan. Su reina ha ca¨ªdo. Daremos unos d¨ªas de luto. No se cuestiona mi decisi¨®n." El demonio trag¨® saliva, haciendo una reverencia antes de retirarse, aunque su confusi¨®n era evidente. Cuando sus pasos se desvanecieron en el eco del pasillo, Zyrielrompi¨® el silencio con un tono sarc¨¢stico. Zyriel (con una sonrisa maliciosa): "?Desde cu¨¢ndo te preocupas tanto por las costumbres de tus enemigos? ?Te est¨¢s ablandando, hermano?" Luciferis gir¨® lentamente hacia ¨¦l, sus ojos brillando con una furia contenida. Luciferis (cortante): "No confundas honor con debilidad. Padre nos ense?¨® que incluso los enemigos merecen respeto en su dolor. Romper esa regla ser¨ªa ensuciar nuestro linaje." Zyriel arque¨® una ceja, pero no pudo evitar un comentario mordaz. Zyriel(en tono pensativo): "O tal vez, ?esa princesita te ha ablandado un poco? ?C¨®mo se llamaba... Liora?" Por un instante, el aire pareci¨® volverse m¨¢s denso. Zyriel casi pens¨® que hab¨ªa tocado un punto sensible. Luciferis permaneci¨® inm¨®vil, su rostro inexpresivo, antes de soltar una carcajada seca que reson¨® en la sala. Luciferis (burl¨®n): ¡°Esa ni?a no tiene idea de qui¨¦n es ni de lo que representa. Si la luz y las sombras tienen un equilibrio, ella es una herramienta, no un sentimiento." Zyriel (arqueando una ceja, probando sus l¨ªmites): "Entonces, ?qu¨¦ har¨¢s cuando el juego termine? ?La eliminar¨¢s?" Luciferis permaneci¨® en silencio por unos segundos antes de responder, su tono m¨¢s sombr¨ªo. Luciferis (despacio): "Cuando llegue el momento, tomar¨¦ una decisi¨®n. Hasta entonces, no pierdas el tiempo con suposiciones." Cambiando abruptamente de tema, Luciferis lo mir¨® con suspicacia. Luciferis (frunciendo el ce?o): "?Y qu¨¦ hac¨ªas t¨² en ese pueblo, Zyriel? Esa no es tu ¨¢rea." Zyriel (encogi¨¦ndose de hombros): "Quer¨ªa ver d¨®nde pasabas tanto tiempo." El silencio entre ellos se hizo tenso. Luciferis intent¨® indagar en la mente de su hermano, pero un poder desconocido bloque¨® sus intentos. Este hecho aument¨® su desconfianza. Luciferis (avanzando hacia ¨¦l, tomando su ropa con fuerza): "Esc¨²chame bien. Si descubro que traicionas a nuestro reino o a padre, desear¨¢s nunca haber nacido." Lo solt¨® con desd¨¦n, pero antes de dar la vuelta, se permiti¨® un comentario venenoso. Luciferis (con una sonrisa cruel): "Aunque, siendo realistas, ?qu¨¦ traici¨®n podr¨ªa cometer un demonio tan... insignificante como t¨²? ?C¨®mo era tu apodo? Ah, s¨ª. Zyriel, el demonio desconocido." Se ri¨® mientras se alejaba, dejando a Zyriel con los pu?os apretados y la mand¨ªbula tensa. Cuando sali¨® del sal¨®n, el pasillo oscuro lo envolvi¨®. Camin¨® en silencio hasta que una figura encapuchada emergi¨® de las sombras, acerc¨¢ndose a ¨¦l con pasos sigilosos. Figura desconocida (con un susurro bajo): "?La encontraste?" Zyriel permiti¨® que una sonrisa satisfecha curvara sus labios mientras asent¨ªa. Zyriel (con voz baja): "La encontr¨¦." Su tono estaba cargado de una mezcla de triunfo y desaf¨ªo, mientras la oscuridad volv¨ªa a tragarse a ambos. Capitulo 11. ?Deber o amor? a luz del atardecer se filtraba entre los ¨¢rboles, pintando el sendero de Hollow Creek con tonos dorados y c¨¢lidos. Liora caminaba al lado de Lucian, su sonrisa iluminando el momento, mientras ¨¦l parec¨ªa atrapado en sus pensamientos. Cada paso que daba junto a ella era una batalla interna entre el deber que le impon¨ªa su oscuro linaje y el amor que, silencioso pero intenso, crec¨ªa en su interior. Lucian apret¨® los pu?os con fuerza mientras sus pensamientos lo abrumaban. Lucian (pensando): ?Qu¨¦ har¨¦? ?Debo cumplir con mi misi¨®n y destruirla, o protegerla, incluso a costa de todo? Ella... Ella es mi debilidad y lo que necesitoal mismo tiempo. Mir¨® a Liora, notando c¨®mo la luz acariciaba su rostro. Su cabello dorado brillaba como si fuese parte del mismo sol. Por un momento, un pensamiento fugaz cruz¨® su mente. Lucian (pensando): Es tan hermosa como este atardecer... quiz¨¢s m¨¢s La voz de Liora lo sac¨® bruscamente de su enso?aci¨®n. Liora (mirando al cielo): "?No te parece que todo se siente m¨¢s tranquilo estos d¨ªas? Como si el mundo estuviera tom¨¢ndose un respiro." Lucian forz¨® una sonrisa, tratando de disipar sus preocupaciones. Lucian (sonriendo d¨¦bilmente): "Tal vez es porque t¨² est¨¢s aqu¨ª. Tienes una forma de ver las cosas que hace que todo parezca m¨¢s... sencillo." Liora ri¨® suavemente, dejando entrever una burla juguetona. Liora: "?Eso fue un cumplido? Vaya, Lucian, creo que me estoy acostumbrando a verte m¨¢s amable." Lucian (arqueando una ceja): "No te acostumbres demasiado. Es un evento raro." El sonido de risas llen¨® el ambiente mientras llegaban a un peque?o puesto de dulces al borde del camino. Liora compr¨® una bolsa de caramelos y, con una sonrisa traviesa, le ofreci¨® uno a Lucian. Liora (bromeando): "Toma, para que endulces tu mal humor." Lucian acept¨® el caramelo, esbozando una sonrisa. Lucian: "Gracias. Aunque creo que necesitar¨ªa todo el paquete para eso." Sin embargo, mientras caminaban, la sombra del deber volv¨ªa a nublar la mente de Lucian. Mir¨® de reojo a Liora, quien parec¨ªa absorta en sus pensamientos, y una punzada de culpa atraves¨® su pecho. Lucian (pensando): Mi peque?a luz, ?c¨®mo podr¨¦ protegerte de lo que viene? A la distancia, Zane los observaba en silencio. Sus ojos dorados brillaban con una mezcla de curiosidad y recelo. Zane (pensando): Luciferis, ?por qu¨¦ la cuidas si sabes que su destino est¨¢ sellado? Su pureza es innegable, pero no cambia lo inevitable. Decidi¨® acercarse, su andar despreocupado y su sonrisa habitual en el rostro. Zane (con tono casual): "Hola, chicos." Liora le devolvi¨® el saludo con una sonrisa c¨¢lida, pero Lucian frunci¨® el ce?o al verlo. Zane (mirando a Lucian, confundido): "?Est¨¢s bien, Lucian? Pareces distra¨ªdo." Antes de que Lucian pudiera responder, Liora intervino con tono despreocupado. Liora (bromeando): "Tranquilo, siempre ha sido as¨ª desde que lo conoc¨ª." Lucian apret¨® la mand¨ªbula, pero decidi¨® mantenerse callado. Zane, sin embargo, no pudo evitar notar la tensi¨®n en el aire. Mientras hablaban, la mirada de Liora se pos¨® en Zane, recordando la salida que hab¨ªan tenido juntos d¨ªas atr¨¢s. Sus mejillas se ti?eron de un leve rubor al pensar en sus palabras. Liora (pensando): ?Por qu¨¦ dijo que hab¨ªa algo en m¨ª que lo hac¨ªa quedarse? Todo esto es tan confuso... Mi vida entera es un torbellino de preguntas sin respuesta. Zane not¨® el rubor de Liora y esboz¨® una sonrisa burlona.The story has been stolen; if detected on Amazon, report the violation. Zane (coqueto): "?Con que admirando mi belleza? No te culpo, suele pasar." Se pas¨® una mano por el cabello con un gesto exagerado, terminando con una pose desenfadada. Liora (sonrojada, nerviosa): "?Qu¨¦? ?No! Para nada." Liora (pensando): ?Qu¨¦ descuidada! Ahora parecer¨¢ que... No, no puede ser. Lucian not¨® la interacci¨®n y su ce?o se frunci¨® a¨²n m¨¢s. Antes de que Zane pudiera seguir con su broma, Lucian tom¨® a Liora de la mu?eca, con firmeza pero sin lastimarla. Lucian (con tono autoritario): "V¨¢monos." Zane comenz¨® a re¨ªr suavemente mientras los segu¨ªa. Zane (burl¨®n): "Vamos, Lucian, solo estaba jugando." Lucian se detuvo en seco y gir¨® para encarar a Zane. Su rostro estaba lleno de una furia contenida. Lucian (con tono amenazante): "Al¨¦jate de ella. No quiero verte cerca." Liora, desconcertada por su reacci¨®n, se coloc¨® entre ambos, intentando calmar la situaci¨®n. Liora (mir¨¢ndolo con preocupaci¨®n): "Tranquilo, Lucian. Estoy bien." Lucian mir¨® los ojos de Liora y, al ver la calma en ellos, sinti¨® que la tensi¨®n en su cuerpo disminu¨ªa un poco. Zane, sin embargo, no retrocedi¨®. Zane (serio): "?Por qu¨¦ tanta hostilidad, Lucian? No he hecho nada." Para aliviar el ambiente, Liora tuvo una idea repentina. Liora (sonriendo nerviosa): "Tengo una idea. ?Por qu¨¦ no hacemos una tarde de cocina? Mi mam¨¢ siempre dice que cocinar juntos ayuda a restablecer amistades." Ambos la miraron con escepticismo. Zane (sonriendo divertido): "Acepto. Ser¨¢ interesante ver si Lucian sabe hacer algo m¨¢s que gru?ir." Lucian (competitivo, con una sonrisa desafiante): "Te mostrar¨¦ que puedo ganarte en todo, incluso en la cocina." Zane ri¨® mientras Lucian comenzaba a caminar hacia adelante, con Liora entre ellos. Aunque la tensi¨®n a¨²n flotaba en el aire, la chispa de competencia hab¨ªa comenzado a aliviar el ambiente. La mesa de la cocina estaba llena de ingredientes: harina, az¨²car, huevos, mantequilla, colorantes, y una variedad de decoraciones para cupcakes. Los tres estaban listos, cada uno con un delantal y un pa?uelo atado en la cabeza, listos para competir en la creaci¨®n del cupcake m¨¢s delicioso. Una atm¨®sfera de entusiasmo y competitividad llenaba la cocina. Lucian (con determinaci¨®n): "Que esto empiece." Zane (arqueando una ceja, confiado): "Adelante." Con la receta en mano, comenzaron. Lo primero fue precalentar el horno y colocar los capacillos en un molde para cupcakes. La sincronizaci¨®n era clave, pero Lucian parec¨ªa m¨¢s enfocado en superar a Zane que en la receta misma. Lucian empez¨® a mezclar la mantequilla y el az¨²car con tal rapidez que salpic¨® un poco del az¨²car sobre la mesa. Not¨® que Zane ya estaba rompiendo los huevos y se sinti¨® presionado, como si estuvieran en una carrera. Lucian (frunciendo el ce?o): "No est¨¢s siguiendo el paso a paso de la receta." Zane (despreocupado, con una media sonrisa): "Podr¨¢s cuestionar mis m¨¦todos, pero no mis resultados." Zane trabajaba con una calma calculada, a?adiendo los ingredientes con movimientos precisos. Tom¨® el globo y empez¨® a batir la mezcla, asegur¨¢ndose de que quedara perfectamente homog¨¦nea. A su lado, Liora ya estaba avanzando, sus manos trabajando con destreza mientras vert¨ªa la mezcla en los capacillos con una cuchara medidora. Liora (sonriendo): "M¨¢s acci¨®n y menos charla, caballeros." Ambos se detuvieron un momento, sorprendidos por la rapidez con la que Liora trabajaba. Su sonrisa despreocupada parec¨ªa iluminada por la luz que entraba por la ventana. Zane, que siempre hab¨ªa mantenido una actitud relajada, sinti¨® algo diferente al observarla. Era esa mezcla de gracia y determinaci¨®n lo que empezaba a confundirlo. Zane (pensando): "?Por qu¨¦ me importa tanto c¨®mo luce mientras cocina? Esto no es normal." Lucian, notando c¨®mo Zane miraba a Liora, decidi¨® aumentar su ritmo. Mezcl¨® los ingredientes con tanta fuerza que algunos trozos de mantequilla volaron fuera del recipiente. Lucian (competitivo): "Me importa poco lo que haga. Estos cupcakes van a ser los mejores." Liora, que ya hab¨ªa terminado de llenar sus capacillos, se gir¨® hacia ellos mientras limpiaba un poco de harina de su nariz. Liora (riendo suavemente): "Tal vez deber¨ªas concentrarte en tu receta en lugar de en Zane, Lucian." Zane no pudo evitar re¨ªr ante el comentario, pero su sonrisa se desvaneci¨® r¨¢pidamente al notar que la din¨¢mica entre ellos dos era m¨¢s cercana de lo que le gustar¨ªa admitir. Zane (con un toque de celos, mirando a Lucian): "Claro, Lucian. Conc¨¦ntrate. No querr¨¢s que tu mezcla termine en desastre... otra vez." Los tres finalmente metieron sus cupcakes al horno. El calor de la competencia no disminuy¨® ni un poco mientras esperaban. Zane us¨® ese momento para acercarse un poco m¨¢s a Liora, quien estaba organizando los utensilios usados. Zane (en un tono suave): "Tienes talento para esto. Se nota que lo disfrutas." Liora (mir¨¢ndolo con sorpresa): "Gracias. Me gusta cocinar. Me recuerda todos los momentos que he cocinado con mi madre." Zane not¨® el cambio en su expresi¨®n, m¨¢s suave, m¨¢s vulnerable. Sinti¨® una punzada de emoci¨®n que no hab¨ªa experimentado en mucho tiempo. Zane (pensando): "No es solo su talento. Es ella. Hay algo en su forma de ser que... no puedo ignorar." Cuando el horno son¨®, los tres se apresuraron a sacar sus cupcakes. Cada uno comenz¨® a decorarlos, y la competitividad volvi¨® a encenderse. Lucian, aunque algo torpe, logr¨® cubrir los suyos con una capa de crema de mantequilla. Zane opt¨® por un dise?o minimalista pero elegante, mientras que Liora a?adi¨® peque?os corazones de az¨²car que le daban un toque encantador. Lucian (cruz¨¢ndose de brazos al ver los cupcakes de Liora): "Creo que ya s¨¦ qui¨¦n va a ganar... y no soy yo." Zane (con una sonrisa leve, mirando los cupcakes de Liora): "Definitivamente no eres t¨², Lucian." Liora (riendo): "Vamos, chicos, no importa qui¨¦n gane. ?Lo importante es que lo hicimos juntos!" Lucian y Zane se miraron por un momento, reconociendo la verdad en sus palabras, aunque ninguno lo admitir¨ªa en voz alta. Sin embargo, en el fondo, ambos sab¨ªan que la competencia no era solo sobre cupcakes. Era sobre algo mucho m¨¢s importante: ella. Capitulo. 12 El columpio se balanceaba lentamente bajo el cielo te?ido de naranja y p¨²rpura, marcando el final de otro d¨ªa en Hollow Creek. Liora, sentada en el columpio del jard¨ªn, manten¨ªa una expresi¨®n serena, pero sus ojos reflejaban pensamientos que iban m¨¢s all¨¢ del atardecer. A unos pasos de ella, Zane estaba de pie, con las manos en los bolsillos, observando el horizonte. La luz del crep¨²sculo acentuaba sus rasgos, y una suave brisa agitaba los mechones oscuros de su cabello. Liora (balance¨¢ndose suavemente): "A veces me pregunto c¨®mo ser¨ªa si todo se detuviera por un momento. Si pudi¨¦ramos quedarnos as¨ª, en paz." Zane gir¨® su mirada hacia ella, sus ojos dorados brillaban con una intensidad que contrastaba con la tranquilidad de su postura. Hab¨ªa algo en su presencia, un peso oculto tras cada palabra que dec¨ªa, como si cada respuesta llevara consigo un significado m¨¢s profundo. Zane (mirando al horizonte): "El tiempo nunca se detiene, Liora. Pero momentos como este son lo m¨¢s cercano que tenemos." Liora dej¨® de balancearse, apoyando los pies en el suelo. Mir¨® a Zane con una mezcla de curiosidad e incertidumbre. Sus palabras siempre le dejaban la sensaci¨®n de que hab¨ªa mucho m¨¢s detr¨¢s de lo que ¨¦l mostraba. Liora (mir¨¢ndolo fijamente): "?Por qu¨¦ hablas siempre como si supieras algo que yo no?" Zane sonri¨® ligeramente, un gesto que no lleg¨® a sus ojos. Dio un paso hacia el columpio, pero mantuvo una distancia prudente. Zane (con voz calmada): "Quiz¨¢s porque veo las cosas desde otro ¨¢ngulo. No todo es tan simple como parece." Liora suspir¨®, dejando que sus manos se aferraran suavemente a las cadenas del columpio. Liora (en voz baja): "A veces desear¨ªa que las cosas fueran m¨¢s simples." Zane la observ¨® por un momento, sus ojos dorados reflejando la ¨²ltima luz del d¨ªa. Dio otro paso hacia ella, ahora m¨¢s cerca. Zane (con suavidad): "Si fueran simples, no ser¨ªan tan hermosas." El columpio cruji¨® con un sonido suave mientras el viento pasaba, llenando el espacio entre ellos con un silencio c¨®modo pero cargado de algo indefinible. Liora, tomando aire, baj¨® la mirada hacia el suelo antes de levantarla de nuevo hacia ¨¦l. Liora (titubeando): "?Puedo preguntar algo?" Zane se inclin¨® ligeramente hacia ella, como si su completa atenci¨®n estuviera dedicada a sus palabras. Zane (sereno): "Claro." Liora lo mir¨® directamente a los ojos, y por un instante, pareci¨® dudar. Finalmente, se atrevi¨® a preguntar, aunque su voz era apenas un susurro. Liora: "?A qu¨¦ te refer¨ªas con que viste algo en m¨ª que te hac¨ªa querer quedarte conmigo?" La pregunta lo tom¨® por sorpresa. Zane parpade¨®, procesando las palabras que no hab¨ªa esperado escuchar tan pronto. Lentamente, se agach¨® hasta quedar a su altura, apoyando una rodilla en el suelo. Su mirada se encontr¨® con la de Liora, y el tiempo pareci¨® detenerse. Zane (pensando mientras la observa): "Desde que la vigilaba, siempre me ha parecido hermosa, pero ahora que estoy frente a ella... es m¨¢s de lo que imagin¨¦." Liora comenz¨® a sentirse nerviosa. Hab¨ªa algo en la forma en que ¨¦l la miraba que hac¨ªa que su coraz¨®n latiera m¨¢s r¨¢pido, y el rubor se extendiera por sus mejillas. Cuando Zane levant¨® una mano y acarici¨® suavemente su cabello, bajando hasta su mejilla, ella contuvo el aliento. Zane (susurrando mientras la mira profundamente): "Liora, ?te han dicho alguna vez que eres hermosa?" Liora lo mir¨®, claramente sorprendida por sus palabras. Su mente se llen¨® de preguntas, pero su voz sali¨® m¨¢s nerviosa de lo que esperaba. Liora (desviando la mirada): "Eso... eso no responde mi pregunta." Zane dej¨® escapar una leve sonrisa, llena de misterio. Zane (con voz suave): "Tranquila, todo a su debido tiempo." El viento volvi¨® a soplar, y Liora lo sinti¨® como un recordatorio de la extra?a conexi¨®n entre ellos. Aunque no entend¨ªa completamente lo que pasaba, hab¨ªa algo en Zane que le hac¨ªa desear saber m¨¢s. Por ahora, el misterio permanec¨ªa intacto, y el anochecer parec¨ªa guardar los secretos que ambos a¨²n no estaban listos para compartir. ***Celestia A case of theft: this story is not rightfully on Amazon; if you spot it, report the violation. El silencio en el sal¨®n del trono era abrumador, roto solo por el d¨¦bil crujir de los escombros que a¨²n quedaban de la batalla. La luz roja del ocaso se filtraba a trav¨¦s de las altas ventanas rotas, proyectando sombras irregulares en las paredes. El trono dorado, ahora un s¨ªmbolo vac¨ªo, brillaba d¨¦bilmente como si estuviera de luto junto con el resto del reino. Aurelion estaba de pie en el centro del sal¨®n, inm¨®vil. Observaba el trono con una mezcla de furia, tristeza y resignaci¨®n. Su cuerpo, aunque firme, se sent¨ªa m¨¢s pesado que nunca, cargado por el peso del sacrificio de Selene. Se arrodill¨® lentamente, dejando que sus manos tocaran el suelo, y cerr¨® los ojos mientras las l¨¢grimas comenzaban a caer sin control. Guardian (acerc¨¢ndose con pasos cautelosos):"Mi se?or... lo sentimos profundamente." Aurelion levant¨® la cabeza, su mirada estaba vac¨ªa, pero las l¨¢grimas segu¨ªan corriendo. Sus labios temblaron al intentar hablar, y su voz se quebr¨® cuando finalmente pudo articular unas palabras. Aurelion (en un susurro): "Traigan a los sobrevivientes... debemos despedirnos de ella." El guardi¨¢n hizo una reverencia antes de marcharse, dejando a Aurelion solo en el vasto sal¨®n. Su mirada volvi¨® al trono, y el eco de las palabras de Selene llen¨® su mente: "Te amo, Aurelion. Nunca olvides lo que somos... ni lo que hemos construido juntos." Se dej¨® caer al suelo, incapaz de contener los sollozos. Sus manos apretaron el suelo como si eso pudiera aliviar el dolor en su pecho. El sonido de los pasos de los sobrevivientes lo sac¨® de su trance. Aurelion se levant¨® con esfuerzo, sec¨¢ndose las l¨¢grimas. Los ¨¢ngeles, heridos y agotados, llenaron el sal¨®n, formando un c¨ªrculo alrededor de su rey. Cada uno de ellos ten¨ªa los ojos fijos en ¨¦l, buscando fuerza y gu¨ªa. El sal¨®n del trono estaba lleno de silencio, roto ¨²nicamente por el leve crujir de las antorchas que iluminaban las paredes doradas. Aurelion, de pie frente al trono, miraba la luz que ahora irradiaba de ¨¦l. Era la misma luz que hab¨ªa contenido a Selene; la misma que ella hab¨ªa entregado para salvar a todos. Sin embargo, su brillo no lograba llenar el vac¨ªo que sent¨ªa en el pecho. Guardian (con voz solemne): "Mi se?or... est¨¢n listos." Aurelion asinti¨® d¨¦bilmente, pero no se movi¨®. Se qued¨® all¨ª, mirando el trono, mientras los recuerdos comenzaban a invadirlo. Su mente no le daba tregua. La imagen de Selene apareci¨® como un destello. Era el d¨ªa en que la hab¨ªa visto por primera vez, en el jard¨ªn celestial. Ella estaba de pie junto a una fuente, con una t¨²nica sencilla que apenas reflejaba su verdadera majestad. Su cabello brillaba como el oro bajo la luz infinita del cielo, y sus ojos irradiaban una mezcla de sabidur¨ªa y dulzura que lo dejaron sin palabras. Aurelion se hab¨ªa acercado, torpe y nervioso, fingiendo que necesitaba algo en el jard¨ªn. Ella hab¨ªa sonre¨ªdo, como si supiera que era un pretexto. Selene (sonriendo): "?Te has perdido, Aurelion? El jard¨ªn no suele ser tu lugar habitual." Aurelion (intento de casualidad): "Solo buscaba un lugar tranquilo... y parece que lo encontr¨¦." Ese hab¨ªa sido el principio de todo. Otro recuerdo lo golpe¨® como una ola: las largas tardes que compartieron discutiendo sobre c¨®mo mejorar el reino, sus diferencias siempre dando paso a risas. Aurelion recordaba c¨®mo su risa llenaba el aire, c¨®mo su voz suave lo desarmaba, c¨®mo siempre encontraba la forma de desafiarlo y hacerlo mejor. Hubo una noche en particular, en la que ambos hab¨ªan trabajado hasta tarde en el palacio. Selene se hab¨ªa quedado dormida en una silla, con papeles esparcidos sobre la mesa. ¨¦l se acerc¨® para cubrirla con una manta, pero al hacerlo, ella abri¨® los ojos y lo mir¨® directamente. Selene (con una sonrisa so?olienta): "Sabes que no necesitas cuidar de m¨ª, ?verdad?" Aurelion (con un susurro): "Siempre lo har¨¦, aunque no lo necesites." El d¨ªa de su uni¨®n estaba grabado en su memoria como si hubiese sucedido ayer. Los cielos celestiales estaban llenos de m¨²sica, y Selene camin¨® hacia ¨¦l con una calma majestuosa. Aurelion record¨® c¨®mo hab¨ªa sentido que todo el universo se deten¨ªa cuando ella tom¨® su mano. Selene (con una sonrisa radiante): "Hoy somos uno. No como rey y reina, sino como iguales." Su primer momento juntos como esposos no era solo un recuerdo f¨ªsico, sino un momento de vulnerabilidad absoluta. Hab¨ªan compartido promesas que nadie m¨¢s hab¨ªa escuchado. Selene (toc¨¢ndole el rostro): "Prom¨¦teme que siempre protegeremos este reino, sin importar el costo." Aurelion (bes¨¢ndola con suavidad): "Lo prometo. Pero tambi¨¦n prometo protegerte a ti." Y luego estaban los d¨ªas simples. Las ma?anas en las que compart¨ªan un t¨¦ en silencio o paseaban por el reino. La imagen de Selene deteni¨¦ndose para recoger una flor o de re¨ªrse con los ni?os del reino siempre lo llenaba de calidez. De vuelta al presente, Aurelion cay¨® de rodillas frente al trono, las l¨¢grimas rodando por su rostro. Aurelion (susurrando): "Te promet¨ª que te proteger¨ªa... y fall¨¦. Perd¨®name, Selene. Perd¨®name..." El guardi¨¢n apareci¨® de nuevo, pero esta vez no lo interrumpi¨®. Lo mir¨® con respeto antes de hablar. Guardia (en voz baja): "Ellos lo esperan, mi se?or." Aurelion se levant¨® lentamente, limpiando sus l¨¢grimas. Gir¨® hacia los sobrevivientes que esperaban en el sal¨®n, sus rostros llenos de pesar pero tambi¨¦n de determinaci¨®n. Aurelion (con la voz temblorosa, mirando a su gente): "Hemos perdido... hemos perdido demasiado. Amigos, compa?eros, familia. Perdimos a nuestra reina. Yo... perd¨ª a mi esposa." Su voz se quebr¨®, y por un momento pareci¨® que no podr¨ªa continuar. Pero tom¨® aire, dejando que el dolor se transformara en determinaci¨®n. Aurelion (con m¨¢s fuerza): "Pero no podemos dejarnos vencer por esta p¨¦rdida. Hoy lloramos por ellos, por sus sacrificios, por lo que nos dieron. Pero ma?ana... ma?ana lucharemos. Por Selene, por cada uno de ellos, por Celestia. Porque su lucha no ser¨¢ en vano." Se arrodill¨® en el suelo, clavando su espada frente al trono. Aurelion (con un susurro que reson¨® en el silencio): "Hoy no soy un rey. Hoy solo soy un hombre que comparte el dolor de su gente." Uno a uno, los ¨¢ngeles comenzaron a arrodillarse junto a ¨¦l, sus espadas brillando con la tenue luz del trono. Sobrevivientes (al un¨ªsono): "Pelearemos por nuestros muertos, por el reino, y por usted, mi se?or." En ese momento, el trono dorado emiti¨® un destello de luz, ba?ando a todos los presentes con un calor reconfortante. Las inscripciones en las paredes comenzaron a brillar, como si el sacrificio de Selene hubiera dejado un legado que ahora guiaba a su gente. Aurelion alz¨® la vista hacia el trono, y por primera vez desde su muerte, sinti¨® que ella segu¨ªa con ellos. Aurelion (en un susurro): "Selene... tu luz a¨²n me gu¨ªa. No te fallare." Capitulo 13. Fragilidad El pueblo bull¨ªa bajo el cielo azul y la suave capa de nieve que cubr¨ªa los tejados. Las calles estaban llenas de vida, con personas cargando bolsas repletas de regalos y sonrisas brillando en sus rostros. Sin embargo, para Liora, ese d¨ªa parec¨ªa estar desprovisto de alegr¨ªa. La melancol¨ªa la hab¨ªa seguido como una sombra persistente, indiferente al bullicio de Hollow Creek. Liora estaba sentada en una peque?a cafeter¨ªa en la esquina m¨¢s concurrida del pueblo. Su cabello dorado reflejaba la luz que se filtraba por los ventanales, y sus ojos celestes, normalmente chispeantes, estaban cargados de una mezcla de duda y nostalgia. Frente a ella, una taza de chocolate caliente dejaba escapar un hilo de vapor que sub¨ªa suavemente hacia el techo, como si intentara disipar la tristeza que pesaba sobre ella. A trav¨¦s del cristal empa?ado, observaba c¨®mo la gente se apresuraba por las calles, sus risas y conversaciones creando un eco lejano. Pero su mente estaba en otro lugar. Una imagen persist¨ªa en sus pensamientos: los ojos dorados de Zyriel, la forma en que la miraban, como si ella fuera el ¨²nico destello de luz en su mundo sombr¨ªo. Liora (pensando):"El coraz¨®n se me acelera cada vez que recuerdo la forma en que me mira". El tintineo de la campanilla sobre la puerta interrumpi¨® sus pensamientos. Levant¨® la vista de inmediato, y all¨ª estaba ¨¦l. Zyriel entr¨® con su paso firme, su figura alta y presencia imponente destacando entre los dem¨¢s. Llevaba un abrigo oscuro que le daba un aire distante, pero sus ojos dorados buscaban algo... o a alguien. Sus miradas se encontraron, y en ese instante, todo lo dem¨¢s pareci¨® desvanecerse. El bullicio del pueblo qued¨® atr¨¢s, como si el tiempo se hubiera detenido solo para ellos. Liora (con una sonrisa ligera, intentando disimular su alegr¨ªa): ¡°Llegas tarde.¡± Zyriel (arqueando una ceja mientras se sienta): ¡°No recuerdo haber hecho una cita.¡± Liora (bajando la mirada, avergonzada): ¡°S¨¦ que deber¨ªas estar con tu familia, pero... no sab¨ªa a qui¨¦n m¨¢s acudir.¡± Zyriel extendi¨® su mano y cubri¨® las de ella con suavidad. La frialdad de sus dedos contrastaba con el calor de la cafeter¨ªa. Zyriel: ¡°Tranquila, no pasa nada. Dime, ?qu¨¦ es lo que pasa?¡± Liora alz¨® los ojos, y ¨¦l not¨® c¨®mo las l¨¢grimas comenzaban a acumularse en ellos. Liora (con la voz quebr¨¢ndose): ¡°En estos d¨ªas... he sentido un vac¨ªo enorme en m¨ª. No s¨¦ por qu¨¦... ni siquiera tengo palabras para explicarlo.¡± Zyriel sinti¨® un estremecimiento en su pecho al escucharla. Algo dentro de ¨¦l, algo que siempre hab¨ªa mantenido enterrado, se agit¨® con fuerza. Quiso decir algo, pero las palabras lo traicionaron. Se levant¨® sin decir nada y se movi¨® a su lado. Cuando estuvo junto a ella, la envolvi¨® en sus brazos con fuerza, dejando que apoyara su cabeza contra su pecho. Zyriel (en sus pensamientos):"Eres tan fr¨¢gil y delicada... pero tambi¨¦n eres la luz que me est¨¢ quebrando. Si supieras lo que en verdad soy, ?seguir¨ªas busc¨¢ndome?" Zyriel (en voz baja, acariciando su cabello): ¡°Tranquila. Todos pasamos por esto. Tienes solo doce a?os, no tienes por qu¨¦ entenderlo todo ahora.¡± Liora (susurrando mientras lo abraza): ¡°Lo s¨¦, solo que estoy cansada de sentirme perdida. Es tan frustrante...¡± Zyriel apret¨® ligeramente sus brazos alrededor de ella, como si intentara protegerla de sus propios pensamientos. Mir¨® hacia el ventanal empa?ado, sintiendo el peso de algo que no pod¨ªa explicar. Pero en el fondo de su mente, una sombra persist¨ªa, record¨¢ndole su verdadera naturaleza y las consecuencias de sus decisiones. Zyriel (pensando): "No pertenezco a este lugar, pero ella hace que quiera quedarme. Esto no puede durar... pero por ahora, no quiero soltarla."* Zyriel: ¡°?Te gusta patinar?¡± Liora (levant¨® la vista, parpadeando): ¡°Nunca lo he hecho.¡± Zyriel sonri¨®, un gesto raro en ¨¦l, pero que ilumin¨® su rostro por un momento. Zyriel: ¡°Entonces salgamos de aqu¨ª.¡± El trayecto al lago fue breve, pero lleno de peque?os momentos. Liora hablaba del bullicio del pueblo y de c¨®mo extra?aba los d¨ªas tranquilos junto a sus padres. Zyriel la escuchaba, asintiendo de vez en cuando, pero sin apartar la vista de su entorno, siempre alerta. Cada sombra que ve¨ªa a lo lejos le hac¨ªa tensarse ligeramente. Aunque intentaba disimularlo, el miedo de que algo o alguien los estuviera observando era constante. El lago, ahora congelado, estaba rodeado de familias y ni?os que re¨ªan mientras se deslizaban sobre el hielo. Zyriel la ayud¨® a ponerse los patines con cuidado antes de colocarse los suyos. Cuando comenz¨® a deslizarse con facilidad sobre el lago, Liora se qued¨® en la orilla, indecisa. Zyriel (patinando hacia ella): ¡°?Puedes sola?¡± Liora neg¨® con la cabeza, sinti¨¦ndose un poco avergonzada. Sin decir nada, Zyriel tom¨® su mano y entrelaz¨® sus dedos con los de ella. Zyriel (con una leve sonrisa): ¡°Tranquila. D¨¦jamelo a m¨ª.¡± Se coloc¨® detr¨¢s de ella, posando sus manos en sus hombros mientras comenzaban a deslizarse lentamente. La diferencia de altura entre ellos era evidente, y Liora sinti¨® el calor de su cercan¨ªa. Su rostro se sonroj¨®, pero no apart¨® la mirada del hielo que brillaba bajo sus pies. Ambos avanzaron con cuidado, y aunque sus movimientos eran torpes al principio, poco a poco encontraron un ritmo. Las risas de los dem¨¢s parec¨ªan lejanas mientras compart¨ªan ese momento, un instante en el que el mundo exterior no importaba. Zyriel (en sus pensamientos): "Estoy cometiendo un error. Pero si esto es un error, no quiero corregirlo." Liora no pudo evitar sonre¨ªr. A pesar del vac¨ªo que hab¨ªa sentido al inicio del d¨ªa, ahora su coraz¨®n estaba lleno de algo nuevo. Sin embargo, mientras giraban suavemente en el hielo, una figura oscura observaba desde la l¨ªnea de ¨¢rboles m¨¢s all¨¢ del lago. Ojos fr¨ªos brillaron un instante antes de desvanecerse entre las sombras. Y en ese momento, en el hielo bajo el cielo invernal, ambos encontraron algo que ni siquiera sab¨ªan que estaban buscando. Pero tambi¨¦n, sin saberlo, hab¨ªan atra¨ªdo la atenci¨®n de aquello que Zyriel tem¨ªa. La sala oscura parec¨ªa latir al ritmo de las llamas que iluminaban los s¨ªmbolos arcanos grabados en las paredes. Ad¨¢n inclinaba la cabeza sobre un mapa del multiverso, sus ojos brillando con una emoci¨®n calculada. Ante ¨¦l, un mensajero demon¨ªaco manten¨ªa una postura de sumisi¨®n, aunque una ligera tensi¨®n en sus hombros delataba el temor. Mensajero: ¡°La ni?a ha sido localizada en un pueblo humano llamado Hollow Creek. Sus poderes a¨²n no han despertado.¡± Ad¨¢n (levant¨® la vista con una sonrisa cruel): ¡°Perfecto. Aseg¨²rate de que nuestros mejores cazadores est¨¦n listos. Si despertamos sus poderes antes de tiempo, podr¨ªamos controlarla... o destruirla.¡± El mensajero desapareci¨® en un torbellino de llamas, dejando a Ad¨¢n solo. Camin¨® hacia un altar en el centro de la habitaci¨®n, donde una proyecci¨®n del rostro de Liora flotaba, atrapada entre lenguas de fuego que parpadeaban inquietas.This book''s true home is on another platform. Check it out there for the real experience. Ad¨¢n (susurrando): ¡°Pronto, peque?a princesa. Tu luz ser¨¢ el arma que destruya todo lo que amas.¡± En el gran sal¨®n del castillo de Infernus, las voces resonaban como truenos. Cada raza aliada discut¨ªa estratagemas con una ferocidad que rivalizaba con las propias llamas del inframundo. En el centro, sentado en su trono oscuro, Luciferis los observaba con impaciencia, su rostro tan inm¨®vil como una estatua. Lord Drakos Sangreyel: ¡°Yo digo que busquemos a la ni?a y la manipulemos para que pelee con nosotros.¡± Zarath (con un tono despreocupado): ¡°?Por qu¨¦ no simplemente matarla? Al final, ella es el problema.¡± Magnus: ¡°No, no. Lo mejor ser¨ªa eliminar al rey y dejar al reino sin l¨ªder.¡± El sonido de un golpe seco reson¨® por toda la sala. Luciferis hab¨ªa golpeado el brazo de su trono con una fuerza que hizo temblar las paredes. Su mirada oscura recorri¨® a cada uno de los presentes, silenci¨¢ndolos al instante. Luciferis: ¡°?Cu¨¢nto m¨¢s parloteo creen que soportar¨¦? No podemos matar a la ni?a porque nadie sabe d¨®nde est¨¢. Hemos buscado por a?os y sigue siendo un fantasma.¡± El silencio era palpable hasta que Nyx Umbra, una demonio de belleza letal, se levant¨® y se acerc¨® al trono con movimientos calculadamente elegantes. Su mano acarici¨® el torso de Luciferis, su voz cargada de un veneno seductor. Nyx: ¡°Tranquilo, mi se?or. Todos queremos terminar esta absurda guerra. Pero quiz¨¢s, si no hubieras retirado a tus hombres...¡± La frase qued¨® inconclusa cuando Luciferis reaccion¨® con una rapidez devastadora, atrapando el cuello de Nyx con una mano. Los presentes contuvieron el aliento, observando c¨®mo la mujer se retorc¨ªa bajo su agarre. Luciferis: ¡°?Te atreves a cuestionarme? Si lo haces de nuevo, ser¨¢ la ¨²ltima vez que hables.¡± Solt¨® a Nyx, quien cay¨® al suelo tosiendo, mientras el rey demonio se pon¨ªa de pie con una presencia aplastante. Luciferis: ¡°Seguiremos atacando los reinos. La reina ha ca¨ªdo, y eso nos da una ventaja. Enviaremos a nuestros mejores guerreros. Ese trono ser¨¢ m¨ªo, aunque deba exterminar a todas las razas del universo.¡± Lord Drakos Sangreyel intent¨® hablar, pero Luciferis se movi¨® a una velocidad imposible, enfrent¨¢ndolo cara a cara. Luciferis (susurrando con una furia helada): ¡°No me importa si necesito destruirlos a todos. Ese trono ser¨¢ m¨ªo.¡± Drakos solo asinti¨® con miedo, incapaz de sostener su mirada. El ambiente ya tenso se carg¨® a¨²n m¨¢s cuando Ad¨¢n hizo su aparici¨®n, inclin¨¢ndose ante Luciferis. Ad¨¢n: ¡°Mi se?or, su hermano ya ha llegado.¡± La gran puerta se abri¨® con un rechinar, y Zyriel entr¨® con una sonrisa relajada, sus pasos resonando en el eco de la sala. Su porte contrastaba con la gravedad de la reuni¨®n. Zyriel: ¡°Veo que han comenzado sin m¨ª.¡± Luciferis lo fulmin¨® con la mirada, su paciencia ya desgastada por la discusi¨®n anterior. Luciferis: ¡°?D¨®nde demonios has estado?¡± Zyriel levant¨® las cejas, adoptando un aire despreocupado que exasperaba a¨²n m¨¢s a su hermano. Zyriel: ¡°Asuntos personales. No cre¨ª que necesitara tu aprobaci¨®n para moverme.¡± El resto de los presentes observaba con curiosidad, pero no se atrev¨ªan a interrumpir. Luciferis, consciente de las miradas, control¨® su tono. Luciferis (con los dientes apretados): ¡°Habla claramente. ?Qu¨¦ has estado haciendo?¡± Zyriel sonri¨® con picard¨ªa, desviando la atenci¨®n con un comentario casual. Zyriel: ¡°Digamos que explorando. El multiverso es vasto, hermano, y hay rincones que merecen atenci¨®n.¡± Luciferis no estaba satisfecho, pero el peso de las miradas lo oblig¨® a contenerse. Dio por terminada la reuni¨®n con un gesto brusco. Luciferis: ¡°La junta ha terminado. Todos fuera.¡± Uno a uno, los demonios y aliados se retiraron, dejando solos a los dos hermanos en la inmensidad del sal¨®n. Cuando la ¨²ltima figura desapareci¨® por la puerta, Luciferis gir¨® r¨¢pidamente hacia Zyriel, cerrando la distancia entre ellos con pasos firmes. Sus ojos, normalmente fr¨ªos, ard¨ªan con una intensidad peligrosa. Luciferis: ¡°Dime la verdad, Zyriel. ?Qu¨¦ estabas haciendo con ella?¡± Zyriel alz¨® la cabeza con una ligera sonrisa que apenas ocultaba su desaf¨ªo. Sus ojos dorados brillaron con algo m¨¢s, una chispa de emoci¨®n que intentaba controlar. Zyriel: ¡°Nada que te importe, hermano. Solo estaba asegur¨¢ndome de que estuviera bien.¡± El tono casual encendi¨® algo en Luciferis. Cada palabra de Zyriel era como una aguja clav¨¢ndose en su control. Luciferis: ¡°?Estar bien? ?Desde cu¨¢ndo te interesa su bienestar?¡± Zyriel cruz¨® los brazos, alej¨¢ndose un paso para calmar el aire opresivo que los rodeaba. Zyriel: ¡°Siempre me ha importado. Alguien tiene que protegerla, ?no crees?¡± Luciferis avanz¨® de nuevo, la furia contenida burbujeando en cada movimiento. Luciferis: ¡°No juegues conmigo. Ella est¨¢ bajo mi protecci¨®n, y no necesito que interfieras.¡± Zyriel sostuvo su mirada, pero dentro de ¨¦l, algo se agitaba. No era solo el deseo de desafiar a Luciferis; era algo mucho m¨¢s complejo, algo que apenas empezaba a comprender. Zyriel: ¡°?Protecci¨®n? ?Es eso lo que crees que haces? Porque desde aqu¨ª parece m¨¢s una obsesi¨®n.¡± Luciferis sinti¨® que las palabras perforaban una verdad que no quer¨ªa admitir. Luciferis retrocedi¨® un paso, apretando los pu?os mientras intentaba mantener el control de sus emociones. La mirada de su hermano lo desafiaba, y aunque sus palabras hab¨ªan sido pocas, hab¨ªa algo en el tono de Zyriel que encend¨ªa una furia peligrosa. Luciferis: No importa lo que pienses. Ella no es m¨¢s que una herramienta, y si debo destruirla para ganar esta guerra, lo har¨¦. Por primera vez, Zyriel dej¨® caer su sonrisa despreocupada. Su rostro se endureci¨®, y en sus ojos dorados brill¨® una emoci¨®n que Luciferis no pudo descifrar del todo, pero que lo inquiet¨® profundamente. Zyriel: No te atrevas a tocarla. La declaraci¨®n cay¨® como un golpe en la sala vac¨ªa. La tensi¨®n entre los dos hermanos era casi palpable, una fuerza invisible que amenazaba con desbordarse. Luciferis entrecerr¨® los ojos, estudiando a Zyriel con renovada sospecha. Luciferis: ?Qu¨¦ es ella para ti, Zyriel? ?Por qu¨¦ est¨¢s tan dispuesto a enfrentarte a m¨ª por una simple humana? Por un momento, Zyriel no respondi¨®. Baj¨® la mirada, como si estuviera reuniendo las palabras correctas, pero cuando volvi¨® a alzar los ojos, su expresi¨®n estaba llena de una convicci¨®n inquebrantable. Zyriel: Ella no es una simple humana. Es mucho m¨¢s de lo que t¨² podr¨¢s entender jam¨¢s. Luciferis sinti¨® c¨®mo esas palabras se clavaban en ¨¦l como una daga. La idea de que su hermano sintiera algo tan profundo por Liora lo enfurec¨ªa y al mismo tiempo lo llenaba de una oscura inquietud. Cuando Zyriel se dio la vuelta para marcharse, Luciferis habl¨® una vez m¨¢s, su voz baja, casi un susurro. Luciferis: No te enamores de ella, Zyriel. Nos destruir¨¢ a todos. Zyriel se detuvo por un instante, sus hombros tens¨¢ndose ante las palabras. Apret¨® los pu?os, luchando por mantener la calma mientras sus pensamientos giraban en un torbellino. Zyriel (pensando): "?Enamorarme? No puede ser... pero cada vez que estoy con ella, siento que el mundo se detiene. No quiero admitirlo, pero Liora es m¨¢s que alguien a quien proteger." Finalmente, sin volverse, respondi¨® con un tono firme que no dejaba lugar a dudas. Zyriel: ¡°Eso... es algo que solo yo decidir¨¦.¡± Con pasos decididos, sali¨® del sal¨®n, dejando a Luciferis sumido en una tormenta de pensamientos oscuros. Zyriel caminaba r¨¢pidamente por los pasillos oscuros del castillo, pero su mente no estaba all¨ª. Las palabras de Luciferis resonaban en su cabeza, mezcl¨¢ndose con las im¨¢genes de Liora: su risa, su luz, la manera en que lo miraba como si pudiera ver algo m¨¢s all¨¢ de su fachada. Cada pensamiento lo llevaba m¨¢s profundamente a un abismo que no estaba seguro de poder evitar. Zyriel (pensando): "Liora... No s¨¦ cu¨¢ndo comenz¨® esto. Pero si alguien intenta lastimarte, incluso si es ¨¦l, dar¨¦ todo para protegerte. Incluso mi vida." Deteni¨¦ndose frente a una ventana, observ¨® el paisaje oscuro m¨¢s all¨¢ del castillo. Las estrellas titilaban d¨¦bilmente, y por un momento, se pregunt¨® si Liora tambi¨¦n estar¨ªa mirando el cielo, tan lejos de ese lugar. Cerr¨® los ojos, dejando escapar un suspiro profundo. Zyriel (pensando): "Estoy cometiendo un error. Pero si esto es un error, no quiero corregirlo." En el sal¨®n vac¨ªo, Luciferis permaneci¨® inm¨®vil, mirando la puerta por donde hab¨ªa salido su hermano. Sus pensamientos eran un caos, una mara?a de celos, frustraci¨®n y algo m¨¢s profundo que no pod¨ªa nombrar. Luciferis (pensando): "Ella me pertenece. Le hice una promesa. Promet¨ª protegerla, mantenerla a salvo. Pero ahora... todo est¨¢ escapando de mi control." El recuerdo de Liora, tan luminosa y diferente, se entrelaz¨® con la imagen de Zyriel, desafiante y decidido. La idea de que su hermano pudiera tener sentimientos por ella lo llenaba de una furia oscura, pero tambi¨¦n de una sensaci¨®n de amenaza que no pod¨ªa ignorar. Luciferis (pensando): "No importa cu¨¢nto intentes interponerte, Zyriel. Yo le hice esa promesa. Si es necesario, te apartar¨¦ de su camino, incluso si eso significa destruirte." El aire alrededor de Luciferis parec¨ªa volverse m¨¢s denso mientras su determinaci¨®n crec¨ªa. En su mente, Liora segu¨ªa siendo la clave, no solo para su victoria, sino tambi¨¦n para algo que no estaba dispuesto a admitir. Y si Zyriel se interpon¨ªa, no habr¨ªa misericordia. Luciferis (en voz baja): Ella ser¨¢ m¨ªa. No importa el precio. Capitulo 14. Baile La brisa c¨¢lida anuncia la llegada del verano, cargada de un aroma dulce que envuelve el pueblo entero. El cielo, te?ido de suaves tonos anaranjados y rosados, se extiende como un lienzo infinito, y el canto de los p¨¢jaros resuena entre las monta?as que rodean Hollow Creek. Desde la ventana de su habitaci¨®n, Liora contempla el atardecer con una mezcla de serenidad y emoci¨®n; sus ojos celestes brillan como si reflejaran la luz del sol naciente. Este d¨ªa no es como cualquier otra. Hoy es su graduaci¨®n de primaria, un d¨ªa marcado por tradici¨®n y alegr¨ªa en el pueblo. Como es costumbre, los graduados asistir¨¢n a un baile especial esta noche, un evento sencillo pero lleno de significado, donde las sonrisas y los pasos de baile se mezclan bajo las estrellas. Aunque Hollow Creek se aferra a sus ra¨ªces tradicionales, eventos como este traen un aire de modernidad que todos disfrutan. Liora suspira, dejando que la c¨¢lida luz del sol acaricie su rostro. Entonces, sus ojos notan algo inesperado: una flor roja descansa sobre el alf¨¦izar de la ventana, con una peque?a nota atada delicadamente a su tallo. La toma entre sus dedos con cuidado, como si la flor fuera un peque?o tesoro. En el papel, escrito con una caligraf¨ªa sencilla pero cuidada, se lee: ¡°Para alguien que ilumina incluso los d¨ªas m¨¢s grises.¡± Su coraz¨®n da un salto. Una sonrisa amplia y c¨¢lida se dibuja en su rostro mientras acaricia los p¨¦talos de la flor, suaves como terciopelo. Su mente comienza a divagar, atrapada entre dos nombres. Zane. El recuerdo de su sonrisa traviesa y su mirada profunda hace que su coraz¨®n lata m¨¢s r¨¢pido. ?Podr¨ªa haber sido ¨¦l? Siempre hay algo misterioso en su manera de hablar, en c¨®mo parece entenderla sin necesidad de demasiadas palabras. Pero entonces piensa en Lucian, su amigo de toda la vida. Su presencia protectora y cari?osa es un refugio constante para Liora. Hay momentos en los que sus gestos, aunque sutiles, parecen cargados de un afecto m¨¢s all¨¢ de la simple amistad. Liora (pensando, confundida): ¡°?Qui¨¦n habr¨¢ sido? ?Por qu¨¦ no dej¨® su nombre?¡± El crujido suave de la puerta interrumpe sus pensamientos. Su padre, Edward, entra en la habitaci¨®n con una sonrisa que irradia calidez. El tiempo ha empezado a dejar su huella en ¨¦l; unas cuantas canas adornan sus sienes, pero su mirada sigue siendo la de un hombre lleno de amor y orgullo. Edward (sonriendo): ¡°Mi peque?o sol, c¨®mo has crecido.¡± Liora deja la flor sobre la mesa y corre hacia ¨¦l, envolvi¨¦ndolo en un abrazo lleno de ternura. Sentir sus brazos alrededor le da una sensaci¨®n de seguridad que nada m¨¢s puede ofrecer. Edward (acariciando su cabello): ¡°A¨²n recuerdo cuando eras apenas una beb¨¦, c¨®mo tu madre te sostuvo en sus brazos por primera vez. Parece que fue ayer. Y ahora, aqu¨ª est¨¢s... Hoy es un d¨ªa importante, Liora. Te grad¨²as de la primaria.¡± Liora se aparta un poco, mir¨¢ndolo con una sonrisa que combina orgullo y determinaci¨®n. Liora: ¡°No es nada comparado con lo que quiero lograr. Mi sue?o es tener suficiente dinero para que ustedes puedan descansar todo lo que quieran. Quiero cuidar de ustedes, como ustedes han cuidado de m¨ª.¡± Edward suelta una risa suave, una mezcla de orgullo y ternura. Edward: ¡°Siempre preocup¨¢ndote por los dem¨¢s, mi peque?a estrella. Pero recuerda, no todo es responsabilidad. Tambi¨¦n tienes que vivir tus propios sue?os.¡± Liora baja la mirada un momento, pensando en las palabras de su padre. Aunque son reconfortantes, algo dentro de ella sigue luchando contra una sensaci¨®n de vac¨ªo. Su madre entra con un vestido de graduaci¨®n, el vestido tiene un estilo rom¨¢ntico y delicada, con un dise?o et¨¦reo inspirado en la naturaleza. Confeccionada en un tono azul celeste, destacada por un tejido de tul semitrasnparente derecorado con borados florales y de mariposas, el cual le otorgan un toque m¨¢gico y primaveral. El escote es en forma de coraz¨®n con un corset ajustado. Los tirantes tienen detalles rizados y femeninos que complementan el dise?o. La falda es larga y fluida. Marianne (entrado con una sonrisa al cuarto): ¡°Este vestido tan especial solo puede brillar plenamente en alguien con un coraz¨®n tan hermoso como el tuyo.¡± Liora sonrio al ver aquel vestido, la hace sentir tan feliz que grita de emoci¨®n Liora: ¡°Muchas gracias madre, es hermoso¡± Marianne: ¡°Tu padre y yo, quisimos que este d¨ªa lucieras hermosa mas de lo que ya eres mi peque?o sol¡± Liora: ¡°Son los mejores padres del mundo, los amo¡± Liora se mira al espejo, sus dedos acariciando el suave tejido del vestido que lleva puesto. El azul celeste del atuendo parece brillar bajo la luz c¨¢lida de la habitaci¨®n, mientras los bordados de flores y mariposas danzan con cada movimiento que hace. Marianne y Edward la observan desde la puerta, sus rostros iluminados por una mezcla de orgullo y nostalgia. Marianne (con voz suave): ¡°Te ves como una princesa, Liora. Este vestido est¨¢ hecho para ti.¡± Liora gira sobre s¨ª misma, dejando que la falda fluya con gracia. Una risa ligera se escapa de sus labios. Liora: ¡°Gracias, madre. Es m¨¢s de lo que pod¨ªa imaginar. ?Es perfecto!¡± Edward, que ha permanecido en silencio, da un paso hacia ella y le coloca un peque?o colgante en forma de estrella que hab¨ªa guardado para un momento especial. Edward: ¡°Esto me record¨® a ti desde que lo vi. Cre¨ª que te quedar¨ªa perfecto.¡± Liora se queda inm¨®vil por un momento, mirando el colgante. Sus ojos celestes se humedecen ligeramente, pero sonr¨ªe mientras acaricia el delicado objeto. Liora: ¡°Gracias, pap¨¢. Prometo cuidarlo siempre.¡± Marianne le acaricia el cabello con ternura antes de entregarle un peque?o ramo de flores silvestres. Marianne: ¡°Es hora de que vayas. Lucian est¨¢ esperando afuera para acompa?arte.¡±Find this and other great novels on the author''s preferred platform. Support original creators! El coraz¨®n de Liora da un peque?o salto al escuchar el nombre de su amigo de la infancia. Se apresura a darles un ¨²ltimo abrazo a sus padres antes de dirigirse a la puerta principal. Cuando abre, la brisa c¨¢lida de la noche la envuelve, llev¨¢ndole consigo el aroma de flores y tierra reci¨¦n regada. Lucian est¨¢ all¨ª, con una sonrisa algo tensa mientras acomoda el cuello de su camisa blanca. Su cabello rubio brilla bajo la luz de las farolas, y sus ojos rojos, aunque nerviosos, est¨¢n fijos en ella. Lucian: ¡°Te ves... incre¨ªble.¡± Liora sonr¨ªe, sintiendo c¨®mo el calor sube a sus mejillas. Liora: ¡°Gracias, Lucian. T¨² tambi¨¦n luces muy bien.¡± Por un momento, ambos se quedan en silencio, dejando que la noche hable por ellos. Finalmente, Lucian le ofrece su brazo con un adem¨¢n torpe pero caballeroso. Lucian: ¡°?Listos para el gran evento?¡± Liora asiente, tomando su brazo con una sonrisa c¨¢lida. Mientras caminan hacia la plaza, las luces colgadas entre los ¨¢rboles comienzan a brillar con mayor intensidad. El murmullo de la multitud llega a sus o¨ªdos, junto con la suave melod¨ªa de la m¨²sica que flota en el aire. Cada paso que dan parece acercarlos a un momento que cambiar¨¢ algo en ellos para siempre. Liora (pensando): ?Ser¨¢ esta una noche que recordar¨¦ por el resto de mi vida? Cuando llegan a la plaza, el espect¨¢culo ante ellos es como salido de un sue?o. Faroles colgados entre los ¨¢rboles proyectan sombras danzantes, y las risas y conversaciones de los invitados llenan el aire de energ¨ªa. Liora siente que su coraz¨®n late m¨¢s r¨¢pido, mientras Lucian la conduce hacia el centro de la celebraci¨®n. La noche apenas comienza, pero ya promete ser inolvidable. El vestido azul celeste que lleva, combinado con su cabello dorado, la hace parecer una figura sacada de un cuento. Las miradas de los presentes se desv¨ªan hacia ella mientras pasa, arrancando suspiros y murmullos. Lucian (desviando la mirada, inc¨®modo): ¡°Todos te est¨¢n mirando.¡± Liora se detiene un momento y lo observa con una sonrisa, intentando aliviar la tensi¨®n. Liora (sonrie despreocupada): ¡°Solo es el vestido, Lucian. Nada de qu¨¦ preocuparse.¡± Pero Lucian sabe que no es solo el vestido. Hay algo en Liora, algo que siempre ha estado ah¨ª, una luz que atrae a todos a su alrededor. Sin embargo, esta noche, esa luz parece demasiado brillante, demasiado distante, como si estuviera a punto de escap¨¢rsele de las manos. Llegan al centro de la plaza, donde las parejas ya giran al ritmo de la m¨²sica, una suave melod¨ªa que llena el aire con notas rom¨¢nticas. Lucian le ofrece su mano a Liora, quien la toma con una sonrisa. Liora: ¡°No s¨¦ por qu¨¦ est¨¢s tan nervioso. No muerdo, ?sabes?¡± Lucian r¨ªe suavemente, aunque su sonrisa no llega del todo a sus ojos. Mientras empiezan a bailar, siente que su coraz¨®n late m¨¢s r¨¢pido de lo habitual. Cada vez que sus ojos se encuentran, algo dentro de ¨¦l parece retorcerse, una mezcla de alegr¨ªa y miedo. Lucian (pensando): ?Por qu¨¦ me tuve que encari?ar de ti? El baile contin¨²a, pero entonces, una sombra familiar aparece al borde de la pista. Liora lo ve primero, y su respiraci¨®n se detiene por un instante. Zane. Vestido con una chaqueta oscura que realza su porte despreocupado, Zane camina con la seguridad de alguien que sabe que est¨¢ fuera de lugar, pero no le importa. Sus ojos dorado encuentran a Liora entre la multitud, y una sonrisa ligera, casi desafiante, cruza su rostro. Zane: ¡°?Me he perdido de algo?¡± Lucian se tensa al instante. No hace falta que Zane diga m¨¢s para que ¨¦l se sienta desplazado. Liora, sin embargo, parece no notar el cambio en el aire. Liora: ¡°?Zane! No esperaba verte aqu¨ª.¡± Zane inclina la cabeza, su sonrisa creciendo mientras sus ojos se fijan en Lucian por un breve instante. Zane: ¡°Pens¨¦ que este baile era importante para ti. No pod¨ªa perd¨¦rmelo.¡± Liora, sinti¨¦ndose halagada, baja la mirada por un momento antes de girarse hacia Lucian. Liora: ¡°Lucian, ?te importa si bailo con Zane?¡± Lucian no responde de inmediato. Su mand¨ªbula se tensa, pero finalmente asiente, soltando la mano de Liora con un movimiento que parece m¨¢s doloroso de lo que deber¨ªa ser. Lucian: ¡°Claro. Divi¨¦rtanse.¡± Mientras Liora y Zane se dirigen al centro de la pista, Lucian se retira al borde del lugar, observ¨¢ndolos desde la distancia. Los celos queman en su interior, aunque intenta ignorarlos. Lucian (pensando): ?Por qu¨¦ siempre tiene que aparecer? ?Por qu¨¦ tuviste que encontrarla? En el centro de la pista, Zane toma la mano de Liora con suavidad, coloc¨¢ndola en su hombro mientras la otra descansa en su cintura. Sus movimientos son fluidos, seguros, y la hace girar con una facilidad que la hace re¨ªr. Zane (mir¨¢ndola a los ojos): ¡°Te ves hermosa esta noche, Liora.¡± Liora siente c¨®mo el calor sube a sus mejillas, pero sonr¨ªe, intentando mantener la compostura. Liora (desviando un poco la mirada): ¡°Gracias. T¨² tambi¨¦n luces bien.¡± Zane se inclina ligeramente, su voz bajando hasta un tono casi ¨ªntimo mientras la lleva en un giro m¨¢s lento. Sus ojos no se apartan de los de Liora. Zane: ¡°Siempre he querido decirte esto... pero nunca encontr¨¦ el momento. T¨² haces que incluso un lugar como este parezca especial.¡± Liora siente c¨®mo su respiraci¨®n se acelera. Por un instante, todo a su alrededor parece desvanecerse: la m¨²sica, las risas, incluso las miradas furtivas de quienes los observan. Solo est¨¢n ellos dos, movi¨¦ndose al comp¨¢s de una melod¨ªa que parece creada solo para ellos. Liora (susurrando): ¡°No s¨¦ qu¨¦ decir...¡± Zane sonr¨ªe, esa sonrisa traviesa que siempre parece tener la respuesta a todo. Zane: ¡°No tienes que decir nada. Solo quer¨ªa que lo supieras.¡± El ritmo de la m¨²sica cambia, volvi¨¦ndose m¨¢s r¨¢pido, pero Zane no la suelta. En cambio, baja la mano que descansaba en su cintura y toma su mano con ambas, deteni¨¦ndose en el centro de la pista. Su mirada se torna m¨¢s suave, cargada de algo que no llega a decir. Zane: ¡°Es raro para m¨ª estar aqu¨ª. Pero cuando estoy contigo, parece que todo cobra sentido.¡± Liora siente un nudo en la garganta, pero antes de que pueda responder, un murmullo entre la multitud la distrae. Lucian ha regresado a la pista, con los pu?os apretados y una expresi¨®n tensa en el rostro. Sus ojos est¨¢n fijos en Zane, y la energ¨ªa en su postura parece electrizar el ambiente. Lucian: ¡°Disculpa, Zane. ?Te importar¨ªa si tomo un momento con Liora?¡± Zane lo mira por un instante, su sonrisa desvaneci¨¦ndose. Hay un destello en sus ojos que muestra que entiende lo que est¨¢ sucediendo, pero no parece dispuesto a retroceder. Zane: ¡°Claro, Lucian. Aunque creo que deber¨ªas aprender a esperar tu turno.¡± Lucian ignora el comentario y extiende una mano hacia Liora, quien, atrapada entre ambos, siente c¨®mo la tensi¨®n en el aire crece. Mira a Zane, luego a Lucian, sin saber qu¨¦ hacer. Finalmente, toma la mano de Lucian, sintiendo una punzada de culpa al ver c¨®mo Zane retrocede con una sonrisa que no llega a sus ojos. Lucian la lleva fuera de la pista, hacia un rinc¨®n m¨¢s tranquilo bajo un ¨¢rbol decorado con luces. Su rostro, normalmente tranquilo, est¨¢ cargado de emociones que apenas puede contener. Lucian: ¡°Liora, ten¨ªa que sacarte de all¨ª. No puedo seguir viendo c¨®mo...¡± Se detiene, buscando las palabras adecuadas. Liora lo mira, sus ojos llenos de preguntas. Liora: ¡°?C¨®mo qu¨¦?¡± Lucian: ¡°C¨®mo Zane te mira. C¨®mo t¨² lo miras a ¨¦l. S¨¦ que no tengo derecho a decir esto, pero...¡± Se interrumpe, y su voz se suaviza. Lucian: ¡°Solo quiero que seas feliz, Liora. Siempre lo he querido. Me preocupa el que te puedan lastimar¡± Liora siente que el suelo se tambalea bajo sus pies. Las palabras de Lucian, cargadas de sinceridad, la dejan sin aliento. Antes de que pueda responder, ¨¦l da un paso hacia atr¨¢s, con una sonrisa que refleja una mezcla de tristeza y aceptaci¨®n. Lucian: ¡°No tienes que decir nada. Solo necesitaba que lo supieras.¡± Sin esperar respuesta, Lucian se da la vuelta y se aleja, dejando a Liora sola bajo las luces parpadeantes. Mira hacia la pista de baile y encuentra a Zane, quien tambi¨¦n la est¨¢ observando desde lejos. Por primera vez, siente que el peso de sus miradas y palabras es demasiado. Liora (pensando): ?Qu¨¦ voy a hacer ahora? La noche sigue, pero para Liora, nada volver¨¢ a ser igual