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AliNovel > Sobre Enanos y Profundidades (Español/Spanish) > De Enanos 1. Tiempo de vida y hambre.

De Enanos 1. Tiempo de vida y hambre.

    Una fortaleza ha sobrevivido. Su techo basalto tallado, su suelo roca madre. Sus puertas selladas, su gente encerrada. En lo alto se ven aberturas, bocas de luz tenue por unas pocas horas al día, indistinguibles de la piedra por la noche. Un camino la conecta con el mundo exterior, en la superficie estatuas de obsidiana perduran sin ser ni mantenidas ni adoradas.


    Dentro, los salones aún son iluminados por antorchas, las casas aún alumbradas por hogares. Los talleres aún trabajan, las forjas aún queman. Hay quien talla la piedra y quien teje la tela, hay quien la compra y quien la roba. Todavía quedan salones, tabernas y concejos, todavía en ellos se reúnen. Todavía hay gente, que vive.


    Ellos se casan, pero sólo cuando llega el momento. Para tener a sus hijos esperan aún mucho más. Y todavía más esperan, cuando hay que tomar una decisión importante; más de uno murió esperando. Si quisieras hacerles darse prisa entonces sólo se darán prisa en callarte.


    Sus piernas gruesas se apresuran por las calles, no hay muchedumbres ya que les frenen. Sus salas son muy anchas, no porque antes se llenasen, sino por la satisfacción del ágora sin horizonte, la impresión del trabajo generacional; el sacrificio definitivo no era la muerte pronta, era trabajar una vida entera.


    Pero cuando un sacrificio incluye las palabras vida y muerte, se hace por los que perduran, por los que engendramos para sustituirnos. Antes sí, pero ahora… ahora no se vivía en el mismo mundo, ahora era el sacrificio, el gasto, el derroche, que se hace por el moribundo, cuando se sabe, a ciencia cierta, que no habrá un ma?ana digno, y luego, no lo habrá.


    Porque el Sol siempre estaba oculto por las nubes, porque nuestros aliados se habían suicidado, empezando guerras cuando no había ni siquiera tiempo para arreglar la siguiente cosecha. Porque nuestros enemigos se habían ocultado bajo las sierras y las cordilleras. Porque nosotros también lo hicimos, cuando aceptamos que era la única alternativa que nos preservaría.


    Cada colonia fue abandonada, cada camino también. Cada hermano de la superficie fue seleccionado para quedarse donde estaba, fuera de la monta?a. Los concejos iniciaron debate y ganó el consenso. Todos los hermanos dentro de las puertas se quedarían, todos los primos se irían. Los concejos esgrimieron sus argumentos, los primos eran altos y rápidos, la superficie su lugar de origen y la comida bajo la monta?a era limitada y no era apta para ellos. Ayudó que los primos no tuvieran representación.


    Todas las patrullas volverían, las guarniciones regresarían, las delegaciones retornarían. Todos los pactos se romperían, las promesas se abandonarían, las empresas se vendarían. Todos los amigos se olvidarían, los odios se perdonarían, los valores se dejarían. Todo se cedería, salvo la vida.


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    Tal traición y tal abandono no se podía perdonar, y por ende se esperó, tiempo el sanador lo curó. Ya no había quien nos reprochara, nadie quedaba para clamar venganza, los criminales y sus responsabilidades habían muerto en la cama, sus hijos luego de ellos y luego los hijos de estos. Piérdete sumando generaciones y entonces con la nuestra te encontrarás, todavía nadie ha llamado a la puerta para pedir explicaciones desde entonces ni se le espera.


    En efecto no hubo tiempo para la siguiente cosecha, al principio vinieron primos pidiendo, luego exigiendo, los primeros no recibieron respuesta, los segundos sí, procedente de ca?ones y ballestas. Luego ejércitos enteros viniendo, los primeros armados y acorazados, los segundos famélicos y en harapos. Ninguno pudo entrar, ni uno solo penetró, los cimientos demasiado sólidos, las puertas demasiado gruesas, los brazos demasiado débiles, se fueron a buscar otro lugar que arrasar, en el acto multiplicándose, al aumentar las huestes de los muertos de hambre.


    Nuestro enemigo también vino, aquejado ahora por el mismo problema que los primos. Entre ellos sólo reinaba la violencia, con una pizca del peor tipo de inteligencia. Pero ahora así no era, no había a quién saquear, a quién robar, no había pillaje ni abordaje, no era tiempo de guerreros, sino de suplicantes, de mendigos, de pordioseros. Ellos tampoco tuvieron respuesta, pero ellos encontraron otra entrada, y sus ojos ven en la oscuridad, se pueden comer a cualquier otro y entre ellos. Sobrevivieron.


    Por ende, la puerta a lo profundo también fue cerrada, los hoyos sellados y los pozos derrumbados. Aun así se luchó la guerra más patética, la más desesperada, una tan miserable que ni a ningún ancestro satisfaría. El enemigo era débil, débil como nunca antes, descerebrado, descarado, desesperado. Cavaron agujeros con sus manos, pero fueron colapsados. Cargaron juntos y cogidos de las manos, mas murieron y fracasaron. La moral no pudo sostenerse, armada con piedras y palos. Al final huyeron, a lo profundo, aun sabiendo que otros les esperaban allí.


    Nunca, desde los últimos a?os de los abuelos de nuestros abuelos de nuestros abuelos se ha presentado alguien ante las puertas, nunca nadie ha enviado más mensaje alguno, nunca han atacado, por arriba o por debajo. Dicha circunstancia en mucho a derivado, ya nadie va a las almenas, ya nadie estudia para diplomático. Los conocimientos sobre primos y enemigos, sobre hermanos distantes, sobre plantas y animales en la superficie perdidos, son cosa de leyenda y asombro, como cualquier fascinación imposible de comprobar, ante el silencio de las eras.


    Tal es nuestro tiempo, silencioso, ausente y monótono. Sin cambios en las circunstancias no hubo cambios en las leyes, tampoco futuro, sólo presente. Ahora no se atisba cosa diferente, claramente no es época de héroes. Quizás sólo sí curiosidad, pues un mundo perdido es un gran catalizador de este lado de la naturaleza. Sumemos a esta, la juventud, luego a?adamos la lealtad de los grupos reducidos de amigos o quizás basta con conocidos. Por último, mezclemos con la segunda parte del apocalipsis que nos precedió, listo también para sucedernos.


    Dicen que por la gran grieta oeste se ve la luna por unos minutos, vayamos esta noche, ahora que los guardias abandonan la brecha donde le río, digamos que sólo a beber vino fuimos. Por un momento la luz del astro ilumina una fisura que a la negra profundidad conduce. ?Oiremos por arriba los lamentos de los primos abandonados o por debajo los de los enemigos expulsados? No sé si nos atreveremos a escucharlo.
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