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Pr贸logo, Cap铆tulo 4: Diez A?os

    "?Dónde estoy?" Fueron las palabras que salieron de la boca de Yukiharu tras abrir sus ojos.


    "Todo está oscuro, no veo nada... tengo miedo..." Decía la joven ángel mientras en su desconcierto veía una luz en la lejanía... "Ese resplandor... lo conozco... ?ABUELITO! Tengo que ir rápido con él..." La peque?a comenzó a correr con todas sus fuerzas. "Ya casi llego..." En cuanto su abuelo quedó al alcance de su mano, no pudo evitar abrazarle con fuerza.


    "Abuelito tuve mucho miedo, pensé que nos habían atacado, que los ni?os habían muerto... que tú habías muerto..." Decía entre lágrimas mientras cada gota rodaba y creaba un brillante camino en su rostro junto con un gran alivio. "Menos mal que estas bien, abuelito." De repente el cuerpo del abuelo se vuelve intangible y transparente, haciendo que Yuki lo atraviese y caiga mientras se iba alejando. "Espera... ?por qué te estas alejando...? no abuelito ?Regresa!"


    Ella corrió y corrió detrás de él, pero sus esfuerzos eran en vano. "?NO ME DEJES SOLA... ABUELITO!" Decía con desesperación mientras trataba a toda costa de alcanzarle.


    De pronto, como si de una mala broma del destino se tratase, se tropieza y cae al suelo desplomada, extendiendo su mano hacia la débil luz que se alejaba cada vez de ella. "No me dejes..." Decía con la voz quebrada. Pero, cuando estaba a punto de hundirse en su tristeza, detrás de ella, una suave voz familiar susurró a su oído diciendo... "Siempre estaré contigo."


    Yuki rápidamente se gira mientras sorprendida grita. "?—ABUE-


    -LITO...!" Bruscamente Yukiharu se levanta de su cama, parece que se despertó de un mal sue?o. "?Una pesadilla?" Fue lo que se preguntó al abrir los ojos, pero no tuvo mucho tiempo para analizar esa pregunta ya que tras recobrar sus sentidos salió rápidamente, con desesperación en búsqueda de su abuelo. La preocupación la consumía... corrió y voló cundida en desesperación... Miraba a su alrededor, era un lugar desconocido para ella.


    Buscó entre los aldeanos, las criaturas místicas, los árboles, la cascada y... No había ningún rastro de el... Subió a la cima de la peque?a monta?a que conectaba con la cascada y ahí fue cuando su preocupación se sació, encontró lo que estaba buscando, pero, no era lo que su inocente esperanza anhelaba encontrar, ahí había una tumba adornada con la bufanda característica de la persona que yacía ahí.


    "No era un sue?o... realmente ya no estas, abuelito..." Decía triste y deprimida, inevitablemente las lágrimas se apoderaron una vez más de su rostro recordando así todo lo ocurrido antes de despertar.


    La tierra había comenzado a brillar y a temblar, nadie sabía que estaba sucediendo. Repentinamente, en un abrir y cerrar de ojos todo se calmó. "Que acaba de pasar?" Era lo que todos los aldeanos murmuraban anonadados, estaban confundidos por tal acontecimiento y no sabían exactamente qué sucedió o siquiera dónde se encontraban, era un lugar completamente desconocido, más lo único que a simple vista pudieron notar fue una barrera similar a la de su aldea, una monta?a baja, una cascada, un peque?o lago donde caía el agua que salía de esta, un bosque y a lo lejos, entre los árboles... una peque?a ni?a sosteniendo lo único que le quedaba de alguien muy importante para ella, derramando sobre los pétalos de una flor aquellas lágrimas que brillaban como estrellas. Aria, quien se encontraba entre los aldeanos, inmediatamente reconoció a la peque?a y corrió lo más rápido que pudo hacia donde ella se encontraba.


    "??Yuki estas bien?! ??Qué fue lo que sucedió?!" exclamó con preocupación.


    Los ojos de Yuki que alguna vez fueron los más brillantes y alegres, estaban inundados, se podía ver con claridad lo destrozada que estaba por los acontecimientos recientes; Aria, al ver el estado de la peque?a y la situación de la escena, entendió que aquello que con tanto dolor y tristeza abrazaba era ni más ni menos que la bufanda de su abuelo, comprendiendo así que fue lo que sucedió.


    Aria, sin mucho que pueda hacer para ayudar a la peque?a, dejó brotar de sus ojos un par de lágrimas acompa?ando a Yuki en su dolor. Con un abrazo y tratando de consolar a la peque?a, provoco un grito desgarrador en la peque?a ángel que inundó el lugar, invadiendo los oídos y corazones de quién le escuchaba a lo lejos... gritos de dolor y sufrimiento... palabras que nadie nunca debería decir y sentir... que su abuelo se había ido, que había muerto... deseando así que nada de esto hubiera pasado. Este cumulo de sentimientos hicieron que quedara inconsciente entre lágrimas y en el abrazo que le daban conforte.


    "Siempre estaré contigo, ?eh?" Fue lo que preguntó, sentada frente a la tumba de su abuelo que, a pesar de no tener un cuerpo para enterrar, los aldeanos hicieron un lugar de descanso en su honor. Kiran había salido para confortar a Yuki y junto con ella, recordarlo. El sonido del agua de la cascada al caer, hicieron que se sintiera como si estuviera en un limbo donde nada ocurría, donde el tiempo no se movía... "Siento tu luz tan cerca, pero a la vez tan lejos de mi... es... confuso."


    De pronto, escuchó una voz familiar que venía detrás de ella... "Yuki, no nos asustes así, te buscamos por todos lados." Sin siquiera mirar hacia atrás, ya sabía quién era pues pudo sentir su luz.


    "?Como supiste que estaría aquí? Se?orita Aria" preguntaba Yuki decaída sin dejar de mirar el recinto de  su abuelito.


    "Llámalo instinto." Respondió Aria quien se acercaba a Yuki para sentarse a su lado y junto con ella observar la tumba de su abuelo. "A pesar de no haber encontrado su cuerpo, creo que era lo correcto hacerle una tumba para honrarlo, las tumbas de Javier, Helen y Código están por el lago por si las quieres visitar."


    "No te conté todo lo que sucedió después de que me fui de la casa, ?cierto?" Pregunta Yuki, desviando el tema de la conversación.


    "No, pero no tienes que hacerlo si no quieres, después de todo pasaste por algo que nadie nunca debería pasar, creo que es mejor no abrir esa herida y dejar que el tiempo se encargue de sanarla."


    Yuki, aliviada por su respuesta, encontró conforte en las palabras de Aria, apoyando su cabeza sobre su hombro para descansar. Aria le acaricia su cabeza para hacerla sentir mejor y Kiran se sienta en su regazo intentando hacer lo mismo.


    Después de un rato de compartir tiempo juntas, ya iba siendo hora de volver a trabajar. "Yuki, tengo que volver con los demás aldeanos para construir nuestras nuevas casas, ganado para las criaturas místicas y cultivos, ?puedes ayudarnos?" Preguntó Aria tratando de distraer la desconcertada mente de Yuki, a lo que responde asintiendo con la cabeza.


    En cuanto vuelven con los demás aldeanos, todos detienen lo que estaban haciendo y van corriendo con Yuki ya que estaban preocupados por todo lo sucedido, trataron de animarla pues se le veía decaída. Ella estaba muy agradecida con todos, pese a que quien la cuido toda su vida ya no estaba, ellos se aseguraran de que nunca le faltara amor.


    Pasaron todo el día trabajando y construyendo, los agricultores usando sus habilidades para la cosecha, habían creado tierra fértil para plantar sus alimentos, el primer árbol de frutos ya había nacido y crecido, dándoles frutas para comer al final del día. Los ganados estaban casi completados, su estructura era suficiente para que las criaturas místicas pasaran la noche ahí. Todos hicieron un gran trabajo juntos.


    Cae la noche y todos se reúnen frente a una fogata gigante que hicieron para proporcionarles luz y calor. Celebrando sus esfuerzos y los frutos nacidos de este; celebrando por la vida y brindando por aquellos que ya no están entre ellos. Pero, Yuki no parecía estar de ánimos para celebrar, estaba sentada, con la mirada decaída, sosteniendo frente a ella su vaso con jugo de frutas, pero no era el vaso quien robaba su atención, era la nada quien ella observaba con la mirada perdida.


    Uno de los aldeanos se acerca a ella para ver que le sucedía "?Que pasa Yuki? ?No estás de ánimo?" Yuki con sus orejas caídas y entristecida, aun mirando su copa, le responde con una pregunta. "?Por qué estamos celebrando? ?Si celebramos es porque pasó algo bueno no? Nada de lo que ha pasado es bueno... ?Entonces por qué?"


    This text was taken from Royal Road. Help the author by reading the original version there.


    El aldeano, le da una sonrisa y con exalto le responde. "Bueno, yo creo que vale la pena celebrar que estamos vivos, celebrar por aquellos que una vez conocimos y por los momentos tan buenos compartimos juntos. ?Dime, crees que tu abuelo hubiera querido que estuvieras triste en vez de feliz? ?Qué estuvieras llorando porque ya no está, en vez de sonreír porque lo tuviste en tu vida?"


    Fue entonces cuando Yuki, tras escuchar esas palabras, recupera lentamente el brillo de sus ojos y recordó algo que le dijo su abuelo en sus últimos momentos. "No llores mi peque?a, sonríe, te queda mejor una sonrisa." Por primera vez, después de lo que para ella se sintió como una eternidad, sonrió, entre las repentinas lagrimas que cayeron de su rostro, ella sonrió.


    "Tienes razón, mi abuelito no hubiera querido esto." Respondió con ánimos, entendiendo con la acción del aldeano, que, a pesar de la ausencia de su abuelo, ella no está sola.


    Fue entonces cuando se levanta y con determinación llama la atención de todos los aldeanos para dirigir unas palabras ante ellos. "?ESCUCHEN, ANTES DE QUE MI ABUELITO SE FUERA DIJO QUE LA BARRERA ESTARíA PROTEGIENDONOS DURANTE DIEZ A?OS MáS, DESPUéS DE QUE ESE TIEMPO PASARA LA BARRERA CAERíA!" Las palabras de Yuki hacen que la preocupación cunda en todos los aldeanos, ?qué harán cuando se acabe el tiempo? Yuki se seca las lágrimas remanentes de su rostro y continúa. "ME HARé MáS FUERTE PARA PROTEGERLOS A TODOS, ASí NUNCA PERDEREMOS A NADIE MáS. SALDRé DE LA ALDEA Y TERMINARé CON ESTA GUERRA PARA SIEMPRE."


    Después de esta declaración, Yuki crea una espada con luz e invoca a Kiran para que los aldeanos confíen en su palabra y... fue justo lo que sucedió. Todos los aldeanos gritaron en alegría al ver la determinación de la muchacha y que lo que decía, era en serio, fue entonces donde la celebración se convirtió en una donde Yuki seria la protagonista de esta.


    A la ma?ana siguiente, Yukiharu visito la tumba de su abuelo. Donde dejó salir todos sus sentimientos.


    "Hola abuelito, no sé si puedes escucharme, pero... voy a cumplir con mi promesa, me haré más fuerte, acabaré con la guerra y el odio de ambas razas para siempre, voy a hacerte sentir orgulloso." Dijo apretando fuertemente sus pu?os, agarró la bufanda que estaba encima de la tumba de su abuelo y se la puso como recordatorio de su meta y sobre que siempre su abuelito estará siempre a su lado.


    No pasó ni un solo día desde que ella empezó su entrenamiento, ya que no tenía mucho conocimiento sobre sus poderes, decidió que lo mejor que podía hacer era experimentar con ellos. Su tiempo de descanso lo utilizaba para ayudar a los demás aldeanos. Estaba motivada y todos los días recordaba las ense?anzas de su abuelo, honraba sus palabras, no podía seguir deprimida, tenía que levantarse y seguir adelante, es lo que su abuelito hubiera querido.


    Con el tiempo, terminaron de construir la nueva aldea, se acostumbraron más a el nuevo ambiente que les rodeaba y las criaturas místicas estaban más cómodas, los cultivos estaban completados y crecidos completamente. Los aldeanos cuidaban de Yuki como si fuera su propia hija, queriéndola y ense?ándole todo lo que sabían, a cultivar, a leer y escribir, a cuidar las criaturas místicas, e incluso le contaron historias sobre estas mismas y sobre la naturaleza del mundo.


    Los a?os iban pasando y Yuki cada vez era más fuerte, su velocidad, reflejos e incluso poder eran mucho mayores que antes. Se percató de que sus sentidos se amplificaron también, su olfato le permitía oler cosas que no podía antes y distinguir estos olores desde lejos. Sus ojos podían ver a largas distancias como si amplificara la imagen y podían reaccionar a movimientos muy rápidos. Su sistema auditivo se volvió muy bueno y si se concentraba podía escuchar todos los sonidos dentro de la barrera. Su cuerpo se iba desarrollando también, creciendo y mejorando cada atributo físico que tenía.


    En algún momento se dió cuenta de que Kiran, a pesar de lo vivo que aparentaba, no crecía, no fue tan sorprendente ya que técnicamente no estaba vivo. Practicó su habilidad para crear objetos, averiguando como podía usarlos estratégicamente en un combate como cuando practicó con su abuelo. Uno de los aldeanos le ense?ó todo tipo de armas para el combate que existían y podía utilizar. Tras probar cada una de ellas se dio cuenta de que las armas que más se adaptaban a ella eran las espadas y los arcos, aunque el conocer tantas armas le daba más creatividad y flexibilidad a la hora de combatir, como crear guantes para enfrentamientos cuerpo a cuerpo o hacer que lluevan espadas del cielo sin necesidad de dispararlas con un arco ni nada del estilo, aunque claro, esto la cansaba más, así que tenía que practicarlo hasta que no le de trabajo.


    Algo similar ocurría cuando creaba criaturas místicas. Ya sabía que mientras más grande la criatura más difícil era de crearla, pero una vez creada era fácil de materializar, así que intentó crear varias criaturas místicas basadas en las que había en el ganado y las que escuchó en las historias de los aldeanos, pudo crear una buena cantidad y variedad, pero aún le faltaba mucho por delante. Todas las criaturas que creó las absorbió de vuelta, ya que, al fin y al cabo, son creadas con su poder de luz. Otra razón por la que hizo esto es porque solo quería conservar a Kiran. También descubrió que podía crear a una persona con luz, la creaba para practicar el combate y así ganar experiencia. Día tras día su rutina se convirtió en entrenar y ayudar a los aldeanos, esperando que cuando llegue el momento, pueda proteger a la aldea e ir a la capital para cumplir su promesa con su abuelito.


    10 minutos para que caiga la barrera.


    Todos los aldeanos estaban reunidos en el centro, ya casi era la hora. A la edad de 20 a?os, Yukiharu estaba lista para partir y el tiempo casi se había acabado. Estaba vestida por una túnica con capucha que le cubría todo el cuerpo y la bufanda de su abuelo.


    "Que rápido has crecido, vamos a extra?arte Yuki." Dijo uno de todos los aldeanos estaban reunidos para su despedida, tristes, llorando porque la peque?a que criaron era toda una mujer y no la verían hasta dentro de un buen tiempo.


    "Yo también los extra?aré a todos, y como prometí hace diez a?os, los protegeré antes de irme." Tras esas palabras, juntó sus manos y un gran resplandor segó la vista de todos. Cuando se recuperaron, vieron que un lobo gigante de luz apareció frente a ellos.


    Su tama?o era atemorizante, era tan grande como la peque?a monta?a dentro de la barrera. "Este es Fafnir, los mantendrá seguros a todos en mi ausencia." Dijo Yuki mientras acariciaba una pata del lobo, dicho lobo había sido creado basado en Kiran, quien siempre estuvo ahí para ella y quería que Fafnir siempre estuviera ahí para ellos.


    Todos estaban asombrados, realmente estaba cumpliendo con su palabra de protegerlos. Entre la multitud de aldeanos sale Aria para dedicarle unas palabras. "Yuki, antes de irte quiero que te lleves esto." Ella le entrego una bolsa con comida que preparó para su viaje y un compás. "Con esto  no pasaras hambre y ese compas es uno muy especial, si piensas en un lugar, en algo o en alguien, este apuntará en esa dirección. Lo usaba para recolectar ingredientes antes de irme con tu abuelo, pero sé que tú le darás mejor uso, te llevará hasta la capital y a donde quieras."


    Yuki le agradece y le pregunta a Aria que es lo que debe hacer una vez llegue a la capital, a lo que ella responde. "En cuanto llegues busca cómo puedes enlistarte en los batallones, ahí es donde podrás conseguir tu objetivo."


    "Eso haré Aria." Le responde Yuki. "Pero, antes de irme, quisiera agradecerles a todos por haber cuidado de mi durante tanto tiempo. Han sido la mejor familia que pude tener y siempre os querré. Los visitaré de vez en cuanto, prometo que les contaré sobre cómo me ha ido y sobre la aventura que me depara."


    Todos los aldeanos lloran y gritan al mismo tiempo. "YUKIIII." Abrazándola por una última vez.


    Cae la barrera y con un último adiós, Yuki parte en su viaje hacia la capital yendo en dirección donde apuntaba la brújula.


    Estaba caminando por el bosque ya quería ver la naturaleza de cerca. Estaba rodeada de vegetación y criaturas místicas que nunca había visto, más ninguna parecía ser hostil, aunque bien algunos sentían curiosidad e inofensivamente se acercaban a ella. De vez en cuando se encontraba con ríos y lagos que le proporcionaban de agua pura para beber. La comida que le dio Aria sería suficiente para llevarla todo el camino.


    A medida que caía la noche, el cielo se iba nublando, se avecinaba una tormenta, necesitaba refugio tanto para la noche como para la lluvia. Después de caminar durante un rato, encontró una cueva a la misma vez que la lluvia empezó a caer junto con el anochecer, sin perder el tiempo entró rápidamente. No veía nada, así que creo una esfera con luz para iluminar la cueva.


    En cuanto se iluminó, se dio cuenta de que la cueva no estaba vacía y era habitada por una criatura que fue la pesadilla de muchos aldeanos, un oso. Pero algo no cuadraba, el oso no era agresivo a pesar de que Yuki estaba invadiendo su territorio. Ella se acercó al oso y lo acaricia diciéndole. "Lo siento por invadir tu hogar, pero necesito refugio por esta noche, ?te molesta si me quedo?" Al oso no pareció molestarle su presencia y le permitió quedarse. Yuki se recuesta en él y observa como cae la lluvia, el sonido de la naturaleza le parecía reconfortante. A medida que pasaba la noche más criaturas místicas fueron entrando a la cueva, Yuki no estaba segura si era porque querían tomar refugio o era que de alguna manera eran atraídos por ella. Puede que ambas.


    Todos estaban en armonía, criaturas inofensivas y depredadoras coexistiendo juntas, algo impensable para los aldeanos quienes siempre le contaron como de salvajes y brutales eran estos entre ellos en la naturaleza. Yuki estaba empezando a sentirse cansada y las criaturas a su alrededor estaban quedándose dormidas, era hora de que ella durmiera también. "Si las criaturas místicas pueden vivir en paz juntas, entonces los ángeles y los demonios pueden también... cumpliré mi promesa... abuelito..."


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    Fin del capítulo.


    Final del Prólogo
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