La noche envolvía el distrito nocturno de Veylaris con un aire espeso, pesado. La luna, apenas visible entre las nubes, proyectaba sombras irregulares en los callejones de piedra oscura.
Asver caminaba con calma, siguiendo a su presa.
Drehn, el hombre que había humillado y traicionado al joven que una vez fue, reía con confianza junto a dos cazadores de bajo rango. Su postura era relajada, su actitud despreocupada. No tenía idea de lo que estaba a punto de suceder.
Asver avanzó hasta que la distancia entre ellos se redujo.
Uno de los cazadores lo notó primero y frunció el ce?o.
—?Quién es ese?
Drehn giró la cabeza con desgano y observó a la figura enmascarada.
—?Y este idiota?
Asver no respondió.
Drehn chasqueó la lengua con fastidio.
—?Vienes a mendigar trabajo o qué? Largo de aquí.
La máscara ocultaba cualquier expresión en el rostro de Asver. Su voz sonó baja, tranquila.
—Busco a alguien.
Drehn se burló.
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—?Ah, sí? Pues te equivocaste de lugar, basura.
Uno de los cazadores a su lado murmuró:
—Déjalo, Drehn. No vale la pena meterse con un lunático enmascarado.
Pero Drehn no tenía intención de detenerse. Le divertía ver a los débiles arrastrarse.
—?Qué pasa? ?No puedes hablar sin tu máscara? Qué patético.
Drehn atacó sin previo aviso.
Un golpe directo al rostro de Asver.
No se movió.
La fuerza del pu?etazo lo hizo tambalear, pero no reaccionó.
Drehn rió con burla.
—Tch. Ni siquiera te defiendes.
Otro golpe.
Esta vez, una patada al estómago que lo empujó varios pasos atrás.
Drehn lo miró con desprecio.
—Eres solo un cobarde escondido detrás de una máscara. No eres nada.
Drehn desenvainó su espada y se lanzó de nuevo.
La hoja se deslizó y cortó el costado de Asver.
Sangre brotó.
Drehn sonrió con triunfo.
—Patético.
Asver alzó una mano a su máscara.
Y lentamente… la retiró.
El rostro que apareció debajo paralizó a Drehn.
Los otros dos cazadores retrocedieron con los ojos abiertos de horror.
—No… no puede ser… —murmuró Drehn.
Era imposible.
Ese rostro… era el mismo del chico al que habían traicionado. Pero no era el mismo.
Había algo en sus ojos. Algo que desgarró la arrogancia de Drehn de inmediato.
No había miedo.
No había ira desenfrenada.
Solo calma absoluta.
Drehn sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
—T-Tú… pero… tú…
Asver dio un paso adelante.
Drehn retrocedió sin darse cuenta.
—Sigues creyendo que soy el mismo de antes. —Asver inclinó la cabeza levemente—. Sigues pensando que eres el depredador.
Drehn apretó los dientes.
—?Sigues siendo un insecto!
Corrió hacia Asver con toda su fuerza.
Pero antes de que pudiera reaccionar…
Un destello negro.
Una sombra letal.
Velmora.
La daga emergió en la mano de Asver y se hundió en el costado de Drehn.
—Gh…
El cazador intentó moverse, pero otro corte lo atravesó.
Luego otro.
Y otro.
Las estocadas cayeron sobre él sin descanso, rápidas, precisas, letales.
La risa arrogante de Drehn se convirtió en gritos de agonía.
Cada apu?alada no solo le quitaba sangre.
Le quitaba el alma.
Velmora la devoraba.
Los ojos de Drehn se llenaron de terror.
—N-No… por favor…
Asver no se detuvo.
Drehn cayó de rodillas, temblando.
Sintió cómo su vida se desvanecía.
Su alma era arrancada lentamente, condenada a la eternidad en la oscuridad de Velmora.
Asver se inclinó, susurrando en su oído.
—Así se siente ser devorado por algo más fuerte.
Drehn desapareció.
Los otros cazadores huyeron aterrorizados.
Asver se quedó en silencio.
Alzó la mirada al cielo nocturno.
Uno menos.
Faltaban más.