La grabación de Jonathan seguía reproduciéndose, pero para Gómez, el tramo final de ese fragmento ya no aportaba nada nuevo. Solo funcionaba como un preludio, una explicación de cómo Jonathan había reunido tantos detalles sobre Thomas Smith y qué lo había llevado a obsesionarse con su historia, dedicando los días siguientes a investigarla sin tregua.
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“Empecé a desconfiar de todo cuando vi los resultados de tu examen. La idea de que tu posesión fuera real me resultó extremadamente sospechosa. Pero lo que realmente me inquietaba era preguntarme: ?por qué te recomendé hacerte el examen en primer lugar? No podía dejar de darle vueltas a eso. Así que decidí investigar por mi cuenta y me puse a pensar en todo lo que me había ocurrido ese día.
Sabía qué los empleados de recursos humanos estaban buscando cualquier excusa para reemplazar a los veteranos, y que tu situación era especialmente complicada. En las duchas tú actuabas de manera extra?a, parecías perdido, como si estuvieras fuera de lugar y atrapado en tus propios pensamientos. Era razonable ofrecerte mi ayuda dada tu supuesta perturbación por la muerte de Thomas Smith. Sabía que no era normal encontrarte en ese estado, pero en aquel momento ignoré la cuestión. Ofrecerte de coartada el examen J74 tras la conversación que acababa de tener con el jefe parecía racional. Hasta ese punto todo seguía una cadena lógica y racional de eventos. Pero tu examen dio positivo y me resultaba inconcebible que realmente estuvieras poseído. Por lo que tome cartas en el asunto.
Busque la grabadora de la sala de interrogatorios. Sabía que había algo mal cuando intenté acceder a las grabaciones del interrogatorio y no estaban. Al principio pensé que el jefe se las había llevado, ya sabes, para protegerte. Pero después de investigar un poco más, descubrí que no era así. Los rumores empezaron a circular entre los agentes. Algunos decían que tú mismo la habías hecho desaparecer para no dejar pruebas que te incriminaran ante recursos humanos.
Sin embargo, no me tragué esa versión. He trabajado contigo por a?os, Gómez. Sabía que había algo más. Así que hice lo único que podía hacer: revisé tu “escondite”.
Sí, encontré la grabadora. Estaba justo donde pensé que la encontraría. Y escuché todo. Absolutamente todo.
Más tarde me enteré de que todas las grabadoras de las salas de interrogatorios habían sido reemplazadas por modelos en los que los botones de inicio, pausa y final son simples placebos. La idea detrás de esto era atrapar a los agentes haciendo cosas ilegales y, de esa manera, sacarlos del laboratorio. Una jugada excelente por parte de recursos humanos para deshacerse de los veteranos. Otra coincidencia sospechosa que a?adir a la larga lista de coincidencias que rodean este caso.
Después de revisar la grabación completa, finalmente entendí por qué mataste a Thomas Smith, por qué nunca dudaste de que estabas siendo poseído y por qué el examen resultó positivo. Sin embargo, todavía quedaban muchas preguntas sin respuesta, demasiadas incógnitas que necesitaban ser aclaradas… ?Recuerdas lo que pasó en ese interrogatorio, y por qué actuaste como actuaste? No fue solo la sombra. Tú mismo te convenciste de que era lo correcto. Tenías que encubrir lo que estaba ocultando Thomas Smith, ?verdad? Sabías que él tenía información sobre algo mucho más grande que todos nosotros, sobre “El Observador”.
Lo que descubrí tras interesarme en esta criatura va más allá de lo que imaginaba… La conspiración que intentabas encubrir es enorme, Gómez. Pensabas que al eliminar a Smith estabas protegiendo algo, tal vez al laboratorio, o tal vez a ti mismo. Pero en realidad, estabas encubriendo algo mucho más oscuro de lo que te puedes imaginar…”
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Antes de volver a escuchar lo que ocurrió en St. Patrick, Gómez pausó la grabación por un momento. Sus dedos vacilaron sobre el dispositivo antes de adelantarla hasta el tercer y último fragmento de audio. En ese punto, la voz de Jonathan ya no sonaba firme ni calculadora como antes. Su tono temblaba con un matiz de desesperación, de alguien que había pasado demasiado tiempo buscando respuestas y que, en el proceso, había comenzado a perderse a sí mismo en sus propias preguntas. Había una urgencia en sus palabras, pero también algo más peligroso: la sombra de una ilusión creciente, de una mente que estaba al borde del colapso.
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Este parecía ser su último mensaje, lo último que Jonathan alcanzó a registrar sobre el caso del Observador antes de que todo terminara. Porque, apenas unos días después de haberlo grabado, Jonathan se quitó la vida.
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“Hay... Hay algo más... Todo esto… Todas estas coincidencias que rodean la muerte de Thomas Smith, no pueden ser simplemente… casualidades. Es como si cada decisión que tomé, cada paso que di, hubiera estado predestinado para llevarme a hacer esta grabación. Y ahora que conozco toda la verdad, no puedo dejar de preguntarme… ?Quién me guió hasta aquí? ?Por qué estoy grabando este mensaje? ?Por qué fue tan fácil que todo ocurriera de esta manera?... “
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Gómez permaneció inmóvil mientras las últimas palabras de Jonathan resonaban en la habitación. La voz temblorosa de su antiguo compa?ero no solo parecía buscar respuestas, sino también intentar advertirle sobre un poder sobrenatural que aún escapaba a su comprensión: Las coincidencias.
En sus últimos días de vida, Jonathan comprendió que las casualidades que habían marcado la vida de los que tocaban este caso y la espiral de eventos que desembocaron en el presente, no eran sino obra de una criatura que parecería conocer y guiar a cada persona a hacer lo que él necesitaba de ellas por simple inercia. ?Podría ser que, de alguna forma, El Observador hubiera orquestado cada decisión, cada error, cada acierto de los participantes de este caso?
Gómez reflexionó profundamente sobre lo que acababa de escuchar. La voz de Jonathan parecía clamar por respuestas que, en el fondo, ninguno de ellos podría alcanzar. El mensaje no era solo una revelación sobre la oscura conspiración que se cernía sobre ellos, sino también una acusación contra la propia lógica del destino, de la inevitabilidad del sufrimiento y de la manipulación a la que estaban sometidos. ?Cuánto de lo que habían hecho realmente había sido decisión propia? ?Cuánto había sido simple inercia, una fuerza que lo empujaba en una dirección que nunca llegaron a cuestionar?
—?Quién me guió hasta aquí? —Repitió en silencio, arrastrando sus palabras, casi como un conjuro—?Qué propósito tiene todo esto? ?Por qué me mostró todo esto? ?Qué gana el Observador con todo esto? Nada. No gana nada. Pero… tampoco pierde nada. Y yo... ?Quién soy yo? Un simple agente retirado… Un don nadie.
Con esas palabras, Gómez se reclinó en su silla, la mente abrumada por la enormidad de lo que había escuchado y de lo que ya intuía. Quizás Jonathan se había quitado la vida porque había caído en cuenta de que no era más que una marioneta, una pieza movida por hilos invisibles, o tal vez esa misma revelación lo había llevado a la desesperación de tratar de liberarse de ese destino. En su intento por escapar del control, quizás había encontrado que su vida no tenía sentido fuera de esa manipulación. Tal vez su suicidio había sido el último intento de un hombre que se negó a ser una víctima de lo inevitable. Sin embargo, fuera cual fuera la razón, nada de eso importaba ahora. Jonathan estaba muerto, y todos los demás agentes ya estaban dispuestos a cerrar el caso como un suicidio, a aceptarlo como un final natural, pese a la paradoja que representaba: Nadie podía realmente creer que la situación fuera tan sencilla.
Gómez suspiró. Ahora entendía quiénes eran los jugadores, cuáles eran sus motivos, cuáles eran sus preocupaciones, cuáles eran sus objetivos, cómo se movían, cómo actuaban. Solo quedaba una última pregunta, la más importante de todas. La clave de todo este conflicto: ?Cuál era el secreto del Observador?
Pero aquí se encontraba atrapado en una cruel paradoja. El único que había descubierto la respuesta fue Oliver Murphy, y hace tiempo estaba muerto. El único que heredó toda la verdad fue Thomas Smith, y Gómez había sido el encargado de matarlo. El único que se había atrevido a investigar a Smith a fondo en un intento de responder esa pregunta había sido Jonathan Parker. Y lo habían “suicidado”.
El caso se mordía la cola. Nadie tenía la verdad completa. Era un círculo cerrado. Un enigma sin respuestas. Solo quedaban las sombras y ecos de lo que alguna vez fue una lucha por la verdad.