<blockquote>
“Sé lo que estás pensando, Gómez.”
</blockquote>
Gómez apretó la mandíbula. No, en realidad, no sabía qué estaba pensando. O más bien, su cabeza estaba hecha un desastre. Había tanta información dispersa en este caso que apenas podía ordenarla.
<blockquote>
“Sé que piensas que lo hice por codicia. Y tal vez tengas razón. Tal vez acepté el dinero porque lo necesitaba. Sabes que siempre he sido un desastre con mis finanzas. En este laboratorio todo el mundo tiene unos cuantos muertos en el armario, el problema es que los míos son caros. No podía negarme a tan buen negocio. Así que me adentré a la sala de seguridad de la escuela y reemplacé la grabación por estática.
En los informes oficiales, a los que puedes acceder desde los archivos del laboratorio, esa cámara fue registrada como afectada por el ‘evento paranormal’ y pasó desapercibida, igual que muchas otras que sufrieron el mismo fenómeno. La única cámara útil para la justicia muestra un ángulo en el que Thomas Smith parece un asesino despiadado. Con eso tuvieron suficiente para condenarlo y enviarlo a nuestras instalaciones.
Gómez, te dejo este pendrive. Contiene todo lo que realmente sucedió ese día. Tal vez te ayude a entender mejor lo que está ocurriendo…”
</blockquote>
El plan de borrar la grabación fue tan simple que resultaba aterrador lo efectivo que terminó siendo. La realidad es que las cámaras de vigilancia de una escuela no estaban preparadas para soportar los eventos paranormales que se desarrollaron. En el informe oficial, se registraban innumerables cámaras fallidas. Algunas se habían averiado por un corto tiempo, otras quedaron inutilizables. Descubrir que entre ellas una había sido modificada deliberadamente, era una tarea que solo se podía llevar a cabo si se sospechaba de los agentes involucrados en el caso. Y un caso como este no dejaba espacio para dudar de la actuación de los agentes. No había motivo alguno para cuestionar su sincero compromiso con el esclarecimiento de la verdad.
Gómez había revisado minuciosamente los videos y documentos oficiales relacionados con Smith, buscando las sutilezas que sólo con este video se podían entender. En las peque?as diferencias entre las grabaciones oficiales y la borrada se encontraba la clave: el motivo por el cual ese video en particular fue enviado a borrar. Jonathan no necesitaba decírselo; era algo intuitivo para un agente ejecutar tal tarea.
Tras investigar esas diferencias se llegaba a la conclusión de que la condena o no condena de Smith era irrelevante, todo era una fachada para encubrir el verdadero punto de interés. Y ese punto no tenía nada que ver con si Thomas había asesinado o no a los ni?os bajo una posesión. No, lo que realmente importaba era lo que dijo, cómo actuó y, sobre todo, la impresión general que dejó tras verlo luchar por su supervivencia.
Esa impresión, que escapaba a los ojos del mundo, revelaba algo mucho más profundo: Thomas Smith sabía lo que estaba ocurriendo antes de que sucediera. Comprendía el fenómeno de una manera que escapaba a cualquier interpretación lógica. No era un simple testigo, ni una víctima de circunstancias inexplicables. él entendía el porqué.
Enjoying this book? Seek out the original to ensure the author gets credit.
Y si algo así se filtraba, si alguien lograba verlo y unir las piezas, no tardarían en darse cuenta de lo que Smith realmente era: él no era un simple historiador, era alguien que ya llevaba a?os explorando lo paranormal. Eso levantaría sospechas entre “Ellos”.
Y permitir que “Ellos” lo supieran... era un riesgo que no podían permitirse. El video debia ser borrado, y Thomas Smith debia ser eliminado.
La grabación continuó a medida que Gomez reflexionaba el asunto.
<blockquote>
“Cuando acepté destruir la grabación de la cámara de seguridad en St. Patrick, me lo justifiqué pensando que no era tan importante. Creí que eliminando ese video estaba ayudando a unos amigos a superar su duelo. A lo mucho estaba cerrando una puerta para que Thomas Smith no pudiera eludir su condena, lo cual no importaba, porque, al final del día, no me parecía que un hombre como él mereciera clemencia.
?Qué clase de profesor va armado a un colegio?”
</blockquote>
Gómez cerró los ojos, pausando la grabación. La pregunta de Jonathan quedó suspendida en el aire, como un eco que aún retumbaba en su mente. Esa pregunta marcaba el final del fragmento del mensaje que relataba lo sucedido en la escuela, y cómo Jonathan se había involucrado en la historia de Thomas Smith mucho antes de saber quién era este en realidad.
A lo largo de la semana, mientras Gómez se encontraba en coma recuperándose, Jonathan le fue grabando mensajes para organizar el caso. Probablemente, eran actualizaciones de los avances en su investigación, fragmentos de descubrimientos que había ido acumulando. Sin embargo, la verdad era que, a medida que Gómez se acercaba a su recuperación, Jonathan descendía cada vez más en una espiral de desesperación. Hasta que, finalmente, no pudo soportarlo más y se quitó la vida. Gómez no sabía exactamente en qué momento Jonathan grabó esos mensajes, pero suponía que este fragmento de video había sido el primero, aunque en la grabadora figuraba como el segundo.
Pero el orden de los archivos no importaba. Eran fragmentos de audio almacenados en un dispositivo, sin una secuencia estricta. Lo que realmente delataba el contexto en el que habían sido grabados era el propio tono de Jonathan, su nivel de cansancio y la atmósfera que se percibía en cada uno de ellos. No se trataba de un monólogo improvisado, grabado de una vez y sin interrupciones. No, Jonathan había seleccionado cuidadosamente qué decir y cómo decirlo.
El segundo fragmento, en cambio, tenía un tono más estructurado, casi introductorio. En ese punto, Jonathan parecía haber alcanzado una mayor comprensión de lo que estaba ocurriendo. Pero también se le notaba distinto: más alterado, más precavido, eligiendo con sumo cuidado cada palabra que pronunciaba. No era la desesperación de los últimos días lo que se filtraba en su voz, sino una creciente paranoia. Algo lo asustaba. Algo lo hacía dudar incluso de qué información debía o no debía compartir.
Con lentitud, Gómez tomó lo poco que quedaba en su vaso de whisky. Saboreó la bebida amarga mientras se preparaba para reflexionar más profundamente sobre el mensaje de su amigo. El siguiente fragmento contenía lo que Jonathan se había atrevido a revelar: sus hallazgos tras días de investigación. Lo que había descubierto ofrecía una perspectiva única, una que vinculaba a Thomas Smith con el caso de los historiadores desaparecidos en el que llevaba tiempo trabajando.