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AliNovel > EL ELEGIDO - La última leyenda 1 [Spanish / Español] > 6 - El legado de Los Cinco

6 - El legado de Los Cinco

    —Hay algo que no me queda claro. Usted dice que un dios no podía estar o pasar a otro plano pues se destruiría a sí mismo; por lo tanto Kalhanor, que era un dios negativo, no podía meterse en el plano de Dontar. Por eso transfirió poderes al mago Aldirk para que este hiciera el mal. ?Por qué Kalhanor no creaba su propio mundo y hacía el mal directamente allí?


    —?Te dicen algo estas palabras: "A su imagen y semejanza"?


    —Es de un pasaje bíblico -contestó Gabriel.


    — Pues sí, es de un pasaje del Génesis que va a contestar tu muy buena pregunta. Kalhanor, al ser un dios negativo, crearía seres negativos. Estos no sufrirían pues nacerían del mal, y el mal sería su regocijo; pero como los seres del mundo de Dontar eran bondadosos, ellos sí sufrirían.


    -?Y Dontar no podía destruir a Aldirk?


    —Dontar es un buen dios y no destruye: construye. Tampoco podría destruirlo ahora, pues Aldirk, el mago, tiene poderes de un dios, sin serlo.


    —Todavía tengo una duda: si Aldirk es creación de un dios positivo, ?cómo es que fecundó el mal en él?


    —No puedo contestar a esa pregunta, pues no tengo la respuesta, Gabriel. Algunos aseguran que el plan fue gestado por Kalhanor, quizás sea lo real. Quizás no fue Aldirk el que hizo contacto con Kalhanor, sino que fue este quien se comunicó primero con el mago y quien sembró en un principio aquella semilla de maldad que supo ver Dontar.


    Don Anselmo hizo otra pausa. Volvió a encender su pipa y aspiró profundamente. Luego continuó:


    —Cuando Aldirk logró obtener poderes extraordinarios a través de Kalhanor, ya nada lo detuvo y comenzó a crear sus propias criaturas, seres malévolos que ahora sirven a su causa. Por otra parte, la desconfianza, la envidia y el odio empezaron a gestarse en cada ser viviente de la Tierra Primigenia -hasta ese momento un paraíso-, que comenzó a registrar los primeros cambios atmosféricos y la aparición de enfermedades y pestes que diezmaron gran parte de la población. Dontar convocó nuevamente a La Orden de los Cinco en la cima del Danmajera y allí les comunicó que debían combatir contra Aldirk hasta las últimas consecuencias y que debían soportar el asedio de este hasta que él, Dontar, lograse encontrar una solución antes de que el mundo cayera. Así lo hicieron los grandes magos, y cruentas luchas se libraron durante siglos. Dontar, gracias al sacrificio de los pueblos unidos, logró dar con la solución y lanzó su sentencia contra Aldirk: "Un primer nacido será el elegido para poner fin a la Edad de la Oscuridad, y, con ella, a todas sus criaturas maléficas y a la serpiente que las gobierna". Esto llenó de pavor a Aldirk y a sus huestes, y una luz de esperanza destelló para los pueblos oprimidos. Pero la respuesta del maligno no se hizo esperar.


    Reuniendo todo el poder con el que contaba, llevó a cabo el más atroz ataque que hasta ese momento se conocía, logró separar a los humanos -los primeros nacidos- del resto de los pueblos. Los colocó en dimensiones diferentes dentro de este mismo plano existencial y volvió invisible la existencia de unos a los ojos de los otros. Allí nació un único mundo dividido en dos, y ambas partes, creadas sobre bases maléficas. Aldirk, al separar la raza humana del resto y al permanecer él en la dimensión inicial, logró hasta el momento evitar que la sentencia de Dontar se cumpla. Así llegamos a lo que es hoy el mundo de los humanos, un mundo que va directamente a la destrucción, y, cuando esto suceda, la sentencia de Dontar no se cumplirá. En ese caso Aldirk habrá triunfado definitivamente.


    Tal fue la necesidad de poder que debió reunir el mago malvado para concretar este terrible ataque y para distorsionar el espacio-tiempo que casi se autodestruye. Quedó extremadamente débil. Entonces huyó y se guareció en las tierras oscuras de Mundark; y su azote desapareció durante siglos. Los pueblos se sobrepusieron a la terrible pérdida de los humanos al mismo tiempo que los humanos iniciaban una nueva vida creyéndose únicos sobrevivientes de la hecatombe. El correr del tiempo fue transfigurando la memoria colectiva en ambos lados, volviendo fantasía lo que en un principio había sido realidad: la comunión de diferentes razas. Dontar no descansó y, después de varios siglos, convocó por última vez a La Orden de los Cinco en la cima del Danmajera.


    Allí les entregó en custodia La Llave que abriría el portal para que tan solo un habitante de los pueblos unidos pudiera acceder a la dimensión en donde los humanos habían sido desterrados por Aldirk. La misión de La Orden de los Cinco sería la de confiar esta llave en custodia a un pueblo que ellos designaran, y la misión de este pueblo sería la de designar a la persona que afrontaría el viaje a la tierra de los humanos. Después de dejar La Llave en custodia de los elfos, los cinco magos se retiraron. Ahora moran en el Gran Palacio Blanco enclavado en la cima del Danmajera, esperando la hora en que El Elegido los convoque para la batalla final. Aldirk se recluyó en las Tierras Oscuras para aunar nuevamente el poder necesario que sometería definitivamente a los pueblos unidos. Por los humanos ya no se preocupaba, pues creía que era cuestión de tiempo para que ellos mismos pusieran fin a su suerte, tiempo que ya está a punto de cumplirse. Todo esto sin saber hasta ese entonces de la existencia de La Llave.The genuine version of this novel can be found on another site. Support the author by reading it there.


    Los elfos debían custodiarla y elegir al enviado que ejecutaría la misión; pero Aldirk despertó y comenzó nuevamente a sembrar el mal. Rencores, odios y pestes comenzaron a azotar los pueblos que ya no estaban unidos. Guerras intestinas se sucedieron, y las enfermedades lograron que la inmortalidad fuera pensada como algo mítico. Solo los elfos lograron preservarla, pero a costa de su exilio; debieron dejar la bella Valarión y La Llave al cuidado de un grupo de nobles semielfos que decidieron sacrificarse para cumplir con su cometido de entregársela a quien designasen como enviado. El tiempo pasó, y en la bella Valarión se reunió el gran consejo y, de común acuerdo, me eligieron para partir en una misión primordial: encontrar al hombre indicado.


    Yo fui designado El Enviado. Tengo en mi poder la llave que abrirá el portal por el cual solo uno puede pasar al otro mundo: El Elegido. Esta llave fue llamada El Legado de los Cinco. Lo que nunca supuse es que me llevaría tantos a?os dicha búsqueda, y te explico el por qué: La misión no debía durar más de dos mil a?os, tiempo suficiente para que encuentre a El Elegido, pero el secreto de la existencia de la llave había llegado a oídos de Aldirk. Lleno de pánico, y, en una nueva demostración de poder, distorsionó aún más el espacio-tiempo de los humanos. Así fue como mí llegada a tu mundo fue terriblemente modificada, y aparecí en la cuna de la civilización, en los albores del comienzo humano. Por supuesto que esto yo no lo sabía, solo sabía que en el transcurso de dos mil a?os yo tenía que encontrar al elegido. Los a?os se sucedieron, y noté con horror que algo no resultó en mi paso por el portal.


    Todo dependía de mí y de cuanto soportase con vida. Los siglos fueron pasando. Mis ojos han visto casi cinco mil a?os de historia humana. A lo largo de mi estadía en tu dimensión he visto nacer y morir civilizaciones completas; fui testigo presencial de momentos únicos. Gabriel, he recorrido este mundo a lo largo y a lo ancho cientos de veces; miles de veces. Conozco prácticamente toda la historia escrita y no escrita de la humanidad. En mi incesante peregrinaje, he aprendido mucho de cada cultura y de cada pueblo; he hablado cientos de idiomas y dialectos; he compartido con grandes héroes una y mil batallas. Miles de a?os descansan sobre mi agotado cuerpo. Todos estos siglos estuve buscando infructuosamente a El Elegido en aquellas personas cuya vida han tenido un tinte heroico, en las que han marcado un rumbo, en las que han llenado páginas de gloria con sus actos a costa de su sacrificio.


    Pero no. Jamás pude encontrarlo. Entonces comprendí que nuestra esperanza radicaba en el hombre común, en alguien con valores bien formados; pero alguien sencillo, que no supiese que en su interior, en lo más profundo de su ser, se esconde una semilla que espera germinar con estos valores e ideales que lo impulsarán a luchar hasta las últimas consecuencias, hasta lo indecible, por hacerlos realidad. Esa persona, en principio, no lo sabría; se sentiría uno más en el montón; sería alguien que estaría luchando por subsistir, asistiendo desesperanzado al lento decaer de la especie. Y hoy, después de tanto, tanto buscar, podré decirle a esa persona que tiene una oportunidad única de cambiar el curso de las cosas, de poder culminar para siempre con todos los flagelos de la humanidad.


    —?Qué me quiere decir con toda esta fascinante historia? ?Qué El Elegido soy yo? -expresó Gabriel con cierto sarcasmo, sin poder dar crédito a nada de lo narrado por el viejo.


    —Sé que no me crees, muchacho. Sé que es difícil abrir la mente en estos tiempos. En el pasado, los humanos pecaban de supersticiosos. En estos tiempos pecan de incrédulos. Solo te pido que, al menos, me otorgues el derecho de la duda. No te cierres por completo ni sucumbas al escepticismo total.


    —?Cómo pretende que le crea? No lo conozco. Es la segunda vez que lo veo en mi vida. Me estuvo enviando esos libros durante todos mis a?os de permanencia en el orfanato sin saber yo que era usted. Me cita en su casa y me cuenta toda una historia de leyenda tratando de hacerme creer que es verídica y, por si fuera poco, me dice que yo tengo un papel que jugar en esa historia. ?Por quién me ha tomado, se?or? No quiero ser descortés, pero no me gusta que me traten de imbécil.


    —Lo lamento, Gabriel. Lo lamento y entiendo tu furia, pero no he hecho más que cumplir con mi deber. Yo no hago las reglas, las cumplo. Y si mi rol era el de buscarte, ya lo he cumplido. No es mi culpa que tu papel en esta historia fuera el central. Ya estoy viejo, muy viejo; y poco es lo que me queda de vida. No tendría que hacerme más mala sangre y decir: "basta, al diablo con esto". Si quieres aceptar, acepta; y si no, haz lo que quieras. Pero no... No me conformo con eso, tengo valores y tengo amigos que guardan la esperanza de que cumpla mi palabra y de que tú juegues el rol que te toca. Si quieres pruebas: pruebas tendrás, muchacho. Ahora vete y reflexiona.


    —Usted me habla de pruebas. Ensé?emelas y quizás... quizás, pueda llegar a creer en sus palabras.


    —No soy humano. Te podría mostrar mis orejas puntiagudas y tampoco creerías; pero sí tengo un don, uno que la mayoría de los humanos no tiene: la percepción. Algo va a pasar en el transcurso de esta semana. Algo que puede adelantar el fin de la raza humana. No sé cuándo ni dónde, solo sé que en el transcurso de esta semana algo va a suceder. Estate atento. Y, si eso te convence, yo estaré esperando tu respuesta.


    El viejo no habló más. Tomó un viejo libro que yacía sobre la mesa y se puso a leer, dejando a Gabriel confuso y furioso.


    —Le puedo asegurar que no volveré a pisar esta casa.


    El viejo no respondió. Gabriel subió las escaleras y se marchó dando un portazo. Don Anselmo cerró el libro, dio una profunda pitada a su pipa y sonriendo dijo:


    —?Oh, sí! ?Sí que volverás!
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