La luz de la luna cae suavemente sobre el salón del Trono, haciendo brillar las paredes de mármol blanco y los grabados color dorado que cuentan las glorias del pasado. Las voces de los cánticos angelicales llenan el aire con una paz casi tangible, pero Selene no puede apartar los ojos de su hija.
Liora, tan peque?a y frágil, duerme en una cuna adornada con plumas doradas y estrellas talladas en crisital. Su resporación es pausada, y un destello de luz parece emanar de su piel, una se?al de su linaje único
Selene (pensando): "Mi peque?a estrella... ?Qué futuro te espera? Tanto amor y tanto peligro te rodean ya, y apenas acabas de llegar al mundo."
A su lado, Aurelion, con la postura erguida de un rey pero los ojos suaves de un padre, posa una mano en su hombro
Aurelion: "Amor, ella no solo es nuestra hija. Es el futuro de Celestia y de todos los reinos. Mira a nuestro alrededor incluso en tiempos difíciles, su luz trae esperanza."
Selene (sonriendo, aunque un temor llega a su mente): "Lo sé. Pero, Cari?o... ?Y si no podemos protegerla? La oscuridad no ha desaparecido, solo ha sido contenida."
Antes de que Aurelion pueda responder, un hada con cabello iridiscente se acerca a la cuna, sosteniendo un frasco de cristal lleno de polvo brillante.
Hada: "Majestades, este polvo contiene la esencia de las estrellas más antiguas. Su luz guiará a la princesa en los momentos más oscuros, como un faro que nunca se apaga."
Selene toma el frasco con gratitud, pero no aparta la mirada de Liora, preguntándose si este peque?o símbolo de protección será suficiente.
Bajo el disfraz de un guardián, sus ojos no abandonan a la peque?a princesa. Su mandíbula está tensa, y sus manos permanecen cerradas en pu?os ocultos bajo el manto que lo cubre.
Luciferis (pensando): "Esto no es lo que había planeado... Pero si ella vive, el poder que tanto he buscado obtener será imposible de alcanzar. ?Por qué tiene que ser así?"
El eco de su propia mente es ensordecedor mientras lucha contra las emociones que lo consumen. Una parte de él quiere darse la vuelta, marcharse, abandonar este acto antes de que sea demasiado tarde. Pero algo más, algo más oscuro y antiguo, lo empuja hacia adelante.
Luciferis (pensando, con desesperación): "No tengo elección. La profecía no se equivoca. Pero... ?por qué tiene que ser ella?, ella tan solo es una bebé"
El silencio de la noche envuelve a Celestia, mientras atraviesa los pasillos dorados, que ahora parecen fríos y vacíos. Cada paso que da lo acerca a la habitación de la princesa, y con cada paso, la culpa crece dentro de él.
Al entrar en la habitación, su mirada se posa en la cuna. Liora duerme tranquila, ajena al peligro que se cierne sobre ella. Una ola de emociones lo golpea.
Luciferis (pensando): "?Es esto realmente lo correcto? Ella no tiene la culpa. Pero... si la dejo aquí, todo lo que he planeado será en vano."
Se acerca, sus manos temblando mientras invoca un portal oscuro. Las sombras comienzan a arremolinarse en el aire, moviéndose con un murmullo como si supieran lo que está por ocurrir.
Luciferis (susurrando): "Lo siento, peque?a luz. Esto no debería ser tu destino, pero no tengo elección."
Con un gesto rápido, las sombras envuelven a Liora, silenciando su respiración tranquila. Antes de cruzar el portal, Luciferis se detiene y mira la cuna vacía.
Luciferis (con un susurro apenas audible): "Adiós, peque?a luz.
Un escalofrío le recorre el cuerpo a Selene mientras se dirige al cuarto de su hija. Su corazón se detiene por un instante al ver la cuna vacía, un grito desgarrador escapa de sus labios
Selene: "?No! ?No puede ser! ?Mi bebé!"
El eco de su voz resuena por todo el palacio, rompiendo la paz que había reinado durante la noche. Aurelion aparece corriendo, con los ojos llenos de alarma.
Aurelion: "Selene, ?qué ocurre?"
Pero al ver la cuna vacía, su expresión cambia a puro horror.
Selene (sollozando, aferrándose a la cuna): "Se la llevaron, Aurelion... nuestra ni?a... ?Encuéntrala, por favor!"
Aurelion mira al cielo, su furia desbordándose.
Aurelion (gritando): "?Convoco a todos los guardianes! ?Que se preparen para buscarla! ?Juro que no descansaremos hasta traerla de vuelta!"
El aire del palacio, antes vibrante con luz, se oscurece mientras el dolor y la desesperación se apoderan de todos. La esperanza que Liora representaba parece haberse desvanecido con ella, dejando solo el eco del sacrificio y las sombras del destino por venir.
El amanecer ba?a el tranquilo pueblo de Hollow Creek en tonos rosados y dorados. Las peque?as casas de madera aún exhalan humo por sus chimeneas, recordando el calor de la noche anterior. En las escaleras del viejo orfanato, algo rompe la rutina habitual del pueblo: una bebé envuelta en una manta decorada con símbolos extra?os yace tranquilamente, como si el mundo hubiera decidido protegerla en aquel lugar.
Marianne detiene su paso cuando sus ojos captan la figura. Una mezcla de curiosidad y preocupación la invade.Did you know this text is from a different site? Read the official version to support the creator.
Marianne (deteniéndose, se?alando): "Edward... ?ves lo que yo veo?"
Edward frunce el ce?o al seguir la mirada de su esposa. Al principio, piensa que es un juego de luces del amanecer, pero su corazón se acelera al distinguir el peque?o cuerpo.
Edward: "?Un bebé? ?Quien la habra dejado aquí?"
La mujer no espera una respuesta. Se acerca, sus pasos resonando en las escaleras de madera, y se agacha con delicadeza. Cuando sus manos rozan la manta para descubrir el rostro de la ni?a, siente algo que no puede explicar.
Marianne (susurrando): "Es tan cálida... incluso en este frío."
Edward, algo más reservado, se mantiene a unos pasos, observando la escena con cautela.
Edward: "Marianne, no sabemos de dónde vino. Puede que alguien la esté buscando."
Pero Marianne ya está perdida en los ojos celestes de la bebé. Una emoción inexplicable la inunda, como si aquella peque?a vida estuviera destinada a cruzarse con la suya.
Marianne (con voz suave): "Mira, Edward... sus ojos. Son como el agua cristalina, pero más... más profundos."
Edward da un paso adelante, mirando a su esposa con una mezcla de resignación y ternura. Reconoce esa expresión en su rostro, una determinación que no aceptaría un "no" como respuesta.
Edward (suspirando): "De acuerdo, pero debemos ir al orfanato primero. Tal vez alguien esté buscándola."
Marianne asiente, pero en su corazón ya sabe la verdad. Esta ni?a no pertenece a nadie más. Es como si la hubieran dejado allí para que ellos la encontraran.
La directora del orfanato los recibe con sorpresa al verlos entrar con una bebé en brazos. Tras buscar en los registros y consultar con los demás, confirma que no hay informes de ningún ni?o perdido o abandonado recientemente. Marianne, emocionada, toma la iniciativa.
Marianne: "Se llamará Liora. Escuché ese nombre en un sue?o hace a?os... Significa ''luz'', ?verdad?"
Edward, que ha estado observando cómo Marianne acaricia suavemente el rostro de la ni?a, no puede evitar sonreír.
Edward (asintiendo): "Un nombre perfecto para alguien tan especial."
Mientras la pareja conversa con la directora sobre los trámites de adopción, una presencia silenciosa los observa desde la distancia. Oculto en las sombras, sus ojos brillan con una mezcla de nostalgia y melancolía.
Luciferis, disfrazado de un simple aldeano, fija su mirada en la bebé. La luz que emana de ella contrasta con las sombras que lo rodean.
Luciferis (pensando): "Es mejor así... lejos de Celestia. Pero... ?por cuánto tiempo tardará en que sus poderes despierten?"
Un suspiro se escapa de sus labios antes de darse la vuelta y desaparecer entre las sombras del bosque.
En el corazón de Celestia, el Salón del Consejo estaba sumido en una penumbra que parecía absorber incluso la luz natural que normalmente lo llenaba. Las paredes de cristal, que solían reflejar los destellos del Trono Dorado, ahora proyectaban sombras inquietantes.
Aurelion, de pie al centro del salón, parecía una figura de mármol: inmóvil y con la mandíbula tensa. Sus ojos, normalmente brillantes como el cielo despejado, estaban oscuros, llenos de rabia contenida.
Aurelion: "?Cómo es posible que alguien se infiltrara aquí? ?Mi hija estaba bajo la protección de todos nosotros!"
Su voz resonó como un trueno, haciendo eco en las altas columnas del salón. Los líderes de las razas aliadas, convocados de urgencia, guardaron silencio. Ninguno osaba mirar directamente al rey.
Un elfo anciano, con cabello plateado y una túnica adornada con hojas de oro, dio un paso adelante.
Elfo Anciano (con tono grave): "Majestad, las defensas de Celestia no han sido violadas en siglos. Esto no pudo ser obra de un simple intruso... Solo alguien con un poder inmenso podría haber burlado nuestras barreras."
Selene, sentada al lado del Trono Dorado, alzó la mirada. Sus ojos, enrojecidos por las lágrimas, brillaban con una mezcla de dolor y determinación.
Selene (su voz quebrada): "Eso no me importa. Quiero saber quién lo hizo... y por qué. Mi hija está en algún lugar, sola, y nosotros estamos aquí... discutiendo teorías."
El silencio se hizo más profundo, y Aurelion cerró los ojos por un instante, intentando contener la tormenta que crecía dentro de él.
Minutos después lejos del bullicio del consejo, Selene se refugió en sus aposentos. La luz de las lámparas mágicas apenas iluminaba la estancia, como si reflejaran el vacío en su corazón.
En sus manos, sostenía el fragmento de la manta de Liora, que había encontrado en la cuna vacía. La acarició con delicadeza, como si al hacerlo pudiera sentir la presencia de su hija una vez más.
Selene (murmurando, casi inaudible): "Mi ni?a... dondequiera que estés, mi amor, nunca olvides que eres amada. Prometo que haremos todo lo posible por encontrarte y traerte a casa."
Una lágrima solitaria recorrió su mejilla mientras acercaba la manta a sus labios, besándola con devoción. La tela aún brillaba débilmente, como si el vínculo entre madre e hija no pudiera romperse a pesar de la distancia.
Aurelion, ahora erguido frente al resto de los líderes, tomó aire profundamente. Su voz, aunque firme, estaba cargada de emoción.
Aurelion: "Busquela. En todos los reinos, en todos los rincones del multiverso. No regreséis hasta que tengamos noticias de mi hija. Ella es la esperanza de este mundo, y no permitiré que la oscuridad la reclame."
Un murmullo de asentimiento recorrió la sala, y los líderes comenzaron a marcharse para cumplir las órdenes del rey.
La noticia de la desaparición de la princesa Liora se extendió como un incendio en los reinos aliados. ángeles, elfos, hadas, gigantes y otras razas comenzaron a buscar desesperadamente a la ni?a de cabello dorado y ojos celestes, pero ningún rastro aparecía.
En Celestia, el brillo del Trono Dorado parecía haberse atenuado. La desesperanza impregnaba el aire, y las canciones celestiales que solían llenar el reino ahora eran susurros tristes.
Selene, desde una ventana de su habitación, observaba el horizonte.
Selene (pensando): "Liora... por favor, aguanta. Siente nuestra luz. No importa dónde estés, te encontraremos."
Mientras tanto, en los rincones más oscuros del multiverso, un reino olvidado por la luz celebraba la noticia. Era un lugar donde el odio y la maldad prosperaban, y donde la risa se transformaba en ecos retorcidos. Las torres negras del castillo principal se alzaban como garras contra el cielo sin estrellas, y los ríos de lava iluminaban la tierra con un resplandor siniestro.
Dentro del salón principal, los demonios más antiguos se reunieron alrededor de una mesa de piedra cubierta de mapas y pergaminos.
Luciferis: "La desaparición de la princesa será nuestra oportunidad. Sin ella, el equilibrio de Celestia se tambaleará. Es el momento perfecto para sembrar el caos."
Otro demonio, más joven pero igual de cruel, rio con malicia.
Adan: "Si logramos desatar una guerra entre los reinos aliados, su propia desesperación los destruirá. Entonces... tomaremos lo que siempre debió ser nuestro."
El Luciferis el líder de los demonios, envuelto en sombras, se alzó desde su trono y levantó una mano, silenciando las voces.
Luciferis (con voz fría): "Comencemos. La caída de la luz nos dará la victoria que tanto hemos esperado."
El reino, lleno de odio y ambición, comenzó a movilizarse. La desaparición de Liora no solo había sumido a Celestia en tristeza; también había encendido una chispa que podría consumir el multiverso en guerra.