capítulo 505
Francisco se acercó y el conductor salió del coche, abriendo puerta trasera con cortesía. Se?or
Nú?ez, supongo que aún no ha cenado, ?verdad? Nuestra se?ora reservó una mesa en El Mirador del
Este para probar los auténticos tillos de Bernat. Quiere invitarlo a que los disfrute juntos.
Francisco preguntó: -?Cuál es el apellido de se?ora?
El conductor contestó sonriendo: -Su marido se apellida Vega.
?Vega? Así
í que resultó ser madre de Morgan.
Bueno,s cosas se ponían aún más interesantes.
Francisco jugueteó con su rosario, inclinándose para meterse en el coche.
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Morgan llevó a Cira de vuelta a mansión en zona residencial Costa Be.
et
Al entrar, echó un vistazo a su alrededor y descubrió que toda casa estaba tan aseguradao si
fuera una lión de manual: no había poa en absoluto, incluso los jarrones de flores eran de
plástico.
Cira sonrió irónicamente y preguntó: -?Qué es esto? ?Estás neando encerrarme aquí y no dejarme
salir?
Morgan se quitó el abrigo y una sirvienta se acercó en silencio para tomarlo. -Me estás
sobreestimando. ?Cómo podría encerrarte? Sólo pienso que has estado demasiado ocupada y
necesitas descansar. Quiero que te rjes un poco en casa.
?Qué más podía hacer Cira en esa situación? Asintió con cabeza y respondió, apretando los
dientes: -Está bien. Me iré a descansar ahora mismo.
Tras eso, subió directamente a habitación de invitados, cerrando puerta con un golpe tan fuerte
que parecía que toda casa temba con e.
Pero Morgan, sin siquiera levantar mirada, se desabotonaba los pu?os de camisa y
si
murmuraba para sí mismo: -No ha crecido en otras cosas, pero sí ha crecido bastante su mal genio.
Mientras tanto, arriba, Cira se quedaba de costado en cama, acurrucándose. Pensó que no podría
conciliar el sue?o, pero esos últimos días había estado muy somnolienta. Justo
cuando el reloj marcaba una de madrugada, el sue?o inundó arrodoramente.
Apenas cerró los ojos cuando sintió que alguien rodeaba por cintura desde atrás, y al siguiente
momento, el aliento familiar envolvió, quitándosele el cansancio instantáneamente. E encorvó el
codo y lo golpeó hacia atrás con fuerza, rega?ando en voz baja: ?Sueltame!
Morgan ya había previsto esa reión y con precisión atrapó su codo. – Necesitas.
descansar, y yo también su voz se volvió un poco más grave cuando preguntó-. ?Quién te ense?ó a
golpear a gente así? Mira, aquí está el ri?ón. ?Qué pasaría el resto de tu vida si lo rompes?
??A él qué le importaba?! Cira forcejeó para liberarse de su abrazo, diciendo impaciente: i Ve a tu
propia habitación!
Morgan no se movió, sino que apretó sus brazos alrededor de e y acercó el pecho a su espalda.
Estaban tan cerca que sus temperaturas corporales se transmitían bajos sábanas. él dijo
perezosamente: -Toda casa es mía. Dormiré donde quiera.
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Cira estaba frustrada hasta el límite, y en lugar de intentar apartar sus manos nuevamente,
se acurrucó y se deslizó hacia abajo, tratando de escapar de su abrazo.
Inesperadamente, Morgan se dio vuelta de repente y astó debajo de él. Estás en mi casa. Si te
digo que duermas aquí, deberías hacerlo.
Cira no podía empujarlo ni ganarlo en disputa, así que lo único disponible para e, enfadada hasta el
punto de estar, era mirarlo fijamente en oscuridad de noche.
Morgan miró a los ojos y preguntó: -?Qué te habló Gerardo de mi? ?Que soy calcdor y
despiadado, o soy un maestro des manipciones o un ambicioso sin escrúpulos?
Cira se burló y le devolvió pregunta: -?Cuál de esas no te describe?
Ninguna de es–negó Morgan de inmediato, con voz baja y ronca-. ramente, me enamoré de ti a
primera vista, el amor no correspondido se hizo realidad, y te amo tanto que no puedo contrrme.
Cira soltó dos risitas breves y frías.
-?No me crees?
Morgan se volvió a recostar en cama, abrazánd de nuevo y suspirando en su cabelloo si, al
mantene en sus brazos, su corazón pudiera encontrar su lugar de nuevo.
-Cree lo que quieras. De todos modos, ya eres mi esposa. Cierra los ojos
v duerme. Si no
+15 B?NUS
descanso bien, no podré llevarte al hospital a ver a mi suegra ma?ana.
Fue por esas pbras, y debido a que ya no podía zafarse, que Cira contuvo el impulso de moverse y
se obligó a cerrar los ojos.
Pero pasó toda noche entre el sue?o y vigilia, y no fue hasta casi el amanecer que
finalmente se durmió.
De repente, escuchó ruidos desde abajo y se despertó de golpe, levantándose de cama y bajando
las escaleras.
Cuando vio a Morgan sentado en mesa desayunando, lo primero que dijo fue: -?Cuándo podré ir al
hospital a ver a mi mamá?
Morgan no miró, respondiendo con indiferencia: -Hoy está igual que ayer, no ha habido. cambios en
los datos. Si decides ir o no, e seguirá estando igual. Así que no hace falta que
vayas.
Entonces, ?él nunca había neado lleva al hospital?
Furiosa en el fondo del alma, Cira tomó un vaso de agua que tenía cerca y se lonzó. —?Me
enga?aste!
Morgan lo esquivó con facilidad, luego miró sin expresión en el rostro y dijo: No dormí bien anoche.
Te movíaso una oruga en mi abrazo. ?No sentiste que me excitabas?