Capítulo 787
<b>Yam </b>lenzó una mirada a escondidas a Marisol y le quinó un ojo secretamente, “La verdad en que desde aquel dia que me disto esto, aún no se ha entregado al Dr. Antonio. Mi Intuición femenina me decía que esta vez no podrias Irte. Ahora, to devuelvo In ve“.
Marisol tomó ve en su mano con resignación.
sonrió Los tres salieron juntos del edificio del hospital y, al bajar los escalones, Yam soltó su mano y diciendo, “Tengo que pasar por urgencias, no te entretengo más, te maré cuando tenga un día libre. ?Adiós!”
“?Adiós!” Marisol sonrió.
Yam caminaba rápido, se podia ver que incluso saludaba a <b>los </b>pacientes <b>con </b>los que se cruzaba.
Justo cuando Marisol <b>estaba </b>por retirar mirada, un jeep pasó rápidamente cerca de es<b>. </b>Cuando el vehiculo pasó rozando, puerta se abrió de golpe y Yam, cons <b>manos </b>en su bata nco, fue arrastrada hacia adentro.
“?Dios mío, Yam!”
Marisol, testigo de todo, casi se <b>queda </b>boquiabierta de sorpresa y, agarrando a Antonio que estaba at sudo, balbuceó con confusión, “Antonio, <b>el </b>coche que acaba de pasar… se han llevado a Yam…”
A lo lejos, ni siquiera <b>se </b>escuchó un grito de ayuda.
El vehículo se alejó tan rápido que en un parpadeo, Yam ha desaparecido y, cerrando puerta del jeep, el vehiculo continuó su camino, tocando <b>bocina </b>en dirión a entrada del hospital.
Marisol tragó saliva, incréd y con los ojos desorbitados.
En pleno dia, ?secuestraron a una doctora en el hospital<b>?</b>
Si no lo hubiera visto con sus propios ojos, dudaría de su cordura, jera una escena digna de una pelic<b>!</b>
Después de un momento de panico, Marisol revolvió frenéticamente en su bolsillo <b>para </b>sacar su teléfono móvil, con intención de mar a policía, pero después de marcar solo dos digitos, Antonio
“?Qué haces? ?Voy a mar a policia!” exmó con los ojos muy abiertos.
Antonio levantó ligeramente barbi y, a diferencia de ansiedad en su rostro, sus ojos y cejas mantenian una pereza característica, “No viste que <b>ese </b>era un coche militar. ?Has visto alguna vez a soldadosetiendo actos ilegales?”
“?Un coche militar?” Marisol se detuvo sorprendida.
Cuando volvió a <b>mirar</b>, de hecho, no parecia un jeep <b>cualquiera</b>, sino uno de color verde militar con una ca del ejército, con un aspecto muy oficial…
“?Será <b>que </b>Yam se metió en algún lio?” Marisol murmuró para sí misma.
Pero eso no tendría sentido,//Yam era solo una cirujana, y su trabajo era curar a gente! ?Podria ser que en sus a?os de trabajo en países intrincados descubrió algún secreto militar nacional?
cómicas
Marisol dejó vr su imaginación, y <b>su </b>rostro reflejabas fluctuaciones de sus pensamientos. Antonio, por su parte, también miraba el jeep que se alejaba pero a diferencia de e, su expresión era
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calmada, aunque su mirada fija en ca del coche tenia un significado más profundo.
Viendo cómo e negaba con cabeza y fruncia el ce?o<b>, </b><b>él </b>sonrió perezosamente y le dijo, “Tranqu, te aseguro que a tu amiga no le <b>va </b><b>a </b>pasar nada<b>“</b>.
“?De verdad?” Marisol estaba ramente escéptica.
Antonio miró de reojo en se?al de confirmación y luego llevó hacia su Cayenne, “?Vamos a <b>casa</b>!”
Durante el camino a casa, Marisol no dejó de fruncir el ce?o, repasando en su mente escena de Yam siendo secuestrada en el hospital. El jeep había arrastrado a persona tan rápidamente que no parecía una broma…
mó a Yam varias veces, pero nadie contestaba.
Mirando de reojo a Antonio, que conducía concentrado, viendo que él parecía tener todo bajo control, se sintió un poco más tranqu. Incluso si mara a policía, tendrían que pasar 24 horas para poder presentar una denuncia por desaparición…
Por suerte<b>, </b>cuando el Cayenne llegó alplejo de apartamentos, Yam finalmente le respondió.
Pero no era una mada, sino un mensaje de texto: “Marisol, te devolveré mada más tarde“.
A pesar de todo, una vez que se aseguró de seguridad de Yam, Marisol finalmente pudo respirar tranqu. Al levantar mirada, vio que el guardia de seguridad Héctor habia salido de su caseta y estaba saludando a Antonio, quien bajó ventani del coche, “Sr. Pinales, Sra. Pinales, jhan vuelto!”
Antonio esbozó una sonrisa, su tono cargado de buen humor, “Si, pa?é a mi esposa a un chequeo prenatal.”
Marisol frunció el ce?o al mirarlo.
Era segunda vez aquel día que él maba así…
“?Chequeo prenatal? Entonces, Sra. Pinales está <b>embarazada</b>? ?Eso sí que es una buena noticia! No es de extra?ar que en estos dias haya visto al Sr. Pinales tan alegre!” exmó el guardia Héctor con una cara de sorpresa, y sin olvidar felicita a través del asiento del conductor, “?Felicidades, Sra. Pinales!”
Marisol semió losbios, “No es nada…”
El Porsche Cayenne negro entró al residencial, y en el espejo retrovisor, Marisol vio a Héctor regresando
a su caseta.
E desvió mirada hacia Antonio, que tenía un rostro suave y unos ojos encantadores que solo miraban hacia adnte mientras conducía con concentración.
El ascensor subía de manera constante. Al llegar a casa, parecía que nueva costumbre de Antonio no era sacar un cigarrillo del bolsillo, sino ir directo al dispensador de agua deledor y servirle un vaso de agua.
Le pasó el vaso y con una sonrisa le preguntó, “?Qué te apetece para cenar?”
El vapor del agua se alzaba hasta sus pesta?as, que Marisol agitó suavemente, “?Lo que sea!”
De repente, gran mano de Antonio se extendió hacia e, y le metió algo en boca.
“?Qué haces!” se quejó Marisol, apartándolo.
Antonio levantó una ceja y le preguntó con pereza, “?Ya olvidaste lo que dijo el Dr. Mendoza? Si no tienes apetito, puedes optar por alimentos bajos en azúcar y calorias, asío altos en fibra. Los dátiles y los cacahuetes son buenos, ?y también saludables! Ma?ana cuando vuelva del trabajo puedoprarte
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algunas casta?as para probar.”
Marisol sacó lo que se iba a meter en boca y vio que en efecto eran dátiles y cacahuetes pdos…
Con un cachete ligeramente hinchado, el dulzor de los dátiles y el aroma de los cacahuetes se esparcieron por su boca.
Antonio miraba desde arriba, con una voz grave que resonaba en sus oídos, “Sra. Pinales, ?tienes apetito ahora? ?Qué quieres para cenar?”
Esa forma de ma hizo temr los nervios de Marisol.
“?Antonio!”
De repente lo mó con fuerza, tragándose el cacahuete y el dátil con hueso en una s vez,o si temiera que no lo oyera ramente y le dijo despacio, “Hace tiempo que dejé de ser Sra. Pinales, ?por qué hoy en el hospital, y ahora, sigues diciéndole a gente que soy tu esposa?”
Y eso que estarían bien si fuera dnte de otros, pero ahora estaban solo ellos dos…
Marisol cerró los ojos por un momento, sintiendoo si una aguja pinchase por dentro y le dijo con voz ronca, “Si es por el ni?o, entonces, ?no hay necesidad de hacer esto!”
Antonio frunció el ce?o levemente al oír esto, y su mirada que le dirigió estaba llena de incredulidad.