Capítulo 428
Capítulo 428
Violeta acababa de entrar al edificio de apartamentos cuando su celrenzó a sonar.
En su campo de visión, aquel Mercedes negro estaba estacionado frente al jardín, y Pablo ya había
sacado un periódico para leerlo. Violeta extrajo su celr sin necesidad de mirar para saber quién
estaba mando.
Respondió y llevó el teléfono a su oído, con una sonrisa curvando susbios dijo, “Si, ya llegué.”
“Estoy a punto de entrar al ascensor.”
Después de pulsar el botón para mar al elevador, Violeta siguió informando.
Desde que Rafael llevó a Casa Castillo, parecía que Sebastián se había enfermado de celos.
Patricia había mado varias veces a vi, pero siempre era Lucía quien contestaba. Rafael no
parecía afectado y no había ido a visitar Casa Castillo, aunque Catalina había llevado a Nono sin que
él se
opusiera.
Por eso ese día estaba s, pensando en visitar a su amiga Marisol.
Durante su estancia en el hospital, algo en elportamiento de Marisol y Antonio había dejado
inquieta
La voz calmada de Rafael resonó al otrodo de linea, “No dejes que Pablo se vaya, que te espere
abajo.
Desde el incidente del secuestro, Rafael estaba muy cauteloso con los movimientos de Violeta, casi al
punto de contratar guardaespaldas para protege. Siempre que salía de vi, quería estar al tanto
de su paradero.
Violeta sabía que él estaba preocupado por e y temía que algo de esa magnitud volviera a ocurrir.
“Está bien, lo tengo en cuenta,” dijo e con una voz aún más suave.
Una vez que Rafael colgó, Violeta salió del elevador y tocó puerta de seguridad, pero no hubo
respuesta inmediata.
E incluso dudo si había alguien en casa, pero había acordado con Marisol por telefono que estaría,
por eso había ido…
Mientras consideraba volver a usar su celr, puerta de seguridad finalmente se abrió.
Antonio apareció con una camiseta casual y unas zapatis del mismo color, su cabello corto caia
suavemente sobre su frente y tenía un aire casero, aunque sus ojos brintes seguian siendo
deslumbrantes. Sin embargo, su rostro estaba pálido y parecía estar cansado.
Violeta se sorprendió y preguntó con caut, Dr. Antonio, ?dónde está Marisol?”
*E está en el ba?o, dijo Antonio, mirando hacia atrás.
Luego se hizo a undo y le ofreció unas zapatis de estantería.
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Violeta agradeció y ses puso, siguiendo a Antonio hacia adentro. Después observó su espalda
erguida y silenciosa, sintiendo una opresióno de una monta?a. Aunque dudaba, finalmente
preguntó, “?Ustedes dos… tuvieron una pelea?”
Antonio no respondió, pero su silencio fueo una confirmación.
Violeta entendio y estuvo a punto de decir algo cuando vio el desorden en s. Almohadas del sofá
Capitulo 4
por el suelo, un humidificador volcado en mesa de café con agua derramada sobre alfombra, y
hasta el florero aldo había sufrido da?os, aunque no estaba roto,s flores artificiales estaban
esparcidas por todas partes…
Violeta frunció el ce?o.
Tragando saliva, y poniéndose deldo de su amiga, dijo con un tono un poco reprobatorio, “Dr.
Antonio, pase lo que pase, usted es el hombre y debería ser másprensivo. Incluso si están
enojados of discuten, debería ser más indulgente con Marisol…”
“Fue e quien rompiós cosas, dijo Antonio con una voz llena de agravio.
“?Eh!” Violeta se sintió de inmediato incómoda y dijo balbuceando, “E está embarazada…”
Las emociones des mujeres embarazadas solían ser inestables, y suponía que era normal que
tuvieran algún que otro arranque de ira…
Entonces puerta del ba?o se abrió, y Marisol salió.
No se sabía si su palidez estaba rcionada con el caos en s, pero se veía particrmente mal,
con losbios ligeramente ncos y una debilidad evidente,o si una brisa pudiera derriba. Al
ver a Violeta, forzó una sonrisa y dijo, “Violeta, llegaste.”
Antonio, que estaba a sudo, también notó su estado y frunció el ce?o con preocupación.
Justo cuando iba a acercarse, su celr sonó.
Al ver el número en panta, Antonio pasó una sombra de hesitación por su rostro y dijo, “H,
Jacinta.”
Violeta apenas podia escuchar voz al otrodo del teléfono, pero ese nombre, ramente no era de
un hombre…
Instintivamente, miró hacia Marisol, quien tenías pesta?as bajadas ocultandos verdaderas
emociones en sus ojos.
“?Ya sé, ya voy para allá!”
Antonio terminó mada con esas pbras y de manera apresurada.
Inmediatamente después, sostuvo su celr con una mano mientras fruncía aún más el ce?o, con una
mirada indecisa en sus ojos hermosos.
Por su parte, Marisol soltó una risa fría y dijo, ?Qué esperas? ?Dijiste que ibas a ir ya!”
Estimdo por su provocación, Antonio apretó más fuerte su celr y con una mirada llena de
disculpas le dijo a Violeta, “Tengo que salir, algo surgió.”
“Ah, está bien… Violeta asintió con cabeza.
“?Vuelvo pronto!” Antonio dio unos pasos hacia Marisol y, acercándose, levantó mano para
odarle un mechón de cabello que caia sobre su sien y continuó hando, “Ayer estabas antojada
de unos tacos al pastor, ?no? Cuando regrese, pasaré por el mercado de colonia para traerte unos.”
Violeta observaba escena desde undo, casi podia sentir el tono suplicante de Antonio, incluso con
un dejo decencia.
No esperaba que el Dr. Antonio, siempre tan serio y profesional en el hospital, o el Antonio noctambulo
y despreocupado, pudiera mostrar tal faceta.
Sin embargo, Marisol no parecia apreciar el gesto y, después de apartar su mano, no dijo mucho más.
Capitules
Antonio cerró boca con una expresión levemente tensa, tomós ves del coche y se marchó.
Violeta ayudó a Marisol a sentarse en el sofá de s, dudando sobre qué decir, “Marisol, ?qué pasa
realmente entre tú y Antonio?”
“No lo sé…” Marisol levantó mano para cubrirse el rostro.
Con el ce?o fruncido, Violeta echó un vistazo hacia entrada; Antonio ya se había ido. Como
observadora, podía ver que Antonio realmente se preocupaba por su amiga, pero esa mada…
Marisol parecia exhausta, apretó mano de Violeta y dijo, “Estoy tan cansada, quiero dormir un rato.”
Pensando en que Marisol estaba embarazada y necesitaba descansar, Violeta no insistió y ayudó a
llegar a habitación. La odó en cama, ajustó el aire acondicionado a una temperatura
agradable y esperó hasta que Marisol cerró los ojos y se sumergió en un sue?o profundo.
Saliendo de habitación en puntis y con un suspiro, Violeta recogió el humidificador caído, colocó
los cojines en su lugar y enderezó el jarrón tumbado. Después de arrer todo, dejó el departamento.
Al salir del ascensor y justo cuando estaba a punto de empujar puerta de cristal del vestíbulo, un
brazo se extendió desde undo, tirando de e con fuerza hacia un rincón y cubriendo su boca contra
la pared, pa?ado de una voz intencionadamente baja que decía, “?No te muevas!”
Violeta se sobresaltó, a punto de gritar.
La razón por que no gritó fue porque reconoció al hombre frente a e.
“?Rafael, me has dado un susto de muerte!” Violeta lo miró con enojo, ?no sabe que asustar a alguien.
puede ser mortal? Pensó e.
Rafael soltó mano que cubría su boca y rodeó por cintura, apoyando un brazo en pared en
una postura dominante, “?De verdad te asusté?”