Capítulo 676
Apenas Cintia levantó vista, su paso apresurado se ralentizó, sus ojos recorrieron discretamente a
Amelia de ples a cabeza y finalmente se posen lentamente en su rostro sorprendido.
This content ? N?v/elDr(a)m/a.Org.
Eduardo, que estaba absorto en su celr, no había prestado atención a su alrededor. El cambio
repentino en el paso de Cintia lo hizo girar cabeza hacia e y siguiendo su mirada, vio a Amelia
parada en puerta de su casa con un celr en mano, así que también disminuyó velocidad de
su caminar.
Amelia había visto a Eduardo al mediodía, así que sí lo reconocía.
A Cintia también recordaba de habe visto una vez en entrada de Mundo Compras en Arbda.
En esa ocasión, Rafael había asustado tanto que huyó precipitadamente de su auto y corrió hacia el
centroercial sin mirar por dónde iba, chocando sin querer con alguien y haciendo caer al suelo
bolsa de esa persona.
Esa persona era mujer que ahora estaba examinando, Amelia lo recordaba bien.
También recordaba ramente sensación de hda inmovilidad que sintió al escuchar su voz por
primera vez y el ahogo inexplicable que se apoderó de su corazón al ver su rostro, una repulsión
instintiva que le hacía querer alejarse, pero sus pies parecían congdos y no pudo moverse ni un
centímetro.
Esa sensación aún persistía, aunque no era tan intensao cuando vio repentinamente aquel día.
La mujer madura frente a e tampoco mostraba el pánico que tuvo al ve aquel día, cuando
retrocedió y salió corriendo con pasos desenfrenados. En cambio, miraba de arriba abajo, con una
mirada evaluadora.
Aunque no tenía ningún recuerdo de e, se sentía incómoda con su expresión y su mirada.
Estaba segura de que no le gustaba y por lo tanto, no saludó ni preguntó quiénes eran o a quién
buscaban. Simplemente los miró brevemente antes de desviar vista y darse vuelta para entrar en
la casa.
“Espera.”
La mujer habló de repente, quizás irritada por el gesto descortés de Amelia, su tono era ramente
descontento. Justo cuando iba a decir algo más, Eduardo le tomó mano, deteniénd, luego dijo
amablemente a Amelia, “Meli, tu suegra y yo vinimos a verte a ti, a Dorian y a tu hija. ?Están en casa?”
Las pbras de “tu suegra” hicieron que Amelia se detuviera de golpe y volviera mirada hacia ellos.
No sabía si eran los padres biológicos de Dorian; no podía ver ni una pizca de similitud de Dorian en
ellos.
Eduardo parecía amable, incluso con una leve sonrisa conciliadora.
Cintia, a sudo, mantenía misma expresión impasible de superioridad e impaciencia.
Ninguno de los dos parecía tener una rción cálida y afectuosa con su hijo.
De repente, Amelia entendió por qué, cuando despertó con mente en nco, en lo más profundo de
su corazón no quería buscar quién era ni qué tipo de pasado tenía.
“Ellos están adentro.”
Se?aló hacia casa con un dedo y habló en voz baja, sin poder evitar observar a pareja, tratando
de juzgar cuál era su rción con e.
Cintia también observaba.
“?Oi que perdiste memoria?”
Preguntó mujer, todavía con esa actitud condescendiente.
Desde que conoció a Amelia, e había tenido una actitud de superioridad y Amelia era una nuera
obediente. La actitud de Cintia hacia Amelia siempre había sido de condescendencia y se había
acostumbrado a mira desde arriba. Aunque Dorian le había dicho que e era Amandita, peque?a
hija perdida de familia Sabin, e, a diferencia de Eduardo, que había visto a Amanda Sabín de ni?a
y había convivido con e, no podía sentir que Amelia fuera de verdad hija de familia Sabin.
Capitulo 676
Amelia, real o no, parecía versión de sí misma cuando recién se había casado con Dorian, tierna y
sumisa, sin el filo y frialdad que había adquirido después dei divorcio. Esa Amelia revivía en Cintia
una sensación de superioridad que se le escapaba sin querer, por más que intentara reprimi.
Amelia notó mirada
confundida sobre nocendiente de Cintia, pero mada de Eduardo diciendo “tu suegra” había
dejado
confundida sobre naturaleza de su rción con mujer, por lo que optó por una respuesta
educada, asintiendo con cabeza: “He perdido memoria y mis recuerdos del pasado.”
Luego le preguntó: “?Podría saber quién es usted?”
“?Dorian no te lo mencionó?”
Eduardo frunció el ce?o ligeramente confundido, pero rápidamente sepuso y se presentó, “Me
mo Eduardo, so el papá de Dorian. Y e es Cintia, su madre.”
Entendiendo situación, Amelia asintió con cortesía y saludó: “Mucho gusto.”
Su actitud ni sumisa ni distante hizo que Cintia frunciera el ce?o involuntariamente, incapaz de evitar
escruta de arriba abajo, ramente preguntándose, “?Eres realmente Amelia?”
Capitulo 677