Capítulo 611*
El chirrido agudo de una moto pasando por el lugar sacó a Amelia de su ensimismamiento.
Instintivamente giró cabeza y el grupo de motos que se acercaba a toda velocidad hizo retroceder
instintivamente hacia el peque?o camino del que acababa de girar, en su movimiento de retroceso,
termino cayendo al suelo.
Los jóvenes en motocicleta parecian no haberse desahogado todavia y al pasar rugiendo junto a
Amelia, lenzaron una mirada fulminante.
Dorian se giró justo a tiempo para ver a los motociclistas pasar zumbando y funció el ce?o.
Jacinto también los vio y no pudo evitar fruncir el ce?o y decir: “Está estrictamente prohibido correr
motos cerca de escu, esta gente es demasiado irrespetuosa, siempre corriendo por aquí“.
Dorian le dio una mirada, pero no dijo nada, su mirada se deszó lentamente de los jóvenes que ya
se habian ido corriendo, sus oscuros ojos todavía estaban mezdos con algo de confusión y
desconcierto.
El profesor guia que habia tenido a Dorian en aquellos a?os ya estaba sonriendo y mándolo a entrar
a escu: “Vamos dentro, afuera hace frio, no te quedes chando en calle y que te de un
resfriado.”
Jacinto también sonrió y tomó pbra: “Mira, me emocioné y lo olvidé. Vamos, entremos a
escu a char.”
Mientras haba, ya estaba extendiendo su mano para invitar a Dorian a caminar hacia entrada.
Dorian miró al profesor guía, que ya mostraba signos de envejecimiento y cansancio, solo asintió
suavemente, siguiendo.s invitaciones de Jacinto y los demás hacia el portón de escu.
Al darse vuelta, no pudo evitar mirar hacia esquina donde Amelia había estado parada, pero ya
no había nada.
La calle tranqu y vacia habia vuelto a calma.
Dorian retiró vista con tristeza.
En esquina de calle, Amelia estaba medio agachada en el suelo, frotándose rodi que se
había golpeado identalmente al esquivar moto.
El sombrero color beige que llevaba puesto habia caído al suelo durante escapada y mitad de su
bufanda también colgaba en el suelo.
Rafael, que justo salía de suplejo residencial, vio a joven en el suelo y sus cosas esparcidas a
su alrededor, por instinto se acercó para recoger el sombrero, mientras preguntaba preocupado:
“?Estás bien?”
“Estoy bien, gracias“, respondió Amelia casi por reflejo.
Rafael se quedó congdo en sú acto de devolverle el sombrero, miránd incrédulo.
Amelia levantó vista confundida hacia Rafael.
E llevaba una mascari, solo mostraba sus ojos.
Pero esos ojos siempre dulces y serenos, Rafael los reconocía.
Sus manos temban ligeramente mientras sostenia el sombrero, mirando los ojos oscuros de Amelia
que se han vuelto ligeramente rojos, su mirada mezba sorpresa e incertidumbre,o si
quisiera reconoce pero no se atreviera.
La confusión en los ojos de Amelia se profundizó, mirando al hombre dnte de e cuyas emociones
parecian algo inestable.
La mano de Rafael ya se estiraba hacia e, con los dedos temblorosos,o si quisiera quitarle
mascari. Amelia giró cabeza justo cuando su mano estaba a punto de tocar su mascari y miró
hacia el sombrero que él sostenía, preguntándole suavemente: “?Me devuelve mi sombrero, por
favor?”
E vio ramente que después de su pregunta, el hombre frente a e se detuvo, mirando sus ojos
oscuros con una confusión incierta.
él miró el sombrero en su mano.
Capitulo 611
“Lo siento“, dijo en voz baja, devolviendo el sombrero.
“Gracias“, respondió e suavemente, aceptando el sombrero, se puso de pie, le dio un asentimiento
como despedida y se alejó.
“Amelia“, Rafael de repente mó su nombre hacia su espalda.
E no reionó mucho a ese nombre, aunque Alejandro le había dicho que se maba Amelia.
N?velDrama.Org holds text ? rights.
Pero el hecho de haber perdido memoria le hizo perder toda sensación hacia su propio nombre.
Desde que desperto, Alejandro siempre habia mado “Srta. Soto” y Miranda maba “Meli“, lo
que aún disminuyó más su percepción del nombre “Amelia“.
Rafael vio que e no reionaba al nombre y luz en sus ojos se apagó instantáneamente, pero no
queria darse por vencido tan fácilmente y después de dudar un momento, dio unos grandes pasos
hacia adnte y levantó mascari de Amelia desde atrás.
“?Qué haces?“, preguntó e instintivamente mientras se giraba.
Las fiones conocidas se cruzaron con mirada de Rafael.
Los ojos de Rafael desteron con lágrimas. “Sabia que aún vivías.”
Amelia lo miró con una expresión indescifrable, con total extra?eza reflejada en sus ojos.
Esa extra?eza hizo que Rafael sintiera un atisbo de duda sobre si mismo.
“Soy Rafael,” se apresuró a decir, presentándose de nuevo.
Pero mirada de Amelia seguia siendo distante, sin rastro de curiosidad.
E no dijo nada, solo extendió su mano hacia mascari que él sostenia y preguntó con vión,
“?Puedes devolvérm?”
El clima en Arbda era frío y ventoso; e, que era friolenta y propensa a resfriarse, se había
acostumbrado a salir siempre con una mascari.
Su reión intensificó confusión en Rafael, quien ha estado seguro de que e era Amelia, pero
ahora se sentia invadido por incertidumbre.
Con dudas, le pasó mascari, pero aún con esperanza le preguntó. “?Ya no me reconoces?”
Amelia lo miró algo confundida, pero asintió, tomó mascari que él le ofrecía, se puso y giro para
caminar hacia escu.
Rafael solo vaciló un momento antes de segui.
E entró al campus, y él siguió.
E fue a biblioteca, y él también.
E se dirigió al edificio de as, y él siguió.
Todo el camino se mantuvo en silencio, observánd con una mirada llena de confusión y duda.
A Amelia no le agradaba que siguieran.
Capitulo 612
Capítulo 612