Capítulo 212
Aquís habitaciones tenían un encanto especial, mayoría eran edificios antiguos, incluso el suelo
de los pasillos estaba hecho con tas de madera.
La habitación de Be no estaba en el mismo piso que de Elena, después de abrir puerta, se
encontró con una habitación con cama matrimonial.
En pulcra cama había rosas dispersas con pétalos, pa?ados de diversos adornos en pareja,
dando al lugar un ambiente misterioso y sugerente.
Su peque?a maleta estaba aldo del armario, Be abrió.
Dentro efectivamente había su bikini, camisón y demás ropa de recambio, incluyendo productos de
cuidado de piel y maquije.
Era evidente que todo era obra de Fiona.
Entonces, ?acaso todos sabían de su itinerario de hoy, excepto e misma?
Be sacó el bikini y se lo puso, mirándose al espejo se sintió algo incómoda.
?Acaso mostraba demasiado el pecho?
Este bikini lo habíaprado con intención de usarlo con Pedro ens termas.
Después de que Pedro rechazara despiadadamente, lo había guardado sin haberlo usado
nunca
Aunque el dise?o parecía bastante normal, al ponérselo se veía demasiado…tentador y seductor.
Justo entonces se escuchó un golpe en puerta, Be pensó que era Elena y preguntó al abrir: -
Elena, ?cómo me queda este bikini?
Pero se quedó petrificada.
ya que quien estaba de pie en puerta no era Elena, sino el apuesto Pedro.
Hoy llevaba ropa informal, una camisa polo nca y pantalones negros, lo que le daba un aspecto
menos serio y más rjado.
?No debería estar ens termas con los subordinados del Grupo Romero o tomando el té?
?Por qué estaba ahí?
Los ojos negros de Pedro estaban fijos en Be.
El ajustado corte del bikini había envuelto su cinturao si pudiera abarcarse con una mano.
Bajo t negra, sus brazos níveos y susrgas y esbeltas piernas hacían parecer una belleza
cautivadora.
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Pedro tragó saliva involuntariamente, hasta su garganta se había secado.
-?Qué estás mirando!
Be se dio cuenta de mirada anhnte de Pedro y de repente reionó a lo inapropiado de
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su atuendo en ese momento..
E cubrió su pecho cons manos e intentó cerrar puerta.
Pero Pedro se le adntó y entró a habitación, cerrando puerta tras de sí.
-?Qué pretendes?-preguntó Be, retrocediendo con caut.
La mirada de Pedro seguía fija en su esbelta cintura, y su voz sonaba ronca: -?Piensas salir asi?
Al ver esos ojos oscuros, aquel sentimiento de vergüenza volvió a inundar su corazón.
Be se sonrojó: -?No tiene nada que ver contigo!
E se dio vuelta y entró al cuarto de ba?o, cerrándolo con ve.
Ese idiota de Pedro, ?por qué tenía que aparecer en todas partes?
Ni siquiera anunció quien era cuando maba a puerta.
Hizo que e fuera a abrir sin siquiera ponerse una toa.
Y ahora había visto en ese ridículo atuendo.
Qué vergüenza tan terrible.
Recordando esa mirada suya, ardiente y llena de un deseo insaciable.
Be se cubrió el rostro, abochornada.
-Toc, toc.
Poco después, se escuchó el sonido de alguien mando a puerta del ba?o.
-?Qué quieres?-respondió Be, sin mucha amabilidad.