El sonido del viento contra la ventana rompía el silencio de la habitación. Asver se apoyó contra el respaldo de su cama, observando la interfaz de Umbralis flotando frente a él. La pantalla mostraba su estado actual:
── Estado del Portador – Asver Noctis ──
Nivel: 39
Fuerza: 92
Agilidad: 110
Resistencia: 85
Maná: 97
Sincronización con Velmora: 5%
Habilidades Activas:
Corte Umbrío (Dominio: 12%)
Habilidades Latentes: [Bloqueadas]
Asver esbozó una sonrisa. Comparado con el débil joven que había sido, sus números parecían irreales. Aún recordaba cuando apenas podía enfrentarse a los monstruos más débiles. Ahora, sentía que su cuerpo se movía con una precisión y velocidad que nunca había experimentado.
Su progreso con Velmora también era prometedor. La daga aún tenía mucho por revelar, pero ese 5% de sincronización era el primer paso.
—"Esto es solo el comienzo" —murmuró para sí mismo.
Antes de que pudiera profundizar más en sus pensamientos, un golpe en la puerta lo sacó de su concentración.
—?Asver! —La voz de su hermana sonó con energía al otro lado—. ?Vamos de compras!
él suspiró y desactivó la interfaz.
—Dame un minuto, Lia.
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—No, ahora —insistió ella—. Dijiste que hoy estarías libre, ?verdad? ?Vamos!
No tenía cómo negarse. Por más que el sistema y su crecimiento lo absorbieran, seguía siendo su hermano mayor.
Un respiro antes de la tormenta.
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La Plaza de Veylaris
El sol ba?aba la ciudad con una luz dorada. La plaza de Veylaris, el corazón comercial de la zona, estaba abarrotada de personas que iban y venían entre puestos y tiendas.
Lia caminaba animada junto a él, deteniéndose de vez en cuando para admirar algún accesorio o ropa. Asver, en cambio, mantenía una mirada cautelosa, un hábito que se había intensificado después de su renacimiento.
Fue entonces cuando notó el alboroto más adelante. Una multitud se congregaba alrededor de un grupo de cazadores, y los murmullos llenaban el aire.
—?Qué está pasando? —preguntó Lia, estirándose para ver.
Asver entrecerró los ojos. Entre la gente, reconoció a varios cazadores, pero su atención se centró en un hombre en particular.
Valen Graves.
El rango S estaba en el centro de la multitud. Era alto, de complexión fuerte, con una mirada fría y penetrante que parecía analizar a todos a su alrededor. Su abrigo oscuro se movía levemente con el viento, dándole una presencia aún más imponente.
Los periodistas rodeaban al grupo con micrófonos y cámaras, lanzando preguntas apresuradas.
—?Se?or Graves! ?Por favor, díganos cómo lograron superar la mazmorra restringida!
Valen cruzó los brazos, guardando silencio por un momento antes de responder con voz firme y profunda.
—Nosotros no fuimos.
El murmullo entre la multitud creció.
—?Qué quiere decir con eso?
Valen recorrió con la mirada a los reporteros antes de continuar.
—Para que una mazmorra restringida desaparezca, solo hay dos formas: que los cazadores en su interior la completen con éxito… o que un monstruo la devore desde adentro.
El silencio cayó sobre la plaza como una losa.
—?Está insinuando que fue una bestia?
Valen negó con la cabeza.
—Digo que algo que no comprendemos acabó con ella. Y para ser claros, ni nosotros ni ningún cazador registrado lo hicimos.
Fue entonces cuando una mujer de cabello plateado y presencia imponente dio un paso al frente.
Seraphine Asvell, otra cazadora de alto rango.
Ella tomó el micrófono y, con un tono calculado, dijo:
—Yo fui testigo de lo que ocurrió en la mazmorra restringida.
Los murmullos se intensificaron de inmediato.
—?Puede darnos más detalles?
Seraphine sostuvo la mirada de los periodistas antes de hablar.
—Dentro de la mazmorra ocurrió algo que desafía toda lógica conocida. Un individuo enmascarado, cuyo poder superaba cualquier expectativa, enfrentó lo imposible.
Asver, desde la multitud, se mantuvo impasible, aunque por dentro sintió un ligero escalofrío.
—?Un enmascarado?
—Sí. Fue él quien eliminó la mazmorra restringida.
Los reporteros no tardaron en reaccionar.
—?Está diciendo que este individuo es una amenaza?
Seraphine sonrió apenas.
—No. No creo que el enmascarado sea un peligro.
Valen observó a Seraphine por unos segundos y luego asintió.
—Si ese hombre realmente existe… entonces es alguien a quien quiero conocer.
Las cámaras continuaron grabando, y Asver, aún entre la multitud, bajó la mirada por un instante.
Su existencia ahora era un rumor en boca de los más fuertes.
Y eso solo significaba una cosa.
Pronto, lo buscarían.