AliNovel

Font: Big Medium Small
Dark Eye-protection
AliNovel > La Paradoja del Quetzal: Kefnfor [Español | Spanish] > Entrega 1: El Horror Bajo el Muelle de Eldryn — Parte 2

Entrega 1: El Horror Bajo el Muelle de Eldryn — Parte 2

    Korax 18 — Inselaciune 2, 1308


    Elian no estaba por ninguna parte. Habíamos registrado todo el puerto de cabo a rabo e incluso enviaron a un buzo a revisar bajo los pilotes. Interrogamos a todos los tenderos que seguían despiertos a estas horas y logramos convencer a los due?os de algunos almacenes para que nos dejaran buscar en sus instalaciones. Nada. Era como si solo se hubiera esfumado.


    Odiaba esta incertidumbre. Podría formular un plan si supiera qué tipo de espíritu había poseído a Elian. Incluso tras haber poseído a un portador, la esencia del espíritu persistía, atrayéndolos hacia lo familiar y reconfortante. Júbilo podría sentirse atraído por una feria o un parque de juegos; los espíritus como Valentía y Violencia tendían a sentirse atraídos a cuarteles, los puestos de guardia y los cuadriláteros de lucha; y Orgullo seguro estaba frente a un espejo, admirándose hasta que le sangraran los ojos. No de forma literal. Bueno, casi nunca era de forma literal.


    Lo peor era no saber si Elian era un peligro o no. Los demás habían decidido separarse, actuando como si esto se tratara de una desaparición normal; como la búsqueda de una persona normal perdida. Pero esto no era un caso común y corriente, no cuando nos enfrentábamos a la posibilidad de que Elian fuese un Deshecho.


    ?Qué pasaría si Elian fuera un Portador de Frenesí o Furia y atacara al grupo del cantinero?


    Sabía que tenía que sacarme esos pensamientos de la cabeza. Pero era difícil. Ni siquiera podía culpar a Preocupación por sentirme así. Esta gente no me caía nada bien, pero eso no significaba que quisiera que les pasara algo malo.


    —La estación ballenera está vacía —dijo mi “mejor amigo”, el capataz, interrumpiendo mis pensamientos. Las groserías de este hombre no conocían límite—. Buscamos por todas partes, incluso debajo de las viejas carcasas.


    —?Y en su casa? —pregunté.


    —Tampoco hay nada. Dafydd y algunos otros fueron con la muchacha. A cuidarla y eso.


    —?Maldiciones!


    —?Y ahora qué, Ma’stro Portador? Hemos buscado por todas partes —me preguntó el capataz, casi suplicando. No sabía qué responder.


    Cuando el grupo salió del bar para buscar a Elian, algunos pidieron a los trabajadores del puerto que se unieran a la búsqueda. Sin la influencia de Preocupación, varios decidieron sabiamente no involucrarse. Desafortunadamente —para mí— el capataz no era un hombre sabio. Aparentemente, era un viejo amigo de Elian, así que sin más, se unió a la muchedumbre.


    Y como los dioses parecían odiarme, terminó en mi grupo, junto con el tipo ruidoso y la mujer golpea-portadores. Viéndole el lado positivo al asunto, ella era la persona perfecta en caso de que necesitáramos a alguien para atacar brutalmente a un portador guapo y encantador.


    Me pregunté si sería bueno preguntar a los enanos y... Dioses, ?qué me pasaba? Me molestaba cuando me llamaban perro rompe-promesas por ser clei?iano, y sin embargo, aquí estaba, usando un viejo insulto. Daearannúnes. Qué hipocresía la mía. Los viejos hábitos eran difíciles de olvidar, pero no podía dejar que esos viejos prejuicios continuarán. Debía ser mejor que eso.


    Eran daearannúnes y así los llamaría.


    —?Elian no solía trabajar contigo, Merfyn? —preguntó la mujer al capataz. De todos los momentos para una charla trivial… Tal vez debería ir a la tienda de comestibles y comprarnos unas galletitas.


    —No. Solíamos ser amigos, yo y él. Le conseguí empleo y luego luego lo despidieron de la Sirena Sabrosa. Bebiendo en el trabajo ‘tra vez.


    —?La Sirena Sabrosa? —pregunté, un poco divertido por el nombre.


    —Sí. Es uno de los camaroneros —dijo el capataz, se?alando hacia los barcos al fondo de los muelles—. Si bien recuerdo, su tripulación fue la que casi te tira al agua, muchacho.


    ?Casi me tiran? Traté de repasar mis pasos, pero no recordaba cuándo había pasado eso. Algo en mi forma de actuar debió delatar mi confusión ya que el capataz respondió a la pregunta que no dije en voz alta.


    —Más temprano esta noche. O anoche, digo. Estabas como tonto en medio de los muelles, y mis hombres casi tropiezan contigo.


    —Oh, sí. Ya lo recuerdo.


    —?Crees que podría ser un polizón? Elian amaba ese maldito barco camaronero. Casi tanto como a su bebida. O su hija.


    Por improbable que pareciera, habíamos ya caminado frente a esos barcos una veintena de veces, era nuestra única pista.


    —Vale la pena revisar —acepté—. ?Tenemos que pedir permiso a alguien para mirar dentro del barco?


    —No. El capitán es meu’migo. Pe’o por favor no le prendas fuego ni nos conviertas en sapos, Ma’stro Portador.


    —No puedo prometer nada. ?Nos vamos?


    Mis tres compa?eros se rieron. Era el tipo de risa que nace del nerviosismo. La ansiedad nos comía por dentro. La pregunta tácita permanecía en el aire, fuera de nuestro alcance: ?qué pasaría cuando encontráramos a Elian?


    El capataz me agarró del brazo, alejándome de mis pensamientos sobre el pobre Elian. Por un momento pensé que iba a gritarme de nuevo, pero en cambio, se inclinó y me susurró al oído para que los demás no pudieran oír:


    —Yo te cubro las espaldas, meu‘migo. No dejaré que te caigas al agua.


    Asentí lentamente. Sus palabras eran sinceras. De alguna manera, sabía cómo me hacía sentir este lugar. Era algo peque?o, pero agradecí el gesto de todos modos. Tal vez el tipo no era tan malo después de todo.


    La actividad en el Muelle había disminuído mientras caminábamos de vuelta a donde había atracado el barco. Los otros grupos peinaban cada rincón del puerto. La luz de sus linternas era apenas visible a través de la niebla, o tal vez solo era la distancia la que hacía que sus luces lucieran más tenues. Gritaban algo, pero no lograba entender las palabras desde donde estábamos.


    Si acaso estaban llamando a Elian, nadie les respondió.


    El tipo ruidoso iba al frente de mi grupo. él llevaba nuestra linterna, una peque?a caja de madera con un mango de latón o cobre, pero estaba apagada. Aunque había algunas nubes en el cielo, las lunas gemelas proporcionaban suficiente luz para que no la necesitáramos aún. La Observadora estaba especialmente brillante, estando llena esta noche. Los candiles de gas en la calle cercana también nos daban un poco de luz adicional.


    Afortunadamente, la llovizna de la noche anterior ya había cesado, dejando solo cajas húmedas y tablas resbaladizas a nuestro paso.


    Esto era algo que nunca me había gustado de Kefnfor. Sus inviernos eran muy húmedos. No bastaba con los incesantes vientos marítimos o las olas que rompían contra sus costas, también teníamos que soportar seis meses de lluvias constantes. Desde las lloviznas más ligeras hasta los aguaceros más feroces, daba la impresión de que nunca para de llover. ?Por eso la llamaban la Ciudad de las Lágrimas?


    Esperaba poder dejar la isla en dos o tres lunas, antes de que terminara Iarna, el invierno. Pero había estado diciendo lo mismo durante los últimos tres a?os y aún seguía atrapado aquí.


    —?Portador! —gritó el tipo ruidoso, con la voz ya ronca—. Usa tu linterna. Esta maldita cosa me está quemando la mano.


    —Okey.


    Saqué la linterna de los bolsillos de mis pantalones. Era un modelo peque?o y cilíndrico que había comprado en los mercados de Cantamar. El tendero me aseguró que este nuevo modelo era uno de los mejores hasta ahora, con baterías que duraban hasta una hora. No había mentido. El único inconveniente era que su marco de metal se calentaba más rápido que los modelos de madera. Al menos era más práctico de cargar.


    La encendí. Tras un peque?o parpadeo, la bombilla comenzó a brillar. La lente era más peque?a que la de madera, por lo que su alcance era menor, pero nos serviría bien.


    Como no me sentía cómodo estando al frente, le entregué la linterna a nuestro líder no-electo. No dijo "gracias", pero sí gru?ó. Fue un gru?ido bastante amistoso, siendo honesto.


    Varias ratas corrían entre las cajas y las cuerdas esparcidas por los muelles, mientras peque?os espíritus de Júbilo las correteaban como jugueteando con los animalillos. No era posible, por supuesto, ya que las ratas no podían ver a estos espíritus con forma de monos, pero era una vista divertida. Debajo de nosotros, en las aguas ennegrecidas por la noche, Miedo hacía como que devoraba un pez muerto que flotaba por allí, atrayendo a otros depredadores o manteniendo alejados a los curiosos.


    Y más a lo lejos, el brillo intermitente de los pesqueros iluminaba el costado de los muelles con una luz púrpura que...


    ?Por qué brillaba un barco pesquero?


    Yo no era marinero ni pescador, ni nadie que supiera nada sobre barcos, pero estaba seguro de que los barcos no brillaban intermitentemente. O en absoluto.


    —Algo extra?o se acerca. Más cerca ahora.


    Era la misma voz de la noche anterior, cuando llegué al Muelle, y la misma sensación de familiaridad invadió mis pensamientos una vez más. Mis compa?eros no reaccionaron, ?por qué lo harían? Era un espíritu hablándole a aquellos que podían oírlo, ya fuera esos espíritus que también atraídos por extra?a curiosidad o los que que compartían su misma esencia. Y yo, por supuesto.


    —Quédense detrás de mí —dije, adelantándome al grupo. El ruidoso me entregó la linterna y dio un paso atrás. Por lo menos me hacían caso.


    Cuanto más me acercaba al pesquero, más intenso se volvía el brillo, pulsando con un calor cuyo soplo sentí en el rostro. La voz se había callado, pero mi mente fue inundada por un murmullo ininteligible. Era como el correteo de las ratas bajo cubierta, o las salomas cantadas por hombres borrachos. El sonido era bajo pero constante. Molesto.


    Cuando llegué a la embarcación, el navío dejó escapar un silbido estruendoso, como si soltara una ráfaga de vapor, era un sonido que, a juzgar por la reacción de los demás, solo yo pude oír. De pronto, las luces parpadeantes se detuvieron.


    El barco sabía que lo había visto.


    El camaronero parecía bastante simplón. A simple vista era solo otro barco de vapor de tama?o medio con los mástiles, aparejos y cabina habituales. Su casco estaba pintado de algún color oscuro que no podía distinguir con tan poca luz. Tal vez rojo o marrón.


    Pero, bajo esta máscara de mundanidad, una sola característica delataba su verdadera naturaleza: una cara que aparecía débilmente sobre el casco. Era el tipo de espejismo que uno ve en una noche fría cuando estás cansado y paranoico, cuando ves cosas moviéndose en las sombras. En este caso, la cara era real y estaba allí, mirándome.


    Puse mi mano en el casco del pesquero. Luego hice una pausa. Mis compa?eros seguro no estaban acostumbrados a este tipo de magia. ?Habían visto un Vestigio antes? Solo me quedaba esperar que no hicieran nada imprudente.


    —Sé que puedes verme —dije, ignorando las miradas extra?as del capataz y la mujer. Ellos eran irrelevantes en este momento; solo importaba el espíritu dentro de este Vestigio—. Yo también te veo, a través de la niebla y la oscuridad. Te lo ruego, háblame.


    El silencio fue mi respuesta. Literalmente.


    Por un breve momento, el viento detuvo sus suave aullidos, y los ruidos de las ratas correteando fueron reemplazados por un silencio demasiado profundo para ser natural. Incluso las olas, tranquilas como estaban bajo la mirada de la Observadora, contuvieron el aliento.


    This story has been taken without authorization. Report any sightings.


    —Eh, ?muchacho? —preguntó el capataz, agarrándome suavemente del hombro. Su rostro traicionaba su preocupación. Probablemente pensó que me había vuelto loco—. ?Por qué estás hablando con...?


    —Vete —respondió el barco camaronero—. No perteneces aquí, receptáculo de otro.


    Como lo había predicho, mis compa?eros se asustaron. El tipo ruidoso comenzó a maldecir a todos los dioses, usando blasfemias que jamás había escuchado. La mujer se escondió detrás de él, sus chillidos ahogando algunas de las palabrotas de su esposo. Al menos el capataz actuó un poco mejor, aunque estaba tartamudeando tanto como yo en un día bueno.


    —Cálmense —dije, tratando de ocultar mi molestia. Lo último que necesitábamos era a un trío de gallinas asustando al espíritu.


    —?Pero el nobby! —gritó el capataz—. El maldito nobby está hablando.


    —?Qué es un nobby? —pregunté.


    —Nosotros somos Nobby. Los marineros nos dieron ese nombre pues nacimos sin uno.


    —Mira, eh, Nobby —dije, sin estar seguro de si quería saber por qué se refería a sí mismo como “nosotros”—, necesito tu ayuda. Estamos buscando a un hombre desaparecido. Pensamos que podría estar escondido dentro de ti.


    —Vete —repitió—. No eres bienvenido aquí. No aceptas nuestra melodía. No podemos ayudar si te niegas a escucharla.


    —?Qué melodía? Puedo quedarme un ratito si lo que deseas es cantar. Solo te pido que nos ayudes a cambio.


    —Cantamos a aquellos atados a la muerte y al mar, para que puedan encontrar consuelo en recuerdos de oro. Tu corazón está cerrado a nuestras melodías. A nosotros. No eres de utilidad. Eres extra?o.


    En las últimas veinte horas, un daearannún me había insultado para después recibir un pu?etazo por una mujer que era al menos una cabeza más baja que yo. Ahora un Vestigio, un simple residuo de un espíritu muerto, me llamaba "demasiado extra?o". Qué día, caray.


    Al menos ya tenía una idea de qué espíritu se trataba. A?oranza. Eso explicaba la nostalgia que me había invadido desde que llegué al Muelle y posiblemente también explicaba los olores y salomas clei?ianas que escuché en cantina de Dafydd.


    El peque?o sinvergüenza había estado jugando con mi mente toda la noche anterior.


    Aun así, debía aprovechar la oportunidad. Si se negaba a hablar conmigo porque no escuchaba sus melodías, entonces tal vez hablaría con alguien que sí lo hacía. Y si mi memoria no me fallaba, mi amigo el “ruidoso” era un hombre de mar...


    —Compa —dije, acercándome al hombre con cuidado. Sorprendentemente, aún seguía recitando sus palabrotas—. Necesito tu ayuda. Habla con el Nobby. Trata de convencerlo de que nos ayude.


    —?Que hable con esa maldita cosa? ?Estás loco?


    —Sé que suena raro, pero es nuestra única pista. Podría saber dónde está Elian.


    —Vete al carajo, portador. No me voy a acercar a esa cosa ni a nada qué ver con esta mierda mágica.


    Ya sea que entendiera las palabras del hombre o que simplemente se estaba cansando de mi presencia, el pesquero comenzó a balancearse de forma amenazante. Las lámparas en su cubierta parpadeaban violentamente —algo que mis compa?eros sí vieron— y sus mástiles se retorcieron en formas imposibles hacia nosotros.


    ?Acaso estaba tratando de intimidarnos? Supongo que eso de "la voz no es una amenaza, simplemente está haciendo una observación" ya no aplicaba.


    —Yo puedo hacerlo —intervino el capataz. Su voz estaba temblando pero sus ojos no se apartaban del barco—. O al menos intentarlo.


    —Eso estaría bien —dije antes de que él cambiara de opinión.


    —?Qué le digo ella, portador?


    —Apela a su naturaleza. Es un espíritu de A?oranza. No creo que nos quiera lastimar. Tal vez solo quiera contar historias o recordar los viejos tiempos. Empieza por ahí. Tal vez funciona.


    El capataz asintió. Por un instante, dejó de ser el hombre descarado que solo sabía dar órdenes, el que actuaba como si fuera el due?o del lugar. Su voz se había suavizado y se le notaba un cierto aire de curiosidad en los ojos. La había llamado "ella".


    ?Había oído una voz diferente? Tal vez él había escuchado a un fantasma de su pasado, tal como yo había escuchado a mi hermanito.


    —Hola, s-s-se?or Espíritu —dijo el capataz mientras caminaba hacia el barco. Instintivamente caminé junto a su lado, por si acaso—. Escuché que no quieres ayudar a meu’migo. P-p-pero todos te necesitamos. Uno de los nuestros está esfumado. No trae con el pendiente.


    —Te conocemos. Siempre fuiste amable, incluso si nunca navegaste a nuestro lado. ?Eres feliz?


    —Sí, lo soy —respondió el capataz, confundido. No lo podía culpar. Los espíritus rara vez eran directos, no como las personas.


    —Tu corazón ya no anhela el mar. Has cambiado. Algo cercano a ti te hizo cambiar.


    —Mi hermana está pre?ada. La criatura nacerá en primavera. Quiero ser un buen tío para la cosita.


    —?Le contarás al ni?o sobre nosotros?


    El capataz me miró como buscando apoyo. Si intervenía, el espíritu se podría enfurecer y nos dejaría de hablar. Solo pude encogerse de hombros y asentir de forma alentadora. Me devolvió la sonrisa. Era una sonrisa algo linda. Por primera vez, noté que era un tipo muy bien parecido. Molesto y bastante grosero, pero era agradable al ojo.


    —Claro que lo haré. Estoy seguro de que al chamaco le encantará escuchar sobre el Nobby parlante que cuida el Muelle. Pero… ?me ayudarías a mejorar la historia? Elian era parte de tu tripulación. él siempre decía lo mucho que te amaba. Por favor, dinos si lo has visto.


    Oh, el capataz era bueno.


    El Vestigio no respondió. El resto del Muelle quedó en silencio como pintado en un lienzo. El barco estaba pensando. Su renuencia me preocupaba, pero ya no había vuelta atrás. Tal vez era nuestra única oportunidad de encontrar a Elian.


    Después de varios minutos insoportables, por fin habló.


    —El que buscas era de nosotros. Solo deseaba que todo volviera a ser como era. Restaurar el paraíso perfecto que ELLOS le habían negado —el espíritu se estaba inquietando, su voz posiblemente era un reflejo de la propia agitación de Elian. Estiré mi brazo frente al capataz, listo para intervenir si el Vestigio atacaba—. Ahora está PERDIDO. Su mente está ROTA. Se está escondiendo.


    —?Dónde? —preguntamos los dos al mismo tiempo.


    —Le mostraremos el camino a tu portador —dijo el Nobby, dirigiéndose al capataz—. él puede ver nuestras luces.


    Antes de que pudiera preguntar a qué se refería con "nosotros", la respuesta apareció frente a mí. Veintenas de barcos comenzaron a brillar, sus luces parpadeando con el mismo ritmo inquietante del Nobby. Casi todos los cerqueros, arrastreros y demás tipo de buques pesqueros se balanceaban con la misma fuerza que el que teníamos delante. Al parecer, casi todos los barcos en este maldito puerto eran Vestigios de A?oranza.


    —Ma’stro Portador —dijo el capataz—. ?Y ahora qué?


    —Me está mostrando el camino. Síganme.


    Sin perder otro segundo, di varias zancadas por los muelles, siguiendo las luces intermitentes de los Nobbis. Mis compa?eros todavía estaban conmocionados por la experiencia —?quién no lo estaría?— pero me seguían el ritmo. El tipo ruidoso, cuya propia linterna ardía en su mano, caminaba justo a mi lado.


    Detrás de nosotros, el sonido de gritos ininteligibles y pasos corriendo por los tablones llenaban el aire. ?Acaso alguien había alertado al resto del grupo de búsqueda?


    No me detuve a averiguarlo. Las palabras del Vestigio eran preocupantes. Si Elian estaba poseído por A?oranza, sus emociones se estaban filtrando en los otros espíritus del puerto. Pero ya no se trataba solo de A?oranza. Estos Vestigios estaban llenos de ira. Furia o Frenesí.


    Tras veinte minutos llegamos a nuestro destino: algún tipo de choza o cobertizo abandonado. El capataz me dijo que probablemente se había usado para almacenar herramientas de los pesqueros o viejas ca?as de pescar, antes de la renovación del puerto. No me daba buena pinta.


    —Quédense aquí —dije—. Voy a entrar.


    —No puedes... —protestó el capataz.


    —No —declaré. No estaba de humor para jueguitos. No podía arriesgarme a que alguno de ellos terminara herido o muerto. —Lo que sea que esté adentro... podría ser peligroso. Yo traeré a Elian.


    Mis tres compa?eros se miraron mutuamente, sus rostros estaban llenos de preocupación. Una parte de mí quería asegurarles que todo estaría bien, pero no tenía ganas de mentir. Tal vez les explicaría lo que le había pasado a su amigo cuando todo esto terminara.


    —Ten cuidado, portador —dijo el capataz—. Pero iremos pa’dentro si oímos problemas.


    Abrí la puerta y me aventuré dentro de la choza-cobertizo, linterna en mano.


    El espacio era más grande de lo que veía por fuera y estaba inhumanamente silencioso. Los únicos sonidos eran el tintineo de las botellas tiradas por todo el suelo que caían cuando pasaba junto a ellas. Supuse que habían sido de Elian.


    Las ventanas tapiadas amortiguaban las voces que provenían del exterior. Probablemente más hombres se habían unido a mis compa?eros de afuera. Recé para que nadie me siguiera. Tenía un mal presentimiento sobre este lugar.


    ?Qué era esta sensación en mi pecho? Si se trataba del espíritu en mi interior, no hubo respuesta cuando le hablé. Nunca la había.


    Una pala rota se apoyaba contra la pared. La tomé mientras me maldecía por no haber traído un arma de verdad —no pensé que necesitaría una— pero el mango roto tendría que bastar.


    Entonces lo oí. Un chillido, el grito desesperado y frenético de algún pobre animalillo, interrumpido abruptamente por un silencio sobrenatural.


    Deseé que hubiera algún espíritu de cualquier tipo que pudiera decirme qué era lo que me esperaba más adentro. Pero no había ninguno. Su ausencia total era bastante reveladora. Este lugar estaba intrínsecamente mal.


    Otro chillido vino de la parte trasera. Seguido por otro y luego otro. Todos seguían el mismo patrón de creciente desesperación antes de ser silenciados con un golpe. Seguí los gritos de las pobres criaturitas.


    Al llegar a la habitación más alejada de la puerta, lo vi. Encorvado de espaldas en un rincón. Un montón de ratas yacían en el suelo frente a él con marcas de mordiscos en sus diminutos cuerpos y faltándoles enormes trozos de carne. Sus peque?as caras habían quedado congeladas en una expresión de terror absoluto.


    La sangre emanaba bajo el hombre encorvado, formando un charco que se extendió por toda la habitación. Se las estaba comiendo... no. Las estaba devorando como alguien que no había comido un solo bocado en semanas. Había desesperación y dolor en su forma de respirar.


    Se estaba convirtiendo en un Deshecho.


    —Elian —le llamé, con mi “arma” en mano—. Tu hija me envió. Está preocupada por ti, compa.


    El hombre, o monstruo, no respondió. Su presa había intentado huir cuando me vio, pero no pudo escapar. él era más rápido. Imposiblemente rápido.


    —Lo que sea que estés sintiendo, te puedo ayudar. Déjame ayudarte.


    —Tanta hambre —gru?ó. Su voz sonaba distante e inhumana—. Tengo tanto frío. El hambre duele. Tanto dolor. Por favor...


    Elian se abalanzó sobre mí con una velocidad inhumana antes de que siquiera pudiera reaccionar. Sus músculos se retorcían tanto que pude oír crujir de huesos bajo su piel. Era un sonido húmedo y enfermizo.


    Lo pateé con toda la fuerza que pude reunir en un intento desesperado que lo envió dando tumbos unos metros atrás.


    El impacto hizo que mi linterna cayera al suelo, lejos de mí. Pero no necesité su luz para ver el rostro del monstruo.


    Sus ojos ardían con fuego líquido que goteaba sobre su rostro como lágrimas infernales. Este fuego, si es que se le podía llamar así, había derretido parte de su cara, atravesando carne y hueso. Mientras se movía para ponerse de pie, una gota de este fuego cayó sobre una de las ratas, quemando su carne en meros segundos.


    Su brazo izquierdo, o lo que quedaba de él, también se había deformado. La carne se retrajo hasta el hombro, dejando al descubierto sus huesos. Pero en lugar de un esqueleto normal, sus huesos se habían combinado en una especie de cuchilla con dientes serrados cubiertos por trozos de carne y sangre seca.


    Estaba listo cuando la criatura volvió a atacar. Tomé el arma con ambas manos y la blandí con todas mis fuerzas, golpeándolo en el lado derecho del rostro. Algo en su cráneo se quebró con un sonido hueco.


    La criatura se detuvo en seco.


    Me preparé para golpear de nuevo, sintiendo una oleada proveniente de mi propio espíritu mientras la criatura...


    —?Es así como SALVAS a la gente, portador?


    Sentí un escalofrío recorrer mi espalda.


    Acostado junto a mi linterna, con las patas delanteras cruzadas de forma burlona, una bestia corpulenta me observaba mientras yo trataba de luchar contra el Deshecho Elian. Parecía alguna especie de gato gigante, con un cuerpo musculoso y una cabeza grande y redondeada. Sus enormes ojos amarillos brillaban con un toque siniestro, y sus fauces goteaban algo parecido a la sangre y... ?acaso era humo lo que emanaba de su boca? Lo más inquietante era el pelaje dorado cubierto de manchas oscuras que bailaban como las sombras de una llama parpadeante.


    Jamás había visto un espíritu de este tipo.


    —Sí, has visto a uno como yo —respondió como si pudiera escuchar mis pensamientos—. ?Acaso me has olvidado? Ay, me hieres, mi ni?o.


    —??D-d-d-d-desesperanza?! —traté de decir, mi voz fallándome peor que nunca—. ?P-p-p-pero eso es imp-p-p-posible!


    El espíritu movió la cabeza como si tratara de apuntar a algo detrás de mí. No supe si me estaba advirtiendo o solo burlándose. De cualquier forma, ya era tarde..


    —Buenas noches, pajarito. No dejes que este fracaso te consuma.


    Elian me apu?aló con su largo brazo en forma de cuchilla cuando traté de voltear.


    El dolor fue inmenso, enviando descargas de agonía a cada rincón de mi cuerpo. Sentí como si mis entra?as estuvieran ardiendo. Mis ojos se giraron instintivamente hacia abajo, como si tuvieran mente propia, atraídos por los torrentes de sangre que brotaban de mi pecho.


    Con el dolor en aumento y los pensamientos de Desesperanza inundando mi mente, el mundo se tornó oscuro.
『Add To Library for easy reading』
Popular recommendations
Shadow Slave Beyond the Divorce My Substitute CEO Bride Disregard Fantasy, Acquire Currency The Untouchable Ex-Wife Mirrored Soul