《La Paradoja del Quetzal: Kefnfor [Español | Spanish]》 Entrega 1: El Horror Bajo el Muelle de Eldryn — Parte 1 Korax 17 ¡ª Inselaciune 1, 1308 El mar siempre me llen¨® de terror. Lo cual, en retrospectiva, ten¨ªa mucho sentido, considerando que me hab¨ªa ahogado m¨¢s veces de las que quisiera recordar. Esa sensaci¨®n se arrastr¨® de vuelta cuando regres¨¦ a los muelles. Te habr¨ªas re¨ªdo, con esa maldita sonrisa tuya, si me hubieras visto. Casi iba de puntillas, como si se me hubieran ca¨ªdo las agujas de mam¨¢, sin siquiera acercarme a la orilla del entablado. Solo deseaba estar en cualquier otro lugar menos aqu¨ª. Pero no funcion¨®. Nunca funcionaba. Solo bastaba echar una mirada entre las grietas ¡ªesos malditos huecos entre los tablones¡ª para recordar lo que hab¨ªa all¨¢ abajo. Entonces regresaban los recuerdos. El agua cerr¨¢ndose a mi alrededor, la lucha por respirar, la oscuridad que me abrazaba mientras ca¨ªa¡ª ¡ª?Ap¨¢rtate, muchacho! Los bramidos del capataz me devolvieron a la realidad. Me tambale¨¦ hacia atr¨¢s, alej¨¢ndome del borde, y mascull¨¦ una disculpa. Me tom¨® un minuto orientarme de nuevo. Lamentablemente, a¨²n segu¨ªa en el Muelle de Eldryn. ?Por qu¨¦ demonios hab¨ªa venido aqu¨ª? Le hab¨ªa prometido a la ni?a que encontrar¨ªa a su padre. Pero, ?solo era eso? La hab¨ªa conocido durante el Festival del Coral hac¨ªa unas noches atr¨¢s. Ella dijo que su viejo estaba perturbado, como si no fuera el mismo de siempre. Casi me march¨¦ en ese instante, listo para tachar al hombre de ser un simple borracho m¨¢s. Pero entonces lo describi¨® con la otra palabra¡­ "afligido". Esa palabra me hab¨ªa tra¨ªdo al Muelle. Era una posibilidad remota, pero si un esp¨ªritu estaba involucrado, ten¨ªa que ayudarlo. Ech¨¦ otra mirada a este lugar, el puerto m¨¢s antiguo de Kefnfor, recorriendo con la vista la escena tranquila. A estas alturas cualquier pista era bienvenida. Justo a mi derecha, un grupo de humanos y enanos descargaba cajas y redes de un pesquero reci¨¦n llegado. El capataz, el mismo tipo tan encantador de antes, ladraba ¨®rdenes como si fuese el due?o del lugar. Transportaban la pesca del d¨ªa a los almacenes junto a la vieja estaci¨®n ballenera, en el lado norte del puerto. Tan ocupados estaban con sus tareas, que no me pareci¨® que dicho grupo fuera a tolerar mis preguntas. Podr¨ªa convencerlos de hablar ¡ªun simple susurro de magia bastar¨ªa¡ª pero el esfuerzo me pareci¨® excesivo. Descartados ellos, solo me quedaba el capataz. Fant¨¢stico. Mientras me acercaba para interrogarlo, una voz me par¨® en seco. Era una voz extra?amente familiar, murmurando a trav¨¦s de la niebla. ¡ªAlgo se acerca. Algo extra?o. Mi esp¨ªritu acompa?ante me inst¨® a no preocuparme. La voz no era una amenaza y simplemente estaba haciendo una observaci¨®n. Pero s¨ª me preocup¨¦. ?Qu¨¦ me estaba observando? Incluso si la peque?a brasa dentro de m¨ª ¡ªmi compa?ero, como me gustaba llamarle¡ª insist¨ªa en que la voz no era hostil, yo no estaba del todo convencido. Necesitaba otro enfoque, al menos hasta que supiera qu¨¦ tipo de esp¨ªritu se hab¨ªa interesado en m¨ª. Sin m¨¢s, me di la vuelta y regres¨¦ a la calle que corr¨ªa paralela a los muelles. El Muelle de Eldryn era el coraz¨®n de esta ciudad-estado, al menos en lo que respectaba al comercio. Las tiendas que inundaban la calle principal eran un claro reflejo de ello. Aqu¨ª pod¨ªas encontrar cualquier cosa, desde suministros de pesca y restaurantes de mala muerte, hasta algo llamado El Emporio de Ropa de Morgan e Hijos, un nombre demasiado fino para una tienducha m¨¢s en el Muelle. Incluso se podr¨ªa comprar informaci¨®n sobre un hombre desaparecido¡­ si se ten¨ªan suficientes monedas. Por el camino, pas¨¦ frente a una peque?a tienda de comestibles, m¨¢s destartalada que las dem¨¢s, con la pintura descascarada y un letrero bastante descolorido. Una mujer caminaba inquieta en el interior, rellenando los estantes y limpiando mostradores con un trapo viejo. Una ni?a peque?a la segu¨ªa, sosteniendo una mu?eca con una mano y un cubo de agua sucia con la otra. Y all¨ª, escondido entre los frascos de miel y las latas de salm¨®n, un peque?o esp¨ªritu ¡ªAfecto, por lo visto¡ª observaba la escena con silencioso deleite. Solt¨¦ una risita. Parte de m¨ª quer¨ªa entrar, arrinconar al peque?o esp¨ªritu y preguntarle qu¨¦ le fascinaba tanto. Parec¨ªa m¨¢s viejo que la mayor¨ªa de los esp¨ªritus de por aqu¨ª. Solo imagina las historias que tendr¨ªa para contar. L¨¢stima que no pod¨ªa detenerme a charlar con ¨¦l. Mi destino era otro. Un lugar de carcajadas y cantos desafinados, donde los trabajadores del puerto iban a relajarse despu¨¦s de un largo d¨ªa bajo el sol: la cantina de Dafydd. Con suerte, alguien adentro podr¨ªa decirme d¨®nde encontrar al hombre desaparecido, o al menos darme una peque?a pista que me ayudara en mi b¨²squeda. La cantina estaba escondida en las estrechas calles que separaban el puerto del resto de la ciudad. Ventanas palladianas y ladrillo viejo suger¨ªan que el edificio era m¨¢s antiguo que la mayor¨ªa de los otros en el Muelle, y sin embargo, no parec¨ªa fuera de lugar. Era como si las estructuras circundantes hubieran crecido a partir de la cantina, o como si trataran de imitar su estilo tan peculiar. Pero lo que m¨¢s amaba de este lugar eran los candiles de aceite que colgaban de la fachada, proyectando su brillo suave y c¨¢lido sobre la acera. Ll¨¢mame anticuado, pero no soportaba las l¨¢mparas de gas que se usaban en el resto de la ciudad, y mucho menos esas nuevas monstruosidades el¨¦ctricas que hab¨ªan aparecido en los distritos m¨¢s opulentos. Como era de esperar, la cantina estaba al tope. Incluso hab¨ªan sacado barriles y cajas enormes para usar como mesas improvisadas para los clientes que no cab¨ªan dentro. Aun as¨ª, muchos tipos quedaron de pie, bebida en mano, riendo y cantando con una alegr¨ªa que no sabr¨ªa describir. Unos enanos eran particularmente ruidosos, compartiendo historias de sus, y cito textualmente, "problemas con las se?oritas". Encantador. Tras entrar, la calidez del lugar me super¨®, y los olores y sonidos de la cantina inundaron mis sentidos, despertando una sensaci¨®n de nostalgia fren¨¦tica. Todas las mesas estaban abarrotadas de hombres y mujeres de todo nivel social, bromeando como si fueran compa?eros de toda la vida. Una cacofon¨ªa de m¨²sica y charlas de borrachos llenaba el aire. Algunos tipos incluso cantaban ¡ªbastante mal, por cierto¡ª viejas salomas clei?ianas, mezcladas con algunas melod¨ªas de Kefnfor m¨¢s modernas. Y los olores¡­ ?Uy! El lugar apestaba a frijoles, cerdo, un toque de p¨¢prika y, por supuesto, eneldo. Estofado Ahumado de Frijoles Clei?ianos. Hubiera reconocido ese olor en cualquier lugar. Y por supuesto, estaban los esp¨ªritus, escondidos en cada rinc¨®n y grieta, observando en silencio desde su mundo invisible. La mayor¨ªa flotaba sin rumbo, justo al margen de mi visi¨®n, saltando de mesa en mesa o desliz¨¢ndose bajo los mostradores, para al final desaparecer tras paredes. Algunos ni siquiera se molestaban con las pretensiones del Mundo F¨ªsico, esfum¨¢ndose en el aire con un chasquido que la mayor¨ªa de la gente ni registrar¨ªa. Una sensaci¨®n que recordar¨ªan s¨®lo en sue?os, y que olvidar¨ªan nuevamente al despertar. Pero tambi¨¦n estaban los otros. Los curiosos. A los que s¨ª ten¨ªa que vigilar. Por suerte para m¨ª, un espejo colgaba detr¨¢s del mostrador, perfecto para observar a los esp¨ªritus. Desafortunadamente, el que atend¨ªa la barra esa noche era el mism¨ªsimo due?o de la cantina. El viejo enano me odiaba. No hab¨ªa otra forma de decirlo. Un cliente normal podr¨ªa conseguir una cerveza y un plato de papas por el m¨®dico precio de un bani. Por mi parte, yo tendr¨ªa que desembolsar tres o cuatro por un vaso de jugo amargo y las sobras del d¨ªa. Mi ¨²nico consuelo era que el viejo avaro amaba m¨¢s el dinero de lo que me odiaba a mi. ?Era tonto gastar cuatro o cinco banis solo para verle hacer un berriche por culpa de los malvados portadores? Probablemente. ?Val¨ªa la pena? Absolutamente. Sin m¨¢s opci¨®n que hacerle frente a mi n¨¦mesis, me arm¨¦ de valor y tom¨¦ asiento en el mostrador. Ese no era el momento para las mezquindades. Necesitaba su ayuda. El cantinero conoc¨ªa a todos en el Muelle, lo cual lo convert¨ªa en mi mejor opci¨®n para encontrar al pap¨¢ de la peque?a. ¡ª?Buenas noches, compa?ero! ¡ªdije, tomando asiento¡ª. Noche ajetreada, ?no? Espero que el negocio vaya viento en popa. El enano se acerc¨® apenas me sent¨¦. Siempre lo hac¨ªa. Probablemente pensaba que mientras m¨¢s r¨¢pido hiciera mi pedido, m¨¢s pronto me ir¨ªa. Se limit¨® a mirarme con sus peque?itos ojos amarillos y, grabado en su estrecho hicico, el mismo ce?o fruncido de siempre. Una mano, cubierta con ese pelaje azul cobalto tan com¨²n en la isla, formaba un pu?o. Con la otra se rasc¨® la oreja buena, la que no ten¨ªa cicatrices. Tras varios segundos del silencio inc¨®modo que formaba parte de nuestro ritual habitual, el hombre dej¨® escapar un suspiro teatral. No dijo ni una palabra. Pero tampoco me ech¨® a patadas. Eso contaba como una victoria, ?cierto? ¡ª?Podr¨ªas traerme un poco de sidra de manzana y unas papas fritas? ¡ªpregunt¨¦, interpretando su silencio como permiso para hablar. ¡ªDos banis. ¡ªAqu¨ª tienes. Adem¨¢s me preguntaba si¡­ El enano arrebat¨® las dos monedas del mostrador y se march¨® sin m¨¢s. La misma rutina de siempre. Por un segundo me pregunt¨¦ si hab¨ªa hecho lo correcto al venir aqu¨ª. El cantinero me detestaba y probablemente a todo portador que entraba por la puerta de su cantina. En realidad, no pod¨ªa culparlo, considerando como ve¨ªan el uso de magia aqu¨ª en Kefnfor. Aun as¨ª dol¨ªa. Algunos de nosotros solo quer¨ªamos una merienda decente, un poco de charla amistosa e informaci¨®n acerca de un hombre enloquecido que a lo mejor estaba a dos palabras de transformarse en un Deshecho. ?Acaso estaba pidiendo demasiado? Seguro el capataz no me habr¨ªa tratado as¨ª. Mientras el enano iba por mi pedido ¡ªojal¨¢ sin escupitajos esta vez¡ª ech¨¦ un vistazo al espejo. Era una buena oportunidad para vigilar a los invitados invisibles de la cantina y, quiz¨¢s, arreglarme el pelo. Unos mechones se hab¨ªan soltado con la brisa. La maldita pomada que hab¨ªa comprado en los mercados del Octante no funcionaba para nada. La peor inversi¨®n de mi vida. Support the creativity of authors by visiting Royal Road for this novel and more. Algo que nunca entend¨ª de los esp¨ªritus era la forma en la que percib¨ªan el mundo. Cuando tomaban sus formas animales imitaban perfectamente a sus respectivas bestias. Pero hab¨ªa ciertas cosas, ciertas acciones, que delataban su naturaleza et¨¦rea. Tomemos los espejos, por ejemplo. Los esp¨ªritus no parec¨ªan verlos. O mejor dicho, no parec¨ªan ver a trav¨¦s de ellos. A excepci¨®n de algunos como Verdad, Intuici¨®n y Orgullo, los esp¨ªritus parec¨ªan no entender c¨®mo funcionaba realmente un espejo. En una ocasi¨®n pas¨¦ horas observando a un peque?¨ªn a trav¨¦s de un espejo de bolsillo, y el esp¨ªritu jam¨¢s reaccion¨®. As¨ª fue como descubr¨ª que los espejos eran perfectos para mantener vigilados a los bastardos et¨¦reos sin que estos se dieran cuenta. ?Y qu¨¦ mejor lugar para usar ese truco que en una cantina tan acogedora como esta? Pod¨ªa usar un ojo para vigilar al enano y el otro para asegurarme de que los esp¨ªritus no estuvieran haciendo nada extra?o. Muy extra?o. Si tuviera un tercer ojo, tal vez lo usar¨ªa para pensar en un peinado que no se convirtiera en una mara?a con la brisa. L¨¢stima, los dioses eran crueles y solo me dieron dos ojitos. Por suerte, solo un pu?ado de esp¨ªritus me llam¨® mi atenci¨®n. Cerca de la puerta principal, un peque?o esp¨ªritu de Deseo se deslizaba entre las monedas de un grupo que jugaba a las cartas, su piel transl¨²cida palpitando de forma brillante cada vez que alguien robaba. En la mesa junto a ellos, Tristeza se balanceaba de las vigas del techo, llorando mientras escuchaba la historia de un marinero. No pod¨ªa o¨ªr lo que el hombre dec¨ªa, pero a juzgar por c¨®mo el esp¨ªritu se secaba las l¨¢grimas con su cola, supuse que era una historia tr¨¢gica. M¨¢s adentro, un esp¨ªritu de Traici¨®n, parecido a un xoloitzcuintle, dorm¨ªa a los pies de una mujer que se ve¨ªa demasiado amistosa con el hombre a su lado. Seguro no era su marido. Sin embargo, lo que m¨¢s me sorprendi¨® fue la gran cantidad de esp¨ªritus de Preocupaci¨®n que hab¨ªa en la cantina. Cont¨¦ al menos veinte al entrar, y ese n¨²mero ya se hab¨ªa duplicado. Lo extra?o era que no estaban haciendo nada, simplemente flotaban sin rumbo entre la clientela, como si esperaran algo. ?Acaso me hab¨ªan seguido? Su presencia aqu¨ª me inquiet¨®. ¡ªTu comida ¡ªgru?¨® el enano, azotando el plato frente a m¨ª. ¡ªEspera un segundo ¡ªdije, sonando un poco m¨¢s desesperado de lo que me habr¨ªa gustado¡ª. Quer¨ªa pedirte un favor. Estoy buscando a un compa m¨ªo. Pens¨¦ que tal vez lo hab¨ªas visto. ¡ª?Un ¡°compa¡±? ¡ªHa desaparecido, ?sabes? Es un poco bajo para ser humano, pelirrojo, de ojos verdes¡­ ¡ªUn portador ¡ªdijo el enano secamente. No era una pregunta. Me hab¨ªa pillado. La palabra ten¨ªa el suficiente veneno como para acabar con todo un poblado. ¡ªS¨ª ¡ªadmit¨ª. Ten¨ªa que elegir mis palabras cuidadosamente¡ª. Puede ser. Su hija piensa¡­ ¡ªTienes tu comida. C¨®mela. Malditos los dioses. ?Por qu¨¦ era tan dif¨ªcil este hombre? Pens¨¦ en tratar de sobornarlo, pero algo me dijo que no ceder¨ªa. Tendr¨ªa que convencerlo a la antigua. ¡ªMi compa trabaja en uno de los almacenes de por aqu¨ª ¡ªdije, ignorando su rechazo¡ª. Tal vez en la vieja estaci¨®n ballenera. Se llama Elian. ¡ªElian. ¡ªCh¨ª. ?Lo conoces? Seguro era uno de tus clientes. Siempre le gustaron los buenos licores. ¡ªA mucha gente le gustan. Esto es una cantina. ¡ªClaro, por supuesto. Su hija dijo que a veces le gustaba venir aqu¨ª. Por eso pens¨¦ que¡­ ¡ªPide ayuda a los Hospitalarios. O a los guardias de la ciudad. Yo no lo he visto. ?Dioses! Como quer¨ªa aplastar esa cara vulpina suya. ¨¦l sab¨ªa algo, estaba seguro de ello. La forma en que hab¨ªa dudado cuando dije el nombre, y la forma en la que sus puntiagudas orejas se hab¨ªan aplastado y vuelto hacia atr¨¢s. Estaba agitado, o incluso asustado. Odiaba usar magia a menos que fuera absolutamente necesario ¡ªsiempre pasaba algo¡ª pero el enano no me dej¨® opci¨®n. Mir¨¦ al esp¨ªritu que se arrastraba por el mostrador, su cola anfibia dejando un rastro de baba a su paso. No era grande, un poco m¨¢s chico que el brazo del enano, pero su presencia era algo inquietante. Su cabeza era ancha y plana, como la de una serpiente que hab¨ªa sido pisada, con ojos vac¨ªos y peque?os que ofrec¨ªan una sensaci¨®n de consuelo al mirarlos directamente. Pero este no era solo un esp¨ªritu. Algo en ¨¦l estaba mal. Casi se pod¨ªa saborear lo incorrecto de este ser. El cuerpo de la criatura estaba cubierto de escamas oscuras que formaban placas cubiertas de una sustancia parecida a la sangre. Y en cada articulaci¨®n de su diminuto cuerpo ¡ªrodillas, codos, cola, e incluso sus nudillos¡ª hab¨ªa una boca abierta y voraz, llena de hileras de diminutos colmillos afilados. Preocupaci¨®n. Una combinaci¨®n retorcida entre Compasi¨®n y Miedo. Volv¨ª a hablar, manteniendo mi voz suave y firme¡­ o tan firme como me lo permit¨ªa el tartamudeo. Fing¨ª dirigirme al enano mientras enfocaba mis palabras en el esp¨ªritu. ¡ªPor favor, necesito su ayuda. Estoy preocupado por Elian. Podr¨ªa estar en peligro. Podr¨ªa ser un peligro para otros. ?No estar¨ªas preocupado tambi¨¦n si se tratara de tu amigo? Los ojos del enano se estrecharon en dos finas l¨ªneas. Todav¨ªa no se lo tragaba. Pero ya no importaba. Preocupaci¨®n mi miraba fijamente, sus diminutos ojos negros perdidos en los m¨ªos. Ten¨ªa toda su atenci¨®n. El esp¨ªritu flot¨® por el aire y detr¨¢s del mostrador, desliz¨¢ndose junto al enano. Su cola, una parodia grotesca de la de un axolote, se sacud¨ªa de lado a lado, goteando su baba espectral sobre los pisos de madera. De pronto, sin siquiera tocar al hombre, el esp¨ªritu hizo su magia. Poco a poco su influencia se entrelaz¨® con las propias emociones del enano. Casi se pod¨ªan ver los engranajes girando tras sus ojos mientras Preocupaci¨®n se apoderaba de ¨¦l. Sin m¨¢s, sus ojos se abrieron de par en par y su boca comenz¨® a temblar. Se inclin¨® m¨¢s cerca, casi vacilante, lo suficientemente cerca como para oler el sudor que bajaba por su frente. ¡ªQuiero ayudar. Es solo que... ¡ªel cantinero vacil¨®, su voz temblando con cada palabra¡ª. No s¨¦ a d¨®nde fue Elian. Lo vimos hace tres d¨ªas, y luego¡­ nada. ¡ª?Por las tetas de la Navegante, Dafydd! ¡ªrugi¨® un hombre desde el otro extremo del mostrador, su voz ahogando todos los dem¨¢s ruidos de la cantina¡ª. ?Dile la verdad al maldito portador! El hombre se dirigi¨® hacia m¨ª, cubriendo la distancia en un instante. Confirmando que yo era el "maldito portador" en cuesti¨®n. Genial. Por eso odiaba usar magia. Lo ¨²nico que se consegu¨ªa eran insultos de a gratis y marineros gritando en mi cara. ¡ª?Buscas a Elian, no? ¡ªespet¨® el hombre, con los ojos entrecerrados. ¡ªS¨ª. Su hija me pidi¨® que lo hiciera. No lo ha visto en d¨ªas. ¡ªBorracho in¨²til, ese. Perdi¨® su trabajo con los Branwen por beber en el trabajo. Maldito desperdicio de hombre, no puede mantener un trabajo para comprarle un pan a su propia hija. ¡ªEntonces, ?d¨®nde trabaja...? ¡ªtrat¨¦ de preguntar, pero el hombre me interrumpi¨® de nuevo. Realmente estaba empezando a odiar al tipo. Tal vez la hostilidad del enano no era tan mala despu¨¦s de todo. Al menos me dejaba hablar. A veces. ¡ªEn alg¨²n restauransucho junto a la ballenera. Los Branwen lo construyeron para sus trabajadores. Malditos imb¨¦ciles. Todos est¨¢bamos tratando de alejarnos del hedor a grasa y sangre. ¡ªCreo que conozco el lugar ¡ªdije¡ª. Deber¨ªa ser f¨¢cil llegar desde aqu¨ª. Gracias por¡­ ¡ª?Vas solo? ¡ªpregunt¨® otro hombre detr¨¢s m¨ªo. Me hab¨ªa dado cuenta de que cada vez m¨¢s personas se acercaban para escuchar acerca del buen Elian. Esperaba que solo fueran unos cuantos chismosos. Obviamente, me hab¨ªa equivocado. ¡ªSi Elian es un portador ¡ªcomenc¨¦, tratando de razonar con ellos¡ª, podr¨ªa ser peligroso. Ser¨ªa mejor si fuera solo¡ª El pu?etazo lleg¨® de la nada. No fue el marinero ruidoso ni el chismoso de antes. Ni siquiera el enano, aunque apuesto a que se mor¨ªa de ganas de hacer eso desde hace tiempo. No. Una mujer de mediana edad, una comerciante o algo as¨ª a juzgar por sus ropas, se hab¨ªa tomado la molestia de darle un buen gancho al "maldito portador". La fuerza del golpe, o tal vez solo la sorpresa por lo absurdo que era todo esto, me mand¨® al suelo. Pero lo que realmente me preocupaba era la multitud de rostros enfadados que ahora se cern¨ªan sobre m¨ª. ¡ªNi de co?a ¡ªbram¨® la golpeadora¡ª. Elian es uno de los nuestros. Cuidamos de los nuestros y cuidamos de nuestro puerto. No necesitamos que un perro rompe-promesas nos diga qu¨¦ hacer. Este es nuestro sustento. ¡°Perro rompe-promesas.¡± As¨ª que esa frase a¨²n estaba de moda. No la hab¨ªa escuchado en a?os e incluso pens¨¦ que ya lo hab¨ªan superado. Suspir¨¦ internamente. Las caras podr¨ªan cambiar pero los prejuicios no. ¡ªNo lo entender¨ªas, portador ¡ªdijo el enano, su voz sorprendentemente fuerte desde el otro lado del mostrador. Sus manos hab¨ªan formado un par de pu?os que templaban con una mezcla de ira y miedo¡ª. Puede que esto no signifique nada para tu cala?a, pero el Muelle es todo lo que tenemos. Iremos contigo. Por el rabillo del ojo, vi a Preocupaci¨®n saltando arriba y abajo, pr¨¢cticamente temblando de placer. Si no supiera mejor, habr¨ªa jurado que estaba feliz. Si se tratara de pelear con ellos, seguro les ganaba. El problema ser¨ªa explicarle a los guardias de la ciudad por qu¨¦ hab¨ªa noqueado a los clientes inocentes de una peque?a cantina en el Muelle. Suspir¨¦. Siempre se pagaba un precio al usar magia y siempre hab¨ªa una trampa. Al menos hab¨ªa conseguido mi pista. ¡ªOkey, pues, ¡ªced¨ª¡ª. Pero qu¨¦dense cerca. No ser¨ªa bueno pa¡¯l negocio si las cosas se ponen feas, ?no? ¡ª?Se pondr¨¢n feas las cosas? ¡ªpregunt¨® el cantinero. ¡ªEspero que no. La m¨²sica se hab¨ªa detenido. Los meseros estaban despejando las mesas mientras los clientes pagaban sus cuentas. El ambiente hab¨ªa cambiado. Tal vez fue por mi culpa o la de Preocupaci¨®n, o incluso de ambos. No importaba. Varios hombres, humanos y enanos por igual, formaban grupos para ayudar a buscar a nuestro hombre desaparecido, hablando de planes y posibles lugares donde empezar. Se me hizo un nudo en el est¨®mago y el coraz¨®n se me aceler¨®. Estos hombres estaban m¨¢s que dispuestos para el peligro. ?Era la influencia de Preocupaci¨®n lo que me hac¨ªa sentir preocupado? No¡­ era algo m¨¢s. Hab¨ªa algo en la forma en que hablaron de Elian. Algo no encajaba del todo. Dese¨¦, no por primera vez, que mi propio esp¨ªritu me pudiera guiar o realmente hablar conmigo. Pero ¨¦l permaneci¨® en obstinado silencio. No me gustaba esta sensaci¨®n en lo absoluto. Mientras la multitud se dispersaba, el tipo ruidoso se acerc¨® y me ayud¨® a levantarme. Me dijo que sent¨ªa lo de los gritos e incluso se disculp¨® por el pu?etazo de su esposa. Le dije que no se preocupara. Mi mejilla a¨²n palpitaba donde justo donde el pu?o hab¨ªa aterrizado, pero sab¨ªa que no habr¨ªa moret¨®n. Mientras me dirig¨ªa a la puerta, mi mano se desliz¨® instintivamente en mi bolsillo. Con alivio comprob¨¦ que los pocos bani y caini que cargaba conmigo no se me cayeron al caer. Antes de salir de la cantina ¡ªeste establecimiento tan decente y refinado¡ª mir¨¦ hacia atr¨¢s una ¨²ltima vez. Los esp¨ªritus de Preocupaci¨®n se felicitaban por un trabajo bien hecho. Sus colas grotescas se meneaban de lado a lado, y todas sus fauces se abr¨ªan en sonrisas horriblemente reconfortantes. Estaban tan complacidos consigo mismos. Malditos par¨¢sitos. Entrega 1: El Horror Bajo el Muelle de Eldryn — Parte 2 Korax 18 ¡ª Inselaciune 2, 1308 Elian no estaba por ninguna parte. Hab¨ªamos registrado todo el puerto de cabo a rabo e incluso enviaron a un buzo a revisar bajo los pilotes. Interrogamos a todos los tenderos que segu¨ªan despiertos a estas horas y logramos convencer a los due?os de algunos almacenes para que nos dejaran buscar en sus instalaciones. Nada. Era como si solo se hubiera esfumado. Odiaba esta incertidumbre. Podr¨ªa formular un plan si supiera qu¨¦ tipo de esp¨ªritu hab¨ªa pose¨ªdo a Elian. Incluso tras haber pose¨ªdo a un portador, la esencia del esp¨ªritu persist¨ªa, atray¨¦ndolos hacia lo familiar y reconfortante. J¨²bilo podr¨ªa sentirse atra¨ªdo por una feria o un parque de juegos; los esp¨ªritus como Valent¨ªa y Violencia tend¨ªan a sentirse atra¨ªdos a cuarteles, los puestos de guardia y los cuadril¨¢teros de lucha; y Orgullo seguro estaba frente a un espejo, admir¨¢ndose hasta que le sangraran los ojos. No de forma literal. Bueno, casi nunca era de forma literal. Lo peor era no saber si Elian era un peligro o no. Los dem¨¢s hab¨ªan decidido separarse, actuando como si esto se tratara de una desaparici¨®n normal; como la b¨²squeda de una persona normal perdida. Pero esto no era un caso com¨²n y corriente, no cuando nos enfrent¨¢bamos a la posibilidad de que Elian fuese un Deshecho. ?Qu¨¦ pasar¨ªa si Elian fuera un Portador de Frenes¨ª o Furia y atacara al grupo del cantinero? Sab¨ªa que ten¨ªa que sacarme esos pensamientos de la cabeza. Pero era dif¨ªcil. Ni siquiera pod¨ªa culpar a Preocupaci¨®n por sentirme as¨ª. Esta gente no me ca¨ªa nada bien, pero eso no significaba que quisiera que les pasara algo malo. ¡ªLa estaci¨®n ballenera est¨¢ vac¨ªa ¡ªdijo mi ¡°mejor amigo¡±, el capataz, interrumpiendo mis pensamientos. Las groser¨ªas de este hombre no conoc¨ªan l¨ªmite¡ª. Buscamos por todas partes, incluso debajo de las viejas carcasas. ¡ª?Y en su casa? ¡ªpregunt¨¦. ¡ªTampoco hay nada. Dafydd y algunos otros fueron con la muchacha. A cuidarla y eso. ¡ª?Maldiciones! ¡ª?Y ahora qu¨¦, Ma¡¯stro Portador? Hemos buscado por todas partes ¡ªme pregunt¨® el capataz, casi suplicando. No sab¨ªa qu¨¦ responder. Cuando el grupo sali¨® del bar para buscar a Elian, algunos pidieron a los trabajadores del puerto que se unieran a la b¨²squeda. Sin la influencia de Preocupaci¨®n, varios decidieron sabiamente no involucrarse. Desafortunadamente ¡ªpara m¨ª¡ª el capataz no era un hombre sabio. Aparentemente, era un viejo amigo de Elian, as¨ª que sin m¨¢s, se uni¨® a la muchedumbre. Y como los dioses parec¨ªan odiarme, termin¨® en mi grupo, junto con el tipo ruidoso y la mujer golpea-portadores. Vi¨¦ndole el lado positivo al asunto, ella era la persona perfecta en caso de que necesit¨¢ramos a alguien para atacar brutalmente a un portador guapo y encantador. Me pregunt¨¦ si ser¨ªa bueno preguntar a los enanos y... Dioses, ?qu¨¦ me pasaba? Me molestaba cuando me llamaban perro rompe-promesas por ser clei?iano, y sin embargo, aqu¨ª estaba, usando un viejo insulto. Daearann¨²nes. Qu¨¦ hipocres¨ªa la m¨ªa. Los viejos h¨¢bitos eran dif¨ªciles de olvidar, pero no pod¨ªa dejar que esos viejos prejuicios continuar¨¢n. Deb¨ªa ser mejor que eso. Eran daearann¨²nes y as¨ª los llamar¨ªa. ¡ª?Elian no sol¨ªa trabajar contigo, Merfyn? ¡ªpregunt¨® la mujer al capataz. De todos los momentos para una charla trivial¡­ Tal vez deber¨ªa ir a la tienda de comestibles y comprarnos unas galletitas. ¡ªNo. Sol¨ªamos ser amigos, yo y ¨¦l. Le consegu¨ª empleo y luego luego lo despidieron de la Sirena Sabrosa. Bebiendo en el trabajo ¡®tra vez. ¡ª?La Sirena Sabrosa? ¡ªpregunt¨¦, un poco divertido por el nombre. ¡ªS¨ª. Es uno de los camaroneros ¡ªdijo el capataz, se?alando hacia los barcos al fondo de los muelles¡ª. Si bien recuerdo, su tripulaci¨®n fue la que casi te tira al agua, muchacho. ?Casi me tiran? Trat¨¦ de repasar mis pasos, pero no recordaba cu¨¢ndo hab¨ªa pasado eso. Algo en mi forma de actuar debi¨® delatar mi confusi¨®n ya que el capataz respondi¨® a la pregunta que no dije en voz alta. ¡ªM¨¢s temprano esta noche. O anoche, digo. Estabas como tonto en medio de los muelles, y mis hombres casi tropiezan contigo. ¡ªOh, s¨ª. Ya lo recuerdo. ¡ª?Crees que podr¨ªa ser un poliz¨®n? Elian amaba ese maldito barco camaronero. Casi tanto como a su bebida. O su hija. Por improbable que pareciera, hab¨ªamos ya caminado frente a esos barcos una veintena de veces, era nuestra ¨²nica pista. ¡ªVale la pena revisar ¡ªacept¨¦¡ª. ?Tenemos que pedir permiso a alguien para mirar dentro del barco? ¡ªNo. El capit¨¢n es meu¡¯migo. Pe¡¯o por favor no le prendas fuego ni nos conviertas en sapos, Ma¡¯stro Portador. ¡ªNo puedo prometer nada. ?Nos vamos? Mis tres compa?eros se rieron. Era el tipo de risa que nace del nerviosismo. La ansiedad nos com¨ªa por dentro. La pregunta t¨¢cita permanec¨ªa en el aire, fuera de nuestro alcance: ?qu¨¦ pasar¨ªa cuando encontr¨¢ramos a Elian? El capataz me agarr¨® del brazo, alej¨¢ndome de mis pensamientos sobre el pobre Elian. Por un momento pens¨¦ que iba a gritarme de nuevo, pero en cambio, se inclin¨® y me susurr¨® al o¨ªdo para que los dem¨¢s no pudieran o¨ªr: ¡ªYo te cubro las espaldas, meu¡®migo. No dejar¨¦ que te caigas al agua. Asent¨ª lentamente. Sus palabras eran sinceras. De alguna manera, sab¨ªa c¨®mo me hac¨ªa sentir este lugar. Era algo peque?o, pero agradec¨ª el gesto de todos modos. Tal vez el tipo no era tan malo despu¨¦s de todo. La actividad en el Muelle hab¨ªa disminu¨ªdo mientras camin¨¢bamos de vuelta a donde hab¨ªa atracado el barco. Los otros grupos peinaban cada rinc¨®n del puerto. La luz de sus linternas era apenas visible a trav¨¦s de la niebla, o tal vez solo era la distancia la que hac¨ªa que sus luces lucieran m¨¢s tenues. Gritaban algo, pero no lograba entender las palabras desde donde est¨¢bamos. Si acaso estaban llamando a Elian, nadie les respondi¨®. El tipo ruidoso iba al frente de mi grupo. ¨¦l llevaba nuestra linterna, una peque?a caja de madera con un mango de lat¨®n o cobre, pero estaba apagada. Aunque hab¨ªa algunas nubes en el cielo, las lunas gemelas proporcionaban suficiente luz para que no la necesit¨¢ramos a¨²n. La Observadora estaba especialmente brillante, estando llena esta noche. Los candiles de gas en la calle cercana tambi¨¦n nos daban un poco de luz adicional. Afortunadamente, la llovizna de la noche anterior ya hab¨ªa cesado, dejando solo cajas h¨²medas y tablas resbaladizas a nuestro paso. Esto era algo que nunca me hab¨ªa gustado de Kefnfor. Sus inviernos eran muy h¨²medos. No bastaba con los incesantes vientos mar¨ªtimos o las olas que romp¨ªan contra sus costas, tambi¨¦n ten¨ªamos que soportar seis meses de lluvias constantes. Desde las lloviznas m¨¢s ligeras hasta los aguaceros m¨¢s feroces, daba la impresi¨®n de que nunca para de llover. ?Por eso la llamaban la Ciudad de las L¨¢grimas? Esperaba poder dejar la isla en dos o tres lunas, antes de que terminara Iarna, el invierno. Pero hab¨ªa estado diciendo lo mismo durante los ¨²ltimos tres a?os y a¨²n segu¨ªa atrapado aqu¨ª. ¡ª?Portador! ¡ªgrit¨® el tipo ruidoso, con la voz ya ronca¡ª. Usa tu linterna. Esta maldita cosa me est¨¢ quemando la mano. ¡ªOkey. Saqu¨¦ la linterna de los bolsillos de mis pantalones. Era un modelo peque?o y cil¨ªndrico que hab¨ªa comprado en los mercados de Cantamar. El tendero me asegur¨® que este nuevo modelo era uno de los mejores hasta ahora, con bater¨ªas que duraban hasta una hora. No hab¨ªa mentido. El ¨²nico inconveniente era que su marco de metal se calentaba m¨¢s r¨¢pido que los modelos de madera. Al menos era m¨¢s pr¨¢ctico de cargar. La encend¨ª. Tras un peque?o parpadeo, la bombilla comenz¨® a brillar. La lente era m¨¢s peque?a que la de madera, por lo que su alcance era menor, pero nos servir¨ªa bien. Como no me sent¨ªa c¨®modo estando al frente, le entregu¨¦ la linterna a nuestro l¨ªder no-electo. No dijo "gracias", pero s¨ª gru?¨®. Fue un gru?ido bastante amistoso, siendo honesto. Varias ratas corr¨ªan entre las cajas y las cuerdas esparcidas por los muelles, mientras peque?os esp¨ªritus de J¨²bilo las correteaban como jugueteando con los animalillos. No era posible, por supuesto, ya que las ratas no pod¨ªan ver a estos esp¨ªritus con forma de monos, pero era una vista divertida. Debajo de nosotros, en las aguas ennegrecidas por la noche, Miedo hac¨ªa como que devoraba un pez muerto que flotaba por all¨ª, atrayendo a otros depredadores o manteniendo alejados a los curiosos. Y m¨¢s a lo lejos, el brillo intermitente de los pesqueros iluminaba el costado de los muelles con una luz p¨²rpura que... ?Por qu¨¦ brillaba un barco pesquero? Yo no era marinero ni pescador, ni nadie que supiera nada sobre barcos, pero estaba seguro de que los barcos no brillaban intermitentemente. O en absoluto. ¡ªAlgo extra?o se acerca. M¨¢s cerca ahora. Era la misma voz de la noche anterior, cuando llegu¨¦ al Muelle, y la misma sensaci¨®n de familiaridad invadi¨® mis pensamientos una vez m¨¢s. Mis compa?eros no reaccionaron, ?por qu¨¦ lo har¨ªan? Era un esp¨ªritu habl¨¢ndole a aquellos que pod¨ªan o¨ªrlo, ya fuera esos esp¨ªritus que tambi¨¦n atra¨ªdos por extra?a curiosidad o los que que compart¨ªan su misma esencia. Y yo, por supuesto. ¡ªQu¨¦dense detr¨¢s de m¨ª ¡ªdije, adelant¨¢ndome al grupo. El ruidoso me entreg¨® la linterna y dio un paso atr¨¢s. Por lo menos me hac¨ªan caso. Cuanto m¨¢s me acercaba al pesquero, m¨¢s intenso se volv¨ªa el brillo, pulsando con un calor cuyo soplo sent¨ª en el rostro. La voz se hab¨ªa callado, pero mi mente fue inundada por un murmullo ininteligible. Era como el correteo de las ratas bajo cubierta, o las salomas cantadas por hombres borrachos. El sonido era bajo pero constante. Molesto. Cuando llegu¨¦ a la embarcaci¨®n, el nav¨ªo dej¨® escapar un silbido estruendoso, como si soltara una r¨¢faga de vapor, era un sonido que, a juzgar por la reacci¨®n de los dem¨¢s, solo yo pude o¨ªr. De pronto, las luces parpadeantes se detuvieron. El barco sab¨ªa que lo hab¨ªa visto. El camaronero parec¨ªa bastante simpl¨®n. A simple vista era solo otro barco de vapor de tama?o medio con los m¨¢stiles, aparejos y cabina habituales. Su casco estaba pintado de alg¨²n color oscuro que no pod¨ªa distinguir con tan poca luz. Tal vez rojo o marr¨®n. Pero, bajo esta m¨¢scara de mundanidad, una sola caracter¨ªstica delataba su verdadera naturaleza: una cara que aparec¨ªa d¨¦bilmente sobre el casco. Era el tipo de espejismo que uno ve en una noche fr¨ªa cuando est¨¢s cansado y paranoico, cuando ves cosas movi¨¦ndose en las sombras. En este caso, la cara era real y estaba all¨ª, mir¨¢ndome. Puse mi mano en el casco del pesquero. Luego hice una pausa. Mis compa?eros seguro no estaban acostumbrados a este tipo de magia. ?Hab¨ªan visto un Vestigio antes? Solo me quedaba esperar que no hicieran nada imprudente. ¡ªS¨¦ que puedes verme ¡ªdije, ignorando las miradas extra?as del capataz y la mujer. Ellos eran irrelevantes en este momento; solo importaba el esp¨ªritu dentro de este Vestigio¡ª. Yo tambi¨¦n te veo, a trav¨¦s de la niebla y la oscuridad. Te lo ruego, h¨¢blame. El silencio fue mi respuesta. Literalmente. Por un breve momento, el viento detuvo sus suave aullidos, y los ruidos de las ratas correteando fueron reemplazados por un silencio demasiado profundo para ser natural. Incluso las olas, tranquilas como estaban bajo la mirada de la Observadora, contuvieron el aliento. This story has been taken without authorization. Report any sightings. ¡ªEh, ?muchacho? ¡ªpregunt¨® el capataz, agarr¨¢ndome suavemente del hombro. Su rostro traicionaba su preocupaci¨®n. Probablemente pens¨® que me hab¨ªa vuelto loco¡ª. ?Por qu¨¦ est¨¢s hablando con...? ¡ªVete ¡ªrespondi¨® el barco camaronero¡ª. No perteneces aqu¨ª, recept¨¢culo de otro. Como lo hab¨ªa predicho, mis compa?eros se asustaron. El tipo ruidoso comenz¨® a maldecir a todos los dioses, usando blasfemias que jam¨¢s hab¨ªa escuchado. La mujer se escondi¨® detr¨¢s de ¨¦l, sus chillidos ahogando algunas de las palabrotas de su esposo. Al menos el capataz actu¨® un poco mejor, aunque estaba tartamudeando tanto como yo en un d¨ªa bueno. ¡ªC¨¢lmense ¡ªdije, tratando de ocultar mi molestia. Lo ¨²ltimo que necesit¨¢bamos era a un tr¨ªo de gallinas asustando al esp¨ªritu. ¡ª?Pero el nobby! ¡ªgrit¨® el capataz¡ª. El maldito nobby est¨¢ hablando. ¡ª?Qu¨¦ es un nobby? ¡ªpregunt¨¦. ¡ªNosotros somos Nobby. Los marineros nos dieron ese nombre pues nacimos sin uno. ¡ªMira, eh, Nobby ¡ªdije, sin estar seguro de si quer¨ªa saber por qu¨¦ se refer¨ªa a s¨ª mismo como ¡°nosotros¡±¡ª, necesito tu ayuda. Estamos buscando a un hombre desaparecido. Pensamos que podr¨ªa estar escondido dentro de ti. ¡ªVete ¡ªrepiti¨®¡ª. No eres bienvenido aqu¨ª. No aceptas nuestra melod¨ªa. No podemos ayudar si te niegas a escucharla. ¡ª?Qu¨¦ melod¨ªa? Puedo quedarme un ratito si lo que deseas es cantar. Solo te pido que nos ayudes a cambio. ¡ªCantamos a aquellos atados a la muerte y al mar, para que puedan encontrar consuelo en recuerdos de oro. Tu coraz¨®n est¨¢ cerrado a nuestras melod¨ªas. A nosotros. No eres de utilidad. Eres extra?o. En las ¨²ltimas veinte horas, un daearann¨²n me hab¨ªa insultado para despu¨¦s recibir un pu?etazo por una mujer que era al menos una cabeza m¨¢s baja que yo. Ahora un Vestigio, un simple residuo de un esp¨ªritu muerto, me llamaba "demasiado extra?o". Qu¨¦ d¨ªa, caray. Al menos ya ten¨ªa una idea de qu¨¦ esp¨ªritu se trataba. A?oranza. Eso explicaba la nostalgia que me hab¨ªa invadido desde que llegu¨¦ al Muelle y posiblemente tambi¨¦n explicaba los olores y salomas clei?ianas que escuch¨¦ en cantina de Dafydd. El peque?o sinverg¨¹enza hab¨ªa estado jugando con mi mente toda la noche anterior. Aun as¨ª, deb¨ªa aprovechar la oportunidad. Si se negaba a hablar conmigo porque no escuchaba sus melod¨ªas, entonces tal vez hablar¨ªa con alguien que s¨ª lo hac¨ªa. Y si mi memoria no me fallaba, mi amigo el ¡°ruidoso¡± era un hombre de mar... ¡ªCompa ¡ªdije, acerc¨¢ndome al hombre con cuidado. Sorprendentemente, a¨²n segu¨ªa recitando sus palabrotas¡ª. Necesito tu ayuda. Habla con el Nobby. Trata de convencerlo de que nos ayude. ¡ª?Que hable con esa maldita cosa? ?Est¨¢s loco? ¡ªS¨¦ que suena raro, pero es nuestra ¨²nica pista. Podr¨ªa saber d¨®nde est¨¢ Elian. ¡ªVete al carajo, portador. No me voy a acercar a esa cosa ni a nada qu¨¦ ver con esta mierda m¨¢gica. Ya sea que entendiera las palabras del hombre o que simplemente se estaba cansando de mi presencia, el pesquero comenz¨® a balancearse de forma amenazante. Las l¨¢mparas en su cubierta parpadeaban violentamente ¡ªalgo que mis compa?eros s¨ª vieron¡ª y sus m¨¢stiles se retorcieron en formas imposibles hacia nosotros. ?Acaso estaba tratando de intimidarnos? Supongo que eso de "la voz no es una amenaza, simplemente est¨¢ haciendo una observaci¨®n" ya no aplicaba. ¡ªYo puedo hacerlo ¡ªintervino el capataz. Su voz estaba temblando pero sus ojos no se apartaban del barco¡ª. O al menos intentarlo. ¡ªEso estar¨ªa bien ¡ªdije antes de que ¨¦l cambiara de opini¨®n. ¡ª?Qu¨¦ le digo ella, portador? ¡ªApela a su naturaleza. Es un esp¨ªritu de A?oranza. No creo que nos quiera lastimar. Tal vez solo quiera contar historias o recordar los viejos tiempos. Empieza por ah¨ª. Tal vez funciona. El capataz asinti¨®. Por un instante, dej¨® de ser el hombre descarado que solo sab¨ªa dar ¨®rdenes, el que actuaba como si fuera el due?o del lugar. Su voz se hab¨ªa suavizado y se le notaba un cierto aire de curiosidad en los ojos. La hab¨ªa llamado "ella". ?Hab¨ªa o¨ªdo una voz diferente? Tal vez ¨¦l hab¨ªa escuchado a un fantasma de su pasado, tal como yo hab¨ªa escuchado a mi hermanito. ¡ªHola, s-s-se?or Esp¨ªritu ¡ªdijo el capataz mientras caminaba hacia el barco. Instintivamente camin¨¦ junto a su lado, por si acaso¡ª. Escuch¨¦ que no quieres ayudar a meu¡¯migo. P-p-pero todos te necesitamos. Uno de los nuestros est¨¢ esfumado. No trae con el pendiente. ¡ªTe conocemos. Siempre fuiste amable, incluso si nunca navegaste a nuestro lado. ?Eres feliz? ¡ªS¨ª, lo soy ¡ªrespondi¨® el capataz, confundido. No lo pod¨ªa culpar. Los esp¨ªritus rara vez eran directos, no como las personas. ¡ªTu coraz¨®n ya no anhela el mar. Has cambiado. Algo cercano a ti te hizo cambiar. ¡ªMi hermana est¨¢ pre?ada. La criatura nacer¨¢ en primavera. Quiero ser un buen t¨ªo para la cosita. ¡ª?Le contar¨¢s al ni?o sobre nosotros? El capataz me mir¨® como buscando apoyo. Si interven¨ªa, el esp¨ªritu se podr¨ªa enfurecer y nos dejar¨ªa de hablar. Solo pude encogerse de hombros y asentir de forma alentadora. Me devolvi¨® la sonrisa. Era una sonrisa algo linda. Por primera vez, not¨¦ que era un tipo muy bien parecido. Molesto y bastante grosero, pero era agradable al ojo. ¡ªClaro que lo har¨¦. Estoy seguro de que al chamaco le encantar¨¢ escuchar sobre el Nobby parlante que cuida el Muelle. Pero¡­ ?me ayudar¨ªas a mejorar la historia? Elian era parte de tu tripulaci¨®n. ¨¦l siempre dec¨ªa lo mucho que te amaba. Por favor, dinos si lo has visto. Oh, el capataz era bueno. El Vestigio no respondi¨®. El resto del Muelle qued¨® en silencio como pintado en un lienzo. El barco estaba pensando. Su renuencia me preocupaba, pero ya no hab¨ªa vuelta atr¨¢s. Tal vez era nuestra ¨²nica oportunidad de encontrar a Elian. Despu¨¦s de varios minutos insoportables, por fin habl¨®. ¡ªEl que buscas era de nosotros. Solo deseaba que todo volviera a ser como era. Restaurar el para¨ªso perfecto que ELLOS le hab¨ªan negado ¡ªel esp¨ªritu se estaba inquietando, su voz posiblemente era un reflejo de la propia agitaci¨®n de Elian. Estir¨¦ mi brazo frente al capataz, listo para intervenir si el Vestigio atacaba¡ª. Ahora est¨¢ PERDIDO. Su mente est¨¢ ROTA. Se est¨¢ escondiendo. ¡ª?D¨®nde? ¡ªpreguntamos los dos al mismo tiempo. ¡ªLe mostraremos el camino a tu portador ¡ªdijo el Nobby, dirigi¨¦ndose al capataz¡ª. ¨¦l puede ver nuestras luces. Antes de que pudiera preguntar a qu¨¦ se refer¨ªa con "nosotros", la respuesta apareci¨® frente a m¨ª. Veintenas de barcos comenzaron a brillar, sus luces parpadeando con el mismo ritmo inquietante del Nobby. Casi todos los cerqueros, arrastreros y dem¨¢s tipo de buques pesqueros se balanceaban con la misma fuerza que el que ten¨ªamos delante. Al parecer, casi todos los barcos en este maldito puerto eran Vestigios de A?oranza. ¡ªMa¡¯stro Portador ¡ªdijo el capataz¡ª. ?Y ahora qu¨¦? ¡ªMe est¨¢ mostrando el camino. S¨ªganme. Sin perder otro segundo, di varias zancadas por los muelles, siguiendo las luces intermitentes de los Nobbis. Mis compa?eros todav¨ªa estaban conmocionados por la experiencia ¡ª?qui¨¦n no lo estar¨ªa?¡ª pero me segu¨ªan el ritmo. El tipo ruidoso, cuya propia linterna ard¨ªa en su mano, caminaba justo a mi lado. Detr¨¢s de nosotros, el sonido de gritos ininteligibles y pasos corriendo por los tablones llenaban el aire. ?Acaso alguien hab¨ªa alertado al resto del grupo de b¨²squeda? No me detuve a averiguarlo. Las palabras del Vestigio eran preocupantes. Si Elian estaba pose¨ªdo por A?oranza, sus emociones se estaban filtrando en los otros esp¨ªritus del puerto. Pero ya no se trataba solo de A?oranza. Estos Vestigios estaban llenos de ira. Furia o Frenes¨ª. Tras veinte minutos llegamos a nuestro destino: alg¨²n tipo de choza o cobertizo abandonado. El capataz me dijo que probablemente se hab¨ªa usado para almacenar herramientas de los pesqueros o viejas ca?as de pescar, antes de la renovaci¨®n del puerto. No me daba buena pinta. ¡ªQu¨¦dense aqu¨ª ¡ªdije¡ª. Voy a entrar. ¡ªNo puedes... ¡ªprotest¨® el capataz. ¡ªNo ¡ªdeclar¨¦. No estaba de humor para jueguitos. No pod¨ªa arriesgarme a que alguno de ellos terminara herido o muerto. ¡ªLo que sea que est¨¦ adentro... podr¨ªa ser peligroso. Yo traer¨¦ a Elian. Mis tres compa?eros se miraron mutuamente, sus rostros estaban llenos de preocupaci¨®n. Una parte de m¨ª quer¨ªa asegurarles que todo estar¨ªa bien, pero no ten¨ªa ganas de mentir. Tal vez les explicar¨ªa lo que le hab¨ªa pasado a su amigo cuando todo esto terminara. ¡ªTen cuidado, portador ¡ªdijo el capataz¡ª. Pero iremos pa¡¯dentro si o¨ªmos problemas. Abr¨ª la puerta y me aventur¨¦ dentro de la choza-cobertizo, linterna en mano. El espacio era m¨¢s grande de lo que ve¨ªa por fuera y estaba inhumanamente silencioso. Los ¨²nicos sonidos eran el tintineo de las botellas tiradas por todo el suelo que ca¨ªan cuando pasaba junto a ellas. Supuse que hab¨ªan sido de Elian. Las ventanas tapiadas amortiguaban las voces que proven¨ªan del exterior. Probablemente m¨¢s hombres se hab¨ªan unido a mis compa?eros de afuera. Rec¨¦ para que nadie me siguiera. Ten¨ªa un mal presentimiento sobre este lugar. ?Qu¨¦ era esta sensaci¨®n en mi pecho? Si se trataba del esp¨ªritu en mi interior, no hubo respuesta cuando le habl¨¦. Nunca la hab¨ªa. Una pala rota se apoyaba contra la pared. La tom¨¦ mientras me maldec¨ªa por no haber tra¨ªdo un arma de verdad ¡ªno pens¨¦ que necesitar¨ªa una¡ª pero el mango roto tendr¨ªa que bastar. Entonces lo o¨ª. Un chillido, el grito desesperado y fren¨¦tico de alg¨²n pobre animalillo, interrumpido abruptamente por un silencio sobrenatural. Dese¨¦ que hubiera alg¨²n esp¨ªritu de cualquier tipo que pudiera decirme qu¨¦ era lo que me esperaba m¨¢s adentro. Pero no hab¨ªa ninguno. Su ausencia total era bastante reveladora. Este lugar estaba intr¨ªnsecamente mal. Otro chillido vino de la parte trasera. Seguido por otro y luego otro. Todos segu¨ªan el mismo patr¨®n de creciente desesperaci¨®n antes de ser silenciados con un golpe. Segu¨ª los gritos de las pobres criaturitas. Al llegar a la habitaci¨®n m¨¢s alejada de la puerta, lo vi. Encorvado de espaldas en un rinc¨®n. Un mont¨®n de ratas yac¨ªan en el suelo frente a ¨¦l con marcas de mordiscos en sus diminutos cuerpos y falt¨¢ndoles enormes trozos de carne. Sus peque?as caras hab¨ªan quedado congeladas en una expresi¨®n de terror absoluto. La sangre emanaba bajo el hombre encorvado, formando un charco que se extendi¨® por toda la habitaci¨®n. Se las estaba comiendo... no. Las estaba devorando como alguien que no hab¨ªa comido un solo bocado en semanas. Hab¨ªa desesperaci¨®n y dolor en su forma de respirar. Se estaba convirtiendo en un Deshecho. ¡ªElian ¡ªle llam¨¦, con mi ¡°arma¡± en mano¡ª. Tu hija me envi¨®. Est¨¢ preocupada por ti, compa. El hombre, o monstruo, no respondi¨®. Su presa hab¨ªa intentado huir cuando me vio, pero no pudo escapar. ¨¦l era m¨¢s r¨¢pido. Imposiblemente r¨¢pido. ¡ªLo que sea que est¨¦s sintiendo, te puedo ayudar. D¨¦jame ayudarte. ¡ªTanta hambre ¡ªgru?¨®. Su voz sonaba distante e inhumana¡ª. Tengo tanto fr¨ªo. El hambre duele. Tanto dolor. Por favor... Elian se abalanz¨® sobre m¨ª con una velocidad inhumana antes de que siquiera pudiera reaccionar. Sus m¨²sculos se retorc¨ªan tanto que pude o¨ªr crujir de huesos bajo su piel. Era un sonido h¨²medo y enfermizo. Lo pate¨¦ con toda la fuerza que pude reunir en un intento desesperado que lo envi¨® dando tumbos unos metros atr¨¢s. El impacto hizo que mi linterna cayera al suelo, lejos de m¨ª. Pero no necesit¨¦ su luz para ver el rostro del monstruo. Sus ojos ard¨ªan con fuego l¨ªquido que goteaba sobre su rostro como l¨¢grimas infernales. Este fuego, si es que se le pod¨ªa llamar as¨ª, hab¨ªa derretido parte de su cara, atravesando carne y hueso. Mientras se mov¨ªa para ponerse de pie, una gota de este fuego cay¨® sobre una de las ratas, quemando su carne en meros segundos. Su brazo izquierdo, o lo que quedaba de ¨¦l, tambi¨¦n se hab¨ªa deformado. La carne se retrajo hasta el hombro, dejando al descubierto sus huesos. Pero en lugar de un esqueleto normal, sus huesos se hab¨ªan combinado en una especie de cuchilla con dientes serrados cubiertos por trozos de carne y sangre seca. Estaba listo cuando la criatura volvi¨® a atacar. Tom¨¦ el arma con ambas manos y la bland¨ª con todas mis fuerzas, golpe¨¢ndolo en el lado derecho del rostro. Algo en su cr¨¢neo se quebr¨® con un sonido hueco. La criatura se detuvo en seco. Me prepar¨¦ para golpear de nuevo, sintiendo una oleada proveniente de mi propio esp¨ªritu mientras la criatura... ¡ª?Es as¨ª como SALVAS a la gente, portador? Sent¨ª un escalofr¨ªo recorrer mi espalda. Acostado junto a mi linterna, con las patas delanteras cruzadas de forma burlona, una bestia corpulenta me observaba mientras yo trataba de luchar contra el Deshecho Elian. Parec¨ªa alguna especie de gato gigante, con un cuerpo musculoso y una cabeza grande y redondeada. Sus enormes ojos amarillos brillaban con un toque siniestro, y sus fauces goteaban algo parecido a la sangre y... ?acaso era humo lo que emanaba de su boca? Lo m¨¢s inquietante era el pelaje dorado cubierto de manchas oscuras que bailaban como las sombras de una llama parpadeante. Jam¨¢s hab¨ªa visto un esp¨ªritu de este tipo. ¡ªS¨ª, has visto a uno como yo ¡ªrespondi¨® como si pudiera escuchar mis pensamientos¡ª. ?Acaso me has olvidado? Ay, me hieres, mi ni?o. ¡ª??D-d-d-d-desesperanza?! ¡ªtrat¨¦ de decir, mi voz fall¨¢ndome peor que nunca¡ª. ?P-p-p-pero eso es imp-p-p-posible! El esp¨ªritu movi¨® la cabeza como si tratara de apuntar a algo detr¨¢s de m¨ª. No supe si me estaba advirtiendo o solo burl¨¢ndose. De cualquier forma, ya era tarde.. ¡ªBuenas noches, pajarito. No dejes que este fracaso te consuma. Elian me apu?al¨® con su largo brazo en forma de cuchilla cuando trat¨¦ de voltear. El dolor fue inmenso, enviando descargas de agon¨ªa a cada rinc¨®n de mi cuerpo. Sent¨ª como si mis entra?as estuvieran ardiendo. Mis ojos se giraron instintivamente hacia abajo, como si tuvieran mente propia, atra¨ªdos por los torrentes de sangre que brotaban de mi pecho. Con el dolor en aumento y los pensamientos de Desesperanza inundando mi mente, el mundo se torn¨® oscuro. Entrega 1: El Horror Bajo el Muelle de Eldryn – Parte 3 Korax 18 ¡ª Inselaciune 2, 1308 Kefnfor fue alguna vez una ciudad de caos intencionado¡ªlaberintos planeados en roca volc¨¢nica. Los ¨¢ngulos de cada callej¨®n y puente eran dictados por una geomancia moderada. Estos rituales, escondidos en la arquitectura misma, invitaban la buena fortuna y alejaban las malas influencias. No obstante, tras convertirse en una megaciudad capaz de darle la bienvenida a la nueva era, sus laberintos dejaron de seguir las antiguas tradiciones. El alma de Kefnfor fue comprometida con sue?os de ¡°progreso¡¯. En silencio, la locura se abri¨® camino hacia el coraz¨®n mismo de esta ciudad-estado. Hoy, yo la traje al Muelle de Eldryn. La ¨²nica ventana de mi habitaci¨®n en la cantina, a la que me hab¨ªan tra¨ªdo despu¨¦s del encuentro con Elian, ofrec¨ªa una vista decente del desastre que hab¨ªa causado. A los barcos que llegaban al muelle no se les permit¨ªa atracar, y eran redirigidos a otros puertos, probablemente a Aperwyn o Aperblaidd. Veintenas de hombres gritaban afuera de los almacenes cerrados, molestos por los sueldos perdidos, y junto a ellos, cientos de cajas se amontonaban como libros desbordando del estante de un bibliotecario. Pero lo m¨¢s preocupante era la multitud de guardias. Bull¨ªan en el Muelle, rev¨®lveres en mano, tocando en cada puerta e interrogando a todo aquel que pareciera remotamente sospechoso. En un lugar as¨ª, tal descripci¨®n inclu¨ªa a todos menos a los ni?os. Suspir¨¦, la mirada fija en nada en particular. Mi mente repasaba los eventos de esa ma?ana. ?Realmente hab¨ªa visto un esp¨ªritu de Desesperanza? Los antiguos pergaminos contaban historias de lo que les suced¨ªa a aquellos que ca¨ªan bajo Su influencia. Todos los eruditos y expertos en el mundo de los esp¨ªritus coincid¨ªan en que Desesperanza era algo ¡°imposible¡±. Y sin embargo¡ª La puerta se abri¨® de golpe. Los hombres del otro lado hab¨ªan estado tocando durante un minuto o dos. Ya lo hab¨ªa escuchado, pero habr¨ªa preferido m¨¢s tiempo a solas para darle sentido a todo esto. ¡ªEst¨¢s despierto ¡ªdijo el cantinero secamente, como ya era costumbre. ¡ªGracias, compa. Por dejarme quedar aqu¨ª. Despu¨¦s de, ya sabes, lo que pas¨®. ¡ªEl cirujano ver¨¢ tus heridas ¡ªcontinu¨®, haci¨¦ndose a un lado para dejar entrar a otro hombre, un daearann¨²n cuyo pelaje azul el¨¦ctrico comenzaba a mostrar canas, y cuyo rostro vulpino, duro y cansado, era acentuado por una par de anteojos que cubr¨ªan sus ojos rojizos¡ª. Los guardias lo mandaron llamar. Para ti. ¡ªNo lo necesito ¡ªment¨ª¡ª. No hay heridas. ?Tal vez fue una cosa m¨¢gica? El m¨¦dico frunci¨® el ce?o, pero no dijo nada. No me inspiraba confianza, y mucho menos cuando levant¨® mi camiseta como si yo no tuviera voz ni voto en el asunto. Mientras el hombre examinaba el lugar donde Elian me hab¨ªa apu?alado, dese¨¦ que el que me estuviera tocando fuera m¨¢s guapo. Y m¨¢s joven. Y de la misma especie que yo. ¡ª?Siente dolor? ¡ªpregunt¨® el cirujano, presionando la ¡°herida¡±. ¡ªNo. No desde que despert¨¦. El dolor hab¨ªa sido insoportable cuando el Deshecho me atac¨®, pero ya pas¨®. ¡ª?Est¨¢ nervioso? Su voz suena... ¡ªAs¨ª hablo siempre ¡ªlo interrump¨ª¡ª. El cantinero te lo puede confirmar. Soy, b¨¢sicamente, uno de sus regulares. ¨¦l sabe c¨®mo hablo, ?no es as¨ª, compa? El cantinero gru?¨® en se?al de acuerdo, aunque algo me dec¨ªa que no le hizo gracia mi chiste. El cirujano lo ignor¨® y sigui¨® hurgando en mis costados. Aunque su espeso pelaje sugiriera lo contrario, las almohadillas en las puntas de sus dedos eran bastante fr¨ªas y duras al tacto. No pude evitar dar un respingo mientras me toqueteaba. ¡ªPuedo ver una leve cicatriz, pero se est¨¢ desvaneciendo. Magia, tal vez, como usted dijo. Deber¨ªa ir con los Hospitalarios y sus portadores. Tambi¨¦n puedo darle un ung¨¹ento para las quemaduras. ¡ªYa. Gracias, doctor. Mientras el cirujano garabateaba en un cuaderno, los otros hombres se permitieron relajar un poco. El cantinero estaba de pie sobre un taburete, mirando por la ventana. El tipo ruidoso de anoche estaba de pie junto a la puerta, con los brazos cruzados y una expresi¨®n severa. No pod¨ªa descifrarlo. ?Estaba molesto o preocupado? Por ¨²ltimo, el alguacil arrastr¨® la silla del escritorio y se sent¨® junto a mi cama. Su pelaje, de un tono entre p¨²rpura y azul marino, parec¨ªa brillar bajo la luz que entraba por la ventana. Me superaban en n¨²mero y lo sab¨ªan muy bien. Mentalmente me prepar¨¦ para lo que ven¨ªa. El alguacil fue el primero en hablar. ¡ªPortador, lo que hiciste esta ma?ana puso a todos en riesgo. El monstruo que despertaste representa una amenaza para esta comunidad. ¡ªIncluso si no me hubiera metido ¡ªtrat¨¦ de defenderme¡ª, Elian a¨²n se habr¨ªa convertido en un Deshecho. Esas criaturas no esperan al momento m¨¢s conveniente para uno, oficial. ¡ª?Y qu¨¦ hay de los barcos Deshechos? ¡ª?Qu¨¦ quieres decir? Esos no son... ¡ªVarios testigos confirmaron que hiciste algo con los barcos. Dicen que se mov¨ªan solos y que hablaban con voces infernales. ¡ªSe llaman Vestigios, alguacil. Tal vez esto te sobrepasa. Puede que sea hora de llamar a los Hospitalarios. ¡ªYa los llamamos ¡ªdijo el cantinero sin mirarme¡ª. Est¨¢n ocupados. Solo tenemos a la guardia de la ciudad. Por ahora. ?Acaso mi amigo el cantinero estaba mintiendo? ?Por qu¨¦? ¡ªSea como fuese ¡ªcontinu¨® el alguacil¡ª, no te podemos permitir que perturbes la paz. Tienes prohibido continuar tu ¡°investigaci¨®n¡±. Cuando lleguen los Caballeros Hospitalarios, ellos se encargar¨¢n del monstruo para mantener el orden. Deber¨ªas irte a casa. No ten¨ªa sentido discutir. La forma en que el tipo ruidoso evitaba mi mirada, viendo el techo como si hubiera descubierto un patr¨®n secreto en la madera, me hizo pensar que solo lo hab¨ªan invitado en caso de que este portador revoltoso necesitara una lecci¨®n. ¡ªEst¨¢ bien ¡ªced¨ª¡ª. Se lo dejar¨¦ a ustedes, compa?ero. Cuando los hombres se giraron para irse, mir¨¦ lo poco que quedaba de mi ropa. El Deshecho lo hab¨ªa destrozado todo. ¡ª?Compa¡­? ¡ªllam¨¦ al cantinero pero me detuvo. Era mejor usar su nombre para que no se enojara mucho. ¡ªMaestro Dafydd, ?podr¨ªa prestarme un kit de costura para arreglarme la ropa? El daearann¨²n gru?¨®. Aparentemente, cuando aprend¨ª el idioma de Kefnfor, me salt¨¦ la parte donde explicaba que gru?ir era una alternativa aceptable al "s¨ª". No tuve que esperar mucho antes de que una agradable daearann¨²n entrara en la habitaci¨®n, hilo y aguja en mano. Parec¨ªa m¨¢s amable que los trabajadores de la cantina, incluido¡ªno¡ªespecialmente el mism¨ªsimo due?o. Ya la hab¨ªa visto durante mis visitas anteriores. O era la esposa del cantinero o besar a tu jefe se hab¨ªa convertido en la norma en Kefnfor. ¡ª?Dafydd me dijo que necesitabas esto...? ¡ªpregunt¨® la mujer antes de pararse en seco¡ª. Lo siento, deb¨ª haber tocado a la puerta. ?Te doy un minuto para que te pongas presentable? Se me hab¨ªa olvidado que a¨²n estaba en calzones. Aunque viendo el rostro de la muchacha, no pod¨ªa decir si estaba avergonzada o si le parec¨ªa gracioso el espect¨¢culo. Tal vez era un poquito de ambos. ¡ªNo tengo nada m¨¢s que ponerme ¡ªadmit¨ª¡ª. Esperaba poder arreglar mi ropa con la aguja y eso. ¡ªAy, cari?o, esto est¨¢ demasiado estropeado. D¨¦jame ver si puedo conseguirte otra cosa. ¡ªNo quiero abusar, se?ora. ¡ªTonter¨ªas. Qu¨¦date aqu¨ª. Ya vuelvo. La muchacha ten¨ªa raz¨®n. El fuego del Deshecho hab¨ªa hecho trizas mis pantalones, y mi su¨¦ter se estaba deshilando alrededor de las mangas. A la que le fue peor fue a mi pobre camisa. La sangre hab¨ªa manchado la tela blanca, volvi¨¦ndola negra justo donde Elian me hab¨ªa apu?alado, y las costuras estaban completamente rasgadas, con trozos de carne ¡ªojal¨¢ no los m¨ªos¡ª atrapados entre los hilos. Y pensar que acababa de comprar esa camisa hac¨ªa apenas seis lunas. Este "caso" se estaba volviendo m¨¢s caro cada hora. ¡ªPuedes probarte esto ¡ªdijo la chica con una sonrisa. Hab¨ªa regresado m¨¢s r¨¢pido que un comerciante al o¨ªr el sonido de las monedas¡ª. A veces los trabajadores los olvidan abajo. ¡ª?No les importar¨¢? ¡ªLo dudo ¡ªdijo, conteniendo una risa p¨ªcara¡ª. ?Alguna vez te has emborrachado tanto que te desmayaste bajo de una mesa sin nada m¨¢s que tus calzoncillos puestos? ¡ªNo puedo decir que me haya pasado, no. ¡ªDigamos que algunos de estos hombres no son lo suficientemente valientes como para pedir sus ropas olvidadas despu¨¦s de tales incidentes. Solt¨¦ una risita. Ya me imaginaba a algunos de los clientes haciendo eso. ¡ªDebe ser un espect¨¢culo encantador. ¡ªNo es la palabra que yo usar¨ªa, pero seguro, dig¨¢moslo as¨ª. Mientras miraba el desastre de harapos y sangre en que se hab¨ªa convertido mi ropa, no pude evitar preguntarme qu¨¦ hab¨ªa pasado con mis compa?eros de antes. El tipo ruidoso se ve¨ªa bastante bien, ignorando su mal humor, por supuesto. ?Y los dem¨¢s? ¡ªTe has quedado muy callado, ?te preocupa algo, cari?o? ¡ªpregunt¨® la mujer. ¡ªUn par de tipos estaban conmigo cuando salimos a buscar a Elian, me preguntaba... bueno, es solo curiosidad, ?sabes? ?Qu¨¦ pas¨® con el capataz? ?Est¨¢ bien? ¡ª?Oh? ¡ªdijo, con una sonrisa juguetona en los labios¡ª. No estoy segura de a qui¨¦n te refieres. Yo me qued¨¦ aqu¨ª mientras ustedes sal¨ªan tras el pobre Elian. "Cuida la cantina en todo momento", me dijo mi Dafydd. As¨ª que lo hice. ¡ªBueno, es un tipo alto y algo grosero y ruidoso. Creo que trabaja en uno de los almacenes y tiene ojos verdes. Es solo un humano com¨²n y corriente. ¡ª?Humano, dices? ¡ªrespondi¨® la mujer daearann¨²n, cada palabra goteando sarcasmo¡ª. ?Acaso es un humano azul con largas orejas puntiagudas? ?O tal vez se trate de un humano bajo con un hermoso, gr¨¢cil y majestuoso pelaje color ciruela? ?O tal vez hablas de uno de esos humanos que tienen hermosas escamas que brillan cual... ¡ªEst¨¢ bien, est¨¢ bien, ya entend¨ª. Lo siento. Quise decir, bueno... un thneam como yo. La muchacha me ley¨® la cartilla con su sarcasmo. Y vaya que me lo gan¨¦. Mi gente hab¨ªa tratado de apropiarse el t¨¦rmino "humanidad" como muestra de nuestra superioridad no merecida. Pero los zmei y los alfares hab¨ªan declarado que "humanidad", m¨¢s que un mero t¨¦rmino biol¨®gico, se refer¨ªa a todos aquellos que eran capaces de amar, de sentir empat¨ªa y de ser altruistas. Ir¨®nicamente, tal descripci¨®n exclu¨ªa al menos a la mitad de nosotros, los thneamoi de Clei?os y Mykenai. Qu¨¦ mala suerte la nuestra. Los tiempos hab¨ªan cambiado y yo ten¨ªa que ponerme al d¨ªa. Adem¨¢s la mujer ten¨ªa raz¨®n. Su pelaje s¨ª era realmente majestuoso. ¡ªOh, ¡ªexclam¨® de forma melodram¨¢tica¡ª ya s¨¦ de qui¨¦n est¨¢s hablando. Rhodri. Creo que su apellido es Ap Merfyn. Es un buen tipo. ¨¦l fue el que te trajo aqu¨ª esta ma?ana. Estaba muy preocupado. ¡ª?Lo estaba, eh? Ya que la esposa del tipo ruidoso fue la que me atendi¨® cuando despert¨¦, y el capataz es el que me hab¨ªa tra¨ªdo, eso significaba que todos estaban bien. Era un alivio, la verdad. Un Deshecho pod¨ªa llegar a ser muy peligroso si el d¨ªa era bueno, y no creo que el d¨ªa del pobre Elian se pudiera describir as¨ª. ¡ªGracias por todo, se?ora. Ya deber¨ªa irme. ¡ªLl¨¦vate esto, cari?o ¡ªme dijo la esposa del cantinero mientras me entregaba una bolsa de papel marr¨®n¡ª. Dafydd me dijo que a¨²n no hab¨ªas comido, as¨ª que te empaqu¨¦ algo. Solo es un poco de conejo con trufas. Te gusta el conejo, ?verdad? ¡ªS¨ª. Es lo mejor que hay... cuando tengo las monedas para comprarlo. ?Cu¨¢nto...? ¡ªEsta va por cuenta de la casa. Seguro que al marido no le importar¨¢. ¡ªGracias de nuevo, se?ora. De verdad. R¨¢pidamente termin¨¦ de ponerme las botas y guard¨¦ la linterna y las monedas en los bolsillos de mis nuevos pantalones. Eran de color azul marino y, a pesar de las manchas de aceite en las posaderas, se ve¨ªan bastante resistentes. La camisa de lana, sin cuello y de manga corta, era una mejora en comparaci¨®n a la que hab¨ªa usado. Me mir¨¦ en el espejo para asegurarme de que todo estuviera en orden. Las prendas que me dio eran perfectas e incluso m¨¢s nuevas y mejores que las que ten¨ªa antes. Solo me faltaba el olor a ron viejo para verme exactamente igual a cualquier trabajador de los muelles. Pero m¨¢s guapo, desde luego. Cuando tom¨¦ la bolsa con la comida y me di la vuelta para irme, la esposa del cantinero me sujet¨® del brazo. El rostro alegre de antes hab¨ªa sido reemplazado por una m¨¢scara de preocupaci¨®n. ¡ªMuchacho, s¨¦ que tienes buenas intenciones, pero por favor, m¨¢rchate. Ellos no te quieren en el puerto. Y as¨ª, sin m¨¢s, la mujer se esfum¨® de la habitaci¨®n, desapareciendo en una esquina al final del pasillo. Su advertencia, aunque era apreciada, s¨®lo me confirm¨® lo que ya hab¨ªa visto por la ventana. Ya sab¨ªa lo que ten¨ªa que hacer. Al salir de la cantina, mir¨¦ una vez m¨¢s el puerto a mi derecha. El n¨²mero de guardias se hab¨ªa duplicado desde la ¨²ltima vez que los vi y estaban patrullando por todos los rincones, desde las tiendas frente al mar hasta los almacenes en la parte trasera. Hab¨ªa algunos estacionados junto a los pocos camaroneros y barcos cerqueros que a¨²n estaban atracados all¨ª. Algo me dec¨ªa que esos guardias no me dejar¨ªan acercarme al Nobby. Afortunadamente, todav¨ªa ten¨ªa mi plan de respaldo. Y mi plan de respaldo ten¨ªa un plan de respaldo. Solo por si acaso. Sin m¨¢s, gir¨¦ en direcci¨®n contraria y comenc¨¦ a caminar por las estrechas calles detr¨¢s de la cantina. Estos callejones conduc¨ªan hacia el Octante y a los otros distritos de la ciudad, pero m¨¢s importante a¨²n, conduc¨ªan a la ¨²nica estaci¨®n del subterr¨¢neo en el Muelle. No me tom¨® mucho llegar ah¨ª. Los arcos de la entrada, hechos de acero pintado de un color verdoso, se alzaban sobre m¨ª con su peculiar mezcla de superioridad de mal gusto y su rareza funcional ¡ªuna representaci¨®n perfecta del ¡°progreso¡± de Kefnfor¡ª. El edificio no era bonito ni hab¨ªa sido dise?ado para serlo, su ¨²nico prop¨®sito era ser innecesariamente imponente. Porque nada gritaba ¡°La Ciudad del Ma?ana¡± como la arquitectura aburrida y fea. If you stumble upon this narrative on Amazon, it''s taken without the author''s consent. Report it. Al acercarme, el hombre en la taquilla me advirti¨® que los trenes iban retrasados y que ser¨ªa mejor caminar hasta la siguiente estaci¨®n. Cuando le dije que no me importaba esperar, no dud¨® mucho en aceptar mis monedas. Normalmente los pasillos de piedra resonaban con los pasos y quejas de clientes molestos, pero ese d¨ªa los t¨²neles estaban casi desiertos. Hab¨ªa unas ocho personas, como m¨¢ximo, caminando por el pasillo y todos parec¨ªan dirigirse a la salida en el otro extremo del t¨²nel. Era perfecto para m¨ª. Tras un par de minutos caminando por los t¨²neles, por fin llegu¨¦ al and¨¦n, donde solo hab¨ªa un guardia ¡ªuno de verdad esta vez¡ª y una joven mam¨¢ con su beb¨¦ en brazos. Si ten¨ªa suerte, estos daearann¨²nes asumir¨ªan que yo era otro loco m¨¢s que se hab¨ªa colado en el metro para dormir y beber. Una vez seguro de que los dos estaban distra¨ªdos, tom¨¦ aire y silb¨¦ una melod¨ªa familiar. Era la canci¨®n de cuna que mam¨¢ sol¨ªa cantarnos cuando ¨¦ramos ni?os; el esp¨ªritu se hab¨ªa encari?ado especialmente con esa. Y luego¡­ a esperar. A Curiosidad le tom¨® menos de diez minutos llegar desde qui¨¦n-sabe-d¨®nde. Pose¨ªa la sinuosa elegancia de una v¨ªbora de cascabel, pero donde deber¨ªas estar los moteados, sus escamas brillaban con una luz plateada, casi met¨¢lica. Dos pares de alas, cuyas plumas aceitosas zumbaban como un cristal tocado por el viento, brotaban de su espalda. Y sobre cada una de sus plumas, en lugar del familiar patr¨®n de diamantes, se pod¨ªan observar las runas arcanas que representaban las palabras de los Antiguos, palabras que escapaban mi comprensi¨®n. ¡ª?Compa! ¡ªdije con una sonrisa mientras el cuerpo transl¨²cido del esp¨ªritu absorb¨ªa la luz de las l¨¢mparas cercanas¡ª, Me alegra verte bien. Dime, ?has aprendido algo nuevo? Curiosidad flotaba frente a m¨ª, danzando en formas extra?as como tratando de comerse su propia cola. Bat¨ªa sus alas incesantemente, luchando contra un viento imaginario que no podr¨ªa ni tocarlo. Pero aunque pareciera feliz, ya sab¨ªa que no revelar¨ªa sus secretos tan f¨¢cilmente. Este esp¨ªritu, uno de los amigos m¨¢s antiguos de la humanidad, no era m¨¢s que una mezcla de Deseo y Verdad; una sed de conocimiento que jam¨¢s se saciar¨ªa, pues siempre habr¨ªa nuevas fronteras que cruzar y nuevos misterios que develar. ¡ªOjal¨¢ hubieras estado all¨ª ¡ªdije con cautela¡ª. Encontr¨¦ al padre de la ni?a, pero ya era tarde. Tambi¨¦n me encontr¨¦ con unos Vestigios. Estaban poseyendo un barco. ?Puedes creerlo? ?Un maldito barco! Y tambi¨¦n vi un esp¨ªritu extra?o que nunca hab¨ªa visto. Daba mucho miedo. ?No te pica la curiosidad? El esp¨ªritu ni se inmut¨®. ?Fui demasiado directo? Nunca antes hab¨ªa sido un problema¡­ Seguro Curiosidad quer¨ªa que le diera algo m¨¢s interesante. Ya hab¨ªamos conocido tantos Deshechos que la historia de Elian, por triste que fuese, probablemente sonaba aburrida en comparaci¨®n. ?C¨®mo pensar que una tragedia m¨¢s le podr¨ªa interesar a un ser que hab¨ªa visto tantas cosas? Pens¨¦ en contarle sobre el esp¨ªritu que hab¨ªa visto esta ma?ana, la bestia de la Desesperanza, pero no sab¨ªa c¨®mo responder¨ªa a eso. O incluso si me creer¨ªa. Sin embargo, s¨ª hab¨ªa algo que pod¨ªa compartir con el peque?¨ªn. ¡ªSabes ¡ªcomenc¨¦, abriendo la bolsa de papel en mi mano¡ª, la esposa del cantinero me regal¨® algo nuevo. Lo llaman Conejo de Kefnfor. ¡ªNo es conejo ¡ªdijo Curiosidad, sus palabras resonando en mi mente¡ª. ?QU¨¦ es? ¡ªCreo que es una salsa de queso fundido, con cerveza y mostaza, servida sobre pan tostado. A algunas personas les gustan espolvoreadas con trufas de verano y tomillo. ?Lo puedes oler? Huele delicioso, compa. ¡ª?POR QU¨¦ conejo? ¡ªexigi¨® el esp¨ªritu. ¡ªEn otras partes de la isla ¡ªcontinu¨¦, ignorando las preguntas de la pobre criatura¡ª, creo que en el pueblo de Lynnyannwn, lo llaman "canijo". ¡ª?QUI¨¦N lo llama as¨ª? Te suplico que me muestres D¨®NDE puedo encontrarlo. ¡ªLo hicieron en la cantina de Dafydd. ?Recuerdas el lugar, verdad? Justo al final de la calle. ¡ª?Justo al final de la calle? ?Puedo ir? ?Puedo probarlo? Por mucho que odiara la idea de separarme de mi regalo, no pod¨ªa pensar en un mejor soborno para Curiosidad. Los hombres que custodiaban el puerto podr¨ªan impedir que yo me acercara a los barcos o entrar en los almacenes, pero no pod¨ªan detener lo que no pod¨ªan ver. Enviar a Curiosidad a explorar la zona era mi mejor oportunidad para encontrar a Elian antes de que se transformara por completo. Incluso si era demasiado tarde para salvarlo, a¨²n pod¨ªa hacer algo por los dem¨¢s en el Muelle. Sin pensarlo dos veces, abr¨ª la bolsa de papel y vert¨ª el contenido en el suelo, justo frente a Curiosidad. ¡ªTodo tuyo, compa. Los esp¨ªritus no com¨ªan de la misma forma que los humanos o los animales. Realmente no hab¨ªa un acto f¨ªsico involucrado. En cambio, los esp¨ªritus consum¨ªan la esencia de una cosa. Seres como Curiosidad absorb¨ªan los recuerdos asociadas con algo, dejando solo una c¨¢scara vac¨ªa y sin rasgos de algo que ya no era. Lo que quedara tras el fest¨ªn obsceno de un esp¨ªritu no era m¨¢s que un espejismo con forma f¨ªsica. En algunos lugares, la gente cre¨ªa que era de mala suerte comerse las ofrendas a los esp¨ªritus pero eran solo patra?as. En el mejor de los casos, ser¨ªa como probar un pedazo de la nada. Un residuo del olvido. Observ¨¦ ¡ªcon cierta tristeza por la p¨¦rdida de semejante manjar¡ª c¨®mo Curiosidad terminaba su fest¨ªn. Sus escamas brillaban cada vez m¨¢s fuerte, como si algo en la comida hubiese despertado algo en su interior. Una vez que termin¨®, el esp¨ªritu sacudi¨® sus plumas y se acurruc¨® sobre la bolsa de papel. Estaba satisfecho. ¡ªEspero que te haya gustado, compa ¡ªdije, esperando que ahora me quisiera escuchar¡ª. Tal vez puedas ayudarme con mi investigaci¨®n. Me met¨ª en un peque?o aprieto, por as¨ª decirlo. ¡ªAgradezco la ofrenda. Los hilos me GUIAR¨¢N hacia aquel que lo nombr¨®. El conejo sab¨ªa jocoso. Esa era mi se?al. Era ahora o nunca. ¡ªEl hombre que ha desaparecido, del que nos habl¨® la ni?a, sospecho que puede ser un recept¨¢culo de A?oranza o tal vez de Tristeza. Est¨¢ perturbado, compa, y podr¨ªa convertirse en un Deshecho a menos que lo encontremos. T¨² puedes ayudar, ?no? ¡ªLa ascensi¨®n causa sufrimiento en tu especie. ?POR QU¨¦ no la pueden aceptar? Deseaba tener una respuesta a eso. Combat¨ªamos a los Deshechos, pero realmente no hac¨ªamos nada para evitar que nacieran. Est¨¢bamos tan acostumbrados a esperar hasta que fuera demasiado tarde, hasta que los ni?os quedaran hu¨¦rfanos y a que pueblos enteros fueran arrasados por un monstruo enloquecido. ¡ªTal vez deber¨ªa preguntarle al esp¨ªritu que posey¨® a Elian, compa ¡ªbrome¨¦. ¡ª?D¨®NDE quieres que vaya, querido amigo? ¡ªA los almacenes del puerto. Los hombres de all¨ª esconden algo pero no puedo acercarme. T¨² s¨ª puedes, y si logras encontrar a Elian, yo puedo reunirme despu¨¦s. Ser¨¢ como aquella vez en Costa Verde cuando ¨ªbamos por¡ª ¡ªLos acueductos. No me esperaba esa respuesta. Kefnfor hab¨ªa sido constru¨ªdo en los acantilados al suroeste de la isla, en el punto m¨¢s cercano a An Mirajab, donde los fundadores esperaban que pudieran tanto comerciar como defenderse de los Miraj¨ªes. Pero el lugar carec¨ªa de agua dulce, por lo que los daearann¨²nes, a partes iguales ingeniosos y molestos, crearon una vasta red de acueductos subterr¨¢neos para mantener viva la ciudad. La pregunta era, ?por qu¨¦ Curiosidad me querr¨ªa all¨ª? ¡ªTe escucho¡­ ¡ªLos thneamoi se esconden bajo nosotros, en una red de secretos y susurros silenciosos. Los acueductos son caminos que transportan todo, desde carruajes con agua hasta barriles de carb¨®n y salitre, e incluso los hijos encadenados de Ann¨²n. ¡ªContrabando y trata de personas, ?eh? Magn¨ªfica combinaci¨®n. ¡ªNacieron nuevos caminos que llevan a los almacenes que buscas. ¡ª?Crees que pueda esquivar a los guardias usando estos t¨²neles? O¡­ ?acaso me est¨¢s usando para explorar estos t¨²neles con un portador guapo como gu¨ªa? ¡ªUna entrada est¨¢ m¨¢s all¨¢ de estos t¨²neles ¡ªdijo el esp¨ªritu con entusiasmo, o tan entusiastamente como una personificaci¨®n de curiosidad era capaz de mostrar¡ª. Est¨¢ escondida donde las m¨¢quinas de vapor no se detienen. Mir¨¦ hacia el otro lado del and¨¦n. La mujer ahora estaba hablando con su beb¨¦, una cosita que no pod¨ªa m¨¢s que re¨ªr ante las payasadas de su madre. El guardia platicaba con la mujer mientras le sonre¨ªa al chamaco. Me pregunt¨¦ si estar¨ªan emparentados. Aun as¨ª, aunque estuvieran distra¨ªdos con el beb¨¦, no pod¨ªa arriesgarme a que me vieran saltar en las v¨ªas. ¡ªOye, compa ¡ªle dije Curiosidad mientras se?alaba a los daearann¨²nes del otro lado¡ª, ?puedes hacer algo con ellos? No quisiera que arruinaran nuestra peque?a aventura. Sin decir una palabra ¡ªo hacerla aparecer dentro de mi cabeza como sol¨ªa ser el caso¡ª Curiosidad se lanz¨® hacia los daearann¨²nes. Vol¨® con una gracia que ser¨ªa imposible en un ser vivo, desapareciendo en nubes de humo plateado para despu¨¦s aparecer de nuevo un poco m¨¢s adelante. Una vez junto al infante, agit¨® sus alas frente a su peque?o rostro y espolvore¨® un polvo plateado que le hizo estornudar. Solo fue cuesti¨®n de instantes antes de que sus risitas resonaran por toda la estaci¨®n, rob¨¢ndose toda la atenci¨®n de su madre y del guardia. Pronto ambos estuvieron absortos en el beb¨¦ y hablaban animadamente sobre algo que no alcanc¨¦ a escuchar. Pero no importaba. Su felicidad era mi se?al para seguir con el plan. Saltando por el peque?o escal¨®n de seguridad al borde del and¨¦n, me lanc¨¦ a las v¨ªas del tren y tom¨¦ un giro brusco a mi izquierda, hacia los t¨²neles mismos. Curiosidad regres¨® a mi lado, flotando junto a mi rostro como si fingiera estar de pie sobre mi hombro. No tard¨¦ mucho en dejar atr¨¢s el and¨¦n, dej¨¢ndome guiar por las v¨ªas en el suelo y el tenue brillo de la luz plateada de mi compa?ero. Despu¨¦s de un breve trote por los t¨²neles, Curiosidad "salt¨®" de mi hombro y flot¨® frente a una puerta met¨¢lica. Esa ten¨ªa que ser la entrada que me hab¨ªa prometido. El marco de la puerta era peque?o, tal vez m¨¢s adecuado para un daearann¨²n o un ni?o. Afortunadamente, el t¨²nel del otro lado era lo suficientemente grande como para que yo pudiera estar de pie. Bueno, casi. Sin embargo, lo que me sorprendi¨® fue que el t¨²nel era sorprendentemente corto, tal vez solo veinte o veinticinco metros de profundidad, y al final hab¨ªa un agujero en el suelo con una escalera met¨¢lica atornillada a la pared. Esa era mi entrada al inframundo. Habr¨ªa preferido estar al aire libre o al menos en un espacio m¨¢s abierto. La idea de quedar atrapado bajo tierra siempre me hab¨ªa aterrorizado. Mi coraz¨®n lat¨ªa de nuevo con fuerza. Mis palmas estaban sudorosas. El aire era pesado, lo que dificultaba la respiraci¨®n. Ahora me dol¨ªa el pecho. Un paso. Dos pasos. Uno m¨¢s. Las paredes se estaban cerrando¡ª Dioses, ay¨²denme. Ahora, necesitaba una distracci¨®n. ¡ªAs¨ª que, compa ¡ªle dije a Curiosidad, tratando de concentrarme en otra cosa¡ª, ?puedo preguntar qu¨¦ le dijiste a la peque?a criatura? ¡ªSu mente corr¨ªa. Su coraz¨®n anhelaba ser escuchado. Simplemente la ayud¨¦ a decir una palabra a la madre, el primer componente. ¡ªEres tan blandito, compa ¡ªbrome¨¦¡ª. ?Cu¨¢l fue la palabra? ¡ªSandu. De todas las cosas que podr¨ªa haber dicho... ?Por qu¨¦ eligi¨® que esa fuera la primera palabra del beb¨¦? Una vez m¨¢s, sent¨ª esa sensaci¨®n de ardor que crec¨ªa en mi pecho mientras las l¨¢grimas se me atoraban en la garganta. Este viejo esp¨ªritu tonto siempre sab¨ªa las palabras correctas para descolocarme. ¡ªEll-ellos... ¡ªdije, con la voz temblorosa mientras descend¨ªa la escalera¡ª, ellos no sabr¨¢n lo que eso significa, ?sabes? Estar¨¢n confundidos. ¡ªEn su confusi¨®n, se preguntar¨¢n QU¨¦ signific¨®. Los observar¨¦ cuando eso suceda. Cuando llegamos al final de la escalera, me sorprendi¨® el tama?o de los acueductos. Me hab¨ªa imaginado peque?os t¨²neles con corrientes poco profundas fluyendo a trav¨¦s de pasajes estrechos. No se parec¨ªa en nada a eso. Por decirlo suavemente. Las b¨®vedas de arcilla y piedra eran m¨¢s altas que la mayor¨ªa de los edificios en la superficie, o al menos que los que se encontraban en el Muelle. Los pasillos, hechos de basalto tallado y piedra de escombros, estaban en mucho mejor estado de lo que suger¨ªa su edad. Y el agua, ?dioses, el agua! Uno pensar¨ªa que no habr¨ªa m¨¢s que aguas negras y sucias y literal mierda corriendo por debajo de la ciudad. En cambio, las aguas cristalinas de aqu¨ª ten¨ªan un toque inquietante gracias a la red de l¨¢mparas el¨¦ctricas que los kefnforianos hab¨ªan instalado para iluminar los t¨²neles. Este r¨ªo artificial, las venas literales que daban vida a Kefnfor, casi me hizo olvidar el horror que acechaba arriba. ¡ªGracias por mostrarme este lugar, compa. Curiosidad se sent¨® sobre mis hombros, enrosc¨¢ndose en silencio como lo har¨ªa una serpiente dormida. Su respiraci¨®n intermitente, fingida como era, proporcionaba una sensaci¨®n de consuelo mientras avanzaba por esos maravillosos t¨²neles de luz y agua. Avanzamos por los acueductos a paso ligero. Mi compa?ero solo reaccionaba con instrucciones simples, susurrando "izquierda" o "derecha" cada vez que lleg¨¢bamos a una intersecci¨®n. Esto era algo que hac¨ªa desde que lo rescat¨¦ en Azmaelan. Una parte de m¨ª quer¨ªa creer que ¨¦ramos buenos amigos, a pesar de nuestras diferencias. Era el tipo de amistad que me hac¨ªa desear que otras personas pudieran ver esp¨ªritus. Si uno pudiera entenderlos y conectar con ellos, tal vez tendr¨ªamos menos Deshechos y Ecos. Tal vez no hubi¨¦ramos tenido las Noches... Sorprendentemente, y quiz¨¢s atra¨ªdos por la propia naturaleza de Curiosidad, otros esp¨ªritus se unieron a nuestra peregrinaci¨®n por el subsuelo. Peque?os fragmentos de Valent¨ªa nadaban en las aguas cristalinas, llevando sobre sus escamosas espaldas a los coyotes imbuidos de llamas que representaban la Lealtad. Junto a m¨ª, corriendo entre y a trav¨¦s de mis piernas, m¨²ltiples esp¨ªritus de Prop¨®sito ¡ªparecidos a cachorritos peque?os y peludos en lugar de los enormes mastodontes de la superficie¡ª persegu¨ªan juguetonamente a los fragmentos de Templanza con forma de colibr¨ª. Por el camino, hab¨ªamos encontrado un peque?o jir¨®n de Tristeza, reci¨¦n nacido por lo que parec¨ªa, que se hab¨ªa aferrado a mis pantalones mientras lloraba solemnemente por una tragedia desconocida. No tuve coraz¨®n para abandonar a la cosita, tan angustiada como estaba por su nacimiento, as¨ª que le dije que nos acompa?ara. De alguna manera hab¨ªa decidido trepar por mi espalda y sobre mi cabeza, y ahora me estaba "acicalando", comiendo los piojos inexistentes de mi cabello. Despu¨¦s de navegar por los t¨²neles durante una o dos horas, Curiosidad me hizo saber que hab¨ªamos llegado a nuestro destino. Era otra escalera, m¨¢s nueva que la mayor¨ªa de las que hab¨ªamos encontrado por el camino, y conduc¨ªa a una especie de trampilla en el techo. O en el suelo, supongo, si lo mirabas desde el otro lado. ¡ª?QU¨¦ hay al otro lado? ¡ªpregunt¨® Curiosidad. Me molest¨® un poco la aparente ignorancia del esp¨ªritu sobre lo que nos esperaba considerando que ¨¦L me hab¨ªa tra¨ªdo aqu¨ª. Aunque, siendo justos, yo era tan curioso como el esp¨ªritu. Estaba un noventa por ciento seguro de que ese era mi propio sentimiento y no su influencia. O tal vez un ochenta por ciento. ¡ªSolo hay una forma de averiguarlo. La trampilla, afortunadamente, estaba abierta. Hab¨ªa sido un poco m¨¢s pesada de lo que parec¨ªa, pero nada que un buen empuj¨®n no pudiera resolver. Al poco tiempo, ya estaba al otro lado. Era una especie de almac¨¦n. No era para nada lo que esperaba. Plataformas met¨¢licas y pasarelas elevadas bordeaban la parte superior del edificio, con escaleras que conduc¨ªan a salas m¨¢s grandes con alg¨²n tipo de m¨¢quinas pesadas. Cajas de madera cubr¨ªan el lado oeste del edificio, formando extra?os laberintos en los que uno podr¨ªa perderse. En el extremo opuesto del almac¨¦n, grandes bolsas sin forma colgaban del techo, goteando un l¨ªquido viscoso sobre el suelo. ?Qu¨¦ clase de pescado se almacenaba en este lugar? Pero el verdadero espect¨¢culo estaba junto a la trampilla. Parec¨ªa una caba?a mal hecha, con montones de cajas y barriles vac¨ªos en lugar de paredes reales. Unas ropas ra¨ªdas cubr¨ªan las amplias ventanas, impidiendo la entrada del sol. Los tablones de madera y los clavos cercanos suger¨ªan que el misterioso poliz¨®n hab¨ªa intentado tapiarlas. Escondido detr¨¢s de unos barriles, hab¨ªa un catre improvisado, hecho con el mismo material que las bolsas llenas de pescado del almac¨¦n. La cama estaba cubierta por los fragmentos de un espejo roto. Lo menos sorprendente, como siempre, eran las muchas botellas esparcidas por todo el suelo. La mayor¨ªa estaban vac¨ªas, pero algunas permanec¨ªan sin abrir. Whisky. Del barato. Del tipo que hab¨ªa visto en el otro escondite de Elian. La pregunta era, ?qu¨¦ estaba haciendo aqu¨ª y qui¨¦n m¨¢s sab¨ªa de este lugar? ¡ªHay una mu?eca ¡ªdijo Curiosidad, alej¨¢ndose flotando de mi hombro y dirigi¨¦ndose hacia la cama¡ª. ?Puedes ver sus recuerdos? Me acerqu¨¦ y tom¨¦ la mu?eca. Era un peque?o juguete hecho de hilo blanco para el cuerpo, un vestido verde tejido torpemente y cabello amarillo pegado con alguna pasta barata. Este juguete no hab¨ªa sido comprado en un bazar o en una tienda elegante; era obra de las manos de una ni?a, hecho con lo poco que ten¨ªa disponible. ¡ª?Crees que esta mu?eca...? ¡ªLa ni?a ¡ªdijo. No era una respuesta definitiva. Era la pregunta que no me hab¨ªa atrevido a hacer¡ª. Usa tu don para verlo, amigo. El esp¨ªritu ten¨ªa raz¨®n. Si la magia era la mejor manera de encontrar a Elian, tendr¨ªa que arriesgarme. Que se jodan las consecuencias. Respir¨¦ hondo y cerr¨¦ los ojos. Usar mi don, como lo llamaba Curiosidad, era tan natural como escuchar los latidos de mi propio coraz¨®n. Todo lo que necesitaba era concentraci¨®n. Una por una, las luces comenzaron a tomar forma dentro de mi mente, y luego dentro de mi vista. Estas luces danzaban y parpadeaban a mi alrededor hasta que tomaron sus verdaderas formas: los Hilos que nos conectaban a todos. Y el lugar estaba lleno de muchos de ellos. Conexiones de aquellos que hab¨ªan trabajado aqu¨ª en el pasado, y de aquellos que vendr¨ªan despu¨¦s. Encontrar la l¨ªnea correcta fue f¨¢cil ya que solo hab¨ªa un peque?o hilo que sal¨ªa de la cama. Probablemente pertenec¨ªa a la persona que hab¨ªa dormido en ella. Era el punto de partida perfecto. Al tocar ese hilo invisible, una escena comenz¨® a formarse a mi alrededor, como sacada de una pintura y colocada en el mundo real. Algunas de las formas se sent¨ªan incorrectas y los colores no ten¨ªan mucho sentido, pero los detalles no importaban. Lo importante eran las conexiones. Con los esp¨ªritus, los humanos o incluso los objetos. Reconstrucci¨®n. As¨ª era como hab¨ªa llegado a llamarlo. Siguiendo estos hilos, pod¨ªa revivir los recuerdos de sus due?os, viendo lo que ellos hab¨ªan visto y sintiendo todo lo que ellos hab¨ªan sentido. La imagen que salt¨® del hilo de la cama era la de un hombre acostado. Aferraba una botella en una mano y la mu?eca de hilo en la otra. Se sent¨ªa triste, no, desesperado. A medida que segu¨ªa las conexiones del hombre ¡ªla red cuidadosamente ca¨®tica de hilos que brotaban de ¨¦l¡ª su luz se atenuaba, su fuerza se erosionaba con cada segundo que pasaba. Ten¨ªa que ser r¨¢pido o las destruir¨ªa todas. El hombre hab¨ªa tenido una conexi¨®n con el espejo roto. Esa ten¨ªa que ser mi siguiente pista. ?Hab¨ªa visto algo que lo llev¨® a romperlo? No ser¨ªa el primer portador que se horrorizaba al ver su rostro alterado. Sin embargo, el hilo me mostr¨® algo completamente diferente: hab¨ªa sido atacado. Elian hab¨ªa usado el espejo como un arma improvisada para defenderse. Uno de los fragmentos hab¨ªa penetrado en el rostro de su agresor, marc¨¢ndolo. Si todav¨ªa estaba vivo, probablemente habr¨ªa perdido mucha sangre mientras hu¨ªa del almac¨¦n. Desafortunadamente, Elian no sali¨® ileso de esto. Su atacante lo hab¨ªa apu?alado con alg¨²n tipo de daga o cuchillo. Hab¨ªa un hilo que sal¨ªa del arma. Me estaba quedando sin tiempo, arriesgando todo lo que conectaba a Elian con este mundo, pero tal vez esa ¨²ltima l¨ªnea podr¨ªa llevarme a... ¡ª?Abran las malditas puertas! ¡ªgrit¨® una voz fuera del almac¨¦n¡ª. Debemos trasladar la carga a otra ubicaci¨®n. ¨®rdenes del jefe. Los gritos me sacaron de mi trance, disipando las im¨¢genes de mi Reconstrucci¨®n. Ech¨¦ un vistazo a trav¨¦s de la ventana, agach¨¢ndome para que los hombres de afuera no pudieran verme. Hab¨ªa al menos veinte, todos con m¨¢scaras blancas y sin rasgos distintivos, y todos estaban armados con rev¨®lveres y espadas. Espadas anti-portadores. Aquel al que le hab¨ªan estado gritando, uno de los "guardias" que hab¨ªa estado patrullando el puerto, estaba jugueteando con un llavero. Esa cosa ten¨ªa m¨¢s llaves que estrellas en el cielo. Al poco tiempo, escuch¨¦ el traqueteo de las puertas del almac¨¦n, las m¨¢s cercanas a m¨ª. Consider¨¦ mis opciones. Las cajas y los barriles no eran suficientes para mantenerme oculto. Si uno de ellos tan solo miraba a su derecha al entrar, me ver¨ªa parado aqu¨ª. Y algo me dec¨ªa que no estar¨ªan muy contentos con mi allanamiento accidental. Joder. Ten¨ªa que pensar r¨¢pido. Tal vez podr¨ªa abrir la trampilla y regresar a los acueductos. Esa cosa era pesada y ruidosa, pero si usaba algunas de las ropas de la ventana para amortiguar los sonidos, podr¨ªa... Alguien me tap¨® la boca y me arrastr¨® hacia el fondo del almac¨¦n. No pod¨ªa moverme y apenas pod¨ªa verlo ¡ªcreo que era un ¨¦l¡ª en la oscuridad. Llevaba el mismo tipo de m¨¢scara que los hombres de afuera. ¡ªEst¨¢s muerto si haces el menor ruido ¡ªme dijo el hombre enmascarado mientras me empujaba a una habitaci¨®n m¨¢s peque?a¡ª, ?entiendes, portador? Entrega 1: El Horror Bajo el Muelle de Eldryn — Parte 4 Korax 18 ¡ª Inselaciune 2, 1308 El almac¨¦n era sofocante. Sus estrechas paredes, h¨²medas y sucias, se cern¨ªan sobre m¨ª como un depredador jugando con su presa. No pod¨ªa moverme. Ni siquiera pod¨ªa quitarme el sudor que me corr¨ªa por la cara. Mi cabello estaba empapado de miedo y mi coraz¨®n se abr¨ªa paso a zarpazos fuera de mi pecho. Dol¨ªa. Joder, c¨®mo dol¨ªa. El tipo enmascarado no me dejaba ir a pesar de que los que estaban afuera se hab¨ªan ido hac¨ªa mucho. Hab¨ªa intentado quit¨¢rmelo de encima, pero era m¨¢s grande que yo, y hab¨ªa usado su cuerpo para inmovilizarme contra la pared. Afortunadamente, hab¨ªa quitado su mano de mi boca para que pudiera respirar, pero las l¨¢grimas segu¨ªan atascadas en mi garganta. Quer¨ªa gritar y empujarlo lejos de m¨ª, pero mis brazos me fallaron y tambi¨¦n mi voz. Dioses, ?por qu¨¦? Por favor¡­ Solo quer¨ªa¡ª La puerta se abri¨® de golpe con un fuerte golpe. Ca¨ª de rodillas, jadeando por aire. El sol se filtraba a trav¨¦s de las ventanas ¡ª?alguien hab¨ªa quitado los harapos que las cubr¨ªan?¡ª pero las manchas informes de color segu¨ªan llenando mi visi¨®n. Cegado como estaba por la repentina oleada de luz, not¨¦ que Curiosidad no estaba por ninguna parte. Solo hab¨ªa unos pocos esp¨ªritus de Preocupaci¨®n en el almac¨¦n, probablemente provocados por la repentina aparici¨®n de los hombres, y la pobre Tristecita llorando en un rinc¨®n junto a la trampilla. El hombre enmascarado se acerc¨® a m¨ª, tratando de agarrarme por el hombro, pero instintivamente le di una bofetada en la mano, encogi¨¦ndome lejos de ¨¦l. ¡ªNo te ves bien, portador ¡ªdijo¡ª. ?Necesitas un minuto? ¡ª?Qui¨¦n eres? ¡ªpregunt¨¦, con los ojos fijos en la m¨¢scara blanca y sin rasgos que llevaba. ¡ªDebes irte ¡ªignor¨® mi pregunta¡ª. Volver¨¢n pronto. ¡ª?Qui¨¦nes son? Yo... Mira, no puedo irme todav¨ªa. Hay algo que debo encontrar. Alguien a quien debo encontrar. El hombre camin¨® hacia m¨ª en solo dos pasos, respirando pesadamente desde detr¨¢s de la seguridad de su m¨¢scara. La m¨¢scara le cubr¨ªa toda la cara, con solo dos agujeros en forma de almendra que interrump¨ªan su lisa blancura. La tenue luz que entraba por las ventanas mostraba un par de ojos verdes mir¨¢ndome fijamente. ¡ªDebes irte ¡ªrepiti¨®. La tenue luz¡­ Algo no cuadraba. Los harapos sobre las ventanas no eran las ¨²nicas cosas que faltaban. Las botellas, la cama y el espejo tambi¨¦n hab¨ªan desaparecido. Solo quedaban los barriles y el polvo. Quienesquiera que fueran esos hombres, se hab¨ªan tomado la molestia de deshacerse de todo lo que pertenec¨ªa a Elian. Maldita sea todo. Comenc¨¦ a buscar fren¨¦ticamente cualquier cosa que pudiera haber quedado atr¨¢s. La daga estaba fuera de discusi¨®n. Eso probablemente fue lo primero que se llevaron si sab¨ªan de ella. Tal vez se hab¨ªan perdido un fragmento del espejo o una botella que pudiera guiarme hacia¡ª ¡ª?No me o¨ªste? Esos hombres te matar¨¢n si te atrapan aqu¨ª. ¡ªSimplemente no lo entiendes ¡ªespet¨¦¡ª. Un hombre inocente, no, un portador inocente ha desaparecido, y si se convierte en un Deshecho, ser¨¢ m¨¢s letal que cualquiera de tus "amigos" enmascarados. La transformaci¨®n deber¨ªa tomar a?os, incluso d¨¦cadas, sin embargo, Elian est¨¢ descendiendo en espiral en cuesti¨®n de d¨ªas, si su hija dice la verdad. ¡ªLo s¨¦. Solo creo que... ¡ªNo. No, no lo sabes. No sabes a qu¨¦ nos enfrentamos aqu¨ª. ?Tienes alguna idea de lo peligroso que puede ser un Deshecho solitario o has visto con tus propios ojos de lo que son realmente capaces? Pueblos enteros pueden ser borrados del mapa por uno solo enloquecido. Familias destrozadas por la locura del monstruo. Vidas destruidas en meros latidos de coraz¨®n. ¡ªDime ¡ªcontinu¨¦, mi rostro lleno de ira¡ª, ?has probado la ceniza de un pueblo en llamas? ?Has sostenido la mano de una ni?a moribunda mientras clama por sus padres? ?Alguna vez has sido testigo de las secuelas de una abominaci¨®n desbocada? ¡ªNo ¡ªconcedi¨® t¨ªmidamente. ¡ªEntonces, amablemente, vete a la mierda. Debo encontrar a Elian. El hombre se qued¨® junto a la puerta del almac¨¦n, con las manos dentro de los bolsillos de sus pantalones negros. No dijo ni una palabra, probablemente no ten¨ªa las agallas para hacerlo. Imb¨¦cil. Incluso en silencio, pr¨¢cticamente pod¨ªa oler el juicio que irradiaba de ¨¦l. No importaba. Nada importaba. Todas las cajas hab¨ªan sido movidas, dejando solo rastros en el polvo donde hab¨ªan sido arrastradas. Algunos de los barriles hab¨ªan sido derribados y la pesca en su interior se hab¨ªa derramado por el suelo, dejando nada m¨¢s que el hedor a pescado muerto para hacernos compa?¨ªa. Incluso los viejos harapos hab¨ªan sido tomados por los hombres enmascarados, arrancados de las ventanas. Esos matones de dos centavos hab¨ªan vaciado completamente el almac¨¦n de cualquier cosa que pudiera ser remotamente ¨²til para m¨ª. Sinti¨¦ndome completamente derrotado, me derrumb¨¦ junto a la trampilla, mis ojos recorriendo el almac¨¦n una vez m¨¢s. Pensar que hab¨ªa llegado tan lejos solo para ser enviado de vuelta al punto de partida. Mir¨¦ por la ventana. A juzgar por lo brillante que estaba afuera, supuse que ser¨ªa cerca del mediod¨ªa o poco despu¨¦s. A medida que pasaban los minutos, las nubes iban y ven¨ªan a su antojo, como si se burlaran de m¨ª al ocultar el sol. En un momento me envolv¨ªan en una oscuridad reconfortante, solo para luego ser cegado por r¨¢fagas de brillo molesto. El hombre permaneci¨® perfectamente quieto. ?Hab¨ªa sido demasiado duro con ¨¦l? Dejando de lado la est¨²pida m¨¢scara, hab¨ªa demostrado ser una buena persona. Quer¨ªa disculparme pero las palabras me fallaron, para sorpresa de nadie. Habr¨ªas sabido qu¨¦ decir. No ten¨ªa sentido pensar en eso ahora. Habr¨ªa tiempo para ahogarme en arrepentimiento despu¨¦s de haber resuelto este caso. Elian estaba en alg¨²n lugar all¨¢ afuera y, matones enmascarados o no, tendr¨ªa que encontrarlo. Si no por la chica, entonces tal vez por el pobre esp¨ªritu atrapado dentro de ¨¦l. Escane¨¦ el almac¨¦n una vez m¨¢s, hab¨ªa cometido un error y me hab¨ªa perdido un detalle crucial aqu¨ª. La trampilla no hab¨ªa sido tocada, no lo parec¨ªa, as¨ª que probablemente no regresaron por ese camino. Aun as¨ª, si los t¨²neles me hab¨ªan tra¨ªdo aqu¨ª, era justo suponer que otras personas los conoc¨ªan. Quiz¨¢s Elian los us¨® para moverse por el Muelle sin ser visto. ?Fue as¨ª como escap¨® despu¨¦s de que me atac¨®? ¡ªT¨², ah¨ª ¡ªle grit¨¦ al tipo enmascarado que se regodeaba en la esquina¡ª, ?me seguiste por los acueductos? ¡ª?Los t¨²neles? S¨ª. ¡ª?Alguno de esos t¨²neles pasa por la choza debajo de la estaci¨®n ballenera? ¡ªNo lo s¨¦ ¡ªdijo, acerc¨¢ndose, saliendo de las sombras¡ª. Realmente no lo s¨¦. Era la primera vez que exploraba esos t¨²neles. ¡ªSi est¨¢s mentiendo... ¡ªNo, Maestro Portador. Me ordenaron seguirte poco despu¨¦s de que entraras por el metro. ¡ª?Ordenado? ?Por qui¨¦n? El silencio se extendi¨® entre nosotros mientras el hombre se negaba a responder a mis preguntas. Se estremeci¨®, su mirada se desvi¨® mientras levantaba una mano para bloquear la luz de sus ojos, aunque el resto de su rostro y cuerpo permanec¨ªan cubiertos de sombras... Algo en esa escena se sinti¨® mal. Se hab¨ªa acercado un paso, s¨ª, pero a¨²n permanec¨ªa dentro de la sombra proyectada por la escalera y las pasarelas de arriba. ?Por qu¨¦ estaba entrecerrando los ojos? Eso no estaba bien. Algo estaba parpadeando, pero un destello justo en sus ojos verde oscuro. This story is posted elsewhere by the author. Help them out by reading the authentic version. Un escalofr¨ªo de esperanza, ir¨®nico, me recorri¨®. Salt¨¦ de inmediato y me puse de pie. ?Podr¨ªa ser que se hubieran perdido un fragmento del espejo roto? Por favor, dioses, que as¨ª sea. ¡ª?Est¨¢s bien? ¡ªme pregunt¨® el tipo, inclinando la cabeza hacia un lado. ¡ªNo te muevas. Qu¨¦date. Justo. Ah¨ª. Se congel¨®, levantando las manos lentamente, con las palmas abiertas en un gesto de rendici¨®n. No discuti¨®, dejando que el silencio flotara en el aire. Sus ojos se hab¨ªan entrecerrado por la confusi¨®n. Quiz¨¢s esta era mi oportunidad para una disculpa adecuada, o al menos una explicaci¨®n adecuada para calmarlo. Se merec¨ªa eso al menos. ¡ªEse brillo en tu cara ¡ªcomenc¨¦¡ª, podr¨ªa ser un fragmento del espejo. Si tengo raz¨®n, podr¨ªa usarlo para guiarnos hacia Elian. ¡ªDeja que te ayude. La repentina interrupci¨®n del hombre me tom¨® por sorpresa. Nunca me hab¨ªa interrumpido hasta ahora. Sin embargo, esta interrupci¨®n se sinti¨® diferente. La mayor¨ªa de las personas, especialmente los extra?os, se impacientaban o se frustraban con mi tartamudeo. Pero la del tipo se sinti¨® ansiosa y algo genuina. Lo mir¨¦ fijamente, con los ojos entrecerrados. Si era una trampa, preferir¨ªa saberlo ahora antes de empezar a respetarlo o, cielos no lo permitan, incluso a que me agradara. Si tan solo no tuviera esa est¨²pida m¨¢scara puesta, tal vez podr¨ªa tratar de leer su rostro. No es que fuera muy bueno leyendo a los que no eran invisibles. Con un asentimiento, acept¨¦ su oferta. El tipo enmascarado no esper¨® una respuesta verbal, se puso en cuatro patas y me dio la espalda para comenzar su propia b¨²squeda. A pesar de su gran cuerpo, se mov¨ªa con sorprendente delicadeza mientras buscaba junto a las ventanas y los barriles derribados. Era un espect¨¢culo bastante divertido. Por mi parte, comenc¨¦ mi b¨²squeda m¨¢s cerca de la trampilla y debajo de las escaleras. Mis palmas recorrieron el suelo mientras buscaba la metaf¨®rica aguja perdida en este pajar de polvo y espinas de pescado. No importar¨ªa lo peque?o que fuera el fragmento o si se me astillaba en la piel, siempre y cuando fuera parte del mismo espejo, podr¨ªa usarlo para seguir los Hilos de regreso a Elian. ¡ªOye, portador ¡ªme llam¨® el hombre desde el lado opuesto de la habitaci¨®n¡ª, mira esto. Me estremec¨ª mientras me agachaba para evitar golpearme la cabeza con la escalera. Me tom¨® un segundo o dos antes de estar de pie junto a ¨¦l. Aunque no pod¨ªa verlo bien detr¨¢s de esa est¨²pida m¨¢scara suya, algo me dec¨ªa que estaba sonriendo, mientras se?alaba algo en el suelo. O mejor dicho, la falta de algo. ¡ª?Qu¨¦ es? ¡ªpregunt¨¦ con cautela¡ª. No veo nada. ¡ª?Es una sombra! ¡ªQu¨¦ revelaci¨®n tan emocionante. ?Deber¨ªamos dar la voz de alarma? ?Detener las imprentas, tal vez? Has descubierto la falta de luz, oh, Se?or de las Sombras. Mi d¨ªa estaba completo. Este tipo, que me hab¨ªa maltratado antes, y no de una manera divertida, estaba emocionado por una maldita sombra. ?Qu¨¦ hab¨ªa hecho yo para merecer esto? ¡ªYa que eres un conocedor de sombras ¡ªdijo, ri¨¦ndose entre dientes bajo la m¨¢scara¡ª, tal vez puedas explicar qu¨¦ est¨¢ causando la sombra. Mis ojos siguieron su dedo mientras hac¨ªa un "zoom" de un lado a otro. Primero a la ventana, por donde entraba la luz del sol, sin obst¨¢culos. Luego, de vuelta al suelo, donde yac¨ªa la sombra, un parche de negrura n¨ªtido e imposible. Ten¨ªa raz¨®n. No hab¨ªa nada all¨ª que la proyectara. Ni nubes, ni m¨¢stiles que se elevaran desde el agua justo afuera del almac¨¦n, ni rejas o grietas en las ventanas. Un escalofr¨ªo de incomodidad ¡ªy emoci¨®n¡ª me recorri¨® la espalda. ?Un esp¨ªritu? ¡ªY tal vez ¡ªcontinu¨®¡ª, puedas decirme por qu¨¦ mi "emocionante descubrimiento" est¨¢ reflejando la luz como si fuera un espejo o una moneda de plata. Aqu¨ª en Kefnfor, nuestras sombras son normales. ?Son diferentes en tu isla, Maestro Portador? Una vez m¨¢s se?al¨® la sombra, pero ahora su dedo se dirigi¨® hacia la escalera donde hab¨ªa estado parado antes. El brillo se reflejaba en la pared en un ¨¢ngulo perfecto. Como para probar su hip¨®tesis, el tipo coloc¨® su mano entre la sombra y la pared, donde la luz desapareci¨® r¨¢pidamente en su mano. Por supuesto. Ahora todo ten¨ªa sentido. No era un fragmento roto, sino la "maldita sombra" lo que reflejaba la luz del sol. Los eruditos cre¨ªan que los esp¨ªritus eran manifestaciones de una emoci¨®n en particular o su opuesto directo. J¨²bilo o Tristeza. Orgullo o Humildad. Verdad o Enga?o. En verdad, eran como monedas o como los Dioses Gemelos. Eran como dos caras grabadas en una, una personificaci¨®n sobrenatural no de un aspecto sino de una dualidad completa. Si una sombra, la oscuridad, era la ausencia de luz, Tristeza era la ausencia de J¨²bilo. Y as¨ª era con todos los dem¨¢s. Y si mi querido compa?ero era la esencia de la Curiosidad, tambi¨¦n podr¨ªa representar lo opuesto: una sed de mantener el conocimiento alejado de miradas indiscretas. Oculto. Oscurecido de las mentes inquisitivas. ¡ªCuriosidad, compa ¡ªllam¨¦¡ª, ?eres t¨²? Con un destello de luz, el peque?o esp¨ªritu surgi¨® del suelo, disipando la "sombra" que hab¨ªa usado como escondite. Sus alas bat¨ªan r¨¢pidamente mientras volaba justo frente a mis ojos, llenando el almac¨¦n con peque?os rayos de luz, reflejando el sol que tocaba sus escamas plateadas. Estaba feliz de verme, y yo a ¨¦l. Sorprendentemente, el tipo retrocedi¨® y casi se cae de sent¨®n. Hab¨ªa reaccionado a Curiosidad. Mi compa?ero deb¨ªa estar muy impresionado por el enmascarado. Solo pod¨ªa recordar tres veces en las que se hab¨ªa dejado ver por alguien m¨¢s, y ninguno hab¨ªa sido un no-portador. ¡ª?Qu¨¦ es esa cosa, portador? ¡ªpregunt¨® el hombre con cautela, se?alando al esp¨ªritu. ¡ªEste es Curiosidad ¡ªdije¡ª, Es un esp¨ªritu de... bueno, curiosidad. Somos buenos compa?eros, ¨¦l y yo. ¡ª?POR QU¨¦ llevas esa m¨¢scara? ?POR QU¨¦ se parece a un b¨²ho? ¡ªle pregunt¨®, salt¨¢ndose todas las formalidades sociales. Ni siquiera yo era tan grosero. ¡ªYo... Yo n-no... No es un b¨²-b¨²ho... ¡ªDeja al pobre hombre en paz. El enmascarado me dio un asentimiento de complicidad, probablemente agradecido por la intervenci¨®n. Sus manos temblaban, pero sus ojos traicionaban una sensaci¨®n de asombro que no hab¨ªa visto en a?os. Los esp¨ªritus rara vez se mostraban, pero esta era la reacci¨®n habitual las pocas veces que lo hac¨ªan. Asombro puro. Bueno, eso o terror abyecto. ¡ª?Por qu¨¦ te escond¨ªas, compa? ¡ªpregunt¨¦¡ª. Sabes que los hombres enmascarados no pueden verte, ?verdad? ¡ªLa mu?eca ¡ªdijo¡ª. Quer¨ªan llev¨¢rsela. No es suyo para llev¨¢rsela. La ni?a la querr¨¢ de vuelta. Curiosidad desenrosc¨® su cola plateada, revelando la mu?eca que hab¨ªa estado guardando tan ferozmente de los matones. Era la misma mu?eca de hilo que hab¨ªa visto antes junto a la cama, la que Elian hab¨ªa estado sosteniendo. Con un movimiento de su cola, Curiosidad deposit¨® el juguete en la mano del enmascarado. ¨¦l se estremeci¨®, casi dej¨¢ndola caer, pero r¨¢pidamente se estabiliz¨®. Le ten¨ªa confianza. ?Deber¨ªa? ¡ªGracias, M-maestro Curiosidad ¡ªdijo, su voz todav¨ªa un poco temblorosa¡ª. Podemos llev¨¢rsela de vuelta a Arianwen. Correcto, su nombre era Arianwen. La hija de Elian. El vestido verde de la mu?eca me record¨® al que la chica llevaba cuando la vi por primera vez el ¨²ltimo d¨ªa del Festival del Coral. El aire hab¨ªa estado cargado con el olor a pescado y masa frita. Innumerables puestos se alineaban en las calles vendiendo todo tipo de comidas relacionadas con el pescado. Tostadas de Robalo y Eneldo, Bacalao Frito con P¨¢prika, Galletas de Cangrejo de Aperwyn y, por supuesto, Pastelitos de Kefnfor que, por suerte, solo ten¨ªan forma de pescado. Yo hab¨ªa estado intentando encontrar un rinc¨®n tranquilo, en alg¨²n lugar que vendiera algunas verduras que pudiera devorar cuando la chica se me acerc¨®. Hab¨ªa estado parada al costado del camino entre el Muelle y el Octante, entregando narcisos a todos los que pasaban. Una vieja tradici¨®n kefnforiana, si mal no recuerdo. Algo sobre ni?os esperando a sus padres despu¨¦s de la guerra con Clei?os. Pero mientras las otras ni?as giraban y re¨ªan, con sus rostros iluminados con sonrisas genuinas, Arianwen simplemente miraba. Sus ojos, enrojecidos e hinchados, parec¨ªan fijos en algo m¨¢s all¨¢ de las multitudes festivas o incluso de los muelles. Algo m¨¢s all¨¢ del mar. Incluso cuando se hab¨ªa forzado a sonre¨ªr, sus labios temblaban y le segu¨ªa una respiraci¨®n temblorosa y entrecortada, como si acabara de terminar un ataque de llanto incontrolable. Me hab¨ªa sentado con ella y la hab¨ªa dejado desahogarse con este extra?o. Ni siquiera necesit¨¦ usar magia. La pobre ni?a hab¨ªa estado conteniendo tanto dolor. Me habl¨® de Elian y de la "aflicci¨®n". Me habl¨® del miedo que sent¨ªa cuando ¨¦l beb¨ªa y de la alegr¨ªa cuando la llamaba "su estrella fugaz". Esa era la famosa saudade, ?no? Lo que me atrajo. Aun as¨ª, el tipo ten¨ªa raz¨®n. Ten¨ªamos que devolver la mu?eca. Por ella... y por Elian tambi¨¦n. Me divirti¨® un poco cuando mir¨¦ a la pareja frente a m¨ª. Curiosidad se hab¨ªa enroscado alrededor de los hombros del enmascarado, descansando sobre ¨¦l como lo hab¨ªa hecho conmigo antes. El hombre, a su vez, parec¨ªa molesto pero no de una manera grosera. Ten¨ªa la mirada de alguien que sosten¨ªa a un beb¨¦ por primera vez. Ese extra?o espacio entre la diversi¨®n y la preocupaci¨®n. ¡ªS¨ª ¡ªfinalmente dije¡ª. Busquemos a la ni?a. Seguro que echa de menos a su peque?a compa?era de hilo. Tan pronto como esas palabras salieron de mis labios, una voz et¨¦rea reson¨® por toda la habitaci¨®n. ¡ª?No! ¡ªgrit¨® Tristeza, corriendo hacia m¨ª antes de saltar directamente a mis brazos. Sus ojos estaban llenos de l¨¢grimas, y sus sollozos hab¨ªan inundado mi mente¡ª. No. No. No. No. ¡ªTranquilo, tranquilo, compa ¡ªdije, tratando de consolar al peque?o esp¨ªritu¡ª. ?Qu¨¦ te pasa? ¡ª?Todo bien? ¡ªme pregunt¨® el enmascarado. No pod¨ªa o¨ªr el llanto incesante de Tristeza. ¡ªNo lo s¨¦. Otro esp¨ªritu parece angustiado... ¡ªLa ni?a ha desaparecido ¡ªinterrumpi¨® Tristeza¡ª. Secuestrada. Apresada. Llevada. No puedes encontrarla. No la encontrar¨¢s. ¡ª?Muchacho? ?Qu¨¦ pas¨®? Est¨¢s blanco como una s¨¢bana. Mi sangre se congel¨® y las palabras no salieron de mi boca. Curiosidad respondi¨® en mi nombre: ¡ªLa que llamaste Arianwen ha sido llevada. Se ha ido.