Capítulo II: El Despertar del Fuego
El crepitar de las llamas iluminaba los rostros atónitos de los sobrevivientes. El cadáver humeante del Jotun yacía ante ellos, una monta?a de hielo derretido y carne chamuscada. El hombre que había surgido de la inconsciencia, ahora de pie con la mano aún envuelta en fuego, se encontraba observando sin ninguna emoción en el rostro el cadáver del monstro.
Luna, recuperando la compostura, envainó su espada y se acercó con cautela. Sus ojos, reflejando tanto desconfianza como asombro ante tal escena, le ordeno al resto del grupo que bajara las armas, mientras se postraba detrás del hombre, el cual aun no había notado o mejor dicho, dado importancia a los demás.
—?Quién eres? —preguntó, su voz firme, la cual daba la sensación de seguridad
El hombre parpadeó, como si la pregunta lo hubiera despertado de un sue?o profundo. Miró su mano en llamas y, con un gesto de desconcierto, cerró el pu?o, extinguiendo la llama que aun ardía en su mano.
—Joás. Un gusto conocerlos —respondió, con una voz firme y burlona— acercándose al grupo, observándolos con curiosidad y intriga como si de un ni?o curioso se tratara.
Elián, con el ce?o fruncido, se acercó también, manteniendo una distancia prudente.
—?Cómo es posible que hayas sobrevivido aquí? —inquirió—. ?Y de dónde provienen esas... habilidades? ?Qué demonios eres?—
El hombre, con una sonrisa burlona dibujada en su rostro y destellos juguetones en su mirada, se dirigió a Elian y sus dudas. "Al parecer, soy su salvador. Aunque, para ser honesto, solo eliminé esa criatura porque se interponía en mi camino. En cuanto a mis habilidades... Pues, no estoy seguro. Es algo tan natural como respirar, supongo. ?Ustedes tampoco pueden hacer fuego brotar de alguna parte de sus cuerpos?" Dicho esto, hizo surgir una peque?a llama de la yema de sus dedos, observándolos con un aire de burla y superioridad.
Luna intercambió una mirada rápida con Elián, buscando en sus ojos alguna se?al de cómo proceder. La desconfianza era palpable entre los miembros del grupo, pero también lo era la necesidad de respuestas.
—?De dónde vienes, Joás? —preguntó Luna, manteniendo su tono firme pero intentando suavizar la tensión.
Joás dejó escapar una risa breve, casi sarcástica.
—De ningún lugar en particular. He estado... vagando. Buscando a un compa?ero que se perdió y aún no ha regresado... Más específicamente, un ni?o. Es un poco travieso y descuidado. Dígame, ?de casualidad se han encontrado con algún ni?o ustedes en su camino?
Elián frunció el ce?o, sin apartar la vista de Joás.
—?Un ni?o? ?Esperas que un ni?o aún siga vivo en este infierno helado?... Donde lo único que se encontrará es muerte por congelamiento y monstruos de hielo hambrientos. ?Y piensas que un ni?o estaría vivo aún?
La expresión de Joás cambió, volviéndose seria y amenazante.
—No te pregunté tu estúpida opinión. ?Crees que la pregunta fue tan difícil de entender? ?Vieron o no vieron a un ni?o? ?O es que tu diminuto cerebro no fue capaz de comprender la puta pregunta?
Los dos hombres se pararon frente de uno del otro, ambos con una mirada amenazante, denotando en el ambiente que en cualquier momento podría esto volverse en una pelea. los demás compa?eros de Elian solo podían postrar sus manos sobres sus armas, dispuestos a pelear ante aquel hombre misterioso, pero peligroso.
Viendo esta escena, Luna decide ponerse entre estos dos, dándole la orden a sus hombres que se relajen y a Elian que se aleje y la deje hablar a ella — Disculpa a mi compa?ero, esta tenso como todos nosotros. Nuestra excursión no ha salido como nosotros pensábamos y aparte hemos perdido a muchos de los nuestros, entonces no, no nos hemos encontrado con ningún ni?o en nuestro camino. lamento no poder ayudarte—–
If you encounter this narrative on Amazon, note that it''s taken without the author''s consent. Report it.
Viendo esto Joás, se relaja y se aparta un poco, donde luna noto como los miembros del grupo comenzaban a relajarse, aunque la cautela seguía presente.
—Mira, Joás —dijo ella—, estamos agradecidos por tu ayuda con el Jotun. Pero necesitamos saber si podemos confiar en ti, ya hemos perdido a muchos de los nuestros y lo ultimo que necesitamos son mas problemas.
Joás la miró directamente a los ojos, su expresión se tornó seria.
—La confianza es un lujo en estos tiempos. No espero que confíen en mí. Pero, por ahora, nuestros objetivos parecen alinearse. Sugiero que aprovechemos eso, ya que estoy cansado de buscar solo sin tener resultados. ?Entonces le parece se?orita si nos ayudamos mutuamente para alcanzar nuestras metas?.
Luna asintió lentamente, reconociendo la lógica en las palabras de Joás.
—De acuerdo. Pero mantendremos los ojos abiertos.
Joás sonrió de nuevo, con una voz burlona les respondió
—Como debe ser.
Luna, con una voz tranquila y un rostro sereno, habló:
—Por cierto, me llamo Luna Starfire, soy la líder de este grupo, y el grandote de ahí se llama Elián, es el segundo al mando de nosotros. Y estos son mis compa?eros del grupo de exploración.
Joás, con una sonrisa, asintió ante la presentación de Luna y se volvió a presentar:
—Mucho gusto. Me llamo Joás. Un gusto conocerlos a todos.
Con una voz pesada y despectiva, habló Elián:
—Muy lindo todo, Luna. Pero, ?Qué vamos a hacer con nuestras celdas de energía? Ya se van a agotar y no tenemos reserva.
Esto sembró nuevamente preocupación en el grupo, que era consciente de la situación.
Con unos pasos tranquilos y despreocupados, Joás se acercó a Elián. Tocando la celda de energía de su traje con la palma de su mano, empezó a brillar. Luna y los demás fueron testigos de cómo la celda se recargaba, llegando a su capacidad máxima, asombrando al grupo y dejándolos atónitos.
Joás, con una voz burlona y suave, se dirigió a Luna y los demás:
—Acérquense y muéstrenme sus celdas de energía. Yo las llenaré otra vez y así se quitarán una preocupación de encima.
El grupo no podía creer lo que veía. ?Un milagro? ?Cómo era posible que este hombre pudiera desprender llamas de su cuerpo y recargar sus celdas de energía?
Con una sonrisa en su rostro, Luna soltó una carcajada de incredulidad y se dirigió a Joás:
—Al parecer eres más intrigante de lo que pensé, Joás. Te pido que me perdones, pero ya encontramos nuestro objetivo: una fuente de energía para nuestra colonia.
Con estas palabras de Luna, todo el grupo tomó sus armas y se dispuso a amenazar a Joás.
—Por favor, Joás, coopera con nosotros. No me gustaría tener que lastimar a nuestro salvador, así que por favor ven con nosotros sin oponer resistencia —exclamó Luna, mientras tomaba su espada con ambas manos y los demás del grupo se acercaban lentamente, con sus armas apuntando a Joás.
Joás, con una expresión de tranquilidad en su rostro, se dirigió a Luna y a los demás:
—Está bien, Luna. La verdad, quería saber más de ti, me pareces una persona muy interesante. Aunque no me gusta la idea de ir con ese gorila que está a tus espaldas, no importa, de alguna forma me pareces familiar. Esos ojos tuyos me causan una gran intriga, pero para que vaya con ustedes, tienen que ayudarme a encontrar al ni?o que busco. Así, ustedes consiguen lo que quieren y yo también. ?Tenemos un trato?
Con asombro ante tales palabras de Joás, Luna decidió aceptar su oferta. Así, ellos ganarían lo que querían y él obtendría lo que buscaba. Sin embargo, una pregunta surgió en su mente: ?Cómo sabrían que Joás mantendría su promesa? ?Y realmente podrían encontrar al ni?o en esta ciudad desierta de hielo?
Mientras Luna reflexionaba sobre sus dudas, una voz familiar resonó entre los presentes: Elián había hablado, expresando las mismas preocupaciones que ella.
—?Cómo sabemos que no nos vas a atacar con tus llamitas pirománticas? ?Y cómo esperas que encontremos a un ni?o en esta ciudad que es azotada 24/7 por tormentas de hielo y monstruos?—
Joás, con su característica sonrisa, le respondió de forma tranquila:
—Si quieren, me pueden amarrar o esposar para llevarme con ustedes, como se sientan más cómodos. La verdad es que no me importa. ?Y el tema de cómo vamos a encontrar a Eliot? Pues muy sencillo —se?aló con su dedo índice el detector de calor que tenía Luna en la cintura—. Con ese aparato, que capta las se?ales de calor. ?No?
Luna miró el dispositivo colgado en su cinturón, su mente rápidamente procesando la idea.
—Es cierto... —dijo, pensativa—. Si él está cerca, el detector debería captar su firma térmica, aunque el clima pueda interferir.
Con un suspiro, Luna asintió, mirando a su grupo.
—Está bien, aceptamos. Pero recuerda, Joás, si intentas algo, no dudaré en atacarte, y si es necesario tendré que matarte y llevar tu cadáver a nuestra colonia, y si te digo la verdad se me da muy bien matar gente y monstros —- decía estas palabras mientras lo miraba con una mirada penetrante y atemorizante.
Joás sonrió de nuevo, como si la amenaza no le afectara en lo más mínimo.
—No es necesario, Luna. No tengo intención de traicionarlos. Solo necesito que me ayuden a encontrar al ni?o. Una vez que lo haga, los seguiré hasta su hogar y ya ahí miraremos que nos depara el futuro.
La tensión en el aire se aligeró, aunque las dudas seguían rondando en la mente de Luna. Pero no había otra opción, y su objetivo era claro. Tenían que encontrar al ni?o, no podían perder más tiempo.
—Entonces, síganme —ordenó Luna, mientras se?alaba hacia el horizonte helado.
El grupo de exploración se puso en marcha, el sonido de sus pasos resonando sobre la nieve crujiente. La tormenta seguía azotando el desolado paisaje, pero ahora, una nueva esperanza parecía encenderse en sus corazones, aunque no sin incertidumbres.
Joás caminó al lado de luna esposado y rodeado por los integrantes del grupo, mientras Luna y los demás lo vigilaban con cautela, conscientes de que el verdadero desafío apenas comenzaba.