La luz del amanecer se filtraba a través de las ramas de los árboles, iluminando parcialmente el claro donde se encontraba Biel. El aire era fresco y húmedo, pero eso no era lo único que le helaba los huesos: la incertidumbre lo envolvía como una capa pesada.
Biel se levantó lentamente, mirando el paisaje con incredulidad. Las hojas de los árboles brillaban como si fueran de cristal, y las peque?as luces que flotaban entre las ramas parecían luciérnagas gigantes, aunque su resplandor era mucho más intenso. Sin embargo, eso no era lo más inquietante. Lo que realmente lo perturbaba era la sensación de que no estaba en ningún lugar familiar.
— ?Dónde estoy? —murmuró para sí mismo, mientras sus ojos buscaban algo que reconociera, algo que lo conectara con el mundo que conocía.
Se frotó la cara, tratando de despejar su mente. El recuerdo de la tienda, el Fragmento del Infinito, y la luz cegadora que lo había arrastrado a este lugar seguía fresco en su mente, pero no tenía respuestas.
Un rugido lejano lo sacó de sus pensamientos. En ese momento, su estómago le recordó lo mucho que necesitaba comida.
Biel comenzó a caminar, con paso firme pero lleno de dudas. A medida que avanzaba, algo extra?o comenzó a suceder. Sus sentidos se agudizaron de manera que no podía explicar. El sonido del viento en las hojas le parecía más nítido, el zumbido de criaturas invisibles lo hacía sentir más alerta.
—Esto es... raro. ?Qué me pasa? —se preguntó, aunque sabía que no iba a obtener respuestas inmediatas.
El suelo bajo sus pies parecía moverse ligeramente, y las sombras del bosque jugaban con su percepción. Los árboles, aunque hermosos, parecían observarlo. Era como si el mundo mismo tuviera vida.
Al poco rato, se encontró con un arbusto lleno de bayas rojas. Sin pensarlo, se agachó y recogió algunas, llevándoselas a la boca. Estaban dulces, aunque algo amargas.
—Al menos algo no es tan raro aquí. —Biel dijo entre dientes, sintiendo que por fin había logrado algo sencillo en medio del caos.
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—No puedo decirte todo. No todo aún. Pero lo que puedo decirte es que este mundo no tiene piedad con los débiles. Y lo que acabas de hacer... —Acalia hizo un gesto hacia el lobo, que todavía daba vueltas abajo—, no fue suerte. Fue una habilidad que el Fragmento te otorgó.
Biel frunció el ce?o. — ?Habilidad? ?Qué significa eso? ?Yo... tengo poderes ahora?
Acalia avanza lentamente. -Si. Has recibido habilidades gracias al Fragmento del Infinito. Tienes que aprender a controlarlas, si quieres sobrevivir.
Acalia levantó la mano, y el lobo, al percatarse de su presencia, retrocedió y desapareció entre los árboles.
—Ahora, tendrás que demostrar que sabes usar tu poder. —Acalia lo miró fijamente—. Ven, te mostraré lo básico.
Biel la siguió, aunque aún estaba procesando lo que acababa de escuchar. Acalia comenzó a moverse rápidamente entre los árboles, y Biel tuvo que correr para alcanzarla.
—No tienes tiempo para dudar. Aquí no hay segundos de sobra.
Biel sorprendió, con más preguntas que respuestas, pero con una determinación creciente de entender este nuevo mundo y su lugar en él.