《Fragmento de lo Infinito [Español]》 Arco 1 - El Inicio de los Fragmentos / Cap铆tulo 1: Obertura La tarde avanzaba tranquila mientras Biel y Basti¨¢n deambulaban por las calles menos concurridas de la ciudad. Hac¨ªa tiempo que no ten¨ªan una aventura juntos, y ese d¨ªa parec¨ªa el momento perfecto para explorar lugares desconocidos. ¡ªSeguro que aqu¨ª hay algo interesante? ¡ªpregunt¨® Biel, observando los edificios viejos y descoloridos a su alrededor. ¡ªNunca sabes lo que puedes encontrar en lugares como este. Y si no, al menos tendremos algo de qu¨¦ re¨ªrnos ¡ªrespondi¨® Basti¨¢n con una sonrisa despreocupada. Mientras caminaban, una peque?a tienda llam¨® su atenci¨®n. Era peculiar, con una fachada gastada y un letrero medio borrado que dec¨ªa: ¡°Antig¨¹edades y Rarezas¡±. El escaparate mostraba objetos extra?os: relojes antiguos, mapas desgastados y algo que parec¨ªa una m¨¢scara ceremonial. ¡ª ?Entramos? ¡ªpregunt¨® Basti¨¢n, mirando a Biel con curiosidad. ¡ªNo s¨¦, parece... raro. ¡ªPrecisamente por eso. Vamos, ?o tienes miedo? Biel resopl¨®, fingiendo indignaci¨®n. ¡ªClaro que no. T¨² primero. Basti¨¢n empuj¨® la puerta, que emiti¨® un largo chirrido, como si no se hubiera abierto en a?os. Adentro, el aire ol¨ªa a madera vieja y algo m¨¢s indefinible, quiz¨¢s incienso o polvo acumulado. Los estantes estaban repletas de objetos que parec¨ªan sacados de un museo: espadas oxidadas, gemas de colores, libros encuadernados en cuero. Detr¨¢s del mostrador, un hombre mayor los observaba con atenci¨®n. Su rostro estaba parcialmente oculto por la sombra de un sombrero negro, pero sus ojos claros brillaban con una intensidad que hac¨ªa que los dos j¨®venes se sintieran expuestos. ¡ªBienvenidos, j¨®venes. Aqu¨ª no entra mucha gente. Miren lo que quieran, pero recuerden: cada cosa tiene su precio ¡ªdijo el hombre, con una voz grave pero amable. ¡ª ?Eso incluye tocar? ¡ªpregunt¨® Basti¨¢n, acerc¨¢ndose a una figura de cristal con forma de drag¨®n. ¡ªDepende. Algunas cosas son m¨¢s sensibles que otras. Biel camin¨® entre los estantes, dejando que sus dedos rozaran los objetos con cuidado. Hab¨ªa algo en el ambiente, algo que lo atra¨ªa, aunque no sab¨ªa exactamente qu¨¦. Fue entonces cuando lo vio: un cristal fragmentado en un pedestal sencillo, rodeado de una luz tenue que parec¨ªa palpitar como un coraz¨®n. ¡ªOye, Basti¨¢n, ven a ver esto ¡ªllam¨®. Basti¨¢n se acerc¨®, y su expresi¨®n pas¨® de la curiosidad al asombro. ¡ªEso s¨ª que es extra?o. ¡ªEso, j¨®venes, es el Fragmento del Infinito ¡ªdijo el hombre, acerc¨¢ndose lentamente. ¡ª?El qu¨¦? ¡ªpregunt¨® Basti¨¢n, alzando una ceja. ¡ªUn artefacto muy antiguo. Seg¨²n las historias, conecta mundos y tiempos. Algunos dicen que tiene voluntad propia, que elige a quienes... transforma.The narrative has been stolen; if detected on Amazon, report the infringement. El hombre hizo una pausa, como si estuviera decidiendo cu¨¢nto decir. Luego agreg¨® con un tono enigm¨¢tico: ¡ªOtros creen que no es un objeto, sino una prueba. Que s¨®lo los destinados pueden tocarlo sin consecuencias fatales. Biel frunci¨® el ce?o. ¡ªY ?c¨®mo funciona? ¡ªEsa es la cuesti¨®n, muchacho. Nadie lo sabe con certeza. Pero te advierto, no es un juguete. Basti¨¢n solt¨® una carcajada. ¡ª?Un juguete? Por favor, es s¨®lo un cristal. ?Qu¨¦ tan peligroso podr¨ªa ser? Antes de que Biel pudiera responder, Basti¨¢n extendi¨® la mano hacia el Fragmento. Biel, dudando por un momento, hizo lo mismo. -?No! ¡ªgrit¨® el hombre, pero era demasiado tarde. Tan pronto como sus dedos tocaron el cristal, una luz cegadora llen¨® la tienda. El aire pareci¨® electrificarse, y un sonido similar a un estallido los envolvi¨®. Biel sinti¨® como si el suelo desapareciera bajo sus pies, y una fuerza invisible lo arrastrara hacia un abismo desconocido. ¡ª?Biel! ¡ªalcanz¨® a gritar Basti¨¢n, pero su voz se desvaneci¨® en la nada. Un mundo nuevo Cuando Biel despert¨®, estaba acostado sobre hierba fresca, pero algo en ella era diferente: el olor era m¨¢s dulce, casi embriagador, y su textura, m¨¢s suave que cualquier cosa que conociera. Abr¨® los ojos lentamente, parpadeando ante un cielo extra?o, con tonos p¨²rpuras y azules que parec¨ªan bailar entre s¨ª. Las estrellas brillaban a plena luz del d¨ªa, como si desafiaran las leyes de la naturaleza. Se incorpor¨® con dificultad, sus m¨²sculos tensos y su mente embotada. El mareo y la confusi¨®n lo invadieron. ¡ª ?D¨®nde estoy? ¡ªmurmur¨®, mirando a su alrededor. El paisaje era tanto hermoso como inquietante. Los ¨¢rboles eran gigantescos, con hojas que parec¨ªan hechas de cristal, y peque?as luces flotaban entre las ramas, como si fueran luci¨¦rnagas m¨¢gicas. Sin embargo, hab¨ªa algo en el aire, algo casi imperceptible, que lo hac¨ªa sentir vulnerable, como si estuviera siendo observado. ¡ª?Basti¨¢n! ¡ªgrit¨®, con la esperanza de obtener una respuesta. Pero lo ¨²nico que escuch¨® fue el eco de su propia voz. El silencio del bosque lo envolvi¨®, y un escalofr¨ªo recorri¨® su espalda. La sensaci¨®n de soledad comenz¨® a asentarse, pero tambi¨¦n una chispa de curiosidad. Sin otra opci¨®n, comenz¨® a caminar, tratando de encontrar algo o alguien que pudiera explicarle qu¨¦ estaba pasando. Los sonidos del bosque eran extra?os: un susurro constante, como si las hojas hablaran entre ellas, y un zumbido bajo que parec¨ªa venir del suelo. Cada paso que daba lo llenaba de ansiedad, pero tambi¨¦n de una inexplicable fascinaci¨®n. Despu¨¦s de lo que parecieron horas, lleg¨® a un claro. En el centro hab¨ªa una fogata, y junto a ella, una figura encapuchada. La luz de las llamas iluminaba parcialmente su silueta, pero su rostro permanec¨ªa oculto. Biel se detuvo, inseguro. La figura levant¨® la cabeza, como si hubiera sentido su presencia, y habl¨® con una voz suave pero firme: ¡ªTe estaba esperando, Biel. Biel dio un paso atr¨¢s, sorprendido y asustado. ¡ª?Qui¨¦n eres? ?C¨®mo sabes mi nombre? La figura se acerc¨® un poco, pero a¨²n mantuvo su rostro en las sombras. Capitulo 2: Caminos desconocidos La luz del amanecer se filtraba a trav¨¦s de las ramas de los ¨¢rboles, iluminando parcialmente el claro donde se encontraba Biel. El aire era fresco y h¨²medo, pero eso no era lo ¨²nico que le helaba los huesos: la incertidumbre lo envolv¨ªa como una capa pesada. Biel se levant¨® lentamente, mirando el paisaje con incredulidad. Las hojas de los ¨¢rboles brillaban como si fueran de cristal, y las peque?as luces que flotaban entre las ramas parec¨ªan luci¨¦rnagas gigantes, aunque su resplandor era mucho m¨¢s intenso. Sin embargo, eso no era lo m¨¢s inquietante. Lo que realmente lo perturbaba era la sensaci¨®n de que no estaba en ning¨²n lugar familiar. ¡ª ?D¨®nde estoy? ¡ªmurmur¨® para s¨ª mismo, mientras sus ojos buscaban algo que reconociera, algo que lo conectara con el mundo que conoc¨ªa. Se frot¨® la cara, tratando de despejar su mente. El recuerdo de la tienda, el Fragmento del Infinito, y la luz cegadora que lo hab¨ªa arrastrado a este lugar segu¨ªa fresco en su mente, pero no ten¨ªa respuestas. Un rugido lejano lo sac¨® de sus pensamientos. En ese momento, su est¨®mago le record¨® lo mucho que necesitaba comida. Biel comenz¨® a caminar, con paso firme pero lleno de dudas. A medida que avanzaba, algo extra?o comenz¨® a suceder. Sus sentidos se agudizaron de manera que no pod¨ªa explicar. El sonido del viento en las hojas le parec¨ªa m¨¢s n¨ªtido, el zumbido de criaturas invisibles lo hac¨ªa sentir m¨¢s alerta. ¡ªEsto es... raro. ?Qu¨¦ me pasa? ¡ªse pregunt¨®, aunque sab¨ªa que no iba a obtener respuestas inmediatas. El suelo bajo sus pies parec¨ªa moverse ligeramente, y las sombras del bosque jugaban con su percepci¨®n. Los ¨¢rboles, aunque hermosos, parec¨ªan observarlo. Era como si el mundo mismo tuviera vida. Al poco rato, se encontr¨® con un arbusto lleno de bayas rojas. Sin pensarlo, se agach¨® y recogi¨® algunas, llev¨¢ndoselas a la boca. Estaban dulces, aunque algo amargas. ¡ªAl menos algo no es tan raro aqu¨ª. ¡ªBiel dijo entre dientes, sintiendo que por fin hab¨ªa logrado algo sencillo en medio del caos. If you discover this tale on Amazon, be aware that it has been stolen. Please report the violation. ¡ªNo puedo decirte todo. No todo a¨²n. Pero lo que puedo decirte es que este mundo no tiene piedad con los d¨¦biles. Y lo que acabas de hacer... ¡ªAcalia hizo un gesto hacia el lobo, que todav¨ªa daba vueltas abajo¡ª, no fue suerte. Fue una habilidad que el Fragmento te otorg¨®. Biel frunci¨® el ce?o. ¡ª ?Habilidad? ?Qu¨¦ significa eso? ?Yo... tengo poderes ahora? Acalia avanza lentamente. -Si. Has recibido habilidades gracias al Fragmento del Infinito. Tienes que aprender a controlarlas, si quieres sobrevivir. Acalia levant¨® la mano, y el lobo, al percatarse de su presencia, retrocedi¨® y desapareci¨® entre los ¨¢rboles. ¡ªAhora, tendr¨¢s que demostrar que sabes usar tu poder. ¡ªAcalia lo mir¨® fijamente¡ª. Ven, te mostrar¨¦ lo b¨¢sico. Biel la sigui¨®, aunque a¨²n estaba procesando lo que acababa de escuchar. Acalia comenz¨® a moverse r¨¢pidamente entre los ¨¢rboles, y Biel tuvo que correr para alcanzarla. ¡ªNo tienes tiempo para dudar. Aqu¨ª no hay segundos de sobra. Biel sorprendi¨®, con m¨¢s preguntas que respuestas, pero con una determinaci¨®n creciente de entender este nuevo mundo y su lugar en ¨¦l. Cap铆tulo 3: Encuentros y Destinos Cruzados El amanecer lleg¨® con su brillo dorado, iluminando el bosque que rodeaba a Biel y Acalia. Hab¨ªan pasado apenas un par de d¨ªas desde que Biel fue transportado a este mundo extra?o, pero para ¨¦l ya parec¨ªa una eternidad. Mientras empacaba los pocos suministros que Acalia hab¨ªa encontrado, no pod¨ªa evitar que su mente regresara a su amigo Basti¨¢n. ¡ªCrees que est¨¦ aqu¨ª? ¡ªpregunt¨® Biel, rompiendo el silencio. Acalia, quien afilaba su espada con una calma inquietante, levant¨® la vista. ¡ªEs posible. Pero este mundo es vasto, y no sabemos d¨®nde o cu¨¢ndo pudo haber llegado. ¡ª ?Cu¨¢ndo? ¡ªrepiti¨® Biel, confundido. ¡ªEste mundo no sigue las mismas reglas que el tuyo ¡ªdijo Acalia sin explicar m¨¢s. Se levant¨® y se?al¨® al este¡ª. Vamos. Hay un pueblo a medio d¨ªa de camino. Tal vez alguien all¨ª tenga informaci¨®n. Biel ascendi¨®, aunque la incertidumbre segu¨ªa pesando en su pecho. El camino era sinuoso y cubierto de ra¨ªces que sobresal¨ªan del suelo. Mientras avanzaban, Biel intent¨® llenar el silencio con preguntas. ¡ªT¨²... Acalia, ?por qu¨¦ haces esto? ?Por qu¨¦ me ayuda? ¡ªpregunt¨®, mirando de reojo a su enigm¨¢tica compa?era. Acalia, quien manten¨ªa la vista fija en el sendero, respondi¨® con un suspiro. ¡ªYa te lo dije: te necesito tanto como t¨² a m¨ª. Biel frunci¨® el ce?o. ¡ªEso no responde mucho. ?Qu¨¦ ganas con esto? Por primera vez, Acalia se detuvo y lo mir¨® directamente. Sus ojos brillaban con un resplandor que Biel no pod¨ªa comprender, como si escondieran secretos imposibles. ¡ªTienes muchas preguntas. Algunas de ellas, ni siquiera yo puedo responderte todav¨ªa. Pero conf¨ªa en esto: mientras est¨¦s vivo, tienes una oportunidad de descubrirlas por ti mismo. Biel trag¨® saliva, pero asinti¨®. Aunque su relaci¨®n con Acalia segu¨ªa siendo un enigma, no pod¨ªa negar que se sent¨ªa m¨¢s seguro con ella a su lado. A medida que se acercaban al pueblo, Biel not¨® algo extra?o. Una columna de humo negro se alzaba en el horizonte. Su coraz¨®n se aceler¨®. ¡ªEso no es normal, ?verdad? ¡ªpregunt¨®. ¡ªNo, no lo es ¡ªrespondi¨® Acalia, su tono m¨¢s grave que antes. Cuando finalmente llegaron, Biel vio el caos: casas ardiendo, gritos desgarradores y un grupo de bandidos saqueando el lugar. El suelo estaba cubierto de escombros, y el aire ol¨ªa a cenizas y sangre. ¡ª?Esto no est¨¢ bien! ¡ªexclam¨® Biel, avanzando instintivamente hacia el pueblo. Acalia lo detuvo, coloc¨¢ndole una mano firme en el hombro. ¡ªNo puedes hacer nada. No est¨¢s listo para enfrentarte a ellos. ¡ª??C¨®mo puedes decir eso?! ?Vas a quedarte aqu¨ª mirando mientras esta gente sufre? ¡ªgrit¨® Biel, sacudi¨¦ndose su mano. ¡ªSi corres hacia ellos ahora, lo ¨²nico que lograr¨¢s es morir ¡ªdijo Acalia con dureza.A case of content theft: this narrative is not rightfully on Amazon; if you spot it, report the violation. Biel apret¨® los pu?os, pero antes de que pudiera replicar, una explosi¨®n sacudi¨® el aire. Ambos giraron hacia el sonido y vieron a dos personas combatiendo contra los bandidos: una joven hechicera y un mago. La hechicera, de cabello rubio y t¨²nica azul, lanzaba esferas de fuego que iluminaban el caos con destellos incandescentes. A su lado, el mago, un joven de cabello casta?o con un bast¨®n ornamentado, conjuraba hielo que inmovilizaba a los bandidos, dej¨¢ndolos vulnerables. ¡ªEllos est¨¢n luchando... ¡ªmurmur¨® Biel, impresionado. Acalia ascendi¨®. ¡ªQuiz¨¢s podamos observar c¨®mo se desarrolla esto. Pero entonces, Biel vio algo que lo hizo reaccionar sin pensar. Un bandido se acercaba sigilosamente a la hechicera, un cuchillo en mano, listo para apu?alarla. ¡ª?No lo permitir¨¦! ¡ªgrit¨® Biel, lanz¨¢ndose al ataque. En ese instante, se activ¨® en ¨¦l una nueva habilidad: "R¨¢faga ¨¢gil". Sus movimientos se volvieron veloces, casi invisibles, y en un parpadeo, ya estaba junto a la hechicera. Con un movimiento preciso, se desarm¨® al bandido y lo lanz¨® al suelo. ¡ªCobarde, atacando a una dama por la espalda ¡ªdijo Biel con una sonrisa. La hechicera lo mir¨®, sorprendida, y sus mejillas se ti?eron de rojo. ¡ª?Qui¨¦n eres t¨²? Biel abri¨® la boca para responder, pero Acalia apareci¨® detr¨¢s de ¨¦l y lo interrumpi¨®. ¡ªEs un aventurero extraviado que busca a su amigo ¡ªdijo, con un tono que no dejaba lugar a dudas. Biel la mir¨®, entendiendo que hab¨ªa una raz¨®n para su intervenci¨®n. No era el momento de revelar su verdadera identidad. El mago lleg¨® corriendo hacia ellos, con una expresi¨®n mezcla de preocupaci¨®n y alivio. ¡ª ?Salvaste a mi hermana? ¡ªpregunt¨®, inclinando ligeramente la cabeza¡ª. Te lo agradezco de coraz¨®n. Biel se rasc¨® la nuca, algo inc¨®modo. ¡ªNo fue nada. Siempre ayudar¨¦ a los que est¨¦n en problemas. La hechicera, a¨²n sonrojada, a?adi¨®: ¡ªSoy Xanthe, y este es mi hermano, Easton. Gracias por ayudarnos. Antes de que pudieran continuar hablando, los bandidos restantes se reagruparon, rodeando al grupo. ¡ª?Miren nada m¨¢s! As¨ª que estos son los ¨²ltimos sobrevivientes de esta aldea ¡ªdijo uno de los bandidos, riendo maliciosamente. Xanthe frunci¨® el ce?o. ¡ª?Qu¨¦ quieres decir con eso? ¡ªHemos acabado con casi todos los habitantes. Sus bienes ser¨¢n para nuestro gran se?or Gard. Ahora mueran. Antes de que los bandidos pudieran atacar, Acalia avanz¨® con una calma aterradora. Los bandidos, confiados al principio, pronto comenzaron a retroceder al sentir la intensidad de su presencia. ¡ª ?C¨®mo se atreven? ¡ªdijo con voz helada. Uno de los bandidos intent¨® burlarse de ella, pero antes de que pudiera terminar su frase, Acalia lo golpe¨® con tal fuerza que lo lanz¨® varios metros lejos. ¡ª??Qui¨¦n eres t¨²?! ??C¨®mo puedes ser tan fuerte?! ¡ªgrit¨® el bandido, aterrorizado. Acalia lo mir¨® con desprecio. ¡ªSoy quien har¨¢ justicia por las vidas que ustedes arrebataron. Con un movimiento de sus manos, una energ¨ªa oscura envolvi¨® a los bandidos, quienes cayeron al suelo, inm¨®viles. Cuando todo termin¨®, Acalia levant¨® las manos al cielo y pronunci¨® con solemnidad: ¡ªResurrecci¨®n a estas buenas almas. Una luz c¨¢lida envolvi¨® la aldea, y poco a poco, los aldeanos que hab¨ªan perecido comenzaron a levantarse, vivos nuevamente. Biel miraba la escena, at¨®nito. ¡ªC¨®mo... ?c¨®mo hiciste eso? Acalia no respondi¨®. Simplemente lo mir¨® y se dio la vuelta, dejando al grupo detr¨¢s de ella. Biel qued¨® sorprendido, observando a Acalia, lleno de preguntas y una creciente admiraci¨®n. Cap铆tulo 4: Una nueva aventura comienza El cielo nocturno estaba despejado, y la luna brillaba intensamente sobre la aldea reci¨¦n salvada. Los aldeanos, agradecidos por la milagrosa intervenci¨®n de Biel y Acalia, organizaron una fiesta improvisada. La m¨²sica, los bailes y las risas llenaron el ambiente, alejando moment¨¢neamente los horrores que hab¨ªan vivido apenas unas horas antes. Biel, sentado en un banco improvisado cerca de la fogata, observaba c¨®mo los aldeanos danzaban alegremente. Aunque disfrutaba del ambiente, no pod¨ªa evitar sentirse fuera de lugar. ¡ª?Qu¨¦ haces aqu¨ª, solo? ¡ªpregunt¨® una voz femenina. Biel levant¨® la vista y vio a Xanthe, la joven hechicera que hab¨ªa salvado durante el ataque de los bandidos. Ella le sonre¨ªa, sosteniendo dos copas de madera. Le ofreci¨® una y se sent¨® a su lado. ¡ª?No eres de fiestas? ¡ªpregunt¨® ella. ¡ªNo es eso... Es solo que nunca pens¨¦ que alguien me agradecer¨ªa por algo as¨ª ¡ªdijo Biel, mirando la copa, un poco avergonzado. ¡ªTe lo mereces. Salvaste muchas vidas hoy, incluida la m¨ªa ¡ªdijo Xanthe, desviando la mirada con un leve rubor. Antes de que Biel pudiera responder, Nova, el l¨ªder de la aldea, se levant¨® sobre un barril cercano y levant¨® su copa. ¡ª?Por nuestros salvadores! ?Por Biel y Acalia, quienes nos devolvieron la esperanza! ¡ªexclam¨® con entusiasmo. Los aldeanos estallaron en v¨ªtores, chocando copas y gritando sus nombres. Biel se sonroj¨® a¨²n m¨¢s, mientras Acalia, de pie a cierta distancia, observaba con sus caracter¨ªsticos ojos impasibles. ¡ªNo tienes por qu¨¦ sentirte inc¨®modo. Ellos est¨¢n celebrando porque les devolviste algo que pensaban perdido para siempre ¡ªdijo Acalia mientras se acercaba. ¡ª?Eso incluye bailar? ¡ªpregunt¨® Biel, se?alando con la cabeza a los aldeanos que danzaban alrededor de la fogata. ¡ªBailar tambi¨¦n es parte de la vida, Biel. ?Por qu¨¦ no intentas disfrutarlo? ¡ªdijo Acalia con una peque?a sonrisa antes de volver a su posici¨®n de observadora. Xanthe se levant¨® y tom¨® a Biel de la mano con una sonrisa juguetona. ¡ªSi no lo haces por ti, hazlo por m¨ª. ?Vamos? Biel intent¨® resistirse, pero la determinaci¨®n de Xanthe lo arrastr¨® al c¨ªrculo de baile. Los aldeanos vitorearon mientras Biel trataba torpemente de seguir el ritmo, tropezando un par de veces, pero ri¨¦ndose junto a los dem¨¢s.Did you know this story is from Royal Road? Read the official version for free and support the author. Al amanecer, el bullicio de la fiesta hab¨ªa dado paso al trabajo. Los aldeanos reparaban sus hogares y recog¨ªan los escombros, reconstruyendo sus vidas. Biel, sinti¨¦ndose m¨¢s descansado, pero a¨²n con mucho en mente, se encontraba ajustando su mochila para continuar su b¨²squeda. Nova, el l¨ªder de la aldea, se acerc¨® con una sonrisa. ¡ª?Ya te marchas? ¡ªpregunt¨®. ¡ªS¨ª, tengo que seguir buscando a mi amigo. No puedo perder m¨¢s tiempo ¡ªrespondi¨® Biel, decidido. Nova asinti¨® y se?al¨® hacia el este. ¡ªSigue ese camino. Llegar¨¢s a una ciudad grande. Si alguien tiene informaci¨®n sobre tu amigo, ser¨¢ all¨ª. ¡ªGracias, Nova. Por todo ¡ªdijo Biel, inclinando la cabeza. ¡ªSomos nosotros quienes estamos agradecidos. Lo que t¨² y Acalia hicieron no tiene precio. Esta aldea siempre ser¨¢ tu hogar, si lo necesitas. Biel, emocionado por las palabras, busc¨® a Acalia para informarle de su plan. Sin embargo, antes de que pudiera hablar, vio a Xanthe y Easton acerc¨¢ndose, cada uno cargando una mochila. ¡ª?Qu¨¦ est¨¢n haciendo? ¡ªpregunt¨® Biel, sorprendido. ¡ªVamos contigo ¡ªrespondi¨® Easton, directo. ¡ª?Conmigo? ?Por qu¨¦? ¡ªpregunt¨® Biel, arqueando una ceja. Xanthe baj¨® la mirada, visiblemente sonrojada. ¡ªEs... nuestra forma de agradecerte por lo que hiciste. Biel, algo inc¨®modo por el tono de Xanthe, intent¨® no darle demasiada importancia. ¡ªBueno... Si es as¨ª, supongo que no hay problema. Pero, ?est¨¢n seguros de dejar la aldea sin protecci¨®n? Easton neg¨® con la cabeza. ¡ªNo hay por qu¨¦ preocuparse. Los bandidos que atacaron murieron todos. Adem¨¢s, Nova y los aldeanos est¨¢n mejor preparados ahora. Biel asinti¨®, aceptando la l¨®gica de Easton. ¡ªEst¨¢ bien. Entonces, v¨¢monos antes de que cambien de opini¨®n. Acalia, que hab¨ªa estado escuchando en silencio, simplemente comenz¨® a caminar sin decir una palabra. ¡ª?Siempre es as¨ª de seria? ¡ªpregunt¨® Xanthe en voz baja, mientras segu¨ªa a Biel. ¡ªLa mayor¨ªa de las veces, s¨ª ¡ªrespondi¨® Biel con una sonrisa. En un rinc¨®n oscuro del bosque cercano, un hombre herido y tambaleante avanzaba con dificultad. Era el ¨²nico bandido que hab¨ªa logrado escapar del ataque de Acalia. Su respiraci¨®n era pesada, y su costado sangraba profusamente. ¡ªTengo que llegar... El Gran Se?or Gard tiene que saberlo... ¡ªmurmur¨® con esfuerzo, mientras las ramas y las ra¨ªces parec¨ªan querer detenerlo. Finalmente, divis¨® una caverna oculta entre las monta?as. Sus ojos se llenaron de esperanza, pero antes de dar un paso m¨¢s, una figura apareci¨® frente a ¨¦l. Era un hombre encapuchado, vestido completamente de negro, con una m¨¢scara ornamentada que irradiaba un aura m¨ªstica, adornada con intrincados grabados y un resplandor enigm¨¢tico que parec¨ªa contener secretos insondables. ¡ª?Q-qui¨¦n eres? ¡ªtartamude¨® el bandido, retrocediendo. El encapuchado no respondi¨®. En silencio, desenvain¨® una daga oscura que emanaba una energ¨ªa siniestra. ¡ª?Espera! ?No tienes que hacer esto! ?Puedo ser ¨²til! ¡ªsuplic¨® el bandido, cayendo de rodillas. Sin mediar palabra, el encapuchado atraves¨® el aire con su daga. El cuerpo del bandido cay¨® al suelo, inm¨®vil, mientras la figura en negro se inclinaba sobre ¨¦l. ¡ªNo hay lugar para los d¨¦biles en el reino de Gard ¡ªsusurr¨® antes de desvanecerse en las sombras, dejando el cad¨¢ver detr¨¢s. Lejos de all¨ª, Biel y su grupo continuaban avanzando, sin saber que las fuerzas que se levantaban en su contra eran mucho m¨¢s peligrosas de lo que imaginaban. Cap铆tulo 5: Kurusume, el asesino encapuchado El sol comenzaba a descender, proyectando largas sombras a trav¨¦s del denso bosque. Biel, Acalia, Xanthe y Easton avanzaban en silencio por un estrecho sendero. Desde que hab¨ªan dejado la aldea atr¨¢s, la atm¨®sfera hab¨ªa cambiado. Cada paso que daban se sent¨ªa m¨¢s pesado, como si algo invisible los estuviera observando desde las sombras. ¡ªEste lugar no me gusta ¡ªdijo Xanthe en voz baja, mirando nerviosamente a su alrededor. ¡ªNo est¨¢s sola. Hay algo aqu¨ª que no es natural ¡ªrespondi¨® Easton, sosteniendo su bast¨®n con fuerza. Acalia, que lideraba el grupo, se detuvo abruptamente. ¡ªSilencio ¡ªorden¨®, levantando una mano. Biel sinti¨® un escalofr¨ªo recorrer su espalda. Hab¨ªa algo en el aire, una tensi¨®n palpable que lo hac¨ªa sentir vulnerable. Antes de que pudiera preguntar qu¨¦ ocurr¨ªa, una risa baja y siniestra reson¨® entre los ¨¢rboles. ¡ªAs¨ª que ustedes son los que se interpusieron en los planes del Gran Se?or Gard ¡ªdijo una voz masculina, profunda y burlona. El grupo se gir¨® en direcci¨®n a la voz, pero no vieron a nadie. Biel sinti¨® su coraz¨®n latir con fuerza mientras apretaba los pu?os. ¡ª?Qui¨¦n eres? ?Mu¨¦strate! Una figura emergi¨® de entre las sombras, caminando con calma. Era un hombre alto, vestido con una capa negra que ocultaba gran parte de su cuerpo. Su rostro estaba cubierto por una m¨¢scara blanca decorada con intrincados grabados rojos, y llevaba dos dagas en sus manos, cada una emanando un aura oscura. ¡ªMi nombre es Kurusume ¡ªdijo, inclinando ligeramente la cabeza¡ª. Y estoy aqu¨ª para cumplir con mi deber: eliminar a cualquiera que represente una amenaza para el se?or Gard. ¡ª?Como si fuera tan f¨¢cil! ¡ªgrit¨® Xanthe, levantando sus manos mientras una esfera de fuego se formaba entre ellas. Antes de que pudiera lanzar su hechizo, Kurusume desapareci¨® en un parpadeo. Un instante despu¨¦s, estaba detr¨¢s de Xanthe, con una de sus dagas apuntando a su cuello. ¡ªDemasiado lenta ¡ªsusurr¨® Kurusume con una sonrisa cruel. ¡ª?No te atrevas! ¡ªgrit¨® Easton, lanzando una descarga de hielo hacia Kurusume. Pero el asesino se movi¨® con una velocidad imposible, esquivando el ataque y retrocediendo hacia las sombras.The narrative has been stolen; if detected on Amazon, report the infringement. El grupo se reuni¨® r¨¢pidamente, formando un c¨ªrculo para cubrirse mutuamente. Biel mir¨® a Acalia, buscando alguna instrucci¨®n. ¡ª?Qu¨¦ hacemos? ¡ªpregunt¨®, tratando de mantener la calma. Acalia desenvain¨® su espada y fij¨® su mirada en el bosque. ¡ªMant¨¦nganse juntos. Kurusume no es un enemigo cualquiera. Su habilidad para moverse entre las sombras lo hace peligroso, pero no invencible. ¡ª?Y qu¨¦ hay de ti? ¡ªpregunt¨® Xanthe, su voz temblando ligeramente. ¡ªYo me encargar¨¦ de distraerlo. Necesito que ustedes encuentren su punto d¨¦bil ¡ªrespondi¨® Acalia con firmeza. Antes de que pudieran protestar, Kurusume reapareci¨®, lanz¨¢ndose hacia ellos con ambas dagas al frente. Acalia bloque¨® el ataque con su espada, y el choque de las armas reson¨® como un trueno. El asesino retrocedi¨®, sorprendido por la fuerza de Acalia. ¡ªInteresante. No esperaba encontrar a alguien como t¨² aqu¨ª ¡ªdijo Kurusume, con una sonrisa detr¨¢s de su m¨¢scara. Acalia no respondi¨®. En lugar de eso, avanz¨® con rapidez, lanzando un ataque tras otro. Kurusume esquivaba con elegancia, pero cada vez le costaba m¨¢s mantenerse a la altura de la habilidad de Acalia. Mientras tanto, Biel observaba la batalla, tratando de encontrar una oportunidad para ayudar. Fue entonces cuando not¨® algo: cada vez que Kurusume desaparec¨ªa en las sombras, su m¨¢scara emit¨ªa un leve brillo rojo. ¡ª?Su m¨¢scara! Es lo que le da poder ¡ªgrit¨® Biel, se?alando a Kurusume. Easton asinti¨® r¨¢pidamente. ¡ªEntendido. Xanthe, c¨²breme. Xanthe lanz¨® una serie de bolas de fuego hacia Kurusume, oblig¨¢ndolo a mantenerse en movimiento. Mientras tanto, Easton comenz¨® a recitar un hechizo, concentr¨¢ndose en la m¨¢scara del asesino. ¡ª?No lo permitir¨¦! ¡ªrugi¨® Kurusume, lanz¨¢ndose hacia Easton. Pero antes de que pudiera alcanzarlo, Biel se interpuso en su camino, utilizando su habilidad de "R¨¢faga ¨¢gil" para bloquear su avance. ¡ªNo tan r¨¢pido ¡ªdijo Biel, esquivando los ataques de Kurusume con movimientos r¨¢pidos y precisos. Finalmente, Easton complet¨® su hechizo. Una lanza de hielo se materializ¨® en el aire y vol¨® directamente hacia la m¨¢scara de Kurusume. El impacto fue devastador: la m¨¢scara se rompi¨® en pedazos, y el asesino cay¨® al suelo, jadeando. ¡ª?Qu¨¦... qu¨¦ han hecho? ¡ªmurmur¨® Kurusume, intentando levantarse. Acalia se acerc¨® lentamente, apuntando su espada al cuello del asesino. ¡ªTu tiempo ha terminado. Dile a tu se?or que no le tememos. Kurusume se r¨ªo d¨¦bilmente. ¡ªEsto... no ha terminado. Gard... vendr¨¢ por ustedes... Con esas palabras, el asesino desapareci¨® en una nube de sombras, dejando atr¨¢s solo el eco de su risa. El grupo se qued¨® en silencio por un momento, recuper¨¢ndose del enfrentamiento. Finalmente, Xanthe habl¨®. ¡ª?Creen que volver¨¢? Acalia guard¨® su espada y respondi¨® con frialdad. ¡ªNo importa. Lo importante es que estamos un paso m¨¢s cerca de entender a nuestro enemigo. Biel mir¨® a sus compa?eros, sintiendo una mezcla de alivio y determinaci¨®n. Sab¨ªa que esto era solo el comienzo de algo mucho m¨¢s grande. Cap铆tulo 6: Sombras y Revelaciones El amanecer trajo consigo un aire denso y cargado de incertidumbre. Despu¨¦s de su enfrentamiento con Kurusume, el grupo hab¨ªa decidido acampar en un claro del bosque para recuperar fuerzas. A pesar de la aparente tranquilidad, una tensi¨®n silenciosa envolv¨ªa a todos. Biel se encontraba sentado junto a la fogata, mirando las brasas con expresi¨®n pensativa. Sus pensamientos giraban en torno a las palabras de Kurusume y al misterioso "Gran Se?or Gard". No pod¨ªa evitar preguntarse qu¨¦ tan poderoso era realmente ese enemigo y por qu¨¦ lo estaban buscando. ¡ª?No puedes dormir? ¡ªpregunt¨® Acalia, acerc¨¢ndose con pasos ligeros. Biel levant¨® la vista, sorprendido por su presencia. -No. Hay demasiadas cosas en mi cabeza. Acalia se sent¨® a su lado, cruzando los brazos. ¡ªEs normal. Has enfrentado mucho en poco tiempo. ¡ªNo solo eso. Me preocupa lo que dijo Kurusume. ?Por qu¨¦ Gard nos quiere muertos? Apenas entiendo qu¨¦ est¨¢ pasando aqu¨ª ¡ªdijo Biel, apretando los pu?os. Acalia lo mir¨® en silencio por un momento antes de hablar. ¡ªGard no es alguien que act¨²e sin motivo. Si te est¨¢s buscando, significa que representa una amenaza para ¨¦l, aunque todav¨ªa no lo sepas. ¡ª?Una amenaza? Pero yo ni siquiera s¨¦ usar bien mis habilidades ¡ªrespondi¨® Biel, frustrado. ¡ªPor eso estoy aqu¨ª. Para ayudarte a descubrir tu verdadero potencial ¡ªdijo Acalia con firmeza. Antes de que Biel pudiera responder, un ruido entre los arbustos interrumpi¨® su conversaci¨®n. Ambos se pusieron de pie al instante, con Acalia desenvainando su espada. Easton y Xanthe salieron de sus tiendas, alertados por el sonido. ¡ª ?Qu¨¦ fue eso? ¡ªpregunt¨® Xanthe, mirando nerviosamente alrededor. ¡ªNo lo s¨¦, pero no estamos solos ¡ªrespondi¨® Acalia, con los ojos fijos en la oscuridad. De entre las sombras surgi¨® una figura encapuchada, pero esta vez no era Kurusume. Era un hombre de mediana edad, con cabello gris y una armadura desgastada. Levant¨® las manos en se?al de paz.Support creative writers by reading their stories on Royal Road, not stolen versions. ¡ªPor favor, no ataquen. No estoy aqu¨ª para luchar ¡ªdijo con voz ronca. Acalia no baj¨® su espada. ¡ª?Qui¨¦n eres y qu¨¦ quieres? El hombre dio un paso adelante, revelando un rostro marcado por cicatrices. ¡ªMi nombre es Kael. Soy un antiguo servidor de Gard, pero lo abandon¨¦ cuando vi la verdadera naturaleza de sus aviones. He venido a advertirles. ¡ª ?Anunciarnos? ¡ªpregunt¨® Easton, con el ce?o fruncido. Kael ascendi¨®. ¡ªGard no es solo un tirano. Est¨¢ buscando algo llamado el Fragmento del Infinito. Si lo consigue, tendr¨¢ el poder de controlar no solo este mundo, sino todos los que est¨¢n conectados a ¨¦l. Las palabras de Kael hicieron que Biel sintiera un escalofr¨ªo recorrer su espalda. Mir¨® a Acalia, quien manten¨ªa una expresi¨®n seria. ¡ª ?Por qu¨¦ deber¨ªamos confiar en ti? ¡ªpregunt¨® Acalia. Kael baj¨® la mirada, como si estuviera avergonzado. ¡ªPorque yo fui quien ayud¨® a Gard a encontrar los primeros fragmentos. Pero cuando vi lo que hac¨ªa con ese poder, no pude seguir apoy¨¢ndolo. Ahora intento redimirme. ¡ª ?Cu¨¢ntos fragmentos tiene Gard? ¡ªpregunt¨® Biel, dando un paso adelante. ¡ªDos. Y est¨¢ buscando el tercero. Si lo encuentra, ser¨¢ casi imparable ¡ªrespondi¨® Kael. Xanthe cruz¨® los brazos, pensativa. ¡ªY ?qu¨¦ hacemos nosotros? Apenas logramos enfrentarnos a Kurusume. Kael mir¨® a Biel con intensidad. ¡ªUstedes tienen algo que Gard no tiene: la capacidad de unir a los fragmentos de manera pura. ¨¦l los fuerza, los corrompe. Pero ustedes... ustedes son la clave para detenerlo. ¡ª ?C¨®mo lo sabes? ¡ªpregunt¨® Acalia, con un tono sospechoso. Kael sac¨® un peque?o pergamino de su cintur¨®n y se lo entreg¨®. ¡ªEsto es todo lo que s¨¦. Es un mapa que lleva al tercer fragmento. Si lo encuentran antes que Gard, tendr¨¢n una oportunidad. Acalia tom¨® el pergamino y lo examin¨® r¨¢pidamente. Luego ascendi¨®. ¡ªEst¨¢ bien. Pero si descubres que est¨¢s mintiendo, te arrepentir¨¢s. Kael asinti¨® solemnemente. ¡ªLo entiendo. Pero no les mentir¨¦. Mi vida ya no tiene valor comparado con lo que est¨¢ en juego. El grupo pas¨® el resto de la noche discutiendo su pr¨®ximo movimiento. A medida que el sol comenzaba a salir, Biel sinti¨® una nueva determinaci¨®n crecer en su interior. Sab¨ªa que el camino por delante ser¨ªa peligroso, pero tambi¨¦n sab¨ªa que no pod¨ªa darse cuenta por vencido. ¡ªVamos a encontrar ese fragmento ¡ªdijo Biel, mirando a sus compa?eros con determinaci¨®n. Acalia ascendi¨®. ¡ªY vamos a detener a Gard, cueste lo que cueste. Con esas palabras, el grupo se prepar¨® para partir, sin saber que el destino les ten¨ªa reservados desaf¨ªos a¨²n mayores. Cap铆tulo 7: Los Reyes Demonios y la Bç…¤squeda del Fragmento El grupo avanzaba por el camino que llevaba a la ciudad de Zerpia, una metr¨®poli bulliciosa que se alzaba entre colinas verdes y un r¨ªo cristalino que la rodeaba como un protector natural. A medida que se acercaban, Biel no pod¨ªa evitar sentirse asombrado por la magnificencia de las torres que se alzaban hacia el cielo, brillando bajo la luz del sol. ¡ªBienvenidos a Zerpia ¡ªdijo Acalia, con un tono que mezclaba admiraci¨®n y cautela¡ª. Esta ciudad es un cruce de caminos para aventureros, comerciantes... y problemas. ¡ªSuena encantador ¡ªrespondi¨® Biel con una sonrisa nerviosa. Kael, quien caminaba unos pasos detr¨¢s, a?adi¨®: ¡ªTambi¨¦n es un lugar lleno de secretos. Si Gard est¨¢ cerca, es probable que tenga esp¨ªas en esta ciudad. Acalia asinti¨®, y el grupo se adentr¨® en la ciudad, sus sentidos alerta ante cualquier se?al de peligro. Calles empedradas, mercados vibrantes y la mezcla de olores a especias, hierro y comida reci¨¦n hecha les daban la bienvenida. Pero la atm¨®sfera, aunque animada, ten¨ªa un trasfondo inquietante. Biel pod¨ªa sentir las miradas curiosas, y a veces hostiles, que los segu¨ªan a medida que avanzaban. El grupo encontr¨® refugio en una posada discreta, donde Acalia decidi¨® que era el momento de compartir una verdad que hab¨ªa mantenido oculta. ¡ªHay algo que deben saber antes de que avancemos m¨¢s ¡ªdijo Acalia, mientras desplegaba un mapa sobre la mesa. Todos se inclinaron hacia adelante, curiosos. Biel not¨® la expresi¨®n seria de Acalia, lo que indicaba que no era una simple conversaci¨®n. ¡ª?Qu¨¦ tanto sabes sobre los Reyes Demonios? ¡ªpregunt¨®, fijando su mirada en Biel. ¡ªSolo historias, leyendas sobre seres incre¨ªblemente poderosos ¡ªrespondi¨® Biel, encogi¨¦ndose de hombros. Acalia asinti¨® lentamente. ¡ªEsas historias son ciertas. Los Reyes Demonios no eran simples leyendas; eran entidades reales, conectadas directamente con los Fragmentos del Infinito. Hace m¨¢s de dos mil a?os, gobernaron este mundo y sembraron el caos. Pero no todos eran malvados. Algunos buscaban el equilibrio, aunque sus m¨¦todos fueran incomprensibles para los mortales.This story has been unlawfully obtained without the author''s consent. Report any appearances on Amazon. Hizo una pausa antes de continuar. ¡ªEntre todos ellos, cinco destacaron por encima del resto. Los llamamos los Reyes Demonios Supremos. Cada uno dominaba un aspecto fundamental del universo:
  1. Desconocido, el Rey Demonio del Caos Divino.
  1. Monsfil, el Rey Demonio de la Destrucci¨®n Eterna.
  1. Karia, la Reina Demonio del Conocimiento Prohibido.
  1. Quizza, la Reina Demonio de la Ambici¨®n Desmedida.
  1. Tahiel, el Rey Demonio de la Oscuridad Primordial.
Kael intervino, su voz te?ida de respeto y temor. ¡ªEstos Reyes eran tan poderosos que incluso los dioses tem¨ªan su influencia. Fue entonces cuando surgi¨® un h¨¦roe, un mortal elegido por los Fragmentos del Infinito, quien logr¨® sellarlos. El precio fue alto: su vida y gran parte del equilibrio del mundo quedaron en juego. Biel sinti¨® un escalofr¨ªo recorrer su espalda. ¡ª?Por qu¨¦ Gard los busca ahora? ?Qu¨¦ pretende lograr? ¡ªGard no solo busca los Fragmentos por su poder ¡ªrespondi¨® Acalia¡ª. ¨¦l quiere convertirse en un ser superior a los Reyes Demonios. Cree que si re¨²ne todos los Fragmentos, podr¨¢ reclamar el poder de los cinco y reescribir las reglas del universo. El silencio que sigui¨® fue roto solo por el crepitar de la chimenea. Biel mir¨® el mapa, tratando de procesar lo que acababa de escuchar. Usando el mapa proporcionado por Kael, el grupo se dirigi¨® hacia las catacumbas de Zerpia, un lugar oscuro y olvidado que se encontraba bajo la ciudad. A medida que descend¨ªan por escaleras antiguas y mal iluminadas, el aire se volv¨ªa m¨¢s pesado, impregnado de un olor a moho y antig¨¹edad. ¡ªEsto no me gusta nada ¡ªmurmur¨® Xanthe, aferrando su bast¨®n con fuerza. ¡ªNo tiene por qu¨¦ gustarte. Solo tenemos que salir vivos ¡ªrespondi¨® Easton, intentando mantener la calma. Biel, quien iba al frente, sinti¨® que algo dentro de ¨¦l resonaba. Era como un eco distante que le llamaba desde las profundidades. Finalmente, llegaron a una gran c¨¢mara iluminada por un brillo rojizo. En el centro, sobre un pedestal, descansaba el tercer Fragmento del Infinito. Su luz pulsaba como un coraz¨®n vivo, llenando la sala con una energ¨ªa opresiva. ¡ªAh¨ª est¨¢ ¡ªsusurr¨® Kael, con un tono reverente. Biel dio un paso adelante, pero se detuvo cuando escuch¨® una voz dentro de su cabeza. Era profunda y resonante, cargada de una autoridad abrumadora. ¡ª?Eres t¨² mi portador? ¡ªpregunt¨® la voz, haciendo eco en su mente. Biel sinti¨® que su cuerpo se congelaba. Las palabras parec¨ªan provenir no solo del Fragmento, sino de algo mucho m¨¢s grande y antiguo. ¡ªBiel, ?est¨¢s bien? ¡ªpregunt¨® Acalia, notando su vacilaci¨®n. Antes de que pudiera responder, un estruendo sacudi¨® la c¨¢mara. Desde las sombras, emergi¨® una figura imponente: un caballero oscuro con una armadura ornamentada, cuyos ojos brillaban con un rojo intenso. ¡ªNadie tomar¨¢ este Fragmento ¡ªdijo el caballero, desenvainando una espada que parec¨ªa estar hecha de pura energ¨ªa. El grupo se prepar¨® para luchar, sabiendo que este ser¨ªa su mayor desaf¨ªo hasta ahora. Y en el centro de todo, Biel sinti¨® que el Fragmento llamaba su nombre, como si solo ¨¦l pudiera decidir el desenlace de este enfrentamiento. Capitulo 8: El Trato La tensi¨®n en la c¨¢mara era palpable. El caballero oscuro avanzaba con su espada de energ¨ªa en alto, su presencia imponente dominando el ambiente. Acalia fue la primera en reaccionar, desenvainando su arma y coloc¨¢ndose frente a Biel. ¡ª?No permitas que te toque, Biel! ¡ªgrit¨® Acalia, lanz¨¢ndose al ataque. Xanthe y Easton tomaron posiciones a su lado. La hechicera convoc¨® llamas danzantes que iluminaron la c¨¢mara, mientras su hermano canalizaba un hechizo de hielo para reforzar la ofensiva. Kael, aunque m¨¢s reservado, prepar¨® su arma con decisi¨®n. El caballero bloque¨® los ataques iniciales con facilidad, su espada cortando el aire con destreza mortal. Cada choque de acero resonaba en la c¨¢mara como un trueno. La batalla estaba en marcha, y Biel, paralizado por la intensidad del momento, no pod¨ªa apartar la vista del Fragmento que brillaba con fuerza. Mientras sus amigos luchaban con todas sus fuerzas, Biel sinti¨® un llamado dentro de s¨ª. El Fragmento parec¨ªa pulsar al ritmo de un coraz¨®n vivo, su resplandor intensific¨¢ndose con cada segundo. ¡ª?Qu¨¦ est¨¢ pasando? ¡ªmurmur¨® Biel, dando un paso hacia el pedestal. ¡ª?Biel, no te acerques! ¡ªgrit¨® Easton, su voz cargada de preocupaci¨®n. Pero el joven no pod¨ªa detenerse. Era como si una fuerza invisible lo guiara. Cuando Biel toc¨® el Fragmento, una oscuridad envolvi¨® su cuerpo al instante. Un torbellino de sombras se alz¨®, cubri¨¦ndolo por completo. Acalia, Xanthe y los dem¨¢s se detuvieron al ver a su amigo atrapado en aquella espiral de energ¨ªa negra. ¡ª?Biel! ¡ªgrit¨® Xanthe, l¨¢grimas surcando su rostro. ¡ª?Resiste, chico! ¡ªexclam¨® Kael, lanz¨¢ndose hacia las sombras, solo para ser repelido por una fuerza invisible. Acalia, con su rostro endurecido por la preocupaci¨®n, miraba impotente. ¡ªBiel... ?qu¨¦ est¨¢ ocurriendo contigo? En medio de la oscuridad, Biel abri¨® los ojos. No estaba en la c¨¢mara, sino en un vasto plano espiritual, un paisaje desolado y cubierto de cenizas. Frente a ¨¦l, una figura alta y majestuosa apareci¨® entre las sombras. Su armadura estaba desgastada, pero sus ojos rojos brillaban con una intensidad imponente.The author''s tale has been misappropriated; report any instances of this story on Amazon. ¡ªFinalmente, nos encontramos ¡ªdijo la figura con una voz grave y resonante¡ª. Soy Monsfil, el Rey Demonio de la Destrucci¨®n Eterna. Biel retrocedi¨® un paso, su coraz¨®n latiendo con fuerza. ¡ª?Monsfil? ?T¨² eres quien me llam¨® antes? Monsfil asinti¨® con una sonrisa que parec¨ªa mezclarse entre lo sombr¨ªo y lo melanc¨®lico. ¡ªAs¨ª es. He estado esperando este momento. ¡ª?Qu¨¦ quieres? ¡ªpregunt¨® Biel, alzando la voz¡ª. ?Eres una amenaza! ?No quiero ser como t¨²! Monsfil solt¨® una carcajada profunda. ¡ªAh, as¨ª que te contaron que soy "muy malo". Maldito h¨¦roe, c¨®mo han cambiado mi historia. Escucha, muchacho, quiero contarte la verdad. Quiero que entiendas qui¨¦n soy realmente. Biel, aunque receloso, asinti¨®. ¡ªEst¨¢ bien. Habla. Monsfil baj¨® la mirada, su tono cambiando a uno m¨¢s solemne. ¡ªHace miles de a?os, fui un protector. Mi dominio era la destrucci¨®n, s¨ª, pero no como un fin, sino como un medio para preservar. Las plagas, las guerras... yo destru¨ªa lo que amenazaba el equilibrio del mundo. Hizo una pausa antes de continuar, su voz te?ida de amargura. ¡ªPero los mortales no lo entendieron. Me temieron, me odiaron. El h¨¦roe que luch¨® contra nosotros tergivers¨® mi prop¨®sito, llam¨¢ndome "el destructor de vidas". Cuando intent¨¦ defender mi verdad, fui sellado dentro de este Fragmento. Todo por intentar hacer lo correcto. Biel escuch¨® en silencio, sus emociones divididas. Finalmente, habl¨®. ¡ªTu historia... es tr¨¢gica. Pero si eras un protector, ?por qu¨¦ no lo demostraste? ¡ª?C¨®mo podr¨ªa hacerlo, cuando todo lo que hac¨ªa era visto como un mal necesario? ¡ªrespondi¨® Monsfil, su mirada fija en Biel. ¡ªAhora lo ¨²nico que puedo hacer es confiar en ti. Monsfil extendi¨® una mano hacia Biel. ¡ªQuiero hacer un trato contigo. ¡ª?Qu¨¦ clase de trato? ¡ªpregunt¨® Biel, su voz cargada de desconfianza. ¡ªQuiero que uses mi poder para el bien. Yo no pude usarlo correctamente, y por eso fui catalogado como un destructor. Pero t¨² tienes la oportunidad de cambiar esa historia. ¡ª?Y c¨®mo s¨¦ que no planeas controlarme y apoderarte de mi cuerpo? ¡ªcuestion¨® Biel, frunciendo el ce?o. Monsfil solt¨® una risa sincera. ¡ªNo soy como mis hermanos. Hablo en serio, muchacho. Mi esencia est¨¢ atrapada en el Fragmento que cargas. Solo puedo guiarte, ayudarte a entender este poder. Nada m¨¢s. ¡ª?Entonces est¨¢s dentro del Fragmento? ¡ªpregunt¨® Biel, sorprendido. Monsfil asinti¨®. ¡ªAs¨ª es. Y conf¨ªo en ti para usar este poder con sabidur¨ªa. Ahora despierta. Ya hablaremos m¨¢s. La oscuridad se disip¨® de repente, y Biel abri¨® los ojos. Estaba de pie, intacto, mientras sus amigos lo rodeaban con expresiones de alivio y preocupaci¨®n. ¡ª?Est¨¢s bien? ¡ªpregunt¨® Acalia, colocando una mano firme en su hombro. ¡ªS¨ª... creo que s¨ª ¡ªrespondi¨® Biel, aunque a¨²n procesaba lo que hab¨ªa sucedido. El caballero oscuro, que hasta ese momento hab¨ªa luchado sin piedad, dej¨® caer su espada y se arrodill¨® ante Biel. ¡ªEres el elegido ¡ªdijo el caballero, inclinando la cabeza en se?al de reverencia. Biel, confundido y sin saber c¨®mo reaccionar, exclam¨® con una expresi¨®n c¨®mica: ¡ª??Qu¨¦eee!? El eco de su exclamaci¨®n reson¨® en la c¨¢mara, mientras sus amigos intercambiaban miradas perplejas. Cap铆tulo 9: El Guardiè°©n y el Rey Love this novel? Read it on Royal Road to ensure the author gets credit. Cap铆tulo 10: El Concilio del Umbral Divino Stolen from Royal Road, this story should be reported if encountered on Amazon. Cap铆tulo 11: Acalia This story has been unlawfully obtained without the author''s consent. Report any appearances on Amazon. Cap铆tulo 12: El Camino Hacia Las Sombras This tale has been unlawfully lifted from Royal Road; report any instances of this story if found elsewhere. Cap铆tulo 13: Encuentros y Revelaciones Enjoying this book? Seek out the original to ensure the author gets credit. Cap铆tulo 14: Ecos de la Oscuridad This narrative has been unlawfully taken from Royal Road. If you see it on Amazon, please report it. Cap铆tulo 15: Las cosas han cambiado Help support creative writers by finding and reading their stories on the original site. Cap铆tulo 16: Verdaderas Intenciones La ciudad se alzaba majestuosa bajo el cielo nocturno, sus altas torres iluminadas por un resplandor p¨¢lido que parec¨ªa emanar del mismo suelo. Biel y su grupo avanzaban cautelosamente por las calles adoquinadas, con los sentidos alerta. Hab¨ªa algo en el ambiente que les resultaba extra?o, una calma antinatural que contrastaba con todo lo que hab¨ªan enfrentado hasta ahora. Sarah, quien hab¨ªa optado por cubrirse con una capucha para evitar ser reconocida, fue la primera en romper el silencio. ¡ªEsto no es normal. ?Por qu¨¦ nadie nos ataca? ?Por qu¨¦ no hay hostilidad hacia nosotros, especialmente a ustedes que son humanos? ¡ªsusurr¨®, sus ojos brillando con desconfianza bajo la capucha. Antes de que alguien pudiera responder, un vampiro noble con una postura elegante y una sonrisa calculada se acerc¨® al grupo. Su capa negra ondeaba ligeramente con la brisa, y sus ojos escarlatas se clavaron en ellos con una mezcla de inter¨¦s y superioridad. ¡ªBienvenidos al palacio del gran Rey Vampiro Lip. ¨¦l los espera. Por favor, acomp¨¢?enme ¡ªdijo el noble, haciendo una ligera reverencia. Biel intercambi¨® una mirada con Acalia, quien asint¨® con firmeza. Aunque la situaci¨®n era sospechosa, no ten¨ªan otra opci¨®n. Mientras segu¨ªan al noble, Biel no pudo evitar sentirse inquieto. Algo en la actitud del vampiro y en la calma de la ciudad lo pon¨ªa en guardia. Fue entonces cuando la voz de Monsfil reson¨® en su mente, grave y cargada de advertencia. ¡ªPortador, cuidado. Esto es una trampa. Biel apret¨® los pu?os y respondi¨® mentalmente: ¡ªLo tomar¨¦ en cuenta. Desde que llegamos aqu¨ª, ya se me hac¨ªa raro. El grupo continu¨® avanzando hasta llegar al imponente palacio. Sus puertas de hierro negro se abrieron con un chirrido profundo, revelando un sal¨®n amplio y decorado con candelabros de cristal que reflejaban una luz tenue. El noble los guio a trav¨¦s de largos pasillos hasta una sala del trono. All¨ª, sentado en un majestuoso trono de obsidiana, estaba Lip, el Rey Vampiro, con una expresi¨®n tranquila pero llena de autoridad. A su lado, un joven vampiro de mirada vac¨ªa y porte regio lo acompa?aba. ¡ªSaludos, humanos ¡ªdijo Lip, con una voz profunda y melodiosa¡ª. Me complace que hayan aceptado mi invitaci¨®n. Acalia dio un paso adelante, su mirada fija en el rey. ¡ªOlvidemos los saludos. ?Qu¨¦ deseas de m¨ª y de mis acompa?antes? Una peque?a sonrisa se dibuj¨® en los labios de Lip, quien se recost¨® c¨®modamente en su trono. ¡ªQuiero que te casos con mi hijo, Muskar, para que el pacto entre humanos y vampiros no se rompa. La declaraci¨®n dej¨® al grupo perplejo. Acalia frunci¨® el ce?o, pero antes de que pudiera responder, Biel intervino. ¡ªY ?qu¨¦ tiene que ver esto conmigo? ¡ªpregunt¨®, intentando mantener la calma. Lip volvi¨® su mirada hacia Biel, sus ojos brillando con un inter¨¦s que hizo que el joven se sintiera expuesto. ¡ª?T¨²? Simplemente quer¨ªa conocerte. Eres famoso en todo el mundo, chico. Tu llegada, marcada por esa extra?a luz, salv¨® a algunas criaturas y destruy¨® a otras. Me resulta curioso que alguien con tanto poder est¨¦ en este mundo. Las palabras de Lip golpearon a Biel como un mazazo. Su llegada hab¨ªa causado tanto salvaci¨®n como destrucci¨®n. Mientras procesaba esta revelaci¨®n, la voz de Monsfil reson¨® nuevamente en su mente. ¡ªPortador, no le respondas. Ese vampiro tiene una habilidad para controlar a quienes le contestan. Desafortunadamente, Acalia ya est¨¢ bajo su poder, al igual que sus subordinados y su hijo. Pero es hora de que uses un poco de mi poder. Prot¨¦gete y protege a los tuyos. Biel cerr¨® los ojos y respir¨® profundamente. La energ¨ªa oscura de Monsfil comenz¨® a fluir por su cuerpo, llen¨¢ndolo de una fuerza que apenas pod¨ªa contener. Con un grito, liber¨® una versi¨®n incompleta de su poder de Rey Demonio, creando una barrera de energ¨ªa que protegi¨® a su grupo del lavado de cerebro de Lip.This story is posted elsewhere by the author. Help them out by reading the authentic version. ¡ª?Maldito vampiro! ?C¨®mo te atreves a controlar a Acalia? ?Dime cu¨¢l es tu verdadero plan! Lip observ¨® a Biel con sorpresa y admiraci¨®n. ¡ªAl parecer, eres especial. Muy bien, te lo dir¨¦. De todas maneras, morir¨¢s aqu¨ª. El rey vampiro se levant¨® de su trono y comenz¨® a caminar lentamente hacia ellos, su presencia llenando la sala con una tensi¨®n sofocante. ¡ªPlaneo apoderarme de este mundo. Ni los dioses ni los Reyes Demonios podr¨¢n detenerme. Con tu poder y el de Acalia, ser¨¢ invencible. Mientras Lip revelaba su plan, los dioses observaban desde el Umbral Divino. La Diosa de la Vida, Elaris, miraba la escena con preocupaci¨®n. ¡ªMaldici¨®n. Mi aprendiz ahora est¨¢ en manos de ese vampiro, y yo no puedo intervenir. Nyxaris, el Dios de las Sombras, respondi¨® con su voz envolvente como un susurro. ¡ªSabes bien por qu¨¦ no podemos actuar. Los Rifilser nos lo prohibieron. Ellos est¨¢n por encima de nosotros, y su voluntad no puede ser desafiada. Solaryon, el Dios de la Luz, replic¨® con frustraci¨®n. ¡ªY ?qu¨¦ se supone que hagamos? ?Esperar y observar c¨®mo todo se desmorona? Los Rifilser pueden estar por encima de nosotros, pero este mundo tambi¨¦n es nuestra responsabilidad. Chronasis, el Dios del Tiempo, levant¨® una mano para calmar los ¨¢nimos. ¡ªNo olvidemos que los Rifilser act¨²an por el equilibrio. Si intervinieran directamente, el caos podr¨ªa ser a¨²n mayor. Nuestra tarea es guiar desde las sombras, aunque sea frustrante. Elaris suspir profundamente, sus ojos llenos de preocupacin. ¡ªMi aprendiz, Acalia, es fuerte, pero incluso ella tiene l¨ªmites. Si cae completamente bajo el control de Lip, no solo perderemos una aliada; el equilibrio mismo estar¨¢ en peligro. Nyxaris esboz¨® una leve sonrisa, aunque su expresi¨®n era sombr¨ªa. ¡ªEl equilibrio es delicado, pero tambi¨¦n adaptable. A veces, las mayores crisis producen los h¨¦roes m¨¢s inesperados. Biel podr¨ªa ser esa chispa de cambio. Thalgron, el Dios de la Guerra, golpe¨® su lanza contra el suelo, su voz resonando como un trueno. ¡ªSi uno de sus aliados debe caer para fortalecerlo, que as¨ª sea. Biel debe aprender que el poder no es suficiente; Tambi¨¦n necesita la determinaci¨®n para sacrificar. Elaris cerr¨® los ojos, intentando calmarse. ¡ªAunque nuestras acciones est¨¦n limitadas, enviar¨¦ una bendici¨®n a mi aprendiz. Quiz¨¢s eso le d¨¦ la fuerza suficiente para resistir. Nyxaris tambi¨¦n. ¡ªHazlo. Pero recuerda, cualquier acci¨®n que tomemos podr¨ªa inclinar la balanza de formas que no podemos prever. Los Rifilser lo est¨¢n observando todo. Mientras los dioses debat¨ªan, en un lugar mucho m¨¢s alejado del Umbral, una figura observaba. Kaito, el tercer Rifilser, escuchaba cada palabra con atenci¨®n. Su rostro permanec¨ªa oculto bajo una capucha, pero sus ojos brillaban con determinaci¨®n. ¡ªParece que las cosas est¨¢n saliendo de control ¡ªmurmur¨® para s¨ª mismo¡ª. Gracias a nuestra petici¨®n los dioses no pueden intervenir directamente, entonces tendr¨¦ que hacerlo yo. Kaito dio un paso hacia adelante, su figura envuelta en una energ¨ªa misteriosa. Su mente repasaba cada detalle de su plan, ajust¨¢ndolo a las nuevas circunstancias. ¡ªEl equilibrio est¨¢ por romperse. Si no act¨²o ahora, no solo este mundo estar¨¢ en peligro, sino tambi¨¦n todos los dem¨¢s conectados al Infinito. Con un movimiento de su mano, una esfera de energ¨ªa se materializ¨® frente a ¨¦l. En su interior, las im¨¢genes de Biel, Acalia y Lip se suced¨ªan r¨¢pidamente, como si la esfera estuviera conectada directamente al flujo de los acontecimientos. ¡ªBiel... A¨²n no comprendes el verdadero alcance de tu poder. Pero pronto lo har¨¢s. Y cuando llegue ese momento, necesitar¨¢s una gu¨ªa. Kaito cerr¨® los ojos, concentr¨¢ndose en las ramificaciones de sus acciones. Sab¨ªa que intervenir directamente podr¨ªa tener consecuencias imprevistas, pero tambi¨¦n sab¨ªa que no pod¨ªa quedarse al margen. ¡ªEl tercer Rifilser no puede permitirse fallar. Si el equilibrio se rompe, todo lo que hemos protegido durante eones se desmoronar¨¢. Con un ¨²ltimo vistazo a la esfera, Kaito desapareci¨® en un destello de luz, dejando tras de s¨ª una sensaci¨®n de urgencia y determinaci¨®n. Su destino estaba ligado al de Biel, aunque el joven portador a¨²n no lo supiera. De vuelta en la sala del trono, Biel apret¨® los pu?os, dispuesto a luchar para liberar a Acalia. La energ¨ªa oscura de Monsfil envolv¨ªa su cuerpo, y su mirada reflejaba una determinaci¨®n inquebrantable. ¡ª?Prep¨¢rate, Labio! No permitir¨¦ que te salgas con la tuya. Ambos contendientes se preparan para enfrentarse, mientras una tensi¨®n electrizante llenaba el aire y las fuerzas del destino converg¨ªan en un momento decisivo. Cap铆tulo 17: La Vida es Ef铆mera This novel''s true home is a different platform. Support the author by finding it there. Cap铆tulo 18: Nuevas Esperanzas El campo de batalla estaba en silencio, roto solo por el leve crujido de las llamas que consum¨ªan los restos del palacio del rey vampiro Lip. La victoria hab¨ªa sido amarga, pues hab¨ªa llegado al costo m¨¢s alto: la vida de Biel. Acalia, de rodillas junto al cuerpo inerte de Biel, no pod¨ªa contener las l¨¢grimas que ca¨ªan libremente por su rostro. El sello que la diosa hab¨ªa impuesto sobre sus emociones hab¨ªa sido roto durante la batalla, y ahora, toda la tristeza, la culpa y el dolor que hab¨ªa reprimido durante tanto tiempo se desbordaban sin control. Apret¨® la mano de Biel con fuerza, como si as¨ª pudiera traerlo de vuelta. ¡ª?No! ¡ªgrit¨® entre sollozos¡ª. Esto no debi¨® pasar. Biel, t¨² no¡­ no ten¨ªas que ser t¨². Xanthe se encontraba a su lado, con el rostro ba?ado en l¨¢grimas. Hab¨ªa perdido a un amigo, a alguien que hab¨ªa arriesgado su vida para protegerla y a todos los dem¨¢s. Sus manos temblaban mientras trataba de encontrar palabras de consuelo, pero ninguna parec¨ªa suficiente. Finalmente, simplemente coloc¨® una mano sobre el hombro de Acalia, compartiendo su dolor en silencio. El caballero oscuro, Ylfur, estaba de pie junto a ellos, su armadura cubierta de sangre y holl¨ªn. Su postura, normalmente erguida y majestuosa, estaba encorvada bajo el peso de su culpa. ¡ªNo es posible que mi amo haya muerto ¡ªmurmur¨®, su voz llena de angustia¡ª. Deb¨ª ser yo quien cayera, no ¨¦l. Mi vida est¨¢ dedicada a protegerlo, y fall¨¦. Easton observaba la escena desde unos pasos atr¨¢s, sus manos cerradas en pu?os mientras luchaban por contener las l¨¢grimas. Para ¨¦l, Biel hab¨ªa sido m¨¢s que un amigo; hab¨ªa sido como un hermano. El dolor de su p¨¦rdida era un peso insoportable que se alojaba en su pecho. ¡ªBiel¡­ ¡ªsusurr¨®¡ª. Siempre encontrabas la manera de salir adelante. ?Por qu¨¦ esta vez fue diferente? Sarah, quien apenas hab¨ªa conocido a Biel, tambi¨¦n sent¨ªa una profunda tristeza. Aunque su relaci¨®n con ¨¦l hab¨ªa sido breve, hab¨ªa visto su valent¨ªa y bondad. Ahora, al verlo sin vida, no pod¨ªa evitar sentir una conexi¨®n con el dolor de los dem¨¢s. ¡ªNo lo merec¨ªa ¡ªdijo en voz baja, sus ojos llenos de l¨¢grimas¡ª. Era alguien especial. El grupo permanec¨ªa en silencio, cada uno enfrentando su dolor a su manera, mientras el cuerpo de Biel yac¨ªa inm¨®vil ante ellos. La victoria contra Lip hab¨ªa perdido su significado, eclipsada por la p¨¦rdida de su amigo y l¨ªder. Pero en lo profundo de sus corazones, una chispa de esperanza comenzaba a encenderse, aunque a¨²n no lo sab¨ªan. El destino ten¨ªa m¨¢s planes para Biel y para ellos, planes que pronto comenzar¨ªan a revelarse. Lejos del campo de batalla, en el majestuoso Umbral de los Dioses, una tensi¨®n palpable se extend¨ªa entre las divinidades que observaban los eventos desde las alturas. La muerte de Biel hab¨ªa dejado a todos en estado de shock, incapaces de comprender c¨®mo un mortal con tal potencial hab¨ªa ca¨ªdo tan pronto. Solaryon, el Dios de la Luz, fue el primero en hablar, su voz resonando como un trueno en la vasta sala celestial. ¡ªLa vida humana es ef¨ªmera ¡ªdijo con un tono solemne¡ª. Tan corta que cualquier d¨ªa puede ser el ¨²ltimo. Y, sin embargo, nunca imagin¨¦ que este ser, que mostraba tanta promesa, encontrar¨ªa su fin tan r¨¢pido. Chronasis, el Dios del Tiempo, observaba las infinitas l¨ªneas temporales que se desplegaban ante ¨¦l. Su mirada reflejaba una mezcla de sorpresa y pesar. ¡ªHe visto casi todas las posibilidades de esta batalla ¡ªdijo, su voz cargada de melancol¨ªa¡ª. En cada una de ellas, Biel sobreviv¨ªa mientras uno de sus compa?eros ca¨ªa. Nunca cre¨ª que ¨¦l ser¨ªa quien morir¨ªa en esta l¨ªnea. Es una tragedia que desaf¨ªa incluso al tiempo. Nyxaris, el Dios de las Sombras, permaneci¨® en silencio por un momento antes de hablar con un tono calmado pero afilado. ¡ªTal vez esta sea una lecci¨®n para nosotros. Subestimamos la fragilidad de los mortales y sobrestimamos nuestra capacidad de preverlo todo. La muerte de Biel nos recuerda que incluso los planes mejor trazados pueden desmoronarse. Elaris, la Diosa de la Vida, dej¨® escapar un suspiro mientras observaba la escena desde su trono. ¡ªEs una p¨¦rdida desgarradora. Pero la chispa de su existencia no se ha extinguido por completo. Lo siento en el tejido mismo de la vida. Quiz¨¢, solo quiz¨¢, su historia a¨²n no ha terminado. If you discover this tale on Amazon, be aware that it has been unlawfully taken from Royal Road. Please report it. Mientras los dioses debat¨ªan, m¨¢s all¨¢ del Umbral, una figura observaba los eventos con una expresi¨®n de determinaci¨®n. Era Kaito, el tercer Rifilser, quien hab¨ªa presenciado la batalla desde las sombras. Su semblante reflejaba una mezcla de culpa y resoluci¨®n. ¡ªNo puedo creer que Biel haya muerto ¡ªmurmur¨® para s¨ª mismo¡ª. Iba a intervenir, pero al ver que estaba ganando, decid¨ª no hacerlo. Nunca imagin¨¦ que esto podr¨ªa pasar. Pero no puedo quedarme de brazos cruzados. Debo hacer algo. Con esa determinaci¨®n, Kaito desapareci¨® en un destello de luz, dirigi¨¦ndose hacia el lugar donde todo hab¨ªa ocurrido, listo para tomar acci¨®n y cambiar el curso de los eventos. De regreso en el palacio del ca¨ªdo rey vampiro Lip, el ambiente estaba cargado de tristeza y desolaci¨®n. Acalia, con los ojos hinchados por el llanto, se arrodillaba junto al cuerpo inerte de Biel. Las heridas en su cuerpo eran un testimonio de la ferocidad de la batalla que hab¨ªan librado. ¡ªNo puedo dejar que lo recuerden as¨ª ¡ªmurmur¨®, con la voz quebrada¡ª. Debo restaurar su cuerpo, aunque su alma ya no est¨¦ aqu¨ª. Acalia alz¨® sus manos, que brillaron con una luz suave y sanadora. Poco a poco, las heridas de Biel comenzaron a cerrarse, su piel recobrando el color perdido. Xanthe, quien hab¨ªa permanecido en silencio hasta entonces, dio un paso al frente, sus ojos reflejando una mezcla de dolor y admiraci¨®n hacia Acalia. ¡ªNunca imagin¨¦ que llegar¨ªa a ver a la diosa guerrera llorar ¡ªdijo Xanthe, con un tono casi inaudible¡ª. Pero ahora entiendo cu¨¢n profundo era el v¨ªnculo que compart¨ªas con Biel. Acalia no respondi¨®. Sus manos segu¨ªan trabajando con una precisi¨®n casi divina, guiadas por un deseo que iba m¨¢s all¨¢ de la simple restauraci¨®n f¨ªsica. Mientras tanto, Easton observaba desde un rinc¨®n, sus pu?os apretados con fuerza. Para ¨¦l, Biel no solo hab¨ªa sido un l¨ªder, sino un hermano en todo menos en sangre. ¡ªEsto no puede terminar as¨ª ¡ªdijo Easton, rompiendo el silencio¡ª. Biel nos uni¨® a todos, nos dio un prop¨®sito. No puedo aceptar que su historia termine aqu¨ª. Sarah, quien hab¨ªa conocido a Biel por tan poco tiempo, tambi¨¦n sinti¨® el peso de su p¨¦rdida. Aunque no habl¨®, su presencia reflejaba la tristeza colectiva del grupo. La atm¨®sfera se volvi¨® m¨¢s solemne cuando una luz brillante comenz¨® a iluminar el sal¨®n. Era una luz tan intensa que todos tuvieron que cubrir sus ojos. Cuando la luz se disip¨®, una figura alta y majestuosa se revel¨® en medio del sal¨®n. Su porte irradiaba poder y autoridad, y su voz reson¨® con una claridad que llen¨® cada rinc¨®n del lugar. ¡ªSeres humanos, demonios y vampiros ¡ªdijo la figura¡ª, he venido para ayudarlos. Mi nombre es Kaito, y soy uno de los tres Rifilser. Para ser m¨¢s espec¨ªficos, soy el tercer Rifilser, y he venido aqu¨ª por Biel. El grupo se qued¨® en silencio, at¨®nito ante la aparici¨®n de un ser tan poderoso. Acalia, quien hab¨ªa detenido moment¨¢neamente su labor, mir¨® a Kaito con una mezcla de esperanza y desconfianza. ¡ª?Qu¨¦ quieres decir con que has venido por Biel? ¡ªpregunt¨®, su voz firme pero temblorosa. Kaito dio un paso adelante, sus ojos brillando con una determinaci¨®n inquebrantable. ¡ªTodo ser¨¢ revelado a su debido tiempo ¡ªrespondi¨®¡ª. Pero primero, debemos asegurarnos de que su sacrificio no haya sido en vano. El aire en el palacio del rey vampiro ca¨ªdo estaba cargado de una energ¨ªa diferente. La aparici¨®n de Kaito hab¨ªa cambiado el rumbo de los acontecimientos. Mientras el grupo intentaba asimilar sus palabras, el tercer Rifilser avanz¨® hasta donde yac¨ªa el cuerpo restaurado de Biel. Sus ojos brillaban con una mezcla de tristeza y determinaci¨®n. ¡ªBiel no est¨¢ perdido del todo ¡ªdeclar¨® Kaito, dirigi¨¦ndose a todos los presentes¡ª. Hay una posibilidad de traerlo de vuelta, pero necesitar¨¦ su ayuda y su fe. Acalia se levant¨® de inmediato, su mirada fija en Kaito. ¡ª?De qu¨¦ est¨¢s hablando? ?Qu¨¦ clase de posibilidad? ¡ªpregunt¨®, con una mezcla de esperanza y escepticismo. Kaito levant¨® su mano derecha, y una esfera de energ¨ªa luminosa apareci¨® en su palma. Era una luz pura y c¨¢lida que ilumin¨® el rostro de todos. ¡ªEl alma de Biel a¨²n no ha cruzado completamente al m¨¢s all¨¢ ¡ªexplic¨®¡ª. Puedo sentir su esencia atrapada entre este mundo y el reino de los muertos. En el plano espiritual, Biel despert¨® en un lugar desconocido, rodeado de una serenidad que contrastaba con el caos de la batalla. Se encontraba en un vasto jard¨ªn, lleno de flores de colores imposibles y ¨¢rboles cuyas ramas parec¨ªan extenderse hacia el infinito. Este era el Jard¨ªn del Juicio, un plano espiritual donde las almas eran evaluadas antes de su destino final. Una figura apareci¨® frente a ¨¦l, irradiando una luz c¨¢lida y reconfortante. Era un Guardian, de rasgos indefinidos pero llenos de autoridad. ¡ªBiel ¡ªdijo la figura con una voz que resonaba como un eco eterno¡ª. Has llegado al Jard¨ªn del Juicio. Aqu¨ª se decidir¨¢ tu destino. Biel frunci¨® el ce?o, todav¨ªa tratando de comprender d¨®nde estaba y qu¨¦ hab¨ªa ocurrido. ¡ª?Estoy muerto? ¡ªpregunt¨®, su voz cargada de incertidumbre. La figura asinti¨® lentamente. ¡ªTu cuerpo ha ca¨ªdo en el mundo mortal, pero tu esencia a¨²n persiste. Este es un lugar entre la vida y la muerte, donde se juzgan los actos y el prop¨®sito de cada alma. Biel record¨® a sus compa?eros, el sacrificio que hab¨ªa hecho y el caos que hab¨ªa dejado atr¨¢s. Su coraz¨®n se llen¨® de preocupaci¨®n. ¡ª?Qu¨¦ ha pasado con los dem¨¢s? ?Est¨¢n a salvo? ¡ªinquiri¨® con urgencia. La figura extendi¨® una mano, y una visi¨®n se despleg¨® ante Biel. Pod¨ªa ver a Acalia, Easton y los dem¨¢s, enfrentando su dolor y tomando decisiones cruciales para traerlo de vuelta. Pero tambi¨¦n vio algo m¨¢s: una amenaza creciente que se cern¨ªa sobre ellos. ¡ªTus compa?eros est¨¢n luchando por ti, pero su camino ser¨¢ arduo ¡ªdijo la figura¡ª. Sin embargo, a¨²n no es tu momento de partir definitivamente. Existe una posibilidad de regresar, pero depender¨¢ tanto de ellos como de ti. Biel apret¨® los pu?os, su determinaci¨®n renov¨¢ndose. ¡ªHar¨¦ lo que sea necesario. No puedo abandonarlos ahora. La figura asinti¨®, satisfecha con su respuesta. ¡ªEntonces prep¨¢rate, Biel. Tu juicio comenzar¨¢ pronto, y tu voluntad ser¨¢ puesta a prueba. Solo aquellos con un prop¨®sito verdadero pueden regresar del Jard¨ªn del Juicio. Arco 2 - Renacer Espiritual / Cap铆tulo 19 Support creative writers by reading their stories on Royal Road, not stolen versions. Cap铆tulo 20: Biel y Monsfil El viento fr¨ªo soplaba con fuerza mientras Biel caminaba hacia las imponentes monta?as que se alzaban como gigantes dormidos frente a ¨¦l. El peso de los recientes acontecimientos a¨²n pesaba sobre sus hombros, pero su determinaci¨®n permanec¨ªa firme. Cada paso que daba resonaba con ecos en la quietud del paisaje, y las monta?as parec¨ªan observarlo, como si escondieran secretos antiguos. De repente, una figura se materializ¨® frente a ¨¦l. Era alta, imponente, con una armadura desgastada que reflejaba un tenue brillo bajo la luz. Los ojos rojos de Monsfil lo observaron con intensidad, llenos de un poder abrumador. ¡ª?Monsfil! ?C¨®mo es posible que est¨¦s aqu¨ª? ¡ªexclam¨® Biel, dando un paso hacia atr¨¢s mientras su mano se mov¨ªa instintivamente hacia la empu?adura de su arma. Monsfil esboz¨® una sonrisa l¨¢nguida, cruz¨® los brazos y dijo con calma: ¡ªEste es un plano espiritual, joven portador. La ¨²nica forma en que puedo salir del Fragmento que llevas en el cuello es en este lugar. Adem¨¢s, no olvides que soy uno de los Reyes Demonios. Mi esencia est¨¢ profundamente entrelazada con este mundo. Biel asint¨® lentamente, procesando lo que hab¨ªa escuchado. A pesar de sus dudas y temores, hab¨ªa algo en la presencia de Monsfil que lo obligaba a escuchar. ¡ªEntonces, ?qu¨¦ planeas hacer aqu¨ª? Monsfil solt¨® una carcajada breve antes de responder: ¡ªAyudarte a salir de este lugar. Tus amigos est¨¢n intentando devolverte a la vida, pero tambi¨¦n debo contarte m¨¢s sobre este sitio. Este plano espiritual rige bajo ciertas normas. Hace mucho tiempo, cualquier raza pod¨ªa acceder libremente aqu¨ª: humanos, demonios, incluso los inmortales. Pero todo cambi¨® por un conflicto que marc¨® la historia. Biel lo mir¨® con curiosidad y Monsfil continu¨®: ¡ªMis hermanos Karia, Reina Demonio del Conocimiento Prohibido; Quizza, Reina Demonio de la Ambici¨®n Desmedida; y Tahiel, Rey Demonio de la Oscuridad Primordial, usaron a un humano para sus propios fines. Le otorgaron poder y conocimiento ilimitados, y ese humano caus¨® un caos indescriptible en este lugar. Para detenerlo, el hijo de la diosa Yael sacrific¨® su vida protegiendo a los habitantes del plano. La diosa, consumida por el dolor, interrog¨® al humano una vez que su poder se agot¨®. ¨¦l culp¨® a mis hermanos, y esto enfureci¨® a Yael. Monsfil hizo una pausa, como si recordara aquellos d¨ªas con pesar. Sus ojos, que reflejaban milenios de historia, se clavaron en Biel. ¡ªLa diosa decidi¨® que los humanos solo podr¨ªan acceder a este plano tras su muerte para ser juzgados, y que a los demonios se les sellar¨ªa la puerta que conectaba su mundo con este. Mis hermanos lograron su objetivo: enfurecer a Yael solo por diversi¨®n. Yo, que estaba lejos durante esos eventos, les hab¨ªa advertido que no hicieran nada para provocar a la diosa. Cuando regres¨¦, descubr¨ª que ya no pod¨ªa entrar aqu¨ª. Me llen¨¦ de ira hacia ellos, pero entend¨ª que parte de la culpa era m¨ªa por haberme ausentado.This tale has been unlawfully obtained from Royal Road. If you discover it on Amazon, kindly report it. Biel, fascinado y horrorizado por igual, dio un paso m¨¢s cerca de Monsfil. ¡ª?Eso sucedi¨® hace m¨¢s de mil a?os? ¡ªpregunt¨®, con los ojos abiertos de par en par. ¡ªAs¨ª es. Quinientos a?os despu¨¦s, el h¨¦roe nos sell¨® a todos. Este plano es un lugar peligroso para demonios como yo. Si planeas usar el poder de un Rey Demonio, ten mucho cuidado. Biel asint¨®, procesando la advertencia. Sus pensamientos se agolpaban. ¡ªLo har¨¦, Monsfil. Tendr¨¦ cuidado. El Rey Demonio esboz¨® una leve sonrisa antes de desvanecerse en una nube de sombras. ¡ªNos volveremos a ver, joven portador. Biel retom¨® su camino. Mientras avanzaba, sinti¨® que el aire a su alrededor cambiaba, como si el plano espiritual respondiera a su presencia. Los paisajes eran un reflejo de sus emociones: tormentosos y llenos de incertidumbre. Poco despu¨¦s, una escena inquietante lo detuvo en seco. Un grupo de elfos rodeaba a una figura encapuchada, atac¨¢ndola sin piedad. Las voces de los elfos resonaban en un idioma antiguo, lleno de furia. La figura intentaba defenderse, pero estaba claramente en desventaja. La ira surgi¨® en el coraz¨®n de Biel. ¡ª?Det¨¦nganse! ¡ªgrit¨®, pero los elfos lo ignoraron. Sin pensarlo dos veces, activ¨® su habilidad ¡°R¨¢faga ¨¢gil¡±. En un instante, se movi¨® con una velocidad vertiginosa, golpeando a los elfos y lanz¨¢ndolos por los aires. Algunos chocaron contra los ¨¢rboles cercanos antes de desaparecer en la espesura del bosque. ¡ª??C¨®mo se atreven a atacar a alguien de esa manera?! ¡ªgrit¨®, con una mezcla de indignaci¨®n y determinaci¨®n. Los elfos, sorprendidos por su fuerza, huyeron entre los ¨¢rboles sin mirar atr¨¢s. Biel se acerc¨® a la figura encapuchada, quien se hab¨ªa desplomado en el suelo. Al inclinarse, pregunt¨® con voz suave: ¡ª?Est¨¢s bien? ?C¨®mo te llamas? La figura levant¨® la cabeza, revelando un rostro delicado enmarcado por un cabello blanco como la nieve. Sus ojos, de un azul intenso, se fijaron en los de Biel mientras sus labios esbozaban una leve sonrisa. ¡ªMe llamo Raizel. El silencio llen¨® el aire mientras Biel intentaba procesar la belleza y la extra?eza de la chica frente a ¨¦l. Sin embargo, antes de que pudiera hablar, el bosque pareci¨® susurrar alrededor de ellos. La atm¨®sfera se torn¨® pesada, como si una nueva amenaza estuviera al acecho. ¡ªDebemos movernos ¡ªdijo Raizel, incorpor¨¢ndose con dificultad. Su voz era suave, pero estaba cargada de urgencia¡ª. No es seguro quedarnos aqu¨ª. Biel la ayud¨® a levantarse, sus pensamientos llenos de preguntas. ?Qui¨¦n era Raizel? ?Por qu¨¦ los elfos la atacaban? Y, lo m¨¢s importante, mientras avanzaban juntos hacia un lugar m¨¢s seguro, Biel no pod¨ªa evitar sentir que el destino hab¨ªa vuelto a intervenir en su camino.
En el horizonte, las monta?as parec¨ªan m¨¢s cercanas que nunca, pero tambi¨¦n m¨¢s amenazantes. Biel y Raizel se mov¨ªan en silencio, cada uno perdido en sus propios pensamientos. Aunque acababan de conocerse, una conexi¨®n incipiente comenzaba a formarse, como si ambos compartieran un destino entrelazado. Mientras caminaban, Raizel finalmente rompi¨® el silencio. ¡ªGracias por salvarme. No muchos se habr¨ªan enfrentado a un grupo de elfos por alguien que no conocen. Biel se encogi¨® de hombros, intentando restarle importancia. ¡ªNo pod¨ªa quedarme de brazos cruzados. Pero ?Qu¨¦ hac¨ªas tan lejos de cualquier poblado? Raizel baj¨® la mirada, como si estuviera decidiendo cu¨¢nto contar. ¡ªEstaba buscando algo... o alguien. Pero parece que mi b¨²squeda no pas¨® desapercibida. Antes de que Biel pudiera preguntar m¨¢s, un rugido profundo reson¨® a lo lejos. Ambos se detuvieron en seco, sus cuerpos tens¨¢ndose al un¨ªsono. ¡ª?Qu¨¦ fue eso? ¡ªpregunt¨® Biel, desenvainando su arma. Raizel estrech¨® los ojos, mirando hacia el bosque. ¡ªAlgo que no deber¨ªa estar aqu¨ª. Prepara tus habilidades, podr¨ªa ser una larga noche. Ambos listos para enfrentarse a lo desconocido, mientras las sombras del bosque se agitaban con un peligro inminente. Cap铆tulo 21: El punto de inicio This narrative has been unlawfully taken from Royal Road. If you see it on Amazon, please report it. Cap铆tulo 22: Biel contra el Guardiè°©n La oscuridad del bosque se espesaba a cada segundo. Los ¨¢rboles centenarios parec¨ªan inclinarse hacia los intrusos, como si intentaran expulsarlos. El aire estaba cargado de tensi¨®n, y la nublada luz de la luna apenas se filtraba entre las ramas. Biel y Raizel permanec¨ªan en guardia, sus cuerpos tensos, mientras un crujido de ramas anunciaba que alguien o algo se acercaba. De entre las sombras, una silueta imponente emergi¨® con un porte solemne. El guardi¨¢n, una figura envuelta en una armadura r¨²nica que irradiaba un aura espectral, camin¨® hacia ellos con pasos decididos. Su rostro permanec¨ªa oculto tras un yelmo grabado con intrincados patrones, pero sus ojos brillaban con una luz que parec¨ªa perforar el alma de quienes lo miraban. ¡ªHe venido hasta aqu¨ª porque unos elfos me dijeron que un humano los atac¨® ¡ªdijo, con una voz grave y resonante que parec¨ªa emanar desde el mism¨ªsimo bosque¡ª. Los humanos no tienen derecho alguno aqu¨ª. Este es un plano sagrado, y tu presencia es un ultraje. Solo vienes aqu¨ª para enfrentar el juicio. Pero tu pecado es claro: morir¨¢s bajo mis manos. No ir¨¢s ni al cielo ni al infierno. Ser¨¢s polvo espiritual. Biel entrecerr¨® los ojos, su expresi¨®n endurecida. La amenaza del guardi¨¢n era clara, y aunque el miedo intentaba abrirse paso en su coraz¨®n, su determinaci¨®n era mayor. El ambiente alrededor se tornaba m¨¢s opresivo, con una energ¨ªa pesada que parec¨ªa querer aplastarlos. ¡ªNo tengo otra alternativa, ?verdad? ¡ªrespond¨ªa Biel, mientras desenvainaba su arma. Sus palabras eran firmes, pero Raizel, quien lo acompa?aba, se alarm¨® de inmediato. ¡ª?Biel, huye! Este guardi¨¢n es demasiado fuerte. No tienes posibilidad contra ¨¦l ¡ªgrit¨®, dando un paso al frente, con una mezcla de miedo y resoluci¨®n en su mirada. Biel sacudi¨® la cabeza, su mirada fija en el guardi¨¢n. Sab¨ªa que Raizel hablaba desde la preocupaci¨®n, pero tambi¨¦n sent¨ªa que este enfrentamiento era inevitable. ¡ªNo te preocupes ¡ªdijo, esbozando una leve sonrisa que buscaba calmar a su compa?ero¡ª. Ya he enfrentado a seres m¨¢s fuertes. El recuerdo de Lip, el rey vampiro, cruz¨® por su mente, aquel enemigo al que hab¨ªa enfrentado en el pasado. Sus palabras resonaban en su memoria: ¡°La vida es ef¨ªmera, pero la voluntad la trasciende.¡± Inspirado por esas palabras, Biel se prepar¨®. El guardi¨¢n solt¨® una carcajada profunda que reson¨® entre los ¨¢rboles. ¡ªTienes agallas, humano. Por tu valent¨ªa, te conceder¨¦ el honor de conocer mi nombre. Soy Remus, uno de los cuatro guardianes de este plano espiritual. Pero que eso no te confunda. Morir¨¢s aqu¨ª. La diosa no permitir¨¢ que escapes. ¡ªEso lo veremos ¡ªreplic¨® Biel, lanz¨¢ndose al combate con determinaci¨®n. Biel activ¨® su habilidad R¨¢faga ¨¢gil, que le permit¨ªa moverse con una velocidad cegadora. En un instante, cruz¨® la distancia entre ¨¦l y Remus, propinando un golpe directo con su espada. El impacto fue poderoso, pero el guardi¨¢n lo recibi¨® con el brazo desnudo, sin apenas inmutarse. La fuerza del choque liber¨® una onda de energ¨ªa que hizo vibrar el suelo bajo sus pies.The narrative has been stolen; if detected on Amazon, report the infringement. ¡ª?Eso es todo? Me decepcionas, humano ¡ªremarc¨® Remus, con un tono lleno de desd¨¦n. Remus contraatac¨® con su habilidad Espejo del Vac¨ªo, una t¨¦cnica que reflej¨® el ataque de Biel con una fuerza doblemente devastadora. El impacto lanz¨® a Biel contra el suelo, arranc¨¢ndole un jadeo de dolor mientras sent¨ªa el peso de su propio poder voltearse en su contra. Raizel observaba con horror, su respiraci¨®n agitada mientras luchaba contra el impulso de intervenir. ¡ªEres d¨¦bil ¡ªdeclar¨® Remus, alzando su mano cubierta por llamas azules¡ª. Este es tu fin. Las llamas crecieron, transform¨¢ndose en un c¨ªrculo de fuego espectral que ilumin¨® el bosque con una intensidad cegadora. La habilidad Llama Espectral fue lanzada hacia Biel, formando una columna de fuego que pareci¨® consumirlo por completo. ¡ª?Biel, no mueras ahora! ¡ªgrit¨® Raizel, con los ojos llenos de angustia, su voz quebr¨¢ndose ante la devastadora escena. El humo cubri¨® el campo de batalla, y el guardi¨¢n se r¨ªa con una burla cruel. ¡ªSolo eras un humano d¨¦bil, como todos. Nada m¨¢s que polvo espiritual. De pronto, un estruendo interrumpi¨® su risa. Desde dentro de la nube de humo, una energ¨ªa oscura explot¨®, disipando las cenizas y el fuego. Biel emergi¨® de la columna de humo, pero ya no era el mismo. Su forma hab¨ªa cambiado. Su cuerpo estaba envuelto en una energ¨ªa negra, y sus ojos brillaban con un rojo intenso. Era su forma de Rey Demonio, aunque imperfecta. ¡ªNo puedo morir aqu¨ª. Tengo que regresar. El guardi¨¢n retrocedi¨® ligeramente, sorprendido, pero recuper¨® su compostura r¨¢pidamente. ¡ªOtra vez ustedes, demonios sucios. Siempre regresan para corromper este lugar. Biel apret¨® los pu?os, recordando las palabras de Monsfil, el Rey Demonio de la Destrucci¨®n Eterna. Las dudas cruzaron por su mente, pero tambi¨¦n una determinaci¨®n firme. ¡ªSi realmente he cometido errores... entonces los arreglar¨¦. Pero no aqu¨ª. ?No ahora! Biel liber¨® su habilidad Rugido Demon¨ªaco, una onda expansiva de energ¨ªa que sacudi¨® el campo. Remus, incapaz de esquivar a tiempo, recibi¨® el impacto de lleno, cayendo de rodillas. La tensi¨®n aument¨® cuando Biel avanz¨®, sus pasos dejando un rastro de energ¨ªa oscura que impregnaba el ambiente. El guardi¨¢n, aunque debilitado, no estaba dispuesto a rendirse. ¡ª?La corrupci¨®n demon¨ªaca no prevalecer¨¢ aqu¨ª! ¡ªbram¨® Remus, levant¨¢ndose lentamente, sus ojos brillando con una intensidad renovada. Con un gesto, invoc¨® una barrera et¨¦rea adornada con runas brillantes. La energ¨ªa espiritual comenz¨® a condensarse en su espada, creando un arma de luz pura que irradiaba poder celestial. Biel sinti¨® la energ¨ªa opresiva que emanaba del guardi¨¢n, pero no retrocedi¨®. En cambio, su transformaci¨®n demon¨ªaca pareci¨® intensificarse. Las sombras que lo envolv¨ªan se alargaron y ondularon, como si cobraran vida propia. En su mente, las palabras de Monsfil resonaron una vez m¨¢s: ¡°El poder no define al portador; sus acciones lo hacen.¡± El combate alcanz¨® un nuevo nivel de intensidad. Biel y Remus intercambiaron golpes que sacud¨ªan el terreno. La espada de luz del guardi¨¢n dejaba rastros luminosos en el aire, mientras los ataques de Biel creaban ondas de energ¨ªa oscura que parec¨ªan devorar la luz misma. Raizel observaba desde la distancia, con el coraz¨®n en un pu?o, incapaz de intervenir. A pesar de sus heridas, Biel no ced¨ªa terreno. Cada movimiento suyo era una declaraci¨®n de su voluntad inquebrantable. Sin embargo, tambi¨¦n sab¨ªa que la transformaci¨®n demon¨ªaca consum¨ªa su energ¨ªa vital a un ritmo alarmante. Necesitaba terminar la pelea r¨¢pido. Remus, por su parte, comenzaba a mostrar signos de agotamiento. Aunque su poder era inmenso, el combate prolongado contra un oponente tan impredecible como Biel lo estaba desgastando. Aun as¨ª, su convicci¨®n no flaque¨®. ¡ªEres persistente, humano. Pero tu corrupci¨®n no puede superar la pureza del juicio divino. ¡ªY yo te demostrar¨¦ que no soy solo un humano ¡ªrespond¨ªa Biel, lanz¨¢ndose hacia adelante con un grito de guerra. El cl¨ªmax del combate estaba cerca. Ambos combatientes preparaban sus ataques finales, conscientes de que el pr¨®ximo movimiento decidir¨ªa el desenlace. En el coraz¨®n del bosque, las energ¨ªas opuestas chocaron una vez m¨¢s, iluminando la noche con un destello cegador que marcaba el destino de ambos. Cap铆tulo 23: El poder tambi茅n te puede corromper La tensi¨®n en el campo de batalla era palpable. Biel y el guardi¨¢n se miraban fijamente, como si ambos midieran sus ¨²ltimas fuerzas. El cielo, cubierto de nubes grises, parec¨ªa reflejar la intensidad del enfrentamiento. El aire era pesado, cargado de energ¨ªas opuestas que luchaban por imponerse. Cada respiraci¨®n se sent¨ªa como un esfuerzo tit¨¢nico. Biel, con los ojos encendidos por un brillo oscuro, comenz¨® a preparar su ataque. Las "Espinas de Penumbra" eran su ¨²ltima esperanza, una t¨¦cnica que hab¨ªa perfeccionado en su entrenamiento pero que nunca hab¨ªa usado a esta escala. Mientras tanto, el guardi¨¢n, una figura imponente con una armadura negra que parec¨ªa devorar la luz, iniciaba su conjuro "L¨ªmite Breaker". Su voz resonaba como un eco en las profundidades de una caverna, y cada palabra que pronunciaba hac¨ªa vibrar el suelo bajo sus pies. Raizel, observando desde la distancia, sinti¨® un escalofr¨ªo recorrer su espalda. Su coraz¨®n lat¨ªa desbocado mientras contemplaba el enfrentamiento. El suelo comenz¨® a temblar violentamente, como si el mundo mismo reconociera la magnitud del choque que estaba por ocurrir. Raizel grit¨®, su voz cargada de desesperaci¨®n: ¡ª?Est¨¢n locos! ?Van a destruir todo! Pero sus palabras se perdieron en el rugido del poder acumulado. Las "Espinas de Penumbra" emergieron del suelo como colmillos oscuros, retorci¨¦ndose con una velocidad letal. Al mismo tiempo, el "L¨ªmite Breaker" desat¨® una ola de energ¨ªa devastadora, rompiendo los l¨ªmites del espacio mismo. El choque de ambos poderes cre¨® una explosi¨®n colosal, levantando una columna de humo y polvo que cubri¨® toda la zona. El temblor de la tierra aument¨®. Raizel cay¨® al suelo, incapaz de mantenerse en pie. Los ¨¢rboles cercanos se inclinaron bajo la presi¨®n de la energ¨ªa liberada, y el aire se llen¨® de un silbido agudo que parec¨ªa rasgar los o¨ªdos. ¡ª?Vas a morir, sucio humano! ?T¨² y esa raza demon¨ªaca desaparecer¨¢n aqu¨ª! ¡ªrug¨ªa el guardi¨¢n, su voz resonando como un trueno. Una sonrisa cruel deformaba su rostro, reflejando el placer que sent¨ªa al ver a su enemigo tambalearse. Biel, jadeando y tambale¨¢ndose, respondi¨® con voz firme, aunque su cuerpo estaba al borde del colapso: ¡ªYo no morir¨¦ en este lugar. Sin embargo, sus fuerzas lo abandonaron. La forma de Rey Demonio imperfecto que hab¨ªa mantenido hasta ahora se desvaneci¨®, dejando a Biel vulnerable y agotado. Su cuerpo temblaba, cubierto de heridas que sangraban lentamente. El guardi¨¢n not¨® esto y sonri¨® con sadismo mientras aumentaba su poder para dar el golpe final. El ataque del guardi¨¢n golpe¨® a Biel de lleno, generando una nueva columna de humo y escombros. Cuando el polvo comenz¨® a asentarse, Biel yac¨ªa tendido en el suelo, inm¨®vil. Pero en su mente, un eco resonaba, arrastr¨¢ndolo hacia su subconsciente. En ese espacio et¨¦reo y oscuro, Biel se encontr¨® una vez m¨¢s frente a Monsfil. El paisaje que lo rodeaba era un vac¨ªo infinito, un horizonte sin fin donde la oscuridad y la luz danzaban en un equilibrio fr¨¢gil. El eco distante de voces resonaba, como si las memorias de incontables vidas susurraran desde las sombras.This content has been unlawfully taken from Royal Road; report any instances of this story if found elsewhere. ¡ªHas ca¨ªdo de nuevo, joven portador ¡ªdijo Monsfil con voz grave, pero sin rastro de reproche. Sus ojos rojos brillaban con una mezcla de severidad y compasi¨®n¡ª. Solo hay una manera de regresar, pero ser¨¢ complicado para ti. Biel, consciente de la gravedad de la situaci¨®n, respondi¨® sin dudar: ¡ªTengo que regresar. Dime qu¨¦ debo hacer. Monsfil lo observ¨® con seriedad antes de hablar. ¡ªLibera tu forma semi perfecta. Pero debo advertirte: esa forma te hace perder el control. ?Podr¨¢s dominarla? Biel apret¨® los pu?os, con determinaci¨®n en sus ojos. Su voz, aunque temblorosa, estaba llena de resoluci¨®n. ¡ªEs la ¨²nica manera. Tengo que hacerlo. Monsfil asinti¨® lentamente. ¡ªEntonces ve y usa ese poder, joven portador. Pero recuerda, el poder puede ser un arma de doble filo. No dejes que te consuma. Biel despert¨® en el campo de batalla, herido y apenas capaz de moverse. Su cuerpo dol¨ªa con cada respiraci¨®n, y la sangre manchaba el suelo bajo ¨¦l. El guardi¨¢n se acercaba con intenciones claras de terminar el combate, su figura imponente proyectando una sombra amenazante. ¡ªTendremos que hacerlo ¡ªmurmur¨® Biel, mientras una energ¨ªa oscura comenzaba a rodearlo. El cielo se oscureci¨® de repente. Las nubes se arremolinaron, formando un v¨®rtice que parec¨ªa tragarse la luz del sol. Una densa aura negra cubri¨® a Biel en forma de c¨ªrculo, pulsando con un poder descontrolado. El guardi¨¢n se detuvo, su rostro lleno de terror. ¡ª?Imposible! ?C¨®mo es posible que este sucio humano siga con vida! ¡ªexclam¨®, retrocediendo instintivamente. Una explosi¨®n de energ¨ªa oscura sacudi¨® el lugar, enviando a volar tanto al guardi¨¢n como a Raizel. Los ¨¢rboles cercanos fueron arrancados de ra¨ªz, y el suelo se agriet¨® bajo la presi¨®n del poder desatado. Cuando el humo se disip¨®, Biel estaba de pie, transformado. Su apariencia hab¨ªa cambiado dr¨¢sticamente; su forma semi perfecta emanaba un aura de pura destrucci¨®n. Pero sus ojos reflejaban algo m¨¢s: hab¨ªa perdido el control. La transformaci¨®n de Biel era un espect¨¢culo aterrador. Su piel brillaba con un resplandor oscuro, y runas desconocidas aparecieron grabadas en sus brazos y torso. La energ¨ªa que emanaba no solo destru¨ªa, sino que tambi¨¦n deformaba la realidad a su alrededor. El aire se volvi¨® pesado, y el suelo comenz¨® a derretirse bajo sus pies. ¡ªFuria del Vac¨ªo ¡ªmurmur¨® Biel, desatando una explosi¨®n de energ¨ªa oscura que arras¨® con todo a su alrededor. El guardi¨¢n, ahora completamente aterrorizado, decidi¨® escapar, alzando el vuelo para huir de aquel demonio descontrolado. Pero Biel no lo permitir¨ªa. Alz¨® su mano, y su voz reson¨® como un trueno: ¡ªEspinas del Vac¨ªo. De su mano emergieron espinas oscuras que se retorc¨ªan en el aire, persiguiendo a su objetivo con una velocidad implacable. Las espinas alcanzaron al guardi¨¢n, perfor¨¢ndolo en el coraz¨®n. El cuerpo del guardi¨¢n cay¨® inerte al suelo, su vida extinguida al instante. En medio de la destrucci¨®n, Biel sonri¨®. Pero no era una sonrisa de victoria, sino una sonrisa s¨¢dica, llena de oscuridad. La l¨ªnea entre el h¨¦roe y el monstruo se hab¨ªa desdibujado, y el verdadero precio del poder comenzaba a revelarse. El campo de batalla qued¨® en silencio, salvo por el crujido de los ¨¢rboles ca¨ªdos y el eco de la energ¨ªa que a¨²n flotaba en el aire. Raizel, desde la distancia, observ¨® con horror lo que Biel se hab¨ªa convertido. Sab¨ªa que algo hab¨ªa cambiado para siempre. Raizel se acerc¨® lentamente, con pasos inseguros, mientras el viento cargado de cenizas le golpeaba el rostro. Sus ojos estaban llenos de l¨¢grimas, no solo por el miedo, sino tambi¨¦n por la tristeza. ¡ªBiel... ?Qu¨¦ has hecho? ¡ªmurmur¨®, su voz quebrada por la emoci¨®n. Pero Biel no respondi¨®. Su mirada, fija en el horizonte, reflejaba una mezcla de triunfo y algo m¨¢s profundo: una sombra que comenzaba a consumirlo. Cap铆tulo 24: Control Absoluto o Amor You could be reading stolen content. Head to Royal Road for the genuine story. Charlotte permaneci¨® en silencio por un momento, intentando procesar las palabras del anciano. Su coraz¨®n lat¨ªa con fuerza, una mezcla de miedo y esperanza invadi¨¦ndola. Finalmente, rompi¨® el silencio con un hilo de voz. ¡ª?C¨®mo puedo salvarlo? El anciano, con su sonrisa serena y su mirada sabia, respondi¨®: ¡ªDebes ir t¨² misma a salvarlo. Como su hermana, eres quien mejor lo conoce. S¨¦ que podr¨¢s tranquilizarlo. Charlotte, todav¨ªa abrumada, frunci¨® el ce?o. ¡ª?Es posible siquiera ir a donde est¨¢ ¨¦l? ?Y qui¨¦n es usted para poder hacer algo as¨ª? El anciano solt¨® una risa suave, como si disfrutara del misterio que lo rodeaba. ¡ªSolo soy un anciano que vende rarezas ¡ªdijo con tono ligero¡ª. Pero eso no importa. Lo que importa es: ?Quieres salvar a tu hermano? Charlotte no dud¨® ni un segundo. ¡ªS¨ª, tengo que ayudarlo. Es mi hermano, no puedo dejarlo as¨ª. El anciano asinti¨® con aprobaci¨®n. ¡ªEntonces, esto es lo que debes hacer. Debes entrar en ese mundo y abrazarlo. El amor entre hermanos es poderoso, m¨¢s que cualquier fuerza que puedas imaginar. Ese amor ser¨¢ suficiente para calmar a Biel y devolverlo a su ser. La esperanza empez¨® a florecer en el pecho de Charlotte, pero el anciano no hab¨ªa terminado. ¡ªSin embargo, hay un costo. Charlotte sinti¨® que el aire se volv¨ªa m¨¢s pesado. ¡ª?Qu¨¦ costo? El anciano la mir¨® con seriedad, su sonrisa ahora ausente. ¡ªDeber¨¢s permanecer para siempre en ese lugar. No hay manera de volver. Ese mundo ser¨¢ tu nuevo hogar. La sorpresa se apoder¨® de Charlotte. Retrocedi¨® un paso, tambaleante. Su mente se llen¨® de dudas y miedo, pero una imagen clara de su hermano, perdido y luchando solo, la atraves¨® como una daga. Cerr¨® los ojos, respir¨® hondo y enfrent¨® la realidad. ¡ª¡­Acepto ¡ªdijo con firmeza¡ª. Si eso significa salvar a mi hermano, vivir¨¦ en ese lugar con ¨¦l. ¨¦l es lo m¨¢s importante para m¨ª. El anciano asinti¨® lentamente, con algo que parec¨ªa ser un destello de respeto en sus ojos. ¡ªPerfecto. Entonces ve y ayuda a tu hermano. Salvarlo es tu misi¨®n. El anciano levant¨® una mano al aire y, con un gesto delicado, el ambiente alrededor de Charlotte comenz¨® a cambiar. Un resplandor intenso llen¨® la tienda, envolvi¨¦ndola en luz. El coraz¨®n de Charlotte lat¨ªa con fuerza, pero no hab¨ªa miedo en ella, solo determinaci¨®n. ¡ªBuena suerte ¡ªdijo el anciano, su voz resonando como un eco mientras Charlotte desaparec¨ªa en la luz. Cuando la claridad se disip¨®, Charlotte ya no estaba en la tienda. Hab¨ªa comenzado su viaje hacia el mundo espiritual, lista para enfrentarse a lo desconocido y salvar a su hermano. En el Umbral de los Dioses, un lugar et¨¦reo donde las fuerzas m¨¢s poderosas del universo vigilaban el flujo del destino, una agitaci¨®n inesperada perturb¨® la calma habitual. Una energ¨ªa nueva hab¨ªa aparecido, rompiendo la armon¨ªa del lugar. Los dioses, reunidos alrededor de la gran esfera que reflejaba los eventos del universo, observaron con expresiones de asombro. ¡ª?Qu¨¦ es esa energ¨ªa? ¡ªpregunt¨® Solaryon, el Dios de la Luz, su voz resonando como un trueno en el vasto espacio. ¡ªEs diferente a cualquier cosa que hayamos sentido antes ¡ªrespondi¨® Nyxaris, el Dios de las Sombras, su figura envuelta en penumbra. ¡ªPero su esencia es pura, casi familiar. Chronasis, el Dios del Tiempo, cerr¨® los ojos mientras sent¨ªa el flujo de esa energ¨ªa. ¡ªEsto cambiar¨¢ el curso de los acontecimientos. Una chispa de esperanza ha llegado. En otro lugar, en el mundo terrenal, donde Acalia, Kaito y los dem¨¢s descansaban tras los recientes eventos, Kaito levant¨® la vista al cielo. Una sonrisa leve cruz¨® su rostro mientras sus ojos brillaban con determinaci¨®n. ¡ªOtra vez recibo tu ayuda, amigo m¨ªo ¡ªmurmur¨®, como si hablara con alguien que solo ¨¦l pod¨ªa percibir. Mientras tanto, en el plano espiritual, Biel se encontraba atrapado en un torbellino de oscuridad y dolor. Su forma semi imperfecta de Rey Demonio se retorci¨® mientras dejaba escapar un grito desgarrador. El inmenso poder que hab¨ªa desatado era demasiado para su cuerpo y su mente, desgarr¨¢ndolo desde dentro. Su coraz¨®n lat¨ªa fren¨¦ticamente, incapaz de soportar la carga. ¡ª?No puedo... ?No puedo detenerlo! ¡ªgrit¨® Biel, con la voz llena de agon¨ªa. Su esencia pareci¨® tambalearse, al borde de colapsar. De repente, una luz brillante ilumin¨® todo a su alrededor, cortando las sombras como una espada luminosa. La luz se expandi¨® hasta envolverlo por completo. Biel, a pesar de estar consumido por su poder descontrolado, se percat¨® de la presencia de algo... o alguien. De la luz emergi¨® una figura. Era una chica hermosa, con un aura radiante que contrastaba con la oscuridad del plano espiritual. Su cabello ondeaba con suavidad, y sus ojos, llenos de determinaci¨®n y amor, se fijaron en Biel. Sin dudarlo, avanz¨® hacia ¨¦l, ignorando las ondas de energ¨ªa ca¨®tica que emanaban de su cuerpo. ¡ªHermano ¡ªdijo con una voz suave pero firme, su tono lleno de calidez¡ª. He venido a salvarte. Charlotte rode¨® a Biel con sus brazos en un abrazo lleno de amor y protecci¨®n. La energ¨ªa que hab¨ªa estado consumiendo a Biel comenz¨® a ceder, disip¨¢ndose como humo al viento. Su cuerpo dej¨® de temblar y su mente se calm¨®. Biel cay¨® de rodillas, sus ojos llen¨¢ndose de l¨¢grimas. A pesar de su imponente forma de Rey Demonio, en ese momento no era m¨¢s que un hermano que hab¨ªa encontrado una esperanza perdida. ¡ªHermanita... ¡ªsusurr¨® con la voz rota por la emoci¨®n¡ª. No cre¨ª que volver¨ªa a verte. Charlotte acarici¨® su cabello, las l¨¢grimas corriendo por sus mejillas. ¡ªYa no volver¨¦ a separarme de ti, hermano ¡ªdijo con firmeza¡ª. Estamos juntos, y juntos enfrentaremos lo que venga. La luz a su alrededor se intensific¨®, como si respondiera al lazo entre ellos. En ese momento, Biel no era el Rey Demonio, ni un guerrero consumido por el poder. Era simplemente Biel, un joven que hab¨ªa encontrado consuelo en el amor incondicional de su hermana. Cap铆tulo 25: La Melod铆a En el majestuoso palacio de la diosa de los esp¨ªritus, Yael, todo estaba sumido en una calma sobrenatural. La luz que emanaba de los cristales colgantes iluminaba suavemente las paredes de jade y ¨¢mbar, creando un ambiente de paz y armon¨ªa. En el centro de la gran sala del trono, Maelista, un esp¨ªritu de rango superior y el sirviente m¨¢s fiel de Yael, tocaba una hermosa melod¨ªa en un piano et¨¦reo hecho de luz pura. Cada nota que sal¨ªa del piano resonaba en la sala, transportando una sensaci¨®n de serenidad que envolv¨ªa no solo a los presentes, sino tambi¨¦n a los mismos cimientos del palacio. La melod¨ªa flu¨ªa como un r¨ªo cristalino, conectando el plano de los esp¨ªritus con la esencia misma de la armon¨ªa universal. La diosa Yael, con su figura radiante y serena, disfrutaba del concierto mientras observaba la brisa danzar entre las cortinas de luz que adornaban su morada. Sin embargo, la calma se rompi¨® de repente. La tierra comenz¨® a temblar, y las vibraciones recorrieron el palacio entero. Las luces del lugar parpadearon moment¨¢neamente, y los ecos del piano se desvanecieron entre el temblor. Yael se incorpor¨® de su trono, su mirada reflejaba inquietud y un atisbo de temor. ¡ª?Qu¨¦ est¨¢ pasando, Maelista? ¡ªpregunt¨® la diosa con voz firme, aunque la m¨²sica segu¨ªa resonando ligeramente en el aire. Maelista detuvo sus manos y alz¨® la vista, sus ojos plateados brillaban con una mezcla de respeto y preocupaci¨®n. Con un gesto suave, extendi¨® su mano, y una serie de pantallas de energ¨ªa aparecieron frente a ellos. Las im¨¢genes que mostraban las pantallas eran ca¨®ticas: una batalla feroz se libraba en un terreno hostil. La diosa observ¨® con atenci¨®n, viendo a un joven humano enfrentarse a un guardi¨¢n. La lucha era violenta, cada golpe resonaba como un eco en el tejido espiritual del mundo. Yael sinti¨® un escalofr¨ªo cuando las pantallas se centraron en el cl¨ªmax del combate: el humano, cubierto de heridas y con una mirada llena de determinaci¨®n, emergi¨® victorioso. Sin embargo, lo que ocurri¨® despu¨¦s la dej¨® sin aliento. El vencedor comenz¨® a transformarse. La energ¨ªa oscura y ca¨®tica que lo rodeaba tom¨® forma, sus rasgos se deformaron hasta convertirse en los de un Rey Demonio. La presencia del humano ahora desprend¨ªa un aura similar a la de aquellos que hab¨ªan causado estragos y destrucci¨®n en el pasado de su mundo. ¡ª?Un Rey Demonio? ¡ªmurmur¨® Yael, sus ojos mostrando una mezcla de horror y tristeza¡ª. ?C¨®mo es posible que un humano haya alcanzado ese estado? Maelista baj¨® la cabeza ligeramente, como disculp¨¢ndose por la gravedad de lo que mostraba. ¡ª¨¦l es el portador del Fragmento del Infinito, mi se?ora ¡ªrespondi¨® con voz calmada¡ª. Esa fuerza que lo consume proviene de un Rey Demonio sellado en su interior. Parece que su voluntad fue superada por el caos que llev¨® a la victoria. Yael permaneci¨® en silencio durante unos instantes, contemplando las pantallas. Su expresi¨®n se endureci¨®. ¡ªDebemos intervenir. Ese poder no debe ser liberado en nuestro mundo. Llama a los guardianes restantes, Maelista. Este desequilibrio amenaza con destruir todo lo que hemos protegido. Maelista respondi¨® serenamente: ¡ªNo se preocupe, mi se?ora. Algo inesperado llegar¨¢ a este plano y arreglar¨¢ las cosas. En ese momento, las pantallas enfocaron nuevamente a Biel, quien gritaba de dolor mientras una luz brillante emerg¨ªa a su alrededor. La intensidad de su grito resonaba no solo en el campo de batalla, sino tambi¨¦n en el plano espiritual, perturbando la energ¨ªa que hab¨ªa permanecido estable durante milenios. Sin embargo, justo cuando el caos amenazaba con consumirlo por completo, una luz pura y radiante ilumin¨® la escena. De aquella luz emergi¨® una figura serena y majestuosa, que pronto se revel¨® como la hermana de Biel. Con un aura que irradiaba calma y compasi¨®n, la figura se acerc¨® a Biel, quien se encontraba arrodillado, luchando contra las sombras que intentaban devorar su ser. La figura lo abraz¨® con una ternura infinita, y en ese instante, el grito de dolor ces¨®. Biel comenz¨® a respirar con m¨¢s calma, mientras la oscuridad que lo rodeaba se disipaba como niebla al amanecer. Yael observaba la escena desde su palacio, sus ojos llenos de asombro. ¡ª?Qui¨¦n es esa persona? ¡ªpregunt¨®, dirigi¨¦ndose a Maelista. Maelista esboz¨® una leve sonrisa, como si ya hubiera anticipado esa pregunta. ¡ªEs un protector, mi se?ora. Un fragmento de luz enviado para equilibrar la balanza. No pertenece completamente a este mundo, pero su presencia era necesaria en este momento crucial. La diosa frunci¨® el ce?o ligeramente, sus pensamientos sumidos en una mezcla de intriga y preocupaci¨®n. ¡ªSi esto es cierto, entonces nuestra intervenci¨®n deber¨¢ esperar. Observaremos y esperaremos a que este protector haga su movimiento. Pero no podemos ignorar el riesgo que supone la presencia de un Rey Demonio.Reading on this site? This novel is published elsewhere. Support the author by seeking out the original. Maelista asinti¨® con solemnidad, mientras las pantallas segu¨ªan mostrando c¨®mo la figura luminosa ayudaba a Biel a levantarse, susurrando palabras inaudibles que parec¨ªan envolverlo en una serenidad renovada. Las pantallas de energ¨ªa se apagaron abruptamente, dejando la sala del trono envuelta en un silencio inquietante. La diosa Yael, preocupada por la aparici¨®n de otro Rey Demonio en su mundo, murmur¨®: ¡ªEse humano debe ser¡­ En ese momento, su cabeza comenz¨® a doler intensamente, interrumpiendo sus palabras. La diosa Yael se llev¨® una mano a la sien, una mueca de dolor cruz¨® su rostro. ¡ª?Por qu¨¦¡­? ?Por qu¨¦ siento este dolor? ¡ªsusurr¨®, tambale¨¢ndose ligeramente. Maelista, quien observaba desde su lugar junto al piano, no hizo adem¨¢n de acercarse. En cambio, volvi¨® a sentarse frente al instrumento y comenz¨® a tocar una melod¨ªa suave y calmante. Las notas fluyeron por la sala, llenando el espacio con una paz artificial, pero efectiva. Yael suspir¨® aliviada, el dolor en su cabeza desapareci¨® como si nunca hubiera existido. ¡ªTranquila, mi se?ora. Todo estar¨¢ bien ¡ªdijo Maelista con una sonrisa serena mientras segu¨ªa tocando. La diosa cerr¨® los ojos, dejando que la m¨²sica la envolviera, pero al abrirlos nuevamente, su expresi¨®n hab¨ªa cambiado. Su mirada era ahora dura y determinada. ¡ªEl humano¡­ debe morir ¡ªdeclar¨® Yael, pero su voz sonaba distante, como si las palabras no fueran completamente suyas. Maelista se detuvo por un momento, levantando una ceja con una expresi¨®n de falsa sorpresa antes de soltar una carcajada baja que llen¨® la sala. ¡ªJajajaja¡­ Pens¨¦ que mi manipulaci¨®n hab¨ªa llegado a su l¨ªmite, pero parece que siempre hay espacio para mejorar. Yael dio un paso hacia ¨¦l, pero se detuvo al escuchar sus palabras. Una chispa de duda brill¨® en sus ojos antes de apagarse nuevamente. ¡ª?Qu¨¦¡­ est¨¢s diciendo? ¡ªpregunt¨®, su tono quebrado por la confusi¨®n. Maelista dej¨® de tocar y se levant¨® lentamente, sus ojos plateados brillaban con una malicia contenida. ¡ªOh, mi querida diosa, ?acaso cre¨ªas que eras t¨² quien gobernaba este plano? ¡ªdijo con voz burlona¡ª. Sabes que nunca podr¨¢s salir de mi control. Tu debilidad hizo que cayeras ante m¨ª, y ahora no eres m¨¢s que una herramienta para mis planes. Yael retrocedi¨® un paso, pero sus piernas temblaban. Intent¨® convocar su poder, pero sinti¨® una barrera invisible que la deten¨ªa. La sonrisa de Maelista se ensanch¨® al ver su lucha. ¡ªAhora, mi se?ora, volvamos al plan. El humano debe morir, y t¨² ser¨¢s quien lo declare. El eco de su risa reson¨® en la sala, mientras Yael, atrapada en las cadenas invisibles de la manipulaci¨®n, trataba desesperadamente de recuperar el control de su voluntad. Por otro lado, en el campo de batalla donde se encontraba Biel, ¨¦l, despu¨¦s de abrazar a su hermana, pregunt¨®: ¡ªHermana, ?Qu¨¦ haces aqu¨ª? Charlotte respondi¨® con una sonrisa tierna: ¡ªHermanito, ya jam¨¢s me separar¨¦ de tu lado. Te estuve buscando por todos lados, pero no hab¨ªa indicios de ti ni de Basti¨¢n. Entonces recib¨ª una llamada que me dijo que ustedes fueron vistos por ¨²ltima vez en esa tienda. Fui para all¨¢ y el due?o me explic¨® que t¨² estabas en otro mundo y¡­ que hab¨ªas muerto. Los ojos de Charlotte se llenaron de tristeza, pero continu¨®: ¡ªEso me llen¨® de dolor, pero luego me dijo que ahora estabas en el plano espiritual tratando de volver a la vida. Me ense?¨® lo que estaba pasando y vi c¨®mo te hab¨ªas convertido en un monstruo. El anciano me dijo que yo ten¨ªa que salvarte y eso hice. Biel, asombrado por las palabras de su hermana, pregunt¨®: ¡ªEntonces, ?ese anciano nos mand¨® a este lugar? ?Podremos volver a nuestro mundo? Charlotte neg¨® con la cabeza. ¡ªNo. El anciano me dijo que no hab¨ªa manera de regresar. Solo nos tocar¨ªa vivir en este lugar. Biel, a¨²n m¨¢s sorprendido, reflexion¨® por un momento antes de responder: ¡ª?Ese anciano! Pero bueno, este mundo no est¨¢ tan mal. Charlotte lo mir¨® con incredulidad. ¡ª?C¨®mo que no est¨¢ tan mal? ?Est¨¢s muerto! Y adem¨¢s, te hab¨ªas convertido en un monstruo. Biel sonri¨® ligeramente. ¡ªS¨ª, jejeje, pero estoy tratando de regresar. Para ello debo ir a la ciudad de este lugar y ped¨ªrselo a la diosa. ¡ª?Diosa? ¡ªrepiti¨® Charlotte con curiosidad¡ª. ?Acaso dijiste diosa? ?En este lugar existen los dioses? ¡ªS¨ª, en este mundo existen dioses, reyes demonios, reyes vampiros¡­ ¡ªexplic¨® Biel. Charlotte asinti¨® mientras reflexionaba. ¡ªAhora que lo mencionas, cuando el anciano me ense?¨® todo lo que hab¨ªas vivido, tambi¨¦n lo dijo. Este mundo es muy loco. En eso, Charlotte pregunt¨®: ¡ª?Y Basti¨¢n? ?No est¨¢ contigo? Biel neg¨®. ¡ªNo, desapareci¨® y no s¨¦ d¨®nde estar¨¢. Pero cuando regrese al mundo terrenal, lo buscar¨¦. Charlotte suspir¨® con comprensi¨®n. ¡ªEntiendo. Bueno, ?y ahora qu¨¦ vamos a hacer? ¡ªDebemos ir hacia esa ciudad que se ve a lo lejos ¡ªrespondi¨® Biel. ¡ªEntendido ¡ªdijo Charlotte, pero luego not¨® algo¡ª. Antes, ?Qui¨¦n era ella, la que est¨¢ tirada en ese lugar? Biel sigui¨® su mirada y vio a Raizel, quien yac¨ªa inconsciente en el suelo. ¡ªTenemos que ayudarla ¡ªdijo Biel¡ª. Ella es una chica que encontr¨¦ en este lugar y me estaba ayudando a ir a la ciudad. ¡ªEntiendo ¡ªdijo Charlotte mientras se acercaba a Raizel. Observ¨® que estaba gravemente herida y, con determinaci¨®n, extendi¨® las manos. ¡ªSanar ¡ªdijo con firmeza. Las heridas de Raizel comenzaron a cerrarse lentamente. Biel la mir¨® sorprendido. ¡ªHermana, ?acaso tienes magia sanadora? Charlotte asinti¨® con una sonrisa leve. ¡ªS¨ª. El anciano me dijo que me dar¨ªa habilidades para poder ayudarte. ¡ªEntiendo ¡ªdijo Biel. En ese momento, Raizel abri¨® los ojos y mir¨® a su alrededor. Con voz d¨¦bil, pregunt¨®: ¡ª?Se termin¨® la batalla? ¡ªS¨ª ¡ªrespondi¨® Biel. Raizel, recordando lo que hab¨ªa presenciado, se incorpor¨® ligeramente y pregunt¨® con preocupaci¨®n: ¡ª?Eres t¨², Biel? ?O sigues siendo ese demonio? Biel baj¨® la cabeza por un momento antes de responder: ¡ªMe disculpo. Tuve que usar esa transformaci¨®n para poder derrotar al guardi¨¢n. Raizel lo mir¨® con reproche. ¡ªPero no deb¨ªas matarlo. Charlotte interrumpi¨® con un tono firme. ¡ª?El deb¨ªa morir! Eso fue lo que me dijo el anciano, pues su alma era corrupta. Biel hizo lo correcto. Raizel, con menos preocupaci¨®n pero a¨²n confundida, pregunt¨®: ¡ª?Y t¨² qui¨¦n eres? Biel explic¨® con calma: ¡ªElla es mi hermana y viene de otro mundo. Raizel se qued¨® petrificada, sus ojos llenos de sorpresa. ¡ª?Hermana? ?Otro mundo? ?Qui¨¦nes son ustedes? Biel solo sonri¨® y respondi¨®: ¡ªYa m¨¢s tarde te explicar¨¦ todo. Cap铆tulo 26: Bajo Sospecha En el campo de batalla, todo estaba destruido. Los restos de la confrontaci¨®n yac¨ªan esparcidos como un testimonio de la brutalidad del enfrentamiento. Biel, Charlotte y Raizel se encontraban juntos, tratando de recobrar el aliento tras los eventos recientes. La atm¨®sfera era densa, impregnada de cenizas y el eco de los gritos que el viento se llev¨®. Biel, con un semblante decidido, comenz¨® a hablar. Necesitaba que Raizel comprendiera su situaci¨®n por completo. ¡ªRaizel, necesito contarte algo importante ¡ªdijo, tomando una pausa para mirar a Charlotte, quien asinti¨® en silencio¡ª. Yo no pertenezco a este mundo. En realidad, provengo de otro lugar. Raizel lade¨® la cabeza, intrigada. Sus alas de un blanco puro brillaban ligeramente, reflejando la escasa luz que lograba atravesar las nubes de humo. ¡ª?Otro lugar? ¡ªpregunt¨®¡ª. Contin¨²a, estoy escuchando. ¡ªHace tiempo, mi amigo y yo entramos en una tienda misteriosa para ver que hab¨ªa en ese lugar, era un lugar de cosas antiguas, en ese lugar se encontraba un anciano que nos dijo que no toc¨¢ramos nada, pero no les hicimos caso fue entonces que encontramos un artefacto extra?o, un cristal. Era un objeto rodeado de misterio, y cuando lo tocamos, una luz cegadora lo cambi¨® todo. Nos traslad¨® hasta este mundo, separ¨¢ndonos en el proceso. Desde entonces, nada ha sido igual. Yo... estoy muerto en mi plano original, pero sigo buscando la forma de regresar. Raizel lo mir¨® fijamente, su expresi¨®n oscilando entre la comprensi¨®n y el asombro. ¡ªAs¨ª que fueron transportados aqu¨ª mediante un fragmento... Eso explica muchas cosas. Pens¨¦ que eras un ciudadano de este mundo. Pero este lugar no es seguro para los humanos, Biel. De hecho, es un milagro que hayas sobrevivido tanto tiempo. Biel asinti¨®. Hab¨ªa escuchado advertencias similares antes, pero solo ahora, con las palabras de Raizel, el peligro parec¨ªa tangible. ¡ªMi mentor, Monsfil, me cont¨® muchas cosas ¡ªcontinu¨® Biel¡ª. Me explic¨® por qu¨¦ la Diosa Yael prohibi¨® la entrada de humanos a este lugar. Es un mundo lleno de peligros, no solo por los demonios, sino tambi¨¦n por los seres que aqu¨ª habitan. Raizel baj¨® la mirada, como si considerara sus pr¨®ximas palabras con cuidado. Finalmente, volvi¨® a alzar la vista, una chispa de resoluci¨®n en sus ojos. ¡ªLa Diosa Yael odia profundamente a los demonios, y esa aversi¨®n se ha extendido a los humanos tambi¨¦n. Pero si lo que dices es cierto, si est¨¢s dispuesto a enfrentarla, entonces yo te ayudar¨¦. Aunque no puedo prometer c¨®mo terminar¨¢ esto, har¨¦ lo que est¨¦ en mis manos para llevarte hasta ella. ¡ªGracias, Raizel ¡ªdijo Biel, con gratitud en su voz¡ª. Tu ayuda significa mucho para nosotros. Raizel hizo un adem¨¢n para que guardaran silencio, su expresi¨®n grave. ¡ªPero antes de que avancemos, hay algo que deben hacer. Sus apariencias actuales llaman demasiado la atenci¨®n. Si la Diosa Yael ya sabe que est¨¢n aqu¨ª, puede que sus subordinados m¨¢s poderosos ya est¨¦n busc¨¢ndolos. Y entre ellos, est¨¢ Maelista. El nombre reson¨® en el aire como un presagio oscuro. Charlotte frunci¨® el ce?o y cruz¨® los brazos. ¡ª?Maelista? ?Qui¨¦n es ¨¦l? ¡ªpregunt¨® con un tono que intentaba ocultar su creciente tensi¨®n. ¡ªMaelista ¡ªrepiti¨® Raizel¡ª. Es uno de los seres m¨¢s temidos que sirven a Yael. Su lealtad es incuestionable, y su poder... devastador. Si ¨¦l los encuentra antes de que lleguemos a la Diosa, no tendr¨¢n ninguna posibilidad. El silencio se cerni¨® sobre el grupo. Cada uno proces¨® las palabras de Raizel a su manera, pero el mensaje era claro: el tiempo apremiaba, y el peligro acechaba en cada sombra. Finalmente, Biel rompi¨® el silencio, con una chispa de determinaci¨®n en su voz. ¡ªEntonces, cambiemos. Y sigamos adelante. Raizel cerr¨® los ojos y extendi¨® las manos, dejando que una energ¨ªa luminosa emanara de su cuerpo. Biel y Charlotte se miraron con curiosidad mientras un brillo dorado los envolv¨ªa. La sensaci¨®n era extra?a, c¨¢lida pero tranquilizadora, como si los tocara un poder que no pertenec¨ªa a este mundo. Cuando la luz finalmente se disip¨®, ambos notaron los cambios. Charlotte mir¨® sus manos y luego a Biel, quien tambi¨¦n examinaba su reflejo en una superficie brillante cercana. ¡ªPerfecto ¡ªdijo Raizel, observ¨¢ndolos con aprobaci¨®n¡ª. As¨ª nadie sospechar¨¢ de ustedes. Este disfraz deber¨ªa ser suficiente para que pasen desapercibidos. Biel toc¨® su rostro, notando que sus rasgos hab¨ªan cambiado ligeramente. Su cabello ahora ten¨ªa un tono m¨¢s oscuro, y sus ojos brillaban con un matiz que no hab¨ªa visto antes. Charlotte tambi¨¦n se ve¨ªa diferente, con un aura m¨¢s et¨¦rea que le daba un aspecto casi m¨ªstico. ¡ªEs incre¨ªble... ¡ªmurmur¨® Charlotte, admirando los cambios. Raizel sonri¨® y asinti¨®. ¡ªAhora debemos ir hacia la ciudad de Retel. Es un lugar donde muchas razas conviven, y es espectacular. Pero no podemos bajar la guardia. En el centro de esa ciudad hay un portal que los llevar¨¢ directamente a la ciudad donde se encuentra la Diosa Yael. ¡ª?Est¨¢ muy lejos? ¡ªpregunt¨® Biel, ajustando su equipo. ¡ªNo demasiado, pero el camino tiene sus riesgos. Mant¨¦nganse cerca de m¨ª y eviten atraer atenci¨®n innecesaria ¡ªrespond¨ªa Raizel, desplegando sus alas brevemente antes de volverlas a ocultar. Con esas palabras, el grupo emprendi¨® su marcha. La senda estaba llena de paisajes cambiantes, desde bosques densos hasta colinas suaves que parec¨ªan ondular bajo el cielo. A medida que avanzaban, el ambiente se tornaba menos hostil. Pronto, una estructura imponente apareci¨® en el horizonte: las murallas de la ciudad de Retel. ¡ªAh¨ª est¨¢ ¡ªdijo Raizel, con una nota de orgullo en su voz¡ª. Bienvenidos a Retel, la ciudad donde las diferencias se encuentran y conviven. Biel y Charlotte se quedaron sin aliento al contemplar el lugar. Las puertas de la ciudad eran inmensas, decoradas con grabados que representaban distintas razas y eventos hist¨®ricos. Dentro, las calles estaban llenas de vida: mercaderes ofreciendo bienes ex¨®ticos, habitantes de todas las formas y tama?os caminando lado a lado, y una energ¨ªa vibrante que hac¨ªa que la ciudad pareciera un ser vivo en s¨ª misma. If you stumble upon this narrative on Amazon, be aware that it has been stolen from Royal Road. Please report it. ¡ª¨¦ste es un lugar como ning¨²n otro ¡ªdijo Raizel, conduciendo al grupo hacia el coraz¨®n de la ciudad¡ª. Pero no se dejen enga?ar por su belleza. Incluso aqu¨ª, el peligro puede acechar en las sombras. Biel y Charlotte intercambiaron una mirada antes de seguir a Raizel, sabiendo que lo m¨¢s desafiante a¨²n estaba por venir. Al cruzar las imponentes puertas de la ciudad de Retel, Biel, Charlotte y Raizel se encontraron con un caos inesperado. Las calles, que hab¨ªan sido vibrantes y llenas de vida desde la distancia, ahora estaban sumidas en el miedo y la confusi¨®n. Personas de diferentes razas corr¨ªan en todas direcciones, cerrando puertas y ventanas con prisa. Una tensi¨®n palpable llenaba el aire. ¡ª?Qu¨¦ est¨¢ ocurriendo aqu¨ª? ¡ªpregunt¨® Charlotte, mirando a su alrededor con el ce?o fruncido. Raizel alz¨® la vista y pronto encontr¨® la respuesta. Guardias uniformados con el emblema de la Diosa Yael patrullaban las calles, revisando casa por casa. Algunos ciudadanos observaban desde las sombras, mientras otros trataban de mantenerse fuera de la vista. En las paredes de las casas y en los postes de las calles hab¨ªa panfletos con rostros familiares. Biel y Charlotte se acercaron a uno de ellos, y el color se les escap¨® del rostro al leer el mensaje. ¡°Se buscan. Ejecuci¨®n inmediata por orden directa de la Diosa Yael.¡± Los carteles mostraban dibujos detallados de Biel y Charlotte, sus nombres claramente visibles. Era una sentencia de muerte p¨²blica. ¡ªEsto no puede estar pasando ¡ªmurmur¨® Biel, retrocediendo mientras su coraz¨®n comenzaba a acelerarse. Charlotte mir¨® a Raizel con ojos llenos de preocupaci¨®n. ¡ª?Qu¨¦ hacemos? Nos est¨¢n buscando en todos lados. No podremos movernos sin que nos reconozcan. Raizel, aunque visiblemente afectada, intent¨® mantener la calma. Observ¨® a los guardias y luego mir¨® los carteles nuevamente, frunciendo el ce?o. Hab¨ªa algo que no cuadraba. ¡ªEsto no tiene sentido ¡ªdijo, m¨¢s para s¨ª misma que para los dem¨¢s. ¡ª?Qu¨¦ quieres decir? ¡ªpregunt¨® Biel, tratando de mantener la compostura. Raizel se gir¨® hacia ¨¦l, con una expresi¨®n grave. ¡ªLa Diosa Yael odia a los humanos, eso es cierto, pero ella siempre ha prometido que cualquier intruso ser¨ªa juzgado antes de recibir su sentencia. Estas ¨®rdenes de ejecuci¨®n inmediata... no encajan con su forma de actuar. Charlotte lade¨® la cabeza, intentando comprender. ¡ªEntonces, ?qu¨¦ est¨¢ pasando aqu¨ª? ?Crees que alguien est¨¢ actuando en su nombre? Raizel se llev¨® una mano al ment¨®n, reflexionando. ¡ªEs posible. Algo anda mal, y debemos averiguar qu¨¦. Pero antes de eso, tenemos que salir de la vista de los guardias. Si nos encuentran ahora, no tendremos la oportunidad de llegar al portal. Biel asinti¨®, aunque su mente segu¨ªa atrapada en las palabras del cartel. ¡°Ejecuci¨®n inmediata.¡± Era un recordatorio de lo precaria que era su situaci¨®n y de c¨®mo cada paso pod¨ªa ser el ¨²ltimo. Raizel los gui¨® hacia un callej¨®n oscuro, lejos de la vista principal. Se mov¨ªan r¨¢pido, con los ojos siempre alerta a cualquier movimiento sospechoso. A cada paso, Biel sent¨ªa que el peso de la situaci¨®n se volv¨ªa m¨¢s insoportable. ¡ªNo podemos quedarnos aqu¨ª mucho tiempo ¡ªsusurr¨® Raizel¡ª. Necesitamos llegar al centro de la ciudad sin llamar la atenci¨®n. Hay que encontrar una forma de avanzar entre las sombras. ¡ªEntonces lidera el camino ¡ªrespond¨ªa Charlotte, con determinaci¨®n en su voz¡ª. No pienso quedarme aqu¨ª esperando a que nos encuentren. Con los panfletos ondeando al viento como una amenaza constante y los guardias cada vez m¨¢s cerca, el grupo sab¨ªa que cada segundo contaba. La carrera hacia el portal hab¨ªa comenzado. Mientras Biel, Charlotte y Raizel discut¨ªan un plan para llegar a la plaza central, donde el portal los esperaba, un ruido los alert¨®. Desde la oscuridad del callej¨®n donde se escond¨ªan, una figura encapuchada apareci¨®. ¡ªVengan conmigo ¡ªdijo el desconocido, su voz tranquila pero firme¡ª. Yo los llevar¨¦ hacia la plaza. Raizel dio un paso adelante, protegiendo al grupo con sus alas semi desplegadas. ¡ª?Qui¨¦n eres y por qu¨¦ querr¨ªas ayudarnos? ¡ªpregunt¨® con suspicacia. El encapuchado levant¨® las manos en se?al de paz y lentamente se quit¨® la capucha. Su rostro revel¨® una mezcla de rasgos delicados y fuertes: cabello plateado y orejas ligeramente puntiagudas. Su presencia irradiaba una calma inusual. ¡ªPerm¨ªtanme presentarme. Mi nombre es Ryder. Soy un semi esp¨ªritu; mi madre era un esp¨ªritu y mi padre, un elfo. Biel lo mir¨® con desconfianza, pero antes de que pudiera hablar, Ryder continu¨®. ¡ªQuiero salir de este lugar. Mi sue?o es vivir en el mundo humano. Mi padre me habl¨® de ese mundo y de sus maravillas. Desde entonces, he deseado conocerlo. Supe de ustedes gracias a mi habilidad ¨²nica: ¡°leer mentes¡±. S¨¦ que est¨¢n buscando a la Diosa Yael, y quiero ayudarlos. Ryder se inclin¨® en una reverencia, mostrando sinceridad. ¡ªBiel, perm¨ªteme ayudarte a llegar a la Diosa. Y si es posible, acomp¨¢?ame cuando vuelvas a tu mundo. Biel observ¨® al joven, su mente llena de dudas. ?Pod¨ªa confiar en alguien que apenas conoc¨ªa, y que adem¨¢s pod¨ªa leer mentes? Antes de que pudiera responder, Charlotte intervino. ¡ªEst¨¢ bien. Dice la verdad. Biel gir¨® hacia ella, confundido. ¡ª?C¨®mo puedes estar tan segura? Charlotte sonri¨® ligeramente. ¡ªPuedo ver las auras de las personas. La de ¨¦l dice que no tiene malas intenciones. Biel asinti¨® despacio, todav¨ªa algo indeciso. Finalmente, extendi¨® su mano hacia Ryder. ¡ªDe acuerdo. Ven con nosotros. Ryder sonri¨® con gratitud y estrech¨® la mano de Biel. ¡ªEntonces vamos. No tenemos tiempo que perder. El grupo, ahora con Ryder entre ellos, se prepar¨® para avanzar hacia la plaza central. Con los guardias recorriendo cada rinc¨®n de la ciudad y los panfletos de "se buscan" todav¨ªa visibles, sab¨ªan que su camino ser¨ªa todo menos f¨¢cil. Cap铆tulo 27: Las Sombras del Camino Hace diez a?os, un acontecimiento cambi¨® el rumbo de la historia y sent¨® las bases de lo que ahora conocemos como el mundo. Un joven, cuyo nombre se perdi¨® con el tiempo, descubri¨® un peculiar fragmento mientras exploraba unas ruinas antiguas. Este no era un fragmento cualquiera: su poder era tan vasto y ca¨®tico que, al entrar en contacto con el chico, desat¨® una transformaci¨®n irreversible. Este evento marc¨® el inicio de una nueva era, una era donde la oscuridad comenz¨® a reclamar su lugar en el mundo. En la actualidad, el infame Gard, conocido como "el Devastador", observaba desde las sombras el desenlace de una de las batallas m¨¢s cruciales del presente: el enfrentamiento entre Biel y Lip, el Rey Vampiro. La escena era brutal. Los ecos del combate resonaban en el campo de batalla, donde la sangre y la ceniza se mezclaban bajo un cielo p¨²rpura. Biel, aunque luch¨® con toda su fuerza, sucumbi¨® ante el implacable poder de Lip. Gard, oculto en lo alto de una colina cercana, contemplaba con frialdad la ca¨ªda del joven h¨¦roe. Una ligera sonrisa se dibuj¨® en su rostro mientras murmuraba para s¨ª mismo: ¡ªNo lo puedo creer. Biel ha ca¨ªdo. Aunque, pens¨¦ que durar¨ªa un poco m¨¢s... Supongo que siempre fue d¨¦bil. Gard, un maestro de la manipulaci¨®n y el sigilo, hab¨ªa pasado a?os moviendo las piezas del tablero a su favor. Sab¨ªa que el destino de los Fragmentos era crucial, y ahora que Biel ya no era un obst¨¢culo, su camino hacia el poder absoluto estaba despejado. Con una risa baja y gutural, se enderez¨® y extendi¨® una mano hacia el horizonte. ¡ªFinalmente, no hay nadie que pueda detenerme. Este mundo, con sus fragmentos y sus miserias, pronto tendr¨¢ un nuevo gobernante. Y ese ser¨¦ yo. Sus palabras se perdieron en el viento, pero su resoluci¨®n era clara. Cada acci¨®n, cada batalla, cada sacrificio que hab¨ªa ocurrido hasta ahora hab¨ªa llevado a este momento. Desde las sombras, Gard hab¨ªa esperado pacientemente, permitiendo que sus enemigos se desgastaran entre ellos mientras ¨¦l acumulaba fuerza. Ahora, todo lo que hab¨ªa planeado estaba a punto de concretarse. Pero mientras el mundo temblaba ante el ascenso de Gard, otros fragmentos comenzaron a vibrar en diferentes rincones del universo, como si percibieran el peligro inminente. La batalla por el equilibrio a¨²n no hab¨ªa terminado. Gard, ahora portador de dos Fragmentos del Infinito, observa c¨®mo las reliquias en su poder comenzaban a resonar. Su brillo, una energ¨ªa oscura que parec¨ªa pulsar con vida propia, llenaba la sala donde se encontraba. Gard se acerc¨® a ellos, colocando sus manos sobre las superficies fracturadas y sintiendo la esencia que emanaba de su interior. Estos fragmentos no eran simples artefactos; conten¨ªan el poder latente de los antiguos Reyes Demonio que hab¨ªan sido sellados hace eras por un h¨¦roe legendario. Un poder tan vasto y peligroso que, si todos los fragmentos fueran reunidos, desatar¨ªan una fuerza capaz de devastar mundos enteros. Gard, sin embargo, no mostr¨® temor. Para ¨¦l, este era el destino inevitable, el camino que hab¨ªa elegido desde el d¨ªa en que descubri¨® su primer fragmento. Con una sonrisa de calculadora, murmur¨®: ¡ªAhora que Biel est¨¢ muerto, ser¨¢ mucho m¨¢s f¨¢cil recuperar el fragmento que llevaba consigo. Nadie podr¨¢ detenerme. Gard alz¨® la vista y llam¨® a su subordinado m¨¢s leal y mort¨ªfero. Desde las sombras de la habitaci¨®n, emergi¨® Kurusume, una figura envuelta en una capa negra, con una mirada que irradiaba frialdad y determinaci¨®n. Las dagas goteaban una energ¨ªa oscura, y su puerta silenciosa impon¨ªa respeto. ¡ªKurusume ¡ªdijo Gard, su voz resonando como un trueno¡ª, tengo una misi¨®n para ti. Necesito que recuperes el fragmento que Biel llevaba. Con ¨¦l fuera del camino, no deber¨ªa ser dif¨ªcil. Kurusume asinti¨®, inclin¨¢ndose con respeto. ¡ªEntendido, mi se?or. Yo traer¨¦ ese fragmento a sus manos. Gard lo observar¨¢ por un momento antes de continuar: ¡ªTienes tres d¨ªas, Kurusume. No me decepciones. Kurusume alz¨® la cabeza, mostrando una sonrisa leve pero letal. ¡ªTres d¨ªas son m¨¢s que suficientes, mi se?or. Cumplir¨¦ con su voluntad. Sin decir m¨¢s, Kurusume desapareci¨® en un destello de sombras, dejando a Gard solo con sus pensamientos. El l¨ªder oscuro volvi¨® a mirar los fragmentos, que segu¨ªan vibrando como si percibieran la inminencia de los eventos por venir. ¡ªPronto, todo estar¨¢ completo ¡ªmurmur¨® Gard, mientras una risa baja y gutural llenaba la sala¡ª. El mundo aprender¨¢ lo que significa temer de verdad. Ensure your favorite authors get the support they deserve. Read this novel on the original website. En el campo de batalla, entre las ruinas del majestuoso pero sombr¨ªo palacio del Rey Vampiro, Acalia y los dem¨¢s permanec¨ªan en tensa espera. El aire estaba cargado de incertidumbre, pero tambi¨¦n de esperanza. Todos sab¨ªan que el destino de Biel era crucial, y aunque hab¨ªa ca¨ªdo en la batalla contra Lip, Kaito les hab¨ªa asegurado que no todo estaba perdido. Acalia, con su mirada fija en el horizonte, recordaba las palabras de Kaito. Hab¨ªa sido ¨¦l quien, con su sabidur¨ªa serena y su aura de calma, les revel¨® que Biel a¨²n ten¨ªa una oportunidad. Fue Kaito quien, con un gesto decidido, envi¨® el Fragmento hacia el plano espiritual, confiando en que ese poder ser¨ªa el ancla que Biel necesitaba para regresar. ¡ªTienen que proteger el cuerpo de Biel ¡ªdijo Kaito, su voz firme pero compasiva¡ª. Mientras ¨¦l lucha en el plano espiritual, su regreso depender¨¢ de ustedes. No permitas que nadie lo toque. Acalia escalando con determinaci¨®n, apretando los pu?os. Aunque la preocupaci¨®n pesaba en su coraz¨®n, las palabras de Kaito encendieron una chispa de esperanza. Junto a ella, Xanthe mostr¨® una leve sonrisa, intentando dejar atr¨¢s la angustia que la hab¨ªa consumido desde la ca¨ªda de Biel. ¡ª¨¦l volver¨¢ ¡ªdijo Xanthe, su voz temblorosa pero llena de fe¡ª. Lo sabemos. Biel siempre encuentra la manera. Kaito observa al grupo por un momento m¨¢s, con una expresi¨®n tranquila pero resultado. ¡ªHe hecho lo que estaba en mis manos. Ahora es su turno. Prot¨¦janlo y esperen su regreso. Biel se reunir¨¢ con ustedes. Tienen mi palabra. Con esas ¨²ltimas palabras, Kaito se dio la vuelta, comenzando a alejarse. Su figura, imponente y serena, se desvanecer¨ªa lentamente entre las sombras del palacio destruido. Acalia, mirando hacia donde Kaito hab¨ªa desaparecido, respir¨® profundamente y luego volvi¨® su atenci¨®n hacia el cuerpo inerte de Biel, que yac¨ªa protegido por un c¨ªrculo de energ¨ªa creado por el fragmento. ¡ªNo te preocupes, Biel ¡ªmurmur¨® Acalia, con voz suave pero cargada de resoluci¨®n¡ª. Estaremos aqu¨ª cuando regreses. Nadie te har¨¢ da?o. Xanthe se coloc¨® a su lado, colocando una mano en el hombro de Acalia. ¡ªLo lograremos. Juntos. Mientras tanto, en las profundidades del plano espiritual, Biel enfrentaba sus propios conflictos y desaf¨ªos, desconociendo que sus amigos en el mundo f¨ªsico estaban listos para protegerlo a toda costa. Mientras tanto, en el plano espiritual, Biel y su grupo se encontraban ultimando los detalles de un plan crucial. Estaban escondidos en una antigua estructura, lejos de la vigilancia constante de los guardias que patrullaban cada rinc¨®n en busca de ellos y de Charlotte. La tensi¨®n en el ambiente era palpable, pero tambi¨¦n lo era la determinaci¨®n de cada uno de los presentes. Ryder, con su postura firme y su mirada calculadora, tom¨® la palabra: ¡ªTenemos que llegar a la plaza central sin ser detectados. Este paso es crucial si queremos hablar con la Reina Yael. Ella es la ¨²nica que puede decidir nuestro futuro en este lugar. Pero los guardias no nos lo pondr¨¢n f¨¢cil. Tendremos que pasar desapercibidos. Charlotte, que observaba desde un rinc¨®n, frunci¨® el ce?o. ?Est¨¢s seguro de que es la ¨²nica manera? Si nos descubren, podr¨ªamos quedar atrapados aqu¨ª para siempre. Ryder la mir¨® fijamente, con una mezcla de confianza y urgencia. ¡ªLo s¨¦, pero no tenemos otra opci¨®n. El tiempo no est¨¢ de nuestro lado, y cada minuto que perdemos, adem¨¢s me parece que la reina no es la misma, pues ella no dar¨ªa la orden de ejecuci¨®n inmediata sin un juicio, me parece que hay alguien m¨¢s metido en eso. Biel, que hab¨ªa permanecido en silencio, dio un paso al frente. Aunque las palabras de Ryder eran l¨®gicas, la menci¨®n de que alguien est¨¢ tramando algo en contra de el en ascenso algo dentro de ¨¦l. ¡ªClaro que lo haremos ¡ªdijo con determinaci¨®n, mirando a cada uno de sus compa?eros¡ª. Esto no se trata solo de nosotros. Yo quiero regresar a casa con mis amigos, pero para hacerlo, tenemos que superar esto juntos. No hay otra manera. Las palabras de Biel resonaron en el grupo, y poco a poco, una renovada energ¨ªa se apoder¨® de ellos. Ryder ascendi¨®, cruzando los brazos. ¡ªBien dicho. Ahora, sigan mis instrucciones. Cada movimiento cuenta, y no podemos permitirnos errores. El grupo se reuni¨® alrededor de Ryder, escuchando atentamente los detalles del plan. La plaza central estaba altamente custodiada, pero Ryder hab¨ªa identificado una serie de caminos ocultos y puntos ciegos que pod¨ªan aprovechar. Raizel, quien hab¨ªa permanecido en segundo plano, intervino con una sugerencia que hizo el plan m¨¢s preciso. Charlotte tambi¨¦n contribuy¨®, usando su conocimiento del terreno. Biel, aunque nervioso, sinti¨® una renovada esperanza. El trabajo en equipo era palpable, y todos estaban alineados hacia un objetivo com¨²n. Mientras se preparaba para partir, Ryder coloc¨® una mano en el hombro de Biel. ¡ªNo olvides por qu¨¦ hacemos esto, Biel. Mantente enfocado, y recuerda: confi¨® en ti. Biel ascendi¨®, con una ligera sonrisa. ¡ªNo los decepcionar¨¦. Con las primeras luces del alba en el plano espiritual, el grupo se puso en marcha, avanzando con sigilo hacia la plaza central. Sab¨ªan que el ¨¦xito de su plan depend¨ªa de su unidad y de su habilidad para permanecer en las sombras. El destino de su misi¨®n y la posibilidad de regresar a casa depend¨ªan de ello. Cap铆tulo 28: La Corona en Sombras El eco de las palabras de Ryder resonaba en la mente de Biel mientras el grupo avanzaba por las calles desiertas de la ciudad. El plan estaba claro: atravesar la ciudad utilizando los conductos subterr¨¢neos, una red de pasadizos olvidados que se extend¨ªa bajo el caos de la superficie. Era la ¨²nica forma de llegar a la plaza central sin ser detectados por los guardias de la reina Yael. ¡ªPerfecto, iremos por ah¨ª ¡ªhab¨ªa dicho Biel con determinaci¨®n, sellando la decisi¨®n del grupo. Mientras caminaban hacia la entrada de los conductos, la tensi¨®n crec¨ªa entre ellos. Raizel, que hab¨ªa permanecido en silencio, apretaba los pu?os con fuerza. Sus ojos, normalmente serenos, reflejaban una mezcla de resoluci¨®n y miedo. Nadie mencion¨® su estado, pero todos lo notaron. Cuando estaban a punto de alcanzar la entrada, el ruido de pasos apresurados y el brillo de antorchas los detuvieron en seco. Un grupo de guardias apareci¨® bloqueando su camino, sus armas desenvainadas y sus miradas llenas de autoridad. El l¨ªder de los guardias avanz¨® un paso y grit¨®: ¡ª?Det¨¦nganse! Est¨¢n bajo arresto por traici¨®n a la corona. El grupo intercambi¨® miradas r¨¢pidas, prepar¨¢ndose para pelear si era necesario. Sin embargo, antes de que alguien pudiera moverse, una figura imponente emergi¨® entre los guardias. Su armadura negra brillaba bajo la luz de las antorchas, y su puerta era tan intimidante como el de un depredador acechando a su presa. Era Rizeler, el segundo Guardi¨¢n, cuya presencia emanaba una autoridad que superaba a la de los soldados. Sus ojos se clavaron en Raizel, y una expresi¨®n de sorpresa se dibuj¨® en su rostro. ¡ªHermana¡­ ¡ªmurmur¨®, su voz cargada de incredulidad y reproche¡ª. ?C¨®mo es posible que t¨² seas una traidora? Raizel retrocedi¨® un paso, como si las palabras de Rizeler fueran un golpe f¨ªsico. Su rostro se torn¨® p¨¢lido, y sus labios temblaron al intentar responder. ¡ªNo¡­ yo no he traicionado a nadie ¡ªdijo, pero su voz carec¨ªa de la fuerza habitual. Rizeler frunci¨® el ce?o, avanzando un paso hacia ella. ¡ªEst¨¢s conspirando con este humano ¡ªdijo, se?alando a Biel con desprecio¡ª. En contra de nuestra reina Yael. Eso es traici¨®n, y sabes cu¨¢l es el castigo. Biel dio un paso adelante, colocando una mano protectora frente a Raizel. Su mirada se encontr¨® con la de Rizeler, llena de desaf¨ªo. ¡ªNo somos traidores ¡ªdijo con firmeza¡ª. Estamos luchando por algo m¨¢s grande que la obediencia ciega. Rizeler solt¨® una carcajada fr¨ªa, desenfundando su espada. ¡ªNo me diga eso humano, se perfectamente que acabaste con la vida de Remus, uno de los 4 guardianes de este plano, ser¨¢s ejecutados aqu¨ª mismo. ?Guardias, ataquen! Los soldados avanzaron con determinaci¨®n, y el grupo se prepar¨® para enfrentarlos. Raizel, aunque todav¨ªa visiblemente afectado, levant¨® su arma, mientras Biel y los dem¨¢s formaban una l¨ªnea de defensa. La batalla estaba a punto de comenzar, y las sombras de los conductos parec¨ªan esperar para envolverlos en su oscuridad. Raizel despleg¨® sus alas de ¨¢ngel, y una luz deslumbrante ilumin¨® todo el lugar, llenando el aire con una energ¨ªa casi divina. Su figura se ergu¨ªa majestuosa, y sus ojos brillaban con una determinaci¨®n inquebrantable. Con voz firme, se dirigi¨® a Biel: ¡ªBiel, t¨² sigue adelante. Yo me encargar¨¦ de mi hermano. Rizeler solt¨® una carcajada burlona, ??su voz resonando con un tono de superioridad. ¡ª?Jajaja! Hermana, ?de verdad crees que puedes detenerme? Ni en sue?os podr¨¢s vencerme. Raizel lo mir¨® sin titubear, con una expresi¨®n que mezclaba determinaci¨®n y tristeza. ¡ªEso lo veremos, Rizeler. Si debo enfrentarte para protegerlos, lo har¨¦ sin dudar. ¡ªEst¨¢ bien, como quieras, hermana. De todos modos, hoy caer¨¢s t¨²¡­ y todos los que est¨¦n contigo. Biel, que se alejaba lentamente hacia la entrada de los conductos, volvi¨® la vista hacia Raizel y grit¨®: ¡ª?Raizel, no mueras! Raizel sonri¨® ligeramente al escuchar esas palabras y respondi¨®: ¡ªIdiota¡­ Rizeler, al notar que Biel se alejaba cada vez m¨¢s, alz¨® su espada y dio una orden a los soldados que lo acompa?aban: ¡ª?Ustedes, vayan por Biel! ¡ª?S¨ª, se?or! ¡ª respondieron al un¨ªsono los guardias, movi¨¦ndose para perseguir al humano. Pero antes de que pudieran dar un paso, Raizel se interpuso en su camino. Sus alas resplandecieron con una luz cegadora mientras extend¨ªa sus brazos, bloqueando su avance. ¡ªDe aqu¨ª nadie pasar¨¢ ¡ªdijo con una voz que reson¨® como un trueno. Concentrando su energ¨ªa, Raizel pronunci¨® un hechizo poderoso: ¡ª?Luz Celestial! Un rayo de energ¨ªa pura surgi¨® de sus manos, iluminando el lugar como si el sol mismo hubiera descendido. El ataque impact¨® de lleno en los soldados, quienes cayeron al suelo desmayados, incapaces de resistir el poder del golpe. Rizeler observ¨® la escena con una sonrisa sard¨®nica, sin mostrar un atisbo de preocupaci¨®n. ¡ªVaya, vaya, hermana. Veo que te has hecho un poco m¨¢s fuerte¡­ ¡ªdijo con un tono burl¨®n¡ª. Pero eso no ser¨¢ suficiente. Primero acabar¨¦ contigo, y luego ir¨¦ por ese monstruo llamado Biel. Raizel apret¨® los dientes y adopt¨® una postura de combate. El enfrentamiento entre los hermanos estaba por comenzar, y la tensi¨®n en el aire era casi palpable. Las sombras danzaban alrededor de ellos, como si el destino mismo estuviera esperando el desenlace de su duelo. You could be reading stolen content. Head to the original site for the genuine story. Biel hab¨ªa avanzado bastante por los conductos, pero los ecos de la batalla entre Raizel y Rizeler segu¨ªan resonando a su alrededor. Los estruendos y las vibraciones del enfrentamiento alcanzaban incluso los rincones m¨¢s lejanos de su ruta, como si el poder de ambos combatientes estuviera desbordando los l¨ªmites del lugar. ¡ªEsos dos est¨¢n librando una batalla intensa¡­ ¡ªmurmur¨® Biel, mirando hacia atr¨¢s con preocupaci¨®n¡ª. Ojal¨¢ Raizel salga ilesa. Ryder, que caminaba a su lado, coloc¨® una mano en su hombro, intentando calmarlo. ¡ªEstar¨¢ bien ¡ªdijo con confianza¡ª. Ella pertenece a la raza de los ¨¢ngeles, una de las m¨¢s fuertes que existen. Dicen que son casi tan poderosos como los mismos dioses. Raizel es m¨¢s fuerte de lo que imaginas. Las palabras de Ryder lograron tranquilizar a Biel, aunque solo un poco. Sus pensamientos segu¨ªan regresando a la figura de Raizel enfrent¨¢ndose a su propio hermano, y no pod¨ªa evitar sentir una punzada de culpa por haberla dejado atr¨¢s. Charlotte, que hab¨ªa estado observando el comportamiento de su hermano en silencio, no pudo contenerse m¨¢s. Con una sonrisa traviesa, se acerc¨® a ¨¦l y dijo: ¡ªHermano, ?acaso est¨¢s enamorado de esa ¨¢ngel? Biel se sobresalt¨® ante la pregunta y la mir¨® con el ce?o fruncido. ¡ª?No digas tonter¨ªas, Charlotte! ¡ªrespond¨ªa, intentando sonar firme, pero el leve rubor en su rostro lo traicion¨®¡ª. Solo la considero importante para m¨ª. Yo la salv¨¦, y ella decidi¨® ayudarme a llegar con la diosa. Eso es todo. Charlotte se cruz¨® de brazos y lo mir¨® con una expresi¨®n que mezclaba burla y curiosidad. ¡ª?Solo eso? Hm¡­ No suena como algo tan simple, hermano. Pero si t¨² lo dices¡­ ¡ªdijo con un tono juguet¨®n, aunque en el fondo estaba contenta de ver que su hermano se preocupaba por alguien m¨¢s. Biel desvi¨® la mirada, intentando concentrarse en el camino por delante. Aunque no lo admitiera en voz alta, las palabras de Charlotte lo hab¨ªan dejado pensativo. Raizel era mucho m¨¢s que una aliada para ¨¦l; era una pieza fundamental en su traves¨ªa, alguien que hab¨ªa demostrado su lealtad y fuerza en m¨²ltiples ocasiones. Mientras el grupo continuaba avanzando por los oscuros conductos, el eco de los estruendos disminu¨ªa poco a poco, pero el peso de la incertidumbre segu¨ªa presente en el coraz¨®n de Biel. Su mente estaba dividida entre el camino que ten¨ªan por delante y el destino de Raizel, quien hab¨ªa elegido quedarse atr¨¢s para enfrentarse a su propio hermano. Biel, Charlotte y Ryder finalmente emergieron de los conductos, sus cuerpos cubiertos de polvo y el cansancio reflejado en sus rostros. Sin embargo, la vista que se desplegaba ante ellos les devolvi¨® algo de energ¨ªa: la plaza estaba a solo unos pasos de distancia. Ryder, quien siempre estaba alerta, fue el primero en observar el lugar. ¡ªAh¨ª est¨¢ la plaza ¡ªdijo, se?alando con entusiasmo¡ª. Solo es cuesti¨®n de llegar hasta all¨¢. Aunque¡­ veo que no hay soldados por aqu¨ª. Eso es raro. Biel frunci¨® el ce?o, compartiendo la preocupaci¨®n de Ryder. ¡ªParece ser una trampa ¡ªrespond¨ªa con seriedad¡ª, pero no tenemos otra opci¨®n. Debemos arriesgarnos si queremos llegar hasta el portal. Con determinaci¨®n, el grupo avanz¨® hacia la plaza, manteniendo la guardia alta. Cada paso que daban era acompa?ado por el eco de sus pisadas en las calles desiertas. La tensi¨®n en el ambiente era palpable, pero ninguno de ellos retrocedi¨®. Finalmente, llegaron al centro de la plaza, donde un portal brillante y majestuoso se alzaba, pulsando con energ¨ªa. ¡ªBien, llegamos hasta aqu¨ª ¡ªdijo Biel, con un suspiro de alivio. Sus ojos se fijaron en el portal, y su expresi¨®n se torn¨® m¨¢s decidida¡ª. Ahora es hora de enfrentar a la diosa y aclarar todo. Tambi¨¦n le exigir¨¦ que me deje volver al mundo terrenal. Hizo una pausa y mir¨® a sus compa?eros con determinaci¨®n. ¡ªEso es lo que haremos. Regresaremos al mundo terrenal juntos. Charlotte, Ryder, y tambi¨¦n Raizel. Ella tambi¨¦n vendr¨¢ con nosotros. Charlotte, que hab¨ªa permanecido en silencio hasta ese momento, no pudo evitar re¨ªr suavemente. Con una sonrisa p¨ªcara, se acerc¨® a su hermano. ¡ªVaya, hermano. Veo que la ¨¢ngel te tiene enamorado. Biel se ruboriz¨® al escuchar el comentario y mir¨® a su hermana con una mezcla de frustraci¨®n y verg¨¹enza. ¡ªHermana, ?por qu¨¦ eres as¨ª? ¡ªprotest¨®, intentando mantener la compostura¡ª. Estaba dando un discurso ¨¦pico, y ten¨ªas que interrumpirlo con eso. Charlotte se encogi¨® de hombros, sin borrar la sonrisa de su rostro. ¡ªHermano, sabes c¨®mo soy. Ryder observ¨® la escena con una ligera sonrisa, pero pronto desvi¨® la atenci¨®n hacia el portal. ¡ªDisculpen que interrumpa su momento familiar, pero debemos estar atentos. Si esto es una trampa, no podemos bajar la guardia. Biel asinti¨®, recuperando su seriedad. Mir¨® el portal una vez m¨¢s, con el peso de la responsabilidad cayendo sobre sus hombros. Sab¨ªa que el siguiente paso ser¨ªa decisivo, no solo para ¨¦l, sino para todos los que confiaban en ¨¦l. Con una ¨²ltima mirada a sus compa?eros, avanz¨® hacia el portal, listo para enfrentar lo que fuera que les esperaba del otro lado. Biel, Charlotte y Ryder ingresaron al portal, sintiendo c¨®mo la energ¨ªa los envolv¨ªa y transportaba a un lugar completamente distinto. Cuando sus pies tocaron el suelo, se encontraron en un amplio sal¨®n decorado con columnas doradas y vitrales que reflejaban luces multicolores. En el centro del sal¨®n, un trono majestuoso se alzaba sobre una plataforma elevada. En el trono estaba sentado un hombre con una presencia imponente, mientras que a su lado, de pie, se encontraba la reina Yael. Biel y sus compa?eros no pudieron evitar notar la expresi¨®n vac¨ªa en el rostro de la reina. Antes de que pudieran reaccionar, una voz reson¨® en el sal¨®n: ¡ª?M¨¢s respeto hacia el nuevo monarca de este lugar! De las sombras surgieron guardias que hab¨ªan permanecido ocultos, rodeando al grupo con armas listas para atacar. Ryder observ¨® la escena con incredulidad, fijando su mirada en el hombre sentado en el trono. ¡ª?Nuevo monarca? Pero si la reina est¨¢ aqu¨ª¡­ ¡ªmurmur¨® Ryder, intentando comprender la situaci¨®n. Fue entonces cuando se dio cuenta de que Yael no estaba sentada en el trono, sino al lado de ¨¦l, como una simple sirvienta. El hombre en el trono era Maelista, quien sonri¨® con arrogancia al notar la confusi¨®n de Ryder. ¡ª?Qu¨¦ es esto? ?Por qu¨¦ est¨¢s sentado en ese trono? ¡ªexigi¨® Ryder, con un tono cargado de enojo. Maelista se inclin¨® ligeramente hacia adelante, disfrutando de la tensi¨®n que hab¨ªa creado. ¡ª?No es obvio? Yo soy el nuevo monarca. La reina me entreg¨® la corona y ahora es mi sirvienta. Ryder apret¨® los pu?os, incapaz de contener su ira. ¡ª?No creo que nuestra reina haya cedido el trono as¨ª de f¨¢cil! Dime, ?qu¨¦ le hiciste? Maelista solt¨® una carcajada. ¡ªYo no le hice nada. Ella misma decidi¨® entregarme el trono. Dijo que estaba cansada de todos ustedes y que ya no quer¨ªa seguir siendo su reina. Por eso me lo dio a m¨ª. Ryder neg¨® con la cabeza, su voz temblando de rabia. ¡ª?Eso no es cierto! No creo que ella haya dicho eso. Biel, que hab¨ªa permanecido en silencio hasta ese momento, sinti¨® una voz resonar en su mente. Era Monsfil, cuya presencia en su subconsciente le habl¨® con claridad. ¡ªElla est¨¢ siendo controlada por ¨¦l¡­ ¡ªdijo Monsfil, en tono grave. Biel alz¨® la vista y se dirigi¨® a Maelista. ¡ªMaelista, est¨¢s controlando a la reina con magia oscura. Maelista se sobresalt¨® por un instante, pero r¨¢pidamente recuper¨® la compostura y sonriendo. ¡ªYa veo¡­ As¨ª que el poder del Rey Demonio te permite saber eso. Vaya, parece que tendr¨¦ problemas contigo despu¨¦s de todo. Se puso de pie y comenz¨® a caminar lentamente hacia el grupo. ¡ªS¨ª, estoy controlando a la reina. Hace m¨¢s de cinco a?os, mientras investigaba la zona donde muri¨® el humano que atac¨® este lugar hace mucho tiempo, encontr¨¦ una energ¨ªa residual. Era la energ¨ªa de los Reyes Demonios. Me llev¨¦ una muestra para estudiarla y, despu¨¦s de dos a?os, aprender¨¢ a usarla. Con esa energ¨ªa, obtuve la habilidad de controlar a otros, igual que los Reyes Demonios controlan a aquel humano. Maelista continu¨®, su voz cargada de satisfacci¨®n. ¡ªDesde ese momento, ide¨¦ un plan para apoderarse de este plano espiritual y del mundo humano. Todo iba perfectamente hasta que llegaste t¨², miserable humano. Cuando la reina vio que hab¨ªa muerto en batalla, decidi¨® terminar con el castigo hacia ustedes y los demonios. Ver c¨®mo usabas el poder del Rey Demonio para proteger, en lugar de causar caos, convenci¨® a la reina para terminar con el castigo que les impuso a los demonios ya los humanos. Maelista se detuvo frente al grupo, su mirada fija en Biel. ¡ªTu llegada me oblig¨® a adelantar mis aviones. Control¨¦ a los cuatro Guardianes y envi¨¦ a Remus para acabar contigo. Aunque fall¨¦, eso me permiti¨® controlar a Yael. Cuando vio c¨®mo mataste a Remus, baj¨® la guardia, y ese fue el momento perfecto para someterla. Ahora, finalmente podr¨¦ apoderarme de todo y ser el monarca del universo entero. Maelista solt¨® una carcajada maligna. ¡ªGracias a ti, querido Biel. Ahora morir¨¢s por segunda vez aqu¨ª, y nunca volver¨¢s a tu mundo. ?Jajajajaja! Biel apret¨® los pu?os, sus ojos brillando con determinaci¨®n. ¡ªEntonces tendr¨¦ que enfrentarte. Salvar¨¦ a la reina y encontrar¨¦ la forma de volver a casa. El sal¨®n se llen¨® de tensi¨®n, y el aire pareci¨® volverse m¨¢s pesado. La batalla decisiva estaba a punto de comenzar. Cap铆tulo 29: El Pacto Destruido Biel adopt¨® una postura de combate, su cuerpo tenso pero firme, como si toda la energ¨ªa en el ambiente convergiera en ¨¦l. Antes de moverse, gir¨® ligeramente la cabeza hacia sus compa?eros. ¡ªHermana, Ryder, enc¨¢rguense de los soldados. Yo luchar¨¦ contra Maelista. Charlotte, con los ojos llenos de preocupaci¨®n, dio un paso hacia ¨¦l. ¡ªHermanito, no vas a usar otra vez esa forma, ?verdad? ¡ªsu voz estaba cargada de una mezcla de temor y esperanza. Biel le dedic¨® una sonrisa breve pero tranquila. ¡ªNo te preocupes, Charlotte. Esa forma solo la usar¨ªa en caso de emergencia. Luchar¨¦ en mi forma imperfecta. Antes de que alguien pudiera responder, Biel dej¨® escapar un grito que reverber¨® por todo el campo de batalla. Una energ¨ªa oscura y densa, cargada con la esencia de un rey demonio, envolvi¨® su cuerpo. La transformaci¨®n imperfecta se hizo presente una vez m¨¢s, su figura ahora irradiando un poder que intimidaba incluso a los m¨¢s valientes. Maelista lo observ¨® con una sonrisa torcida, sus ojos brillando con un destello de malicia. ¡ªVaya, as¨ª que esa es la transformaci¨®n de un rey demonio. Pero parece que no est¨¢s usando todo tu poder, ?verdad? Biel, con una mirada decidida, respondi¨® sin titubear: ¡ªNo. Por ahora luchar¨¦ con esta forma. En un instante, Biel desapareci¨® de la vista de todos, movi¨¦ndose con una velocidad tan abrumadora que apenas era perceptible. Antes de que Maelista pudiera reaccionar, un pu?o certero impact¨® en su rostro, envi¨¢ndolo hacia atr¨¢s varios metros. El sonido del golpe reson¨® como un trueno. Maelista se incorpor¨® lentamente, limpi¨¢ndose la sangre de la comisura de los labios. Su sonrisa no hab¨ªa desaparecido. ¡ªNo peleas nada mal para ser un humano corrupto. Pero no te emociones demasiado. Esto apenas comienza. La atm¨®sfera se volvi¨® a¨²n m¨¢s pesada. Las energ¨ªas de ambos combatientes chocaban en el aire, creando ondas de poder que hac¨ªan temblar el suelo. Charlotte y Ryder, a pesar de estar ocupados con los soldados, no pudieron evitar dirigir miradas preocupadas hacia Biel. ¡ª?Maldita sea! ¨¦l siempre tiene que cargar con lo m¨¢s dif¨ªcil ¡ªmurmur¨® Ryder mientras bloqueaba el ataque de un soldado. Charlotte, lanzando un hechizo para poder alejar a los soldados cercanos, no apartaba la vista de su hermano. ¡ªBiel... conf¨ªo en ti. Por favor, no te arriesgues m¨¢s de lo necesario. Mientras tanto, Maelista lanz¨® un ataque feroz, una esfera de energ¨ªa oscura que rugi¨® hacia Biel como un depredador hambriento. Biel, con movimientos fluidos y precisos, esquiv¨® el ataque, reapareciendo justo frente a su enemigo. Su mirada ard¨ªa con determinaci¨®n. ¡ªNo permitir¨¦ que lastimes a nadie m¨¢s. Este es tu fin, Maelista. El combate continu¨®, cada golpe y cada movimiento cargado de una intensidad que sacud¨ªa el coraz¨®n de quienes los observaban. Pero en el fondo, una pregunta persist¨ªa en la mente de Biel: ?Ser¨ªa suficiente su forma imperfecta para derrotar a un enemigo como Maelista? Maelista sonri¨® con malicia mientras alzaba su mano, una energ¨ªa espiritual descomunal comenz¨® a concentrarse en su palma. El aire se volvi¨® denso y el suelo tembl¨® bajo sus pies. ¡ªBueno, ahora es mi turno de divertirme ¡ªdeclar¨® con arrogancia¡ª. Ahora que tengo el pacto con la diosa, puedo usar su poder. ?Recibe esto, Biel! Veamos si sobrevives. Con un movimiento decidido, lanz¨® su ataque. La energ¨ªa se desplaz¨® como una ola destructiva hacia Biel, quien no tuvo tiempo de esquivarla y la recibi¨® de lleno. El impacto fue brutal, oblig¨¢ndolo a retroceder mientras intentaba contener la fuerza devastadora que lo envolv¨ªa. ¡ª?Esta energ¨ªa es demasiado fuerte! ¡ªexclam¨® Biel, sus pies resbalando sobre el terreno mientras luchaba por mantener su equilibrio. Desde la distancia, Charlotte observaba con el coraz¨®n en un pu?o. Sus manos temblaban, pero reuni¨® el valor suficiente para gritar: ¡ª?Hermanito, no te rindas! ?T¨² eres m¨¢s fuerte que esto! Las palabras de Charlotte resonaron en la mente de Biel, d¨¢ndole un destello de esperanza. Con renovada determinaci¨®n, concentr¨® lo que quedaba de su energ¨ªa y activ¨® la habilidad. ¡ª?Muro de Abismo! ¡ªgrit¨®. Una barrera de energ¨ªa oscura se alz¨® frente a ¨¦l, absorbiendo el impacto del ataque de Maelista. Aunque el esfuerzo lo dej¨® jadeando, hab¨ªa logrado repeler el golpe. Maelista, lejos de estar frustrado, sonri¨® con mayor intensidad. ¡ªVaya, parece que eres m¨¢s sorprendente de lo que pensaba, querido Biel. Tu fuerza combinada con la de un rey demonio te hace un rival digno. Pero, lamentablemente, no podr¨¢s disfrutar del nuevo mundo que pienso crear. Este es tu fin. Biel, agotado pero firme, apret¨® los pu?os. ¡ªNo me rendir¨¦ aqu¨ª. Yo vencer¨¦ y regresar¨¦ al mundo terrenal. Reuniendo las fuerzas que le quedaban, activ¨® otra habilidad. ¡ª?Espinas de Penumbras! Del suelo emergieron espinas oscuras que se dirigieron r¨¢pidamente hacia Maelista. Las afiladas proyecciones parec¨ªan imparables, pero Maelista, con un simple movimiento de su mano, las detuvo todas, haci¨¦ndolas desaparecer en un destello de luz. ¡ª?Eso es todo lo que tienes, Biel? ?Eres d¨¦bil! ¡ªse burl¨® Maelista¡ª. ?Por qu¨¦ no usas esa forma con la que mataste a uno de los guardianes de este lugar? ?Acaso tienes miedo de volver a perder la raz¨®n? Biel baj¨® la mirada, su respiraci¨®n pesada. ¡ªNo puedo usar el poder del rey demonio... Mi energ¨ªa est¨¢ agotada. Su cuerpo comenz¨® a cambiar, perdiendo la transformaci¨®n imperfecta y regresando a su forma normal. El cansancio lo invadi¨®, haci¨¦ndolo tambalear. ¡ªNo puede ser... ¡ªmurmur¨® para s¨ª mismo, sus piernas temblando¡ª. ?Qu¨¦ har¨¦ ahora? Maelista avanz¨® lentamente, su figura imponente proyectando una sombra que parec¨ªa devorar todo a su paso. Biel, sin energ¨ªa y sin opciones, se prepar¨® para enfrentar su destino. This book''s true home is on another platform. Check it out there for the real experience. Maelista camin¨® con calma hacia Biel, quien permanec¨ªa de rodillas, agotado y derrotado. Una sonrisa cruel se dibuj¨® en el rostro del enemigo mientras sus pasos resonaban entre los escombros. ¡ªEres pat¨¦tico, querido Biel ¡ªdijo con desd¨¦n¡ª. Despu¨¦s de que te mate, ir¨¦ por tu hermana. Y le har¨¦ lo mismo. Esas palabras perforaron el coraz¨®n de Biel como una lanza. Una ira incontrolable se apoder¨® de ¨¦l, haciendo que su cuerpo temblara. Un grito gutural escap¨® de su garganta, un sonido tan visceral que hizo vibrar el aire. En ese instante, una explosi¨®n de energ¨ªa oscura se desat¨®, arrasando con todo a su alrededor. Los escombros volaron por los aires, y el paisaje qued¨® reducido a un campo desolado. Maelista, sorprendido pero complacido, observ¨® la transformaci¨®n con ojos brillantes. ¡ªEsto es lo que quer¨ªa ver ¡ªdijo con una sonrisa torcida¡ª. Tu verdadera naturaleza como rey demonio. Biel hab¨ªa activado su forma semi perfecta. Su cuerpo irradiaba una energ¨ªa oscura y abrumadora, pero sus ojos reflejaban algo m¨¢s: hab¨ªa perdido la cordura. Su respiraci¨®n era pesada, y su mirada vac¨ªa. Dentro de su mente, Biel se encontraba en un espacio oscuro, sentado frente a Monsfil, el rey demonio. Monsfil lo observaba con una mezcla de severidad y comprensi¨®n. ¡ªPortador, lo has hecho de nuevo. Has usado esa forma y, una vez m¨¢s, has perdido la raz¨®n ¡ªdijo Monsfil, su voz resonando como un eco profundo. Biel, con la cabeza gacha, apret¨® los pu?os. ¡ªNo lo entiendo, Monsfil. Este poder es demasiado para m¨ª. Cada vez que lo uso, pierdo el control. ?C¨®mo se supone que lo domine? Monsfil se inclin¨® hacia ¨¦l, sus ojos rojos brillando con intensidad. ¡ªEse poder ya no es m¨ªo, portador. Es tuyo. Pero debes entender algo: el poder en s¨ª no es ni bueno ni malo. Es como un arma; depende de c¨®mo lo uses. Si dejas que tus emociones lo dominen, te consumir¨¢. Pero si t¨² lo controlas, ser¨¢ una herramienta para proteger a quienes amas. Biel levant¨® la mirada, desesperado. ¡ª?Y c¨®mo hago eso? No tengo idea de por d¨®nde empezar. Cada vez que lo intento, termino lastimando a los dem¨¢s. Monsfil dej¨® escapar un suspiro profundo, cruzando los brazos. ¡ªEl primer paso es aceptar tus emociones, Biel. La ira, el miedo, incluso el odio. Son parte de ti, pero no deben controlarte. M¨ªralos a los ojos, recon¨®celos, y luego d¨¦jalos ir. Eres m¨¢s que tus emociones. Biel cerr¨® los ojos, tratando de calmarse. ¡ªEs dif¨ªcil... Cada vez que pienso en lo que podr¨ªa pasarle a Charlotte o a mis amigos, siento que me quiebro. Monsfil coloc¨® una mano firme sobre el hombro de Biel. ¡ªEso es porque te importa. Ese es tu verdadero poder, portador: tu deseo de proteger. Usa ese sentimiento como ancla. Cuando todo parezca perdido, recuerda por qu¨¦ luchas. No es por venganza, no es por odio, sino por amor y esperanza. Biel lo mir¨®, sus ojos llenos de duda pero tambi¨¦n de una chispa de determinaci¨®n. ¡ªPero, ?y si fallo? ?Y si no soy lo suficientemente fuerte? Monsfil sonri¨® ligeramente, algo que rara vez hac¨ªa. ¡ªTodos fallamos alguna vez. Incluso yo lo hice. Pero lo importante no es cu¨¢ntas veces caigas, sino que siempre te levantes. Eres un verdadero hombre, Biel. Tienes el coraz¨®n y la voluntad para superar esto. Conf¨ªa en ti mismo. El espacio oscuro comenz¨® a desvanecerse, y Monsfil dio un paso atr¨¢s, su figura disolvi¨¦ndose lentamente. ¡ªRecuerda, portador: este poder es una herramienta, no un amo. T¨² decides c¨®mo usarlo. Ahora despierta y demuestra de qu¨¦ est¨¢s hecho. Biel abri¨® los ojos en el mundo real. Su cuerpo segu¨ªa envuelto en energ¨ªa oscura, pero su mirada hab¨ªa cambiado. Hab¨ªa recuperado la claridad, y su postura reflejaba una renovada determinaci¨®n. Maelista lo observ¨® con curiosidad, notando el cambio. ¡ª?Interesante! ?Acaso has recuperado el control, querido Biel? ¡ªpregunt¨® con tono burl¨®n. Biel no respondi¨® de inmediato. En su mente resonaban las palabras de Monsfil. Finalmente, habl¨®, su voz firme y decidida. ¡ªEste poder no me controla. Ahora yo lo controlo a ¨¦l. Y lo usar¨¦ para detenerte, Maelista. La batalla estaba lejos de terminar, pero por primera vez, Biel sent¨ªa que ten¨ªa una oportunidad real de triunfar. Biel, de pie frente a Maelista, con la energ¨ªa oscura a¨²n arremolin¨¢ndose a su alrededor, levant¨® la voz con firmeza. ¡ªAhora escucha, Maelista. Deja de controlar a la reina. Maelista solt¨® una carcajada que reson¨® en el aire como un eco siniestro. ¡ª?Jajajaja! ?C¨®mo me pides eso, humano pat¨¦tico? Hace un momento estabas de rodillas, derrotado. ?Eres una escoria por siquiera atreverse a exigirme algo as¨ª! Los ojos de Biel se entrecerraron, y su voz se volvi¨® un murmullo cargado de determinaci¨®n. ¡ªEntonces, no me dejas otra opci¨®n. ?Furia del Abismo! La energ¨ªa oscura explot¨® desde el cuerpo de Biel, extendi¨¦ndose como un torbellino imparable. Pero esta vez, no era un estallido ciego. La energ¨ªa se dirigi¨® con precisi¨®n hacia Maelista, envolvi¨¦ndolo por completo. Por primera vez, el rostro de Maelista reflej¨® algo que nunca hab¨ªa mostrado: terror. ¡ª?No! ?Qu¨¦ es esto? ¡ªgrit¨® mientras la energ¨ªa lo aprisionaba. Biel avanz¨® con paso firme, sus ojos brillando con una intensidad que parec¨ªa atravesar el alma de su enemigo. ¡ªAhora romper¨¦ el pacto que tienes con la Reina Yael. Con un movimiento decidido, Biel activ¨® su habilidad de inmunidad al lavado de cerebro. La energ¨ªa oscura que envolv¨ªa a Maelista se intensific¨®, y Biel declar¨® con voz firme: ¡ª?Pacto, desaparece! Un destello de luz se desat¨® en el campo, y la Reina Yael cay¨® de rodillas, desorientada. Sus ojos recuperaron su brillo original, y mir¨® a su alrededor confundida. ¡ª?Qu¨¦ ha pasado aqu¨ª? ¡ªpregunt¨® con voz temblorosa. Biel se acerc¨® r¨¢pidamente, inclin¨¢ndose ligeramente en una muestra de respeto. ¡ªReina Yael, tambi¨¦n conocida como la Diosa Enit, perm¨ªtame presentarme. Soy Biel Beltr¨¢n, un humano que ha obtenido el poder de un rey demonio. S¨¦ que usted odia a los demonios por lo que ocurri¨® en el pasado, pero quiero ayudar a enmendar aquello. Yael lo observ¨® con cautela, sus cejas fruncidas mientras trataba de procesar sus palabras. ¡ª?Eres el humano que vi en esas pantallas que Maelista me mostr¨® antes? ?Y dices que usas el poder de un rey demonio? ¡ªdijo, con incredulidad en su tono¡ª. Pero esas ¨²ltimas palabras no parecen de un humano. Biel asinti¨® lentamente. ¡ªEs cierto. Esas palabras fueron dichas por Monsfil, el rey demonio. Los ojos de Yael se abrieron de par en par al escuchar ese nombre. ¡ª?Monsfil? ?Ya veo! Fue el ¨²nico rey demonio que no trat¨® de destruir este lugar en el pasado. Incluso me hice su amiga. Pero cuando los otros reyes demonios atacaron junto a aquel humano, me dijeron que ¨¦l hab¨ªa sido el responsable. Nunca lo busqu¨¦ para confirmar si era cierto. Mi odio y rencor cegaron mi juicio. Yael hizo una pausa, sus ojos llen¨¢ndose de tristeza. ¡ªPasaron a?os y esa culpa se aferr¨® a mi coraz¨®n. Intent¨¦ olvidarlo, pero nunca pude. Cuando por fin fui a buscarlo, ya no estaba. Me dijeron que hab¨ªa sido sellado por el h¨¦roe, y eso solo reforz¨® mi creencia de que tambi¨¦n hab¨ªa sido culpable. Biel escuch¨® en silencio, dejando que la Reina descargara su pesar. Finalmente, Monsfil habl¨® a trav¨¦s de ¨¦l. ¡ªTodo fue un malentendido, Yael. Intent¨¦ aclararlo, pero ya no pod¨ªa entrar a tu mundo. Poco despu¨¦s fui sellado. Lamento el ataque a este lugar. Fue mi culpa por haber ido. Mis hermanos me usaron para sus planes. Yael cerr¨® los ojos mientras las palabras de Monsfil calaban hondo en su coraz¨®n. ¡ªGracias, Monsfil. Por fin puedo estar en paz. Y gracias a ti, Biel. Eres digno de regresar al mundo humano. Biel sonri¨® con gratitud, pero su expresi¨®n se endureci¨® al mirar a Maelista. ¡ª?Qu¨¦ hacemos con ¨¦l? Yael lo mir¨® con frialdad. ¡ªQuita la energ¨ªa oscura. Quiero hablar con ¨¦l. Biel obedeci¨®, disipando la energ¨ªa que rodeaba a Maelista. El enemigo, ahora libre, tambi¨¦n estaba aterrado. Observ¨® a Biel junto a Yael y grit¨®: ¡ª?Reina, al¨¦jese de ¨¦l! ?Es un demonio sucio! Yael alz¨® la mano, interrumpiendo sus palabras. ¡ª?C¨¢llate! Me controlaste con tus artima?as. Ya no eres mi sirviente. Ahora desaparecer¨¢s de este mundo. ¡ª?No, mi reina! ?Puedo explicarlo! ?No me mate! Yael lo mir¨® con desd¨¦n. ¡ªAd¨®s, Maelista. Un rayo de luz descendente lo consumi¨®, dejando solo cenizas tras de s¨ª. Yael suspir¨® profundamente. ¡ªComo Diosa de los Esp¨ªritus, no puedo permitir que alguien as¨ª contin¨²e existiendo. Charlotte y Ryder llegaron corriendo, sus rostros llenos de preocupaci¨®n. ¡ª?Hermanito! ?Est¨¢s bien? ¡ªpregunt¨® Charlotte, abraz¨¢ndolo. Biel sonri¨® d¨¦bilmente. ¡ªHemos ganado, hermana. ¡ª?Eres sorprendente! ?Pudiste controlar esa forma! ¡ªexclam¨® ella con orgullo. Al poco rato, lleg¨® Raizel, quien se tambaleaba pero con una sonrisa de alivio en su rostro. Hab¨ªa ganado su propia batalla. ¡ªEntonces, ?todo se acab¨®? ?Ganamos? ¡ªpregunt¨® Raizel, mirando a Biel y al resto del grupo. Biel asinti¨®, esbozando una sonrisa cansada. ¡ªAs¨ª es. Todo ha terminado. Raizel dej¨® escapar un suspiro de alivio. ¡ªQu¨¦ alivio... Por fin. El ambiente se llen¨® de una calma que no sent¨ªan desde hac¨ªa mucho tiempo, mientras el grupo procesaba la victoria. Ryder, al ver a Yael, se inclin¨® respetuosamente. ¡ªReina Yael, es un honor conocerla. Soy Ryder, y tengo una petici¨®n. Quiero acompa?ar a Biel al mundo humano. Yael sonri¨® con amabilidad. ¡ªLev¨¢ntate, joven. Puedes acompa?arlo. Biel asinti¨® con alivio. ¡ªPerfecto. Entonces, volvamos. Sin embargo, antes de que pudieran dar un paso, Biel cay¨® al suelo, agotado por completo. Charlotte lo sujet¨® con cuidado, sus ojos llenos de preocupaci¨®n. ¡ªHermanito... Yael se inclin¨® y coloc¨® una mano sobre el hombro de Biel. ¡ªDescansa, joven guerrero. Te has ganado este momento de paz. El grupo se reuni¨® a su alrededor, compartiendo un momento de alivio tras la batalla. Cap铆tulo 30: Regreso a Casa El cuerpo de Biel se desplom¨® en el suelo con un golpe sordo, su aliento entrecortado y su rostro cubierto de sudor. La batalla hab¨ªa exigido todo de ¨¦l. Sus compa?eros corrieron a su lado, sus expresiones reflejaban angustia y preocupaci¨®n. ¡ª?Biel! ¡ªCharlotte fue la primera en arrodillarse junto a ¨¦l, sacudi¨¦ndolo con suavidad¡ª. ?Responde! Ryder y Raizel no tardaron en unirse, la incertidumbre reflejada en sus rostros. ¡ªNo puede ser... No despu¨¦s de todo lo que ha pasado ¡ªsusurr¨® Ryder con el ce?o fruncido, apretando los pu?os. Raizel se inclin¨® sobre Biel, su mirada penetrante intentando encontrar alguna se?al de que a¨²n estaba con vida. Su mano temblorosa toc¨® la mejilla de Biel. Estaba fr¨ªo. Demasiado fr¨ªo. ¡ª¨¦l... ¨¦l sigue vivo, pero su energ¨ªa est¨¢ completamente drenada ¡ªmurmur¨® Raizel, su voz apenas un hilo de sonido. ¡ªDebe haber algo que podamos hacer ¡ªdijo Charlotte con desesperaci¨®n, mirando a los dem¨¢s. Fue entonces cuando la diosa Yael ¡ªEnit, como algunos la conoc¨ªan¡ª dio un paso adelante, irradiando una presencia serena pero imponente. Su mirada recorri¨® a los presentes antes de posarse en Biel. ¡ªTranquilos ¡ªsu voz reson¨® con una calma absoluta, silenciando el temor del grupo¡ª. ¨¦l est¨¢ bien. Solo est¨¢ agotado tras haber liberado tanta energ¨ªa en su forma de Rey Demonio. Puedo ayudarlo. Charlotte la mir¨® con ojos suplicantes. ¡ªPor favor, ay¨²dalo. No podemos perderlo ahora. Yael asinti¨® con suavidad y extendi¨® su mano sobre Biel. Una luz dorada brot¨® de sus dedos, envolviendo el cuerpo inerte del joven con un resplandor c¨¢lido y reconfortante. ¡ªComo Diosa de los esp¨ªritus, te devuelvo la energ¨ªa que perdiste ¡ªdeclar¨® Yael con solemnidad¡ª. Porque tu sacrificio ha ayudado a este mundo. La luz creci¨® en intensidad, formando remolinos de energ¨ªa que parec¨ªan respirar con vida propia. Un suave susurro recorri¨® el aire, como si los mismos esp¨ªritus estuvieran cantando en armon¨ªa con el poder de la diosa. Momentos despu¨¦s, Biel abri¨® los ojos lentamente, parpadeando al encontrarse con la imagen de su hermana, cuyo rostro estaba ba?ado en l¨¢grimas de alivio. ¡ª?Qu¨¦ pas¨®...? ¡ªsu voz era d¨¦bil, pero firme. Charlotte solt¨® una risa entrecortada y lo abraz¨® con fuerza. ¡ªHermanito, te desmayaste... Tu energ¨ªa se agot¨® por completo, pero la diosa te la devolvi¨®. Biel sinti¨® la calidez de su hermana y cerr¨® los ojos por un instante, disfrutando del momento. Luego mir¨® a su alrededor, encontrando las miradas de Raizel y Ryder. ¡ªVeo que est¨¢n todos aqu¨ª ¡ªsusurr¨®, esbozando una d¨¦bil sonrisa. Luego gir¨® su atenci¨®n a Yael, cuyos ojos brillaban con una sabidur¨ªa ancestral. ¡ªReina Yael... o diosa Enit... ?me concedes el derecho de volver al mundo humano? La diosa guard¨® silencio por un momento, como si midiera el peso de su decisi¨®n. Finalmente, asinti¨®. ¡ªBiel, te otorgo el derecho de regresar al mundo humano. Y no solo eso ¡ªsu voz reson¨® con determinaci¨®n¡ª. Hoy har¨¦ un pacto con los humanos y los demonios. Lo que ocurri¨® en el pasado quedar¨¢ en el pasado. De ahora en adelante, permitir¨¦ que ambos puedan viajar libremente entre mundos. Un murmullo de sorpresa recorri¨® a los presentes. Este pacto pod¨ªa cambiar el destino de ambos mundos para siempre. Biel respir¨® hondo, sintiendo c¨®mo su coraz¨®n lat¨ªa con renovada esperanza. Su viaje a¨²n no hab¨ªa terminado. Pero este era un nuevo comienzo. Mientras tanto, en el mundo humano, la tensi¨®n era palpable. Acalia y los dem¨¢s rodeaban el cuerpo inerte de Biel, protegi¨¦ndolo de la amenaza inminente. Frente a ellos, un grupo de asesinos enviados por Gard, liderados por Kurusume, se aproximaba con intenci¨®n de tomar el Fragmento del Infinito. ¡ªEntreguen el fragmento que porta Biel y no les har¨¦ da?o ¡ªdijo Kurusume con voz calmada, pero su mirada reflejaba una frialdad inquebrantable. Acalia se adelant¨® un paso, su espada brillando con una tenue luz. ¡ªNo dejaremos que toques el cuerpo de Biel. Kurusume solt¨® una leve risa. ¡ª?Por qu¨¦ tanto esfuerzo si ya est¨¢ muerto? Los muertos no pueden volver a la vida. Solo entr¨¦guenme el fragmento y denle una sepultura digna. Despu¨¦s de todo, muri¨® protegi¨¦ndote a ti... o eso crees. Acalia sinti¨® un escalofr¨ªo recorrer su espalda, pero su determinaci¨®n no flaque¨®. ¡ª¨¦l volver¨¢. Estoy segura de ello. Kurusume entrecerr¨® los ojos, evaluando sus palabras. ¡ªYa veo... Crees que puede regresar porque se lo pedir¨¢s a la Reina de los Esp¨ªritus. Interesante, pero tengo entendido que esa diosa odia tanto a los humanos como a los demonios. Y tu amigo es ambas cosas... no creo que regrese. El asesino avanz¨® lentamente, colocando su mano sobre la empu?adura de su katana. ¡ªTendremos que quit¨¢rselo de su cad¨¢ver. Antes de que pudiera dar otro paso, Ylfur, el Caballero Oscuro, se interpuso en su camino. Su espada reson¨® al chocar contra el suelo, y su mirada se clav¨® en Kurusume con determinaci¨®n absoluta. ¡ªNo permitir¨¦ que nadie toque el cuerpo de mi amo. This tale has been unlawfully obtained from Royal Road. If you discover it on Amazon, kindly report it. A su lado, Easton, Xanthe y Sarah se alzaron con firmeza. ¡ªProtegeremos a Biel a toda costa ¡ªdijeron al un¨ªsono. Kurusume inclin¨® la cabeza con una sonrisa de malicia. ¡ª?Interesante! Est¨¢n dispuestos a dar la vida por ¨¦l. Debe ser alguien realmente poderoso. Esto se pondr¨¢ entretenido. La batalla estall¨® en un instante. El fragor del combate reson¨® por toda la zona. Chispas saltaron cuando las espadas se cruzaron, y la magia ilumin¨® el campo de batalla con explosiones de energ¨ªa. Cada uno de los aliados de Biel peleaba con todas sus fuerzas, pero Kurusume demostr¨® ser un oponente formidable. Tras una ardua lucha, los cuerpos de Easton, Xanthe y Sarah yac¨ªan en el suelo, inconscientes. Solo Acalia y Ylfur permanec¨ªan en pie, jadeando y con heridas visibles. Kurusume se limpi¨® un leve rasgu?o en la mejilla y esboz¨® una sonrisa burlona. ¡ªYa veo... Ustedes dos son los m¨¢s fuertes de este grupo. Pero lamento informarles que yo soy mucho m¨¢s fuerte que ustedes. Este es su fin. Acalia, tambaleante, pero con la determinaci¨®n intacta, sostuvo su espada con ambas manos. ¡ªNo importa cu¨¢n fuerte seas, proteger¨¦ a Biel a toda costa. Con un rugido de furia, Ylfur se lanz¨® hacia Kurusume en un ¨²ltimo intento por detenerlo. Sin embargo, con un ¨²nico golpe devastador, el Caballero Oscuro cay¨® al suelo, inm¨®vil. Kurusume sacudi¨® la cabeza con desd¨¦n. ¡ªSolo quedas t¨², Acalia. Ahora, despu¨¦s de derrotarte, tomar¨¦ el fragmento y me marchar¨¦. El destino de Biel pend¨ªa de un hilo. Regresando al mundo espiritual, Yael observ¨® a Biel con una mirada serena y decidida. ¡ªYo misma te llevar¨¦ al mundo humano ¡ªanunci¨® con solemnidad¡ª. Es mi forma de agradecerte por haberme salvado de Maelista. Biel asinti¨®, sintiendo una mezcla de alivio y urgencia. ¡ªDe acuerdo. Entonces volvamos al mundo humano, Charlotte, Ryder y... tambi¨¦n Raizel. Raizel parpade¨®, sorprendida. No esperaba que Biel quisiera que ella tambi¨¦n lo acompa?ara. ¡ª?Est¨¢s seguro de que deseas que vaya contigo al mundo humano? ¡ªpregunt¨® con incertidumbre en su voz. Antes de que Biel pudiera responder, Charlotte intervino con una sonrisa traviesa. ¡ª?Mi hermano est¨¢ enamorado de ti, Raizel! Por eso quiere que vayas con ¨¦l. Raizel sinti¨® su rostro arder de inmediato, sus mejillas ti?¨¦ndose de un rojo intenso. ¡ª?Charlotte, deja de decir tonter¨ªas! ¡ªexclam¨® Biel, claramente avergonzado¡ª. No es por eso. Raizel me ayud¨® mucho en este mundo, y creo que su presencia ser¨¢ importante en lo que viene. Charlotte cruz¨® los brazos con una sonrisa de satisfacci¨®n. ¡ªNo me enga?as, hermanito. Pero bueno, no dir¨¦ nada m¨¢s... por ahora. En ese momento, una figura conocida emergi¨® de entre las sombras: Rizeler. Su mirada era seria y llena de determinaci¨®n. ¡ªBiel, m¨¢s te vale cuidar de mi hermana ¡ªdeclar¨® en tono amenazante¡ª. Si algo le sucede, te las ver¨¢s conmigo. Biel mantuvo la mirada firme y asinti¨® sin titubear. ¡ªProteger¨¦ a Raizel a toda costa. Raizel, que ya de por s¨ª estaba sonrojada, sinti¨® su coraz¨®n latir con fuerza ante aquellas palabras. Charlotte, divertida por la situaci¨®n, se inclin¨® hacia Ryder con una sonrisita. ¡ªEso es amor. Ryder solt¨® una leve risa. ¡ªAs¨ª parece. ¡ª?Hermana, ya basta! ¡ªprotest¨® Biel, cubri¨¦ndose el rostro con frustraci¨®n. Yael, quien hab¨ªa observado la escena con una paciencia infinita, interrumpi¨® con tono apremiante. ¡ªDebemos darnos prisa en volver a tu mundo. Algo malo est¨¢ ocurriendo. De repente, frente a ellos aparecieron pantallas de energ¨ªa, mostrando escenas del mundo humano. En ellas, se ve¨ªa a Acalia, Ylfur, Easton, Xanthe y Sarah luchando con todas sus fuerzas. Sus cuerpos estaban cubiertos de heridas y su respiraci¨®n era pesada. Frente a ellos se alzaba una figura oscura: Kurusume. Los ojos de Biel se abrieron con sorpresa y rabia. ¡ªOtra vez ¨¦l... Pens¨¦ que no volver¨ªa a interponerse en nuestro camino. El coraz¨®n de Biel se aceler¨® al ver la desesperaci¨®n en los rostros de sus amigos. No pod¨ªa permitirse perder m¨¢s tiempo. ¡ª?Debemos darnos prisa! ¡ªexclam¨® con determinaci¨®n¡ª. Tengo que salvarlos. Yael asinti¨® y extendi¨® sus brazos, generando un resplandor cegador. ¡ªMuy bien, Biel. Volvamos al mundo humano. El destino los llamaba, y el tiempo se agotaba. En el mundo humano, Acalia cay¨® al suelo inconsciente. Su cuerpo exhausto apenas respiraba tras la feroz batalla. Kurusume la observ¨® con una sonrisa de triunfo y se acerc¨® lentamente al cuerpo de Biel. ¡ªAhora tomar¨¦ el Fragmento y me marchar¨¦ de estas tierras oscuras ¡ªmurmur¨® para s¨ª mismo. El entorno segu¨ªa envuelto en penumbras. A¨²n se encontraban en las tierras oscuras del dominio del Rey Vampiro Lip. Kurusume extendi¨® la mano hacia el Fragmento del Infinito cuando, de repente, una luz cegadora ilumin¨® todo el lugar. La tierra oscura, sumida en sombras perpetuas, comenz¨® a parecer de d¨ªa. Kurusume retrocedi¨® instintivamente, su expresi¨®n pasando de la confianza a la incertidumbre. ¡ª???Qu¨¦ es esto?! ¡ªexclam¨®, cubri¨¦ndose los ojos ante el resplandor. De la luz emergieron siluetas. Primero aparecieron Charlotte, Ryder y Raizel, sus rostros serios y determinados. Luego, una figura majestuosa se hizo presente: la Diosa Enit. Su aura emanaba una energ¨ªa abrumadora, su mirada se pos¨® con frialdad sobre Kurusume. ¡ªHumano... ¡ªsu voz reson¨® con un eco celestial¡ª. ?T¨² eres quien atac¨® a los amigos de Biel? Kurusume sinti¨® un escalofr¨ªo recorrerle la espalda. Por primera vez, no pudo pronunciar palabra. Su cuerpo tembl¨® ante la presencia divina. Sin perder m¨¢s tiempo, Enit levant¨® la mano y una onda de energ¨ªa curativa se expandi¨® por el campo de batalla. Poco a poco, los cuerpos de Acalia, Easton, Xanthe y Sarah fueron recuperando fuerzas. Sus heridas desaparecieron y sus ojos se abrieron con asombro. Acalia se incorpor¨® con dificultad y mir¨® a su alrededor. ¡ª?Qu¨¦ est¨¢ pasando aqu¨ª...? ¡ªmurmur¨®, confundida. Fue entonces cuando not¨® que el cuerpo de Biel, que yac¨ªa inm¨®vil momentos antes, estaba rodeado por un pilar de luz resplandeciente. Su coraz¨®n lati¨® con fuerza al verlo elevarse lentamente en el aire. El resplandor se intensific¨®, y todos observaron con asombro c¨®mo Biel emerg¨ªa de la luz con un aura completamente renovada. Su energ¨ªa era abrumadora, casi divina. Biel abri¨® los ojos y respir¨® hondo antes de hablar: ¡ªHe vuelto. Kurusume, a¨²n m¨¢s aterrorizado, dio varios pasos atr¨¢s. No pod¨ªa creer lo que ve¨ªa. El poder que emanaba Biel era indescriptible. ¡ª?Imposible! ?Tu cuerpo estaba muerto! ?Qu¨¦ clase de ser eres...? ¡ªexclam¨® Kurusume con voz temblorosa. Por otro lado, Gard, quien se encontraba en su fortaleza, sinti¨® un escalofr¨ªo y cerr¨® los ojos con frustraci¨®n. ¡ªTch... Parece que tendr¨¦ problemas otra vez con ese tipo ¡ªmurmur¨®, frunciendo el ce?o. M¨¢s all¨¢ de la tierra, en el Umbral de los Dioses, varias figuras divinas contemplaban la escena con gran inter¨¦s. ¡ªEse humano es impresionante ¡ªcoment¨® Solaryon, el Dios de la Luz, cruzando los brazos con curiosidad. ¡ªVeo tambi¨¦n que la Diosa de los Esp¨ªritus, Enit, ha intervenido ¡ªa?adi¨® Nyxaris, el Dios de las Sombras, con una expresi¨®n enigm¨¢tica. Chronasis, el Dios del Tiempo, observ¨® detenidamente la escena, su mirada reflejando m¨²ltiples l¨ªneas temporales a la vez. ¡ªEsto solo ocurre en esta l¨ªnea de tiempo ¡ªsusurr¨®¡ª. En ninguna otra, este evento lleg¨® a suceder. Thalgron, el Dios de la Guerra, solt¨® una carcajada ronca. ¡ªInteresante. Si ese humano sigue desafiando el destino, las cosas se pondr¨¢n a¨²n m¨¢s entretenidas. Volviendo con Biel, ¨¦l baj¨® la mirada y se acerc¨® lentamente a Kurusume. Su sombra se proyect¨® sobre el aterrorizado asesino. ¡ªDile a tu se?or ¡ªsu voz era firme y letal¡ª que luego ir¨¦ por ¨¦l. Antes de que Kurusume pudiera reaccionar, Biel extendi¨® su mano y una energ¨ªa oscura lo envolvi¨® por completo. Con un gesto de su brazo, Biel lo lanz¨® por los aires con una fuerza abrumadora, envi¨¢ndolo lejos del campo de batalla. Todos los presentes quedaron en silencio. Acalia fue la primera en reaccionar. Se acerc¨® a Biel con los ojos humedecidos, sintiendo una mezcla de alivio y emoci¨®n. ¡ªGracias por volver... ¡ªsusurr¨®, antes de lanzarse a sus brazos en un abrazo firme. Biel se tens¨® por un instante, sorprendido, pero luego correspondi¨® al abrazo con una sonrisa de gratitud. Charlotte, que observaba la escena con una sonrisa traviesa, se inclin¨® hacia Raizel. ¡ªCreo que tienes competencia ¡ªsusurr¨® con picard¨ªa. Raizel sinti¨® su rostro arder, desviando la mirada con nerviosismo. Ryder, por su parte, cruz¨® los brazos y solt¨® una leve carcajada. ¡ªBueno, al menos esto se est¨¢ poniendo interesante. Biel suspir¨®, sinti¨¦ndose abrumado, pero al mismo tiempo aliviado. Hab¨ªa vuelto. Cap铆tulo 31: Nuevo Comienzo Despu¨¦s de los acontecimientos sucedidos, Biel por fin pudo regresar a la vida. La emoci¨®n en el ambiente era palpable. Xanthe, Easton, Sarah, el Caballero Oscuro Ylfur y, especialmente, Acalia, no pudieron contener la alegr¨ªa de verlo nuevamente de pie. Acalia fue la primera en acercarse. Sus ojos reflejaban un torbellino de emociones, y sin pensarlo dos veces, se lanz¨® a sus brazos. ¡ªGracias por volver ¡ªsusurr¨®, abraz¨¢ndolo con fuerza¡ª. Pens¨¦ que nunca volver¨ªa a verte de pie... Biel sinti¨® la calidez del abrazo y correspondi¨® con suavidad. A pesar del cansancio que a¨²n pesaba en su cuerpo, ese gesto le record¨® lo mucho que significaba para sus amigos. Uno a uno, los dem¨¢s tambi¨¦n se acercaron, rode¨¢ndolo en un abrazo grupal. Easton le dio una palmada en la espalda con una sonrisa confiada. ¡ªNo vuelvas a hacernos pasar por esto, amigo ¡ªdijo con un intento de sonrisa, aunque su voz tembl¨® ligeramente. Sarah apuntaba con una sonrisa, aunque sus ojos brillaban con l¨¢grimas contenidas. ¡ªNos diste un gran susto, Biel. De verdad... no sab¨ªamos si podr¨ªamos regresar. Biel mir¨® a cada uno de ellos, sintiendo el peso de su preocupaci¨®n. ¡ªLo siento... No quer¨ªa preocuparlos as¨ª ¡ªmurmur¨® con un dejo de culpa en su voz. Xanthe, con los brazos cruzados, intent¨® mantener una expresi¨®n seria, pero al final susspir¨® y levemente. ¡ªBienvenido de vuelta, l¨ªder. Pero si vuelves a hacer algo tan temerario, te har¨¦ pagar por ello. Finalmente, el Caballero Oscuro Ylfur se arrodill¨® frente a Biel, inclinando la cabeza en se?al de respeto. ¡ªMi se?or, gracias por regresar. Esta vez lo proteger¨¦ a toda costa. No permitir¨¦ que nadie ose pongale una mano encima. Biel coloc¨® una mano en su hombro y emocionando con sinceridad. ¡ªNo pasa nada, querido amigo. Esta vez estar¨¢ bien. No permitir¨¦ que nadie los ultima vez. Lo juro. Las palabras de Biel llenaron de determinaci¨®n a todos. Su regreso marcaba un nuevo comienzo, pero tambi¨¦n la promesa de que no volver¨ªan a perderlo. La Diosa Enit mir¨® a Biel con una sonrisa tranquila. ¡ªBiel, ahora debo irme. Disfruta de este mundo, y recuerda que si alg¨²n d¨ªa necesitas mi ayuda, con gusto estar¨¦ para ti. Acalia frunci¨® el ce?o con cierta preocupaci¨®n. ¡ª?Ya te vas? Enit con una calma suavizante. ¡ªS¨ª, tengo asuntos que atender. Pero antes de irme, cuida de Biel. Es una gran persona y ha hecho mucho por este mundo. Las palabras de Enit resuenan en el coraz¨®n de Acalia. Justo cuando iba a responder, la diosa desapareci¨® en un destello de luz. Biel suspiro y miro al cielo con gratitud. ¡ªGracias... ¡ªmurmur¨® con una leve sonrisa. Tras la partida de Enit, Biel gir¨® hacia sus amigos con determinaci¨®n. ¡ªQuiero presentarles a aquellos que me ayudaron en el plano espiritual. Sin ellos, no estar¨ªa aqu¨ª. Dio un paso adelante y se?al¨® a tres figuras. ¡ªEllos son Charlotte, mi hermana, Ryder y Raizel. Me apoyaron mucho en ese mundo y sin su ayuda, no habr¨ªa podido regresar. Acalia fue la primera en acercarse con curiosidad. Su mirada se pos¨® en Charlotte, quien la observaba con una sonrisa confiada. ¡ªUn gusto conocerte, Acalia. S¨¦ que fuiste la primera chica que Biel conoci¨® en este mundo. Las palabras de Charlotte hicieron que Acalia sintiera un repentino calor en su rostro. Un sonrojo leve, pero notorio, se extendi¨® por sus mejillas. Algo que antes no podr¨ªa haber experimentado. (Esta reacci¨®n tiene una explicaci¨®n. En el arco 1, se mencion¨® que Acalia ten¨ªa un sello en sus emociones, impidi¨¦ndole sentirlas. Sin embargo, cuando Biel muri¨®, ese sello se rompi¨®, permiti¨¦ndole experimentar sus emociones con normalidad). Ryder le dio una palmada en la espalda a Biel con una sonrisa burlona. ¡ªVaya, hermano. No sab¨ªa que ten¨ªas tantas personas preocup¨¢ndose por ti. Biel rod¨® los ojos, pero no pudo evitar sonre¨ªr. Raizel, por su parte, observ¨® a Acalia con una mezcla de curiosidad y respeto. ¡ªEspero que podamos llevarnos bien ¡ªdijo en un tono calmado. Acalia asintiendo con una leve sonrisa. ¡ªLo mismo digo. Cualquiera que haya ayudado a Biel merece mi confianza. Las presentaciones hab¨ªan terminado, pero una nueva historia estaba a punto de comenzar. Sarah dio un paso adelante, con una expresi¨®n decidida en el rostro. Support the author by searching for the original publication of this novel. ¡ªVoy con ustedes ¡ªdeclar¨® sin titubeos. Biel la mir¨® con cierta duda y luego lade¨® la cabeza. ¡ªSeguro que puedes venir con nosotros? ¡ªpregunt¨®¡ª. Los vampiros no se queman con el sol, ?verdad? Sarah frunci¨® el ce?o y cruz¨® los brazos con indignaci¨®n. ¡ª?Oye! ?Qui¨¦n te dijo que los vampiros nos quemamos con el sol? Biel levant¨® las manos en se?al de calma, tratando de apaciguar su enojo. ¡ªEs que en mi mundo, en las historias o libros dicen que los vampiros se queman con el sol... Sarah rod¨® los ojos y chasque¨® la lengua. ¡ªVaya que tu mundo es raro... adem¨¢s de tener creencias err¨®neas sobre nosotros los vampiros. Biel sonroj¨¢ndose con cierta timidez. ¡ªLo siento, no quer¨ªa ofenderte. Pero, ?de verdad est¨¢s seguro de querer venir con nosotros? Esta ciudad ahora est¨¢ en manos de ustedes. En ese momento, la voz de Muskar reson¨® con calma. ¡ªTranquilo, Biel. Ella puede ir con ustedes ¡ªdijo, posando una mano en el hombro de Sarah¡ª. Yo me encargar¨¦ de estas tierras. Es lo menos que puedo hacer despu¨¦s de todo lo que pas¨®. Biel mir¨® a Muskar por un momento, analizando su determinaci¨®n. Finalmente, asinti¨® con una leve sonrisa. ¡ªSi t¨² lo dices... est¨¢ bien. Sarah, puedes venir con nosotros. Los ojos de Sarah se iluminaron de emoci¨®n. ¡ª?Gracias, Biel! Prometo no ser una carga. Justo cuando la atm¨®sfera se relajaba, Muskar alz¨® una mano para interrumpir. ¡ªPero antes de que se vayan... ¡ªdijo con una sonrisa misteriosa¡ª. Les prepar¨® una peque?a fiesta. Biel arque¨® una ceja. ¡ª?Una fiesta? Muskar asinti¨® con orgullo. ¡ªS¨ª, es mi forma de agradecerles por haberme salvado de mi padre, Lip. Biel intercambi¨® miradas con los dem¨¢s y, tras unos segundos de silencio, solt¨® una carcajada ligera. ¡ªEst¨¢ bien, entonces vamos todos a la fiesta. Los ¨¢nimos se elevaron con la noticia y, por primera vez en mucho tiempo, todos sintieron que pod¨ªan relajarse un poco antes de enfrentar lo que ven¨ªa. Lleg¨® la hora de la fiesta, y todos se sumergieron en la celebraci¨®n. Despu¨¦s de tantas batallas y momentos de incertidumbre, al fin pude disfrutar de un respiro. La m¨²sica resonaba en la sala, las risas llenaban el aire y la comida no dejaba de servirse. Biel, sentado con una copa en la mano, sonriendo con alivio. ¡ªPor fin, despu¨¦s de tanto tiempo, puedo relajarme ¡ªdijo, mirando a su alrededor con gratitud¡ª. La ¨²ltima vez que tuve un momento as¨ª fue en la aldea de Xantle y Easton, cuando hicieron una fiesta para celebrar que los salvamos. Desde entonces, han pasado tantas cosas... Xantle ascendi¨® y alz¨® su copa. ¡ªY cada una de esas aventuras nos ha hecho m¨¢s fuertes. Easton r¨¢pidamente se uni¨® con entusiasmo. ¡ª?Por nuevas aventuras y por los amigos que nos han acompa?ado! Todos alzaron sus copas y brindaron con energ¨ªa. La celebraci¨®n dura toda la noche, en un ambiente de camarader¨ªa y alegr¨ªa. Por un momento, las preocupaciones y los peligros parecieron desvanecerse. Cuando lleg¨® la ma?ana, el grupo comenz¨® a alistarse para partir. Biel, ya listo, observar¨¢ a sus compa?eros mientras se preparan. Xantle se acerc¨® y pregunt¨® con curiosidad: ¡ªAhora, ?ad¨®nde iremos esta vez? Biel ajust¨® su capa y respondi¨® con determinaci¨®n. ¡ªVamos a Marciler. Acalia, que estaba terminando de empacar sus cosas, se gir¨® hacia ¨¦l con expresi¨®n de sorpresa. ¡ªMarciler? ?Esa no es la ciudad de la Emperatriz Domia? Biel asinti¨® con seriedad. ¡ªAs¨ª es. Ella tuvo algo que ver con el enfrentamiento contra Lip. Quiero ir all¨¢ y descubrir por qu¨¦ quer¨ªa que me enfrentara a ¨¦l. Adem¨¢s, creo que podr¨ªa obtener informaci¨®n sobre el desfile de Basti¨¢n. El ambiente se torn¨® m¨¢s serio. La menci¨®n de Basti¨¢n hac¨ªa que todos recordaran la importancia de su pr¨®ximo destino. Sin perder m¨¢s tiempo, el grupo se prepar¨® para partir, con la determinaci¨®n de enfrentar lo que sea que les esperara en Marciler. Biel observ¨® a su alrededor una ¨²ltima vez. Las tierras oscuras, aunque marcadas por el caos, ahora ten¨ªan una nueva oportunidad de renacer. Inspirado profundamente antes de hablar. ¡ªBueno, lleg¨® el momento de irnos. Muskar, s¨¦ que podr¨¢s restaurar este reino y convertirte en un gran Rey. Nos volveremos a ver. Muskar cruz¨® los brazos y asinti¨® con una sonrisa confiada. ¡ªAs¨ª es, Biel. Nos volveremos a ver. No dudes en regresar cuando lo necesites. Sarah se acerc¨® a su hermano, con un brillo de emoci¨®n en los ojos. ¡ªCu¨ªdate, hermano ¡ªdijo con voz suave, intentando mantener la compostura. Muskar le coloc¨® una mano en el hombro y le dispar¨® con afecto. ¡ªIgualmente, hermana. No olvides de d¨®nde vienes. Luego gir¨® su mirada hacia Biel. ¡ªPor cierto, Biel, cuida de mi hermana. Biel le dedic¨® una mirada firme y asentada. ¡ªAs¨ª lo har¨¦, puedes contar con ello. Con las despedidas hechas, el grupo cruz¨® la frontera de las tierras oscuras, dejando atr¨¢s los recuerdos de la batalla y mirando hacia el futuro. Biel, con una expresi¨®n determinada, mir¨® a sus compa?eros. ¡ªAhora, una nueva aventura nos espera. Los dem¨¢s asintieron, listos para lo que vendr¨ªa a continuaci¨®n. Mientras tanto, en Marciler, la Emperatriz Domia recibi¨® una carta sellada con urgencia. Rasg¨® el sobre con delicadeza y ley¨® el contenido con una sonrisa que se ensanch¨® a cada palabra. ¡ªInteresante... ¡ªsusurr¨®. El mensaje era claro: El Rey Vampiro Lip ha ca¨ªdo en batalla. Biel tambi¨¦n ha muerto. Domia dej¨® escapar una risita contenida y se reclin¨® en su trono. ¡ªPerfecto. Mis aviones han salido a la perfecci¨®n. Se levant¨® con elegancia y camin¨® hacia una gran ventana que daba a la ciudad, observando la vasta extensi¨®n de su imperio. Con un destello de malicia en los ojos, susurr¨®: ¡ªCon esto, mi se?or estar¨¢ contento. Si Biel est¨¢ muerto, entonces ya nadie podr¨¢ interferir en mis aviones... Una sombra se desliz¨® tras ella, una figura oculta entre las penumbras, escuchando atentamente. Domia sonriendo, sintiendo que todo estaba en su lugar, ignorante de lo que realmente estaba por venir. Cap铆tulo Especial: El Torneo del Amor de Biel Saludos, mi nombre es Biel. Hace m¨¢s de seis meses llegu¨¦ a este mundo, y en ese tiempo he vivido incontables aventuras. Cuando cruc¨¦ a este mundo, no ten¨ªa idea de lo que me esperaba, pero al parecer, algo o alguien me otorg¨® habilidades. Entre ellas, el aprendizaje de idiomas y una agilidad sobrehumana fueron las primeras que descubr¨ª. Este mundo se rige por la magia, un concepto que jam¨¢s imagin¨¦ real, pero que ahora es mi d¨ªa a d¨ªa. Mi primer encuentro con el peligro fue con un lobo oscuro. Me enfrent¨¦ a ¨¦l, pero sin conocimiento de mis habilidades, la pelea era imposible de ganar. Justo cuando pens¨¦ que todo terminar¨ªa, una joven apareci¨® y me salv¨®. Su nombre era Acalia. Ella no solo me rescat¨®, sino que me habl¨® de algo llamado el Fragmento de lo Infinito. En ese momento, no entend¨ªa su importancia, pero con el tiempo, aprend¨ª que era la clave de muchas cosas en este mundo. Preocupado por Basti¨¢n, mi amigo que tambi¨¦n fue transportado aqu¨ª, le pregunt¨¦ a Acalia si sab¨ªa algo sobre ¨¦l. Su respuesta no fue alentadora: el mundo era vasto, y no ten¨ªa forma de saber d¨®nde ni cu¨¢ndo pudo haber llegado. Con esa incertidumbre en mi pecho, decid¨ª emprender un viaje en busca de respuestas. Nuestra primera gran prueba lleg¨® en una aldea asediada por bandidos. No pod¨ªa quedarme de brazos cruzados, as¨ª que decid¨ª ayudar. Sin embargo, fue Acalia quien demostr¨® su verdadero poder, derrotando a los bandidos con una facilidad asombrosa y, m¨¢s sorprendente a¨²n, reviviendo a los aldeanos ca¨ªdos. En ese lugar obtuve una nueva habilidad llamada R¨¢faga ¨¢gil, que me permit¨ªa moverme a gran velocidad. Tambi¨¦n conoc¨ª a dos hermanos, Easton y Xanthe, quienes pose¨ªan habilidades m¨¢gicas y decidieron unirse a nuestro viaje. No tardamos en enfrentarnos a un nuevo peligro: Kurusume, un asesino encapuchado. Su presencia era aterradora, y su habilidad en la batalla nos puso en aprietos. A pesar de nuestros esfuerzos, solo conseguimos ahuyentarlo, pero sus palabras quedaron grabadas en mi mente: "Gard vendr¨¢ por ustedes". Ese nombre reson¨® en mi cabeza como una advertencia sombr¨ªa. Poco despu¨¦s, conocimos a Kael, quien nos habl¨® del verdadero prop¨®sito de Gard: obtener todos los fragmentos para alcanzar un poder absoluto. Kael nos entreg¨® un mapa con la ubicaci¨®n de uno de los fragmentos, ubicado en la ciudad de Zerpia. Tambi¨¦n fue en ese momento cuando Acalia me revel¨® la historia de los Reyes Demonios, cinco seres tan poderosos que incluso los dioses los tem¨ªan. Fueron sellados por un h¨¦roe hace mucho tiempo, pero su presencia todav¨ªa influenciaba este mundo. Finalmente, llegamos al fragmento en Zerpia, pero no est¨¢bamos solos. Un caballero oscuro nos atac¨®, y en medio del caos, fui lanzado hacia el fragmento. Al tocarlo, una energ¨ªa oscura me envolvi¨® y me encontr¨¦ cara a cara con Monsfil, el Rey Demonio de la Destrucci¨®n Eterna. Me ofreci¨® su poder y, sin entender del todo las consecuencias, acept¨¦. Desde ese momento, me convert¨ª en un Rey Demonio novato. Ylfur, el caballero oscuro que nos atac¨®, al ver mi transformaci¨®n, jur¨® lealtad a m¨ª. Poco despu¨¦s fuimos a las tierras oscuras, donde descubrimos que Lip, el Rey Vampiro, tramaba algo nefasto. All¨ª conoc¨ª a Sarah, su hija, quien me revel¨® m¨¢s detalles sobre su padre. Nuestra confrontaci¨®n con Lip fue brutal, y aunque logr¨¦ derrotarlo, en su ¨²ltimo aliento lanz¨® un ataque mortal dirigido a Acalia. Sin pensarlo, me interpuse en su camino y recib¨ª el golpe letal. Mi vida se apag¨® en ese instante. O al menos, eso cre¨ª. Despert¨¦ en un lugar desconocido, donde conoc¨ª a Raizel. Ella me habl¨® sobre el sitio en el que me encontraba y me vi obligado a luchar contra un guardi¨¢n que proteg¨ªa aquel lugar. No ten¨ªa control sobre mi forma de Rey Demonio y, en mi desesperaci¨®n, lo destru¨ª sin piedad. Mi alma se llen¨® de oscuridad y estaba a punto de perderme por completo cuando, de repente, una luz apareci¨®. Era mi hermana. Su presencia me devolvi¨® a m¨ª mismo, me sostuvo y, con un abrazo, calm¨® mi alma. Poco despu¨¦s llegu¨¦ a una ciudad, pero las cosas se hab¨ªan complicado. Mi rostro estaba en carteles de "Se Busca", acusado por la muerte del guardi¨¢n. Ryder, un aliado inesperado, me ayud¨® a llegar a la reina Yael, quien en realidad era una diosa. Fue entonces cuando enfrent¨¦ a Maelista, dominando por primera vez mi forma semi-perfecta de Rey Demonio. Liber¨¦ a la reina de su control mental y, tras una feroz batalla, Enit acab¨® con Maelista. Con su poder, me permiti¨® regresar, y tambi¨¦n declar¨® que humanos y demonios ahora pod¨ªan entrar libremente al plano espiritual. Al volver, Gard ya hab¨ªa comenzado a mover sus piezas. Kurusume intent¨® robar el fragmento que llevaba, pero lo detuve y le advert¨ª que ir¨ªa por su maestro. Tras reunirme con mis amigos, el nuevo monarca de las tierras oscuras, Muskar, organiz¨® una fiesta en mi honor. Pero mi camino a¨²n no hab¨ªa terminado. Mi siguiente destino era la ciudad de Marciler, donde deb¨ªa atar algunos cabos sueltos. Han pasado cinco meses desde entonces, y ahora, con cada fibra de mi ser preparado para el viaje, me dispongo a partir hacia Marciler. El destino me llama una vez m¨¢s. Me encuentro junto a mis amigos: Sarah, Raizel, Easton, Xantle, Ylfur, Ryder, Acalia y mi hermana Charlotte. En estos cinco meses que hemos pasado juntos, nos hemos vuelto muy cercanos... bueno, eso creo. Charlotte, con una sonrisa traviesa, solt¨® de repente: ¡ªAs¨ª que ustedes est¨¢n enamoradas de mi hermano. El silencio rein¨® en la habitaci¨®n mientras Sarah, Xantle, Raizel y Acalia se sonrojaban intensamente. La expresi¨®n de Charlotte se ilumin¨® a¨²n m¨¢s. ¡ª?As¨ª que es verdad! ¡ªexclam¨® con satisfacci¨®n. Por otro lado, Ryder, Easton, Ylfur y yo est¨¢bamos sentados en un rinc¨®n, observando la escena con una mezcla de asombro y diversi¨®n. ¡ªA m¨ª no me importar¨ªa tenerte como cu?ado ¡ªdijo Easton con una gran sonrisa. ¡ª??Qu¨¦!? ¡ªexclam¨¦, mirando a mi amigo con incredulidad. ¡ª?Acaso no piensas que mi hermana es linda? ¡ªpregunt¨® Easton con una mirada burlona. ¡ªClaro que lo es... pero ?Qu¨¦ tiene que ver eso con este tema? ¡ªrespond¨ª, intentando evitar que la conversaci¨®n tomara un rumbo a¨²n m¨¢s extra?o. Charlotte simplemente re¨ªa divertida, mientras las chicas murmuraban entre ellas con las mejillas encendidas. Lo que al principio parec¨ªa una conversaci¨®n normal termin¨® convirti¨¦ndose en una especie de interrogatorio, con mi hermana como fiscal principal. Suspir¨¦ y me levant¨¦. ¡ªVoy a tomar aire ¡ªanunci¨¦, antes de que todo esto se volviera a¨²n m¨¢s embarazoso. Sal¨ª de la caba?a, que se encontraba a las afueras de Marciler. La brisa fresca de la noche me recibi¨® con un susurro tranquilizador. Desde que logr¨¦ controlar la forma de Rey Demonio semi perfecta, he podido hablar m¨¢s frecuentemente con Monsfil, lo cual ha sido tanto una bendici¨®n como un recordatorio de la responsabilidad que llevo encima. ¡ªJoven portador ¡ªsu voz reson¨® en mi mente¡ª, veo que las chicas se pelean por ti. Casi tropec¨¦ con una piedra. ¡ª??De qu¨¦ hablas, amigo?! ¡ªexclam¨¦ con verg¨¹enza, sintiendo mi rostro calentarse. Monsfil solo solt¨® una carcajada profunda. ¡ªTodav¨ªa eres muy lento para notar lo que ocurre a tu alrededor, joven portador. Buf¨¦, tratando de ignorar su comentario. Decid¨ª cambiar de tema. ¡ªPor cierto, Monsfil, ahora que controlo mejor mi forma de Rey Demonio, he comenzado a sentir las energ¨ªas de los dem¨¢s Reyes Demonios sellados. Pero solo puedo percibir tres m¨¢s¡­ el ¨²ltimo es un misterio para m¨ª. Monsfil guard¨® silencio por un momento antes de responder: ¡ªJoven portador, al parecer el Rey Demonio del Caos Divino se desvaneci¨® hace a?os. No s¨¦ si muri¨® o qu¨¦ le ocurri¨®. La verdad es que siempre estaba ausente y nunca llegu¨¦ a conocerlo ni se su nombre. ¡ªYa veo¡­ ¡ªmurmur¨¦, procesando esa informaci¨®n. Entonces, algo me inquiet¨®¡ª. Siento que dos fragmentos est¨¢n juntos. Monsfil suspir¨® con gravedad. ¡ªAl parecer, Gard ya tiene dos en su poder. Frunc¨ª el ce?o. Eso era una muy mala noticia. ¡ªEso lo hace extremadamente poderoso ¡ªcontinu¨® Monsfil¡ª, pero si no obtiene todos, su poder seguir¨¢ incompleto. T¨² tienes mi fragmento y, adem¨¢s, el del Rey Demonio del Caos Divino est¨¢ desaparecido. Sin embargo, ten mucho cuidado en esa ciudad a la que planeas ir. Un escalofr¨ªo recorri¨® mi espalda. Sab¨ªa que Marciler no era un sitio cualquiera, pero ahora ten¨ªa a¨²n m¨¢s razones para estar alerta. Respir¨¦ hondo y volv¨ª a la caba?a. Apenas cruc¨¦ la puerta, Charlotte y las chicas me miraron con expresiones sospechosas. ¡ª?Y bien? ¡ªpregunt¨® mi hermana con una sonrisa traviesa. ¡ª?"Y bien" qu¨¦? ¡ªrespond¨ª, sintiendo que mi noche de tranquilidad hab¨ªa llegado a su fin. Ryder se ri¨® y le dio una palmada a Easton. ¡ªCreo que el interrogatorio a¨²n no ha terminado. ¡ªDefinitivamente no ¡ªagreg¨® Ylfur, cruzado de brazos. Suspir¨¦. A veces, enfrentar demonios y asesinos parec¨ªa m¨¢s sencillo que lidiar con mis amigos. Tras el caos de la noche anterior, amanec¨ª con una sensaci¨®n extra?a. No era un presagio oscuro ni una premonici¨®n terrible... era la sensaci¨®n de que alguien me estaba mirando fijamente. Lentamente abr¨ª los ojos y lo primero que vi fue a Charlotte, mi hermana, con una sonrisa de travesura pura. This book''s true home is on another platform. Check it out there for the real experience. ¡ªBuenos d¨ªas, hermanito ¡ªdijo con una dulzura aterradora. ¡ª?Qu¨¦ quieres, Charlotte? ¡ªpregunt¨¦ con cautela, a¨²n adormilado. ¡ªNada, solo despertarte de la mejor manera posible. ?Chicas, hagan lo suyo! ¡ªgrit¨® de repente. Antes de poder reaccionar, Sarah, Xantle, Raizel y Acalia aparecieron de la nada y me rodearon. Cada una ten¨ªa una mirada sospechosa y las mejillas encendidas. ¡ªBiel... ¡ªcomenz¨® Sarah. ¡ªNecesitamos hablar ¡ªcontinu¨® Xantle. ¡ªSobre algo muy importante ¡ªsigui¨® Raizel. ¡ªY no aceptar¨¦ respuestas evasivas ¡ªfinaliz¨® Acalia, cruz¨¢ndose de brazos. Sent¨ª un sudor fr¨ªo recorrer mi espalda. ¡ª?Espera, espera! ?De qu¨¦ est¨¢n hablando? ¡ªpregunt¨¦ con la voz quebr¨¢ndose. Charlotte se inclin¨® hacia m¨ª con una sonrisa triunfante. ¡ªHermanito... ayer nos enteramos de que todas estas se?oritas est¨¢n enamoradas de ti. ¡ªLuego gir¨® su cabeza hacia las chicas¡ª. ?As¨ª que ya es hora de que nos digas a qui¨¦n eliges! El silencio que sigui¨® fue tan pesado que casi sent¨ª que el universo entero se deten¨ªa. Easton y Ryder, que estaban desayunando en la mesa, dejaron caer sus tenedores al escuchar eso. Ylfur, que estaba puliendo su espada en un rinc¨®n, tosi¨® inc¨®modo. ¡ªEhhh... ¡ªfue todo lo que pude decir. ¡ª?No te hagas el tonto, Biel! ¡ªexclam¨® Charlotte con una risa malvada¡ª. ?Es hora de enfrentarte a tu destino! Yo, en mi desesperaci¨®n, mir¨¦ a mis amigos buscando ayuda. Ryder me hizo un gesto de ¡°est¨¢s solo, hermano¡±. Easton intent¨® disimular una risa y Ylfur simplemente neg¨® con la cabeza, como diciendo que ni su lealtad pod¨ªa salvarme de esto. ¡ªEhm... bueno, ver¨¢n... yo... ¡ªintent¨¦ hablar, pero mis neuronas se fueron de vacaciones. Fue entonces cuando ocurri¨® el milagro. O m¨¢s bien, el desastre. Un rugido ensordecedor reson¨® desde afuera. Todos saltamos de nuestros lugares y corrimos hacia la ventana. Frente a la caba?a, un grupo de jabal¨ªes gigantes estaba causando estragos en el terreno. Parec¨ªa que algo los hab¨ªa enfurecido. ¡ª?Bestias salvajes! ¡ªgrit¨® Easton, emocionado¡ª. ?Pelea matutina! Yo, aprovechando la situaci¨®n, corr¨ª hacia la puerta. ¡ª?Tenemos un problema urgente, chicos, v¨¢monos! ¡ªgrit¨¦ con toda mi alma, escapando de la conversaci¨®n mortal en la que me hab¨ªan atrapado. Las chicas me miraron con desconfianza, pero al ver la magnitud del desastre afuera, decidieron dejar mi interrogatorio para despu¨¦s. Mientras todos nos prepar¨¢bamos para pelear, Charlotte se cruz¨® de brazos con una sonrisa. ¡ªNo creas que esto ha terminado, hermanito. Nos debes una respuesta. Tragu¨¦ saliva. S¨ª, prefer¨ªa enfrentarme a los jabal¨ªes gigantes antes que responder a esa pregunta. La batalla contra los jabal¨ªes gigantes fue... bueno, ca¨®tica. Y no porque fueran demasiado fuertes, sino porque mis amigos estaban m¨¢s ocupados burl¨¢ndose de m¨ª que peleando en serio. ¡ª?Biel, cuidado! ¡ªgrit¨® Ryder con falsa preocupaci¨®n mientras esquivaba con elegancia un jabal¨ª enfurecido¡ª. Si mueres, las chicas no podr¨¢n seguir interrog¨¢ndote. ¡ª??Podemos concentrarnos en la pelea, por favor?! ¡ªexclam¨¦ mientras esquivaba por poco un jabal¨ª que parec¨ªa tener algo personal contra m¨ª. Easton, por su parte, se apoy¨® en su bast¨®n y sonri¨® con diversi¨®n. ¡ªNo lo s¨¦, Biel. Quiz¨¢s este es un castigo divino por evitar la pregunta de Charlotte. Xantle lanz¨® una bola de fuego hacia uno de los jabal¨ªes, pero no sin antes mirarme de reojo. ¡ªBiel, si mueres ahora, nunca sabremos a qui¨¦n amas de verdad... ¡ª??Por qu¨¦ todos est¨¢n m¨¢s interesados en mi vida amorosa que en el hecho de que ESTAMOS SIENDO ATACADOS?! ¡ªgrit¨¦, bloqueando un embiste con mi espada. En medio del caos, Monsfil apareci¨® en mi mente con su voz profunda y majestuosa. ¡ªJoven portador¡­ ¡ª?AHORA NO, MONSFIL! ¡ªgrit¨¦ en voz alta, lo que hizo que todos se detuvieran y me miraran raro. Sarah parpade¨®. ¡ª?Eh? ?Ahora hablas solo? Suspir¨¦. ¡ªNo hablo solo, hablo con Monsfil. ¡ª?Monsfil! ¡ªexclam¨® Charlotte emocionada¡ª. ?Tienes que decirnos si Biel tiene alg¨²n inter¨¦s amoroso! Monsfil ri¨®. ¡ªJoven portador, te dije que eres lento para notar las cosas. Pero incluso yo quiero ver c¨®mo sales de esta. Sent¨ª que mi propia alma me traicionaba. Acalia aprovech¨® la distracci¨®n para acabar con el ¨²ltimo jabal¨ª de un solo golpe. Se sacudi¨® las manos y nos mir¨® con tranquilidad. ¡ªBueno, problema resuelto. Ahora, Biel... Mi coraz¨®n se detuvo. ¡ª??Q-qu¨¦?! ¡ªPodemos retomar la conversaci¨®n de antes ¡ªdijo con una sonrisa peligrosa. Intent¨¦ huir, pero Ylfur bloque¨® la salida con los brazos cruzados. ¡ªNo hay escapatoria, joven amo. Mir¨¦ a Ryder buscando ayuda, pero ¨¦l solo levant¨® las manos. ¡ªYo no me meto en esto. Solo soy un espectador disfrutando el drama. Charlotte se acerc¨® con un papel y una pluma. ¡ªBien, hermanito. Escribe el nombre de la chica que te gusta aqu¨ª. ¡ª?Y si digo que a¨²n no lo s¨¦? ¡ªintent¨¦ argumentar. Sarah entrecerr¨® los ojos. ¡ªEso no es una respuesta. Xantle cruz¨® los brazos. ¡ªDe acuerdo, entonces lo resolveremos con un duelo. La que gane, se queda con Biel. Mi alma abandon¨® mi cuerpo por unos segundos. ¡ª??Qu¨¦?! ?No soy un premio en un torneo medieval! Raizel asinti¨® con tranquilidad. ¡ªNo suena como una mala idea. Acalia sac¨® su espada. ¡ªS¨ª, acepto el reto. ¡ª?No, no, no, no, no! ¡ªagit¨¦ las manos, entrando en p¨¢nico¡ª. ?No hay necesidad de pelear! Charlotte asinti¨® con orgullo. ¡ªMe encanta este plan. Easton silb¨® con diversi¨®n. ¡ªBueno, Biel, parece que tu destino est¨¢ sellado. Me tap¨¦ la cara con ambas manos. S¨ª¡­ definitivamente, enfrentarme a jabal¨ªes gigantes era mucho m¨¢s f¨¢cil que lidiar con mis amigos. La situaci¨®n estaba fuera de control. Las chicas estaban listas para un duelo por mi amor, Charlotte estaba demasiado entretenida con la locura que hab¨ªa desatado, y mis amigos estaban disfrutando del espect¨¢culo como si fuera la mejor obra de teatro del a?o. Y justo cuando cre¨ª que no pod¨ªa ser peor... En el Umbral de los Dioses Los dioses observaban la situaci¨®n con diferentes reacciones. ¡ªEsto es incre¨ªble ¡ªdijo Solaryon, el Dios de la Luz, con una risa contenida¡ª. Hemos sido testigos de guerras, de grandes batallas entre reinos¡­ ?pero nunca de una guerra amorosa tan intensa! ¡ªEs un caos absoluto ¡ªrespondi¨® Nyxaris, la Diosa de las Sombras, con una sonrisa divertida¡ª. Y me encanta. Chronasis, el Dios del Tiempo, suspir¨® mientras miraba el hilo del destino de Biel entre sus dedos. ¡ªDe todas las l¨ªneas temporales que exist¨ªan... jam¨¢s imagin¨¦ que estar¨ªamos observando esto. Thalgron, el Dios de la Guerra, se cruz¨® de brazos con frustraci¨®n. ¡ª??Por qu¨¦ nadie se est¨¢ peleando de verdad?! Si van a luchar por su honor, que lo hagan con espadas y sangre. Elaris, la Diosa de la Vida, sonri¨® con dulzura. ¡ªEs encantador ver la emoci¨®n de la juventud. Aunque Biel parece a punto de colapsar. Veyrith, el Dios del Caos, no pod¨ªa dejar de re¨ªr. ¡ª?Esto es la mejor comedia del siglo! ?Miren la cara de Biel, parece que quiere que un portal dimensional lo trague! Orivax, el Dios de la Sabidur¨ªa, se acarici¨® la barba pensativo. ¡ªDeber¨ªamos intervenir para esclarecer su mente. Xaltheron, el Dios del Vac¨ªo, se encogi¨® de hombros. ¡ªO podr¨ªamos dejarlo sufrir un poco m¨¢s. Es divertido. De vuelta con Biel... Yo ya estaba sudando fr¨ªo mientras las chicas discut¨ªan sobre las reglas del "duelo". ¡ª?Nada de magia! ¡ªdeclar¨® Xantle. ¡ª?Nada de armas! ¡ªa?adi¨® Sarah. ¡ª?Solo combate cuerpo a cuerpo! ¡ªdijo Raizel, estirando los brazos. ¡ª?Y que el perdedor admita la derrota con honor! ¡ªfinaliz¨® Acalia. Intent¨¦ intervenir. ¡ª?No necesito que peleen por m¨ª! Charlotte neg¨® con la cabeza y puso una mano en mi hombro. ¡ªBiel, Biel, Biel... esto ya no es por ti. Esto es por el honor. ¡ª??Qu¨¦ honor?! En ese momento, Monsfil habl¨® en mi mente otra vez. ¡ªJoven portador¡­ no s¨¦ si quiero ayudarte o simplemente ver c¨®mo sales de esta. ¡ª?MONSFIL, AHORA NO! Y justo cuando la pelea iba a comenzar, un trueno reson¨® en el cielo y una voz divina se escuch¨®: ¡ª?BASTA! Todos quedaron en silencio y miraron hacia arriba. En el cielo, apareci¨® una grieta dorada desde donde los dioses nos observaban. Solaryon habl¨® con autoridad. ¡ªEste espect¨¢culo es tan divertido que hemos decidido intervenir. Nyxaris se cruz¨® de brazos. ¡ªBiel, hijo m¨ªo, ?c¨®mo llegaste a esto? Eres un guerrero del destino y, sin embargo, terminas enredado en un conflicto de telenovela. ¡ª?YO NO PED¨ª ESTO! Veyrith aplaudi¨®. ¡ªD¨¦jenlo continuar. Si Biel es lo suficientemente valiente como para enfrentar demonios, ?puede enfrentar esto tambi¨¦n! Chronasis suspir¨®. ¡ªPodr¨ªa mostrarle futuros donde dice la verdad y escapa ileso... pero prefiero ver c¨®mo se hunde m¨¢s. Charlotte mir¨® a los dioses con emoci¨®n. ¡ª?Me encanta que incluso los dioses quieran ver c¨®mo se resuelve esto! Yo solo quer¨ªa desaparecer. Pero al parecer, ni los dioses quer¨ªan que escapara de esta situaci¨®n. Los dioses segu¨ªan observando con atenci¨®n, algunos disfrutando del drama y otros pregunt¨¢ndose en qu¨¦ momento Biel se convirti¨® en la estrella de la mejor comedia de su existencia. Solaryon suspir¨®. ¡ªMuy bien, esto ha sido divertido, pero creo que ya es hora de que Biel salga de este l¨ªo. ¡ª?No! ¡ªinterrumpi¨® Veyrith, el Dios del Caos¡ª. ?D¨¦jenlo sufrir un poco m¨¢s! ?Miren su cara! Est¨¢ al borde de la desesperaci¨®n, ?esto es oro puro! Biel, que a¨²n estaba atrapado en el dilema de su vida, decidi¨® que era el momento de actuar antes de que su honor (y posiblemente su integridad f¨ªsica) fueran destruidos. ¡ª?YA BASTA! ¡ªgrit¨® con todas sus fuerzas. Las chicas se detuvieron, los dioses en el cielo quedaron en silencio y sus amigos lo miraron con curiosidad. Biel respir¨® hondo y, con una valent¨ªa que ni ¨¦l sab¨ªa que ten¨ªa, dijo: ¡ª?No necesito un torneo, ni peleas, ni interrogatorios! ?Solo quiero... un poco de paz! Las chicas se miraron entre s¨ª y luego a Biel. ¡ª?Entonces no sientes nada por ninguna de nosotras? ¡ªpregunt¨® Xantle, cruzando los brazos. Biel trag¨® saliva. Sab¨ªa que una respuesta equivocada podr¨ªa sellar su destino. ¡ªEh... siento mucho por todas ustedes, pero¡­ ?en este momento mi ¨²nica prioridad es salvar el mundo! ¡ªdijo, tratando de sonar heroico. Charlotte chasque¨® la lengua. ¡ªTsk, qu¨¦ aburrido. Pero supongo que es la ¨²nica salida que tienes. Sarah suspir¨®. ¡ªBien, por ahora aceptaremos tu excusa. Raizel le mir¨® con una sonrisa juguetona. ¡ªPero en el futuro, no escapar¨¢s tan f¨¢cil, Biel. Biel sinti¨® que la vida regresaba a su cuerpo. ¡ª?S¨ª! ?GRACIAS! ?HURRA POR EL DESTINO Y LA RESPONSABILIDAD! Easton se recarg¨® en su bast¨®n y sonri¨®. ¡ªHonestamente, pens¨¦ que ibas a desmayarte de la presi¨®n. Ylfur asinti¨® con los brazos cruzados. ¡ªYo apost¨¦ que llorar¨ªa. Ryder se ri¨®. ¡ªCreo que todos ganamos al menos en entretenimiento. Los dioses miraron la escena con diversas reacciones. ¡ªBueno, al menos no termin¨® en una guerra amorosa... por ahora ¡ªdijo Nyxaris, encogi¨¦ndose de hombros. ¡ªQu¨¦ decepci¨®n... ¡ªsusurr¨® Thalgron, el Dios de la Guerra. ¡ª?NOOOO! ?Yo quer¨ªa ver caos hasta el final! ¡ªgrit¨® Veyrith. Chronasis cerr¨® su pergamino del destino y asinti¨®. ¡ªAl menos Biel sigue vivo. Por ahora. Finalmente, Solaryon habl¨®. ¡ªEst¨¢ decidido. Biel ha sobrevivido a la prueba m¨¢s dif¨ªcil de todas: las relaciones humanas. Ahora podemos dejarlo en paz. ¡ªPor ahora ¡ªsusurr¨® Xaltheron, el Dios del Vac¨ªo con una sonrisa. El cielo volvi¨® a su estado normal, las chicas se retiraron a seguir su viaje y Biel cay¨® de rodillas al suelo, suspirando con alivio. ¡ªGracias, dioses. Gracias, universo. Gracias, l¨®gica. Charlotte se inclin¨® sobre ¨¦l con una sonrisa. ¡ªPero Biel, hermanito¡­ en alg¨²n momento tendr¨¢s que decidir. Biel sinti¨® un escalofr¨ªo y se puso de pie de inmediato. ¡ª?VAMOS, AMIGOS! ?LA AVENTURA NOS ESPERA! Y as¨ª, con su dignidad intacta (o al menos la mitad), Biel y su grupo siguieron adelante. Mientras tanto, en el Umbral de los Dioses, los dioses anotaban apuestas sobre cu¨¢nto tiempo m¨¢s podr¨ªa evitar este dilema. El destino de Biel estaba sellado... pero por ahora, hab¨ªa ganado un respiro. Fin¡­ ?o no? Arco 3 - La Sombra de la Emperatriz Carmes铆 / Cap铆tulo 32: El Gremio de Aventureros Cinco meses hab¨ªan pasado desde el regreso de Biel. Durante ese tiempo, hab¨ªa entrenado, fortalecido sus habilidades y reflexionado sobre todo lo sucedido. Pero una inquietud persistente se alojaba en su pecho: necesitaba respuestas. Ahora, junto a su grupo, se encontraban en las afueras de una peque?a ciudad de aventureros cercana a Marciler. Biel hab¨ªa tomado una decisi¨®n clara: unirse a un gremio de aventureros. ¡ªEscuchen, amigos ¡ªdijo Biel, reuniendo a todos a su alrededor¡ª. Mi plan es ir a la ciudad de Lunarys, una peque?a ciudad de aventureros. Quiero convertirme en uno de ellos, hacer misiones, subir de rango y, al mismo tiempo, recopilar informaci¨®n sobre c¨®mo entrar a Marciler. Acalia cruz¨® los brazos, esbozando una media sonrisa. ¡ªVaya, suena como un plan interesante. Charlotte, emocionada, asinti¨® con energ¨ªa. ¡ªOh, esto me recuerda a esos animes en nuestro mundo donde el protagonista llegaba a otro mundo, se un¨ªa a un gremio y con el tiempo obten¨ªa un poder abrumador para derrotar al Rey Demonio. Pero en este caso ¡ªlo mir¨® con picard¨ªa¡ª, creo que t¨², hermanito, lo haces m¨¢s por diversi¨®n, ?verdad? Biel sinti¨® un leve rubor en las mejillas y desvi¨® la mirada. ¡ªBueno... en parte s¨ª. No voy a negar que la idea suena emocionante ¡ªse encogi¨® de hombros¡ª, pero tambi¨¦n quiero descubrir la verdad sobre por qu¨¦ nos enviaron a las Tierras Oscuras. El caballero oscuro Ylfur, siempre imperturbable, inclin¨® levemente la cabeza. ¡ªYo ir¨¦ donde vaya mi amo. Sarah, Xanthe y Raizel intercambiaron miradas y, casi al un¨ªsono, declararon: ¡ªNosotras tambi¨¦n iremos donde t¨² vayas. Ryder sonri¨® y dio un golpe amistoso en la espalda de Biel. ¡ªMe parece una gran idea. Adem¨¢s, si vamos a un gremio, podemos mejorar nuestras habilidades en combate y conseguir buenos contactos. Easton asinti¨® con aire pensativo. ¡ªY si encontramos aventureros que hayan viajado por Marciler, tal vez nos den pistas sobre sus sistemas de seguridad. Biel los observ¨® a todos y sinti¨® una calidez en su pecho. Tener un grupo tan unido le daba confianza para seguir adelante. Aun as¨ª, no pod¨ªa evitar cierta inquietud. ¡ªEntonces, estamos todos de acuerdo. Partiremos hacia Lunarys al amanecer. Charlotte se estir¨® con energ¨ªa. ¡ªEspero que el gremio tenga una taberna decente. Me vendr¨ªa bien una buena comida despu¨¦s de tanto viaje. ¡ªSi te interesa la comida, entonces no esperes convertirte en una aventurera de alto rango ¡ªbrome¨® Ryder. ¡ª?Oye! ¡ª exclam¨® Charlotte, fingiendo indignaci¨®n. El grupo solt¨® algunas risas, disfrutando el momento antes de la pr¨®xima etapa de su viaje. Biel mir¨® al horizonte y sinti¨® que, aunque el camino estaba lleno de incertidumbre, no hab¨ªa nada que temer mientras estuvieran juntos. Al d¨ªa siguiente, Biel y los dem¨¢s partieron hacia Lunarys, la ciudad de los aventureros. La emoci¨®n flotaba en el aire mientras caminaban por el sendero polvoriento que los llevar¨ªa a su nuevo destino. ¡ªBueno, amigos, es hora de una nueva aventura ¡ªdijo Biel con una sonrisa confiada mientras ajustaba su capa. ¡ª?Eso es lo que quer¨ªa escuchar! ¡ªexclam¨® Charlotte, elevando un pu?o al aire. Despu¨¦s de tres horas de viaje, finalmente llegaron a Lunarys. Desde la distancia, la ciudad se alzaba con majestuosas murallas de piedra que rodeaban todo su per¨ªmetro. Su arquitectura era robusta y pr¨¢ctica, pensada claramente para la defensa, pero aun as¨ª ten¨ªa un aire acogedor que invitaba a los viajeros y aventureros. Charlotte observ¨® la estructura con ojos brillantes. ¡ª?Vaya, es igual que en los animes! ¡ªdijo emocionada. Biel asinti¨®, tambi¨¦n impresionado. ¡ªEs verdad, se parece mucho. Aunque en persona impone mucho m¨¢s. Se acercaron lentamente a la gran puerta de la ciudad, donde un par de guardias vestidos con armaduras de cuero y metal revisaban a quienes entraban y sal¨ªan. Antes de dar un paso m¨¢s, Biel se gir¨® hacia su grupo y explic¨® el plan. ¡ªEscuchen, primero nos registraremos en el gremio de aventureros. Luego tomaremos una misi¨®n o varias, ya que necesitamos dinero para hospedarnos en una posada. Como somos muchos, tendremos que hacer una misi¨®n de rango C o B, as¨ª que espero que nos den placas de ese nivel. ¡ªTiene sentido ¡ªdijo Easton, asintiendo pensativo¡ª. Si nos dan rangos bajos, nos costar¨¢ m¨¢s conseguir buenas recompensas. ¡ªYo digo que nos dejen demostrar nuestras habilidades en una prueba ¡ªcoment¨® Ryder con una sonrisa desafiante¡ª. As¨ª nos aseguramos de empezar con buen pie. ¡ª?Eso suena divertido! ¡ªexclam¨® Raizel, frot¨¢ndose las manos con entusiasmo. Biel sonri¨® ante la determinaci¨®n de todos. ¡ªEntonces, manos a la obra. ?Vamos al gremio y empecemos nuestra vida como aventureros! El grupo atraves¨® las imponentes puertas de Lunarys, adentr¨¢ndose en la bulliciosa ciudad de los aventureros. Las calles estaban repletas de comerciantes, herreros y taberneros que ofrec¨ªan sus productos a los transe¨²ntes. Sin embargo, lo que m¨¢s llam¨® la atenci¨®n fue la reacci¨®n de los aventureros que, poco a poco, dejaron de lado sus actividades para fijar su mirada en el grupo reci¨¦n llegado. ¡ª?Vaya! ?Viste cu¨¢ntos son? ¡ªmurmur¨® un hombre con una gran cicatriz en la mejilla. ¡ªParecen experimentados... o al menos, bien equipados ¡ªcoment¨® otro mientras examinaba las armas y vestimentas del grupo. ¡ª?Las chicas est¨¢n hermosas! ¡ªsusurr¨® un joven de pelo enmara?ado, recibiendo un codazo de su compa?ero. ¡ªOye, pero ese chico del fragmento en el cuello... es bastante guapo, ?no? ¡ªdijo una aventurera de cabello corto, provocando risas y murmullos entre su grupo. Biel suspir¨®, ignorando los comentarios mientras segu¨ªa avanzando con el mismo aire de determinaci¨®n. Charlotte, sin embargo, no pudo evitar re¨ªrse y darle un codazo. ¡ªMira, hermanito, ya tienes club de fans. ¡ª?Cu¨¢ndo no? ¡ªcoment¨® Easton con una sonrisa burlona¡ª. Quiz¨¢s deber¨ªamos empezar a cobrar por aut¨®grafos. Biel rod¨® los ojos y sacudi¨® la cabeza. ¡ªMuy graciosos. Mejor enfoqu¨¦monos en encontrar el gremio. Se acercaron a un grupo de aventureros cerca de una taberna, y Biel pregunt¨® con cortes¨ªa: ¡ªDisculpen, ?podr¨ªan decirnos d¨®nde queda el gremio de aventureros? Uno de ellos, un hombre de barba espesa y voz ronca, les se?al¨® al fondo de la calle. ¡ªSigan derecho hasta el final, luego giren a la derecha. No tiene p¨¦rdida. Es el edificio m¨¢s grande con un cartel de espadas cruzadas y, usualmente, mucha gente borracha en la entrada. ¡ª?Perfecto! ?Ese es el tipo de direcci¨®n que necesitamos! ¡ªexclam¨® Ryder, entusiasmado. ¡ª?Por qu¨¦ siempre hay borrachos en la entrada de estos lugares? ¡ªpregunt¨® Xanthe, arqueando una ceja. ¡ªTradici¨®n de aventureros ¡ªrespondi¨® Raizel, encogi¨¦ndose de hombros¡ª. Beber despu¨¦s de una misi¨®n es tan importante como la misi¨®n misma. ¡ªSi tomarse diez cervezas y dormir en una zanja es una tradici¨®n, entonces estos tipos son verdaderos patriarcas ¡ªcoment¨® Charlotte con una carcajada. Biel sonri¨® y agradeci¨® la informaci¨®n antes de que el grupo reanudara su camino. Tras avanzar por la calle empedrada y girar en la direcci¨®n indicada, finalmente llegaron al gremio. Frente a ellos se alzaba un edificio imponente, con paredes de madera reforzada y un enorme letrero con espadas cruzadas. Desde el interior se escuchaban risas, gritos y el inconfundible sonido de jarras chocando. ¡ªBueno, amigos... bienvenidos al gremio de aventureros ¡ªdijo Biel con una sonrisa. ¡ª?Vamos a registrarnos antes de que alguien termine peleando sobre una mesa! ¡ªagreg¨® Ryder, adelant¨¢ndose con entusiasmo. El grupo se prepar¨® para entrar, sin saber que lo que les esperaba dentro iba a ser mucho m¨¢s ca¨®tico de lo que imaginaban. The narrative has been stolen; if detected on Amazon, report the infringement. El grupo atraves¨® las imponentes puertas de Lunarys, adentr¨¢ndose en la bulliciosa ciudad de los aventureros. Las calles estaban repletas de comerciantes, herreros y taberneros que ofrec¨ªan sus productos a los transe¨²ntes. Sin embargo, lo que m¨¢s llam¨® la atenci¨®n fue la reacci¨®n de los aventureros que, poco a poco, dejaron de lado sus actividades para fijar su mirada en el grupo reci¨¦n llegado. ¡ª?Vaya! ?Viste cu¨¢ntos son? ¡ªmurmur¨® un hombre con una gran cicatriz en la mejilla. ¡ªParecen experimentados... o al menos, bien equipados ¡ªcoment¨® otro mientras examinaba las armas y vestimentas del grupo. ¡ª?Las chicas est¨¢n hermosas! ¡ªsusurr¨® un joven de pelo enmara?ado, recibiendo un codazo de su compa?ero. ¡ªOye, pero ese chico del fragmento en el cuello... es bastante guapo, ?no? ¡ªdijo una aventurera de cabello corto, provocando risas y murmullos entre su grupo. Biel suspir¨®, ignorando los comentarios mientras segu¨ªa avanzando con el mismo aire de determinaci¨®n. Charlotte, sin embargo, no pudo evitar re¨ªrse y darle un codazo. ¡ªMira, hermanito, ya tienes club de fans. ¡ª?Cu¨¢ndo no? ¡ªcoment¨® Easton con una sonrisa burlona¡ª. Quiz¨¢s deber¨ªamos empezar a cobrar por aut¨®grafos. Biel rod¨® los ojos y sacudi¨® la cabeza. ¡ªMuy graciosos. Mejor enfoqu¨¦monos en encontrar el gremio. Se acercaron a un grupo de aventureros cerca de una taberna, y Biel pregunt¨® con cortes¨ªa: ¡ªDisculpen, ?podr¨ªan decirnos d¨®nde queda el gremio de aventureros? Uno de ellos, un hombre de barba espesa y voz ronca, les se?al¨® al fondo de la calle. ¡ªSigan derecho hasta el final, luego giren a la derecha. No tiene p¨¦rdida. Es el edificio m¨¢s grande con un cartel de espadas cruzadas y, usualmente, mucha gente borracha en la entrada. ¡ª?Perfecto! ?Ese es el tipo de direcci¨®n que necesitamos! ¡ªexclam¨® Ryder, entusiasmado. ¡ª?Por qu¨¦ siempre hay borrachos en la entrada de estos lugares? ¡ªpregunt¨® Xanthe, arqueando una ceja. ¡ªTradici¨®n de aventureros ¡ªrespondi¨® Raizel, encogi¨¦ndose de hombros¡ª. Beber despu¨¦s de una misi¨®n es tan importante como la misi¨®n misma. ¡ªSi tomarse diez cervezas y dormir en una zanja es una tradici¨®n, entonces estos tipos son verdaderos patriarcas ¡ªcoment¨® Charlotte con una carcajada. Biel sonri¨® y agradeci¨® la informaci¨®n antes de que el grupo reanudara su camino. Tras avanzar por la calle empedrada y girar en la direcci¨®n indicada, finalmente llegaron al gremio. Frente a ellos se alzaba un edificio imponente, con paredes de madera reforzada y un enorme letrero con espadas cruzadas. Desde el interior se escuchaban risas, gritos y el inconfundible sonido de jarras chocando. ¡ªBueno, amigos... bienvenidos al gremio de aventureros ¡ªdijo Biel con una sonrisa. ¡ª?Vamos a registrarnos antes de que alguien termine peleando sobre una mesa! ¡ªagreg¨® Ryder, adelant¨¢ndose con entusiasmo. El grupo se prepar¨® para entrar, sin saber que lo que les esperaba dentro iba a ser mucho m¨¢s ca¨®tico de lo que imaginaban. Al entrar en el gremio, el bullicio ces¨® por un instante. Todos los aventureros giraron la cabeza para observar al nuevo grupo que acababa de cruzar la puerta. Murmullos y susurros llenaron el ambiente. ¡ªMiren a esos novatos ¡ªsolt¨® un hombre musculoso con una cicatriz en la mejilla¡ª. ?Cu¨¢nto durar¨¢n antes de salir huyendo? ¡ªParece un grupo numeroso... pero ?ser¨¢n fuertes o solo un mont¨®n de bocones? ¡ªa?adi¨® otro mientras se apoyaba en la barra. ¡ªOye, ?y esas chicas? No suelen venir aventureras tan guapas por aqu¨ª ¡ªcoment¨® uno con una sonrisa p¨ªcara, gan¨¢ndose un codazo de su compa?era. ¡ªEse tipo que lleva el fragmento en el cuello... hay algo raro en ¨¦l ¡ªsusurr¨® un enano de barba blanca, observando a Biel con curiosidad. Justo cuando la tensi¨®n parec¨ªa aumentar, una voz grave pero tranquila reson¨® en la sala. ¡ªDejen tranquilos a los nuevos. Un aventurero alto y de porte imponente, con una gran capa y una espada a su espalda, se levant¨® de su asiento. Su presencia impon¨ªa respeto en el gremio. Todos callaron al instante. Biel lo mir¨® con atenci¨®n. El hombre sonri¨® levemente y dijo: ¡ªVaya, traes un gran n¨²mero de compa?eros. Parece que no tendr¨¢s problemas en aceptar misiones dif¨ªciles. ¡ªGracias ¡ªrespondi¨® Biel con un asentimiento. ¡ªNo es nada. El aventurero se acerc¨® un poco m¨¢s y pregunt¨® con naturalidad: ¡ª?C¨®mo te llamas? ¡ªMe llamo Biel Beltr¨¢n ¡ªrespondi¨® Biel sin pensarlo mucho. De inmediato, el aventurero arque¨® una ceja con sorpresa. ¡ª?Beltr¨¢n? ?Acaso eres un noble? Biel parpade¨®, intrigado. ¡ªNo, ?por qu¨¦ lo preguntas? El aventurero cruz¨® los brazos y explic¨®: ¡ªEn este mundo, solo los nobles o ciudadanos de alto rango tienen un segundo nombre. Es decir, solo condes, reyes y figuras de gran importancia lo poseen. Aqu¨ª nadie m¨¢s lleva un apellido. Biel se qued¨® en silencio, procesando la informaci¨®n. No ten¨ªa idea de esa regla en este mundo. Si eso era cierto, entonces su nombre levantaba sospechas innecesarias. ¡ªNo sab¨ªa que solo los nobles pod¨ªan tener otro nombre ¡ªadmiti¨® Biel. El aventurero lo observ¨® con ojos afilados. ¡ªPero dices que no eres noble... entonces, ?por qu¨¦ tienes otro nombre? El silencio se hizo pesado. Biel sab¨ªa que no pod¨ªa decir la verdad sobre su origen. Solo Charlotte y Raizel conoc¨ªan su secreto. Mientras Biel intentaba pensar en una respuesta, Raizel intervino con una sonrisa confiada. ¡ªBiel tiene otro nombre gracias a que ayud¨® a la reina Yael. El gremio entero reaccion¨® con asombro. ¡ª?La reina Yael? ?La reina de los esp¨ªritus? ¡ªexclam¨® un aventurero. ¡ªPero ten¨ªa entendido que ella odiaba a los humanos... ?C¨®mo es posible que le diera un nombre? ¡ªagreg¨® otro, con el ce?o fruncido. Biel tom¨® aire y decidi¨® contar parte de la verdad. ¡ªEn realidad... mor¨ª y despert¨¦ en el plano espiritual. All¨ª le ped¨ª a la reina Yael que me permitiera volver a la vida. Ella acept¨® y me otorg¨® este nombre. El aventurero que hab¨ªa hablado primero lo mir¨® fijamente, luego sonri¨® con diversi¨®n. ¡ªVaya, as¨ª que ya has muerto. ¡ªAs¨ª es ¡ªafirm¨® Biel con firmeza. El aventurero asinti¨® y luego entrecerr¨® los ojos. Un leve resplandor azul apareci¨® en su iris. ¡ªPuedo ver la verdad a trav¨¦s de este ojo m¨¢gico. Mi habilidad ¨²nica es "Ojo M¨¢gico", y con ¨¦l puedo ver la esencia de las personas. Hubo un silencio tenso. Luego, el aventurero relaj¨® los hombros y sonri¨®. ¡ªBien, te creo. Hablaremos con m¨¢s calma despu¨¦s. Por cierto, mi nombre es Gaudel. ¡ªEntonces hablaremos luego, Gaudel ¡ªdijo Biel, asintiendo. El ambiente en el gremio hab¨ªa cambiado. Si antes los aventureros los miraban con curiosidad, ahora hab¨ªa un respeto latente en el aire. Biel y su grupo avanzaron hacia el mostrador, donde los recib¨ªa una joven de belleza cautivadora. Su cabello dorado brillaba con la luz de las l¨¢mparas y sus ojos celestes reflejaban una calidez inusual para un lugar tan concurrido. ¡ª?Saludos! Mi nombre es Aurora, es un placer atenderlos ¡ªdijo con una sonrisa amable. Biel inclin¨® levemente la cabeza en se?al de respeto. ¡ªVenimos a registrarnos. ¡ª?Excelente! Entonces tomen estos formularios y coloquen sus datos ¡ªrespondi¨® Aurora, entregando varias hojas. El documento conten¨ªa apartados como nombre, edad, raza y otros datos personales. Biel observ¨® una secci¨®n que dec¨ªa ¡°Habilidades¡± y levant¨® la vista con curiosidad. ¡ªDisculpa, ?debemos escribir nuestras habilidades aqu¨ª? Aurora neg¨® con la cabeza con dulzura. ¡ªNo es necesario. Las habilidades se registrar¨¢n autom¨¢ticamente cuando toquen esta esfera m¨¢gica ¡ªexplic¨®, se?alando una esfera de cristal sobre el mostrador. ¡ªEntendido ¡ªasinti¨® Biel¡ª. Entonces llenaremos los documentos primero. ¡ªT¨®mense su tiempo ¡ªdijo Aurora¡ª, cuando terminen, vengan conmigo. El grupo tom¨® asiento en una de las mesas y comenz¨® a completar la informaci¨®n. ¡ªParece que debemos escribir nuestra raza ¡ªmurmur¨® Biel, repasando la hoja. ¡ª?Las distintas razas tienen libertad en el mundo humano? ¡ªpregunt¨® con curiosidad. Xantle asinti¨® con confianza. ¡ªS¨ª, todas las razas pueden convivir en paz. No hay restricciones. ¡ªBueno, entonces coloquen lo que corresponda ¡ªdijo Biel. Los formularios quedaron de la siguiente manera: Biel ¨C Humano, 17 a?os. Charlotte ¨C Humano, 16 a?os. Xantle ¨C Humano, 17 a?os. Easton ¨C Humano, 18 a?os. Acalia ¨C Humano, 17 a?os. Ylfur ¨C Demonio, 367 a?os. Raizel ¨C ¨¢ngel, 1117 a?os. Ryder ¨C Semi esp¨ªritu (ascendencia de esp¨ªritu y elfo), 2342 a?os. Cuando Biel vio las edades de algunos de sus compa?eros, se qued¨® boquiabierto. ¡ª??Ylfur tienes 367 a?os?! ??Y t¨², Ryder, 2342 a?os?! Raizel sonri¨® con serenidad. ¡ªLa vida humana es corta comparada con otras razas. Aunque tengamos muchos a?os, en realidad somos j¨®venes. ¡ªAs¨ª es ¡ªafirm¨® Ylfur¡ª. Nuestras edades no se pueden comparar con las humanas. Biel suspir¨® y se frot¨® la cabeza. ¡ªBueno, esto me hace sentir a¨²n m¨¢s joven. Despu¨¦s de completar sus formularios, los entregaron a Aurora, quien los revis¨® r¨¢pidamente. ¡ªTodo en orden. Ahora cada uno debe tocar la esfera. Esto registrar¨¢ sus habilidades y determinar¨¢ su rango inicial. ¡ª?Rango? ¡ªpregunt¨® Charlotte, inclinando la cabeza. ¡ªS¨ª. En este gremio existen diez rangos: G, F, E, D, C, B, A, S, SS y AA. Los rangos m¨¢s altos, A, S, SS y AA, solo pueden determinarse despu¨¦s de completar varias misiones. La esfera solo podr¨¢ asignar hasta el rango B por ahora. ¡ªYa veo¡­ ¡ªmurmur¨® Biel¡ª. Oye, ?y Gaudel? ?Qu¨¦ rango tiene? Aurora sonri¨® con orgullo. ¡ª¨¦l es rango S. Biel cruz¨® los brazos y asinti¨®. ¡ªCon que rango S¡­ Bueno, entonces, ?comencemos! Uno a uno, los miembros del grupo fueron tocando la esfera y viendo c¨®mo sus habilidades aparec¨ªan con un destello brillante. Todo iba bien, hasta que lleg¨® el turno de Biel, quien, como de costumbre, parec¨ªa atraer los momentos m¨¢s extra?os. ¡ª?Vamos, Biel! No hagas que la esfera explote ¡ªbrome¨® Charlotte, d¨¢ndole un codazo. Biel suspir¨® y puso su mano sobre la esfera. Nada ocurri¨®. ¡ªDebe haber un error ¡ªmurmur¨® la recepcionista, frunciendo el ce?o¡ª. Prueba de nuevo. Biel repiti¨® el proceso, y esta vez algo apareci¨® en la esfera. Pero no era cualquier cosa. ¡ª"Rey Demonio"... ¡ªley¨® en voz alta la recepcionista con incredulidad. El silencio en la sala fue sepulcral. Un aventurero dej¨® caer su jarra de cerveza, otro escupi¨® el trago que acababa de tomar y un tercero se atragant¨® con su comida. ¡ª??Rey Demonio!? ¡ªexclam¨® alguien en la multitud. ¡ªDebe ser un error, ?no? ¡ªsusurr¨® otro. ¡ªSeguro la esfera ya estaba fallando¡­ Justo en ese instante, la esfera se rompi¨® en mil pedazos. ¡ª?Ahora s¨ª que est¨¢ fallando! ¡ªgrit¨® uno de los aventureros, mientras varios retroced¨ªan lentamente. Biel sudaba fr¨ªo. ¡°Y ahora qu¨¦ hago¡­¡±, pens¨®. ¡ªOculta la habilidad de Rey Demonio ¡ªreson¨® la voz de Monsfil en su mente. ¡ª??Eso se puede hacer!? ¡ªrespondi¨® mentalmente Biel. ¡ªPor supuesto, solo usa un hechizo de ocultar habilidades. ¡ª?No s¨¦ c¨®mo hacer eso! ¡ªEntonces crea uno. Tienes man¨¢ de sobra con las habilidades del Rey Demonio. ¡ª?Man¨¢? ?Yo tengo man¨¢? ¡ªNo me digas que no lo sab¨ªas¡­ ¡ªdijo Monsfil con un suspiro cansado. ¡ª?Por supuesto que no lo sab¨ªa! ¡ªEl man¨¢ es la energ¨ªa que usas cuando tomas tus formas de Rey Demonio. No puedo creer que no te hayas dado cuenta hasta ahora¡­ ¡ªMira, Monsfil, ?nadie me dio un tutorial cuando me convert¨ª en esto! ¡ªrefunfu?¨® Biel. ¡ª?Basta de quejas! Solo imagina que ocultas tu habilidad y listo. ¡ª?As¨ª de f¨¢cil? ¡ªS¨ª. Usa la cabeza, hijo. Biel cerr¨® los ojos, respir¨® hondo e imagin¨® c¨®mo ocultaba la habilidad. En segundos, sinti¨® un leve calor recorriendo su cuerpo. Justo en ese momento, la recepcionista apareci¨® con una nueva esfera. ¡ª?Ahora s¨ª, esta no fallar¨¢! Biel trag¨® saliva y volvi¨® a tocarla. Esta vez, nada sospechoso apareci¨®. Respir¨® aliviado mientras la recepcionista asent¨ªa satisfecha. ¡ªMuy bien, ahora esperemos que se registren todas sus habilidades y rangos en la hoja¡­ Los papeles comenzaron a llenarse autom¨¢ticamente con letras brillantes. La recepcionista comenz¨® a leer los resultados: ¡ªAcalia, rango B. Xantle, rango C. Easton, rango D. Ylfur, rango B. Sarah, rango C. Raizel, rango B. Ryder, rango D. Charlotte, rango C.¡­ y, por ¨²ltimo, Biel con rango¡­ Hubo una pausa. ¡ª?Qu¨¦...? ¡ªla recepcionista frunci¨® el ce?o y acerc¨® la hoja a su cara¡ª. ??QU¨¦EEE?! ??Rango Z?! El gremio entero qued¨® en shock. ¡ª??RANGO Z?! ¡ªexclam¨® Charlotte¡ª. ?Ni siquiera sab¨ªa que exist¨ªa ese rango! ¡ªYo tampoco... ¡ªadmiti¨® la recepcionista, revisando fren¨¦ticamente sus registros¡ª. Esto no tiene sentido. El sistema de rangos llega hasta AA, ??de d¨®nde sali¨® Z?! ¡ª?Debe ser un error! ¡ªdijo un aventurero entre risas¡ª. ¡ª?O una maldici¨®n! ¡ªsusurr¨® otro, alej¨¢ndose de Biel como si tuviera peste. ¡ªO tal vez¡­ ?es un rango m¨¢s all¨¢ de lo imaginable! ¡ªdijo Ryder dram¨¢ticamente, con una pose heroica. Biel puso ambas manos en la cabeza. ¡ª??Pero qu¨¦ significa rango Z?! ??Es bueno, es malo, es... un bug en el sistema?! ¡ªSignifica que eres especial ¡ªbrome¨® Easton, d¨¢ndole una palmada en la espalda¡ª. O un glitch viviente, una de dos. Charlotte se acerc¨® y le susurr¨®: ¡ªPodemos vender camisetas con ¡°Rango Z¡± y hacer una fortuna¡­ ¡ª?No me ayudes, Charlotte! ¡ªse quej¨® Biel. Mientras la recepcionista intentaba entender qu¨¦ demonios estaba pasando, Biel solo ten¨ªa un pensamiento en su mente: ¡°?Por qu¨¦ siempre me pasan estas cosas?¡± Cap铆tulo 33: El Rango Z En el mundo de los aventureros, los rangos han sido un sistema sagrado e inmutable durante siglos. Desde el humilde rango F hasta el legendario rango AA, cada nivel representaba la fuerza, la experiencia y la destreza de un aventurero. Sin embargo, hoy, ese orden estaba a punto de colapsar. "El rango m¨¢s alto registrado en la historia ha sido el rango S... pero... esto... esto desaf¨ªa toda l¨®gica... ?Un rango superior al rango AA!" Los aventureros dentro del gremio observaban en un silencio sepulcral el pergamino que la recepcionista sosten¨ªa con manos temblorosas. En letras doradas, brillaba la designaci¨®n imposible: Rango Z. Biel, quien hasta ahora hab¨ªa permanecido en relativa calma, sinti¨® que su cerebro entraba en cortocircuito. ¡ªDisculpa, ?puedes repetir eso? ¡ªdijo Biel, con una sonrisa nerviosa, esperando haber escuchado mal. La recepcionista, una joven de cabellos casta?os atados en una coleta y una expresi¨®n de absoluto p¨¢nico, trag¨® saliva antes de hablar. ¡ªS-seg¨²n este documento oficial... t-tu rango es Z... Una gota de sudor rod¨® por la sien de Biel mientras un murmullo generalizado se apoderaba del gremio. ¡ªRango Z... ¡ª?Eso no existe! ¡ª?Ser¨¢ un error del sistema? ¡ªDebe ser un t¨ªtulo especial para idiotas sin remedio... ¡ªOye, no exageren ¡ªprotest¨® Biel, sinti¨¦ndose cada vez m¨¢s rodeado. De pronto, Charlotte, su hermana, le dio un codazo juguet¨®n con una sonrisa traviesa. ¡ªHermanito, parece que eres especial en este mundo. Biel puso una expresi¨®n agria, frunciendo el ce?o. ¡ªHermana, esto no es algo bueno. ?Esto solo me traer¨¢ problemas! ¡ªexclam¨® mientras se rascaba la cabeza¡ª. Adem¨¢s, ?este rango ni siquiera deber¨ªa existir! La recepcionista, intentando recuperar la compostura, alz¨® la voz sobre el murmullo. ¡ªBiel, por favor, acomp¨¢?ame a ver al jefe del gremio. Esto es algo que debe aclararse de inmediato. Biel suspir¨® profundamente. ¡ªSupongo que no tengo otra opci¨®n... Antes de que pudiera moverse, un aventurero musculoso de apariencia ruda se acerc¨® con los brazos cruzados y una ceja arqueada. ¡ª?Oye, ni?ato! ?C¨®mo demonios conseguiste un rango que ni siquiera existe? ¡ªEso mismo quiero saber ¡ªrespondi¨® Biel con una sonrisa nerviosa¡ª. Si tienes teor¨ªas, ser¨¦ el primero en escucharlas. El musculoso lo mir¨® fijamente por un momento y luego solt¨® una carcajada. ¡ªJajaja, me caes bien, chico. Pero si resulta que eres m¨¢s fuerte que un rango S, ?m¨¢s te vale demostrarlo! Charlotte se llev¨® una mano al rostro. ¡ªDioses, esto se est¨¢ saliendo de control... Biel se masaje¨® las sienes. Lo ¨²ltimo que quer¨ªa era pelear con alguien antes siquiera de entender qu¨¦ estaba ocurriendo. ¡ªBueno, si me disculpan, ir¨¦ a ver al jefe del gremio antes de que alguien sugiera que soy el hijo secreto de un dios o algo por el estilo. Charlotte le sigui¨® mientras la recepcionista guiaba el camino. Los aventureros continuaron murmurando y lanzando miradas de incredulidad, algunos con admiraci¨®n y otros con escepticismo. ¡ªSi resulta que mi rango significa "Rango de Rey de los Problemas", me voy a decepcionar bastante... ¡ªsusurr¨® Biel para s¨ª mismo. Charlotte solt¨® una risita. ¡ªBueno, hermanito, si resulta que puedes destruir monta?as con un solo estornudo, yo te apoyar¨¦ en todo. ¡ªNo bromees con eso ¡ªse quej¨® Biel¡ª. Ya veo venir un destino de locuras por culpa de esto... Y con eso, continuaron su camino hacia la oficina del jefe del gremio, sin saber que lo que descubrir¨ªan all¨ª ser¨ªa a¨²n m¨¢s inesperado. En la silenciosa oficina del gremio, la tensi¨®n era palpable. Biel se encontraba de pie frente a un escritorio imponente, donde un hombre de apariencia recia lo observaba con una mezcla de asombro y curiosidad. A su lado, la recepcionista a¨²n sujetaba los documentos con una expresi¨®n de incredulidad. El jefe del gremio fue el primero en romper el silencio. ¡ªMe presento. Mi nombre es Niccol¨° y soy el jefe del gremio ¡ªdijo con una voz profunda¡ª. ?Me puedes explicar esto? ?Un nuevo rango! ?C¨®mo es posible que exista algo as¨ª? ?Y peor a¨²n, que sea t¨² quien lo tenga! ?Qui¨¦n eres realmente? Biel suspir¨®, sab¨ªa que esta conversaci¨®n ser¨ªa complicada. ¡ªMi nombre es Biel... y vengo de otro mundo. Niccol¨° y la recepcionista se quedaron boquiabiertos. ¡ª?C¨®mo que de otro mundo! ¡ªexclam¨® la recepcionista. ¡ªAs¨ª es ¡ªafirm¨® Biel¡ª. Toqu¨¦ un fragmento misterioso y fui transportado aqu¨ª. De alguna forma, me otorg¨® habilidades y he llegado hasta este punto gracias a ellas. Niccol¨° se reclin¨® en su silla, frot¨¢ndose el ment¨®n. ¡ªVaya, qu¨¦ historia brutal... ¡ªmurmur¨®, con un brillo de inter¨¦s en sus ojos¡ª. Dime, ?es verdad que ya has muerto antes? Biel asinti¨®. ¡ªAs¨ª es. Mor¨ª en las Tierras Oscuras, pero resucit¨¦ gracias a la Reina de los Esp¨ªritus. Niccol¨° solt¨® un silbido de asombro. ¡ªComprendo... Entonces, adem¨¢s de ser un aventurero de rango desconocido, tambi¨¦n posees el poder de un Rey Demonio. ¡ªS¨ª ¡ªconfirm¨® Biel¡ª. Su nombre es Monsfil. Niccol¨° se enderez¨® de golpe, sus ojos brillando con una mezcla de sorpresa y entusiasmo. ¡ª??Acaso dijiste Monsfil?! ?El Rey Demonio de la Destrucci¨®n Eterna! ?Esto es incre¨ªble! Biel arque¨® una ceja. ¡ª?Te emociona? Niccol¨° se ri¨®, golpeando su escritorio con entusiasmo. ¡ª?Por supuesto! Siempre he sido un fan de ¨¦l. Las historias que se cuentan sobre Monsfil son fascinantes. Un ser poderoso, temido y admirado por igual... Biel cruz¨® los brazos. ¡ªYa veo... La recepcionista carraspe¨®, trayendo a Niccol¨° de vuelta a la realidad. ¡ª?Y qu¨¦ haremos con este nuevo rango? ¡ªpregunt¨® ella¡ª. Si lo hacemos p¨²blico, la ciudad de Marciler o, peor, el Reino de Zarzate se enterar¨¢n. Y vendr¨¢n a buscar a Biel. El entusiasmo de Niccol¨° desapareci¨® de inmediato, su expresi¨®n se torn¨® seria. ¡ªTienes raz¨®n. Si el reino lo supiera, podr¨ªa ser una ventaja. Pero si Marciler se entera... Biel levant¨® una ceja. ¡ª?Por qu¨¦ no ser¨ªa bueno? Niccol¨° suspir¨®, recarg¨¢ndose en su silla. ¡ªEsa ciudad es gobernada por una mujer llamada Domia. Se rumorea que no es lo que aparenta. Biel se puso tenso. ¡ª?Espera un momento! ?Domia? ?Ella es la emperatriz! Niccol¨° lo mir¨® con sorpresa. ¡ªAs¨ª es... ?Acaso la conoces? Biel apret¨® los pu?os. ¡ªS¨ª. Fue ella quien me envi¨® a las Tierras Oscuras. La recepcionista ahog¨® un jadeo. Niccol¨° frunci¨® el ce?o. ¡ªEntonces, eso significa que ya sabe de tu existencia. Help support creative writers by finding and reading their stories on the original site. Biel asinti¨® con gravedad. ¡ªS¨ª. Y si sabe que sigo con vida, seguro que intentar¨¢ terminar lo que empez¨®. Niccol¨° golpe¨® la mesa, pensativo. ¡ªEsto es un problema... Adem¨¢s, en esa ciudad, la mayor parte de los nobles son arrogantes y corruptos. Si Domia se entera de tu poder, podr¨ªa intentar manipularte o, peor a¨²n, eliminarte de una vez por todas. Biel suspir¨®. ¡ªParece que no tengo un minuto de paz en este mundo... Niccol¨° sonri¨® con pesar. ¡ªBienvenido a la vida de los aventureros legendarios, chico. Biel se pas¨® una mano por el cabello. ¡ª?Alguna idea de qu¨¦ hacer con este rango, entonces? Niccol¨° entrecerr¨® los ojos y cruz¨® los brazos, pensativo. ¡ªPor ahora, lo mejor ser¨¢ mantenerlo en secreto hasta que sepamos c¨®mo manejarlo. Si lo revelamos antes de tiempo, las consecuencias podr¨ªan ser desastrosas. Biel asinti¨®, aunque no le agradaba la idea de ocultar algo tan grande. ¡ªSupongo que es lo mejor... Niccol¨° le dirigi¨® una mirada seria. ¡ªEscucha, Biel. Si Domia ya te quiso muerto una vez, lo intentar¨¢ de nuevo. Pero ahora no est¨¢s solo. Nosotros tambi¨¦n nos aseguraremos de que no pueda tocarte. Biel se sorprendi¨® ante la determinaci¨®n del jefe del gremio. Por primera vez en mucho tiempo, sinti¨® que no tendr¨ªa que cargar con todo solo. ¡ªGracias, Niccol¨°. Lo aprecio. El jefe del gremio sonri¨®. ¡ªNo hay de qu¨¦. Ahora, ve y descansa. Esto apenas empieza. Biel asinti¨®. Sab¨ªa que los d¨ªas por venir ser¨ªan m¨¢s complicados que nunca, pero al menos ahora ten¨ªa aliados. Niccol¨° mir¨® a Biel con seriedad antes de hablar. ¡ªPara aclarar las cosas y evitar problemas innecesarios, te designar¨¦ un rango C. As¨ª no llamar¨¢s tanto la atenci¨®n. Si Domia se entera de tu verdadero rango, tendr¨¢s muchos problemas. Biel asinti¨® con resignaci¨®n. ¡ªTiene sentido... ?Pero vaya! No es justo que me bajen de Rango Z a C. ?Eso es un baj¨®n brutal! Niccol¨° sonri¨® levemente y coloc¨® su mano sobre la hoja de datos de Biel. Con un destello de luz azul, su habilidad ¨²nica "Modificaci¨®n" entr¨® en acci¨®n. La informaci¨®n en la hoja comenz¨® a cambiar ante los ojos de Biel, reemplazando la designaci¨®n "Rango Z" con "Rango C". Biel chasc¨® la lengua, cruzando los brazos. ¡ªYa veo... Con que puedes modificar todo, ?eh? Niccol¨° asinti¨® con una expresi¨®n de orgullo. ¡ªAs¨ª es. No es algo que pueda usar a la ligera, pero en este caso es necesario. No queremos que los rumores se expandan m¨¢s de lo que ya lo han hecho. Terminado el ajuste, ambos salieron de la reuni¨®n y volvieron al gremio, donde todos los aventureros los esperaban con expectaci¨®n. Niccol¨° levant¨® la voz para dirigirse a la multitud. ¡ªTengo un tema que aclarar. A este joven le apareci¨® un rango que jam¨¢s hab¨ªamos visto, pero tras verificarlo, hemos determinado que fue un error de la esfera de evaluaci¨®n. En realidad, su rango es C. De inmediato, el gremio estall¨® en murmullos y comentarios entre los aventureros. ¡ª?Lo sab¨ªa! Esa esfera estaba fallando. ¡ªPff, y yo que pens¨¦ que ten¨ªamos a un monstruo entre nosotros. ¡ªJaja, resulta que solo es uno m¨¢s como nosotros. Entre todos los presentes, una voz destac¨® sobre las dem¨¢s. ¡ª?Como rango C mi amo debe tener el rango m¨¢s alto! ¡ªprotest¨® Ylfur, indignado. Biel puso una mano sobre el casco del caballero oscuro y lo empuj¨® suavemente. ¡ªTranquilo, Ylfur. Por ahora, es mejor as¨ª. M¨¢s adelante les explicar¨¦ todo. Niccol¨° mir¨® a Biel con una ceja levantada. ¡ªEspero que cuando llegue ese "m¨¢s adelante", no estemos todos en problemas. Biel sonri¨® con una expresi¨®n divertida. ¡ªEso no lo puedo garantizar... Los aventureros siguieron con sus murmuros, algunos aceptando la explicaci¨®n, otros mostrando escepticismo. Sin embargo, lo importante era que, por ahora, el peligro de ser descubierto por Domia hab¨ªa sido contenido... o al menos, eso pensaban. Tras lo sucedido en el gremio, Biel y los dem¨¢s salieron del edificio mientras el murmullo de los aventureros a¨²n resonaba a sus espaldas. ¡ªBueno, lo primero que necesitamos es encontrar una posada ¡ªdijo Biel, estir¨¢ndose. Xanthe y los dem¨¢s se detuvieron en seco y se miraron entre ellos, sorprendidos. ¡ªPero... ?tenemos suficiente dinero para eso? ¡ªpregunt¨® Acalia, con una ceja arqueada. Biel parpade¨®. ¡ªOh... Charlotte suspir¨® y cruz¨® los brazos. ¡ª?No pensaste en eso antes de proponer la idea? ¡ªEjem... detalles, detalles ¡ªrespondi¨® Biel con una risa nerviosa¡ª. De acuerdo, nueva pregunta: ?ahora qu¨¦ hacemos! Justo en ese momento, un resplandor azulado ilumin¨® el aire frente a ellos. De la nada, apareci¨® una figura et¨¦rea, un hombre vestido con ropajes ceremoniales flotando ligeramente sobre el suelo. Todos se pusieron en guardia, pero la figura levant¨® una mano con calma. ¡ªNo teman, vengo en son de paz ¡ªdijo con voz serena¡ª. Soy un gu¨ªa del Plano Espiritual y traigo un regalo para usted, Se?or Biel. Biel parpade¨®, procesando lo que acababa de escuchar. ¡ª?Plano Espiritual? ?Espera, espera, espera! ?La Reina de los Esp¨ªritus me envi¨® algo? El gu¨ªa asinti¨® solemnemente. ¡ªAs¨ª es, y tambi¨¦n me pidi¨® que le transmitiera este mensaje: "Biel, gracias por todo lo que hiciste por m¨ª. Te recompenso con un poco de dinero para que puedas acomodarte en la ciudad en la que est¨¢s ahora. T¨®malo como un regalo." Ese fue su mensaje, mi se?or. Charlotte silb¨® con impresi¨®n y le dio un codazo juguet¨®n a su hermano. ¡ªVaya, hermanito, parece que tienes una admiradora en el otro mundo. Biel se cruz¨® de brazos, fingiendo una expresi¨®n seria. ¡ªObvio, mi carisma trasciende dimensiones. Acalia rod¨® los ojos. ¡ªNo exageres. Pero al menos esto soluciona nuestro problema inmediato. Xanthe aplaudi¨® con entusiasmo. ¡ª?Bien, eso significa que podemos dormir en camas y no bajo un puente! Easton solt¨® una risa. ¡ªNunca hab¨ªa considerado dormir bajo un puente, pero es bueno saber que ahora no es necesario. El gu¨ªa del Plano Espiritual sonri¨® levemente. ¡ªEntonces, ?acepta el regalo, Se?or Biel? Biel asinti¨® con una sonrisa. ¡ªPor supuesto. Por favor, env¨ªale mis saludos a la Reina de los Esp¨ªritus y dile que agradezco mucho su consideraci¨®n. El gu¨ªa inclin¨® la cabeza. ¡ªAs¨ª lo har¨¦. Dicho esto, su cuerpo comenz¨® a desvanecerse en un v¨ªvido destello azul hasta desaparecer por completo. Charlotte mir¨® la bolsa de dinero que hab¨ªa dejado. ¡ª?Cu¨¢nto habr¨¢ aqu¨ª? ?Nos alcanza para la posada o tenemos que vender a Biel en el mercado negro? Biel puso una expresi¨®n horrorizada. ¡ª?Oye, ni lo pienses! Acalia tom¨® la bolsa y la examin¨®. ¡ªParece suficiente para quedarnos varios d¨ªas... sin necesidad de vender a nadie. Biel suspir¨®, aliviado. ¡ªGracias por no considerar la trata de personas como opci¨®n viable. Charlotte sonri¨® con inocencia. ¡ªNo te preocupes, hermanito. S¨®lo te vender¨ªa a un buen precio. Xanthe y Easton rieron, mientras Biel se llevaba una mano al rostro. ¡ª...Voy a fingir que no escuch¨¦ eso. ?Ahora, vamos a la posada antes de que terminen vendi¨¦ndome de verdad! El grupo ri¨® y sigui¨® caminando hacia la ciudad, listos para disfrutar de una noche de descanso en una c¨®moda posada, cortes¨ªa de la Reina de los Esp¨ªritus. El grupo lleg¨® a la posada con el entusiasmo de un viajero sediento que encuentra un oasis en el desierto. La taberna en la planta baja rebosaba de vida: aventureros brindando, bardos tocando melod¨ªas animadas y un aroma a comida caliente que hac¨ªa rugir el est¨®mago de Biel. ¡ª?Por fin! ?Una cama de verdad! ¡ªexclam¨® Xanthe, girando sobre s¨ª misma con los brazos abiertos. ¡ªNo cantemos victoria todav¨ªa ¡ªdijo Acalia con cautela¡ª. Primero hay que asegurarnos de que esta posada no sea un nido de bandidos. Biel se acerc¨® al mostrador con una sonrisa confiada. ¡ªDisculpe, queremos habitaciones para la noche. Algo c¨®modo, con vista bonita y sin riesgo de ser asaltados mientras dormimos, si es posible. El posadero, un hombre robusto con un bigote digno de un noble, lo mir¨® de arriba abajo. ¡ªTengo habitaciones. Pero tambi¨¦n tengo preguntas. ?Por qu¨¦ tienes a un caballero oscuro sigui¨¦ndote como un cachorro leal? ¡ªpregunt¨®, se?alando a Ylfur. Ylfur, con su armadura imponente y su aura de muerte segura, inclin¨® la cabeza. ¡ªMi amo es digno de respeto y protecci¨®n. El posadero lo observ¨® en silencio, luego se encogi¨® de hombros. ¡ªBueno, mientras paguen y no me traigan problemas, no me importa si traen un drag¨®n de mascota. Son diez monedas de plata por dos habitaciones. Biel entreg¨® el dinero sin quejarse. ¡ªBueno, al menos no tuvimos que venderme en el mercado negro. Charlotte chasque¨® los dedos. ¡ªL¨¢stima, ya ten¨ªa compradores interesados. Biel puso los ojos en blanco mientras recog¨ªa las llaves de las habitaciones. Subieron las escaleras y entraron en sus cuartos. Las habitaciones eran modestas pero acogedoras. Xanthe salt¨® sobre la cama con energ¨ªa. ¡ª?Oh, esto es gloria! ¡ªEspero que no ronques ¡ªcoment¨® Easton, acomod¨¢ndose en una silla. Acalia se cruz¨® de brazos. ¡ªDeber¨ªamos turnarnos para hacer guardia. Biel suspir¨®. ¡ªAcalia, estamos en una posada. Nadie nos va a atacar aqu¨ª. ¡ªDijiste lo mismo en la ¨²ltima ciudad y terminamos escapando de un culto de invocadores ¡ªse?al¨® Acalia. Biel levant¨® un dedo, dispuesto a discutir, pero se detuvo. ¡ªOk, buen punto. Finalmente, se establecieron los turnos de guardia y todos se dispusieron a descansar. Pero justo cuando Biel cerr¨® los ojos, escuch¨® un murmullo. ¡ªBiel... despierta... Abri¨® un ojo lentamente y vio a Charlotte con una sonrisa traviesa. ¡ª?Qu¨¦ quieres ahora? ¡ªNada, solo recordarte que en caso de emergencia, t¨² ser¨¢s la distracci¨®n mientras nosotros escapamos. ¡ª?Eso no me tranquiliza para nada! Y as¨ª termin¨® su primera noche en la ciudad: con una habitaci¨®n c¨®moda, una hermana sospechosa y la preocupante sensaci¨®n de que la paz no durar¨ªa mucho. El sol apenas comenzaba a asomarse cuando Biel sinti¨® un peso sobre su pecho. Algo lo estaba aplastando. Con un gru?ido adormilado, abri¨® los ojos y se encontr¨® con Charlotte sentada sobre ¨¦l, con una gran sonrisa en el rostro. ¡ª?Buenos d¨ªas, hermanito! Biel parpade¨® con incredulidad. ¡ª?QU¨¦ demonios est¨¢s haciendo encima de m¨ª? ¡ªBueno, intent¨¦ despertarte de manera normal, pero despu¨¦s de zarandearte y no obtener resultados, decid¨ª tomar medidas dr¨¢sticas. ¡ª?Eso no es tomar medidas dr¨¢sticas, eso es intento de homicidio! Charlotte se encogi¨® de hombros. ¡ªExageras. Adem¨¢s, tenemos que bajar antes de que Xanthe se coma todo el desayuno. Como si fuera una se?al del destino, un grito de triunfo reson¨® desde la planta baja. ¡ª?JA! ?La ¨²ltima pieza de pastel es m¨ªa! ¡ªse escuch¨® la voz de Xanthe. Biel se incorpor¨® r¨¢pidamente, lanzando a Charlotte de la cama con un estruendoso "thud". ¡ª?NOOOOOO, MI DESAYUNO! El muchacho sali¨® disparado de la habitaci¨®n con el cabello despeinado y las botas mal puestas, bajando las escaleras de la posada como un rayo. Al llegar al comedor, vio a Xanthe con la ¨²ltima pieza de pastel en el tenedor, sonriendo de oreja a oreja. ¡ª?Buscabas esto? ¡ªpregunt¨® burlonamente mientras mord¨ªa un trozo. ¡ª?Eso era m¨ªo por derecho divino! Xanthe se encogi¨® de hombros mientras masticaba con deleite. ¡ªDerecho divino, derecho del m¨¢s r¨¢pido... son detalles. Biel cay¨® de rodillas, con una expresi¨®n de absoluto dolor. ¡ª?Maldita seas, Xanthe! ?Has destruido mis sue?os matutinos! Acalia, que estaba disfrutando tranquilamente de su t¨¦, mir¨® la escena con una ceja arqueada. ¡ª?Realmente estamos teniendo una tragedia por un pedazo de pastel? Easton asinti¨® mientras beb¨ªa su caf¨¦. ¡ªPara Biel, el desayuno es sagrado. El posadero, que observaba la escena desde el mostrador, solt¨® una carcajada. ¡ªTranquilo, chaval. Te har¨¦ otro pastel si deja de dramatizar. Biel se levant¨® con dignidad, se arregl¨® la ropa y mir¨® al posadero con ojos brillantes. ¡ª?Lo dice en serio? ¡ªClaro, pero solo si deja de llorar en el suelo de mi taberna. Asustas a los clientes. Charlotte baj¨® finalmente las escaleras, sonriendo con satisfacci¨®n. ¡ªAh, siempre es un espect¨¢culo verte en tu m¨¢xima expresi¨®n de desesperaci¨®n. Biel le fulmin¨® con la mirada. ¡ªAlg¨²n d¨ªa... alg¨²n d¨ªa me vengar¨¦. Charlotte le dio una palmadita en la espalda. ¡ªClaro, claro, pero primero viene algo antes de que tambi¨¦n te quedes sin pan. Biel gir¨® la cabeza y vio a Ylfur devorando los paneles de la canasta sin piedad. ¡ª?TRAICIONERO! Y as¨ª comenz¨® un nuevo d¨ªa, con un desayuno ca¨®tico y un Biel m¨¢s motivado que nunca para no volver a perder en la guerra de la comida. Cap铆tulo 34: La Verdad es Revelada El sol de la tarde iluminaba suavemente los pasillos de la escuela, filtr¨¢ndose por las ventanas y proyectando sombras alargadas en el suelo pulido. Biel y Yumi caminaban juntos, en silencio, con el peso de la despedida colgando en el aire entre ellos. ¡ªNo puedo creer que realmente te vayas ¡ªdijo Biel, con un tono de tristeza contenido. Yumi sonri¨® con melancol¨ªa, abrazando su mochila contra su pecho. ¡ªNi yo. Todo pas¨® tan r¨¢pido¡­ pero no pod¨ªa quedarme. Es algo que mi familia decidi¨®. Biel desvi¨® la mirada hacia el patio, donde otros estudiantes re¨ªan y charlaban ajenos a su despedida. ¡ªPrometimos que enfrentar¨ªamos juntos todo lo que viniera. Pero ahora¡­ Yumi le puso una mano en el brazo, interrumpi¨¦ndolo suavemente. ¡ªNo es un adi¨®s, Biel. Solo es un hasta luego. Te prometo que volveremos a vernos. ¡ª?Lo dices en serio? ¡ªpregunt¨® Biel, con un destello de esperanza en la mirada. Yumi asinti¨® con firmeza. ¡ªTe buscar¨¦, sin importar cu¨¢nto tiempo pase. Se quedaron mir¨¢ndose por un instante, como si quisieran grabar ese momento en sus memorias. Entonces, sin previo aviso, Yumi se inclin¨® y le dio un abrazo r¨¢pido y apretado. ¡ªNo me olvides, Biel ¡ªsusurr¨® contra su hombro. Antes de que ¨¦l pudiera responder, ella se separ¨® y sali¨® corriendo hacia la salida, sin voltear atr¨¢s. Biel se qued¨® all¨ª, viendo c¨®mo desaparec¨ªa de su vista, con una sensaci¨®n de vac¨ªo en el pecho.
Pasaron tres a?os. El tiempo hab¨ªa avanzado sin piedad, pero Yumi no hab¨ªa olvidado su promesa. Con el coraz¨®n latiendo con fuerza, descend¨ªa del taxi que la hab¨ªa tra¨ªdo de vuelta a Hanasato, su antigua ciudad. Se hab¨ªa pasado las ¨²ltimas semanas buscando informaci¨®n sobre Biel, hasta que finalmente obtuvo una direcci¨®n. Parada frente a la casa donde supuestamente viv¨ªa, respir¨® hondo y golpe¨® la puerta. Esper¨®. Golpe¨® de nuevo. Nadie respondi¨®. Una se?ora mayor pasaba por ah¨ª y, al notar su confusi¨®n, se detuvo. ¡ªSi buscas al joven que viv¨ªa aqu¨ª, no lo encontrar¨¢s ¡ªdijo con un tono de pesar. Yumi sinti¨® que el aire le faltaba. ¡ª?Qu¨¦ quiere decir? ¡ªHace m¨¢s de un mes que desapareci¨®. Nadie sabe d¨®nde est¨¢. Los ojos de Yumi se agrandaron y su voz tembl¨®. ¡ª?Desaparecido? El miedo se instal¨® en su pecho como un peso insoportable. ?C¨®mo era posible? Hab¨ªa esperado tanto por este momento y ahora, Biel simplemente no estaba. ¡ªTal vez en la tienda de antig¨¹edades sepan algo de ¨¦l ¡ªinterrumpi¨® una voz grave. Yumi se gir¨® y vio a un hombre de aspecto misterioso, con un abrigo largo y un aire enigm¨¢tico. ¡ª?Tienda de antig¨¹edades? ¡ªrepiti¨® Yumi, tratando de aferrarse a cualquier pista. El hombre asinti¨®. ¡ªFue el ¨²ltimo lugar donde se le vio. Yumi apret¨® los pu?os y tom¨® una decisi¨®n. ¡ªEntonces, ah¨ª es donde debo ir. Sin perder m¨¢s tiempo, se dio la vuelta y parti¨® en direcci¨®n a la tienda, con el coraz¨®n latiendo con una mezcla de ansiedad y esperanza. Yumi lleg¨® a la tienda de antig¨¹edades con el coraz¨®n acelerado, sintiendo que cada paso la acercaba a una respuesta, aunque tem¨ªa lo que podr¨ªa descubrir. Empuj¨® la pesada puerta de madera, y el sonido de una campanilla anunci¨® su entrada. El lugar estaba repleto de objetos extra?os y antiguos, iluminado por una luz tenue que daba un aire misterioso al ambiente. Detr¨¢s del mostrador, un anciano de mirada serena y rostro surcado por los a?os la observ¨® con curiosidad. Vest¨ªa una t¨²nica oscura y sus ojos brillaban con un conocimiento profundo. ¡ªBienvenida, joven. ?Qu¨¦ te trae por aqu¨ª? ¡ª pregunt¨® con voz calmada. Yumi trag¨® saliva y reuni¨® valor. ¡ªEstoy buscando a Biel. Me dijeron que este fue el ¨²ltimo lugar donde se le vio. El anciano suspir¨® y sacudi¨® la cabeza con lentitud. ¡ªEse muchacho ya no se encuentra en este mundo. El tiempo pareci¨® detenerse para Yumi. Su garganta se sec¨® y su cuerpo se estremeci¨®. ¡ª?C¨®mo dice? ?Qu¨¦ est¨¢ diciendo? ¡ª su voz tembl¨® con un miedo que apenas pod¨ªa contener. El anciano la mir¨® con una expresi¨®n que mezclaba compasi¨®n y certeza. ¡ªAs¨ª es. Biel ya no est¨¢ en este mundo y no podr¨¢ regresar. El coraz¨®n de Yumi se hundi¨® en el abismo de la tristeza. Sintiendo que las piernas le fallaban, apoy¨® ambas manos sobre el mostrador, buscando sostenerse. ¡ªNo... No puede ser... ?¨¦l no puede estar muerto! El anciano solt¨® una leve carcajada. ¡ªNo pongas esa cara, ni llores todav¨ªa, joven. Nunca dije que hab¨ªa muerto. Los ojos de Yumi se abrieron de par en par. ?C¨®mo era posible? ¡ª?Qu¨¦ quiere decir con eso? El anciano se inclin¨® levemente hacia ella y con un tono solemne respondi¨®: ¡ªBiel vive en otro mundo ahora. Yumi sinti¨® un escalofr¨ªo recorrer su espalda. ?Otro mundo? Aquello era rid¨ªculo. ¡ªEso no tiene sentido... ?C¨®mo podr¨ªa ser posible? Usted est¨¢ bromeando conmigo... El anciano sonri¨®, como si ya hubiera esperado esa reacci¨®n. ¡ªEs l¨®gico que pienses que estoy loco, pero lo que digo es la verdad. Y te lo demostrar¨¦. A case of literary theft: this tale is not rightfully on Amazon; if you see it, report the violation. Con una lentitud deliberada, el anciano se gir¨® y sac¨® de una repisa una esfera cristalina. Era trasl¨²cida y conten¨ªa una neblina dorada que parec¨ªa danzar en su interior. ¡ªObserva ¡ªdijo, sosteni¨¦ndola frente a Yumi. Ella mir¨® con escepticismo, pero conforme la niebla se disip¨® en su interior, una imagen comenz¨® a formarse. Su respiraci¨®n se entrecort¨® cuando vio la silueta de un joven de cabello oscuro. ?Era Biel! ¡ª?Biel! ¡ª susurr¨® con asombro. La imagen se aclar¨®. Biel se encontraba en un lugar desconocido, rodeado de imponentes estructuras y criaturas que no pertenec¨ªan a este mundo. Su expresi¨®n era diferente, m¨¢s decidida, m¨¢s fuerte... pero segu¨ªa siendo ¨¦l. Las emociones se agolparon en el pecho de Yumi: alivio, asombro, miedo y una profunda nostalgia. ¡ª¨¦l... ?est¨¢ vivo? ¡ªpregunt¨®, apenas encontrando su voz. El anciano asinti¨®. ¡ªEst¨¢ m¨¢s vivo que nunca. Pero su destino ha cambiado. Ahora pertenece a otro mundo. Yumi sinti¨® que su cabeza daba vueltas. ?Biel estaba vivo! Pero lejos, inaccesible... en un lugar que ni siquiera comprend¨ªa. ¡ªSi est¨¢ en otro mundo... ?hay alguna forma de traerlo de vuelta? ¡ªpregunt¨® con desesperaci¨®n. El anciano la observ¨® con gravedad y suspir¨®. ¡ªEsa es una pregunta dif¨ªcil, joven. Pero si has venido hasta aqu¨ª buscando a Biel, quiz¨¢s el destino tenga algo preparado para ti tambi¨¦n. Las palabras del anciano dejaron una chispa de esperanza en su coraz¨®n. Fuera lo que fuera lo que le esperaba, no se detendr¨ªa hasta encontrar a Biel. ¡ªHar¨¦ lo que sea necesario ¡ªdijo con determinaci¨®n. El anciano sonri¨® levemente y asinti¨®. ¡ªEntonces prep¨¢rate, porque el viaje para reencontrarte con ¨¦l apenas comienza. El ambiente en la tienda de antig¨¹edades se torn¨® pesado con las palabras del anciano. Yumi, con el coraz¨®n encogido, sinti¨® un nudo en la garganta. ¡ª?No puede regresar? ¡ªpregunt¨® con la voz temblorosa. El anciano neg¨® lentamente. ¡ªNo. Ese mundo ahora es su hogar. Yumi cerr¨® los pu?os, tratando de contener sus emociones. ?Hab¨ªa esperado tanto para verlo de nuevo y ahora le dec¨ªan que era imposible! ¡ª?Por qu¨¦ lo enviaste all¨¢? ¡ªexigi¨® saber, con el tono cargado de frustraci¨®n. El anciano la mir¨® con paciencia infinita. ¡ªLo envi¨¦ porque es uno de Los Enviados. ¡ª?Los Enviados? ¡ªrepiti¨® Yumi, frunciendo el ce?o. ¡ªAs¨ª es ¡ªafirm¨® el anciano¡ª. Son seres elegidos para salvar ese mundo. Como dios, es mi misi¨®n enviar a aquellos h¨¦roes. Los ojos de Yumi se abrieron en sorpresa y confusi¨®n. ¡ª?Espera! ?Acaso eres un dios? El anciano sonri¨® levemente. ¡ªAs¨ª es. Yo soy Aetherion, dios de la creaci¨®n¡­ o, como algunos me llaman, el Dios Creador. Yumi sinti¨® que su cabeza daba vueltas. ?Un dios! Todo aquello sonaba imposible, pero al mismo tiempo, su coraz¨®n le dec¨ªa que era verdad. ¡ª?Entonces t¨² creaste ese mundo? ¡ªpregunt¨®, aun intentando asimilarlo. Aetherion neg¨® con suavidad. ¡ªEse mundo existe desde hace mucho tiempo. Yo fui designado por entidades superiores para protegerlo y guiar a los Enviados. La palabra reson¨® en la mente de Yumi. ¡ª?Entidades superiores? ?Quieres decir que hay seres m¨¢s poderosos que los dioses? El dios asinti¨® con solemnidad. ¡ªAs¨ª es. Yumi se cruz¨® de brazos, tratando de entenderlo todo. ¡ªSi eres un dios de otro mundo, ?por qu¨¦ est¨¢s aqu¨ª y no en el tuyo? ¡ªPorque fui enviado por esas entidades a este lugar con la tarea de encontrar y guiar a los h¨¦roes destinados a salvarlo. La joven baj¨® la cabeza, sintiendo c¨®mo la desesperaci¨®n volv¨ªa a envolverla. ¡ªEntonces¡­ ?Eres una especie de gu¨ªa? Aetherion sonri¨® con cierta diversi¨®n. ¡ªSi lo entiendes de esa manera, entonces s¨ª. El silencio se extendi¨® entre ambos, hasta que Yumi tom¨® aire y volvi¨® a preguntar: ¡ª?No hay ninguna forma de que Biel regrese? El dios la observ¨® con seriedad y luego neg¨® con la cabeza. ¡ªNo, ya no hay forma. El coraz¨®n de Yumi doli¨® como si alguien lo estrujara con fuerza. ¡ª¡­Pero ¡ªcontinu¨® el dios¡ª, tienes la oportunidad de vivir con ¨¦l si as¨ª lo deseas. Los ojos de Yumi se iluminaron con una mezcla de sorpresa y esperanza. ¡ª?Qu¨¦ quieres decir? Aetherion entrecerr¨® los ojos con una expresi¨®n enigm¨¢tica. ¡ªYo puedo enviarte junto a Biel, pero solo si aceptas una condici¨®n. El coraz¨®n de Yumi martilleaba en su pecho. ¡ª?Qu¨¦ condici¨®n? El dios le sostuvo la mirada. ¡ªDeber¨¢s vivir en ese mundo. Esa es la condici¨®n. Un escalofr¨ªo recorri¨® la espalda de Yumi. ?Eso significaba abandonar su hogar, su vida, todo lo que conoc¨ªa! Se mordi¨® el labio, pensando en Biel. En su promesa. En el vac¨ªo que sinti¨® al no tenerlo cerca. Respir¨® hondo y levant¨® la mirada con determinaci¨®n. ¡ªEst¨¢ bien. Aceptar¨¦ esa condici¨®n. Si con eso puedo estar junto a ¨¦l, entonces eso har¨¦. El dios la observ¨® con inter¨¦s y una leve sonrisa se dibuj¨® en su rostro. ¡ªQu¨¦ determinaci¨®n tienes, muchacha. Dime, ?te gusta Biel? El rostro de Yumi se encendi¨® como una brasa ardiente. ¡ª?Eso no es importante! ¡ª exclam¨®, apartando la mirada. Aetherion dej¨® escapar una leve carcajada. ¡ªOh, claro que lo es. Yumi apret¨® los pu?os, tratando de ocultar su verg¨¹enza. Pero en su coraz¨®n, ya hab¨ªa tomado una decisi¨®n inquebrantable. ¡ªMuy bien, Yumi ¡ªdijo Aetherion, con un tono solemne¡ª. Prep¨¢rate, porque tu vida est¨¢ a punto de cambiar para siempre. El dios Aetherion levant¨® su mano y la extendi¨® hacia Yumi, su mirada resplandeciente con un brillo celestial. ¡ªTe otorgo poder, sabidur¨ªa y experiencia en este nuevo mundo ¡ªdeclar¨® con voz solemne¡ª. Ahora ser¨¢s capaz de igualar a Biel y ayudarlo en su camino. Yumi cerr¨® los ojos mientras una energ¨ªa inmensa la envolv¨ªa. Sintiendo un calor reconfortante recorrer su cuerpo, pudo notar c¨®mo su mente se expand¨ªa con conocimientos que nunca hab¨ªa imaginado y su fuerza aumentaba dr¨¢sticamente. Cuando abri¨® los ojos, sinti¨® un cambio abrumador. Su cuerpo estaba m¨¢s ligero, su postura firme y, de alguna manera, se sent¨ªa¡­ poderosa. ¡ª?Esto es incre¨ªble! ¡ªexclam¨® Yumi, flexionando los dedos mientras una leve aura dorada la rodeaba. El dios sonri¨® con satisfacci¨®n. ¡ªActualmente, Biel se encuentra con sus amigos en camino hacia una misi¨®n designada por el gremio. Te enviar¨¦ con ¨¦l ahora. Yumi asinti¨®, sinti¨¦ndose lista para lo que fuera que viniera. ¡ªNo temas ¡ªcontinu¨® Aetherion, con una sonrisa traviesa¡ª. Tu llegada alegrar¨¢ a Biel¡­ y pondr¨¢ celosas a las dem¨¢s. Yumi parpade¨®, su confianza tambale¨® un momento. ¡ª?Celosas? ¡ªrepiti¨®, ladeando la cabeza. El dios solt¨® una carcajada. ¡ªDigamos que Biel ha conseguido¡­ bastante atenci¨®n femenina en ese mundo. ¡ª??Qu¨¦?! ¡ªLos ojos de Yumi se abrieron de par en par¡ª. ?No me digas que ha estado coqueteando por ah¨ª! Aetherion se encogi¨® de hombros con expresi¨®n inocente. ¡ªBueno, no dir¨ªa que es culpa de ¨¦l exactamente¡­ pero digamos que ha atra¨ªdo a unas cuantas admiradoras. Yumi cruz¨® los brazos y frunci¨® el ce?o, hinchando las mejillas. ¡ªTsk¡­ y yo preocup¨¢ndome por ¨¦l mientras ¨¦l se rodea de chicas. Esto no se quedar¨¢ as¨ª. El dios chasque¨® los dedos y un c¨ªrculo m¨¢gico dorado comenz¨® a formarse bajo los pies de Yumi. ¡ªPrep¨¢rate, joven guerrera. ?Tu viaje comienza ahora! Justo antes de desaparecer, Yumi apunt¨® al dios con un dedo acusador. ¡ª?Si Biel tiene un harem, m¨¢s le vale tener una buena explicaci¨®n cuando llegue! Aetherion solt¨® una carcajada. ¡ªOh, estoy seguro de que su reacci¨®n ser¨¢ impagable. La luz la envolvi¨® por completo, y en un destello cegador, Yumi desapareci¨® rumbo al nuevo mundo. El dios se qued¨® solo en la tienda de antig¨¹edades, con una sonrisa divertida en el rostro. ¡ªEsto va a ser interesante¡­ En el bullicioso gremio de aventureros, Biel y su equipo estaban reunidos en el mostrador cuando la recepcionista, con una sonrisa profesional, les entreg¨® un pergamino sellado. ¡ªTienen una nueva misi¨®n ¡ªanunci¨®, mirando a Biel con inter¨¦s¡ª. Deben acabar con tres dragones que est¨¢n atacando a los viajeros en las rutas comerciales. Biel sonri¨®, sintiendo una oleada de emoci¨®n. ¡ªBien, esta ser¨¢ nuestra primera misi¨®n como aventureros. Charlotte, su hermana, asinti¨® con entusiasmo. ¡ª?As¨ª es, hermanito! ?Vamos a demostrar de lo que somos capaces! Acalia cruz¨® los brazos y sonri¨® con un destello de diversi¨®n en sus ojos. ¡ªEsto promete ser interesante. Sarah, Xantle y Raizel se miraron entre s¨ª antes de exclamar al un¨ªsono: ¡ª?Por fin, nuestra primera misi¨®n como aventureras! Biel mir¨® a su equipo y asinti¨® con confianza. ¡ªBien, entonces, vamos. Con paso firme y actitud imponente, salieron del gremio, pareciendo un grupo de aventureros legendarios¡­ porque, bueno, lo eran. Estaban a punto de llegar a las puertas de la ciudad cuando una luz cegadora ilumin¨® el lugar. Una columna de luz descend¨ªa con majestuosidad, proyectando una sombra imponente en el suelo. Biel instintivamente se puso en guardia y levant¨® una mano para alertar a su grupo. ¡ª?Atentos, amigos! Creo que tenemos problemas. La luz se intensific¨®, y una figura femenina comenz¨® a materializarse en el centro. De pronto, una voz reson¨® desde el resplandor, cargada de drama y reproche. ¡ª?Veo que tienes un harem y te olvidaste de m¨ª, infiel! El tiempo pareci¨® detenerse. Todos los miembros del grupo parpadearon con expresiones de asombro y desconcierto. Charlotte se tap¨® la boca para reprimir una risa, mientras Acalia arqueaba una ceja con curiosidad. Biel sinti¨® un sudor fr¨ªo recorrer su espalda. ¡ª?P-pero qu¨¦...? ¡ªbalbuce¨®, sintiendo que su mente no lograba procesar la situaci¨®n. La figura femenina emergi¨® de la luz con pasos decididos, cruz¨¢ndose de brazos con una expresi¨®n de evidente molestia. ¡ªVeo que no perdiste el tiempo ¡ªdijo con un tono cargado de iron¨ªa. Biel parpade¨® r¨¢pidamente, su cerebro trabajando a toda velocidad. ¡ª?E-es una ilusi¨®n? ?Alg¨²n tipo de broma del destino? ¡ªsusurr¨® para s¨ª mismo. Sarah se inclin¨® ligeramente hacia Acalia con una sonrisa divertida. ¡ªEsto se est¨¢ poniendo bueno. Charlotte mir¨® a Biel con picard¨ªa y le dio un codazo en el costado. ¡ªVamos, hermanito, creo que es momento de que reacciones. Yumi avanz¨® un paso m¨¢s, la luz disip¨¢ndose por completo a su alrededor. ¡ªBiel, no me digas que... ¡ªempez¨® a decir, pero Biel finalmente dej¨® escapar un suspiro y la mir¨® fijamente. ¡ªEres t¨² ¡ªmurmur¨®, con un tono que mezclaba incredulidad y alivio. Cap铆tulo 35: La Promesa Cuando por fin llegaron a la puerta de la peque?a ciudad, listos para partir en una nueva misi¨®n, Biel sinti¨® un alivio moment¨¢neo. Hab¨ªan pasado por muchas cosas ¨²ltimamente, y aunque el camino a¨²n era incierto, al menos ten¨ªan una direcci¨®n clara. Pero entonces, sin previo aviso, una luz descendi¨® del cielo. Una columna radiante se form¨® a pocos metros de donde se encontraba Biel y su grupo, haciendo que todos dieran un paso atr¨¢s, instintivamente alertas. ¡ª??Pero qu¨¦ demonios?! ¡ªexclam¨® Easton, cubri¨¦ndose los ojos por el resplandor. ¡ª??Acaso los dioses nos est¨¢n atacando?! ¡ªgrit¨® Xanthe, sacando su bast¨®n. ¡ªNo seas dram¨¢tica, Xanthe ¡ªmurmur¨® Sarah, aunque ella tambi¨¦n parec¨ªa lista para cualquier cosa. Cuando la luz comenz¨® a disiparse, una silueta emergi¨® del resplandor. Biel sinti¨® su coraz¨®n detenerse un segundo al escuchar una voz familiar: ¡ªVeo que te est¨¢s divirtiendo, querido Biel. Los ojos de Biel se abrieron como platos, su cuerpo se tens¨® al instante. Reconoc¨ªa esa voz. Era imposible¡­ pero ah¨ª estaba. Con la garganta seca y un temblor en sus labios, apenas pudo susurrar: ¡ªNo puede ser¡­ ?Acaso t¨² eres¡­? La figura dio un paso adelante, dejando que la luz revelara su rostro. Su mirada era intensa, su expresi¨®n una mezcla de nostalgia y reproche. ¡ªVeo que a¨²n me recuerdas, querido. Vine por ti porque me importas, pero veo que yo no te importo a ti. El impacto de sus palabras golpe¨® a Biel con la fuerza de un vendaval. Su respiraci¨®n se volvi¨® err¨¢tica. Todo su mundo pareci¨® tambalearse en ese instante. ¡ªNo¡­ esto no tiene sentido¡­ ¡ªmurmur¨® para s¨ª mismo. Su mente regres¨® tres a?os atr¨¢s, a la ¨²ltima vez que la vio. A su despedida¡­ en aquel lugar. Sarah y Xanthe, que hab¨ªan estado observando la escena, intercambiaron miradas preocupadas. ¡ª?Biel? ¡ªpregunt¨® Sarah, acerc¨¢ndose¡ª. ?Qu¨¦ te pasa? Pareces¡­ un fantasma. Xanthe se cruz¨® de brazos y mir¨® a la reci¨¦n llegada con curiosidad. ¡ªOye, no quiero interrumpir el dram¨®n, pero¡­ ?qui¨¦n es ella? ?Y por qu¨¦ Biel parece un pez fuera del agua? Biel no respondi¨®. Apenas pod¨ªa procesar lo que estaba ocurriendo. Su respiraci¨®n era irregular, sus manos temblaban. Luego, sin previo aviso, una l¨¢grima rod¨® por su mejilla. ¡ªDespu¨¦s de tres a?os¡­ ¡ªsusurr¨®, con una mezcla de emoci¨®n y confusi¨®n¡ª. Despu¨¦s de tanto tiempo¡­ vuelves a aparecer justo aqu¨ª¡­ Easton, que hab¨ªa permanecido en silencio, se inclin¨® hacia Xanthe y susurr¨® con una sonrisa burlona: ¡ª?Crees que es una ex? ¡ªDefinitivamente es una ex ¡ªsusurr¨® Xanthe de vuelta, asintiendo con seriedad. Sarah, sin perder el hilo del momento, les lanz¨® una mirada asesina. ¡ª?Pueden dejar de hacer chistes? Est¨¢ teniendo una crisis existencial aqu¨ª. Pero en el fondo, ella tambi¨¦n estaba ansiosa por saber qui¨¦n era esa mujer y qu¨¦ significaba para Biel. Biel intent¨® hablar, pero su voz se quebr¨®. Apret¨® los pu?os, luchando por mantener la compostura. ¡ª?C¨®mo¡­ c¨®mo es posible que est¨¦s aqu¨ª? ¡ªpregunt¨® finalmente, con la voz cargada de emoci¨®n. La reci¨¦n llegada lo mir¨® en silencio, como si estuviera evaluando su reacci¨®n. ¡ªBiel¡­ ¡ªsusurr¨® con un tono melanc¨®lico, dando un paso hacia ¨¦l. Biel, todav¨ªa abrumado, hizo lo ¨²nico que pod¨ªa hacer en una situaci¨®n como esa. Se llev¨® las manos a la cabeza y grit¨®: ¡ª??QU¨¦ EST¨¢ PASANDO?! El eco de su grito reson¨® por todo el lugar, dejando a su grupo en completo silencio. Solo el viento acompa?¨® la escena, mientras todos esperaban la respuesta que lo cambiar¨ªa todo. Biel respir¨® hondo, tratando de calmar su mente. Despu¨¦s de unos segundos, levant¨® la mirada y decidi¨® contarles la verdad. ¡ªElla se llama Yumi Hanekawa ¡ªdijo con voz firme, pero con una leve sonrisa melanc¨®lica¡ª. Es una querida amiga que conoc¨ª hace tres a?os cuando cursaba el primer grado de preparatoria. Ella estaba en tercero y, cuando se gradu¨®, se fue del pa¨ªs. Desde ese d¨ªa, no la volv¨ª a ver¡­ hasta hoy. Los dem¨¢s intercambiaron miradas sorprendidas. Xanthe fue la primera en reaccionar. ¡ª?Yumi Hanekawa? ?Acaso es noble? Su nombre suena... refinado. Biel neg¨® con la cabeza r¨¢pidamente. ¡ªNo, ella es originaria de mi mundo, igual que mi hermana y yo. Nosotros llegamos a este mundo de una forma... peculiar. Sarah cruz¨® los brazos, a¨²n m¨¢s intrigada. ¡ª?Quieres decir que hay otros mundos adem¨¢s de este? Biel asinti¨® lentamente. ¡ªS¨ª. Y no les hab¨ªa contado antes porque... solo Acalia sab¨ªa de d¨®nde vengo. El impacto de sus palabras dej¨® a todos en silencio por un momento. Luego, Easton exhal¨® con incredulidad. ¡ªEntonces, ?existen otros mundos? Esto suena como algo sacado de un cuento. Charlotte, que hab¨ªa estado escuchando con atenci¨®n, intervino con una expresi¨®n nost¨¢lgica. ¡ªYo tambi¨¦n fui transportada aqu¨ª por un artefacto... ¡ªsusurr¨®, mirando a Biel¡ª. Pens¨¦ que era la ¨²nica. Pero antes de que alguien pudiera seguir con la conversaci¨®n, Yumi solt¨® una bomba a¨²n m¨¢s grande. ¡ªA m¨ª me trajo un dios. Biel se qued¨® helado. ¡ª?Un dios? ?Dijiste un dios? Yumi asinti¨® con seriedad. ¡ªS¨ª. Cuando estaba en la tienda de antig¨¹edades, un anciano me dijo que ¨¦l era un dios de este mundo. Dijo que era el encargado de guiar a los h¨¦roes hasta aqu¨ª. Los llamaba "Los Enviados". Biel sinti¨® un escalofr¨ªo recorrer su espalda. ¡ªEntonces... el anciano de la tienda... ?era un dios? ¡ªsusurr¨®, m¨¢s para s¨ª mismo que para los dem¨¢s. ¡ªAl parecer s¨ª ¡ªafirm¨® Yumi¡ª. Y cuando volv¨ª a Kager¨­, no encontr¨¦ a nadie. Una se?ora me dijo que t¨² y tu hermana hab¨ªan desaparecido y que llevaban un mes sin dejar rastro. ¡ª?Un mes? ¡ªBiel sinti¨® que el suelo se desmoronaba bajo sus pies¡ª. Pero aqu¨ª... ha pasado casi un a?o. El grupo entero se qued¨® en shock. El tiempo transcurr¨ªa de manera diferente entre los mundos. Yumi continu¨® su relato, observando a Biel con intensidad. The tale has been stolen; if detected on Amazon, report the violation. ¡ªDespu¨¦s de eso, otro se?or me sugiri¨® que fuera a la tienda de antig¨¹edades. Me dijo que ese hab¨ªa sido el ¨²ltimo lugar donde te vieron. As¨ª que fui all¨ª y el anciano me dijo que estabas en otro mundo. No dud¨¦ en seguirte¡­ y ahora aqu¨ª estoy. Biel sinti¨® un nudo en la garganta. Quer¨ªa decir algo, pero antes de que pudiera abrir la boca, Yumi cruz¨® los brazos y lo mir¨® con ojos entrecerrados. ¡ªY me encuentro con que est¨¢s rodeado de muchas chicas¡­ Una tensi¨®n g¨¦lida se apoder¨® del ambiente. Un aura oscura y amenazante pareci¨® emanar de Yumi mientras Biel sudaba fr¨ªo. ¡ªE-Esto¡­ no es lo que parece¡­ ¡ªintent¨® justificarse, sintiendo que su vida estaba en peligro. ¡ª?No es lo que parece? ¡ªrepiti¨® Yumi con una sonrisa dulce¡­ demasiado dulce para ser genuina. ¡ª?Exacto! ¡ªBiel levant¨® las manos en se?al de rendici¨®n¡ª. Ellas son mis compa?eras, mis amigas. ?Nada m¨¢s! Xanthe y Sarah intercambiaron una mirada c¨®mplice antes de que Sarah a?adiera con picard¨ªa: ¡ªOh, s¨ª. Solo compa?eras. Claro, claro. Easton no pudo resistir la oportunidad de meter m¨¢s le?a al fuego. ¡ª?No le vas a contar a Yumi sobre el Torneo del Amor que tuvimos hace poco? ¡ªpregunt¨® con una sonrisa traviesa. ¡ª??QUI¨¦N DIJO ESO?! ¡ªBiel se volte¨® alarmado, pero el da?o ya estaba hecho. Yumi entrecerr¨® los ojos peligrosamente. ¡ª?Torneo del amor? ¡ªrepiti¨® lentamente, haciendo que Biel sintiera un sudor fr¨ªo recorrer su espalda. ¡ª?Nada importante! ?Un malentendido! ?Solo un juego sin importancia! ¡ªBiel agit¨® las manos, tratando de calmarla. Pero Yumi ya se hab¨ªa acercado demasiado, con una sonrisa que no auguraba nada bueno. ¡ª?Ah s¨ª? ?Y qui¨¦n gan¨®? Biel sinti¨® que su alma abandonaba su cuerpo. Mientras intentaba responder, Easton y Xanthe re¨ªan por lo bajo, disfrutando de su sufrimiento. Acalia suspir¨® y murmur¨® para s¨ª misma: ¡ªY pensar que la parte dif¨ªcil era pelear contra monstruos¡­ Biel solo pudo pensar en una cosa: Estaba completamente perdido. Biel sinti¨® c¨®mo la presi¨®n en su pecho aumentaba con cada segundo. La mirada de Yumi era un peligro inminente, y el resto del grupo no hac¨ªa nada para salvarlo. Xanthe y Easton intercambiaban sonrisas maliciosas, mientras Sarah y Charlotte parec¨ªan disfrutar del espect¨¢culo. ¡ªBiel¡­ ¡ªYumi alarg¨® su nombre con un tono dulce, pero Biel sab¨ªa que ese tono solo anunciaba tormenta¡ª. ?Qui¨¦n gan¨® el Torneo del Amor? El joven trag¨® saliva, sintiendo que su destino estaba sellado. Mir¨® a su alrededor buscando ayuda, pero lo ¨²nico que encontr¨® fueron miradas expectantes. ¡ªEhm¡­ t¨¦cnicamente¡­ ¡ªempez¨®, intentando buscar las palabras correctas¡ª. Bueno¡­ fue un evento sin importancia, un peque?o juego entre amigos¡­ ¡ªPero gan¨® Acalia ¡ªinterrumpi¨® Easton con una gran sonrisa¡ª. Biel la escogi¨® a ella. El silencio que sigui¨® fue ensordecedor. El aura de Yumi se oscureci¨® a¨²n m¨¢s. Sus ojos emit¨ªan una intensidad que hizo retroceder incluso a Xanthe. Biel sinti¨® un escalofr¨ªo recorrerle la espalda. ¡ªOh¡­ ¡ªmurmur¨® Yumi, cruz¨¢ndose de brazos¡ª. Ya veo. ¡ª?E-Espera, Yumi! ?No es lo que piensas! ¡ªBiel levant¨® las manos, desesperado¡ª. Fue todo un malentendido. ?Yo solo¡­! ¡ª?Solo qu¨¦? ¡ªYumi sonri¨®, pero Biel supo de inmediato que no era una sonrisa de felicidad. Era la sonrisa de alguien que planeaba su venganza. Antes de que Biel pudiera seguir defendiendo su vida, Xanthe se acerc¨® a Yumi y le palme¨® la espalda. ¡ªMira el lado positivo, Yumi. Ahora puedes competir directamente ¡ªdijo con un tono juguet¨®n. ¡ª?Competir? ¡ªLos ojos de Yumi brillaron con determinaci¨®n¡ª. Oh, no, querida Xanthe. Yo no compito. Yo reclamo lo que es m¨ªo. Biel sinti¨® su alma abandonar su cuerpo por segunda vez en la noche. ¡ª??QU¨¦?! ¡ªexclamaron al un¨ªsono Sarah, Charlotte y Easton. Acalia, que hasta ahora hab¨ªa permanecido en silencio, suspir¨® y se pas¨® una mano por el cabello. ¡ªEsto se est¨¢ saliendo de control¡­ ¡ªmurmur¨®, aunque en su rostro se dibuj¨® una peque?a sonrisa de diversi¨®n. Biel, completamente acorralado, decidi¨® hacer lo ¨²nico que pod¨ªa hacer en ese momento. ¡ª?Miren, un drag¨®n! ¡ªgrit¨® se?alando al cielo. El grupo mir¨® por reflejo y Biel aprovech¨® la oportunidad para salir corriendo en direcci¨®n contraria. ¡ª?Vuelve aqu¨ª, cobarde! ¡ªgrit¨® Yumi, lanz¨¢ndose tras ¨¦l con una velocidad aterradora. ¡ª??C¨®mo puede correr tan r¨¢pido?! ¡ªexclam¨® Easton, maravillado. ¡ªDebe ser el poder del rencor acumulado ¡ªdijo Xanthe, asintiendo con seriedad. Acalia neg¨® con la cabeza y empez¨® a caminar lentamente en la misma direcci¨®n. ¡ªSer¨¢ mejor que lo alcancemos antes de que Yumi decida transportarlo a otro mundo con una patada ¡ªsuspir¨®. El grupo estall¨® en carcajadas mientras corr¨ªan tras ellos. La misi¨®n que ten¨ªan en mente quedar¨ªa en espera por un momento, ya que lo m¨¢s importante ahora era salvar a Biel¡­ o al menos, encontrarlo antes de que fuera demasiado tarde. Biel corr¨ªa con todas sus fuerzas, zigzagueando entre los ¨¢rboles mientras sent¨ªa la presencia de Yumi cada vez m¨¢s cerca. Su respiraci¨®n era pesada y su mente trabajaba a toda velocidad buscando una manera de calmar la situaci¨®n. ¡ª?Biel, detente y enfrenta tu destino como un hombre! ¡ªgrit¨® Yumi, su aura de furia intensific¨¢ndose. ¡ª?Si me enfrento, mi destino es la muerte! ¡ªreplic¨® Biel sin detenerse. El resto del grupo lo segu¨ªa a una distancia prudente, riendo mientras observaban la persecuci¨®n. ¡ª?Deber¨ªamos ayudarlo? ¡ªpregunt¨® Sarah, conteniendo la risa. ¡ªNah, esto es m¨¢s entretenido ¡ªrespondi¨® Xanthe. Pero justo cuando Biel pensaba que lograr¨ªa escaparse, su pie pis¨® mal y tropez¨®, rodando por el suelo hasta quedar boca arriba. Antes de que pudiera levantarse, Yumi se par¨® sobre ¨¦l, cruzando los brazos y mir¨¢ndolo con una mezcla de indignaci¨®n y satisfacci¨®n. ¡ªParece que la suerte ya no est¨¢ de tu lado, Biel ¡ªdijo, inclin¨¢ndose sobre ¨¦l. Biel levant¨® las manos en se?al de rendici¨®n. ¡ª?De verdad, Yumi, todo esto es un malentendido! No fue mi intenci¨®n ocultarte nada, ni tampoco¡ª Pero Yumi lo interrumpi¨® con un suspiro y, para sorpresa de todos, su expresi¨®n cambi¨® de furia a algo m¨¢s suave. Se qued¨® en silencio por un momento, luego habl¨® en voz baja. ¡ªNo estoy enojada porque hayas hecho nuevos amigos¡­ ni porque est¨¦s rodeado de chicas. Estoy enojada porque cuando me fui, nunca supe si volver¨ªamos a vernos. Y ahora que lo hacemos, es en un mundo completamente distinto. No quiero que desaparezcas otra vez. Biel sinti¨® un nudo en la garganta. No esperaba esas palabras. Lentamente, se incorpor¨® hasta quedar sentado frente a ella y la mir¨® con seriedad. ¡ªYumi¡­ lo siento. No quer¨ªa que esto pasara as¨ª. Yo te promet¨ª que volver¨ªamos a vernos, pasaron 2 a?os y nunca pude olvidarte, pero por cosa del destino estoy aqu¨ª, pero al final la promesa si se cumpli¨® y esta vez har¨¦ todo lo posible para que nuestras vidas no vuelvan a separarse. Yumi parpade¨®, sorprendida por la sinceridad en sus palabras. Sus mejillas se sonrojaron un poco antes de apartar la mirada. ¡ªM¨¢s te vale, Biel¡­ El resto del grupo se acerc¨®, sonriendo ante la escena. ¡ª?Qu¨¦ conmovedor! ¡ªexclam¨® Easton, aplaudiendo dram¨¢ticamente. ¡ª?Alguien m¨¢s sinti¨® que esto fue sacado de una novela rom¨¢ntica? ¡ªpregunt¨® Xanthe con una sonrisa burlona. Biel se puso de pie r¨¢pidamente y tosi¨® para ocultar su incomodidad. ¡ª?Ya basta de esto! A¨²n tenemos una misi¨®n que cumplir ¡ªdijo, intentando desviar el tema. Acalia se cruz¨® de brazos y lo observ¨® con una sonrisa tranquila. ¡ªS¨ª, pero ahora contamos con un nuevo miembro en el equipo. ?Verdad, Yumi? La joven mir¨® a Biel por un momento antes de asentir con una peque?a sonrisa. ¡ªSi Biel quiere que me quede, entonces me quedar¨¦. Biel suspir¨®, pero en su interior se sinti¨® aliviado. A pesar de lo ca¨®tica que hab¨ªa sido su reencuentro, saber que Yumi estaba con ¨¦l de nuevo le daba fuerzas. ¡ªBienvenida al equipo, Yumi ¡ªdijo con una sonrisa genuina. El grupo retom¨® su camino, dejando atr¨¢s el caos moment¨¢neo. Pero en la mente de Biel, la promesa que hizo resonaba con fuerza. Te prometo que volveremos a vernos. Despu¨¦s de todo, Biel y los dem¨¢s continuaron su misi¨®n, ahora con Yumi como la nueva integrante del grupo. El sol brillaba en lo alto mientras caminaban por el sendero que los llevaba al ¨¢rea donde los dragones hab¨ªan estado atacando a los viajeros. El viento era fuerte, arrastrando consigo el olor a tierra y cenizas. ¡ªBien, la misi¨®n es acabar con tres dragones que est¨¢n atacando a los viajeros ¡ªdijo Biel con determinaci¨®n. Easton sonri¨® con confianza y cruz¨® los brazos. ¡ªEso ser¨¢ f¨¢cil. Amigo, tienes el poder de Rey Demonio, ?qu¨¦ pueden hacer unos simples dragones contra ti? Biel sacudi¨® la cabeza con una sonrisa. ¡ªS¨ª, pero esta vez solo usar¨¦ las habilidades que me fueron otorgadas al momento de llegar a este mundo. Quiero probarme a m¨ª mismo. ¡ªEst¨¢ bien, si t¨² lo dices ¡ªdijo Easton con un encogimiento de hombros. De repente, a lo lejos, dos enormes siluetas surcaron el cielo. Sus alas bat¨ªan con fuerza, haciendo que el aire vibrara con su energ¨ªa. Sus rugidos resonaron como truenos, haciendo temblar el suelo bajo sus pies. ¡ª?Ah¨ª est¨¢n! ¡ªexclam¨® Xanthe, se?alando los dos dragones que sobrevolaban la zona. Biel apret¨® los pu?os, su mirada firme. ¡ªVamos, es hora de cumplir con la misi¨®n. El grupo avanz¨® con cautela, acerc¨¢ndose al ¨¢rea donde los dragones descend¨ªan en busca de su pr¨®xima presa. Biel fue el primero en lanzarse al ataque, concentrando su fuerza en su pu?o derecho. Se impuls¨® con gran velocidad y se prepar¨® para golpear al primer drag¨®n en el flanco. Pero antes de que su golpe conectara, el drag¨®n agit¨® su cola con una velocidad sobrehumana y lo impact¨® de lleno en el pecho. Biel sali¨® disparado como un proyectil y choc¨® violentamente contra una formaci¨®n rocosa, dejando una gran grieta en el suelo antes de caer inconsciente. ¡ª?Biel! ¡ªgrit¨® Yumi, su voz llena de preocupaci¨®n. Los dem¨¢s sintieron un escalofr¨ªo. Si Biel hab¨ªa sido derrotado con un solo golpe, esto no era normal. ¡ª?Imposible! ¡ªexclam¨® Ylfur, corriendo hacia su amo¡ª. ?C¨®mo puede ser tan fuerte? Sin dudarlo, se lanz¨® al ataque, pero el drag¨®n lo intercept¨® con un r¨¢pido giro y lo lanz¨® varios metros lejos, estrell¨¢ndolo contra el suelo con violencia. Easton frunci¨® el ce?o, sintiendo un extra?o presentimiento. ¡ªEsto no tiene sentido¡­ Desde cu¨¢ndo los dragones son tan fuertes¡­ En ese momento, Yumi, con su mente anal¨ªtica en acci¨®n, activ¨® una de sus habilidades divinas: "Esc¨¢ner". Sus ojos brillaron con un resplandor azul mientras recopilaba informaci¨®n sobre los dragones. Lo que vio la dej¨® helada. ¡ª?Est¨¢n siendo controlados! ¡ªgrit¨® con urgencia. ¡ª?Qu¨¦? ¡ªpregunt¨® Sarah, sorprendida. ¡ªEl drag¨®n¡­ No es solo su fuerza. Est¨¢ siendo manipulado por magia avanzada ¡ªexplic¨® Yumi, compartiendo la informaci¨®n con los dem¨¢s¡ª. Hay alguien control¨¢ndolos desde las sombras. El grupo se tens¨®. Esto complicaba las cosas. Un drag¨®n era peligroso por s¨ª solo, pero un drag¨®n con su poder amplificado por magia oscura era una amenaza aterradora. Sarah apret¨® los dientes. ¡ªEsto ser¨¢ un gran problema¡­ Mientras tanto, Biel yac¨ªa inconsciente, sus pensamientos sumidos en la oscuridad. Pero en lo profundo de su mente, una voz conocida reson¨®. ¡ªA¨²n no puedes caer aqu¨ª¡­ ¡ªera la voz de Monsfil¡ª. Lev¨¢ntate, Biel. La verdadera batalla apenas comienza¡­ Cap铆tulo 36: Sombras y Nobles La oscuridad envolv¨ªa la mente de Biel, atrap¨¢ndolo en un vac¨ªo sin forma. No sent¨ªa su cuerpo, ni el peso de sus pensamientos, solo el eco distante de una voz que resonaba en la profundidad de su ser. Era una voz imponente, antigua y cargada de un poder abrumador. ¡ªNo puedes caer aqu¨ª, joven portador ¡ªla voz de Monsfil retumb¨® en su consciencia como el rugido de una tormenta lejana¡ª. A¨²n no es tu hora. Eres el elegido por el Fragmento. Eres mi sucesor. El Rey Demonio de la Destrucci¨®n Eterna. El coraz¨®n de Biel lati¨® con fuerza, como si las palabras de Monsfil despertaran algo profundo dentro de ¨¦l. En ese instante, la oscuridad se resquebraj¨® y una chispa de luz emergi¨® en su mente. Su cuerpo reaccion¨® antes que su pensamiento. Sus pulmones se llenaron de aire de golpe y sus ojos se abrieron de par en par. La primera imagen que vio fue la de Charlotte inclinada sobre ¨¦l, su rostro reflejaba preocupaci¨®n y alivio a partes iguales. Sus ojos se humedecieron al ver que Biel despertaba. ¡ª?Est¨¢s bien, hermanito? ¡ªsu voz tembl¨® ligeramente, pero se esforz¨® en sonre¨ªr. Biel parpade¨® un par de veces antes de asentir lentamente. Su cuerpo a¨²n se sent¨ªa d¨¦bil, pero la determinaci¨®n quemaba en su interior como una llama indomable. ¡ªS¨ª¡­ gracias por cuidarme, Charlotte ¡ªmurmur¨®, intentando incorporarse. A su alrededor, el campo de batalla a¨²n ard¨ªa en caos. El rugido de los dragones resonaba en el aire, acompa?ado por explosiones de magia y el choque de armas. Los dem¨¢s luchaban con todo lo que ten¨ªan, pero los dragones parec¨ªan imbatibles, sus movimientos eran precisos y coordinados, como si estuvieran siendo dirigidos por una fuerza invisible. Biel se puso de pie, tambale¨¢ndose al principio, pero recuper¨® el equilibrio r¨¢pidamente. Inspir¨® hondo y cerr¨® los pu?os. ¡ªDije que no iba a usar mis habilidades de Rey Demonio¡­ ¡ªsusurr¨®, sintiendo c¨®mo la energ¨ªa oscura comenzaba a arremolinarse a su alrededor¡ª. Pero estos dragones est¨¢n siendo controlados por alguien con magia avanzada. Yumi, quien hasta ese momento hab¨ªa estado conjurando una barrera m¨¢gica, gir¨® la cabeza hacia ¨¦l con una expresi¨®n de asombro. ¡ª?C¨®mo puedes saber eso si estabas inconsciente? ¡ªpregunt¨® con escepticismo. Biel alz¨® la vista hacia el cielo tormentoso, su mirada ard¨ªa con una determinaci¨®n renovada. ¡ªMonsfil me lo dijo ¡ªrespondi¨® con seguridad¡ª. Como Rey Demonio, tambi¨¦n pose¨ªa esa habilidad. Yumi se cruz¨® de brazos, procesando la informaci¨®n antes de asentir. ¡ªYa comprendo¡­ entonces, si los dragones est¨¢n bajo un hechizo, significa que podr¨ªas¡­ ¡ªRomper su control ¡ªcomplet¨® Biel, sus ojos brillando con un destello oscuro. Sin perder un segundo m¨¢s, dio un paso al frente, sintiendo c¨®mo su cuerpo se adaptaba a la forma imperfecta del Rey Demonio. La energ¨ªa oscura lo envolvi¨® como un manto et¨¦reo, y su presencia cambi¨® dr¨¢sticamente. Un aura densa y poderosa eman¨® de ¨¦l, haciendo que incluso los dragones dudaran por un instante. El aire se volvi¨® m¨¢s pesado. Cada uno de los presentes sinti¨® el cambio en la atm¨®sfera. El verdadero combate estaba por comenzar. Biel sinti¨® la energ¨ªa recorriendo su cuerpo mientras se impulsaba hacia adelante, dirigi¨¦ndose al primer drag¨®n con una velocidad vertiginosa. Su pu?o, reforzado por la energ¨ªa oscura, impact¨® directamente en el torso de la bestia con una fuerza descomunal. El estruendo reson¨® en todo el campo de batalla, y el drag¨®n, sorprendido, fue derribado con un rugido de dolor. Antes de que pudiera recuperar el aliento, el segundo drag¨®n lanz¨® un ataque feroz. Biel reaccion¨® con rapidez, girando sobre su eje y esquivando por poco un zarpazo capaz de partir una monta?a en dos. Con un gesto r¨¢pido, convoc¨® sus "Espinas de Penumbra"; afiladas y letales, emergieron de las sombras y se incrustaron en el cuerpo del drag¨®n, atraves¨¢ndolo de lado a lado. El coloso rugi¨® de dolor y cay¨® pesadamente al suelo, levantando una nube de polvo. Biel aterriz¨® con elegancia, su respiraci¨®n entrecortada, pero con una sonrisa de victoria. Sin embargo, esa expresi¨®n se borr¨® r¨¢pidamente cuando not¨® algo aterrador: los dragones comenzaban a regenerarse. Los orificios causados por sus espinas se cerraban poco a poco, la piel escamosa se restauraba como si nunca hubiera sido da?ada. Biel sinti¨® un escalofr¨ªo recorrer su espalda. ¡ª??C¨®mo es posible?!¡ª murmur¨® con incredulidad, su ce?o frunci¨¦ndose. Sin perder tiempo, Biel extendi¨® sus manos y canaliz¨® su "Inmunidad al Lavado de Cerebro" en direcci¨®n a los dragones, una energ¨ªa oscura se esparci¨® como una ola invisible, envolviendo a las criaturas en un intento de disipar el control que pesaba sobre ellas. Pero el efecto fue nulo. Los dragones ni siquiera se inmutaron. If you stumble upon this narrative on Amazon, it''s taken without the author''s consent. Report it. ¡ªNo puede ser¡­ ¡ªmurmur¨® Biel, su expresi¨®n se endureci¨®. ¡ªLa magia que los controla es demasiado avanzada... Un viento helado surc¨® el aire. Una sombra enorme se proyect¨® sobre el campo de batalla cuando un tercer drag¨®n descendi¨® de los cielos, sus ojos brillando con un fulgor carmes¨ª. Pero no estaba solo. Sobre su lomo, una figura alta y envuelta en un manto oscuro lo miraba con una sonrisa burlona. ¡ªVeo que no puedes con la magia avanzada, simple plebeyo ¡ªla voz del desconocido era profunda y resonante, cargada de superioridad. Biel alz¨® la vista, su coraz¨®n latiendo con fuerza. El aura del reci¨¦n llegado era abrumadora, un poder que parec¨ªa doblar el aire a su alrededor. ¡ª?Qui¨¦n eres? ¡ª demand¨® Biel, con los pu?os apretados. El hombre sonri¨®, inclinando la cabeza con calma. ¡ªAlguien que est¨¢ a punto de mostrarte lo insignificante que eres ante el verdadero poder. El viento silbaba entre los escombros de la batalla mientras Biel observaba fijamente al misterioso sujeto. Con un gesto lento y calculado, aquel hombre se sac¨® la capucha, revelando su rostro afilado y sus ojos llenos de desprecio. ¡ªMi nombre es Shalok ¡ªanunci¨® con arrogancia¡ª. Soy un noble de alto rango, y he venido a destruir esta ciudad de plebeyos. Las palabras de Shalok llenaron el aire de una tensi¨®n sofocante. Biel entrecerr¨® los ojos, su coraz¨®n lat¨ªa con fuerza al escuchar aquellas palabras. ¡ª?Acaso vienes de Marciler? ¡ª pregunt¨® Biel con una mezcla de sospecha y desd¨¦n. Antes de que pudiera reaccionar, Shalok desapareci¨® en un instante. Una fracci¨®n de segundo despu¨¦s, estaba frente a ¨¦l, su pu?o impact¨® con una fuerza devastadora en el est¨®mago de Biel, haci¨¦ndolo retroceder mientras el aire escapaba de sus pulmones. ¡ª?C¨®mo osas nombrar a la gran ciudad de Marciler, sucio plebeyo ignorante! ¡ª escupi¨® con rabia Shalok¡ª. No tienes derecho a nada. Biel tambale¨® hacia atr¨¢s, tratando de comprender la velocidad de su oponente. Nunca hab¨ªa enfrentado a alguien que se moviera con tal rapidez. Su mente analizaba cada movimiento, buscando un patr¨®n, un error, algo que pudiera darle ventaja. Shalok lo mir¨® con desd¨¦n y una sonrisa cruel se dibuj¨® en su rostro. ¡ªPero te dir¨¦ una cosa, plebeyo. Nosotros, los nobles, servimos a la gran Emperatriz Domia. Solo ella tiene derecho, sobre todo. Muy pronto, toda la naci¨®n estar¨¢ bajo sus pies. La gran ciudad de Marciler ser¨¢ la ¨²nica, y los plebeyos como t¨² ser¨¢n esclavos para nosotros. Biel sinti¨® un escalofr¨ªo recorrer su espalda. Su sospecha se hab¨ªa confirmado. La Emperatriz Domia no era solo una l¨ªder despiadada, sino que planeaba someter al mundo bajo su dominio absoluto. ¡ªAntes de que te mate, dime tu nombre, plebeyo ¡ªorden¨® Shalok con superioridad¡ª. Tienes el derecho de dec¨ªrmelo. Y como premio, te conceder¨¦ una muerte sin dolor. Biel apret¨® los pu?os, su mirada se encendi¨® con una determinaci¨®n feroz. ¡ªMi nombre es Biel Beltr¨¢n¡ª respondi¨® con firmeza¡ª. Y te juro que te derrotar¨¦. Los ojos de Shalok se abrieron con sorpresa por un instante antes de volver a su expresi¨®n arrogante. ¡ª?Acaso eres un noble? ?Por qu¨¦ tienes otro nombre? ¡ª inquiri¨® con suspicacia. Biel neg¨® con la cabeza, su voz firme y sin titubeos. ¡ªNo, como t¨² dices, solo soy un simple plebeyo. Shalok solt¨® una carcajada burlona, su risa reson¨® como un eco cruel en el campo de batalla. ¡ª?No me hagas re¨ªr! Solo los nobles y los reyes tienen dos nombres. Un plebeyo como t¨² no deber¨ªa poseer otro nombre. Biel lo observ¨® sin pesta?ear, su cuerpo emanaba una determinaci¨®n inquebrantable. Sab¨ªa que la batalla contra Shalok no ser¨ªa f¨¢cil, pero tambi¨¦n sab¨ªa que no pod¨ªa perder. Su destino y el de muchos depend¨ªan de ello. Shalok observ¨® todo a su alrededor con una sonrisa burlona. Su mirada se pase¨® por cada una de las mujeres presentes, deteni¨¦ndose con aire condescendiente. ¡ªVeo que hay muchas chicas lindas aqu¨ª¡­ L¨¢stima que sean simples plebeyas. Antes de que pudiera seguir, una voz firme lo interrumpi¨®. ¡ªTe equivocas ¡ªreplic¨® Sarah con frialdad¡ª. Yo soy hija del ex Rey Vampiro Lip. Shalok entrecerr¨® los ojos, claramente sorprendido por la revelaci¨®n. ¡ª?Rey Vampiro Lip? ¡ªmurmur¨® con curiosidad¡ª. ?Te refieres al vampiro que cay¨® a manos de una chica llamada Acalia? Sarah asinti¨®, su mirada era desafiante. ¡ªAs¨ª es. Mi padre fue malvado, pero, aun as¨ª, sigue siendo mi padre. Shalok solt¨® una carcajada sarc¨¢stica y cruz¨® los brazos. ¡ªVaya, vaya¡­ as¨ª que la hija del gran vampiro sigue viva. ?Y qu¨¦ se siente saber que tu padre fue derrotado por una simple mortal? Sarah no mostr¨® se?ales de inmutarse. ¡ªPor cierto, Acalia est¨¢ justo all¨ª ¡ªdijo se?alando con calma. Shalok sigui¨® la direcci¨®n que Sarah indicaba y gir¨® hacia Acalia. Su sonrisa se ensanch¨® al reconocerla. ¡ª?Con que t¨² eres Acalia, la que derrot¨® al Rey Vampiro! Esto es interesante¡­ Seg¨²n lo que escuch¨¦, liberaste una gran cantidad de poder cuando viste morir a tu amigo y, con eso, lograste vencer a Lip. Acalia cerr¨® los pu?os, su mirada llena de determinaci¨®n. ¡ªEso es cierto, mi amigo muri¨® ese d¨ªa¡­ pero volvi¨® a la vida. Shalok frunci¨® el ce?o, su expresi¨®n reflejaba una mezcla de sorpresa y escepticismo. ¡ª?Qu¨¦ dices? ¡ªexclam¨®, tratando de procesar la informaci¨®n¡ª. ?Eso es imposible! Acalia mantuvo su posici¨®n firme, con una leve sonrisa en los labios. ¡ªAs¨ª es. Y justamente est¨¢ aqu¨ª. En ese instante, Shalok sinti¨® una abrumadora energ¨ªa surgiendo a sus espaldas. Se gir¨® r¨¢pidamente y su mirada se ensanch¨® al ver a Biel transform¨¢ndose. Su aura oscura fluctu¨® mientras su cuerpo pasaba de su forma imperfecta a su forma semi perfecta. La presi¨®n en el aire se volvi¨® asfixiante. ¡ªSi¡­ yo soy aquel al que muri¨® ese d¨ªa ¡ªdeclar¨® Biel con voz firme, su presencia emanando un poder intimidante. Shalok se ech¨® a re¨ªr, pero en su mente se encendieron todas las alarmas. ?C¨®mo es que est¨¢ vivo? Seg¨²n el informe que dio la Emperatriz, tanto Lip como este humano hab¨ªan muerto en combate¡­ Su expresi¨®n volvi¨® a la normalidad r¨¢pidamente y mir¨® a Biel con un aire de superioridad fingida. ¡ªAs¨ª que eres el humano que luch¨® contra Lip¡­ ?Ese rey debi¨® ser demasiado d¨¦bil para no haber podido contigo! Pero por dentro, la mente de Shalok segu¨ªa tambale¨¢ndose. ?C¨®mo puede tener tanto poder? ?Y por qu¨¦ ha cambiado de forma? Esto no tiene sentido¡­ Sin embargo, mantuvo su compostura y apunt¨® a Biel con un dedo acusador. ¡ª?Entonces, enfr¨¦ntame con todo lo que tienes, Biel! Te demostrar¨¦ lo insignificantes que son los plebeyos ante el poder de los nobles. Biel apret¨® los pu?os, su mirada ardiendo con determinaci¨®n. ¡ªNo subestimes a los que has llamado plebeyos, Shalok. Hoy aprender¨¢s que el linaje no lo es todo. Ambos se quedaron mir¨¢ndose fijamente, la tensi¨®n entre ellos era palpable. El combate estaba a punto de comenzar, y el destino de muchos depend¨ªa de su desenlace. Cap铆tulo 37: El Auge de un Poder Inconmensurable El viento soplaba con fuerza sobre el campo de batalla. Biel cerr¨® los ojos por un momento, sintiendo el peso de lo que estaba por venir. Frente a ¨¦l, Shalok sonri¨® con malicia, sus ojos carmes¨ªes reflejaban la sed de combate. ¡ª?Est¨¢s listo para enfrentarte a tu destino? ¡ªpregunt¨® Shalok, su voz reson¨® con una frialdad escalofriante. Biel apret¨® los pu?os y sinti¨® la energ¨ªa fluir dentro de ¨¦l. No hab¨ªa marcha atr¨¢s. Mientras tanto, en otro punto del campo de batalla, Acalia y los dem¨¢s se enfrentaban al ¨²ltimo drag¨®n. Acalia se lanz¨® hacia la bestia, su espada irradiaba una luz cegadora. Con un grito feroz, descarg¨® un golpe directo contra el pecho del drag¨®n. El impacto reson¨® en el aire, empujando a la criatura unos metros atr¨¢s. El drag¨®n rugi¨® furioso y contraatac¨®, lanzando una llamarada ardiente hacia Acalia. Sin vacilar, ella alz¨® una mano y conjur¨® un escudo de energ¨ªa, bloqueando el fuego abrasador. A pesar de su defensa, el impacto la hizo retroceder unos pasos. ¡ªEste drag¨®n es mucho m¨¢s poderoso que los otros dos¡­ ¡ªmurmur¨® Acalia entre jadeos¡ª. A este ritmo, no podremos hacer nada. Sarah, Xantle y Easton intercambiaron miradas de preocupaci¨®n. Sus energ¨ªas estaban agot¨¢ndose r¨¢pido, y el drag¨®n apenas mostraba signos de fatiga. ¡ªSu magia es demasiado fuerte¡­ el triple que la nuestra ¡ªagreg¨® Acalia, su expresi¨®n reflejaba la gravedad de la situaci¨®n¡ª. Adem¨¢s, Ylfur sigue inconsciente. De pronto, Yumi dio un paso al frente, su mirada determinada. ¡ªYo me encargar¨¦ de ese drag¨®n ¡ªdeclar¨® con voz firme. Acalia la mir¨® con sorpresa. ¡ª?Est¨¢s segura? Su poder es descomunal. En la mente de Yumi, un pensamiento surgi¨® con intensidad: Debo usar el poder que aquel dios me otorg¨®. No hay otra opci¨®n. ¡ªAcalia, Raizel, necesito que lo distraigan mientras cargo mi hechizo ¡ªindic¨® Yumi, con el ce?o fruncido¡ª. Cuento con ustedes. Raizel sonri¨® y asinti¨® sin dudar. ¡ª?Por supuesto! Vamos a darle batalla. Acalia respir¨® hondo antes de asentir. ¡ªBien. Pero no tardes demasiado¡­ No s¨¦ cu¨¢nto tiempo podremos mantener su atenci¨®n. Yumi cerr¨® los ojos y comenz¨® a acumular su energ¨ªa. Un resplandor dorado empez¨® a envolver su cuerpo. Sent¨ªa el flujo de poder recorriendo cada fibra de su ser, pero tambi¨¦n la carga extrema que esto implicaba. ¡ªEs esto o nada¡­ ¡ªsusurr¨®¡ª. Si no funciona, estaremos perdidos. Acalia y Raizel avanzaron hacia el drag¨®n, listos para darlo todo mientras Yumi preparaba su ataque definitivo. Acalia y Raizel se lanzaron hacia el drag¨®n, cada una liberando su mejor ataque. La energ¨ªa de ambos golpes reson¨® con fuerza, pero la bestia ni siquiera se inmut¨®. ¡ªNo puede ser... ¡ªsusurr¨® Acalia, con los ojos muy abiertos¡ª. Ese drag¨®n repeli¨® nuestro poder. Raizel apret¨® los dientes, frustrada. ¡ªIncluso con mi fuerza angelical y tu poder divino, no pudimos hacerle ni un rasgu?o. ?Qu¨¦ clase de criatura es esta? Antes de que pudieran reaccionar, la voz de Yumi reson¨® en el campo de batalla: ¡ª?Chicas, al¨¦jense del drag¨®n! Ambas voltearon y vieron c¨®mo Yumi hab¨ªa terminado de cargar su hechizo. Sin dudarlo, se retiraron r¨¢pidamente de la l¨ªnea de fuego. Con un brillo ardiente en los ojos, Yumi extendi¨® sus manos y desat¨® el hechizo Llamarada Creciente. Una colosal corriente de fuego emergi¨® de sus manos, impactando de lleno contra el drag¨®n. La explosi¨®n ilumin¨® el cielo y una inmensa columna de humo se elev¨®, ocultando la figura de la bestia. ¡ªLo logr¨¦... ¡ªmurmur¨® Yumi con un atisbo de esperanza. Sin embargo, un estruendoso grito sacudi¨® el aire y, en un instante, el humo se disip¨® por completo. El drag¨®n permanec¨ªa intacto, su mirada fiera y desafiante. Yumi, Acalia y Raizel se quedaron paralizadas. ¡ªNo puede ser... ni siquiera eso funcion¨® ¡ªsusurr¨® Raizel, sintiendo un escalofr¨ªo recorrer su espalda. En ese momento, una figura emergi¨® de entre las sombras. Su voz grave y firme llam¨® la atenci¨®n de todas. ¡ªNo podr¨¢n derrotar a ese drag¨®n con magia. Su resistencia es demasiado alta debido a su poder m¨¢gico avanzado. Acalia y Raizel se giraron para ver a un aventurero de armadura ligera y porte imponente: Gaudel. Su rostro mostraba una seguridad inquebrantable. ¡ª?Un drag¨®n inmune a la magia...? ¡ªsusurr¨® Acalia, intentando procesar la informaci¨®n¡ª. Entonces, ?c¨®mo lo derrotamos? Gaudel esboz¨® una ligera sonrisa. ¡ªSi derrotamos al que lo controla, ganaremos. ¡ª?Biel? ¡ªpregunt¨® Raizel, con un destello de esperanza en los ojos¡ª. ¨¦l est¨¢ enfrent¨¢ndose a... ¡ªNo ¡ªinterrumpi¨® Gaudel, negando con la cabeza¡ª. El verdadero controlador de esta bestia es otro. Antes de que pudieran reaccionar, Gaudel sac¨® su arco de luz y dispar¨® una flecha hacia una formaci¨®n rocosa cercana. La flecha impact¨® con fuerza, iluminando la zona. En ese instante, una silueta emergi¨® de entre las sombras. Support creative writers by reading their stories on Royal Road, not stolen versions. ¡ªVaya, vaya... ¡ªmurmur¨® la figura con una voz calmada y casi divertida¡ª. Me doy cuenta de que ese ojo tuyo es realmente interesante. La luz revel¨® su rostro. Un hombre de complexi¨®n delgada pero imponente, con una sonrisa calculadora. ¡ªMi nombre es Cliver Soldemour ¡ªanunci¨® con un tono seguro¡ª. Y he venido por una misi¨®n de mi emperatriz Domia. Pero parece que esto ser¨¢ m¨¢s sencillo de lo que pens¨¦. Gaudel clav¨® su mirada en Cliver, su expresi¨®n endureci¨¦ndose al comprender la situaci¨®n. ¡ªEres t¨² quien controla al drag¨®n ¡ªafirm¨® con frialdad. Cliver esboz¨® una sonrisa ladeada y asinti¨® con tranquilidad. ¡ªAs¨ª es. Mi magia avanzada me permite someterlo a mi voluntad. Pero mi verdadera misi¨®n aqu¨ª no es solo este drag¨®n. He venido a buscarte, Gaudel. La emperatriz Domia desea ese ojo m¨¢gico que posees. Gaudel sinti¨® un escalofr¨ªo recorrerle la espalda, pero su postura no vacil¨®. ¡ªMi habilidad m¨¢gica no caer¨¢ en sus manos. No importa lo que planee, no se lo permitir¨¦ ¡ªafirm¨® con determinaci¨®n. Cliver dej¨® escapar una risa baja y amenazante. ¡ªYa veo¡­ entonces simplemente te arrancar¨¦ los ojos y se los llevar¨¦ ¡ªdijo con una frialdad escalofriante antes de soltar una carcajada burlona. Gaudel, en lugar de mostrar miedo, esboz¨® una sonrisa desafiante. ¡ªEntonces, intenta hacerlo. El viento sopl¨® con fuerza entre ellos, cargado de tensi¨®n. Cliver alz¨® una mano, y el drag¨®n rugi¨® con fiereza, como si sintiera la emoci¨®n de su maestro. La batalla estaba a punto de comenzar. ¡ªSabes, Gaudel, podr¨ªas ahorrarte el sufrimiento. Entr¨¦galo voluntariamente y te prometo que la emperatriz Domia te tratar¨¢ con "cierto" respeto ¡ªdijo Cliver, con una sonrisa de suficiencia. ¡ªNo hay nada que hablar ¡ªrespondi¨® Gaudel con firmeza¡ª. Prefiero perderlo antes que poner ese poder en manos equivocadas. Cliver chasque¨® la lengua, como si su paciencia se agotara. ¡ªSiempre tan testarudos... Es una pena, realmente. Pero ya que lo deseas as¨ª... ¡ªlevant¨® su bast¨®n, y una energ¨ªa oscura comenz¨® a acumularse en su punta. Gaudel flexion¨® las piernas, prepar¨¢ndose para esquivar. ¡ªNo creas que ser¨¢ tan f¨¢cil. He enfrentado enemigos peores que t¨². ¡ª?Peores que yo? ¡ªCliver solt¨® una carcajada¡ª. No tienes idea de con qui¨¦n est¨¢s tratando. El drag¨®n golpe¨® el suelo con sus garras, levantando una nube de polvo. Acalia y Raizel observaban desde la distancia, listas para intervenir si era necesario. ¡ªGaudel, ?ten cuidado! ¡ªgrit¨® Acalia. Gaudel apenas la escuch¨®. Su atenci¨®n estaba fija en Cliver y en el monstruo que dominaba. Sab¨ªa que esta batalla no ser¨ªa f¨¢cil. El estruendo del combate entre Gaudel y Cliver retumbaba en todo el lugar. El choque de sus poderes sacud¨ªa el suelo, levantando polvo y escombros a su alrededor. Cada ataque era devastador, iluminando la batalla con destellos de magia y energ¨ªa pura. A lo lejos, Biel esquiv¨® un golpe de Shalok y sinti¨® la vibraci¨®n del suelo bajo sus pies. Se gir¨® por un instante y pudo ver la feroz batalla que libraban Gaudel y Cliver. Su coraz¨®n se aceler¨®. ¡ªEse combate de all¨¢... es muy intenso ¡ªmurmur¨® para s¨ª mismo. Shalok tambi¨¦n not¨® la energ¨ªa que emanaba de la pelea y solt¨® una carcajada burlesca. ¡ªVaya, vaya... veo que descubrieron a ese imb¨¦cil de Cliver y con ¨¦l, el verdadero plan ¡ªcoment¨® con una sonrisa maliciosa. Biel frunci¨® el ce?o, manteni¨¦ndose en guardia. ¡ª?A qu¨¦ te refieres con "el verdadero plan"? ¡ªpregunt¨®, sin apartar la vista de su enemigo¡ª. Pens¨¦ que estabas aqu¨ª para destruir la ciudad. Shalok sonri¨® con arrogancia y gir¨® levemente la cabeza, como si la pregunta de Biel fuera divertida. ¡ªBueno, esa era parte del plan, pero el objetivo principal era capturar al aventurero del ojo m¨¢gico que se encuentra en este lugar ¡ªrevel¨® con tranquilidad¡ª. Pero parece que Cliver ya lo encontr¨®. Biel sinti¨® un escalofr¨ªo recorrer su espalda. Sus pensamientos se arremolinaron r¨¢pidamente mientras procesaba la informaci¨®n. ¡ªEntonces... ellos vienen por Gaudel y su ojo m¨¢gico ¡ªmurmur¨® en su mente, con los pu?os apretados¡ª. Esto ser¨¢ un problema... Shalok not¨® la expresi¨®n de Biel y solt¨® una risita burlona. ¡ª?Oh! Veo que ya captaste la idea, plebeyo ¡ªdijo con tono burl¨®n¡ª. Pero dime, ?Qu¨¦ har¨¢s ahora? ?Seguir¨¢s peleando conmigo o intentar¨¢s salvar a tu amigo antes de que sea demasiado tarde? Biel apret¨® los dientes. Su mente trabajaba r¨¢pido, deb¨ªa tomar una decisi¨®n pronto. Mir¨® a Shalok, quien segu¨ªa con su sonrisa desafiante, y luego volvi¨® la vista hacia la feroz batalla entre Gaudel y Cliver. ¡ªNo te preocupes por lo que har¨¦ ¡ªrespondi¨® con determinaci¨®n¡ª. A¨²n no has visto todo lo que soy capaz de hacer. Shalok levant¨® una ceja, divertido. ¡ª?Ja! Eso quiero verlo... ?Ven a m¨ª, sucio plebeyo! El aire se carg¨® de energ¨ªa mientras los dos combatientes se preparaban para continuar la batalla. Biel sab¨ªa que el tiempo jugaba en su contra, pero no pod¨ªa permitirse perder contra Shalok. El destino de Gaudel y la ciudad depend¨ªa de ello. Biel exhal¨® profundamente y cerr¨® los ojos por un instante. Sab¨ªa que no pod¨ªa contenerse m¨¢s tiempo. La energ¨ªa en su interior se desbord¨® como un torrente incontenible, formando un aura oscura que lo envolvi¨® por completo. Su poder creci¨® de manera descomunal, haciendo que el suelo bajo sus pies se agrietara y que el aire vibrara con intensidad. Shalok, quien hasta ahora hab¨ªa mantenido una actitud despreocupada, abri¨® los ojos de par en par al sentir la inmensa energ¨ªa de Biel. Por primera vez, su rostro reflejaba desesperaci¨®n. ¡ª?Qu¨¦ es esta aura tan siniestra! ¡ªexclam¨® retrocediendo¡ª. Este poder... casi equivale al de la se?orita Domia... ?Qui¨¦n demonios es este sujeto? Biel abri¨® los ojos, su mirada ard¨ªa con determinaci¨®n y rabia contenida. ¡ªEsta vez... los derrotar¨¦ ¡ªdeclar¨® con voz firme. Mientras cargaba una colosal cantidad de energ¨ªa, Gaudel, que segu¨ªa luchando contra Cliver, sinti¨® la sacudida de poder que emanaba de Biel y se gir¨® por un instante. ¡ª?Eso es... el poder de Biel! ¡ªdijo con sorpresa. No solo ¨¦l, Acalia, Xantle, Easton, Sarah, Charlotte, Yumi y Raizel tambi¨¦n sintieron la intensidad del aura que Biel estaba desplegando. La sorpresa y la preocupaci¨®n inundaron sus rostros. ¡ªEste poder... es inmenso ¡ªsusurr¨® Acalia. Cliver tambi¨¦n se percat¨® de la amenaza y, sin perder tiempo, corri¨® hacia Shalok. ¡ª?Maldita sea, Shalok, no podemos dejarlo lanzar ese ataque! ¡ªgru?¨®. Shalok asinti¨® r¨¢pidamente, comprendiendo que, si no hac¨ªan algo, estar¨ªan acabados. Biel levant¨® ambas manos y una densa esfera de energ¨ªa oscura y dorada comenz¨® a formarse sobre ¨¦l. La presi¨®n era asfixiante, y el viento a su alrededor rug¨ªa violentamente. ¡ª?Ahora tomen esto! ?Explosi¨®n Crepuscular! ¡ªgrit¨® Biel mientras lanzaba el devastador ataque. La esfera impact¨® de lleno contra Shalok y Cliver, quienes intentaron bloquearlo con todo su poder. Pero fue en vano. La energ¨ªa de Biel los envolvi¨® completamente, generando una explosiva onda de choque que sacudi¨® el campo de batalla. Shalok grit¨® en desesperaci¨®n. ¡ª?No puede ser! Una gran explosi¨®n oscura ilumin¨® el cielo, haciendo temblar el suelo con una fuerza devastadora. Despu¨¦s de unos segundos, el humo comenz¨® a disiparse, revelando a Shalok y Cliver tendidos en el suelo, inconscientes. Biel, exhausto, se tambale¨® y cay¨® de rodillas. ¡ªEsta vez... pude hacerlo ¡ªsusurr¨® antes de perder el conocimiento. Charlotte corri¨® hacia ¨¦l, con el coraz¨®n en un pu?o. ¡ª?Hermanito, ?est¨¢s bien?! Easton la sujet¨® por los hombros, tratando de calmarla. ¡ªTranquila, Charlotte. Biel est¨¢ bien, solo est¨¢ inconsciente despu¨¦s de desplegar toda esa energ¨ªa ¡ªdijo con una voz firme pero tranquila. Pero antes de que pudieran relajarse, una figura apareci¨® junto a los cuerpos de Cliver y Shalok. Su presencia era sofocante, y su voz reson¨® con frialdad. ¡ªVaya, vaya... ustedes son unos imb¨¦ciles. No pudieron cumplir con la misi¨®n ¡ªdijo con desd¨¦n. Acalia se puso en guardia de inmediato y pregunt¨® con firmeza: ¡ª??Qui¨¦n eres?! La figura sonri¨® con desinter¨¦s y simplemente respondi¨®: ¡ªNos volveremos a ver. Sin decir m¨¢s, desapareci¨® en el acto, llev¨¢ndose consigo a Shalok y Cliver. Easton golpe¨® el suelo con frustraci¨®n. ¡ª?Rayos, escaparon! Acalia suspir¨® y relaj¨® su postura. ¡ªNo pasa nada. Ya nos volveremos a encontrar ¡ªdijo con seguridad. Sin perder m¨¢s tiempo, el grupo levant¨® a Biel y se apresur¨® en llevarlo a la ciudad para tratar sus heridas. Aunque la batalla hab¨ªa terminado, sab¨ªan que la guerra a¨²n no hab¨ªa concluido. Cap铆tulo 38: Cuando el Destino Tiembla Los rayos del sol comenzaban a te?ir el cielo de tonos anaranjados cuando el grupo lleg¨® a la imponente puerta de la Ciudad de los Aventureros. La preocupaci¨®n se reflejaba en sus rostros, pero en especial en el de Charlotte, quien no apartaba la vista de Biel, a¨²n inconsciente sobre la improvisada camilla. ¡ª?Biel...! ¡ªsusurr¨®, su voz temblando mientras sus dedos rozaban la frente del chico, sintiendo el fr¨ªo sudor que cubr¨ªa su piel. ¡ªPor favor... despierta... Easton coloc¨® una mano firme sobre su hombro. ¡ªNo te preocupes. Biel solo est¨¢ inconsciente. Gast¨® toda su energ¨ªa en esa batalla... Necesita descansar. ¡ªIntent¨® sonar tranquilo, pero su mirada lo delat¨®: la incertidumbre tambi¨¦n lo carcom¨ªa por dentro. Charlotte apret¨® los labios, sus ojos brillando con l¨¢grimas contenidas. ¡ªPero... ?y si no despierta...? ?Ylfur...? ¨¦l... ¨¦l lo protegi¨®... ?Recibi¨® tanto da?o! ¡ªNo te preocupes por Ylfur ¡ªintervino Acalia con voz serena, aunque en sus ojos danzaba una sombra de preocupaci¨®n. ¡ª¨¦l es un demonio... Se recuperar¨¢ con el tiempo. A su alrededor, el bullicio de la ciudad contrastaba con el pesado silencio del grupo. Al cruzar las puertas, los guardias los detuvieron con semblantes serios. ¡ª?Alto! ¡ªexclam¨® uno de ellos, observando el estado en el que llegaban. ¡ª?Qu¨¦ ha sucedido? Hubo explosiones en las afueras... Raizel dio un paso al frente, su expresi¨®n decidida. ¡ªUstedes lleven a Biel a tratar sus heridas. Yo me quedar¨¦ aqu¨ª y explicar¨¦ todo lo sucedido. Acalia asinti¨®. ¡ªEst¨¢ bien. No perdamos m¨¢s tiempo. Mientras Raizel se quedaba con los guardias, el resto del grupo avanz¨® por las concurridas calles, atrayendo miradas curiosas y murmullos preocupados. Charlotte se mordi¨® el labio, esforz¨¢ndose por contener las l¨¢grimas. La voz de Biel, siempre animada y valiente, ahora era solo un eco en su mente. ¡ª?Crees... que ¨¦l...? ¡ªsu voz se quebr¨®, apenas capaz de terminar la pregunta. ¡ªNo digas eso ¡ªla interrumpi¨® Easton, su voz m¨¢s ¨¢spera de lo habitual. ¡ªBiel es fuerte... Demasiado terco para dejarnos as¨ª. Charlotte asinti¨® d¨¦bilmente, aferr¨¢ndose a esas palabras. Mientras tanto, Raizel explicaba lo ocurrido a los guardias. Su voz era firme, aunque su mente repasaba cada instante de la batalla. ¡ªLos nobles enviados desde Marciler... Pens¨¢bamos que quer¨ªan destruir la Ciudad de los Aventureros, pero en realidad, su objetivo era el ojo m¨¢gico de Gaudel. Los ojos de los guardias se abrieron con sorpresa. ¡ª?Qu¨¦...? ?La Emperatriz Domia... envi¨® a esos dos...? Raizel asinti¨® con gravedad. ¡ªTodo fue orquestado por ella. Ellos escaparon, pero el peligro sigue presente. ¡ª?Esto debemos informarlo de inmediato al Rey! ¡ªexclam¨® uno de los guardias, sus ojos reflejando una mezcla de miedo y urgencia. ¡ª?De prisa! ¡ªorden¨® su superior. ¡ªVe e informa al Rey sobre lo sucedido. ?Esto es grave! Raizel los observ¨® partir, su mirada volvi¨¦ndose sombr¨ªa. Emperatriz Domia... ?Qu¨¦ planeas realmente? El viento sopl¨® suavemente, moviendo su capa mientras se quedaba en silencio, con la determinaci¨®n brillando en sus ojos. Sab¨ªa que esa batalla era solo el comienzo. En el Umbral de los Dioses, un lugar donde el tiempo y el espacio carec¨ªan de significado, las entidades supremas observaban los eventos del mundo humano. A trav¨¦s de un espejo et¨¦reo que reflejaba la realidad mortal, las im¨¢genes de Biel y sus amigos luchando por sobrevivir tras la batalla se proyectaban con claridad. ¡ªEstos humanos... otra vez envueltos en guerras sin sentido ¡ªdijo Solaryon, el Dios de la Luz, con un tono de exasperaci¨®n. Su figura irradiaba una luz cegadora, y sus ojos dorados observaban con desd¨¦n¡ª. La ambici¨®n de gobernarlo todo es un fastidio interminable. Nyxaris, el Dios de las Sombras, ri¨® suavemente desde su trono envuelto en penumbra. ¡ªLa vida humana es as¨ª. Siempre debe haber conflictos. La luz y la oscuridad, la paz y la guerra... es su naturaleza. ¡ªTal vez, pero lo que m¨¢s me preocupa es el humano candidato a Rey Demonio... ¡ªdijo Chronasis, el Dios del Tiempo, mientras su mirada se enfocaba en Biel, a¨²n inconsciente¡ª. El chico llamado Biel... qued¨® agotado despu¨¦s de la batalla para no conseguir nada, y ahora est¨¢ al borde de la muerte. Tiene un gran poder, pero sus batallas pasadas no parecen haberle ense?ado nada. Thalgron, el Dios de la Guerra, golpe¨® su lanza contra el suelo, haciendo temblar el Umbral. ¡ª?Ese humano no tiene el instinto de un verdadero guerrero! Pelea con el coraz¨®n, pero sin la mente. Un l¨ªder que no aprende de sus derrotas est¨¢ destinado a caer. ¡ªA¨²n es joven ¡ªintervino Elaris, la Diosa de la Vida, con voz suave y compasiva¡ª. Est¨¢ creciendo y buscando su prop¨®sito. Adem¨¢s, no pelea solo... Tiene amigos que le dan fuerza. ¡ª?Fuerza? ?Depender de otros es fuerza? ¡ªse burl¨® Thalgron, sus ojos ardiendo con desd¨¦n¡ª. ?Eso es debilidad! ¡ªNo entiendes nada, Thalgron ¡ªintervino Nyxaris, su tono burl¨®n¡ª. La verdadera fuerza no est¨¢ en la soledad, sino en los lazos que creamos. Incluso las sombras necesitan luz para existir. Veyrith, el Dios del Caos, observ¨® con una sonrisa maliciosa. ¡ªTodo esto es fascinante. Ese chico est¨¢ destinado a alterar el equilibrio... Lo s¨¦... lo siento en mis entra?as. Ya ha comenzado a influenciar a quienes lo rodean. Ser¨¢ interesante ver si sobrevive. ¡ªEste conflicto es solo de humanos ¡ªdeclar¨® Orivax, el Dios de la Sabidur¨ªa, con voz grave¡ª. Nosotros no podemos intervenir. La historia debe seguir su curso natural. Lo que sea que ocurra, est¨¢ en manos humanas. ¡ªPero... ¡ªElaris baj¨® la mirada, sus ojos reflejando preocupaci¨®n¡ª. Acalia est¨¢ ah¨ª... y su destino est¨¢ intr¨ªnsecamente ligado al de Biel. Si ¨¦l cae... ella tambi¨¦n lo har¨¢. This story has been stolen from Royal Road. If you read it on Amazon, please report it Solaryon suspir¨®, su luz parpadeando ligeramente. ¡ªSolo podemos observar... aunque es frustrante no poder hacer nada. ¡ªAlgunos de nosotros ya hemos intervenido antes... ¡ªdijo Veyrith, su sonrisa ampli¨¢ndose¡ª. Y no me refiero solo a m¨ª. ?No es cierto, Nyxaris? Los ojos de Nyxaris brillaron en la penumbra, pero no dijo nada. Un silencio pesado envolvi¨® el Umbral, mientras las im¨¢genes de Biel y sus amigos continuaban reflej¨¢ndose en el espejo et¨¦reo. Todos los dioses sab¨ªan que el destino de ese chico estaba a punto de cambiar... para bien o para mal. En la imponente ciudad de Marciler, rodeada de altas murallas y calles pavimentadas con m¨¢rmol blanco, la Emperatriz Domia disfrutaba de una taza de t¨¦ en su majestuoso palacio. El sal¨®n estaba adornado con cortinas de terciopelo carmes¨ª y candelabros dorados que iluminaban el ambiente con un resplandor suave. Sentada en su trono de marfil, su elegante vestido negro ca¨ªa en ondas perfectas, acentuando su presencia imperial. Frente a ella, seis figuras permanec¨ªan en silencio, formando un semic¨ªrculo con la cabeza ligeramente inclinada en se?al de respeto. Eran "Los Nova", la ¨¦lite de nobles que serv¨ªan ¨²nicamente a la Emperatriz de Marciler. Cada uno de ellos era un pilar de poder e influencia en el reino. Cliver Soldemour, de cabello plateado y mirada fr¨ªa, fue el primero en hablar. ¡ªMis disculpas, Majestad. No logramos obtener el ojo m¨¢gico de Gaudel... pero al menos descubrimos algo relevante. Domia tom¨® un sorbo de t¨¦, su mirada afilada enfocada en Cliver. ¡ªFascinante. Entonces... aquel tipo sigue vivo. Cre¨ª que ese tonto Rey Vampiro hab¨ªa acabado con ¨¦l. ¡ªSus labios se curvaron en una sonrisa g¨¦lida¡ª. Ese chico ser¨¢ un problema para mis planes... pero bueno, ya pensar¨¦ en algo para acabar con ¨¦l. Shalok Vendrax, de ojos penetrantes y una cicatriz en su mejilla derecha, se adelant¨®. ¡ªMi se?ora, no fue un fracaso total. Pudimos obtener informaci¨®n crucial sobre sus habilidades... aunque no esper¨¢bamos que poseyera semejante poder. Domia asinti¨® lentamente, sus dedos jugando con el asa de la taza. ¡ªBien hecho, Shalok... y Cliver. Aunque no cumplieron con su misi¨®n, esta informaci¨®n compensa su fracaso... por ahora. Zayra Velmont, una mujer de mirada astuta y cabello ondulado como la seda negra, se inclin¨® ligeramente. ¡ªMajestad, si lo desea, puedo encargarme de ¨¦l personalmente. Nadie escapa de mis sombras. Domia la observ¨® con una expresi¨®n de diversi¨®n. ¡ªOh, Zayra... siempre tan ansiosa por mostrar tu lealtad. Pero no te precipites. Ese chico no es un enemigo ordinario. Debemos ser pacientes. Selene Draeven, de voz suave pero autoritaria, intervino. ¡ªMajestad, ahora que el Rey Vampiro ha ca¨ªdo en las Tierras Oscuras, ?no cree que habr¨¢ repercusiones? Esos territorios eran su dominio y podr¨ªan volverse inestables. La Emperatriz entrecerr¨® los ojos, su tono adquiriendo un matiz sombr¨ªo. ¡ªQue se hundan en su propia oscuridad. No es asunto nuestro. Pero si esos problemas alcanzan mis dominios, tomaremos medidas dr¨¢sticas. Iridelle Vauclair, cuyos ojos reflejaban una inteligencia calculadora, asinti¨®. ¡ªComo siempre, Su Majestad tiene todo bajo control. Pero... ?y si ese chico se al¨ªa con nuestros enemigos? Eso podr¨ªa complicar las cosas. Darian Vorthos, el m¨¢s joven de los Nova, sonri¨® con confianza. ¡ªEntonces simplemente los aplastaremos a todos. No hay fuerza en este mundo que pueda resistirse a su poder, Majestad. Domia dej¨® escapar una risa suave, una melod¨ªa g¨¦lida que reson¨® en el sal¨®n. ¡ªOh, Darian... tu lealtad es admirable, aunque tu arrogancia es peligrosa. No subestimen a ese chico. ¨¦l posee un poder que ni siquiera ustedes pueden imaginar. El silencio envolvi¨® la sala. La Emperatriz dej¨® su taza de t¨¦ en la mesa de cristal y se levant¨®, su figura alta y majestuosa proyectando una sombra imponente. ¡ªContin¨²en vigil¨¢ndolo. Quiero saber cada uno de sus movimientos. Y cuando llegue el momento adecuado... acabaremos con ¨¦l. ¡ªSu voz goteaba determinaci¨®n y malicia¡ª. Ahora pueden retirarse. Los Nova hicieron una reverencia sincronizada. ¡ª?Como ordene, Su Majestad! A medida que se retiraban, sus capas ondeaban en el aire, dejando atr¨¢s un eco de poder y obediencia. La Emperatriz observ¨® el horizonte desde su balc¨®n, sus ojos centelleando con una mezcla de inter¨¦s y amenaza. ¡ªBiel... Veamos hasta d¨®nde llega tu destino. En lo m¨¢s profundo de su mente, Biel flotaba en un vac¨ªo oscuro, rodeado por una neblina densa y opresiva. Se sent¨ªa atrapado, como si el tiempo y el espacio no existieran en ese lugar. Todo era silencio... hasta que una voz grave rompi¨® la quietud. ¡ªJoven portador... eres muy imprudente. Si sigues as¨ª, vas a terminar muriendo. ¡ªLa voz reson¨® con una autoridad ancestral, cargada de una mezcla de preocupaci¨®n y reproche. Biel abri¨® los ojos, encontr¨¢ndose frente a Monsfil, el Rey Demonio de la Destrucci¨®n Eterna. La figura imponente de Monsfil brillaba con una luz oscura, sus ojos rojos centelleando en la penumbra. ¡ªTen¨ªa que hacerlo... ¡ªmurmur¨® Biel, su voz sonando lejana. ¡ªSi no lo hubiera hecho... ?qu¨¦ habr¨ªa pasado con nosotros? Mis amigos... Charlotte... todos habr¨ªan estado en peligro. Monsfil cruz¨® los brazos, su postura r¨ªgida reflejando desaprobaci¨®n. ¡ªQuiz¨¢s los salvaste... pero mira en el estado en que est¨¢s ahora. Est¨¢s al borde de la muerte. Excediste tus l¨ªmites sin pensar en las consecuencias. Biel baj¨® la mirada, sintiendo el peso de sus palabras. ¡ªEso ya lo s¨¦... Pero... no puedo permitir que nadie m¨¢s sufra por mi culpa. ¡ªLa determinaci¨®n sin estrategia es solo imprudencia. ¡ªLa voz de Monsfil se suaviz¨® ligeramente¡ª. Si caes aqu¨ª, todo lo que has logrado hasta ahora no significar¨¢ nada. Debes aprender a luchar con inteligencia, no solo con coraje. Biel apret¨® los pu?os, una chispa de determinaci¨®n encendi¨¦ndose en sus ojos. ¡ªLo s¨¦... tratar¨¦ de hacer mejor las cosas a partir de ahora. No quiero ser una carga para nadie... ni para ti. Monsfil solt¨® una risa seca. ¡ªEso espero, joven portador. Eres terco... pero tienes potencial. Solo aseg¨²rate de vivir lo suficiente para aprovecharlo. Biel asinti¨® lentamente, su mirada recorriendo el vasto vac¨ªo que los rodeaba. Fue entonces cuando la vio: una puerta enorme, oscura como la noche, cubierta de cadenas que se entrelazaban en patrones intrincados. Una energ¨ªa ominosa emanaba de ella, haciendo que el aire vibrara. ¡ªOye... Monsfil... ?y esa puerta con cadenas? ?Qu¨¦ es eso? ¡ªpregunt¨® Biel, su voz llena de incertidumbre. Monsfil gir¨® hacia la puerta, sus ojos brillando con cautela. ¡ªEsa puerta... ya estaba aqu¨ª cuando llegu¨¦ a tu mente. ¡ª?C¨®mo...? ?Entonces no es tuya? ¡ªpregunt¨® Biel, frunciendo el ce?o. ¡ªNo... Esa cosa no me pertenece. La he sentido desde que te convertiste en mi portador... Es antigua... y su poder es... inquietante. ¡ªMonsfil entrecerr¨® los ojos, su tono volvi¨¦ndose sombr¨ªo¡ª. Debes tener cuidado con eso. Nada bueno puede salir de una prisi¨®n tan siniestra. Biel se acerc¨® unos pasos, atra¨ªdo por el aura misteriosa de la puerta. Las cadenas tintinearon suavemente, como si reaccionaran a su presencia. ¡ª?Qu¨¦ crees que hay detr¨¢s de ella...? ¡ªNo lo s¨¦... y quiz¨¢ es mejor que nunca lo descubramos. ¡ªLa voz de Monsfil fue firme, un destello de preocupaci¨®n cruzando su mirada. Biel retrocedi¨®, un escalofr¨ªo recorriendo su espalda. La puerta parec¨ªa pulsar, como si algo detr¨¢s de ella intentara liberarse. ¡ª?Por qu¨¦... est¨¢ en mi mente...? ?Qu¨¦ demonios soy...? Monsfil lo observ¨® en silencio, su expresi¨®n m¨¢s seria que nunca. ¡ªEso es algo que deber¨¢s descubrir por ti mismo, joven portador. Pero una cosa es segura... esa puerta es parte de ti, y enfrentarte a ella ser¨¢ inevitable. Un silencio tenso llen¨® el vac¨ªo. Biel mir¨® la puerta una vez m¨¢s, pero algo cambi¨®. Las cadenas comenzaron a temblar, un sonido met¨¢lico reverberando en el aire. Sus ojos se abrieron con sorpresa. ¡ª?Qu¨¦...? ¡ªmurmur¨® Biel, retrocediendo instintivamente. Las cadenas se agrietaron, emitiendo un resplandor carmes¨ª. Una a una, las cadenas estallaron en fragmentos de luz, desmoron¨¢ndose al suelo con un eco ensordecedor. ¡ª?Monsfil! ?Qu¨¦ est¨¢ pasando? ¡ªgrit¨® Biel, su voz cargada de miedo e incertidumbre. Monsfil observ¨® la escena con expresi¨®n sombr¨ªa. ¡ªImposible... Esa puerta estaba sellada... ?Qui¨¦n... o qu¨¦ est¨¢ detr¨¢s de ella...? La puerta se abri¨® lentamente, un crujido ag¨®nico acompa?ando su movimiento. Una r¨¢faga de viento oscuro emergi¨®, revolviendo la neblina a su alrededor. Biel se cubri¨® el rostro con un brazo, luchando contra la fuerza de la energ¨ªa liberada. Cuando la r¨¢faga ces¨®, una figura emergi¨® de la oscuridad. Era una chica, de cabellos largos y plateados que flotaban como si desafiaran la gravedad. Sus ojos brillaban con un tono viol¨¢ceo intenso, y su expresi¨®n era serena, casi melanc¨®lica. Cap铆tulo 39: La Verdad Del Fragmento La mente de Biel se llen¨® de una atm¨®sfera densa y misteriosa cuando la puerta se abri¨® lentamente, emitiendo un crujido agudo que reson¨® en el vac¨ªo. De la oscuridad emergi¨® una figura femenina, su cabello largo y plateado danzaba suavemente mientras caminaba con gracia. Sus ojos brillaban con un tono viol¨¢ceo intenso, llenos de melancol¨ªa y misterio, pero tambi¨¦n de una belleza et¨¦rea que dejaba sin aliento. Biel sinti¨® que su coraz¨®n se deten¨ªa por un segundo. "?Qui¨¦n... qui¨¦n es esta chica tan hermosa?" pens¨®, incapaz de apartar la vista. Pero al mismo tiempo, un escalofr¨ªo recorri¨® su espalda. La atm¨®sfera hab¨ªa cambiado por completo, su aura comenz¨® a opacar todo el lugar. La oscuridad que la rodeaba parec¨ªa absorber la luz, y su expresi¨®n seria intensificaba esa sensaci¨®n sombr¨ªa. ¡ª??Q-qu¨¦ est¨¢ pasando!? ¡ªexclam¨® Biel, dando un paso atr¨¢s instintivamente. Monsfil, quien observaba todo lo que pasaba en el lugar, frunci¨® el ce?o. ¡ª"Esto no me gusta... Esa presencia es peligrosa. Debemos estar alertas." De repente, la chica sonri¨® ampliamente, sus ojos viol¨¢ceos brillaron con una alegr¨ªa inesperada. Se estir¨® como si acabara de despertar de un largo sue?o y exclam¨® con una voz dulce y melodiosa: ¡ª?Por fin! ?Por fin sal¨ª de ese lugar tan oscuro! ?Ah, qu¨¦ liberaci¨®n tan maravillosa! ¡ªSu voz rebosaba de felicidad, y su rostro ahora reflejaba una alegr¨ªa pura e infantil. Biel qued¨® completamente perplejo. Sus pensamientos eran un torbellino. "Espera... ?Qu¨¦...? ?No era una entidad oscura y maligna? ?Por qu¨¦ parece tan feliz... y tan adorable?" La chica gir¨® sobre sus talones y extendi¨® los brazos hacia el aire, inspirando profundamente. ¡ª?Ah! As¨ª que esta es la mente de mi querido portador. Huele tan... ?vac¨ªo? Bueno, ?es mi hogar ahora! ¡ª??Q-qu¨¦ dijiste!? ¡ªexclam¨® Biel, sin poder contener su sorpresa. Monsfil dio un paso al frente, su presencia imponente intentando contrarrestar el aura de la chica. ¡ª?Qu¨¦ quieres decir con "querido portador"? ?Acaso eres otro Rey Demonio sellado hace milenios? La chica se llev¨® una mano a la boca y ri¨® suavemente, como si Monsfil acabara de contarle un chiste absurdo. ¡ª?Yo? ?Rey Demonio? ?Jajaja! ?No, claro que no! Yo no soy ning¨²n Rey Demonio. Monsfil la mir¨® con desconfianza. ¡ªEntonces... ?Qui¨¦n eres t¨²? La chica coloc¨® sus manos en su cintura y sonri¨® con orgullo. ¡ªYo soy... ?El Fragmento de lo Infinito! El silencio fue sepulcral. La mand¨ªbula de Biel casi toc¨® el suelo y los ojos de Monsfil se abrieron tanto que casi se le salen de las ¨®rbitas. ¡ª??QU¨¦EEEE!? ¡ªgritaron ambos al un¨ªsono. Biel permanec¨ªa at¨®nito, procesando lo que acababa de escuchar. ¡ª?T¨²... t¨² eres... el Fragmento de lo Infinito? ?El mismo que toqu¨¦ hace tanto tiempo y que me trajo a este mundo! Aine asinti¨® animadamente, su cabello plateado danzando suavemente. ¡ª?Exacto! Yo fui quien te trajo aqu¨ª, querido Biel. Tu aura era tan... distinta y especial. ?Sab¨ªa que deb¨ªas ser mi portador! ¡ª??Querido!? ¡ªBiel sinti¨® un calor en sus mejillas¡ª. Oye, espera un momento. ?Entonces t¨² elegiste traerme aqu¨ª? ?Y por qu¨¦ yo? Aine coloc¨® un dedo en su barbilla, pensativa. ¡ªLos Fragmentos somos entidades antiguas que gu¨ªan a Los Enviados en el camino. Cada uno de nosotros contiene el poder de todo. Somos entidades superiores encargadas de ser gu¨ªas. Pero contigo... pas¨® algo muy raro. Monsfil cruz¨® los brazos, sus ojos entrecerrados. ¡ª?Algo raro? ?Qu¨¦ quieres decir con eso? Aine suspir¨®, inflando sus mejillas en un puchero adorable. ¡ªAl traerte a este mundo, no pude despertar contigo. Algo se interpuso, y por eso no pude estar contigo desde el principio, querido Biel. Biel frunci¨® el ce?o. ¡ªEntonces... ?ese algo fue lo que te mantuvo sellada? Aine asinti¨®. ¡ªS¨ª. Incluso ahora no s¨¦ qu¨¦ o qui¨¦n lo hizo. Pero por eso no pod¨ªa hablar contigo ni ayudarte. Solo pod¨ªa sentir todo lo que te pasaba. ¡ªSus ojos se llenaron de melancol¨ªa¡ª. Fue muy solitario... Biel sinti¨® un nudo en el est¨®mago al ver su expresi¨®n. ¡ªOye... Aine... Pero Aine r¨¢pidamente recuper¨® su energ¨ªa, sonriendo de nuevo. ¡ª?Pero eso ya no importa! ?Estoy aqu¨ª ahora! ?Y estar¨¦ contigo para siempre! ¡ªDicho eso, se aferr¨® al brazo de Biel, abraz¨¢ndolo con fuerza. ¡ª??E-espera, ?qu¨¦ est¨¢s haciendo?! ¡ªBiel se puso rojo como un tomate, mirando a Monsfil en busca de ayuda. Monsfil alz¨® una ceja, divertido. ¡ªParece que tu Fragmento es bastante... afectuoso. Biel grit¨®, avergonzado. ¡ª?No me mires as¨ª! Aine ri¨® suavemente. ¡ªOh, eres tan divertido, querido Biel. ¡ª?D-deja de llamarme as¨ª! ¡ªBiel desvi¨® la mirada, intentando ocultar su sonrojo. Biel dijo. ¡ªEntonces, Fragmento de lo Infinito... Aine... Si t¨² me elegiste a m¨ª, ?por qu¨¦ otros fragmentos no eligieron a mi hermana Charlotte o a mi amiga Yumi y donde est¨¢ mi amigo Basti¨¢n, que paso con ¨¦l? Seg¨²n el anciano, el Fragmento elige a las personas. Aine asinti¨® con seriedad. ¡ªEl caso de Charlotte y Yumi es especial. Ellas fueron enviadas aqu¨ª por el dios de la creaci¨®n. Pero respecto a Basti¨¢n... no s¨¦ nada. Fui sellada justo cuando tu llegaste a este mundo. No tengo idea de qui¨¦n o qu¨¦ me sell¨®. Biel suspir¨®, rasc¨¢ndose la cabeza. ¡ªVaya... as¨ª que eso fue lo que pas¨®... Entonces, si no hubieras estado sellada... ?habr¨ªa tenido otras habilidades? Aine asinti¨® alegremente. ¡ª?S¨ª! Pero el destino decidi¨® que las cosas fueran diferentes. Aunque estuviera sellada, pod¨ªa sentir tu poder. Pude sentir cuando moriste... ¡ªSu expresi¨®n se oscureci¨®, sus ojos llenos de tristeza¡ª. Me puse tan triste porque no pod¨ªa hacer nada para salvarte... Biel la observ¨®, sorprendido por su sinceridad. ¡ª?Aine... Ella asinti¨®, sus ojos brillando con l¨¢grimas contenidas. ¡ªPero cuando volviste a la vida... ?Fui tan feliz! ?Salt¨¦ de alegr¨ªa, aunque estuviera sellada! Y ahora que la puerta ha sido abierta... ?estar¨¦ contigo para siempre! ¡ªSonri¨® radiante, abrazando a Biel una vez m¨¢s. Biel se puso a¨²n m¨¢s rojo, su coraz¨®n latiendo r¨¢pidamente. ¡ª?E-espera, no tan cerca! ?M-Monsfil, di algo! Monsfil solt¨® una carcajada. ¡ªNo tengo nada que a?adir. Esto es m¨¢s divertido de lo que esperaba. ¡ª?No es divertido! ¡ªgrit¨® Biel, tratando de liberarse del abrazo de Aine, sin mucho ¨¦xito. If you stumble upon this narrative on Amazon, it''s taken without the author''s consent. Report it. Aine ri¨® alegremente. ¡ª?Me alegra estar contigo, querido Biel! ?Promet¨ª que te guiar¨ªa y proteger¨ªa! ?Y no pienso romper mi promesa! Monsfil observ¨® la escena con una sonrisa enigm¨¢tica. ¡ªEl Fragmento de lo Infinito... ?Qui¨¦n lo dir¨ªa? Este chico siempre se mete en los problemas m¨¢s inusuales. Biel suspir¨® resignado, pero no pudo evitar sonre¨ªr levemente. ¡ªSupongo que... no estar¨¢s tan mal... Aine. Aine brill¨® de alegr¨ªa al escuchar eso. ¡ª?S¨ª! ?Seremos los mejores compa?eros! ?Ah, estoy tan feliz! Mientras Aine re¨ªa y Monsfil observaba con diversi¨®n, Biel sinti¨® una calidez inesperada en su coraz¨®n. Tal vez... solo tal vez, este Fragmento travieso no ser¨ªa tan mala compa?¨ªa despu¨¦s de todo. Aine suspir¨® profundamente, mirando a Biel con una expresi¨®n seria por primera vez. ¡ªHay algo m¨¢s que debes saber... En este mundo, el ¨²nico ser con t¨¦cnica de sellado avanzada es... ese tipo. Biel parpade¨®, confundido. ¡ª?Ese tipo? ?De qui¨¦n est¨¢s hablando? Aine cruz¨® los brazos, su expresi¨®n se torn¨® pensativa. ¡ªEl ¨²nico ser con magia de sellado tan poderosa es... Void Lurker. ¡ª?Void Lurker? ¡ªrepiti¨® Biel, el nombre le sonaba extra?o y ominoso. Aine asinti¨®. ¡ªVoid es una entidad nacida al igual que nosotros, los Fragmentos. Surgi¨® en tiempos primordiales. Su prop¨®sito era entrenar a los Fragmentos para guiar a los Enviados que vendr¨ªan en un futuro muy lejano a este mundo. Es... como mi maestro, por as¨ª decirlo. Biel abri¨® los ojos de par en par. ¡ª??T-tu maestro!? ??Quieres decir que una entidad tan poderosa como t¨² tiene un maestro?! Aine asinti¨® de nuevo, inflando las mejillas. ¡ª?Oye, no lo digas as¨ª! ?Me haces ver como una novata! ¡ªSe cruz¨® de brazos y gir¨® la cabeza con un puchero adorable. ¡ªAunque... no creo que ¨¦l haya sido quien me sell¨®. No tiene sentido... Pero si fue ¨¦l... ?por qu¨¦ lo har¨ªa? Monsfil, que hab¨ªa permanecido en silencio hasta entonces, frunci¨® el ce?o. ¡ªNunca hab¨ªa escuchado ese nombre. Y eso que tengo milenios en este mundo. Aine sonri¨® con una pizca de misterio en sus ojos. ¡ªEs de esperarse. La existencia de las entidades primordiales y los Fragmentos est¨¢ oculta. Solo unos pocos conocen la verdad sobre nosotros. Biel se rasc¨® la cabeza, tratando de asimilar todo lo que escuchaba. ¡ªEntonces... espera un momento. ?Dijiste... primordiales? ?Eso significa que hay m¨¢s seres como Void Lurker? Aine asinti¨® animadamente. ¡ª?As¨ª es! En este mundo existen 14 Primordiales. Sus nombres son: Aether Sovereign, Void Lurker, Nyx Revenant, Sylva Evergloom, Infernal Tyrant, Abyss Dreadlord, Celestial Harbinger, Duskborn Phantom, Zephyr Warden, Noctis Doomcaller, Thalrion Stormbringer, Lunara Voidseer y Gravemourn Omen. Biel sinti¨® que su cabeza daba vueltas. ¡ª??C-catorce!? ?Y d¨®nde est¨¢n todos ellos? Aine se encogi¨® de hombros. ¡ªEst¨¢n distribuidos entre este universo y.¡­ el Megaverso. Biel parpade¨® varias veces. ¡ª?Megaverso? ?Eso es como... un universo gigante? Aine solt¨® una risita. ¡ª?Exacto! El Megaverso es otro universo, pero mucho m¨¢s grande que este. Aunque... s¨¦ muy poco sobre ¨¦l. Solo s¨¦ que es inmenso y que existen m¨¢s de mil dioses all¨ª. Biel sinti¨® un escalofr¨ªo. ¡ª?M¨¢s de... mil dioses? ¡ªSu mand¨ªbula cay¨® al suelo¡ª. ??C¨®mo es eso posible?! ?Eso es una locura! Aine asinti¨® en¨¦rgicamente. ¡ª?S¨ª! A comparaci¨®n de este universo, donde solo hay unos cuantos dioses, all¨¢ es un lugar vasto y lleno de deidades. Es como una fiesta interminable de seres todopoderosos. Monsfil dej¨® escapar un suspiro. ¡ªYa veo... As¨ª que existen otros mundos fuera de este... Biel proces¨® toda esa informaci¨®n, luego levant¨® la vista con esperanza. ¡ªEntonces... ?Eso significa que Basti¨¢n podr¨ªa estar en ese Megaverso? Aine neg¨® r¨¢pidamente. ¡ªNo, ¨¦l est¨¢ en este mundo. Lo s¨¦ porque el dios de la creaci¨®n solo puede enviar gente a este universo, no al Megaverso. All¨¢... se rigen otros dioses. Biel frunci¨® el ce?o. ¡ª?Otros dioses? ?Cu¨¢ntos dioses existen en el Megaverso? Aine levant¨® un dedo. ¡ª?M¨¢s de mil! Es un lugar tan vasto que incluso yo no s¨¦ mucho al respecto. Biel se dej¨® caer al suelo, completamente abrumado. ¡ª?M¨¢s de mil dioses... en un universo gigante...? Creo que... mi cabeza va a explotar... Aine le dio unas palmaditas en la espalda, sonriendo dulcemente. ¡ªTranquilo, querido Biel. ?Ya te acostumbrar¨¢s! Y adem¨¢s... ?me tienes a m¨ª para guiarte! Monsfil observ¨® la escena, negando con la cabeza mientras una sonrisa traviesa aparec¨ªa en su rostro. ¡ªEste chico... siempre termina involucrado en las cosas m¨¢s ins¨®litas. Biel levant¨® la vista, suspirando con resignaci¨®n. ¡ª?Por qu¨¦ siento que mi vida se volvi¨® un enredo desde que toqu¨¦ ese Fragmento...? Aine solt¨® una carcajada. ¡ª?Es porque eres especial! ?Por eso te eleg¨ª! ?Y estaremos juntos para siempre! Biel se sonroj¨®, intentando ocultar su cara roja. ¡ª?No digas cosas tan vergonzosas! Aine simplemente ri¨® alegremente. ¡ª?Eres tan divertido, Biel! Mientras las risas de Aine resonaban en el aire, Biel solo pudo suspirar nuevamente, aceptando que su vida nunca volver¨ªa a ser normal. Aine suspir¨®, observando a Biel con una sonrisa juguetona. ¡ªBueno, basta de charla. Ya es hora de que despiertes, querido Biel. Tus amigos est¨¢n preocupados por ti. Biel asinti¨®, mirando a Monsfil y luego a Aine. ¡ªTienes raz¨®n. No puedo quedarme aqu¨ª para siempre... Bueno, supongo que nos veremos m¨¢s adelante. Monsfil sonri¨® con calma. ¡ªClaro que s¨ª, joven portador. Todav¨ªa tienes mucho que aprender... y yo estar¨¦ observando. Aine asinti¨® en¨¦rgicamente. ¡ª?S¨ª, eso que dijo Monsfil! ?Nos veremos pronto! ¡ªSu mirada se suaviz¨®, pero algo en sus ojos parec¨ªa ocultar algo. Sin embargo, Biel no dijo nada al respecto. ¡ªEntonces... hasta luego, Aine, Monsfil. ¡ªBiel hizo un gesto de despedida y cerr¨® los ojos, dejando que su conciencia regresara al mundo real. ... Cuando abri¨® los ojos, Biel parpade¨® varias veces, sus sentidos volviendo lentamente a la normalidad. Se dio cuenta de que estaba acostado en una cama c¨®moda, el ambiente estaba en silencio, y la luz tenue de la luna iluminaba la habitaci¨®n. Mir¨® a su alrededor y not¨® que no hab¨ªa nadie. ¡ª?Eh? ?D¨®nde est¨¢n todos? ¡ªmurmur¨®, rasc¨¢ndose la cabeza. ¡ª?Me dejaron solo? Se estir¨® lentamente, su cuerpo a¨²n algo entumecido. ¡ªVaya, parece que dorm¨ª bastante... Y ya es de noche. Justo cuando estaba a punto de levantarse, sinti¨® algo suave y c¨¢lido a su lado. Biel gir¨® la cabeza lentamente... y sus ojos se abrieron como platos al ver a una chica dormida junto a ¨¦l. Su cabello largo y plateado brillaba bajo la luz de la luna, y su expresi¨®n tranquila y adorable hac¨ªa que su coraz¨®n diera un vuelco. ¡ª?E-espera... qu¨¦... QU¨¦EEEEEEEEE?! ¡ªgrit¨®, su voz resonando por todo el pasillo. En cuesti¨®n de segundos, la puerta de la habitaci¨®n se abri¨® de golpe, y Yumi, Charlotte, Kaito y Acalia entraron corriendo, sus expresiones llenas de preocupaci¨®n... hasta que vieron la escena. Charlotte cubri¨® su boca con ambas manos, sus ojos enormes por la sorpresa. ¡ªB-Biel... ?Qui¨¦n es esa chica... y por qu¨¦ est¨¢ durmiendo contigo? Easton sonri¨® traviesamente. ¡ª?Vaya, vaya! ?As¨ª que estabas disfrutando de buena compa?¨ªa mientras nosotros nos preocup¨¢bamos! Acalia se cruz¨® de brazos, su mirada afilada como un cuchillo. ¡ªBiel... Tienes cinco segundos para explicar esto. Biel agit¨® las manos fren¨¦ticamente, su rostro completamente rojo. ¡ª?No es lo que parece! ?Yo... yo me acabo de despertar y ella ya estaba aqu¨ª! ?No s¨¦ qui¨¦n es! ?De verdad! De repente, Yumi dio un paso al frente, se?alando a Biel con el dedo tembloroso. ¡ª?P-perro infiel! ??C¨®mo pudiste?! ??Y delante de todos?! ¡ª??Por qu¨¦ act¨²as como si yo hubiera hecho algo malo?! ?Ni siquiera s¨¦ qui¨¦n es ella! ¡ªprotest¨® Biel, casi al borde de las l¨¢grimas. La chica junto a ¨¦l se movi¨® ligeramente, soltando un suave suspiro. Todos contuvieron la respiraci¨®n mientras la observaban abrir lentamente sus ojos viol¨¢ceos y parpadear somnolienta. Al ver a Biel, su rostro se ilumin¨® con una sonrisa radiante. ¡ª?Ah, querido Biel! ?Te despertaste! ¡ªexclam¨® alegremente y, antes de que ¨¦l pudiera reaccionar, lo abraz¨® con fuerza, restregando su rostro contra su pecho. ¡ª??QU¨¦EEEEEEEEE?! ¡ªBiel se puso rojo como un tomate, congelado por completo. Yumi temblaba de furia, su aura oscura se intensific¨®. ¡ª?Perro infiel! ??Qu¨¦ clase de relaci¨®n tienes con esta chica?! Charlotte se sonroj¨®, mirando a otro lado. ¡ªBiel... No sab¨ªa que eras tan atrevido... Easton no pudo evitar soltar una carcajada. ¡ª?Eres mi ¨ªdolo, Biel! ?Qu¨¦ movimiento tan audaz! Acalia suspir¨®, llev¨¢ndose una mano a la frente. ¡ªEsto se est¨¢ saliendo de control... Como siempre... Biel intent¨® liberar sus brazos, a¨²n en estado de shock. ¡ª?O-oye! ?Su¨¦ltame! ??Qui¨¦n eres t¨²?! La chica lo mir¨® con una expresi¨®n de inocencia. ¡ª?Eh? ?No me recuerdas? Soy yo... ?Aine! El silencio llen¨® la habitaci¨®n mientras todos procesaban esa informaci¨®n. ¡ª... ???Aine??? ¡ªdijeron todos al un¨ªsono, sus rostros llenos de incredulidad. Biel sinti¨® que el mundo giraba a su alrededor. ¡ª??C-c¨®mo que Aine?! ??Qu¨¦ haces aqu¨ª... y en forma humana?! Aine sonri¨® dulcemente, sus ojos brillando de emoci¨®n. ¡ª?Ahora que la puerta sellada fue abierta, puedo estar a tu lado en forma f¨ªsica! ?Podremos estar juntos todo el tiempo! Biel sinti¨® que su rostro se encend¨ªa a¨²n m¨¢s. ¡ª??T-todo el tiempo...?! ?E-eso suena... problem¨¢tico! Aine lade¨® la cabeza, sin entender su reacci¨®n. ¡ª?Problem¨¢tico? Pero pens¨¦ que estar¨ªas feliz... ?Siempre dijiste que te sent¨ªas solo! Yumi comenz¨® a temblar de nuevo, su mirada fija en Biel. ¡ª?Ah! ?Ahora todo tiene sentido! ?Por eso siempre actuabas raro! ?Ten¨ªas a otra chica en mente! Biel agit¨® las manos, desesperado. ¡ª??Por qu¨¦ demonios llegaron a esa conclusi¨®n?! Easton se sec¨® una l¨¢grima de risa. ¡ª?Este es, sin duda, el mejor despertar que he presenciado! Acalia simplemente se dio la vuelta, murmurando para s¨ª misma. ¡ªNo entiendo c¨®mo siempre terminamos en situaciones as¨ª... Biel solo pudo dejar escapar un grito de desesperaci¨®n mientras Aine lo abrazaba alegremente, sin ninguna intenci¨®n de soltarlo. Cap铆tulo 40: El Caos Que Se Aproxima El ambiente en la mesa era tenso. Todos estaban sentados, lanzando miradas furtivas hacia Biel, cuyos ojos reflejaban una mezcla de nerviosismo y miedo. Aine estaba a su lado, su presencia parec¨ªa envolverlo con una calidez que, lejos de tranquilizarlo, aumentaba su incomodidad. Charlotte, por otro lado, luchaba por no re¨ªrse, cubri¨¦ndose la boca para evitar que su risa escapara. Sus hombros temblaban ligeramente, delatando su diversi¨®n. Acalia, Xantle, Raizel y Yumi manten¨ªan sus expresiones serias, pero la tensi¨®n en sus ojos las delataba. Cada una intentaba disimular su incomodidad, aunque era evidente que la cercan¨ªa de Aine con Biel no les resultaba indiferente. Se sent¨ªan inquietas, sus pensamientos eran un torbellino de celos y confusi¨®n. Mientras tanto, Ryder, Easton y el ya recuperado Ylfur observaban la escena en silencio, con una mezcla de curiosidad y diversi¨®n reflejada en sus rostros. Finalmente, Biel tom¨® aire, intentando calmar sus nervios. Sus manos temblaban ligeramente, y trag¨® saliva antes de comenzar a hablar. ¡ªCuando ca¨ª inconsciente... despert¨¦ en mi mente ¡ªdijo, su voz temblorosa al principio, pero ganando firmeza conforme continuaba. Todos dirigieron su atenci¨®n hacia ¨¦l. La expectaci¨®n era palpable. Charlotte dej¨® de re¨ªrse y Acalia entrecerr¨® los ojos, intrigada. ¡ªEn mi mente... estaba Monsfil, el Rey Demonio. ¨¦l me estaba all¨ª. ¡ªBiel hizo una pausa. ¡ª. Conversamos... aunque fue m¨¢s ¨¦l hablando y yo escuchando. Aine coloc¨® suavemente una mano en el hombro de Biel. ¨¦l se tens¨® al instante, sus mejillas enrojecieron y su mirada evit¨® la de ella. Yumi apret¨® los labios, y Xantle cruz¨® los brazos, apartando la mirada con molestia. ¡ªPero entonces... ¡ªcontinu¨® Biel, su voz volvi¨¦ndose m¨¢s baja, casi un susurro¡ª. Vi una puerta... estaba encadenada. Las cadenas eran tan gruesas que parec¨ªa imposible romperlas. Pero, de repente... sin aviso... Biel cerr¨® los ojos, recordando el sonido estremecedor de las cadenas rompi¨¦ndose. Un escalofr¨ªo recorri¨® su espalda. ¡ª...las cadenas se rompieron y la puerta se abri¨® de golpe. El aire se volvi¨® fr¨ªo... y entonces, apareci¨®... ella. Charlotte se inclin¨® hacia adelante, su inter¨¦s evidente. Ryder y Easton intercambiaron miradas, confundidos. ¡ª?Qui¨¦n apareci¨®? ¡ªpregunt¨® Raizel, sus ojos reflejando una mezcla de temor y curiosidad. Biel dud¨®, sus labios temblaron al pronunciar el nombre. ¡ªEra... una chica. Ten¨ªa el cabello largo y plateado... su presencia era tan poderosa que casi no pod¨ªa moverme. ¡ªMir¨® a Aine de reojo antes de continuar¡ª. Ella dijo que era... el Fragmento de lo Infinito... y que su nombre era... Aine. El silencio llen¨® la habitaci¨®n. Todos miraron a Aine, quien simplemente sonri¨® suavemente, sin pronunciar palabra. Su expresi¨®n era serena, pero sus ojos reflejaban un brillo misterioso. ¡ª?Tienes... algo que decirnos? ¡ªpregunt¨® Acalia, su voz fr¨ªa y firme. Aine inclin¨® ligeramente la cabeza, su mirada permanec¨ªa tranquila. ¡ªSolo lo que Biel ha dicho es la verdad. ¡ªSus palabras fueron suaves, pero resonaron en el ambiente como un eco inquietante¡ª. Yo soy... el Fragmento de lo Infinito. Los ojos de Biel se abrieron de par en par. Su mente daba vueltas. Todo lo que cre¨ªa saber hab¨ªa cambiado. La revelaci¨®n de Aine lo hab¨ªa dejado sin palabras. El silencio en la habitaci¨®n era tan denso que pod¨ªa cortarse con un cuchillo. Todos segu¨ªan mirando a Aine, esperando una explicaci¨®n. Ella se levant¨® lentamente, su cabello plateado brillando bajo la luz suave de la habitaci¨®n. ¡ªYo soy el Fragmento... ¡ªdijo con una voz suave pero firme¡ª. Y soy quien gu¨ªa a los enviados a este mundo. Los ojos de Biel se agrandaron a¨²n m¨¢s, su mente luchaba por procesar todo lo que estaba escuchando. Acalia frunci¨® el ce?o, Xantle apret¨® los pu?os, Raizel lade¨® la cabeza con una mirada de sospecha, y Yumi... bueno, su sonrisa era todo menos amistosa. Aine continu¨®, sin inmutarse por las miradas penetrantes. ¡ªPero... tuve un percance al despertar. Cuando Biel lleg¨® a este mundo, ¨¦l despert¨®... pero yo no. Alguien manipul¨® todo para que no despertara junto con ¨¦l. ¡ªSu expresi¨®n se volvi¨® sombr¨ªa, sus ojos reflejaron un dolor profundo¡ª. Sin embargo, por fin el sello se rompi¨® y ahora puedo estar junto a Biel... para siempre. Las ¨²ltimas palabras resonaron en el aire como un trueno. Los ojos de Acalia se entrecerraron, su aura emanaba una presi¨®n intensa. Xantle golpe¨® la mesa con ambas manos, haciendo que los platos temblaran. Raizel se cruz¨® de brazos, su mirada se clav¨® en Aine con una mezcla de celos y desaf¨ªo. Yumi sonri¨® dulcemente, aunque sus ojos brillaban con una intensidad peligrosa. ¡ª?P-Para siempre? ¡ªBiel sinti¨® un escalofr¨ªo recorrer su espalda. Mir¨® a Aine, quien le dedic¨® una dulce sonrisa. Luego dirigi¨® su mirada hacia Acalia, Xantle, Raizel y Yumi, cuyas expresiones amenazaban con desatar una tormenta. ¡ª?E-Espera! ?Esto es un malentendido! ¡ªdijo Biel, agitando las manos fren¨¦ticamente¡ª. ?Aine solo quiso decir que... um...! ¡ªSe detuvo, incapaz de encontrar las palabras adecuadas. La mirada asesina de Yumi no ayudaba en absoluto. ¡ª?Solo quiso decir qu¨¦, Biel? ¡ªpregunt¨® Acalia, con un tono helado que lo hizo estremecer. ¡ªEh... q-que... ella... ¡ªBiel empez¨® a sudar fr¨ªo. Sinti¨® un tir¨®n en su brazo y cuando mir¨®, Aine lo estaba abrazando con una expresi¨®n radiante en su rostro. ¡ªBiel es m¨ªo ahora ¡ªdijo Aine con naturalidad, sin darse cuenta del terremoto emocional que estaba causando. El ambiente se volvi¨® g¨¦lido. Biel sinti¨® como si la temperatura hubiera bajado de golpe. Mir¨® a Acalia, Xantle, Raizel y Yumi, quienes parec¨ªan estar envueltas en un aura oscura, sus ojos lanzaban chispas. ¡ª?No es lo que parece! ?Lo juro! ¡ªBiel intent¨® liberarse suavemente del abrazo de Aine, pero ella simplemente lo apret¨® m¨¢s. ¡ª?As¨ª que "para siempre" eh? ¡ªmurmur¨® Raizel, sonriendo de manera inquietante¡ª. Qu¨¦... interesante. Antes de que la situaci¨®n pudiera escalar a¨²n m¨¢s, la puerta se abri¨® de golpe. Un hombre con uniforme del gremio entr¨® apresuradamente, su respiraci¨®n agitada. ¡ª?Biel? ?Eres Biel? ?El maestro del gremio ha solicitado tu presencia de inmediato! Es una emergencia. Biel parpade¨®, aliviado por la interrupci¨®n. ¡ª?S-?S¨ª, soy yo! ?Voy enseguida! Aine lo solt¨® suavemente, y Biel aprovech¨® para dar un paso atr¨¢s, aun sintiendo las miradas fulminantes sobre ¨¦l. Trag¨® saliva, prometi¨¦ndose a s¨ª mismo aclarar todo despu¨¦s... si es que lograba sobrevivir a esta situaci¨®n. Biel suspir¨®, aun sintiendo las miradas de Acalia, Xantle, Raizel y Yumi sobre ¨¦l. Decidido a cambiar el ambiente, se levant¨® r¨¢pidamente. If you spot this narrative on Amazon, know that it has been stolen. Report the violation. ¡ªBien, voy al gremio. Dijeron que era urgente ¡ªanunci¨®, intentando sonar firme. Sin embargo, la voz le tembl¨® ligeramente al sentir la intensidad de las miradas de las chicas. ¡ªYo tambi¨¦n voy ¡ªdijo Acalia, poni¨¦ndose de pie con elegancia. ¡ªYo igual ¡ªa?adi¨® Xantle, con una sonrisa astuta¡ª. No pienso quitarte los ojos de encima, Biel. ¡ª?Eh? ?P-por qu¨¦? ¡ªpregunt¨® Biel, nervioso. Raizel sonri¨® de lado. ¡ªNo queremos que te pongas coqueto con la recepcionista. ¡ª??C-Coqueto?! ??Yo?! ?Para nada! ?No har¨ªa eso! ¡ªBiel agit¨® las manos fren¨¦ticamente, sus mejillas se encendieron como un tomate. ¡ª?En serio? ¡ªYumi entrecerr¨® los ojos con desconfianza¡ª. M¨¢s te vale, infiel. Aine abraz¨® el brazo de Biel con dulzura, sonriendo. ¡ªYo tambi¨¦n voy. Debo estar al lado de mi querido Biel. Biel sinti¨® que el alma se le escapaba del cuerpo. ¡ª?E- ?Espera, Aine! ?N-No digas esas cosas tan de repente! Charlotte apenas pudo contener una carcajada. La escena era demasiado divertida para ella. Ryder y Easton se miraron, sonriendo ante la conmoci¨®n de su amigo. ¡ªBien, si ya todos decidieron venir, v¨¢monos. ¡ªdijo Biel, intentando mantener la compostura. Pero su rostro segu¨ªa rojo como un pimiento. El grupo se dirigi¨® al gremio. Al llegar, la escena que encontraron los dej¨® sorprendidos. Aventureros de todos los niveles llenaban el lugar. Tan pronto como vieron a Biel, comenzaron a acercarse. ¡ª?Es Biel! ?El h¨¦roe que salv¨® la ciudad! ¡ª?Gracias, chico! ?Mis hijos est¨¢n a salvo gracias a ti! Biel se sinti¨® abrumado por las palabras de agradecimiento. No estaba acostumbrado a tanta atenci¨®n y halagos. Se rasc¨® la nuca, sonriendo t¨ªmidamente. ¡ªE-Esto... no hice nada especial... ¡ªmurmur¨®, su voz apenas audible. Pero las palabras de alabanza no cesaban. De repente, una voz familiar reson¨® entre la multitud. ¡ª?Vaya, vaya! ?Me alegra ver que est¨¢s bien, amigo Biel! Biel gir¨® la cabeza y vio a Gaudel acerc¨¢ndose con una gran sonrisa. ¡ª?Gaudel! ¡ªexclam¨®, aliviado de ver un rostro conocido¡ª. S¨ª, ya me recuper¨¦. Gaudel observ¨® al grupo con inter¨¦s. ¡ªVeo que hay caras nuevas. En la ¨²ltima batalla vi a esta chica (mirando a Yumi), pero no recuerdo haber visto a la de cabello plateado (mirando a Aine). ¡ªAh, bueno... es que han pasado muchas cosas... jeje. ¡ªBiel ri¨® nerviosamente, evitando mirar a Aine, quien segu¨ªa sonriendo dulcemente. Gaudel solt¨® una leve carcajada. ¡ªYa veo... ya veo. Parece que tu vida es m¨¢s interesante de lo que pensaba, amigo. Antes de que la conversaci¨®n continuara, la recepcionista del gremio se acerc¨® con paso firme. ¡ªBiel, el maestro del gremio te espera en su oficina. Puedes ir acompa?ado de dos personas. Las dem¨¢s tendr¨¢n que esperar aqu¨ª. Yumi se adelant¨® de inmediato. ¡ªYo ir¨¦ con este infiel. Alguien tiene que asegurarse de que no coquetee con ninguna chica por ah¨ª. ¡ª??P-Por qu¨¦ dices eso?! ?No har¨ªa eso! ¡ªprotest¨® Biel, sudando fr¨ªo. Aine se aferr¨® al brazo de Biel, sonriendo dulcemente. ¡ªEntonces, yo tambi¨¦n ir¨¦ con mi querido Biel. Acalia, Xantle, Raizel y Charlotte intercambiaron miradas. Finalmente, Acalia habl¨®. ¡ªNosotras tenemos cosas que hacer. Nos vemos en la posada. Ylfur se cruz¨® de brazos, manteni¨¦ndose firme. ¡ªYo me quedar¨¦ aqu¨ª y esperar¨¦ a mi amo. Ryder y Easton se encogieron de hombros. ¡ªNosotros tambi¨¦n iremos a hacer unas cosas. Nos vemos luego. Despu¨¦s de que todos se retiraron, Biel, Aine y Yumi se dirigieron a la oficina del maestro del gremio. Al entrar, Biel se sorprendi¨® al ver a un hombre de aspecto imponente junto a Niccol¨°, el maestro del gremio. ¡ªAh, Biel, llegaste. ¡ªdijo Niccol¨°, visiblemente nervioso¡ª. Te presento al rey de esta ciudad. Biel parpade¨®, su boca se abri¨® en shock. ¡ª?Eh? ??El rey?! Se inclin¨® torpemente, su rostro p¨¢lido por la sorpresa. ¡ª?L-Lo siento! ?No sab¨ªa que era usted el rey! ?Mil disculpas! El rey solt¨® una carcajada, su voz reson¨® en la sala. ¡ªNo te preocupes, joven. Salvaste mi ciudad, as¨ª que no hay necesidad de formalidades. Biel se sonroj¨®, rasc¨¢ndose la nuca. ¡ªAh... gracias. Me alegra haber podido ayudar. Niccol¨° se aclar¨® la garganta, intentando retomar la seriedad. ¡ªSi¨¦ntate, Biel. Tenemos que hablar sobre lo que pas¨® en ese lugar. Biel asinti¨®, tomando asiento junto a Aine y Yumi, quienes no dejaron de vigilarlo de cerca. Sab¨ªa que esa conversaci¨®n ser¨ªa intensa... y esperaba salir vivo de ella. El ambiente en la oficina del gremio se volvi¨® tenso. Niccol¨°, con las manos entrelazadas sobre la mesa, mir¨® fijamente a Biel. Su voz era grave, cada palabra cargada de preocupaci¨®n. ¡ªAyer, nuestra ciudad estuvo al borde de un gran problema ¡ªcomenz¨® Niccol¨°¡ª. Dragones aparecieron en las rutas comerciales, atacando a los mercaderes. Fue por eso que envi¨¦ a ti y a tu grupo, Biel. Ustedes tienen un rango muy superior al de la mayor¨ªa de los aventureros de aqu¨ª. Biel asinti¨® lentamente. A su lado, Yumi cruzaba los brazos, a¨²n atenta a cada movimiento de Aine, quien manten¨ªa una expresi¨®n serena. ¡ªPero ocurri¨® algo inesperado ¡ªcontinu¨® Niccol¨°¡ª. Entre los dragones hab¨ªa dos personas. Cliver Soldemour y Shalok Vendrax, dos miembros de Los Nova. El nombre hizo que Biel frunciera el ce?o. ¡ª?Los Nova? ?Qui¨¦nes son ellos? ¡ªafirm¨® Niccol¨°¡ª. Son parte de un grupo ¨¦lite de la ciudad de Marciler, nobles que sirven directamente a la emperatriz Domia. El rey, que hab¨ªa permanecido en silencio, se inclin¨® ligeramente hacia adelante, su presencia imponente llenando la sala. ¡ªLa emperatriz Domia... ¡ªsu voz era profunda¡ª. Desde que ocup¨® el mando de Marciler, la ciudad ha ca¨ªdo en la corrupci¨®n. Biel not¨® c¨®mo la atm¨®sfera se volv¨ªa m¨¢s pesada. Incluso Aine, usualmente despreocupada, ten¨ªa una expresi¨®n seria. ¡ªMarciler era una ciudad de nobles ¡ªcontinu¨® el rey¡ª. Pero Domia dividi¨® la ciudad con una gran muralla. Dentro de ella, solo viven nobles arrogantes que buscan dinero y poder. Fuera de la muralla, nobles que alguna vez fueron justos ahora son obligados a trabajar para los que est¨¢n dentro. Yumi apret¨® los pu?os. ¡ª?C¨®mo pudo alguien as¨ª llegar al poder? El rey suspir¨®. ¡ªDicen que encerr¨® a la verdadera emperatriz en una mazmorra. Tom¨® su lugar y nadie ha podido oponerse a ella. Biel, que hab¨ªa estado escuchando en silencio, finalmente habl¨®: ¡ªEsa mujer... Hace tiempo me envi¨® a las tierras oscuras. Dijo que algo importante ocurrir¨ªa all¨ª. Niccol¨° arque¨® una ceja. ¡ª?Y qu¨¦ encontraste? ¡ªAl Rey Vampiro, Lip. ¡ªBiel se llev¨® una mano al ment¨®n, recordando el enfrentamiento¡ª. Creo que esperaba que ¨¦l me eliminara. No tengo pruebas, pero la sensaci¨®n es clara. Aine lo mir¨® con preocupaci¨®n. ¡ª?Y por eso decidiste venir aqu¨ª, querido Biel? Biel asinti¨®, sin percatarse del rubor en las mejillas de Yumi. ¡ªQuer¨ªa recopilar informaci¨®n antes de intentar ir a Marciler. Pero si Domia realmente encarcel¨® a la verdadera emperatriz, eso complica las cosas. El rey se levant¨®, su imponente figura proyectando una sombra larga. ¡ªMuchacho, si decides ir, debes tener mucho cuidado. Domia es poderosa y peligrosa. Nadie ha podido confirmar lo de la emperatriz, pero los rumores son fuertes. Biel respir¨® profundamente, sintiendo el peso de la situaci¨®n. ¡ªLo entiendo. Pero no puedo quedarme sin hacer nada. Si esa mujer est¨¢ detr¨¢s de todo esto, tengo que enfrentarla. Yumi puso una mano en su hombro, su expresi¨®n suaviz¨¢ndose. ¡ªNo estar¨¢s solo. Te apoyaremos. Aine asinti¨®, su sonrisa era reconfortante. ¡ªS¨ª, querido Biel. Juntos superaremos cualquier obst¨¢culo. El rey y Niccol¨° intercambiaron miradas. ¡ªEntonces, muchacho ¡ªdijo Niccol¨°¡ª, dime, ?Cu¨¢l es tu plan? El silencio que sigui¨® estuvo lleno de tensi¨®n, pero tambi¨¦n de una determinaci¨®n palpable. Biel no ten¨ªa todas las respuestas, pero sab¨ªa que el camino que ten¨ªa por delante no lo recorrer¨ªa solo. En ese momento, el rey recibi¨® una carta. Al abrirla, su rostro se torn¨® p¨¢lido y sus manos temblaron ligeramente. Todos en la sala notaron su reacci¨®n. ¡ª?Qu¨¦ pasa, su majestad? ¡ªpregunt¨® Niccol¨°, preocupado. El rey apret¨® los labios y ley¨® en voz alta: ¡ª"Plebeyos de la peque?a ciudad de aventureros, yo, Domia Valtherion, voy a conquistar su territorio en un lapso de 15 d¨ªas. Todos aquellos que quieran vivir, abandonen la ciudad, o si no... morir¨¢n." Un silencio sepulcral inund¨® la habitaci¨®n. Biel sinti¨® una oleada de furia recorrer su cuerpo, sus pu?os se apretaron hasta que sus nudillos se volvieron blancos. ¡ª?Esa mujer... me las va a pagar! ¡ªdeclar¨® Biel, su mirada ard¨ªa de determinaci¨®n. Niccol¨° asinti¨®, intentando mantener la calma. ¡ªTenemos que prepararnos para luchar entonces. No podemos dejar que haga lo que quiera. Biel golpe¨® la mesa con fuerza, sus ojos brillaban con fiereza. ¡ª?15 d¨ªas son muy pocos para entrenar y hacerse m¨¢s fuerte! En ese momento, Aine se acerc¨® a Biel y coloc¨® suavemente su mano en su hombro. ¡ªNo te preocupes, querido Biel ¡ªdijo con una dulce sonrisa¡ª. Yo te ayudar¨¦. Biel abri¨® los ojos con asombro. ¡ª?Hablas en serio? Aine asinti¨® con confianza. ¡ªS¨ª. Te ayudar¨¦ a ser mucho m¨¢s fuerte de lo que eres ahora. No permitir¨¦ que nadie te arrebate lo que amas. Biel sinti¨® un calor en su pecho y su rostro se sonroj¨® levemente. ¡ªAine... gracias... El rey, recuper¨¢ndose del impacto de la carta, se levant¨® de su asiento. ¡ªYo tambi¨¦n ayudar¨¦. Pedir¨¦ apoyo al reino de Claiflor. No podemos enfrentarlos solos. Niccol¨° sonri¨® con determinaci¨®n. ¡ªEntonces, nos prepararemos para la guerra. No dejaremos que Domia haga lo que quiera con esta ciudad. Biel asinti¨®, su mirada llena de convicci¨®n. ¡ªPerfecto. ?Entonces todos haremos lo posible para salvar esta ciudad! Aine sonri¨® dulcemente mientras lo miraba. ¡ªEstar¨¦ contigo en cada paso del camino, querido Biel... Biel sinti¨® un escalofr¨ªo al escuchar esas palabras, mirando a Aine nerviosamente mientras pensaba: "Esto... esto ser¨¢ m¨¢s complicado de lo que pensaba..." La atm¨®sfera estaba cargada de emoci¨®n y determinaci¨®n. La batalla por la ciudad estaba a punto de comenzar. Cap铆tulo 41: El Plan De La Emperatriz Carmes铆 Cinco horas antes Cinco horas antes de que el rey recibiera la carta de declaraci¨®n de guerra, en la Gran Ciudad de Marciler, en la vasta sala de operaciones estaba iluminada por candelabros dorados y l¨¢mparas de cristal que proyectaban sombras danzantes sobre los muros de piedra. La atm¨®sfera era tensa, cargada de incertidumbre y expectaci¨®n. En torno a la mesa de estrategia, se encontraban reunidos Los Novas, cada uno con expresiones que oscilaban entre la curiosidad y la impaciencia. Uno de los Novas Darian Vorthos, un hombre de porte imponente y cabello corto plateado, cruz¨® los brazos con una expresi¨®n de desconfianza. Sus ojos dorados brillaban con la intensidad de un depredador que analiza su entorno antes de atacar. ¡ª?Qu¨¦ hacemos todos reunidos en este lugar? ¡ªpregunt¨®, su voz grave rompiendo el silencio con la firmeza de una orden. ¡ªY m¨¢s importante a¨²n ¡ªintervino otra figura Selene Draeven, una mujer de tez morena y mirada afilada¡ª, ?D¨®nde se encuentra la emperatriz? Nunca antes nos ha convocado sin estar presente. El asistente de la emperatriz, un hombre de mediana edad con t¨²nica ceremonial negra y dorada, mantuvo su postura serena a pesar de la presi¨®n creciente en la sala. Inclin¨® ligeramente la cabeza en se?al de respeto antes de responder. ¡ªMi se?ora no tardar¨¢ en llegar. Est¨¢ cumpliendo un asunto de gran importancia que ser¨¢ tratado hoy en esta misma reuni¨®n. Algunos de los Novas intercambiaron miradas cargadas de duda. La emperatriz era una l¨ªder calculadora y meticulosa; si estaba retrasada, significaba que lo que estuviera atendiendo era de suma urgencia. ¡ª?Y cu¨¢l es ese asunto tan crucial para que hayamos sido convocados todos los Novas? ¡ªinsisti¨® Shalok Vendrax, un joven de cabellos oscuros y ojos de un verde penetrante, tamborileando los dedos sobre la mesa con impaciencia. El asistente mantuvo la compostura, aunque su mirada adquiri¨® un matiz severo. ¡ªLes pido paciencia. Todos los detalles se dar¨¢n a conocer en su debido momento. ¡ªPaciencia¡­ ¡ªrepiti¨® la mujer de mirada afilada, su tono te?ido de escepticismo¡ª. Si algo nos ha ense?ado nuestra posici¨®n es que el tiempo es un recurso invaluable. Si estamos aqu¨ª, significa que la situaci¨®n es cr¨ªtica. No somos soldados rasos para recibir ¨®rdenes a ciegas. El aire se volvi¨® denso con la tensi¨®n que se acumulaba entre los presentes. Algunos asintieron en silencio, mientras que otros manten¨ªan la mirada fija en el asistente, exigiendo respuestas con la sola fuerza de su presencia. El asistente dej¨® escapar un leve suspiro y, con un gesto medido, se acerc¨® a la mesa, posando ambas manos sobre su superficie pulida. ¡ªComprendo su inquietud, y les aseguro que cada uno de ustedes conocer¨¢ la verdad en cuanto la emperatriz est¨¦ aqu¨ª. Hasta entonces, les pido que conf¨ªen en su juicio, como siempre lo han hecho. El silencio se apoder¨® de la sala, solo interrumpido por el leve crujir de la madera bajo el peso de sus manos. La paciencia de Los Novas estaba siendo puesta a prueba, pero su lealtad a la emperatriz los manten¨ªa en su lugar. La puerta principal se abri¨® con un sonido seco, y todos los presentes dirigieron su atenci¨®n a la entrada. La figura de la emperatriz a¨²n no se vislumbraba, pero el eco de sus pasos resonaba en el pasillo adyacente. La reuni¨®n estaba a punto de comenzar. En ese momento, la puerta de la sala se abri¨® con un eco solemne y la emperatriz Domia entr¨® con la majestuosidad de una deidad entre mortales. Su t¨²nica p¨²rpura ondeaba tras ella, y su mirada fr¨ªa y calculadora escane¨® a cada uno de los presentes antes de tomar asiento en el trono situado al final de la gran mesa de estrategia. ¡ªSaludos, la gran ¨¦lite de nobles conocidos como Los Novas ¡ªdijo con una voz firme y llena de autoridad¡ª. Los he convocado a esta reuni¨®n porque tenemos un asunto que debemos atender. Los murmullos entre Los Novas se disiparon en un instante. Todos dirigieron su atenci¨®n a la emperatriz, sabiendo que cualquier palabra suya pod¨ªa cambiar el destino de muchos. Cliver Soldemour, un hombre de postura altiva y expresi¨®n inquisitiva, se inclin¨® levemente hacia adelante. ¡ªMi se?ora, ?cu¨¢l es el asunto para el cual nos ha convocado a todos los miembros de Los Novas? ¡ªpregunt¨® con voz firme. Domia esboz¨® una sonrisa helada antes de responder. ¡ªTranquilos. El tema a tratar es la invasi¨®n al territorio del rey de la ciudad de aventureros Lunarys. Un susurro de sorpresa recorri¨® la sala. Iridelle Vauclair, una mujer de cabello plateado y ojos afilados como dagas, frunci¨® el ce?o con incredulidad. ¡ªMi se?ora, ?para qu¨¦ invadir¨ªamos una peque?a ciudad de aventureros? All¨ª solo hay plebeyos d¨¦biles que no representar¨ªan ninguna amenaza ¡ªdijo, con una mueca de desd¨¦n. Domia asinti¨® con calma, sus dedos entrelaz¨¢ndose sobre la mesa. ¡ªS¨ª, lo s¨¦. Por eso ese territorio pasar¨¢ a ser nuestro. Y con ello, esos plebeyos ser¨¢n convertidos en esclavos de Marciler. Los Novas intercambiaron miradas c¨®mplices. Algunos sonrieron ante la perspectiva de una victoria segura. Sin embargo, una voz interrumpi¨® su j¨²bilo. Shalok Vendrax, quien manten¨ªa el ce?o fruncido y los pu?os apretados sobre la mesa, habl¨® con un tono cargado de tensi¨®n. ¡ªMi se?ora, pero en ese lugar est¨¢ el plebeyo que me derrot¨®... y es sumamente fuerte. No es un enemigo ordinario. La expresi¨®n de Domia se torn¨® severa y sus ojos brillaron con una chispa de impaciencia. ¡ªEs verdad que es fuerte ¡ªlo admito¡ª. Yo misma comprob¨¦ su poder. Hace tiempo lo envi¨¦ a las tierras oscuras con la intenci¨®n de que muriera a manos de Lip. Sin embargo, ese incompetente pereci¨® a manos de Acalia. Aunque, al menos, cumpli¨® con la misi¨®n de asesinar a ese plebeyo. Una pausa se form¨®, mientras Domia apretaba los labios en una mezcla de fastidio y satisfacci¨®n. ¡ªPero no pens¨¦ que reviviera¡­ ¡ªcontinu¨®, su voz adoptando un matiz peligroso¡ª. Aun as¨ª, eso no ser¨¢ un problema. Esta vez ustedes ser¨¢n potenciados con mi poder. Ese plebeyo ya no representar¨¢ una amenaza. Los Novas contuvieron el aliento por un instante, hasta que la emoci¨®n comenz¨® a encenderse en sus miradas. Un poder otorgado por la emperatriz misma era un honor indescriptible, una garant¨ªa de victoria absoluta. ¡ªInvadiremos esas tierras en quince d¨ªas ¡ªanunci¨® Domia con un tono inquebrantable. Selene Draeven, una mujer de silueta esbelta y ojos color ¨¢mbar, alz¨® una ceja con un destello de impaciencia. ¡ªMi se?ora, ?por qu¨¦ esperar tanto tiempo? Con su bendici¨®n, podr¨ªamos acabar con ellos ahora mismo ¡ªpregunt¨®, con un destello de ambici¨®n en su mirada. Domia la observ¨® con una mezcla de aprobaci¨®n y diversi¨®n. ¡ªFui benevolente ¡ªdijo, con un leve gesto de su mano¡ª. Les permit¨ª que huyeran de ese territorio porque s¨¦ que solo se quedar¨¢n los m¨¢s fuertes. Los superamos en poder y los someteremos como esclavos de Marciler. Su mirada se endureci¨® mientras recorr¨ªa a cada uno de Los Novas. The story has been taken without consent; if you see it on Amazon, report the incident. ¡ªLas personas d¨¦biles no me sirven de nada. S¨¦ que en ese lugar a¨²n existen algunos que son fuertes. Y esos ser¨¢n nuestra verdadera presa. Los Novas asintieron, con sonrisas llenas de arrogancia y la certeza de que la victoria era inevitable. La conquista de Lunarys estaba sellada, y en quince d¨ªas, la ciudad caer¨ªa bajo su dominio sin piedad alguna. Domia recost¨® su espalda contra el trono, una sonrisa cruel pint¨¢ndose en sus labios mientras sus ojos destellaban con un brillo de absoluta confianza. Con un tono calculador y lleno de satisfacci¨®n, continu¨® hablando con Los Novas. ¡ªHace unos momentos envi¨¦ una carta para el rey. Cuando la reciba, entrar¨¢ en p¨¢nico ¡ªdeclar¨®, su voz impregnada de diversi¨®n maliciosa¡ª. Adem¨¢s, no hay ning¨²n otro reino que quiera cooperar con el suyo. Jajajaja. Una carcajada reson¨® en la sala, y los Novas compartieron miradas c¨®mplices. Cliver Soldemour golpe¨® la mesa con el pu?o, su entusiasmo desbordante. ¡ªEntonces, someteremos a ese diminuto territorio sin oposici¨®n alguna ¡ªdijo con una mezcla de arrogancia y emoci¨®n. Iridelle Vauclair esboz¨® una sonrisa sarc¨¢stica mientras se cruzaba de brazos. ¡ªEse rey pat¨¦tico no podr¨¢ hacer nada. Sus soldados son pocos y, sin aliados, caer¨¢n como hojas en el oto?o ¡ªmurmur¨® con desprecio. Los Novas asintieron al un¨ªsono, su confianza en la victoria era absoluta. Shalok Vendrax, con los ojos brillantes por la emoci¨®n, se inclin¨® hacia adelante. ¡ªMuy pronto, el mundo entero ser¨¢ suyo, mi se?ora Domia ¡ªdijo con reverencia, su voz cargada de fervor. Domia entrecerr¨® los ojos y alz¨® la barbilla con un aire de supremac¨ªa. ¡ªEs verdad. Todo ser¨¢ m¨ªo ¡ªafirm¨® con una seguridad demoledora. Su tono fr¨ªo e implacable cal¨® en cada uno de los presentes, infundi¨¦ndoles un sentimiento de poder inminente. Con un adem¨¢n de su mano, orden¨®: ¡ªRe¨²nan a los nobles de las afueras de la muralla y d¨ªganles que se preparen para la invasi¨®n del territorio de Lunarys. Quiero que todo est¨¦ listo. En quince d¨ªas, conquistaremos ese territorio y lo someteremos bajo mi dominio absoluto. Selene Draeven se inclin¨® en se?al de respeto, su expresi¨®n iluminada por una mezcla de lealtad y ambici¨®n. ¡ªAs¨ª ser¨¢, mi se?ora. Los nobles estar¨¢n listos para marchar a su orden. El ambiente en la sala se volvi¨® el¨¦ctrico con la inminente guerra. Los Novas se pusieron de pie, ansiosos por cumplir la voluntad de su emperatriz. Pronto, Lunarys ser¨ªa reducido a cenizas y el mundo entero se postrar¨ªa ante el poder de Domia. En la actualidad. Biel estaba por irse del gremio cuando la voz de Niccol¨° lo detuvo. ¡ªEspera, Biel. Antes de irte, tienes que registrar a estas dos se?oritas. Biel se gir¨® y asinti¨®, llev¨¢ndose una mano a la cabeza con una sonrisa. ¡ªEs verdad, todav¨ªa no se han registrado en el gremio ¡ªdijo, mirando a Yumi y Aine, quienes se miraron entre s¨ª con cierta expectativa. Niccol¨° sonri¨® con calma y sacudi¨® la cabeza. ¡ªNo te preocupes, ahora mismo lo resolveremos. Enseguida, la recepcionista entr¨® a la sala con una esfera luminosa entre sus manos. Su expresi¨®n era profesional, pero en sus ojos se reflejaba una pizca de curiosidad. Se acerc¨® a la mesa y coloc¨® la esfera sobre un pedestal antes de entregar unas hojas a Yumi y Aine. ¡ªDeben completar sus datos en estos documentos ¡ªexplic¨® con una voz tranquila¡ª. La parte en blanco se llenar¨¢ autom¨¢ticamente cuando toquen la esfera. Yumi y Aine tomaron sus hojas y comenzaron a llenarlas con detenimiento. La pluma se deslizaba por el pergamino con un sonido suave, mientras ambas escrib¨ªan sus nombres y dem¨¢s datos requeridos. ¡ªMuy bien ¡ªdijo la recepcionista cuando terminaron¡ª. Ahora, toquen la esfera para revelar su rango. Yumi fue la primera. Extendi¨® la mano con confianza y apoy¨® sus dedos sobre la superficie cristalina. Un resplandor azul cubri¨® la sala por unos segundos antes de que en el aire apareciera el rango obtenido: A. Un murmullo de sorpresa recorri¨® el lugar. Niccol¨° arque¨® una ceja, incr¨¦dulo. ¡ªVaya, esto s¨ª que es inesperado ¡ªdijo, frot¨¢ndose la barbilla¡ª. La esfera solo asigna rangos hasta B. Esto es realmente peculiar. Biel sonri¨® y se cruz¨® de brazos. ¡ªT¨² s¨ª que tienes una reacci¨®n tranquila para alguien que acaba de ver algo tan raro ¡ªcoment¨® con tono burl¨®n. Niccol¨° dej¨® escapar una leve risa. ¡ªDespu¨¦s de que t¨² resultaras ser rango Z, ya nada me sorprende. Biel ri¨® con ¨¦l, mientras Yumi sonre¨ªa con satisfacci¨®n. Luego lleg¨® el turno de Aine. Ella respir¨® hondo y toc¨® la esfera con delicadeza. El efecto fue inmediato y catastr¨®fico. La esfera brill¨® con una intensidad cegadora antes de agrietarse en m¨²ltiples direcciones. Un crujido seco reson¨® por toda la sala y, en cuesti¨®n de segundos, la esfera se hizo a?icos. La recepcionista retrocedi¨® de inmediato, con una mezcla de sorpresa y horror en el rostro. ¡ª?Q-qu¨¦ pas¨®? ?Por qu¨¦ se rompi¨®? ¡ªpregunt¨®, mirando a Aine con los ojos muy abiertos. Biel suspir¨® y se llev¨® una mano a la nuca. ¡ªEs¡­ complicado de explicar ¡ªdijo, rasc¨¢ndose la cabeza¡ª, pero en pocas palabras, ella es un Fragmento de lo Infinito. Niccol¨° lo mir¨® fijamente, como si estuviera procesando la informaci¨®n. ¡ªYa veo... As¨ª que ella es un Fragmento ¡ªmurmur¨®, con un tono pensativo. Biel lo observ¨® con atenci¨®n antes de preguntar: ¡ª?Acaso sabes algo sobre los Fragmentos? Niccol¨° suspir¨® y neg¨® con la cabeza. ¡ªLa verdad, s¨¦ muy poco al respecto. Es un tema envuelto en misterio. Biel asinti¨® lentamente. ¡ªEntiendo. Luego les explicar¨¦ todo a detalle. Niccol¨° volvi¨® a su actitud relajada y dijo con determinaci¨®n: ¡ªEst¨¢ bien. Ahora, para evitar levantar sospechas, le asignar¨¦ el rango B. Aine mir¨® a Biel con una leve sonrisa y asinti¨®. ¡ªEst¨¢ bien. Mi poder no se compara con el de ustedes, pero har¨¦ lo mejor que pueda. Biel coloc¨® una mano en su hombro con una sonrisa de aliento. ¡ªNo te subestimes. Lo importante es que est¨¢s con nosotros. Con el registro finalizado, Biel finalmente se retir¨® del gremio junto con Yumi, Aine y Ylfur. La tarde comenzaba a te?irse con los tonos c¨¢lidos del ocaso mientras el grupo se dirig¨ªa hacia la posada. Al llegar, se encontraron con el resto del equipo, que hab¨ªa llegado momentos antes. Biel observ¨® a cada uno de ellos, sabiendo que el tiempo para planear su pr¨®ximo movimiento hab¨ªa llegado. ¡ªMuy bien ¡ªdijo con determinaci¨®n¡ª. Es hora de idear un plan para lidiar con Domia. Los dem¨¢s asintieron, prepar¨¢ndose mentalmente para lo que vendr¨ªa. El destino de Lunarys pend¨ªa de un hilo, y la batalla que se avecinaba ser¨ªa crucial. Biel se puso de pie en el centro de la habitaci¨®n, su mirada recorri¨® a cada uno de los presentes. Su voz era firme, pero en su interior, la preocupaci¨®n crec¨ªa. ¡ªTenemos un problema enorme por delante ¡ªdijo con seriedad¡ª. En quince d¨ªas, este territorio entrar¨¢ en guerra con Marciler. El silencio fue absoluto. Nadie esperaba que la situaci¨®n llegara a este punto tan pronto. Acalia cruz¨® los brazos, su semblante reflejaba determinaci¨®n, pero tambi¨¦n una sombra de preocupaci¨®n. ¡ªMi poder es grande, pero aun as¨ª no ser¨¢ suficiente ¡ªadmiti¨®, apretando los pu?os. Raizel asinti¨® con pesar. ¡ªIgualmente, nuestros poderes son demasiado bajos ahora... y eso qued¨® reflejado en la ¨²ltima batalla contra Shalok y Cliver. Xantle y Easton intercambiaron miradas nerviosas. Easton trag¨® saliva antes de hablar. ¡ªSi ustedes, que son los m¨¢s fuertes, no pudieron hacerles frente, entonces nosotros... que somos m¨¢s d¨¦biles, ?qu¨¦ oportunidad tenemos en la batalla? ¡ªdijo con un tono de desesperanza. Ryder se pas¨® una mano por el cabello, suspirando con frustraci¨®n. ¡ªMi poder no ser¨¢ suficiente... No en el estado actual en el que estoy. Charlotte, quien hab¨ªa permanecido en silencio, mir¨® sus propias manos y luego a los dem¨¢s. ¡ªBueno, yo todav¨ªa desconozco el alcance del poder que recib¨ª del dios... as¨ª que no s¨¦ cu¨¢n ¨²til ser¨¦ en la batalla. Y con solo quince d¨ªas, no creo que pueda aprender a dominarlo. Yumi se adelant¨®, su expresi¨®n m¨¢s confiada que la de los dem¨¢s. ¡ªBueno, yo s¨ª conozco un poco de mi poder gracias a la bendici¨®n que me otorg¨® el dios. Pero, aun as¨ª, necesito refinarlo si quiero marcar la diferencia en la batalla. El ambiente estaba cargado de preocupaci¨®n, cada uno sumido en sus pensamientos hasta que Aine rompi¨® el silencio con determinaci¨®n en su voz. ¡ªEntonces yo los entrenar¨¦ a todos. Biel arque¨® una ceja y se cruz¨® de brazos. ¡ª?T¨²? ?Nos entrenar¨¢s en tan poco tiempo? Aine sonri¨® con confianza y asinti¨®. ¡ªS¨ª. Y no se preocupen, el tiempo no ser¨¢ un problema ¡ªafirm¨® con seguridad¡ª. Ustedes entrenar¨¢n seis meses en tan solo diez d¨ªas. Todos quedaron at¨®nitos, el asombro era evidente en sus rostros. ¡ª??Seis meses en diez d¨ªas!? ¡ªexclam¨® Xantle con incredulidad. Biel la mir¨® con asombro y empez¨® a comprender lo que Aine quer¨ªa decir. ¡ªEspera... ?Acaso t¨²...? ¡ªpregunt¨®, con una mezcla de sorpresa y emoci¨®n en su voz. Aine sonri¨® con calma. ¡ªAs¨ª es. Usar¨¦ mi poder para transportarnos a una dimensi¨®n donde el tiempo transcurre de manera diferente. Dentro de ese espacio, el tiempo fluir¨¢ acorde a como yo lo dicte. Biel solt¨® una risa de incredulidad y emoci¨®n. ¡ªEso es perfecto. En diez d¨ªas reales, podremos entrenar durante seis meses completos ¡ªdijo con entusiasmo. Aine asinti¨®. ¡ªAhora tengo que preparar todo para que podamos acceder a esa dimensi¨®n ¡ªinform¨® con determinaci¨®n. Biel asinti¨® con confianza. ¡ªEntonces enc¨¢rgate de eso. Todos debemos fortalecernos para la guerra que se avecina. En ese momento, Ylfur se adelant¨® y se inclin¨® levemente. ¡ªMi se?or, yo no entrar¨¦ en la dimensi¨®n con ustedes ¡ªanunci¨®. Biel frunci¨® el ce?o, intrigado por la decisi¨®n de su compa?ero. ¡ª?Por qu¨¦ no vendr¨¢s con nosotros? ¡ªpregunt¨® con curiosidad. Ylfur mantuvo la mirada firme y habl¨® con solemnidad. ¡ªMi se?or, ir¨¦ a entrenar al mundo demon¨ªaco. Biel entrecerr¨® los ojos y asimil¨® la informaci¨®n. ¡ª?El mundo demon¨ªaco? ¡ªrepiti¨®, asegur¨¢ndose de haber entendido bien. Ylfur asinti¨®. ¡ªAs¨ª es. Como demonio, el mundo demon¨ªaco es el lugar perfecto para fortalecerme. All¨ª puedo desarrollar mi m¨¢ximo potencial y volver m¨¢s fuerte para la batalla que se avecina. Biel guard¨® silencio por un momento antes de asentir con aprobaci¨®n. ¡ªComprendo. Tiene sentido. Puedes ir. Ylfur hizo una reverencia. ¡ªGracias, mi se?or. Volver¨¦ en catorce d¨ªas, un d¨ªa antes de la batalla. Biel sonri¨® levemente. ¡ªDe acuerdo. Confiamos en ti. Todos comenzaron a prepararse para el arduo entrenamiento que les esperaba. El destino de Lunarys estaba en juego, y cada uno de ellos deb¨ªa alcanzar su m¨¢ximo poder si quer¨ªan tener una oportunidad contra Marciler. El tiempo estaba en su contra, pero ahora ten¨ªan un plan. El reloj de la guerra hab¨ªa comenzado su cuenta regresiva. Cap铆tulo 42: El Entrenamiento Comienza El sol apenas asomaba por el horizonte, ti?endo el cielo de tonos anaranjados y rosados, cuando Biel sali¨® al patio del refugio. La brisa matutina era fresca, cargada con el aroma del roc¨ªo sobre la hierba. Se detuvo un momento, mirando el cielo con determinaci¨®n. ¡ªEste entrenamiento ser¨¢ la clave... ¡ªmurmur¨®, cerrando los pu?os con fuerza. Si quiero vencer a Domia y su ej¨¦rcito de nobles arrogantes, debo estar listo para todo. ¡ª?Biel! ¡ªla voz alegre de Aine lo sac¨® de sus pensamientos. La chica de cabello brillante y ojos chispeantes apareci¨® junto a ¨¦l, con una sonrisa juguetona en los labios¡ª. Ya prepar¨¦ la puerta para ir a la dimensi¨®n de entrenamiento. Como te dije, ser¨¢n seis meses all¨¢, pero aqu¨ª solo pasar¨¢n diez d¨ªas. Biel asinti¨®, su expresi¨®n mostrando determinaci¨®n. ¡ªPerfecto. Es tiempo suficiente. No quiero arriesgarme a que algo pase mientras estamos fuera. Aine lo mir¨® pensativa, ladeando la cabeza con curiosidad. ¡ªSi quieres, puedo alargar el tiempo a catorce d¨ªas. As¨ª, cuando salgamos, Ylfur ya estar¨ªa aqu¨ª y podr¨ªamos enfrentarlo juntos, si fuera necesario. Biel sonri¨® con gratitud, aunque neg¨® con la cabeza. ¡ªAprecio tu consideraci¨®n, Aine. Pero diez d¨ªas estar¨¢n bien. No quiero perder ni un segundo m¨¢s. Aine suspir¨® y luego mostr¨® una sonrisa dulce. ¡ªDe acuerdo, como desees, Biel. Ahora, d¨¦jame explicarte los detalles sobre esa dimensi¨®n. Se llama La Realidad 982 ORC. All¨ª, yo tengo control absoluto, sobre todo. Puedo crear paisajes hermosos, invocar cualquier cosa que imagine... Todo lo que existe en ese lugar es mi voluntad. ¡ª?Control total...? ¡ªBiel arque¨® una ceja, impresionado. ¡ªS¨ª, pero eso solo es una pizca de mi verdadero poder ¡ªdijo Aine, con una expresi¨®n de orgullo, aunque sus mejillas se ti?eron ligeramente de rosa¡ª. Para ser precisos, solo es un 2% de mi poder real. Los ojos de Biel se abrieron con asombro. ¡ª??Solo un 2%?! Entonces... ?Eres incre¨ªblemente fuerte? Aine desvi¨® la mirada, su expresi¨®n era una mezcla de modestia y algo de incomodidad. ¡ªBueno... s¨ª. Pero no soy la m¨¢s poderosa. Mis hermanos, los dem¨¢s Fragmentos, me superan en fuerza. Aunque... ¡ªsu tono cambi¨® a uno m¨¢s p¨ªcaro¡ª, en t¨¦rminos de inteligencia, son como hormigas comparadas conmigo. Biel parpade¨®, sin saber si deb¨ªa re¨ªr o tomarlo en serio. ?Era sarcasmo o estaba diciendo la verdad...? Se encogi¨® de hombros, optando por relajarse y sonre¨ªr. ¡ªEst¨¢ bien, Aine. Eres incre¨ªble, jejeje. Aine se sonroj¨®, evitando su mirada. ¡ªN-no digas tonter¨ªas... ¡ªsusurr¨®, apretando los labios con timidez antes de alzar una mano y hacer un movimiento en el aire. Frente a ellos, apareci¨® una puerta brillante, rodeada de un aura dorada que ondulaba como un manto celestial. La energ¨ªa era tan intensa que el aire vibraba alrededor de ella. ¡ªEs hora de irnos ¡ªdijo Aine, recobrando la compostura, aunque sus ojos brillaban de emoci¨®n. En ese momento, el grupo comenz¨® a reunirse. Charlotte fue la primera en llegar, sus ojos azul celeste reflejaban determinaci¨®n. ¡ª?Entonces, es aqu¨ª donde nos haremos m¨¢s fuertes? ¡ªAs¨ª es ¡ªrespondi¨® Aine con una sonrisa tranquilizadora¡ª. Esta dimensi¨®n les permitir¨¢ llevar sus habilidades al l¨ªmite sin ning¨²n riesgo real. Acalia apareci¨® en silencio, su postura serena como siempre. Se acerc¨® a Biel, su mirada era suave, pero firme. ¡ª?Est¨¢s listo, Biel? Esto no ser¨¢ f¨¢cil. Biel asinti¨®, su expresi¨®n se endureci¨®. ¡ªLo s¨¦. Pero si quiero protegerlos a todos, debo superar mis l¨ªmites. ¡ªEso es lo que quer¨ªa escuchar ¡ªAcalia sonri¨® apenas, antes de cruzar los brazos y observar la puerta con atenci¨®n. Xanthe lleg¨® junto a Easton, sus rostros reflejaban una mezcla de emoci¨®n y nerviosismo. ¡ª?Esto es emocionante! ¡ªexclam¨® Xanthe, sus ojos brillaban con curiosidad¡ª. ?Qu¨¦ tipo de lugar ser¨¢? Easton ajust¨® su bast¨®n, su expresi¨®n m¨¢s seria. ¡ªNo importa c¨®mo sea. Lo importante es que salgamos de all¨ª siendo m¨¢s fuertes. ¡ª?Exacto! ¡ªRyder se uni¨®, golpeando sus pu?os con energ¨ªa¡ª. ?Voy a entrenar hasta que mis m¨²sculos no puedan m¨¢s! ¡ªPor favor, no exageres, Ryder... ¡ªYumi suspir¨®, pero una sonrisa juguetona apareci¨® en sus labios. Raizel, con su expresi¨®n indiferente habitual, simplemente murmur¨®: ¡ªMientras pueda mejorar mi fuerza y poder de ¨¢ngel, no me importa d¨®nde sea. Sarah lleg¨® con una risa suave. ¡ªParece que todos est¨¢n listos. No me quedar¨¦ atr¨¢s. Entonces, Gaudel apareci¨® al final del grupo. Se detuvo junto a Biel, su mirada era seria, pero hab¨ªa una chispa de decisi¨®n en sus ojos. ¡ªHe decidido ir con ustedes. No puedo quedarme atr¨¢s mientras ustedes se hacen m¨¢s fuertes. Tambi¨¦n quiero proteger esta ciudad... y a las personas que amo. Biel sonri¨® con calidez, colocando una mano en el hombro de Gaudel. ¡ªEntonces, bienvenido al equipo, Gaudel. Daremos lo mejor juntos. Aine los observ¨® a todos, su expresi¨®n era suave y maternal. ¡ªEst¨¢n listos... Bienvenidos a La Realidad 982 ORC. La puerta brill¨® intensamente y, uno por uno, cruzaron el umbral. Biel fue el ¨²ltimo en entrar, pero antes de hacerlo, mir¨® hacia atr¨¢s, contemplando el cielo que lentamente se te?¨ªa de azul celeste. ¡°No importa lo dif¨ªcil que sea... No importa cu¨¢nto tiempo tome... Me har¨¦ m¨¢s fuerte.¡± Con esa promesa en su coraz¨®n, Biel cruz¨® la puerta, listo para enfrentar el entrenamiento que decidir¨ªa el curso de su destino. Una luz brillante los envolvi¨®, y al abrir los ojos, Biel y los dem¨¢s se encontraron en un lugar que parec¨ªa sacado de un sue?o. Amplios campos verdes se extend¨ªan hasta el horizonte, con flores de colores vibrantes que danzaban suavemente con la brisa. Las casas, de arquitectura elegante y cl¨¢sica, se integraban perfectamente en el paisaje natural. ¨¢rboles frondosos ofrec¨ªan sombra refrescante, y un r¨ªo cristalino serpenteaba a trav¨¦s de colinas doradas por el sol. Biel mir¨® a su alrededor, maravillado. Dio un paso adelante, sintiendo la suavidad de la hierba bajo sus pies. ¡ªEste lugar es... hermoso. ¡ªSu voz era un susurro cargado de asombro. Sarah se llev¨® las manos a la boca, con los ojos brillando de emoci¨®n. ¡ª?Qu¨¦ lindo lugar! ?Es como un para¨ªso! Ryder sonri¨® ampliamente, estirando sus brazos. ¡ª?Esto es genial! ?Si entrenar aqu¨ª significa disfrutar de este paisaje, entonces estoy m¨¢s que listo! Biel se gir¨® hacia Aine, quien observaba la escena con una expresi¨®n serena. ¡ªAine, ?y si durante el entrenamiento destruimos algo aqu¨ª? ?Todo esto desaparecer¨¢? Aine solt¨® una peque?a risa, sus ojos reflejaban una profunda confianza. ¡ªNo te preocupes, Biel. Nada ser¨¢ destruido aqu¨ª porque mi poder lo protege todo. Yo controlo esta realidad a voluntad. Nada se perder¨¢ mientras yo est¨¦ aqu¨ª. Biel suspiro de alivio. ¡ªMenos mal... No me gustar¨ªa arruinar un lugar tan maravilloso. Aine sonri¨® con dulzura, pero luego su expresi¨®n se torn¨® m¨¢s seria. Mir¨® el cielo despejado y continu¨® hablando con un tono nost¨¢lgico. ¡ªEste lugar... y yo... somos parte de algo mucho m¨¢s grande. Biel, es hora de que sepas la verdad. Yo soy parte de "La Llave", la Esencia Primordial. Stolen novel; please report. Biel la mir¨® con sorpresa. ¡ª?La Esencia Primordial...? Aine asinti¨®, su mirada se perdi¨® en el horizonte. ¡ªHace mucho tiempo, solo ¨¦ramos conocidos como La Llave, un fragmento completo con un poder inconmensurable. Pero hace milenios, ese fragmento se dividi¨® en cinco partes, destinadas a guiar a los h¨¦roes llamados Los Enviados. Ellos llegan a este mundo cuando m¨¢s se necesita equilibrio y esperanza. ¡ª?Cinco partes...? ¡ªrepiti¨® Biel, asimilando la informaci¨®n. ¡ªS¨ª. Actualmente, solo dos de esos fragmentos han sido otorgados a h¨¦roes: yo... y mi hermano Luthan. ¡ªAine hizo una pausa, sus ojos se humedecieron. ¡ªLuthan fue el primero en ser otorgado a un h¨¦roe que lleg¨® hace muchos a?os a este mundo. Fue el responsable de sellar a los Reyes Demonios en ese tiempo... Pero su h¨¦roe ya muri¨®... y cuando un portador muere, el fragmento tambi¨¦n lo hace. Su voz tembl¨®, y una l¨¢grima resbal¨® por su mejilla. ¡ªPor eso... cuando t¨²... cuando t¨² moriste, Biel... tuve tanto miedo. Porque sab¨ªa que si t¨² desaparec¨ªas... yo tambi¨¦n lo har¨ªa. Y no pude ayudarte... No pude hacer nada por ti. Biel se qued¨® en silencio. Dio un paso adelante y abraz¨® a Aine con fuerza, susurr¨¢ndole al o¨ªdo. ¡ªNo tienes que cargar con eso t¨² sola. Ahora estamos juntos en esto. Pase lo que pase, saldremos victoriosos. Lo prometo. Aine se aferr¨® a ¨¦l, sus hombros temblaban mientras dejaba salir sus emociones contenidas. ¡ªGracias... Biel... ¡ªmurmur¨® entre sollozos. Despu¨¦s de un momento, Aine se apart¨® suavemente, limpi¨¢ndose las l¨¢grimas. ¡ªLo siento... No era mi intenci¨®n preocuparlos. Charlotte dio un paso adelante, cruzando los brazos. ¡ªNo tienes que disculparte, Aine. Todos cargamos con algo... Pero es bueno saber que no estamos solos. Vamos a superar esto juntos. Aine asinti¨®, su sonrisa volvi¨®, aunque tenue. ¡ªGracias... a todos. Tom¨® aire y continu¨®, esta vez con m¨¢s firmeza. ¡ªAhora, deben saber que los cinco fragmentos que forman La Llave o La Esencia Primordial son: La Llama Eterna, La Esencia del Crep¨²sculo, La Gema de la Serpiente Celestial, El N¨²cleo del Viento C¨ªclico y la Reliquia del Fulgor Arcano. Juntos forman un poder inigualable... Un poder destinado a guiar a los h¨¦roes. Los dem¨¢s escucharon en silencio, comprendiendo la magnitud de lo que Aine revelaba. Biel mir¨® sus propias manos, sintiendo el peso de su destino. ¡ªEntonces... eso significa que nosotros tambi¨¦n tenemos un papel que cumplir en esta historia... Aine lo mir¨® directamente a los ojos, su determinaci¨®n era inquebrantable. ¡ªS¨ª, Biel. T¨²... eres uno de esos h¨¦roes. Y tu destino apenas comienza a revelarse. El viento sopl¨® suavemente, moviendo las flores y hojas a su alrededor, como si el mundo mismo reconociera el peso de esa verdad. La Realidad 982 ORC parec¨ªa a¨²n m¨¢s vasta y misteriosa, llena de secretos esperando ser descubiertos. El entrenamiento apenas hab¨ªa comenzado, pero Biel sab¨ªa que m¨¢s que fortalecerse, este viaje tambi¨¦n pondr¨ªa a prueba su coraz¨®n y sus convicciones. Un viento g¨¦lido sopl¨® repentinamente, recorriendo el campo de flores y haciendo que sus p¨¦talos vibraran con un susurro casi melanc¨®lico. Biel y los dem¨¢s se giraron instintivamente, sus cuerpos se tensaron al sentir una presencia desconocida. ¡ªVaya, hermana... Has tra¨ªdo visitas. ¡ªUna voz profunda y elegante reson¨® en el aire. De la nada, una figura emergi¨® del horizonte, caminando con una gracia sobrenatural. Un hombre de cabello plateado, largo y ondulado, con ojos dorados que reflejaban una sabidur¨ªa antigua, se acerc¨® con una sonrisa enigm¨¢tica. Vest¨ªa una t¨²nica oscura que se mov¨ªa como sombras l¨ªquidas a su alrededor. Aine se gir¨® y sus ojos se iluminaron con sorpresa. ¡ª?Eldric...! No esperaba verte aqu¨ª tan pronto. El hombre ri¨® suavemente. ¡ªCuando sent¨ª tu energ¨ªa y la de ellos, supe que finalmente hab¨ªas tomado una decisi¨®n... As¨ª que vine a ver por m¨ª mismo. ¡ªSus ojos se posaron en Biel, estudi¨¢ndolo con inter¨¦s¡ª. As¨ª que... este es el humano que porta el Fragmento del Infinito. Biel sinti¨® un escalofr¨ªo recorriendo su espalda, pero no retrocedi¨®. Sostuvo la mirada de Eldric con firmeza. ¡ª?Qui¨¦n eres t¨²...? El extra?o hizo una ligera reverencia, su sonrisa nunca abandon¨® su rostro. ¡ªMe presento. Soy Eldric, el Fragmento de la Esencia del Crep¨²sculo. Aunque no solemos recibir visitas, parece que mi hermana decidi¨® hacer una excepci¨®n esta vez. ¡ª?Fragmento... de la Esencia del Crep¨²sculo? ¡ªBiel frunci¨® el ce?o, asimilando la informaci¨®n. Aine dio un paso al frente. ¡ªEldric es mi hermano. ¨¦l, junto con otros dos Fragmentos, han aceptado ayudarnos. ¡ªMir¨® a Eldric con una expresi¨®n agradecida¡ª. Gracias por venir, hermano. Eldric asinti¨® suavemente. ¡ªNo pod¨ªa negarme cuando mi querida hermana me lo pidi¨®. Adem¨¢s, no todos los d¨ªas se encuentra uno con h¨¦roes tan interesantes. ¡ªMir¨® al grupo con ojos curiosos¡ª. Los otros dos Fragmentos ya est¨¢n listos para entrenarlos. ¡ª?Otros dos...? ¡ªpregunt¨® Charlotte, levantando una ceja. ¡ªS¨ª. Mis hermanos Varael, Fragmento de la Reliquia del Fulgor Arcano, y Sylas, Fragmento de la Gema de la Serpiente Celestial. Ellos han accedido a compartir su poder y conocimiento para ayudarlos a fortalecerse. Aine continu¨® explicando¡ª. Biel, Charlotte y Yumi entrenar¨¢n conmigo, el Fragmento de la Llama Eterna. Easton y Xantle lo har¨¢n con Varael. Acalia y Gaudel entrenar¨¢n con Sylas, mientras que Ryder, Gaudel y Sarah lo har¨¢n con Eldric. Eldric sonri¨® con satisfacci¨®n¡ª. Durante seis meses, se entrenar¨¢n en nuestros dominios separados por vastos oc¨¦anos. All¨ª vivir¨¢n aislados y podr¨¢n enfocarse ¨²nicamente en hacerse m¨¢s fuertes. Biel asinti¨® con determinaci¨®n. ¡ªEntonces, hag¨¢moslo. Nos veremos en seis meses, amigos. ?Fortalezcamos nuestras habilidades! El grupo se despidi¨® con sonrisas y palabras de aliento. Eldric levant¨® su mano y un torbellino de sombras los envolvi¨®, separ¨¢ndolos en destellos de luz. La Realidad 982 ORC reson¨® con una energ¨ªa antigua. El entrenamiento apenas comenzaba. Por otro lado, en el Mundo Demon¨ªaco El aire era denso y pesado, impregnado con el olor met¨¢lico de la sangre y azufre. Un cielo carmes¨ª cubr¨ªa el horizonte, donde nubes negras se retorc¨ªan con violencia. En ese inh¨®spito paisaje, Ylfur avanzaba con paso firme, sus ojos resplandec¨ªan con una determinaci¨®n inquebrantable. ¡ªEste lugar sigue igual de miserable... ¡ªmurmur¨®, observando el terreno rocoso y las criaturas grotescas que merodeaban en la penumbra. No pas¨® mucho tiempo antes de que una horda de demonios de bajo rango lo embistiera, sus garras y colmillos buscaban desgarrarlo sin piedad. Pero Ylfur no mostr¨® compasi¨®n. Su mirada fr¨ªa y calculadora bast¨® para infundir terror. Con un movimiento veloz, sus garras brillaron con energ¨ªa oscura mientras atravesaba a sus enemigos sin esfuerzo. La sangre negra manch¨® el suelo, y los cuerpos inertes de los demonios se desvanecieron en humo. ¡ªPat¨¦ticos... ¡ªespet¨® con desprecio. ¡ªOh, as¨ª que has vuelto, querido amigo. ¡ªUna voz burlona reson¨® desde las sombras. Un demonio alto y esbelto emergi¨® de entre las ruinas. Sus ojos escarlatas brillaban con malicia y una sonrisa cruel curvaba sus labios afilados. Llevaba una armadura oscura que emanaba una energ¨ªa siniestra. ¡ªCalupsu... ¡ªgru?¨® Ylfur, entrecerrando los ojos. ¡ª?Qu¨¦ haces en este lugar, Ylfur? ¡ªCalupsu se cruz¨® de brazos, su tono era sarc¨¢stico¡ª. ?Acaso has venido a fortalecer tus habilidades para ayudar al portador del Rey Demonio? ¡ªSe ech¨® a re¨ªr¡ª. Pat¨¦tico... Aun no entiendo por qu¨¦ sigues llamando "amo" a un simple humano. Ylfur apret¨® los dientes, su aura oscura comenz¨® a emanar con intensidad. ¡ª?Cierra la boca, Calupsu! ?No permitir¨¦ que hables as¨ª de mi amo! Calupsu sonri¨® a¨²n m¨¢s. ¡ª?Tu amo, ?eh? ¡ªSu tono era burl¨®n¡ª. Es pat¨¦tico. Llamar "amo" a un humano... ?Hasta d¨®nde has ca¨ªdo, Ylfur? No entiendo por qu¨¦ Monsfil eligi¨® a ese insignificante humano como portador de su poder y no a uno de nosotros, verdaderos demonios. ¡ª?No te atrevas a cuestionar las decisiones de Monsfil! ¡ªLa voz de Ylfur retumb¨®, su poder oscuro sacudi¨® el aire. ¡ªJe... Aunque no lo acepte, hay demonios que s¨ª lo han hecho. ¡ªCalupsu se encogi¨® de hombros¡ª. Pero yo... yo no aceptar¨¦ a ese humano como mi Rey Demonio hasta que venga aqu¨ª y me lo demuestre personalmente. Ylfur sonri¨® con una confianza desafiante. ¡ªVendr¨¢... Puedes estar seguro de eso. Y cuando lo haga, ?te arrodillar¨¢s ante ¨¦l! ¡ªHmph... Ya veremos. ¡ªCalupsu se dio la vuelta, comenzando a caminar hacia las sombras¡ª. Aunque, por ahora, no tengo inter¨¦s en un humano d¨¦bil que ni siquiera puede usar todo el poder del Rey Demonio. Antes de que Ylfur pudiera responder, una voz fr¨ªa y gutural interrumpi¨® la tensi¨®n. ¡ªSiempre es lo mismo cuando un demonio llega aqu¨ª... Peleas sin sentido. ¡ªDe las sombras del castillo emergi¨® otra figura. Sus ojos amarillos brillaban con una malicia contenida y su aura era pesada, casi sofocante. ¡ª?Palser...! ¡ªexclam¨® Ylfur, mostrando una sonrisa genuina¡ª. Me alegra verte. ¡ªLo mismo digo, Ylfur. ¡ªPalser se acerc¨®, sus pasos eran ligeros, como si flotara en la penumbra¡ª. Me he enterado de lo ocurrido. As¨ª que... Monsfil eligi¨® a un humano y t¨² decidiste servirle. ¡ªAs¨ª es... ¡ªadmiti¨® Ylfur sin vacilar. Palser solt¨® una carcajada baja. ¡ªNo me importa que sea humano o demonio. Para m¨ª, lo que importa es su poder... Y tambi¨¦n me enter¨¦ que fuiste derrotado por un drag¨®n, pienso que no hubiese pasado eso si t¨² poder no estar¨ªa sellado, dime ese humano es capaz de romper tu sello. Ylfur baj¨® la mirada, sus pu?os se apretaron. ¡ªNo lo s¨¦... Pero si alguien puede hacerlo, es ¨¦l. ¡ª?As¨ª que a¨²n tienes esperanza? ¡ªPalser sonri¨®, mostrando sus colmillos¡ª. Ser¨¢ interesante verlo. De todas formas... me alegra que hayas regresado. La pr¨®xima vez que nos crucemos... quiero ver si ese humano merece tu lealtad. ¡ªLo demostrar¨¦... ¡ªdijo Ylfur con convicci¨®n¡ª. ¨¦l demostrar¨¢ su poder. Estoy seguro de eso. Calupsu solt¨® un suspiro aburrido. ¡ªPat¨¦tico... Perder el tiempo con sue?os vac¨ªos. Me largo de aqu¨ª. Entrena todo lo que quieras, Ylfur. Quiz¨¢s los dem¨¢s te ayuden... Yo no pienso mancharme las manos con un sirviente de humano. ¡ªHaz lo que quieras, Calupsu. ¡ªrespondi¨® Ylfur sin mirarlo. ¡ªSer¨¢ suficiente con la ayuda de mis dem¨¢s hermanos. Calupsu desapareci¨® en las sombras, dejando una risa sarc¨¢stica resonando en el aire. Palser dio un paso hacia Ylfur, su mirada se suaviz¨® ligeramente. ¡ªSi necesitas ayuda... b¨²scame. A¨²n hay cosas que quiero saber sobre ese humano que porta el poder de Rey Demonio. ¡ªLo har¨¦. Gracias, Palser. El demonio asinti¨® antes de desvanecerse en la oscuridad. Ylfur mir¨® el horizonte carmes¨ª. ¡ªAmo Biel... Juro que me har¨¦ m¨¢s fuerte. No permitir¨¦ que nadie dude de usted. ¡ªSu aura oscura resplandeci¨® con intensidad, reflejando su juramento inquebrantable. La soledad del Mundo Demon¨ªaco lo envolvi¨® mientras su entrenamiento apenas comenzaba. Cap铆tulo 43: Dolor El entrenamiento hab¨ªa comenzado. Como si el destino mismo los empujara en direcciones distintas, cada uno de los compa?eros de Biel se separ¨®, llev¨¢ndose consigo sus respectivos Fragmentos a sus dominios. Se volver¨ªan a encontrar en seis meses, pero hasta entonces, cada uno deb¨ªa embarcarse en un camino solitario hacia la fortaleza y el entendimiento de su propio poder. Biel observ¨® a sus amigos desaparecer en destellos de luz y sombras, sintiendo una extra?a mezcla de emoci¨®n y vac¨ªo. Sab¨ªa que este era un paso necesario, pero la idea de entrenar lejos de los dem¨¢s le causaba una inquietud que no pod¨ªa explicar del todo. Entonces, Aine pos¨® su delicada mano sobre su hombro, atrayendo su atenci¨®n. ¡ªQuerido Biel, ahora iremos a mi dominio ¡ªdijo ella con una voz serena, pero firme, como una melod¨ªa envolvente en medio de una tormenta. Biel la mir¨® con determinaci¨®n y asinti¨®. ¡ªEst¨¢ bien. Estoy listo. En un parpadeo, la realidad se desmoron¨® como un espejo roto, y el mundo a su alrededor cambi¨®. La sensaci¨®n de ser arrastrado a trav¨¦s del espacio era como si una brisa celestial lo envolviera, ligera pero incontrolable. En un instante, Biel, Charlotte y Yumi se encontraron en una ciudad que desafiaba toda expectativa. Era una metr¨®polis majestuosa, de elegancia inmaculada. Las calles estaban pavimentadas con piedras que reflejaban la luz del sol como si fueran estrellas atrapadas en la tierra. Los edificios, de arquitectura refinada, parec¨ªan construidos con marfil y oro, elev¨¢ndose hacia el cielo con una gracia casi divina. La brisa transportaba un aroma dulce, un perfume de flores ex¨®ticas que flotaba en el aire como un susurro. Charlotte dio un paso adelante, sus ojos reflejando el asombro que la consum¨ªa. ¡ªEs¡­ hermoso. ¡ªSu voz era apenas un murmullo, como si temiera romper la armon¨ªa del lugar. Yumi, a su lado, mir¨® a su alrededor con una mezcla de asombro y cautela. Sus dedos recorrieron la tela de su vestido, como si quisieran asegurarse de que no estaban so?ando. ¡ªEsto no se parece a nada que haya visto antes¡­ ¡ªsusurr¨®. Aine sonri¨® con dulzura, su cabello ondeando con el viento como hilos de plata danzando al comp¨¢s de una m¨²sica secreta. ¡ªEste es mi territorio ¡ªdijo con orgullo, extendiendo los brazos¡ª. Y aqu¨ª entrenaremos durante seis meses. Este ser¨¢ el lugar donde se fortalecer¨¢n, donde romper¨¢n sus l¨ªmites y se convertir¨¢n en versiones m¨¢s poderosas de ustedes mismos. Biel la mir¨® con una chispa de determinaci¨®n en sus ojos. ¡ªEntonces haremos lo que sea necesario. No desperdiciar¨¦ este tiempo. Aine inclin¨® levemente la cabeza y continu¨® con una voz llena de dulzura, pero tambi¨¦n de una autoridad innegable. ¡ªAqu¨ª, en esta ciudad, todo lo que deseen estar¨¢ a su alcance. Ropa, hospedaje, comida¡­ cualquier cosa que necesiten. No tienen que preocuparse por el dinero, pues en este reino el dinero no existe. Ser¨¢n libres de elegir lo que deseen. Charlotte frunci¨® el ce?o levemente. ¡ªEso suena¡­ demasiado perfecto. Yumi asinti¨®. ¡ªNo estamos acostumbradas a recibir tanto sin dar nada a cambio. Biel cruz¨® los brazos, pensativo. Luego, mir¨® a Aine con respeto, pero tambi¨¦n con firmeza. ¡ªApreciamos tu hospitalidad, Aine, pero no abusaremos de tu amabilidad. Hemos venido aqu¨ª a entrenar, no a ser consentidos. Los ojos de Aine destellaron con una ternura inmensa, pero tambi¨¦n con una sombra de melancol¨ªa. ¡ªNo se preocupen. ?Nada de esto es un regalo inmerecido! ¡ªdijo, su voz un eco suave entre las paredes de la ciudad¡ª. Biel, t¨² eres mi portador. Te mereces todo esto y mucho m¨¢s. Has pasado por mucho, demasiado. Es momento de que, aunque sea por un instante, experimentes un mundo donde puedas respirar sin peso en los hombros. Las palabras de Aine cayeron sobre Biel como una brisa c¨¢lida, pero tambi¨¦n como una daga silenciosa. Record¨® todo lo que hab¨ªa vivido, las heridas, las batallas, las p¨¦rdidas. Sus pu?os se cerraron con fuerza. ¡ªNo hay descanso para los que deben ser fuertes ¡ªmurmur¨®, su voz apenas un susurro. Aine se acerc¨® y tom¨® su mano con delicadeza, como si sostuviera algo fr¨¢gil pero valioso. ¡ªY sin embargo, incluso los m¨¢s fuertes necesitan un instante para recordar por qu¨¦ pelean. Biel la mir¨® a los ojos, sintiendo la sinceridad en cada una de sus palabras. Se permiti¨® un leve suspiro, dejando ir una parte del peso que cargaba en su alma. ¡ªBien ¡ªdijo al fin¡ª. Pero no olvidar¨¦ por qu¨¦ estamos aqu¨ª. Aine asinti¨® con una sonrisa, y sin decir m¨¢s, gui¨® a Biel, Charlotte y Yumi hacia el coraz¨®n de la ciudad, donde el entrenamiento verdadero dar¨ªa inicio. La calma de aquel para¨ªso era solo una ilusi¨®n. Pronto, el dolor se convertir¨ªa en su maestro. Aine gui¨® a Biel, Charlotte y Yumi por las calles adoquinadas de la majestuosa ciudad, donde el sol reflejaba su resplandor sobre los edificios de cristal y m¨¢rmol. El viento danzaba entre las estructuras, llevando consigo el aroma a flores y especias ex¨®ticas. A medida que avanzaban, la gente empez¨® a inclinarse en se?al de respeto, saludando con sonrisas a Aine, quien correspond¨ªa con una elegancia natural. ¡ªGran Fragmento de la Llama Eterna, es un honor verla de nuevo ¡ªdijeron dos figuras que emergieron entre la multitud. Sus presencias eran firmes, pero con un aire de humildad. Aine se detuvo, gir¨® suavemente y les dedic¨® una sonrisa apacible. ¡ªNos alegra volver a verla ¡ªcontinu¨® uno de ellos¡ª. Veo que trae acompa?antes. Estamos a su servicio para lo que sea necesario. ¡ªEsta vez entrenar¨¦ a estas tres personas por seis meses ¡ªdijo Aine con voz melodiosa, pero con una autoridad incuestionable¡ª. Y cuento con su ayuda para que el entrenamiento sea efectivo. Ambos individuos hicieron una leve reverencia. ¡ªCon gusto le serviremos en lo que necesite. El primero, un joven de cabellos oscuros y mirada afilada, se adelant¨®. ¡ªMi nombre es Lacape. Soy un Fragmento, pero no como los Grandes Fragmentos. Se podr¨ªa decir que soy un Fragmento inferior. La otra persona, una joven con una postura firme y ojos penetrantes, tambi¨¦n se present¨® con una voz serena pero firme. ¡ªMi nombre es Jun. Al igual que mi hermano, soy un Fragmento inferior. Lacape sonri¨® de lado y agreg¨®: ¡ªSomos hermanos, aunque ella es mayor. No dejen que mi actitud relajada los enga?e, su temple es mucho m¨¢s firme que el m¨ªo. Biel asinti¨® con respeto. ¡ªMucho gusto, espero que podamos aprender mucho de ustedes. Aine retom¨® la palabra. ¡ªBien, es hora de ir hacia el campo de entrenamiento. He estado preparando este lugar para fortalecer sus capacidades al m¨¢ximo. Al hablar, extendi¨® una mano y un portal de energ¨ªa ardiente se materializ¨® ante ellos, su brillo oscilante reflejaba incontables colores como si contuviera galaxias en su interior. Uno por uno, cruzaron el umbral y la sensaci¨®n fue como sumergirse en una corriente c¨¢lida y vibrante. Cuando sus pies tocaron suelo firme de nuevo, se encontraron en un campo amplio y vasto. Un horizonte de tierra inquebrantable se extend¨ªa hasta donde la vista alcanzaba. El cielo era de un azul profundo, atravesado por nubes que parec¨ªan moverse con una voluntad propia. El viento aqu¨ª ten¨ªa un peso distinto, cargado de una energ¨ªa que electrizaba la piel. Aine se gir¨® para mirarlos, con la solemnidad de quien est¨¢ a punto de cambiar vidas. ¡ªEste es el campo de entrenamiento que he preparado. Aqu¨ª podr¨¢n desatar todo su poder sin preocuparse por destruir la ciudad o la vegetaci¨®n. Ahora, cada uno tendr¨¢ una tarea distinta. Yumi, entrenar¨¢s con Jun. Charlotte y Biel, en cambio, deben superar una prueba antes de comenzar su verdadero entrenamiento. Lacape cruz¨® los brazos y asinti¨® con paciencia. ¡ªEsperar¨¦ con gusto a que Charlotte termine su prueba antes de entrenarla. Biel frunci¨® el ce?o. Hab¨ªa algo en la manera en que Aine lo dijo que le provoc¨® un escalofr¨ªo. ¡ª?Prueba? ?Qu¨¦ clase de prueba es? Aine tom¨® aire y sus ojos mostraron por un instante una sombra de pesar antes de responder. ¡ªBiel, Charlotte¡­ me disculpar¨¢n, pero esta prueba ser¨¢ la m¨¢s dif¨ªcil de superar. Tendr¨¢n que revivir el pasado. Charlotte abri¨® los ojos con sorpresa. ¡ª?Revivir el pasado? ?O sea que¡­ vamos a viajar al pasado? Aine neg¨® suavemente. ¡ªNo f¨ªsicamente. No cambiar¨¢n nada de lo que ya ocurri¨®. Sin embargo, revivir¨¢n cada momento con una claridad absoluta. Sentir¨¢n todo el dolor, cada decisi¨®n, cada p¨¦rdida¡­ pero tambi¨¦n cada verdad que han intentado olvidar. El coraz¨®n de Biel se detuvo un instante. Su cuerpo sinti¨® un vac¨ªo tan profundo como si la gravedad hubiera desaparecido a su alrededor. ¡ªNo me digas¡­ ¡ªsusurr¨®¡ª. ?Tendremos que revivir los recuerdos de nuestros padres? El viento sopl¨® con una fuerza repentina, como si la naturaleza misma reaccionara a su angustia. La idea de enfrentarse a esos recuerdos era como contemplar un abismo sin fin. Aine no respondi¨® de inmediato, pero su mirada lo confirm¨® todo. Biel sinti¨® que el mundo a su alrededor temblaba, no f¨ªsicamente, sino en su propia mente. Su pasado, una tormenta que siempre hab¨ªa intentado dejar atr¨¢s, ahora se convertir¨ªa en su pr¨®ximo campo de batalla. Charlotte cerr¨® los ojos por un instante y luego los abri¨® con determinaci¨®n. ¡ªSi esto es necesario para volvernos m¨¢s fuertes¡­ lo har¨¦. Biel trag¨® saliva, sintiendo un nudo en la garganta. ¡ª?No tengo otra opci¨®n, tendr¨¦ que afrontar la verdad? Aine se acerc¨® y pos¨® una mano sobre su hombro con suavidad, pero con un peso innegable. ¡ªA veces, para avanzar debemos enfrentar lo que m¨¢s tememos. Este no es un castigo, Biel. Es el ¨²nico camino para que su poder se libere por completo. El joven cerr¨® los pu?os, sintiendo c¨®mo su coraz¨®n lat¨ªa con furia. Sab¨ªa que hab¨ªa cosas de su pasado que jam¨¢s hab¨ªa querido volver a ver. Sin embargo, si esto significaba alcanzar la fuerza que necesitaba para proteger lo que amaba, entonces lo har¨ªa. ¡ªQue as¨ª sea ¡ªsusurr¨®, sin notar que sus dedos temblaban levemente. Aine asinti¨®. Con un gesto de su mano, el suelo bajo ellos comenz¨® a brillar con una energ¨ªa et¨¦rea. La prueba hab¨ªa comenzado. If you spot this story on Amazon, know that it has been stolen. Report the violation. Aine cerr¨® los ojos y levant¨® las manos con solemnidad. Su voz reson¨® con la gravedad de un juicio inquebrantable, pero tambi¨¦n con la dulzura de una plegaria. ¡ªRevivir el pasado es el impulso para superarse¡­ y ser¨¢ la chispa que los llevar¨¢ al l¨ªmite de sus capacidades. Las palabras flotaron en el aire, impregnando la atm¨®sfera con un peso invisible. Biel y Charlotte sintieron un tir¨®n en sus almas, un arrastre ineludible. Antes de que pudieran reaccionar, sus cuerpos cedieron. Sus pupilas se dilataron y, en un instante, se desplomaron, cayendo en un abismo sin fondo. Aine exhal¨® suavemente, su expresi¨®n serena, pero su coraz¨®n pesado. Con un gesto de su mano, materializ¨® dos camas de energ¨ªa cristalina y coloc¨® a los dos inconscientes sobre ellas. La brisa agit¨® su cabello plateado, pero no pudo disimular el leve temblor en sus manos. Un susurro de tormento escap¨® de sus labios cuando una solitaria l¨¢grima se desliz¨® por su mejilla y se perdi¨® en el ¨¦ter. Lacape se acerc¨® con pasos calculados, observando el gesto silencioso de su superior. No hizo preguntas, porque ya conoc¨ªa la respuesta. ¡ª?Sabes lo que tendr¨¢ que enfrentar, cierto? ¡ªdijo en voz baja, con un tono que era una mezcla de respeto y compasi¨®n. Aine cerr¨® los ojos por un instante, como si quisiera alejar el peso de la culpa. ¡ªS¨ª¡­ ¡ªsu voz fue un susurro, apenas audible¡ª. S¨¦ que esta prueba es necesaria, s¨¦ que lo har¨¢ m¨¢s fuerte¡­ pero tambi¨¦n s¨¦ que el dolor que revivir¨¢ ser¨¢ mucho peor de lo que ya ha soportado. Lacape asinti¨®, cruzando los brazos mientras observaba a Biel y Charlotte, atrapados en su trance. ¡ªEl sufrimiento es un maestro cruel, pero tambi¨¦n el m¨¢s honesto. Si supera esto, no habr¨¢ barrera mental que lo detenga. Aine dej¨® escapar un amargo suspiro. ¡ªCuando sus padres murieron, Biel estaba con sus abuelos y su hermana. Nunca vio sus ¨²ltimos momentos¡­ nunca supo lo que sintieron en su ¨²ltimo aliento. La voz de Aine se quebr¨® un instante, pero recuper¨® la compostura de inmediato. ¡ªPero ahora¡­ esta prueba har¨¢ que lo vea todo. Sentir¨¢ la desesperaci¨®n, la impotencia, el terror en los ojos de sus padres cuando comprendieron su destino. Ver¨¢ lo que jam¨¢s debi¨® ver. Lacape apret¨® los pu?os. Conoc¨ªa el poder de aquella prueba. No solo mostraba el pasado, sino que lo arrastraba como un torbellino de memorias vivas, donde el dolor y la angustia eran tan reales como la carne misma. ¡ªLo entiendo, Aine ¡ªdijo con gravedad¡ª. Pero vi en ese joven algo que muy pocos tienen. No es solo fuerza¡­ es determinaci¨®n. No importa cu¨¢n profundo sea el dolor, se alzar¨¢ nuevamente. Aine se qued¨® en silencio, observando el rostro de Biel, sereno en su inconsciencia. ¡ªEso espero¡­ ¡ªmurmur¨®. Pero en su coraz¨®n, el miedo se enredaba como una sombra persistente. El viento sopl¨® con una fuerza repentina, levantando polvo y hojas secas en un remolino ca¨®tico. Era como si el mundo mismo anticipara la tormenta emocional que estaba por desatarse dentro de la mente de Biel y Charlotte. La prueba hab¨ªa comenzado, y no hab¨ªa vuelta atr¨¢s. Todo estaba nublado. Una densa neblina lo envolv¨ªa, como si el tiempo y el espacio se hubieran disuelto en un mar de sombras. Biel sinti¨® su coraz¨®n latir fren¨¦ticamente mientras su voz se perd¨ªa en aquel vac¨ªo. ¡ª?D¨®nde estoy? ?No puedo ver nada! El eco de su propia voz se desvaneci¨® en la inmensidad. El suelo bajo sus pies era inconsistente, como si caminara sobre un susurro, sobre un recuerdo que amenazaba con desmoronarse en cualquier instante. ¡ªHermanito¡­ mira por aqu¨ª. La voz de Charlotte cort¨® la bruma como una flecha de luz. Biel se gir¨® r¨¢pidamente y sigui¨® el sonido, sintiendo que el mundo volv¨ªa a cobrar forma. La neblina se disip¨® poco a poco, revelando una escena que hizo que su pecho se contrajera de inmediato. Ah¨ª estaban ellos. ¡ªPap¨¢¡­ Mam¨¢¡­ ¡ªsusurr¨®, con la voz ahogada por la emoci¨®n. Sus padres estaban justo frente a ¨¦l, sonrientes, rodeados por la c¨¢lida luz del atardecer. Biel intent¨® dar un paso hacia ellos, pero algo invisible lo reten¨ªa. Sus dedos se estiraron, anhelando alcanzar esas figuras queridas, pero era como intentar tocar el reflejo de la luna en el agua. ¡ª?Pap¨¢! ?Mam¨¢! Pero ellos no lo escuchaban. No pod¨ªan escucharlo. Su voz se perdi¨® en el tiempo, sin dejar rastro alguno. Entonces, una versi¨®n mucho m¨¢s peque?a de s¨ª mismo apareci¨® corriendo hacia ellos. Un ni?o de diez a?os con el rostro iluminado por la inocencia y la confianza en un mundo donde sus padres siempre estar¨ªan presentes. ¡ªMami, papi, ?a d¨®nde van? Su madre se inclin¨® hacia ¨¦l y acarici¨® su cabello con dulzura, su sonrisa era un rayo de sol atrapado en el tiempo. ¡ªIremos a una reuni¨®n del trabajo, mi cielo. Llegaremos tarde, por eso los dejaremos con sus abuelos. Cuida de tu hermanita, ?de acuerdo? El peque?o Biel asinti¨® con entusiasmo, su rostro iluminado por la seguridad que solo un ni?o puede tener. ¡ª?S¨ª, mam¨¢! Yo la cuidar¨¦. El Biel adulto sinti¨® que algo dentro de ¨¦l se desgarraba. Esas hab¨ªan sido las ¨²ltimas palabras que su madre le dijo antes de desaparecer de su vida para siempre. Las l¨¢grimas empezaron a deslizarse por su rostro, fr¨ªas como cuchillas, ardientes como brasas. Charlotte se acerc¨® y, con una expresi¨®n quebrada, mir¨® a sus padres. ¡ªElla era mi madre¡­ y ¨¦l era mi padre¡­ ¡ªsu voz tembl¨®, sus ojos nublados por l¨¢grimas¡ª. No los recuerdo muy bien¡­ pero algo en mi coraz¨®n palpita con fuerza al verlos. Biel no pudo contenerse m¨¢s. Grit¨®, un grito lleno de dolor, de rabia, de impotencia. Su cuerpo tembl¨® y cay¨® de rodillas, aferrando el suelo como si pudiera arrancar ese sufrimiento con sus propias manos. ¡ª?Esto es demasiado! Era como si su mundo entero se desmoronara una vez m¨¢s. Como si su coraz¨®n, ya remendado con hilos de determinaci¨®n, se desgarrara de nuevo. Entonces, Charlotte lo abraz¨® con todas sus fuerzas, envolvi¨¦ndolo en un calor que ni el tiempo ni la tragedia pod¨ªan apagar. ¡ªMami te dijo que me cuidaras, ?recuerdas? ¡ªsu voz era un susurro quebrado, pero firme¡ª. No te pierdas, hermanito. Ahora yo tambi¨¦n te cuidar¨¦ a ti. Biel, sintiendo la calidez de su hermana, respir¨® entrecortadamente y la rode¨® con sus brazos, como si temiera perderla tambi¨¦n. ¡ªHermanita¡­ te quiero mucho. Charlotte esboz¨® una sonrisa entre las l¨¢grimas. ¡ªYo tambi¨¦n te quiero mucho, hermanito. En ese instante, la escena cambi¨®. Como una pintura borrada por el viento, el mundo a su alrededor se transform¨®. Ahora estaban en la calle, observando a sus padres subirse a un auto. Biel sinti¨® un nudo en la garganta. Ya sab¨ªa lo que ven¨ªa despu¨¦s. ¡ªNo¡­ no quiero ver esto¡­ ¡ªsusurr¨®, pero la escena continu¨®. Dentro del auto, sus padres hablaban. No hab¨ªa preocupaci¨®n en sus rostros, solo amor y esperanza. ¡ªQuerido, ?has notado cu¨¢nto ha crecido nuestro peque?o? ¡ªpregunt¨® su madre, su voz cargada de dulzura. ¡ªEs verdad ¡ªrespondi¨® su padre, con una sonrisa llena de orgullo¡ª. Tiene tan solo diez a?os, pero ya sabe muchas cosas. Su madre suspir¨®, mirando por la ventana, con una expresi¨®n de sue?os y anhelos. ¡ªCuando crezca¡­ quiero estar ah¨ª para verlo. El coraz¨®n de Biel se detuvo. Sintiendo un golpe en el pecho, como si la realidad lo hubiera atravesado sin piedad. ¡ª?NOOOO! ¡ªgrit¨® con una furia desbordante, con un dolor imposible de contener. Su grito se convirti¨® en una tempestad, en un rugido que rasg¨® los cielos de su propia conciencia. Cay¨® de rodillas, sus manos aferr¨¢ndose a la nada, a un tiempo que nunca podr¨ªa cambiar. Charlotte intent¨® acercarse, pero esta vez ni su abrazo pod¨ªa disipar el dolor que lo consum¨ªa. Ese era su l¨ªmite. La barrera de su coraz¨®n hab¨ªa sido rota por completo. Y lo peor de todo¡­ es que a¨²n no hab¨ªa terminado. El recuerdo continu¨®, implacable. No hab¨ªa tregua, no hab¨ªa escape. Era un torrente de memorias que, como un vendaval sin piedad, arrasaba con todo lo que Biel y Charlotte cre¨ªan haber superado. Esta vez, Charlotte era quien observaba. El auto avanzaba lentamente por la carretera iluminada por las farolas. Dentro, sus padres segu¨ªan conversando, ajenos al destino que les aguardaba. Sus voces eran un murmullo c¨¢lido, un refugio de amor en medio de un mundo cruel. ¡ªTambi¨¦n mi ni?a es muy hermosa¡­ ¡ªsusurr¨® su madre, con una sonrisa suave y melanc¨®lica. Sus dedos tamborileaban sobre su regazo con ternura, como si estuviera acariciando a Charlotte a trav¨¦s del tiempo¡ª. Siempre cu¨ªdate, mis ni?os. Charlotte sinti¨® un escalofr¨ªo recorrer su espalda. Su coraz¨®n palpitaba con fuerza, como si aquellas palabras la golpearan desde dentro, removiendo algo enterrado en lo m¨¢s profundo de su ser. Su padre, con los ojos fijos en la carretera, respondi¨® con voz firme, pero cargada de un amor inmenso. ¡ªYo tambi¨¦n cuidar¨¦ mucho de mis hijos. Ellos son lo m¨¢s importante para m¨ª. La respiraci¨®n de Charlotte se entrecort¨®. Sus manos temblaron y, por primera vez, sinti¨® un vac¨ªo dentro de ella que no pod¨ªa explicar. Un abismo sin forma, sin nombre, que se abr¨ªa en su pecho como un pozo infinito. Las l¨¢grimas que no hab¨ªa derramado en tantos a?os, aquellas que se hab¨ªan quedado atrapadas en su alma, comenzaron a deslizarse por su rostro. ¡ª?No¡­ no puedo¡­! ¡ªsusurr¨®, cayendo de rodillas. Sus piernas ya no la sosten¨ªan, como si el peso de aquel dolor la estuviera aplastando. Las palabras de su madre y su padre se repet¨ªan en su cabeza, resonando como campanas de despedida. Biel, quien hasta entonces hab¨ªa estado sumido en su propio dolor, levant¨® la vista y vio a Charlotte desplomada en el suelo, con el rostro oculto tras sus manos temblorosas. Por un instante, su propio sufrimiento se disip¨® y una punzada de angustia diferente lo invadi¨®. Su hermana, la persona que siempre intent¨® proteger, ahora tambi¨¦n estaba atrapada en aquel torbellino de tristeza. ¡ªCharlotte¡­ ¡ªmurmur¨®, sintiendo su propia voz quebrarse. Ella neg¨® con la cabeza, sin poder mirarlo. ¡ªYo¡­ no los recuerdo bien, Biel¡­ No tengo tantas memorias de ellos como t¨². Pero ahora¡­ ahora los veo, los escucho¡­ y algo en mi coraz¨®n se rompe. Algo que ni siquiera sab¨ªa que estaba ah¨ª¡­ ¡ªSu voz era un eco ahogado, atrapado entre el pasado y el presente. Sus manos se aferraron a su pecho, como si intentara sujetar su propio coraz¨®n para que no se hiciera a?icos. ¡ªNos amaban tanto¡­ ¡ªdijo entre sollozos¡ª. ?Por qu¨¦ tuvieron que irse as¨ª? Biel sinti¨® un nudo en la garganta. Sus propias l¨¢grimas hab¨ªan cesado por un instante, reemplazadas por el dolor de ver a Charlotte derrumbarse. Se acerc¨® a ella y la abraz¨® con fuerza, sosteni¨¦ndola como si el mundo entero estuviera colapsando a su alrededor. ¡ªNo lo s¨¦, Charlotte¡­ No lo s¨¦. El sonido de un trueno retumb¨® en la distancia. La escena empez¨® a desvanecerse lentamente, como arena siendo arrastrada por el viento. Pero el dolor, ese dolor profundo e insondable, segu¨ªa clavado en sus almas. Y sab¨ªan que lo peor¡­ a¨²n estaba por venir. El recuerdo continu¨®, pero ahora hab¨ªa llegado al momento m¨¢s tr¨¢gico en la vida de Biel. El rugido de los motores, el rechinar de los frenos, el grito ahogado de su madre. Todo se mezcl¨® en una sinfon¨ªa de caos. Biel vio con horror c¨®mo el auto en el que viajaban sus padres perdi¨® el control, gir¨® varias veces en el aire y se volc¨® con un impacto brutal. Chispas volaron al cielo como fuegos artificiales de pesadilla, mientras el metal cruj¨ªa y el vidrio estallaba en mil fragmentos brillantes. Y luego, el silencio. Un silencio que no era paz, sino la cruel confirmaci¨®n de lo inevitable. Biel contuvo la respiraci¨®n mientras avanzaba tambaleante hacia la escena. Sus piernas temblaban, su coraz¨®n golpeaba su pecho con la violencia de una tormenta desatada. Se negaba a aceptarlo. No pod¨ªa ser real. ¡ªNo¡­ no¡­ ¡ªmurmur¨®, su voz apenas un hilo roto en la oscuridad. Pero cuando vio los cuerpos inm¨®viles de sus padres dentro del auto destrozado, el aire se le escap¨® de los pulmones. Sus pechos ya no sub¨ªan ni bajaban. Sus ojos, antes llenos de amor y calidez, ahora estaban cerrados en un sue?o sin regreso. ¡ª?NOOO! ¡ªgrit¨® Biel, cayendo de rodillas. Su voz desgarr¨® la noche como un lamento de pura desesperaci¨®n. El mundo a su alrededor se desmoron¨®. El campo donde estaba se envolvi¨® en un abismo de sombras, un manto de dolor que se extend¨ªa como una herida abierta. Charlotte intent¨® correr hacia ¨¦l, pero una barrera invisible la detuvo. Golpe¨® el campo de energ¨ªa con todas sus fuerzas, con los pu?os temblorosos y los ojos llenos de l¨¢grimas. ¡ª?Biel, por favor! ¡ªgrit¨®¡ª. ?No te pierdas en la oscuridad! Ella tambi¨¦n hab¨ªa visto la tr¨¢gica muerte de sus padres, y el dolor era sofocante. Pero incluso en medio de su propia tristeza, sab¨ªa que su hermano estaba sufriendo mucho m¨¢s. Lo vio derrumbarse, ahogarse en una sombra que amenazaba con consumirlo por completo. Pero entonces, una luz se encendi¨® en la oscuridad. Una luz c¨¢lida, familiar, reconfortante. Biel sinti¨® una presencia suave y serena envolverlo. Levant¨® la vista, y ah¨ª estaban. ¡ªMami¡­ Papi¡­ ¡ªsusurr¨®, su voz quebrada entre el llanto. Charlotte tambi¨¦n los vio. Sus padres caminaban hacia ellos con una sonrisa tierna, llenos de la misma luz que hab¨ªa iluminado sus vidas tantos a?os atr¨¢s. Su madre se inclin¨® hacia Biel y acarici¨® su mejilla con la suavidad del viento de primavera. ¡ªMi ni?o¡­ has crecido mucho ¡ªsusurr¨® con dulzura¡ª. Me alegra ver que est¨¢s bien. El padre de Biel sonri¨® con orgullo. ¡ªHijo, ahora casi eres un adulto. Lamento no haber estado a tu lado mientras crec¨ªas¡­ pero siempre estuve mir¨¢ndote desde el cielo, rezando para que tengas un buen bienestar y seas fuerte. Charlotte cubri¨® su boca con ambas manos al escuchar aquellas palabras. Su madre se acerc¨® a ella y tom¨® sus manos entre las suyas, c¨¢lidas y llenas de amor. ¡ªMi ni?a¡­ eres mucho m¨¢s hermosa de lo que recordaba. Siempre has sido luz para los que te rodean. Charlotte cay¨® de rodillas, incapaz de contener el torrente de l¨¢grimas que la asfixiaba. Su coraz¨®n lat¨ªa con fuerza, como si su cuerpo se aferrara a aquella imagen, como si no quisiera dejarlos ir otra vez. ¡ªPap¨¢¡­ Mam¨¢¡­ ¡ªsolloz¨® Biel¡ª. ?Por qu¨¦ tuvieron que irse? Su madre sonri¨® con ternura, pero tambi¨¦n con tristeza. ¡ªNo llores, mi amor. Har¨¢s que tu hermoso rostro se llene de pena, y no queremos eso. Su padre se arrodill¨® frente a ¨¦l y puso una mano firme sobre su hombro. ¡ªRecuerda, hijo¡­ siempre ve hacia adelante. Nosotros nos fuimos, pero jam¨¢s desapareceremos de tu coraz¨®n. Biel sinti¨® el peso de esas palabras hundirse en su alma. Asinti¨® con los labios temblorosos, aferr¨¢ndose a cada instante, a cada segundo de aquel momento que sab¨ªa que pronto desaparecer¨ªa. ¡ªMami¡­ Papi¡­ gracias¡­ gracias por todo lo que nos dieron¡­ ¡ªsusurr¨®¡ª. Los extra?os tanto¡­ pero prometo que nunca los olvidar¨¦. Su madre le sonri¨® una vez m¨¢s y asinti¨®. ¡ªY nosotros siempre cuidaremos de ti y de tu hermana, mi ni?o. El campo de energ¨ªa comenz¨® a resquebrajarse. Peque?as grietas de luz se abrieron en el aire, como si el mismo mundo estuviera rompi¨¦ndose. ¡ª?No! ¡ªgrit¨® Charlotte¡ª. ?A¨²n no se vayan! El padre de Biel le dedic¨® una ¨²ltima mirada c¨¢lida y serena. ¡ªLleg¨® la hora de volver al cielo, peque?a¡­ Pero nunca dejaremos de estar con ustedes. La luz se volvi¨® cegadora. Biel y Charlotte sintieron el abrazo de sus padres por ¨²ltima vez, sintieron su calor, su amor, su protecci¨®n¡­ y luego, todo se disolvi¨® en una brisa dulce y ef¨ªmera. Cuando abrieron los ojos, ya no estaban en el recuerdo. La prueba hab¨ªa terminado. El mundo se sinti¨® pesado al principio, como si Biel estuviera emergiendo de un sue?o demasiado real. Su respiraci¨®n era irregular, su pecho sub¨ªa y bajaba con fuerza, pero en cuanto abri¨® los ojos y vio la figura temblorosa de Charlotte frente a ¨¦l, el peso en su coraz¨®n se disip¨® un poco. Sin pensarlo, la abraz¨® con toda su fuerza. ¡ªYo siempre te proteger¨¦, hermanita¡­ ¡ªsusurr¨®, su voz temblando entre la emoci¨®n y el alivio. Charlotte sinti¨® el calor del abrazo de su hermano, un calor que le confirmaba que, a pesar del dolor, segu¨ªan juntos. Sus l¨¢grimas cayeron en el hombro de Biel, pero esta vez no eran solo de tristeza, sino de algo m¨¢s profundo. ¡ªGracias, Biel¡­ ¡ªdijo, con la voz quebrada. Sus brazos tambi¨¦n lo rodearon, aferr¨¢ndose a ¨¦l como si fuera el ancla que la manten¨ªa firme en medio de una tormenta. Aine los observaba en silencio. Por primera vez desde que comenz¨® la prueba, su expresi¨®n se suaviz¨® con un destello de alivio y alegr¨ªa. Biel hab¨ªa regresado, pero no como antes. Sus ojos, aunque cargados con el peso del pasado, ya no reflejaban la misma desesperaci¨®n de antes. Ahora, hab¨ªa algo m¨¢s en ellos. Determinaci¨®n. Era como si la sombra que siempre lo persegu¨ªa se hubiera disipado, como si finalmente hubiera encontrado una raz¨®n para seguir adelante sin que el dolor lo consumiera por completo. Aine sonri¨® levemente y se acerc¨®. ¡ªBienvenido de vuelta, Biel ¡ªdijo con una voz suave, pero firme. ¡ªSab¨ªa que podr¨ªas hacerlo. Biel se separ¨® lentamente de Charlotte y volvi¨® la mirada hacia Aine. Su expresi¨®n ya no era la de un ni?o atrapado en el dolor, sino la de alguien que hab¨ªa atravesado el infierno y hab¨ªa salido de ¨¦l con una nueva convicci¨®n. ¡ªNo fue f¨¢cil¡­ ¡ªadmiti¨®, cerrando los pu?os mientras sus dedos a¨²n temblaban por la intensidad de la prueba¡ª. Pero ahora lo entiendo¡­ No puedo cambiar el pasado, pero puedo honrarlo con mis acciones. Aine asinti¨®, satisfecha con su respuesta. ¡ªEntonces, est¨¢s listo. El viento sopl¨® suavemente, llev¨¢ndose con ¨¦l los restos del dolor y dejando en su lugar algo nuevo. Algo m¨¢s fuerte. Biel inspir¨® profundamente y mir¨® a Charlotte. ¡ªVamos, hermanita. Es hora de seguir adelante. Charlotte sec¨® sus l¨¢grimas y sonri¨® con la misma determinaci¨®n. ¡ªJuntos. Y con eso, el verdadero entrenamiento estaba a punto de comenzar. Cap铆tulo 44: Hermandad El viento soplaba con suavidad sobre la pradera iluminada por la luna. Biel, agotado tras superar su prueba, descansaba en un profundo letargo, sintiendo por primera vez en mucho tiempo la tranquilidad de la victoria. Pero mientras ¨¦l dorm¨ªa, en otro dominio, la historia tomaba un rumbo diferente. En el dominio de Varael, una ciudad resplandeciente se extend¨ªa como un tapiz de luces doradas y estructuras de una belleza et¨¦rea. Las calles parec¨ªan estar esculpidas en jade y obsidiana, y las torres se alzaban como colosos que desafiaban el firmamento. La atm¨®sfera vibraba con una energ¨ªa antigua, un poder latente que aguardaba a ser reclamado. Varael, con su porte imponente y su presencia majestuosa, guio a los hermanos Xanthe y Easton a la entrada de la ciudad. Su voz, firme como el eco de una tormenta en la lejan¨ªa, reson¨® en el aire nocturno. ¡ªAqu¨ª, en esta ciudad de guerreros, ustedes se fortalecer¨¢n ¡ªanunci¨® Varael, su mirada fulgurante reflejando la intensidad del fuego divino. Xanthe, con el coraz¨®n ardiendo de determinaci¨®n, apret¨® los pu?os. Su mirada se elev¨® hacia la inmensidad de la ciudad, sintiendo la grandeza del destino que la llamaba. ¡ªHar¨¦ lo que sea necesario ¡ªdeclar¨®, su voz rebosante de pasi¨®n¡ª. Debemos ser m¨¢s fuertes. No solo por nosotros, sino por Biel. Por la ciudad de Lunarys. Easton asinti¨®, su rostro reflejaba un temple de acero, una convicci¨®n inquebrantable. ¡ªNo permitir¨¦ que Lunarys caiga en las manos de Domia ¡ªafirm¨® con voz firme. ¡ªSi hemos sido tra¨ªdos aqu¨ª, entonces demostraremos que somos dignos de este poder. Varael esboz¨® una leve sonrisa, un destello de orgullo en sus ojos. ¡ªEntonces es hora de comenzar su entrenamiento. Antes de que los hermanos pudieran responder, un destello de luz envolvi¨® sus cuerpos. En un parpadeo, la ciudad desapareci¨® de su vista y, cuando la luz se disip¨®, se encontraron en un vasto desierto blanco, donde el horizonte se extend¨ªa sin fin y el cielo adoptaba tonos de un crep¨²sculo eterno. El silencio era absoluto. No hab¨ªa nadie m¨¢s. Solo ellos, el viento silbando con un canto et¨¦reo y la presencia de Varael, cuya figura flotaba con una serenidad imponente. ¡ªEste lugar est¨¢ apartado de la realidad ¡ªexplic¨® Varael, extendiendo los brazos¡ª. Aqu¨ª no hay distracciones. No hay escapatoria. Solo ustedes y su verdadero poder. Xanthe sinti¨® un escalofr¨ªo recorrer su espina dorsal. ¡ªNuestro... verdadero poder ¡ªsusurr¨®, sintiendo un cosquilleo en sus venas, como si la esencia misma de su ser estuviera despertando. Varael asinti¨®. ¡ªEl primer entrenamiento consistir¨¢ en descubrir sus habilidades ¨²nicas. ?Muestren de qu¨¦ est¨¢n hechos! El aire se volvi¨® denso, cargado de energ¨ªa. La arena bajo sus pies comenz¨® a vibrar, respondiendo a la tensi¨®n de lo que estaba por desatarse. Xanthe y Easton se miraron. En sus ojos danzaba la misma convicci¨®n: no hab¨ªa vuelta atr¨¢s. ¡ªEstoy lista ¡ªdeclar¨® Xanthe, con un destello de fuego reflej¨¢ndose en sus pupilas. ¡ªVamos a descubrir lo que realmente podemos hacer ¡ªagreg¨® Easton, sintiendo su propia energ¨ªa resonar con el mundo a su alrededor. La batalla por su propio destino hab¨ªa comenzado. Varael cruz¨® los brazos sobre su pecho y fij¨® su mirada en los hermanos. La luz de la aurora boreal que danzaba en el horizonte reflejaba su figura imponente, como un coloso tallado por los mism¨ªsimos dioses. ¡ªAhora, mu¨¦strenme sus habilidades ¨²nicas ¡ªorden¨® con un tono sereno pero cargado de expectativa. Xanthe y Easton intercambiaron una mirada de duda. La brisa helada que recorr¨ªa el desierto blanco agit¨® sus ropajes, como si la misma naturaleza contuviera la respiraci¨®n en espera de su respuesta. ¡ªLo siento, pero¡­ no s¨¦ cu¨¢l es mi habilidad ¨²nica ¡ªadmiti¨® Xanthe con un atisbo de frustraci¨®n en su voz. ¡ªSiempre he usado magia, he lanzado hechizos en combate, pero nunca me he detenido a pensar en qu¨¦ me hace diferente. Easton asinti¨®, apretando los pu?os. ¡ªIgual que yo. Puedo usar magia de hielo con facilidad, pero no tengo idea de cu¨¢l es mi verdadera esencia. Varael sonri¨® con comprensi¨®n. Sus ojos dorados brillaban con una chispa de paciencia infinita. ¡ªYa veo. Ustedes han empu?ado la magia sin conocer su verdadera identidad. Pero no se preocupen, hoy lo averiguaremos. Ahora, lancen su mejor hechizo hacia m¨ª. No se contengan. Xanthe parpade¨®, insegura. ¡ª?Seguros? No queremos hacerle da?o. ¡ª?Y si sale lastimado? ¡ªa?adi¨® Easton, con un dejo de preocupaci¨®n en su voz. Varael solt¨® una carcajada grave, como el retumbar de una tormenta en la lejan¨ªa. Su sonrisa irradiaba una confianza inquebrantable. ¡ªNo se preocupen por m¨ª. Un maestro debe conocer la fuerza de sus alumnos para guiarlos adecuadamente. Debo soportar su poder, as¨ª que denme todo lo que tienen. Las palabras de Varael encendieron algo dentro de los hermanos. Xanthe cerr¨® los ojos por un instante, dejando que la energ¨ªa se encendiera en su interior. Su pecho se elev¨® con un profundo suspiro, y cuando abri¨® los ojos nuevamente, un resplandor estelar los cubr¨ªa como si un fragmento del cosmos habitara en su alma. ¡ªEntonces, que as¨ª sea ¡ªmurmur¨®, alzando las manos al cielo. Desde el firmamento, las estrellas respondieron a su llamado. El cielo tembl¨® y de su vastedad comenzaron a caer meteoritos incandescentes, cada uno marcado por una estela de luz dorada. El aire silb¨® con el peso de los fragmentos celestiales descendiendo con precisi¨®n letal. Su hechizo: "Juicio Estelar", una danza de destrucci¨®n y belleza a la vez. Por su parte, Easton inspir¨® hondo y extendi¨® ambas manos. La temperatura cay¨® de inmediato. Un vaho g¨¦lido se desprendi¨® de su aliento y la tierra bajo sus pies cruj¨ªa al congelarse instant¨¢neamente. Con un movimiento decidido, canaliz¨® su magia y el tiempo mismo pareci¨® rendirse ante su voluntad. ¡ªHibernaci¨®n Eterna ¡ªsusurr¨®, y una ola de energ¨ªa azulada se expandi¨® desde su cuerpo. El suelo a su alrededor se cristaliz¨® en una capa de hielo trasl¨²cido y, en un abrir y cerrar de ojos, la realidad misma se ralentiz¨® en un radio a su alrededor. La arena suspendida en el aire qued¨® atrapada como si flotara en el vac¨ªo. El viento, que un instante antes rug¨ªa, se volvi¨® un susurro distante. En ese peque?o espacio, el tiempo hab¨ªa sido congelado. Ambos hechizos convergieron en un solo instante, impactando de lleno en Varael. El suelo retumb¨® y una explosi¨®n de energ¨ªa sacudi¨® el paisaje, enviando ondas de choque en todas direcciones. El resplandor cegador devor¨® el entorno por un instante interminable. Cuando la luz se disip¨®, Varael permanec¨ªa en pie, intacto. Su capa ondeaba con el viento y una sonrisa de satisfacci¨®n se dibujaba en su rostro. ¡ªInteresante... ¡ªsusurr¨®, mientras el humo se dispersaba a su alrededor. ¡ªAhora veo lo que realmente son. Xanthe y Easton jadeaban, sus cuerpos tambale¨¢ndose levemente por el esfuerzo. A¨²n asimilaban lo que acababan de desatar. ¡ªIncre¨ªble... ¡ªmurmur¨® Xanthe, con las manos aun vibrando por la energ¨ªa liberada. ¡ªNunca hab¨ªa sentido algo as¨ª... ¡ªagreg¨® Easton, impresionado por su propio poder. Varael avanz¨® hacia ellos con calma, su mirada firme como el acero. ¡ªAhora que han visto un destello de su verdadero potencial, es momento de pulirlo. Lo que hicieron hoy es apenas el comienzo. Pronto comprender¨¢n el verdadero significado de su fuerza. El viento sopl¨® con renovada intensidad, como si el mundo mismo celebrara el despertar de dos nuevas fuerzas que, alg¨²n d¨ªa, dejar¨ªan su huella en la historia. El eco del combate se disipaba poco a poco, y el aire cargado de energ¨ªa m¨¢gica comenzaba a calmarse. Varael, con una expresi¨®n serena pero firme, camin¨® lentamente hacia los hermanos, su manto ondeando con la brisa helada que a¨²n emanaba de Easton. Observ¨® con detenimiento a cada uno, como si analizara los rastros de poder que quedaban en el ambiente. ¡ªSu lazo de hermanos ser¨¢ la clave para mejorar¡ªdeclar¨® con voz grave pero segura¡ª. Su hermandad es inmensa, y esa conexi¨®n potenciar¨¢ sus habilidades m¨¢s de lo que imaginan. Xanthe, con los ojos a¨²n resplandecientes por el fulgor de su magia, asinti¨® con una sonrisa de determinaci¨®n. ¡ªEs verdad, siempre hemos luchado juntos¡­ Pero si hablamos de hermandad inquebrantable, hay dos personas que nos superan. This story originates from a different website. Ensure the author gets the support they deserve by reading it there. Easton comprendi¨® de inmediato a qui¨¦n se refer¨ªa. ¡ªBiel y Charlotte¡­ ¡ªmurmur¨®, cruz¨¢ndose de brazos. ¡ªSu v¨ªnculo es algo que trasciende el tiempo y el espacio. Varael inclin¨® levemente la cabeza, sus ojos brillaban con un matiz enigm¨¢tico. ¡ªAun as¨ª, ustedes tienen su propio sendero. Y en los pr¨®ximos seis meses, demostrar¨¢n hasta d¨®nde puede llegar su fuerza. Los hermanos se miraron, y en su interior encendi¨® una resoluci¨®n ardiente. ¡ªEntonces lo daremos todo. Vamos a mejorar tanto que ni nosotros mismos nos reconoceremos al final del entrenamiento. Varael esboz¨® una sonrisa apenas perceptible. ¡ªAhora que he visto sus ataques, puedo decirles cu¨¢les son sus habilidades ¨²nicas. Xanthe, tu poder se llama "Astreo". Easton, el tuyo es "Glaciar". Un silencio cargado de asombro se instal¨® entre los hermanos. ¡ª?Astreo? ¡ªrepiti¨® Xanthe, con los ojos entrecerrados. ¡ª?Glaciar? ¡ªsusurr¨® Easton, intentando asimilar la revelaci¨®n. Varael extendi¨® las manos, y una energ¨ªa dorada comenz¨® a rodear a cada uno de los hermanos. ¡ªSus habilidades son ¨²nicas en este mundo. Xanthe, "Astreo" te otorga una conexi¨®n con el cosmos mismo. Tu magia no es simplemente energ¨ªa; es el aliento de las estrellas, la fuerza de las constelaciones que se mueven en armon¨ªa. Eres una conductora del firmamento. Xanthe sinti¨® un escalofr¨ªo recorrer su espalda. Mir¨® sus propias manos, sintiendo el eco de algo mucho m¨¢s grande que ella misma. ¡ª?El cosmos responde a m¨ª? Varael asinti¨® con solemnidad. Luego, gir¨® hacia Easton. ¡ªY t¨², Easton, "Glaciar" representa el dominio absoluto sobre el hielo. No solo lo conjuras; lo controlas a un nivel tan alto que puedes alterar el flujo del tiempo en peque?as zonas. Tu magia es la escarcha del infinito, la calma antes de la tormenta. Easton cerr¨® los ojos por un momento y, al abrirlos, un destello azul g¨¦lido brill¨® en sus pupilas. Exhal¨®, y el suelo bajo sus pies se cubri¨® de una fina capa de hielo, pero no era una simple congelaci¨®n: el hielo estaba vivo, pulsaba con energ¨ªa propia, un reflejo de su esencia. ¡ª?Esto es impresionante! Xanthe mir¨® hacia el cielo y alz¨® la mano. A su alrededor, peque?os destellos de luz estelar danzaban, flotando en el aire como luci¨¦rnagas atrapadas en un sue?o celestial. ¡ªEsto significa que mi poder es¡­ el de las estrellas. Varael dio un paso atr¨¢s y los observ¨® con una mirada de orgullo oculto. ¡ªAhora que conocen la verdad sobre su esencia, su entrenamiento ser¨¢ dise?ado en base a estas habilidades. Ya no ser¨¢ una simple pr¨¢ctica m¨¢gica, sino un refinamiento de su verdadera naturaleza. Los hermanos intercambiaron una mirada. Sus corazones lat¨ªan con fuerza, no solo por la emoci¨®n, sino por la responsabilidad que ahora sent¨ªan. Si quer¨ªan proteger a Biel y a Lunarys, tendr¨ªan que dominar estos dones a la perfecci¨®n. Easton golpe¨® el pu?o contra su palma, con una sonrisa desafiante. ¡ªEntonces, comencemos cuanto antes. No pienso perder ni un segundo. Xanthe sonri¨® de la misma manera, sintiendo la fuerza de su conexi¨®n con el cosmos vibrar en su interior. ¡ªEst¨¢ bien, maestro Varael. Ens¨¦?enos lo que significa realmente poseer Astreo y Glaciar. Varael inclin¨® la cabeza en aprobaci¨®n. ¡ªPrep¨¢rense, porque estos pr¨®ximos seis meses ser¨¢n la forja que convertir¨¢ su potencial en algo verdaderamente legendario. El cielo pareci¨® responder a sus palabras. Estrellas titilaron con intensidad, y el viento g¨¦lido danz¨® en espirales de escarcha. La hermandad de Xanthe y Easton estaba a punto de alcanzar nuevas alturas. El aire vibraba con una tensi¨®n electrizante, como si el mismo destino estuviera observando desde lo alto, aguardando el inicio de una nueva leyenda. Varael se mantuvo firme, su presencia irradiando un aura de sabidur¨ªa y poder. Sus ojos, dos brasas ardientes en la penumbra del crep¨²sculo, recorrieron a los hermanos con una mirada que pesaba como el juicio de los dioses. ¡ªSus habilidades ¨²nicas ser¨¢n las determinantes en la batalla que se aproxima ¡ªdeclar¨®, su voz resonando como un trueno en la vastedad del desierto blanco¡ª. Mejoren lo suficiente para que cuando llegue ese momento, no caigan¡­ y puedan proteger a los dem¨¢s. Las palabras se esparcieron en el aire como un eco que qued¨® grabado en sus almas. Xanthe sinti¨® un estremecimiento recorrer su cuerpo. No era solo una instrucci¨®n, era un destino marcado en piedra. ¡ªNo hay otra opci¨®n ¡ªsusurr¨®, apretando los pu?os. ¡ªEstamos listos para darlo todo. Easton se coloc¨® a su lado, su respiraci¨®n emitiendo nubes de vapor en el aire g¨¦lido que lo rodeaba. Sus ojos, normalmente tranquilos como un lago congelado, ahora reflejaban la tormenta que ard¨ªa en su interior. ¡ªSin dudarlo ni un instante ¡ªafirm¨® con una convicci¨®n inquebrantable. ¡ªNo dejaremos que el miedo nos frene. Varael sonri¨®, un gesto sutil, apenas perceptible, pero cargado de orgullo. Dio un paso adelante, alzando una mano al cielo. En ese instante, el firmamento respondi¨®. El aire tembl¨® con una fuerza ancestral, y un vendaval de energ¨ªa surc¨® el horizonte, retorciendo la realidad como un telar de cosmos en constante movimiento. ¡ªPerfecto ¡ªdijo con solemnidad. ¡ªEntonces, que comience "La Verdadera Historia de los Hermanos Xanthe y Easton". El suelo bajo sus pies se fragment¨®, como si la tierra misma reconociera la magnitud de ese momento. Un c¨ªrculo de runas antiguas resplandeci¨® alrededor de los hermanos, absorbiendo la esencia del firmamento y el hielo en una sinfon¨ªa de luces cegadoras. Xanthe sinti¨® que su cuerpo se volv¨ªa liviano, como si su alma flotara en el vasto lienzo del universo. Las estrellas cantaban en un lenguaje silencioso, susurros de constelaciones ancestrales que resonaban en su ser. Levant¨® las manos, sintiendo la inmensidad de "Astreo" pulsar dentro de ella como un sol naciente. ¡ª?El cosmos est¨¢ conmigo! Easton, por su parte, sinti¨® un fr¨ªo abrumador recorrer sus venas, pero no era un fr¨ªo que debilitaba, sino uno que lo fortalec¨ªa. Su aliento se volvi¨® escarcha, sus venas latieron con la esencia misma del invierno eterno. "Glaciar" no era solo su magia; era una extensi¨®n de su voluntad. ¡ª?Que mi hielo detenga el tiempo mismo! Las energ¨ªas de ambos chocaron con una intensidad indescriptible, creando una tormenta de magia pura que ilumin¨® el cielo. Varael los observ¨® sin moverse, con la certeza de que estaba presenciando el nacimiento de dos guerreros cuyo destino hab¨ªa sido escrito en las mismas estrellas. El entrenamiento hab¨ªa comenzado. Y con ¨¦l, el primer cap¨ªtulo de su verdadera historia. El viento g¨¦lido rugi¨® como un depredador invisible, recorriendo la inmensidad del desierto blanco. Las huellas de Xanthe y Easton desaparec¨ªan casi al instante, engullidas por la arena danzante que se arremolinaba a su alrededor. Frente a ellos, Varael se manten¨ªa firme, observ¨¢ndolos con la paciencia de un monarca divino. ¡ªEl entrenamiento real comienza ahora ¡ªdeclar¨®, su voz resonando como un eco en el vac¨ªo¡ª. Han despertado el poder de Astreo y Glaciar, pero no basta con poseerlo. Deben dominarlo. Deben fusionarse con ¨¦l, hacer que sea tan natural como respirar. Xanthe apret¨® los pu?os. Sent¨ªa la energ¨ªa de las estrellas vibrar en su interior, pero tambi¨¦n la inestabilidad de un fuego incontrolable. ¡ªEstoy lista ¡ªdijo con determinaci¨®n, aunque su coraz¨®n lat¨ªa con una mezcla de emoci¨®n y temor. Easton se frot¨® las manos, dejando que una brisa helada escapara de su piel. Sus ojos brillaban como un lago congelado reflejando la luna. ¡ªQue empiece ya. No perderemos el tiempo. Varael chasque¨® los dedos y el mundo respondi¨®. De repente, la tierra tembl¨® y grietas luminosas se abrieron bajo sus pies. El cielo se part¨ªa en fragmentos de galaxias en movimiento, y de las sombras emergieron siluetas et¨¦reas: guerreros sin rostro, forjados de la misma energ¨ªa que sus propias habilidades. ¡ªEstos son tus rivales ¡ªanunci¨® Varael¡ª. No dudar¨¢n. No temer¨¢n. No se cansar¨¢n. Son la encarnaci¨®n de sus propias dudas, de sus propios l¨ªmites. Si pueden vencerlos, podr¨¢n superarse a s¨ª mismos. Sin previo aviso, las sombras atacaron. Xanthe reaccion¨® al instante, extendiendo su brazo. Un c¨ªrculo de luz estelar se form¨® a su alrededor, arremolin¨¢ndose como una galaxia en miniatura. Un enjambre de estrellas fugaces emergi¨® de su palma, dispar¨¢ndose como lanzas ardientes. Impactaron contra las sombras, pero estas se desvanecieron y volvieron a formarse, adapt¨¢ndose a su ataque. ¡ª?Son demasiado r¨¢pidos! ¡ªgrit¨® Xanthe, retrocediendo un paso. Easton, a su lado, golpe¨® el suelo con ambas manos. La temperatura cay¨® en picada y un domo de hielo emergi¨® en su alrededor, como un escudo cristalino. Pero las sombras lo atravesaron como si no existiera, movi¨¦ndose entre los copos de escarcha como espectros inalcanzables. ¡ªNo funcionan los ataques directos ¡ªgru?¨® Easton, chasqueando la lengua. Varael observ¨® desde la distancia, su expresi¨®n imperturbable. ¡ªNo se trata solo de poder ¡ªdijo con calma. ¡ªSe trata de entenderlo. Usarlo con inteligencia. El cosmos y el hielo son fuerzas opuestas, pero tambi¨¦n complementarias. Encuentren el equilibrio. Los hermanos se miraron. La misma idea cruz¨® sus mentes al mismo tiempo. Xanthe respir¨® hondo y, en lugar de atacar, dej¨® que la energ¨ªa fluyera dentro de ella. No la empuj¨®, no la forz¨®. Solo la sinti¨®. Como respuesta, las sombras se detuvieron, confusas. En ese instante, Easton alz¨® sus manos y su hielo se expandi¨®, atrap¨¢ndolas en un instante suspendido en el tiempo. ¡ªAhora ¡ªdijo Xanthe, y en un parpadeo, su luz envolvi¨® la escena. Las sombras fueron consumidas por el resplandor y, en un destello final, desaparecieron. El silencio llen¨® el espacio. El aire estaba cargado de energ¨ªa pura, vibrante, latente. Varael esboz¨® una leve sonrisa. ¡ªBien hecho. Pero esto es solo el comienzo. Los hermanos cayeron de rodillas, jadeando. El sudor se mezclaba con la escarcha en la piel de Easton y con el polvo de estrellas que a¨²n danzaba alrededor de Xanthe. Hab¨ªan ganado... pero no sin esfuerzo. Xanthe mir¨® sus manos. A¨²n temblaban. ¡ªEntonces... as¨ª es como se siente usar Astreo de verdad. Easton golpe¨® el suelo con el pu?o, una sonrisa cansada en su rostro. ¡ªY as¨ª se siente controlar Glaciar sin que me controle a m¨ª. Varael se gir¨®, caminando hacia la oscuridad que se extend¨ªa m¨¢s all¨¢ del horizonte. ¡ªDescansen por ahora. Ma?ana... forjaremos algo mucho m¨¢s grande. El viento sopl¨® con renovada intensidad, como si el mundo mismo celebrara el despertar de dos guerreros destinados a cambiarlo todo. El cielo del dominio de Sylas se oscurec¨ªa con cada choque de espadas, como si la misma realidad temblara ante la magnitud del enfrentamiento. Acalia, con su filo resplandeciente en la mano, se deslizaba entre la bruma de energ¨ªa oscura que emanaba el Fragmento Inferior. Sus ojos ard¨ªan con una determinaci¨®n incandescente, reflejando el caos y la furia que se desataban a su alrededor. ¡ª?No eres m¨¢s que una sombra del verdadero poder! ¡ªexclam¨® Acalia, girando sobre s¨ª misma y lanzando una estocada precisa. El Fragmento Inferior rugi¨®, una criatura deforme con garras et¨¦reas que parec¨ªan desgarrar el espacio a su paso. Su cuerpo se envolv¨ªa en un aura de corrupci¨®n palpitante, como si cada segundo su esencia intentara devorar el mundo mismo. Acalia sinti¨® la presi¨®n aumentar cuando el Fragmento liber¨® una ola de oscuridad que fractur¨® el suelo bajo sus pies. ¡ªEres fuerte¡­ pero yo soy m¨¢s ¡ªsusurr¨®, antes de desaparecer en un destello. En un parpadeo, surc¨® el aire con una velocidad imposible y atraves¨® la barrera de sombras con su espada. Un destello dorado envolvi¨® su figura mientras su golpe cortaba a trav¨¦s de la entidad oscura. Un alarido reson¨® en el dominio, y el Fragmento Inferior se retorci¨® antes de desvanecerse en un torbellino de cenizas. El suelo, marcado por cr¨¢teres y grietas ardientes, qued¨® en silencio. Acalia respir¨® hondo, sintiendo su coraz¨®n latir con furia. Hab¨ªa ganado, pero sab¨ªa que este era solo el comienzo. Mientras tanto, en otra parte del dominio, Gaudel observaba el campo de entrenamiento de Sylas. Una llanura vast¨ªa y solitaria, donde el viento soplaba con un susurro que conten¨ªa siglos de historia. Frente a ¨¦l, Sylas se ergu¨ªa con la majestuosidad de un guerrero inmortal, su armadura destellando bajo la tenue luz. ¡ªTienes potencial, Gaudel, pero el poder sin control es una maldici¨®n ¡ªdijo Sylas, con un tono tan afilado como su propia hoja. Gaudel cruz¨® los brazos, sintiendo el peso de la expectativa sobre sus hombros. ¡ªNo quiero solo poder. Quiero saber qu¨¦ significa luchar por algo m¨¢s grande que yo mismo. Sylas esboz¨® una leve sonrisa. ¡ªEntonces est¨¢s en el lugar correcto. Con un movimiento apenas perceptible, Sylas desenvain¨® su espada. La hoja vibr¨® en el aire, como si cantara una melod¨ªa de guerra. En ese instante, el cielo retumb¨® y el suelo bajo Gaudel se part¨ªa en fracturas incandescentes. ¡ªPrep¨¢rate, porque este entrenamiento no es solo para fortalecerte. Es para renacer como un verdadero guerrero. El viento ulul¨® a su alrededor, como si el mismo dominio de Sylas estuviera preparando el escenario para la batalla. Gaudel cerr¨® los ojos por un breve momento, sintiendo la energ¨ªa arremolinarse a su alrededor. Luego los abri¨®, y en ellos ard¨ªa la chispa de alguien que estaba listo para desafiar su destino. El entrenamiento estaba por comenzar, y con ¨¦l, una nueva era de guerreros forjados en la batalla. Cap铆tulo 45: Ruinas Cinco horas antes de separarse para entrenar en cada dominio, Acalia y Gaudel fueron guiados por Sylas hacia su territorio. Al llegar, la gran ciudad se despleg¨® ante ellos como un laberinto de estructuras majestuosas y bulliciosas calles. El aire estaba impregnado del aroma de comidas ex¨®ticas, el murmullo de comerciantes y el eco de conversaciones entre viajeros de todas partes. ¡ªPueden recorrer la ciudad ¡ªdijo Sylas con una sonrisa despreocupada¡ª. Son libres de hacer lo que quieran aqu¨ª. Encontrar¨¢n comida, dormitorios, vestimenta y todo lo que necesiten. Pero ahora¡­ es hora de entrenar y descubrir de qu¨¦ son capaces. Acalia, con el fuego de la determinaci¨®n brillando en su mirada, asinti¨® sin vacilaci¨®n. ¡ªEst¨¢ bien. Enfrentar¨¦ cualquier obst¨¢culo para mejorar. Sylas arque¨® una ceja, evalu¨¢ndola con inter¨¦s. ¡ªPerfecto. Entonces, los llevar¨¦ a unas ruinas de este dominio. No se asusten si las almas de los fragmentos inferiores aparecen. Se dice que aquellas civilizaciones desaparecieron con el tiempo, pero sus restos a¨²n guardan rastros de quienes fueron. Gaudel frunci¨® el ce?o, intrigado por las palabras de Sylas. Acalia, sin embargo, respondi¨® con firmeza. ¡ªPuedo lidiar con eso. Tengo la protecci¨®n de la diosa de la vida, Elaris. Sylas solt¨® una breve risa, como si aquella revelaci¨®n le divirtiera. ¡ª?Elaris, ?eh? Interesante¡­ Entonces veamos si esa bendici¨®n puede sostenerse en este lugar. El viaje hasta las ruinas se hizo en un mutismo inquietante. A medida que avanzaban, la ciudad olvidada se alzaba ante ellos como un esqueleto colosal devorado por el tiempo. Edificios con paredes carcomidas se inclinaban como ancianos cansados, mientras las grietas en el suelo parec¨ªan las cicatrices de un pasado turbulento. La brisa tra¨ªa murmullos, lamentos atrapados en un ciclo interminable. Gaudel pas¨® la vista por los restos de lo que alguna vez fue una civilizaci¨®n vibrante. ¡ªEste sitio se siente¡­ roto ¡ªmurmur¨®. ¡ªEs porque lo est¨¢ ¡ªrespondi¨® Sylas sin volverse¡ª. Aqu¨ª, los fragmentos inferiores se deshicieron de su humanidad¡­ y sus almas quedaron atrapadas. Acalia se estremeci¨® levemente, pero no por miedo. Pod¨ªa sentir las presencias en el aire, entidades invisibles que se aferraban a los restos de su existencia pasada. ¡ªSi est¨¢n atrapadas, quiz¨¢s busquen algo ¡ªdijo en voz baja, m¨¢s para s¨ª misma que para los dem¨¢s. ¡ªO alguien ¡ªcorrigi¨® Sylas con una sonrisa afilada. Las ruinas se extend¨ªan ante ellos como un vasto cementerio de piedra y memoria. La atm¨®sfera se volv¨ªa m¨¢s densa con cada paso. Sylas se detuvo frente a una antigua estructura cuyo arco de entrada se manten¨ªa apenas en pie. ¡ªAqu¨ª comienza su entrenamiento. Encuentren sus l¨ªmites¡­ y r¨®mpanlos ¡ªdijo, se?alando el interior de las ruinas. Acalia y Gaudel intercambiaron una mirada. No hab¨ªa marcha atr¨¢s. Con un ¨²ltimo respiro, cruzaron el umbral. El aire en las ruinas estaba impregnado de historia y energ¨ªa latente. La brisa arrastraba consigo ecos de tiempos olvidados, revolviendo el polvo entre las grietas de las piedras erosionadas. Sylas se gir¨® lentamente hacia Acalia y Gaudel, sus ojos brillando con una mezcla de curiosidad y expectaci¨®n. ¡ªBueno ¡ªdijo con un tono que parec¨ªa resonar en las ruinas mismas¡ª, ahora cada uno me dir¨¢ sus habilidades ¨²nicas. De acuerdo con eso, dise?aremos su entrenamiento a medida. Gaudel fue el primero en hablar. Su mirada era firme, sus palabras precisas. ¡ªPoseo la habilidad de Ojo M¨¢gico. Puedo ver todo a mi alrededor con claridad absoluta, incluso entidades ocultas y presencias que normalmente ser¨ªan invisibles para los dem¨¢s. Sylas alz¨® una ceja, impresionado. ¡ªInteresante¡­ ¡ªdijo, cruz¨¢ndose de brazos¡ª. Esa habilidad es genial. Con un poder as¨ª, nada puede esconderse de ti. Bien, eso abre muchas posibilidades para tu entrenamiento. Entonces, su atenci¨®n se desvi¨® hacia Acalia. Sus ojos la escrutaron con intensidad, esperando su respuesta. ¡ªY t¨², se?orita Acalia, ?Qu¨¦ habilidad ¨²nica posees? Acalia inhal¨® profundamente antes de responder, sintiendo la presi¨®n de las palabras que estaba a punto de decir. ¡ªMi habilidad ¨²nica es Herencia Divina ¡ªsusurr¨®, pero su voz se fue fortaleciendo con cada palabra¡ª. Gracias a ella, puedo usar algunas de las habilidades de la diosa de la vida, Elaris. Entre ellas, resurrecci¨®n y curaci¨®n, aunque bajo ciertas condiciones¡­ Sylas entrecerr¨® los ojos, intrigado. ¡ª?Condiciones? Acalia asinti¨®, apretando los pu?os. ¡ªSolo puedo usarlas si tengo mi magia intacta, sin haber gastado una sola gota de energ¨ªa. Si pierdo parte de mi poder, mi capacidad de revivir a alguien se desvanece. Eso fue lo que ocurri¨® cuando Biel¡­ cuando ¨¦l muri¨®. No pude traerlo de vuelta. ¡ªSu voz tembl¨® un poco, pero r¨¢pidamente recuper¨® la compostura¡ª. Sin embargo, ¨¦l volvi¨® por su cuenta¡­ y estoy feliz de que haya regresado. Un destello de picard¨ªa cruz¨® la expresi¨®n de Sylas, quien inclin¨® la cabeza levemente, como si hubiera descubierto algo m¨¢s profundo en sus palabras. ¡ªInteresante¡­ Veo que el joven Biel tiene un efecto en ti. El comentario tom¨® a Acalia por sorpresa. Su rostro se encendi¨® en un sonrojo inmediato, y desvi¨® la mirada, incapaz de encontrar una respuesta r¨¢pida. Las palabras flotaban en el aire como un eco persistente, intensificando la incomodidad que sent¨ªa en su pecho. Gaudel se cruz¨® de brazos, observando la escena con una media sonrisa. ¡ªNo sab¨ªa que est¨¢bamos aqu¨ª para hablar de sentimientos ¡ªcoment¨® con una leve burla. Acalia le lanz¨® una mirada fulminante, pero el rubor segu¨ªa ardiendo en sus mejillas. Sylas ri¨® suavemente, disfrutando del momento. ¡ªTranquila, tranquila. Solo una peque?a observaci¨®n. Pero bien, ahora que conocemos sus habilidades, ajustaremos su entrenamiento en consecuencia. El viento sopl¨® entre ellos, levantando una nube de polvo que danzaba en el aire como un presagio de los desaf¨ªos que estaban por venir. El entrenamiento estaba a punto de comenzar. El aire en las ruinas se volvi¨® denso, como si la misma piedra contuviera la respiraci¨®n en anticipaci¨®n. La brisa trajo consigo un murmullo et¨¦reo, un eco de voces antiguas que parec¨ªan susurrar advertencias desde el otro lado del tiempo. Acalia y Gaudel sintieron un escalofr¨ªo recorrer sus cuerpos mientras Sylas los observaba con una mirada afilada. ¡ªGaudel, tu habilidad de Ojo M¨¢gico es mucho m¨¢s de lo que imaginas ¡ªdijo Sylas, su voz impregnada de un matiz enigm¨¢tico¡ª. Es especial, m¨¢s de lo que has explorado hasta ahora. Gaudel frunci¨® el ce?o, procesando sus palabras. Sab¨ªa que su Ojo M¨¢gico le permit¨ªa ver lo oculto, lo inalcanzable para otros, pero la manera en la que Sylas lo dec¨ªa hac¨ªa que algo en su interior vibrara con una verdad a¨²n desconocida. Sylas entonces gir¨® su atenci¨®n hacia Acalia, su sonrisa adquiriendo un matiz de misterio. ¡ªY t¨², se?orita Acalia, tu habilidad Herencia Divina¡­ no es lo que crees. No se trata solo de recibir poder de la diosa de la vida. De hecho, tu verdadera habilidad no es Herencia Divina en absoluto¡­ ¡ªhizo una pausa, permitiendo que el momento se impregnara de peso¡ª. Tu habilidad real es Herencia Primordial. Acalia sinti¨® un vac¨ªo en su est¨®mago, como si el suelo bajo sus pies hubiera desaparecido por un instante. ¡ª?Herencia Primordial? ¡ªrepiti¨®, su voz cargada de incredulidad. Sylas asinti¨®, con los brazos cruzados y una chispa de satisfacci¨®n en su expresi¨®n. ¡ªAs¨ª es. Tu habilidad te permite heredar poderes de m¨¢s que solo la diosa. Puedes obtener habilidades de otras personas, como el Ojo M¨¢gico de Gaudel, por ejemplo. Tu capacidad no es solo una bendici¨®n, es una de las habilidades m¨¢s fuertes de este mundo. Eres m¨¢s que especial, Acalia. La revelaci¨®n dej¨® a Acalia en un estado de asombro. Su mente trabajaba a toda velocidad, encajando piezas de su pasado que antes no ten¨ªan sentido. ¡ªAhora que lo dices¡­ podr¨ªa ser por eso que soy tan buena con la espada. Tal vez obtuve esa destreza al llegar a este mundo, despu¨¦s de que la diosa de la vida me enviara a la Tierra¡­ ¡ªsus palabras salieron como un susurro, pero el brillo en sus ojos reflejaba un torrente de pensamientos que comenzaban a alinearse. Stolen story; please report. Sylas asinti¨® con una expresi¨®n aprobatoria. ¡ªEso es impresionante. Y d¨¦jame decirte que tu habilidad ¨²nica te puede ayudar mucho m¨¢s de lo que crees. Pero no basta con saberlo¡­ tienes que dominarlo. Antes de que pudiera continuar, el suelo tembl¨® bajo sus pies. Un crujido desgarrador recorri¨® las ruinas, como si la misma estructura se retorciera en agon¨ªa. El aire vibr¨® con una energ¨ªa oscura y espesa. Las sombras se alargaron, retorci¨¦ndose como si tuvieran voluntad propia. Gaudel se tens¨®, sus ojos destellando con el poder de su Ojo M¨¢gico. ¡ªAlgo est¨¢ pasando¡­ ¡ªmurmur¨®, su voz cargada de alerta. De entre los escombros, luces fantasmales comenzaron a congregarse en un torbellino de energ¨ªa. Las almas de los fragmentos ca¨ªdos se fusionaron, girando en espiral hasta formar una criatura retorcida, un ser deforme y amorfo con extremidades esquel¨¦ticas y un rostro sin rasgos definidos. Su mera presencia emanaba desesperaci¨®n, un lamento sin voz que se filtraba en la piel como agujas de hielo. Acalia dio un paso adelante, con la mand¨ªbula apretada. Sus manos temblaban, pero no de miedo, sino de anticipaci¨®n. Sylas observ¨® la escena con una sonrisa calculadora. ¡ªAcalia, enc¨¢rgate de ese fragmento ¡ªdijo con tono despreocupado¡ª. Ese ser¨¢ tu entrenamiento. Acalia lo mir¨® de reojo, su expresi¨®n se endureci¨®. ¡ªYa lo ten¨ªas planeado, ?verdad? ¡ªdijo con un tono que oscilaba entre la certeza y el reproche. Sylas se encogi¨® de hombros con una sonrisa ladina. ¡ªJejejeje¡­ puede ser. La criatura lanz¨® un rugido sin sonido, su boca inexistente parec¨ªa abrirse en una grieta de sombra pura antes de lanzarse contra Acalia. Ella aferr¨® su espada, sintiendo su energ¨ªa recorrer la hoja como fuego l¨ªquido. Mientras tanto, Sylas se gir¨® hacia Gaudel y se?al¨® con la cabeza. ¡ªAhora, Gaudel, enfr¨¦ntame con todo lo que tengas. Gaudel inhal¨® profundamente, cerrando los ojos por un breve instante. Al abrirlos, su Ojo M¨¢gico brill¨® con intensidad. Sab¨ªa que enfrentarse a Sylas no ser¨ªa f¨¢cil. Sab¨ªa que la diferencia de poder entre ellos era abismal. Pero en su interior, algo le dec¨ªa que este era el momento para probarse a s¨ª mismo. ¡ªEst¨¢ bien¡­ aunque s¨¦ que ser¨¢ dif¨ªcil derrotarte ¡ªdijo, su voz firme, pero con la emoci¨®n palpitando en su pecho. Sylas sonri¨® de lado, flexionando los dedos con expectaci¨®n. ¡ªEso lo veremos. El aire a su alrededor pareci¨® estremecerse mientras ambos se preparaban para el enfrentamiento. El choque de fuerzas estaba a punto de comenzar, y las ruinas ser¨ªan testigo de una batalla donde el destino de cada uno se definir¨ªa un poco m¨¢s. El cielo del dominio de Sylas se oscurec¨ªa con cada choque de espadas, como si la misma realidad temblara ante la magnitud del enfrentamiento. Acalia, con su filo resplandeciente en la mano, se deslizaba entre la bruma de energ¨ªa oscura que emanaba el Fragmento Inferior. Sus ojos ard¨ªan con una determinaci¨®n incandescente, reflejando el caos y la furia que se desataban a su alrededor. ¡ª?No eres m¨¢s que una sombra del verdadero poder! ¡ªexclam¨® Acalia, girando sobre s¨ª misma y lanzando una estocada precisa. El Fragmento Inferior rugi¨®, un sonido que no proven¨ªa de su boca inexistente, sino de cada fibra de su ser corrupto. La criatura se retorci¨®, sus garras et¨¦reas desgarrando el aire con la intenci¨®n de convertirlo en vac¨ªo. Su cuerpo palpitaba con una corrupci¨®n que devoraba la luz, un agujero negro de agon¨ªa y desesperaci¨®n. De su centro, una oleada de sombras explot¨® en todas direcciones. Acalia sinti¨® la presi¨®n de la energ¨ªa oscura intentando consumirla. Sus m¨²sculos se tensaron, su piel hormigue¨® con el roce de la entidad. Pero no se dej¨® intimidar. Su respiraci¨®n era estable, su mente afilada como el filo de su espada. ¡ªEres fuerte¡­ pero yo soy m¨¢s ¡ªsusurr¨®, su voz una promesa m¨¢s que una afirmaci¨®n. Con un parpadeo fugaz, desapareci¨® de la vista del Fragmento. Se convirti¨® en un destello dorado, surcando el aire con una velocidad imposible. Su espada vibr¨®, como si la misma voluntad de la diosa de la vida se manifestara en su hoja. En un solo movimiento, rompi¨® la barrera de sombras, atravesando la entidad con un golpe certero. Un alarido desgarrador reson¨® en todo el dominio. El Fragmento Inferior se convulsion¨®, sus extremidades espectrales luchando por mantenerse en una existencia que ya le era ajena. Luego, en un torbellino de cenizas negras, se desmoron¨®, esparciendo su esencia por el viento. El suelo, marcado por cr¨¢teres y grietas ardientes, qued¨® en silencio. Acalia permaneci¨® con la espada en alto, su pecho subiendo y bajando con la fuerza de su respiraci¨®n. Sus dedos temblaban ligeramente, no de miedo, sino de la carga de energ¨ªa que a¨²n recorr¨ªa su cuerpo. ¡ªNo volver¨¢s a hacer da?o a nadie m¨¢s ¡ªmurmur¨®, dejando que la luz de su arma se disipara. Desde la distancia, Sylas observ¨® la escena con una sonrisa de aprobaci¨®n. ¡ªNada mal ¡ªsusurr¨® para s¨ª mismo. Mientras tanto, en otra parte del dominio, Gaudel se manten¨ªa firme, observando el campo de entrenamiento de Sylas. La llanura se extend¨ªa sin fin, un mar de tierra ind¨®mita bajo un cielo que se cern¨ªa sobre ellos como un tit¨¢n dormido. El viento soplaba con un susurro ancestral, como si guardara los secretos de incontables batallas libradas en ese mismo suelo. Frente a ¨¦l, Sylas se ergu¨ªa con la majestuosidad de un guerrero inmortal. Su armadura reluc¨ªa bajo la tenue luz, cada rasgu?o en su superficie contando una historia de lucha y triunfo. ¡ªTienes potencial, Gaudel ¡ªdijo Sylas, su tono firme como una sentencia¡ª, pero el poder sin control es una maldici¨®n. Gaudel mantuvo la mirada, su mand¨ªbula tensa. Pod¨ªa sentir la verdad en esas palabras, pod¨ªa sentir el peso de lo que significaba poseer una habilidad como el Ojo M¨¢gico. ¡ªNo quiero solo poder ¡ªrespondi¨®, su voz impregnada de convicci¨®n¡ª. Quiero saber qu¨¦ significa luchar por algo m¨¢s grande que yo mismo. Sylas inclin¨® levemente la cabeza, una chispa de aprobaci¨®n cruzando sus ojos. ¡ªEntonces est¨¢s en el lugar correcto. Con un movimiento fluido, Sylas desenvain¨® su espada. La hoja vibr¨® en el aire, como si respirara el aroma de la batalla. En ese instante, el cielo pareci¨® exhalar un trueno, y el suelo bajo Gaudel se parti¨® en fracturas incandescentes. El joven retrocedi¨® un paso, pero sus ojos se abrieron con asombro cuando percibi¨® algo m¨¢s: el flujo de la energ¨ªa a su alrededor. Su Ojo M¨¢gico revelaba las corrientes invisibles del poder de Sylas, la manera en la que su presencia alteraba el entorno mismo. ¡ªPrep¨¢rate ¡ªdijo Sylas, ajustando su agarre en la espada¡ª, porque este entrenamiento no es solo para fortalecerte. Es para renacer como un verdadero guerrero. El viento ulul¨® a su alrededor, alzando polvo y fragmentos de piedra en espirales ca¨®ticas. Era como si el dominio entero se despertara, preparando el escenario para un enfrentamiento que resonar¨ªa en las mismas fibras del mundo. Gaudel cerr¨® los ojos por un breve instante, sintiendo el pulso del universo a su alrededor. Luego los abri¨®, y en ellos ard¨ªa la chispa de alguien que estaba listo para desafiar su destino. ¡ªEstoy listo ¡ªdijo, avanzando con resoluci¨®n. Las espadas se cruzaron, y con ello, el entrenamiento realmente comenz¨®. El viento rug¨ªa como una tormenta desbocada, silbando entre las rocas quebradas del campo de batalla. Cada part¨ªcula de polvo danzaba al ritmo de una melod¨ªa invisible, la sinfon¨ªa de un combate que estaba a punto de comenzar. Gaudel y Sylas se manten¨ªan firmes, a escasos metros el uno del otro, midiendo cada respiraci¨®n, cada movimiento, como si el aire entre ellos estuviera cargado de electricidad pura. Un trueno lejano marc¨® la primera nota de la banda sonora de su duelo. El cielo se parti¨® en un resplandor incandescente, como si el universo mismo contuviera la respiraci¨®n ante el inminente choque de titanes. ¡ªNo voy a contenerme ¡ªadvirti¨® Gaudel, su voz firme pero contenida por la presi¨®n del momento. Sylas esboz¨® una sonrisa afilada, con la seguridad de un depredador al acecho. ¡ªEso espero ¡ªrespondi¨® con calma¡ª. Porque si no, esto ser¨¢ muy aburrido. Gaudel no perdi¨® m¨¢s tiempo. En un destello cegador, se impuls¨® hacia adelante, su Ojo M¨¢gico activ¨¢ndose al m¨¢ximo. El tiempo pareci¨® desacelerarse a su alrededor. Cada part¨ªcula en el aire, cada grieta en el suelo, cada latido de su propio coraz¨®n era visible para ¨¦l en una claridad sobrehumana. Su espada se alz¨® como un rel¨¢mpago contenido en acero. Con un giro imposible, lanz¨® un tajo vertical que busc¨® partir a Sylas en dos. Pero su maestro no estaba ah¨ª. Un instante antes del impacto, Sylas desapareci¨®. No se movi¨®. No esquiv¨®. Simplemente dej¨® de estar en el mismo punto en el que Gaudel lo hab¨ªa visto. ¡ª??Qu¨¦¡­!? ¡ªGaudel sinti¨® un escalofr¨ªo recorrerle la columna. ¡ªNo conf¨ªes solo en lo que ves ¡ªsusurr¨® la voz de Sylas detr¨¢s de ¨¦l. Antes de que pudiera reaccionar, un golpe brutal le impact¨® el costado. No con una espada, sino con la parte plana de la mano de Sylas. La fuerza del impacto fue como un martillo invisible golpeando su caja tor¨¢cica. Gaudel sali¨® despedido como un proyectil, estrell¨¢ndose contra una formaci¨®n rocosa que estall¨® en mil pedazos. El eco del impacto retumb¨® por todo el campo. Gaudel cay¨® de rodillas, con la respiraci¨®n entrecortada. El dolor se extendi¨® como fuego l¨ªquido por su cuerpo, pero no se detuvo. No pod¨ªa detenerse. ¡ªTienes velocidad ¡ªcoment¨® Sylas, caminando con la tranquilidad de un emperador en su dominio¡ª. Tienes instinto. Pero a¨²n te falta algo crucial, Gaudel. Gaudel levant¨® la vista, sus ojos ardiendo con la furia de un guerrero que se negaba a caer. ¡ª?Qu¨¦ me falta? ¡ªgru?¨®, poni¨¦ndose de pie con esfuerzo. Sylas levant¨® un dedo al aire. ¡ªControl. Gaudel no esper¨® a escuchar m¨¢s. Reuniendo su poder, desat¨® una explosi¨®n de energ¨ªa dorada a su alrededor. Su Ojo M¨¢gico se ilumin¨® con intensidad, capturando cada posible trayectoria, cada variable del espacio-tiempo que le permitiera adelantarse a Sylas. Se lanz¨® de nuevo, pero esta vez no en l¨ªnea recta. Su figura se desvaneci¨® y reapareci¨® en diferentes ¨¢ngulos, atacando con golpes certeros desde posiciones imposibles de predecir. Su espada se convirti¨® en un diluvio de acero, cada tajo acompa?ado por una r¨¢faga de viento cortante. El sonido del metal chocando contra metal reson¨® como una sinfon¨ªa de destrucci¨®n. Chispas estallaban con cada bloqueo, iluminando sus rostros con destellos fugaces. Gaudel atacaba con todo lo que ten¨ªa, descargando una tormenta imparable de cortes y estocadas. Pero Sylas no se mov¨ªa. No retroced¨ªa. No ced¨ªa terreno. Con un movimiento m¨ªnimo de mu?eca, bloqueaba cada uno de los ataques de Gaudel con una precisi¨®n insultante. El sudor comenz¨® a perlaba la frente de Gaudel. Su energ¨ªa disminu¨ªa, su respiraci¨®n se volv¨ªa pesada. Y entonces, en un instante, lo entendi¨®. Sylas ni siquiera estaba esforz¨¢ndose. ¡ªNo¡­ puede¡­ ser¡­ ¡ªjade¨® Gaudel, deteni¨¦ndose un instante. Sylas baj¨® su espada lentamente y sonri¨®. ¡ªTe lo dije ¡ªdijo con tranquilidad¡ª. El poder sin control es una maldici¨®n. Antes de que Gaudel pudiera moverse, Sylas atac¨® por primera vez. Gaudel sinti¨® su visi¨®n fragmentarse en mil im¨¢genes a la vez. Su Ojo M¨¢gico vio cada ataque antes de que ocurriera, pero su cuerpo no pudo seguir el ritmo. Sylas se movi¨® como un rel¨¢mpago, su espada una sombra imparable. Un corte en la pierna. Otro en el brazo. Un tercer impacto directo en el pecho. Ninguna herida era letal, pero cada golpe lo empujaba m¨¢s y m¨¢s hasta que su espada fue arrancada de sus manos. Gaudel cay¨® de rodillas, jadeando. Su cuerpo temblaba, su mente todav¨ªa tratando de comprender lo que acababa de suceder. Sylas gir¨® su espada y la clav¨® en el suelo, sin rastro de fatiga en su expresi¨®n. ¡ªUs¨¦ solo el quince por ciento de mi poder ¡ªdeclar¨®, su voz resonando con una mezcla de orgullo y compasi¨®n. Gaudel sinti¨® que el peso de esas palabras lo aplastaba m¨¢s que la misma derrota. Pero en el fondo, algo dentro de ¨¦l ard¨ªa. No con frustraci¨®n. No con ira. Sino con determinaci¨®n. Esto¡­ esto era solo el principio. Gaudel apret¨® los pu?os, sintiendo la frustraci¨®n arder en su pecho. Pero antes de que pudiera decir algo, Sylas habl¨® con una calma absoluta. ¡ªGaudel, tienes mucho potencial. As¨ª que no te preocupes por perder ¡ªdijo, su tono libre de burla o reproche¡ª. Una derrota solo ser¨¢ una fortaleza para volverte m¨¢s fuerte. Gaudel respir¨® hondo, asimilando esas palabras. Sab¨ªa que eran ciertas, pero aceptarlas era otra historia. En ese momento, una figura apareci¨® a lo lejos, avanzando con pasos tranquilos. Acalia se cruz¨® de brazos y observ¨® la escena con una sonrisa ladeada. ¡ªEso fue demasiado f¨¢cil ¡ªcoment¨® con una nota de diversi¨®n en su voz. Sylas solt¨® una leve risa antes de responder. ¡ªFelicidades, pudiste derrotar a un Fragmento Inferior corrupto. Eso ya es un gran logro. Gaudel frunci¨® el ce?o, sorprendido. ¡ª?Un Fragmento Inferior...? Sylas asinti¨®. ¡ªS¨ª. No era un enemigo com¨²n, pero tampoco el verdadero desaf¨ªo que te espera. A¨²n tienes mucho que aprender. Acalia mir¨® a Gaudel y luego a Sylas. ¡ªBueno, ?Qu¨¦ sigue? Sylas estir¨® los brazos y dej¨® escapar un suspiro. ¡ªEn fin, vamos a descansar. Es todo por hoy. Gaudel asinti¨®, aun sintiendo el peso de la batalla en su cuerpo. ¡ª?Y ma?ana? Sylas le dedic¨® una mirada intensa antes de responder. ¡ªMa?ana continuamos con su entrenamiento. Gaudel trag¨® saliva. Si hoy hab¨ªa sido solo el principio, no pod¨ªa imaginar lo que vendr¨ªa despu¨¦s. Cap铆tulo 46: El Verdadero Corazè´¸n de un Vampiro Cada grupo fue enviado a un dominio distinto, cada uno bajo la tutela de su respectivo Fragmento. Para Ryder, Raizel y Sarah, el destino fue el dominio de Eldric, el Fragmento de la Esencia del Crep¨²sculo. Cuando atravesaron el portal dimensional, fueron recibidos por una vista que les rob¨® el aliento. Ante ellos se extend¨ªa una ciudad que parec¨ªa haber sido moldeada por los sue?os de un artista divino. Las calles estaban pavimentadas con piedras iridiscentes que reflejaban la luz como si fuesen constelaciones encadenadas al suelo. Las casas, elegantes y esculpidas con detalles intrincados, pose¨ªan formas curvas y armoniosas que parec¨ªan fundirse con la naturaleza circundante. En el aire flotaba un aroma dulce, una mezcla de lavanda y frutas ex¨®ticas, mientras risas melodiosas se deslizaban entre los edificios como el eco de una canci¨®n olvidada. La gente, radiante de energ¨ªa y vitalidad, se desplazaba con una gracia sobrenatural. Sus ojos, de colores imposibles, destellaban sabidur¨ªa y amabilidad. A su alrededor, criaturas majestuosas y extra?as conviv¨ªan en perfecta armon¨ªa: ciervos con cuernos de cristal, aves de plumajes que reflejaban los colores del crep¨²sculo y felinos con un aire regio que parec¨ªan observarlo todo con inteligencia profunda. Eldric, con una sonrisa serena, extendi¨® los brazos hacia la ciudad. ¡ªLos Fragments son seres hermosos, no solo por su apariencia, sino por su coraz¨®n y su esencia ¡ªdijo con voz grave pero c¨¢lida¡ª. Es mi deber protegerlos. No teman, ellos les ayudar¨¢n a adaptarse en estos seis meses. Raizel observ¨® a los Fragments con curiosidad, percibiendo en ellos una energ¨ªa antigua y pura. ¡ªEntonces, ustedes son fundamentales en las leyes que rigen la vida de los h¨¦roes ¡ªdijo con un tono reflexivo. Eldric asinti¨® con solemnidad. ¡ªExactamente. Somos el pilar sobre el cual los h¨¦roes pueden sostenerse. Sin nosotros, ser¨ªa imposible que sean aceptados en este mundo. Nosotros, las Llaves Primordiales, somos elegidos por la raza de los Fragments para guiarlos. Sarah, con los brazos cruzados y una ceja arqueada, observ¨® a Eldric con inter¨¦s. ¡ªDices que ustedes son las Llaves Primordiales, pero hasta ahora solo dos fragmentos han tenido portadores: Luthan con su h¨¦roe y Aine con Biel. Eldric la observ¨® con calma y luego continu¨®. ¡ªAs¨ª es. Pero en el futuro, cuando nosotros tengamos portadores, otros cinco Fragmentos emerger¨¢n y ser¨¢n las nuevas Llaves para los h¨¦roes que est¨¦n por venir. Por ahora, viven en paz, pues falta mucho tiempo para que nos despertemos en totalidad. El Fragmento chasque¨® los dedos y, en un parpadeo, el escenario cambi¨® dr¨¢sticamente. La ciudad resplandeciente se desvaneci¨®, y en su lugar, un terreno vasto y et¨¦reo se extendi¨® a su alrededor. La brisa era espesa y vibrante, cargada de un poder indescriptible que les hizo estremecer los huesos. Sarah se cruz¨® de brazos y sonri¨® con aire desafiante. ¡ªVaya, vaya. As¨ª que este es el lugar donde entrenaremos. Eldric avanz¨® unos pasos y, con un destello de luz, su cuerpo comenz¨® a dividirse. Frente a ellos, surgieron dos copias exactas de ¨¦l mismo, cada una irradiando la misma energ¨ªa, pero con una intensidad levemente distinta. Ryder entrecerr¨® los ojos y apret¨® los pu?os, sintiendo que algo grande estaba por suceder. ¡ªAhora entrenaremos ¡ªanunci¨® Eldric con una sonrisa cr¨ªptica¡ª. Quiero ver hasta d¨®nde pueden llegar. Los tres observaban con asombro c¨®mo Eldric se hab¨ªa multiplicado. No era una simple copia ilusoria, pod¨ªan sentir que cada uno de ellos pose¨ªa su propia esencia, su propio poder. Sin previo aviso, Eldric alz¨® la mano y un torbellino de luz los envolvi¨®. Raizel sinti¨® c¨®mo su cuerpo se desvanec¨ªa y, en un parpadeo, se encontr¨® en un bosque cubierto de neblina l¨ªquida, donde los ¨¢rboles parec¨ªan susurrar secretos al viento. Ryder apareci¨® en un desierto de arena blanca, donde el cielo ard¨ªa con un sol que no daba calor. Sarah, por su parte, aterriz¨® en un valle en penumbra, donde el suelo era de obsidiana y las estrellas brillaban bajo sus pies como si caminara sobre el firmamento. Eldric se manifest¨® en cada uno de los lugares, su voz resonando como un eco divino. ¡ªA partir de ahora, enfrentar¨¢n su verdadero desaf¨ªo. No es s¨®lo el poder lo que entrenaremos, sino el coraz¨®n. Cada uno de ustedes descubrir¨¢ si realmente tiene lo necesario para avanzar en este mundo. El entrenamiento hab¨ªa comenzado. Y con ¨¦l, el primer paso hacia una verdad que ninguno de ellos esperaba. Sarah mir¨® a su alrededor con una sensaci¨®n inquietante. El lugar le resultaba extra?amente familiar, como un eco distante de un sue?o olvidado. El cielo era de un gris perpetuo, con nubes que se retorc¨ªan en espirales lentas, como si fueran reflejos de una mente atormentada. El suelo era de obsidiana pulida, reflejando su imagen distorsionada en sombras danzantes. La brisa era densa y cargada de un aroma a tierra h¨²meda, un vestigio de las noches interminables de su infancia en las Tierras Oscuras. ¡ª?D¨®nde estamos? ¡ªpregunt¨®, con un tono que oscilaba entre la curiosidad y la cautela. Eldric, de pie frente a ella, la observ¨® con una expresi¨®n tranquila pero penetrante. ¡ªSe?orita Sarah, este es el lugar donde usted podr¨¢ desatar su verdadero potencial como vampiro ¡ªdijo con voz firme, su tono cargado de un significado m¨¢s profundo de lo que parec¨ªa a simple vista. Sarah sinti¨® un escalofr¨ªo recorrer su piel. Sus colmillos se apretaron levemente mientras su instinto le advert¨ªa que algo grande estaba por suceder. ¡ªS¨¦ que tu padre era Lip ¡ªcontinu¨® Eldric¡ª. Y que fue derrotado por Acalia. Adem¨¢s, s¨¦ que tu hermano es ahora el Rey Vampiro. Sarah cerr¨® los ojos por un instante. El nombre de su padre evoc¨® un torrente de im¨¢genes fragmentadas en su mente: su voz grave llam¨¢ndola cuando era ni?a, sus ense?anzas sobre el honor y la sangre, su mirada severa y finalmente su ca¨ªda. Inspir¨® profundamente y abri¨® los ojos, ahora brillando con una intensidad inusual. ¡ªS¨ª, es verdad. Pero no le guardo rencor a Acalia ¡ªafirm¨® con determinaci¨®n¡ª. Mi padre se volvi¨® arrogante. Crey¨® que su poder lo hac¨ªa intocable y, cuando se dio cuenta de su error, ya era demasiado tarde para cambiar. Eldric la mir¨® en silencio por un momento y luego sonri¨® de manera enigm¨¢tica. ¡ªEso no es del todo cierto ¡ªsusurr¨®¡ª. Puedo ver a trav¨¦s de tus recuerdos, Sarah, y lo que veo es muy distinto. Tu padre no siempre fue un tirano. Hubo un tiempo en el que fue un hombre gentil, preocupado por su gente, por su familia... y por ti. Sarah sinti¨® como si le hubieran golpeado el pecho con una ola helada. Sus ojos se abrieron de par en par y un leve temblor recorri¨® sus manos. ¡ªEso... no puede ser ¡ªsusurr¨®. ¡ªTambi¨¦n veo algo m¨¢s ¡ªagreg¨® Eldric, con el ce?o fruncido¡ª. Hay recuerdos bloqueados dentro de ti. No s¨¦ qu¨¦ contienen, pero han sido sellados. Sarah sinti¨® un escalofr¨ªo recorrerle la columna. Su mente se llen¨® de un sinf¨ªn de preguntas. ?Recuerdos bloqueados? ?Por qu¨¦? ?Qui¨¦n habr¨ªa hecho algo as¨ª? ¡ª?Eso no tiene sentido! ¡ªexclam¨®, llev¨¢ndose una mano al coraz¨®n, como si sintiera que algo dentro de ella se desgarraba. Eldric avanz¨® un paso y, sin previo aviso, extendi¨® su mano. Una brisa cargada de energ¨ªa antigua se alz¨® en espirales, rodeando a Sarah como si fueran cadenas invisibles a punto de romperse. ¡ªVamos a averiguarlo ¡ªanunci¨®, y con un simple gesto, deshizo el sello. El mundo de Sarah se fractur¨® en un instante. Un dolor insoportable explot¨® en su cabeza, como si mil agujas ardientes perforaran su cr¨¢neo al mismo tiempo. Su cuerpo se dobl¨® involuntariamente, cayendo de rodillas sobre la obsidiana brillante. Sus u?as se clavaron en la superficie como garras desesperadas tratando de aferrarse a algo tangible. Im¨¢genes que hab¨ªa olvidado, rostros que ya no recordaba, momentos perdidos en el abismo de su memoria emergieron como una tormenta furiosa. Su padre... su verdadera sonrisa. Un hombre distinto, amoroso, que la cargaba sobre sus hombros y le mostraba el mundo. Su risa resonando en los pasillos de su castillo. Y luego, su rostro lleno de tristeza y arrepentimiento, ocultando algo... protegi¨¦ndola de algo. Sarah jade¨® y dej¨® escapar un grito ahogado. L¨¢grimas ardientes se deslizaron por sus mejillas, como gotas de sangre que finalmente escapaban de una herida antigua. ¡ª?No... no puede ser! ¡ªsolloz¨®, aferr¨¢ndose a su cabeza, incapaz de contener la avalancha de emociones. Eldric se arrodill¨® a su lado y le puso una mano en el hombro, con una expresi¨®n grave pero comprensiva. ¡ªLa verdad duele, Sarah. Pero tambi¨¦n libera. Ahora puedes recordar no solo la ca¨ªda de tu padre, sino tambi¨¦n su luz. Pero Sarah apenas lo escuchaba. La realidad a su alrededor se desmoronaba mientras su mente era arrastrada a un recuerdo que hab¨ªa permanecido sellado por a?os. Se vio a s¨ª misma, una ni?a de cabellos plateados, corriendo por un largo pasillo de piedra iluminado por la tenue luz de antorchas oscilantes. La risa de su padre resonaba como un eco c¨¢lido en su memoria. No era la carcajada de un tirano arrogante, sino la risa sincera de un hombre que amaba a su hija. ¡ªVen aqu¨ª, peque?a estrella. ¡ªLip la alz¨® en brazos, girando con ella en el aire mientras ella re¨ªa sin miedo. Su mirada era pura, sin la sombra de la oscuridad que lo devorar¨ªa m¨¢s adelante. Entonces, el recuerdo cambi¨®. Lip estaba de espaldas a ella, su postura r¨ªgida, su voz entrecortada. ¡ªSarah, esc¨²chame. Pase lo que pase... debes recordar que siempre fuiste mi mayor tesoro. ¡ª?Padre? ?Qu¨¦ est¨¢ pasando? ¨¦l gir¨®, y por primera vez, vio en sus ojos algo m¨¢s all¨¢ del orgullo: miedo. Un miedo que no era por ¨¦l, sino por ella. El recuerdo se desvaneci¨® abruptamente y Sarah regres¨® a la realidad con un jadeo ahogado. L¨¢grimas rodaban por sus mejillas, pero no de tristeza, sino de comprensi¨®n. ¡ªNo... ¨¦l no siempre fue un monstruo. Eldric la mir¨® con serenidad. ¡ªNo, Sarah. Lip fue muchas cosas, pero, sobre todo, fue un padre. Y ahora, la pregunta es... ?Qu¨¦ har¨¢s con esta verdad? En la mente de Sarah, los recuerdos surg¨ªan como torrentes incontrolables, cada imagen destellando con una nitidez insoportable. Era como si su pasado estuviera cobrando vida de nuevo, arrastr¨¢ndola sin piedad a lo que hab¨ªa olvidado. Eldric tambi¨¦n estaba all¨ª, flotando en aquel abismo de memorias. Con un tono solemne, pero con el peso de la compasi¨®n en su voz, le habl¨® directamente. Reading on this site? This novel is published elsewhere. Support the author by seeking out the original. ¡ªSarah, perd¨®name por lo que voy a hacer, pero debes volver a ver tu pasado. S¨¦ que es duro, pero hay heridas que solo pueden cerrarse enfrent¨¢ndolas. Sarah, todav¨ªa tambale¨¢ndose por el impacto de lo que ya hab¨ªa visto, sinti¨® que su pecho se oprim¨ªa. Su cuerpo tembl¨® y sus colmillos rozaron su labio inferior con un leve estremecimiento. ¡ªYo... ¡ªcerr¨® los ojos por un instante, tratando de calmar la tormenta en su interior¡ª. Est¨¢ bien. Ver¨¦ mis recuerdos. En ese momento, una nueva escena cubri¨® la oscuridad de su mente, como una pintura cobrando vida con cada pincelada de luz. Era un d¨ªa soleado en las Tierras Oscuras, algo raro en aquel territorio donde la penumbra sol¨ªa reinar. Sarah y su hermano jugaban en los jardines de la fortaleza, sus risas resonaban en el aire, tan puras y despreocupadas que parec¨ªan desafiar el destino que los esperaba. De repente, una sombra alta y majestuosa se proyect¨® sobre ellos. Lip, su padre, el Rey Vampiro, estaba all¨ª. Su capa ondeaba con elegancia, pero su expresi¨®n era serena, sin el peso de la arrogancia que Sarah recordaba. ¡ªHijos m¨ªos ¡ªsu voz era un eco profundo, cargado de calidez¡ª, ustedes son muy especiales para m¨ª. Sarah sinti¨® un nudo en la garganta. Aquellas palabras... ya no las recordaba. Para ella, su padre hab¨ªa sido un monarca imponente, un hombre cuya soberbia creci¨® hasta consumirlo. Pero ah¨ª estaba, mostr¨¢ndoles una ternura que hab¨ªa sido borrada de su memoria. Eldric, observando desde las sombras de la memoria, habl¨® con suavidad. ¡ªLip era una buena persona... y un buen rey. Sarah, en shock, no encontraba palabras. Solo pod¨ªa ver las escenas que pasaban como un carrusel de emociones. Su padre riendo con ellos, entren¨¢ndolos, protegi¨¦ndolos. La calidez de su mano sobre su cabeza, despein¨¢ndola con una sonrisa orgullosa. Su mirada de amor cuando los observaba dormir. Pero entonces, la luz en los recuerdos comenz¨® a parpadear. El ambiente cambi¨®. El cielo, antes iluminado, se torn¨® de un rojo oscuro. La brisa c¨¢lida se transform¨® en un viento helado que llevaba consigo el hedor del miedo. Un nuevo recuerdo se despleg¨®, m¨¢s oscuro, m¨¢s pesado. Eldric tom¨® aire con gravedad. ¡ªEste... este fue el detonante para que Lip se volviera arrogante. Sarah contuvo la respiraci¨®n mientras la escena se desarrollaba ante sus ojos. Y supo, en lo m¨¢s profundo de su ser, que lo que estaba por ver cambiar¨ªa todo lo que cre¨ªa saber sobre su padre... y sobre ella misma. El recuerdo se despleg¨® con la crudeza de una herida abierta. Sarah sinti¨® su coraz¨®n latir desbocado al ver la figura de una mujer imponente en medio de la memoria. ¡ª?No puede ser! ¡ªexclam¨® Sarah, llev¨¢ndose una mano al pecho. Sus ojos escarlatas brillaban con una mezcla de sorpresa y temor¡ª. ?Qu¨¦ hace ella en mis recuerdos? Eldric la observ¨® con gravedad, sus ojos resplandeciendo con un brillo antiguo. ¡ªElla es la culpable, Sarah. La responsable de que estos recuerdos estuvieran sellados... y tambi¨¦n del cambio de tu padre. El recuerdo avanz¨®, y ante ellos se revel¨® la figura majestuosa y letal de la Emperatriz Domia. Su silueta irradiaba un aura oscura, una niebla carmes¨ª que danzaba a su alrededor como si la realidad misma la rechazara. Sus ojos eran dos pozos profundos de malicia y determinaci¨®n. Frente a ella, Lip se alzaba con una postura desafiante. Su capa ondeaba tras ¨¦l, sus colmillos reluc¨ªan bajo la luz de la luna roja. ¡ªVete de m¨ª territorio, Emperatriz Domia ¡ªruj¨ªo Lip, su voz temblaba de ira contenida. Domia sonri¨® con la frialdad de un verdugo a punto de ejecutar su sentencia. ¡ªNo puedo irme sin antes hacer algo ¡ªsusurr¨® con un deleite venenoso¡ª. He venido por tu peque?a hija. Lip sinti¨® que la sangre se le helaba. Sus ojos se volvieron dos brasas incandescentes mientras su instinto protector rug¨ªa dentro de ¨¦l. ¡ª?No permitir¨¦ que mi hija se vaya con alguien como t¨²! La emperatriz se llev¨® una mano a los labios y solt¨® una risa como el eco de un millar de almas condenadas. ¡ªOh, Lip, no es lo que piensas. No quiero llevarme a tu hija... ¡ªsus ojos se entrecerraron con una intensidad escalofriante¡ª. Quiero su coraz¨®n. El aire pareci¨® fragmentarse. El mundo tembl¨® al ritmo de la furia que brot¨® de Lip como un vendaval oscuro. Sus colmillos se alargaron, sus manos se crisparon hasta que sus u?as rasgaron el aire con una energ¨ªa feroz. ¡ª?Jam¨¢s permitir¨¦ que toques a Sarah! ¡ªbram¨® el rey vampiro, su voz reson¨® como un trueno. Sarah observaba todo con el alma atrapada entre el asombro y el terror. Ve¨ªa la determinaci¨®n en los ojos de su padre, el mismo hombre que cre¨ªa fr¨ªo y distante, dispuesto a enfrentarse a un monstruo por ella. Eldric mir¨® con desprecio a Domia. ¡ªEsa mujer es lo peor... El recuerdo continu¨®, mostrando el momento exacto en que Sarah, siendo una ni?a, corri¨® hasta su padre, ignorando la tormenta de peligro que la rodeaba. ¡ª?Sarah, vete de aqu¨ª! ¡ªorden¨® Lip con una voz que era una mezcla de miedo y furia. Pero era tarde. Domia la vio, y una sonrisa perturbadora se dibuj¨® en sus labios. ¡ªAs¨ª que esta es la ni?a vampiro m¨¢s prodigiosa de este lugar... ¡ªsusurr¨®, su voz un veneno que impregn¨® la atm¨®sfera. Lip no esper¨® m¨¢s. Con un rugido desgarrador, se lanz¨® contra Domia. Sus garras destellaron en el aire, cortando la brisa misma con la fuerza de su desesperaci¨®n. Domia alz¨® una ceja, divertida, y con un simple adem¨¢n de su mano, la tierra se fractur¨® bajo los pies de Lip. El rey vampiro gir¨® en el aire, aterrizando con gracia, pero la emperatriz ya estaba sobre ¨¦l. El choque de sus poderes desat¨® un torbellino oscuro. Las sombras vibraron, los ¨¢rboles se doblaron como si fueran meras hojas ante la tormenta. Lip atac¨® con la velocidad de un rel¨¢mpago, cada golpe suyo era un torrente de fuerza, pero Domia se mov¨ªa con una gracia burlona, esquivando cada uno de sus embates con la facilidad de una danzarina m¨®rbida. ¡ªDemasiado lento, Lip ¡ªmurmur¨® ella, su voz un aliento helado. Lip rugi¨® y conjur¨® una l¨¢mina de energ¨ªa sangu¨ªnea, lanz¨¢ndola con un gesto f¨¦rreo. Domia apenas alz¨® una mano y con un chasquido de sus dedos, la hoja se disip¨® como polvo al viento. ¡ªPat¨¦tico ¡ªsusurr¨® con una sonrisa letal. Antes de que Lip pudiera reaccionar, Domia apareci¨® a su espalda, su mano brillando con una luz rojiza. ¡ªAdmiro tu valent¨ªa, rey vampiro. Pero eso no ser¨¢ suficiente. El golpe cay¨® como un martillo celestial. La energ¨ªa oscura atraves¨® a Lip, lanz¨¢ndolo contra el suelo con la fuerza de una estrella colapsando. La tierra tembl¨® bajo el impacto, grietas de energ¨ªa carmes¨ª se extendieron como venas malditas. Sarah sinti¨® su cuerpo estremecerse. ¡ªPap¨¢... ¡ªsusurr¨® con los labios temblorosos, viendo c¨®mo su padre ca¨ªa de rodillas, jadeando. Eldric, con el ce?o fruncido, observ¨® con una expresi¨®n oscura. ¡ªAqu¨ª es donde todo cambi¨®... Domia se acerc¨® a Lip con una tranquilidad escalofriante, su sonrisa intacta. ¡ªEres fuerte, Lip. Pero no lo suficiente para detenerme. Lip la mir¨® con odio, pero en su mirada hab¨ªa algo m¨¢s... desesperaci¨®n. Sarah, atrapada en la memoria, sinti¨® c¨®mo un torrente de emociones la ahogaba. Sus manos se crisparon, sus colmillos se apretaron. Estaba reviviendo el d¨ªa en que su padre lo perdi¨® todo. Pero esto era solo el principio. Y lo peor... a¨²n estaba por venir. El recuerdo continu¨®, impregnado de una tensi¨®n sofocante. Lip, de rodillas, jadeaba mientras la sangre manchaba el suelo oscuro bajo ¨¦l. Sus fuerzas se desvanec¨ªan, pero su mirada segu¨ªa ardiendo con la furia de un rey que no se doblegar¨ªa f¨¢cilmente. Frente a ¨¦l, Domia lo observaba con una sonrisa g¨¦lida, su silueta envuelta en un resplandor rojo oscuro que parec¨ªa devorar la luz. ¡ªSer¨¦ benevolente contigo, Lip ¡ªdijo con un tono casi divertido, pero con la crueldad danzando en su voz¡ª. Ya que me diste una buena pelea, puedo ver que tu coraz¨®n es mucho m¨¢s valioso que el de la ni?a. As¨ª que hagamos un trato... Lip alz¨® la vista con dificultad, apretando los dientes. ¡ª?De qu¨¦ hablas? Domia inclin¨® la cabeza levemente, como si estuviera disfrutando el momento. ¡ªEntr¨¦game tu coraz¨®n... y tu hija vivir¨¢. Sarah sinti¨® un escalofr¨ªo desgarrador al escuchar esas palabras. Observaba la escena con el coraz¨®n encogido, sus pu?os apretados hasta que sus u?as se clavaron en su piel. Su padre, el temible Rey Vampiro, estaba completamente a merced de aquella mujer. Lip baj¨® la cabeza. Sus pu?os temblaban de impotencia. Sab¨ªa que el poder de Domia superaba por mucho al suyo. No ten¨ªa otra alternativa. Con una voz apenas audible, pero cargada de resignaci¨®n, susurr¨®: ¡ªAcepto. Domia sonri¨®, satisfecha. ¡ªEres inteligente, Lip. As¨ª que este ser¨¢ nuestro trato... Pero Lip levant¨® la mano, interrumpi¨¦ndola. ¡ªEspera... deja que haga algo por ¨²ltima vez. La emperatriz entrecerr¨® los ojos, divertida. ¡ªHaz lo que quieras, pero que sea r¨¢pido. Lip reuni¨® sus ¨²ltimas fuerzas y se levant¨® con torpeza. Su cuerpo dol¨ªa, su energ¨ªa se desvanec¨ªa, pero en ese momento, nada importaba m¨¢s que ella. Sarah. Se acerc¨® a su peque?a hija, quien lo miraba con ojos llenos de terror e incredulidad. ¡ªPap¨¢... ?Qu¨¦ est¨¢s haciendo? ?No te rindas! ?T¨² eres fuerte! Lip sonri¨® con una tristeza infinita. Acarici¨® la mejilla de su hija con ternura, su pulgar limpi¨® una l¨¢grima que ya rodaba por su rostro infantil. ¡ªPerd¨®name, hija... este ser¨¢ mi ¨²ltimo abrazo para ti. Cu¨ªdate, Sarah. La ni?a sinti¨® c¨®mo su mundo se derrumbaba al sentir los brazos de su padre rode¨¢ndola con fuerza. Era un abrazo que quemaba, que se clavaba en su piel como un recuerdo eterno. Pero tambi¨¦n fue en ese instante que Lip cerr¨® los ojos y canaliz¨® su ¨²ltimo hechizo. Sell¨® los recuerdos de Sarah. El dolor recorri¨® su cuerpo como un torrente de espinas. Y luego, todo se volvi¨® oscuridad. Lip se tambale¨® y cay¨® inconsciente en el suelo. Sus subordinados, que hab¨ªan permanecido ocultos hasta ese momento, corrieron hacia ¨¦l con expresiones de horror. ¡ª?Mi se?or! ?Qu¨¦ ha hecho? Lip, con su ¨²ltima pizca de energ¨ªa, levant¨® la mirada hacia ellos. Su voz era apenas un susurro. ¡ªLleven a Sarah a su dormitorio... y esc¨²chenme bien. Los vampiros lo miraron con desesperaci¨®n. ¡ª?Qu¨¦ va a hacer, mi se?or? Lip cerr¨® los ojos por un momento, luego los abri¨® con una resoluci¨®n helada. ¡ªEsto es lo ¨²nico que puedo hacer para proteger a Sarah y a Muskar. Quiero que los cuiden. Que los protejan. Adi¨®s... Los subordinados abrieron los ojos con terror. ¡ª?No, mi se?or, por favor! Pero ya era tarde. Lip se acerc¨® a Domia, quien sonre¨ªa con una satisfacci¨®n siniestra. Ella alz¨® una mano y, con un movimiento delicado, atraves¨® su pecho con una garra de energ¨ªa negra. El grito de Lip se ahog¨® en su garganta cuando sinti¨® c¨®mo su coraz¨®n era arrancado de su cuerpo. Los subordinados rugieron con desesperaci¨®n. ¡ª?Mi se?or, noooooooooo! Domia sostuvo el coraz¨®n palpitante en su mano, observ¨¢ndolo con fascinaci¨®n. ¡ªVaya... eras un gran vampiro, Lip. Su sonrisa se ensanch¨® y sus ojos brillaron con un placer perverso. ¡ªTendr¨¢s que servirme... hasta que me canse de ti. Elev¨® su otra mano y murmur¨®: ¡ªResurrecci¨®n por Contrato. Un aura oscura cubri¨® el cad¨¢ver de Lip. Su cuerpo, antes inerte, comenz¨® a temblar. Sus ojos se abrieron lentamente, pero ya no brillaban con la misma vida de antes. Ahora eran pozos vac¨ªos de sumisi¨®n absoluta. Se levant¨® con rigidez y, con una voz mon¨®tona, dijo: ¡ªMi se?ora, es un placer servirle. Domia se cruz¨® de brazos y asinti¨® con satisfacci¨®n. ¡ªTu deber es custodiar este lugar y mantenerlo bajo mi control. Lip inclin¨® la cabeza. ¡ªEso har¨¦, mi se?ora. El recuerdo se desvaneci¨® en la mente de Sarah. Cuando regres¨® a la realidad, las l¨¢grimas ca¨ªan en cascada por su rostro. Un sollozo silencioso se ahog¨® en su garganta. Su padre... su verdadero padre... hab¨ªa sido asesinado y convertido en un esclavo de Domia. Eldric la observ¨® con gravedad. ¡ªEsa mujer es mucho peor de lo que imagin¨¦... Sarah cay¨® de rodillas, incapaz de contener la tormenta de emoci¨®n que la desgarraba. Su llanto llen¨® el aire como un eco de dolor ancestral. Su padre no era el monstruo que crey¨®... ¨¦l hab¨ªa dado todo por protegerla. Y ahora, su alma clamaba justicia. Sarah despert¨® y solt¨® un grito desgarrador, el grito de Sarah rasg¨® el aire como un lamento ancestral, cargado de dolor, furia y despertar. Su voz no solo reson¨® en el cielo del dominio de Eldric, sino que pareci¨® sacudir los cimientos mismos de la realidad. Una onda de energ¨ªa oscura brot¨® de su cuerpo, desatando un vendaval que arranc¨® las rocas del suelo y agit¨® el aire como si fuera un hurac¨¢n vivo. Raizel y Ryder, cada uno en su respectivo entrenamiento, se detuvieron al instante, sintiendo la vibraci¨®n de algo imposible de ignorar. ¡ª?Sarah! ¡ªexclam¨® Ryder, su instinto le gritaba que algo importante hab¨ªa ocurrido. Intent¨® moverse, pero antes de dar un paso, Eldric apareci¨® frente a ¨¦l, su semblante imperturbable. ¡ªNo te preocupes ¡ªdijo con voz firme¡ª. Ella estar¨¢ bien. Ryder frunci¨® el ce?o. ¡ª?C¨®mo puedes estar tan seguro? Ese grito... Eldric sonri¨® de medio lado. ¡ªPorque ha despertado como lo que realmente es. La Vampira Prodigiosa ha renacido. Ryder parpade¨®, confundido. ¡ª?Vampira Prodigiosa? ?Qu¨¦ es eso? Eldric mir¨® hacia el horizonte, donde la energ¨ªa de Sarah segu¨ªa vibrando como una tormenta incontrolable. ¡ªEs la verdadera forma de un vampiro. La evoluci¨®n m¨¢xima de su linaje. De vuelta con Sarah, la tierra tembl¨® cuando una explosi¨®n de energ¨ªa sacudi¨® el lugar. El polvo se alz¨® en una densa niebla, oscureciendo su silueta. Cuando la nube se disip¨®, la imagen de Sarah emergi¨® con una presencia imponente y majestuosa. Su vestimenta hab¨ªa cambiado. Ahora llevaba un atuendo elegante, digno de la realeza vamp¨ªrica, con detalles oscuros que reluc¨ªan con un brillo carmes¨ª. Su cabello, antes de un rosado p¨¢lido, ahora resplandec¨ªa con un tono m¨¢s intenso, como si la sangre misma lo hubiese te?ido. Sus ojos, m¨¢s afilados y profundos, brillaban con un fulgor que evocaba el amanecer de una nueva era. Eldric la observ¨® con una sonrisa aprobatoria. ¡ªAhora eres una aut¨¦ntica vampira. Sarah sinti¨® su propio cuerpo vibrar con una energ¨ªa desconocida. Su coraz¨®n lat¨ªa con un ritmo poderoso, distinto, como si cada fibra de su ser hubiera renacido. ¡ª?Qu¨¦ es todo esto...? ¡ªpregunt¨® con un tono que oscilaba entre el asombro y la confusi¨®n¡ª. ?Por qu¨¦ cambi¨¦? Eldric cruz¨® los brazos, observ¨¢ndola con solemnidad. ¡ªEse cambio se debe a que recuperaste tus recuerdos y, con ellos, la herencia de tu padre. Has evolucionado a tu verdadera forma. Este fue su ¨²ltimo regalo para ti. Sarah frunci¨® el ce?o. ¡ª?Regalo...? ¡ªsusurr¨®. ¡ªCuando Lip sell¨® tus recuerdos, tambi¨¦n transmiti¨® todo su poder a ti. Quer¨ªa protegerte de la ¨²nica forma en que pod¨ªa. Ahora, su fuerza, su esencia... su aura vive en ti. Tu padre nunca te abandon¨®, Sarah. Su legado corre por tus venas. Sarah sinti¨® un nudo en la garganta. Sus ojos, brillando con la intensidad de su nueva forma, se empa?aron con l¨¢grimas. Pero esta vez, no era tristeza lo que sent¨ªa, sino una mezcla de gratitud y determinaci¨®n. ¡ª¨¦l... ¨¦l vive en m¨ª... ¡ªmurmur¨®, cerrando los pu?os. Eldric asinti¨®. ¡ªY ahora, su poder tambi¨¦n es tuyo. Todo lo que fue Lip, su fuerza, su voluntad... ahora son parte de ti. Ser¨¢s capaz de usar su poder como propio. Sarah dej¨® escapar un suspiro tembloroso. Luego, su expresi¨®n cambi¨®. Sus l¨¢grimas se secaron al instante cuando la resoluci¨®n ilumin¨® su mirada. Ya no hab¨ªa duda. Ya no hab¨ªa temor. Apret¨® los pu?os y levant¨® la cabeza, con una postura erguida, majestuosa. ¡ªDomia... ¡ªsusurr¨® con una voz cargada de promesa. El aire a su alrededor vibr¨®. Su energ¨ªa se condens¨® como una tempestad a punto de desatarse. ¡ªJuro que acabar¨¦ con ella. No solo por m¨ª, sino por mi padre... por todo lo que destruy¨®. Esto terminar¨¢ con su ca¨ªda. Eldric sonri¨®, con una chispa de respeto en su mirada. ¡ªEntonces, Sarah... ha llegado la hora de que tomes tu lugar en la historia. La Vampira Prodigiosa hab¨ªa despertado. Y con ella, el destino de su linaje estaba por cambiar para siempre. Cap铆tulo 47: Ryder el Gran Esp铆ritu Elfo El entrenamiento hab¨ªa comenzado. Sarah, Ryder y Raizel se encontraban en el centro de un campo abierto, rodeados por el aura de Eldric. Sin previo aviso, su figura se desdobl¨® en tres formas id¨¦nticas, cada una irradiando un brillo diferente. Sus miradas se posaron en los tres aprendices y, sin necesidad de palabras, cada uno de ellos sinti¨® un tir¨®n invisible que los llamaba hacia su destino. Ryder fue el primero en moverse, atra¨ªdo por un Eldric cuya presencia era tan et¨¦rea como el aire antes de una tormenta. Un parpadeo deshizo la realidad y, cuando volvi¨® a abrir los ojos, se encontraba en un vasto desierto de arena blanca, tan pura que cegaba la vista. El sol colgaba inm¨®vil sobre el horizonte, como un centinela implacable. ¡ªEste es tu campo de entrenamiento ¡ªdijo Eldric, su voz resonando con la autoridad de un trueno lejano¡ª. La arena que ves aqu¨ª no es com¨²n. Es un mar de memorias olvidadas, cada grano es una historia, una vida que existi¨® y se desvaneci¨® en el tiempo. Ryder trag¨® saliva, sintiendo que cada paso que daba sobre la arena era como pisar la historia de incontables almas. Inspir¨® profundamente, y el aire, aunque ligero, se sinti¨® pesado con el peso de la eternidad. ¡ª?Qu¨¦ debo hacer? ¡ªpregunt¨®, su voz firme, pero con un leve temblor de expectativa. Eldric sonri¨® apenas y alz¨® una mano. De inmediato, una tempestad de arena se alz¨® como una criatura viviente, girando en espirales voraces. ¡ªDebes aprender a sentir el esp¨ªritu del viento ¡ªdijo, mientras la tormenta se desataba con furia¡ª. No basta con verlo ni con o¨ªrlo. Debes danzar con ¨¦l. Ryder cerr¨® los ojos y extendi¨® las manos. El viento le rugi¨® al o¨ªdo como un le¨®n enfurecido, azotando su piel con la caricia ardiente de la arena. Trat¨® de moverse, pero la tormenta lo arroj¨® de rodillas. ¡ªNo lo resistas ¡ªdijo Eldric con calma¡ª. Esc¨²chalo. Ryder respir¨® hondo. Sus cabellos se arremolinaron, y su coraz¨®n lati¨® en sincron¨ªa con el caos que lo rodeaba. Lentamente, comenz¨® a moverse, sus pies desliz¨¢ndose sobre la arena como hojas en un arroyo. El viento, que antes lo rechazaba, ahora lo rodeaba en un abrazo feroz, pero sin hostilidad. En ese instante, comprendi¨®. No era una prueba de resistencia, sino de armon¨ªa. La arena, el viento y ¨¦l deb¨ªan convertirse en uno. Y entonces, el desierto dej¨® de ser un enemigo. Se transform¨® en un susurro, un latido, un compa?ero que esperaba ser comprendido. Eldric asinti¨® con aprobaci¨®n. ¡ªBienvenido a la primera lecci¨®n, Ryder. Ahora, el verdadero entrenamiento comienza. Eldric observ¨® a Ryder con una expresi¨®n impenetrable, como si analizara cada part¨ªcula de su ser. El viento en el desierto de arena blanca se agit¨® con fuerza, danzando a su alrededor como si respondiera a una verdad inminente. ¡ªS¨¦ lo que eres, Ryder ¡ªdijo Eldric con voz firme¡ª. No solo eres un elfo, ni solo un esp¨ªritu. Eres ambos. Y eso te hace ¨²nico. Tienes la esencia de dos mundos fluyendo en tu sangre. Ryder baj¨® la cabeza por un momento. Sus pu?os se cerraron con fuerza, como si intentara contener un torrente de emociones. ¡ªEs cierto que tengo sangre de elfo y esp¨ªritu ¡ªdijo en un susurro que se perdi¨® por un instante en el viento¡ª. Pero esa mezcla nunca me trajo felicidad... Solo dolor. Eldric lo mir¨® en silencio, permiti¨¦ndole continuar. ¡ªMi madre es un esp¨ªritu. Mi padre, un elfo. Su amor fue condenado desde el principio. Cuando nac¨ª, mi existencia fue vista como un sacrilegio. Los elfos me odiaban. Los esp¨ªritus me despreciaban. No pertenec¨ªa a ninguno de sus mundos. Los ojos de Ryder se oscurecieron con la sombra de los recuerdos. ¡ªMi infancia fue un infierno ¡ªcontinu¨®, su voz temblando de furia contenida¡ª. Era un mestizo. Y los elfos odian a los mestizos. No importaba cu¨¢nto intentara encajar, siempre fui una aberraci¨®n para ellos. Los l¨ªderes elfos, aquellos que supuestamente protegen a su pueblo, decidieron que mi existencia era un error que deb¨ªa ser corregido. Su garganta se cerr¨® un instante antes de continuar. ¡ªIntentaron ejecutarme. El aire a su alrededor se volvi¨® m¨¢s denso, como si la misma naturaleza sintiera el peso de sus palabras. ¡ªMi madre y mi padre no pudieron protegerme. Sab¨ªan que no pod¨ªa vivir ni con los elfos ni con los esp¨ªritus. As¨ª que tomaron una decisi¨®n: me enviaron al Plano Espiritual. Un lugar donde otros como yo pod¨ªan encontrar refugio. Pero estaba lejos... demasiado lejos. Tan apartado que ni siquiera pod¨ªa verlos. Ryder alz¨® la vista hacia el cielo sin nubes. Sus ojos brillaban con un dolor antiguo, pero tambi¨¦n con un destello de esperanza. ¡ªPas¨¦ a?os en ese lugar, en soledad. No pod¨ªa ver a mis padres, solo recib¨ªa sus cartas. Letras entintadas con amor, pero vac¨ªas de presencias. Nunca m¨¢s pude abrazarlos. Nunca m¨¢s pude escuchar sus voces. Pero... s¨¦ que est¨¢n vivos. Lo siento en mi coraz¨®n. Mi v¨ªnculo con ellos es inmenso. Un silencio se extendi¨® entre ellos. Eldric cerr¨® los ojos por un instante, dejando que el viento arrastrara las palabras de Ryder hacia el infinito. Finalmente, Eldric avanz¨®, colocando una mano firme sobre el hombro de Ryder. Su toque era fuerte, pero tambi¨¦n reconfortante. Como un ¨¢rbol antiguo que ofrece sombra a un viajero cansado. ¡ªRyder ¡ªdijo con voz serena¡ª. Tu poder es mucho m¨¢s de lo que crees. Est¨¢ dormido, esperando el momento en que finalmente lo despiertes. Tu sangre es la herencia de dos de las razas m¨¢s poderosas de este mundo. Los elfos, con su conexi¨®n con la naturaleza, la magia y la sabidur¨ªa ancestral. Los esp¨ªritus, seres de misterio, capaces de desafiar las leyes mismas de la existencia. Ryder sinti¨® un escalofr¨ªo recorrer su espalda. ¡ªPero... ?y si nunca puedo despertarlo? Eldric sonri¨®, con la paciencia de alguien que ha visto incontables destinos entrelazarse. ¡ªTienes un potencial que ni siquiera los elfos ni los esp¨ªritus pueden comprender. Ellos te temieron, no porque fueras un error, sino porque eres algo que est¨¢ m¨¢s all¨¢ de su entendimiento. No te preocupes. Yo te ayudar¨¦. Y cuando tus habilidades despierten, el mundo sabr¨¢ que Ryder no es un error... sino una leyenda en ciernes. El viento sopl¨® con m¨¢s fuerza. Ryder sinti¨® su coraz¨®n latir con una nueva determinaci¨®n. La arena, antes inerte, comenz¨® a elevarse a su alrededor en suaves espirales, como si respondiera a una llama que se avivaba en su interior. Por primera vez en mucho tiempo, Ryder crey¨® que quiz¨¢... solo quiz¨¢, pod¨ªa cambiar su destino. Un estruendo sacudi¨® el aire, un rugido desgarrador que reson¨® en cada rinc¨®n del vasto territorio de Eldric. El viento se agit¨® en espirales ca¨®ticas, y la arena blanca pareci¨® vibrar bajo sus pies. Luego, el grito. Un grito poderoso, ancestral, colmado de una fuerza primigenia. Ryder sinti¨® que su coraz¨®n se deten¨ªa por un instante. Sus o¨ªdos reconocieron la voz al instante, una voz que hab¨ªa llegado a considerar como un pilar en su viaje. ¡ª?Sarah! ¡ªexclam¨®, gir¨¢ndose en direcci¨®n al sonido. Sus piernas se tensaron, listas para impulsarlo a la carrera¡ª. Algo le ha pasado, debo ir con ella. Sin embargo, cuando se preparaba para moverse, una mano firme se pos¨® en su hombro. Era Eldric. Su expresi¨®n permanec¨ªa serena, pero sus ojos reflejaban conocimiento y certeza. ¡ªNo te preocupes ¡ªdijo con voz imperturbable¡ª. Ella estar¨¢ bien. Ryder frunci¨® el ce?o, la urgencia en su pecho luchando contra las palabras de Eldric. ¡ª?C¨®mo puedes estar tan seguro? ¡ªpregunt¨®¡ª. Ese grito... nunca la hab¨ªa escuchado as¨ª. Eldric asinti¨® lentamente, su mirada perdi¨¦ndose moment¨¢neamente en la distancia. ¡ªPorque ha despertado como una aut¨¦ntica vampira. Ryder sinti¨® que el aire se volv¨ªa m¨¢s pesado a su alrededor. Sus pensamientos se arremolinaron en su mente como un torbellino descontrolado. ¡ª?Aut¨¦ntica vampira...? ¡ªmurmur¨®, apenas procesando lo que Eldric hab¨ªa dicho. ¡ªAs¨ª es. ¡ªEldric fij¨® su mirada en Ryder¡ª. Los vampiros poseen una verdadera forma, un estado al que pocos logran llegar. Ella lo ha conseguido. Ha evolucionado. Ha abrazado su esencia. El asombro inicial en los ojos de Ryder dio paso a algo m¨¢s. Una chispa. Inspiraci¨®n. ¡ªElla lo logr¨®... ¡ªsusurr¨®, apretando los pu?os. Su coraz¨®n lat¨ªa con renovado vigor¡ª. Si ella pudo hacerlo, entonces... Eldric esboz¨® una ligera sonrisa, percibiendo el cambio en su estudiante. ¡ªExactamente. Si ella lo logr¨®, ?por qu¨¦ t¨² no? ¡ªSu voz reson¨® con fuerza, como un trueno a la distancia¡ª. Ryder, has pasado mucho tiempo dudando de lo que eres. Pero es hora de que entiendas la verdad. Tu evoluci¨®n es inminente. Tu destino est¨¢ escrito en las mismas fuerzas que rigen este mundo. Ryder lo mir¨® fijamente. Sus ojos reflejaban determinaci¨®n, pero tambi¨¦n un brillo de curiosidad. ¡ª?Qu¨¦ quieres decir? Eldric cruz¨® los brazos y lo analiz¨® con detenimiento. ¡ªEres un Sylphir. Ryder sinti¨® un estremecimiento recorrer su cuerpo. Jam¨¢s hab¨ªa escuchado esa palabra antes, pero en lo m¨¢s profundo de su ser, sinti¨® que ten¨ªa sentido. ¡ª?Sylphir...? ¡ªrepiti¨®, tratando de asimilarlo. ¡ªAs¨ª se llaman los hijos de un esp¨ªritu y un elfo ¡ªexplic¨® Eldric¡ª. Es una raza extremadamente rara, tan rara que muchos creen que son s¨®lo un mito. Pero ahora entiendes por qu¨¦ has sido rechazado, ?no? No porque seas un error, sino porque eres algo que va m¨¢s all¨¢ de la comprensi¨®n de los dem¨¢s. Ryder cerr¨® los ojos por un instante. Todo encajaba. Su conexi¨®n con la naturaleza, su afinidad con lo et¨¦reo. Su sensaci¨®n constante de ser algo diferente, algo m¨¢s. ¡ªSiendo un Sylphir ¡ªcontinu¨® Eldric¡ª, posees dos habilidades ¨²nicas. Los humanos solo tienen una, pero t¨² eres distinto. Tu potencial es vasto, y ha permanecido dormido hasta ahora. Pero ha llegado el momento de despertarlo. Y para ello... te pondr¨¦ a prueba. Ryder alz¨® la cabeza. La duda se hab¨ªa disipado de su mirada. Ahora solo quedaba una certeza ardiente en su interior. You could be reading stolen content. Head to the original site for the genuine story. ¡ªEstoy listo ¡ªdeclar¨® con firmeza¡ª. No importa lo que tenga que hacer. No importa lo dif¨ªcil que sea. Voy a descubrir lo que soy capaz de lograr. Eldric asinti¨®, con una satisfacci¨®n silenciosa. ¡ªEntonces, demu¨¦stramelo. Revela tus habilidades y d¨¦jame ver de lo que est¨¢ hecho un verdadero Sylphir. El viento rugi¨® a su alrededor, como si el mismo mundo respondiera al desaf¨ªo. Y as¨ª, Ryder dio su primer paso hacia su verdadera evoluci¨®n. El viento rugi¨® como un lobo hambriento cuando Ryder se lanz¨® hacia Eldric. Sus piernas se impulsaron con una velocidad feroz, dejando tras de s¨ª una estela de arena blanca que se dispersaba en el aire como cenizas en una tormenta. Eldric lo esper¨® sin moverse, con una expresi¨®n estoica y desafiante. Sab¨ªa que Ryder ten¨ªa un gran poder oculto, pero tambi¨¦n sab¨ªa que ¨¦l mismo a¨²n no lo comprend¨ªa. Y hasta que lo hiciera, esta batalla ser¨ªa solo un calentamiento. Ryder alz¨® su pu?o, la energ¨ªa vibrando en su piel como un rel¨¢mpago a punto de desatarse. ¡ª?No me contendr¨¦! ¡ªgru?¨®, y descarg¨® un golpe directo al rostro de Eldric. Pero Eldric ni siquiera pesta?e¨®. Con un simple giro de su cuerpo, esquiv¨® el golpe de Ryder y coloc¨® su mano en el pecho del joven Sylphir. En un instante, Ryder sinti¨® un impacto brutal, como si una monta?a entera se hubiera derrumbado sobre ¨¦l. Sal¨® despedido por el aire, rodando varias veces sobre la arena antes de detenerse, con el aliento entrecortado. ¡ªDemasiado predecible ¡ªdijo Eldric, su tono calmado pero severo¡ª. Tienes velocidad, tienes fuerza, pero no tienes control. Te lanzas como una tempestad sin rumbo, y eso no te llevar¨¢ a la victoria. Ryder se levant¨® con los dientes apretados, limpi¨¢ndose la sangre del labio con el dorso de la mano. ¡ªEntonces, ?veremos si puedes predecir esto! ¡ªgrit¨®, y en un parpadeo, desapareci¨®. Eldric alz¨® una ceja. La arena a su alrededor se agit¨® con una energ¨ªa et¨¦rea. Ryder apareci¨® a su izquierda en una fracci¨®n de segundo y lanz¨® una patada giratoria. Eldric bloque¨® con su antebrazo, pero esta vez sinti¨® una presi¨®n diferente. ?El aire a su alrededor vibraba! Ryder volvi¨® a desaparecer y reapareci¨® detr¨¢s de ¨¦l, atacando con un c¨®digo de movimientos que flu¨ªa como el viento mismo. Cada golpe era m¨¢s r¨¢pido, m¨¢s preciso. La arena se elevaba con cada paso, creando una danza de polvos blancos que envolv¨ªa el campo de batalla en un torbellino de caos. Eldric sonri¨® levemente. ¡ª?Eso es! ¡ªexclam¨®, desviando un golpe de Ryder y respondiendo con una onda de energ¨ªa que hizo retroceder al joven. Ryder aterriz¨® de pie, respirando con fuerza, su pecho subiendo y bajando con rapidez. Pero sus ojos ahora brillaban con algo m¨¢s que determinaci¨®n. ¡ªPuedo sentirlo... ¡ªsusurr¨®. El aire respond¨ªa a sus movimientos, su cuerpo se sent¨ªa m¨¢s ligero, como si la misma brisa lo guiara. Eldric inclin¨® la cabeza. ¡ªFinalmente lo est¨¢s sintiendo. Pero a¨²n no basta. Se movi¨® como un destello. En un abrir y cerrar de ojos, estaba delante de Ryder. Sin dar tiempo para reaccionar, le golpe¨® el abdomen con la palma de la mano. Ryder sinti¨® una corriente de energ¨ªa recorrer su cuerpo como un torrente imparable. ?BOOM! El golpe lo lanz¨® de nuevo por los aires, pero esta vez, en lugar de estrellarse contra la arena, algo cambi¨®. El viento lo sostuvo. Ryder se detuvo en el aire, flotando por un instante. Sus ojos se abrieron con asombro. ¡ª?Qu¨¦...? Eldric cruz¨® los brazos y asinti¨® con aprobaci¨®n. ¡ªLo has despertado. Tu primera habilidad. Ryder descendi¨® suavemente, sus pies tocando la arena sin hundirse. El viento bailaba a su alrededor, como un aura invisible que respond¨ªa a su presencia. ¡ª?Qu¨¦ es esto...? ¡ªpregunt¨®, sintiendo la energ¨ªa recorrer su piel. ¡ªLa herencia de tu sangre espiritual ¡ªdijo Eldric con una leve sonrisa¡ª. Control sobre los vientos et¨¦reos. Ahora, solo queda despertar la segunda. Ryder apret¨® los pu?os, sintiendo una emoci¨®n indescriptible recorrer su ser. Hab¨ªa pasado toda su vida sinti¨¦ndose perdido, sin un camino claro, sin entender su verdadera naturaleza. Pero en ese momento, por primera vez, sinti¨® que se acercaba a la verdad. ¡ªEstoy listo para seguir ¡ªdeclar¨®, su voz firme como un vendaval dispuesto a arrasar todo a su paso. Eldric sonri¨® de manera casi imperceptible. ¡ªEntonces sigamos. A¨²n tienes mucho que aprender, Sylphir. Ryder respiraba con dificultad, el viento et¨¦reo danzando a su alrededor, envolvi¨¦ndolo en corrientes invisibles que vibraban como una melod¨ªa ancestral. Su coraz¨®n lat¨ªa con una mezcla de emoci¨®n y confusi¨®n. Sent¨ªa el poder fluir en su interior, pero la sensaci¨®n de incompletitud persist¨ªa, como si hubiera algo m¨¢s esperando ser descubierto. Eldric lo observ¨® en silencio antes de dar un paso adelante. Su voz reson¨® con firmeza y conocimiento. ¡ªEl control de los vientos et¨¦reos es solo una manifestaci¨®n de tu herencia como elfo. Pero no es tu verdadera habilidad. Ryder frunci¨® el ce?o, confundido. ¡ª?No lo es? Pens¨¦ que este poder era mi habilidad ¨²nica. Eldric neg¨® con la cabeza, su mirada penetrante como el filo de una espada antigua. ¡ªNo, Ryder. Esa habilidad es solo una variante. Tu verdadero don es mucho m¨¢s grande. Tu conexi¨®n con la naturaleza ahora es m¨¢s fuerte, pero a¨²n no has despertado el otro lado de tu linaje. Ryder sinti¨® un escalofr¨ªo recorrer su espalda. Sus pensamientos se arremolinaron como un torbellino. ¡ª?El otro lado...? ¡ªmurmur¨®. Eldric asinti¨®, con una chispa de orgullo en su mirada. ¡ªTienes el alma dividida entre dos mundos. Por un lado, eres elfo, dotado de una conexi¨®n inquebrantable con la naturaleza. Pero tambi¨¦n eres esp¨ªritu, una entidad que desaf¨ªa las leyes de la existencia. La fusi¨®n de estas dos esencias crea algo que pocos han visto antes: Espiritualidad ¨¦lfica. Las palabras de Eldric hicieron que Ryder sintiera un estremecimiento interno. Su sangre pareci¨® responder, como si las mismas fuerzas que lo compon¨ªan se agitaban ante la revelaci¨®n. ¡ªEspiritualidad ¨¦lfica... ¡ªrepiti¨® en voz baja, probando las palabras en su lengua como si fueran una llave para abrir un nuevo destino. Eldric sigui¨® con tono solemne. ¡ªEres ¨²nico, Ryder. Puedes combinar los dones de ambas razas. Tu potencial supera los l¨ªmites de los elfos y los esp¨ªritus por separado. Pero hay un obst¨¢culo antes de que puedas dominarlo por completo. Ryder alz¨® la vista, su respiraci¨®n entrecortada. ¡ª?Qu¨¦ debo hacer? ¡ªpregunt¨®, con la determinaci¨®n iluminando su mirada. Eldric se cruz¨® de brazos, su silueta proyectando una sombra imponente sobre la arena blanca. ¡ªDebes evolucionar a Gran Esp¨ªritu Elfo. Pero para hacerlo, tendr¨¢s que enfrentar las esencias de ambas razas dentro de ti y fusionarte con ellas. Solo as¨ª alcanzar¨¢s tu verdadera forma. Ryder sinti¨® su garganta secarse. Sus pu?os se cerraron con fuerza. ¡ª?Enfrentarlas? ?Qu¨¦ significa eso? Eldric hizo un gesto con la mano, y una energ¨ªa dorada empez¨® a fluir desde su palma, envolviendo a Ryder con una presi¨®n sofocante. ¡ªSeparar¨¦ tu alma en dos. Una parte seguir¨¢ siendo t¨², pero la otra tomar¨¢ la forma de las esencias de los elfos y los esp¨ªritus. Los ojos de Ryder se abrieron de par en par. El aire alrededor de ¨¦l vibr¨® como si el mismo mundo estuviera reaccionando a las palabras de Eldric. ¡ª?Quieres dividir mi alma? ¡ªpregunt¨® con incredulidad. ¡ªNo solo dividirla ¡ªcorrigi¨® Eldric¡ª. Separarla y luego hacerte enfrentarlas. Solo fusion¨¢ndote con ambas podr¨¢s despertar tu verdadero ser. Si fallas... quedar¨¢s atrapado entre dos mundos, sin forma ni identidad. Ryder trag¨® saliva. El miedo intent¨® abrirse paso en su pecho, pero lo sofoc¨® con una inspiraci¨®n profunda. Hab¨ªa llegado demasiado lejos para retroceder ahora. ¡ªSi ese es el precio para descubrir qui¨¦n soy en verdad... entonces lo har¨¦. Estoy listo. Eldric sonri¨® levemente y levant¨® ambas manos. El aire a su alrededor se volvi¨® pesado, cargado de una energ¨ªa que hac¨ªa crujir el espacio mismo. ¡ªEntonces prep¨¢rate, Ryder. Este ser¨¢ el mayor desaf¨ªo de tu vida. Un resplandor cegador envolvi¨® el campo de batalla, y Ryder sinti¨® que su propia existencia se desgarraba en dos. La prueba final hab¨ªa comenzado. El aire se volvi¨® denso, pesado, cargado con una energ¨ªa antigua e insondable. Frente a Ryder se ergu¨ªa una figura imponente: la esencia espiritual ¨¦lfica. Su presencia emanaba una majestuosidad indomable, una luz et¨¦rea que parpadeaba como si el mism¨ªsimo cosmos la habitara. Eldric observ¨® a ambos con gravedad y habl¨® con una voz que reson¨® en el vasto espacio et¨¦reo donde se desarrollaba el encuentro. ¡ªAhora est¨¢s ante tu verdadero linaje, Ryder. Ha llegado el momento de enfrentarlo. Ryder apret¨® los pu?os y se puso en guardia, sus ojos ardiendo con determinaci¨®n. Pero antes de que pudiera moverse, la esencia espiritual alz¨® la voz. ¡ªAs¨ª que eres un mestizo ¡ªdijo con un tono inquisitivo y severo¡ª. Un hijo de dos mundos que pretende reclamar tanto el poder de los elfos como el de los esp¨ªritus. Pero dime, ?Qu¨¦ te hace digno de portar nuestra bendici¨®n? Debo comprobar si realmente eres merecedor de la verdadera esencia espiritual ¨¦lfica. Ryder frunci¨® el ce?o, listo para responder con acciones en lugar de palabras. Sin embargo, en el momento en que intent¨® moverse, su cuerpo se neg¨® a obedecer. Un escalofr¨ªo recorri¨® su espina dorsal. No pod¨ªa mover ni un solo m¨²sculo. Sus brazos, sus piernas... incluso su respiraci¨®n se volv¨ªa err¨¢tica. Eldric frunci¨® el ce?o y dio un paso adelante. ¡ª?Qu¨¦ est¨¢ pasando? ¡ªpregunt¨® con preocupaci¨®n palpable. Incluso la esencia espiritual ¨¦lfica pareci¨® confundida. ¡ª?Por qu¨¦ no te mueves, mestizo? ?Demuestra tu val¨ªa! Pero Ryder no respondi¨®. Su mirada se vaci¨®, sus p¨¢rpados temblaron por un breve instante y, de repente, su cuerpo se desplom¨® al suelo sin vida. El tiempo pareci¨® detenerse. Eldric sinti¨® un golpe de fr¨ªo recorrerle el pecho, como si una sombra oscura le hubiese arrebatado el aire. ¡ªNo... ¡ªsusurr¨®. Corri¨® hasta donde yac¨ªa Ryder y se inclin¨® sobre ¨¦l. Su piel estaba p¨¢lida, su pecho inm¨®vil. El brillo de su alma hab¨ªa desaparecido. La esencia espiritual ¨¦lfica tambi¨¦n se acerc¨®, su rostro antes imperturbable ahora reflejaba asombro y angustia. ¡ªEsto no es posible... ?No puede estar muerto! ¡ªsu voz vibr¨® como un eco en el vac¨ªo. Eldric cerr¨® los ojos con dolor. ¡ªEsto es mi culpa... ¡ªsu voz se quebr¨®¡ª. Yo lo divid¨ª. Yo separ¨¦ su alma en dos. No consider¨¦ el riesgo. Fui demasiado arrogante... La esencia espiritual ¨¦lfica neg¨® con la cabeza, su energ¨ªa titilando de manera err¨¢tica. ¡ªNo. Esto no fue tu culpa. Fue la m¨ªa... ¡ªmurmur¨® con un tono lleno de arrepentimiento¡ª. Bloque¨¦ todo control sobre sus habilidades porque quer¨ªa ponerlo a prueba. No pens¨¦ que... ¡ªhizo una pausa, su silueta vibrando con pesar¡ª. No pens¨¦ que su existencia dependiera del equilibrio entre ambas partes. Eldric apret¨® los dientes. Sus manos temblaron mientras observaba a Ryder, incapaz de aceptar la realidad. Pero entonces, un susurro imperceptible surgi¨® de la nada. Un destello leve, un eco de energ¨ªa... Y algo cambi¨® en el aire. ¡ªNo est¨¢ completamente perdido... ¡ªsusurr¨® la esencia espiritual ¨¦lfica, con renovada determinaci¨®n¡ª. Pero debemos actuar r¨¢pido. ?A¨²n podemos traerlo de vuelta! Eldric alz¨® la vista con renovada esperanza. ¡ªEntonces hag¨¢moslo. Antes de que sea demasiado tarde. El aire vibraba con una energ¨ªa antigua y solemne. Eldric observaba en silencio c¨®mo la esencia espiritual ¨¦lfica se arrodillaba junto al cuerpo inerte de Ryder. Su resplandor et¨¦reo temblaba, como si el peso de un millar de a?os la aplastara. ¡ªRyder muri¨® por mi culpa... ¡ªsusurr¨® la esencia, su voz impregnada de arrepentimiento¡ª. Pero no lo dejar¨¦ as¨ª. Lo traer¨¦ de vuelta. Las palabras flotaron en el viento, cargadas de una determinaci¨®n absoluta. La esencia espiritual ¨¦lfica cerr¨® los ojos por un momento, dejando que sus memorias lo inundaran. ¡ªEste ser¨¢ mi regalo para ¨¦l... por haberlo abandonado cuando era joven. Por ser la peor esencia, incapaz de darle el poder que siempre mereci¨®. Eldric apret¨® los pu?os. La esencia espiritual continu¨®, su resplandor torn¨¢ndose m¨¢s intenso. ¡ªLo llam¨¦ mestizo... lo menospreci¨¦, lo puse a prueba. Pero no... ?No es un mestizo! Es un Sylphir, el primero en siglos. Ahora comprendo el dolor que le hice pasar. Pero ya no m¨¢s. Un remolino de energ¨ªa dorada y verde envolvi¨® a Ryder, haciendo que la arena a su alrededor se elevara como si el propio mundo estuviera reaccionando. ¡ªTe otorgar¨¦ todo mi poder, Ryder ¡ªsusurr¨® la esencia¡ª. Y con ello, todo lo que eres destinado a ser. Y sin m¨¢s, la esencia espiritual ¨¦lfica se fusion¨® con Ryder. Un destello cegador ilumin¨® el cielo, y Eldric dio un paso adelante, cubri¨¦ndose los ojos con el brazo. ¡ª?Regresa, Ryder! ¡ªbram¨®¡ª. ?No puedes abandonar a tus amigos! El cuerpo de Ryder permaneci¨® inm¨®vil por unos instantes eternos... hasta que sus dedos se movieron. Un jadeo ahogado escap¨® de sus labios, y sus p¨¢rpados se abrieron. Sus ojos estaban nublados por la confusi¨®n. ¡ª?Qu¨¦... me pas¨®? ¡ªpregunt¨®, con voz ronca. Antes de que Eldric pudiera responder, un c¨ªrculo de luz emergi¨® del suelo, rodeando a Ryder con un resplandor que vibraba entre el verde de los elfos y el rojo de los esp¨ªritus. ¡ª?Eldric, ?Qu¨¦ est¨¢ pasando?! ¡ªexclam¨®. Dentro del c¨ªrculo, Ryder se encontr¨® de nuevo con la esencia espiritual ¨¦lfica. Esta vez, su presencia no era desafiante, sino compasiva. ¡ªPerd¨®name, Ryder... ¡ªsusurr¨® la esencia¡ª. Si tan solo te hubiera entregado mi poder cuando eras un ni?o, no habr¨ªas sufrido tanto. Ryder avanz¨® lentamente hacia ¨¦l, sus pasos firmes, su expresi¨®n tranquila. ¡ªNo te culpo por lo que viv¨ª ¡ªdijo con suavidad¡ª. En ese momento, aunque hubiera tenido todo este poder, no me habr¨ªa salvado de la discriminaci¨®n de los elfos. Me habr¨ªa convertido en un ser a¨²n m¨¢s odiado. La esencia espiritual ¨¦lfica lo mir¨® con asombro. ¡ªLo entiendo ahora ¡ªcontinu¨® Ryder¡ª. No se trata del poder, sino de qui¨¦n soy. Y ahora lo acepto. Usar¨¦ este don para el bien. La esencia espiritual tembl¨®, emocionada por las palabras de Ryder. Una sonrisa et¨¦rea se form¨® en su rostro. ¡ªAntes de partir, d¨¦jame darte un ¨²ltimo regalo... Extendiendo los brazos, se acerc¨® a Ryder y lo abraz¨®. ¡ªAl fusionarnos, desaparecer¨¦. Pero no temas. Siempre he sido parte de ti. Ahora, t¨² eres el portador de nuestro linaje. En ese instante, la verdadera evoluci¨®n comenz¨®. Fuera del c¨ªrculo, Eldric observ¨® con asombro c¨®mo el resplandor aumentaba. El viento rugi¨®, la tierra vibr¨® y la energ¨ªa espiritual se elev¨® como una aurora m¨ªstica. El c¨ªrculo de luz explot¨® en un destello cegador. Cuando la energ¨ªa se disip¨®, una figura emergi¨® de entre la bruma. Era Ryder. Pero ya no era el mismo. Su vestimenta hab¨ªa cambiado, confeccionada con telas celestiales que parec¨ªan fluir como el viento mismo. Su cabello, ahora largo y verde como las hojas en primavera, ca¨ªa con elegancia. Sus ojos hab¨ªan adquirido dos colores: uno rojo ardiente y el otro verde profundo, reflejando el equilibrio entre sus dos linajes. Un aura de poder puro lo rodeaba, verde y roja, oscilando en armon¨ªa perfecta. Eldric avanz¨®, con una sonrisa de orgullo en el rostro. ¡ªVeo que lograste evolucionar a Gran Esp¨ªritu Elfo ¡ªdijo con un tono satisfecho. Ryder flexion¨® sus manos, sintiendo la energ¨ªa recorrer su cuerpo con una fluidez natural. Su voz sali¨® firme, llena de certeza. ¡ªAs¨ª es. Ahora soy aut¨¦ntico. Este poder... ahora ser¨¢ para ayudar a los dem¨¢s. Eldric asinti¨®. ¡ªEsa es la actitud. Pero por ahora, has hecho suficiente. ?Ve a descansar! Ma?ana continuaremos con el entrenamiento. Puedes quedarte en los hoteles de la ciudad. Ryder cerr¨® los ojos por un instante y asinti¨® con una sonrisa. ¡ªGracias, Eldric. El viento sopl¨® con suavidad a su alrededor, como si el mundo mismo lo reconociera. El camino de Ryder como Gran Esp¨ªritu Elfo apenas comenzaba. Cap铆tulo 48: Las Alas de un è°©ngel Han pasado tres meses desde que Biel y sus amigos entraron a la dimensi¨®n de entrenamiento de Aine. En estos 110 d¨ªas, todos han experimentado un crecimiento exponencial, refinando sus habilidades hasta alcanzar nuevos niveles de poder. Sarah, tras innumerables pruebas, alcanz¨® la forma verdadera de los vampiros, una aut¨¦ntica vampira, con colmillos afilados como dagas y una presencia que emanaba una oscura majestuosidad. Ryder, por su parte, evolucion¨® a un Gran Esp¨ªritu Elfo, su aura irradiando una luz serena y poderosa, digna de su nueva condici¨®n. Xantle y Easton, bajo la tutela de Varael, hab¨ªan llevado sus habilidades a un nuevo nivel: Easton dominaba la Magia Glaciar con una precisi¨®n que pod¨ªa sellar un campo entero en un instante, mientras que Xantle, con su Magia Astreo, pod¨ªa manipular la luz y las estrellas para crear ataques de una belleza destructiva. Acalia y Gaudel, entrenando con Sylas, tambi¨¦n hab¨ªan progresado significativamente, sus t¨¦cnicas se hab¨ªan pulido hasta un grado temible. Mientras tanto, Biel, Yumi y Charlotte continuaban su arduo entrenamiento con Aine, quien empujaba sus l¨ªmites hasta el extremo. Sin embargo, entre todos ellos, hab¨ªa alguien que no pod¨ªa avanzar de la misma manera. Raizel. A pesar de su entrenamiento con Eldric y el esfuerzo que pon¨ªa en cada sesi¨®n, su poder segu¨ªa latente, sin manifestarse a voluntad. Su habilidad solo despertaba en momentos de peligro extremo o cuando intentaba proteger a alguien. Era como si su fuerza estuviera sellada tras una barrera invisible, esperando el momento correcto para liberarse. Raizel se encontraba en el centro de un claro rodeado por pilares de roca. El aire vibraba con la energ¨ªa de la dimensi¨®n, un mundo et¨¦reo donde los vientos danzaban como espectros y la luz se doblaba en formas extra?as. Eldric la observaba con los brazos cruzados, su mirada era severa, pero en sus ojos brillaba la paciencia de un maestro que espera el despertar de su alumna. ¡ªOtra vez ¡ªorden¨® Eldric con voz firme. Raizel apret¨® los pu?os. Sus alas angelicales temblaban, apenas siendo m¨¢s que un reflejo trasl¨²cido a su espalda. Inspir¨® profundo y cerr¨® los ojos, tratando de conectar con la energ¨ªa de su ser. Sintiendo el flujo que hab¨ªa sentido antes, ese destello que aparec¨ªa cuando alguien estaba en peligro. Pero no pasaba nada. ¡ªNo puedo¡­ ¡ªsusurr¨®, con la frustraci¨®n agolp¨¢ndose en su pecho. ¡ªNo puedes porque te est¨¢s aferrando al miedo ¡ªrespond¨® Eldric. Camin¨® hacia ella y la mir¨® directamente a los ojos¡ª. No al miedo de fallar, sino al miedo de no ser suficiente. Raizel baj¨® la mirada, sus alas se desvanecieron en una brisa c¨¢lida. ¡ªSiempre ha sido as¨ª¡­ solo cuando alguien m¨¢s est¨¢ en peligro¡­ es la ¨²nica forma en la que puedo¡­ ¡ªEntonces, dime ¡ªEldric hizo un adem¨¢n con la mano y la dimensi¨®n cambi¨®. La arena se estremeci¨® bajo sus pies y, de la nada, una criatura de sombras emergi¨® rugiendo. Sus ojos eran pozos vac¨ªos de oscuridad, su cuerpo una amalgama de espectros entrelazados en un espiral de caos¡ª. ?Qu¨¦ har¨¢s si no hay nadie que proteger? ?Qu¨¦ har¨¢s si la ¨²nica en peligro eres t¨²? Raizel sinti¨® un escalofr¨ªo recorrer su espalda. Nunca se hab¨ªa planteado esa pregunta. La criatura avanz¨®, su presencia era sofocante. Cada fibra de su ser gritaba que huyera, pero sus piernas no respond¨ªan. ¡ªTu poder no es solo para proteger a otros ¡ªcontinu¨® Eldric¡ª. Es tambi¨¦n para protegerte a ti misma. La criatura lanz¨® un zarpazo directo hacia ella. En el ¨²ltimo instante, su cuerpo reaccion¨® por instinto y una barrera de luz apareci¨® frente a ella, dispersando el ataque como un cristal reflejando el sol. Raizel jade¨®. ¡ªS¨ª puedes ¡ªEldric sonri¨® levemente¡ª. Solo necesitas recordar que t¨² tambi¨¦n mereces ser protegida. Raizel observ¨® sus propias manos, temblorosas pero firmes. Algo dentro de ella se agit¨®, como el latido de un coraz¨®n al borde del despertar. Quiz¨¢, solo quiz¨¢, su momento estaba por llegar. Raizel se qued¨® inm¨®vil, atrapada en los recuerdos de aquel enfrentamiento. La imagen de su hermano Rizeler la atormentaba, cada instante grabado en su mente como un eco inquebrantable. Aquel d¨ªa, luch¨® con todo lo que ten¨ªa para ayudar a Biel a escapar. Y en ese preciso instante, cuando su cuerpo ya no pod¨ªa m¨¢s, algo despert¨® dentro de ella. Un poder que nunca antes hab¨ªa sentido, un destello que se encendi¨® en su ser como un fuego divino. Pero luego... desapareci¨®. Rizeler se hab¨ªa rendido, no porque la compasi¨®n la hubiera vencido, sino porque hab¨ªa visto algo en su hermana, algo que Raizel misma se negaba a aceptar. Pero ella lo llamaba suerte. ?C¨®mo pod¨ªa haberla superado si despu¨¦s de ese momento nunca m¨¢s pudo recuperar esa fuerza? ?Acaso los ¨¢ngeles son bendecidos solo una vez? ?Quiz¨¢s ella no era digna de ese poder? Sus alas, que alguna vez hab¨ªan sido s¨ªmbolo de gracia y poder, ahora le parec¨ªan pesadas, como si cargaran una culpa invisible. Se llev¨® una mano al pecho, sintiendo su propio latido err¨¢tico. Rizeler no perdi¨® sus bendiciones, ¨¦l segu¨ªa fuerte, incluso m¨¢s que antes. Serv¨ªa a Yael, la Reina y Diosa de los Esp¨ªritus, como un guardi¨¢n. Pero ella¡­ ¡ªTal vez no soy un ¨¢ngel de verdad ¡ªmurmur¨®, su voz casi apagada por el viento de la dimensi¨®n. Eldric, que hab¨ªa permanecido en silencio, se acerc¨® con pasos serenos, sus ojos brillaban con una sabidur¨ªa inhumana. ¡ªYo tambi¨¦n vi lo que vio tu hermano ¡ªdijo con una voz profunda y calmada. Raizel levant¨® la cabeza, sorprendida. Sus ojos reflejaban confusi¨®n y un atisbo de esperanza. ¡ª?Qu¨¦ viste? ¡ªpregunt¨®, con un hilo de duda en su voz. Eldric la mir¨® fijamente, como si pudiera ver a trav¨¦s de su alma. ¡ªPuedo ver recuerdos, Raizel. Y lo que vi en ti... es algo impresionante. Algo que no pertenece ni al cielo ni al infierno. Algo ¨²nico. ¡ªHizo una pausa, permitiendo que sus palabras calaran en su mente¡ª. En esa batalla, tu luz no solo se encendi¨®¡­ resplandeci¨® con una intensidad que pocos pueden alcanzar. Rizeler lo vio. Y por eso se rindi¨®. No porque lo hubieras superado, sino porque entendi¨® que hab¨ªas alcanzado algo que ¨¦l jam¨¢s podr¨ªa tocar. Raizel sinti¨® un nudo en la garganta. Su mente se aferraba a su duda, a su miedo, pero su coraz¨®n lat¨ªa con furia, como si su alma gritara por salir de aquella jaula de incertidumbre. ¡ªNo¡­ no puede ser ¡ªneg¨® con un susurro, apartando la mirada¡ª. Si eso fuera cierto, ?por qu¨¦ no puedo volver a hacerlo? ?Por qu¨¦ me siento tan... vac¨ªa? Eldric sonri¨® apenas, con una paciencia infinita. Se agach¨® frente a ella y apoy¨® una mano sobre su hombro. ¡ªPorque temes. No al poder en s¨ª, sino a lo que significa para ti. Crees que las bendiciones te han abandonado porque dejaste atr¨¢s tu hogar, porque elegiste otro camino. Pero dime, Raizel¡­ ¡ªse inclin¨® ligeramente, asegur¨¢ndose de que lo mirara a los ojos¡ª, ?las estrellas dejan de brillar solo porque una nube las cubre? Raizel sinti¨® un escalofr¨ªo recorrer su espalda. Su cuerpo reaccionaba antes que su mente. Un destello de algo olvidado ardi¨® en su pecho. ¡ªYo¡­ ¡ªsus labios temblaron. ¡ªEse poder sigue dentro de ti. No es una bendici¨®n que pueda ser revocada ni un milagro ef¨ªmero. Es parte de lo que eres. Rizeler obtuvo su fuerza sirviendo a Yael, pero t¨²¡­ t¨² debes decidir qu¨¦ har¨¢s con la tuya. Nadie puede hacerlo por ti. ¡ªEldric se incorpor¨® lentamente¡ª. ?Seguir¨¢s dudando? ?O permitir¨¢s que tus alas se desplieguen de nuevo? Raizel cerr¨® los ojos. Por primera vez en mucho tiempo, su alma no se sinti¨® pesada. Hab¨ªa algo dentro de ella, latiendo con fuerza, esperando¡­ esperando el momento en que finalmente se atreviera a volar. ¡ªLa naturaleza de los ¨¢ngeles es impresionante y, a la vez, temible para otras razas ¡ªmurmur¨® Eldric, con la mirada fija en Raizel. Raizel cerr¨® los ojos. Inspir¨® profundamente, dejando que el aire llenara sus pulmones como si intentara absorber la esencia misma del universo. Sus pensamientos se entrelazaban en un torbellino de dudas y memorias fragmentadas. Sab¨ªa que hab¨ªa perdido algo, algo esencial, pero nunca tuvo el valor de buscarlo. Ahora, deb¨ªa hacerlo. Un escalofr¨ªo recorri¨® su piel cuando los recuerdos comenzaron a emerger como un r¨ªo desbordado. Vio luces doradas flotando en el firmamento, voces mel¨®dicas que cantaban en una lengua olvidada, y en el centro de todo¡­ un coloso de ra¨ªces y ramas que parec¨ªan sostener el cosmos mismo: el ¨¢rbol del Mundo. Era m¨¢s que un simple ¨¢rbol. Era el n¨²cleo de su raza, el origen de cada ¨¢ngel, el hilo que conectaba su existencia con la eternidad. En cada hoja danzante, en cada flor luminosa, estaban impresos los recuerdos de su linaje. Pero ella¡­ lo hab¨ªa olvidado. No porque se lo hubieran arrebatado, sino porque ella misma hab¨ªa cerrado los ojos a su verdad. ¡ªNo eres una sombra, Raizel ¡ªsusurr¨® Eldric, su voz filtr¨¢ndose entre sus pensamientos¡ª. No eres una imagen distorsionada de lo que fuiste. Lo que eres sigue dentro de ti, esperando a que lo aceptes. Raizel tembl¨®. En su mente, vio su reflejo en las aguas cristalinas del ¨¢rbol del Mundo. Pero lo que observ¨® no era la imagen de un ¨¢ngel, sino la de un ser sin alas, sin brillo, sin luz. ¡ªNo¡­ ¡ªsusurr¨®, sintiendo un nudo en la garganta¡ª. Esto no puede ser real¡­ yo¡­ yo me desconect¨¦. El suelo bajo sus pies cruji¨® como vidrio quebr¨¢ndose. El mundo a su alrededor se desmoronaba en fragmentos de recuerdos, en ecos de un pasado que se negaba a desaparecer. Su familia, su hogar, la calidez de un tiempo donde nunca dud¨® de qui¨¦n era¡­ ahora todo se sent¨ªa lejano, inalcanzable. ¡ªYo¡­ no soy un ¨¢ngel de verdad ¡ªmurmur¨® con una voz temblorosa¡ª. Perd¨ª mi camino¡­ perd¨ª mi esencia. Un viento furioso recorri¨® su mente, alzando hojas doradas que flotaban en un vac¨ªo infinito. Pero entre ellas, un susurro reson¨®, c¨¢lido y firme. ¡ªRaizel¡­ ¡ªEldric la llamaba, pero su voz no ven¨ªa del presente, sino desde lo m¨¢s profundo de su ser¡ª. M¨ªrate bien. No a trav¨¦s de los ojos de la duda, sino a trav¨¦s de los ojos de quien realmente eres. Raizel apret¨® los dientes. No quer¨ªa mirar. No quer¨ªa aceptar lo que ya hab¨ªa asumido: que las bendiciones la hab¨ªan abandonado, que ya no pertenec¨ªa a ning¨²n lugar. Pero, en el fondo, un destello de resistencia ard¨ªa en su interior. Temblorosa, se oblig¨® a abrir los ojos. Y all¨ª, reflej¨¢ndose en el agua cristalina, no vio una sombra¡­ no vio un vac¨ªo. This text was taken from Royal Road. Help the author by reading the original version there. Vio unas alas. Eran tenues, casi trasl¨²cidas, pero estaban ah¨ª. Palpitaban con una luz tenue, fr¨¢gil pero viva. Su coraz¨®n se aceler¨®. ¡ªSiguen ah¨ª¡­ ¡ªsusurr¨® con incredulidad. ¡ªNunca te abandonaron ¡ªafirm¨® Eldric¡ª. T¨² fuiste quien se apart¨® de ellas. Pero eso no significa que no puedas regresar. Las l¨¢grimas rodaron por su rostro. Todo este tiempo, crey¨® que su esencia la hab¨ªa dejado atr¨¢s. Pero la verdad era que ella misma hab¨ªa sellado su propia luz, ahogada en la desesperanza. ¡ªPuedo¡­ puedo volver, ?verdad? ¡ªpregunt¨®, su voz entrecortada. Eldric sonri¨® levemente y extendi¨® una mano. ¡ªNo necesitas volver a ning¨²n lado, Raizel. Siempre has estado aqu¨ª. Solo tienes que aceptarlo. Y con esas palabras, la luz en su interior comenz¨® a despertar. En el plano espiritual, Rizeler permanec¨ªa de pie sobre una colina dorada, observando el cielo con una expresi¨®n serena pero llena de anhelo. Sus ojos reflejaban las estrellas danzantes, pero su mente estaba en otro lugar, en otra persona. ¡ªHermana¡­ ¡ªsusurr¨®, dejando que el viento llevara sus palabras m¨¢s all¨¢ del horizonte¡ª. Las bendiciones nunca te abandonaron. Lo s¨¦ porque cuando luchamos aquel d¨ªa, tus alas brillaron diferente. No fue solo un destello de poder, fue algo m¨¢s¡­ algo ¨²nico. En ese momento, supe que eras mucho m¨¢s especial de lo que crees. Tu esencia es distinta a la de cualquier otro ¨¢ngel. El viento silb¨® a su alrededor como si respondiera a su llamado. Rizeler cerr¨® los ojos por un momento, sintiendo la energ¨ªa del plano espiritual fluir a trav¨¦s de ¨¦l. ¡ªS¨¦ que alg¨²n d¨ªa llegar¨¢ el momento en que abrir¨¢s tus alas y entender¨¢s que todo es posible. Mientras tanto, en la dimensi¨®n de entrenamiento, Raizel sinti¨® algo en su interior vibrar como el eco de una melod¨ªa lejana. Sus ojos reflejaban una nueva comprensi¨®n. Hab¨ªa pasado tanto tiempo lament¨¢ndose, atrapada en sus propias dudas, que no se hab¨ªa dado cuenta de que la respuesta siempre hab¨ªa estado dentro de ella. Eldric la observaba con una leve sonrisa. ¡ªEs hora de que rompas las cadenas, Raizel ¡ªdijo con voz firme¡ª. Deja salir el poder que duerme en ti. Mira a tu alrededor¡­ Sarah y Ryder lo lograron, ambos despertaron sus poderes dormidos porque aceptaron su verdadera naturaleza. Creyeron en s¨ª mismos y tomaron la decisi¨®n de evolucionar. Raizel levant¨® la vista, su respiraci¨®n agitada. Las palabras de Eldric pesaban en su alma, pero no como una carga¡­ sino como un llamado. ¡ªYo creo en ti, porque he visto con mis propios ojos c¨®mo todos han decidido volverse m¨¢s fuertes para proteger. Raizel apret¨® los pu?os. Su coraz¨®n lat¨ªa con m¨¢s fuerza. ¡ªH¨¢zte m¨¢s fuerte, Raizel. No solo por ti, sino para proteger a quienes amas¡­ a la persona que m¨¢s quieres. La ¨²ltima frase de Eldric la golpe¨® como un trueno. Su mente se inund¨® con un recuerdo v¨ªvido. Biel. Aquel d¨ªa en el plano espiritual, cuando estaba siendo atacada¡­ Biel la protegi¨®. Sin dudar, sin titubear, se interpuso entre ella y el peligro. Su coraz¨®n se estremeci¨®. ¡ªPara proteger¡­ debo ser m¨¢s fuerte ¡ªmurmur¨®. La imagen de Biel permanec¨ªa en su mente. Su determinaci¨®n, su valent¨ªa, su luz inquebrantable. ¡ªPara proteger a Biel, debo ser capaz de regresar a mis ra¨ªces y evolucionar. Las palabras resonaron en su alma, como un fuego que despertaba tras siglos de letargo. Sus alas temblaron, pero esta vez no de miedo, sino de expectativa. Eldric dio un paso al frente, su mirada m¨¢s intensa que nunca. ¡ªRecuerda todo lo que has pasado en estos tres meses. Todo lo que intentaste para volverte m¨¢s fuerte. Cada ca¨ªda, cada herida, cada momento en el que sentiste que no era suficiente¡­ Raizel sinti¨® una punzada en el pecho. Record¨® los d¨ªas de entrenamiento interminable, la frustraci¨®n de no poder avanzar, la desesperanza que la carcom¨ªa en las noches silenciosas. ¡ªHiciste todo lo posible para hacerte m¨¢s fuerte ¡ªcontinu¨® Eldric¡ª, pero fracasaste. Raizel cerr¨® los ojos. S¨ª, hab¨ªa fallado incontables veces. Pero¡­ ¡ªNo temas, porque el fracaso tambi¨¦n es un maestro ¡ªagreg¨® Eldric¡ª. Nos ense?a a no cometer los mismos errores, nos obliga a mirar dentro de nosotros mismos y nos recuerda que la grandeza no se alcanza sin sacrificio. Raizel abri¨® los ojos de golpe. En ese instante, lo entendi¨®. Todas esas ca¨ªdas, todos esos intentos fallidos¡­ no fueron en vano. Cada uno de ellos la hab¨ªa llevado hasta este momento. ¡ªMira en tu alma y recuerda qui¨¦n eres en realidad. Sus alas comenzaron a brillar. Peque?os destellos dorados se esparcieron a su alrededor, iluminando el aire con una luz c¨¢lida y pura. Raizel sinti¨® un alivio indescriptible, como si finalmente hubiera encontrado la llave que hab¨ªa estado buscando todo este tiempo. Todo lo que pas¨® fue duro, pero ahora¡­ ahora ten¨ªa la respuesta. En el Umbral de los Dioses, un lugar donde las estrellas parec¨ªan suspendidas en un oc¨¦ano et¨¦reo de energ¨ªa divina, las deidades debat¨ªan con intensidad. La ¨²ltima vez que hab¨ªan observado al grupo de Biel fue cuando cruzaron aquella dimensi¨®n, y desde entonces, hab¨ªan transcurrido seis d¨ªas sin se?ales de ellos. Para los dioses, seis d¨ªas eran un instante fugaz, pero la incertidumbre los inquietaba. Vaelthar, el Dios del Destino, tambi¨¦n conocido como el Tejedor del Destino permanec¨ªa sereno, sin la menor preocupaci¨®n. Ignoraba por completo que Biel y sus aliados hab¨ªan ingresado en una dimensi¨®n de entrenamiento, y su despreocupaci¨®n contrastaba con el inter¨¦s del resto de los dioses. ¡ªLos humanos¡­ no los entiendo ¡ªresopl¨® Solaryon, el Dios de la Luz, cruzando los brazos con gesto de desd¨¦n¡ª. Pelean entre ellos, usan a los dem¨¢s y luego tienen el descaro de jactarse de ser los mejores. Esa arrogancia es lo que hace que pierdan su luz. Nyxaris, la Diosa de las Sombras, sonri¨® bajo su manto de penumbra y replic¨® con voz calmada: ¡ªBuen punto, Solaryon, pero entre las sombras tambi¨¦n hay humanos que tratan de hacer lo correcto. No todos est¨¢n condenados al ego¨ªsmo. Algunos iluminan la oscuridad con su voluntad. Thalgron, el Dios de la Guerra, solt¨® una carcajada atronadora, apoyando su lanza en el suelo del Umbral. ¡ª?Y qu¨¦ m¨¢s da si se matan entre ellos o si pierden su luz? Para m¨ª es un espect¨¢culo digno de ver. La guerra es su esencia, y yo disfruto vi¨¦ndolos caer y levantarse solo para volver a destruirse. Arselturin, el Dios de la Muerte, observ¨® la conversaci¨®n con sus ojos vac¨ªos, su voz resonando como un eco de ultratumba: ¡ªLa muerte llega a todos, sean buenos o malos. Es un destino inevitable. Pueden pelear, pueden redimirse, pero al final, todos terminar¨¢n en mis dominios. Elaris, la Diosa de la Vida, suspir¨® con pesar. Su voz, aunque dulce, llevaba consigo el peso de una verdad irrefutable. ¡ªLa vida es valiosa, pero los humanos suelen olvidar que solo tienen una. Son la ¨²nica raza que teme a la muerte y, sin embargo, se apresuran a encontrarla. Chronasis, el Dios del Tiempo, cuyo conocimiento trascend¨ªa el pasado y el futuro, entrelaz¨® los dedos con calma. ¡ªHe observado innumerables l¨ªneas temporales¡­ y en ninguna los humanos cambian. Siguen cometiendo los mismos errores, atrapados en un ciclo eterno de destrucci¨®n. Son la raza con m¨¢s muertes y, parad¨®jicamente, la que menos tiempo de vida tiene. Los dioses continuaban su discusi¨®n, hasta que una voz diferente se alz¨® entre ellos. Era Orivax, el Dios de la Sabidur¨ªa. Sus ojos, como esferas de un universo en miniatura, reflejaban un conocimiento insondable. ¡ªEn este mismo momento ¡ªanunci¨®¡ª, est¨¢ naciendo alguien sorprendente¡­ alguien que superar¨¢ a todas las razas. Los dioses guardaron silencio, sus miradas clavadas en Orivax. ¡ªSi bien aquel humano llamado Biel ya posee un poder que lo hace digno de ser considerado un dios ¡ªcontinu¨®¡ª, en este instante, otro ser est¨¢ evolucionando. Y con ello, sobrepasar¨¢ a las razas que conocemos. ¡ªBiel es un humano interesante ¡ªmurmur¨® Sylvaran, el Dios de la Naturaleza, con la mirada perdida en las constelaciones¡ª. Posee el poder de un Rey Demonio y el Fragmento del Infinito¡­ es un caso ¨²nico en la historia. Veyrith, el Dios del Caos, sonri¨® con un brillo malicioso en sus ojos. ¡ªSi hablamos de alguien que puede superar a todas las razas¡­ entonces nos referimos a los ¨¢ngeles. ?O me equivoco? Arselturin, quien rara vez se interesaba en estas conversaciones, asinti¨® con un leve movimiento de cabeza. ¡ªEs cierto. La raza de los ¨¢ngeles siempre ha sido prodigiosa y formidable. Su existencia misma est¨¢ entrelazada con la divinidad. ¡ªEntonces¡­ ¡ªintervino Xaltheron, el Dios del Vac¨ªo, cuya voz era como un susurro del infinito¡ª, ?estamos presenciando el nacimiento de un nuevo Arc¨¢ngel? La declaraci¨®n sacudi¨® el Umbral de los Dioses. Los dioses intercambiaron miradas, comprendiendo el significado de aquellas palabras. Un nuevo Arc¨¢ngel¡­ un ser con el poder de desafiar a los mismos dioses¡­ estaba a punto de despertar. En lo m¨¢s profundo de su subconsciente, Raizel flotaba en un oc¨¦ano de luz dorada, suspendida en la vastedad de su propia alma. A su alrededor, sus pensamientos y memorias danzaban como estrellas errantes, ecos de un pasado que poco a poco iba recordando. De repente, una presencia c¨¢lida y familiar la envolvi¨®. Frente a ella, radiante como la aurora, apareci¨® una mujer de belleza et¨¦rea. Sus alas, tan inmensas como el cielo mismo, parec¨ªan estar hechas de luz pura, y su mirada era un reflejo infinito de amor y sabidur¨ªa. Raizel la reconoci¨® al instante, aunque su voz se quebr¨® en incredulidad. ¡ªMadre¡­ ?Eres t¨²? ¡ªsusurr¨® Raizel, sintiendo su coraz¨®n latir con fuerza. La figura sonri¨® con dulzura y extendi¨® una mano hacia ella. Su voz reson¨® como una melod¨ªa celestial, envolviendo todo el espacio con una calidez indescriptible. ¡ªHija m¨ªa, nunca te he abandonado¡­ ni tampoco las bendiciones que te otorgu¨¦. Cada bendici¨®n duerme en lo m¨¢s profundo de tu ser, esperando el d¨ªa en que decidas despertarlas. Raizel sinti¨® un nudo en la garganta. Su pecho se comprimi¨® con la emoci¨®n de escuchar aquellas palabras. Durante tanto tiempo pens¨® que su madre la hab¨ªa olvidado, que hab¨ªa sido desterrada de su linaje. Pero ahora¡­ ¡ªNunca te fuiste ¡ªcontinu¨® Cam¨ª¡ª. Y nunca te odi¨¦. Siempre te he amado, porque eres mi hija. Eres parte de mi esencia, y m¨¢s que eso, eres ¨²nica. A diferencia de los dem¨¢s ¨¢ngeles, tu poder, aunque a¨²n duerme, tiene un potencial ilimitado. Raizel sinti¨® que sus l¨¢grimas ca¨ªan, pero no eran de tristeza, sino de alivio. ¡ªEntonces¡­ ¡ªmurmur¨®, con un nuevo fuego encendi¨¦ndose en su interior¡ª. ?Todav¨ªa pertenezco a nuestra raza? ?A los ¨¢ngeles? Cam¨ª acarici¨® su rostro con ternura, y su sonrisa se ensanch¨® con orgullo. ¡ªPerteneces a la raza m¨¢s fuerte que existe en este mundo. Raizel repiti¨® esas palabras en su mente, como si cada s¨ªlaba fuera una chispa que iluminaba su oscuridad. ¡ªLa raza m¨¢s fuerte de este mundo¡­ En ese instante, su visi¨®n se inund¨® con im¨¢genes de su pasado. Cada recuerdo, cada batalla, cada l¨¢grima y cada sonrisa desfil¨® ante sus ojos con una claridad abrumadora. Vio a Biel protegi¨¦ndola, a Ryder y Sarah luchando por su evoluci¨®n, a Eldric creyendo en ella. Vio la grandeza de los ¨¢ngeles, su legado, su prop¨®sito. Y en ese momento, comprendi¨®. Sus ojos se abrieron de golpe. ¡ªAcepto todo lo que me dijiste, madre. El espacio que la rodeaba explot¨® en un estallido de luz divina. Su alma ardi¨® como una estrella en llamas, y su cuerpo fue envuelto por un resplandor dorado que ilumin¨® la dimensi¨®n entera. Su esencia tembl¨®, sus c¨¦lulas vibraron con un poder puro, y su transformaci¨®n comenz¨®. Su espalda ardi¨® con un calor celestial, y lo imposible ocurri¨®. No dos¡­ sino cuatro alas se desplegaron con majestuosa grandeza. Eran imponentes, brillaban como el amanecer mismo, y cada pluma parec¨ªa contener la luz de un mill¨®n de estrellas. Un destello cegador ilumin¨® el lugar, sacudiendo la dimensi¨®n con su energ¨ªa inconmensurable. Eldric, que hab¨ªa observado el proceso en completo silencio, entrecerr¨® los ojos ante la intensidad de la transformaci¨®n. Cuando la luz finalmente disminuy¨®, contempl¨® con asombro a la nueva Raizel. Su ropa blanca resplandec¨ªa con intensidad, como si estuviera hecha de seda celestial tejida con la luz de los cielos. Su cabello, ahora m¨¢s largo y suelto, adquiri¨® un brillo sobrenatural que parec¨ªa reflejar los destellos del cosmos. Y sus ojos¡­ eran la joya de su renacimiento. Brillaban con un fulgor c¨®smico, como si dentro de ellos se ocultara la inmensidad del universo mismo. Eldric, con voz grave y solemne, pronunci¨® las palabras que sellaron su evoluci¨®n: ¡ªEsta¡­ es la forma final de los ¨¢ngeles. La forma de un Arc¨¢ngel. Raizel baj¨® la mirada hacia sus manos, sintiendo la energ¨ªa recorrer su cuerpo como r¨ªos de luz inagotable. Una sensaci¨®n c¨¢lida la llen¨® por completo¡­ la certeza de que, despu¨¦s de tanto tiempo, finalmente se hab¨ªa encontrado a s¨ª misma. ¡ªAhora entiendo¡­ ¡ªsusurr¨®, flexionando sus nuevas alas¡ª. Todo este tiempo, no hab¨ªa perdido mis bendiciones. Simplemente, no estaba lista para recibirlas. Eldric sonri¨® con aprobaci¨®n. ¡ªHas recuperado el orgullo de tu raza, Raizel. Y tus alas son la prueba de que has cambiado. No solo en poder¡­ sino en esp¨ªritu. Raizel levant¨® la mirada con determinaci¨®n. Por primera vez en mucho tiempo, se sinti¨® completa. Se sinti¨® fuerte. Se sinti¨®¡­ un ¨¢ngel de verdad. Y el mundo, a partir de ese momento, conocer¨ªa el poder de un nuevo Arc¨¢ngel. El aire vibraba con una energ¨ªa divina. Raizel, ahora transformada, sent¨ªa cada c¨¦lula de su cuerpo cargada de un poder que jam¨¢s hab¨ªa experimentado. Sus cuatro alas se extend¨ªan majestuosas, irradiando una luz tan pura que el suelo bajo sus pies parec¨ªa reflejar un fragmento del cielo mismo. Eldric la observaba con una mezcla de admiraci¨®n y orgullo. Hab¨ªa visto muchas almas evolucionar, pero ninguna como la de ella. Con una leve sonrisa, cruz¨® los brazos y dijo: ¡ªAhora que has encontrado tus alas, ?a qui¨¦n vas a proteger primero? Raizel baj¨® la mirada hacia sus manos, sintiendo la energ¨ªa pulsar en su interior como una tormenta contenida. No necesit¨® pensarlo demasiado. ¡ªA aquellos que siempre han estado a mi lado ¡ªsusurr¨® con convicci¨®n¡ª. A quienes nunca dejaron de creer en m¨ª, incluso cuando yo misma lo hice. El viento agit¨® su cabello oscuro, ahora resplandeciente con reflejos estelares. En su mente, una imagen clara se form¨®: Biel. Record¨® sus ojos decididos, su determinaci¨®n inquebrantable y la manera en que, sin dudarlo, la protegi¨® cuando m¨¢s lo necesitaba. Su coraz¨®n se aceler¨® levemente. ¡ªBiel¡­ Yumi, Charlotte, Ryder, Sarah, todos¡­ ¡ªmurmur¨® para s¨ª misma, sintiendo el peso de la distancia que los separaba¡ª. Han pasado tres meses, pero ya no soy la misma. No volver¨¦ con dudas ni debilidades. Esta vez, estar¨¦ a su lado no solo como una aliada¡­ sino como alguien que puede protegerlos. Eldric asinti¨®, percibiendo la firmeza en su voz. ¡ªEntonces no demores m¨¢s, Arc¨¢ngel. El mundo no se detiene, y tu destino te espera. Raizel respir¨® hondo, sintiendo el aire llenarle los pulmones como si por primera vez estuviera verdaderamente viva. Extendi¨® sus cuatro alas con determinaci¨®n, y en un solo batir, el cielo se parti¨® con su resplandor. Era hora de reunirse con los suyos. Era hora de volver a casa.