Capítulo 503
La herida en el cuello de Morgan no había sido tratada y sangre había te?ido el cor de su camisa
negra de un color más oscuro; costra de sangre se había formado, destacándose en su piel ra.
su ni
Cira apretó losbios.
Por supuesto que sabía qué le habría hecho él. Como el único hijo de familia Vega, desde peque?o
hasta ese momento, Morgan probablemente nunca había tenido ni siquiera un rasgu?o. Ahora que e
le había hecho sangrar, aparte del Grupo Nube Celeste y su familia, gente a su alrededor,o
Luis, quien los había pa?ado al hospital, sería el primero en encargarse de e.
Pero, un momento…
No, él había sido herido varias veces.
Una vez fue en el bosque, cuando sostenía, no pudo esquivar el palo de un aldeano que le golpeó
en espalda; otra vez, durante una inspión en el pueblo, fue apu?do en el abdomen por un
secuaz de Joaquín, pero afortunadamente e lo salvó a tiempo, evitando que recibiera el segundo
golpe..
Qué coincidencia, ambas veces estaban rcionadas con e.
Cira no dijo nada, y Morgan aprovechó oportunidad para abraza y apoyar su barbi en el
hombro.
Suavizó voz,o si estuviera intentando cons. -Cari?o, olvidemos todo esto. Olvida lo
sucedido, volvamos a sero antes, ?de acuerdo?
Después de unos segundos, Cira murmuró en su hombro: -De acuerdo.
Morgan giró cabeza para mira, estudiando su expresión mientras se preguntaba si realmente
había aceptado.
Cira dijo: -Me quedaré en el hospital esta noche cuidando a mamá. Tú vuelve solo a casa. Morgan
acarició suavemente su espalda con mano y dijo en voz baja: -Después de un vuelo tanrgo, ?no
estás cansada? Ven conmigo a casa hoy, y otro día te pa?aré a ve. No te preocup
los médicos cuidarán bien.
Cira se soltó de su abrazo y dijo tercamente: -No estoy cansada. Me quedaré en el hospital hoy.
Esta vez,
le tocó a Morgan quedarse cado. Al ver eso, un rastro de bu apareció en los ojos de Cira. -?No
está permitido? -se rio fríamente y preguntó–?No dijiste que querías que volviéramos a sero
antes? Antes, cuando cuidaba a mi mamá en el hospital, tú no te oponías, incluso me traías ropa,
flores yida. Ni limitabas mi libertad,o mucho me mandabas mensajes o me mabas. ?Por
qué ahora no está permitido?
E se apoyó en puerta del coche y continuó, con una bu más evidente en su tono de voz:-Dijiste
que querías que volviéramos a sero antes, pero eres tú quien no quiere hacerlo.
–Si te dejo en el hospital con tu madre, temo que antes de ma?ana, podrías desaparecer de ciudad
de Sherón con e. Ahora que tienes a Gerardo, ya no necesitas tanto a mi equipo médico. ?Crees
que realmente no sé lo que estás pensando? -respondió Morgan con indiferencia.
Inconscientemente, Cira levantósisuras de losbios, pero no pudo reír en absoluto. -Si, ambos
sabemos lo que estamos pensando el uno del otro, entonces, ?para qué volver a sero antes?
Se?or Vega, ?no crees que eso es ridículo?
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Erao si un papel en nco manchado con tinta y arrugado en una b, nunca pudiera volver a
ser liso y ncoo antes sin importar lo que intentaran.
No había máquina del tiempo en el mundo, ni un elixir del arrepentimiento. Cada uno debia asumirs
consecuencias y el precio de sus propias iones.
-Además, al amenazarte conmigo misma, no estoy apostando por mi lugar en tu corazón, sino más
bien por el valor que te dan el libro de cuentas s pbras de Cira erano cuchillos sin filo,
perforando una y otra vez su piel y carne, hasta el alma-. Mi papá murió
ya, y mi mamá está temporalmente inconsciente, soy tu única pista por ahora, asi que ro
que quieres que esté viva. De lo contrario, ?dónde encontrarías el libro de cuentas?
En ese momento, Morgan sintióo si hubiera una nube de ira revoloteando en sus pulmones. Se
esforzó por contener el impulso de toser y apretó losbios con fuerza, pero retener respiración sólo
le provocaba dolor ens costis.
Con un golpe sordo…
Morgan
rgan se subió al coche y, al mismo tiempo, cerró puerta de un portazo; su aura era tan fríao una
monta?a nevada