Capítulo 690
Capítulo 690
Antonio, y deja de reir
Maneni se sentia incómoda con su risa, y mordia subio en una mez de verguenza y enojo.
Lejos de detenerse, Antonto parecia divertirse aún más y su risa resonaba cada vez más fuerte en
habitación, haciendo que hasta el pecho bajos palmas de Marisol vibrara sutilmente.
Frustrada, Marisol se volted para no tener que mirarlo.
Por el rabillo del ojo, vio que finalmente ha dejado de reir. Estiró el brazo para tomar su celr de
cómoda. La panta brillo intensamente en oscuridad, y vio cómo buscaba en agenda a una
mujer mada “Cercy“.
Al escuchar el tono de mada, Marisol quiso voltearse, no quería escuchar ni una pbra.
Pero Antonio no le permitió moverse, sujetó su hombro para detene y activó el altavoz del teléfono.
Una voz femenina con un tono alegre se extendió a través de línea: “H, Dr. Antonio, ?hay algo
que necesite?”
Antonio fue al grano: “Se?orita Cercy, el otro día me llevaste en tu carro al campo, ?qué hicimos?”
?Hay algún problema, Dr. Antonio?” preguntó mujer, confundida. “?No fue el director del hospital
quien te pidió ayuda para operar a mi padre del corazón? El está muy mayorcito de edad y su salud es
delicado,o no puede separarse del respirador artificial, temíamos que pudiera haber
“La noche en que me duchaba, se?orita Cercy tomó una mada en mi lugar?”
“Si! Lo siento mucho, fue culpa de mi hijo peque?o, el muy travieso volcó su caja de pinturas sobre ti.
Por suerte no te molestó y te limpiaste un poco en habitación del hospital. Todavía me siento muy
mal por eso!”
“No te preocupes. Lamento mole a esta hora, jhasta luego!”
Después de colgar, Antonio guardó su celr y le levantó una ceja a Marisol. “?Escuchaste todo
ro?”
El teléfono había estado en altavoz, y Marisol había escuchado cada pbra ramente. E había
pensado que…
Resultó que otra mujer era un familiar de un paciente. El nudo de preocupación en su corazón se
disolvió de repente, haciénd sentir ligera y hasta sonreír sin darse cuenta.
Sin embargo, todavía quería actuar con fuerza y murmuró con desdén, “?No quería saber de todas
formas!” Sin embargo, todavía quería actuar con fuerza yn
La esquina de losbios de Antonio se curvó estrecha y atrajo hacia su pecho con facilid
arriba; había estado de buen humor todo el tiempo. La cama era abrazándo si fuera un
peluche, sus piernas rodeaban y su
palma acariciaba su cabeza con un sentido de propiedad satisfactorio.
Marisol intentaba zafarse de su gran mano, siempre se sentíao si estuviera acariciandoo a
una mascota, cuando de repente escuchó su voz baja y profunda en su oído, “Marisol, hoy estoy muy
contento.”
“?Contento de qué?” preguntó Marisol, deteniendo sus movimientos.
“Laida que hizo tu tía Pe estaba deliciosa,” dijo Antonio pensativo.
Marisol soltó una risita y preguntó con diversión, “?Te sientes feliz después de unaida casera que
te costó más de un millón, Antonio, estás loco?”
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Antonio no respondió, solo esbozó una sonrisa en oscuridad.
Comparado considas en Familia Pinales, donde su hermano Hazel siempre contrataba a
chefs de alta gama que preparaban tillos de cinco estres, él prefería estasidas caseras
sencis.
Quizás era consciente de su estatuso hijo ilegítimo y falta de cercanía con Valentino lo que le
hacía sentir que nunca podría encajar realmente en Familia Pinales. En cambio, aquí se sentía
cómodo y experimentaba esa calidez ordinaria que solo una familiaún podía ofrecer. Desde
muerte de su madre, hacía tiempo que no sentía algo así. Justo cuando Marisol iba a levantar
cabeza, fue besada repentinamente por él.
12-22
E luchó ligeramente, emitiendo sonidos de protesta que sonaban especialmente intimos en el
silencio de noche. El beso de Antonio fue repentino e intenso, tan inesperado que e no pudo
defenderse.
Aunque ya estábamos en los albores del oto?o ys noches eran frescas, habitación seguía
caliente. Los dospartían una manta y estaban tan cerca que e no podía ignorar el aroma y el
calor masculino de su cuerpo.
Sin darse cuenta, él ya estaba sobre e.
Antonio susur cerca de su oido, “?Es bueno el aimiento acústico de casa?”
“No mucho!” Marisol respondió cons mejis rojas, su voz tan tenueo de un mosquito,
“?Puedes oír a mi tío Jordi roncar, verdad?”
Al oir eso, Antonio frunció el ce?o en oscuridad, “Sí, se escucha muy ro.”
A través de puerta, los ronquidos de tío Jordi en el salón se hacían particrmente evidentes
cuando dejaban de har, casio si estuvieran justo a sudo.
“?Ay!” Antonio dejó escapar un suspiro entre susbios.
Marisol, al oír ese suspirorgo y resignado, aunque no podía verlo ramente en oscuridad, podía
imaginar su expresión de frustración y deseo. Se rio maliciosamente por dentro.
Pero al siguiente segundo, él le sujetó barbi, “Entonces, ?prepárate para aguantar!”
Antes de que Marisol pudiera reionar, susbios fueron sedos de nuevo.
Los botones de su pijama caían uno tras otro, su respiración se volvía caótica, solo quedaban los
susurros de una atmósfera íntima…
Cuando abrió los ojos al día siguiente, ya era de día afuera y no había nadie a sudo. S en
habitación, su mirada se posó en el cesto de basura lleno de bs de papel higiénico.
Marisol se sonrojó al recordar noche anterior.
?Qué hombre! Siempre pensando en eso, incluso con los mayores en casa, se atrevió a ser tan
desenfrenado.
Se puso el pijama y salió a buscar ens habitaciones; casa estaba en silencio. Después de una
ducha rápida, se cambió de ropa y escuchó ruidos en entrada.
Tía Pe y su familia, junto con figura erguida de Antonio, regresaban de afuera, llevando consigo
desayuno caliente. “?Te has despertado?” Antonio le levantó una ceja con pereza.
Marisol lo miró a él y luego a tía Pe, y preguntó confundida, “?A dónde han ido tan temprano?”
Tía Pe, llevando el desayuno, le respondió casualmente mientras ordenaba a su esposo que
preparara mesa, “?A dónde más podríamos ir? Llevé a Antonio a ver a tus padres.”
“…” Marisol se quedó perpleja.
?A ver a sus padres?
Tragó saliva, sorprendida y confundida, mirando hacia Antonio.
Antonio estaba ayudando a tía Pe a llevar tos y cubiertos desde cocina, miránd de reojo con
una sonrisa, “?Por qué me miras? Tranqu, no he dicho nada malo de ti frente a tus padres.”
Marisol lenzó una mirada desaprobadora, pero en su corazón se sentía tan cálida y suaveo si
estuviera llena dé algodón.