Capítulo 685
Capítulo 685
En una des ss del piso trasero del hospital, Marisol se sentaba en un banco, esperando en
silencio
El edificio solo tenia dos ntas y, aunque se le maba hospital, en realidad era más bien una clínica
ampliada. Solo había una ventana al final del pasillo, lo que lo hacía vero un lugar oscuro, al igual
que el asunto que Marisol estaba manejando.
Desde que llegó por ma?ana y se puso en f,s personas en el banco habían ido disminuyendo.
Ahora, además de e, solo quedaba otro hombre, vestido con ropa desgastada y de aspecto joven y
poco educado.
Marisol apretabas manos sobre sus rodis, y en su interior no podía esconder el miedo que sentía.
De repente, una puerta se abrió y salió un hombre con bata nca que no tenía aspecto de médico.
Llevaba mascari y se?ndo con hoja que sostenía en su mano, dijo: “La siguiente!”
“?Ahora?” Marisol se levantó con dudas.
“Si, cámblese, operación será inmediata“, dijo el médico con rapidez.
Marisol cerró los dientes: “Entendido!”
Tomó una profunda respiración y caminó hacia habitación, sintiendo tensión y miedo por lo que
vendría, tanto que podía sentir cómo sus piernas y dedos se entumecían patinamente.
El teléfono en su bolsillo empezó a sonar de repente, y hasta su respiración tembló con el tono.
Miró panta que mostraba “Antonio Patán“.
Después de dos segundos de lucha interna, decidió no contestar.
Incluso si hubiera sido él quien mó noche anterior, Marisol sabía que no podría pedirle dinero. E
era consciente del tipo de matrimonio en el que estaba: un acuerdo en el que ambas partes obtenían
beneficios,
un acu tenía su orgullo y no quería mezr el dinero en esto.
El médico en puerta yaenzaba a impacientarse, así que rápidamente guardó su teléfono y se
apresuró
hacia él.
Al acostarse en austera cami de operaciones, bajo luz directa, Marisol titubeó: “Doctor, ?ya no
puedo arrepentirme?”
“?ro que no! Ya firmó el contrato y operación está porenzar. Mientras más pronto termine
más pronto podrá recibir su dinero. Se?orita, no se preocupe, gente puede vivir perfectamente sin
un ri?ón“, dijo el médico, poniéndose los guantes rápidamente y dando órdenes a enfermera, “Hay
más gente esperando, rápido, póngale anestesia!”
Marisol abrió boca, queriendo decir algo más, pero sintió un dolor súbito en cintura.
La aguja pró su piel, una sensación fría se esparció por su cuerpo. Resignada, cerró los ojos.
“Bang!”
La anestesia apenas ha entrado a mitad cuando un estruendo resonó.
La puerta del quirófano fue derribada desde afuera, y tanto el médicoo enfermera se
sobresaltaron, mostrando pánico en sus rostros.
Esto era un negocio del mercado negro, y a excepción delprador de órganos, el resto del personal
eran cómplices. Nadie debería irrumpir de esa manera,
Marisol, en medio del caos, abrió los ojos y vio una figura imponente entrar por puerta. Llevaba ropa
casual de color gris carbón, con un cuerpo atlético, hombros anchos y piernasrgas, y su rostro firme
y angr estaba iluminado por luz del quirófano, emitiendo una aura intimidante.
Al reconocer esos ojos encantadores, e murmuró incréd: “?Antonio…?”
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Cátel ordenó Antonio con severidad.
El médico, recuperandopostura, se adntó y advirtió en voz alta: “?Quien eres tú? ?Qué
haces aquí? Esto es un quirófano, sal de inmediato, estamos a punto deenzar una operación!”
Atrévete a opera y verás lo que te pasará!” dijo Antonio con voz fría y prante.
El médico retrocedió un paso, intimidado por amenazante presencia de Antonio,o si supiera
que si se atrevía a tocar un ri?ón de Marisol, Antonio le quitaría los dos suyos.
La tensión en s alcanzó su punto más alto.
Sin más, Antonio se inclinó, levantó a Marisol de cami y dijo: “Vienes conmigo!”
El médico y enfermera quisieron intervenir, pero al encontrarse con su mirada fría y cortante, se
detuvieron, mirándose entre sí sin atreverse a avanzar.
Al salir de habitación, Antonio notó que e solo llevaba bata de hospital, con los pies desnudos y
encogidos fuera de e. Abrió puerta de una habitación vacía y lenzó ropa que había recogido:
“Ponte ropa!*
Marisol se mordia elbio, mirándolo desconcertada.
“?Quieres que te ayude a vestirte?” preguntó Antonio con un tono siniestro.
*… Puedo hacerlo s, Marisol negó con cabeza, extendiendo mano para tomar ropa.
Aunque ya habíaenzado con anestesia, solo había sido aplicada a medias y el efecto no había
tomado total fuerza. Aparte de sentir sus piernas algo débiles, estaba bastante bien y podía vestirse
por sí misma, aunque sus movimientos eran lentos.
Después de mucho esfuerzo, finalmente estuvo lista y levantó vista hacia imponente figura que
estaba en puerta.
Después de baja de cami, Antonio se dio vuelta y caminó con pasos firmes hasta puerta,
se paró dedo casi bloqueando toda luz de entrada y encendió un cigarrillo, dándole unas
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cdas fuertes y severas. A través del humo, miraba fijamente con una frialdad igual o peor que
que había mostrado ante el médico y enfermera.
Marisol entrzó sus manos, queriendo preguntarle cómo había llegado hasta allí.
Pero luego pensó y rápidamente supuso que debió haber sido su prima Sayna quien le informó. Desde
Costa de Rosa hasta aquí en carro se tardaba al menos dos horas; para encontra tan rápido y
aparecer justo a tiempo para detener su cirugía, ?seguramente había vdo por autopista!
Mientras pensaba cómo iniciar conversación, voz grave y amenazante de él se adntó.
“Marisol, ?acaso te entró agua en cabeza cuando te caíste algo?”
Antonio rechinaba los dientes desde distancia, porque si se acercaba demasiado, temía que no
podría contenerse y terminaría estrangulánd. “?Tienes idea de que si llego un momento más tarde,
ya no tendrías un ri?ón?”
La imagen de e acostada en mesa de operaciones todavía lo enfurecía;s venas de su mano
resaltaban, sus nudillos crujían y el cigarrillo ya estaba astado.
Había salido de ciudad anteanoche, y al intentar ma por teléfono, o estaba apagado o no
contestaba. Al regresar al día siguiente por tarde y después de atender asuntos en el hospital, al
caer noche, aunque su corazón estaba turbado porque descubrió que e había tomado
anticonceptivos de emergencia sin su conocimiento, no pudo evitar ir en su busca.
Inesperadamente, e no había vuelto a casa esa noche.
Como un tonto, esperó toda noche sin ve regresar.
Apenas se sentó en el carro después de cerrar puerta, recibió una mada frenética de su prima,
quien le
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dijo entre pánico que Marisol iba a vender su ri?ón. Colgó el teléfono y aceleró a fondo, atravesando
autopista a máxima velocidad sin atreverse a fumar un cigarrillo, afortunadamente llegó a tiempo.
Marisol se encogió de hombros, era primera vez que lo escuchaba soltar un improperio de manera
tan directa