Capítulo 663
Capítulo 663
Después de ser rescatada del hospital tras casi ahogarse, Marisol realmente había perdido toda
esperanza.
Aquel día, senzó e misma algo, y estuvo a punto de hundirsepletamente sin ser hada. El
estanque artificial era tan grande y su fondo estaba cubierto de algas, así que buscar algo en él era
Marisol acariciaba una y otra vez el colgante en su cor, y le preguntó con losbios apretados,
“?Cómo es que este cor…? ?No se había perdido en elgo?”
“?ro que si!” Antes de que él pudiera responderle, un empleado intervino, “Desde que se fundó este
club, siempre he trabajado aquí. Las cosas que caen al estanque artificial raramente se recuperan.
Hace poco, un famoso pintor mayor perdió su pincel favorito en el agua, ese con el que había ganado
premios, y al final, tampoco lo encontraron!”
Entonces… Marisol abrió boca, se quedó sin pbras.
El empleado sonrió ligeramente, “Siguiendos instriones de Antonio, vaciamospletamente el
agua del estanque, y luego casi movilizamos a todo el personal del club. Buscamos palmo a palmo
durante tres días y tres noches, y finalmente, con perseverancia, encontramos el cor. ?El estanque
ya ha sido rellenado y todo volvió a normalidad!”
Marisol miró asombrada hacia cara de Antonio, con sus rasgos bien definidos. No podía creer que él
hubiera hecho tal cosa en secreto, habían invertido tanto esfuerzo por un simple cor de ta…
Si se lo contara a alguien, probablemente no lo creerían.
Bajo su mirada, Antonio se veía despreocupado, con una expresión perezosa en sus ojos y le dijo,
“?No dijiste que era un regalo de cumplea?os de tus padres fallecidos y que significaba mucho para
ti?”
“…” Marisol se quedó sin pbras.
Lo dijoo si fuera algo sin importancia, pero a e le conmovió profundamente.
La sombra se cernió sobre e, y Antonio extendió su mano, sacó el cor de caja y se lo puso
alrededor de su cuello.
Bajó mirada y el cor de ta Marisol colgaba nuevamente sobre su víc.
Además de sensación fría del cor, estaba el calor de sus dedos. Marisol pasó su mano sobre él,
sintiendo que no solo su víc estaba llena, sino también su corazón.
Antonio tomó su mano, “?Vamos!”
El Cayenne negro volvió a deslizarse pors calles de ciudad. Marisol, sentada en el asiento del
copiloto, tocaba su cuello de vez en cuando, sintiendo una sensación de plenitud.
Absorta en emociones inusuales, cuando recobró el sentido, se dio cuenta de que el Cayenne había
entrado al estacionamiento subterráneo de un cine.
Con una mirada confundida, Marisol lo miró, y Antonio, con una sonrisa en losbios, le dijo con aire
de broma, “?No querías tener una cita?”
“?Eso nunca lo dije!” Le respondió e, mordiéndose losbios con vergüenza.
La puerta del coche se abrió, y Antonio ya estaba a sudo, llevánd hacia el ascensor.
Subieron directamente a nta superior, enfrente estaba entrada del cine, con varios carteles
promocionales a ambosdos. Probablemente por ser fin de semana, había mucha gente, mayoría
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eran parejas.
Marisol bajó vista hacia su atuendo y le preguntó incómoda, “?Venimos al cine vestidos así?”
Casi había olvidado que habían salido de una boda. E llevaba un vestidorgo de color gris ceniza,
y él un traje perfectamente ajustado. Eran atuendos demasiado formales para una s de cine.
“Mmm,” le respondió Antonio sin inmutarse, con una sonrisa.
Como si pudiera sentir lo que e pensaba,enzó a abraza por cintura mientras caminaban
hacia adentro.
10.37
Cuando salieron del ascensor, ya habian atraido muchas miradas, especialmente Antonio a sudo,
pero él parecia
estar acostumbrado a ser el centro de atención en todo momento, con una expresión rjada y
perezosa en su rostro,o si naturalmente tuviera que se asi, exudando elegancia innata de un
aristocrata.
Después de recogers entradas, Antonio regresó conida
Marisol, al ver que solo llevaba una bolsa de palomitas y un gran vaso de soda, le preguntó
sorprendida, “?Por quépraste solo un vaso?”
“?Qué pasa?” Le preguntó Antonio, levantando una ceja
“Somos dos personas..“Le dijo Marisol, mordiéndose elbio.
En copa solo ha puesto una papi, ?cómo se supone que beba de esta manera…?
Los ojos de Antonio se entrecerraron con picardia, llenos de descaro, “?Acaso no has tenido suficiente
con mi saliva?”
“Descarado!” Marisol lo rega?ó cons mejis encendidas.
Pero a Antonio parecía divertirle el tema y continuó insistiendo, “?0 es que no has tenido suficiente con
Marisol no estaba dispuesta a discutir ese tema en público, especialmente cuando gente a su
alrededor volvía a mirar en su dirión. Lo tomó del brazo y lo llevó hacia entrada del cine, “Ya
están revisando los boletos, podemos entrar!”
No se esperaba que fueran asientos para parejas y que pelíc fuera unaedia romántica.
Cons luces del cine ya apagadas, mano que Marisol tenía sobre su regazo fue capturada por
de él. E intentó soltarse sutilmente, pero él sujeto aún más fuerte.
De reojo, Marisol miró su rostro, concentrado en panta.
Mirando hacia abajo a lorgo des fs de asientos, muchas parejas, al igual que ellos, se tomaban
des manos o se acurrucaban mientras miraban gran panta.
Una cita…
Esas pbras resonaban en mente de Marisol.
En los últimos dos a?os de su rción con Rodrigo, ya no se veían con frecuencia. Había pasado
tanto tiempo desde su última cita que casi había olvidado cómo se sentia. Ahora, con sus dedos
entrzados con los de él, Marisolenzó a sentir inexplicablemente un dulce atisbo de felicidad.
Al darse cuenta de sus propios pensamientos, se sorprendió a sí misma.
Después de que terminó pelíc, cenaron en un restaurante cercano y regresaron alplejo
residencial, con noche ya profundamente oscura.
Al desabrocharse el cinturón de seguridad, Marisol se bajó del auto con él y observó su figura erguida
caminar desde parte dntera del auto hacia e, recordando todo lo que había sucedido ese día.
“Antonio.”
E lo mó suavemente por su nombre, agradecida de corazón, “Hoy, gracias…”
No solo por ayuda a encontrar el cor que sus padres le han dejado.
Sino también por aparecer en ceremonia de boda, por estar a sudo.
Antonio, cons manos en los bolsillos, incluso con los tacones que e llevaba, se alzaba casi una
cabeza por encima de e, su sombra bloqueaba luz de calle y c sobre su rostro mientras se
sonreía conbios curvados, de un modo encantadoramente travieso, “?No prefieres usar una forma
más concreta para agradecerme?”
… Las pesta?as de Marisol temron ligeramente.
Incluso a contraluz, picara sonrisa ensisuras de susbios era evidente, y e sentías
orejas arder.
Cons manos apretadas detrás de su espalda, y todavía pudiendo ver el colgante de Marisol sobre
su víc, recordando todo lo que él había hecho en boda, su corazón empezó atir
aceleradamente,o si hubiera tomado una decisión, de repente se puso de puntis y se inclinó
para besar sus delgadosbios.