Capítulo 662
Capítulo 662
Marisol se sobresaltó, girando su cabeza hacia mano que había aparecido sobre su hombro.
Eran unos dedosrgos y bien definidos, sus u?as estaban tan meticulosamente cuidadas que
parecían una obra de arte, y un tenue aroma a desinfectante médico se mezba en el aire,
extra?amente reconfortante hasta el punto de reodar sus entra?as.
Siguiendo esa mano hacia arriba, se encontró con el rostro apuesto de Antonio.
Marisol no esperaba que Sissy le jugara una carta tan inesperada durante recepción de boda,
poniénd en una posición incómoda sin previo aviso. Aunque no estaba lo suficientemente
angustiadao para llorar,s miradas yentarios de los demás hacían sentir avergonzada.
Sin embargo, inesperada aparición de Antonio le devolvió fortaleza de inmediato.
Tragó saliva, sorprendida, y le preguntó, “?No tenías una cirugía?”
“Ya terminó“, le dijo Antonio con una sonrisa en su boca.
él vestía un traje a medida de alta costura, pero sin rigidez alguna. No llevaba corbata y los botones
superiores de su camisa estaban desabrochados, revndo su víc seductoramente expuesta.
Todo en él irradiaba un carisma
irresistible.
Antonio extendió su mano hacia e y le dijo, “?Dame mano!”
Sin dudarlo, Marisol le dio mano y, acto seguido, fue alzada con firmeza para ponerse de pie y
caminar con seguridad
hacia el escenario.
Antonio tomó un micrófono des manos del presentador y su voz grave se filtró con un susurro a
través de este, “Aunque estamos muy ocupados,o Srta. Sissy tuvo amabilidad de enviarnos
una invitación, parecería descortés no asistir. ?Pero pueden quedarse con el ramo!”
Tras una ojeada al ramo que Sissy tenía en sus manos, Antonio sonrió con despreocupación, “Mi
esposa y yo ya encontramos felicidad, mejor regálenle el ramo a quien lo necesite.”
“?Qué has dicho?” Rodrigo expresó su asombro con voz alta.
La incredulidad se reflejaba en su mirada hacia ellos, perdiendopostura, mientras Sissy, a su
Sissy había enviado invitación de boda a Marisol con intención de presumir, sin esperar que e
se atrevería a asistir. Su n era hace pasar un mal rato, pero no contaba con aparición de este
hombre que interrumpió todo para salva.
“Al final, debo agradecerles a ambos. Si no hubieran disfrutado de emoción de ese enga?o a sus
espaldas, e no habría abandonado esa rción tan tóxica tan pronto, dándome oportunidad de
conoce. Así que, por casarme con e, realmente les debo un agradecimiento a ustedes, los recién
casados, dijo Antonio, con sus ojos brindo con bu, “pero no se preocupen, no tienen que sentirse
mal. Si hay alguien a quien culpar, es a su juventud por no poder diferenciar el oro del cobre.”
Desde que subió al escenario, mantuvo el micrófono en su mano, asegurándose de que cada pbra
resonara en
todos los rincones del salón.
Mientras Sissy intentaba crear una imagen de Marisolo exnovia débil en boda, los invitados
hacia pareja en el escenario.
‘Tú’Sissy apenas podía contrr los espasmos en su rostro.
Rodrigo, por su parte, mostraba una expresiónplicada y retorcida, con cabeza gacha.
Antonio soltó una risa fría y bajos luces, los extremos oscuros de su cabello parecían afdos y
peligrosos, “?No suena bien? Lo siento, pero verdad suele ser incómoda.”
Luego, pasó un brazo alrededor de Marisol, dando un paso al frente con e.
Con un movimiento certero en cintura, Marisol se enderezó y les dijo con serenidad y sin emoción
alguna, “Les deseo
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felicidad en su matrimonio.”
Bajo mirada de todos, Antonio llevó firmemente de mano, sin mostrar rastro de timidez o
vergüenza, abandonando con orgullo el escenario y ceremonia.
El Porsche negro se alejaba del hotel, y al bajar ventani, Marisol sintió que el aire se volvía
instantáneamente más fresco.
Mirando hacia el asiento del conductor, donde Antonio conducía con una mano en el vnte y otra
apoyada con despreocupación en ventani, con un cigarrillo entre sus dedos. El humo se
enroscaba alrededor de sus dedosrgos, ascendiendo poco a poco.
No podía negar que aquel rostro era demasiado mativo, hasta el punto de que cada vez que lo
miraba, se encontraba perdiendo noción del tiempo involuntariamente.
Marisol aró su garganta, “Antonio, ca dónde me llevas?”
“A una cita.” Antonio miró de reojo.
El corazón de Marisol dio un vuelco con esa pbra.
Giró su mirada hacia ventana del coche, fingiendo admirar vista de calle para disimr su
agitación.
Después de casi media hora, el auto se detuvo frente a un club privado Marisol entrecerró los ojos y se
dio cuenta de que era el mismo lugar donde por idente había caído al agua durante una entrevista.
Era un clubpletamente privado, básicamente cerrado al público y sin promoción, sin muchas
atriones ni instciones. La mayoría de gente que venía aquí era para har de negocios o
para eventos artisticos, nadie vendría aquí para una cita…
Sorprendida, le preguntó, “?Por qué vinimos aquí?”
“Tengo algo que recoger aquí Antonio sacós ves del coche y, de paso, desabrochó su cinturón de
seguridad. Viendo cómo fruncía losbios, le preguntó con soma, ?Qué? ?Te decepcionaste porque
no es una cita?
“?Decepcionada ni que nada!” Marisol replicó, molesta y avergonzada.
Salió del coche, levantando su falda y siguiéndole hacia el interior del club.
Como había estado allí una vez antes, tenía una idea general del lugar. Marisol lo siguió al vestíbulo,
donde un empleado vestido de traje rápidamente se acercó, parecía ser un gerente, y lo saludó con
mucho respeto, “Sr. Pinales.”
Antonio, cons manos en los bolsillos, le preguntó directamente, ?Lo encontraron?”
“?Lo encontramos! Aunque fue realmente difícil, casi todo el personal del club se movilizó y después de
tres días, por suerte, finalmente encontramos.” El empleado hizo un gesto con mano y le dijo,
“Antonio, por favor, siéntate alli y espera, está en mi oficina, ahora mismo voy a buscarlo para ti,”
Se sentaron en un sofá junto a ventana, y rápidamente les sirvieron café.
Marisol apenas había tomado un sorbo de su taza cuando el empleado corrió de vuelta con una cajita
na y cuadrada en mano, que parecía ser el objeto de su conversación.
Marisol no sabía qué había dentro, algo por lo que él había venido tan lejos en coche.
“Antonio, aquí tiene.”
Antonio se levantó pero no extendió mano para recibirlo. En cambio, le dijo, “Dáselo a e.”
El empleado, al oírlo, inmediatamente le pasó caja a Marisol, “Se?orita, para usted.”
“?Eh? Marisol estaba desconcertada.
Rápidamente dejó su taza de café y se levantó del sofá. Confundida, tomó caja sin entender qué
estaba neando él, y con una expresión perpleja, abrió. Dentro había un cor de ta.
Con el dedo, Marisol tocó el colgante con su nombre y miró hacia él, murmurando con asombro,
“Antonio…”