Capítulo 623
Capítulo 623
Marisol contenia respiración, cons mejis indas
No fue hasta que miro por ventana del coche y su cuello se puso rigido que, apretando los dientes,
no soportó más y preguntó: “Oye, ?a dónde me estás llevando?”
Apenas terminó de har, el Cayenne freno de repente.
Por suerte se habia puesto el cinturón de segundad, si no, habria golpeado su cabeza otra vez.
Mirando furiosa y lista para rega?arlo, Antonio ya habia sacado ve del coche y le dijo: “Llegamos,
baja del coche!”
Marisol, después de oir cómo cerraba puerta del coche, también soltó el cinturón de seguridad y
siguió detrás de él tragándose su orgullo
El Cayenne se detuvo en ca, aldo había una calleercial con muchas tiendas de marca
independientes, de esas que Marisol no miraba ni de reojo al pasar
Antonio, jugando cons ves del coche, se dirigió directamente a una tienda de ropa femenina al
frente.
Las empleadas sonreiano capullos de rosa, abriendos puertas de cristal a ambosdos.
Marisol entrò detrás de él y escuchó cómo le daban bienvenida con un entusiasmo unanime,
“Antonio!”
Parecia que fuera del hospital, en su vida privada, casi todos lo maban asi. Recordo última vez en
Cartagena, también había escuchadoos mujeres lo maban con un tono exageradamente
dulce
Viendo lo familiar y afectuoso que parecían ser con él era evidente que no era primera vez que
venia. Si era una tienda de ropa de mujer, seguro habia traido a muchas mujeres àprar aqui.
Después de pensar un poco, Marisol frunció el ce?o con desprecio
“?Escoge un vestido para e!”
Antonio se dio vuelta y se?aló con el dedo.
Marisol, sorprendida, se adntó y dijo, “Dime, ?qué diablos estás haciendo?”
“Tenemos una fiesta esta noche y serás mi pa?ante, respondió Antonio con desgano.
Quizás para Antonio, acostumbrado a riqueza y a los ceres de vida, esos eventos sociales de
la alta sociedad. no eran nada del otro mundo, donde gente simplemente sonrie falsamente
mientras sostiene copas de vino ?Demasiado falso!
Su profesión de médico quizás le permitia evitar estas situaciones, pero su posición en Familia
Pinales lo obligaba a enfrentas. Sin embargo, por lo general, su hermano Hazel, el empresario de
familia, era el encargado de esas cosas. Esa noche era especial, ya que su hermano estaba en un
viaje de negocios y no podia asistir, asi que le tocó a él hacer el viaje.
Al oir esto, Marisol frunció el ce?o, “?Por qué yo? ?Acaso no tengo nada mejor que hacer?”
“?Ya no quieres el cor?” Antonio levantó levemente susbios finos, hando con calma, “Solo
serás mi pa?ante por un rato, no tienes que hacer nada. Solo ve,e, bebe y sonrie a quien te
hable. Cuando termine, te devolveré el cor.”
Marisol se mordió elbio al oír eso, sintiendo que no sonaba muy bien.
Pensando en el cor que tenia en sus manos, e dijo, no muy convencida, “Entonces mantén tu
pbra, ?mentir es cosa de imbéciles!”
“Mhm, respondió Antonio con una sonrisaciente..
Las empleadas, después de que terminaron de har, se acercaron con una sonrisa y preguntaron,
Tenemos nuevos vestidos de g que llegaron esta ma?ana, todos le quedarían muy bien a
se?orita. ?Cuál es su ta?”
Justo cuando Marisol iba a responder, una voz masculina y profunda respondió, “82, 64, 88!”
Las empleadas, al escuchar, corrieron rápidamente a escoger los vestidos.
13:02
Marisol, que se quedó atrás, lo miro atónita, ?Cómo cómo lo sabes?”
Probablemente, aparte de su prima Sayna, quien siempre le robaba ropa, ni siquiera su tia Pe,
que había criado, sabia su ta exacta. Y él, acababa de decirlo con tanta precisión, sin un solo
error!
“Lo adiviné al tocar,” dijo Antonio, con un brillo travieso en sus ojos.
El rostro de Marisol se puso rojo de inmediato, molesta por haber preguntado.
La empleada era ágil y ya venía con tres vestidos en mano, pero en lugar de preguntar su opinión
primero, se dirigió a Antonio, quien se tocaba frente con el dedo indice y asintió con barbi hacia
el vestido del medio.
Entonces, Marisol fue escoltada por el empleado hasta puerta del probador.
Una vez dentro, cerró puerta y empezó a quitarse los jeans, seguido de su camisa. Estaba a punto
de deshacerse del sujetador para probarse el sujetador invisible que le habian dado, cuando puerta
detrás de e se abrió de golpe.
Marisol instintivamente cubrió su pecho con ambas manos, casi gritando del susto
Con el rostro enrojecido, lo miró a través del espejo con ira destendo en sus ojos almendrados,
“i?Qué haces?!”
“De repente pensé que este te quedaria mejor“, dijo Antonio, colgando un vestido grisrgo en un
gancho cercano, evitar mirar su cuerpo, y antes de cerrar puerta, a?adió perezosamente, “No hay
prisa, cambiate con calma“.
sin
Aparte de él, todass empleadas de tienda eran mujeres. Incluso si pensaba que necesitaba
cambiar de vestido, no habia necesidad de que el lo trajera personalmente, y mucho menos sin
siquiera tocar puerta… ?Ese imbécil definitivamente lo hizo a propósito!
Marisol apretó los pu?os, mordiendo fuerte su mandib.
?Me aguanto, me aguanto! ?Aguanto, aguanto, aguanto!
Finalmente, con el vestido puesto, Marisol se miró al espejo y tomó tres respiraciones profundas para
calmar ira que le subia a frente antes de abrir puerta y salir. Antonio parecia estar esperando
impaciente, sentado en un sofá hojeando una revista con desinterés
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Al oir sus pasos, se levantó y se acercó de inmediato
Fue entonces cuando Marisol notó que ambos vestian tonos de gris, y parecia que el tenia un gusto
particr por ese color, al menos hasta ahora, cada vez que se encontraban, parecia estar vestido de
carbón gris, excepto por su bata nca y ropa de cirugia.
Al ver sus reflejos juntos en el espejo de pie, sintió inexplicablemente quebinaban bien.
Al segundo siguiente, sacudió cabeza pensando que estaba loca, ?cómo podría llevarme bien con
un imbécil?
La empleada de aldo, diligente, pregunto, “Antonio, ?desea que le hagamos un maquije a
se?orita?”
“No, no hace falta“, negó Antonio con cabeza.
Acostumbrado a ver en privado mujeres con maquije pesado, encontraba su rostro limpio y sin
adomos mucho más confortable. Su cabello también estaba simplemente recogido en un mo?o en
parte trasera de cabeza, dejando su rostro totalmente expuesto. La luz del atardecer que se filtraba
resaltaba un rubor rosa en sus mejis, recordándole a noche en Cartagena cuando e habia
bebido demasiado.
Antonio sintió garganta seca y tosió antes de decir, “Vamos“.
El Porsche Cayenne negro se dirigio directamente a un hotel de lujo, donde había estacionados varios
coches de alta gama. En entrada, habia hombres y mujereso ellos, asistiendo a misma g,
siendo cortésmente guiados por el personal hacia el interior.
Apenas Marisol entró por puerta giratoria, casi tropieza.
Aunque solia llevar tacones altos, los proporcionados por tienda eran excesivamente altos; habia
medido el tacón con mano en el probador, y debía tener al menos doce centimetros. Además, el
talón era fino y faldarga, lo que lo hacia extremadamente dificil de manejar
Mientras hacia trucos para no pisar el dodillo de nuevo, sintió un brazo envolver su cintura.