Capítulo 434
Capítulo 434
Rafael, que ya tenía el rostro oscurecido por preocupación, se quedó petrificado al oír sus pbras,
mostrando una expresión tan desconcertada que resultaba cómica.
Sus ojos briban intensamente,o si hubiera sido sacudido por esa franca deración de amor,
pero también pare incapaz de creerlo.
Su nuez de Adán se movía arriba y abajo mientras intentaba har, pero su voz parecía haberle sido
arrebatada y no lograba emitir sonido alguno.
Violeta sabia lo que él quería preguntar. Sonrió y, mirándose reflejada en esos profundos ojos negros,
repitió embriagada, “Rafael, te amo”.
Probablemente era primera vez que expresaba sus sentimientos con tal ridad.
?Cómo no iba a sentir vergüenza? Su rostro estaba ardiendo, así que bajó cabeza y escondió en
su pecho, dejando solo a vista sus orejas enrojecidas.
Rafael,o si hubiera recuperado voz, abrazó con rigidez y dijo, “Vivi, puedes repetirlo?”
La verdad es que no solo desde hace cuatro a?os, sino hasta el dia de hoy, había una sombra de
miedo escondida en lo más profundo de su corazón. Aunque nunca lo había mostrado, temía que e
estuviera con él solo por su hijo.
Pero, ?qué importaba eso? Mientras e estuviera a sudo… Sin embargo, al escuchar esas
pbras, su corazón se agitó tanto que tardó un rato en calmarse.
“No lo repetiré…” dijo Violeta, negándose.
No importaba cuánto convenciera o tentara, e se negaba a decirlo de nuevo.
Violeta se encontró fuertemente abrazada por sus brazos, escuchando su corazón pasar de un ritmo
caótico a uno sereno, sintiendo que los suyos se acercaban más y más.
“Ma?ana tienes que trabajar, vamos a dormir”, sugirió e.
Rafael, con una ceja levantada, preguntó, “?Debería seguir durmiendo en el estudio?”
“No hace falta…” respondió Violeta con una sonrisa resignada..
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?Ese hombre siempre estaba buscando maneras de sacar ventaja!
Rafael no soltó de inmediato, sino que levantó su barbi suavemente.
Violeta cerró los ojos, sintiendo susbios sobre los suyos, un beso que rápidamente se profundizó.
Involuntariamente soltó un gemido y se derritió en sus brazos, abrazándolo por cintura y
correspondiendo al
beso.
Por un momento, solo se escuchaban sus suaves respiraciones en habitación.
Rafael, con mano en su espalda, estaba a punto de continuar cuando de repente notó algo y se
detuvo, abriendo sus oscuros y profundos ojos hacia dirión de puerta.
Violeta, todavia en un estado de confusión, no entendia por qué habia parado.
Mirando hacia puerta, vieron que había sido entreabierta y una peque?a figura se asomaba,
cubriendose los ojos cons manos pero espiando a través de los dedos, “?Van a hacer travesuras
ahora?” Dijo el peque?o Nono.
Nono, vestido con un pijama de dibujos animados y con su rizado cabello asemejando un hongo
suave, lucia inocencia de infancia.
Violeta se ruborizó de vergilenza.
Capitulo 434
“Eh, ?ven aquí!” mó Rafael, tratando de disimr su propio desasoslego, haciéndole se?as a su hijo.
Nono corrió hacia ellos, sus ojos grandes y oscuroso uvas explorando curiosamente sus rostros.
Con situación inapropiada para un ni?o descubierta, Violeta estaba extremadamente avergonzada y
se agachó para tomar los pies de Nono, “Cari?o, ?por qué no tienes puestass pantus? ?Cuidado
con resfriarte!”
Entonces apareció Lucía en puerta, nerviosa y explicando, “Ya había acostado a Nono, debe
haberse despertado al oír algún ruido y saber que Violeta habia vuelto. Estaba ordenando el ba?o y no
me di cuenta de que había salido de su cuarto por su cuenta.”
Nono pensó que e estaba enojada con su papa y ha abandonado casa, por eso, al enterarse
de su regreso, inmediatamente saltó de cama y corrio hacia ellos.
Aunque Lucía estaba en puerta, solo echó un vistazo antes de bajar cabeza apresuradamente.
Siendo una veterana en esas situaciones, podia percibir el ambiente dentro de habitación, además
el se?or solo estaba envuelto en una toa y Violeta tenía cara roja y losbios hinchados.
El peque?o Nono llegaba en un momento inoportuno, esperemos que no interrumpiera nada
importante…
Pensó Lucía
Violeta, demasiado avergonzada para levantar mirada, echó un vistazo a Nono y habló en voz baja,
“Uh, está bien, que Nono duerma con nosotros esta noche…”
Si no lo dejaban quedarse, seríao confirmar lo que había dicho sobre hacer travesuras después…
No se de dónde habrá aprendido Nono todas esas cosas…
“?ro que si!” respondió Lucía con prisa, cerrando puerta rápidamente tras de sí.
Rafael frunció ligeramente el ce?o ante su sugerencia, pero no se opuso.
Tomó a su hijo en brazos y lo colocó en el centro de cama.
Violeta se dio una ducha rápida en el ba?o y, abrazando a Nono, también se acostó en gran cama.
Al otrodo, Rafael levantó mano y apagó luz.
Nono se volteó en sus brazos, bostezó dos veces y cerró los ojos.
En oscuridad, una mano grande se extendió por encima de Nono.
Violeta, con timidez, tomó
En un antiguo barrio residencial, alienzo del a?o, el gobierno había derado los edificios en
riesgo de derrumbe, esperando ser demolidos.
Todavia había gente viviendo allí, pero mayoría eran inquilinos. Los edificios estaban muy cerca
unos de otros, conectados por unberinto de callejones estrechos, con montones de objetos
amontonados en frente, haciendo imposible el eso de coches; solo motos eléctricas podian
maniobrar, y si se encontraban dos de frente, tenían que detenerse para dejar pasar al otro.
Cada edificio tenía un sótano, con alquileres muy baratos, peros habitaciones eran húmedas y
oscuras, con una peque?a ventana que apenas dejaba entrar luz del sol al mediodia.
Isabel pasaba los días abrazando sus rodis, sentada junto a ventana, viviendo en un estado de
letargo.
Aunque era una habitación independiente, el espacio era muy reducido, de apenas cuatro o cinco
metros cuadrados. Con una cama individual desgastada y una peque?a mesa, apenas habia espacio
para moverse. Además,s paredes olían a moho y a veces se veían insectos trepando.
iya
Aunque Francisco Alonso habia echado de casa para divorciarse, el lugar donde vivia antes era
mucho mejor que este. Pero ahora tenia que aguantar, porque estaba huyendo, acusada de orquestar
un secuestro
La puerta de habitación se abrió, v entró un hombre desali?ado de unos treinta a?os, que lenzó
una caja conida. Hora deer!”
?Haz otra mada por mi, po; favor!” Isabel se levantó de inmediato y fue hacia él.
Después de suplicar durante un rato, el hombre finalmente edió, regresó a s para tomar el
teléfono fijo y entró con él, conectando el cable que colgaba de pared. Con impaciencia, dijo: “Solo
tienes cinco minutos!”
Isabel asintió rápidamente, se agacho en esquina y levantó el auricr para marcar el número.
Desde el día en que se refugio allí, habia marcado ese número tantas veces que ya se lo sabía de
memoria.
La linea se conectó, e Isabel escuchó el tono de marcado con el corazóntiendo de ansiedad,
temiendo que nadie respondiera o colgaran. Cuando finalmente contestaron, se puso de pie
emocionada, exmando: “?H, finalmente decidiste contestar mi mada!”