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Cap铆tulo 403

    Capítulo 403


    Capítulo 403


    Los ni?os jugaban en zona p profunda de piscina, mientras que ellos nadaban en los carriles


    intermedios, dividiendo así el área en dos siones.


    Observando a Nono lucharido solo en su flotador, Zeus no podía evitar sentir cierta culpa en su


    corazón.


    Un apretón en cintura distrajo de sus pensamientos.


    Violeta miró al hombre frente a e, quien ya tenía puestas sus gafas de natación. A través de los


    cristales, podia ver sus ojos profundoso un pozo antiguo, fijos en e sin parpadear.


    E lo empujó ligeramente y preguntó con el ce?o fruncido, “Rafael, ?de verdad quieres aprender a


    nadar?”


    “Si,” asintió Rafael.


    Violeta esbozó una media sonrisa, estaba algo escéptica.


    “Tener miedo al agua no es un gran defecto, pero no quiero seguir cayendo en ríosos últimas


    dos veces, incapaz de hacer nada por mí mismo, afirmó Rafael con un tono de voz serio y una


    expresión solemne.


    La vez que cayó al río era una cosa, pero segunda vez, cuando se cayó en el río del campo, ?quién


    sabría si fue intencional o idental?


    Violeta estaba a punto de har cuando escuchó su voz tenue, “Vivi, si no quieres ense?arme, no te


    obligaré.


    “Yo te ense?aré…” dijo e.


    Violeta siempre habia sido buena nadadora, así que ense?ar no le resultaba difícil.


    “Rafael, si quieres empecemos ahora. A?adió Violeta.


    “Está bien.” Dijo Rafael.


    A pesar de su temor al agua, piscina era mucho más segura que un río, y siendo Rafael alto, el


    agua que apenas le llegaba al pecho no era tan intimidanteo para causarle pánico.


    Violeta también se puso sus gafas de natación y, apoyándose en el borde de piscina, se dispuso a


    ense?ar con toda seriedad de un entrenador profesional. “Primero rja tu cuerpo, abre un poco los


    brazos, toma esta ta flotante y ve si te puedes acostumbrar…” Dijo e.


    Pero no pasó mucho tiempo antes de que perdiera paciencia.


    “?Podrías dejar de tocarme!” Violeta dijo entre dientes, con el rostro enrojecido.


    “No sé nadar,” respondió Rafael, miránd con ojos bajos y un tono justificado. “Es natural querer


    agarrarte a algo si siento miedo en el agua.”


    Violeta se quedó sin pbras.


    Mientras e lo ayudaba a seguir ta y a estirarse en el agua, Rafael tragó agua y se puso de pie


    de golpe, abrazánd con fuerza.


    Violeta levantó mano, encontrándose con su pecho firme.


    E se quitós gafas de natación y lo vio con el cabello mojado y gotas cayendo desordenadamente


    por su rostro y su cuello…


    El agua de piscina parecíaenzar a hervir a su alrededor.


    Al ver que Zeus ya había sacado a Nono del agua, nadó hacia el borde de piscina y salió, subiendo


    los


    escalones.


    Con el rostro aún ruborizado, Zeus le ofreció una toa y preguntó, ‘Violeta, ?estás bien?”


    “Estoy bien… respondió Violeta, aún avergonzada.


    Al oir el chapoteo del agua detrás de e, echó un vistazo a imponente figura que seguía su camino


    y, mordiendose elbio, se apresuró a alejarse.


    Zeus frunció el ce?o con su mirada llena de preocupación. Mientras Rafael, con una toa alrededor


    de cintura, miraba a Violeta que se iba con una sonrisa indulgente en su rostro, “E siempre ha


    sido tan


    timida.”


    Esas pbras ya no eran simplemente una deración de posesión.


    Zeus ajusto sus gafas con una sonrisa forzada.


    Después de ducharse y cambiarse, se acercaron al mostrador de recepción para devolvers ves


    y pagar. Rafael levantó a su hijo en un brazo y dijo, “Nono tiene sed, lo llevaré aprar algo de


    beber.”


    Violeta asintió, observando cómo padre e hijo se dirigían a tienda cercana.


    Solo quedaban ellos dos en el mostrador. Durante el tiempo en piscina, Zeus no había tenido


    oportunidad de har con e, y en ese momento, sin interrupciones,enzó a decir, “Violeta, tú y el


    Sr. Castillo…”


    “La verdad es que no me lo esperaba,” Violeta sabía a qué se refería y sonrió.


    A veces vida daba vueltas inesperadas, piensas que al dar media vuelta te despedías para siempre,


    pero el destino no se agotaría así nomás, solo espera el momento perfecto para enredarte aún más.


    Al ver situación, Zeus frunció el ce?o con preocupación y habló con seriedad, “Violeta,o tu


    amigo, necesito decirte algo. A pesar de que tienen un hijo juntos, no deberían forzar sus sentimientos,


    y mucho menos estar juntos solo por el ni?o. ?Entiendes lo que te digo?”


    “Entiendo, Zeus, gracias,” respondió Violeta asintiendo con cabeza, agradecida por preocupación


    que él mostraba por e. Sus pesta?as titron suavemente y su tono se volvió más tierno al seguir


    hando, “Pero no me estoy forzando, es verdad. En realidad, durante los cuatro a?os que estuve


    fuera, en Canadá, nunca pude sacarlo de mi corazón. Si no fuera asi, no me habría emocionado tanto


    al verlo después de volver… Y no puedo superar pérdida de nuestro hijo, no solo porque me duele,


    sino porque era unzo entre Rafael y yo.”


    Cuando se fue llevándose al ni?o, en su corazón pensaba que, aunque él ya no quisiera, al menos


    tenía a su hijo. Un hijo que tendría sus mismos ojos y rasgos faciales…


    Al final, Violeta bajó mirada hacia su anillo depromiso.


    El diamante briba intensamente, reflejando los sentimientos profundos que guardaba en su interior.


    Zeus se quedó en silencio por un momento, mirando el anillo, y luego preguntó, “?él ya te propuso


    matrimonio?”


    “Sí,” confirmó Violeta con una voz llena de felicidad tímida y a?adió, “y yo acepté.”


    Al escuchar eso, Zeus ya no necesitó decir más. La emoción que se reflejaba en su rostro lo decia


    todo. Sonrió levemente y volvió a har con una voz algo ronca, “Violeta, yo… te deseo lo mejor.”


    Hizo una pausa de medio segundo antes de terminar frase, que le resultaba difícil pronunciar.


    Pero él lo ocultaba bien y Violeta no se percató de nada, le respondió con una sonrisa, “?Gracias!”


    “?De qué han?” Rafael llegó en ese momento con su hijo.


    Violeta contestó sin darle mucha importancia, “De nada, solo pensábamos dónde ir aer.”


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    Rafael dejó al ni?o y no preguntó más, tomando bolsa de e.


    Después de salir de piscina, colocaron a Nono en su asiento de seguridad dentro del coche. Zeus


    no se subió y, al escuchar su pregunta, Violeta expresó su sorpresa, “Zeus, ?no vas aer con


    nosotros?”


    Habían acordado juntos que después de nadar irían aer algo.


    *No, vayan ustedes,” dijo Zeus moviendo mano, sin querer interrumpir el momento familiar de los


    tres. Al ver que alia fruncia el ce?o, queriendo saber razón, él explicó con una sonrisa, ‘De repente


    me acordé que mis


    abuelitos me esperan paraer. Mejor vuelvo a casa para estar con ellos.”


    Entendiendo situación, Violeta asintió, “Está bien, jotro día nos vemos!”


    “ro,” respondió Zeus con una sonrisa.


    Aldo de carretera habia un taxi libre. Zeus hizo se?as para despedirse y caminó hacia él. Al pasar


    por dnte de Rafael, se detuvo por un instante. Las miradas de ambos hombres se cruzaron en


    silencio durante un par de segundos, cargadas de un significado profundo que solo ellosprendían.


    Zeus le dio una palmada en el hombro a Rafael y, en un tono solo audible para ambos, dijo con


    resignación.


    “?Ganaste!”
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