Capítulo 427
“Se?ora, usted se ha confundido de persona.
Dijo en voz baja, sin vottearse, simplemente tratando de despegar mano que a sujetaba.
Pero Elisa no queria solta, sus dedos secos seguían aferados al borde de camisa de Am y con
un tono de wo que casi se quebraba le dijo: “No me he confundido, Meli, eres mi Amandita. Amandita,
no te enojes con tu aqueira ?puedes voltear a verme, por favor?”
El tono suplicante estuvo a punto de hacer que Amelia demamara una lágrima.
Finalmente no pudo resistir hacer sentir mal a anciana, se volted a mirada y le dijo suavemente
“Abuelta, yo no estoy enojada.”
Eltono consdor de Amelia hizo que Elise sonnera ampliamente, sujetando sus manos con lágrimas
en los ops, pero con una voz llena de alivio: “Mi Amandita, sigues siendoo cuando eras peque?a,
una ni?aprensa y buena, qué alegría.”
Amelia no supoo responder a eso, solo pudo sonreír con timidez
Manuel no tomó muy en serios pbras de Elisa, desde queenzó con su demencia senil
sempre haba de forma confusa, confundiendo a una persona con otra, balbuceando sin parar y
raramente lúpra
Lo que le sorprendió fue el cari?o de Elisa hacia Amelia y no pudo evitar mara de redjo.
Fabiana, que había tenido poco contacto con Elisa, no sabia qué tan avanzada estaba su demencia,
pero esta era primera vez que veía tan ramente a Elisa confundir a Amelia con Amanda, desde
su mirada hasta su lenguaje corporal.
Le recordó a cuando Amelia se perdió en sus pensamientos al ver su pulsera, funció el ce?o
confundida mand
Amelia estaba tratando de convencer a Elisa de irse a su casa.
Content rights belong to N?velDrama.Org.
Pero Elisa,o una ni?a, negaba con cabeza, sin querer irse, deseando llevar a Am a casa con
.
Serena estaba escondida en el pasillo, observando cautelosamente entrada de s. Había
prometido a su papá quedarse en casa y no salir para no preocupar a su mamá, pero temia que su
mamá fuera intimidada, así que se asomaba de vez en cuando. Al ver a abuelita sujetando mano
de su mamá, pidiéndole que se fuesa con , el miedo a perder a su mamá hizo olvidars
pbras de su papá y salió del pasillo, mando a Amelia con timidez
“Mamá.”
Para darse coraje, abrazaba una peque?a mu?eca.
La voz dulce de Serena hizo que tanto Manuelo Elisa dirigieran su atención hacia e.
El aire de familiaridad hizo que Manuel se quedara perdido por un momento, observánd.
Esa distrión incrementó confusión en el corazón de Fabiana, quien nuevamente miró a Elisa.
Elisa ya se había agachado hacia Serena, con una mirada llena de perplejidad: “?Cómo es que mi
Amandita se ha vuelto peque?a cora
vez?”
Amelia ya se había girado, se agachó y abrió sus brazos hacia Serena, preguntándole suavemente
?Desde cuándo estás despierta, Serena?”
“Recién.”
Respondió ni?a, caminando con dudas hacia el abrazo de Amelia, pero no pudo evitar mirar
cautelosamente a Elisa.
Recordaba a esa abuelita.
Era abuelita que se había perdido en el parque, a quien su mamá había ayudado a volver a casa.
Se sentía triste porque abuelita no podía encontrar su camino, así que había edido a ayudar a su
mamá a llevarta de regreso, pero ahora abuelita también quería llevarse a su mamá y eso le daba
miedo.
Su mano se aferró con más fuerza al borde de manga de Amelia, temiendo que su mamá se fuera
con alguien más
Amelia pensé que estaba asustada y abrazó con ternura, ense?ándole a saludar “Serena, dile h
a abuelita”
Pere Serena, con un poco de terquedad, negó con cabeza, sujetando aún más fuerte
Amelia estaba confundida y pregunté suavemente “Serena, qué pasa?”
La ni?a solo se rubonizó un poso, sin har, abriendo sus brazos para que Amelia abrazara.
Amelia levantó, froté su meji contra de Serena y consoló con voz haja: “No temas, mamá
está aquí.”
Serena soltó un love “s y su mirada pasó de Elisa, que v desconcertada, luego a Manuel, que
observaba absorto, cambiando de defensiva a confundida Cuando sus ojos se posaron en Fabiana, se
transformaron en una mez de agravio y descontento
Pero a Fabiana poco le importaba cómo mirara Serena, se quedó pensaliva, observando a Serena y
a Amelia, luego con disimulo, a confundida Elisa y al ensimismado Manuel Las sospechas en su
intenor se intensificaban.
Amelia ya estaba dirigiéndose al anciano “Sr. Manuel, voy a cuidar de mi hija, no puedo atenderos.
Será mejor que se Yayan”
Luego miró a Elisa con un tono más suave, pero igualmente suginiéndole que se marchara: “Abuelita,
?por qué no vuelven a casa el abuelito y usted? Cuando tenga un momento libre, voy a visitarios!
Elisa algo decepcionada, miró a Serena en sus brazos y luego a Amelia. Abrió bocao para decir
algo, pero al final asintió con cabeza.
Manuel todavía intentaba convencer a Amelia con un tono amable y respetuoso “Se?orita Amelia,
?podríamos entrary har un poco más?”
E simplemente se disculpó con una negativa: “Lo siento, Sr. Manuel, no es posible”
“?Puedo usar tu ba?o un momento?“, interrumpió Fabiana de repente, “Disculpa, necesito ir al
servicio”
Amelia miró, dudó un momento, pero finalmente asintió y se hizo a undo.
Fabiana parecía muy apurada y se dirigió rápidamente al ba?o. El sonido de puerta al cerrarse fue
fuerte y resonó.
Marta preocupada, se acercó a puerta para vigr
Fabiana realmente tenia urgencia, necesitaba usar el ba?o.
Pero mientras estaba alli, su mente no dejaba de pensar en reión descontrda que tuvieron
Dorian y Lorenzo al ver su pulsera, y el desconcierto de Amelia al ver misma. Recordó cuando le
dijo a Amelia que había encontrado y que Amelia instintivamente replicó, “Tú también
encontraste? Recordó el tono despectivo de Fabio hacía Amelia durante cena, forma casi
obsesiva en que Elisa tiraba de e mánd “Amandita“, y expresión de Manuel al ver a hija de
Amelia
Todas esas coincidencias chocaban y convergian en su cabeza, formando una nebulosa suposición.
Su mirada se deszó lentamente hacia el desaque del suelo.
El filtro que atrapaba los residuos estaba enredado con algunos cabellos.
Fabiana se detuvo en esos cabellos entrzados, dudando una y otra vez, hasta que finalmente se
agachó, extendió mano hacia ellos, se detuvo a medio camino por el asco, se dio vuelta para irse,
pero apenas ha girado cuando se detuvo de nuevo.
Con elbio inferior fuertemente mordido, arrancó varias toallitas y con destreza recogió todos los
cabellos enredados en el desague