Capítulo 262
Amelia estaba al teléfono, su rostro tranquilo y hermoso mostraba serenidad, todavía vestia ropa de
oficina, haciendo evidente que había venido directamente del trabajo.
En su mada no se percató del reservado por donde pasaba, siguiendo tranqu a anfitriona a
través deledor.
Rufino echó un vistazo detrás de e, pero no vio a nadie más.
Rufino frunció el ce?o confundido, sin entender por qué Amelia, que dijo que había quedado con
alguien para arrer un electrodoméstico, aparecía s allí.
La anfitriona ya había llevado a Amelia a su mesa.
E se giró para agradecer a anfitriona y se sentó, su lugar estaba justo frente a puerta del
reservado de ellos.
Rufino no dijo nada.
Involuntariamente, giró cabeza para mirar a Dorian.
Dorian también estaba en una mada, concentrado en conversación, su expresión era seria y
tranqu, no prestaba
atención a lo que ocurría afuera.
Carolina notó que Rufino miraba a Dorian con ganas de har y se mostró curiosa, sin entender qué
le pasaba.
Rufino sonrió, sin poder decirlo ramente, solo le preguntó con una sonrisa:
“Maya me contó que no quieres casarte, ?por qué? Con lo bien que te va, seguro que no te faltan
pretendientes.”
Maya era una amigaún de ambos, con un gran círculo social y buena gente. Rufino tenía una
buena amistad con e, de esos amigos con los que siempre quedas paraer cuando vuelves al
país.
Fue Maya quien los presentó.
Carolina y e eran amigas de infancia, muy unidas, conocía muy bien a Carolina y a su familia.
Pero a pesar de cercanía entre Maya y Carolina, Rufino apenas conocía a esta chica, solo había
visto una vez en unaida organizada por Maya y impresión fue buena.
Belongs to N?velDrama.Org - All rights reserved.
Esta era segunda vez que se veían.
Ante su pregunta, Carolina solo sonrió: “No he encontrado a persona adecuada, estar soltera es
mejor que casarse por casarse.”
él asintió sonriendo: “Tienes razón.”
Dicho eso, no pudo evitar echar otro vistazo a Dorian.
Dorian había colgado y ahora levantaba vista hacia Carolina:
“Perdona, no sabía que eras tú.”
“No importa.”
Carolina le devolviós pbras que él había dicho antes.
“?Con qué intención viniste hoy?” Preguntó, miránd.
Carolina sonrió: “Para contentar a mis padres.”
Luego,o temiendo que Dorian malinterpretara, a?adió con una sonrisa:
“No tenía intención de ir a una cita a ciegas, pero mis padres no paran de presionarme, siempre dicen
que no me caso porque no doy oportunidades y acaba en discusiones constantes en casa. Así que no
tuve más remedio que venir a cumplir, no te preocupes por eso.”
“No hay problema.” Dijo él, “Yo tampoco vine por una cita a ciegas.”
Carolina se quedó sorprendida, mirándolo.
Rufino también lo miró sorprendido.
“Lamento haber organizado esto.” Dorian continuó, “Ya que ninguno de los dos tiene esa intención,
comamoso
amigos y ya.”
La sonrisa de Carolina se tensó por un momento, pero rápidamente se rjó: “ro.”
Y a?adió riendo: “Antes ni siquiera podía invitarte a salir, hoy he tenido suerte.”
Dorian sonrió cortésmente, sin seguir conversación.
Rufino recordó que Carolina había dicho que eranpa?eros de secundaria y pensó que sus
pbras tenían un trasfondo. La miró de nuevo, pero no pudo descifrar nada en su rostro tranquilo.
En ese momento, el mesero llegó con los tos.
La sombra que se cernió sobre ellos al entrar hizo que Dorian instintivamente mirara hacia puerta y
su mirada se detuvo.
Rufino siguió mirada de Dorian y efectivamente, vio a Amelia.
E seguía hojeando el menú distraídamente, mirando su reloj de vez en cuando,o esperando a
alguien.
El mesero, viendo que no hacía su pedido, se acercó sonriendo: “Se?orita, ?le gustaría ordenar algo
mientras tanto?”
Amelia, algo apenada, se giró y le sonrió disculpándose al mesero: “Más tarde, estoy esperando a un
amigo. Cuando llegue, entonces…”
Las pbras que no alcanzaba a decir se quedaron danzando en punta de su lengua al retirar
mirada.
Vio a Dorian ya Rufino en el reservado.
Dorian estaba mirando, con una mirada intensa y serena.
Al notar que le devolvía mirada, lenzó un vistazo apático y luego fijó sus ojos en el asiento vacío
frente a e.
De repente, Amelia sintió una de iodidad,o si hubieran pido siguiéndolos al
restaurante a propósito.
No esperaba que Rafael llevara al mismo lugar donde estaba Dorian.
Y para colmo, aún no había llegado.
Justo antes de salir del trabajo, se había quedado atorado con un proyecto porque el cliente había
pedido cambios de último momento y todavía no podía zafarse para venir.
El restaurante ya había confirmado reserva y si no llegaban a tiempo, cancrían.
Así que después de harlo con él, e decidió adntarse, sin imaginarse que se toparía con una
escena tan incómoda y difícil de explicar.
Su mesa no estaba lejos del reservado y al ver que e miraba, Rufino sonrió y preguntó:
“Amelia, ?viniste a cenar con amigos?”
E sonrió incómoda, no sabía si asentir o negar, especialmente porque en el elevador acababa de
decir que había quedado en casa esperando al tico del aire acondicionado.
En el reservado, Carolina escuchó el nombre “Amelia” y movida por curiosidad, asomó cabeza
para mirar hacia afuera, encontrándose con su mirada; ambas se quedaron sorprendidas por un
instante.
Carolina fue primera en reionar, saludó con mano diciendo con soltura: “Amelia.”
E, igual de incómoda, respondió con un saludo: “H.”
No se había imaginado que cita a ciegas de Dorian fuera Carolina, misma Carolina que en
secundaria briba tantoo Dorian y que todos pensaban que hacían pareja perfecta.
Involuntariamente, Amelia volvió a mirar a Dorian.
El rostro apuesto de Dorian no mostraba ninguna emoción, seguía miránd, sus ojos oscuros
seguían siendo un abismo imprable y sereno, tranquilo y profundo.