Capítulo 7
La única razón por Salvador lo habia invitado a tomar el t? era porque
quería propiedad que los Santander poscian
que
en Rosario. Valia miles de millones de dres.
Ese pedazo de tierra perteneció a los Santander durante décadas. No había forma de que Fernando d
ejara que Salvador lo
tuviera.
‘Sr. Santander, Va a aceptar invitación del Sr. Navarro? Ramiro preguntó cuidadosamente.
Todos sabian que Fernando era un hombre imcable cuyos métodos eran crueles y despiadados. Na
die en Trujillo podríapararse con él. Podría romperte con un simple chasquido de sus dedos. Sus
estados de ánimo eran inconsistentes e impredecibles.
Nadie se atrevía a incurrir en su ira. Todos temian lo que les haría si lo hacían.
Como su empleado, Ramiro tenía que caminar sobre cáscaras de huevo con Fernando todo el
tiempo. Su corazón se aceleraba cada vez que tenia que har
con su jefe. El joven estaba preocupado de que pudiera decir algo malo y enojar a Fernando.
Con un fuerte tintineo, Fernando dejó costo?a taza de cerámica hecha a
medida que sostenía pesadamente sobre el escritorio. Iba a averiguar
exactamente cómo neaba Salvador robarle su tierra. él gru?ó: “?Sí! ?Por supuestor
1
“ro, Sr. Santander, haré los arreglos necesarios“, dijo Ramiro inmediatamente
mientras lo anotaba y luego continuaba reparando el resto de agenda de Fernando junto él.
En algún momento en medio de sesión, mó anciana
matriarca de familia Santander. Fernando supo exactamente lo que anciana quería de él
tan prontoo recibió mada. Con un rápido movimiento de su mano, envió a
Ramiro fuera de habitación.
Tan prontoo respondió mada, voz de anciana sonó desde el otrodo de
línea preguntándole sobre su vida amorosa. él lo sabía. “Fernando… ?Cuándo vas a traer una novia
a casa y dejar que tu abu mire? Ya casi tengo un pie en tumba y tú… ya casi no eres joven… ?
no puedes dejar que tu abu eche
un vistazo a su nieta política antes de que muera? ?Y dejar que anciana tenga
Un leve ce?o arrugó suave frente de Fernando. No
era viejo todavía, ?verdad? Sólo tenía veintiocho a?os. ?Esa edad se consideraba viejo? Todavía
no había alcanzado plenitud de un hombre, ?verdad? ?No se suponía que eran treinta?
Su abu era una se?ora tan impaciente.
*Abuelita, traeré una a casa… si encuentro a alguien que me guste“.
“Escuché eso antes… has estado usando esa excusa por varios a?os. ?No te he
visto traer a nadie a casa!“, anciana se burló con ira fingida. “Vas a traer a una dama a
casa a finales de este a?o. Si no veo una novia cuando termine el a?o, te conseguiré una yo misma”.
Fernando se quedó sin pbras.
“Eso está arredo entonces,” dijo anciana. Colgó antes de que Fernando pudiera decir algo.
Los dedos del joven se apretaron alrededor de su teléfono. Podia escuchar el tono de marcar sonando
en su oído. Su expresión se oscureció.
Había muchas mujeres por ahí que estuvieran
dispuestas a volver a casa con él. Pero él solo quería traer de vuelta a mujer que realmente amara.
Mientras tanto, en Alta Costura JK, Sabrina salió de oficina de Javier y se dirigia a su escritorio.
La dise?adora que estaba ayudando a instrse en su
nuevo trabajo era una joven dos a?os mayor que e: Su nombre
era Carol Peralta.
Carol estaba más gordita. No pudo evitar que chispa instantánca de envidia
se encendiera dentro de e cuando vio lo bonita
que era Sabrina.
E debe ser una zorra. Carol maldijo para sus adentros.
Carol sentía algo por Javier. “Bueno, es mejor que esta zorra no intente seducir a Javier o
romperé en pedazos“, murmuró Carol enojada entre
dientes. Luego le entregó una p de bocetos a Sabrina y le indicó a esta última que revisara y limpiar
a los dise?os para ma?ana por ma?ana. Se dio vuelta y regreso a su propio escritorio.
Sabrina miró alta p
de papeles en sus brazos. Casi llegaba a parte superior de su cabeza. Su visión nadó. Eran muchos
bocetos… no habia forma de que e llegara a casa esta noche.
?Qué pasaría con sus hijos? ?Necesitaban su leche!
3
Sabrina podia sentir que sus pechos se volvian
pesados al pensar en sus hijos. La pesadez le recordó que tenía que ir a sacarse leche dentro
de una hora.
Published by N?v''elD/rama.Org.
E traia leche a casa y luego regresaba corriendo a oficina. Era única manera de
asegurarse de que sus hijos se alimentaran mientras
e se quedaba hasta tarde en oficina esa noche.
La idea de sus hijos llenó a Sabrina de motivación. Llevó p de bocetos a su escritorio yenzó a
trabajar en ellos.
Después de que pasaron algunas horas, los senos de
Sabrina se sentíano rocas duras y pesadas que colgaban de su cuello. Realmente tenía que
bombear sus sengs.