Capítulo 229
Capítulo229
En un abrir y cerrar de ojos, Rodrigo perdió todo el color de su rostro. Ni siquiera tuvo tiempo de ver
cómo ra actuó, cuando se dio cuenta, daga de mariposa ya estaba apuntando a su cuello!
La daga de mariposa, un arma tan insidiosao letal. Una simple chica llevando algo así para
enfrentar a un enemigo, ?verdaderamente despiadada!
-No me sigas, Rodrigo–ra entrecerró los ojos ligeramente, afda hoja de daga acarició
suavemente su meji–incluso si todos los hombres del mundo desaparecieran, aún no te elegiría
a ti.
-Entonces, si solo quedamos Alejandro y yo en todo el mundo, ?a quién elegirías?-Rodrigo
tembloroso preguntó con una voz entrecortada.
ra se rio fríamente: -Tampoco serías tú.
El orgulloso y arrogante Rodrigo se desmoronó en pedazos.
En ese momento, puerta de oficina se abrió.
-ra, ?qué está pasando aquí…?–Diego estaba en puerta, con una expresión de sorpresa.
ra contrajo sus pups, guardó rápidamente daga de mariposa y sonrió encantadoramente: –
Hermano mayor, ?cómo es que vienes sin avisarme?
?Esta mujer cambia de actitud tan rápido!
Rodrigo se enderezó rígidamente y, finalmente, miró profundamente a ra con ojos rojos, luego
se dio vuelta y salió sin rumbo fijo.
Diego lo miró de reojo, notando que su orgullo y altivez se habían derrumbado porpleto, sin
poder evitar fruncir el ce?o con incredulidad.
En toda Ciudad de México, única mujer que podía derrotar así a Rodrigo era su hermana, ra.
-Hermano mayor–ra se abrazó alegremente al cuello de Diego–?cómo estás? ?Ya sanó tu
herida?
-Ya me quitaron el vendaje, ya estoy casi bien–Diego levantó del sueloo cuando eran
ni?os, hizo girar en el aire y dijo: -Solo fue una herida en piel, no soy tan frágil.
Así era, su hermano mayor solía tener ese trabajo. Si eso saliera a luz, incluso Flores se
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contrbas fuerzas de Valencia, Ciudad de México, Japón y el sudeste asiático, sería el hombre
amable y gentil que tenia dnte.
Más tarde, ocurrió algo y su hermano mayor se retiró repentinamente de su posición de líder de
pandi, dejando de preocuparse por los asuntos del hampa y en su lugar, enfocándose en
cultivarse y cortar porpleto loszos cons fuerzas oscuras.
Incluso ra no podía entender cómo un hombre que nunca mató a nadie, que no intimidaba a los
débiles, que no fumaba ni bebía, pudo llegar a ser el líder de pandi.
Bajo esa sonrisa amable de su hermano mayor, seguramente había secretos muy profundos.
-?Qué pasó entre tú y Rodrigo?
Diego soltó una ligera risa con cierta resignación: -él trataba a los demás de cierta manera, pero
contigo era sincero. Aunque no le dabas oportunidad, no debías haberle golpeado en cara con
un cuchillo, los chicos querían mantener su orgullo, y más aún si él era el futuro heredero de
familia Rodríguez.
-Si no lo hacía así, él me seguiría acosando–dijo ra cansada, apretándose el entrecejo.
-Rodrigo estaba tan desesperado por conquistarme que ni siquiera le importaba su propia
dignidad. Si lo rechazaba con firmeza, aun así continuaría persiguiéndome. En fin, ahora estaba
volviendo a mi papel de se?orita, y no quería involucrarme con nadie deldo de Alejandro. Sabía
que había sido un poco excesiva esta vez, pero no podía evitarlo. Era mejor resolverlo cuanto antes.
-De vez en cuando, desearía que mi hermana pudiera equilibrar su personalidad con de Irene-
suspiró Diego.
-Eso ya no es posible, porque yo misma enterré a Irene con mis propias manos–dijo ra
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arrastrandos pbras.
Tras coquetear un poco con su hermano mayor, ra se sentía un poco cansada y se recostó ens
piernas de Diego.
Diego levantó ligeramentesisuras de losbios y con sus dedosrgos y atractivos, presionó
suavemente su sien, masajeánd con ternura.
-Hermano mayor, ?viniste a buscarme porque tenías alguna información?– preguntó ra
cerrando los ojos, disfrutando del momento.
-ra, eres más inteligente, seguro que lo adivinas–respondió Diego con una sonrisa,
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-?Has pensado en algún método para lidiar con el grupo Hernández?– preguntó ra con voz
perezosa y arrastrada.
-Si estás cansada, también puedo ayudarte con Beatriz–dijo Diego manteniendo siempre una risa,
pero sus emociones eran dificiles de discernir.
-No, Beatriz tienes que deja para mí. Si no soy yo quien se encarga, su vida sería muymentable–
ra entrecerró los ojoso los de un gato, brindo con un frío resndor.
Beatriz había molestado a ra en varias ocasiones, y esta vez, ra estaba decidida a ponerle fin
de una vez por todas.