Capítulo 220
Capítulo220
Acto seguido, Alejandro rodeó su cintura con el brazo izquierdo y lentamente le ajustó el cinturón
de seguridad.
ra apretó los dientes y retiró su mano con desagrado, preguntando con desdén: -?A dónde
pretendes llevarme?
-Anoche acordamos que hoy irías a mi casa a recoger tus cosas–respondió Alejandro, soltánd
y agarrando el vnte con calma.
-Hoy definitivamente iré, no tienes que hacer esto–insistió ra.
-No te creo–afirmó Alejandro.
Arrancó el motor del coche y miró de reojo, diciendo: -Eres demasiado buena mintiendo,
demasiado hábil en el enga?o. Desde que nos casamos hace tres a?os, ?cuántas veces me has
enga?ado? ?Hay una s verdad en lo que me dices?
-He dicho muchas verdades–respondió ra con una sonrisa fría. -Pero si tú dices que nos
hay, entonces nos hay. No me importa.
Alejandro sintió un escalofrío recorrer su pecho,o una b que atraviesa un agujero.
Alejandromentó lo que había hecho antes con e.
El Ferrari rugía a toda velocidad por carretera mientras los hermosos paisajes retrocedían
rápidamente.
ra sabía que ya no podría escapar. Entonces, decidió ir con él a recoger sus cosas. Cruzó los
brazos y ajustó el respaldo del asiento, cerrando los ojos cómodamente. No quería mirar a
Alejandro.
-Lamento lo ocurrido–dijo Alejandro apretando el vnte con fuerza.
-?Qué ha ocurrido?-preguntó ra. Se dio cuenta de que después de divorciarse, él había
cambiado mucho, antes era tercoo un burro y ahora aceptaba sus errores sin problemas.
?Cómo lo educó Beatriz?
-Antes no sabía que Diego era tu hermano–admitió Alejandro, miránd de reojo.
-El desconocimiento no es un pecado. Te perdono–respondió ra con indiferencia.
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-Pero, ?por qué no me lo explicaste entonces?– Alejandro miró dedo mientras apretaba sus
delicadas mejis.
-?Crees que si te hubiera dicho que Diego es mi hermano, me habrías creído?-preguntó ra con
él se atragantó.
ra negó con cabeza y dijo con calma: -En este mundo,s chicas siempre son vistas con
malicia. Si no fuera hermana de Diego, si fuera Irene, tú y miles de personas solo pensarían que
soy una mujer desvergonzada y ambiciosa que senza a los brazos de un millonario. Excepto por
Alejandro palideció y apretó el vnte hasta que crujieron sus artiones.
Eso significaba que e ya no lo amaba, que ya no le importaba.
Eraprensible, después de todo, ambos ya estaban divorciados, pero Alejandro se sintió muy
mal.
Continuaron en silencio durante un rato. De repente, Alejandro preguntó: -Tu hermano mayor se
ma Diego, el segundo es Javier, ?y el tercero se ma Juan? ?Por qué lleva el apellido de tu
madre?
—Alejandro–ra abrió los ojos de repente, con una mirada gélida. —Investigar a mi familia ha
cruzado mi línea límite.
Alejandro abrió ligeramente losbios, pero ra lo interrumpió: -Si me fuerzas una y otra vez, lo
soporté todo este tiempo porque soy se?orita Pérez de familia Pérez. Recibí una educación de
élite y soy una persona con dignidad y se. No quiero pelear contigo en público, eso no sería
apropiado. Pero si vuelves a poner tus garras en mi familia, no importa quién seas, no te detendré
hasta que entiendas. Cuidate.
Losbios del hombre se apretaron, mientras sus dedos bien cuidados casi perforaban el vnte
de cuero. -No busqué específicamente información sobre él–explicó.
-La última vez que nos enfrentamos, sentí que su apariencia y habilidades me resultaban muy
familiares. Luego, revisé el álbum de graduación de academia militar y encontré su foto.
Recordé que en realidad fuimospa?eros de se.
ra,o una ni?a enfadada, desvió mirada hacia afuera de ventana, ignorándolo por
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Alejandro miró de reojo y tomó su teléfono para mar a César, poniéndolo en manos libres.
-?H, Alejandro? ?En qué puedo ayudarte?-respondió rápidamente al otrodo de línea.
-Prepara un par de zapatos de tacón alto para se?orita ra, seliona un par de marcas de lujo
que se ajusten a su estilo y envíalos a Vi Mar–ordenó Alejandro.
ra se sorprendió y miró lentamente al hombre, que mostraba una calma imperturbable.
Esas marcas eran precisamentes que e solía usar.
-?Por supuesto! ?Me pondré en ello inmediatamente para se?ora!-exmó César, emocionado
por tarea asignada.
Alejandro bajó los párpados fríos y ncos mientras miraba sus peque?os pies. Su mirada se
intensificó: -No te equivoques al elegir.
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