Capítulo 9
Capítulo9
ra agarra el vnte con una mano y corre por carretera en noche.
No le preocupaba que Alejandro siguiera, simplemente no entendía por qué un hombre que había
ignorado durante tres a?os, se interesaba de repente por e justo cuando su matrimonio estaba
llegando a su fin.
Los hombres eran unos tontos, si los perseguías y los tratabas bien, solo recibías su desprecio, pero si
los ignorabas y los tratabaso basura, venían corriendo hacia ti.
De repente, ra miró por el espejo retrovisor y frunció el ce?o. ?El Lamborghini de Alejandro
estaba persiguiendo!
—?Quieres seguirme? Será en próxima vida —dijo ra con una sonrisa malvada mientras pisaba
el acelerador a fondo.
El sonido de noche se deslizóo un rayo en una curva a izquierda y desapareció en un abrir y
cerrar de ojos.
—?Rápido, sigue a esa chica! —dijo Alejandro en el asiento del pasajero instigando a César.
César nunca había conducido tan rápido y su corazón estaba a punto de salirse de su pecho. Después
de mucho esfuerzo, finalmente vios luces traseras de ra. Alejandro, aunque no mostraba ninguna
emoción, se sintió aliviado.
—Se?or Hernández, se?ora tiene habilidades de condión increíbles. No es de extra?ar que e
tenga esta pegatina —suspiró César.
—?Pegatina? —preguntó Alejandro confundido.
—?Mira el dise?o en su coche! —dijo César.
Alejandro miró y vio una pegatina nca en parte trasera del Bugatti. Decía Rápidos y Furiosos. Era
un poco gracioso.
—?No lo sabías? A se?ora le encanta ver pelícs, especialmente Rápidos y Furiosos. Siempre
veo en televisión de s de estar cuando visito —continuó César. No pensé que se?ora
fuera tan interesante. Siempre pensé que era una mujer frágil y dependiente.
Incluso Alejandro fue enga?ado por esta mujer. Y lo que era aún más molesto es que sabía menos de
su esposa que su secretario.
—Ay, ?acelera! —exmó Alejandro—. Sigue su ritmo, si no puedes, te quitaré tu srio anual —
a?adió Alejandro apretando los dientes y con el rostro rígidoo una estatua.
César tenía miedo de perder su srio, pero tenía aún más miedo de morir en un idente
automovilístico.
Finalmente, ra hizo dos giros bruscos y elegantes, y desapareció de su vista.
—La perdimos… — dijo César desanimado.
Alejandro golpeó el vidrio del auto con el pu?o, cons venas de frente hinchadas.
—Irene, ?por qué te escondes detrás de una máscara? ?Quién eres realmente?
*
Por noche, los hermanos mayores llegaron a vi privada de su hermana.
Diego y Javier estaban cocinando en cocina abierta y luminosa, mientras que ra jugaba a un
videojuego y miraba a un apuesto chef cocinar.
—?OK, cuatro puntos! —exmó ra, orgullosa de su puntaje en panta.
—Hermanita, aún eres muy buena en esto —dijo Javier con una sonrisa brinte. Era el hermano más
amigable de los cuatro.
Copyright by N?v/elDrama.Org.
— El rey del carnicero, nunca fa —respondió ra, arrodillándose en si y moviendo su
caramelo de undo a otro. Parecía muy linda.
—Hey, no presumas., o tendré que ense?arte una lión —bromeó Javier.
—La última vez te vencí tan fácilmente que casi te retiraste —dijo Diego mientras le daba a ra un
trozo de carne.
—?Eso fue porque el cuarto hermano se retiró repentinamente de misión! De lo contrario, habríamos
ganado seguro —se quejó Javier.
—Voy a empezar a cocinar, hermanita. Como eres alérgica al humo, espera en s de estar —dijo
Diego suavemente.
ra se quedó atónita y sintió una emoción amarga en su nariz. No se atrevió a decirles que había
trabajadoo cocinera para familia Hernández durante tres a?os, que había estado expuesta al
humo de aceite durante todo ese tiempo y que había desarrodo inmunidad al humo. Si lo contaba,
su hermano mayor podría mostrar algo de piedad debido a su fe, pero los otros tres hermanos podrían
acabar con toda familia Hernández.
?ra es joya de Grupo Pérez, familia Hernández no puede maltrata así! ?E es una mujer
talentosa y trabajadora! Pero por suerte, e había aprendido lión y ya no se dejaría humir por
un hombre que nunca valoró.
En ese momento, el teléfono de Diego sonó. él se limpió sus manos en su dntal, sacó su teléfono, y
miró a ra con una expresiónplicada.
—ra, es tu exesposo otra vez.
—?Maldición, está enganchado de nuevo! —ra se enfureció tanto que su cara se puso roja y su
piruleta cayó sobre mesa.
—?Qué significa eso? ?Flora Hernández todavía te ma por teléfono con frecuencia?
Javier se sentó junto a su hermana y tomó piruleta de mesa para chupa.
—?No es cierto que después de que vieron los fuegos artificiales juntos, en ori del río, e pensó
que eras el novio de ra?
—Sí —respondió ra.
—?Dios mío! ?En qué está pensando él? —exmó Javier.
—?No soy lo suficientemente bueno? —Diego, vestido con su dntal, sonrió amablemente.
—Flora Hernández es ciega o algo así, no pareces un novio, pareces un padre —bromeó Javier.
Los dos hermanos se buron de e, lo que hizo sentir muy frustrada. Tres hombres en su vida
estaban volviendo loca.
—?Vas a contestar? —preguntó Diego.
—?No le hagas caso!
—?Sí!
Diego presionó el botón de altavoz.
—Estoy buscando a mi esposa —dijo Alejandro con una voz más natural que por ma?ana, incluso
con un toque de posesión.
—?Maldita sea! —Javier estaba a punto de maldecir, pero ra lo detuvo y lo presionó contra mesa.
—Se?or Hernández, Irene ya no es su esposa, se han divorciado —recordó Diego con calma. Incluso
cambió su nombre para no dtarse.
—E sabe que todavía es mi esposa, e sabe lo que hay en su corazón— dijo Alejandro con una
voz fría que hizo que toda cocina se congra.
—Alejandro, ?qué quieres? ?Por qué sigues persiguiéndome y siguiéndome en tu auto? ?Qué estás
intentando lograr? —ra cortó el altavoz y respondió con impaciencia.
—Tengo algo que decirte en privado —dijo Alejandro.
ra encontró una habitación y cerró puerta antes de volver a contestar.
—Ha rápido, estoy ocupada.
—?Por qué cambiaste de número? —preguntó Alejandro con voz fría.
—Estoy empezando de nuevo, dejando el pasado atrás —respondió ra.
—?Es esto una forma de venganza contra mí? —preguntó Alejandro con los dientes apretados—. ?Te
mudaste con Diego inmediatamente después de dejarme? ?Me mas Irene dnte de mí y luego
neas marte de otra manera dnte de Diego?
—?Alejandro!
ra también estaba furiosa y apretó los pu?os.
—No creo que me importe con quién estés, pero no quiero que mi abuelo se decepcione contigo —dijo
Alejandro con una risa fría—. No quiero que descubra que mujer que valora y aprecia es una mujer
sin vergüenza. Incluso si quieres ser libre, por favor, contr tus iones y pbras antes del
cumplea?os de mi abuelo y no permitas que los rumores lleguen a sus oídos.
ra no pudo decir una pbra más y simplemente colgó el teléfono.
En oscuridad, apoyó su espalda contra pared y respiró profundamente, pero no pudo calmar el
dolor que Alejandro le había causado. ?Por qué todavía duele tanto? Había prometido que no le
importaría cuando él muriera, ?verdad?
ra se frotó los ojos y al final no pudo conteners lágrimas.
—Alejandro… ?cómo puedes verme así? Todo nuestro amor de trece a?os fue un error…