Capítulo 43
—Bueno, lo entiendo. La próxima vez que alguien del Grupo Ramos venga a har sobre adquisición, simplemente recházalo.
—De acuerdo.
Al mismo tiempo, en el camino de regreso apa?ía, Carlos no pudo contenerse yentó: —Se?or, oferta que ofrecimos ya supera ampliamente el valor de MY, así que creo que adquisición puede no ser factible.N?velDrama.Org exclusive content.
Leonardo mantuvo una expresión inmutable y, tras un breve silencio, dijo: —Organiza un documento sobres empresas de ropa bajo el Grupo Ramos y envíamelo.
Inicialmente, había neadoprar MYo un regalo para Matilda, pero ahora que otra parte se negó a vender, él tuvo que buscar otra alternativa.
—Okay, lo haré ahora mismo.
El tiempo pasó vndo y en un abrir y cerrar de ojos, llegó el sábado, el día en que Natalie había acordado ir a cenar a vieja mansión de familia López.
Se levantó temprano, se cambió de ropa y, al bajars escaleras, vio a Leonardo sentado en el sofá leyendo documentos.
Cuando escuchó sus pasos, él dejó los papeles a undo y alzó los ojos hacia Natalie.
Hoy e llevaba una faldarga entada, sin maquije en su delicado rostro nco. Tenía el cabellorgo recogido en un mo?o, lo que le daba el aspecto de una joven universitaria, luciendo estar a una docena de a?os de distancia del Leonardo que vestía traje.
El hombre frunció el ce?o, se acercó y le quitó liga del cabello, dejando caer el cabello de Natalieo una cascada.
Natalie lo fulminó con mirada y le preguntó molesta: —?Qué haces? Devuélveme liga.
Leonardo arrojó al bote de basura y, con tono neutral, dijo: —El mo?o no te queda bien. Te ves mejor con el cabello suelto, verdad.
Natalie estaba demasiado enfadada para har.
?Qué le importaba a él si se veía bien o no?
—Vámonos. Si tardamos más, llegaremos tarde.
Dicho eso, Leonardo tomó dntera yenzó a avanzar, pero al notar que Natalie no lo seguía, se detuvo y miró frunciendo el ce?o. —?Por qué te quedas ahí parada?
—?Mi padre también te informó sobre cena?
—Por supuesto. ?Hay algún problema con eso?
Después de unos segundos de silencio, Natalie respondió con calma: —Ninguno. Vamos.
Ricardo se había tomado libertad de invitar a Leonardo, presumiblemente sabiendo que e no estaría de acuerdo. Pero lo hizo de todos modos, lo que dejaba ro que no le importaba en absoluto lo que e pensara.
Una hora más tarde, el auto se detuvo frente a vieja mansión de familia López.
Matilda sabía que Leonardo vendría, así que estaba esperando en puerta. A pesar de ver que Natalie también estaba allí, no mostró ningún cambio en expresión y simplemente ignoró.
—Leo, te hemos estado esperando. Déjame llevarte adentro.
él mantuvo un rostro indiferente y se dirigió a Natalie, diciendo: —Vamos.
La conducta de Leonardo confundió un poco a Natalie. A él le gustaba Matilda, pero ?por qué ahora actuabao si no tuviera nada que ver con e?
Sin embargo, pronto recordós fotos de Leonardo y Matilda, y su actitud se volvió cada vez más fría.
Los dos entraron uno tras otro en vi, y justo cuando pasaron al salón, Santiago los saludó.
—Se?or Ramos, Natalie, ?qué gusto que vengan! ?Siéntense, por favor.
Natalie desvió mirada de manera impasible al ver sonrisa addora de su abuelo. Habían pedido a e que volviera para cenar sóloo excusa, mientras que el verdadero propósito era reunirse con Leonardo.
Harta de seguir soportando su hipocresía, le dijo a Leonardo: —Hablen ustedes. Voy a dar un paseo por el jardín.
Pero apenas se sentó en el pabellón cuando Matilda apareció frente a e.
—Natalie, no te creas que has ganado. Aunque eres esposa de Leo ahora, verdad es que él todavía me ama a mí!
—?En serio?
Natalie levantó una ceja y soltó una sonrisa irónica. —Pero hace un momento, cuando estábamos en puerta, parecía que ni siquiera te miró.
Al escuchar eso, el semnte de Matilda cambió, rechinó los dientes y refutó: —Eso fue porque hemos estado peleados últimamente... ?Pero dentro de poco nos reconciliaremos!
Por cierto, ?aún recuerdas el día del cumplea?os del abuelo, cuando saltó por los aires el asunto de que habías contratado a un modelo masculino? De hecho, en ese entonces Leo ya descubrió que tenía algo que ver conmigo, pero en lugar de culparme, me ayudó a encubrirlo. Entonces, ?y qué si ahora eres su esposa? ?Siempre estará de mido!